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Para todos los públicos Otros documentales - Historias de mujeres: Kenia (Cáncer de mama) - ver ahora
Transcripción completa

Soy Pauline Maulie.

Tengo 39 años y soy madre de dos hijos.

Cuando me diagnosticaron, no me impresionó demasiado.

Pero cuando empecé el tratamiento de quimioterapia,

ahí es cuando me di cuenta de lo que ocurría en realidad.

No sabía que los hombres pudieran tener cáncer de mama.

Fue un shock cuando me dijeron que padecía cáncer de mama.

Pero le pedí ayuda a Dios.

¿Un pecho permanente?

¿Cuándo y cómo?

Es difícil para nosotros porque a veces

no tienes ni un dólar al día.

Es muy difícil así tener un tratamiento.

Si no lo puedes pagar, no te van a poder tratar.

No tenemos patólogos ni oncólogos

que ayuden a diagnosticar con tiempo suficiente.

Algunos maridos amenazan a sus mujeres

con abandonarlas cuando tienen cáncer de mama.

Me siento muy bien.

Muy bien, porque las personas que he conocido

han logrado cambiar mi vida y me siento muy bien.

Nairobi, capital de Kenia.

Conocida popularmente como la ciudad verde en el sol.

Es la capital más poblada de África Oriental.

Cuatro millones y medio de habitantes

comparten esta megaurbe de contrastes.

La pobreza convive con zonas acaudaladas.

Y aquí, ser mujer y padecer un cáncer de mama

puede convertirse en una auténtica tragedia.

Estaba en shock.

Todos estábamos en shock.

Seguí el proceso, estuvieron conmigo y me ayudaron.

Mi experiencia fue dura,

pero lo tomé como un milagro que me haya curado

y que tuviera posibilidades de tratarme.

Lo asumí de forma positiva y sabía que Dios me iba a ayudar.

Las pruebas diagnósticas tenemos que pagarlas y yo no trabajo.

Mis amigos me tuvieron que dar dinero

para poder costearme las pruebas

y venir en transporte hasta aquí a hacerme mi chequeo.

Cuando pierdes una parte de tu cuerpo,

como mujer, como madre,

tu marido te puede rechazar o ignorar.

Tengo amigas que son abandonadas

y las dejan de querer porque les falta un pecho

o por alguna otra pérdida relacionada con el cáncer.

Pierden interés en ti porque te falta una parte del cuerpo.

No tienes todo lo que quieren de ti.

En un momento me dije: "Tienes 50 años,

nunca te ha faltado parte de tu cuerpo".

Me miré al espejo y lo sentí.

Pero bueno, ¿qué puedo hacer?

Creo que ser mujer en África

y, encima, tener un cáncer de mama es un drama.

En todos los aspectos.

Desde el punto de vista personal, emocional

y a la hora del tratamiento, es una situación

realmente difícil y dura.

Aterrizamos un lunes de febrero en un caluroso Nairobi.

Grabar en el hospital público más importante de Kenia,

el Kenyatta National Hospital, no ha sido fácil.

Pero tras muchos correos explicando el proyecto

y casi dos años de negociaciones,

nuestras peticiones han visto la luz.

Queremos saber cómo se aborda el cáncer de mama

en un país en el que el 40 por ciento de la población

vive por debajo del umbral de la pobreza.

Tras la primera parada en China, la doctora García Estévez

pone el foco en Kenia

como exponente del continente africano.

¿Por qué está aumentando el cáncer de mama en Kenia?

No creo que obedezca a un único factor.

Pienso que es multifactorial.

Y estas son las razones.

Primero, no tenemos patólogos y oncólogos

que puedan ayudar a diagnosticar con tiempo suficiente.

Ahora tenemos más acceso a mejores tratamientos de salud.

Cada vez hay más pacientes que están siendo diagnosticadas.

Y ahora la gente vive más tiempo.

En segundo lugar, se ha incrementado la población.

Antes teníamos más enfermedades infecciosas:

malaria, brucelosis, tifus.

Y cada vez más esas enfermedades se curan.

Ahora se pone la atención más en el cáncer.

También estamos cambiando los hábitos de la dieta africana.

Ahora vamos más a lugares de comida rápida,

como McDonald's y eso influye cada vez más

en la obesidad, uno de los factores de incremento del cáncer de mama.

¿Por qué la mayoría de pacientes vienen con estadios 4,

con estadios avanzados al hospital?

La gente piensa que por tener cáncer de mama se va a morir.

Prefieren quedarse en casa y no ir al hospital a por el diagnóstico.

En segundo lugar, las distancias desde donde viven las mujeres

hasta los especialistas son enormes.

En Kenia no tenemos muchos centros de cáncer

para que la gente pueda acceder a los oncólogos.

Solo están en las grandes ciudades,

en el sistema público de salud.

Solo tenemos dos: uno, en Nairobi y otro, a 400 kilómetros

al norte de Nairobi.

Eso significa que algunas personas

nunca tienen acceso a los servicios y nunca acuden al médico.

En tercer lugar, no hay patólogos en todos los sitios.

Se hace la biopsia y el patólogo analiza.

Pero hasta las seis semanas no hay resultados.

Y en un triple negativo,

seis semanas es mucho tiempo para comenzar un tratamiento.

Del Kenyatta Public Hospital

depende la radioterapia de toda la zona.

Si te conservan el pecho, te tienen que dar radioterapia.

Pero no hay disponibilidad.

Por eso, la mayoría de los cirujanos las mastectomizan

para no darles radioterapia.

Vayamos donde vayamos, el sentimiento de desolación

y el shock inicial frente a un diagnóstico

siempre es el mismo,

común a miles de mujeres que sufren un cáncer de mama.

Pero aquí se añade algo más.

La desigualdad en el acceso a los servicios de diagnóstico

y tratamientos óptimos.

Son las enormes diferencias que destapa

el mapa de la supervivencia.

En sus rostros percibimos la desolación.

Pero también nos impresiona la resignación

y la fuerza que demuestran ante la enfermedad.

Ha sido un tiempo muy difícil para nosotros.

Somos pobres y no estamos bien económicamente.

No tenemos recursos.

Para comenzar los tratamientos para mi abuela,

hemos tenido que acudir a familiares y amigos

para que nos dieran dinero.

Hemos venido a este hospital a comenzar el tratamiento.

Pero a veces no lo puede recibir porque no tenemos dinero.

Es difícil para nosotros porque a veces,

no tienes ni un dólar al día.

Es muy difícil así tener un tratamiento.

Si no lo puedes pagar, no te van a poder tratar.

África se encuentra en una encrucijada

ante el incremento de casos de cáncer

y la escasez de recursos y especialistas.

En países como Kenia, a la precaria sanidad pública

se une la pobreza extrema.

Sin cobertura universal de salud,

el Estado financia el 20 por ciento de los tratamientos.

Y el 80 por ciento lo deben sufragar los pacientes.

Cifras que muchas familias no pueden asumir.

Y que hace que numerosos pacientes

no puedan seguir los tratamientos.

No sabía que los hombres pudieran tener cáncer de mama.

Fue un shock cuando me dijeron que padecía cáncer de mama.

Pero le pedí ayuda a Dios.

Sentí un bulto en el pecho que crecía poco a poco.

Era como una alubia.

Y comencé a sentir un dolor muy agudo.

Todo comenzó en 2017.

Fui a hacerme un chequeo

y las pruebas detectaron que se trataba de un cáncer.

Enseguida comencé con las sesiones de quimioterapia

y completé todo el ciclo.

Pero a los cuatro meses, volvió de nuevo.

Otra vez con la misma situación.

Normalmente, hablo con el doctor

y me dice que estaré bien y así lo creo.

Porque ya he completado el tratamiento

y soy positivo, me dan ánimos

y quiero curarme y vivir mucho.

De momento, hago mi vida normal, mis quehaceres de cada día.

Soy sastre y deseo seguir trabajando de sastre.

Esos son los dramas que estamos viviendo con estas mujeres.

La mayoría nos cuentan que no pueden

hacerse cargo de una quimio, de una radioterapia

porque ese dinero lo tienen destinado

a pagar los estudios de los hijos

o a pagar los estudios de las nietas.

A diferencia de países occidentales, como España,

las campañas de prevención apenas existen.

Más del 90 por ciento de las mujeres

diagnosticadas con un cáncer de mama

son tratadas con mastectomía radical.

Y la mayoría desconoce que existe una reconstrucción mamaria.

Muchas temen el qué dirán en su familia o comunidad.

Confunden el cáncer con una infección

o incluso con asuntos de brujería,

retrasando la cita con el médico.

Me gustaría saber por qué hay

un nivel tal alto de mastectomías en Kenia.

La mayoría de las pacientes que vienen

presentan un tumor localmente avanzado,

un T3 o T4.

Si tienen un T3, les practicamos una mastectomía.

Y si tienen un T4, les damos un tratamiento

para que se reduzca el tumor y luego hacemos la mastectomía.

Algunas pacientes vienen en estadios iniciales

y les damos diferentes opciones.

Algunas pasan por la mastectomía.

La reconstrucción es una opción, pero el problema es el precio.

El precio de los implantes es realmente caro

y la mayoría no se lo pueden permitir.

Como colega, como cirujano,

¿cuál es el sueño, qué es lo que desearía realmente

que mejorase en esta profesión?

Me gustaría tener una unidad especializada,

una unidad específica de cirugía oncológica de cáncer de mama.

¿Ser mujer en África y, encima, tener un cáncer

complica mucho más las cosas?

Algunos maridos amenazan a sus mujeres

con abandonarlas cuando tienen cáncer de mama.

Y en algunos aspectos, dependiendo de la educación, es complicado.

Pero ahora estamos aumentando la educación

y quizá esto no se dé tanto en los jóvenes.

Pauline es una de esas mujeres jóvenes

con acceso a la educación y con una pareja

en la que siempre ha encontrado apoyo.

Tiene 38 años y acude al hospital

a recibir su tratamiento siempre sola

porque, nos dice, debe ser fuerte.

Cuesta que las pacientes se abran

y que nos muestren su lado más íntimo.

Pero en todas vemos algo común:

mujeres fuertes frente a la adversidad.

Yo nunca lloro.

Nunca he llorado.

Solo lloré el día que me hicieron la mamografía y la ecografía.

Fue el 17 de octubre de 2017.

Ese día lloré.

Pero desde entonces hasta ahora no he llorado.

Cuando comencé mi tratamiento, el pelo se me empezó a caer.

Y mi cabeza estaba brillante.

Me preguntaban mis hijos que por qué me había quitado el pelo.

Y me decían: "Tápate la cabeza, que no se te ve bien".

Y yo les decía: "No os preocupéis,

el pelo va a volver".

Y volvió.

También me preguntan si volverá mu pecho.

Les digo: "No, no volverá,

pero tengo uno y soy feliz con ese".

Y ellos me dicen: "Bueno, estás bien con pelo y un pecho".

Y estoy contenta, los aprecio tanto.

Vivo a tres kilómetros de Nairobi,

en un lugar llamado Lolongo.

Es un área de slam, muy pobre.

Un lugar nada seguro, con muchos secuestros.

A partir de las ocho de la tarde no puedes salir a la calle

porque te pueden secuestrar, pero intentamos sobrevivir.

Por las mañanas, cuando los niños tienen que ir al colegio,

me suelo levantar a las cinco y media de la mañana.

Preparo el desayuno para los niños y el papá.

Y los niños se despiertan a las seis menos cuarto.

Desayunan y preparo a mi hija mayor para ir al colegio.

Después vuelvo a casa a por el más pequeño

y lo llevo a él al colegio.

Después vuelvo y limpio la casa,

hago la colada y si necesito algo, salgo.

Veo a mis amigos y por la tarde, antes de las cinco,

a menos cuarto, vuelvo al colegio y traigo a mis hijos a casa.

Sí, he estado rezando para que cambiara mi vida.

Para curarme y tener trabajo

y ayudar a mi marido para poder ir a vivir a otro lugar.

Los médicos que entrevistamos se sienten impotentes

ante la falta de recursos

y la escasez de patólogos y especialistas.

Otro desafío es la masificación,

que comprobamos recorriendo las instalaciones del hospital.

Pero hay más: la falta de máquinas especializadas.

En países como Kenia o Tanzania,

apenas hay un aparato para más de cinco millones de habitantes.

Este es el único hospital público con salas de radioterapia.

Utilizan máquinas de cobalto que ya no se usan

al no ser tan precisas.

Necesitamos más máquinas para más pacientes.

No son suficientes las que tenemos.

Solo tenemos tres máquinas públicas de radioterapia para toda Kenia.

Tres máquinas, una lineal y dos cobaltos.

Hay gente que si no tiene dinero, no puede ir

a hacer este tratamiento ni a las clínicas privadas.

Me llamo Rhoda. Tengo 50 años.

Para mí fue un shock cuando vi que tenía

un bulto inflamado en mi pecho izquierdo.

Primero, me quedé en silencio

porque me dio miedo pensar qué diría la gente sobre mí.

Así que esperé, esperé un tiempo

hasta decirlo, incluso a mi marido.

Guardé silencio durante tres meses.

Entonces, cuando lo volví a tocar, había crecido.

Así que decidí romper el silencio.

El primer desafío fue perder parte de mi cuerpo a mi edad.

La otra fue ser diagnosticada con cáncer.

Yo veía en la televisión y oía lo malo que era.

Otro reto era la medicación.

También, cómo me va a entender la gente

cuando sepan que tengo cáncer de mama.

Estoy fuerte, pero me ha afectado económicamente a la familia.

Mi hija ha terminado el colegio,

pero no puede acceder a más estudios

porque el dinero que he gastado en la operación era mucho.

Rhoda tiene hoy sesión de radioterapia.

Ha salido de su casa a las tres de la madrugada

para llegar a tiempo y no perder su turno.

El cáncer de mama solo se trata en las grandes ciudades.

En zonas rurales es imposible, solo hay dispensarios.

Y las grandes distancias son, además, un problema añadido.

Como la mayoría de las mujeres con cáncer de mama,

Rhoda sufrió una mastectomía

y su sorpresa ha sido al enterarse

durante la entrevista que es posible una reconstrucción.

¿Un pecho permanente?

¿Cuándo y cómo?

Los hombres huyen y no tienes esperanza.

Y no puedes darles más hijos.

Te llama la atención la falta de información de las pacientes.

No saben lo que es una reconstrucción mamaria.

El 95 por ciento de las mujeres

están sometidas a mastectomías

y no saben, se quedaban boquiabiertas

cuando tú les explicabas que en España

tenían la posibilidad de volver a tener el pecho,

artificial, aunque a veces, con trasplantes autólogos.

Con lo cual...

Yo he vivido más drama que otra cosa como oncóloga.

Las historias que hemos compartido con ellas

son auténticos dramas.

Yo diría que el cáncer de mama está creciendo

porque si se miran las estadísticas globales de 2018,

se muestra que es el que más se da junto con el de cérvix.

Doctora, teniendo en cuanta

que casi el 60 por ciento de las pacientes

con cáncer de mama que se presentan aquí

tienen un estadio avanzado,

¿cómo se siente teniendo que dar esa noticia tan frecuente?

Como oncóloga de esta unidad,

ver a mujeres con cáncer de mama muy avanzado es deprimente.

Las mujeres se ven un bulto

y su deseo es que desaparezca y lo ignoran.

O van a un centro cercano y les dicen que no es importante.

Cuando llegan a nosotros, ya están en estadio 3 o 4.

Esos pacientes son difíciles de llevar.

Algunos vienen con heridas sangrantes.

Algunas se han ulcerado en falso.

Y generalmente, todas tienen mucho dolor.

La doctora Katerine Yongesa es una de las top

en radioterapia y oncología clínica

y toda una celebridad en Kenia.

Su lucha está en la prevención y la exploración.

Formada como muchos de sus colegas en Sudáfrica,

es la responsable del departamento

de tratamiento en el Kenyatta Public Hospital.

Y, como la mayoría de sus colegas,

compagina su labor en la sanidad pública

con su labor en su propio hospital privado.

Centros privados que cada vez proliferan más en Nairobi.

How did you create this center?

No ha sido fácil. La caridad comienza en casa.

Después de muchos años trabajando en el sector público,

más de 20 años, vi que había una asignatura pendiente,

especialmente, en los pacientes de cáncer

y el acceso a los tratamientos.

Por esa razón, tuve el apoyo

y junto a mi marido creamos este centro.

Y tuve apoyos en Estados Unidos para crear este hospital

y traer equipos más baratos.

Creamos este centro en 2010.

Y hemos asistido a 18 000 pacientes en tratamientos.

Echo de menos dormir, pero como mujer,

tenemos que ser fuertes.

Cuando tienes un sueño que crees que lo puedes conseguir,

tienes que centrarte en ello.

Amanece en Masai Mara.

Hemos volado a 400 kilómetros de Nairobi

para adentrarnos en la sabana africana.

Pocas cosas emocionan tanto como la reserva de Masai Mara.

En esta zona prodigiosa y protegida,

habitan animales en libertad

en un paisaje que atraviesa el río Mara

y salpicado por aldeas del pueblo masái.

Acabamos de llegar a Masai Mara. Hemos venido como parte

del documental "Historias de mujeres, segunda parte, Kenia".

Y a diferencia de la primera parte,

que es Nairobi, aquí venimos a confirmar todo lo contrario.

Es decir, que la etnia masái, las mujeres masái

prácticamente no desarrollan cáncer de mama.

En Kenia, la etnia masái es uno de los colectivos

con menor incidencia de cáncer de mama del mundo.

Y la clave parece estar en el alto contenido de frutas y verduras

de la dieta de estas mujeres

y en su actividad física continuada.

Son ellas las encargadas de cuidar a sus hijos.

Y son también las encargadas de caminar

kilómetros y kilómetros diariamente en busca de agua potable.

Eso hace que mantengan una actividad física continua

durante toda su vida.

Hemos venido a una aldea masái para confirmar

o para comprobar, sobre todo,

cuáles son los hábitos de la mujer masái.

Hemos confirmado que se levantan muy temprano,

que prácticamente llevan la carga familiar,

el trabajo tanto en el hogar como en el campo,

como los animales y los niños.

Y que tienen una actividad física continua.

Tengo 53 años.

Y normalmente, me levanto temprano,

sobre las seis de la mañana.

Voy a ordeñar las vacas y también ordeño las cabras.

Y cuento a todos los animales para asegurarme de que están aquí

y luego los sacamos a pastar.

Voy a por agua cada día.

Y me encargo de la comida, de cocinar para los niños

y de darles de comer.

Los masái, una antigua tribu de guerreros,

son pastores seminómadas que buscan el pasto

en las tierras de Masai Mara.

Es una de las tribus más conocidas del mundo

por sus bailes y sus vistosas túnicas de color rojo.

Su poblado tiene forma circular

y viven en chozas hechas con adobe y estiércol.

Aunque su vida gira en torno al pastoreo,

muchos masái tienen hoy otros empleos

y siguen respetando las tradiciones.

La práctica de la poligamia es habitual.

Y tener muchas esposas sigue siendo símbolo de poder.

Son mujeres con una vida muy dura.

Con unos hábitos saludables.

Con una serie de factores,

una serie de factores que unidos probablemente nos confirmen

esa baja incidencia que tienen de cáncer de mama.

Atravesar la gran planicie que surca el Masai Mara

es toda una aventura.

Nos desplazamos en grandes vehículos

que suelen utilizarse para los safaris,

los circuitos turísticos más extendidos

en lugares como Kenia o Tanzania.

El sueño de muchos viajeros.

Una experiencia inolvidable

y también, con situaciones inesperadas.

Carreteras sin asfaltar, caminos de piedras,

ríos que nos sorprenden y hasta engullen el vehículo.

Así es moverse por un territorio mágico,

pero también inhóspito y lleno de imprevistos.

Nuestro viaje al dispensario masái nos llevó más de medio día.

Horas para divisar trayectos infernales,

llenos de polvo, naturaleza en estado puro.

Suficiente para sentir en carne propia

la dificultad de una vida

en este territorio bellísimo, pero hostil.

El dispensario emerge casi en mitad del desierto.

Y nada más entrar, nos sorprende

un ambiente lleno de luz y color.

La doctora García Estévez acude con su equipo

para conocer cómo se atiende a las mujeres masái

y por qué apenas padecen cáncer de mama.

Tenéis que exploraros cuando notéis

un picor durante vuestra lactancia.

La exploración es fundamental.

Nunca lo olvidéis.

Buenas tardes, doctor.

Gracias por atendernos esta tarde.

Me gustaría confirmar con usted

la percepción que tenemos de que la población masái,

las mujeres apenas desarrollan cáncer de mama. ¿Esto es verdad?

Mi percepción es que la incidencia es muy baja

en la comunidad masái.

Uno de los factores es la dieta, la alimentación.

Otro es que creemos

que dan de mamar a sus hijos mucho tiempo.

La mujer masái sabe muy poco sobre el cáncer de mama.

Las que saben solo saben que es muy malo.

Puedo decir que el 90 por ciento de las mujeres masái

no saben lo que es el cáncer de mama.

Cuando sospechamos que una mujer

tiene cáncer de mama,

lo que hacemos es referirla a un especialista en Nairobi.

Especialistas que tratan el cáncer.

Normalmente, lo que hacemos es referir a pacientes

que no podemos llevar nosotros y que no se pierdan por el camino.

Que vean al especialista.

Y hacemos a partir de entonces un seguimiento

porque conocemos a todos en esta comunidad.

Estoy agradecida por ser masái y ser culta.

Por haber ido al colegio y poder ayudar a mi comunidad.

Muy pocas, creo, solo sospechamos que puedan tener cáncer de mama.

Pero en tierra masái esto no es común.

Las que lo tienen ni siquiera son mujeres masái.

Y las referimos a los hospitales grandes.

Cuando una mujer masáis se hace screening en un hospital grande,

el resultado siempre es favorable a la paciente.

Y creo que es por nuestro estilo de vida.

Evitamos comer hidratos, comida basura y precocinados.

Comemos mucha verdura y especias. Tenemos mucha actividad.

Trabajamos para la familia, en el campo,

recolectamos leña para el fuego y todo eso nos hace fuertes.

Es raro ver cáncer en nuestra comunidad

por nuestra dieta alimenticia y estilo de vida.

África nos puede enseñar algo tan importante

como es la vida tan sencilla que llevan las mujeres masái,

tan dura, pero que a la vez, esos hábitos saludables

las están, probablemente,

salvaguardando o evitando que desarrollen cáncer de mama.

(CANTAN EN LENGUA MASÁI)

En África el cáncer causa ya más muertes que el sida o la malaria.

Pero ¿a qué se debe el aumento del cáncer

en Kenia y en toda África?

Como siempre, es algo multifactorial.

Pero si hay algo que destacar

y que nos transmitieron los especialistas,

es que la obesidad en Kenia será una pandemia

en los próximos años si no se pone remedio.

Lo constatamos grabando por las calles de Nairobi.

El estilo de vida, cada vez más sedentario,

la comida rápida y la falta de ejercicio

es cada vez más común entre la población.

Frente a los establecimientos de comida rápida,

cada vez más presentes en África, numerosos chefs reconocidos

se involucran en llenar sus cartas

de productos y recetas saludables.

Aquí tenemos nuestro salmón pochado.

Es muy saludable. Como ves, no se usa agua,

solamente aceite de oliva, vino blanco y el jugo del pescado.

La quinoa está elaborada también con aceite,

tomate, verduras, cebolla, todo muy natural.

La salsa no tiene mantequilla.

Ponemos rúcula que cultivamos aquí.

Los tomates cherry también se cultivan aquí.

Básicamente, menos el salmón, todos los ingredientes

los cultivamos nosotros y es una forma muy saludable de comer.

Cambiar hábitos y mejorar la alimentación

en un país en el que hay personas que sobreviven

con un dólar al día es tarea prácticamente imposible.

También llegar a pagar los tratamientos de quimioterapia.

No cargar a tiempo la tarjeta sanitaria

impide recibir la sesión fijada para hoy,

como le ha ocurrido a Pauline.

Pauline es una mujer

con un cáncer de mama avanzado,

con metástasis pulmonares.

Que no tiene la información que tiene una mujer española.

La palabra metástasis la conoció cuando yo hablé con ella.

Con un tratamiento, a veces puede ser subóptimo

cuando tú lo comparas con una mujer española.

Personalmente, Laura me explicó

que había tres o cuatro tipos de tumores de mama.

Yo solo sabía que existía el cáncer de mama.

Estaba confundida.

¿Cómo puede ser que los doctores te traten de diferente manera?

Que me diga uno que hay varios tipos de cáncer

y, sin embargo, que nadie me hubiera informado de ello.

Y, realmente, me preocupo.

Aquel día no pude recibir mi tratamiento

porque mi tarjeta sanitaria no estaba cargada.

Tenía que pagar más de lo que usualmente pago.

No tenía suficiente dinero. Tuve que esperar,

buscar dinero de mis amigos

y no pude recibir el tratamiento hasta la semana siguiente.

Como oncóloga, te crea mucha impotencia y frustración

que de acuerdo al sitio donde tengas la enfermedad,

vas a tener más posibilidades de supervivencia o no.

África es el continente olvidado.

La hambruna, la pobreza, la falta de recursos,

la corrupción hace que médicos españoles

vengan voluntariamente a operar

y salvar a una población dejada de la mano de Dios.

En Nairobi propiciamos este encuentro

con cirujanos, anestesistas y estudiantes de medicina

que acaban de llegar de una de las regiones

más pobres de Kenia: Turkana.

Nosotros llevamos muchos años viniendo a Kenia.

A una zona llamada Turkana, donde está el lago Turkana,

que está al sur de Etiopía.

Que es una zona paupérrima, donde viven los turkana.

Y venimos a hacer una campaña quirúrgica.

Mi parte, la de la ginecología,

desastres obstétricos como los que ocurren en Turkana

porque las mujeres turkana

no tienen un control de su gestación.

Paren donde paren, debajo de una acacia, en una manyatta.

Los partos son prolongados durante días.

Cuando acuden al hospital, es porque ya

un parto natural no se puede realizar.

Algunos cánceres de mama sí.

Pero cuando han llegado ha sido en estadios tan avanzados

que lo que hemos hecho ha sido intentar hacer una cirugía

para que esa mujer tenga una calidad de vida,

por lo menos, que no se infecte esa herida

y que el tiempo que le quede sea con el menor dolor posible.

Reconozco que soy una afortunada en la vida

porque podría ser una mujer turkana.

Con sus... Turkanitos.

Con sus turkanitos al lado.

Y soy médico, soy ginecóloga.

Vivo en España, abro el grifo y tengo agua.

No tengo que ir caminando

a hacer un agujero en el río para coger agua.

Es un deber devolver un poco lo que la vida te ha dado.

Ha sido un encuentro muy bonito, muy emotivo.

Es algo que nos une

al colectivo médico.

Que no solo estamos encasillados en el hospital,

sino que tenemos otras inquietudes.

Con lo cual, es algo que te honra

como profesional y como persona.

Kenia, con más de 40 millones de habitantes,

aparece en la lista de los países

con escasez crítica de personal sanitario, según la OMS.

El personal sanitario del sector público

se queja de la escasez de recursos, los salarios bajos

y la falta de oportunidades,

que les obliga a emigrar a otros países.

En Kenia hay un médico por cada 10 000 habitantes.

Y la mayoría pertenecen al sector privado.

Estamos en el hospital de Nairobi,

en la zona de tratamiento de cáncer.

Esta es la máquina más moderna que tenemos en Kenia.

Es capaz de tratar diversos tipos de cáncer.

Esta máquina puede girar alrededor del paciente.

Por ejemplo, ahora está preparada

para un paciente con cáncer de mama.

Aquí está colocado el paciente mientras la máquina rota

alrededor de la zona del tumor para tratarlo.

Los dos giran alrededor de un ángulo apropiado

para tratar el tumor.

Entramos en uno de los hospitales privados

más punteros de Kenia: el Nairobi Hospital.

Aquí sí se realizan mamografías,

pero lo primero es palpar a las mujeres

y si se encuentra algo sospechoso, se realiza la mamo y la eco.

No tenemos un programa nacional

de screening para el cáncer de mama.

Cuando notan un bulto o sienten dolor,

las mujeres acuden, pero muy pocas vienen

para hacerse un chequeo rutinario cada año o dos.

Generalmente, vienen cuando tienen algún síntoma.

Así ocurre en nuestro hospital y, especialmente, en la periferia.

Es verdad, para algunas es desconocimiento,

porque suelen venir muy tarde al pensar que es una infección,

una dolencia que han tenido previamente.

Por eso, no tienen la conciencia

de que deben venir a hacerse una revisión de sus pechos.

La causa principal de que no vengan es el precio.

Y el hecho de que no se realicen mamografías

en algunos lugares del país.

Solo en sitios limitados.

Solo en los hospitales grandes.

La ecografía es posible, pero la mamografía, no.

Solo la clase alta y los expatriados

acuden a este centro, es decir,

la inmensa minoría de una élite de privilegiados.

Sus instalaciones son modernas, limpias

y hasta con gimnasio para el personal sanitario.

El hospital dispone de un gimnasio.

Es un club de salud para la gente que trabaja aquí.

Para que puedan hacer cada vez más ejercicio.

Y tengan una buena salud física y se cuiden.

Así se encarga el hospital de cuidarnos.

Nos ayuda a prevenir y tener buenos hábitos.

Hay muchos cambios en el estilo de vida.

Y un incremento de la obesidad que predispone al cáncer de mama.

Como parte de la realidad de Kenia.,

No solamente podríamos quedarnos con la medicina pública,

porque están proliferando, los compañeros nos lo decían,

proliferando los hospitales privados.

De hecho, en Nairobi hay tres o cuatro centros

realmente muy buenos.

Estuvimos en el Hospital Nairobi.

Un hospital exclusivamente privado.

Muy similar a lo que puede ser un hospital español,

tanto público como privado.

Con todos los adelantos,

con todo un equipamiento modernísimo.

Y claro, es un contraste brutal porque...

Te puedes imaginar que solo la clase media y la clase alta

son los que pueden acceder a este tratamiento.

Es sábado y Pauline se toma el día libre.

Junto a su marido y sus dos hijos,

hace lo que cualquier keniata en Nairobi los días de descanso.

Disfrutar de uno de los parques más concurridos de la ciudad.

Aquí desconecta y aprovecha cada minuto al lado de los suyos.

Son buenos momentos.

Desconecto y veo diferente gente haciendo cosas distintas

a las de mi casa y el ambiente donde vivo.

Me refresco la mente.

Y me siento bien.

Cambio de ambiente y no tengo que pensar tanto.

Por eso, cuando vengo a este parque me siento mejor.

Sí, mi marido me ayuda mucho.

Te quiero mucho.

Tenemos problemas económicos.

Es duro para mí mantenerla, comprar comida.

Que ambos podamos sentirnos bien.

Que podamos criar a nuestros hijos juntos.

Y si en futuro veo a otra mujer afectada como yo,

le animaría mucho para decirle

que si solo tiene un pecho,

sigue siendo mujer.

Y que puedes hacer muchas cosas.

El 22 de junio de 2019

es el día que celebramos nuestra boda.

Fue un día maravilloso

porque sentía que los problemas habían desaparecido.

Y me sentía como una nueva persona.

El día de mi matrimonio lo pasamos muy bien.

Mis hijos estaban felices.

Fue un día genial para todos.

Invitamos a los amigos y están también felices con nosotros.

No, no me casé porque estuviera enferma.

Lo veníamos planeando desde hace ya tiempo,

pero este era el momento justo para hacerlo.

Cada día le digo que la quiero

y que la querré siempre muchísimo.

Yo siempre le digo que será mi dulce amor.

Se dice que ellas, las mujeres, son el motor de África.

El futuro que abre una esperanza a un continente olvidado.

Sus historias, como la de Pauline,

están llenas de sueños por cumplir,

de deseos por conseguir.

Y de un horizonte que querrían vislumbrar lleno de luz.

Me considero una mujer muy afortunada.

Que me haya pasado a mí, venir a tratarme a España,

es lo más grande.

Para nosotros y para mí es lo mejor que me ha pasado.

Todos a quienes he conocido

los llevaré siempre en mi corazón y en mi alma.

Otros documentales - Historias de mujeres: Kenia (Cáncer de mama)

49:12 01 feb 2020

Serie documental sobre el cáncer de mama que viaja a cinco países para conocer casos en primera persona. Un proyecto ideado por la oncóloga Laura García Estévez y dirigido por la periodista de RTVE Paz Rubio, que hace una radiografía del cáncer de mama en el mundo. El equipo desplazado hasta Kenia ha grabado en Nairobi y Masai Mara. Nuestra protagonista, Pauline, es una mujer joven que representa los problemas de sufrir y sobrevivir al cáncer de mama en un país como Kenia.

Contenido disponible hasta el 30 de enero de 2025.

Serie documental sobre el cáncer de mama que viaja a cinco países para conocer casos en primera persona. Un proyecto ideado por la oncóloga Laura García Estévez y dirigido por la periodista de RTVE Paz Rubio, que hace una radiografía del cáncer de mama en el mundo. El equipo desplazado hasta Kenia ha grabado en Nairobi y Masai Mara. Nuestra protagonista, Pauline, es una mujer joven que representa los problemas de sufrir y sobrevivir al cáncer de mama en un país como Kenia.

Contenido disponible hasta el 30 de enero de 2025.

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  • No soy un negrata

    No soy un negrata

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    1:25:23 ayer En junio de 1979, el aclamado autor James Baldwin se compromete a llevar a cabo una tarea compleja: contar la Historia de América a través de las vidas de tres amigos asesinados: Medgar Evers, Martin Luther King y Malcom X. Contenido disponible hasta el 3 de junio de 2020.

  • 58:47 ayer Monty Don recurre a la famosa tradición artística de Francia para ver qué influencia ha tenido en los jardines del país. Monty viaja a algunos de los jardines de artistas célebres, incluido el creado por el impresionista Claude Monet, el De Cézanne, el jardín cubista de Guevrekian y otros más. Contenido disponible hasta el 3 de junio de 2020. Histórico de emisiones: 30/10/2018 13/11/2019

  • 51:37 ayer En Francia, como en todas las cocinas del mundo, las sopas calientan los cuerpos y las almas en invierno, y aportan frescura y energía en verano. La sopa, el consomé, el potaje, el velouté. Veremos la variedad de sopas y curiosas dependiendo del lugar, francesa, ucraniana, vietnamita y originales. Contenido disponible hasta el 3 de junio de 2020.

  • 58:43 pasado martes Monty Don está en un mercadillo de Aix en Provence, ya que un tercio de los franceses compran la fruta y verduras en los mercadillos. El francés siente apego a los productos locales y nuestra historia comienza desde los Monasterios Mediales hasta las actuales pequeñas explotaciones del mundo rural. Contenido disponible hasta el 2 de junio de 2020. Histórico de emisiones: 29/10/2018 12/11/2019

  • 24:11 pasado martes Jamie va a cumplir treinta años y quiere celebrarlo visitando la costa de Amalfi. Invitará su fiesta a toda la gente con la que ha tratado en Italia para que vean sus progresos y lo que ha aprendido de ellos. También conocerá al padre de Genaro, el chef que le hizo amar la cocina italiana. Contenido disponible hasta el 2 de junio de 2020. Histórico de emisiones: 18/12/2019

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  • El legado celta de Galicia

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  • Ciencia líquida: Transporte

    Ciencia líquida: Transporte

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    20:14 pasado viernes El transporte del futuro en las grandes ciudades o entre estas, que se vislumbra inteligente, libre, seguro, personalizado, sin fricción, sin gasto de energía, casi instantáneo, ya es una realidad. Así lo confirman los ingenieros que trabajan en laboratorios de conducción que visita GZA. Contenido disponible hasta el 29 de mayo de 2020. Histórico de emisiones: 17/08/2018 26/07/2019

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