Ruralitas La 2

Ruralitas

Domingo a las 19:40 horas

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Ruralitas - Azabache y panaderos - ver ahora
Transcripción completa

Sí, es un personaje de cojones.

(Música)

(Música)

Yo, en realidad, creo que fui joyera toda mi vida.

¿Por qué? Porque cualquier caracola,

cualquier piedrina que encontraba, cualquier cuentita,

yo todo lo hacía collares.

Para mamá, para mis tías, para todo el mundo.

En realidad, a mí siempre me gustó diseñar, componer y eso.

Yo llego a trabajar la piedra del azabache

porque plantando un rosal encontré una piedra de azabache.

El azabache es una piedra

que tiene tanta magia, es cálida.

La palabra que mejor define al azabache es que fascina.

Yo jugué con las piedras,

a mi manera, como pude, me elaboré una máquina

y fui trabajándolo como pude.

Cuando yo empecé a comercializar,

trabajaba muy duro toda la semana,

toda la semana haciendo piezas, piezas

para luego el fin de semana, todos los fines de semana

salía a la calle a ver qué vendía.

Y así fue como empezó la historia.

Hoy me piden trabajos para premios Príncipe de Asturias,

para actores, para políticos, etcétera, etcétera.

Entonces, fíjate tú, me viene gente que no voy a nombrar.

Pero bueno, que tiene piezas mías gente muy famosa, muy famosa.

Y como todo no va a ser arte, creatividad y tierra,

hoy vengo a ver a mi pescador favorito,

a mi Sergio, a ver si consigo hacer trueque

y mi azabache por marisco.

Que yo muero de amor por el marisco.

Y Sergio es un crack.

Nécoras, andariques, como decimos aquí.

Y "centollu".

Y bueno, muchas cosinas de la mar, además de pescado.

¡Qué frío está!

(Música)

¡Meronín!

¿Qué, Begoña? ¿Cómo viniste tan pronto?

Porque está mal tiempo.

No salimos de una para meternos en otra.

¿Tan mal ha estado? Sí, hubo que venir de arribada.

¿Y subiste el barco y todo? Sí, sí, viene malo otra vez.

¿Más malo todavía? Sí.

¿Habrás traído algo de lo mío, un poquitín?

Un poquitín, sí, hombre. ¡Ay! Quiero verlo.

Un par de centollucos.

¿Qué me traes, centollín? Sí.

¡Ay, me ca...!

Y pareja. Sí.

¡Epa!

Mira, además, están...

Mira, estoy mirando el sexo y encoge.

Es tímida esta. Macho y hembra.

Como me gustan tanto, si los dejo ahí, van para mi casa solos.

Seguramente, ya saben ir. (RÍE)

Ay, se soltó una pata.

¡Qué hermoso es!

Está lleno. Ahora están buenos.

Ayer estuve con una gente de Galicia.

En principio, no sabían lo que era un macho y una hembra.

Tuve que explicarles que el macho

tiene esta parte finina, delgada.

Y que la hembra tiene... Sí.

¿Y sabes lo que me decían?

"Nosotros, cuando lo compramos y tal,

ponemos el laurel para cocerlo".

No fastidiéis. A mí no me gusta esa idea.

El marisco tiene que saber a mar.

Si metiste el laurel, mezclaste mar y tierra.

Ya sabe a tierra. Sí, sí.

Ella también está pesadina. Sí, sí.

¿Cómo va el año, va mal?

Flojo, tiempo regular.

Un día malo y otro peor. ¿Y cuánto te debo?

Nada, por el amuleto que me hiciste.

Te traigo una sorpresa.

Para que triunfes con tu churri.

Te traje unos pendientes, pero divinos, ¿eh?

Lo que pasa es que no los vas a poder abrir

porque tienes que triunfar dándole el paquete.

Mira, además, qué envoltorio.

Con brilli, brilli. Mira.

Estas flores son de mi jardín. Vaya detalle.

¿Ella está bien? Sí.

¿Hoy no bajó? No, hoy no.

No había nada que recolectar.

Hoy vas a triunfar.

Pues muchas gracias. Hoy vas a triunfar, ya verás.

La vas a tener entregada. Bueno, yo voy a marchar.

No vaya a ser que el ganado se me ponga malo.

Exactamente. Dame un besín. Te lo agradezco.

Acuérdate siempre de mí, que tengo algo para cambiar.

Sí. Hasta lueguín.

(Música)

Pues yo casi desde que ando soy pescador.

Llevo desde que sé caminar.

De una manera o de otra, llevo toda la vida pescando.

Tenemos el sambenito de ser una profesión mala,

pero yo no la cambio.

Los que somos pescadores no creemos que sea tan dura.

Nosotros somos felices en la mar.

Lo duro para nosotros sería estar en una oficina

o en una nave industrial sin ver la luz del sol.

Yo, particularmente, no sabría vivir en la ciudad.

Prefiero vivir en un pueblo, de largo.

Yo no quiero ir a la ciudad.

Voy una tarde a la ciudad y vuelvo con dolor de cabeza.

Soy salvaje, semisalvaje.

(Música)

Y ahora, a mi gran teatro Riera, en Villaviciosa,

a recibir la clase de Lisa, mi profesora de baile.

Entonces, además, voy preparada para la guerra.

Mis zapatos, mi brilli, brilli.

Y, además, llevo un regalito.

Su hermano se casó y se lo quiero regalar.

"Palabra y obra", se titula.

Y aquí está mi hermoso teatro Riera.

Bueno, chicos, vamos a calentar.

# El amor, el amor no se acaba.

# El amor se transforma

# y se queda en el alma. #

Izquierda.

Vamos girando.

¡Empezamos, principio!

¡Estribillo!

(Música)

¡Sitio!

¿Y cómo dice?

# Cásate conmigo. #

(Aplausos)

¿Qué horas son estas?

Tú sabes que yo tengo mucha vida.

Tú sabes que yo no tengo parada en rama verde.

Lo sabes, ¿no? Sí, lo sé.

¿Qué voy a hacer yo si tengo tanto que hacer?

Venga, ponte ahí. Vale, de acuerdo.

Que vamos a empezar con bachata.

Coged una pareja.

La mía. Venga.

Chico empieza con izquierda, chica empieza con derecha.

Y uno, dos, tres, uno, dos, tres.

(Música)

¡Pase!

¡Y a ver cómo dice esta canción!

# Ay, qué bonita que es la vida. #

(RÍEN)

Ya no sabemos más.

Pero con que sea bonita la vida.

¡Venga, vuelta la chica!

¡Me la llevo!

¡Venga, que ya acabamos!

¡Eso es!

¡Bravo! ¡Un aplauso!

¡Muy bien!

(Aplausos)

Bueno, acabamos por hoy.

Un momentito. Hasta la semana que viene.

Muñequina, tráeme esa cosina que tengo ahí.

Churri, ven, entre los dos.

Llegaré o caeré por aquí para abajo.

Coge ahí. ¿Me vas a regalar algo?

No es para ti. ¡Oh!

Para tu hermanín.

¡Ah, aquello que habíamos hablado!

Un amuleto para proteger su casa.

Este beso es para él. ¿Vale?

Pues muchas gracias. Para los dos.

Dale un beso a ella.

(RÍE) Para mí.

¡Vale, muchas gracias!

Baja tú primero, Fernandín, para apoyarme.

Para apoyarme. (RÍE)

(Música)

Al mundo rural llegué

porque la ciudad no me decía nada, yo estaba ahí

y qué hago, no me gustan las cafeterías,

no me gusta la ciudad en sí,

no me gustan los coches, no me gusta el follón.

Y adoro los animales, adoro el campo,

adoro los árboles.

Decidí que tenía que cambiar de vida.

Yo tuve un tropiezo en la vida.

Alguien me hizo mucho daño.

Y decidí venir aquí como a retirarme,

a olvidarme un poco del mundo, esa es la verdad.

Yo sufrí, vine, me tiré ahí en un sofá.

Y un día dije:

"¿Te vas a dejar morir ahí como una imbécil,

con lo hermosa que es la vida?". Me duró poco.

Como no podía con la vida, dije:

"A salir a trabajar".

Y así salí de la pena y así vine.

(Música)

Mi casa es mi sueño.

Lo primero que hago nada más levantarme es salir a esa terraza,

miro al mar, respiro ese yodo, porque huele,

las algas tienen un olor particular.

Y digo: "¿Y si un día despierto y era un sueño?".

"¿Y si despierto y tengo que ir a trabajar a la asesoría?".

"¿Y si un día despierto y vivo en ese piso,

que solo pasan los autobuses y tal?".

Pues esta casa es mi sueño.

Yo la dibujé desde que tenía 11 años.

Yo dibujaba una isla

y tenía un embarcadero donde mis amigos llegaban.

Y mi embarcadero es la puerta de entrada a mi finca.

Si te fijas, es como una isla.

Por un lado hay una colina verde,

que puede estar el mar detrás.

Por el otro lado es agua,

con lo cual, mi casa, bien mirada, es una isla.

Esa la dibujé yo desde muy chiquitina. Mi sueño.

(Música)

Ahora vamos a ver al "Quinchín", como yo lo llamo, Joaquín.

Un tipo de alta mira,

que se fue a Argentina con 14 años

y volvió a cuidar a su mamá.

Vamos a ver qué es lo que hace. Está reparando su casina.

Está haciendo su casa.

Y a ver qué hizo de novedoso. Le traigo un regalo, además.

Le va a hacer ilusión. Le traigo un amuleto.

Está malín, para que se ponga bueno.

¡Indio!

¿Dónde está Joaquín? A ver.

¡Quinchín!

¿Donde estás? ¿Qué tal, Bego?

Estamos aquí, vine a verte porque como estás "malucu"...

Estaba trabajando un poquitín. Muy bien.

Te traigo un regalín. Ah, gracias.

Como Sandri ya tiene azabache, te hice un amuleto para ti.

Bueno, muchas gracias. A ver si te gusta.

Te lo pones. Sí.

Estás limpiando la piedra.

Estoy limpiando la piedra. Te está quedando precioso.

Hay mucho por hacer.

¿Esto ya estaba, era de la casa?

Sí, sí, eso estaba. ¡Madre mía!

Qué hermosura de piedra. Es la nuestra, la arenisca.

Claro. Uy, muy guapo.

(RÍE)

Trae tu nombre. Mira.

Puse Joaquín. Joaquín, bárbaro.

Muchas gracias, Bego.

Como estás malín, se supone que es una piedra mágica.

Eso. Mira, es corredera.

Ahí, ahí. Muy bueno.

Que te proteja. Gracias.

Voy a ponértelo más cortín. Bueno.

Y cuéntame, ¿qué fue lo último que hiciste?

¿Estás con la piedra? Sí, la piedra, la acera.

Está precioso.

Hice la cascadita también.

Bueno, la fuente me enamora el alma.

Me enamora, con los peces.

¿Es un circuito cerrado?

Un circuito cerrado con una bombita.

Me encanta, me encanta.

A mí esa cosa vieja me enloquece.

Escúchame una cosa.

¿El ladrillo este era antiguo también?

Sí, pero lo hice nuevo.

Pero ¿este ladrillo era viejo? Era viejo.

Lo tiré todo y lo armé todo. Sí, sí.

Me gusta mucho la piedra con el ladrillo.

Pega bien, a mí me gusta mucho. Eres un artista.

Esta casina, que estaba casi destruida.

Sí, 50 años.

50 años, fíjate. Abandonada estuvo.

Había un agujero en el techo que pasaba para abajo todo.

Sí. Y bueno.

Lo cambiamos un poco. En poco tiempo.

¿La cornisa esa que tienes ahí estaba?

¿O la pusiste tú? ¿La de arriba?

No, esta de abajo. Esta estaba.

La arreglé un poco, pero estaba.

Está muy guapo.

Hay mucho por hacer. Bueno.

Y poco dinero. Pero somos jóvenes.

Somos jóvenes. Sí, jóvenes.

Tenemos una vida por delante para poner piedras.

Sí, sí. Así que nada.

¿Cuándo viene tu nena? Mi nena estuvo en Navidad.

Es verdad. Estuvo un mes.

Claro, como marché yo. Vino el 10.

No la vi. Y se fue el 10 de enero.

Ay, amigo. ¿Y tú cuándo vuelves?

Yo no sé, tendría que ir allá, pero...

Tengo otra hija también para ver.

Bueno. Pero bueno.

¿Estás contento aquí? Sí.

Se fue un poco triste.

Hay mucha distancia. Por lo mío.

Ah, por tu enfermedad. Sí.

Pero eres un campeón.

(RÍEN)

Estamos vivos.

Duros como la piedra. Sí, sí.

(Música)

Siento orgullo de poder hacer

las cosas que estoy haciendo a mi edad.

Yo tengo 72 años, cumplo el 6 de febrero.

# Estoy hecho de madera.

# Me voy a merced de la resaca del río.

# Me vengo, me voy y vengo. #

Me fui de pequeño para Argentina, con 14 años.

Siempre me entusiasmó y tuve muchas ganas de ir.

Adoro Argentina.

Estuve 46 años y la adoro muchísimo.

Trabajé en panadería, estuve de fontanero.

Y después, un poco en la construcción.

Hasta que decidimos venir para acá.

# Tengo las aristas tan pulidas.

# Me fui tatuando de agua y de tiempo. #

Pues bueno, tuve una enfermedad,

me operaron de cáncer de próstata.

Y ya para volver a Argentina era más complicado.

Habría que empezar de nuevo

y entonces decidimos quedarnos.

Yo creo que el emigrante, desde mi punto de vista,

lo que más sufre siempre es la familia.

Porque el emigrante nunca tiene la familia junta.

Deja familia en Argentina, deja familia en España.

Y siempre está que vas para allá, que vienes para acá

y siempre esas cosas.

A mí me gusta mucho la familia, soy bastante familiar.

# Yo solo sé que hice un alto en el camino.

# Y que hoy me quedaría por siempre a tu vera. #

Yo llevaba sin ver a mi hija dos años.

Anteriormente, fueron ocho.

Pero nos escribimos, ahora hay formas de comunicarse.

Antiguamente era una carta cada 15 días para tener noticias.

Ahora es más fácil.

Ahora tengo teléfono, WhatsApp y ya estás hablando con ellos.

Pero bueno.

Volver a las raíces creo que es bueno, no es malo.

# Soy todo aquello que no puedo llamar mío.

# Vengo, voy y vengo.

# Soy todo aquello que no puedo llamar mío. #

vamos a casa de Bego y Juan José,

que tienen una casina rural, El Gobernador.

Y ahí ellos me mandan

su público, sus clientes

para que yo les muestre el taller, me compran.

Y los llevo a mi ruta mágica.

Los turistas, cuando vienen a hacer esa ruta mágica,

reaccionan de una manera que a mí me emociona.

Porque hay gente que incluso llora.

Entonces, de paso,

como siempre les compro las verdurinas,

porque son de los que no utilizan química,

de paso voy a coger mis verdurinas.

¡Bego, estoy aquí!

Así que no vas a plantar patata. ¡Juanín!

-¡Buenas! Vengo a por lo mío.

-Hola, ¿qué tal?

¿Qué tal? ¿No tienes frío?

No, qué va. Solo ausencia de calor.

Madre mía. Quiero de lo mío.

-¿Te preparo unas berzas? ¿Qué más tenemos?

Y algo de pimiento, ya está en las últimas.

Ponme verdurina para los guajes. Vale.

¿Te preparo un par? Vale.

Y unos pimientinos.

-El pimiento ya está al final. Ya no es época.

Además, con este frío. Qué guapa está la verdura.

-Dentro del invernadero... -Mejor está cuando la comes.

Bueno, yo prefiero el centollo.

Sí, ya lo sé, y las andaricas. Y las andaricas.

Sí, ya te conocemos. Son buenas.

Sí, sí, buenísimas.

La verdurina no hace nada a nadie.

La andarica es mala porque come náufragos.

Sí, sí.

Tienes muchas, ¿eh, Juanín? -Ya ves lo que hay.

Ajopuerro, no. No.

En invierno lo que más hay es la berza.

-¿Y perejil? -No, el perejil se estropeó.

-En verano hay mucho más. En invierno...

Ya lo sé.

-El perejil, además, está fuera

y con estas heladas se ha puesto...

-Pues nada, aquí tienes el otro.

Muy bien. De berza.

-Ya empezaremos a plantar. A poner cebollín.

Sí.

-Hay algún pimiento. Pimientinos también.

Ya te los doy yo... Muy bien.

¿Qué te pago, 30, 60, 90?

O 120, porque como hay crisis.

(RÍEN)

A 120 te lo pago. -La voluntad.

-A 120 días, ¿no? Tengo mala voluntad.

A 120 días te lo voy pagando, en cómodos plazos.

-Que lo apunte en un bloque de hielo.

Como dices tú a tu madre. Exactamente.

-Para que después se derrita.

-Y ponerlo al sol. -Pues nada.

Tenemos que hablar porque tengo que organizar un grupo que viene

y seguramente vienen con niños

y les va a interesar lo de la ruta del azabache.

Muy bien. Ya hablaremos.

Tengo que comentárselo a ellos, a ver qué me dicen.

Si están interesados, te doy un toque.

Que me llamen. Vale, muy bien.

Si quieren que venga a buscarlos, vengo sin problema.

Sí, para ellos eso es muy cómodo.

Claro. Que vengas a buscarlos.

Así no contaminamos.

No tanto vehículo, no tanto gasoil.

Pues nada, voy a ver si sigo aquí.

Te dejo con el ramo de la novia.

A ver si acabo con los que me quedan.

Muy bien, Juanín. Marcho con Mari Bego.

Hasta luego.

¿Me acompañas hasta la puerta? -¿Por qué no?

(RÍE)

Vamos. Vamos para allá.

# Ocurrió algo espectacular.

# Fuimos poco a poco elevándonos.

# Exactamente a la vez

# Nos hundimos en la tierra más y más.

# Y así llegó el instante en que ya éramos

# pequeños gigantes.

# Y nuestras copas apuntaban justo al cielo,

# crecieron raíces bajo un fértil suelo.

# Nos quisimos en lo bello y lo salvaje.

# Nos recorrimos por dentro.

# Y así fuimos inventando...

Vamos, venga, vamos a buscar azabache, ven.

Vamos a buscarlo.

A ver quién encuentra primero.

# Una nueva manera de imaginar

# que para ver el cielo hay que hundirse en la tierra

# y no hay más suelo que el que nos aferra, al fin,

# somos árbol. #

Esta maravilla es un fósil de madera que data del jurásico.

Aquí había un gran bosque de protopináceos.

Y mi teoría es que...

Que quemaron esos árboles y que la parte que se quemó se fosilizó

y se hizo el azabache.

Pero los técnicos dicen que no,

que estuvo en contacto con petróleo. Yo discrepo.

Pero soy una mujer sencilla del campo.

Y me fascina.

Siempre que vengo aparece alguna piedrita por aquí.

Claro, hay por todos los sitios.

Es el pueblo más importante de azabache del mundo.

Y no hace falta escarbar, está así.

Que la gente no...

No tiene que escarbar ni nada, está aquí, así.

Para nosotros.

Parece imposible que un árbol que estaba verde en el jurásico

hoy lo tengo yo en mi mano fosilizado.

# Y nuestras copas apuntaban justo al cielo,

# crecieron raíces bajo un fértil suelo.

# Nos quisimos... #

Oles era un pueblo que no lo conocía nadie.

Cuando empecé con el azabache, yo lo llevé de bandera.

Yo hablaba del azabache, de mi Oles, de mi Oles.

Hoy, gracias a Dios, Oles está ahí, en primera línea.

# Que para ver el cielo hay que hundirse en la tierra

# y no hay más suelo que el que ahora nos aferra, al fin,

# somos árbol.

# Desde hoy, mi amor,

# somos árbol. #

(Música)

(Despertador)

Lo peor de trabajar en una panadería

quizá puede ser el horario.

Levantarse muy, muy pronto.

Y estar funcionando todo el día sin parar.

(RADIO) "Las cinco, las cuatro en Canarias".

"Radio Nacional de España".

"Servicios informativos".

No tengo problema para madrugar.

Me levanto, me tomo mi café y a funcionar.

Yo estoy muy orgulloso de mi trabajo.

Pienso que es un trabajo igual de digno que cualquier otro.

Es más, estamos haciendo

algo que la gente lo disfruta. Cuando lo haces bien,

la gente lo disfruta de verdad y te lo dicen.

Y se nota.

Si no están felices, se nota también.

(Música)

Hoy hace frío, ¿eh?

Yo no me acostumbro al frío.

Menos mal que ahora llegamos a la panadería y hace calorcito.

Sí, pero luego, cuando sales por la mañana, otra vez,

después de estar en el calor. ¿Qué hora es ya?

Ya estará Sátur haciendo pan.

Ya estará liado. Sí, ya estará.

Que prepare bien de barras para repartirlas.

Y que no nos falte el pan.

Habrá que ir a por alguna barrita luego allí, a verle.

Qué buen hombre es.

Sí, es un personaje de cojones.

(Música)

Criarse en una panadería es muy bonito.

Yo recuerdo que bajaba aquí, me comía muchos mantecados.

Y, sobre todo, jugar con la masa me gustaba muchísimo.

Trastear con la harina. Lo típico de los niños.

¿Tú te arrepientes de haberte quedado en el pueblo?

No, para nada. ¿No?

Me alegro mucho de haberme venido. Pues sí, yo también.

Se está muy a gusto.

Es donde mejor me encuentro.

Me encuentro tranquilo, bien.

Hay gente que se cree que en los pueblos

vivimos atrasados con la tecnología.

Es mentira, tenemos internet igual que cualquiera.

Tenemos todo en la palma de la mano con el teléfono,

con los ordenadores, con todo. Ahora no hay problema.

Páginas web, lo que haga falta.

La verdad es que como viven muchos en la ciudad,

que acaban de trabajar, se meten en el metro,

básicamente, pierden muchas horas

de su vida por estar

del trabajo a casa, sin poder disfrutar del momento.

Yo así tampoco podría vivir. Es una vida muy dura.

Algún atasco me he comido en Madrid y eso...

Muy malo, yo eso no lo aguanto.

Hay que tener mucha paciencia. Sí.

La gente se piensa que porque estemos en el campo

y seamos jóvenes

se piensan que somos bichos raros.

Yo bichos raros los veo a ellos,

que no sé cómo aguantan vivir así.

Yo... La verdad.

Esto es lo más natural que hay,

vivir en la naturaleza.

Porque aquí sales a la calle y estás en la naturaleza.

(ASIENTE)

En cuanto sales de casa.

Y no lo antinatural que es

tener que meterte en cuanto sales de casa...

En un atasco. Un sitio lleno de gente.

Todo lleno de contaminación.

Y sin poder casi disfrutar del momento.

Eso es.

Aquí se vive muy bien y muy a gusto.

Hacer un trabajo que es de toda la vida, como la panadería,

yo creo que es algo bonito. Sí, es muy bonito.

Algo que no se debe perder porque si se pierde,

se pierde la esencia de esto, del panadero tradicional.

Se pierde la historia. No la tenemos que perder.

Y yo creo que no se debería perder esto.

No, es un trabajo artesanal

que tiene que pasar de generación en generación.

Por lo menos, que sigan comiendo pan bueno.

Y no esas cosas congeladas.

Y dulces buenos en las siguientes generaciones.

(Música)

Buenos días, chavales.

-Buenos días. Buenos días.

¿Qué tal ha sido la noche? Bien, sin problema.

¿Hay muchos pedidos de hoy?

Sí, hay bastante hoy. Vale.

Para mí, mis hijos, que vivan en el pueblo

y que sigan con el negocio adelante

pues vamos, es que es lo más.

Esto...

Antes se hacía de otra forma.

Antiguamente se amasaba a mano.

Y ahora, con las máquinas, adelantas trabajo, no calidad.

La calidad es la misma que la que había antes.

Antes se hacían hogazas solo y desde el primer día,

se conserva la masa madre.

Viene desde 1950. Es la masa madre que tengo yo.

Cuando salía de fiesta,

me estaba esperando la abuela para trabajar.

En la panadería empezó mi abuelo y mi madre.

Empezaron a trabajar porque tenían un molino.

El trigo lo molían y lo hacían todo ellos.

Y dice: "¿Por qué no empezamos a hacer pan?".

Ya pasaron mi padre y mis hermanos,

que estuvieron trabajando aquí.

Murió mi padre y nos quedamos mi madre y yo solos.

Cuando tenías que venir de fiesta,

¿qué tal para hacer el pan?

Muy bien, se hacía solo.

Bailando. Ni te dabas cuenta, ¿no?

Trabajar con mi padre tiene sus momentos.

Habrá momentos en los que se cabree,

como buen padre.

Pero bueno, está bien porque no es mal jefe.

Os he enseñado bien a cortar, cortáis igual que yo.

Los cortes los hacemos bien. Sí, sí.

-Trabajar en la panadería siendo el hijo del jefe

somos los que más pringamos, por así decirlo.

Nosotros trabajamos los siete días de la semana sin parar.

Un día más, un día menos, pero trabajamos todos los días.

Que siga la tradición.

No se puede perder algo tradicional.

(Música)

Mi abuela es una mujer echada para delante total.

No hay nada que pueda con ella.

No hace tantos años jugaba conmigo al fútbol y sin problema.

Mujer activa, vamos, es una máquina.

Buenos días, abuela. Buenos días.

Aquí te traemos el pan.

-¿Qué tal has dormido? -Bien.

¿Tienes apetito? -Sí, sí.

-Prueba las magdalenas y el pan para que desayunes.

No dirás que es pequeño.

Hala, prueba y degusta.

A ver si saben igual que las que hacías tú.

-Estas están mejor. -¿Están mejor?

Claro, hemos evolucionado.

Pues nada, cuéntanos un poco cómo empezaste.

-Pues yo empecé... ¿Desde que era pequeña?

-No, desde que empezaste en la panadería.

-Me casé a los 21 años.

Y empecé a trabajar todos los días.

Empezábamos a las cuatro. Era a las cuatro o las cinco.

No se madrugaba tanto.

Según el trabajo.

En verano había que levantarse más pronto.

En invierno nos levantábamos más tarde.

Me costaba levantarme. Te costaba.

Empezaba a las tres.

-Y cuando murió padre, ¿con quien te quedaste trabajando?

-Contigo. (RÍE)

-Y yo te daba mala vida.

-Tú has sido muy trabajador.

-Cuando otros dormían, nosotros estábamos trabajando.

-Jesús era un perezoso. -No se quería levantar.

-Tú venías con nosotros.

Pero a Jesús había que...

Veníamos a la panadería, empezábamos a hacer el pan

y había que volver a llamarle

porque no se levantaba, era un vago.

(RÍE)

-Bueno. -Hala, ya.

Nos vamos, a ver si... -Me voy a repartir.

Vamos a repartir. -Eso, a repartir.

-Que tengas buen día y a mediodía nos vemos.

-Eso es. Y no te comas el pan entero.

No. Deja para los demás.

-Adiós. Adiós.

¿Solo hay que llevar un roscón?

Para María, solo un roscón.

La barra, para el colegio. Vale, muy bien.

Eso es para Miguel. Para Miguel.

Esto es para nosotros. Para nosotros.

Y esto es para Piedrahita. Vale.

Metemos primero lo de... Vale.

Para repartir.

Muy bien.

¿Y no llevamos demasiado pan?

Yo creo que sí, que llevamos demasiado pan.

Para hoy, encima está malo el día.

Encima, está lloviendo.

Cuando llueve, se vende menos.

Lo que más me gusta de trabajar en una panadería

es que puedes ver en el momento lo bien que lo has hecho

y te puedes sentir realizado.

Y es más, lo ves en la gente.

Sales a vender tu producto y la gente te lo premia.

(Música)

Yo nunca me he arrepentido de trabajar en esto.

Me siento feliz y contento con esto.

En la ciudad no me encuentro a gusto.

Necesito salir y estar un poco libre.

¡Buenos días!

¿Qué tal, cómo andamos? ¿Otro pan?

Este, para ella.

Y para ti.

Que no os falte.

¡Buenos días!

No tiene que faltar pan.

Buenos días. -Buenos días.

¿Qué tal? Bien.

Muy bien. ¿Le hace falta algo?

De momento, no. ¿Está bien?

Sí. Muy bien.

Que vaya bien, adiós. Adiós.

Bueno, que vaya bien. Hasta luego.

(Claxon)

(Claxon)

Lo mismo no sale hoy.

Cogió ayer.

(Música)

(Música)

¡Ladislao, buenos días! ¡Hola, buenos días!

¿Qué quería? Una barra y unas magdalenas.

Vale, muy bien.

¿Traes la de leña?

No, de leña no. Pues una normal.

O una baguette. Pues una baguette.

Venga.

Con eso ya tengo bastante. Muy bien.

Pues ahí lo llevas.

A ver si tengo el monedero.

No se preocupe, me lo paga mañana.

Yo creo que con tres euros tengo bastante.

Porque no tengo... Dejarás de tener.

(RÍE) Muy bien.

¿Qué tal está? Bien.

Bueno. Pasando el invierno.

Muy bien. Y de reforma, mira.

Bueno. Ya está el pintor por ahí.

Perfecto. Ahora tarda en secarse.

Tarda en secarse, sí. Muy bien.

Bueno. Pues está muy bien.

Pues nada, que nos veamos. Hasta la próxima.

Hasta mañana, venga. Hasta mañana.

Adiós.

-Hasta luego. -Adiós.

Bueno.

(Música)

Esto no tiene futuro, te lo digo yo.

Nacimientos en ocho o nueve años, cero.

Entierros, diez u once todos los años.

Vas y no ves casi gente.

En el verano, sí, se llena, ves las calles llenas de coches.

Quizá el curso que viene desaparezca hasta el colegio.

Si es que no hay nada.

(Música)

(Claxon)

El contacto con la gente en el reparto,

acabas cogiendo mucho cariño a los clientes.

A lo mejor ves un vecino que tarda un par de días en salir de casa

y preguntas a los demás vecinos a ver si le ha pasado algo.

Es también un poco una labor social la que hacemos.

Dime. A mí, dos colones.

No tengo. -No tengo cambio.

-¿No tienes? -No tengo billetes.

-No tengo suelto.

Págame lo mío.

-Ah, mira, con eso ya está.

Vale. -Y si no, tengo más.

-Cuatro y uno, cinco.

¿Está rico el pan?

-Riquísimo. ¿A que sí?

-17 o 18 años llevo comprando yo...

Y siempre bueno, ¿a que sí? Buenísimo.

Muy bien. ¿Vosotros, bien?

Nosotros, bien. ¿Sí?

-Y vamos para mayores. ¿No necesitáis nada?

-Bueno, necesitamos muchas cosas para el medio rural.

Sí. Muchas cosas.

-Oye, me vas a dar unas magdalenas. Vale, ¿de cuáles quieres?

¿De estas? De esas.

-Porque dicen que es la España vaciada,

pero nos están dejando vaciados. -Nos están dejando vaciados.

Nos tienen olvidados.

-El transporte nos lo han quitado.

-Ya no para el autobús aquí.

-Para ir a Madrid no para.

Tenemos que ir a Barco o a Piedrahita a coger el autobús.

-Pasa, pero no para. -Claro, pasa, pero no para.

Alguno se ha venido con nosotros a Piedrahita.

Y he venido. Y has venido, ¿a que sí?

Alguna vez te hemos llevado.

Con ellos he venido.

Claro, lo que haga falta, ya lo sabéis.

Pero es que cada vez está peor.

-Sí, sí.

Que nos encontréis por aquí es una alegría.

Porque si no... Pues sí.

Lo que nos faltaba, que no viniese el pan.

-Habíamos salido al pan todas. Eso no falta nunca.

Todas las vecinas. Sí.

-Lo que nos faltaba, que no nos trajeran el pan.

-Ya ves, tan mayores, a ver dónde vamos.

A ver, es así.

Hasta mañana, como todos los días.

-Que vaya muy bien. Hasta luego.

(Música)

Yo he estado yendo al Gregorio Marañón

porque tuve un tumor y me lo han curado allí.

Vamos a Ávila a las consultas ahora

y en taxi, a ver en qué vas.

No tenemos locomoción para ir.

Y un taxi que nos vale 70 euros.

79 y 80 he pagado yo por un taxi.

Y que yo ya tengo 82 años.

Y yo siempre he visto aquí parar los autobuses.

Y ahora nos lo quitan.

Buenos días, Sátur. Buenas.

¿Qué pasa? Pues nada, aquí.

A coger un poco más de pan. Te has quedado sin ello.

Hoy se ha vendido más. Te dije que llevabas poco.

(Música)

Me voy a llevar otras 10 barras.

También alguna chapata.

¿Algún colón que hay ahí? También.

Algún colón me llevo. Bueno.

De todo llevas ya.

Saturnino es una persona echada para delante.

Es una persona alegre.

Tiene sus años, pero siempre está ahí para lo que necesite.

Y con esto voy listo ¿Ya tienes bastante?

No te quedes corto. No.

Que luego tienes que dar otro paseo.

Hoy ya voy cansado.

Más cansado estoy yo, desde las cuatro

y desde que tenía 10 años, trabajando.

Cuando tenia 10 años, noche y día.

Entraba a las seis de la mañana a trabajar.

Y hasta la noche.

Me voy a ver si hago... Vale.

Tengo que hacer Las Navas, El Reollo,

La Aldehuela, Aldeanueva, Santiago, La Venta.

Me quedan unos cuántos todavía. Sí, todavía tardas.

Voy a ver si sigo. Vale, venga.

Hasta luego. Que se dé bien.

Yo ahora no salgo a repartir.

Pero antes hacía ocho o diez pueblos.

Y venía algunos días a las tres de la tarde.

Pero vamos, bien. También se ligaba.

Algunas te decían que pasaras para dentro.

No podía pararme.

Si tuviera tiempo, mira qué bien.

Todo se sabe, en esta zona nos conocemos todos.

A mí me gusta mucho la juerga.

Me gusta mucho el baile, me gusta todo.

Y a lo mejor estoy hasta las tres, me cambio

y me vengo a trabajar aquí.

Luego estabas cansadillo, pero bien.

Dormir, cuando podía, a ratos.

Aquí hay de todo, no falta de nada.

Hay discoteca, hay médico, hay de todo.

Estamos bien, servidos de todo.

(Música)

¿Qué te traigo lo primero?

Vamos envasando estas.

Tengo un máster en nutrición.

Creé el apartado de la repostería saludable sin azúcares,

alta en proteínas.

Con hidratos de carbono de absorción lenta.

Con enzimas digestivas, reguladores del PH.

Como tengo conocimientos de nutrición, los apliqué a esto.

¿Cuántos pedidos tienes hoy? Hoy, dos.

Uno, para Barcelona y otro, para Madrid.

¿Y les llega mañana? Mañana, sí.

La gente puede esperar que esto se haga desde una ciudad grande.

Pero se hace desde un pueblo y es lo que a mí me gusta.

He conseguido emprender y llegar a toda España.

A ver si conoce más gente el producto.

La verdad es que he tenido mucho trabajo.

Ha sido un año muy duro formulando.

Sí, yo creo que sí.

Es buen producto y se saca rápido.

La nueva línea que ha introducido mi hermano

en nuestra panadería me parece una cosa muy buena.

Por el lado, para que se vea mejor el producto.

Siempre está bien innovar

y aprender cosas nuevas para producir y vender al público.

Aquí cada uno hacemos nuestra parte.

Voy a coger las fichetas. Vale.

Se venden muy bien las fichetas. ¿Se venden bien?

Sí. ¿Le gusta a la gente?

Sobre todo, para mojar en leche o en café.

Son un poquito más secas.

A la gente le encanta.

Los que han probado han vuelto a hacer pedido.

Lo más bonito es que desde un pueblo pequeño

estamos vendiendo a toda España.

No hay día que no saquemos un pedido a la Península.

Incluso en Canarias nos reclaman.

De momento, no se puede, lo estamos hablando

con la empresa de transportes.

Está muy bien porque hemos avanzado mucho.

Aunque estemos en el pueblo, podemos enviar a todo el mundo.

Vamos, a toda España.

La gente se piensa que por vivir en un pueblo eres un paleto

que estáis aislado de la sociedad y están muy equivocados.

No tiene nada que ver.

Aunque estés en un pueblo, puedes tener la misma cultura

y los mismos conocimientos que una persona de la ciudad.

Incluso más.

¿Quieres que se quede el niño en el pueblo, como nosotros?

Claro, por supuesto. Nos hemos criado muy bien.

Estaría mejor que hubiese más cosas.

Exactamente, se echan en falta muchas cosas en el pueblo.

A ver si cuando sea un poco más mayor han cambiado las cosas

y podemos seguir viviendo aquí y que él tenga su familia aquí.

Estas dos son las fildinas y los crepes.

A ver cuándo te animas tú a tener hijos.

Tanto decir que mando. A ver cuándo tienes un hijo.

Yo, de momento, nada.

Habrá que repoblar el pueblo, que nos quedamos solos.

Dentro de unos años, entonces, sí.

Pero de momento, no se puede.

Un poco más de cabeza.

Sí, sobre todo, un poco más de cabeza.

Esto ya está.

Con mi hermano me llevo muy bien, la verdad.

Siempre me he llevado muy bien.

Hemos tenido alguna pelea, pero cosas normales de hermanos.

Pero bien, en general, siempre me he llevado muy bien.

Se me resiste la tapa. Sí.

(RÍE)

Como el hijo.

Ese, más.

Ese quieres tú que se te resista. Eso es.

(RÍE)

Bueno, ya hemos acabado de envasar todo.

Ahora lo empaquetamos para mandarlo.

Y ya está, listo. Vale.

Pues hemos tardado poco. Hemos tardado poco, sí.

(Música)

Para mí, mi familia es lo más importante.

Por eso estoy aquí, claro. Es lo más importante de mi vida.

Un sobrino en la familia para mí supone un cambio grande.

Una alegría más, una cosa más por la que luchar en la vida.

Y, sobre todo, un cambio, una llamada para centrarse.

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Ruralitas - Azabache y panaderos

17 may 2020

Conocemos la costa jurásica asturiana que, guarda en sus entrañas, yacimientos de una piedra semipreciosa y con atribuciones mágicas, el azabache. Begoña es una joyera que trabaja esa piedra en sus creaciones. Persona carismática y muy enamorada de Oles, la aldea en la que vive, nos muestra todos sus secretos.
Los hermanos Héctor y Aitor son dos jóvenes panaderos muy orgullosos de perpetuar la tradición del negocio familiar y, a la vez, de modernizarla con su línea de bollería saludable. Desde la localidad de El Mirón en Ávila exportan, a través de internet, todos sus productos.

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