Presentado por: Eduard Punset Dirigido por: Eduard Punset

El economista Eduard Punset presenta este espacio de divulgación científica. El contenido del programa abarca la medicina, la química, las Tecnologías de la Información y la Comunicación y todas aquellas disciplinas que puedan englobarse bajo el paradigma de la ciencia.

Según el propio Eduard Punset

"REDES nació en Madrid, y durante la primera temporada contábamos en el plató con la presencia de famosos artistas o empresarios acompañados de científicos. Aportaba dinamismo, pero nos dimos cuenta de que debíamos profundizar en el conocimiento científico si queríamos que los propios científicos se dieran cuenta de que sus investigaciones también importaban en la vida cotidiana de la gente, y que la gente descubriera hasta qué punto la utilización del método científico en lugar del dogmatismo iba a transformar sus vidas. La ciencia estaba transformando el mundo.

Estoy contento de que REDES fuera un programa pionero en la comprensión pública de la ciencia, en la utilización del primer plató virtual de la televisión en España, en el recurso a la animación 3D y de las videoconferencias. Al principio, éstas se entrecortaban a menudo y los desfases entre el discurso y la vocalización daban una apariencia de extraterrestres a los entrevistados.

REDES se trasladó en 1997 a Sant Cugat, desde donde todavía se coproduce entre TVE y el grupo de científicos y periodistas jóvenes que constituye la productora smartplanet. Este equipo ha logrado demostrar que ciencia y entretenimiento se pueden unir para que en este tercer milenio la ciencia, por fin, irrumpa en la cultura popular.

El blog de Eduard Punset: http://www.eduardpunset.es/

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Para todos los públicos  Redes - Ciudadanos en red - ver ahora
Transcripción completa

En el futuro, la apariencia de las ciudades

no se alejará mucho de su aspecto actual,

pero sí que cambiará su funcionamiento.

Los recursos se utilizarán de un modo más eficiente y razonable,

y en general serán más sostenibles de lo que son hoy.

Convertir los núcleos urbanos en mejores sitios para vivir

será posible gracias a la integración de las tecnologías digitales

con las infraestructuras de las metrópolis.

En este capítulo de Redes,

el arquitecto y diseñador Carlo Ratti

revela a Elsa Punset

que esta transformación ya se ha puesto en marcha

y explica de qué modo las nuevas tecnologías

tienen el potencial de cambiar tanto las ciudades

como las conductas de sus habitantes.

Y además, pondremos a prueba los conocimientos

de los ciudadanos en materia de sostenibilidad

y veremos cómo mejorarlos.

Redes nació hace unos 17 años,

lo recuerdo perfectamente,

más o menos

cuando se popularizó el invento que ha convulsionado la sociedad,

a los medios de comunicación y la economía en la última década.

La World Wide Web.

Por aquel entonces,

Internet era poco más que un escaparate

donde las páginas exponían información

y los navegantes leían los contenidos, enviaban emails,

participaban en algún chat y poco más.

Hoy, la cosa es bien distinta.

Internet es una red totalmente participativa

que no se restringe a los ordenadores

sino que te la puedes llevar en tu bolsillo, en el móvil,

allá donde vayas.

Internet ha transgredido el mundo virtual

para irrumpir hoy en nuestro espacio físico.

Estamos añadiendo a nuestras ciudades una capa digital

que pone tanto a humanos y a objetos en conexión,

con el objetivo de conseguir que las ciudades

sean un lugar más idóneo donde vivir.

En este capítulo, nos lo explica Carlo Ratti.

Carlo, es un auténtico placer tenerte con nosotros,

porque sé que eres un hombre extremadamente ocupado.

Viajas por todo el mundo con un cometido importante.

Intentar cambiar cómo son nuestras ciudades.

Dices que, desde el año 2008, la mitad de la población mundial

vive en las ciudades,

que representan solo el 2 %, aproximadamente, del planeta,

y, sin embargo, generamos alrededor del 80 % de los residuos

y consumimos en torno al 75% de energía.

Sí, las cifras que hay que recordar sobre las ciudades

son las siguientes: 2, 50, 75 y 80.

Las ciudades solo suponen el 2 % de la corteza terrestre,

pero concentran al 50 % de la población,

representan el 75 % del consumo energético

y el 80 % de las emisiones de CO2.

Si logramos hacer algo para cambiar nuestras ciudades,

para volverlas más eficientes, la repercusión a escala mundial

será muy grande.

¿Pero se trata de un buen modelo?

¿Deberíamos reforzar las ciudades,

o bien intentar que las personas vivan de un modo distinto?

Lo que ocurre con las ciudades no es que consuman más que el resto

porque sí, sino porque en ellas se realiza muchísima actividad.

No creo que eliminándolas se lograra usar menos energía.

De hecho, hay algo muy interesante,

las ciudades son economías de escala.

A menudo, la concentración logra reducir la cantidad de energía.

Y todo apunta a que existe tanta concentración ahora mismo que,

si logramos mejorar las cosas,

la repercusión a escala global puede ser enorme.

¿Así que las ciudades pueden ser una manera sostenible de vivir?

Las ciudades son una manera sostenible de vivir.

¿Y crees que lo son ahora mismo, ya en la actualidad?

Bueno, otra cosa es si nuestro estilo de vida es sostenible o no,

pero estar en una ciudad nos permite

utilizar y aprovechar la economía de escala de las ciudades,

lo cual sin duda es más sostenible que si tuviéramos, por ejemplo,

una dispersión urbana gigante,

un tipo de ciudad sin fin muy dispersa y extensa.

¿Y por qué tiene importancia

para los que nos ven ahora mismo por televisión?

Me refiero a que habláis de ciudades inteligentes, ¿verdad?

¿O acaso no os gusta el término?

En primer lugar, la palabra no termina de gustarnos

porque creemos que es un poco fría,

que solo refleja la parte tecnológica.

En nuestro laboratorio hablamos de senseable city

un juego de palabras en inglés.

Porque creemos que este tipo de ciudad tiene más que ver

con las personas,

con la capacidad de la ciudad de sentir, de interactuar

y crear una interfaz con los ciudadanos.

Entiendo.

En cierto modo, las ciudades están cobrando vida,

porque son capaces de captar y distribuir la información.

Se podría decir algo así, sí.

Normalmente recurrimos a una analogía muy simple para explicar

lo que viene de la Fórmula 1.

Hace 10-15 años, para ganar una carrera de Fórmula 1

se necesitaba un buen coche y un buen piloto.

Lo importante era la parte física.

Sin embargo, hoy en día, para ganar una competición de Fórmula 1,

además de la parte física, también es fundamental

la parte digital.

Se requieren miles de sensores en el coche,

con un sistema de telemetría que envíe información a un ordenador

y analice los procesos para tomar decisiones a tiempo real.

Esta capacidad de tomar decisiones a tiempo real es lo que vemos

en las ciudades de hoy.

Es casi como si nuestras ciudades

se estuvieran convirtiendo en coches de Fórmula 1,

como si tuvieran una mejor capacidad de respuesta.

24 horas al día, 365 días al año.

Nuestro cuerpo no para.

No baja la guardia para que todo funcione a la perfección.

Si nos quemamos, el dolor nos avisa de que debemos estar alerta.

Si nos falla la energía, se nos abre el apetito.

Incluso dormidos, no dejamos de respirar,

ni de hacer la digestión,

ni de tiritar si hace frío o sudar si hace calor.

Quien coordina todas estas tareas

y vela por el equilibrio de nuestro cuerpo,

es el sistema nervioso.

A través de las neuronas sensoriales,

recibimos estímulos del entorno, que nuestro cerebro procesa

para mandar una respuesta:

evitar la quemadura, comer, tiritar.

Las ciudades son como un gran cuerpo.

Cuentan con sus órganos,

sus células,

un sistema circulatorio,

uno inmunitario,

otro encargado de proveer alimento

y digerirlo.

Pero, ¿dónde está el sistema nervioso?

Seguramente el ayuntamiento actúe como el cerebro al coordinar

el correcto funcionamiento de la metrópolis.

Pero muchas veces, la información de un problema,

como un atasco o un apagón,

llega a ese cerebro demasiado tarde

y cuando los agentes hacen acto de presencia,

puede que el caos ya esté sembrado.

Dotar a las ciudades de un sistema sensorial

que mande información a tiempo real de lo que sucede,

permitiría prevenir problemas y actuar antes.

En realidad, esto ya se está poniendo en práctica.

La revolución digital hace posible el despliegue masivo de sensores

que actúen como verdaderos órganos de los sentidos

que midan el pulso de la urbe en todo momento.

En esta línea trabajan muchos equipos,

como el de Carlo Ratti.

Su objetivo es el de añadir a las ciudades una capa digital

con la que prevenir problemas de movilidad,

contaminación, derroche de recursos,

y mejorar la calidad de vida de sus habitantes.

Y aquí, los ciudadanos jugamos un papel crucial

y no solo como beneficiarios de todas estas mejoras.

Nosotros también tenemos un gran potencial

en generar información sobre aspectos de la ciudad

y compartirla con el resto de habitantes,

y además podemos hacerlo de manera casi inmediata

gracias a los sensores que llevamos incorporados.

Los teléfonos móviles y tabletas.

¿Cuándo crees que viviremos en el tipo de ciudades

que tienes en mente?

Pues, hasta cierto punto,

la dinámica mediante la cual la ciudad usa información

a tiempo real para modificar la vida de los ciudadanos

ya está ahí.

¡Piensa en la Primavera Árabe!

Fue un ejemplo increíble del uso de información a tiempo real

a través de medios que hace unos años no estaban disponibles

para promover un cambio drástico.

En ese caso se trataba de un cambio político,

pero se puede usar la misma dinámica para muchas otras aplicaciones.

Tenemos un acceso más veloz a la información,

sabemos que hay un atasco de tráfico

mientras se forma o incluso antes de que se produzca.

Sabemos cómo responderá la ciudad a los distintos sucesos.

Se está forjando una relación más dinámica

entre la ciudad y los ciudadanos.

Ponme algún ejemplo concreto,

por favor, Carlo, de cómo sucede esto.

Hay aplicaciones diversas, de todo tipo.

Desde el tráfico, pasando por la gestión de residuos,

el consumo energético, la gestión del agua.

Existen muchos aspectos en los que esta dinámica

puede ser importantísima para la vida en la ciudad.

En todos estos casos tenemos una capa de información superpuesta

con la capa física que abre nuevas posibilidades.

Veamos por ejemplo un proyecto que hicimos en Seattle.

Hoy en día pasa algo muy curioso.

Sabemos muy bien de dónde vienen los objetos,

lo sabemos todo sobre ellos,

la trazabilidad de los chips de nuestros ordenadores

nos permite conocer por dónde han ido

y cómo han pasado a formar parte de la máquina.

Sin embargo, apenas sabemos nada de lo que ocurre

con las cosas que tiramos a la basura.

Con los residuos.

Lo que tiramos a la basura.

Decidimos que queríamos algo parecido a cuando en el hospital

te introducen un marcador, un contraste,

en el torrente sanguíneo para seguir su recorrido por el cuerpo.

¿Podríamos hacer algo así pero a otra escala en la ciudad?

Para ello creamos unos pequeños dispositivos,

casi como teléfonos móviles en miniatura,

y los colocamos en los residuos para hacer un seguimiento

de su recorrido por la ciudad.

Descubrimos varias cosas,

cosas increíbles sobre las que no teníamos ni idea.

¿Qué pasó?

Pues que examinamos toda la cadena y lo lejos que viaja,

y constatamos cuánta energía se podría ahorrar

si se instaurara un sistema de seguimiento mejor.

También aprendimos algo muy importante.

La cantidad de datos que generamos ahora mismo es increíblemente enorme.

Por cierto, si tomáramos todos los datos

producidos por la humanidad desde el principio hasta el año 2003,

el volumen de datos es más o menos el mismo que ahora producimos,

¡cada dos días!

Estamos hablando de una cantidad increíble de información

y, si la compartimos con los demás, si la hacemos pública, abierta,

se pueden impulsar cambios en nuestra conducta.

¿No crees que sería importante,

que los ciudadanos fueran más activos,

que no se limitaran a obedecer las órdenes impuestas?

La ciudad funciona como una herramienta de apoyo,

una manera de fomentar la participación pública.

Con la Primavera Árabe vimos

cómo las tecnologías permitían que la gente se juntara, en ese caso,

con un objetivo político, claro.

Lo hemos visto también con el movimiento de protesta Occupy.

En muchos países, esas mismas tecnologías

han permitido que la gente intercambiara ideas,

se uniera y actuara.

En cierto sentido, si pudiéramos usar la misma dinámica para algo positivo,

para cambiar la ciudad,

entonces tal vez podríamos conseguir algo a escala global.

Yo lo llamo la Primavera Urbana.

¿Qué ofrece la ciudad a sus habitantes?

¿Es el mejor lugar para servir de encuentro e intercambio de ideas

entre los ciudadanos?

No hay duda de que en los últimos siglos

las ciudades han sido el nido de las innovaciones,

de los cambios disruptivos,

de las revoluciones.

Pero también es en las ciudades donde se halla quizá

la mayor concentración de personas con esa enfermedad

que a menudo confunden con la depresión:

la soledad.

Parece que la tecnología puede ayudar a mejorar la vida

en la ciudad,

a evitar el despilfarro de los servicios a los ciudadanos,

a hacer de ellos

una red orgánica que autorregule sus necesidades.

¿Hacia dónde queremos que vayan las ciudades?

La ciudad, ¿me gusta?, sí.

Que me ofrece mucho estímulo.

Me da oportunidades de encontrarme con gente.

Incluso a acercarme a cosas que están fuera de la ciudad.

Porque tienen su marco de exposición en ella.

Pero se desnaturaliza todo mucho.

Los ritmos de vida, la forma de vivir.

La forma de relacionarse con el que tienes al lado.

Veo a las ciudades como un espacio de comunicación.

Por un lado me gusta mucho la ciudad porque es un espacio

en el que convergen todo tipo de ideas

y es donde observas una gran diversidad

y puedes abrir tu mente.

Pero por otro lado, también creo que es un espacio hostil

que está restringido y a veces te sientes muy solo.

Podríamos reivindicar una ciudad distinta.

Mantener lo bueno que tiene

y construir un tipo de ciudad mejor.

Le pondría más carriles-bici, le pondría más puntos de información.

Le pondría más espacios verdes y más plazas públicas

y puntos de encuentro para la ciudadanía.

Humana, sostenible y justa.

Accesible, verde y funcional.

Sostenible, accesible y abierta.

Lo explicaba magníficamente José Luis Sampedro.

De los tres grandes retos de la Revolución Francesa,

libertad, igualdad y fraternidad

nos falta uno por llevar a cabo.

La revolución de la fraternidad está pendiente.

Carlo, me preocupa el hecho de que algunas ciudades

estén conectadas gracias a la tecnología,

con ciudadanos bien comunicados que toman las decisiones adecuadas,

acabe creando una brecha entre las ciudades inteligentes

y las que no tienen acceso a dicha tecnología.

Esto siempre es muy importante,

gracias por traer a colación una pregunta tan relevante.

Todo tiene que ver, en general, con la brecha digital,

o quién queda excluido, por ejemplo, de la tecnología.

Es fundamental tenerlo siempre en cuenta.

Pero creo que hay señales que nos permiten ser optimistas.

Déjame que mencione unas cuantas.

Está, por ejemplo, la red de telefonía móvil.

No olvidemos que los teléfonos móviles, al principio,

dividieron a la sociedad, pero ahora nos acercamos mucho

a una situación en la que hay más teléfonos móviles

que habitantes en el planeta,

y la adopción de esta tecnología ha sido muy rápida.

Otra cosa interesante es que, en muchos casos, la tecnología

permite dar un salto adelante,

y esto es lo más apasionante, porque constatamos que pueblos,

ciudades o comunidades que se habían quedado un poco atrás

pueden avanzar porque usan y hacen suya la tecnología de un modo nuevo.

Así que ofrecer tecnología puede ayudar a dar un salto adelante.

Incluso pueden pasar por delante de quienes estaban antes,

ha quedado demostrado, por ejemplo, en el caso de las compras

con el móvil.

Es interesante.

Hay otra consecuencia importante en mi opinión.

En la primera misión Apolo,

la potencia computacional que sumaban la NASA y el MIT

para dirigir la misión era, en total,

más o menos la misma que ahora llevamos en el bolsillo,

en cualquier Smartphone.

Pero había una diferencia fundamental.

Por aquel entonces,

si querías aprender a controlarla,

tenías que estudiar años y años.

Tenías que trabajar con tarjetas perforadas,

aprender el lenguaje oportuno para interactuar con la máquina.

Era muy difícil de utilizar.

Esa misma potencia computacional

la tenemos hoy en un teléfono inteligente,

pero cualquiera, desde los 5 a los 95 años,

puede aprender a usarla en menos de una hora.

Se trata de otra cosa importante

porque, cuando hablamos de tecnología,

siempre debemos plantearnos la cuestión de la brecha digital,

de las personas que tienen acceso a la tecnología y las que no,

y me parece que lo que acabo de decir

es una señal de que la tecnología nos puede unir

y tener un efecto más democratizador.

Dices que todo esto cambiará también el espacio físico

donde vive la gente.

Por ejemplo, ya no necesitaremos grandes edificios.

¿Cómo crees que todo esto afectará

la apariencia física de las ciudades?

Creo que el aspecto visual de la ciudad no será distinto.

Del mismo modo

que si vas al Barrio Gótico de Barcelona muchas cosas

se conservan igual que entonces.

Sin embargo,

lo que podremos hacer en la ciudad será diametralmente distinto.

Y me refiero a nuestra manera de organizarnos, de vivir,

de relacionarnos, de conocer gente, de encontrar pareja, de trabajar.

Todo eso será increíblemente distinto.

¿Eh?

¿Ocho coches?

Unos, ¿seis?

¿Unos diez?, aproximadamente.

Ocho litros.

Doce.

¿Cinco litros?

Veinte litros por hora

¿Lo sabes?

¿Doscientos cincuenta litros?

No tenía ni idea.

Veinte kilos.

Entre cien y doscientos.

Yo digo trescientos cincuenta kilos.

Yo una tonelada.

Ochenta.

Cuarenta.

No, cien.

O más, o doscientos.

No sé, no creo que mucho.

Yo creo que alrededor de un dos o tres por ciento.

Sobre un 5%, porque acostumbro a desenchufarlos.

Un 3%.

Un cinco, tres.

El señor Punset nos va a suspender.

El doble.

Tres veces más.

Dos veces más, quizás.

Cuatro o cinco.

Cien veces más.

Hombre, igual te has pasado, ¿no?

Un mes más, dos meses más.

Unas diez veces más.

Que dure el doble, casi un 100%.

Dura mucho, pero no sé, muchas veces.

¿Cuánto dura?

Incalculable.

Pues ni idea, mucho.

Ahora como cuestan dinero, la gente no las compra tanto.

Diez mil millones.

Sí, yo me quedo con diez mil millones.

Diez millones.

Son tantos, que no me vienen ni las cifras.

Muchas, ¿no?

Vamos que no hubiese acertado ni una.

Siendo el trivial, ni un quesito.

Van bien estas preguntas.

Nuestra huella ecológica,

la cantidad de recursos que los 7.000 millones de habitantes

necesitan para abastecer sus necesidades,

crece imparable junto al aumento de la población

y de su desarrollo económico.

Tanto es así que se estima que en 2030 harán falta dos planetas

para obtener los recursos

para cubrir las necesidades de la población mundial.

En la actualidad, más de la mitad de los habitantes

vive en grandes ciudades.

Por eso el futuro del planeta depende cada vez más

de la actividad de los ciudadanos

y el cambio de sus hábitos de consumo.

A continuación te ofrecemos 10 consejos básicos para reducir

tu huella ecológica y contribuir a proteger el planeta.

Mentalízate que toda acción que realices, tiene un impacto.

Repara lo que se estropee antes de tener que tirarlo.

¿De verdad tienes que coger el coche?

Sino hay más remedio que ir en coche

Opta por envases grandes con pocos envoltorios.

Hay electrodomésticos y bombillas de bajo consumo.

Ya que siguen gastando energía.

¿Habrá coches en las ciudades inteligentes?

¿Será importante el transporte público en este tipo de ciudades?

Sí, pero creo que el transporte público que veremos

será muy diferente del actual.

¿Cómo? Explícanoslo, por favor.

Déjame darte también un par de ejemplos sobre eso:

el primero tiene que ver

con la capacidad infrautilizada de la red.

Hicimos un estudio en Nueva York

para analizar la situación de los taxis de la ciudad

y nos preguntamos matemáticamente qué pasaría si se pudieran compartir

entre dos personas o más.

Eso sí, el requisito era llegar al destino en el mismo tiempo

o con una demora máxima de uno o dos minutos, es decir,

mantener los criterios de calidad del servicio actual.

Resulta que, en estas condiciones,

casi se puede reducir el número de taxis en un 40%.

Y, pese a la reducción, el servicio es el mismo.

Ahora bien, no habrá una única solución homogénea de movilidad.

Veremos muchas otras cosas.

De hecho, se están haciendo avances con los vehículos autónomos,

que conducen solos,

de los que ya hay muchos ejemplos: Google ha sacado uno,

hay otro en el MIT.

También habría servicios de movilidad a la carta:

un sistema de autobuses autónomos que recogieran a los pasajeros

y los llevaran a su destino de un modo dinámico.

¿Qué hay de las bicicletas?

Las bicicletas sin duda serán parte de la ecuación.

Hemos visto hasta qué punto

las bicicletas pueden transformar radicalmente una ciudad,

como sucedió en Copenhague donde, hace apenas unas décadas,

los coches atestaban el centro de la ciudad,

mientras que ahora

entre el 30 y el 50 % de todos los trayectos diarios

se realizan en bicicleta.

¿Cómo se logró convencer a la gente?

En Copenhague se debió a una combinación de factores.

Por un lado, varios incentivos y actuaciones distintas,

pero también fue fundamental la respuesta de los ciudadanos.

Hubo puntos de inflexión en los que para los ciclistas

pedalear se convirtió en un orgullo.

Ahora sienten que hacen algo especial y por eso cada vez lo hacen más.

Y esto da lugar a un cambio radical:

cuantas más bicicletas hay por la calle,

más seguro resulta todo para los ciclistas,

es como un pez que se muerde la cola.

E incluso con las bicicletas

nos podemos preguntar qué puede hacer la tecnología para mejorarlas.

Uno de los proyectos en el que trabajamos se llama

The Copenhagen Wheel, la rueda de Copenhague,

hemos creado una rueda de bicicleta que recoge la energía al frenar.

Esta energía se puede usar luego, cuando sea preciso.

Es una manera muy sencilla de convertir cualquier bicicleta

en una bici eléctrica.

Además, te da muchísima información sobre la ciudad:

datos sobre la calidad del aire, los mejores lugares a los que ir,

Los sistemas que mezclan lo digital y lo físico, los bits y los átomos,

nos permiten gestionar las cosas de un modo más eficaz.

¿Crees que la tecnología reemplazará a la naturaleza?

No opino así en absoluto.

No creo que la tecnología sustituya jamás a la naturaleza,

sino que más bien nos puede ayudar a mejorarla.

Y puede hacer que el entorno sea más natural en las ciudades,

que al final es lo que queremos.

¿Cómo? Dame un ejemplo.

Hace unos siglos,

había muchísimas fábricas en las ciudades.

Luego, durante las últimas décadas,

hemos ido demoliendo muchas fábricas del centro urbano

y sustituyéndolas por zonas residenciales,

torres, oficinas y demás.

Ha habido muchísimas transformaciones urbanas importantes en todo el mundo.

Ahora pasa algo muy interesante,

algunos lo llaman tercera revolución industrial.

Tenemos máquinas digitales que nos permitirán producir

de un modo nuevo, por ejemplo, están las impresoras 3-D,

que hace diez años apenas podían imprimir pequeños modelos de polvo.

Pero que hoy en día imprimen cosas tan complejas

como motores de avión.

Y cada vez cobrarán más importancia en el entorno de fabricación.

Cuando se instauren del todo,

cabe imaginar una ciudad donde la producción

vuelva a instalarse en el centro urbano,

pero en este caso será un tipo de producción diferente,

que ya no se basará en las fábricas antiguas,

tan contaminantes,

sino en un sistema de fabricación digital y limpio

que nos permitirá conciliar mucho mejor el lugar en el que vivimos,

el lugar en el que trabajamos y los espacios naturales

donde nos divertimos o a los que salimos.

He aquí un ejemplo de cómo podemos aprovechar

algunas tecnologías digitales para crear una ciudad más humana,

una ciudad donde la naturaleza esté más presente.

Bueno, Carlo,

¿crees que las ciudades serán un lugar mejor

para vivir en los próximos años?

Vaya, en último término dependerá de nosotros,

pero sin duda el potencial de hacer de las ciudades

un lugar mejor para vivir está ahí, sí.

En el Londres del siglo XIX, era común pensar que los caballos

motor del transporte de la época,

con sus deposiciones, y el humo de las chimeneas

ahogarían las ciudades.

Existía una dificultad real de sanear el ambiente urbano.

Hoy, sin duda, en las ciudades se vive mejor

gracias al desarrollo científico y tecnológico.

Pero aún quedan cosas por resolver:

el ruido, la contaminación, los atascos

o el uso irracional de recursos

son cuentas que tenemos pendientes.

El siguiente salto lo estamos iniciando ahora

con la irrupción de las tecnologías digitales en el entorno urbano.

Carlo Ratti

nos ha puesto ejemplos de la dirección en que avanzan

los municipios para ser, en el futuro próximo,

lugares más amables donde vivir.

Y lo mejor de todo, es que además, este salto tecnológico

permitirá a los habitantes estar más conectados,

nos volverá más sociables

y, por lo tanto, más inteligentes.

¿Cómo surgió el lenguaje?

Redes - Ciudadanos en red

29:30 30 jun 2013

Esta semana el programa de divulgación científica de La 2, Redes, analiza la influencia de las nuevas tecnologías en el cambio del aspecto de las ciudades y del comportamiento de sus habitantes. 

En el futuro, la apariencia de las ciudades no se alejará mucho de su aspecto actual, pero sí que cambiará su funcionamiento: los recursos se utilizarán de un modo más eficiente y razonable, y en general serán más sostenibles de lo que son hoy. Convertir los núcleos urbanos en mejores sitios para vivir será posible gracias a la integración de las tecnologías digitales con las infraestructuras de la metrópolis. En este capítulo de Redes, el arquitecto, ingeniero y diseñador Carlo Ratti revela a Elsa Punset que esta transformación ya se ha puesto en marcha y explica de qué modo las nuevas tecnologías tienen el potencial de cambiar, tanto las ciudades como las conductas de sus habitantes. Ratti es el director del Senseable City Lab, un grupo de investigación que explora cómo las nuevas tecnologías están cambiando la forma en que entendemos el diseño y vivimos las ciudades.

Esta semana el programa de divulgación científica de La 2, Redes, analiza la influencia de las nuevas tecnologías en el cambio del aspecto de las ciudades y del comportamiento de sus habitantes. 

En el futuro, la apariencia de las ciudades no se alejará mucho de su aspecto actual, pero sí que cambiará su funcionamiento: los recursos se utilizarán de un modo más eficiente y razonable, y en general serán más sostenibles de lo que son hoy. Convertir los núcleos urbanos en mejores sitios para vivir será posible gracias a la integración de las tecnologías digitales con las infraestructuras de la metrópolis. En este capítulo de Redes, el arquitecto, ingeniero y diseñador Carlo Ratti revela a Elsa Punset que esta transformación ya se ha puesto en marcha y explica de qué modo las nuevas tecnologías tienen el potencial de cambiar, tanto las ciudades como las conductas de sus habitantes. Ratti es el director del Senseable City Lab, un grupo de investigación que explora cómo las nuevas tecnologías están cambiando la forma en que entendemos el diseño y vivimos las ciudades.

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    Ciudadanos en red

    29:30 30 jun 2013

    29:30 30 jun 2013 Esta semana el programa de divulgación científica de La 2, Redes, analiza la influencia de las nuevas tecnologías en el cambio del aspecto de las ciudades y del comportamiento de sus habitantes. En el futuro, la apariencia de las ciudades no se alejará mucho de su aspecto actual, pero sí que cambiará su funcionamiento: los recursos se utilizarán de un modo más eficiente y razonable, y en general serán más sostenibles de lo que son hoy. Convertir los núcleos urbanos en mejores sitios para vivir será posible gracias a la integración de las tecnologías digitales con las infraestructuras de la metrópolis. En este capítulo de Redes, el arquitecto, ingeniero y diseñador Carlo Ratti revela a Elsa Punset que esta transformación ya se ha puesto en marcha y explica de qué modo las nuevas tecnologías tienen el potencial de cambiar, tanto las ciudades como las conductas de sus habitantes. Ratti es el director del Senseable City Lab, un grupo de investigación que explora cómo las nuevas tecnologías están cambiando la forma en que entendemos el diseño y vivimos las ciudades.

  • 2:32 30 jun 2013 En esta sección del programa Redes, Eduardo Punset responde a las preguntas de los jóvenes y los niños.En esta ocasión, la pregunta formulada por los dos jóvenes es:¿Cómo surgió el lenguaje?

  • Ciudadanos en red

    Ciudadanos en red

    00:54 26 jun 2013

    00:54 26 jun 2013 En el futuro, la apariencia de las ciudades no se alejará mucho de su aspecto actual, pero sí que cambiará su funcionamiento: los recursos se utilizarán de un modo más eficiente y razonable, y en general serán más sostenibles de lo que son hoy. Convertir los núcleos urbanos en mejores sitios para vivir será posible gracias a la integración de las tecnologías digitales con las infraestructuras de la metrópolis. En este capítulo de Redes, el arquitecto y diseñador Carlo Ratti revela a Elsa Punset que esta transformación ya se ha puesto en marcha y explica de qué modo las nuevas tecnologías tienen el potencial de cambiar tanto las ciudades como las conductas de sus habitantes. Y además, pondremos a prueba los conocimientos de los ciudadanos en materia de sostenibilidad y veremos cómo mejorarlos

  • 2:05 23 jun 2013 En esta sección del programa Redes, Eduardo Punset responde a las preguntas de los jóvenes y los niños.En esta ocasión, la pregunta formulada por las dos jóvenes es:¿Porqué los gatos ronronean?

  • El ordenador del futuro

    El ordenador del futuro

    27:52 23 jun 2013

    27:52 23 jun 2013 Cada dos años, aproximadamente, se dobla la potencia de los ordenadores. Sin duda, la capacidad de computación avanza a pasos agigantados, pero en un futuro no muy lejano, esta alcanzará un límite que no podremos rebasar con la tecnología que utilizamos actualmente.En este capítulo de Redes, el físico Juan Ignacio Cirac habla con Eduard Punset del desarrollo de los ordenadores del futuro, los cuales, para vencer las limitaciones futuras de la computación clásica, aprovecharán las leyes de la física de lo más pequeño: la mecánica cuántica.Y la Mirada de Elsa aborda la multitarea, una práctica que el cerebro práctica a menudo y, a veces, con exceso. ¿Somos buenos haciendo varias cosas a la vez?

  • La multitarea

    La multitarea

    6:25 23 jun 2013

    6:25 23 jun 2013 "La Mirada de Elsa" abordará la multitarea, una práctica que el cerebro práctica a menudo y, a veces, con exceso. ¿Somos buenos haciendo varias cosas a la vez?

  • El ordenador del futuro

    El ordenador del futuro

    00:49 19 jun 2013

    00:49 19 jun 2013 Cada dos años, aproximadamente, se dobla la potencia de los ordenadores. Sin duda, la capacidad de computación avanza a pasos agigantados, pero en un futuro no muy lejano, esta alcanzará un límite que no podremos rebasar con la tecnología que utilizamos actualmente. En este capítulo de Redes, el físico Juan Ignacio Cirac habla con Eduard Punset del desarrollo de los ordenadores del futuro, los cuales, para vencer las limitaciones futuras de la computación clásica, aprovecharán las leyes de la física de lo más pequeño: la mecánica cuántica. Y la Mirada de Elsa abordará la multitarea, una práctica que el cerebro práctica a menudo y, a veces, con exceso. ¿Somos buenos haciendo varias cosas a la vez?

  • 28:27 16 jun 2013 El neurocientífico Sebastian Seung afronta un reto titánico:desentrañar el patrón de conexiones que hay entre los 100.000 millones de neuronas de nuestro cerebro.Es el llamado conectoma humano y en él podrían residir aspectos de nuestra mente que todavía no podemos comprender. 

  • 2:01 16 jun 2013 En esta sección del programa Redes, Eduardo Punset responde a las preguntas de los jóvenes y los niños.En esta ocasión, la pregunta formulada por las dos jóvenes es:¿Todos los animales tienen cerebro?

  • La capacidad plástica

    La capacidad plástica

    9:16 16 jun 2013

    9:16 16 jun 2013 En la "Mirada de Elsa", veremos cómo podemos aprovechar la enorme capacidad plástica de nuestro cerebro para cambiar nuestros comportamientos más rígidos y rutinarios.

  • 28:27 16 jun 2013 El neurocientífico Sebastian Seung afronta un reto titánico:desentrañar el patrón de conexiones que hay entre los 100.000 millones de neuronas de nuestro cerebro.Es el llamado conectoma humano y en él podrían residir aspectos de nuestra mente que todavía no podemos comprender. 

  • 00:49 14 jun 2013  El neurocientífico Sebastian Seung afronta un reto titánico: desentrañar el patrón de conexiones que hay entre los 100.000 millones de neuronas de nuestro cerebro. Es el llamado conectoma humano y en él podrían residir aspectos de nuestra mente que todavía no logramos comprender, tales como el lugar donde residen los recuerdos. En este capítulo de Redes, Seung explica a Eduard Punset los detalles de su investigación y cómo su trabajo puede contribuir a entender mejor el cerebro y a combatir ciertas enfermedades mentales. Y en la Mirada de Elsa, veremos cómo podemos aprovechar la enorme capacidad plástica de nuestro cerebro para cambiar nuestros comportamientos más rígidos y rutinarios.

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