Ruralitas La 2

Ruralitas

Domingo a las 19:40 horas

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Ruralitas - Cartera y cura - ver ahora
Transcripción completa

una vida nueva, ¿ha supuesto un cambio haberte casado?

(Música)

# Con aire fresco de mar

# curo feridas e loitos,

que sexan poucas o moitos, é necesario sanar.

# E vendo o mundo rodar,

# dando tumbos de vencido,

# dou por perdido o perdido

e recollo o que quedou.

# E co que me queda vou seguindo o meu percorrido.

# Para seguir camiñando fago noite... #

En el año 2004, aprobé la oposición

y el primer destino fue Toledo.

Yo nunca había salido de mi casa,

nunca había dejado a mi marido, a mis hijos y allá me fui.

Y empecé a pedir todo lo que había por Galicia.

Y fíjate, llevo aquí casi 10 años y hoy no lo cambio por nada.

Aquí la gente es muy cariñosa.

Aquí la gente, como llevas tiempo,

eres como de su familia, te conocen por el nombre.

En una ciudad, el cartero no sabe ni cómo te llamas.

Dicen: "El cartero que va por mi barrio".

Pero es que aquí eres Carmen para los vecinos.

Sé dónde encontrar a cada persona.

Todo el mundo sé dónde está y sé dónde encontrarlo.

Mi vida laboral, si la suerte me acompaña,

termina aquí, en estas montañas y con esta gente.

Buenos días, Miguel. Hola, Carmen.

¡Andrés, lo de siempre, por favor!

¿Qué tal hoy?

Mucho trabajo. ¿Sí?

¿Hay muchos paquetes hoy? Sí, llevo 37.

¡Uf! Veremos si nos da tiempo.

Pues el día no nos va a ayudar mucho.

-Buenos días. Gracias.

Tenemos un día hoy...

de perros. Sí.

A ver cómo se pone la mañana.

Bueno, con calma, no vayamos a tener un accidente.

Bueno, pues vale. ¿Te vas ya?

Me voy. Vale.

¿Nos vemos luego? Hasta luego.

Chao, Miguel. Chao.

Correos hace una labor muy importante

porque hay gente que aquí no tiene internet.

Cuando yo era joven, se escribía mucho correo a mano.

Y venían cartas, llegaban a casa

cada dos o tres meses y era una ilusión, claro.

Yo misma me escribía también con chicas de mi edad

y estaba esperando al cartero con muchísima ilusión.

¡Hasta mañana!

Ya no es tan personal como en aquella época.

Y fíjate, años después, aquí estoy yo repartiendo ilusiones.

Aunque ahora no hay tantas ilusiones.

Son más cosas de bancos, de Hacienda,

que le tienen mucho miedo, y cosas así.

(Música)

Vamos a ver a Edgar.

Edgar es un chico que trabajaba en Vigo.

Y cuando lo de la crisis,

se vino de una gran urbe, como es Vigo,

a un pueblo como Abelenda, pequeño, de pocos habitantes.

Y está encantado de la vida.

Aquí no tiene el estrés que tenía allí

y, al mismo tiempo, tiene trabajo.

Es una persona joven que ha apostado por un pueblo.

Y está encantado aquí.

Edgar yo siempre digo que es un multiusos.

Te pone una teja, te hace una reforma integral,

te hace una casa desde abajo.

Lo que le pidas.

(Música)

¡Edgar!

¡Hola, Carmen! ¿Qué haces ahí arriba?

Arreglando unas tejas.

¡Baja! Ahí voy.

Que tengo aquí una cosita.

Miedo me das. (RÍE)

¿Por qué, hombre? Bueno.

¿No será de Hacienda? No, hombre, no es de Hacienda.

Hacienda somos todos, ¿sabías?

Ya, sí, sí. (RÍE)

¿Qué tal, cómo va todo? Bien.

Aquí. ¿Rehabilitando más casas?

Sí, bueno, a esta estoy arreglándole unas tejas.

Con este temporal que hubo...

Qué bonita quedó esta. Sí, ¿verdad?

Me encanta. Todos dicen lo mismo.

Sí. ¿Y la otra que has hecho también?

La de más atrás, ¿no? Sí, sí.

Quién te iba a decir que vendrías a poner este pueblo precioso.

Y bien contento que estoy. Sí, ¿verdad?

Aquí no hay estrés. Nada.

Aquí... Aire puro y...

Todo tranquilo, aparcas donde te da la gana.

Sí. Todo bien.

Muy bien. La verdad es que sí.

Nos vemos mañana. Venga.

Gracias, chao. Hasta luego.

(Música)

Antes de llegar al pueblo, me dedicaba a la construcción.

Pero obras grandes.

Siempre en ciudad, nunca había trabajado en un pueblo.

Con la crisis, opté por venir aquí

y buscarme la vida un poco por aquí a ver qué salía.

Con suerte, de momento, la cosa está bien.

Aquí, en el pueblo, hago de todo.

Desde una reforma integral de una casa

a pintar el techo de un baño, arreglar una televisión.

Lo que la gente demanda porque aquí no hay de dónde tirar.

El pueblo, sobre todo, me aporta tranquilidad.

No hay ese estrés que puede haber en la ciudad.

Aquí es diferente.

Aquí tienes tu momento en el momento que quieres.

(Música)

Ahora voy a casa de Pili.

Pili es una chica que se vino de Méjico hace unos años.

Y se compró un taxi, que es su medio de vida.

Pero, al mismo tiempo, hace una labor muy importante

con la gente mayor que no tiene forma de desplazarse.

Y Pili los lleva al médico,

los lleva a comprar al supermercado,

los lleva, los trae.

Pili ha apostado también por impulsar la vida en el rural.

(Timbre)

Y es una mujer estupenda y muy maja.

¡Hola, Pili! ¡Hola, Carmen!

¿Qué tal? Te traigo unos paquetitos.

(Música)

Me echas una firmita. Claro que sí.

Pasa a tomar un cafecito, que hace un chorro de frío.

Bueno, un minuto. Uno chiquito.

Uno chiquito, que tengo prisa. Mira qué día tenemos.

Ya te digo.

Pero rapidito, que me marcho. Sí, no te preocupes.

Pero uno así calentito. Tengo que seguir la ruta.

Apetece. Es que está

un día horroroso. Pasa.

Ayer vine y me dijeron que habías salido de viaje, que no estabas.

¿Adónde fuiste? Sí, fui a Oporto.

Y después fui a Vigo. ¿Sí?

Por todos los aeropuertos, ando por ahí.

Pero aquí se está genial, Pili, en esta montaña.

La verdad es que sí, tiene unas vistas bonitas, tranquilidad.

Aire puro. Eso...

Yo voy por ahí y digo:

"Se respira, se vive en estas montañas".

Verde, que te quiero verde. No sé cómo vivías en Méjico.

Pero aquí, bien, ¿no?

La Ciudad de Méjico es muy bonita, yo la adoro.

Pero la paz y la tranquilidad con la que se vive aquí...

¿El taxi te va bien?

Pues el taxi fue una curiosidad.

Dije: "¿Qué voy a hacer de mi vida?".

Y dije: "Pues el taxi". El taxi.

Pero haces una labor genial aquí con la gente.

Llego a algún pueblo y los veo a todos guapos, esperando.

Y digo: "¿Adónde vas?".

Y dice: "Estoy esperando a Pili, que me va a llevar..."

Todos te están esperando. La verdad es que es gente buena.

He tenido mucha suerte, tengo mucha suerte.

Y es muy bonito.

Y una de las grandes cosas del taxi

es no dejar a la gente mayor abandonada.

Si no, estarían aquí sin transporte público.

Aparte, que después me invitan a comer y todo.

¡Caray, qué suerte! Me sale genial.

Gente buena. Haces una labor muy buena.

Por cierto, tengo una carta para un señor,

Francisco Iglesias, y no caigo ahora quién es.

Ah, pues mira, ahora tengo que ir a buscarlo.

Si quieres, me acompañas y te lo presento.

Es que no me acuerdo de quién es el señor.

Sí, ahora te lo presento.

Pues vamos, que tengo... Vámonos, que llegamos tarde.

Tengo mi prisa. Vamos, corre.

(Música)

Mis papás son gallegos.

De la provincia de Orense.

Y cuando eran pequeños, había pobreza

y tuvieron que emigrar a Méjico.

Yo nací en la Ciudad de Méjico.

Siempre nos juntábamos con otra gente gallega.

Venir los veranos a España era el sueño de todos.

Como todos los emigrantes que salen de su país.

Sobre todo, los gallegos, que tienen esa morriña

de venir adonde eran sus raíces.

Tienes esas ganas de regresar a tu pueblo

y de construir una casa chiquita o grande, como tú puedas.

Pero construir en el pueblo donde ellos fueron niños.

Venir a un pueblo donde durante el año viven nueve habitantes.

Reubicarte, no tener una vida

tan ajetreada como en una gran ciudad,

como es la Ciudad de Méjico, hay que ser valiente.

Es cambiar toda tu vida y volver a empezar de cero.

Mucha gente lo ve muy raro y contradictorio

que yo, al tener una casa tan grande,

que es herencia, yo ahora sea taxista.

La vida da muchas vueltas

y tiene uno dos manos y dos piernas.

Y como sigo cuidando a la familia,

pensé: "¿Qué voy a hacer para entretenerme

en un pueblito de nueve habitantes?".

Y se me ocurrió poner un taxi.

A mí me gusta conducir.

Y he pensado mucho en la gente mayor.

Aquí no hay muchos servicios públicos.

Es una manera de cuidar a los viejitos,

que tengan su servicio público

y puedan acercarse a las ciudades más cercanas,

cómodos y con alguien conocido.

Es por aquí.

¡Hola, Paco! -Hola, corazón.

-¿Cómo estás? ¿Qué tal, Paco?

-Muy bien. Le buscaba y no le encontraba.

Bueno, pues...

Ya no se puede escapar uno.

Sí.

Le dejo con Pili, que yo me tengo que ir.

Tengo mucha prisa, hoy me han enrollado mucho.

Muchas gracias. Bueno.

Chao, Carmen, nos vemos. Nos vemos, hasta luego.

-Hala. -¿Qué pasó?

¿Cómo estás?

-Muy bien.

-¿Te han hablado del hospital para ver cuándo te operan?

-No, todavía no. -Estate pendiente del teléfono.

Si no, se pasa el día de la operación.

-De acuerdo, yo te aviso.

-El otro día estuve pensando

y me parece muy curioso que no nos encontráramos en Méjico.

-Qué pena. -¿En qué otros lugares estuviste?

-Aparte de España, he estado en Suiza.

Méjico.

Venezuela.

-Interesante. ¿Y qué tal, cómo le fue allí?

-Bueno.

Más o menos, pero...

Como España, no hay.

-Eso, definitivamente.

Entonces, tiene un hijo venezolano,

una hija mejicana... -Una hija mejicana.

-Y otro suizo. -Sí.

(Música)

Ahora vamos a casa de María.

María es una mujer que lleva ya muchos años viuda.

Es una mujer muy alegre, siempre tiene una sonrisa en la boca.

Es muy divertida también. Es la sacristana de Couso.

Ayuda en los entierros, en las misas.

La verdad es que ayuda en todo el pueblo.

Tiene las llaves de todas las casas de los vecinos.

A los vecinos que no están,

que vienen solo en verano, les cuida ella las casas.

Es una mujer muy divertida, es una mujer estupenda.

¡María!

¡María! ¡Sí!

¿Qué tal? Muy bien.

¿Qué me traes? Te traigo una cartita.

Estaba esperando la carta de mi novio.

Pues esta no es de tu novio.

Y tienes que venir conmigo a tender la ropa.

¿Qué dices? Sí, tienes que venir.

Que yo ya soy viejecita.

A ver, te ayuda. ¿No ves que casi no puedo caminar?

Por favor. A ver, que te ayudo.

Ayúdame, Carmen. Sí, mi niña.

¿Qué tienes que coger? Las llaves.

Pareces San Pedro. Son de las casas de Couso.

¿Tienes todas las llaves? Claro.

Como vivo aquí yo solita, tengo que tener las llaves.

¿Y adónde ibas ahora? Ahí abajo.

Vamos.

Hoy no tienes muy buen día para la ropa.

No, pero la tiendo aquí debajo.

Se seca con el aire. Sí, sí.

Tengo un sitio muy bueno, mi niña.

¿Aquí es donde vas a tender? Aquí voy a tender.

Trae, que te... Agárrame la cestiña, miña nena.

Ahí.

Trae. Toma.

Trae, miña nena.

Voy a tender mi ropita.

¿Me das las pinzas? Vale, a ver, venga.

Tú me das las pinzas. Ay, esta mujer.

Yo tiendo la ropa. Ay, que tiro con todo.

María, pero esta casa no es tuya.

No.

¿Y cómo vienes a tenderte aquí la ropa?

Vengo a tender la ropa porque tengo las llaves.

Vengo a tender, vengo aquí a mirar si llueve.

¿Tú atienes las casa de toda la gente o qué?

De casi todos.

¿La ropa la cuelgas en todas las casas?

La cuelgo en todas las casas del pueblo

porque así piensan que hay gente, Carmen.

¡Ah, claro! Claro.

Hay que ser... Si me engañas hasta a mí.

Me engañas hasta a mí. Claro que te engaño.

Yo también pienso que hay y no hay.

Y también atiendes la iglesia. También.

Tengo las llaves de la iglesia, soy la...

¿Quién va a venir a misa, si no hay gente en el pueblo?

La gente de Vilariño. Ah, de otros pueblos vienen.

Claro, de Vilariño, de Penedo.

Venían de Taboazas.

Y tú la limpias, tocas las campanas

y haces todo. Todo.

Le lavo la ropa al cura.

¿También? Sí, le ayudo.

¿Quién va a ayudar, sino yo?

No hay gente, ¿no? Claro, no hay gente.

Pero en verano viene alguien. Poquita.

Viene muy poquita.

Aquí se va a secar bien, que hay...

Hay ventilación, por eso la traigo aquí.

La traigo para despistar. Cómo engañas, María.

¿Sabes? El otro día vino un señor de Méjico

y llamó a esta puerta.

Y venían buscando sus raíces.

¿Aquí, al pueblo? Al pueblo.

Llega y dice: "Nosotros venimos en busca de las raíces.

Yo viví en Penedo y vine a esta casa, a mi casa,

a la escuela cuando era pequeño". Tu casa era la escuela.

Claro, y se fue con siete años a Méjico.

Y se acordaba de que tu casa era la escuela.

Lo invité a un cocido, a él y a la señora.

¿Tú conocías a esos señores? De nada.

Y les dices: "Hala, pasen, vamos a comer".

Sí, vinieron.

Cualquier día vas a tener un disgusto.

Le hice filloas, le hice de todo.

Le gustó mucho el cocido. Claro, repito, repito.

Le traía recuerdos de cuando era pequeño,

que le hacía la abuela la comida.

Y cuando acabaron de comer, se fueron encantados, Carmen.

Eres única, no hay otra como tú.

De veras, se fueron encantadísimos de la vida.

¡Hombre! Y me hablaron desde Méjico.

Este año, por navidades.

Y lloré, lloré mucho.

Como tú, muy poca gente hace esas cosas.

Vivir en los pueblos es muy triste.

Vivir una persona sola, ¿sabes? Es un poco triste, pero bueno.

Yo lo paso bien. Tú eres muy alegre.

Eres la dueña y la señora de todo.

Ya te digo, soy la alcaldesa,

la alcaldesa, la campanera.

Todo, todo, soy todo.

Pero tú también haces de guía, María.

Yo hago de guía.

Vas por ahí a...

A los que vienen a hacer senderismo les dices adónde van.

Y voy con ellos. ¡Qué dices!

Te voy a contar. Un día vino una pareja.

Fuimos a ver los molinos de Penedo.

Entonces, me pusieron en la tele y lo vio mi hija.

Y me dice mi hija: "¿Qué haces con ese señor por el monte?".

Y le dije: "No, hija, no, que también iba una señora".

Y el señor volvió a traerme un regalo

y ya no me encontró, Carmen.

Qué confiada eres. Y quedé muy triste.

Por no verlo. Ya vendrá otro día.

Porque el señor le dijo a la señora: "Qué buena está todavía".

¡Ay, María! Con toda la ilusión, Carmen.

Toda la ilusión. Eres única.

Sí, de verdad, Carmen.

Vamos, que me tengo que ir.

Vámonos. Me estás entreteniendo.

Hala, vámonos.

Mañana ya la puedes recoger. Sí, la plancho y todo.

(Música)

Mira, te voy a explicar, Carmen.

Este puente tiene muchos, muchos poderes.

Aquí vienen los matrimonios que no pueden tener hijos.

Tienen que venir de noche y sin que lo sepa nadie.

Vienen y aquí prenden la lumbre.

No puede pasar ni can ni gato.

Por aquí. No puede pasar nadie.

Si viene alguien de arriba,

ya sabe que es para hacer el ritual.

Cogen el cacharrito y bajan por aquí.

¿Es muy largo? Que me tengo que ir.

Ahí se coge el agua. ¿Bajan al río?

No, no, desde arriba, con una cuerda.

Ah, con una cuerda. Con una cuerda. Suben.

Y aquí están junto a la lumbre. Haz como que soy yo.

¿Y qué hago con el agua? Me la echas por aquí.

No, espera. ¿Te la echo?

Por ahí. ¿El agua te la echo?

¿Y te mojo toda? Toda.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén no se puede decir.

¿Ah, no? Amén, no.

Y después, toda la noche aquí, comiendo pan y vino.

¿Toda la noche, no te puedes dormir?

Nada. ¿El canivete lo hacen aquí?

El canivete no sé si viene hecho o lo tienen que hacer.

Aquí no lo hacen.

Aquí solo vienen para quedarse embarazados.

Para quedarse en estado. Es matemático.

Hay que hacerlo bien porque si no, no se queda en estado.

A nosotros ya no nos hará falta. Quién sabe.

Yo, si supiera que quedaba en estado,

estaba aquí dos noches. (RÍE)

Me encanta esta historia.

Si hay alguien que tenga problemas de fertilidad,

le voy a hablar del puente.

Tú le cuentas la historia. Bueno.

Me encargaré, no me queda otro remedio.

Si es verdad que es tan eficaz, la gente lo tendrá que saber.

Vámonos, que tengo prisa. Es que me lías, me lías.

(Música)

¿Me ayudas?

¿Qué vas a hacer? Voy a tocar la campana.

¿Ahora vas a tocar? Sí, porque hay un difunto.

¿Sí? Sí.

Me estás liando, María. No te estoy liando nada.

Pasa, anda. Me tienes que ayudar.

Me estás liando, tengo que irme y tú, venga a liarme.

¿Y qué voy a hacer, a quién llamo?

Yo te acompaño, pero yo no sé cómo haces.

Yo te enseño, espera.

(Campanada)

¿Así que tocas? Difunto.

Es para decir que murió un señor.

¿Cómo se sabe si es un hombre o una mujer?

Se sabe porque el hombre

se empieza en la grande.

Y la mujer, en la pequeña.

Mira.

(Campanada)

¿Cuánto tiempo llevas tocando, María?

Ocho o nueve años, por lo menos.

Sí.

Por lo menos.

Y tocas a misa, tocas a difunto...

A misa, a difunto.

Pero hay que saber tocar, esto no lo hace cualquiera.

Mira.

¿Tú conoces a una señora en Ribellón, a la Lucita?

Un día me felicitó.

Por lo bien que tocas las campanas.

Por lo bien que las toco.

Si me las das a mí, a ver qué hago yo.

No sé hacer estas cosas.

(Campanada)

¿Todos los domingos vienes a tocar a misa?

Todos los domingos.

Pero se toca de otra forma. Claro.

Los domingos te voy a decir cómo toco.

Mira, así.

(Campanadas)

Hasta ahí. Es diferente, claro.

Solo se toca una campana.

La otra no se toca.

Claro, suena diferente. La entrada es así.

Una, dos, tres.

¿No vendrá alguien a misa? Pues no sé.

Si está alguien...

Y se repicaba, pero antes, ahora no hay quien repique.

Los días de fiesta.

Suben arriba dos hombres y repican las campanas.

Pero mi marido era el que sabía y se murió.

Y el hermano de Maruja también repicaba,

pero solo no se atreve. ¿Tú no repicas?

No, no, eso no lo hago. No.

No, porque no sé.

Y para meter la pata, para qué.

Para la edad que tengo.

Ya te digo. Aprendí mucho.

Y todavía estoy aprendiendo. No lo olvides.

Bueno, yo me tengo que ir.

Bueno, pues vámonos.

Que me estás liando, yo tengo que seguir mi trabajo.

Tú tienes tu casa y tus cosas.

También tengo que trabajar. Ya lo sé.

Tengo que lavar los cacharros.

Voy a ver un poquito la tele. Ya.

Yo aún tengo unos pueblos por ahí.

Bueno, tú eres joven y pronto haces las cosas.

Venga, nos vemos. Chao, Carmen.

Hasta luego. Que te vaya bien, cariño.

Adiós, mi niña.

Como María, hay gente que está muy sola.

Algunos días solo me ven a mí.

No me importa que me entretengan.

El retraso es lo de menos con tal de que tengan con quién charlar.

Mi trabajo consiste en repartir cartas,

pero a veces también tienes que hacer compañía a las personas.

Y sientes cómo te lo agradecen,

ese calor que te da el pueblo.

Las zonas rurales están muriendo.

Y si no lo remedian, se va todo a pique.

Pero llegará un momento en que en el rural

tiene que surgir algo nuevo,

tiene que surgir gente que venga a vivir aquí.

En las ciudades hay mucho estrés, está muriendo gente por estrés.

Porque es una prisa y un...

Y aquí estás de maravilla.

Yo creo que hay muchísima gente que se vendría a vivir aquí.

(Música)

Cuando era chiquitín, me gustaba rezar mucho.

Mis padres rezaban, me llevaban a la iglesia.

Y yo asistía a misa. Yo no iba al colegio.

Mi madre dejó de ser maestra por estar conmigo en casa.

Y escribía en el suelo de un piso chiquitín en Barcelona.

Iba escribiendo M, A, R, E...

Y aprendí a escribir las letras.

De repente, un día escribí: M, I, S, A.

Misa.

Salté y dije: "¡Mamá, mamá, he escrito misa!".

Yo no estaba contento porque sabía escribir,

sino porque la primera palabra que había escrito era misa.

Siempre he querido ser sacerdote.

Una vez, en una biblioteca de la Universidad a Distancia,

que estudié Filosofía en la UNED, entré e iba vestido de negro.

Y me dijeron: "Tú vas a ser cura, ¿no?".

Y entonces...

Le miré y le dije: "Pero ¿cura por qué?

Mucha gente va de negro".

Y me contestó: "Sí, pero no con esa cara".

Ahora mismo soy párroco de Santa María del Campo Rus.

Y, además, llevo como cura encargado, que se llama,

tres pueblos más:

Pinarejo, Villar de la Encina y Carrascosa de Haro.

Aunque parezca mucha faena,

no lo es porque la población no es muy grande.

Solo hay situaciones de crisis cuando se juntan las fiestas.

Hay procesión y misa, misa y procesión y no llegas.

Voy a casa de Angelines, que es la mamá de Gloria,

una muchacha con un espíritu de superación muy grande.

Se puso enferma hace unos años

y con la ayuda de la familia y de la fe,

ha podido dar un paso adelante en su vida

e incluso, se ha casado.

En la preparación de la boda y los ensayos,

tuvimos una amistad muy entrañable.

Y ahora quiero pedirle a ver qué le parece

que nos juntemos todos los que se han casado

en estos años que he estado de párroco

para hacer todos juntos una misa de acción de gracias al Señor

en esta nueva vida que va a comenzar.

Angelines.

Hola. ¿Se puede?

Sí, pase.

¿Cómo estás? ¿Qué tal?

Oye, tú sigue tranquila.

Perdona que he pasado hasta la cocina, pero he visto abierto.

¿Eso siempre es así? Sí.

¿Siempre tenéis abierto? Y siempre, de faena?

Con la misma faena cada día. Lavar, tender, tender, lavar.

Sí. Quería preguntarte algo.

Se me ha ocurrido que podríamos hacer más o menos en un mes

una misa con todos los matrimonios que se han casado en el pueblo.

Sí. ¿Qué te parece esa idea?

De maravilla, bien.

Ella, de salud, está bien. Sí, está muy bien.

Tiene sus revisiones al año y medio.

Y la verdad es que está muy bien.

¿Yo podría hablar con ella para contarle todo esto?

¿Sabes dónde está? Sí, ella está en el molino.

Porque ella jugaba al fútbol.

Eso lo ha tenido que dejar. Pero bueno, siempre hace deporte.

Y está en el molino haciendo estiramientos.

Pues si no te importa, te dejo y voy a verla.

Vale, gracias. Adiós, dame un beso.

Hasta otro día. Hasta luego, adiós.

Nos vemos luego. Salgo y doy portazo.

¡Vale!

(Música)

Hemos vivido momentos muy difíciles

con la enfermedad de mi hija.

Los padres no estamos preparados para que le pueda pasar a un hijo

algo antes que a nosotros.

Pero gracias a Dios, mi hija está bien.

Hemos estado un año y medio de hospitales.

Y está recuperada.

Esto es como un milagro.

Gracias también a Antonio, el cura,

que nos ha apoyado mucho.

También hace unos meses que los ha casado.

Y cuando vienen, lo primero que pregunta mi yerno

es que me dice: "¿Mañana van a misa,

quién dice la misa, es Antonio?

Porque si no es Antonio, yo no voy.

Pero si la dice él, voy".

Yo he llorado con mucha gente.

Que nadie sabe lo que le pasa.

Porque solo te lo pueden contar a ti.

Y al final, cuando ven que caen tus lágrimas,

como que... Compadecerse, ¿no?

Padecer con significa eso.

No somos capaces de sufrir con el que sufre.

No porque no queramos, sino porque no sabemos.

Me ha dicho Angelines que Gloria está en el molino.

Voy a ver si hablo con ella en ese lugar tan encantador

y de paso, le felicito porque me encanta

que haya retomado sus labores deportivas y de entrenamiento

que tenía antes de estar enferma.

Gloria. ¡Hola, Antonio!

¿Qué tal? Bien.

¿Haciendo ejercicio? Aquí estoy, haciendo ejercicio.

Cómo me alegro, has vuelto a correr. ¿Estás en forma?

Bueno, poco a poco. Como antes no voy a estar.

Pero ¿te encuentras bien?

Sí, me encuentro bien. Ah, pues me alegro mucho.

Que venía para ver si podíamos recordar un poco

algunas cosas de la boda. Si te han dado las fotos...

Estoy haciendo un reportaje

con las familias que se han casado aquí.

Las fotos no hemos ido a verlas,

pero todavía las tienen que imprimir,

hacer su collage, todavía no las tenemos.

No tenéis nada. Todavía no tenemos nada.

Oye, y con la preparación de la boda y todo,

una vida nueva, ¿ha supuesto un cambio haberte casado?

Ha sido más el tener una persona que me cuida mucho,

me quiere tanto, está muy pendiente de mí.

Dani. Dani.

Y esto de que cantó en la boda y todo lo que hizo al principio,

¿lo sabías o fue sorpresa? Fue sorpresa, no sabía nada.

Cuando entré en la iglesia, pensé que era el coro que trajimos.

Y cuando lo vi, me emocioné.

A mi madre no la tengo cerca,

pero tengo una persona muy importante a mi lado.

Porque para ti tu madre es muy especial, ¿no?

Sois una sola cosa, casi. Sí.

Mi madre ha estado conmigo día y noche toda la enfermedad.

Mi madre es mis piernas, mis manos, mis ojos, todo.

Sin ella no podría haber superado lo que he superado.

Qué bonito cómo lo dices.

Para mí, Antonio, más que el cura del pueblo,

es un amigo.

La verdad es que todos no son iguales.

Él es muy cercano, nos gusta ir a misa porque no es igual,

no es como cuando vas a otras misas y dices:

"Qué ganas de irme a mi casa, qué aburrimiento".

Con él quieres más y más

porque en el sermón te cuenta realidad.

No te cuenta ficción, te cuenta la realidad.

Y es muy amable y muy cariñoso.

(Música)

Voy a buscar a David, mi monaguillo.

Es muy pequeño y le tengo que explicar las cosas poco a poco.

Hoy vamos a aprender una nueva tarea.

Y me han dicho que está en el campo con su abuelo.

A ver si lo encuentro.

Abuelo, ¿qué vamos a plantar?

-Pipas de aceite de girasol.

Negras. ¡David!

-¿Qué? ¿Qué haces aquí?

Labrando.

¿Has venido a labrar? Sí.

Me llevo al chico. -Vale.

Con permiso de su madre.

Sí, ya se lo he dicho, tranquilo.

No, coge la pelota, si quieres.

Escucha, te voy a enseñar cómo va lo de las vinajeras,

el agua y el vino para el altar.

¿Sabes para qué sirven en la misa el vino y el agua?

Sí, para la sangre de Cristo. Exactamente, eso.

No sé si estás nervioso o te atreves.

Yo me atrevo. Venga, pues vamos para allá.

David es un niño pequeño, aunque él dice que es mayor,

que es mi monaguillo.

Él vive en Pinarejo.

Y parece ser que lo sabe todo.

Es el encargado de encender las velas del altar,

ayudarme con el agua y el vino,

decirme cuándo me estoy equivocando,

porque te corrige y te dice las cosas.

En algunos sermones me ayuda y lo saco fuera

y explica partes de lo que quiero decir

porque no me sale si no viene.

Y vive toda la realidad de lo que se refiere a Dios en su vida

con una naturalidad como si tuviera mi edad.

Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica,

la comunión de los santos, el perdón de los pecados,

la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

David, cuando acaba esta oración,

tú me traes el copón primero. Trae.

Y ahora traes el agua y el vino.

Destapas el vino primero.

Y me lo das.

Muy bien. Entonces, yo me pongo

y tú lo vuelves a guardar ahí.

Déjalo ahí, para que entre bien el pivotito.

Y ahora, el agua. Y esto siempre es igual.

Vale.

Vale. Y ahora, te lo llevas.

Y traes el otro para lavarme los dedos, ¿de acuerdo?

Vale, y ahora me tienes que lavar los dedos.

Con una mano coges uno y con la otra, el otro.

Eso es, muy bien.

Y ahora, sin miedo, encima, que se mojen bien.

Yo me lavo los dedos porque luego voy a tocar a Dios.

Ya está. Me seco.

Y te doy el pañito y te lo llevas todo.

¿De acuerdo? Y lo dejas allí.

¿Vale?

¿Qué falta?

Eh...

Pocas cosas.

¿Qué nos falta de lo que haces siempre?

Nos queda...

Nos queda el padrenuestro,

las bandejas, la campana

y el cuerpo de Cristo y la paz. Eso es, la paz también.

Lo que podemos hacer es ensayar un poco cómo encender las velas.

Vamos un poco despacio. Vale.

Yo te voy dando, pero tienes que ir un poco más rápido

porque si no, estamos mucho rato. Venga.

Yo te enciendo.

Esto lo hacemos antes de empezar, acuérdate.

Te la bajo, enciendes una.

¡Anda!

Se ha apagado. No pasa nada.

A ver.

Ya está, una. Ya está.

De pie enseguida que si no, se cae toda la cera.

Y vamos con la segunda.

Ahora giramos, encendemos.

Y siguiente. Y nos vamos al otro lado.

Por allí.

Hala, tercera.

Como es misa de domingo, encendemos todas.

Vale.

Y última. Y luego tú apagas.

Ya está, apagas.

Soy el fiscal de la diócesis.

Y el defensor del vínculo.

El fiscal es el encargado de las causas penales,

formular la acusación.

Y el defensor del vínculo es el encargado

de defender el matrimonio cuando alguien pide la nulidad.

Soy el malo de la película.

Ayúdame, porfa, y ya terminamos el ensayo.

Llévate esto.

Hala.

Vamos.

(Música)

La verdad es que no me da miedo nada.

Que interpreten que soy un poco friki

porque me he metido en el mundo de Youtube

y ese mundo está reservado a otro tipo de personas no lo comparto

porque la red es de todos, de momento.

Somos pocos los sacerdotes que estamos en redes.

Hay dos o tres obispos en el mundo.

Podemos tener nuestro hueco, yo no le quito espacio a nadie.

Unir el derecho canónico y la realidad del youtuber

me hace decir que de derecho nunca he dado una conferencia

y de youtuber, muchas.

¿Por qué no le podemos decir a la gente "te quiero"?

¿Por qué reservamos eso solo para nuestra pareja?

A tu padre, a tu mejor amigo, a tu hermano, al que lo necesita.

Porque tú también lo necesitas.

No creo que sea un abrazo

o una muestra de cariño que signifique otra cosa,

sino esa cercanía que todos necesitamos.

Por eso, si puedes,

dile a los tuyos te quiero.

Porque el amor que no se manifiesta no existe.

No olvides suscribirte.

Hasta mañana, si Dios quiere.

Buenas noches.

(Música)

Voy a ver a Gregorio, que vive en Carrascosa de Haro.

Allí me ayuda en la iglesia.

Sobre todo, con la calefacción y las campanas.

El pueblo está un poco lejos y necesito que alguien

caliente la iglesia, abra las puertas

y dé los toques para misa.

Y también me ha ayudado bastante

en la preparación de procesiones y en las fiestas del pueblo.

¿Qué tal estás?

Aquí estamos, preparando para hacer la misa.

Muy bien. ¿Y qué tal la caldera?

La calefacción ha arrancado muy bien.

Tendríamos...

No está dando fallos, como el año pasado.

¿Habría que revisarla? No, este año yo creo que no.

Porque el año pasado miraron el quemador y eso.

Es verdad. ¿Me ayudas con la Virgen?

Que estén bien las coronas. De acuerdo.

¿Has visto el último vídeo de Youtube?

El que te envié al móvil. Ah, sí, sí, lo he visto.

¿Qué te parece? Muy bien.

Perfecto. ¿Recibes muchos enlaces?

Me tiene usted un poco cansado con tanto vídeo.

Pero si te gustan, Gregorio.

Sí, sí, me gustan, pero... Sí, están muy bien.

Escucha.

El tornillo... Sí, está bien.

¿Y el Niño? La medalla...

La medalla ya está. Sí, ahí vale.

La ponemos, ¿no? Sí.

¿Aquí la fiesta es ahora San Bernabé o San Antonio?

Hace ya muchos años,

no sabemos cómo,

se les cayó San Bernabé.

Y entonces, como no había dinero,

pues claro, estuvo bastantes años sin poder sacarlo.

Y sacaban a San Antonio. Empezaron a sacar a San Antonio.

Y le ha quitado las veces. No es que se las haya quitado,

sino que sacamos a los dos.

A Barcelona voy pronto a ver a la familia.

Pues muy bien. ¿Y qué tal por allí?

Aquello es totalmente diferente. Claro.

Me lo imagino.

Aquí nos conocemos todos y nos damos una voz: "Hola, ¿qué tal?".

A mí me encanta ser cura de un pueblo pequeño

porque conoces a todo el mundo, sabes qué le pasa.

María Jesús, con su padre, lo otro.

El otro se ha puesto malo.

Voy a darte lo del agua bendita para rellenarlo.

Ah, muy bien.

En la sacristía hay una garrafa

y puedes echar cuando haga falta. Ya, ya, ya.

Toma, no la llenes hasta arriba, pero sí un poquito más.

Vale. Y ahora vendré.

Muy bien.

Dale la segunda a la campana. Vale.

(Música)

(Campana)

Para ser cura rural,

yo creo que no hay que ser de otra pasta,

sino adaptarte al sitio donde tú vas.

El padre Antonio es un párroco joven

y a pesar de su juventud,

está muy metido en su religión

y es un buen párroco.

Y lo que le gusta mucho es el móvil.

Y algunas veces le digo:

"Esto no tenía que haberlo puesto usted".

Y yo creo que me hace caso.

Ahora voy a ver a Carmen,

la gobernanta de la casa tutelada de Villar de la Encina,

donde cuida a algunos ancianos

con el apoyo de la comida, limpieza y algo de ropa.

Ella hace unos días pudo salvar

a todos los ancianos porque hubo un incendio

y los fue sacando uno a uno hasta que llegaron los bomberos.

Es una historia muy bonita.

Y también voy a hablar un poquito con los ancianos,

a ver si los preparo para recibir la comunión y rezar con ellos.

Lo que pasa es que son muy mayores y es un poco difícil.

Yo estaba de noche, me dieron la noche por ser Nochevieja.

Y me fui a celebrarlo con la familia.

Y a la media hora me llama el residente Esteban:

"Carmen, me estoy asfixiando, me estoy muriendo,

nos estamos muriendo, hay polvo".

Pensé en un incendio y al abrir la puerta vi

humo por las ventanas, techo.

Una situación espantosa, fue impresionante.

Todo lleno de humo negro.

Empecé a decir a los abuelos que salieran,

pero no querían salir porque hacía frío

y llamé al 112 pidiendo que me ayudaran,

que se estaban quemando los abuelos literalmente.

Que nos estábamos muriendo asfixiados.

Me hundí, empecé a llorar porque se podían haber muerto.

No sabía cómo reaccionar.

Fue impresionante.

Es más, cierro los ojos y lo veo.

(Música)

Hola, Carmen.

Hola, buenas tardes. Buenas tardes.

Buenas tardes, ¿qué tal?

-Hola, ¿qué tal? Todo bien.

¿Y vosotras, qué hacéis? Muy bien.

Preparando la merienda para los abuelos,

para que merienden un poco.

-Esperándote. He venido a punto.

-A punto has llegado. ¿Os ayudo?

Sí. -Bueno, como quieras.

-Vamos a darles para que coman un tentempié de merienda y cena.

Merienda cena.

Esa cercanía de ella con esos ancianos que viven allí

les hace ser parte de familia.

Y entonces, para mí es un gesto muy importante

que solo se puede producir

porque esa familiaridad existe.

Isabel. Dígame.

Has dicho que estás muy bien.

Pero no sé si estás mayor o joven.

¿Cómo te sientes?

Yo, hecha una Pepa. ¿A que sí?

Joven. ¿Cuántos años tienes?

92. Cumpliré el mes que viene 93.

¿Y eres de aquí? Yo soy de aquí, sí.

De toda la vida. De toda la vida.

Y el pueblo tenía más gente. Sí, muchísima más.

En cada casa estábamos siete u ocho.

Pues cuenta. Cuando no, 12 o 14.

¿Y en tu casa qué hacían? Labradores.

¿Labradores? Sí.

-A mí los ancianos me aportan cariño.

Tranquilidad.

Al no tener yo aquí a mi familia,

para mí es como si fueran mis padres.

Escucha, yo me tengo que marchar.

¿Por qué no rezamos un poquito antes?

Ya que ha venido el cura, rezamos.

Poco, corto, ¿vale? Terminamos esto.

(RÍEN)

¿Cómo vamos a acabar esto?

Escucha, rezamos y luego sigues comiendo.

A ver.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Dios te salve... María.

Llena eres... De gracia.

El Señor es... Contigo.

Bendita tú eres... Entre todas las mujeres.

Y bendito es el fruto... De tu vientre, Jesús.

Santa María, madre de Dios,

ruega por nosotros, pecadores,

ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso,

Padre, Hijo y Espíritu Santo,

descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.

Amén.

(Música)

Ahora voy a dar una alegría a unas señoras

que están jugando a la brisca.

Les quiero decir que vamos a tener boda.

Y eso les encanta.

Y que a ver si vienen a misa.

Con el frío, se acaba la misa y se acaba todo.

Y no puede ser.

Y a ver qué me cuentan, porque siempre me sorprenden.

Buenas tardes.

(TODAS) Buenas tardes.

Rezar no sé cuánto, pero jugar a las cartas...

Eso se nos da bien. -Se nos da mejor.

-Y rezar también. Rezar también.

¿Quién es la que más reza?

Eso no se sabe.

-Yo me rezo el rosario, veo la misa después.

Pongo después la misa del pueblo.

O sea, los domingos, dos misas y rosario.

Mira qué bien.

Escúchame, que tenemos boda. ¿Te acuerdas?

-Sí, ya me lo dijo usted.

Como os gustan tanto las bodas.

-¿Vamos todos invitados?

No lo sé, no lo sé. -Eso ya es mucho.

A los entierros sí que vais. -Eso, sí.

A eso no tienen que invitarnos. -Es lo que más hay.

Hay muchos. Hay más entierros que bodas.

Bautizos, pocos. ¿Quién va ganando?

Yo. -Esa señora.

¿Tú ganas? -¡Hombre!

-Y la segunda, yo.

-He ganado yo.

-Gana porque es la más joven.

A ver si vais a reñir ahora. -No, no.

-Primera, segunda y esta, la tercera.

Tú, la tercera.

Aprovecho los medios que tengo para evangelizar lo que puedo.

No tengo ningún problema en compartir, convivir

con la gente de hoy o irme con los amigos a un bar.

No me cuesta. Me quiero ir a dormir

porque tengo sueño, pero me lo paso bomba.

Vamos a ver si juego un rato. ¿Cómo va esto?

A la brisca.

A la brisca nos faltaba uno. Se puede usted poner.

¿Me pongo aquí a jugar? -Claro.

Que yo no sé jugar. Pues vaya resultado.

Me gusta ser sacerdote así, ser sacerdote de todos

y lo más cercano posible, cada uno, según lo acepte.

Tampoco te puedes imponer a decir:

"Quiero vivir como si fuera tu hermano".

Lo que tú quieras lo tendrás y estaré ahí.

Y cuando no me necesites, me iré.

Y hay que saber vivir cerca sin agobiar.

Pero se va aprendiendo con el tiempo.

¿Hay que apostar o no? No, no.

Apostar está feo. No, no se apuesta.

¿Y en fiestas la gente juega o no juega?

Sí, sí. -Nosotras, siempre.

-Aquí venimos todos los días. -Vienen más mujeres.

¿Más todavía? Sí.

-Vienen otras diez. ¿Diez más?

Pero si no sois diez más, hija mía.

He dicho diez, no he dicho cien.

-Van al bar.

-Cuando el bar está cerrado, vienen aquí.

(Música)

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Ruralitas - Cartera y cura

14 jun 2020

En RURALITAS recorremos la provincia de Ourense con Carmen, una cartera rural que, a diario, cubre un trayecto de más de cien kilómetros. El servicio postal que ella presta es mucho más que eso, supone también un acompañamiento a las personas que viven en soledad en pequeñas aldeas de montaña.

Antonio María es el párroco de Santa María del Campo Rus (Cuenca) y tiene tres pueblos más adscritos a su parroquia donde vive desde hace siete años. A pesar de asistir espiritualmente a una población envejecida, comenzó a evangelizar y a ofrecer catequesis a sus feligreses a través de su canal de Youtube Sotana Rural y con su primer vídeo obtuvo 20.000 visitas en dos semanas.

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