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Para todos los públicos Órbita Laika - T6 - Programa 9: Si me sigues, te sigo - ver ahora
Transcripción completa

Hola, soy Eduardo Sáenz de Cabezón,

y estáis a punto de ver un nuevo programa de "Órbita Laika".

Fue grabado hace meses, aquí mismo, en Televisión Española,

en los estudios de Prado del Rey.

Esta grabación coincidió

con la llegada a nuestras vidas del coronavirus,

y, como nos pasó a todos, puso nuestros planes patas arriba.

Por eso, en esta sexta temporada,

os encontraréis unos programas con público

y otros sin público.

En algunas vídeos veréis mascarillas y en otros no.

Nos parecía importante explicároslo.

Sea como sea, os espera una hora de divulgación científica

con la receta que ya conocéis:

Rigor, diversión y buen rollo.

El conocimiento científico, todos lo hemos visto,

es fundamental para entender el mundo que nos rodea.

Lo que sigue es nuestro pequeño granito de arena.

Gracias por estar ahí.

(Música cabecera)

(Aplausos y vítores)

Buenas noches.

Bienvenidos, bienvenidas a "Órbita Laika".

Como veis, estoy completamente solo.

Aunque, ahora que lo pienso, puede que no lo esté del todo.

Si ahora mismo fuese uno de nuestros antepasados prehistóricos,

puede que este oso tardara muy poco en devorarme.

Precisamente por eso, porque estoy solo.

De hecho, sabemos que el "Homo sapiens"

sobrevivió como especie por un importante motivo,

aprendió a crecer en comunidad.

Al calor del fuego de nuestras cavernas

nuestro cerebro desarrolló la empatía y las habilidades sociales.

Cazar, cuidar y emigrar

se convirtieron en tareas imposibles de realizar sin ayuda de la tribu.

Este, aunque parezca increíble,

es el comienzo de las redes sociales.

Tuvieron que pasar muchos años

para que estas relaciones pudieran desarrollarse a distancia.

Fue en 1844, el 24 de mayo,

Samuel Morse trasmitió este mensaje desde Washington hasta Baltimore.

(Mensaje en morse)

Decía: "¡Lo que ha hecho Dios!".

Aunque, en realidad,

las telecomunicaciones eran obra del ser humano

y estaban creando un nuevo mundo.

Gracias a ellas, ahora podíamos relacionarnos

sin importar la distancia que nos separara.

Sin embargo, un mensaje o una llamada

eran solo una comunicación bidireccional,

una transmisión de un punto a otro.

Lo que estaba por llegar iba a suponer un cambio mucho mayor.

A principios de los años 70,

con Internet y los primeros correos electrónicos,

la comunicación dejaba de ser bidireccional

y comenzaba a generar algo nuevo: una comunidad.

Más tarde, en los años 90,

con más de un millón de computadoras conectadas,

llegó el nacimiento de las primeras webs,

y, con ellas, los primeros blogs, los foros, los chats,

y, con todo eso, llegó también

el sentimiento de pertenencia a esa comunidad.

Esa necesidad de sentirnos parte de algo, de estar conectados,

es, en realidad, un instinto natural.

Esa es la clave de las redes sociales.

Si estamos solos, nuestro cuerpo genera una especie de dolor

para que prestemos atención a nuestras relaciones sociales.

En el pasado, cuando aquellos que habían sido excluidos

cambiaban de actitud

y desarrollaban la empatía y sus habilidades sociales,

eran acogidos de nuevo en la tribu.

Porque, sencillamente, sobrevivir dependía de ello,

dependía de la comunidad.

Hoy, en pleno siglo XXI,

esa necesidad de sobrevivir ha adquirido otros significados

quizá más cercanos a destacar en la comunidad,

sentirse aceptado, admirado, deseado,

incluso, envidiado.

En esa inmensa red que nos conecta a todos,

no solo creamos la imagen que queremos proyectar

de nosotros mismos,

sino también la imagen del mundo que nos rodea.

Las redes sociales no han creado un nuevo mundo, sino muchos.

Y, sin embargo,

en el momento más conectado de la historia de la humanidad,

puede que estemos más solos que nunca.

O quizá no.

Hoy nos zambullimos en las profundidades de las redes sociales

en busca de su ley no escrita más importante:

Si me sigues, te sigo.

(Música)

¿Sabías que si Facebook fuese un país,

tendría más habitantes que ningún otro?

¿Y que cada me gusta que recibes hace que tu cerebro libere dopamina?

Sí, tiene el mismo efecto que un beso de tu pareja.

En lo que dura este programa, se enviarán 2090 millones de wasaps,

se verán 220 millones de vídeos en YouTube

y se harán 55 millones de "swipes" en Tinder.

Tú sabrás si es para reír o para llorar,

pero una cosa sí está clara:

tras el frívolo mundo de las redes sociales,

se esconde un complejo desarrollo científico-tecnológico,

como ese algoritmo que puede deducir,

por tus publicaciones de Instagram,

si has bebido demasiado, y hasta si tienes una depresión.

Si eres de los que vive desconectado,

"Okey, boomer", nosotros te ponemos al día.

Te vamos a dar las claves para hacerte el selfi perfecto,

descubriremos cómo funcionan las redes sociales,

por qué triunfan las "fake news"

y qué le pasa a tu cerebro

cada vez que alguien le da al corazoncito

en tu última foto.

Esta noche, en "Órbita Laika", si nos sigues, te seguimos.

(Aplausos)

En 1973, Martin Cooper trabajaba como ingeniero

para una gran compañía tecnológica.

Su nombre no fue mundialmente conocido

hasta el 3 de abril de ese mismo año,

cuando el teléfono sonó en el despacho del ingeniero Joel Engel,

gerente de otra importante empresa de telecomunicaciones.

Al otro lado de la línea estaba Cooper.

(Tono telefónico)

(TELÉFONO) "Joel, soy Marty.

Te llamo desde un teléfono móvil.

Desde un teléfono móvil real".

Resulta que ambos eran competidores,

y la carrera por desarrollar aquella tecnología,

acababa de ganarla Cooper.

Aquel aparato que pesaba, más o menos, un kilo,

ha evolucionado hasta nuestros actuales teléfonos inteligentes

y, sin darnos cuenta,

se han convertido en, casi, un apéndice de nuestro cuerpo.

Los smartphones son, cada vez más, la herramienta fundamental

con la que nos conectamos a las redes sociales.

Conexiones tan complejas que, para entenderlas,

hemos tenido que llamar a nuestro físico influencer,

Javier Santaolalla.

(Música)

(Aplausos)

Hola, Javi. Buenas noches. Buenas noches.

Redes sociales. Tú las usas, ¿no?

Tienes ahí tu Instagram y tus cositas.

Como usuarios, ¿qué hacemos? Nos sentamos en el sofá

y nos ponemos a cotillear, ¿no?

Foto para arriba, no sé qué... Like a esto, toma.

Nada especial, nada muy exótico, ¿verdad?

Sí. Pero, si lo piensas desde fuera,

¿qué estamos viendo?

Estamos viendo a miles de millones de humanos

dando datos sobre qué nos gusta, dónde estamos,

con quién interaccionamos, qué nos gusta saber...

Estamos dando muchísimos datos acerca de nuestro comportamiento.

Pero ¿qué pasa si yo tomo esos datos y los ordeno, les doy una coherencia,

les doy un sentido, encuentro patrones, tendencias?

(ASIENTE) Estoy extrayendo...

Información. Información.

Y la información es poder.

Y como la información es poder, y a la gente le gusta tener poder,

pues esto es muy importantes para empresas, para marcas,

para muchas aplicaciones que te puedas imaginar.

Haciendo que uno de los trabajos de moda hoy en día tenga este nombre:

"Data scientist".

Eso es, esa ciencia de datos

que, de los grandes números de datos que hay, extrae información. Vale.

En física de partículas hacemos algo muy parecido.

(ASIENTE) Tú colisionas partículas,

40 millones de veces por segundo,

creando torrentes y torrentes de conexiones, de datos,

que tienes que ordenar para darle un sentido.

Vale. Pues lo veo bien. O sea, ya lo pillo.

Tienes la "data scientist", las redes sociales,

tienes la física de partículas, y, por debajo,

uniendo ambas cosas, lo que tienen en común

es la teoría de redes, que es una teoría matemática

que se basa en una de mis favoritas,

y de las teorías más bonitas que hay en matemáticas,

que es la teoría de grafos. ¿Es eso?

Pues justo de lo que vamos a hablar, esa bonita rama de las matemáticas

que tiene mucha relación con las redes sociales

porque, de alguna forma, podemos entender

que esos nodos de esta teoría de grafos

son las personas, y los vínculos son las relaciones entre estos nodos.

Vale. Y aquí entran las redes sociales.

Y ahí hay muchos tipos. (ASIENTE)

En particular, podemos fijarnos en dos tipos.

Están Twitter e Instagram.

¿Tú tienes? Sí.

Pues estas son unidireccionales.

Son asimétricas. Sí.

Yo te puedo seguir a ti, pero tú no a mí.

Por otro lado, están las simétricas.

Donde sí hay un vínculo que se establece a dos.

Facebook. Como ocurre con Facebook o WhatsApp.

Te conectas en WhatsApp, ya estás conectado,

no puedes decir que no ni salir corriendo.

(RÍE) Vale. Una vez conectado, está hecho.

Y estas redes, que son simétricas, dan lugar a una cosa muy bonita,

que son grafos como este...

que vemos aquí. Eh... ¡Uf!

Ya lo ves, parece una madeja de... ¿Muy complicado?

... cosas, de líneas y de puntos, pero, en realidad,

está dando mucha información.

Sí, pero, en realidad, no son tantos.

Hay ahí como unos cientos de puntos, más o menos...

Esa es otra. Y se generan muchísimas relaciones.

Esa es otra, que con tan solo pocos puntos,

mira lo que estamos creando.

Qué cantidad de información se puede sacar de aquí.

De cómo se conectan diferentes personas,

creando estructuras que vamos a ver ahora.

Es de lo que te quiero hablar,

las cosas que se pueden sacar de algo como esto.

Y, para ello, te he traído aquí un maravilloso grafo

que vamos a representar con lucecitas

y con un caso muy particular, que vas a ser tú.

Vale. Los grafos, recuerdo, constan de puntos o vértices,

que llamamos, y conexiones entre ellos,

que llamamos aristas.

Y eso es lo que estudiamos. Eso es.

En redes sociales, los puntos son personas,

y las aristas son las relaciones de proximidad.

Vínculos entre personas

que se aceptan entre sí para seguirse.

Este eres tú, Eduardo. Ese ser de luz...

Ese ser... Azul... Soy yo.

Esférico, perfecto. ¿Qué te ocurre a ti?

Que vas a llegar a una red social nueva.

(ASIENTE) Pero, siendo muy optimista,

vas a partir con un caso realista de que tienes dos amigos, ¿vale?

(RÍEN) Son estos seres verdes.

He sido muy popular siempre, sí. (RÍE) Ahí está.

Tienes dos amigos. ¿Qué ocurre? Que llegas a la red social,

la red social ya sabe lo popular que eres tú

y que esas personas son candidatos a ser tus amigos.

Me las sugiere. Te las sugiere.

Al sugerirte esa persona, pues tú aceptas y creas un vínculo.

Tenemos un pequeño grafo.

Ha iniciado el grafo dos nodos y un vínculo entre los dos.

Vale. ¿Qué ocurre? Las redes sociales

otra cosa que tienen es que saben manejar bien los datos,

y saben algo muy interesante, el cancionero español,

y saben que los amigos de mis amigos son...

Mis amigos. Ahí está.

Pues te va a sugerir un amigo de ese amigo,

que, muy posiblemente, tú, efectivamente, aceptes.

Eso lo llamamos transitividad en matemáticas.

Esta que dices es simétrica, ¿verdad?

Una vez que sigo, se establece el vínculo entre los dos.

Correcto. Y esto se puede ampliar. Porque, efectivamente,

puede haber una cuarta persona, que es amigo mutuo

y, al final, acaba generando

eso que llamamos un pequeño "clúster".

Una comunidad. Una comunidad.

Todas las posibles conexiones entre esos cuatro nodos.

Efectivamente. Tengo una comunidad que son cuatro nodos,

pero imaginemos, cada uno que imagine en su casa

comunidades de 100, 200, 300 personas...

Porque somos así los humanos, somos cerraditos.

Es una de las cosas que se pueden ver en estos nodos,

que se generan estos clúster, que son independientes.

Vale. Claro,

este clúster es un clúster individual,

pero, obviamente,

hay personas que son capaces de salirse del clúster

y llegar a otros. Vale.

Alguna persona, en este caso, que sea popular,

que generaría otro clúster y otras conexiones.

(ASIENTE) Aquí vemos cosas interesantes.

Pues que, en general, los humanos tendemos a agruparnos

en redes sociales, por medio de clúster,

en comunidades... Vemos varias comunidades,

en esta red, sí. Y genera un perfil muy interesante,

que seguro que te suena, en una palabra muy popular

y que se dice mucho hoy en día, que es el del influencer.

Mira esto de aquí. Ahí tenemos al influencer.

¿El influencer lo es porque tiene muchas conexiones

o no necesariamente?

Tiene propiedades muy interesantes.

La primera es que tiene muchas conexiones.

Lo puedes ver, en de una comunidad, es una persona popular.

Tiene una segunda característica que lo hace especialmente atractivo,

y es que es transversal a muchas comunidades.

Entonces, puede conectar comunidades

que, en principio, no tienen nada que ver.

Por eso son personas que tienen mucho atractivo

a la hora de llegar a nuevos públicos.

Porque tienen esa capacidad de romper.

Son una llave a muchas comunidades.

Entonces, tienen esa capacidad de abrir hacia ese tipo de público

que antes, pues no podía entrar en ese tipo de contenidos.

Tú eres un influencer, Javi.

Lo intento. Te presenté como influencer,

y es cierto, eres un influencer. (RÍE)

Y, no sé qué opinas,

los influencer tenéis una cierta voz en las redes sociales

que hay que utilizar con responsabilidad, ¿no?

Precisamente por esto, porque somos capaces

de llevar información a muchas comunidades,

ojalá que esa información sea usada de forma eficiente y responsable.

Pues con este mensaje nos quedamos. Muchísimas gracias, Javi,

por este grafo hermoso. Gracias a ti, Edu.

Gracias por la teoría de grafos y sus aplicaciones.

A ti.

(Aplausos)

En los años 60, un grupo de estudiantes de Harvard

desarrolló un sistema de preguntas

cuya finalidad era asignar parejas a los universitarios del campus.

Lo llamaron "Operación Match".

Para procesar los cuestionarios,

alquilaron una de las primeras computadoras de IBM.

Les salía muy claro, casi a 100 dólares la hora.

pero mereció la pena.

Con aquel experimento, lograron que se inscribieran

más de 90 000 estudiantes.

Hoy en día, comenzar una relación por Internet

ha pasado de ser un tabú a un hábito corriente.

Utilizamos las redes sociales para acercarnos a gente nueva.

Pero, en realidad, esa gente nueva es muy parecida a nosotros,

porque forma parte de nuestros mismos círculos

y líneas de pensamiento.

Esto tiene explicación científica, y nos la va a contar

nuestra fabulosa psicóloga, Laura Morán.

(Música)

(Aplausos)

Hola, Laura, buenas noches. Buenas noches, Edu.

¿Qué tal? Pues nada,

aquí estamos yo y mi burbuja.

Tú y tu burbuja. ¿Qué me estás contando?

(RÍE) ¿Nunca has oído la expresión

de que cada uno vivimos en nuestra propia burbuja?

Muchas veces. Vale. ¿Y quieres que te cuente

a qué nos referimos desde el punto de vista psicológico?

Es verdad, venimos a hablar de redes sociales.

También tiene que ver con burbujas. Cuéntame.

(RÍE) Eso es. Pues lo utilizamos para explicar

que, aunque todas las personas tenemos características comunes,

en realidad, entre nosotros también somos muy diferentes,

porque cada uno de nosotros

somos hijos de nuestro padre y de nuestra madre.

Y cada uno de nosotros percibe el mundo,

se relaciona con él y lo interpreta de forma diferente.

De tal forma que, al final,

vamos diseñando nuestra propia realidad.

Un poco subjetiva, un poco particular...

Nuestra propia burbuja.

Que está muy bien que cada uno vivamos nuestra realidad.

Claro, y esto lo tenemos en el mundo real

y también en el mundo virtual. (ASIENTE)

Porque su versión son las redes sociales.

Vale. Que las vamos diseñando,

pues según las etiquetas que seguimos,

los "me gusta" que damos...

A quién seguimos, lo que a mí me gusta, tal,

va generando como una especie de propia realidad

casi casi casi individual, ¿no? Efectivamente.

Vale. Y para ilustrar esto hoy,

tenemos un invitado. Ah, muy bien.

Sí. Adelante el invitado.

(Aplausos)

(RÍEN)

Cuidado, que te nos caes.

(LAURA RÍE)

Pero ¿qué es esto, burbujita?

Tú, Ricardo, para estas cosas,

¿te ofreces voluntario o firmas los contratos sin leer?

-Soy el hámster de "Órbita Laika". (LAURA RÍE)

Pues lo que vamos a hacer con él

es ver de qué está hecha la burbuja de Ricardo, ¿no?

Por ejemplo, tendríamos el hashtag...

#Chiquitista. #Chiquitista. Es chiquitista.

#Chiquitista. -"Can de mor e nar".

Yo también. Eso, siempre.

-Tú también.

También podemos encontrar en sus redes...

#Social. Vale. Muy bien. Sí, es social.

Lo de pegar no es lo mío, ¿eh? Perdonadme.

Tenemos un montón, ¿eh? Pero bueno, hemos sacado así, como...

Esta es para la gente que tiene mucho tiempo.

#SiestaLover. #SiestaLover. Muy bien.

Pero es que es una necesidad vital. Sí.

Como respirar.

(RÍE) -Y, luego, tenemos esta, por ejemplo, que es #GatoFan.

#GatoFan. Yo no soy #GatoFan. Yo tampoco.

Yo tampoco, pero sé que en el mundo de Moure,

en el real y en el virtual, hay gatetes.

(MUY ALTO) Oye, Ricardo, tu gato, ¿cómo se llama?

(MUY ALTO) Pitichuli.

Pitichuli. Salió aquí.

Ah, sí. Pues, entonces, Pitichuli está dentro de la burbuja real.

Exacto. Pero no está en la tuya, tampoco está en la mía,

porque valoro mucho la integridad de mi ropa de color negro.

Entonces, en el caso de Moure, tenemos todas estas etiquetas.

¿Qué efectos produce vivir una burbuja,

ya sea en el mundo real o en el mundo virtual?

Pues que acabamos funcionando, un poco, como si lleváramos orejeras.

Tenemos la sensación de que el mundo entero

es como nuestra burbuja,

o que el resto de las burbujas son todas iguales

y contienen la misma información.

Y en el caso de Moure, además,

le sirve para no darse cuenta de que está equivocado.

A ver. Sí, Moure. Porque, mira,

¿a ti cómo te gusta la tortilla de patata?

-Pues crudita y sin cebolla.

-Nuestro Moure es #AntiCebollista,

y esto, lo siento, pero no lo podemos consentir.

Luego tienes mi "unfollow", y ahora, por favor,

abandona el plató. (RÍE)

Pobre. (ACLAMA) "¡Sin cebolla!

¡Sin cebolla!". -Es broma. Que sabes que te queremos.

(RÍE) ¡Qué pobre!

Tampoco vamos a ser así, integristas del anticebollismo.

No. Es una bromita, más que nada.

Muy bien. Estas burbujas, como la de Ricardo y otras,

¿cómo de fuertes son? O sea, ¿cómo de fácil o difícil

es salir de ellas, y también entender que hay otras direcciones,

que hay otros hashtag? Claro.

En el caso del ser humano,

es muy complicado salir de su burbuja,

y dedicamos muchísimo esfuerzo, además, para mantenerlas íntegras.

Cuando vemos un poco de disonancia cognitiva,

tiramos de sesgo de confirmación.

(RÍE) Sácame a mí de mi burbuja de ignorancia, por favor.

Disonancia cognitiva es el término que utilizamos los psicólogos

para hablar del malestar que nos genera a las personas

cuando tenemos dos ideas o dos creencias

dentro de nuestra burbuja que se contradicen.

(ASIENTE) El ejemplo clásico es el del fumador.

Todos sabemos que fumar es algo negativo,

pero mucha gente fuma.

Entonces, ante esa disonancia, ante ese malestar,

Se dan explicaciones a sí mismos del estilo:

"Pues no fumo tanto". Ya.

O el: "De algo hay que morir", ¿no? (ASIENTE)

También nos pasa cuando una persona a la que admiramos, valoramos

o queremos mucho,

comete un error o hace algo que es reprochable, ¿no?

Lo pasamos por alto y nos fijamos en sus cosas buenas.

Efectivamente. Y eso es el sesgo de confirmación.

La tendencia que tenemos los seres humanos a buscar y elegir

todos aquellos datos que confirmen nuestras hipótesis.

Lo cual es negativo para mejorar en el conocimiento, ¿no?

Claro. Es ser muy poco crítico.

Y esto pasa en las redes sociales, que funcionamos..., ¿no?

Damos follow a todo lo que encaja en nuestra burbuja,

silenciamos y bloqueamos todo lo que no,

y esto lo utilizan los algoritmos de las redes sociales

a la hora de sugerirnos contenido... Que está muy bien,

porque nos permiten encontrar lo que buscamos,

pero nos encierran en esa burbuja. Eso es.

Pero eso os pasará a la gente...,

a los mortales, porque a los matemáticos,

los seres de luz, eso, querida, no nos pasa.

(IRÓNICA) No os pasa, ya.

Quieres que te desmonte esa idea, ¿verdad,

sesgo de confirmación andante? ¿Me voy a tragar mis palabras?

Un poquito. Vale.

Acompáñame a la pizarra. Venga.

(LAURA RÍE) La pizarra me gusta.

En la pizarra me siento cómodo. Sabía que te haría ilusión.

Pues mira, yo ahora te voy a plantear...

Ay, qué envidioso. Sí.

(RÍE) Yo te voy a plantear una serie de tres números,

y te voy a pedir que averigües la regla que siguen.

¿De acuerdo? Vale.

Los números son: Dos... Dos.

Cuatro. Cuatro.

Y seis. ¿Puedo resolver?

Espera, que te voy a decir cómo lo tienes que resolver.

Tú ahora me vas a decir series de tres números,

tantas como necesites, y yo te diré

si cumplen esa regla de aquí o no. Vale.

Empiezo. Venga.

Tres, cinco, siete.

Cumplen la regla.

Que van... He puesto que van de dos en dos.

Cumple la regla. Esta sí.

Es que van de dos en dos.

No, esa no es la regla.

Cumplen la regla. Cumplen la regla.

Sí. Eh... ¿Son números pares?

No, esa no es la regla. (RÍE) Y ahora mismo...

Me rindo un poco. Te va a explotar la burbuja.

Me rindo un poco. Claro, lo que has intentado

es elaborar series inspiradas en tu hipótesis.

Sí. Que si son números pares...

¿Has intentado decirme una serie que cuestionara tu hipótesis?

Que cuestione mi hipótesis... Que sea justo al revés.

Algo que no se vaya a cumplir. Eso es.

Venga.

Muy bien. Esta no cumple la regla. Es una serie de números crecientes.

Efectivamente. Esa es la regla. Bueno, una regla muy poco exigente.

Bueno, vale. Para matemáticos, seres de luz, no,

pero para el resto de los mortales está bien.

La diseñó... Este experimento lo diseñó

un psicólogo en los años 60, Peter Wason,

para explicar este fenómeno del sesgo de confirmación.

Y la mayoría de las personas que participan en este tipo

de experimentos siempre elaboran series inspiradas en su hipótesis.

Nunca intentando cuestionarla. Está muy bien, está muy bien pensado

eso de progresar rompiendo nuestras propias hipótesis

y nuestras burbujas. Efectivamente.

Así que, bueno... Laura, muchísimas gracias

por esta lección de psicología. Hasta luego.

(Aplausos)

(Música)

El 23 de marzo de 1839 se introdujo por primera vez

en un periódico la expresión okey como abreviatura de "all correct",

todo está correcto.

El fenómeno arrasó, se visualizó. De hecho, okey, es, a día de hoy,

una de las palabras más utilizadas en Internet.

Lo viral siempre ha existido. Sin embargo, el aumento de nuestras

interconexiones y la velocidad a la que se trasmiten los contenidos

han conseguido que estos mensajes puedan extenderse de forma

más rápida, más eficiente y a mucha más gente.

Pero ¿cómo empezó realmente este fenómeno?

¿Cómo comenzaron las redes sociales? Lo vemos en nuestras

"Historias de la ciencia", una sección

de la Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco.

(Música)

En los años 90 casi nadie tenía Internet en casa

y, menos aún, correo electrónico. Sin embargo, ya estaba claro

que el futuro pasaba por la conectividad.

Así lo creyó Andrew Weinreich, un joven emprendedor

que decidió inventar algo así como unas páginas amarillas digitales.

Pero ¿cómo podía hacerse tal cosa? A Weinreich se le ocurrió

una manera. Si todo el mundo estaba conectado

con la gente que conocía. Tarde o temprano el planeta entero

estaría interrelacionado. Acababa de plantar las bases

para la primera red social de la historia.

Y lo hizo basándose en una vieja teoría, la de los 6° de separación.

De hecho, llamó así a su empresa. Esta teoría apareció por primera vez

en 1930, en un cuento del escritor húngaro Karinthy Frigyyes titulado

"Cadenas". 37 años después el psicólogo Stanley Millgramm

decidió ponerla a prueba. Eligió a una serie de personas

de Estados Unidos y les dio una misión.

Tenían que hacer llegar una postal a una persona de su mismo país

de la que solo sabían su nombre, su trabajo y el estado en que vivía.

Y debían hacerlo de una manera muy concreta.

Solo podían enviar la postal a alguien que conocieran

personalmente. Esa persona debía, a su vez, mandársela a un conocido.

Y así sucesivamente hasta que la postal llegase

a su destinatario. Lo hizo en seis personas de media.

Muchos psicólogos, sin embargo, consideran

el experimento poco riguroso. No fue hasta cuatro décadas

después que Facebook se propuso hacer algo parecido.

Esta vez, ayudado por el "big data". En 2011 un 10% de la población

mundial tenía cuenta en esta red social.

Se analizó cuántos eslabones había entre un usuario y otro cualquiera.

Y resultó que no había seis, sino algo menos de cinco.

Resulta que el mundo es incluso más pequeño

de lo que todos pensábamos.

(Aplausos)

Hoy os quiero plantear un juego para tratar de relacionar

a una serie de contactos en una red social. Fijaos.

Aquí tenemos este panel donde podemos encontrar

a 16 personas diferentes, que son estos puntos de aquí.

Analizando seis mensajes enviados a través de una red social

sabemos que estas 16 personas están conectadas entre sí.

Pero no sabemos cómo representar gráficamente esa conexión.

Para eso he pedido la ayuda de este voluntario.

(Música)

(Aplausos)

Buenas noches. ¿Cómo estás? ¿Bien? Bien.

¿Cómo te llamas? Sergio.

Sergio. Pues esta es tu misión. Tienes que conectar

a estas 16 personas de aquí con seis mensajes.

Los mensajes serán líneas rectas que podrán conectar a uno o a varios

de los que tienes aquí. Si quieres puedes usar

algún elemento extra, alguna persona extra,

pero solamente puedes usar seis líneas para conectarlos a estos 16.

¿Lo tienes claro? Vale.

Vas a usar este rotulador. Y tienes, como sé que eres un "data scientist"

de estos top que hay ahora, vas a tener 30 segundos

para realizar tu misión. Y el tiempo comienza ya.

Vale. Cuatro líneas...

Cinco líneas. Te queda una sola. Y...

Piensa a ver. Tienes todavía tiempo. Tienes como 10 segundos o así.

Por si quieres extender algunas de las líneas.

Ay, no, no. Ahí ya te has pasado de línea.

Podrías... Mira a ver... Ah.

Tres, dos, uno... Tiempo.

Bueno, vamos a ver. Tienes a personas

que están desconectadas entre sí y has usado muchas líneas.

Aquí tenemos más de seis líneas, ¿no?

Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete líneas.

Era una misión difícil. Vamos a ver cómo podría hacerse

esta misión, que no es nada fácil. Pero... Tú eres "data scientist",

pero yo soy matemático. Por ejemplo, yo voy a utilizar

tres elementos más, tres personas más,

para ver cómo podríamos unir las 16 del cuadrado

con solamente seis líneas. Y me voy a trazar una línea aquí,

otra que va a bajar en diagonal, subo, voy a volver,

subo y así conecto las 16 personas con estas líneas.

Para eso he necesitado añadir tres nuevas.

Antes de empezar a dibujar, probablemente, Sergio,

nuestro voluntario, había asumido como regla

que no podía trazar su línea más allá del cuadrado

que forman los puntos. Y, sin embargo, yo ni nadie

se lo había prohibido. De hecho, al salirnos

de los puntos marcados, hemos necesitado crear

tres personas más para poder conectar todos los puntos.

De esta forma hemos conseguido tejer una pequeña red social, un grafo.

Como nos ha explicado Javi Santaolalla al principio.

Y tiene influencers también. No íbamos a ser nosotros

menos que las redes sociales. En este caso, el influencer

sería este nodo de aquí. ¿Ves? Que conecta distintas comunidades.

Y así es como hemos podido generar un grafo en el que conectábamos

las 16 personas con solamente seis mensajes.

Muchísimas gracias.

(Aplausos)

Vivimos en la época del "big data". Procesamos una desmedida cantidad

de información. No es fácil diferenciar lo útil de lo inútil.

Una noticia real, de una falsa. Las primeras computadoras

que procesaban grandes cantidades de datos comenzaron en el CERN

y eran parecidas a esto.

Compartir y almacenar información comenzó siendo

una necesidad científica. Y eso llevó a desarrollar sistemas

cada vez más eficaces que acabaron cayendo en manos

de todos nosotros, como Internet, las páginas web o la nube.

Poder almacenar más y más datos implica que haya que generar nuevos

sistemas capaces de procesarlos. Hoy hemos invitado

a una auténtica experta en el uso del "big data"

para mejorar la vida de las personas.

Ella es la directora de producto IoT y Big Data en Telefónica,

Elena Gil Lizasoain.

(Aplausos)

(Música)

Elena.

Buenas noches. Bienvenida, bienvenidísima a "Órbita Laika".

Venimos a hablar de "big data", de redes sociales.

Y estamos en un mundo conectadísimo, conectadísimo a través

de las redes sociales, de lo que nos gusta,

de lo que no... Cada vez conectados

a más dispositivos. Y cada vez van a ser

más dispositivos probablemente. Y esto genera grandes cantidades

de datos y tenemos esta ciencia de datos y estos "big data".

¿Qué son? ¿Cuándo hablamos de "big data"?

¿Cuándo hablamos de ciencia de datos?

¿Y cómo se gestiona eso materialmente?

¿Qué necesitamos para gestionar todo eso?

Efectivamente. Vivimos en un mundo muy digital que está cambiando

la manera en la que nos relacionamos. Primero, las personas,

que estamos conectadas, como comentas, con el teléfono móvil

y con un montón de dispositivos de media cinco horas al día

a redes sociales, pero descargamos vídeos,

estamos escuchando música... Y todo esto es importante,

que deja una huella digital, que es como una interpretación

digital de nuestro comportamiento. Cada vez que hacemos una transacción

en un banco queda registrado. Hacemos un like o nos descargamos

una foto, todo queda registrado. Pero es que, además ahora,

no solo las personas, sino también las máquinas

a través del Internet de las cosas, de los sensores,

también están conectados. En el hogar,

todos los elementos domóticos. En una ciudad, el coche,

los semáforos, las fábricas... Y eso todavía genera

más cantidad de datos, ¿no? Una cantidad de datos que crece

de manera exponencial y que además son de distinto formato.

No solamente texto, que es a lo que estábamos

acostumbrados, sino también imágenes, sonidos, vídeos...

Pero al final los datos no son nada, no tienen valor

si no somos capaces de transformarlos en conocimiento.

Y ahí es donde entra el "big data". El "big data" lo que permite

es almacenar, procesar y analizar esta ingente cantidad de datos

que, como hemos dicho, se caracteriza por varias uves.

La V de volumen, que es la que más llama la atención,

pero no es la más importante. Hay también una V de variedad.

Como decíamos, son datos estructurados, pero también

no estructurados. Imágenes, sonidos, fotos...

Y además, la velocidad. La necesidad de analizarlo de manera

inmediata en tiempo real. Lo que ha supuesto una diferencia

del "big data" es que permite analizar estos datos,

algo que no podíamos hacer con las tecnologías anteriores,

gracias, por ejemplo, a la informática distribuida.

El poder analizar en servidores en paralelo

y después combinar esa información. Lo que permite es que sea,

por una parte, escalable, infinitamente más barato de procesar

y además redundante, no se pierde la información.

Es más seguro. Mucho más seguro.

Vale. Al hablar de datos muchas veces nos viene a la cabeza

mucha gente, ese lado siniestro de los datos, de la privacidad etc.

Pero también es una oportunidad para la actividad

de las empresas, ¿no? ¿Qué oportunidades se abren ahora

con este tipo, no solo de infraestructuras,

sino también de datos que tenemos disponibles

y que generamos continuamente, como decías?

Sí, las oportunidades son enormes. Como dices, la tecnología

no es ni buena ni mala y a veces se abusa,

pero el beneficio es muchísimo más grande.

En concreto, las empresas utilizan el "big data"

para tomar mejores decisiones. Decisiones basadas en datos

en vez de intuición o las opiniones de personas determinadas.

Lo que permite es, al final, tomar decisiones más rápidas,

implementarlas y lo que al final se traduce es en mejores resultados.

Entonces, por eso se ha extendido tanto el "big data" en las empresas

ya de cualquier sector y de cualquier tamaño.

Y hay muchos ejemplos donde se aplican, ¿no?

Por ejemplo, en generación de ingresos.

Gracias a que el "big data" puedes tener toda la granularidad,

almacenar el histórico y, además, combinar distintas fuentes

de datos porque ya no es una restricción, no es tan caro,

las empresas pueden conocer los gustos y preferencias

casi de cada persona. No un cliente promedio, sino un cliente individual.

Y al final hacerle una oferta personalizada.

Pero cuando hablamos de estos volúmenes de datos

y de esta información, vale, entiendo que las matemáticas

están ahí muy presentes, pero ¿y la inteligencia artificial?

¿También? ¿Eso es real ya? ¿Se está usando?

Es muy real. Son términos que están muy relacionados.

Al final, la inteligencia artificial es empoderar a las máquinas

para que sean inteligentes tomando como referencia

la inteligencia humana. Incluso, superarlo.

Al final las máquinas consiguen sentir, es decir, reconocer imágenes,

sonidos, lenguaje... Pueden pensar gracias al análisis automático

y al autoaprendizaje e incluso actuar.

Incluso, a través de la robótica, poner en ejercicio esas acciones.

Y no es nuevo, es algo que existía ya en los años 50,

pero necesitaban dos aspectos que aporta el "big data"

para pasar del ámbito académico, de las películas de ciencia ficción,

y que ya sea una realidad, que son dos aspectos

que trae el "big data". Que son, precisamente, esa cantidad

enorme de datos y esa capacidad de procesamiento casi infinita

para entrenar los modelos, las máquinas.

Tenemos... Hemos hablado de las empresas y todo,

pero también el uso de datos puede tener una componente social.

¿No? ¿Podemos mejorar la sociedad de alguna forma?

¿Usar el "big data" para hacer el bien?

Sí, es una de las grandes tendencias. Lo que se llama

"big data for social good", o "para el bien social".

Que es aplicar los mismos datos y las mismas herramientas

que ya tenemos las empresas llegando a acuerdos con organismos o con ONGs,

organismos internacionales, para aplicarlo a tomar

mejores decisiones en este tipo de proyectos, ¿no?

Me interesa... Y casi ya para terminar.

Me interesa esa responsabilidad de las empresas que gestionan

y manejan los datos para gestionar también bien la seguridad

y la privacidad de las personas, pero cuál es la responsabilidad

de nosotros como usuarios, ¿no?, en la gestión

y en la responsabilidad sobre nuestros propios datos.

Qué tipos de datos tenemos. Cómo los manejamos.

Cómo de seguros los almacenamos... Es muy importante porque al final

nos tenemos que dotar de un marco social que trate

los datos de manera adecuada.

Y es importante la regulación. En Europa tenemos una regulación

que es bastante garantista, pero no es suficiente

porque la tecnología va por delante.

También las empresas nos estamos autorregulando

marcándonos ciertos principios éticos de comportamiento.

Telefónica tiene sus principios, como muchas otras empresas,

pero tampoco es suficiente. Al final siempre tenemos que tener

una responsabilidad personal de defender nuestros derechos

de privacidad. Hemos visto que en las redes sociales

exponemos y compartimos muchísima información, que está perfecto,

pero es importante, primero, saber que siempre deja

una huella digital, segundo, que es un intercambio.

Cuando hay un servicio gratis, no es gratis, es que estamos cediendo

nuestros datos y que, además, perdemos el control.

Porque una vez que está en Internet, aunque nos demos de baja en la red

social, cualquiera ha podido compartirlo, modificarlo...,

y hemos dado un uso, de un derecho de uso a la empresa,

entonces, pierde el control. Entonces, tenemos que ser

conscientes, decidir libremente, saber qué datos tenemos,

a qué empresa y para qué uso. Y siempre hay medidas,

como, por ejemplo, personalizar a quién permites acceder

a tu contenido y ser muy responsable en lo que estás exhibiendo, ¿no?

Por ejemplo, en las empresas... Gran parte de las empresas ahora,

antes de contratar un candidato, sabemos que analizan las redes

sociales, su perfil público y su perfil profesional.

Entonces, queda ahí.

Seamos conscientes. Tiene muchos beneficios,

pero hay que actuar con responsabilidad.

Oye, pues me quedo con esta llamada a la responsabilidad

dentro de esta pequeña ventana que hemos abierto.

a este mundo enorme del "big data" y esta responsabilidad social,

empresarial y personal también. Y personal.

Muchísimas gracias, Elena. Muchas gracias, Eduardo.

Gracias.

(Aplausos)

(Música)

Todos hemos compartido un meme alguna vez, ¿verdad?

Pero ¿sabéis lo que significa? El término meme fue utilizado

por primera vez por el biólogo Richard Dawkins en 1976.

En su libro, "El gen egoísta", define el meme

como una unidad de cultura. O sea, una idea, una creencia,

un patrón de comportamiento, que se hospeda en la mente

de los individuos y que puede reproducirse a sí mismo

saltando de una mente a otra de un modo similar

a como actúan los genes. Dawkins creó así un paralelismo

entre la replicación de la cultura y la genética.

Y es que la cultura y la biología tienen una relación

mucho más estrecha de la que nos imaginamos.

De hecho, fijaos, otro de los fenómenos más extendidos

es el fenómeno selfi. ¿Sabíais que la ciencia

tiene mucho que decir sobre la forma en la que nos hacemos un selfi?

Es lo que nos va a contar nuestro canónico biólogo, Ricardo Moure.

(Aplausos)

(Música)

Aquí viene Ricardo Moure.

Que eso de selfis y biología no tiene que ver.

Perdona, perdona, perdona. A ver, ¿cuál es el sentido

de la vida según la biología? Reproducir tus genes, las próximas

generaciones... Todo eso. Y, ¿para eso qué hay que hacer?

Tiquití.

¿Y cómo se hace el tiquití en el siglo XXI?

Con Tinder, Instagram y, si eres listo, Linkedin también.

Y para eso necesitas buenos selfis. Así que es importantísimo

para un biólogo falto de cariño como yo, ¿vale?

Me parece muy forzado, pero adelante.

Pues sí. Vamos a estudiar cómo hacer el selfi perfecto.

¿Qué dice la ciencia? Eso me parece bien.

Para empezar, vamos a ver, no cómo buscar el selfi perfecto,

sino cómo evitar el selfi del horror, selfis como los que vamos a ver

ahora en pantalla. Estoy...

Vamos a ver, vamos a acercarnos.

Que, o sea... ¡Ah!

Aquí ves esta foto... Estás muy guapo ahí, ¿eh?

Estoy muy guapo, estoy... Mira qué mono.

Se me ven las orejitas, el pendiente... Monísimo.

Y aquí... Aquí pareces una panocha maíz.

Es horroroso. Está muy mal.

Pues esta foto está tomada el mismo día, a la misma hora,

con 30 segundos de diferencia. En el mismo sitio.

¿Cuál es la diferencia? La distancia. Fíjate.

En la que salgo todo chulazo está hecha

a metro y medio, 150 cm. Mientras que en la que salgo

en plan panocha, 30 cm, que es la distancia a la que hacemos

la mayoría de los selfis. Así salimos.

Así salimos. Y fíjate.

Esto tiene truco y tiene mucha ciencia.

Y es que...

la lente de un móvil, ¿vale? Bueno, es una lente

como la de nuestro ojo, pero funciona un poco distinta.

Y a esta lente le pasa una cosa. Y es que cuando hace una foto

a algo desde muy, muy, muy, muy cerca distorsiona y aumenta el tamaño

de lo que esté más cerca de la lente. Que en una cara, ¿qué sería?

La nariz. La nariz. Fíjate.

A 30 cm la base de la nariz aparece un 30% más grande.

Y la puntica, un siete. Entonces, te deforma.

Y esto tiene mucha enjundia. ¿Por qué?

Porque, como te he dicho, la mayoría de los selfis

los tomamos a esta distancia. Y la gente nos tomamos

muchos selfis. Es que en los jóvenes, como nosotros,

el 30% de las fotos que hacemos son selfis.

Con lo cual, esto está distorsionando la imagen que tiene de sí misma

mucha gente. Y esto, hasta está estudiado.

La Academia Americana de Cirugía Plástica sacó un estudio

en el que decían que cada vez había más gente que alegaba

el que se veía rara o mal en los selfis como razón

para operarse la nariz. ¡Qué dices!

O sea, y viendo esto, yo os digo:

"Compraos un palo selfi...". Hombre...

"Y ahorraos la rinoplastia, que el palo de selfi vale dos euros

y no es un trauma". No, pero eso, a parte es esto.

A parte es el trauma que te genera el hacerte mal el selfi.

Claro, claro. Y fíjate. Te he hecho tu versión también, ¿eh?

A ti no se te nota mucho lo de la nariz porque ya eres...

Se te notaba más a ti. Pero pareces un palo,

pareces el virus de "La vida es así". (RÍE)

Fíjate. Pero fíjate, esto es como buscar...

Evitar el selfi malo, pero ¿cómo hacemos el selfi bueno?

Eso. Pues esto, el mayor estudio

lo ha hecho la Universidad de Waterloo

para intentar crear una app que te ayude a hacer

el selfi perfecto y lo hicieron utilizando estos modelos

tan guapos y guapas que vamos a ver.

Hombre, guapos y guapas no sé...

Ya pero, esto, dan un poco de miedo. Sí.

Esto tiene una razón de ser y es que lo que hacían

era hacer cientos de fotos de cada uno de los modelos

desde diferentes orientaciones, con diferentes iluminaciones,

diferentes posiciones, y eso, para un modelo, es una turra máxima.

Entonces esta universidad lo que estudió fue 3 parámetros del selfi.

Dicen que hay 3 parámetros para hacer el selfi perfecto:

tamaño de la cara en la foto, posición de la cara en la foto

e iluminación. Vamos a ver.

Tamaño de la cara.

¡Buff!

¿Qué opinas tú? Pues esa, fatal.

Esta te va a comer el cerebro.

Esta no la veo como selfi, me gusta más la del medio.

La del medio es la mejor.

Esto, como hemos visto antes, selfi de cerca, fatal.

Esta es como muy lejana.

Selfi del medio, que te quepa otra cabeza tuya arriba,

otra abajo, otra a un lado y otra a otro lado.

Ese es el tamaño perfecto.

Siempre puedes recortar la foto.

Siempre puedes hacer eso, ningún problema.

Posición de la cara, segunda cosa.

Fíjate, la gente en este estudio lo que valoraba más eran los selfis

con la cara más o menos centrada, incluso un poquito para arriba,

pero para gustos los colores.

Sí, me gusta un poco informal, así, también de lado.

Este que se escapa por ahí tampoco está mal.

Siguiente parámetro: iluminación.

La iluminación, muy importante.

Lo que se valora más es un selfi en el que la iluminación

sea homogénea y, para eso, lo que necesitas

es una fuente de luz frontal. Buena luz.

Fíjate, Kim Kardashian, que es muy "apañá"...

Espera, ¿me estás citando a Kim Kardashian

en un programa de ciencia, Ricardo? Sí, te la estoy citando.

Pues Kim Kardashian tiene el truquito de tener una carcasa de móvil

con luz incorporada, con un foco,

y yo, que soy muy Kardashian, también lo tengo.

¡Ay, qué moderno! Está bien citado, venga.

Y con esto te sacas el selfi perfecto.

Vamos a ver, ¿quieres que me haga el selfi perfecto?

Venga, selfi perfecto. Ingredientes.

Según la ciencia, está estudiado. Según la ciencia.

La carita, más o menos en medio y, ojo, lo que dicen

es la cara un poco ladeada, que se te vea un poco el lado izquierdo.

Además a mí así, además, se me ve el pendientito.

El móvil un poquito levantado, la cabeza rotada a unos 15 grados

para potenciar la mirada y, eso sí, no levantéis el móvil demasiado

que si no das penica, ¿vale?

Esto lo uso yo para decir: "¿Me haces la cena, por favor?".

Así que el selfi perfecto sería este.

¿Pero cómo puedes decir que eso lo dice la ciencia?

Bueno, porque hay un montón de estudios sobre esto.

¿Y por qué los hay? ¿Para qué se estudia esto?

Porque da dinero.

Fíjate. Yo sé que la belleza es subjetiva,

depende del ojo del espectador. Esto lo sabemos todos.

Pero no es del todo cierto porque en cada época

nos vemos condicionados por unos cánones de belleza, ¿vale?

Esto que es típico de que hace unos siglos

las mujeres más atractivas eran las que tenían unos kilitos de más

o que los hombres petados solo están de moda desde principios del S. XX.

Esto antes no era así.

Hay cánones de belleza que evolucionan y para comprobarlo

me he ido esta semana a visitar un museo que seguro que te encanta,

y no es el Museo del Jamón.

Algún museo de fotografía o algo de eso.

¿Quieres verlo? Quiero verlo.

Pues dentro video.

(Música)

Todos queremos salir monos en las fotos.

Buscamos el mejor encuadre, la mejor iluminación,

el mejor fondo. Eso está muy bien, el problema es que algunos

lo llevan demasiado lejos.

Según un estudio, en el año 2011 murieron más de 250 personas

intentando sacarse un selfi chulo, y no compensa.

De verdad que no.

La fiebre del postureo no es algo nuevo.

Desde el origen de la humanidad todo el mundo

ha querido salir mono en los retratos

pero ¿cómo ha cambiado el canon de belleza a lo largo de la historia

y qué ha provocado esos cambios?

Para descubrirlo he venido nada menos que al Museo del Prado.

He quedado aquí con Fernando Pérez Suescun,

jefe de contenidos didácticos del museo.

Fernando, ¿el canon de belleza es algo eterno

o va cambiando con el tiempo?

-¿Qué es la belleza? Tendríamos que empezar por eso.

¿Qué entendemos por belleza?

Es un concepto complejo que, además, ha ido evolucionando

a lo largo del tiempo.

-¿Y qué factores son los que hacen

que el canon de belleza vaya cambiando?

-No responde a una cuestión natural, a algo objetivo,

sino que depende a la percepción del momento.

A lo largo de la historia ha habido unos pensadores

que han ido sentando cátedra o expresando sus ideas,

que han sido retomadas, en este caso, por los artistas.

-¿Cómo ha evolucionado el canon de belleza, tanto el masculino

como el femenino, a lo largo de la historia?

-En la antigüedad podemos decir que, sobre todo,

se valora el cuerpo masculino: atléticos, bien formados,

musculosos, y eso desaparece por completo

cuando llegamos a la Edad Media.

Tenemos, por ejemplo, en el Prado una magnífica "Anunciación"

de Robert Campin donde tanto el ángel como la Virgen

están completamente vestidos y los únicos elementos de anatomía

son el rostro y las manos, desaparece esa idea del cuerpo,

y eso se va a mantener en el Barroco con la diferencia de que,

en el Barroco, los cuerpos ganan en volumen.

Uno de los mejores ejemplos lo tenemos en la pintura de Rubens.

"Las tres gracias", "Perseo y Andrómeda",

donde vemos el contraste entre la figura masculina de Perseo

como un guerrero, como un soldado con armadura y, sin embargo,

el protagonismo absoluto de la figura frontal

de Andrómeda desnuda.

Cuando avanzamos en el tiempo y llegamos, por ejemplo,

a la pintura de Goya, la moda condiciona también

la percepción de la belleza.

Un cuadro muy interesante es "La marquesa de Villafranca

pintando un retrato de su marido", en el cual ella aparece sentada

de manera un poco extraña, como una noble,

con los pies apoyados en un cojín y mirando un retrato de su marido,

que está pintando.

Las mujeres practicando la pintura, que se ha dado

a lo largo de la historia pero que no se ha valorado lo suficiente.

-Pero espera un momento.

Si "La marquesa de Villafranca", pintada por Goya,

hubiese sido, por ejemplo, maorí,

su belleza habría sido totalmente diferente

porque en algunas zonas de Nueva Zelanda

los maoríes se tatúan el cuerpo y hasta la cara como signo de belleza

y fortaleza, y es que la consideración de lo que es bello

depende, y mucho, de la cultura.

(Música)

¿Por qué me has traído aquí?

¿Qué tienen de especial estos cuadros?

-Son dos cuadros muy especiales.

El de la izquierda es un cuadro que pinta Tiziano,

el gran maestro veneciano, en torno a 1550,

y la derecha es una copia que hace Rubens en 1628.

El canon de belleza es muy semejante,

sobre todo en el caso de la figura de Eva.

Si nos fijamos, en el caso de Tiziano parece que el cuerpo es más plano.

En el caso de Rubens hay más carnosidad, hay más volumen.

Ese es el cambio fundamental en el canon femenino del S. XVI al S. XVII.

La figura de Tiziano es como más plana, más estilizada.

Sin embargo, en el caso de Rubens vuelve a pasar igual que en el caso

de Eva, es mucho más robusto, tiene unos pectorales muy marcados,

también tiene barriga, gana en volumen.

-Sí, tiene más carne.

-Es más cachas, digámoslo así de manera popular.

El Barroco es esa exuberancia.

Igual que hay mucho más movimiento, en general,

en las representaciones artísticas, pues lo vemos también en los cuerpos.

-La filósofa neoyorkina Susan Sontag

escribió: "No está mal ser bella,

lo que está mal es la obligación de serlo".

Yo estoy de acuerdo.

¡Que vivan los selfis pochos! ¡Que vivan los feos!

(Música)

Decirme una cosa. Ser sinceros.

Todos os habéis dado de alta en alguna red social, ¿verdad?

Cuando lo hicisteis, ¿leísteis la letra pequeña?

¿No? Pues cometisteis un grave error.

Puede que, incluso, estuvierais cediendo a vuestro primer hijo.

No es broma, esto pasó hace tres años.

Ocurrió con Name Job, una red social que incluía esta curiosa cláusula

entre sus términos de uso.

En realidad era un experimento de las universidades de York

y Connecticut para intentar demostrar que muy poca gente

se detiene a leer esos inmensos textos

y ya lo creo que lo demostraron.

Cayeron en la trampa el 98% de los usuarios y es que el potencial

de los datos que cedemos a las redes sociales es inmenso.

Hace unos pocos años tuvo lugar una importante polémica

porque la empresa Cambridge Analytica utilizó datos de Facebook

para usarlos en campañas como la de Trump o el Brexit.

Lo que se trató de conseguir con estos datos

fue polarizar a la población, lograron descifrar el contenido,

el tema e, incluso, el tono que debía tener el mensaje

para cambiar la forma de pensar de los votantes

y lo hicieron de forma casi individualizada,

volverla del color que querían y separarla del resto.

Fijaos, volvamos a nuestra pequeña red social.

Imaginaos que somos Cambridge Analytica y lo que queremos hacer

es crear un movimiento proverde.

Vamos a utilizar los datos que hemos recopilado de Facebook

para descubrir que, entre estos puntos indecisos que vemos aquí,

los que están apagados, hay un líder de opinión, un influencer.

Una vez que lo tenemos localizado e identificado,

nuestra campaña va a estar dirigida hacia él.

La estrategia se basa en bombardear a esta inocente criatura

con publicidad del color verde, noticias falsas

y sensacionalismo sobre el azul, así hasta que consigamos

volver a nuestro influencer de color verde.

¿Y cómo sabemos que se ha vuelto de este color?

Por los datos que, muy amablemente, nos ha cedido en la red social.

Ahora solo queda esperar que nuestro sujeto

utilice su poder de influencia para convencer a sus seguidores

y, así, poco a poco podremos crear una microburbuja verde

que, además, es "hater" de los azules.

A decir verdad, lo que ocurrió entre Cambridge Analytica y Facebook

no fue un robo de datos si no una utilización de estos

sin consentimiento, motivo por el que Facebook

aún está en procesos judiciales.

No hay duda de que nos preocupa nuestra seguridad

pero, a la vez, no dejamos de exponernos.

Es la paradoja de la privacidad, un círculo vicioso

que, en algunos casos, puede llevar a ciertas personas hasta la adicción

y ahí sí que las redes sociales pueden ganarnos la partida

porque no ceder datos es fácil, basta con un clic,

pero bloquear la adición no es tan fácil.

Para explicarnos esto

llega nuestro fantástico neurocientífico, Xurxo Mariño.

¿Qué tal, Eduardo? Muy bien, buenas noches.

¿Cómo estás? Estoy estupendo.

A lo mejor estás especialmente bien...

Estoy especialmente bien.

Debido a que este programa activa en tu encéfalo

el llamado circuito del placer.

Pues yo creo que lo activa. ¿Te lo activa bien, no?

Todo es cosa de la evolución.

Resulta que los seres humanos y otros animales sentimos atracción

por cosas que son importantes para nuestra supervivencia.

Nos dan placer cosas... Comer.

Por ejemplo. O para la reproducción.

El sexo. También el sexo.

Así que tenemos un circuito, una red de neuronas que se activa

para generar esa sensación de placer. Vale.

Importante, parece que se activa con el uso de los móviles, Internet.

¿Ah, sí? De las redes sociales...

Pero vayamos al principio histórico.

Esta red, este circuito, se descubrió a mediados del siglo pasado

en ratas, en ratas que tenían un implante que permitía estimular

algunas de esas neuronas cuando se pulsaba una palanca.

O sea, directamente les estimulaban las neuronas activando una palanca.

Mira lo interesante. Yo le daría.

Quien pulsaba la palanca eran las propias ratas,

se permitía que se autoestimularan.

Las ratas pulsaban la palanca de forma compulsiva.

Se olvidaban de comer, se olvidaban de beber...

Ah, bueno, eso no me gusta tanto. Una barbaridad.

Te estarás preguntando, ¿dónde están estas neuronas?

La red es bastante compleja. ¿Están bien identificadas?

Sí, es una red de neuronas muy bien identificado,

otra cosa es comprender bien los mecanismos, por ejemplo,

de la adicción o de las dependencias.

Para tratar de explicar, al menos su parte más importante,

vamos a centrarnos en dos grupos de neuronas de esta red.

Unas están en la llamada área tegmental ventral.

Estas neuronas envían conexiones, envían información a neuronas

de otra región que se llama núcleo accumbens.

Prácticamente todas las sustancias de abuso activan estas neuronas

y producen un aumento en el núcleo accumbens

de una sustancia que se llama dopamina.

Dopamina, sí. Esto sí que lo he oído hablar.

Para observar cómo funciona esto tenemos que recordar

cómo funciona la sinapsis y para eso necesitamos una voluntaria

que tenemos aquí, con nosotros.

Vamos a explicar las conexiones entre neuronas.

Sí. La sinapsis.

Buenas noches, bienvenida a "Órbita Laika".

¿Cómo te llamas? Teresa.

Muy bien. Tenemos aquí a Teresa. ¿Qué tal, Teresa?

-Bien. -Mira, tú eres una neurona

del núcleo accumbens, que veíamos antes.

Es decir, eres el centro neurálgico

del circuito del placer y la recompensa

y yo soy una neurona del área tegmental ventral,

que tengo la capacidad de enviarte información mediante una sinapsis.

Lo interesante aquí es que la inmensa mayoría de las sinapsis,

en el sistema nervioso, no establecen un contacto físico,

si no que hay un espacio... Como cablecitos que se transmiten...

No, hay un espacio por el medio y lo que se necesita

es un neurotransmisor, una sustancia que viaje

por el líquido, entre las células, para enviar un mensaje.

Por ejemplo, yo ahora puedo enviarte un mensaje.

En condiciones normales la cosa podría funcionar más o menos así.

Tú recibes un mensaje. ¿Qué mensaje has recibido?

-Un olor muy agradable.

-Un olor muy agradable.

Bien, bueno, somos neuronas del centro del placer, entonces...

Cosas que nos agraden.

Ahora podemos imaginarnos que somos neuronas de una persona

que consume una droga de abuso. Entonces, lo que se ha observado

es que activa de forma... Nos activa de forma anómala

y se produce una concentración desproporcionada de dopamina.

(ASOMBRADO) ¡Buah! Demasiado.

Esto es más o menos lo que ocurre.

Algo muy importante, el sistema nervioso es muy plástico,

se adapta a los cambios, entonces, ante esta afrenta

que acabas de sufrir, este subidón de dopamina,

te puedes adaptar... Vamos a representarlo

poniéndote una mascarilla. Esto es una metáfora, Eduardo.

Vale, te protege de alguna forma, se modifica.

Claro, hay modificaciones en muchas sinapsis,

en muchas neuronas de distinta naturaleza,

pero esto representa bien, bastante bien, lo que ocurre.

Hay una modificación, ahora el sistema no funciona tan bien.

Si esta persona, de la cual formamos parte, quiere consumir

otra vez la droga de abuso y sentir lo mismo que sintió la primera vez

va a necesitar más dosis. La cosa va a ser algo así.

Se tiene que meter más sustancia. Un chutazo de ambientador.

Exactamente. Entonces el sistema se sigue adaptando,

hay cambios plásticos. Ponte, entonces, otra mascarilla.

El sistema se va modificando. Va incrementando esa adaptación

con la intensidad. Claro.

Y cada vez necesita más. Cada vez, más.

Ahora mira lo que pasa aquí. Esta es una sinapsis anómala,

no funciona bien. Incluso en condiciones normales,

cuando el sistema tendría que detectar el placer

que sentimos todos por las pequeñas cosas,

no detecta nada. No siente nada.

Estamos ante una situación que se llama de dependencia,

se depende de una sustancia externa, una droga de abuso

u otra sustancia para mantener un estado de placer mínimo.

Es lo que se llama síndrome de abstinencia.

Lo que ocurre, hasta ahora hemos estado hablando de sustancias

pero esto también se activa con Internet y con los móviles.

¿Esto podría llegar a hacerle daño, no?

Esa dependencia, las dependencias hacen daño.

Es lo mismo una dependencia que una adicción.

Si la persona que genera esa dependencia busca de forma compulsiva

esa sustancia de abuso, de forma irracional y, además,

creando un daño evidente a su organismo,

se dice que tiene una adicción.

Las adicciones se consideran enfermedades, no las dependencias.

Se puede ser dependiente de un fármaco, por ejemplo,

que se necesita tomar.

Además también se van produciendo estos cambios en las neuronas.

O sea que le acabamos de provocar a la pobre Teresa

una adicción al ambientador.

Bueno, de momento una dependencia, vamos a ser...

Muchas gracias, Teresa.

Sentimos haberte creado esta dependencia al ambientador.

Muchísimas gracias por tu colaboración.

Gracias. -Gracias, Teresa.

Estábamos hablando de sustancias, pero estas neuronas,

esta liberación de dopamina, también se activa con comportamientos.

Por ejemplo, puede generarse una adicción a los juegos de azar,

que genera un claro deterioro del organismo.

Y, respecto a las redes sociales, los móviles e Internet...

¿También lo genera?

De momento no hay muchos datos pero sí que parece que generan,

cuando menos pueden generar dependencia,

por lo tanto también síndrome de abstinencia,

así que utilizar Internet, utilizar los móviles pero con mesura.

Muchísimas gracias.

Como siempre, Xurxo, un placer hablar contigo.

Quédate conmigo para despedir el programa.

Las redes sociales están cambiando el mundo que nos rodea

mucho más de lo que nos imaginamos.

De hecho, los tiburones ballena de las islas del Pacífico

han reducido su población en un 63%

y han cambiado sus pautas de comportamiento debido al turismo.

Y diréis, ¿qué tienen que ver las redes sociales con esto?

Pues muy sencillo. Si eres un influencer,

subes un selfi y lo geolocalizas, esa foto circulará

por una gran red de personas que acudirán, muy probablemente,

a ese mismo sitio. Eso mismo, extendido en el tiempo,

es lo que poco a poco puede alterar un ecosistema.

En el fondo seguimos siendo los mismos que hace 50 000 años

y aislarnos va en contra de nuestra naturaleza,

pero el auge de las redes sociales, los blogs y vlogs con B, con V,

nos han llevado a publicar prácticamente todo lo que hacemos,

algo que hemos empezado a llamar "extimidad",

hacer pública nuestra intimidad.

La decisión y el uso responsable de las redes sociales

depende de cada uno de nosotros.

Lo que es seguro es que, pase lo que pase,

siempre formaréis parte de nuestra tribu.

Nos vemos la semana que viene.

(Música créditos)

(Aplausos)

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Órbita Laika - T6 - Programa 9: Si me sigues, te sigo

30 nov 2020

Vivimos en la era de las redes sociales, por eso ‘Órbita Laika’ dedica el programa de esta semana a ese universo. En ‘Si me sigues, te sigo’, la ciencia explicará fenómenos como la viralización, los memes y los selfis.
Una de las cosas que explican Eduardo Sáenz de Cabezón y su equipo es el concepto de meme. En su origen, es una palabra científica inventada por el reputado biólogo y divulgador Richard Dawkins. ‘Órbita Laika’ muestra qué es un auténtico meme y cómo funciona.
Además, descubre de forma experimental cómo actúa la viralización en la naturaleza, es decir, la propagación de un virus. Y comprueba si esas tontas imágenes que movemos por redes sociales se comportan igual o parecido.
Explica también si realmente existe la adicción a las redes sociales (mostrando, de manera visual, qué le pasa al cerebro cuando nos hacemos adictos a algo), y Ricardo Moure nos enseña a hacernos el selfi perfecto desde el punto de vista de la biología.
Junto al presentador están también otros colaboradores habituales, como el físico Javier Santaolalla; la psicóloga Laura Morán; y el escritor y biólogo especializado en neurociencia, Xurxo Mariño. Además, como invitada, Elena Gil Lizasoain, directora de producto, IoT & Big Data en Telefónica.

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