Pueblo de Dios La 2

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Domingo a las 11.30 horas

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Para todos los públicos Pueblo de Dios - Hermanos sin refugio fijo - ver ahora
Transcripción completa

Los orígenes de las iglesias cristianas de Siria

se remontan a las primeras comunidades Apostólicas.

Antes de la guerra, había en Alepo 250.000 cristianos

y entre muertos y desplazados dentro y fuera del país,

apenas quedan 20.000.

Esto es lo que queda del colegio de los jesuitas.

Con cerca de 2000 alumnos.

El último jesuita que quedaba en la ciudad, escribió en su diario:

"No damos abasto a enterrar a los muertos.

Los niños están atemorizados.

Y mucha gente está abandonando la ciudad.

Y nadie sabe si va a salir con vida".

Aquí estamos en la casa de los jesuitas,

antiguo colegio que ha servido mucho tiempo

y que ha sido bombardeado durante la guerra.

Y cómo os podéis imaginar, bombardear una casa,

es decir, dejar muertos y cadáveres entre las ruinas.

Yo mismo, después de que haya sido liberada la ciudad de Alepo,

he visto aquí cráneos y cadáveres.

Eso es la consecuencia de la guerra.

Una consecuencia terrible porque se pierde a la persona humana,

se pierde también a edificios y centros educativos,

se pierde a todo lo que permitía a la civilización de construirse

en esta ciudad tan bonita de Alepo.

La destrucción del país en general y Alepo, en particular,

tiene dimensiones apocalípticas.

La reconstrucción de edificios y personas va para largo.

Algo se mueve, pero poca cosa,

porque el país tiene una economía de guerra.

Y las familias sobreviven como pueden.

Según la ONU, el 80 % de los sirios

está por debajo del umbral de la pobreza.

En Alepo están dos hermanos Maristas sirios;

Georges Hakim y Georges Sabé,

dedicados en cuerpo y alma a ayudar a los más necesitados.

La pequeña comunidad de hermanos

se ha agrandado con los maristas azules,

hombres y mujeres que se distinguen

porque cuando están en acto de servicio, llevan cazadora azul.

Bebíamos el día al día

y empezábamos nuestro día a las siete de la mañana.

Pero ya a las siete de la tarde era muy tarde para nosotros.

Teníamos que estar en casa, cerrando puertas,

temiendo a cualquier bombardeo que se podía hacer.

Pasé muchas horas y muchos momentos de miedo.

El miedo, por ejemplo, si teníamos que decidir si los niños

iban a venir a nuestra casa o no, porque había bombardeos en las calles

El perder con el miedo, se pierde una persona, se pierde la realidad.

Yo he tenido miedo.

Noches no he podido dormir,

porque había bombardeos alrededor de nuestra propia casa.

Sí que he tenido miedo.

La casa de los maristas siempre está preparada

para acoger a todo el que llama a su puerta.

Durante la guerra, la comunidad acogió a 30 familias

que habían perdido sus casas.

Hace dos años, las iglesias cristianas de Alepo

se sumaron al programa de alimentación infantil

que tenían los Hermanos Maristas.

El programa, Una gota de leche,

llega a más de 3.000 niños de cero a diez años.

Los botes de leche serán abiertos para que no se puedan vender.

Los maristas azules hacen la distribución.

Y la financiación del programa corre a cargo

de ayuda a la Iglesia Necesitada, que aporta 40.000 euros anuales.

Nos dirigimos al casco histórico para visitar la puerta de Oriente,

donde según los hechos de los apóstoles,

se produjo la conversión de San Pablo.

Saulo venía persiguiendo a los cristianos.

Y al entrar en Damasco, un rayo de luz lo derribó del caballo

y se oyó una voz que decía:

"Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?"

Ananías, discípulo de Jesús,

que vivía en esta calle que parte de la Puerta de Oriente,

fue testigo de su conversión.

Los franciscanos han convertido la casa de Ananías en un oratorio

dónde se reza por la paz en Siria y en todo el mundo.

Los Hermanos Maristas vinieron a Alepo en 1904,

llamados por el obispo armenio católico

para que se ocuparan de la educación de niños y jóvenes.

Abrieron un colegio con 1.500 alumnos que se cerró en 1967

cuando el Gobierno sirio nacionalizó los colegios privados.

Desde entonces, los Hermanos Maristas

están llevando a cabo una gran labor social.

Durante la guerra se quedaron en Alepo para ayudar a las víctimas

aún a riesgo de perder la vida.

No es posible dejar a las personas que sufren,

y nosotros, como consagrados marcharnos de aquí,

va al contrario del Evangelio,

al contrario del espíritu de nuestro fundador,

al contrario de las directivas de la Iglesia.

Y al contrario de nuestro propio sentido, de ser solidario del otro.

No saldremos de Alepo

mientras que hay personas que están sufriendo.

Actualmente solo quedan dos Hermanos Maristas en la ciudad,

Georges Sabé y Georges Hakim.

Pero no están solos,

porque cuentan con la colaboración de los maristas azules.

Hombres y mujeres comprometidos con el carisma

de Marcelino Champagnat, fundador del Instituto Marista.

Los maristas azules son un grupo de 60 voluntarios,

cristianos y musulmanes,

que juntamente con los hermanos

atienden a las personas más necesitadas.

Se llaman Maristas azules por el color de la cazadora

que llevan cuando están en acto de servicio.

Los maristas, fieles a su vocación de educadores,

han convertido su casa en un improvisado colegio

para niños pobres.

El programa Quiero aprender, empezó en plena guerra.

Son 90 niños de tres a seis años, cristianos y musulmanes

que vienen a clase por la mañana.

Por la tarde, otros 60 niños cristianos

vienen al programa Aprender a crecer,

que incluye iniciación cristiana.

Antes de clase se hace una oración

que vale para cristianos y musulmanes.

En ella se reconoce que Dios es dueño deluniverso

y se pide por la paz y la buena convivencia entre todos.

Se les ofrece una educación a los valores,

a los valores humanos que necesitamos en este país,

para poder vivir juntos, cristianos y musulmanes

diferentes unos de otros, que podamos vivir todos juntos.

Es lo que nosotros nos proponemos hacer

en este programa que se llama Quiero aprender.

Los niños son el reflejo de la guerra.

En las clases hay huérfanos,

hijos de padres muertos y desaparecidos.

Y algunos no están registrados oficialmente

porque nacieron durante la guerra.

Vienen a la misión porque aquí se sienten seguros

y se les ayuda a superar los traumas de la guerra.

Los Maristas azules han puesto en marcha un programa de largo alcance

para fijar población y que la gente no tenga que salir del país.

Se trata de microproyectos destinados

a personas arruinadas por la guerra

para que puedan emprender actividades

que generen ingresos económicos.

El dinero se da a fondo perdido,

en cantidades que no superan los 4.000 dólares.

Con un riguroso control sobre su empleo.

En apenas dos años, los maristas azules con ayuda de la ONG SED,

han financiado 90 microproyectos

que están beneficiando a centenares de personas.

SED ha desarrollado durante muchos años, incluso antes de la guerra,

una colaboración con los maristas azules

a través de formación de jóvenes, de agua potable,

de reparto de comida...

Y cuando la guerra llegó, se ha intensificado.

Y ahora queremos dar un último empujón,

un esfuerzo de trasformación de proyectos de profesionales

para la juventud,

de tal manera que los jóvenes encuentren aquí formación

y esa formación les abra el mundo laboral para tener recursos,

mantener a la familia

y así permanecer junto a su tierra y a su gente.

Es un proyecto de empoderamiento de mujeres afectadas por la guerra.

En el proyecto participan diez mujeres cristianas y musulmanas.

Con la ayuda de los Hermanos Maristas

y después de hacer un curso de formación profesional,

el proyecto se puso en marcha.

Al proyecto le han puesto el bonito nombre de Heart made,

que significa hecho con corazón.

Los trabajos, muchos de ellos originales,

se venden en una tienda del centro de la ciudad.

El sueldo de las trabajadoras está en unos 100 dólares mensuales,

y si no se alcanza con la venta del producto,

los Hermanos Maristas ponen lo que falta.

En el barrio armenio, Michel y su padre han montado

un taller de carpintería con ayuda de los Hermanos Maristas.

Tenían una carpintería cuando estalló la guerra,

pero las bombas la destruyeron.

Montaron otra y sucedió lo mismo.

Les dieron 3.000 dólares para comprar las máquinas

y alquilar un local de bajo coste que se ha quedado pequeño.

La obra social y la misión de los Hermanos Maristas

y los maristas azules

tienen su epicentro en la capilla de la casa.

La presencia de Jesucristo, María, la buena madre

y Marcelino Champagnat, fundador del Instituto Marista,

dan fuerza a la comunidad para mantener viva la fe,

la esperanza y la caridad con las víctimas de la guerra.

Al pie del altar hay balas y misiles

que recuerdan la guerra que arruinó la ciudad de Alepo,

y ha dejado heridas muy profundas,

que tardarán mucho tiempo en curarse.

Las ramas de olivo sobre el altar

representan el sueño de paz del pueblo sirio,

que lleva ocho años de guerra sin cuartel.

Líbano es un pequeño país de 5 millones de habitantes,

y apenas 10.000 kilómetros cuadrados

que limita con el mar Mediterráneo, Siria e Israel

y los refugiados son el 30 % de la población.

Líbano es un país multiétnico, multicultural y multirreligioso,

el 60 % de la población son musulmanes y el 40 % cristianos.

Desde Beirut, capital del país, viajamos hasta Saida,

la fenicia y bíblica Sidón,

cuyos orígenes se remontan a 3.000 años antes de Cristo.

La ciudad que ha resurgido de las cenizas de la guerra con Israel

entre 1975 y 1990, tiene 200.000 habitantes,

a los que hay que sumar 50.000 refugiados sirios

y 60.000palestinos.

En la colina de Rmeileh, a las afueras de Saida,

está el antiguo colegio marista de Nuestra Señora de Fátima.

Tenía 2000 alumnos y se cerró en 1985

al ser bombardeado por la aviación israelí.

Los maristas llegaron a Saida en 1904

cuando la ciudad rondaban los 15.000 habitantes

y solo había 500 cristianos.

Después de 30 años cerrado, el colegio ha abierto sus puertas

para acoger las actividades del proyecto Fratelli.

La solidaridad internacional ayudó a restaurar el edificio.

Fratelli es un proyecto socioeducativo

de los Hermanos Maristas y los hermanos de La Salle

para niños y jóvenes desplazados y refugiados.

En sus centros de Beirut y Saida atienden a 2000 refugiados.

En el Líbano hay más de 400.000 niños desplazados de la guerra,

de los cuáles la mitad están sin escolarizar.

Por lo tanto, más de 200.000 niños están todavía

en los campos de refugiados, en las cabañas,

también en los apartamentos, en las casas

pero sin asistir a la escuela.

Entonces nosotros estamos intentando pues ir en busca de estos niños

y que al menos, un buen número de ellos

puedan participar de nuestro proyecto.

Y junto a ellos, crecer

y acompañarles en el derecho a la educación

y en tantos otros derechos que tienen vulnerados.

Estamos en Sarepta,

donde el profeta Elías resucitó al hijo de una viuda.

En este edificio abandonado y degradado

a causa de la aluminosis,

viven 600 refugiados desde hace ocho años.

Le llaman Pepsi Shelter.

Las familias carecen de todo.

Hay muchos niños sin escolarizar.

Algunos van a Fratelli.

La señora cuenta que en una habitación viven siete personas.

Y como está en el sótano tiene humedades y los niños enferman.

No tienen agua potable.

Su hijo pequeño necesita una operación,

pero no tiene dinero para pagar al cirujano.

El proyecto Fratelli es fruto de la solidaridad de ONGs

como SED, Proyde y Manos Unidas.

Esta ropa la envió Caritas italiana.

Su destino es el campo.

Los refugiados se la reparten como buenos hermanos

porque son muy solidarios entre ellos.

SED quiere colaborarporque también intentamos que la fraternidad

sea nuestra arma secreta de transformación social.

Y lo hacemos enviando fondos a este proyecto

y atendemos y estamos a su lado continuamente.

Pero, fundamentalmente, lo hacemos a través de personas.

Este es un campo de refugiados cerca de Saida.

Hace siete años, 40 familias sirias

ocuparon este complejo escolar inacabado y degradado.

Y aquí siguen sin presente y sin futuro.

Los únicos servicios que tiene son la humilde mezquita

y una unidad de preescolar de Fratelli.

Los niños nacieron entre las ruinas de la escuela.

La profesora Rana y la hermana Marián,

franciscana misionera de María,

les dan clase por la tarde con merienda incluida.

Que ambas cosas son necesarias y más viviendo como viven.

El hermano Miquel, que fue músico del grupo Kairoi,

y la mascota FRA de Fratelli, traen un aire fresco al campo.

Los niños están encantados

porque les alegran la vida durante unas horas.

Los mayores observan con envidia la alegría de los pequeños.

Esta es la clase de informática.

Asisten 15 jóvenes, la mayoría mujeres.

Llevan cinco años en los campos

y quieren aprender informática para salir,

aunque solo sea virtualmente, del gueto en el que viven.

No saben qué será de ellos en un futuro,

pero quieren estar preparados para lo que les depare la vida.

También aprenden idiomas

y les gustaría hacer formación profesional,

que es la asignatura pendiente de Fratelli.

La reunión de profesores tiene en el orden del día dos temas a tratar.

La preparación del encuentro con los padres de los alumnos

y la organización de los campamentos de verano,

en los que participan 800 niños.

Los profesores son de distintas confesiones religiosas,

pero los alumnos son todos musulmanes.

El equipo de Fratelli se está dejando la vida en el proyecto,

y los padres agradecen lo que hace por sus hijos.

No somos héroes.

Los héroes son las personas que realmente

han tenido que pasar por muchísimas dificultades,

que han tenido que abandonar su país,

que han tenido que afrontar muchas dificultades

y que hoy pues levantan cabeza.

Nosotros les ayudamos un poquito en su heroísmo,

pero los auténticos héroes son las personas que crecen,

que aprovechan su día a día

con los medios que les ponemos a su disposición.

Pero son ellos los protagonistas

y los héroes de sus historias traumáticas.

Pero hoy de sus historias esperanzadas.

Fratelli es un oasis en medio del desierto de los campos de refugiados

Aquí los niños recuperan la alegría de vivir

y los sueños robados.

Aquí tienen acogida, respeto, educación y cariño.

Aquí cantan, ríen y juegan,

aquí son felices, al menos por unas horas.

Y eso solo, justifica la existencia de Fratelli

y el trabajo de los hermanos y voluntarios.

La capilla es el corazón de Fratelli.

La comunidad está formada por Hermanos Maristas,

hermanos de La Salle y voluntarios.

A las seis y cuarto de la mañana,

la comunidad acude a la capilla para hacer 40 minutos de oración.

La oración da sentido al trabajo de cada día.

Y hace que el espíritu que anima a Fratelli no decaiga.

Cristianos y musulmanes encienden velas con el fuego de su fe

entre plegarias y promesas a la Virgen María.

Nosotros pedimos a nuestra señora de Líbano por la paz en la región

que buena falta hace.

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Pueblo de Dios - Hermanos sin refugio fijo

09 may 2021

En Siria y Líbano viven miles de refugiados en unas condiciones muy precarias. Los Hermanos Maristas, junto a voluntarios de otros países, han puesto en marcha el proyecto Fratelli que escolariza a niños y ayuda a los refugiados en sus necesidades más básicas.

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