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Para todos los públicos Para todos La 2 - 03/10/20 - ver ahora
Transcripción completa

¿Qué tal? Hoy hablaremos de urbanismo social,

bailaremos el baile de pareja

que nos propone el terapeuta Joan Garriga

y con Patricia Ramírez aprenderemos a ser responsables.

¿Cómo se comunicarían mejor las ciudades con sus habitantes?

Desde esta premisa, un equipo de arquitectas

y sociólogas diseña espacios desde la perspectiva de género

y la ecología. De hecho, manejan un concepto,

el de ciudad cuidadora,

en el que las personas y no los edificios son el centro.

"Las ciudades, esos lugares donde conjugamos los verbos

'vivir', 'estudiar', 'trabajar', 'disfrutar', 'cuidar'

no siempre son donde habitar.

A menudo, transitamos por ellas simplemente.

Pero hay un urbanismo feminista

y ecológico que apuesta por ocuparlas y llenarlas de vida.

Eso implica superar

el viejo concepto de urbanismo patriarcal

y capitalista basado en la división sexual del trabajo

y en la dicotomía de espacio público y privado."

Que asocia y vincula a los hombres en el espacio público

y que, además, vincula las actividades productivas

como las únicas prioritarias que se hacen en el espacio urbano,

dejando de lado todas las actividades vinculadas

con lo reproductivo,

con los cuidados, pero también todo lo vinculado

con lo personal, con lo comunitario, con lo político.

Y por eso a día de hoy nuestras ciudades

no nos proporcionan un soporte físico adecuado

para hacer todas estas actividades

que hacemos en nuestra vida cotidiana

y que son muy diferentes

dependiendo de si somos hombres y mujeres,

edad, clase social, raza y demás.

"El urbanismo decimonónico diseñó las ciudades exclusivamente

en función de las actividades productivas

realizadas por hombres."

Como se ha priorizado lo masculino hegemónico

y se ha entendido que eran los hombres

que van de casa al trabajo y del trabajo a casa, por ejemplo,

los sistemas de movilidad y transporte se piensan así,

como si las personas hiciéramos recorridos unidireccionales

y lineales. En cambio, cuando analizas

la complejidad de la vida cotidiana

y desde una perspectiva de género interseccional,

ves que no, que las personas nos movemos

en muchas direcciones

y que los trayectos a veces son multitrayectos

y multidireccionales y poligonales, como decimos.

Si eres una persona que, además de trabajar,

te encargas del trabajo doméstico en tu casa,

pero, además, tienes a cargo a personas dependientes,

ya sean criaturas o sea gente mayor,

tus recorridos no van a ser casi nunca lineales.

"Los desplazamientos son poligonales porque realizamos

un montón de actividades vinculadas

a los cuidados, esas tareas estereotipadas

como femeninas y domésticas,

aunque no sea cierto."

Se ha como idealizado

o estereotipado el hecho de que las mujeres hacen vida

en la casa y que las actividades domésticas

pasan en la esfera privada.

Y eso no es verdad. Y aquí es donde empieza

la primera ruptura entre lo público y lo privado.

Muchas de las actividades domésticas

y de cuidados

pasan fuera de la esfera doméstica

porque pasan por ir a comprar en tu barrio,

pasan por cuidar, por ejemplo, en un espacio público,

en un parque, en una plaza,

por acompañar a personas a servicios médicos, etc.

"Si las ciudades actuales

no son exclusivamente para las actividades productivas

y los cuidados han salido de la esfera privada

y del ámbito femenino, el urbanismo debe reflejar

y gestionar esta complejidad."

Nosotras siempre hablamos de que el espacio no es neutro

y que cómo se han pensado

nuestros espacios y nuestros entornos condiciona

a las personas para usarlos de una forma u otra

y genera desigualdades. Cuando podemos analizar

estas desigualdades ya es un primer paso

para poder visibilizar

que hay personas que no están invitadas

a estar en estos espacios, que no se sienten acompañadas,

que no encuentran sus espacios.

Una vez tenemos estas desigualdades visibilizadas es

cuando podemos cambiar las prioridades y poner

las tareas reproductivas, de cuidados, en el centro,

a las personas y sus necesidades.

"Necesidades diversas. Por eso la participación

de la ciudadanía es fundamental a la hora de diseñar las ciudades.

Por eso, en las mesas de trabajo,

la perspectiva de género se cruza con otras variables identitarias,

como edad, origen, clase social, diversidad funcional."

No es lo mismo ser, siempre decimos,

una mujer de clase media blanca y con un trabajo remunerado viviendo

en una ciudad que el de, por ejemplo,

una mujer joven racializada que ha vivido un proceso migratorio

que vive en un barrio de clase obrera.

Vivirán y tendrán derechos y opresiones de manera diferente.

"Lo que no admite dudas es que las ciudades que favorecen

las tareas de cuidados en el espacio público

están facilitando también la participación masculina

en las actividades tradicionalmente femeninas."

Los cambios en el espacio pueden contribuir

a cambiar la sociedad en la manera de pensar,

porque al final el urbanismo es un lenguaje más,

ordena nuestro pensamiento, jerarquiza usos y actividades

y, cuando invertimos el diseño,

invertimos la configuración, también estamos contribuyendo

a una transformación

del pensamiento.

"Transformación que revierte en ciudades para ser vividas,

que potencia la colectividad

frente al individualismo y, en consecuencia, seguras.

Pero una seguridad que va más allá de la protección

de la propiedad privada, porque, si a los hombres

les preocupan los robos,

las mujeres temen las agresiones sexuales."

Las mujeres tenemos derecho a estar en la calle,

en lo público, a todas horas, como todo el mundo;

pero la sociedad patriarcal y machista se ha encargado de decir

que no, que no pertenecemos a eso.

Entonces se nos socializa, el proceso de socialización es

que hemos de tener miedo cuando estamos en la calle,

a pesar de que la mayor parte de violencias pasan en el hogar,

pero se nos socializa también para limitar nuestras libertades

y nuestra autonomía.

"Para eliminar la percepción de inseguridad,

importa y mucho la configuración física y social

de los espacios."

Cómo el diseñar ciertos espacios

que sean visibles, que sean señalizados,

que sean vitales, que haya una comunidad

que pueda cuidar de ti en ciertos momentos,

a diferentes horas del día y de la noche,

también contribuye a que tengas una percepción mayor de seguridad.

Los barios donde la gente se siente más segura

es en esos que existe un movimiento social,

un tejido asociativo que está en la calle

y que la gente se conoce.

Para que pueda haber un tejido asociativo,

la gente necesita tener espacios de encuentro en el tiempo.

"De estas urbanistas es el concepto ciudad cuidadora,

que cuida de las personas

y del medioambiente."

Pensamos que en el contexto social en que estamos de crisis de cuidados

y también de crisis medioambiental,

hay que empezar a pensar otras maneras de organizar

los cuidados, de organizar

el futuro que nos viene. Y esto pasa por poder colectivizar

y hacer de manera comunitaria

no esencialista por parte de las mujeres,

sino realmente una responsabilidad

que sea compartida, todos los cuidados de las personas

y también integrando todos los cuidados del entorno.

Tendríamos que cuidar el planeta, las personas, la sociedad, al igual

que cuidamos a las personas.

"Cuidarnos para tener lugares donde ser y estar."

Los espacios públicos tienen que estar equipados

para favorecer que la gente esté en el espacio,

porque, si no estamos,

no nos encontramos.

30 años de trabajo terapéutico con personas y con parejas avalan

la trayectoria del psicólogo Joan Garriga.

Cuando parece que ya lo había dicho todo

sobre el amor o sobre el buen amor, como indicaba en uno de sus libros,

ahora nos propone bailar juntos.

El título de su último libro es "Bailando juntos" y le tenemos aquí

con nosotros. Joan Garriga, ¿qué tal? Bienvenido al programa

Gracias. De una forma, más o menos,

salimos a pista o estamos en la pista ya

y la pareja que empieza a bailar hoy en día

lo tiene bastante difícil.

Todas las relaciones son una danza

y la propuesta del libro es que la danza se convierta

en algo nutritivo, expansivo, que dé más felicidad

que no lo contrario. Entonces un poco lo que hago es

un análisis de las danzas que permiten y facultan el bienestar

y otras danzas que desgraciadamente se convierten

en tensión, en contracción, maltrato a veces.

Todas las relaciones tienen algo de danza

donde jugamos ciertas posiciones.

Hay que encontrar un acierto en las posiciones que bailamos,

pero las malas posiciones configuran juegos psicológicos,

que si la víctima, que si el perseguidor,

que si el salvador.

Y las buenas danzas en las relaciones de pareja

y en las relaciones en general

son las danzas flexibles donde no necesitamos jugar

una posición, digamos, estereotipadas.

No siempre tenemos que ser fuertes.

No siempre tenemos que ser débiles. No siempre tenemos que ser alegres.

No siempre tenemos que ser tristes.

Sino que bailamos la danza que el momento requiere,

de lo que nos está pasando, de lo que somos verdaderamente,

y ofrecemos también en nuestras relaciones

nuestra veracidad.

Sé que hoy en día hay mucho ajetreo

y mucho tumulto respecto a la temática de la pareja

porque el confinamiento y el estrés generado

por las situaciones que nos tocan vivir

conllevan también ciertos ajustes.

Lo sacude todo, el concepto de danza,

de movimiento, de ritmo en la pareja.

Estamos hablando de una pareja tradicional,

pero ¿eso vale para todas las parejas?

Para todas. Para todas.

Sí, y, en realidad, el concepto de danza que yo pongo

en este libro vale para las relaciones de pareja,

pero también para las relaciones profesionales.

A veces nos encontramos dos personas

y no sabemos por qué nos sumamos, nos multiplicamos

y creamos danza de relación que son propicias y provechosas

o a veces estalla la tensión,

estallan los desencuentros.

Y lo que propongo en el libro es mirar

qué es lo que hay detrás de estas danzas,

quién hay detrás. Y ahí hay que entrar

en el niño,

cosas más psicológicas, más de trabajo terapéutico.

En ese sentido y habiendo trabajado,

como hemos dicho, durante muchos años

con parejas de todo tipo,

una pareja nunca está sola entre comillas,

llegan los hijos, en algunos casos, no en todos,

y también se resitúa todo.

Y está la familia, pero, Joan, propones en este libro

un orden. En este universo familiar,

propones un orden, una especie de universo de relación ordenado.

Entonces podíamos decir

"numérense, primero". Muy bien, "numérense",

muy militar el asunto.

Para ir al grano.

(RÍE) No,

lo que yo veo es que en las familias

hay una geometría ordenada que favorece el bienestar.

El amor no se discute, lo que se discute es el bienestar.

A veces el amor crece en forma de bienestar

y a veces no logra el bienestar,

sino que genera tensiones.

Entonces son conceptos tan simples

como que los padres estén en un lugar jerárquico superior,

que estén en su lugar, que los hijos estén en su lugar,

todo esto es muy fácil,

que un hijo no sea

la pareja invisible de la madre o del padre,

por ejemplo, que un hijo no quede por encima de los padres,

que un hijo no pretenda salvar la vida a una madre

o hacerse cargo de sus culpas o de cuidarla por su alcoholismo.

Es decir, hay enredos familiares.

De lo que se trata es de que los padres sean padres

y estén en el lugar de los padres,

y los hijos, hijos.

Y, por ejemplo, cada vez hay más violencia intrafamiliar

y también de los hijos hacia los padres.

Y no es para culpar a los padres,

pero el esfuerzo de los adultos es ser adultos

y el esfuerzo de los padres es ser padres.

Y algunos hijos se violentan con sus padres

porque los padres se han debilitado,

no están en su lugar o perciben que los padres

ni siquiera están bien enraizados en la vida

o tienen movimientos donde morir incluso

o de depresión.

Y entonces los hijos se enojan.

Pero lo de ponerse en su lugar,

¿en qué momento hay que ponerse en su lugar

en ese crecimiento, en esos cambios de geometría,

tanto con los padres

como con los hijos?

El poder lograr la sintonía

o ponerse en paz con los propios padres faculta

también para tomar el lugar de padre.

Y aquí actúa la propiedad transitiva

de que por un lado recibimos,

por otro lado damos.

Si pudimos estar en nuestro lugar como hijos,

luego estamos más facultados

para estar en nuestro lugar como padres

e incluso como pareja. Cuánta gente busca en la pareja

soluciones a aquello que no pudo ser o que fue excesivo

respecto a los padres.

La pareja no está prevista ni pensada

para que solucione los problemas que tuvimos

en nuestra historia o en nuestra infancia.

Aunque en la pareja lo reproducimos.

Nos adaptamos, lo reproducimos,

y lo que proponemos o lo que propone en este caso

Joan Garriga es:

"¿Nunca es tarde para resituar la pareja?".

Había un famoso psiquiatra americano,

quizá el mejor de todos los tiempos,

Milton Erickson, que decía:

"Nunca es tarde para tener una infancia feliz",

nunca es tarde para repensar,

revisar, reestructurar aquello que nos tocó vivir

y que, de aquello que fueron heridas o grietas,

luego puedan surgir cosas positivas.

Y la pareja a veces genera malestares,

genera tensiones que, si uno, en lugar de sobreactuarlas,

las aprovecha para bucear en sí mismo

o para generar más conocimiento de sí mismo,

es una oportunidad para cambiar

incluso cosas del pasado que quedaron mal digeridas.

Así que la pareja también, claro, es una de las relaciones

donde más nos toca el corazón,

igual que la relación con los padres,

así que algunos conflictos

que estallan son oportunidades para revisar.

¿Ahí es donde interviene el sistema, podríamos decir,

de las constelaciones familiares

que trabajas? Sí. Por ejemplo

el concepto de orden del que hablábamos,

es un concepto del trabajo de constelaciones.

Es un concepto agustiniano.

Las constelaciones

lo que dicen es que nunca vamos solos,

que con cada persona van muchos,

va el registro, la resonancia, el espacio de este magma grande

que es el magma familiar.

Vamos a la pareja, también decía Rilke,

cuando vamos al amor, no vamos solos como las flores,

sino que van muchos con nosotros,

asciende a través de nosotros una savia inmemorial.

Esto quiere decir

que el ejemplo de las parejas anteriores,

de los abuelos, de los padres, de todas las historias que hubieron,

de los que murieron,

de los que tuvieron un destino agraciado o desgraciado.

Todo esto influye en cómo luego nosotros

vamos también a nuestras propias danzas de pareja.

Unas danzas que han cambiado muchísimo,

en las que interviene ahora, podíamos decir, inevitablemente,

la tecnología. Aunque llevemos esa mochila,

también dices en el libro que hay un empobrecimiento

de las relaciones en general

y de las redes, estas redes familiares.

Es que el centro de la vida actualmente,

por la sociedad tan liberal,

es el yo personal. Esto, hace 50 años,

no era tanto el yo, sino que era un nosotros.

Vivimos en una sociedad posmoderna.

Entonces lo que se prioriza es el yo personal

y se le pide a la pareja que sea un engrandecedor del yo personal.

Esto genera muchas tensiones.

Es decir, vivimos en un individualismo extremo.

Entonces la pareja es un lugar justamente donde lo individual

a veces queda cuestionado porque hay que hacer espacio

al nosotros. Es una tensión dialéctica

entre yo y el nosotros. ¿Renunciando al yo quizá?

En realidad, a veces es renunciar a la tontería del yo,

a no querernos...

Porque el yo tiene muchas tonterías también.

Estamos llenos yos adentro

que tienen pretensiones, deseos, temores,

que Dios sabe de dónde vienen,

y queremos imponerlos.

Y es una oportunidad a veces para hacernos más libres.

En ese bailando, ¿no? En una contra, me decían:

"¿Y a ti cómo te ha servido la pareja en tu historia?".

Yo creo que me ha abollado un poco

el narcisismo, pero, cuanto más se abollan

algunos yoes, parece que el motor funciona mejor.

Es, podríamos decir, una de las cosas que tiene

que llevar uno consigo mismo, ¿no?

Bueno, por ahí, sí.

Ya para terminar, Joan,

la gente que intenta a por todas seguir

con su pareja o encontrar pareja,

¿tenemos que ajustar nuestras expectativas?

La necesidad de estar acompañado,

de pertenecer, de un otro significativo

es una necesidad muy humana,

sí que nunca cesa.

Ahora bien,

las expectativas tienen que ser razonables.

Por ejemplo, no se puede pedir a la pareja

lo que corresponde a los padres.

No se puede pedir a la pareja lo que corresponde a los amigos.

También la pareja cambia, depende del tramo de la vida.

Con 20 años, la pareja está llena de expectativas

y movido también, generalmente, por una gran libido,

por Eros, por un amor donde está muy presente el Eros.

Pero hay muchos tipos de amor.

Así que en otros momentos de la vida

también está la construcción de la familia,

tener hijos.

Se piden distintas cosas. Entonces remamos cada quien

para ajustarnos también a nuestras necesidades

y a aquello que queremos aportar a la vida

y lo que nos toca dar

a la vida también, que varía en función del momento.

Joan Garriga, gracias por estar hoy aquí para todos. Salud y amor.

Para todos, que así sea.

Gracias.

-Hay tres espacios

para la gente con alguna discapacidad

y uno de esos tres espacios

le pertenece a alguien.

Entonces esto es una vergüenza,

pisotear de esa manera estos símbolos.

La gente viene y se toma fotos aquí,

pero nadie repara.

De mi parte, lo que tengo que hacer es decirle

a ellos, de la Fonda 4 Vientos,

que sean empáticos,

que tenemos que cambiar nuestra manera de pensar.

¿Por qué estacionan el auto ahí?

-Se puede, cuando no hay mucha.

-El 7 % u 8 % de la población tiene

alguna discapacidad. Te apuesto a que hay gente

que necesita ese lugar.

Allí, el señor superfeliz

tomándose fotos. A esto yo lo llamo estar

completamente fuera de foco, pero estar completamente nítido.

O sea, sí te ves, pero no estás en foco.

Traigo el tapabocas, pero no dejo de hablar.

Lo que no vale es todo esto,

llenar de colillas así. Todo está lleno de colillas

Es tema de sanidad, es de cochinos tirar basura,

de ser puercos.

Mira, este es nuevo canal de la Mancha, pero de manchado,

de cada vez que tira ahí el señor sus colillas aquí.

Me paso recogiendo las colillas de todo el mundo.

No me parece que tenga que estar recogiendo

la colilla de usted. Si, al final de cuentas,

es un tema de higiene, de sanidad.

Ahí está, delantito, ahí.

Muchas gracias. Ahí está. Se lo agradezco mucho.

De eso se trata. Es un tema que hay que cambiar.

¿Qué estabas haciendo acá?

-Es un "plogging". Venimos a acompañar

a los vecinos de la alcaldía, a Miguel Hidalgo,

con esta actividad que me parece genial,

que es correr, hacer ejercicio,

y, al mismo tiempo, ir recogiendo basura.

Acá está el alcalde recogiendo colillitas.

Todo, ¿verdad?

-Todo. -Y si sale bolsa premiada.

-El "plogging" es algo que estamos replicando,

que es un modelo a nivel mundial.

¿Por qué no recoger la basura que está en nuestro camino?

-Le pido gentilmente que no tire basura

y lo único que hace es que sube su vidrio.

El país es de todos, el mundo es de todos,

la basura es suya.

Se llegan a recolectar hasta toneladas.

-Podemos dar cultura, podemos demostrar que aquí,

en Miguel Hidalgo, podemos rebasarlos.

-¿Cómo va el juego limpio de la chiva?

-Ahí vamos. Vamos a calificar.

El síndrome de Treacher Collins

es una enfermedad minoritaria

que, entre otras cosas, deforma la boca, los ojos,

las orejas.

Lluc Molins lo tiene y, con 20 años y la ayuda

de publicitarios implicados,

cuenta así de claro todo lo que hay que saber

al respecto según él.

Adelante, Lluc.

"Raro".

"Extraño".

"Anormal".

Son palabras que me han dicho durante mi infancia y juventud.

¿Qué es normal?

¿Qué es raro?

Me llamo Lluc, tengo 20 años y tengo síndrome de Treacher Collins

y hago este vídeo para dar a conocer

y concienciar a la gente.

El síndrome de Treacher Collins es una malformación craneofacial

rara incurable y afecta a 2 de cada 100.000 personas.

Nacemos sin pómulos o sin orejas,

con problemas de sordera y con problemas oculares.

También tenemos la faringe muy estrecha,

el paladar abierto

y eso nos ocasiona tener que pasar por diferentes operaciones

para poder mejorar.

-Hola, Lluc. -Hola, chata

Tengo síndrome de Treacher Collins.

Sí. ¿Y qué pasa?

Me parece penoso que en siglo XXI

aún sigamos clasificando a las personas entre normal o raro

por el simple hecho de tener unas características

que no hemos elegido tener.

Cada uno es como es.

No elegimos cómo nacer.

A mí tener Treacher Collins

es una cosa que me alegra,

que me ha ayudado

a ser más fuerte y a ser más valiente.

Tengo mis "hobbies",

mis amigos,

mi familia,

mis motivaciones.

Soy una persona como cualquiera de vosotros.

(HABLA EN CATALÁN)

Y la Mariona. Y la Clara.

-En la calle, los niños me miran,

se ríen y los padres no dicen nada.

En el metro,

te señalan y se ríen.

Y los padres pasan, como si no hubiera pasado nada.

Y eso no lo podemos permitir.

¿Por qué los padres no pueden contar a sus hijos

que todos somos diferentes,

que nadie es igual?

Tengo la cara diferente, chicas.

Pero ¿y qué? ¿Qué más da?

No importa el físico.

Importa quién eres realmente tú.

Yo he nacido para disfrutar mi vida.

Quiero ser un ejemplo para la gente,

para la gente que tiene las dificultades

en las que yo me encuentro día a día.

Deberíamos dejar de clasificar y etiquetar

a la gente en normal y raro.

No es cómo eres, sino quién eres.

Responsabilidad significa habilidad para responder

y desde luego que Lluc Molins la tiene.

Ante el COVID, de hecho, todos hemos tenido que desarrollar

muchas responsabilidades y, ahora, en siete notas,

Patricia Ramírez nos va a recordar cómo entrenarlas.

Durante estos meses de pandemia,

hemos vivido el horro, la muerte, la crisis sanitaria,

médicos, sanitarios y trabajadores

en puestos de servicio en primera línea

que están exhaustos, tanto física como psicológicamente.

No sabemos mucho sobre el virus,

pero sí sabemos que nuestras conductas responsables

pueden ayudar a contener la situación.

Así que todos tenemos que poner de nuestra parte.

Se salía mucho a aplaudir,

pero los médicos necesitan más responsabilidad

y menos aplausos. Hoy, en "Para todos La 2",

siete consejos para trabajar y entrenar la responsabilidad.

El primero:

más modelos positivos.

¿Cuántas veces hemos visto

en televisión gente sin mascarilla,

reuniones multitudinarias y hemos visto que esto no funciona

porque no educa, lo que educa es tener modelos de referencia

que lleven mascarillas,

que se reúnan pocas, o conductas muy responsables

con las que nos sintamos

identificados y a los que queramos copiar.

Dos: necesitamos rigor informativo.

Las personas nos sentimos vulnerables

cuando estamos en una situación poco controlables

y, cuando nos sentimos vulnerables,

tendemos a creernos todo lo que pasa por delante.

Debería haber algún tipo de rigor con el que las personas

podamos educarnos en una información fiable

y que dejara de correr tanto bulo

que confunde a muchas personas y que las llevan a comportarse

de manera irresponsable.

Ser prudente con lo que compartimos.

Nos gusta estar informados y nos gusta ayudar a los demás,

peor muchas veces compartimos

en las redes sociales

o en el WhatsApp información poco rigurosa

y esto es imprudente porque hay personas que son

muy vulnerables, como decíamos antes,

y llegan a creerse todo lo que aparece

en su teléfono móvil.

Cuatro: educar en valores.

Nos dimos cuenta durante la pandemia

que estábamos viviendo

una crisis de valores,

en la que falta el sentimiento de pertenencia,

la generosidad, el dar y prestar ayuda a los demás.

Y aprendimos que estos valores nos ayudaban a convivir mejor.

Pero hablar de valores no es suficiente.

En casa tenemos que elaborar un plan de acción,

un plan de acción con acciones concretas

para que nuestros hijos

y nosotros sepamos qué es ser responsable,

qué es ser generoso, qué es el sentimiento de pertenencia

y que podamos ponerlo en práctica.

Cinco: aceptación de las normas.

Sí. Hay persona por ahí que niega que el virus exista,

que niega que la mascarilla sirva para algo.

Da igual las muertes que pasen por delante de ellos

o incluso que le haya afectado a su familia,

lo niegan. Tenemos que saber que, nos gusten o no las normas,

están ahí para cumplirlas

y que no necesitas creerte lo que están diciendo en televisión

para portarte de manera responsable y cívica,

ya no por ti, que parece que niegas la evidencia,

sino por tantas otras personas

que están a tu alrededor que necesitan que tú te comportes

de manera responsable para poner a salvo su vida.

Seis: educar en la toma de decisiones adecuadas.

Sobre todo, este punto es para la gente adolescente.

La corteza prefrontal de nuestro cerebro no evoluciona

hasta los 24 años o no madura por fin

hasta los 24 años. Y esa corteza prefrontal

es la que nos ayuda a tomar decisiones correctas

porque nos ayuda a valorar el riesgo.

Si nuestros adolescentes

no saben cuál es el riesgo de una acción,

seguramente no la tomen.

Así que tenemos que ayudar a tomar esas decisiones.

Y siete: establecer

límites claros y consecuencias.

Las personas no aprenden solamente pagando una multa,

las personas aprenden cuando reparan el daño

y, de alguna manera, restablecen con servicios

a la comunidad el daño que están causando

cuando se comportan de manera irresponsable.

Y aquí tiene los siete puntos

para educarnos en la responsabilidad.

Con las notas de Patricia,

les dejamos tarea hasta el próximo sábado

Procuren ser responsables

y felices en la medida de lo posible.

Saludos para todos.

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Para todos La 2 - 03/10/20

03 oct 2020

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