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Transcripción completa

Durante los últimos cien años,

Estados Unidos ha liderado el mundo de muchas maneras.

La extraordinaria diversidad de sus paisajes y de sus gentes

no es comparable a ningún otro lugar del mundo

y su influencia alcanza a todas y cada una de las facetas

de la cultura moderna.

Pero, ¿podemos decir lo mismo de sus jardines?

¿Existe un jardín propiamente norteamericano?

No lo sé. Eso es lo que he venido a averiguar aquí.

En esta serie me dispongo a recorrer los Estados Unidos

de punta a punta, desde el frondoso noreste

a los desiertos del suroeste, para descubrir cómo la gente

de este inmenso país diseña sus jardines.

Quedaré maravillado

ante un palacio renacentista espectacular en el centro de Miami.

Me enamoraré de los robles majestuosos

de las plantaciones de Carolina del Sur.

Creo que en ninguna otra parte del mundo

he visto árboles tan hermosos como estos.

Caminaré por un bosque de cactus gigantes

en el desierto de Arizona.

Y conoceré a los jardineros entusiastas

de una parcela urbana en el barrio del Bronx de Nueva York.

Aquí hay hispanos, caribeños, de todo.

Así que esto es un jardín americano.

LOS JARDINES NORTEAMERICANOS DE MONTY DON

SUBTITULADO POR ACCESIBILIDAD TVE

En este capítulo, exploraré los jardines del sur

y, en mis viajes por Estados Unidos, acabo de llegar a la capital:

Washington D.C.

Pero mi punto de partida será mi propio país,

en la residencia del embajador británico.

Construida en los años veinte del siglo pasado,

fue diseñada por el célebre arquitecto británico Edwin Lutchins,

y es considerada una de las residencias de embajadores

más majestuosas del mundo.

La fantástica edificación de Lutchins

está emplazada en un jardín típicamente británico,

lleno de rosas y setos.

Pero no he venido solo por el jardín,

sino porque tengo la oportunidad de hablar con el embajador británico

y tal vez consiga aprender algo más sobre la relación

de los norteamericanos con sus jardines

y con el mundo natural.

Comienzo preguntándole al embajador Darroch

si podría describirme cómo es el típico jardín estadounidense.

Cuando visitas los jardines de Estados Unidos,

normalmente ves una fila de casas, todas con césped,

sin elementos divisorios.

Algunos arbustos con flores de temporada

y verdes el resto del año.

¿Es producto del clima o se trata de algo cultural?

Creo que es cultural.

A la gente no le gustan las lindes.

Prefiere estos grandes espacios abiertos.

¿Cómo reaccionan cuando ven las divisiones que hay aquí?

¡Les encanta!

Les parece algo típicamente británico.

Un trozo de Inglaterra que se ha trasplantado a Washington.

¿Qué recordará cuando vuelva a casa, qué es lo que ha aprendido?

Lo que, sin duda, recordaré serán los paisajes de Estados Unidos

y la inmensidad de su tamaño.

No hay manera de recrear eso en el Reino Unido

y deja una gran impresión.

Es algo para recordar siempre y será imposible de olvidar.

Muchas gracias, de verdad.

Poco después de la visita al embajador Darroch,

abandonamos Washington.

Me dispongo a descubrir cómo ha influido

la inmensidad del paisaje en los jardines estadounidenses.

Cerca de la Embajada, y casi en línea visual directa

con la Casa Blanca, se encuentra un monumento

en memoria de uno de los padres fundadores.

Este monumento está dedicado a uno de los primeros presidentes:

Thomas Jefferson.

Un personaje emblemático la historia del país.

Jefferson fue el tercer presidente de Estados Unidos

y el principal autor de la Declaración de Independencia.

Bajo su mandato, la nación multiplicó su tamaño por dos.

Pero, al mismo tiempo que gobernaba el país,

planificaba su jardín.

Era un hombre apasionado, y, en cuanto dejó la presidencia,

se trasladó a su casa de Virginia para dedicar el resto de su vida

a su finca y a su jardín.

Y allí es justo donde me dirijo.

Estamos en Monticello, la finca de Jefferson,

cerca de Charlottesville, en Virginia,

y, quizás, el jardín históricamente más importante de todo el país.

Jefferson heredó más de dos mil hectáreas de tierra de su padre

y dedicó su vida a cultivarlas.

Cuando murió, en mil ochocientos veintiséis,

lo enterraron aquí, en la finca.

En mil setecientos sesenta y nueve, con veintiseis años,

Jefferson empezó a edificar una casa en este terreno.

Por aquel entonces se hallaba justo en la frontera.

Todo el territorio hacia el oeste estaba casi inexplorado.

Establecer una finca sofisticada en este lugar

era un proyecto de lo más ambicioso,

pero parece que no hubo obstáculo, grande o pequeño,

que le hiciera desistir.

Jefferson supervisaba todos los pormenores de Monticello,

no solo el ladrillo y el mortero.

Los detalles de los muebles, los picaportes de las puertas

y hasta los relojes dependían de él.

A lo largo de su vida llevó a cabo algunas remodelaciones

y dejó un registro de cada uno de los aspectos de la finca,

incluyendo las distintas secciones del jardín.

Y es ahí donde se percibe su talento, casi obsesivo,

para la observación y el detalle minucioso.

Pese a su pasión por el jardín,

Jefferson no se ponía manos a la obra.

Cuando a uno de los jardineros

se le preguntó si trabajaba en el jardín, dijo:

"Sí, claro, a veces venía y se pasaba hasta media hora".

Su contribución era de tipo científico.

Y los parterres de flores lo demuestran.

El principal es esta franja larga y estrecha

que bordea el césped central, dividida en bloques de tres metros

llenos de plantas de semillas de todas las partes del mundo,

las cuales solía observar, anotando meticulosamente su evolución.

Pero la parte más conocida del jardín está un poco alejada

y por debajo del nivel de la casa.

Y es esta.

Más de trescientos metros de huerto instalado en la ladera de la colina.

Cuando volvió a Monticello, en mil ochocientos nueve,

después de haber finalizado su presidencia,

Jefferson sembró más de trescientas treinta variedades de hortalizas.

Casi todas sucumbieron a la feroz climatología de Virginia,

pero el solo intento dice mucho de la pasión

de Jefferson por el cultivo.

Los brotes de guisantes empiezan a abrirse camino por la vara.

Siempre ha sido un cultivo muy importante en Monticello.

Jefferson competía en lo que él denominaba "el club del guisante".

El ganador invitaba a cenar

y los guisantes frescos formaban parte del menú.

Era todo un lujo.

No había forma de almacenarlos sin secarlos.

Los guisantes verdes frescos de temporada

eran casi una fiesta anual.

Dicen que Jefferson solo ganó este concurso una vez,

pero que disfrutaba del éxito de los demás

como si se tratara del suyo propio.

La historia del jardín, sin embargo, es mucho más compleja

que los inconvenientes que presentaba el cultivo

de hortalizas exóticas.

Casi todo el trabajo colosal que exigía el cuidado del huerto

lo llevaban a cabo los esclavos, incluyendo la construcción

de este enorme muro de contención que recorre el perímetro del mismo.

Nya Bates es una historiadora que ha estudiado la esclavitud

en Monticello.

Jefferson fue dueño de más de seiscientas personas

a lo largo de su vida.

Más de cuatrocientas vivieron y trabajaron aquí.

Dices que fue dueño de más de seiscientas personas.

Suena muy fuerte.

Los esclavos eran una propiedad, como el ganado y a los animales.

Y, al final de su vida, eran subastados.

A Jefferson se le considera un hombre tolerante

y eso parece una contradicción, ¿no?

En efecto, sí, y se manifiesta en toda su vida política.

Escribe sobre la institución de la esclavitud

y habla en su contra, pero en el fondo hace muy poco

para acabar con ella.

¿Se sabe cómo los trataba?

En Monticello, como en todas partes, se vivía mucha violencia.

A los esclavos se les castigaba, se les vendía,

se les separaba de sus familias y sufrían muchísimo.

¿Y los que trabajaban en los jardines?

Este huerto de más de trescientos metros de longitud

se construyó a mano.

Los esclavos fueron quienes dieron forma a casi todo este paisaje.

A este huerto se le suele llamar "la isla Ellis de los huertos",

porque contiene plantas procedentes de todo el mundo.

¿Puedes darme un ejemplo

de algunas de las hortalizas y cultivos que trajeron los esclavos

y que fueron integrados en la cultura americana?

Claro. El boniato, el calabacín amarillo, el sésamo, los cacahuetes.

Aquí contamos la receta familiar de Thomas Jefferson

de la sopa de okra.

La okra es una hortaliza de África Occidental.

Los productos y la manera de cocinar africanos

han influido en la cocina de Estados Unidos.

Este extraordinario huerto

es el legado horticultural de Monticello,

y Jefferson estuvo siempre muy pendiente de él

a lo largo de toda su vida.

Hasta que falleció, en mil ochocientos veintiséis,

Jefferson pidió por escrito e, incluso, suplicó

que le enviaran más semillas, más plantas que pudiera probar

y cultivar aquí.

Estaba completamente obsesionado con su jardín,

sobre todo con las plantas.

Pero el jardín lo construyeron los esclavos.

Todos los elementos,

todo lo que se atribuye al genio de Jefferson,

dependía de los esclavos.

Las contradicciones entre la sabiduría

y la humanidad de Jefferson como hombre de Estado,

el valor horticultural de su jardín

y su historial de esclavitud, siguen siendo algo incómodo

y no resuelto.

Esta visita me hace darme cuenta de que el legado de la esclavitud

sigue presente en muchas partes del país.

Pese a ello, Monticello y su jardín, junto con su compleja historia,

es de interés nacional, y es visitado y estudiado

por más de medio millón de personas al año.

Antes de dirigirme más al sur,

he decidido cruzar las montañas de Blue Ridge

para ir a un lugar llamado “el país del caballo”.

Este es el hogar de Rachel Mellon, en Virginia,

y era conocida como Bunny.

Falleció en dos mil catorce a la edad de ciento tres años

y se la considera una de las jardineras

más influyentes de Estados Unidos.

Además de las otras cuatro viviendas y de los jardines que poseía,

Bunny diseñó también algunos de los jardines de la Casa Blanca,

como el jardín de Jacqueline Kennedy y el paisaje donde está enterrado

el presidente John Kennedy, en el cementerio de Arlington.

Pero la casa que tenía en Oak Spring,

en Upper Ville, Virginia, era maravillosa.

El jardín principal está al otro lado de esta puerta.

Esto no es, en absoluto, lo que me esperaba.

Bunny Mellon fue una de las personas más ricas de Estados Unidos

y me esperaba una casa majestuosa y un jardín extraordinario,

ostentoso incluso.

Y no es así.

Es tan modesto como encantador.

No te esperas es este jardín algo escondido y mágico.

Llama la atención la suavidad de los colores.

Es luminoso, es sutil y los tonos están perfectamente armonizados.

De hecho, cuanto más me fijo, más me parece que la armonía

es la clave de todo esto.

Bunny Mellon no tuvo ninguna formación oficial,

pero le fascinaba la horticultura ya desde muy pequeña.

Ya de joven diseñaba jardines en miniatura en árboles semilleros.

Pasé horas poniéndome en el lugar de los jardineros

que trabajaron en su casa de Princeton, Nueva Jersey.

Cuando Bunny Mellon era pequeña,

iba andando a la escuela por una avenida de manzanos

y dijo que se enamoró de cada uno de ellos.

Florecen en primavera y en el verano dan fruto y sombra.

En invierno, todos los árboles pierden las hojas

y se ven manzanas por todo el jardín.

Pero su amor por los manzanos

lo vemos al otro lado de estas puertas,

donde Bunny creó una galería de manzanos silvestres.

Creó un diseño que parece muy integrado y completamente natural.

Sé por experiencia que hacer que las cosas

parezcan naturales sin serlo, requiere una atención meticulosa.

Me encanta la historia de cómo este jardín

llegó a tener este aspecto tan especial.

Estas piedras las trajeron de un yacimiento local dos canteros,

quienes las cortaron a medida para colocarlas en su sitio.

Bunny Mellon se encontraba observándolos

cuando esta piedra de aquí se rompió.

Al parecer, el cantero quiso retirarla

para reemplazarla por otra.

Pero ella dijo que no quería la nueva,

que le gustaba la grieta que había quedado.

Así que alguien cogió un martillo y empezó a recortar las esquinas

de las piedras que estaban bien, como vemos aquí.

Bunny cogió unas semillas de plantas y de flores

y las repartió entre los huecos.

Y eso es lo que le da ese aire clásico y antiguo,

esa pátina que supo imprimirle de una manera tan inteligente.

La atención por el detalle en el jardín de Bunny Mellon

incluye también al paisaje del exterior.

Puso un cuidado exquisito en la plantación y en la poda

de cada uno de los árboles.

En cierto modo, se parecía mucho a Thomas Jefferson.

Mantenía un registro detallado de todo

y experimentaba con diferentes plantas y nuevas ideas.

Su legado fue hacer que este nuevo país en ciernes

confiara en lo clásico, hacer entender que no todo

tenía que ser nuevo.

Y se convirtió en un referente de la elegancia

y del buen gusto.

Desde el Estado de Virginia, me dirijo ahora

hacia Charleston, en Carolina del Sur.

Charleston se encuentra a ochocientos kilómetros

al sur de Monticello y es una de las ciudades

más antiguas del país, fundada cuando los Estados Unidos

eran todavía una colonia británica.

Charleston, "ciudad de Charles",

como se la denominó en honor a Carlos II,

se fundó en mil seiscientos setenta.

Desde mediados del siglo dieciocho hasta entrado el diecinueve,

se convirtió en una ciudad próspera gracias al cultivo del arroz,

considerado como el oro de Charleston.

Este arroz dependía de un vasto número de esclavos para su cultivo

y sus dueños amasaron una enorme fortuna,

como se puede ver por estas mansiones

y las plantaciones río arriba.

Pensaba que al venir al sur podría tomar el sol,

pero no ha parado de llover.

Aunque eso no va a nublar mi entusiasmo,

porque me dirijo a visitar Middleton Place,

el jardín paisajístico más antiguo del país,

un lugar que llevo años deseando visitar.

Esta plantación se encuentra a unos treinta y dos kilómetros

río arriba de Charleston

y sus inicios datan de mil seiscientos setenta y cinco.

Casi un siglo después, en mil setecientos cincuenta y cinco,

se completó Middleton House, propiedad de Henry Middleton,

un gran terrateniente con ochocientos esclavos

trabajando en sus plantaciones,

que sumaban más de veinticuatro mil hectáreas de terreno.

Fue el responsable de crear el paisaje de jardines

que admiramos en la actualidad.

Su abuelo, Edward Middleton,

había emigrado a los Estados Unidos desde Inglaterra

y Henry se consideraba británico,

de modo que decidió crear un jardín inglés.

Sydney Frasier es el subdirector de horticultura.

¿Cuántos años llevas aquí?

Este año serán cuarenta y cinco, aunque parezca mentira.

No pareces tan mayor como para llevar aquí tanto.

Gracias. Es por toda la jardinería que hago.

Seguro.

Sabemos que este es el jardín paisajístico más antiguo,

pero, ¿en qué medida tiene influencia europea?

¿O es jardín típico estadounidense?

Creo que es una mezcla de las dos cosas.

La familia Middleton había viajado por toda Europa

y trajeron aquí todas esas ideas, pero añadieron a los jardines

lo que les pareció conveniente.

La imagen más emblemática de un jardín tradicional

es esta vasta superficie de hierba,

que conduce a un par de estanques de mariposas

y al río que hay al otro lado.

La vista es espectacular.

Ese es el río Ashley,

que era como una carretera para los Middleton

y quienes vivían a lo largo de la orilla.

¿Venía la gente por aquí de visita?

Sí, se supone que venían y veían este jardín magnífico

con la casa al fondo.

Entonces, los estanques se excavaron, no estaban aquí.

Todo se excavó en la tierra.

Era muy pronto en la historia de Estados Unidos

para hacer un jardín así, ¿no?

Sí, lo era, lo que me fascina es que sea el único jardín

de este estilo en todo el país.

Tenemos más de cien mil azaleas, más de diez mil camelias japonesas...

Es es el jardín por excelencia.

Veo que hay un caimán ahí.

¿No supone eso un problema para el jardín?

Creo que este es su hábitat.

A mí me parece muy exótico ver a un caimán

tomando el sol en el césped de un jardín.

Los árboles de Middleton son soberbios,

con amplias ramas cubiertas de musgo español.

Pero de entre todos estos árboles majestuosos,

hay uno todavía más especial.

Este es el roble de Middleton.

Tiene entre novecientos y mil años de edad,

lo cual significa que ya estaba aquí cuando Cristóbal Colón

llegó a América, que ha sido testigo de la creación de este jardín,

de la Guerra Civil, de terremotos, de huracanes...

Y sigue creciendo, y no hay duda de que lo seguirá haciendo

después de que todos nos hayamos ido.

Cuando estaba allí, el tiempo empeoró muchísimo.

Con la llegada de una lluvia torrencial,

me vi obligado a marcharme.

Pero la tormenta pasó

y como a la mañana siguiente lucía el sol y el cielo estaba azul,

decidí regresar a Middleton Place.

La razón por la que he vuelto es, sobre todo,

porque sé que hay algunas zonas, como esta, que no pude visitar ayer,

que reflejan la elegancia de los jardines

que encontramos en Middleton.

Y esa elegancia proviene de la simetria y geometría europeas.

El resultado es la imagen familiar de cuadrículas

con jardines separados, cada uno con elementos diferentes,

pero todos conectados a la misma estructura general.

No obstante, el aspecto es de lo más local

porque no existe un jardín tradicional europeo

que esté rodeado por unos robles colgantes tan majestuosos,

engalanados de musgo español.

En realidad, esta planta que cuelga a jirones de las ramas

no es española, ni siquiera es musgo,

sino que pertenece a la familia de las bromelias,

originaria de estos Estados sureños, donde prospera con el calor

y la humedad.

Esta es otra de las áreas más elegantes del jardín,

bordeada de árboles.

Y, hablando de árboles, la tormenta que me echó ayer

ha tenido una consecuencia desastrosa.

Los fuertes vientos quebraron una de las ramas gigantes

del roble más antiguo de Middleton.

Middleton Place es uno de los jardines más espléndidos

de Estados Unidos.

Pero a poco más de tres kilómetros de aquí,

se encuentra otra plantación que también destaca en la historia

de los jardines del país.

Monty, bienvenido a Magnolia y a la Avenida de los Robles

que conduce a esta antigua propiedad,

fundada en mil seiscientos setenta y seis

por la familia Drayton.

Herb Frasier, que lleva trabajando en Magnolia más de diez años,

me llevó a conocer el primer jardín abierto al público

de Estados Unidos.

Los Drayton llegaron aquí desde las Barbados

y esta propiedad ha pertenecido a la familia

durante trece generaciones.

El puente a nuestra izquierda

se construyó en la década de los cuarenta

y es el símbolo de Magnolia.

En mil ochocientos setenta, el reverendo John Drayton

abrió al público las puertas de la propiedad,

lo cual la convierte en la primera atracción turística de Charleston.

Es de reconocido prestigio.

Esta es la mansión de nueve habitaciones

que se edificó tras la Guerra Civil.

La antigua casa fue incendiada por las tropas de la Unión

en el transcurso de la guerra.

Empiezo a darme cuenta de que la Guerra Civil

todavía se hace notar en estas propiedades.

Aunque la plantación data de finales del siglo diecisiete,

la construcción de sus célebres jardines

no comenzó hasta la década de los años treinta

del siglo diecinueve.

Por entonces, los gustos estaban cambiando y los jardines de Magnolia

recogieron con entusiasmo las nuevas tendencias

en el estilo de la horticultura.

El resultado fue un diseño de plantación más ligero

y mucho menos racional.

Todo esto recibe la inspiración y la influencia

del movimiento romántico

de comienzos del siglo diecinueve en Europa.

Y en Estados Unidos es conocido

como el estilo de jardinería romántico.

La gran diferencia

estaba en que, en vez de intentar controlar a la naturaleza,

la acogía.

En estos jardines románticos, la solemnidad y la simetría

características de Middleton Place,

se sustituyen por una forma de plantación más informal,

diseñada para inspirar emoción más que una respuesta intelectual.

La combinación de plantas

cultivadas especialmente para jardines,

como las azaleas con las plantas naturales de la zona,

da un resultado magnífico.

Encontramos azaleas y también un semillero

de un roble maravilloso que crece aquí.

Vemos hortensias floreciendo por todas partes.

Y detrás, a solo unos metros de la valla,

encontramos un tallo de magnolia grandiflora.

Hay miles de ellos solo en este jardín.

Crecen como la mala hierba.

Cuando tienes un entorno tan espectacular

como este árbol gigante de hoja perenne

cubierto de flores enormes,

no es de extrañar que se prefiera trabajar con ello

en vez de en su contra.

A comienzos del siglo veinte, la guía turística Baedeker

calificó a los Jardines Magnolia como uno de los tres lugares

más importantes de Norteamérica, junto con el Gran Cañón

y las Cataratas del Niágara.

Creo que no he visto árboles tan hermosos como estos

en ninguna otra parte del mundo.

Los hermanos Teddy e Isaac Leach

son la tercera generación de jardineros de Magnolia

y se han criado en la misma plantación.

Vosotros dos lleváis mucho tiempo aquí, ¿verdad?

Nací en mil novecientos cincuenta y ocho.

Mi padre se trasladó aquí cuando yo tenía tres años

y vivíamos en la plantación. ¿Sois una familia grande?

Yo soy el pequeño de quince hermanos.

¡Quince!

Mi padre se encargó de cuidarnos y mi abuelo, Willy Leach,

se ocupó de los jardines durante años.

La mayoría de las plantas que vemos aquí ahora

las cultivó mi abuelo.

Durante los años tumultuosos de las luchas

por los derechos civiles de los años sesenta del siglo pasado,

la plantación supuso un refugio para los hermanos.

Con todos los problemas que había en Charleston en aquellos años,

con la segregación en las escuelas y lo que estaba sucediendo en el sur,

aquí estábamos mucho más seguros por la noche,

porque en un momento dado se cerraron los jardines

y nos quedábamos aquí, junto con otras familias de la zona.

Este era nuestro patio de recreo.

Cuando volvíamos de la escuela,

teníamos más de doscientas hectáreas para nosotros.

Era a la vez un mundo pequeño y seguro,

y un patio de recreo inmenso y precioso.

Un patio de recreo, sí. -Sí.

Pese a compartir gran parte de su historia y de su entorno,

Magnolia y Middleton Place reflejan el progreso y el cambio radical

de la solemnidad inspirada en Europa al Romanticismo,

que se acerca más al sentir de Estados Unidos.

En el mismo Charleston también se refleja este progreso.

Fui a visitar dos jardines.

Uno simétrico y solemne,

y el otro de un estilo mucho más informal.

Este es el jardín de Susan Massamillo

en una de las calles más antiguas de la ciudad.

¿Cuál fue vuestro planteamiento y qué resultado buscabais?

En primer lugar, ideamos tres espacios diferentes

porque es un terreno largo y estrecho.

El primero es más elegante porque está más cerca de la casa,

y quería que fuera blanco para disfrutarlo por la noche

desde el porche.

El segundo, con el césped,

es como una separación con el color verde.

Y a continuación, la explosión de color

a la izquierda y a la derecha, más propia de un jardín inglés.

Y en el fondo, donde da más el sol,

es donde cultivamos las verduras mediterráneas

y donde está la zona de la piscina, para que esté más fresquito.

Cuéntame algo más acerca de este clima, ¿cómo es el verano?

Muy caluroso y húmedo, con muchas tormentas.

El calor y la humedad

afectan bastante a las flores, y a las rosas.

Yo las considero anuales. ¿Ah, sí?

Sí, porque les sale mucho moho.

Imagino que en el verano utilizaréis la piscina.

Claro, nos bañamos y comemos fuera.

Nuestros hijos traen a sus amigos y estamos siempre fuera.

Si yo tuviera este jardín, también estaría fuera todo el tiempo.

Creo que esta es la primera vez que oigo a alguien

referirse a las rosas como anuales.

Dice mucho de este clima.

Fui a otro jardín donde su propietaria, Harriet McDougal,

ha pasado casi toda su vida en él.

Vivo aquí desde que tenía unos tres años.

Antes de que viniéramos, era la casa de mi abuela.

¿Te acuerdas de cómo era el jardín cuando eras pequeña?

¿Había el mismo tipo de plantas?

Sí, muy parecidas.

Estas amarilis empezó a sembrarlas mi madre.

Los Domingos de Resurrección siempre decoraba la iglesia

con las amarilis del jardín.

Es maravilloso ver cómo crecen las amarilis por todo este jardín.

En Inglaterra sería algo imposible.

Sí, lo sería, pero aquí resulta muy fácil.

Hay un árbol inmenso allí atrás.

Sí, es un roble.

Solo tiene unos noventa años.

Las rosas tienen muy buen aspecto.

¿A que sí? Me tienen fascinada, estoy encantada con ellas.

Esa es la rosa inglesa, creo que es una reliquia.

Una verdadera delicia. Gracias.

Está claro que la combinación

de las distintas fases de la historia y del clima

han configurado todo tipo de jardines aquí,

en Carolina del Sur.

Pero ahora me dispongo a continuar mi viaje, hacia Miami, en Florida.

Un clima totalmente distinto.

Estamos en Miami Beach, en el extremo más oriental,

donde el Atlántico se encuentra con el Caribe,

y las palmeras bordean la arena y el mar bajo un sol tropical.

Algo que no te esperas encontrar aquí

es un tributo al Renacimiento del siglo dieciséis en Italia.

He visitado cientos de jardines por todo el mundo,

pero este es de los más extraordinarios.

Entre las palmeras de un pantano de manglares

con la silueta de la ciudad de Miami como telón de fondo,

encontramos un palacio italiano cuyas casi cinco hectáreas

están cubiertas de elegantes jardines.

Ubicada al lado del océano,

Villa Vizcaya es una fantasía operística veneciana

construida como residencia de invierno

para un industrial millonario dedicado a la fabricación

de máquinas cosechadoras.

Debido al trabajo, su propietario, James Deering, sufría de mala salud.

Vino a Florida para recuperarse, se enamoró del clima

y decidió construirse una casa en la zona de la bahía,

justo al sur de Miami.

Las obras comenzaron en mil novecientos doce.

Al cabo de cuatro años,

James Deering llegó para pasar su primera noche

en su casa nueva.

Después empezaron a llegar por mar todos sus invitados

a esta pequeña ensenada que construyó,

protegida por un rompeolas diseñado para que pareciera una embarcación.

Ascendías por estas escaleras para atravesar una pequeña Venecia

flanqueada por palmeras.

Los comienzos del siglo veinte en Estados Unidos

fueron un periodo de rápido crecimiento económico.

Se amasaron grandes fortunas

que se invirtieron en crear algunas de las fincas

más espléndidas del país.

Muchos de estos nuevos millonarios se dispusieron a comprar el estilo

y la sofisticación del Viejo Mundo.

Pero estaban obsesionados con un periodo

de la historia europea en particular.

Cuando los invitados paseaban por los alrededores de la casa,

veían un jardín inmenso, inspirado con todo detalle

en los jardines más espléndidos del Renacimiento italiano.

Los jardines de Italia de los siglos dieciséis y diecisiete

fueron escudriñados en busca de ideas y formas.

Basados en las nociones clásicas de orden y belleza,

los jardines del Renacimiento italiano

se caracterizan por sus cascadas y esculturas

colocadas junto a setos bellamente recortados.

En Villa Vizcaya encontramos todo esto y más.

Y aunque esto sea una mezcla, como de grandes éxitos, digamos,

está todo bien armonizado.

A pesar de tratarse de la imitación de una época

y de un espacio determinados, es algo único.

Y por si la construcción de un palacio renacentista

no fuera suficiente, todo ello se construyó sobre un pantano.

El responsable, Ian Simpkins,

me habló sobre las tremendas dificultades

a las que tuvieron que hacer frente para construir el jardín.

Fueron ocho años de un enorme esfuerzo.

En un momento dado había casi mil personas

contratadas en la construcción de la casa y los jardines.

Aquí antes no había nada.

Todo esto era, básicamente, un pantano de manglares.

¿En qué medida colaboró Deering en el proceso?

Participó de manera muy activa.

Se conservan multitud de telegramas, algunos muy animados,

entre él y los diseñadores del jardín.

Se deduce que era un hombre inmensamente rico.

Sí, podía hacer cualquier cosa que quisiera.

Fue una muestra de ostentación.

Se intentó recrear algo

que te transportara a través de las brumas del tiempo

a otro lugar, a otro tiempo y a otro espacio.

¿Resulta fácil de mantener?

Este jardín tal vez sea el más difícil

donde haya trabajado nunca.

El señor Deering decidió emplazar la construcción

justo en la orilla de la bahía de Vizcaya,

sobre una elevación de algo más de un metro,

de modo que está expuesto a la fuerza

de cualquier huracán que llegue.

Entonces, lo que en realidad vemos aquí

es una recreación extraordinaria de un diseño de la cultura europea,

pero en un entorno subtropical, que has dicho que era un pantano,

lo cual es todo un logro épico, una heroicidad.

Este es uno de los principales ejemplos

de lo que se puede hacer con una riqueza

y un optimismo ilimitados.

Estados Unidos es un crisol

donde se funden multitud de culturas diferentes,

lo cual, en mi opinión, proporciona un lienzo en blanco.

Creo que una de las razones

por las que los jardines de aquí son tan especiales

es que, en cierto modo, no tienen límite.

Pueden ser un producto de la imaginación desbocada.

Se puede hacer lo que uno quiera.

Aunque todo esto sea muy europeo en su conjunto,

en mi opinión también es muy americano.

Es a este pabellón donde parece que venía James Deering

para alejarse de sus invitados cuando empezaban a abrumarlo.

Era un hombre muy reservado.

El jardín se terminó en mil novecientos veintidós,

pero él no tuvo mucho tiempo para disfrutarlo,

porque murió pocos años después.

Sin embargo, lo que queda es tan bello como fascinante.

No se trata solo del monumento a un hombre,

sino a un periodo verdaderamente importante

de la historia de los Estados Unidos.

Y convertir un jardín en un monumento

es algo maravilloso.

En Villa Vizcaya da la sensación de que el dinero

lo puede comprar todo.

Sin embargo, ni con todo el dinero del mundo

se puede conseguir que algunas plantas

prosperen en un pantano de Miami.

Pero existen algunas especies exóticas autóctonas

que adoran estas condiciones climáticas.

He quedado con Prem Subramaniam, quien se ha ofrecido

a llevarme a la Reserva de Grandes Cipreses de Florida

para ir en busca de orquídeas.

Todavía es demasiado pronto para la floración

de muchas orquídeas, pero nunca se sabe.

Tal vez tenga suerte.

¿La senda es así todo el rato?

Hay partes algo más boscosas.

Aquí tenemos algo maravilloso de ver, la palma enana americana.

Algunas de estas plantas pueden ser centenarias.

Sí.

Tienen una fragancia deliciosa, parecida a la del coco.

¿Es originaria de esta parte del mundo?

Sí.

¿Crees que el estadounidense medio moderno

está en contacto con el mundo natural?

En mi opinión, es probable que no tenga ningún contacto

con el mundo natural.

¿Y eso qué consecuencias tiene?

Pues que, si no aprecias la naturaleza,

te da lo mismo si desaparece o no.

¿Cómo empezaste a interesarte por las orquídeas?

Porque son de muchos tamaños y formas diferentes,

que van desde las que se pueden sujetar en el pelo

con una horquilla, a otras mucho más grandes

con pétalos de hasta casi un metro.

Entonces fue porque te fascinaba su enorme variedad.

Por su variedad y por los mecanismos tan interesantes

que utilizan para hacer que los insectos

caigan en sus trampas, donde el único modo de salir

es por donde está el polen.

Veo que estas cosas básicas

todavía te siguen pareciendo misteriosas y fascinantes.

Sí, sí.

¿Sería justo decir que eres un maniático de las orquídeas?

¡Oh, eso me definiría muy bien!

Ya. Muy bien.

Es evidente que esta es una zona pantanosa.

Sí.

Hay muchos helechos, bromelias,

muchas agujas de ciprés con las que tropezarnos.

A esta zona se la conoce como el Amazonas

de los Estados Unidos.

Muchas de las orquídeas que crecen aquí son epífitas,

es decir, se anclan a los árboles, pero sus raíces son aéreas.

Hay mucha materia orgánica, es como una esponja, ¿verdad?

Aquí hay una orquídea.

Y aquí está brotando otra, mira.

Mira, aquí.

¡Sí!

Ahí está, ¡la encontré!

Sí, te me has adelantado.

¿Qué orquídea es esta?

Es una orquídea estrella.

Suelen tener un tono verdoso con algo de morado también.

Nunca me había encontrado una con esta combinación de colores.

Casi siempre encuentro de este tipo,

naranja y crema con bordes verdes.

¿Depende de la humedad del pantano?

¿Necesita esa humedad?

Sí, el agua del pantano sirve para regular la temperatura.

Lo que me fascina es lo dispuesto que estás a lidiar con la vegetación

y meterte en estas aguas hasta la cintura...

Sí.

para encontrarte una florecita como esta

y considerarlo todo un triunfo, que hace que el esfuerzo

merezca mucho la pena.

Sí, sin duda merece la pena.

Yo soy feliz estando en un entorno como este.

Es una belleza

y se conserva como estaba en el pasado.

Aquella larga caminata a través de la densa vegetación

y el pantano farragoso fue, como dijo Prem,

un viaje privilegiado a la Florida del pasado.

Me fascinan los buscadores de plantas,

así que decidí visitar el jardín de un botánico y buscador de plantas

que transformó la manera de producir alimentos en Estados Unidos.

Kampong fue el lugar de residencia de un buscador de plantas

llamado David Fairchild, nacido en mil ochocientos sesenta y nueve.

Se dedicó a buscar y recoger plantas tan diferentes como fuera posible

para poder alimentar a la creciente población de los Estados Unidos.

La palabra "kampong" es indonesia y significa "recinto cerrado".

Fairchild pasó muchos años buscando plantas en Indonesia.

En mil novecientos dieciséis construyó aquí, en Miami,

una residencia de invierno con la ayuda de su suegro,

que resulta que era Alexander Graham Bell,

el inventor del teléfono.

Junto con otros lugares de Hawaii,

Kampong un Jardín Botánico Nacional Tropical.

Craig Morrell es su director.

Craig, tengo interés por conocer el legado

de este jardín, en particular, porque hay muchas plantas distintas,

pero no están ahí solo para exhibirlas, ¿verdad?

No, en absoluto.

Aquí las plantas son el legado vivo de David Fairchild,

quien introdujo algunas de las mejores variedades

de plantas, hortalizas y granos comestibles:

soja, nectarinas, higos, melocotones, peras, dátiles,

caña de azúcar y muchos más.

Muchas de estas plantas siguen vivas en este jardín,

como los mangos y aguacates originales.

Aunque Fairchild no descubrió ninguna especie original,

el volumen en sí de las diferentes variedades que encontró

resulta asombroso.

Su empeño por encontrar una mejor variedad de mangos y aguacates

dio lugar al cultivo de las más de seiscientas variedades de mangos

que tenemos en este condado, casi ochocientas en el Estado de Florida,

y más de cien variedades de aguacates.

¡Algo sorprendente!

Su trabajo consistía en encontrar comida

para alimentar a la población y su influencia llegó a todo el país.

Y tuvo importantes consecuencias económicas,

ya que las variedades de frutos que trajo Fairchild

que más triunfaron,

aportaron alrededor de cien mil millones de dólares anuales

a la economía de Estados Unidos.

Sin embargo, el futuro de esta empresa

está amenazado en la actualidad debido al cambio climático.

¿Cómo afecta el cambio climático a este jardín?

Los inviernos son cada vez más cálidos en Florida,

por lo que muchos de los frutos que se cultivan aquí,

como el longan, el lichi y el mango, que necesitan el frío del invierno,

ya no prosperan como es debido.

Antes de marcharme, Craig desea enseñarme otra planta muy especial,

descubierta por mi propio antepasado buscador de plantas, George Don.

La legendaria planta de Madagascar está justo aquí, a la vuelta.

Así que, ¿esta es la contribución de George Don al jardín?

Esta es su contribución: la vinca o alegría de Madagascar.

Esta planta, aunque sencilla, suscita mucho interés

porque se ha descubierto que contiene

muchos alcaloides anticancerígenos.

Así es, y fue toda una sorpresa porque esta planta

crece en muchas áreas tropicales y en lugares secos

y, de pronto, cobra un valor económico interesante

por sus propiedades medicinales.

¡Bien por el viejo George Don! Bien por él.

Estoy seguro de que George Don,

quien murió en la pobreza y olvidado por todos,

se sentiría feliz al ver que su alegría de Madagascar

suscita tanto interés hoy en día.

Ya no se puede ir más hacia el sur.

Allí están las Bahamas.

Me dirigiré al oeste, hacia una nueva zona horaria,

un nuevo paisaje, nuevos jardines.

Me voy a Nueva Orleans.

Nueva Orleans es la ciudad más grande

del Estado sureño de Luisiana.

Tiene alrededor de cuatrocientos mil habitantes

y tiene fama de ser de las más divertidas.

Comenzaré mi visita aquí, en el Parque Armstrong,

donde encontramos el producto de exportación

más conocido de la ciudad, porque fue aquí,

debajo de estos grandes árboles y en esta sección del parque

donde está la plaza del Congo, donde nació el jazz.

Denise Graves es la directora general

de la Sociedad para la Conservación de la Plaza del Congo.

En Nueva Orleans, a los esclavos africanos

se les bautizaba en la religión católica,

y estar bautizado significaba que no se trabajaba los domingos

ni las fiestas de guardar.

Había, además, algunos terratenientes

que permitían las reuniones de sus esclavos africanos,

y fue en esas reuniones donde los esclavos

tocaban sus instrumentos, y de ahí surgió una fusión musical.

Los esclavos africanos

procedían de unos veinte países diferentes,

y tocar sus ritmos propios era la mejor manera

de identificarse como compatriotas.

Imagínate trabajar en una plantación durante toda la semana

y que te digan cuándo levantarte y acostarte,

qué tienes que comer, cómo trabajar...

Pero vienes aquí, a la Plaza del Congo,

y puedes tocar lo que necesites tocar.

El jazz es una música de resistencia.

Fue la combinación de estos primeros sonidos de percusión

lo que más tarde evolucionó para convertirse en el jazz

y el blues.

Hoy en día, esta plaza sigue siendo un lugar

donde la gente se reúne para tocar y escuchar los tambores.

Este es un lugar sagrado, un espacio mágico.

Nueva Orleans es una ciudad formada por barrios muy diferentes,

cada uno con su propia personalidad.

Antes de venir aquí, a Nueva Orleans, algunos me decían:

"No sé por qué vas ahí, no hay ningún jardín interesante".

Se equivocaban, hay muchísimos y sobre todo aquí,

en el Barrio de los Jardines, donde calle tras calle

te encuentras con unas casas maravillosas,

unos árboles espectaculares y unos jardines preciosos.

Y hay una planta en este barrio que le da un aire

de lo más especial.

El jazmín de estrella, el Trachelospermum jasminoides,

está por todas partes.

Cubre las barandillas, los setos, sube por los postes del telégrafo...

Y, además de ser precioso,

las calles están llenas de su maravillosa fragancia.

Siguiendo el río, un poco más arriba,

se encuentra el barrio más antiguo y, tal vez, el más famoso

de Nueva Orleans, el Barrio Francés,

caracterizado por su arquitectura colonial,

que data de la época en que el Estado de Luisiana

era territorio francés.

Me dirijo a mi encuentro con Celia Collins,

quien, junto con su marido Jeff,

lleva viviendo en una de estas magníficas casas

del Barrio Francés más de veinte años.

Su jardín, como la mayoría, es un patio

que no puede verse desde la calle.

¿Cuántos años tiene la casa?

La casa se construyó en mil ochocientos cincuenta.

Y este jardín tan acogedor.

Somos muy afortunados

de tener lo que se llama un terreno protegido.

Es muy alargado, como ves.

Tenemos otro jardín en la parte de atrás.

Este es todo tropical.

Estoy muy orgullosa de este helecho.

Estaba en una pequeña maceta de terracota y era muy pequeño.

Lo dejé y mira lo que tenemos ahora.

¡Dios mío, vaya hojas que tiene!

Y estas palmeras, cuando nos vinimos a vivir aquí,

medían lo mismo que yo.

Si algo empieza a brotar, lo dejo.

Ya.

Por lo que vemos aquí, se nota que es un sitio húmedo.

Hace calor, pero es húmedo.

Es húmedo, pero no tanto como debería.

Hay que regarlo todos los días.

¿Ah, sí?

El calor y la humedad del verano de Nueva Orleans

pueden ser buenos para algunas plantas, pero no para el ser humano.

Dentro de un par de semanas,

no se podrá salir porque hará demasiado calor.

Tenemos muy poco tiempo y lo aprovechamos al máximo.

Cuando está precioso, está precioso de verdad.

Ayer, cuando estaba trabajando en el jardín,

me dio un vuelco el corazón cuando vi las hojas

enrolladas de los helechos antes de empezar a abrirse,

y es una maravilla.

Jeff, mi marido, nunca podría sentir esa sensación.

Creo que es genético, en serio.

¡Seguro que tú también tienes ese gen!

Bueno, para mí es un gran placer. Sí.

No hay casi nada en este mundo que me haga más feliz.

Y tendrás un jardín. Tengo un jardín. Sí.

Este jardín es maravilloso, un trozo de paraíso, de verdad.

Después de visitar un jardín urbano, me dirijo hacia el norte,

a unos ocho kilómetros del centro, para visitar un jardín

construido antes de la Segunda Guerra Mundial

a una escala mucho mayor.

Longue Vue House es el último jardín que voy a visitar aquí,

en Nueva Orleans.

Es espectacular y, en cierto modo, el más grandioso

dentro de un estilo convencional.

Longue Vue perteneció a Edgar y Edith Stern, ambos millonarios.

Fueron grandes filántropos

y fundaron una residencia universitaria y un hospital

para ayudar a la comunidad afroamericana de Nueva Orleans.

Su primera casa en Longue Vue

la construyeron en mil novecientos veintiuno sobre una modesta parcela

junto al campo de golf.

Los Stern llevaban nueve años viviendo aquí

cuando, en mil novecientos treinta y seis,

se fueron de viaje por Europa

y volvieron decididos a crear su propio jardín,

inspirados por todo lo que habían visto.

De manera que compraron más terreno

y contrataron a Ellen Biddle Shipman, excelente diseñadora

y una de las primeras mujeres en el mundo de la jardinería,

por aquel entonces dominado en gran medida por los hombres.

Junto con la señora Stern,

Ellen Biddle diseñó una amplia y espectacular serie de jardines.

Sin embargo, existía un gran inconveniente.

Sus propuestas eran demasiado ambiciosas para su casa,

así que, muy a la americana, la derribaron

y construyeron otra nueva en un lugar diferente,

con una nueva fachada donde los cuatro lados

darían directamente al jardín.

Desde la casa se verían catorce jardines independientes,

extendidos a lo largo de más de tres hectáreas

profusamente cultivadas.

Entre las diferentes secciones del jardín,

se incluía un jardín amurallado, un patio español

y un jardín silvestre.

La plantación inicial del jardín

se inspiraba en los jardines europeos,

sobre todo en los de España, por lo parecido del clima.

Pero se equivocaron.

El de aquí es mucho más húmedo.

Hace mucho calor y la humedad es muy alta,

por lo que, gradualmente, fueron introduciendo aquellas plantas

que se adaptaban mejor.

Después construyeron este jardín silvestre con un palomar al fondo,

que en realidad es falso.

Es un lugar donde sentarse a la sombra

de los enormes magnolios.

Las plantas y, a pesar de no ser autóctonas,

se han adaptado muy bien.

A la señora Stern le interesaban las flores silvestres de Luisiana

y quiso protegerlas dentro de un jardín

dominado por la influencia europea, por lo que plantas como las salvias,

las más delicadas y tiernas del jardín que yo tengo en casa,

campan aquí a sus anchas.

Y la adorable hortensia de hoja de roble,

con sus flores blancas, no puede ser más espectacular.

Hoy en día se cuida de los jardines para que tengan el mismo aspecto

que tuvieron en los años sesenta del siglo pasado,

cuando se abrieron al público por primera vez.

Pero no ha sido siempre una tarea fácil,

porque sufrieron los efectos catastróficos

de la peor tormenta que ha azotado Nueva Orleans.

Amy Graham, responsable de Horticultura,

me cuenta todos los detalles.

Amy, el jardín parece muy sólido, muy establecido e imperturbable,

pero en tu época hubo muchas complicaciones.

Es cierto, en el año dos mil cinco sufrimos el huracán Katrina.

Cuéntame, ¿qué pasó?

Estamos situados muy cerca del canal de la Calle Séptima, que reventó,

por lo que tuvimos más de medio metro de agua por toda la propiedad

durante casi dos semanas.

¿Y la tormenta causó muchos daños?

Sí, los vientos, de más de doscientos kilómetros por hora, que sufrimos

nos destruyeron unos doscientos árboles, grandes y pequeños.

Terrible. ¿Qué aspecto tenía todo esto?

Pues aquí tengo una foto de estos árboles

que tenemos delante.

Son robles, y quedaron prácticamente sin hojas.

Parece que estamos justo en el mismo sitio.

¿Volvieron a brotar las hojas al año siguiente?

La verdad es que no, tardaron varios años.

Háblame de la operación de limpieza, ¿cuántos de vosotros participasteis?

Gran parte del personal del jardín no volvió a vivir en Nueva Orleans

después del huracán.

El ochenta y cinco por ciento de las viviendas

quedaron inhabitables y la gente no tenía donde quedarse,

por lo que en muchos casos no pudieron volver a sus trabajos.

Aquí perdimos algunos empleados.

Había cinco jardineros a jornada completa

y yo fui la única que pudo volver al trabajo,

así que trabajé con un gran número de voluntarios, unos seiscientos,

en los dos años posteriores a la tormenta.

¡Madre mía! ¿Cuánto tiempo se tardó en recuperar lo que vemos ahora?

Unos siete años después del Katrina fue cuando empezamos a recuperarlo.

Los cuarenta y dos robles de la finca Longue Vue,

incluidos estos magníficos especímenes de la avenida

que bordean el camino de entrada, sufrieron graves daños

a causa del Katrina, pero, asombrosamente,

todos ellos sobrevivieron.

Este es el poderoso Mississippi,

arrastrado por una fuerte corriente hacia el mar,

el cual me lleva al final de esta etapa de mi viaje.

Mi visita al sur profundo ha sido fascinante.

A través de sus jardines, he experimentado la pasión

que sienten por su identidad y por su historia.

Pero es hora de seguir adelante y visitar una parte muy diferente

de este extenso país.

Para ello me dirijo a los desiertos, a las montañas, al litoral

y a los bosques de la Costa Oeste.

Exploraré el terreno

de los impresionantes cactus de Arizona

y me mostrarán algunas de las mejores vistas de Hollywood

Me propuse comprar una casa

donde mi lebrel afgano se sintiera feliz.

antes de satisfacer el antiguo deseo de ver los árboles

más altos del mundo.

Esto ha superado todas mis expectativas.

Subtitulación realizada por: Virginia Sander.

Otros documentales - Los jardines americanos de Monty Don: El sur

58:39 11 ene 2021

En este capítulo, Monty Don explora los jardines del sur. Se dispone a descubrir cómo ha influido la inmensidad del paisaje en los jardines estadounidenses. En Carolina del Sur visita Middleton place y el jardín Magnolia, el primer jardín abierto al público de Estados Unidos.

Contenido disponible hasta el 18 de enero de 2021.

En este capítulo, Monty Don explora los jardines del sur. Se dispone a descubrir cómo ha influido la inmensidad del paisaje en los jardines estadounidenses. En Carolina del Sur visita Middleton place y el jardín Magnolia, el primer jardín abierto al público de Estados Unidos.

Contenido disponible hasta el 18 de enero de 2021.

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    Coyote

    56:57 pasado jueves

    56:57 pasado jueves Coyote es el apodo en Guatemala y en toda Centroamérica de los hombres que se dedican a ayudar a los emigrantes, previa remuneración, a pasar la frontera mexicana para entrar ilegalmente en EE.UU. En la película de Rodríguez, Coyote es un albañil guatemalteco llamado Maco, que confiesa ser alcohólico y se considera a sí mismo como un director de teatro y a los emigrantes como actores. En la cinta se cuenta la historia de tres indocumentados centroamericanos y este 'coyote', que los guía de Guatemala hasta la frontera de Estados Unidos. Maco cambia la identidad de sus clientes y los convierte en ciudadanos mexicanos que viajan por su país por diferentes causas respetables. Un viaje plagado de dificultades en el que sus protagonistas serán asaltados, vivirán de cerca la deportación y tendrán que volver a empezar de cero hasta lograr finalmente su objetivo. Contenido disponible hasta el 28 de enero de 2021.

  • 58:44 pasado miércoles Monty Don disfruta del festival de los cerezos en flor de primavera mientras explora los jardines japoneses. Los jardines japoneses siguen siendo un enigma, en los que la contemplación silenciosa forman parte de su ser. Visitaremos algunos en Kanazawa, Kyoto y Okazaky. Contenido disponible hasta el 20 de enero de 2021.

  • 51:30 pasado miércoles El Mercado Central de Budapest se trata de un sitio colorido, lleno de aromas y sabores autóctonos. Conoceremos a un chef autodidacta que cocina productos de temporada en su apartamento-restaurante, y nos enseñarán cómo se elaboran los productos estrellas de la ciudad como son los encurtidos. Contenido disponible hasta el 20 de enero de 2021.

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    1:06:21 pasado miércoles

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    56:28 pasado martes El documental muestra el proceso por el que se llega a formar una fundación para llevar a cabo el proyecto de restauración de la catedral de Vitoria con la implicación de diversas instituciones y particulares sentando un precedente en toda Europa sobre cómo afrontar la conservación del patrimonio. Contenido disponible hasta el 27 de enero de 2021.

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