Pueblo de Dios
Pueblo de Dios
Domingo a las 11.30 horas  

Dirigido por: Antonio Montero

El rastro de Dios, que el programa va siguiendo, le lleva a descubrir la infinidad de campos en los que la Iglesia está comprometida: pobreza, enfermedad, ancianidad, cultura, arte, vida contemplativa, minusvalías, juventud, campos de refugiados, niños de la calle, Sin Techo y Sin Tierra, mutilados de las minas antipersona, grandes catástrofes humanas, naturales o provocadas, etc.

Pretendemos hacer una comunicación que muestre el rostro de una Iglesia samaritana y provoque en la audiencia comunión, solidaridad y compromiso con los más desvalidos de nuestra sociedad y de nuestro mundo.

Nos aplicamos las palabras de Juan Pablo II: "Cada día, los medios de comunicación social llegan a nuestros ojos y a nuestro corazón, haciéndonos comprender las llamadas angustiosas y urgentes de millones de hermanos menos afortunados, perjudicados por algún desastre, natural o de origen humano; son hermanos nuestros que están hambrientos, heridos en su cuerpo o en su espíritu, enfermos, desposeidos, refugiados, marginados, desprovistos de toda ayuda; ellos levantan los brazos hacia nosotros, cristanos que queremos vivir el Evangelio y el grande y único testimonio del amor". (Juan Pablo II. Cuaresma de l986).

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Escriba al programa Pueblo de Dios: pueblodedios@rtve.es

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Para todos los públicos Pueblo de Dios - La fábrica de sueños - ver ahora
Transcripción completa

Camboya es un pequeño país

enclavado en la península del sudeste asiático,

entre Tailandia, Laos, Vietnam y el mar de China.

Camboya tiene el récord mundial de barbarie

en el último cuarto del siglo XX.

Después de más de 30 años de muerte y destrucción,

el país, mutilado por las minas antipersona,

ha empezado a fabricar sueños de paz

y desarrollo económico y social.

Estamos en Battambang, en la frontera con Tailandia.

Las sucesivas guerras de unos y otros dejaron

la región sembrada de minas antipersona,

de las que todavía quedan cientos de miles sin desactivar.

La provincia de Battambang,

con una extensión similar a Portugal,

supera los cuatro millones de habitantes.

De ellos solo 7000 son cristianos.

La religión oficial de Camboya es el budismo.

El Obispo de la Prelatura de Battambang es

el jesuita asturiano Kike Figaredo,

conocido internacionalmente como

"el Obispo de las sillas de ruedas".

Ahora, además de sillas de ruedas, fabrica sueños.

Tiene muy claro que en un país que está saliendo del infierno,

evangelización y desarrollo tienen que ir de la mano.

Aquí estamos en un contexto de posguerra,

de reconstrucción, de mucha pobreza.

Y vivimos con gente que no puede sentir

el cariño de Dios o la ternura de Dios fácilmente.

Porque viven al día,

viven en un pobreza que nosotros desconocemos.

No sabemos lo que es ser pobre.

Y la gente vive en el día a día. No sabe qué va a comer,

si se ponen enfermos no saben a dónde ir,

si tienen hijos no saben dónde los pueden educar,

no saben dónde pueden encontrar trabajo.

Y viven en el día a día, en la miseria.

Pueblo de Dios ha visitado los dos últimos proyectos

de evangelización y desarrollo que la Misión ha puesto en marcha.

Uno en la ciudad de Battambang y otro, en la Camboya profunda.

Asistimos a la inauguración oficial

del centro de producción textil La Paloma,

que además de confeccionar géneros de punto,

fabricará sueños para las personas a quienes la guerra,

la pobreza y discapacidad les prohibió soñar.

Un grupo de Manos Unidas formado por personas

de nuestras delegaciones de Valencia, Salamanca,

Barbastro, Zaragoza y de servicios centrales,

viajamos por fin a Camboya hace solo 13 meses.

Oímos hablar de este maravilloso proyecto e inmediatamente

nos pusimos en marcha para ser parte de esta ilusión.

(APLAUSOS)

La fábrica está concebida como una empresa social

de desarrollo sostenible para dar trabajo

a personas necesitadas y discapacitadas.

Esta obra ha sido posible gracias al empeño de Kike Figaredo;

a Manos Unidas, que ha financiado la construcción

y a la compañía Iberasia, del aragonés Vicente Laborda,

que da soporte empresarial al proyecto.

Desde Manos Unidas estamos muy contentos

de haber podido sumar nuestro esfuerzo al de ellos

y haber podido sacar este proyecto adelante que,

como hemos dicho, empieza ahora.

70 personas, 17 de ellas víctimas de las minas antipersona

y de poliomielitis, llevan varios años

aprendiendo el oficio.

Durante el aprendizaje cobran 50 dólares al mes.

Después, el sueldo será

de 120 dólares por ocho horas de trabajo al día.

Hay que tener en cuenta que en Camboya

el sueldo medio de un profesor no sobrepasa los 60 dólares.

Tengo 28 años y una niña pequeña.

Mi discapacidad se debe a la polio.

Porque cuando yo nací no había vacunas en el país.

Me han contratado en la fábrica de la Misión.

Y desde que estoy aquí mi vida ha cambiado mucho.

Ahora tengo un salario y me puedo mantener por mí misma.

Estoy muy contenta.

Cuando la fábrica esté a pleno rendimiento,

a finales de 2015, tendrá una platilla de 220 trabajadores.

Con una producción diaria de más de 1000 prendas.

El beneficio económico estimado entre 15 000 y 20 000 euros anuales

se destinará a financiar los proyectos de la Misión.

Trabajar en la fábrica me ha animado mucho porque,

debido a mi discapacidad, yo era una persona muy retraída.

Aquí me relaciono con otras personas,

aprendo muchas cosas y además,

ayudo a mi hermano para que pueda estudiar en la universidad.

La compañía Iberasia pone las máquinas,

imparte la formación a los trabajadores,

lleva la gestión y administración de la empresa,

facilita las materias primas

y garantiza la venta de toda la producción.

Iberasia tiene dos empresas textiles en Nong Peng.

Y sus productos se venden en Europa y Canadá.

No buscamos ni hacernos ricos

ni pegar un pelotazo aquí.

Lo que buscamos es que haya unos ingresos

para las personas que trabajan aquí y que haya un beneficio social.

Los beneficios que pueda dar esta fábrica que vayan

a las personas con discapacidad y a sus familias.

Y a las comunidades que tienen personas con discapacidad.

Buscamos que nuestros proyectos sean sostenibles.

Que esta fábrica sea sostenible y que personas con discapacidad

en sus pueblos que no pueden valerse por sí mismos

que sean apoyadas por esta fábrica.

Un lugar de producción, un lugar de trabajo

y un hogar también de dignidad humana, ¿no?

La empresa textil de la Misión no tiene nada que ver

con las maquilas, que trabajan

para las grandes marcas internacionales,

donde se explota a los trabajadores con horarios abusivos

y sueldos muy bajos.

Aquí, la dignidad de las personas

y los derechos de los trabajadores están garantizados.

Esta fábrica es un lugar de esperanza

y un lugar de cambio social.

El tener aquí personas con discapacidad

trabajando conjuntamente con otras que no la tienen

nos habla de una realidad nueva.

De la inclusión social, de la participación,

de la dignidad.

Estamos colaborando en que en Camboya tengamos

una sociedad diferente, que haya un cambio de estructuras.

Que la gente sencilla pueda trabajar junta,

tenga discapacidad o no tenga discapacidad.

Que pueda producir para ganarse su pan, en Camboya, su arroz,

y pueda vivir con dignidad.

Vitá tiene 25 años

y vive en un pueblo a 15 kilómetros de la fábrica.

Nos ha dicho que de sus siete hermanos,

él es el único que tiene un sueldo fijo.

Ha conocido la fábrica a través de la Misión.

Y el trabajo le ha dado la vida.

Todos los trabajadores muestran su agradecimiento a Kike

y a su Misión.

Estoy muy agradecida al padre Kike por

la oportunidad que me ha dado de entrar en esta fábrica.

Yo pensaba que no estaba capacitada para trabajar.

Y ahora he descubierto que puedo hacer muchas cosas.

Tengo esposo y un hijo que me alegra la vida.

Un equipo de la Misión visita las comunidades

para encontrar discapacitados que quieran trabajar en la fábrica.

Y de esta manera sean económicamente independientes

y puedan vivir con dignidad.

Yo era militar.

Y estando de servicio, explotó una mina

y me arrancó las dos piernas.

Cuando me recuperé, opté por dedicar mi vida a ayudar

a las personas que, como yo, han sido víctimas de las bombas.

Ahora soy el coordinador de la ayuda a los discapacitados

en todo el territorio de la Misión.

Vamos hacia Charoka,

una comunidad rural formada por 200 familias

que viven dispersas por los arrozales.

En este poblado, como en tantos otros de Camboya,

no hay luz eléctrica ni escuela.

La gente tiene dos caminos: seguir viviendo en pobreza extrema

o la emigración a Tailandia.

Y muchos han optado por el segundo.

Los padres se marchan, dejando a su hijos en el pueblo.

Hasta ahora esta era la escuela del pueblo.

Si se le puede llamar así.

Porque a la vista está que es como dar clase en la calle,

con los alumnos apretados en los pupitres,

pero sin libros ni cuadernos.

Un maestro voluntario impartía las clases

a los pocos alumnos que venían de un pueblo

con 200 niños y niñas en edad escolar.

Yo era profesor en otro pueblo.

Y al jubilarme vine a vivir a Charoka.

Como no había escuela, en 2008,

empecé a dar clase en mi casa porque me parecía una injusticia

que los niños del campo no tuvieran escuelas

y los de la ciudad, sí.

Venían 45 niños, porque en la casa no cabían más.

En 2010, construimos esta escuela con materiales del campo.

Los niños fueron a por bambú a la montaña.

Y con las cañas levantamos la escuela.

Aquí he dado clase a 80 alumnos de Primaria.

Llevábamos muchos años soñando con una escuela habitable y digna.

Y finalmente, se va a cumplir nuestro sueño.

Hoy es el día del sueño cumplido.

Porque se inaugura la nueva escuela construida con la Misión,

con capacidad para 210 alumnos.

La Arrupe Karuna Primary School ha contado con financiación

de la ONG Sauce, que da apoyo al programa

Educación en Pueblos Remotos promovido por la Misión.

El programa ha construido 17 escuelas de Primaria,

donde estudian más de 3500 alumnos, prácticamente todos budistas.

La Misión no hace distinción de razas,

ideologías o credos.

La ONG Sauce pagará los sueldos de cuatro profesores

de los cinco que impartirán las clases.

El estado solo pone un profesor.

La Misión da 25 kilos de arroz al mes a los profesores

para que vengan a los pueblos remotos.

Y a las familias, para que envíen a sus hijos a la escuela

en lugar de mandarlos a trabajar.

Las familias de los niños en pueblos remotos,

no es que no quieran que sus hijos vayan a la escuela,

es que muchas veces no pueden permitírselo.

Quiero decir, que muchas veces, los niños en Camboya,

cuando ya son mayores, pueden ayudar a la casa.

Pueden ayudar a la economía familiar.

Pueden cuidar de las vacas, pueden cuidar de los niños pequeños

mientras los padres van a trabajar a los arrozales.

Entonces, es una ayuda que los padres necesitan.

No es que no quieran que vayan, simplemente es que

muchas veces los niños pueden ayudar a la economía familiar

y así puede vivir mejor toda la familia.

Entonces, muchas veces les cuesta.

Pero si hablas con ellos y les explicas,

sobre todo si le das alguna opción, como nuestro programa de arroz,

ellos se encuentran encantados.

Colaboran mucho y están felices de vernos

y de que vengamos a pasar tiempo con ellos

y de que ayudemos a los profesores.

Es llegar a la comunidad.

Una forma de llegar a la comunidad a través de los colegios.

Con la tradicional "Danza de la bendición"

se inaugura la nueva escuela.

Nadie ha querido perderse la fiesta.

Empezando por los políticos de turno,

que han venido para apuntarse el tanto de la escuela,

cuando no han tenido arte ni parte en ella.

Llegaron, soltaron sus respectivos mítines

y se marcharon por donde habían venido.

En su discurso, Kike Figaredo, verdadero artífice de la escuela,

dijo que Charoka no está en el mapa político del país.

Y que los hijos del pueblo necesitan educación e integración

en la sociedad camboyana.

A los padres los motivó para que manden a sus hijos a la escuela.

Porque en la escuela está su futuro.

El acto concluye con la comida comunitaria.

En esta tierra, comer una vez al día es un lujo.

Y hay niños que pasan hambre.

El comedor escolar sería una buena solución

para paliar el problema,

pero las familias no pueden costearlo. Y tampoco la Misión,

que bastante hace con construir escuelas y pagar a los maestros.

Al menos hoy, ningún niño de Charoka se quedará sin comer.

Y eso hay que celebrarlo.

(TODOS OVACIONAN)

Regresamos a Battambang para visitar el complejo de la Misión,

cuya obra social llega a más de 100 000 personas.

Aquí, Kike Figaredo tiene su particular fábrica de sueños.

Que se van haciendo realidad con la colaboración

de unos y otros, de dentro y fuera del país.

Manos Unidas es uno de los pilares que tenemos aquí específico.

Nos ayuda en proyectos, nos ayuda en amistad

y en fidelidad.

Desde que estoy aquí, 30 años que llevo,

Manos Unidas nos ha apoyado en diferentes proyectos.

Siempre para que demos pasos nuevos, más creativos,

al servicio de la gente más sencilla y más pobre.

Manos Unidas crea este puente, el de Manos Unidas,

de unir fuerza, de unir cariño, de unir visión y corazón.

Corazón y cabeza también.

Corazón y visión, corazón y perspectiva.

Desde mi perspectiva, Manos Unidas nos ha apoyado

de una manera crucial para que en este momento estemos

dando unos pasos bárbaros de sostenibilidad.

Que podamos empezar nosotros mismos a mantenernos a nosotros mismos.

En el complejo de la Misión está el Arrupe Centre,

donde residen 50 niños y niñas discapacitados que vivían

en pueblos remotos y no podían acceder a la escuela.

Aquí, por las mañanas van a clase.

Y por las tardes tienen refuerzo escolar

para recuperar los estudios perdidos.

Tom tiene nueve años.

Y un día, cuando iba a buscar setas para comer,

no lejos de su casa, le explotó una mina

y le arrancó la pierna derecha.

Un equipo de la Misión fue a verle al hospital

y lo trajo al Arrupe Centre para que se recuperara y estudiara.

Nunca antes había pisado una escuela,

pero el chico es muy aplicado.

En el aula, los niños aprenden a escribir sus sueños de papel

con las 72 letras del alfabeto jemer, el más grande del mundo.

Al frente del internado está Federico,

un voluntario español que lleva varios años colaborando

en proyectos de la Misión.

El problema en Camboya es que las personas con discapacidad

son un problema. Se ven como un problema.

No lo son, pero se ve así.

La sociedad está poco a poco aprendiendo

a integrar a estas personas.

Entonces, nuestro trabajo es hacer de esta integración una realidad.

Estos niños viven aquí,

pero van al colegio público con otros niños.

Se juntan y se integran en la sociedad.

Entonces, nuestra labor es hacer que estas personas se integren

y tengan un futuro.

El taller de reparación de sillas de ruedas es

el sancta sanctorum de la Misión.

Los Jesuitas, con Kike Figaredo a la cabeza,

han apostado por ayudar a los discapacitados

a causa de las minas antipersona, la polio o accidentes de tráfico.

Las sillas se fabrican en Banteay Prieb,

en el taller creado y sostenido por los Jesuitas.

Y de allí vienen las piezas para montarlas aquí.

Y para reparar las que se averían

porque las calles están en mal estado.

La silla de ruedas es la cátedra donde Kike Figaredo imparte

sus lecciones magistrales sobre la dignidad

de los discapacitados y la necesidad de integración

en la sociedad camboyana.

Para mí, una silla de ruedas es el recuerdo

y también el saber, el conocer la vida

de la gente sencilla y pobre en los pueblos.

Hablar de silla de ruedas significa vida,

significa cambio, significa socialización.

Llevo 30 años en Camboya

y han sido yo creo que más de 5000 sillas de ruedas

las que hemos dado a través mío personalmente

y a través de mis equipos.

Y hemos producido más de 20 000 sillas de ruedas.

Otras ONG, otras instituciones nos han apoyado también

para que le lleguen a un beneficiario,

a una persona que las necesita.

La silla de ruedas para mí es como un sacramento de Dios.

Es un sacramento que transforma la vida.

A mí me ha transformado.

Y también a las personas a las que apoyo y a las que ayudo.

Aquí, en Camboya, la guerra asoló y dejó a la gente

con las relaciones rotas, ¿no?

La gente no se fía de nadie,

todo el mundo va a lo suyo e intentamos que esto se rompa.

Que haya un nuevo tejido social y que el cariño,

la solidaridad, la responsabilidad por crisis social

y el bien común sean prioridad para todos.

Lo hacemos de una manera muy sencilla.

No queremos crear nuevas estructuras cambiando nada,

sino que se cambie el modo de vida, se cambie la vida de la gente.

Que se pase de la supervivencia a vivir en solidaridad.

Es domingo por la tarde y hemos venido a Tahen

amenazados por las últimas lluvias monzónicas.

Tahen es uno de los núcleos de población

donde la Misión tiene centro de operaciones y servicios.

Aquí hay iglesia y el párroco es el Obispo.

También hay un internado con 60 chicos y chicas

de familias desestructuradas,

una escuela de danzas camboyanas

y una guardería para un centenar de niños y niñas del pueblo.

El internado está llevado por voluntarios españoles

de la ONG Sauce.

Hace unos años, los internos dormían en la iglesia

y las clases se daban debajo de los árboles.

Hoy todo está cambiado.

En el pueblo de Tahen viven aproximadamente unas 300 familias,

que sobre todo viven del arroz y la agricultura.

La gran problemática que hay es que cuando hay inundaciones

o sequías y las cosechas se echan a perder,

ellos tienen que emigrar a Tailandia para poder subsistir.

Esta es una problemática que muchas veces arrastra a los niños

de nuestros centros o colegios, que son alumnos o estudiantes.

Y cogen las maletas con la familia y se van a trabajar de jornaleros,

donde... bueno, no les explotan, pero casi.

Trabajan de jornaleros hasta que hacen dinero

para poder volver a sus tierras y empezar una nueva cosecha.

El problema es que cuando se juntan varias cosechas malas,

ellos se endeudan con usureros y va creciendo la deuda,

va creciendo la deuda y aumentando el círculo

de pobreza al que están sometidos.

Ha caído la lluvia y la noche.

Kike se dispone a celebrar la misa dominical.

Los niños del internado ponen la danza y el canto

mezclado con el croar de las ranas

que pululan por las charcas.

La misa tiene sabor a fiesta religiosa con ritmo camboyano.

(TODOS CANTAN EN CAMBOYANO)

(HABLA EN CAMBOYANO)

(CANTAN EN CAMBOYANO)

(CANTAN EN CAMBOYANO)

(CANTAN EN CAMBOYANO)

Cristo ha hecho acto de presencia y se le recibe con cantos y danzas.

(MÚSICA Y CÁNTICOS)

Padre Nuestro...

Dios es padre de todos.

Y nos hermana a todos, cristianos y budistas.

Como sucede en esta celebración.

En Dios todos somos uno.

Y nadie es más ni menos que el otro.

Las diferencias y las exclusiones las hemos creado los hombres.

La gente ha sido desprovista de todo: de familia, de vida,

de todo, con las minas, de parte de su cuerpo.

Pues de eso, de ellos sale una compasión.

Entender el sufrimiento, entender las penas de los demás,

entender, digamos, la miseria de los demás.

Y nos abre, nos hace entender, por decirlo así,

la vida, el don de Dios y también entender el sufrimiento.

La gente aquí es religiosa y nos enseña a ser religiosos.

Nosotros podemos ayudar a purificar la religiosidad.

Podemos ayudar a que crean en un Dios de verdad cariñoso,

bueno, que nos redime y que está con nosotros,

pero ellos nos enseñan a ver al Señor en todos los rincones.

La gente vive aquí con una religiosidad profunda,

creyendo en Dios las 24 horas del día

y creyendo que toda su realidad será traspasada por Dios.

(MÚSICA Y CÁNTICOS)

Acabó la misa, pero no la fiesta.

Porque la alegría es tan necesaria para vivir

como el aire que respiramos.

Acabó la guerra interminable,

pero no sus consecuencias.

Porque hay muchas personas que perdieron sus piernas

y quedan muchas minas activadas.

Acabó el miedo, que siempre terminaba en pesadilla.

Pero los niños no pueden soñar sueños felices

porque falta arroz en sus casas y pupitres en las escuelas.

Acabó el día, pero la noche no es eterna.

Porque el sol viene empujando y empieza a amanecer.

Pueblo de Dios - La fábrica de sueños

25:48 19 abr 2020

En Camboya, el obispo Kike Figaredo ha bierto una fábrica textil, un internado, un taller de sillas de ruedas y 18 escuelas de primaria, dentro del proyecto "Educación para Pueblos Lejanos".

Histórico de emisiones:
28/12/2014

En Camboya, el obispo Kike Figaredo ha bierto una fábrica textil, un internado, un taller de sillas de ruedas y 18 escuelas de primaria, dentro del proyecto "Educación para Pueblos Lejanos".

Histórico de emisiones:
28/12/2014

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