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Para todos los públicos Página Dos - Paula Bonet - ver ahora
Transcripción completa

(Música)

(Música)

Paula, escribes en La anguila

"Pintando, aprendí a mirar;

la pintura me ayudó a resolver lo que no se puede decir con palabras

y es en la mancha donde consigo entender algo".

¿Quiere decir esto que aquí cuentas

aquello que no podías contar con la pintura?

O, simplemente, que la literatura y la pintura se complementan

para ti?

Para mí, la literatura es pintura y la pintura es literatura

y la danza también lo es y la música.

Yo tengo la facilidad de trabajar las imágenes.

Y durante muchos años

el deseo de trabajar con las palabras.

Para mí, la literatura es el arte que más placer me ha dado nunca,

es el arte que más respeto,

es el arte que,

no me gusta este verbo, pero lo voy a usar,

yo más he consumido, al que más horas le ha dedicado.

Y también es el que me ha salvado.

De hecho, a ti siempre te ha interesado la literatura.

Has ilustrado a Rosa Montero, Emily Dickinson, Roberto Bolaño...

¿Por qué ahora esta primera novela?

Yo creo que esta primera novela estaba palpitando dentro de mí

desde hacía muchos años.

Creo que, durante estos últimos quince años,

la novela se iba configurando

y ha sido estos dos últimos años

los que sí que me he dedicado plenamente

a decidir cómo estructurar la información que yo iba almacenando

iba ordenando,

pero que tampoco sabía exactamente cómo tenía que acabar siendo libro.

(Música)

-Pues yo empecé a dedicarme a la ilustración un poco tarde.

Porque había estudiado Bellas Artes

y quería haberme dedicado a la pintura.

En un principio.

Pero, como está la ilustración,

entonces, una cosa llevó a otra,

de conocer en alguna presentación a algún editor o lo que sea

y, oye, pues 'cómo es tu trabajo, me puedes mandar el porfolio'.

Más que mandarlo,

yo les preguntaba a ellos '¿os puedo mandar el porfolio?

¿Os puedo enseñar mi trabajo?'

Y dio la casualidad que justo estaban buscando como alguien

a algún ilustrador que tuviste como un estilo como más pictórico

y yo encajaba, encajaba en este perfil, ¿no?

(Música)

El premio a la mejor cubierta... eso creo que me abrió las posibilidades...

de, pues eso, de publicar con otras editoriales,

como, por ejemplo, Blackie Books...

que me contactó,

porque también estaban buscando a alguien que hiciese retratos, ¿no?

Ahí me contactaron y me pidieron

que hiciese un retrato del pianista James Rhodes,

para su libro,

que iba a ser publicado por primera vez en España.

Y, en este caso, bueno, creo que funcionaba para la historia,

porque era como una autobiografía.

Entonces, que apareciese su rostro y su retrato,

pues creo que funcionaba.

(Música)

Una de las cosas que más me ayudan

a la hora de decidir qué propuesta presentar

es pensar, como lector,

qué es lo que me gustaría encontrarme como portada para este libro.

En el caso de Murakami,

yo no tuve la oportunidad de leer el libro,

porque no estaba traducido aún.

Entonces, ellos me pasaron un resumen y unos puntos concretos

de lo que les gustaría que apareciese en la cubierta, ¿no?

Entonces, de ahí,

yo saqué una propuesta que creía que iba a funcionar.

Pero ellos, desde un principio,

tenían una referencia de mi trabajo sobre un cuadro,

que hice hace años,

que ellos veían ese cuadro como una posible portada para el libro.

El trabajo, el oficio del ilustrador es, también,

muy de sacrificar a tus hijos, por así decirlo.

(Música)

No es una biografía, no son unas memorias.

Efectivamente, es una novela,

por lo tanto, es un ejercicio de ficción.

¿Pero también podemos decir

que es una novela abiertamente autobiográfica?

Es una novela abiertamente autobiográfica,

que trata una serie de temas que a lo largo de mi vida

yo he ido recuperando.

Recuerdo que el primer libro que publiqué es un libro ilustrado...

Ya estoy hablando de todas estas historias.

Ya está el amor por la pintura, por la herencia,

por la carne, el cariño por mis abuelos.

Y ya hay agresiones,

agresiones de varios personajes que recupero en La anguila,

seguramente ya desde un lugar, como he dicho, mucho más sereno.

y con la conciencia de no querer esconderme,

ni en un envoltorio bello, ni en ninguna metáfora.

¿La Paula Bonet personaje es la Paula Bonet que tengo delante?

A ratos, sí y, a ratos, no.

El tema es que el lector, si quiere, que intente descubrirlo.

Sí, sí, claro, claro que estoy muy muy dentro de esta Paula

o en el personaje.

De hecho, se llama Paula Bonet Herrero,

con mis dos apellidos.

Pero hay mucha ficción.

Yo he necesitado la ficción para poder narrarme.

Para mí, la literatura y la ficción han sido revelación.

Dicen los escritores

que cuando trabajan en la ficción con hechos reales,

a partir de ese momento,

los hechos reales, efectivamente se convierten en pura ficción.

Sí, de hecho, en este ejercicio,

que las pocas personas que han leído la novela

me han puesto sobre la mesa:

Vamos a separar ficción de autobiografía

y yo hay un momento en el que soy incapaz de separarlo.

Hay un un elemento importante en este libro

que son las cartas de mis abuelos.

De hecho, La anguila sale como una carta de amor hacia ellos.

Estas cartas...

hay algunas pocas que son literales

y hay otras que sí que están recreadas;

y ha llegado un momento en el que yo ya no sé

qué palabras salieron de la mano o de la boca de mis abuelos

y qué palabras he puesto yo en su boca.

Es como que tengo muy dentro la voz de mis abuelos.

El lector va a ver

que aquí se cuenta esa trayectoria vital

de la Paula Bonet personaje

y se va entrelazando

con esa trayectoria más pictórica y profesional también de Paula Bonet,

pero es evidente que los lectores se van a sorprender

con algunas de las cosas que aquí se narran.

Por ejemplo, episodios especialmente delicados

de los que tú ya nos estabas adelantando algo.

Aquí salen un maltratador,

un músico maltratador en la primera etapa,

en la época veinteañera;

sale también un Premio Nacional de Poesía,

donde se narra el episodio de una violación terrible

o el caso de un profesor universitario

con el que la Paula Bonet personaje mantiene una relación

durante muchos años

y que no sé si etiquetar

como pigmalión vampírico y peligroso.

¿Cómo consigue la Paula Bonet escritora

no dejarse llevar por la rabia

y no escribir una novela que sea un ajuste de cuentas,

porque no lo es. No, no es un ajuste de cuentas.

Cómo lo consigo, siendo paciente.

Y entendiendo

lo importante que es hablar desde un lugar sereno,

cómo es de importante saber que lo que nos sucede a las mujeres

es igual de universal que lo que os sucede a los hombres

y que tenemos el mismo derecho a narrarnos que vosotros.

Y, sobre todo, consigo hacerlo

porque...

porque no hay, no hay sed de venganza.

El único objetivo que tengo con esta novela es

poner sobre la mesa varios temas que están siempre sobre la mesa,

pero que nadie ve

y, para mí, lo importante en este libro es

explicar que esto sucede sin ningún tipo de metáfora,

de filtro, de pudor,

y colocando mi personaje en lugares muy incómodos.

Para mí también era importante

no ser complaciente con el personaje que yo estaba encarnando.

(Música)

-Para mí era muy importante, de alguna manera,

romper esta especie como de imagen construida del adicto.

El adicto es el que duerme en cajeros,

el que se pincha en la calle, el que vive en poblados,

el que arrastra un carrito lleno de botellas.

Eso es parte de la adicción.

Pero no es la adicción.

Hay muchísimas, muchísimas personas adictas

que mantienen vidas absolutamente funcionales,

como lo hacía yo.

Como lo hacía yo.

Acercar la enfermedad a lo que es

la realidad de todos los seres humanos,

para mí era muy importante

y creo que es la mejor manera de romper un tabú.

(Música)

En 2009, yo ingreso en una clínica de desintoxicación

para tratarme,

para superar la adicción al alcohol y a la cocaína.

Y, bueno, básicamente, lo que cuento en el libro es

el previo a mi ingreso

en todo lo que podrías denominar como el infierno de la adicción,

todo lo que me ocurrió,

y, luego, los primeros pasos que yo doy dentro de ese espacio,

que es tan desconocido para el gran público,

a no ser que hayas pasado por él,

pues intentando volver a recuperar lo que era mi vida,

que le había perdido.

Es un lugar muy extraño en el que te posicionas como creador,

porque, claro, te tienes que recordar continuamente

que la máxima absoluta es no traicionar la verdad.

El germen, la gran materia prima del libro,

son mis propios diarios.

Cuando yo entro en la clínica,

una de las de las cosas que me piden que haga es

que escriba un diario, bueno, todas las noches.

Por un lado, un diario, por así decirlo personal,

no tanto de lo que estaba ocurriendo,

sino de cómo yo me sentía.

Y luego, por otro, yo, 'de motu propio', además,

dentro de la clínica,

como lo que vivo es tan excesivo, tan llamativo,

tan distinto a lo que yo hasta ese momento conocía

como mi realidad,

me descubro en la clínica, además, escribiendo otro tipo de diarios,

que son las cosas que pasan.

(Música)

Si tuviese que decir quiénes son mis padres putativos

o a quien yo considero que son mis padres putativos,

te diría que Carrère y Vigan.

Para mí, han sido dos referentes

muy muy muy importantes a la hora de escribir el libro.

(Música)

Carrère abre el libro con una de sus citas

y a Delphine de Vigan la menciono en un momento...

menciono en un momento su libro Nada se opone a la noche,

que, para mí, es una obra maestra

de la literatura, vamos.

(Música)

¿Intento romper estigmas? Sí. Los intento romper,

pero no por el hecho de romper los estigmas,

sino por el hecho de tratar con verdadero rigor

y con visos de verdad

lo que es lo que es la adicción.

La toxicomanía es una enfermedad emocional

y problemas emocionales tenemos todos los seres humanos

por el hecho de ser seres humanos.

Entonces, para mí, por ejemplo,

una de las grandes alegrías es gente que lee este libro,

que no tiene un problema de adicción

y se sienten reflejados en muchas de las cosas que a mí me ocurrían.

Al final, las drogas son un síntoma, pero no son la enfermedad.

La enfermedad es otra enfermedad.

Tiene que ver

con la gestión emocional de las cosas que nos pasan

y las cosas que nos pasan son las mismas a todo el mundo:

el desamor, la frustración, el abandono, la ira, etc, etc, etc.

(Música)

Una macro tienda de muebles familiar forma parte

de la educación sentimental de Paula Bonet.

Y es el sitio perfecto

para nuestra primera recomendación de hoy,

Leer y dormir, del escritor chileno Gonzalo Maier.

Aquí reflexiona sobre estos dos grandes placeres domésticos.

Primero, leer y, luego, dormir; una estupenda combinación.

(Música)

Mientras Maier nos recomienda descanso y lectura,

Pedro Mairal, el autor de la exitosa La uruguaya,

nos anima a leer Salvatierra,

la historia de un pintor mudo, Juan Salvatierra,

un pintor que perdió el habla a los nueve años

tras un accidente de caballo

y que, una vez muerto,

deja en herencia a sus hijos un misterioso cuadro,

un cuadro compuesto

por más de cuatro kilómetros de rollos de tela.

¿Os apetece saber lo que hay ahí dibujado?

(Música)

Mark Haber nos regala un delicioso y melancólico libro,

El jardín de Reinhardt.

El protagonista es Jacob Reinhardt,

que abandona su Croacia natal y se adentra en la selva amazónica

en busca de su mentor.

Y, bueno, ya os podéis imaginar que estamos ante un doble viaje,

uno, externo, y otro que nos lleva al interior del alma humana.

(Música)

Existen más de cuatrocientas mil especies de plantas

y, gracias a ellas, nuestro mundo y todos los que habitan en él pueden

sobrevivir.

Con este libro podrás conocer mejor a nustras amigas verdes

desde su nacimiento a su fosilización.

(Música)

Y conoce también a un grupo justiciero muy especial.

Estos ninjas, fans de la música K-pop, los disfraces

y las artes marciales,

tienen un club secreto

que lo único que quiere es proteger su barrio de cualquier peligro.

(Música)

Aquí aparecen personajes con nombres y apellidos

y otros que no.

Y los que no aparecen con nombre y apellidos están relacionados,

precisamente,

con algunos de los episodios más terribles que aquí se narran.

Pero es evidente

que habrá, quizás, lectores que puedan llegar a reconocerlos.

No sé si es un tema que te preocupa,

que en un momento dado alguien pueda nombrarlos.

Si te preocupa la reacción que puedan tener esos aludidos.

No me preocupa.

No, no me preocupa.

He sido, de hecho, muy cuidadosa.

Durante muchos años he sentido que los estaba protegiendo.

Y ahora mismo...

no es que quiera seguir protegiéndolos,

pero, como he dicho al principio, para mí lo importante es la novela.

No quiero que se lea en clave de memorias,

en clave de una acusación.

No quiero que trascienda...

...esto de lo que estamos hablando ahora mismo.

Con esto, no estoy diciendo que los siga protegiendo,

pero, de alguna manera, sí que los sigo protegiendo

y no sé exactamente qué puede suceder con eso

en el momento en el que las personas en las que me ha inspirado

para hablar de estos hechos tan dolorosos y tan terribles

puedan sentir.

Yo creo que van a sentirse protegidos,

pero, sinceramente, no es mi lugar;

colocarme en su lugar no es... no es el objetivo que tengo.

En los últimos tiempos, han publicado muchos libros

muchas mujeres han escrito

sobre experiencias más o menos similares a las tuyas.

Se siguen publicando.

Y cuando terminé de leerlo, pensé

por qué Paula Bonet ha tardado tanto,

probablemente,

porque entendía que hay cosas que hay que dejar que pase el tiempo

para poder ser narradas,

pero luego también pensé si tenía algo que ver, precisamente,

lo de los abuelos,

el hecho de que ya no estén,

y que quizás era el momento;

¿o no te afectó el hecho de que pudieran haberlo leído?

¿Cómo lo viviste?

Me encantaría que lo pudieran haber leído.

Me encantaría;

ojalá estuvieran aquí y pudieran leerlo,

porque yo creo que les gustaría.

Mis abuelos tenían una gran fortaleza

y también me gustaría que lo hubieran leído,

porque mi abuelo habría visto

cómo de sólido fue él para mí como referente.

Era la única persona de mi familia

que yo veía que tenía esa habitación propia

y que desaparecía,

aunque estuviera físicamente presente.

Y ver que había una persona en mi familia

que tenía ese mundo interior tan sólido, tan impenetrable,

tan bien construido

del que salía cuando yo, siendo una niña pequeña y gritona,

le pedía que saliera.

Me parece que me coloca en un lugar de mucha fortuna,

el haber podido entender la solemnidad, la gravedad,

la belleza que hay en el momento

en el que un creador está creando su obra.

¿De qué manera obra gráfica tuya anterior

y tu trayectoria también en redes sociales,

donde has abordado temas que aparecen aquí,

como el tema de la maternidad, del maltrato,

del aborto natural, etcétera, etcétera,

toda esa experiencia te ha servido

para poder lograr escribir esta novela?

Mira, con esta pregunta que me haces,

vuelvo a una que me has hecho anteriormente.

Por qué he tardado tanto.

Si yo ahora revisara mis redes,

hace tres años yo estaba gritando en redes. Estaba muy enfadada.

Y defendía ese enfadó y lo sigo defendiendo.

Creo que es parte del proceso.

Tenía muy claro

que no podía escribir desde ese lugar de enfado.

No, no sé, esta novela no era eso.

Si yo quería denunciar de alguna manera

lo que se acaba viendo que se denuncia en La anguila,

tenía que hacerlo con templanza.

Tenía que hacerlo bien.

Y tenía que hacerlo con seguridad y sin que me temblará la voz.

Y también a lo largo de estos años he podido leer muchas mujeres.

Dacia Maraini, por ejemplo,

que es una de las escritoras

que el personaje que yo encarno revisa constantemente.

Hay una serie de lecturas que, durante los últimos años,

me han abierto la cabeza, por usar una metáfora tosca,

me han colocado en un lugar incómodo, pero placentero al mismo tiempo;

me han enfrentado al dolor,

y yo creo que es muy importante que seamos conscientes

de cómo tenemos que mirar a ese dolor a los ojos.

(Música)

-Nuestros cuerpos, derechos y maternidades son

el campo de batalla

donde el patriarcado despliega toda su artillería.

(Música)

-Ya tengo diecinueve años.

De pronto me da por pensar algo nuevo:

¿qué pasará cuando sea demasiado vieja para él?

(Música)

-A diferencia de amigas

que a los trece años ya jugaban a cambiar pañales

y pedían de regalo un bebé para alimentar y cuidar,

yo jugaba a defenderme de las amenazas de mi tío.

(Música)

-La palabra vagina es en sí misma un insulto.

El término en latín significa vaina, esto es, la funda de la espada.

(Música)

-Durante muchos días viví aturdida por la felicidad.

Me habías marcado para siempre.

Aunque la repudiaras, seguías poseyendo mi carne humillada,

acariciándola con tus manos ausentes, modificándola.

(Música)

-Ingenuidad de mi madre,

creía que el saber y el buen oficio me protegerían de y contra todo,

incluido el poder de los hombres.

(Música)

¿Lo de ser novelista te ha gustado tanto

como para poner en riesgo tu profesión de pintora e ilustradora?

Mi profesión de pintora bebe de la profesión de escritora,

con lo que no creo

que una disciplina perjudique a la otra.

Y sí que es cierto

que, como en la pintura estoy mucho más segura

y hay menos sorpresas,

no sucede lo mismo con la literatura.

La literatura ha sido un lugar

en el que he estado muy cómoda y muy incómoda.

Pero la parte incomoda me ha servido muchísimo.

Con lo que si la pregunta de si voy a seguir escribiendo...

sí que voy a seguir escribiendo.

¿Tienes la sensación de que, después de muchos años de trabajo,

estás en un momento muy dulce de tu carrera profesional?

¿De que, a ver, que se me entienda,

que como ilustradora te has convertido en una marca,

es decir, la gente reconoce muy bien tu estilo y tu trabajo,

que estás recogiendo los frutos de tantos años de trabajo?

Mira tú por dónde,

pero siempre me he sentido libre haciendo lo que hacía

y, de hecho, el hecho de sentir que mi ilustración es una marca

no es algo que me guste, ni que disfrute,

ni que me haga sentir orgullosa.

De hecho,

si tuviera que renunciar a algo sería la ilustración.

Por cierto, te lo quería preguntar antes,

¿qué tienes tú de anguila?

Cuando me reuní con Silvia Sesé... Sí, la editora de Anagrama.

Sí, con mi editora,

después de que ella leyera la novela,

se sentó en la mesa y me dijo: "La anguila eres tú".

Ella lo tuvo claro. Lo tuvo muy claro, sí.

¿Qué tengo de anguila? Yo creo que durante mucho tiempo,

esa necesidad, ese objetivo de no ser atrapada.

Pero creo que lo interesante de la metáfora de la anguila

y lo que a mí me gustaría tener de anguila no es tanto

lo que acabo de decir,

sino la facilidad para la mutación.

¿Tú, como cuentas en la novela, y como dice Tatiana Andrade,

tampoco tienes nada de Susanita, de las tiras de Mafalda, de Quino?

Yo soy como Tatiana Andrade.

Me gusta mucho leer a Tatiana.

Ella dice

que mientras sus amigas se dedicaban a cuidar bebés de plástico,

ella juega con su primo, ella huía de las amenazas de su primo.

Me coloco en un lugar muy bonito para mí,

que es también todos los juegos con mis primos.

A mí me encantaba ir a casa de mis primos,

porque tenían todos los juguetes que yo no podía tener

y que deseaba con todas mis fuerzas,

los scalextrics, las granjas... todo aquello que era de niños,

y que yo no podía tener en mi casa. Más Mafalda que Susanita.

Más Mafalda, sí, sí.

Hay quien es más de Mafalda; otros, de Susanita.

Pero también los hay de Manolito, Miguelito, Felipe,

Guille o Libertad.

Quino, su padre, los quería a todos igual.

El genial historietista argentino murió

el 30 de septiembre del año pasado,

pero nos dejó mil novecientas veintiocho tiras

traducidas a más de treinta idiomas.

Mafalda ha marcado a generaciones de niños y niñas de todo el mundo,

pero también a dibujantes como Ricardo Siri,

más conocido como Liniers.

A nivel personal y en...

pero también creo que en América Latina,

muchos aprendimos a leer leyendo Mafalda.

-¡¡Sopaaaa!! ¿Por qué siempre sopa?

-Mafalda no te enseña a portarte bien o a tomarte la sopa

o a hacerle caso a los papás,

sino que te enseña a cuestionar el mundo que viene desde arriba,

el mundo que llega desde el poder.

Quino me influyó, este, definitivamente

como artista y como dibujante

por el solo hecho de ser el primer dibujante de historietas que leí,

que me conmovió, o sea, que claramente fue la primera,

la primera flecha que marcó el camino.

Lo que me impresiona es cómo le puso alma esos personajes.

Tanto, que a veces la gente se olvide de que son creaciones

de '¡ay, pero esa Mafalda es tan inteligente para ser una niña!'

y se olvidan de que Mafalda no es una niña,

es un señor grande,

es de cuarenta y pico de años, dibujando.

Así que gracias, Quino, por marcar el camino.

(Música)

¿Estás ya preparada

para los lectores que van a venir a saludarte,

que van a comentar contigo la lectura del libro?

Yo creo que nunca se está preparada para ello.

Con mi anterior trabajo, que hablaba también...

Bueno, era... mi anterior trabajo era simplemente

dar un golpe sobre la mesa y decir '¡¡Eeeh!!

Que esto que os parece tan extraño sucede todo el tiempo.

Hablaba de los abortos espontáneos.

Y con un libro tan breve y tan pequeño...

Es... es un libro muy pequeño Roedores.

Llegaron historias tan potentes

y llegaron tantos hombres y tantas mujeres

que se abrieron en canal

o una manera que yo no me esperaba...

No sé qué puede suceder con La anguila,

porque en La anguila sí que hay muchos temas que se desarrollan

y que colocarán al lector en lugares incómodos

o en lugares lamentablemente demasiado conocidos.

(Música)

(Música)

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Página Dos - Paula Bonet

27 abr 2021

Óscar López visita el taller La Madriguera para hablar con la artista valenciana Paula Bonet de su primera novela, 'La anguila', en la que denuncia los abusos que sufrió en su juventud. El retrato de una mujer que asume los riesgos del pasado, pero mira hacia una vida nueva.

El artista plástico e ilustrador David de las Heras muestra cómo trabaja las cubiertas de los libros, mientras que el director y guionista de cine y televisión Javier Giner, presentará su libro 'Yo, adicto'.

El programa finaliza con un homenaje al creador de Mafalda, Quino.

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