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Santos Oficios - Vigilia Pascual - ver ahora
Transcripción completa

El Sábado Santo, que se ha caracterizado por ser un día

de silencio, meditación y espera con María, abre la gran celebración

de los cristianos.

La Vigilia Pascual, nuestra gran noche, es nuestra fiesta principal,

donde vivimos el gran paso de la muerte a la nueva vida de Jesús,

noche en la que se une el cielo con la tierra,

lo humano y lo divino,

la noche donde el misterio revela el misterio.

En primer lugar, a través de la palabra, donde se proclama

la historia de la salvación, desde el origen del mundo

hasta la gran noticia de la resurrección de Cristo

de entre los muertos.

El plan que Dios había pensado para salvar al hombre y su culmen

con este gran acontecimiento.

En segundo lugar, a través de un lenguaje simbólico

que nos ayuda a entender y a realizar este misterio,

pues él quiere que sea nuestra Pascua.

La comunidad se une al caer la tarde en la noche, primer signo,

pues a través de la oscuridad resucitó Cristo

y quiere vencer nuestras tinieblas.

Lo mismo expresa el simbolismo de la luz,

de donde se prenderá el nuevo cirio pascual,

símbolo de Cristo, luz del mundo,

y de ahí las candelas que aportaremos

y que irán iluminando la iglesia.

La luz de Cristo se nos comunica a todos.

Otro símbolo es el agua. Esta es la noche bautismal por excelencia.

El bautismo fuimos sumergidos en la experiencia pascual de Cristo,

muerto y resucitado.

El agua es símbolo de purificación y nacimiento a una nueva vida.

Finalmente, el símbolo del pan y del vino.

El Señor resucitado, que ahora está en una existencia gloriosa,

asume este pan y este vino y los convierte en su cuerpo en su sangre.

Jesús nos lo está como alimento.

Él es el pan de vida que nos comunica su fuerza y su gracia

para la peregrinación hasta la casa gloriosa del Padre.

La eucaristía de esta noche es la más importante de todo el año

para los cristianos.

Cristo resucitado ha vencido a la muerte,

es el fundamento de nuestra fe.

En esta solemne vigilia se inauguran los gastos de Pascua

cuya riqueza inaugurará los 50 días pascuales,

siete semanas que son como un solo y largo día de fiesta,

días se culminarán con la celebración de la fiesta

de Pentecostés donde la Iglesia, gozosa en la espera,

recibirá el gran fruto de la Pascua, el Espíritu Santo.

El resucitado quiere renovarnos cada año, llenándonos

del don de su alegría, de su libertad, de su energía pascual

y de su espíritu.

Dios nos ha enviado a su hijo para rehacer desde dentro

la verdad de nuestra vida, oscurecida y deformada

por el pecado.

Jesús ha vivido su Pasión en el amor.

Pasada la prueba de la muerte, Dios lo ha resucitado.

Dios nos resucitará también a nosotros llegaremos

a la vida eterna. Cristo, a los santos, y en comunión

con la Santísima Trinidad.

La resurrección de Cristo nos abre las puertas de esta esperanza.

Esta es la afirmación central del cristianismo,

esta es la gran innovación que trajo Jesús

y que los cristianos tenemos que traducir en nuestra vida,

viviendo de otra manera, sin adorar las cosas de este mundo,

sabiendo que somos peregrinos, poniendo en práctica

las características de la vida celestial,

vida de piedad en la presencia de Dios, vida de fraternidad universal

edificada en la justicia y en la misericordia,

vida de gozo y de paz, libre del pecado y del temor a la muerte.

Esto es lo que hay que vivir. Esto es lo que hay que anunciar.

Esta es la fuerza original y permanente de Jesucristo.

No podemos vivir asustados.

Gracias a esta esperanza tenemos razones para vivir

y para superar dificultades y los sufrimientos de cada día,

especialmente los sufrimientos que estamos viviendo

en este tiempo de pandemia.

Feliz Pascua de Resurrección.

Buenas noches, señoras y señores.

Les saluda Javier Valiente.

En esta noche en la que celebramos la Vigilia Pascual,

en la que celebramos la alegría de la resurrección.

-En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

-Amén.

La paz esté con vosotros.

-Y con tu espíritu.

Queridos hermanos.

Hermanos, en esta noche santa, en que Nuestro Señor

Jesucristo ha pasado de la muerte a la vida, la Iglesia

invita a todos sus hijos, diseminados por el mundo,

a que se reúnan para velar en oración.

Si recordamos así la Pascua del Señor,

oyendo su palabra y celebrando sus misterios,

podremos esperar tener parte

en su triunfo sobre la muerte

y vivir con él siempre en Dios Padre.

Oremos.

Dios, que por medio de tu hijo has dado a los fieles la claridad

de la luz, santifica este fuego.

Concédenos que la celebración de estas fiestas de Pascua

enciende en nosotros deseos tan santos que podamos llegar

con corazón limpio a las fiestas de la eterna luz.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

-Amén.

Una vez bendecido este fuego se prepara el cirio pascual,

el cirio que representa a Cristo.

- Cristo ayer y hoy,

principio y fin, Alfa y Omega.

Suyo es el tiempo y la eternidad.

A él la gloria y el poder,

por los siglos de los siglos.

-Amén.

Al trazar esas líneas también se han trazado sobre el cirio

las cifras de este año, de esta Pascua de 2021.

Por sus llagas.

Santas y gloriosas.

Nos proteja

y nos guarde

Jesucristo, Señor nuestro. Amén.

Ha colgado también esas cinco bolas de incienso sobre el cirio

y el fuego bendecido el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osorio,

que preside esta celebración, encenderá ahora el cirio.

La luz de Cristo,

que resucita glorioso,

disipe las tinieblas del corazón y del espíritu.

Esta noche, decía San Agustín,

esta vigilia es la madre de todas las vigilias.

Es la celebración de la que nacen todas las celebraciones

de la Iglesia.

De este fuego nuevo,

también se enciende el incienso que precederá ahora el cirio pascual,

que va a entrar en el templo, en la Iglesia, que está a oscuras,

representando esa luz de Cristo que, en el sepulcro,

ilumina desde el sepulcro a toda la humanidad.

Por tres veces el diácono cantará luz de Cristo.

Luz de Cristo.

-Demos gracias a Dios.

-Luz de nuestra vida.

Ahora celebrante, el cardenal,

encenderá la vela del cirio pascual.

El cirio pascual irá avanzando

por esta iglesia en penumbra.

Esa humanidad subida en la tiniebla que recibe a Cristo resucitado,

que es nuestra luz.

Luz de Cristo.

-Demos gracias a Dios.

-Luz de nuestras vidas.

Cristo, Jesús.

Guíanos...

Serán ahora los concelebrantes,

entre ellos los obispos auxiliares de la diócesis de Madrid

monseñor Jesús Vidal, Jesús Cobos,

Martínez Camino y los becarios episcopales, quienes están

con celebrando en esta noche de la Vigilia Pascual.

El cirio tiene un protagonismo especial en esta noche de Pascua.

En estas celebraciones estará cerca de la Palabra,

de donde se proclaman las lecturas.

Estará encendido durante todas las celebraciones desde el tiempo

de Pascua hasta Pentecostés.

El cirio es uno de los símbolos más expresivos de esta vigilia.

Además de esa luz,

el cirio tiene ese sentido de cera, una cera que se va gastando.

(Música)

Luz de Cristo.

-Demos gracias a Dios.

-Luz de nuestras vidas.

Cristo, Jesús.

Guíanos...

Después de haber entrado por tercera vez este el luz y Cristo

se ha encendido la luz de la iglesia

y nos preparamos para escuchar el anuncio de lo que celebramos

esta noche, el pregón pascual.

En esta noche todos los gestos,

los símbolos que vamos a utilizar,

que vamos a ver, nos hablan de vida, de resurrección,

como el fuego, como el agua,

como este cirio nuevo que se ha empezado a utilizar esta noche.

Va a dar el pregón pascual don Félix Castelo, catedrante.

En este himno de alabanza

en el que se anuncia la alegría de la Pascua

en la que se da gracias a Dios

por su presencia a lo largo de toda la historia

convirtiendo esta historia en historia de salvación.

También va a inciensiar el texto que va a leer y el cirio pascual

que se ha colocado de manera solemne.

(Música)

Exulten por fin los coros de los ángeles,

exulten las jerarquías del cielo,

y por la victoria de Rey tan poderoso

que las trompetas anuncien la salvación.

Goce también la tierra, inundada de tanta claridad,

y que, radiante con el fulgor del Rey eterno,

se sienta libre de la tiniebla que cubría el orbe entero.

Alégrese también nuestra madre la Iglesia,

revestida de luz tan brillante;

resuene este templo con las aclamaciones del pueblo.

-Te aclámanos, Señor.

Te aclámanos, Señor.

-El Señor esté con vosotros. -Y con tu espíritu.

-Levantemos el corazón.

-Lo tenemos levantado hacia el Señor.

-Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

-Es justo y necesario.

-En verdad es justo y necesario

aclamar con nuestras voces

y con todo el afecto del corazón

a Dios invisible, el Padre todopoderoso,

y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre

la deuda de Adán

y, derramando su sangre,

canceló el recibo del antiguo pecado.

Porque estas son las fiestas de Pascua,

en las que se inmola el verdadero Cordero,

cuya sangre consagra las puertas de los fieles.

Esta es la noche en la que sacaste de Egipto

a los israelitas, nuestros padres,

y los hiciste pasar a pie el mar Rojo.

Esta es la noche en que la columna de fuego

esclareció las tinieblas del pecado.

Esta es la noche en que, por toda la tierra,

los que confiesan su fe en Cristo

son arrancados de los vicios del mundo

y de la oscuridad del pecado,

son restituidos a la gracia y son agregados a los santos.

Esta es la noche en que,

rotas las cadenas de la muerte,

Cristo asciende victorioso del abismo.

¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros!

-Qué asombroso...!

-¡Qué incomparable ternura y caridad!

-¡Qué incomparable ternura y caridad!

-¡Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo!

-Entregaste al Hijo...

-Necesario fue el pecado de Adán,

que ha sido borrado

por la muerte de Cristo.

¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!

-Feliz la culpa que mereció tal Redentor.

-Y así, esta noche santa ahuyenta los pecados,

lava las culpas,

devuelve la inocencia a los caídos,

la alegría a los tristes, expulsa el odio,

qué noche tan dichosa.

En que se une el cielo con la tierra,

lo humano y lo divino,

qué noche tan dichosa.

-Qué noche tan dichosa.

En esta noche de gracia, acepta, Padre santo,

este sacrificio vespertino de alabanza

que la Santa Iglesia te ofrece por medio de sus ministros

en la solemne ofrenda de este cirio, hecho con cera de abejas.

Te rogamos, Señor, que este cirio, consagrado a tu nombre,

arda sin apagarse

para destruir la oscuridad de esta noche,

y, como ofrenda agradable, se asocie a las lumbreras del cielo.

Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo,

ese lucero que no conoce ocaso

y es Cristo, tu Hijo resucitado,

Resucitado.

Que, al salir del sepulcro,

brilla sereno para el linaje humano,

y vive y reina glorioso

por los siglos de los siglos.

-Amén, amén, amén.

-Amén, amén, amén.

Amén.

Y ahora nos invitaran a escuchar la palabra de Dios

que va a ser proclamada en este sábado.

Hemos entrado ya la noche santa de la resurrección del Señor.

Escuchamos en silencio meditativo la palabra de Dios.

Recordemos las maravillas que Dios ha realizado para salvar

al primer Israel y como, en el avance continuo de la historia

de la salvación, al llegar los últimos tiempos, envió al mundo

a su hijo para que, con su muerte y resurrección,

salvara a todos los hombres.

Mientras contemplamos la gran trayectoria de esta historia santa,

oremos intensamente para que el designio de salvación universal

que Dios inició con Israel llegue a su plenitud

y alcance a toda la humanidad

por el misterio de la resurrección de Jesucristo.

Está participando en esta ceremonia su eminencia reverendísima

el arzobispo metropolitano de España y Portugal.

-Lectura del libro del Génesis.

Al principio creó Dios el cielo y la tierra.

Y dijo Dios:

"Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza,

que domine los peces del mar, las aves del cielo,

los animales domésticos, los reptiles de la tierra".

Y creó Dios al hombre a su imagen,

a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó.

Dios los bendijo, y les dijo Dios:

"Sed fecundos y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla,

dominad los peces del mar, las aves del cielo,

y todos los animales que se mueven sobre la tierra".

Y dijo Dios:

"Mirad, os entrego todas las hierbas

que engendran semilla sobre la superficie de la tierra

y todos los árboles frutales que engendran semilla.

Os servirán de alimento.

Y la hierba verde servirá de alimento

a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo,

a todos los reptiles de la tierra y a todo ser que respira".

Y así fue.

Vio Dios todo lo que había hecho y era muy bueno.

Palabra de Dios. -Te alabamos, Señor.

(Música)

Envía tu espíritu, Señor,

y repuebla la faz de la tierra.

-Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

-Bendice a María.

Dios mío, qué grande eres.

Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

-Asentarse en la tierra en sus tinieblas

y no vacilará jamás,

la cubriste con el manto del océano,

las aguas se postraron sobre las montañas.

-Envía tu espíritu, Señor, y repuebla de la faz de la tierra.

-Oremos.

Oh, Dios, que admirablemente creaste al hombre,

concédenos resistir sabiamente a los atractivos del pecado

para alcanzar la eterna vida.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

-Amén.

-Lectura del libro del Génesis.

En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán. Le dijo: "¡Abrahán!"

Él respondió: "Aquí estoy".

Dios le dijo:

"Toma a tu hijo único, al que amas, a Isaac,

y vete a la tierra de Moria

y ofrécemelo allí en holocausto

en uno de los montes que yo te indicaré".

Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó

allí el altar y apiló la leña.

Abraham dijo a sus criados: "Quedarnos aquí con el asno,

yo con el muchacho iré hasta allá para adorar.

Después volveremos con nosotros".

Habrán tomado leña para el holocausto, se la cargó a su hijo

Isaac, y él llevaba el fuego y el cuchillo. Los dos caminaban juntos.

Isaac dijo a Abraham, su padre: "Padre".

Él respondió: "Aquí estoy, hijo mío".

Dijo el muchacho: "Tenemos fuego y leña, pero ¿dónde está el cordero

para el holocausto?".

Dijo Abraham: "Dios proveerá el cordero para el holocausto,

hijo mío. Siguieron caminando juntos.

Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó

allí el altar y apiló la leña.

Entonces Abrahán alargó la mano y tomó el cuchillo para degollar

a su hijo. Pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo:

"¡Abrahán, Abrahán!". Él contestó: "Aquí estoy".

El ángel le ordenó:

"No alargues la mano contra el muchacho ni le hagas nada.

Ahora he comprobado que temes a Dios,

porque no te has reservado a tu hijo, a tu único hijo".

Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos

en la maleza. Se acercó, tomó el carnero

y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.

El ángel del Señor llamó a Abrahán

por segunda vez desde el cielo y le dijo:

"Juro por mí mismo, oráculo del Señor, por haber hecho esto,

por no haberte reservado tu hijo, tu hijo único,

te colmaré de bendiciones y multiplicaré a tus descendientes

como las estrellas del cielo y como la arena de la playa.

Tus descendientes conquistarán las puertas de sus enemigos.

Todas las naciones de la tierra se bendecirán con tu descendencia,

porque has escuchado mi voz". Palabra de Dios.

(Música)

Enseñarás el camino de la vida,

enseñarás el camino de la vida.

Me saciarás de gozo en tu presencia,

de alegría perpetua a tu derecha.

-Protégeme, Dios mío, en ti me refugio.

Tú eres mi Señor.

Sin ti no tengo nada.

-Me enseñarás el camino de la vida,

me enseñarás el camino de la vida,

me saciarás de gozo en tu presencia,

de alegría perpetua a tu derecha.

-Por eso se alegra mi corazón,

exulta mi alma y mi carne está serena

porque no abandonarás mi vida

ni dejarás...

-Me enseñarás el camino de la vida,

me enseñarás el camino de la vida,

me saciarás de gozo en tu presencia,

de alegría perpetua a tu derecha.

Oremos.

Oh, Dios, Padre supremo de los creyentes,

que multiplicas sobre la tierra los hijos de tu promesa

con la gracia de la adopción

y, por el misterio pascual,

hiciste de tu siervo Abrahán el padre de todas las naciones,

como lo habías prometido,

concede a tu pueblo responder dignamente a la gracia

de tu llamada.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

-Amén.

Seguimos escuchando esta historia de la salvación

en esta noche de la Vigilia Pascual

que estamos celebrando aquí, en la catedral de la Almudena de Madrid.

Lectura del libro del Éxodo.

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés:

"¿Por qué sigues clamando a mí?

Di a los israelitas que se pongan en marcha.

Y tú, alza tu cayado, extiende tu mano sobre el mar y divídelo,

para que los hijos de Israel pasen por medio del mar, por lo seco.

Yo haré que los egipcios se obstinen y entren detrás de vosotros

y me cubriré de gloria costa del faraón y de todo su ejército,

de sus carros y de sus jinetes.

Así sabrán los egipcios que yo soy el Señor,

cuando me haya cubierto de gloria

a costa del faraón, de sus carros y de sus jinetes".

Se puso en marcha el ángel del Señor,

que iba al frente del ejército de Israel, y pasó a retaguardia.

También la columna de nube, que iba delante de ellos,

se desplazó y se colocó detrás,

poniéndose entre el campamento de los egipcios

y el campamento de Israel.

La nube era tenebrosa y transcurrió toda la noche sin que los ejércitos

pudieran aproximarse el uno al otro.

Moisés extendió su mano sobre el mar

y el Señor hizo retirarse el mar

con un fuerte viento del este que sopló toda la noche.

El mar se secó y se dividieron las aguas.

Los hijos de Israel entraron en medio del mar, en lo seco,

y las aguas les hacían de muralla a derecha e izquierda.

Los egipcios los persiguieron y entraron tras ellos,

en medio del mar.

Todos los caballos del faraón, sus carros y sus jinetes.

Era ya la vigilia matutina

cuando el Señor miró desde la columna de fuego y humo

hacia el ejército de los egipcios

y sembró el pánico en el ejercito egipcio.

Trabó las ruedas de sus carros, haciéndolos avanzar pesadamente.

Los egipcios dijeron:

"Huyamos ante Israel, porque el Señor lucha por él contra Egipto".

Luego dijo el Señor a Moisés:

"Extiende tu mano sobre el mar

y vuelvan las aguas sobre los egipcios, sus carros y sus jinetes".

Moisés extendió su mano sobre el mar y al despuntar el día

el mar recobró su estado natural,

de modo que los egipcios, en su huida, toparon con las aguas.

Así precipitó el Señor a los egipcios en medio del mar.

Las aguas volvieron y cubrieron los carros,

los jinetes y todo el ejército del faraón, que había entrado en el mar.

Ni uno solo se salvó.

Mas los hijos de Israel pasaron en seco por medio del mar,

mientras las aguas hacían de muralla a derecha e izquierda.

Aquel día salvó el Señor a Israel del poder de Egipto,

e Israel vio a los egipcios muertos, en la orilla del mar.

Vio, pues, Israel la mano potente

que el Señor había desplegado contra los egipcios

y temió el pueblo al Señor, y creyó en el Señor y en Moisés, su siervo.

Entonces Moisés y los hijos de Israel cantaron este canto al Señor.

(Música)

Cantemos al Señor.

Gloriosa es su victoria.

-Cantemos al Señor. Gloriosa es su victoria.

-Cantemos al Señor.

Gloriosa es su victoria.

Caballos y carros ha arrojado en el mar.

Mi fuerza y mi poder es el Señor.

Él fue mi salvación.

Él es mi Dios.

Yo lo alabaré,

el Dios de mis padres, yo lo ensalzaré.

-Cantemos al Señor.

Gloriosa es su victoria.

-El Señor es un guerrero,

su nombre es el Señor,

los carros del faraón los lanzó al mar.

Ahogó en el mar Rojo sus mejores capitanes.

-Cantemos al Señor. Gloriosa es su victoria.

Oremos.

También ahora, Señor, debemos brillar tus antiguas maravillas

y lo mismo que en otro tiempo manifestaba este poder

a liberar a un solo pueblo de la persecución del faraón,

hoy aseguras la salvación de todas las naciones

haciéndolas renacer por las aguas del bautismo.

Te pedimos que los hombres del mundo entero

lleguen a ser hijos de Abraham y miembros del nuevo Israel.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

-Amén.

-Lectura del libro de Isaías.

El que te hizo te tomará por esposa, su nombre es Señor todopoderoso.

Tu libertador es el Santo de Israel, se llama Dios de toda la tierra.

Como a mujer abandonada y abatida te llama el Señor,

como a esposa de juventud, repudiada, dice tu Dios.

Por un instante te abandoné, pero con gran cariño te reuniré.

En un arrebato de ira te escondí un instante mi rostro,

pero con amor eterna te quiero, dice el Señor, tu libertador.

Me sucede como en tiempo de Noé: juré que las aguas de Noé

no volverían a cubrir la tierra,

así juro no irritarme contra ti ni amenazarte.

Aunque los montes cambiasen y vacilasen las colinas,

no cambiaría mi amor ni vacilaría mi alianza de paz,

dice el Señor, que te quiere.

¡Oh, afligida, zarandeada, desconsolada!

Mira, yo mismo coloco tus piedras sobre azabaches,

tus cimientos sobre zafiros,

haré tus almenas de rubí,

tus puertas de esmeralda,

y de piedras preciosas tus bastiones.

Tus hijos serán discípulos del Señor.

Gozarán de prosperidad tus constructores.

Tendrás firme asiento en la justicia.

Estarás lejos de la opresión, y no tendrás que temer,

y lejos del terror, que no se te acercará.

-Palabra de Dios.

Te ensalzaré, Señor,

porque me has librado,

porque me has librado...

Te ensalzaré, Señor,

porque me has librado.

Porque me has librado.

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

No has dejado que mis enemigos se rían de mí.

Señor, sacaste mi vida del abismo.

Me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.

Te ensalzaré, Señor,

porque me has librado

Porque me has librado.

Escucha, Señor, y ten piedad de mí.

Escucha, Señor, socórreme.

Cambiaste mi luto.

Señor, Dios mío,

te daré gracias por siempre.

Te ensalzaré, Señor,

porque me has librado.

Porque me has librado.

-Oremos.

Dios todopoderoso y eterno, multiplica,

mira con bondad el sacramento admirable de la Iglesia entera

y, en cumplimiento de tus eternos designios,

lleva en términos de la obra de la salvación humana,

que todo el mundo de experimente vea cómo lo ha batido se levanta,

lo viejo se renueva y todo vuelve a su integridad original,

por Jesucristo, de quien todo procede.

El que vive y reina por los siglos de los siglos.

-Amén.

(Música)

Después del tiempo de Pascua volvemos a entonar el gloria

en nuestras celebraciones.

Por tu inmensa gloria te alabamos,

te bendecimos, te adoramos.

Te glorificamos, te damos gracias.

-Gloria Dios en el cielo

y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

-Señor, Dios, rey celestial,

Dios, Padre todopoderoso,

Señor y tu hijo, Jesucristo,

Dios, cordero de Dios.

Hijo del Padre.

-Gloria a Dios en el cielo

y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

Tú, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

Tú, que quitas el pecado del mundo, atiende nuestras suplicas.

Tú, que está sentado a la derecha del Padre,

ten piedad de nosotros.

-Gloria a Dios en el cielo

y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

-Porque solo tú eres santo,

solo tú, Señor,

solo tú, altísimo Jesucristo.

Con el Espíritu Santo en la gloria de Dios padre.

-Gloria a Dios en el cielo

y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

Amen.

-Oremos.

Dios todopoderoso y eterno, multiplica, fiel a tu palabra,

la descendencia que aseguraste a la fe de nuestros padres,

y aumenta con tu adopción los hijos de la promesa, para que tu

Iglesia vea en qué medida se ha cumplido

ya cuanto los patriarcas creyeron y esperaron.

Por Jesucristo, nuestro Señor,

que vive y reina de la unidad del Espíritu Santo

y es Dios por los siglos de los siglos.

Toda la iglesia exultante ha cantado el gloria

entre las lecturas del Antiguo y del Nuevo Testamento

que vamos a escuchar.

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los hermanos.

"Hermanos, cuando fuimos bautizados por Jesús, fuimos bautizados

por su muerte. Fuimos bautizados por él en su muerte para que,

lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos,

por la gloria del Padre, así también nosotros tengamos una vida nueva

pues, si hemos sido incorporados a él en una muerte como la suya,

lo seremos también en una resurrección como la suya,

sabiendo que nuestro hombre viejo fue crucificado con Cristo

para que fuera destruir el cuerpo del pecado y, de este modo,

nosotros dejáramos de servir al pecado.

Porque quien muere ha quedado libre del pecado.

Si hemos muerto con Cristo creemos que también viviremos con él,

pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos,

ya no muere más.

La muerte ya no tiene dominio sobre él porque quien ha muerto

ha muerto al pecado de una vez para siempre y quien vive vive para Dios.

Lo mismo vosotros, considerados muertos al pecado

y vivos para Dios en Cristo, Jesús. Palabra de Dios.

También durante la Cuaresma habíamos dejado

de entonar el aleluya que esta noche, antes del Evangelio,

el diaconado a anunciar al celebrante el aleluya,

el canto de la resurrección.

Reverendísima padre, os anuncio una gran alegría, que es el aleluya.

(Música)

Aleluya, aleluya.

Aleluya.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Dad gracias al Señor, porque es bueno,

porque es eterna su misericordia.

Eterna es su misericordia.

Aleluya, aleluya, aleluya.

La diesta del Señor es poderosa,

a la diestra del Señor es extensa,

no he de morir ni de vivir para contar las hazañas del Señor.

Aleluya, aleluya, aleluya.

En procesión se procede

a leer el himno de los evangelios.

Escucharemos ahora el anuncio de la resurrección en esta noche

por mano del evangelista San Marcos.

El Señor esté con vosotros.

-Y con tu espíritu.

-Lectura del Santo Evangelio según San Marcos.

-Gloria a ti, Señor.

Pasado el sábado María Magdalena, María la de Santiago

y Salomé, compraron aromas para embalsamar a Jesús.

Muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol,

fueron al sepulcro.

Se decían unas a otras: "¿Quién nos correrá la piedra de la entrada

del sepulcro?"

Al mirar vieron que la piedra estaba corrida,

y eso que era muy grande.

Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha,

vestida de blanco, y quedaron aterradas.

Él les dijo: "No tengáis miedo".

El Nazareno ha resucitado.

"Le veréis en Galilea", les dijo.

-Palabra del Señor.

-Gloria a ti, Señor Jesús.

(Música)

Aleluya, aleluya, aleluya.

Querido hermano, su eminencia metropolitana de España y Portugal,

del patriarcado de Constantinopla, gracias por su presencia.

Queridos obispos auxiliares,

Juan Antonio, don José y don Jesús,

vicarios episcopales, rectores del seminario, seminaristas.

Queridos hermanos y hermanas todos.

¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?

Esta es la pregunta que se hicieron las mujeres que iban al sepulcro

muy temprano para embalsamar el cuerpo de Jesús.

Es también nuestra pregunta.

En esta noche santa los que estamos aquí reunidos en la catedral

y quienes, a través de televisión, en La 2, estáis viviendo aquí

esta celebración de la Vigilia Pascual.

¿Quién nos correrá la piedra?

Queridos hermanos, Cristo ha resucitado.

Cristo, nuestro Señor, ha resucitado

y esto es lo que celebramos nosotros en esta noche santa.

Como habéis escuchado en la Palabra de Dios,

Cristo ha vuelto a crear nuevas todas las cosas.

Hay nueva creación.

El hombre puede ver y descubrir una vez más que está hecho a imagen

y semejanza de Dios,

que la identidad del ser humano está precisamente ahí.

Ahí está su dignidad.

Esta dignidad la queremos llevar,

hacérsela ver a todos los hombres de la tierra.

Los discípulos de Cristo anunciamos esta nueva creación,

especialmente decimos a todos los hombres: "¿Cuántas

son tus obras, Señor, cuánta tu sabiduría, cuántas tus criaturas

llenas de tu presencia, especialmente el ser humano,

hecho a imagen y semejanza tuya?"

Deben decimos, Señor.

Nosotros deben decimos.

Lo hacemos como hemos escuchado en la segunda lectura

que hemos proclamado.

Señor, en estos momentos de la historia de la humanidad,

estás poniendo a prueba nuestra fe.

En esta pandemia que estamos viviendo y que asola

a toda la tierra.

En todos los continentes hay situaciones de dolor,

precisamente por esta pandemia, pero tú, Señor,

lo mismo que hiciste con Abraham,

nos llevas también al monte, a la montaña, para hacernos descubrir

que la grandeza de la fe hace posible que...

El ángel del Señor volvió a gritar a Abraham desde el cielo.

"Por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo,

te bendeciré".

Queridos hermanos, el Señor nos bendice.

Nos enseña el sendero de la vida, nos sacia de gozo con su presencia,

nos da la alegría perpetua que esta noche nosotros podemos vivir

junto a nuestro Señor, Jesucristo. Cristo ha resucitado.

Vida nueva existe en esta tierra porque ha resucitado

nuestro Señor, Jesús.

Ayudados por el Señor caminamos como camino del pueblo de Israel.

Caminamos y sabemos que el Señor nos ayuda, aparte de las dificultades,

como las aguas del mar Rojo, para que lo cruzaran.

Por eso cantamos al Señor lo que decíamos antes.

Mi fuerza y mi poder es mi Señor.

Esta es nuestra fuerza, queridos hermanos.

No fíamos del Señor, nos decía hace un instante el profeta Isaías

en la lectura que hemos proclamado.

Somos un pueblo reunido de todos los pueblos, de todos los países,

pero es cierto que el Señor nos ha dado un pueblo nuevo,

nos ha regalado una manera de vivir absolutamente nueva

con el Espíritu Santo que se nos ha dado.

Esta noche nosotros le decimos al Señor:

"Envía tu luz y tu verdad, que esta luz nos guíe en esta vida,

que tu verdad nos conduzca hasta tu morada".

Hermanos, al Dios de nuestra alegría le damos gracias de corazón,

en nuestra vida.

Por eso, es el Señor quien ha hecho este milagro,

es el Señor el que nos regala esta noche la alegría de pasar

de lo viejo a lo nuevo.

¿Quién nos correrá la piedra?

Tres mujeres, hemos escuchado en el Evangelio, se dirigían al sepulcro

muy temprano. El primer día de la semana, al salir el sol.

Estas mujeres iban al sepulcro y no pensaban en la resurrección,

pero amaban a Jesús, lo querían,

habían visto junto a Jesús lo que él hacía por los hombres.

No habían previsto que quien les quitaría la piedra del sepulcro...

Estas mujeres amaban por encima de todo el amor simbolizado

en los arreglos que ellas llevaban para poner al Señor.

Las mujeres fueron las primeras que entraron al sepulcro

y se preguntaban por el camino: "¿Quién nos correrá

la piedra del sepulcro?"

Esa piedra enorme que las mujeres no sentían sus fuerzas suficientes

para correrla. De alguna manera esa piedra

simboliza lo definitivo, la muerte. No la podemos quitar nosotros.

Queridos hermanos, es verdad que el sepulcro estaba bien cerrado,

con una piedra enorme, pero esa piedra ha sido eliminada.

Esa piedra que paraliza ha sido eliminada por Cristo.

Cristo ha triunfado y esto lo tenemos que anunciar,

queridos hermanos, a todos los hombres en todas las partes

de la tierra. Tenemos que anunciárselo.

Las mujeres preguntaban: "¿Quién nos correrá la piedra.

Quién curará nuestras heridas,

quién nos liberará de nuestras esclavitudes,

quién nos hará superar nuestros miedos, quién nos sacará

de nuestros pesimismos, de nuestras tristezas.

Quién nos abrirá caminos de gozo, de esperanza, de un verdadero

sentido de nuestra vida".

Queridos hermanos, solamente Jesucristo, nuestro Señor.

Creedme y, si no me creéis a mí,

creer la palabra que el Señor nos dirige.

Estas mujeres, incapaces de quitar la piedra, incapaces de dar

un sentido nuevo a la vida, la dio Jesucristo.

Él cura heridas, él libera,

él quita esclavitudes, él quita miedos, él quita pesimismos

y tristeza, él abre caminos de gozo y de esperanza.

Esta humanidad necesita de Jesucristo, queridos hermanos,

necesita de Jesucristo.

No tengamos miedo de anunciarlo.

Es la única respuesta a las tierras que existen en esta tierra

y en este mundo. Es la única respuesta.

Cristo ha resucitado, que sigue siendo escándalo para unos

pero es salvación para todos los hombres.

En este camino resulta que estas mujeres vieron que la piedra

estaba quitada, y era muy grande.

Había hueco para entrar en el sepulcro.

Esta es la primera sorpresa que tienen, la piedra estaba corrida.

El poder de la muerte se quebraba.

No lo olvidemos, la piedra, la tumba abierta para siempre,

¿quién la abrió?

¿Quién da horizontes a la vida,

quién da vida verdadera,

quién hondura la existencia humana, quién garantiza la dignidad

del ser humano?

Cristo, que ha resucitado.

La fuerza del resucitado puede remover absolutamente todo,

puede abrir tumbas que nos impiden vivir con sentido

nuestra vida humana.

Puede abrir esas tumbas que a veces existen cuando somos

incapaces los hombres de darnos la mano, de darnos un abrazo,

siendo diferentes. Queridos hermanos, al quitar la piedra

Cristo nos ha hecho descubrir una vez más

que no podemos decir: "Esos son otros". Somos todos nosotros.

La fuerza del resucitado puede mover, puede abrir tumbas,

puede dar un sentido nuevo a la vida.

Esta es la primera sorpresa.

La segunda sorpresa es que estas mujeres encontraron

también a un joven vestido de blanco.

El vestido blanco es el color de la vida.

Ellas no reconocen a Jesús resucitado,

que les dice: "No tengáis miedo. Buscáis a Jesús el Nazareno,

buscáis al crucificado. Ha resucitado. No está aquí".

También para nosotros hoy esta es una gran noticia.

Queridos hermanos, ha resucitado.

Nosotros no estamos reunidos aquí por un hombre famoso

que vivió hace 21 siglos, que hizo cosas extraordinarias.

Estamos resucitados en nombre de Dios, que en Cristo

se hizo presente en esta tierra, es Dios mismo, es el hijo de Dios,

que ha triunfado sobre la muerte, que ha quitado las piedras,

que ha roto las tumbas, que ha resucitado.

Tú, Señor resucitado, has vencido a la muerte y nos has dado tu paz.

Que en esta noche de tu triunfo sobre la muerte

la humanidad entera encuentre en ti la luz y la fuerza

para oponerse a todo lo que niega la vida en nuestro mundo.

Queridos hermanos, esta tarde,

antes de venir a esta celebración,

hablaba con diversos obispos y arzobispos, sobre todo

de América Latina y de Europa.

Hablaba con algunos otros misioneros. Esta tarde.

Es verdad que les decía que en esta noche todos íbamos a estar juntos,

ellos y nosotros, porque somos nosotros, que celebramos

en esta noche el triunfo sobre la muerte, que ha encontrado

la humanidad en Cristo.

Él es la luz, él es la fuerza,

él se opone a todo lo que niega la vida en nuestro mundo.

Con la resurrección del Señor, la vida empieza a tener

un nuevo sentido y esto es lo que estamos celebrando con la Pascua.

El resucitado está con nosotros y está para siempre.

Ningún ser humano está solo.

Nadie está perdido. Nadie, queridos hermanos.

Nadie está perdido en esta tierra.

Ningún crédito deja de ser escuchado por este Jesús que ha resucitado.

El resucitado es una presencia que aporta paz y esperanza nuestra vida

y que nos busca salidas,

salidas, hermanos, búsquedas de la fraternidad.

Hay esperanza esta noche, la resurrección de Cristo

para los pobres, para los marginados, para los crucificados

de la tierra, porque es los que creen en esta experiencia

de que Cristo ha vencido a la muerte, nos ha dado una vida nueva,

estamos dispuestos a comunicárselo a los demás.

Señor, es la fuente de la verdadera vida.

Es el colmo de la alegría que nadie nunca podrá arrebatarnos.

Queridos hermanos, el joven vestido de blanco

les está recordando a las mujeres que él va por delante.

Id a Galilea, que allí lo veréis. Hay que volver a Galilea.

Al resucitado no se le puede ver sin volver a la Galilea

de nuestra realidad, del día a día,

de la cotidianeidad que tenemos todos nosotros.

En esta noche, cada uno de nosotros podemos preguntarnos: "¿Cuál es mi

Galilea, dónde está mi Galilea?"

Para recibir al resucitado en medio de nosotros necesitamos

la vuelta a nuestra vida ordinaria, a la vida, nuestras relaciones,

nuestros trabajos, a nuestras familias, a ver las situaciones

que viven otros, que a veces están sin trabajo, que viven sufrimientos

diversos, pero siempre para llevar una esperanza renovada

en nuestro corazón, esa que Jesús nos da con su resurrección.

Que podamos acoger su presencia, queridos hermanos.

Que podamos decirle al Señor "Tu presencia, Señor,

elimina nuestra soledad. Llena de sentido toda nuestra vida".

¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?

¿Por qué buscáis soluciones a quien no da ninguna solución?

¿Por que no tenemos el atrevimiento de abrirnos a esta experiencia

que nos entrega Cristo resucitado?

Esta noche, en honor del Señor,

estamos conmemorando la resurrección de Cristo

y debemos de considerar esta noche, como nos decía San Agustín,

la madre de todas las santas vigilias.

Qué don y qué alegría poder celebrar esta noche santa.

Esta noche también asisten a nosotros desde la palabra de Dios,

que hace un instante proclamabamos: "No busquéis entre los muertos

al que vive. Ha resucitado.

Encontraréis sentidos en vuestra existencia".

Desde esta catedral, que es tesoro del Santuario de la Santísima

Virgen, patrona de Madrid, nuestra señora real de la Almudena,

que nos habla permanentemente cuando la miramos con la fuerza del amor

de Dios, hasta donde entra el amor en la vida.

Nosotros, acogiéndonos a la Virgen María, como la vemos,

acogiendo en sus brazos a Cristo,

el mismo que entró en este mundo para cambiar el mal en bien,

porque la fuerza de Dios es la única que puede con todo.

A quien tiene María entre sus brazos es el resucitado,

el que nos entrega a nosotros el verdadero sentido

de nuestra existencia.

Que aparezca en nuestro modo de vivir, en esta realidad.

Cristo resucitado. Este es el gran grito de nuestra fe.

Este es el testimonio y la verdad que va a llenar el mundo de gloria.

Ya la tiene pero tenemos que entregarla con mucha más fuerza.

Tu resurrección, Señor,

nos llena de luz y de esperanza.

Eres el principio de una vida nueva, de una regeneración de la humanidad

que nosotros estamos dispuestos a seguir regalando en este mundo

a los hombres y por eso, cuando nos encontramos con todos los hombres,

sean quienes sean,

les decimos: "La paz esté con vosotros".

Esa paz es Jesucristo, nuestro Señor.

Queridos hermanos, con la intercesión de Santa María,

yo le pido que nos haga sentir ella

lo que sintió esa santa española, Teresa de Ávila.

Que nos haga sentir como San Francisco Javier

recordando las palabras que José María en "El divino paciente"

pone en boca de san Francisco:

"Soy más amigo del viento que de la brisa.

El mal no pierde momento. Anunciemos a Jesucristo".

Como San Pablo, caminemos en el amor.

Queridos hermanos. Feliz Pascua de Resurrección.

Que el Señor os bendiga a todos, queridos hermanos.

Gracias a la presencia de las comunidades catecumenales,

que hoy tenéis también una celebración especial.

Sé que Kiko está mejor, gracias a Dios.

Celebremos todos juntos esta resurrección de Cristo.

Que el Señor os bendiga y os guarde a todos, a los que estáis aquí

y a quienes estáis viendo y siguiendo esta celebración

desde vuestras casas.

Cristo ha resucitado. Necesitemos con él.

Hemos escuchado las palabras de la familia de Monseñor

Carlos Osoro, cardenal arzobispo de Madrid.

Terminaba felicitándonos la Pascua, por esta noche en la que celebramos

de la resurrección de Cristo.

También en esta Vigilia Pascual, uno de los momentos importantes

es lo que vamos a celebrar ahora, la liturgia bautismal.

En el principio de la vida de la Iglesia las comunidades cristianas

en esta noche celebraban los bautismos.

Hermanos, acompañemos unánimes con nuestra oración

la esperanza de nuestro hermano, que va a la fuente de la regeneración

para que el padre omnipotente le otorgue todo el auxilio

de la misericordia. Dios, todopoderoso y eterno.

Escucharemos ahora el canto de las letanías a los santos,

invocando a los santos.

Padre. Me llamo David y quiero ser bautizado.

Hemos escuchado que va a haber un bautismo esta noche. David.

Es de aquí, de Madrid, de Carabanchel. Tiene 38 años.

Ha pedido ser bautizado.

Vamos a escuchar ese canto de las letanías.

Vamos a invocar a los santos para que esta noche

también se hagan presentes en este momento.

Señor, ten piedad.

-Señor, ten piedad.

-Cristo, ten piedad.

-Cristo, ten piedad.

-Señor, ten piedad.

-Señor, ten piedad.

-Santa María, Madre de Dios.

-Ruega por nosotros.

-San José, su santo esposo.

-Ruega por nosotros.

-San Miguel, santos, ángeles de Dios.

-Ruega por nosotros.

San Juan Bautista,

Santa María Magdalena.

-Ruega por nosotros.

Santos Pedro, Pablo, Andrés y Juan, apóstoles del Señor.

-Ruega por nosotros.

Santos Esteban, Ignacio de Antioquía, Lorenzo y Martín,

mártires de Cristo.

-Ruega por nosotros.

-Santas Perpetua, Felicidad, Inés, mártires del Señor.

-Ruega por nosotros.

-Santos Gregorio, Agustín, Atanasio y Basilio, doctores de la

Iglesia.

-Ruega por nosotros.

-Santos Benito, Francisco, Ignacio y Domingo, fundadores religiosos.

-Rogad por nosotros.

-San Francisco Javier, San Juan María,

pastores del rebaño de Cristo.

-Rogad por nosotros.

-Santas Teresa de Ávila, Teresa del Niño Jesús y Catarina de

Siena, doctoras de la Iglesia.

-Rogad por nosotros.

-Santos Isidro Labrador...

Todos los santos y santas de Dios.

-Rogad por nosotros.

-Muéstrate propicio.

De todo mal, de todo pecado, de la muerte eterna.

Líbranos, Señor.

Por tu encarnación, por tu muerte y resurrección,

por el envío del Espíritu Santo.

Líbranos, Señor.

-Nosotros, que somos pecadores.

-Te rogamos, óyenos.

-Para que regeneres a estos elegidos con la gracia del

bautismo.

-Te rogamos, óyenos.

-Jesús, hijo de Dios vivo.

-Te rogamos, óyenos.

Dios todopoderoso y eterno, manifiesta tu presencia

en estos sacramentos obra de tu amor sin medida y envía el espíritu

de la adopción para crear los nuevos pueblos que alumbre

para que la fuente bautismal.

Así tú poder dará eficacia

a la humilde tarea de nuestro ministerio.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Se ha preparado la pila bautismal.

Se acercará el cardenal para bendecir el agua

que va a ser utilizada esta noche para celebrar este bautismo

y para recibir, todos los que están presentes,

recordar nuestro propio bautismo, el agua bendita.

Oh, Dios, cuyo espíritu de los orígenes del mundo

se cernía sobre las aguas, para que concibieran el poder de santificar.

En las aguas torrenciales del diluvio jubilase el nuevo nacimiento

para que pusiera fin al pecado.

Dios, que hiciste pasar por el mar rojo a los hijos de Abraham

para que el pueblo esclavizado...

Dios, cuyo hijo, de ser bautizado por Juan en aguas del Jordán,

fue ungido por el espíritu Santo fue, colgado en la cruz,

vertió de su costado agua junto con la sangre y después

de su referencia mandó a sus apóstoles.

Este agua reciba por el Espíritu Santo la gracia de tu primogénito

para que el hombre, creado de tu imagen, con el sacramento

del espíritu, renazca a nueva vida por el agua y el Espíritu Santo.

Te pedimos, señor, que el poder del Espíritu Santo por tu hijo

descienda sobre el fondo de esta fuente

para que todos los sepultados con Cristo en su muerte,

por el bautismo, resuciten a la vida con él.

Que vive y reina en la unidad del Espíritu Santo

y es Dios por los siglos de los siglos.

David, ¿renuncias a Satanás y a todas sus obras y seducciones?

-Sí, renuncio.

-Para que el poder de Cristo Salvador...

Ahora será ungido.

En el nombre del mismo Jesucristo, Señor nuestro,

que vive y reina por los siglos de los siglos.

Ungido con el óleo de los catecumenado

se le pregunta por su fe,

la fe por la que va a ser bautizado.

David, ¿crees en Dios, padre todopoderoso, creador del cielo

y de la tierra?

¿Crees en Jesucristo, su único hijo, nuestro señor, que nació,

murió, fue sepultado, y está sentado en la derecha del Padre?

¿Crees en el Espíritu Santo,

en la santa Iglesia católica, en la comunión de los santos,

en el perdón de los pecados,

en la resurrección de la carne y en la vida eterna?

David, yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo

y del Espíritu Santo. Amén.

Como signo de esta nueva vida se le impone una vestidura blanca.

David, eres ya nueva criatura

y ha sido revestido de Cristo.

Recibe esta blanca vestidura

que has de llevar limpia de mancha ante el tribunal de nuestro Señor,

Jesucristo para alcanzar la vida eterna. Amén.

David, ha sido transformado en luz de Cristo.

Camina siempre como hijo de la luz a fin de que, perseverando en la fe,

puedas ir con todos los Santos al encuentro del Señor. Amen.

Esta noche también David va a recibir el sacramento

de la Confirmación y participará después por primera vez

de la Eucaristía.

(Aplausos)

Oremos, hermanos, a Dios Padre todopoderoso.

Pidámosle que derrama el Espíritu Santo sobre este neófito, David,

para que le fortalezca con la abundancia de sus dones

y haga de él imagen perfecta de Jesucristo.

Dios todopoderoso, padre de nuestro Señor Jesucristo,

que regeneraste por el agua y el Espíritu Santo a este siervo tuyo

y librarse del pecado, escucha nuestra oración.

Envía sobre él el espíritu Santo, llenale de espíritu

de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza,

de ciencia y de piedad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

David, recibe por esta señal

el don del Espíritu Santo.

La paz sea contigo.

En esta noche de la Vigilia Pascual todos recordamos

también nuestro bautismo.

Precisamente ahora nos va a invitar el cardenal Osoro,

que preside esta celebración, recordar aquellas promesas

que hicieron nuestros padrinos cuando fuimos bautizados.

Queridos hermanos, por el misterio pascual

hemos sido sepultados con Cristo para que vivamos una vida nueva.

Por tanto, terminado el ejercicio de la Cuaresma, renovar las promesas

del Santo bautismo con las que en otro tiempo renunciamos a Satanás

y a sus obras y prometimos servir fielmente a Dios

en la santa Iglesia católica.

¿Renunciáis a Satanás? (TODOS) Sí, renuncio.

¿Y a todas sus obras? (TODOS) Sí, renuncio.

¿Y a todas sus seducciones? (TODOS) Sí, renuncio.

¿Renunciáis al pecado para vivir en libertad

de los hijos de Dios? (TODOS) Sí, renuncio.

¿Renunciáis a todas las seducciones

de mal, para que no domine en vosotros el pecado?

(TODOS) Sí, renuncio.

¿Renunciáis a Satanás padre y príncipe del pecado?

(TODOS) Sí, renuncio.

¿Renunciáis a Satanás, esto es: al pecado, como negación de Dios;

al mal, como signo del pecado en el mundo;

al error, como ofuscación de la verdad;

a la violencia, como contraria a la caridad;

al egoísmo, como falta de testimonio del amor?

(TODOS) Sí, renuncio.

Que Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo,

que nos regeneró por el agua y el Espíritu Santo

y que nos condedió la remisión de los pecados,

nos guarde en su gracia, en el mismo Jesucristo

nuestro Señor, para la vida eterna.

-Amén.

De esa fuente bautismal vamos a recibir el agua

recordando nuestro bautismo.

(Música)

(Coro)

Vi que manaba el agua

del lado derecho del templo. Aleluya.

Y habrá vida donde quiera que llegue la corriente

y cantarán: "Aleluya, aleluya".

Desde los primeros siglos de la vida de la Iglesia

se celebraban esta noche los bautizos.

Durante todo el tiempo de la Cuaresma los catecumenos

se preparaban intensamente para ser recibidos esta noche...

(Coro)

Cantamos y proclamamos...

(Música)

Vigilia Pascual que marca todas las celebraciones del año,

Pentecostés, el Corpus, la Ascensión,

todas se enmarca el tiempo desde esta noche, la Vigilia Pascual,

que va cambiando cada año.

En el año 325, al inicio del siglo cuarto, el primer concilio

dijo que la Pascua se celebrara el domingo siguiente a la primera luna

llena del equinoccio de primavera.

Esto suele coincidir entre el 22 de marzo y el 25 de abril.

Por medio de Jesucristo, el Señor resucitado de la muerte,

por el poder del Espíritu Santo, dirigimos en esta santa noche

nuestras suplicas al Padre.

-Por todOs las que, reunidos en asamblea por todo el mundo,

renuevan esta noche su adhesión a Cristo, Jesús.

Roguemos al Señor. -Te rogamos, óyenos.

Por los catecumenos que, iluminados por la luz de Cristo,

se incorporan esta noche a la Iglesia, por los sacramentos

de la enunciación cristiana.

Roguemos al Señor. -Te rogamos, óyenos.

Por el papa Francisco, por nuestro obispo Carlos

y por todos los obispos, sacerdotes, diáconos

y demás ministros de la Iglesia.

Roguemos al Señor. -Te rogamos, óyenos.

Por el rey, por el Gobierno de nuestra nación,

por los gobernantes de todos los pueblos.

Roguemos al Señor. -Te rogamos, óyenos.

Por los enfermos, los moribundos y todos los que sufren,

en particular por quienes están siendo golpeados por la pandemia,

para que, participando del cáliz de la salvación a semejanza de Cristo,

tenga la firme esperanza de participar con él en su gloria.

Roguemos al Señor. -Te rogamos, óyenos.

Por nosotros, que, que renacidos del agua y del espíritu,

nos disponemos a participar en el banquete de la Pascua

y queremos vivir con plenitud del misterio pascual.

Roguemos al Señor. -Te rogamos, óyenos.

Señor, Dios nuestro, tú,

que por el poder del espíritu a resucitado Jesús

del reino de los muertos, para tu gloria para nuestra salvación,

escucha la oración que esta Iglesia que dirigen esta santa noche.

Apoyada en la intercesión del mismo Jesucristo, tu hijo,

que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Con la oración de los fieles hemos concluido

la liturgia bautismal y comienza la liturgia eucarística

en esta parte final de esta Vigilia Pascual, en esta noche

de Sábado Santo, que ha comenzado un poco antes de lo habitual

por las restricciones de los horarios.

(CANTAN EN LATÍN)

(CANTAN EN LATÍN)

(CANTAN EN LATÍN)

(CANTAN EN LATÍN)

(CANTAN EN LATÍN)

Orad, hermanos, parece que este sacrificio mío y vuestro

sea agradable a Dios, Padre, todopoderoso.

Acepta, Señor, con estas ofrendas la oración de tu pueblo

para que los sacramentos pascuales que inauguramos nos hagan llegar

con tu ayuda a la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

El Señor esté con vosotros. -Y con tu espíritu.

-Levantemos el corazón.

-Lo tenemos levantado hacia el Señor.

-Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

-Es justo y necesario.

-En verdad, es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor,

y más que nunca exaltante en este día gozoso

en que Cristo en nuestra Pascua ha sido inmolado porque él

es el verdadero cordero que quita el pecado del mundo.

Muriendo destruyó nuestra muerte

y resucitando restauró la vida.

Por eso, en esta efusión de gozo pascual el mundo entero

se desborda de alegría y también los coros celestiales,

los ángeles y los arcángeles cantan el himno de tu gloria

diciendo sin cesar...

(Música)

Santo, santo,

santo es el Señor.

Santo es el Señor. Dios del universo.

Santo es el Señor.

Dios del universo.

Llenos están

el cielo y la tierra de tu gloria.

Hosanna, hosanna,

hosanna en el cielo.

Hosanna, hosanna,

hosanna en el cielo.

Bendito el que viene

en nombre del Señor.

Hosanna, hosanna,

hosanna en el cielo.

Hosanna, hosanna,

hosanna en el cielo.

-Santo eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas

tus criaturas. Ya que por Jesucristo, tu Hijo y Señor nuestro,

con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo

y congregas a tu pueblo sin cesar para que ofrezca en tu honor

un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso.

Por eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo espíritu

estos dones que hemos separado para ti,

de manera que sean cuerpo y sangre de Jesucristo,

Hijo tuyo y Señor nuestro, que nos mandó celebrar estos misterios.

Porque él mismo, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan.

Dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo:

"Tomad y comed todos de él,

porque esto es mi cuerpo, que será entregado por vosotros".

(Campanilla)

Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz.

Y dándote gracias de nuevo lo pasó a sus discípulos,

diciendo: "Tomad y bebed todos de él,

porque este es el cáliz de mi sangre.

Sangre de la alianza nueva y eterna

que será derramada por vosotros y por muchos

para el perdón de los pecados.

Haced esto en conmemoración mía".

(Campanilla)

(Campanilla)

(Campanilla)

Este es el sacramento de nuestra fe.

-Anunciamos tu muerte,

proclamamos tu resurrección.

Ven, Señor Jesús.

-Así pues, Padre,

al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo,

de su admirable resurrección y ascensión al cielo,

mientras esperamos su venida gloriosa,

te ofrecemos en esta acción de gracias el sacrificio vivo y santo.

Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia

y reconoce en ella la víctima por cuya inmolación

quisiste devolvernos tu amistad.

Para que, fortalecidos con el cuerpo y la sangre de tu Hijo

y llenos de su Espíritu Santo,

formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo Espíritu.

-Que él nos transforme en ofrenda permanente

para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos,

con María, la Virgen madre de Dios, su esposo, San José,

los apóstoles y los mártires,

y todos los santos por cuya intercesión

confiamos obtener siempre tu ayuda.

-Te pedimos, Padre,

que esta víctima de reconciliación

traiga la paz y la salvación al mundo entero.

Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra.

A tu servidor, el papa Francisco,

a mi hermano Carlos, obispo de Madrid,

al Orden Episcopal, a los presbíteros y diáconos,

y a todo el pueblo redimido por ti.

Atiende los deseos y súplicas

a David, que has congregado hoy en tu presencia, y reúne en torno a ti,

Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo.

A nuestros hermanos difuntos.

Y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino

donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria.

Por Cristo, Señor nuestro,

por quien concedes al mundo todos los bienes.

-Por Cristo, con él y en él.

A ti, Dios Padre omnipotente,

en la unidad del Espíritu Santo.

Todo honor y toda gloria.

Por los siglos de los siglos. -Amén.

Amén.

Amén.

Llenos de alegría por ser hijos de Dios,

digamos confiadamente la oración que el mismo Cristo nos enseñó.

Padre nuestro, que estás en el cielo.

Santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino.

Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día.

Perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.

No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.

Líbranos de todos los males, Señor,

y concédenos la paz en nuestros días

para que, ayudados por tu misericordia,

vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación

mientras esperamos la gloriosa venida

de nuestro salvador Jesucristo.

-Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

-Señor Jesucristo, que dijiste a los apóstoles:

"La paz os dejo, mi paz os doy",

no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia.

Y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.

Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

La paz del Señor esté siempre con vosotros.

-Y con tu espíritu.

-En el espíritu de Cristo resucitado intercambiad ahora

un signo de comunión fraterna.

También nosotros en esta noche santa de la Vigilia Pascual

os deseamos la paz.

Nos recordaba el papa Francisco: "El resucitado nos da la certeza

de que el bien triunfa siempre sobre el mal, que la vida siempre

vence a la muerte que nuestro final no es bajar cada vez más abajo,

de subir cada vez más alto".

El cardenal Osorio ha ido a desear la Pascua a su eminencia.

El patriarcado ecuménico de Constantinopla.

Ten piedad de nosotros.

Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

Dichosos los invitados a la cena del Señor.

-Señor, no soy digno de que entres en mi casa,

pero una palabra tuya bastará para sanarme.

(Música)

Cristo resucitado.

Cristo, nuestra vida.

Aleluya.

Aleluya.

Cristo resucitado.

Aleluya.

Cristo ha resucitado.

Cristo ha resucitado.

Resucitemos con él.

Cristo, nuestra vida.

Aleluya.

Aleluya.

Estamos celebrando esta nuestra Vigilia Pascual

en esta catedral de la Almudena de Madrid.

Mañana estaremos también aquí en La 2 de TVE a las 10:00 de la mañana

para celebrar el domingo de Pascua, la misa de resurrección

presidida por el papa Francisco desde la basílica de San Pedro

en Roma y a las 12 también asistir a la bendición "urbi et orbi"

a la ciudad y al mundo, que impartirá el papa Francisco.

Aleluya. Aleluya.

Cristo ha resucitado.

El papa Francisco, que esta tarde ha presidido

la Vigilia Pascual en la Basílica de San Pedro.

En la homilía ha lanzado tres anuncios de Pascua.

El primer anuncio, siempre es posible volver a empezar

porque existe una vida nueva que Dios es capaz de reiniciar

en nosotros más allá de todos nuestros fracasos.

Hablaba también de un segundo anuncio de Pascua:

"La fe no es un repertorio del pasado, Jesús no es un personaje

obsoleto. Él está vivo aquí y ahora. Camina contigo cada día.

En la prueba que estás atravesando, en los años que llevas dentro".

El tercer anuncio: "Jesús el resucitado nos ama sin límites

y visita todas las situaciones de nuestra vida.

Nos invita a superar los prejuicios,

a acercarnos a quienes están con nosotros cada día

para redescubrir la gracia de la cotidianeidad".

(Música)

(Coro)

(Música)

(Coro)

(Música)

(Coro)

El cirio pascual, que nos representa ese Cristo resucitado

del que nos hablaba el cardenal Carlos Osoro en la homilía,

ese Cristo resucitado que es la fuerza que da vida, decía él,

esa luz que ilumina las tinieblas.

Por eso se ha traído de manera especial, se ha bendecido,

se ha preparado, se ha traído en procesión y nos acompañará

durante todo este tiempo pascual, que ahora se inicia,

en nuestras celebraciones.

(Coro)

(Música)

Oremos.

Derrama, Señor, sobre nosotros

tu espíritu de caridad para que hagas vivir unidos en tu amor

a los que ha saciado con los sacramentos pascuales.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

-Amén.

-El Señor esté con vosotros.

-Y con tu espíritu.

Inclinaos para recibir la bendición.

Que os bendiga Dios todopoderoso en la solemnidad pascual

que hoy celebramos y os defienda de todos los pecados.

-Amén.

-El que os ha renovado para la vida eterna, la resurrección,

os colme con el premio de la inmortalidad.

-Amén.

-A quienes terminadas los días de la Pasión del Señor,

habéis participado en los gozos de la fiesta de Pascua,

podéis llegar con su gracia con espíritu exultante

a todas las fiestas de la evento la vida eterna.

La bendición de Dios todopoderoso,

Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre vosotros

y os acompañe siempre.

-Amén.

-Podéis ir en paz.

Aleluya. Aleluya.

-Demos gracias a Dios. Aleluya.

Aleluya.

(Música)

Concluye así la celebración de esta noche de la Vigilia Pascual.

"Tus expectativas no quedarán sin cumplirse", decía el papa Francisco

esta noche. "Tus lágrimas eran aprobadas, tus temores serán

vencidos por la esperanza porque el Señor camina delante de ti

y con él la vida comienza de nuevo".

Les saluda Javier Valiente. Feliz Pascua de Resurrección.

Un aplauso a nuestro obispo.

(Aplausos)

(Música)

(Música)

Santos Oficios - Vigilia Pascual

03 abr 2021

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