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música

Esta historia comenzó hace más de 1.000 años

en la Península Ibérica.

Allí se enfrentaban cristianos y musulmanes

en un conflicto que duraría casi ocho siglos

Fueron años de guerra,

pero también de un fructífero intercambio cultural

En los territorios ganados

por las tropas cristianas al Islam

surgió un arte nuevo: el mudéjar

Iglesias y palacios en ladrillo y cerámica

que unían la arquitectura cristiana

con la tradición decorativa islámica.

Pero lo mejor de esta fusión de culturas

se guardaba en el interior

Allí la carpintería mudéjar

construyó techos de una belleza jamás vista

Obras de arte únicas en el mundo

Durante casi cinco siglos

aquellos imponentes artesonados

fueron los cielos estrellados

de miles de iglesias y palacios

en la península y en la América Hispana.

Hasta que llegó su decadencia

Los techos mudéjares pasaron de moda,

y su vieja madera dejó de ser admirada

Un día, unos visitantes extranjeros

se fijaron en ellos.

Asombrados por su belleza y grandiosidad,

quisieron llevárselos para decorar sus mansiones

En las primeras décadas del s.XX

los techos mudéjares se convirtieron

en objeto codiciado

por algunos de los coleccionistas de arte

más importantes del mundo

Esta es su historia

Los cielos españoles

música

Teruel es hoy una pacífica ciudad

de 35.000 habitantes,

famosa por sus torres mudéjares,

declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO

En la catedral de Santa María

se encuentra la llamada 'Capilla Sixtina

del arte mudéjar'.

música

Una armadura de par y nudillo

de 32 metros de longitud,

que fue uno de los primeros techos

de carpintería hispano-musulmana

realizados en la península

música

Hay una decoración de carácter cósmico,

que refleja el cielo,

un cielo que está relacionado

con un microcosmos, en este caso

del buen gobierno de la ciudad.

Porque toda la decoración figurada,

reyes, reinas, órdenes religiosas,

caballeros, artesanos,

lo que intenta representar

es el buen gobierno, en este caso de una villa

como es Teruel,

hacia finales del s.XIII

En el techo de la catedral de Teruel

también fueron retratados sus constructores.

Eran conocidos como los carpinteros de lo blanco,

llamados así por el color de la madera que empleaban

Debían ser maderas de fibras largas y paralelas,

para fabricar vigas, pilares y tirantes.

Las mejores eran las coníferas,

y en especial el pino.

música

Entre los carpinteros de lo blanco,

el conocimiento de la geometría era esencial.

Un juego de cartabones

permitía trazar las piezas de madera

sin necesidad de levantar planos,

y haciendo posible que la estructura del techo

fuera prefabricada en el suelo.

Una técnica que simplificaba el diseño de estas armaduras

y que hizo posible que se fabricaran por millares

música

A comienzos del s.XVIII

el techo de la catedral de Teruel

fue tapado por una bóveda de yeso

que lo mantuvo oculto durante más de dos siglos

Para entonces, aquellos techos ennegrecidos

por el paso del tiempo,

eran considerados como algo anticuado.

El oficio de la carpintería de lo blanco

acabó por perderse,

y pronto nadie supo cómo mantenerlos o repararlos.

música

En el s.XIX, los techos mudéjares

se enfrentarían a amenazas todavía mayores.

Durante la invasión napoleónica,

cientos de conventos y palacios

fueron destruidos.

Se expropiaron a la Iglesia antiguas abadías

y monasterios que fueron malvendidos

y sus bienes dispersados.

Las casas nobiliarias pusieron a la venta

sus palacios y obras de arte.

A principios del s.XX,

España se había convertido en paraíso

para anticuarios y chamarileros.

música

En una sociedad caciquil

con población mayoritariamente analfabeta,

el desinterés por la conservación

de los vestigios del pasado era casi absoluta.

Tampoco existía legislación

que protegiese eficazmente a las obras de arte.

Pagando, o con los contactos adecuados

podía conseguirse casi todo.

música

Al otro lado del Atlántico

los Estados Unidos de América

son una nación joven

que acumula inmensos recursos.

En la construcción del ferrocarril,

en nacientes industrias como el petróleo,

o gracias al capitalismo financiero y las patentes,

se amasan grandes fortunas

Magnates como John Pierpont Morgan,

Isabella Stewart Gardner, John Rockefeller,

Andrew Mellon o Henry Clay Frick

se lanzan a crear grandes colecciones

de obras de arte que revolucionan

el mercado mundial.

Se inicia así la edad de oro del coleccionismo

Era un signo de distinción social,

necesitaban de alguna manera investirse

de una cierta nobleza, e invertir en arte,

en antigüedades,

decorar y ornar sus mansiones

con tesoros importados desde Europa,

contribuía a ese estatus social,

a esa imagen de poder

Cada colección era un reflejo

de los gustos personales de su creador.

Pintura, escultura, cerámica,

pero también grandes estructuras arquitectónicas

como claustros y techumbres

fueron embarcadas desde Europa

rumbo a los Estados Unidos

En 1904 Archer Milton Huntington

funda en Nueva York la Hispanic Society of America,

y comienzan a publicarse numerosos estudios

sobre arte español.

Contribuyen a su puesta en valor,

pero al mismo tiempo

son una valiosa fuente de información

para coleccionistas en busca de las mejores piezas.

Así comenzaron tres décadas de salida masiva

de bienes artísticos de España.

Fue algo así como un efecto llamada.

Empezaron a llegar marchantes y agentes

al país a descubrir toda esa serie de tesoros,

que estaban muy poco estudiados por otra parte,

y llegaban a conocer los monumentos

y las obras de arte, a veces incluso mejor

que muchos nacionales

música

Todos los grandes coleccionistas norteamericanos

compraron arte español.

Pero uno destacó por encima de los demás,

el magnate de la prensa William Randolph Hearst.

Los techos españoles

estaban entre sus piezas predilectas,

y compró todos los que se pusieron a su alcance

música

La relación de Hearst con España

había comenzado algunos años antes,

por motivos muy alejados de su afición coleccionista

En 1898, sus periódicos

utilizaron el hundimiento del acorazado Maine

en el puerto de La Habana

para influir en la opinión pública

y lograr la entrada de los Estados Unidos

en la guerra de Cuba.

España fue derrotada, y el New York Journal,

propiedad de Hearst, pasó a vender

medio millón de ejemplares diarios.

música

William Randolph Hearst

había nacido en San Francisco en 1863,

hijo de un granjero de Missouri

enriquecido durante la fiebre del oro

en California.

Su afición por coleccionar

comenzó cuando solo era un niño.

Los grandes coleccionistas norteamericanos

ni iniciaban sus colecciones hasta cumplir los 60 años.

El caso de Hearst fue especial.

Empezó a coleccionar cuando era un niño

A los 10 años, en 1873,

su madre le llevó a Europa,

en un viaje que duró un año y medio.

La madre de Hearst contaba a su marido:

"Willie quiere comprar todo lo que ve".

Joven rebelde, será expulsado

de sucesivos colegios,

hasta que en la revista de la universidad de Harvard

descubre su verdadera vocación: el periodismo.

música

Copiando los métodos de Joseph Pulitzer,

el padre de la prensa amarilla,

Hearst superará a su maestro,

levantando el imperio periodístico

más importante de todos los tiempos.

Durante años cultivó una imagen

de hombre de familia y empresario de éxito

para apoyar su candidatura

a la presidencia de los Estados Unidos.

Pero fracasó.

Desde 1919, frustradas sus aspiraciones políticas,

Hearst decide vivir públicamente su romance

con la actriz Marion Davis,

y entregarse a su pasión coleccionista.

Acaba de heredar el rancho familiar de San Simeón,

una inmensa propiedad en la costa de California,

entre Los Ángeles y San Francisco.

Allí, en lo alto de un promontorio

conocido como La colina encantada,

en el que había acampado muchas veces de niño,

concibe su proyecto arquitectónico

más ambicioso y descabellado:

una gran mansión a la manera

de los alcázares españoles

rodeada de casas para invitados

y lujosas piscinas

Desde muy pequeño acampaba

en lo alto de la colina,

un precioso lugar con vistas al mar

que llamaban Camp Hill.

Cuando heredó la propiedad, en 1919,

al morir su madre, él tenía 56 años,

contrató a la prestigiosa arquitecta Julia Morgan,

y le dijo: "estoy cansado de acampar en la colina,

señorita Morgan. Estoy pensando en construir

alguna cosa".

Julia Morgan fue una mujer pionera

en el mundo de la arquitectura.

La primera que logró ser admitida

en la École de Beaux Arts de Paris,

la escuela de arquitectura más prestigiosa

del momento, y la primera en obtener la licencia

en el estado de California.

Aunque contabilizó más de 700 proyectos,

su nombre ha pasado a la historia

unido al de Hearst, a quien consagró

lo mejor de su carrera.

Hearst decía que había tres mujeres en su vida,

que fueron su madre, su amante, Marion Davis,

y Julia Morgan.

Y decía que la única que nunca había querido engañarle

fue Julia Morgan, la que le fue más fiel siempre.

En la mansión de San Simeón

Julia Morgan participó desde la idea inicial

del proyecto.

Hubo una exposición internacional en San Diego

en 1915, y William Randolph Hearst

pudo admirar allí la arquitectura

y el arte españoles.

Escribió a su arquitecta, Julia Morgan,

y le propuso: "hagamos algo diferente

a lo que hacen los demás"

Y decidieron inspirarse en el estilo

de la España del Renacimiento

música

San Simeón fue una obra caótica

que se prolongó durante décadas.

Al proyecto inicial se le fueron añadiendo

alas, pisos, galerías, en gran medida

para adaptar las piezas que Hearst

iba comprando en Europa.

La fachada principal estaba inspirada

en la torre de la iglesia de Santa María la Mayor

de Ronda, y la puerta en la del Alcázar de Sevilla

Es un gran monstruo de Frankenstein,

hecho con piezas traídas de aquí y allá,

copiando la torre de la Colegiata

de Ronda, o copiando cosas, mezclando...

Parece pues... un castillo, o una iglesia,

con su campanario y todo

El complejo de San Simeón

acabó teniendo 161 habitaciones,

lo que planteaba un problema considerable.

¿Dónde comprar el mobiliario y los 161 techos

para recrear la escenografía de todas esas estancias?

Julia Morgan encontró la respuesta

en la pareja formada por Arthur Byne y Mildred Stapley

Este matrimonio norteamericano

había escrito por encargo de la Hispanic Society

algunas de las monografías más completas

sobre arquitectura y artes decorativas españolas

Entre ellas un magnífico tratado

sobre techos españoles único en su género.

El matrimonio Byne estaba establecido en Madrid

desde hacía años, donde disfrutaban de un estatus

de reputados hispanistas.

Lo que Hearst y Morgan todavía no sabían

es que detrás de esa fachada de respetabilidad

se ocultaban los marchantes de arte

con menos escrúpulos que operaban en España.

Una condición que no tardaron

en poner a su servicio.

William Randolph Hearst

y su arquitecta, Julia Morgan,

sabían que para lograr el escenario adecuado

para su sobras de arte

necesitaban techos antiguos, puertas...

Al principio usaron fotografías

para coger ideas, y así fue como Hearst

contactó con los Byne.

Julia Morgan había ido al colegio

con Mildred Stapley Byne, y le escribió diciéndole

que sus libros sobre arquitectura española

del s.XVI eran como biblias para el señor Hearst.

Acabaron comprando fotografías a los Byne,

e incluso les encargaron dibujos y planos detallados

para hacer duplicados en escayola

de techos, ventanas y puertas.

Los Byne, que conocían muy bien

el territorio español y sus tesoros,

habían sido testigos del formidable negocio

de los marchantes de arte en España.

Y poco a poco se dejaron arrastrar hacia él

La aparición de William Randolph Hearst

acabó de convencerlos de que habían dado

con el cliente perfecto,

y que debían dedicarse en exclusiva

al negocio del arte y de las antigüedades,

mucho más lucrativo que el de los libros.

Rompieron su relación con la Hispanic Society

para convertirse en los agentes de Hearst

en España.

Mildred Stapley Byne escribió a Julia Morgan:

"nos hemos convertido en anticuarios".

Quizás porque sabían que Hearst

podía ser un gran cliente

A partir de 1922 Hearst se olvidó de las copias

y compraba solo piezas originales.

Mildred Stapley le dice a Julia Morgan:

"nos hemos convertido en anticuarios

y podemos suministrarle

las piezas que necesite",

las piezas que necesite Hearst para sus proyectos

"Podemos suministrarle todo, todo lo que quiera

le podemos suministrar porque aquí

hay un mercado increíble,

hay un mercado muy grande.

Compraba todo lo que veía,

y encargaba a sus agentes.

Hay cosas que compra, que las ha visto en catálogos,

que no llega a contemplarlas físicamente,

directamente.

música

Como marchante, Arthur Byne destacó por su talento

y su falta de escrúpulos

Pronto se convirtió en uno de los individuos

más ricos de la colonia norteamericana en Madrid.

Sus contactos con la alta sociedad madrileña

y su cercanía con los círculos del poder

en España, situaban a los Byne

en una posición privilegiada

Para ellos, casi todo era posible.

Se especializaron en traficar con las piezas

más difíciles de conseguir,

las más apreciadas y de las que se podía obtener

un mayor beneficio: los techos españoles.

Esta es la correspondencia que mantuvo Julia Morgan

con Arthur Byne, que estaba entonces en España

trabajando para ella,

proporcionándole las piezas que necesitaba.

Estos documentos son muy útiles

para los investigadores que tratan de determinar

de dónde procedían esas piezas

y cuándo llegaron.

En la correspondencia cruzada entre Hearst

y su arquitecta Julia Morgan,

y entre ésta y Arthur Byne,

las alusiones a los techos son constantes.

"Estimado señor Byne,

tenemos capacidad para acoger

todos los techos que pueda usted mandarnos.

La colección de los 16 techos,

¿está todavía disponible?

El cliente quiere 12 o más.

Firmado: Julia Morgan"

"Querida señorita Morgan,

Byne parece que está comprando muy bien,

pero ojalá pudiéramos conseguir

aquellos techos de los que nos mandó lista

y fotos hace tiempo".

Los artesonados españoles eran hermosísimos,

y eso a Hearst le gustaba mucho.

¿Cuántos artesonados llegan?

Pues según el inventario que conseguí trabar

con documentos que encontré en San Luis Obispo,

y un inventario que había hecho Julia Morgan,

el conjunto de techos que llega a comprar Hearst

era como de 140 o 150,

con lo cual se podría cubrir casi

el estadio Santiago Bernabeu.

Españoles, creo que son 87.

Compra techos franceses, techos italianos

en San Simeón,

pero los que más le gustaban eran los techos...

eran los artesonados españoles, quizá fue lo que más.

Porque si de 140, 87 eran techos españoles,

eso nos da idea del interés que tenía por ellos.

En el inventario de techos españoles

adquiridos por William Randolph Hearst,

aparece casi siempre el nombre de Arthur Byne,

nombres en clave de los techos,

y vagas referencias a su lugar de procedencia.

Los que trataban con antigüedades

procuraban silenciar,

que no se supiera,

que se moviera en un ámbito clandestino

y que no saltara a la palestra,

que no llegara a los titulares,

porque si no la operación podía naufragar.

Algunos de ellos, para sacar el artesonado

tenían que demoler el edificio,

Es terrible eso, ¿no?

Demoler para sacar un artesonado

que lo desmonta, que lo mete en cajas,

que lo lleva...

Se procedía a la venta del techo,

se requería a los obreros de la comarca

para poder desmontarlos,

pero muchos de ellos fueron sacados por la noche,

de una manera clandestina

El procedimiento de Arthur Byne

se repetía una y otra vez

Primero anunciaba que estaba tras la pista

de un determinado techo de calidad excepcional.

"Considero esta pieza una de las más importantes

de cuantas he ofrecido a su consideración,

y sin duda a un precio de auténtica ganga"

Afirmaba haber contactado con el propietario,

pero advertía de la posibilidad

de que el Ministerio de Bellas Artes interviniese

Pedía la máxima discreción y asignaba a la pieza

un nombre en clave

En las comunicaciones telegráficas

firmaba como Stapley o Yelpats,

el apellido de su mujer al revés.

Si la operación de venta del techo fracasaba

la culpa era siempre de las autoridades españolas

Actualmente tenemos en España

un perfecto maniático como ministro de Bellas Artes,

que va por todas partes declarando

monumento nacional cada piedra.

Afortunadamente en octubre tendremos elecciones

y todo el mundo está esperando grandes cambios.

Cuando la operación tenía éxito,

Byne no olvidaba destacar sus méritos

Han sido necesarios 5.000 dólares

para que todo el mundo estuviera tranquilo

y de buen humor.

Me refiero a los oficiales locales y provinciales.

El desmontaje ha sido un trabajo tremendo

y ha sido necesario proceder

a la demolición total del edificio.

Sacar del viejo convento esta enorme masa de madera

en los difíciles Momentos actuales

requirió un sinfín de habilidad y paciencia,

ya que fue preciso enmascarar la carga

de cada camión

El techo está ahora en Madrid,

guardado en mi almacén,

por lo cual no hay peligro

de una intervención gubernamental.

Afortunadamente, no siempre lograron el éxito

Se frustraron operaciones tan importantes

como la venta del palacio de los condes de Miranda,

en Peñaranda de Duero, que Byne

había ofrecido a Hearst por 65.000 dólares.

La declaración de Monumento Nacional en 1923

salvó el palacio y sus artesonados

de las garras de Arthur Byne.

Los techos hacían un largo viaje.

Primero Arthur Byne

enviaba fotografías por correo

y Hearst decidía si los compraba o no.

Las cajas con los techos desmontados

viajaban primero en tren y luego en barco

desde Europa a los Estados Unidos.

Desde Nueva York a San Francisco,

de nuevo en tren.

90 vagones llegaron a lo largo de 20 años

llenos de piezas compradas en Europa.

Y desde allí aún debían hacer un viaje

de 7 u 8 horas hasta San Simeón,

en barco o en tren.

Al llegar, Julia Morgan se enfrentaba a la tarea

de volverlos a montar.

Julia Morgan no sabía montar un artesonado,

no sabía lo que era una jaliba,

lo que era una lima moamar, una lima bordón...

No sabía qué era eso y no sabía

cómo montar aquello.

Y hace auténticos disparates.

Cuando Julia Morgan se jubila,

hace un viaje por Europa que lo financia Hearst.

Le pone un chófer con un coche,

y ella hace un viaje por Europa y viene a España

Y ella escribe que se da cuenta

de los disparates que ha hecho con los artesonados

Al venir a España y ver los artesonados montados

se asombra de los disparates que ha hecho por allí,

porque no conocía, no sabía lo que hacía

La casa se construyó

antes de la llegada de los techos,

por lo que para la arquitecta,

Julia Morgan, fue una tarea muy complicada.

Se necesitaba la participación

de muchos artesanos para montarlos,

recrecerlos o ampliarlos copiando algunas partes,

de tal forma que los techos encajaran

exactamente en las habitaciones.

Algunos trabajadores recibían el nombre

de "los gusanos", porque su labor consistía

en realizar agujeros en la madera nueva

para que o se distinguiera

de la parte original del techo.

música

Nos encontramos en "The morning room",

donde está uno de los techos más importantes

de la colección Hearst,

el primer techo español que compró.

Procede de la llamada "Casa del judío",

un antiguo palacio mudéjar de la ciudad de Teruel,

ya desaparecido, que pertenecía

a un tal Antonio López, un viejo tejedor.

Este lo vendió en 1921 a un marchante,

creemos que Arthur Byne,

porque estaba cansado de que la gente

le interrumpiera su trabajo

pidiéndole permiso para verlo.

música

Tenemos aquí otro importante techo

que hace poco ha sido cuidadosamente restaurado

Las vigas de este techo serían como una película.

Uno andaría por la habitación

y seguiría la historia de los castillos,

graneros, torres y pequeñas granjas

que aquí aparecen.

Este fue el techo en el que el señor Hearst

gastó más esfuerzo y dinero

para hacer una copia.

Envió a Arthur Byne a Granada,

donde se encuentra el techo original,

para sacar las medidas.

Se puede ver a la reina Isabel,

al Cid, y a todos los héroes españoles.

Gracias a las fotografías y a los planos

se realizó una copia exacta,

salvo que el techo está realizado en escayola

cubierta por 22 hojas de pan de oro.

música

Nos encontramos en el dormitorio de Hearst,

en el edificio principal, donde colocó

uno de los techos que más apreciaba.

Procede de la ciudad de Teruel,

y cuando lo adquirió consistía

en 53 paneles pintados.

música

Se desconoce el número exacto

que fueron instalados en San Simeón

Las referencias se han perdido,

y no son siempre fáciles de identificar.

La mayor parte fueron guardados en almacenes,

sin desembalar.

Algunos, a miles de kilómetros de allí.

La mayor parte quedaron en el Southern Boulevard,

en el Bronx, no en Brooklyn, como se dice, en el Bronx.

Había una línea férrea que iba

desde los muelles de Nueva York,

por túnel, hasta los sótanos

de los almacenes que tenía en el Southern Boulevard.

música

Arthur Byne sigue siendo el mejor agente de Hearst

a comienzos de los años 30

No se conforma con los techos,

y consigue venderle dos monasterios enteros,

el de Sacramenia, en la provincia de Segovia,

y el de Óvila, en Guadalajara,

que son desmontados piedra a piedra

y trasladados a Estados Unidos.

A partir de entonces,

como si de una maldición se tratara,

la desgracia persigue a los protagonistas

de esta historia.

El 16 de julio de 1935, Arthur Byne

muere en un desgraciado accidente de tráfico.

Había ido a Gibraltar a comprar unos tapices,

y en Santa Cruz de Mudela, en un cambio de rasante,

se encuentra con un camión, choca contra él,

y muere instantáneamente

La mujer, la viuda,

estuvo intentando quitarle...

Tenía un Buick, con el salpicadero de madera,

y se le clavaron las astillas en la cabeza,

y Mildred estuvo quitándole las astillas,

intentando curarle, pero falleció.

Durante dos décadas, Arthur Byne y su esposa,

Mildred Stapley, habían logrado ocultar

sus turbios manejos como marchantes de arte,

detrás de una fachada impoluta

de prestigiosos hispanistas

Las crónicas de la prensa de la época

hablan de la muerte de uno de los hombres

"que más ha amado a España

con el mejor de los amores:

con las obras".

En 1937 el imperio Hearst

está al borde de la quiebra.

A las crisis de ventas de sus periódicos

se une el irrefrenable derroche del propio Hearst

La administración de sus empresas

es intervenida, y se decreta la liquidación

de gran parte de sus propiedades

y obras de arte.

En 1941 tratará de impedir el estreno

de Ciudadano Kane,

la película de Orson Welles

que le retrata implacablemente.

No lo consiguió.

Morirá en su casa de Los Ángeles en 1951

Como si de una escena de la película se tratase,

cuando los tasadores llegaron

a los almacenes de Hearst en el Bronx,

quedaron estupefactos.

Solo allí contabilizaron 28.000 cajas con objetos

Era el resultado de casi 50 años

de compras desenfrenadas

Se organizaron sucesivas ventas y subastas

entre 1938 y 1963.

Los precios de las obras solo alcanzaron de media

el 10% de lo que Hearst pagó por ellas.

De los techos españoles,

se vendieron aproximadamente 10,

y los demás regresaron a los almacenes

de los herederos de Hearst.

De la mayoría, se desconoce su paradero.

¿Qué pasa con los techos?

Porque los techos se venden,

se desperdigan, y no sabemos dónde están,

actualmente, no sabemos.

Conocemos algunos que están en México,

que compra Garza,

un millonario en Nuevo León...

Mauricio Fernández Garza es un político

y empresario mexicano, reputado coleccionista

y amante de las artes.

En su residencia de La Milarca,

a lo largo de más de cuatro décadas,

ha reunido una colección de piezas únicas.

El primer cuadro de Frida Khalo,

o la espada que regaló el emperador Carlos V

a Hernán Cortés.

Fósiles de millones de años de antigüedad

junto a murales de Diego Rivera,

y ventanales góticos del s.XIII.

En la creación de este lugar casi mágico,

que alguien describió como el espacio privado

más bello del mundo,

los techos españoles de la colección Hearst

jugaron un papel decisivo.

En 1975 llegó a manos de Mauricio Fernández Garza

una revista estadounidense especializada en antigüedades

que contenía un misterioso anuncio:

se venden tres techos árabes

Su madre, Margarita Garza,

decidió comprar uno de ellos

para la residencia familiar

Y Mauricio se hizo con el más grande,

que pensó instalar en su futura casa.

Adquirimos el de mamá y el mío juntos

Yo tenía 25 años,

y me gasté todos mis ahorros

en un volado, aquí le decimos "un volado"

cuando lanzas una moneda y no sabes

si estás comprando un montón de palos podridos, viejos,

que estuvieron 40 años en una bodega

de Carolina del Norte en Estados Unidos

Entonces, no tenemos mayor idea de nada.

música

Los dos techos habían pasado por las manos

de Arthur Byne, y acabaron en los almacenes

de William Randolph Hearst en Nueva York.

Nunca llegaron a ser desembalados.

En 1942, durante la liquidación

de las colecciones Hearst, fueron adquiridos

por el empresario Carl Hamilton.

El comprador pagó 1.900 dólares

por el más grande,

que a Hearst le había costado 20.000

15 años antes.

Hamilton tampoco llegó a instalarlos.

En 1967 sus herederos quisieron deshacerse

de aquellas toneladas de madera

y los pusieron a la venta

Cuando Mauricio Fernández Garza y su madre

los compraron, los techos estaban a punto

de ser vendidos a un fabricante

de muebles antiguos de imitación.

El traslado de las 60 toneladas de madera

desde Carolina del norte hasta San Pedro Garza García

fue una odisea plagada de dificultades.

Pues de hecho sí fue una complejidad espantosa,

porque me sacaron una ley en Estados Unidos

que piezas arriba de 200 años,

o alguna cosa así, no se podían transportar

por ferrocarril.

Entonces teníamos que moverlos en camiones,

y mandamos plataformas, fue un lío.

Creo que fueron como 14 plataformas.

Yo no me había percatado que los tensores

de esta pieza sobre todo miden 14 metros,

que es el doble de un poste de luz,

y no pasan por las calles, si uno pasa por la ciudad

te vas llevando...

O no das vuelta, entre el pico y la cola

te llevas los automóviles que vienen circulando.

música

En 1979 se instaló el techo

comprado por Margarita Garza, madre de Mauricio,

en la residencia familiar.

Un magnífico alfarje policromado

de finales del s.XV,

de 17 metros de largo y 9 de ancho.

Su identificación venía consignada en las cajas

con la palabra "Tarazona 3", el nombre en clave

que le había asignado Arthur Byne.

Sobre el origen del techo más grande,

el comprado por Mauricio Fernández Garza,

nada se sabía.

Su montaje, al tratarse de un techo

de par y nudillo,

presentaba una complejidad mucho mayor.

Un rompecabezas, y la realidad, cuando llegó,

pues era una bodega llena de madera, y...

¿estará completo?

Para el restaurador Manuel Serrano

y el arquitecto Jorge Loyzaga,

supuso el mayor desafío

al que jamás se habían enfrentado.

Lo abrupto del terreno

complicaba aún más la operación.

Yo estoy aquí en la sierra,

y entonces, cuando lo hicimos,

no había acceso para la grúa,

entonces a cualquier grúa la doblaba.

Para que una grúa aguantara el peso

tenía que ser una grúa pesadísima por la palanca.

música

Y aquí lo bonito cuando entras

es que tienes una vista bastante completa

del par y nudillo

música

Casi 500 años después de su construcción,

el techo luce en todo su esplendor.

35 metros de largo y 12 de ancho

colocados a 12 metros de altura

sobre la sala de estar de "La Milarca"

El restaurador de veras lloró,

porque cuando lo armamos, estaban muchas piezas,

tanto los pares como los tensores,

muy chuecas, y cuando lo armamos

estructuralmente el techo empezó a funcionar

y se empezó a enderezar.

Y entonces me decía Manuel, que era el restaurador,

"es que la madera está viva",

y digo: "pues sí, está viva"

Son árboles que se han de haber cortado

de 500 o 600 años de edad hace 500 años,

o sea que la madera tiene 1.000 años,

y todavía responde a esfuerzos, qué maravilla

Hemos perdido tristemente esos oficios

y esa maravilla de la fusión de culturas

que tuvimos en España.

Averiguar el lugar de procedencia del techo

no fue tarea fácil, debido al secretismo

con que Arthur Byne llevó a cabo su compra

y traslado a Estados Unidos.

Tras años de investigaciones

se localizó una foto de 1917

en la que aparecía el techo

en su ubicación original

Se trataba de la iglesia de la antigua universidad

de Nuestra Señora del Rosario, en Almagro,

provincia de Ciudad Real

Este convento-universidad

fue fundado por Fernando Fernández de Córdoba en 1536

Las desamortizaciones del s.XIX

marcaron el comienzo de su decadencia

y la destrucción de su rico patrimonio.

En lo alto, la sombra del vacío de un techo

que viajó hace 90 años al otro lado del Atlántico

Cuando llegué a Almagro no sabía qué iba a pasar,

si me iban a linchar,

a colgar en la plaza pública...

Pero les conté toda la historia,

que estuvo a punto el techo de perderse,

que iban a trabajar toda la madera en muebles,

pues como que les dio gusto

que se pudiera haber rescatado,

como las más grandes obras maestras.

Lo que sí es cierto es que tenemos

2 o 3 hipótesis, y que hay que trabajar

e investigar un poquito más en ellas.

¿Y las medidas no te ayudarían?

Actualmente, la distribución del palacio episcopal

ha sufrido múltiples...

Mauricio Fernández también ha viajado a Tarazona

para averiguar de qué edificio procedía

el techo policromado que compró su madre

para la casa familiar

En los archivos de Arthur Byne

se citaba un castillo en Tarazona.

Aunque no existe prueba documental,

todo apunta al Palacio Episcopal,

que fue antigua alcazaba musulmana.

En su salón de retratos se conserva un alfarje

de tamaño casi idéntico al adquirido

por la madre de Mauricio

En el piso inferior existía un salón

de las mismas dimensiones,

desaparecido tras la reforma del edificio

Es muy probable que el techo

de los Fernández Garza procediera de allí.

No sé exactamente las medidas,

pero es muy probable que haya sido de aquí

Yo, lo que es la... porque el espacio...

Yo aquí no conozco ningún otro...

ningún otro ámbito que pudiera caber

un techo tan grande.

El viaje a España en busca del origen de sus techos

es buena muestra de la pasión

que este coleccionista mexicano

siente por estas piezas

Una pasión que comenzó cuando solo tenía 25 años

y que nunca ha dejado de crecer.

En un mirador de su casa de "La Milarca"

se encuentra instalado el techo de media naranja

del s.XIV, que adquirió en la casa Christie's

de Londres en 1994.

La primera subasta de un techo hispano-árabe

en el mundo.

El techo fue adquirido por William Randolph Hearst,

que lo regaló a su médico personal.

Lo tenían montado en el salón de remates,

donde se pujaba, y una hija mía

estaba en su maestría de Artes Decorativas

en Londres en esa época, muy chiquilla,

y la habilité para que se metiera en la subasta.

Y curiosamente me dijo:

"no sabes que experiencia tan rarísima",

porque todos los que estaban

eran árabes enturbantados, y ella estaba con su paletita,

y cuando pujó dijeron "¡de dónde salió esta niña!".

Fue un poco... se les hizo muy impresionante,

y además mexicana, pero bueno...

Salió en todos los periódicos en Londres...

En 1998, Mauricio adquirió su tercer techo,

un alfarje policromado del s.XIV,

procedente de Palencia.

Comprado inicialmente por Hearst,

fue vendido al juez William Clark,

consejero de Ronald Reagan,

que lo almacenó durante décadas

en su rancho de California

Su venta a Mauricio Fernández se completó

con la de 9 arcos góticos

también procedentes de la colección Hearst,

que hoy adornan los muros y la piscina de La Milarca

En 1999 Mauricio adquirió el cuarto y último

de sus techos, una armadura de par y nudillo

del s.XVI, cubierto por más de 1.000 piezas

de cerámica.

Comprado por Hearst en 1926,

acabó en manos de Norman Karlson,

el mayor experto norteamericano

en cerámica antigua

Lo compró para venderlo por ladrillos,

entonces lo iban a despedazar.

Tuvimos una muy bonita discusión,

le dije que era un perfecto irresponsable,

y que cómo había escrito libros sobre cerámica

y la pieza la iba a destruir.

Y me preguntó qué quería hacer con ella,

y le dije que podía hacer un museo,

y me lo acabó dando

al precio que lo había adquirido,

que era muy barato, y estaba pidiendo

como diez veces más.

Los cuatro techos con los que Mauricio Fernández

levantó La Milarca,

y el quinto que compró su madre

para la casa familiar

estaban entre los mejores

que adquirió Hearst.

Sin embargo, nunca llegó a instalarlos.

Hace poco vino un artista muy importante

contemporáneo chino, Ai Weiwei,

y me preguntó que cómo hicimos este proyecto,

y le dije que al revés, volteado.

Aquí empezamos por los techos,

y todo el mundo empieza por los pisos,

pero yo empecé por los techos.

Hicimos un rescate de estas piezas,

que afortunadamente, aunque ahora están en México,

pero no se perdieron, por el bien de la cultura

y de la humanidad.

música

La historia de recuperación de los techos

de Mauricio Fernández fue la excepción.

La mayoría de los que figuran en el inventario

de Merino de Cáceres

se encuentran en paradero desconocido.

Es el caso del techo número 68,

que procedía del palacio de los duques de Maqueda,

en Torrijos, Toledo.

El edificio fue adquirido a principios del s.XX

por dos burgueses de la localidad,

que se propusieron derribarlo,

vendiendo antes sus tesoros al mejor postor.

Contrataron un reportaje

en la revista "Por esos mundos",

en el que invitaban a la alta sociedad madrileña

a adquirir techos artesonados

y otros valiosos adornos de fácil desmonte

y cómodo transporte a Madrid.

En 1902, en un último intento

de detener el derribo,

se propuso la declaración

de Monumento Nacional del edificio.

Pero un informe de la Academia de la Historia

declaró que sus tesoros artísticos

no eran suficientes para merecer

tan singular honra.

El palacio fue finalmente derribado.

El destino de los magníficos techos

que decoraban los salones del palacio

fue la dispersión más absoluta.

Además del adquirido por Hearst,

otro fue vendido al Museo Arqueológico Nacional,

y un tercero donado al Museo

de la Legión de Honor de San Francisco.

El Victoria and Albert Museum de Londres

adquirió otro en 1904, que en la actualidad

se guarda en sus almacenes.

Quedaba un último gran techo por localizar

Justiniano Peña, habitante de Torrijos,

logró averiguar su paradero

gracias a una casualidad casi increíble.

Mi esposa es licenciada en filología francesa.

Un buen día me dice

que va a decorar un poco su clase

con motivos franceses.

Y empieza a sacar material, posters, postales, etc,

y de pronto veo una postal y le digo que me deje verla

Miré por detrás, la postal era de Villandry,

y recogí las descripciones que tenemos del artesonado

y entonces vi que coincidía

Además en la postal se veía claramente

un escudo que era de los Cárdenas.

Aquella noche no dormí, dándole vueltas.

Justiniano estaba en lo cierto.

El último techo del palacio

de los duques de Maqueda que quedaba por localizar

había ido a parar a Francia,

al Chateau de Villandry,

perteneciente al conjunto de castillos

del valle del Loira,

y declarado Patrimonio de la Humanidad

por la UNESCO

En 1906 fue adquirido por el español

Joaquín Carvallo y su esposa,

la norteamericana Anne Coleman,

que abandonaron su carrera

de investigadores de la medicina

para volcarse en la restauración

del monumental edificio y sus bellos jardines.

En la actualidad el chateau es propiedad

de su bisnieto, Henry Carvallo.

En uno de sus viajes por España

mi bisabuelo encontró en una subasta

un techo, un artesonado, como se dice en español,

un techo mudéjar proveniente

del palacio de los duques de Maqueda,

que desgraciadamente había sido desmantelado.

Lo compró y se propuso instalarlo en un extremo

de la galería de pinturas.

Fue una tarea difícil, porque requirió

adaptar las dimensiones de la sala

a las dimensiones del techo.

Hubo que suprimir una planta,

y luego instalar una estructura.

Según la historia familiar,

costó más de un año porque era un verdadero puzzle.

Creo que es el único techo mudéjar

que hay en toda Francia.

El carpintero de Villandry

o el mexicano Manuel Serrano,

restaurador de los techos de Mauricio Fernández,

lograron el éxito gracias a su genialidad e instinto

Pero la recuperación definitiva

de la carpintería de lo blanco

pasaba por volver a sentar las bases

de un oficio abandonado desde hacía siglos.

Para ello la contribución del arquitecto español

Enrique Nuere fue decisiva.

A finales de los 70,

yo era un arquitecto como tantos,

que me dedicaba a construir edificios de viviendas,

fundamentalmente,

pero a través de una hija de Gómez Moreno,

me llegó un manuscrito

de un tal Diego López de Arenas,

que hablaba sobre la carpintería de lo blanco,

que yo no tenía ni idea de lo que significaba,

y tampoco tenía ni idea de que ese manuscrito

al final iba a cambiar mi vida radicalmente.

Enrique Nuere se entregó con pasión al estudio

del enrevesado manuscrito de Diego López de Arenas,

que muchos otros habían intentado descifrar

sin éxito.

Él logró devolver la sencillez

a algo que parecía muy complejo:

la construcción de la intrincada geometría

de los techos mudéjares

Al principio, cuando empecé con el manuscrito,

pensaba que era demasiado complicado,

cómo podía haber unas reglas

que las haya entendido tanta gente

como para haberse hecho techos por toda España.

Tenía que ser algo mucho más sencillo.

Del estudio del manuscrito de López de Arenas,

Enrique Nuere dedujo que la carpintería de lo blanco

se basaba en el uso de cartabones.

Con ellos se trazaban las piezas

sin necesidad de levantar planos,

lo que facilitaba la prefabricación

de los techos.

La labor de Enrique Nuere

no se limitó a recuperar las bases teóricas

de la carpintería de lo blanco.

Divulgó el conocimiento de estas obras de arte

únicas en el mundo,

cuando todavía eran ignoradas

por las autoridades culturales españolas.

Cuando planteé la posibilidad

de hacer un inventario, nadie en el ministerio

conocía la riqueza que teníamos en España

de este patrimonio.

Si nadie lo conoce, pues quién lo va a apreciar.

Evidentemente, si no se aprecia,

no se conserva, no se restaura,

no se mantiene.

Y como los primeros que empezaron saliendo

ya parecía que se los habían llevado todos,

pues ya nadie se ocupó de eso.

Enrique Nuere también ha restaurado

algunos de los artesonados más importantes

de España.

Hoy regresa a Madrigal de las Altas Torres,

donde trabajó en 2005.

Bajo este cielo de madera

fue bautizada la futura reina de Castilla,

Isabel la Católica, en 1451.

música

Penetrar en las entrañas de esta inmensa armadura

ayuda a entender la maestría

de los carpinteros de lo blanco,

que la levantaron hace más de 600 años.

Aquí tenéis un racimo de mocárabes.

Esta es la pieza que se llama nabo,

y esta otra que veis aquí es la telera,

que es la pieza que evita que esto se vaya para abajo.

Esto pesa unos buenos cientos de kilos.

Desde abajo se ve muy pequeñito,

pero aquí se da un poco una idea del tamaño

que tiene este trasto

La armadura que estamos viendo aquí

es la que forma la protección

del edificio, y la que sirve

para sujetar el artesonado,

porque todo el artesonado está montado apoyado

en los tirantes de esta armadura.

Y aquí precisamente es donde tiene su origen

la palabra artesonado.

Fijaos que son artesones,

son en forma de artesa,

esta especie de retícula cuadrada,

y luego de ahí una especie de modificación lingüística

e histórica hace que llamemos artesonado

a cualquier cosa, pero el origen está aquí.

música

Afortunadamente, la labor de Enrique Nuere

ha creado escuela.

Entonces, resumiendo, ¿cómo se nombra un cartabón?

Por el número de veces que tiene su ángulo menor

hasta llegar a 180 grados.

Ángel María Martín

es un apasionado de la carpintería histórica,

que dirige el Centro de Interpretación

de la Carpintería Mudéjar

en la localidad abulense de Narros del Castillo.

Allí, arquitectos, carpinteros y artesanos

venidos de toda España, aprenden los secretos

de la geometría de la carpintería mudéjar.

Y no voy a disponer sobre todo

de esta calle con el ángulo albanécar,

que es la que me interesa

Y a ponerlo en práctica, como ha hecho Ángel María

con la construcción del nuevo techo de la cilla

en Narros del Castillo.

música

Los historiadores del arte

también han contribuido a la puesta en valor

de la carpintería de lo blanco.

María Fernández Shaw fue pionera en su estudio.

Su tesis doctoral sobre las armaduras mudéjares

de la provincia de Ávila en 1994,

fue uno de los primeros trabajos de catalogación

que se realizaron en España.

Realicé un trabajo exhaustivo,

visité casi 400 pueblos de la provincia de Ávila,

y pude sacar todas las obras de carpintería,

realizar un estudio estructural y decorativo

¡Y estaba en el suelo!

¿Tú sabes la cantidad de rosarios

que yo me he rezado para entrar en las iglesias?

Te creo

Cuando me decían los párrocos:

"espere usted que estamos... "

"Mire, es que yo quiero ver el techo"

"Espere usted"

Y yo me rezaba el rosario, me venía muy bien...

Discípulos de Enrique Nuere,

como Javier de Mingo, han cogido su testigo

en la enseñanza de la carpintería de lo blanco

en las facultades de arquitectura.

Yo creo que últimamente está habiendo

un renovado interés por la arquitectura tradicional,

y por los oficios.

Entonces la carpintería de lo blanco

tiene mucho campo abierto para poder avanzar

en este sentido.

Menos mal que te tenemos a ti y a toda su escuela

Afortunadamente hay una cantidad de pirados...

Entre todos

Somos una tropa

Entre las jóvenes generaciones,

los carpinteros,

los amantes de todo esto...

Para mí es una tranquilidad

saber que hay locos como yo, o más

música

Hace casi 800 años

nació en la España medieval

una técnica carpintera única en el mundo.

Aquellos cielos de madera despertaron admiración

a lo largo de los siglos.

También la ambición de poseerlos a cualquier precio

Los techos mudéjares que un día salieron de España

son hoy embajadores de una cultura

que sigue viva.

En Hearst Castle, 750.000 visitantes cada año

alzan la mirada para contemplar

la belleza de un estilo único

Seis millones de visitantes

en el Museo Metropolitano de Nueva York

admiran un techo de lacería

donado por William Randolph Hearst.

En el Chateau de Villandry

sus 350.000 visitas anuales tienen parada obligada

en el salón oriental para contemplar

su bellísimo artesonado toledano.

En México, Mauricio Fernández Garza

ha iniciado la construcción de varios museos

donde el público podrá admirar sus artesonados.

En España, los miles de techos mudéjares

que resistieron el paso del tiempo,

son hoy protegidos y admirados.

música

La carpintería de lo blanco

vive un período de renacimiento

después de siglos de olvido.

Vuelven los cielos españoles

música

Otros documentales - Los cielos españoles

58:56 08 feb 2020

Una serie de maravillosos artesonados de madera realizados en la Edad Media en España por los carpinteros de lo blanco se convirtieron en el siglo XX en objeto de deseo de uno de los hombres más poderosos e influyentes de todos los tiempos: el estadounidense William Random Hearst.

Contenido disponible hasta el 23 de febrero de 2020.

Una serie de maravillosos artesonados de madera realizados en la Edad Media en España por los carpinteros de lo blanco se convirtieron en el siglo XX en objeto de deseo de uno de los hombres más poderosos e influyentes de todos los tiempos: el estadounidense William Random Hearst.

Contenido disponible hasta el 23 de febrero de 2020.

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  1. cristina

    Muy agradecida de ver este documental.

    pasado domingo
  2. G. M. Calabuig

    Es un magnífico documental, fundamentado en bases serias. Se nota la calidad. Refleja la pérdida de patrimonio de nuestro país, auspiciada por gobiernos fácilmente corruptibles, en una época muy poco favorable para nosotros, y en beneficio de una nueva burguesía sin escrúpulos (capitalismo). Ahora, deberíamos invertir esfuerzos en recuperar esas obras de arte españolas, robadas de forma ilegal y flagrante.

    11 feb 2020
  3. Dana K. Williams

    This is such a fascinating and well-done documentary. Thanks so much for sharing it. I hope that it will be aired in the U.S.A. one day soon.

    09 feb 2020

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