Sentido y sensibilidad La 1

Sentido y sensibilidad

Sábado 21 de novieimbre a las 22.00 horas

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Para todos los públicos Sentido y Sensibilidad - Capítulo 1 - Ver ahora
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(Respiración agitada)

(MUJER) ¿Me amas de verdad?

Confía en mí.

Pero la señora Edwards...

-La señora Edwards cree que aún eres una niña,

pero nosotros sabemos que no, ¿verdad?

(Respiración acelerada)

(Música de Martin Phipps)

-"¿Cuándo volverás?".

-"Pronto".

"Muy pronto".

-"Pero ¿cuándo?".

SENTIDO Y SENSIBILIDAD

Deben estar preparados.

-He hecho lo que he podido.

(Trueno)

(Respiración entrecortada)

(Puerta abriéndose)

John.

Me alegro de que hayas venido.

¿Es John?

-Aquí estoy, padre.

-La ley me prohíbe...

dividir mis propiedades.

Todo será para ti.

(Trueno)

Sin...

tu ayuda,

tu madrastra...

y las chicas...

no tendrán casi nada.

Tienes que hacer algo.

Debes prometérmelo.

Dame tu solemne promesa.

(Trueno)

-Sí, por supuesto.

(Trueno)

Te lo prometo.

(Campanada)

(Campanada)

(Campanada)

(Campanada)

(Campanada)

(Campanada)

(Campanada)

(Campanada)

(Campanada)

(Campanada)

(Campanada)

(MUJER) "Norland Park,

por fin nuestro".

Ven a la cama.

-Le prometí a padre que...

haría algo por ellas.

-Eres el más generoso de los hombres.

Espero que no pienses mimarlas demasiado.

-Mimarlas no.

-He escrito a Mary

para decirles que el lunes nos esperen.

(Reloj de pared)

Apaga la vela, querido.

¿Lunes?

Pero eso es hoy.

Yo no pensaba que sería tan pronto.

¿Es que no tienen corazón?

Ahora es su casa, Marianne.

Pero ¿por qué, Elinor? Eso no es justo.

Las cosas son así, Meg.

El señor John Dashwood es el único hijo varón

y son los que siempre heredan. Nadie puede hacer nada.

¿Cómo estás tan tranquila?

Oh, madre, no llores.

Pero ¿qué vamos a hacer?

¿Viviremos como la gente pobre?

Prefiero vivir así que con tía Fanny. Es una mujer insufrible.

Si viene a vivir aquí, creo que la voy a envenenar.

He pensado darles a las chicas 1000 libras por cabeza.

¿Crees que eso sería justo?

-¿1000 por cabeza? ¿Estás loco?

¿Vas a robarle a tu único hijo su legítima herencia?

Henry, tu padre quiere robarte 3000 libras

para dárselas a sus medio hermanas.

-Generoso en exceso, ¿verdad?

¿500 por cabeza?

-¡Uh! Eso sería más que generoso...

si pensamos que heredarán 3000 a la muerte de su madre.

Una fortuna bastante amplia para cualquier jovencita, diría yo.

Pero tu padre está empeñado en robarte, Henry.

-Quizá tenga que pensar mejor todo esto,

pero pienso ayudarlas, Fanny.

Madre, ¿no esperarán que les dejes tu dormitorio?

Ahora es su casa.

Por supuesto que esperarán lo mejor.

Madre, nuestro hermano tiene buen corazón.

No querrá que lo pases mal.

Le prometió a papá cuidar de nosotras.

Sí, sí, así fue.

Y lo hará.

Estoy segura.

A decir verdad, estoy convencida

de que tu padre no esperaba que les dieras el más mínimo dinero.

¿En qué lo iban a gastar?

No tienen carruaje ni caballos...

y muy pocos sirvientes.

-Sí.

Supongo... -Y ten en cuenta, querido,

que no le debes una gratitud especial a tu padre

ni tienes por qué cumplir sus deseos,

pues los dos sabemos que, de haber podido,

se lo habría dejado casi todo a ellas.

-Creo que estás en lo cierto.

Mi padre, probablemente, se refería a lo que tú dices,

un interés general por su bienestar.

Regalos ocasionales de caza y pescado y esas cosas.

-Exactamente.

Vamos, vamos, querido.

No dejaremos que papá te mate de hambre.

Yo no pienso hablarles cuando entren.

Sí que lo harás.

Todas nos mostraremos muy educadas...

porque somos las visitas.

Oh, vamos, Mary, eso no es necesario.

Bien, aquí estamos al fin.

-Usted primero, querida, por supuesto.

Y bien, Elinor, ¿sigues con tu música?

Marianne, ¿todavía con tus dibujos?

Como veis, me acuerdo de todo.

Es al revés, Fanny. La de la música es Marianne.

¡Oh, sí!

¿Y tú, Margaret?

-Voy a ser escritora.

-¡Escritora!

Bien.

Los lápices y el papel son muy baratos.

Una elección muy sensata la tuya.

Este servicio de mesa es muy elegante.

No lo necesitaréis cuando os trasladéis a un lugar más pequeño.

-Querida... -Y, por supuesto, es de aquí.

Pertenece a la casa.

Y la casa, a usted,

aunque ni le importa nada ni la necesita

ni la merece. Marianne.

Sabes que no puedes decir esas cosas en la mesa...

en su cara.

Es la verdad. Norland no le importa nada.

Solo las libras, los chelines y los peniques que vale.

Y está claro que nuestro hermano no honrará su promesa a padre.

Lo sé, pero...

Queridas,

el señor Gridley nos ha buscado dos casas muy apropiadas:

Beecham Court y Thrush Place.

Yo me inclino por Beecham Court.

Mira, Marianne, tiene un cenador precioso...

y el terreno me parece muy manejable.

Madre, las dos están por encima de nuestros medios.

Solo tenemos 400 libras al año.

Son las dos más pequeñas de Norland, Elinor.

Madre, ahora tenemos que pensar de un modo diferente.

Difícilmente, podremos permitirnos la casa de Beecham Court.

Querrás que vivamos en una madriguera.

No del todo, madre.

Una casita puede estar muy bien.

A veces, Elinor, creo que no comprendes cómo me siento.

Lo comprendo, madre,

de verdad que sí,

pero debemos ser prácticas.

¡Oh!

Están todas aquí.

Me preguntaba dónde se habían escondido.

Acabo de tener noticias de mi hermano Edward.

Viene de visita y esperamos que sea una visita larga.

Nos sentimos muy honrados.

Creo que nunca lo han visto.

No.

Como hijo mayor, por supuesto, heredará una fortuna considerable

y esperamos grandes cosas de él, el Parlamento tal vez.

Dejará huella en el mundo, de eso no hay duda.

Hay tanto que hacer antes de su llegada...

Tiene un ojo muy perspicaz y no quiero que eche a faltar de nada.

Bien, hay mucho que hacer,

mucho que hacer.

(Puerta abriéndose y cerrándose)

Apuesto a que es igual que ella.

(MUJER) Me ayudas muy poco.

Todo el peso lo llevo yo. ¡Martha!

(Golpes)

Martha, ¿qué haces?

Las limpiaste hace una semana.

Órdenes de la Sra. Dashwood.

Hay que limpiarlas porque viene ese caballero.

Esas alfombras están limpias.

Ve a hacer tu trabajo.

Gracias, señorita Elinor.

Buenos días. Oh, estaba...

Golpeando alfombras. Sí.

Edward Ferrars. ¿Cómo está?

Mi caballo ha perdido una herradura y he venido por los establos.

Elinor Dashwood.

¿Necesita ayuda para...

golpear alfombras?

¡No!

Tengo que llevarlo a ver a su hermana.

(RÍE)

(Puerta abriéndose)

(FANNY) ¡Edward!

¡Pero qué desastre!

¿Dónde están tus cosas?

-Las enviarán de la posada.

Me apetecía montar y pedí un caballo.

-¿Cuánto se va a quedar? ¡Margaret!

-Eso depende por completo de la señora Dashwood, por supuesto.

No quisiera molestar.

-Te mostraré tus habitaciones.

(Puerta abriéndose)

¿Se puede saber qué te ha dado para presentarte aquí

como un paleto de campo?

-Querida Fanny, estamos en el campo.

(Puerta cerrándose)

(Reloj de pared)

(Reloj de pared)

(Puerta abriéndose y reloj)

Lo primero que hay que hacer es arrancar esos paneles

viejos y sucios tan oscuros y polvorientos.

Estarás de acuerdo.

Y todos esos libros...

¿Cómo podía encerrarse un caballero en un estudio sombrío como este?

(Puerta abriéndose)

¡Oh! ¡Elinor!

No queremos molestarte.

Tenga. ¿Quiere llevarse esto? -Fanny.

-¿Sí, Edward?

-Deja que te explique.

Esto es una biblioteca,

un lugar para refugiarse.

Las bibliotecas han de estar llenas de libros polvorientos,

de recovecos y rincones y lugares para esconderse.

¿Sabes, Fanny?

Creo que esta biblioteca es perfecta tal y como está.

-Oh, Edward, sabes que solo lo dices para molestarme.

Me temo que debe de dolerles ver a mi hermana

redecorar Norland según sus gustos.

Ahora es su casa.

Ha de hacer lo que le parezca, supongo.

También hace lo posible por cambiarme a mí.

Soy una gran decepción para mi familia, señorita Dashwood.

A Fanny le gustaría que fuera un gran hombre.

Importante, respetado,

que fuera por ahí en una calesa.

¿Y usted no se ve...

en una calesa?

Me irían mejor una carreta y un poni.

Quiero entrar en la Iglesia, en una parroquia tranquila del campo,

pero eso no es elegante para mi familia.

Todos tenemos que buscar el modo de ser felices, ¿no le parece?

Estoy de acuerdo.

Y creo que prefiero su idea de la felicidad.

Ah, ¿sí?

Me alegro.

Una parroquia rural tranquila, pues.

Debe de ser un momento muy difícil.

La muerte de su padre.

Mi padre murió cuando yo tenía 17 años.

Yo era como un bote que perdió su ancla.

Todos debemos tener a alguien que nos escuche,

que comprenda lo que sentimos.

(MEG) ¡Elinor!

¡No es justo!

-¿Qué no es justo?

-Henry tiene mi poni y nadie me ha preguntado si podía montarlo.

Y le tira del bocado.

Meg, él no va a hacerle daño...

y tú eres mayor para un caballo tan pequeño.

Es una cuestión de principios.

-Tiene razón. Hablaré de ello con mi hermana.

Y, entre tanto,

¿por qué no pones tus miras en algo más alto que un poni?

(Música de Martin Phipps)

¿Le amas?

Lo...

tengo en alta estima.

Me gusta, Marianne.

Pero ¿es digno de ti?

No tiene gusto para el dibujo, la música ni nada artístico.

Hay cosas peores que no saber apreciar tu música.

Pero su lectura de anoche, tan pausada y sin espíritu...

Tiene un estilo diferente al tuyo.

Deja que las palabras hablen solas.

Bueno.

Cuando me digas que lo ame como a un cuñado,

lo consideraré tan perfecto como tú.

Marianne, eso es imposible.

Al menos, todavía.

Tiene deberes familiares,

obligaciones... ¿Cuáles?

No lo sé.

Si te ama, se guiará por sus sentimientos

diga lo que diga su familia. Marianne, basta.

No hemos hablado de eso entre nosotros.

Tengo sentimientos por él...

y creo que me corresponde, pero,

por favor, no esperes algo que no puede ocurrir jamás.

Entonces, no estáis prometidos.

Yo estaba segura de que lo estabais en secreto.

¡No!

Pues seguro que ocurre muy pronto.

(MEG) Pues yo también lo pienso.

¡Margaret!

Baja de ahí al instante, vamos.

Siempre me ha gustado.

Debo reconocer que me llevó tiempo acostumbrarme.

Finalmente...

Quédese un momento, por favor, Mary.

Quiero decirle algo...

sobre mi hermano Edward.

Creo que está disfrutando de la visita, Fanny.

Sepa que mi madre, la señora Ferrars,

tiene muchas esperanzas puestas en él.

Seguro que él no la... Tanto en términos de su carrera

como de su matrimonio.

Se espera que se despose con una dama de alto rango

o de gran fortuna, preferiblemente, ambas cosas.

Entiendo.

Su felicidad dependerá de los deseos de nuestra madre.

Si la desobedece, puede quedarse sin nada.

Y mire,

cualquier joven que intente atraerlo para sí...

se llevará una gran decepción.

-Entiendo que le guste un lugar como este.

-Es solo información, Mary.

Gracias, Fanny.

Estoy muy agradecida.

¡Madre, madre!

¡Una carta para ti de Devonshire!

Es de "sir" John Middleton, un primo mío.

Nos ofrece una casita en sus propiedades.

"Sir" John es muy gentil y considerado

y escribe con un estilo cálido y amistoso.

¿Tú qué opinas, Elinor?

"La casita es pequeña y el alquiler, muy moderado".

Solo necesitaríamos dos sirvientes.

Deberíamos considerarlo, madre.

Le escribiré y aceptaré su oferta.

¿Sin verla?

Estoy decidida a dejar esta casa antes de una semana.

Ah.

Iba a...

Yo...

Perdone, Edward.

Tengo que preguntarle una cosa a mi madre.

Ven conmigo, Meg.

¿Sentirá mucho marcharse de Norland?

Por supuesto,

pero dadas las circunstancias... Sí.

Sí, claro.

Estas semanas han sido muy felices para mí.

Para mí también.

De hecho, nunca he sido tan feliz.

Sí.

Me alegra mucho...

haber podido ofrecerle mi amistad en estos difíciles momentos.

Y...

quiero...

que...

que sepa que...

que valoro también...

mucho su amistad.

Bueno...

Disculpe.

(Puerta cerrándose)

Bien, adiós, Mary.

Gracias, John.

-Edward, prometa que vendrá a vernos pronto.

-En cuanto pueda.

-¡Arre!

SU AFECTUOSO AMIGO EDWARD FERRARS

(Música de Martin Phipps)

¡Oh, madre, mira, es el mar!

¿Crees que es esa la casita?

(Música de Martin Phipps)

¡Oh, mamá, qué romántico!

Deberíamos haber enviado a Thomas y a Alice delante de nosotras.

Con un fuego en cada habitación, pronto resultará alegre.

¿Y quién encenderá los fuegos?

Bueno,

yo puedo encender un fuego.

(Viento)

Supongo.

Elinor.

¿De verdad podemos instalarnos aquí?

Pues claro que sí.

Es preciso.

¡Madre, viene alguien!

¡Santo cielo!

-¡Hola!

(Puerta abriéndose)

Y bien,

prima Mary, es un placer conocerla por fin.

Aquí tiene... algo para la despensa.

Bienvenidas a Devonshire.

No sé cómo agradecer su bondad, "sir" John.

No, no, no, nada de eso.

Me complace mucho tenerlas aquí.

Lo que más me gusta es tener compañía.

Las he visto pasar ante mi casa. Deberían haber entrado.

¿Estas son sus hijas? Sí.

¡Vaya, vaya, vaya!

¿Cómo están, queridas?

Esta es la mayor, Elinor,

Marianne, y la más joven, Margaret.

Encantado.

Muy complacido en dar la bienvenida a tres bellezas.

Vaticino que encontrarán marido antes de fin de año.

¡Vaya! ¿Qué sucede? ¿Qué he dicho?

Mi hermana pequeña quizá es un poco joven

para un marido, señor. Ah, ¿sí?

Sí, supongo que sí.

Yo no entiendo de eso. Se lo dejo a las mujeres.

Mi madre política, la señora Jennings,

es una gran autoridad en esos lances.

Y la conocerán pronto,

pues insisto en que cenen en Barton Park hoy y todos los días

hasta que se instalen bien. No.

Insisto, por supuesto que insisto.

Y mi querida esposa no aceptaría otra cosa.

Compañía, compañía. ¿Dónde estaríamos sin compañía?

Les enviaré el carruaje a las cuatro en punto.

(Música de Martin Phipps)

Querida mía, ¿has visto alguna vez unas chicas tan guapas?

-En verdad.

Sean bienvenidas.

(Puerta abriéndose)

-¡Ah! Aquí está mi madre política.

¿Por qué ha tardado tanto?

¿Demasiado tiempo delante del espejo?

-¡Qué bromista!

Mis días de espejos acabaron hace mucho.

Bien, bien.

Tenemos que ver lo que podemos hacer por ellas.

Amantes esposos, esas cosas, ¿eh?

-Pero ¿cómo sabemos que no han dejado el corazón en Sussex?

-Elinor sí.

-¡Ah! Ahora lo entiendo.

Me había parecido ver cierto rubor.

No, de verdad.

Espero que no haya nada definitivo,

pues va a venir de visita cierto caballero

que puede hacerle olvidar sus caprichos.

¿Qué me dice, "sir" John?

-¿El coronel Brandon?

Sí, en verdad.

Un héroe militar.

Sirvió en las Indias Orientales.

Dicen... que le partieron el corazón...

y, desde entonces, no ha mirado a otra mujer.

No en ese sentido, ¿saben?

Pero, cuando vea a las señoritas Dashwood,

quizá descubramos que tiene que cambiar de idea.

-Yo creo que sí.

Eso me parece a mí.

¿Ha permanecido fiel a su primer amor?

Eso me gusta.

Es como debe ser.

Yo, personalmente, cuando me enamore,

será para siempre.

-Muy bonito.

Muy romántico.

Así es como debe hablar una joven.

-El coronel Brandon.

-Hazlo pasar, Jenkins, que pase.

Adelante, querido amigo.

Precisamente, hablábamos de usted.

¿No interrumpo? En absoluto.

Llega en buen momento.

"Lady" Middleton.

Señora Jennings.

-Ha sido una maldad estar tanto tiempo lejos.

Tenía asuntos imprescindibles.

-Señora Dashwood.

Señorita Dashwood.

Señorita Marianne Dashwood.

Señorita Margaret Dashwood. Un honor conocerlas.

-¿Qué me dice, señora Dashwood?

Yo creo que puede servir para una de ellas.

Francamente, querida, no sé qué pensar.

-Yo creo que está claro.

Tres mujeres y ningún hombre.

Es cuestión de cifras.

(Aplausos)

-De primera.

Muy bien.

¿Qué le parece, Brandon? Usted entiende de música.

Sí, eh...,

asombroso.

(MEG) ¿Puedo tocar yo, madre?

-Por supuesto, querida.

Cuantas más, mejor.

Su hermana toca con un sentimiento delicioso para ser tan joven.

Estoy segura de que agradecerá mucho su buena opinión.

(Piano)

Una vez, conocí a una joven que tocaba con la misma intensidad.

Pero creo...

que su hermana tiene una técnica más firme.

Le transmitiré sus cumplidos, pero dígaselo usted mismo.

Comentábamos tu interpretación. ¡Oh!

Asombrosa.

Sí, ya lo ha dicho.

No sé si eso significa que la aprueba o que no.

He notado que ha tocado el último movimiento a "passionata",

cuando el compositor lo hizo "allegro".

Y lo desaprueba.

No, en absoluto.

Lo encuentro...

original.

¡Oh!

(Música de Martin Phipps)

Elinor.

¡Madre, es ese hombre!

¡El coronel Brandon!

¡Meg, Meg!

Meg.

El coronel Brandon, señora.

Elinor.

He cabalgado hasta mi casa de Delaford esta mañana.

Me he tomado la licencia de traerle estas flores.

¡Oh!

Gracias. Son muy hermosas.

Y he buscado música que pueda ser de interés para la Srta. Marianne.

Gracias.

Creo que exagera usted mis habilidades.

Yo creo que no.

¿Tiene un instrumento aquí? Sí, más o menos.

Yo tengo un piano en Delaford que merece que lo toquen más a menudo.

Espero que se digne algún día.

Gracias.

¿No quiere sentarse y tomar un refresco, coronel?

Gracias, no las molesto más.

Espero pronto tener el placer de verlas en Barton Park.

Buen día.

(Puerta abriéndose)

(Puerta cerrándose)

(Piano)

(JENNINGS) Bien.

La señorita Marianne ha conquistado a Brandon.

De eso no hay duda.

¡Quién iba a pensarlo!

Estaba a punto de dejarlo por imposible.

Pero será un buen partido, señorita Dashwood,

pues es un hombre rico con un buen corazón.

Marianne es muy joven.

17 años son muy pocos para pensar en el matrimonio.

Nada de eso, querida.

Yo misma me casé con 16.

Cuanto antes, mejor.

Ella le dará hijos estupendos.

¿Qué dice usted, Elinor?

¿Él le ha expuesto sus sentimientos por mi hermana?

No con esas palabras,

pero no se puede negar.

Está chiflado por ella.

¿Y por qué no iba a estarlo?

¿Y eso es lo que creen todos?

¡Es mortificante!

¡Elinor!

¿Te gusta, Marianne?

Sí,

pero porque es la única persona cerca

con la que tener una conversación inteligente.

Nunca he pensado que...

¡Elinor, es muy viejo!

Tiene 35 años.

Marianne, es cinco años más joven que yo

y no me veo como una decrépita.

Eso no es justo, madre. Sabes que no me refería a eso.

La mayoría de la gente consideraría al coronel Brandon

un hombre joven.

Nadie te lo va a imponer, querida,

pero no es la primera vez que hombres de 35

se casan con muchachas de 17, créeme.

Sabéis que ahora me resultará imposible volver a hablar con él.

Excepto en compañía.

¡Marianne, viene el coronel Brandon!

Vamos, por detrás. ¿Para qué?

Un paseo saludable.

¡Marianne!

¡Vamos! Te lo dije, madre.

Vamos, Meg.

¡Marianne!

Yo no quiero dar un paseo.

Sí quieres.

Es por el coronel Brandon, ¿verdad?

¿Es que ya no te gusta?

Simplemente, siento una necesidad apremiante de aire fresco.

Y, además, creo que va a llover.

(Música de Martin Phipps)

¿Hay una felicidad en el mundo superior a esta?

Margaret, pasearemos por aquí al menos dos horas.

(CARRASPEA)

Te dije que llovería.

¿Y qué?

Es lluvia dulce y refrescante.

# Cuando era una niña pequeña,

# con un hey, ho, el viento y la lluvia. #

¡Estás loca!

Bien, saluden de mi parte a las señoritas Marianne y Margaret.

Marianne sentirá no haberlo visto, coronel Brandon.

Seguro que querría darle las gracias por los libros.

En absoluto. Gracias por el té, señora. Señorita.

¿No quiere esperar a que escampe?

No.

Temo... que ya las he molestado bastante. Buen día.

(Trueno)

(Puerta abriéndose y cerrándose)

¡Esto no me gusta, Marianne!

¡Estoy empapada!

¡Ha sido una idea muy tonta!

Tonterías.

Un poco de lluvia nunca ha matado a nadie.

Vamos. (GRITA)

(Ladridos)

¡Marianne!

(Ladridos)

-¿Está herida?

No se mueva. Quédese ahí. Iré hasta usted.

¿Dónde se ha lastimado?

El tobillo.

¿Me permite?

Entiendo algo de estas cosas.

No hay huesos rotos,

pero es una mala torcedura.

No debe apoyar el pie.

Páseme el brazo por el cuello.

¡Oh!

Ve delante, Margaret.

-¡Madre, Elinor!

¡Madre, Elinor!

Madre, bajábamos corriendo por la colina

y Marianne se ha caído y se ha hecho daño y la trae un hombre.

-No se asuste, señora. Sus heridas son leves.

Un tobillo torcido y algunos golpes.

Déjeme colocarla. (GIME)

Ya está. Gracias.

Perdone la intromisión. No se me ocurrió otra cosa.

Pasaba por allí y la vi caer.

No podía sostenerse ni caminar.

Y, bueno, aquí estamos.

Debe descansar el tobillo, pero se recuperará pronto.

Disculpe.

Y ahora las dejo.

¡Oh!

¿No quiere sentarse un momento y calentarse en el fuego?

No, gracias, señora.

No las molestaré más,

pero quizá me permita volver mañana para ver cómo su hija...

Su hija...

Ah, es mi hija Marianne.

Para ver los progresos de su hija Marianne.

Es muy amable, señor. ¿Podemos saber su nombre?

Mi nombre es Willoughby,

Willoughby de Allenham.

Hasta mañana entonces.

Gracias de nuevo, señor Willoughby.

Bien.

Willoughby.

Willoughby de Allenham. Es un buen nombre, ¿verdad?

Es poético.

Willoughby de Allenham.

Es muy atractivo, ¿verdad, Marianne?

Tiene una gracia natural... y fuerza.

Me ha cogido y transportado como a una pluma.

Y tú le has echado las manos al cuello.

Te he visto. ¿Y qué?

La educación no está reñida con las convenciones.

Los modales del señor Willoughby me ha parecido impecables.

Y qué sonrisa tan dulce.

¿Has visto sus ojos, madre?

Tiene unos ojos muy hermosos.

(RÍE)

Willoughby.

Willoughby de Allenham.

Willoughby de Allenham ha dejado unas pisadas llenas de barro.

¡Viene!

¡Viene Willoughby!

¡Deprisa, deprisa, deprisa!

-El señor Willoughby, señora.

-¿Cómo está la inválida hoy?

Bastante bien, gracias.

Gracias a usted, señor Willoughby. En absoluto.

Soy afortunado de haber pasado por allí en ese instante.

Esta mañana, he madrugado.

Le he cogido fresas salvajes.

¡Fresas salvajes!

Me encantan las fresas salvajes. Eso esperaba.

¿Me permites?

Gracias. Señor Willoughby.

Oh, gracias.

Hemos oído hablar de usted, señor Willoughby.

"Sir" John dice que le gusta mucho bailar.

En verdad que sí, y espero poder demostrárselo en breve,

cuando se haya curado el tobillo de la señorita.

Meg.

¿Usted también aprecia la poesía?

Mucho.

Ah, veo que está leyendo a Poe.

¿Le gusta Poe? No.

Yo opino exactamente igual.

Es demasiado racional. Más para ser admirado que amado.

Yo opino lo mismo.

¿Conoce a Lord Byron? No. He oído hablar de él.

"Y no volveremos a vagar tan tarde en la noche,

aunque el corazón siga amando y la luna conserve su brillo".

Es un romántico.

Esa es la poesía que me gusta.

Y a mí.

¿No es maravilloso que fuera el señor Willoughby

el que pasara cuando me caí?

(ASIENTE) Sí.

Podría haber sido un campesino viejo y zafio

que no hubiera leído jamás a Byron.

(Llaman a la puerta)

¿Quién puede ser?

-El coronel Brandon, señora.

He sabido lo de su accidente. Espero que no sea nada.

No, en absoluto.

Ya veo que no. Gracias a Dios por ello.

Coronel Brandon,

¿conoce al señor Willoughby?

Sí. ¿Cómo está usted?

-Muy bien. Gracias, Brandon.

Bien.

Solo quería asegurarme de que estaba bien. No les molesto más.

Buenos días a todos.

Extraordinario.

Es un hombre extraordinario.

Sentido y Sensibilidad - Capítulo 1

21 nov 2020

John recibe toda la herencia de su padre pero ha prometido ayudar generosamente a su madrastra y a sus tres hermanastras, a quienes debería otorgar una buena dote para conseguir marido. Pero la mujer de John reduce las dotes y las echa de casa, poniendo a las mujeres en una situación muy complicada.

Contenido disponible en España hasta el 28 de noviembre de 2020.

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