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No recomendado para menores de 16 años Metrópolis - La vanguardia feminista de los años 70 - ver ahora
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-Recientemente, hizo su parada

en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona

la gira internacional de una de las colecciones de arte

más singulares a nivel mundial.

Fundada en 2004 en Viena

por la compañía de energía hidroeléctrica Verbund

y dirigida por Gabriele Schor.

La colección Verbund

reúne 600 obras de 73 mujeres

pioneras en el arte de desafiar y subvertir los estereotipos

y códigos sociales establecidos en torno a la mujer.

Para inscribir este importante cuerpo de obras de los años 70

en la historia del arte.

Gabriele Schor, ha acuñado el término, “Vanguardia Feminista”,

título bajo el que la colección

ya ha sido presentada en una decena de museos europeos.

La colección Verbund se fundó en 2004

y yo quise otorgarle un rasgo diferenciador,

pero claro esto no aparece por sí solo,

hace falta algo de investigación.

Y me llamó la atención que muchas artistas

que en los años 70

habían expuesto prolíficamente

y realizado obras estupendas,

no están presentes en los museos.

En las colecciones de los museos con estas obras

y que en el mercado del arte

estas tampoco alcanzan un precio adecuado.

Lo que tienen en común estas artistas de la “Vanguardia Feminista”

es, entre otras cosas,

que se apropiaron de los nuevos medios

como la fotografía, la performance, el vídeo y el cine.

Esto fue un paso importante

porque la pintura no les permitió transportar sus mensajes

con tanta rapidez.

Era un medio demasiado lento.

La mayoría de las artistas se inscribieron en pintura

en las academias y facultades de Bellas Artes

y luego se dieron cuenta de que no funcionaba para ellas.

Por ejemplo, Cindy Sherman,

se transforma rápidamente.

Se pone una peluca,

quiere transmitir un mensaje,

hace una foto con el autodisparador y ya está.

Y así consiguieron, además,

distanciarse de la pintura que estuvo dominada por los hombres

y tuvo una orientación muy masculina

en lo que a la historia del arte se refiere

y crear su propio territorio.

“Pánico genital”

una obra muy famosa de Valie Export.

La historia que hay detrás,

según ella me ha contado,

fue que entró en un cine porno

armada con una metralleta,

presentándose al público como objeto sexual real.

Pero, al parecer, fue demasiado real

para los espectadores,

que en su mayoría abandonaron el cine.

En paralelo a esas obras tan radicales de Valie Export,

muy discutidas en su momento

y aún famosas hoy día,

que se inscriben en un feminismo activista,

existió el feminismo poético performativo

de Renate Bertlmann

o Birgt Jürgenssen,

pero fue en cierto modo demasiado discreto.

No provocó escándalos

y, en consecuencia, no fue percibido.

Y solo ahora,

50 años después se percibe

porque ahora el público tiene esa sensibilidad

y porque hay cada vez más comisarias y directoras de museos.

Por ejemplo, la actual directora del CCCB,

es la primera mujer en dirigir el centro.

Yo casi siempre trabajo con comisarias,

y esto no existió hace 50 años.

Fueron hombres los que decidieron quien exponía.

Cuando se fundó la colección

para mi fue muy importante que también se hicieran exposiciones,

publicaciones y trabajos de investigación.

El consejo de administración de la compañía Verbund

dio el visto bueno y desde entonces,

colaboramos con museos.

La exposición la “Vanguardia Feminista”

comienza con la temática de ser únicamente madre,

ama de casa y esposa.

Con la resistencia haberse reducida a ese papel unidimensional

por parte de la sociedad.

Birgit Jürgenssen, por ejemplo,

construyó una especie de horno,

colocándolo sobre su cuerpo como un delantal.

Luego metió dentro una hogaza de pan

en alusión a la expresión: “Tener un asado en el horno”

que se utilizaba para referirse a un embarazo.

O, por ejemplo, Karin Mack,

otra artista austriaca que también tematiza las labores domésticas.

Se viste de negro, como para un entierro,

se tumba encima de la tabla de planchar,

deja caer los brazos,

cierra los ojos

y declara la muerte de la ama de casa.

El ser percibidas, únicamente,

como amas de casa,

esposas y madres y no como artistas,

llevó a muchas de ellas a realizar obras

que expresaban cómo se sentían.

Así la artista alemana, Annegret Soltau,

colocó cada vez más hilo alrededor de su cabeza

en una serie de fotografías

y, al final, cuando su cara estuvo casi cubierta de hilo,

ella me comentó que dolía mucho estar así.

Cogió unas tijeras y cortó el hilo,

queriendo transmitir que las mujeres

pueden librarse de ese corsé.

A finales de los años 60,

principios de los 70,

llegó ese “boom”

con un montón de revistas y la televisión,

aparecieron muchos anuncios

y las mujeres siempre se representaban

muy monas y arregladas,

muy arquetípicas,

y muchas artistas opusieron resistencia a estas representaciones.

Como la artista polaca, Ewa Partum,

que realizó una performance

en la que se dejaba pintar la mitad de su cuerpo y su cara de anciana,

frente a la otra mitad de la mujer joven que era.

Para llamar la atención sobre cómo las mujeres mayores

son ignoradas por la sociedad.

Como no aparecen nunca en televisión,

como debido a ese canon de belleza,

las mujeres mayores no son percibidas por la sociedad.

Ana Mendieta

se aprieta contra un cristal para deformar su cara

y la artista húngara, Katalin Ladik,

hace una obra parecida,

también apretándose contra un cristal y deformando su cuerpo y su cara.

Y esto es muy emocionante

porque me quedé, totalmente, sorprendida

cuando descubrí los trabajos de esta artista húngara.

Ana Mendieta es muy conocida pero la húngara lo es mucho menos

y hacen obras muy parecidas.

No se conocieron jamás, es imposible,

porque la obra de Ana Mendieta fue publicada, de forma póstuma,

mucho después de su muerte por sus herederos

de quienes la compramos.

Entonces, es imposible que Katalin Ladik

hubiera visto esa obra.

Cuando se observa

cuantas artistas hicieron obras parecidas

en torno a temas similares sin haberse conocido,

allá por los años 70,

se ve cuan fuerte fue la necesidad

tanto feminista como artística para las artistas

de realizar este tipo de trabajos.

Referente a la sexualidad femenina

fueron años muy virulentos.

El debate en torno al aborto, su legalización

y, en general, la revolución sexual que se estaba viviendo.

Fueron temas tratados por muchas mujeres.

Y allí hay un trabajo que es de mis favoritos,

que es de Penny Sunger,

ella se muestra envuelta en una tarta nupcial

con las piernas abiertas.

Encima de su vagina coloca un ojo mediante collage fotográfico

y lo titula: “Eye see you”,

es decir, “El ojo te ve”,

pero también yo te veo,

yo como mujer.

Y, básicamente, quiere decir

que la pasividad o la condición de objeto a los ojos de la sociedad

o de los hombres, no valen,

y que existe una sexualidad femenina que es activa, placentera,

y esa es la que a partir de ahora queremos vivir.

Renate Bertlmann se apropió del falo

para criticar al patriarcado,

produciendo trabajos muy divertidos.

En aquellos años la ironía era un arma.

Muy importante es el cine de tocar y manosear de Valie Export

que realizó en colaboración con Peter Weibel

y que consistió en un minicine colocado delante de su pecho.

Ella miraba el reloj

y permitió que durante, creo que fue medio minuto,

los hombres manosearan sus pechos

para tratar la objetivación de la mujer en el cine y en el sexo.

Otra cosa que es muy interesante observar

es que los juegos de rol

estuvieron muy presentes en las obras de esas artistas.

La más conocida es, por supuesto, Cindy Sherman,

que se transformaba adoptando diversas identidades femeninas

o Martha Wilson

que exploró qué papeles le ofrece la sociedad a la mujer.

Como, por ejemplo,

prostituta,

ama de casa,

esposa,

futura madre,

secretaria,

lesbiana

para llegar a la conclusión, después de haberlas probado todas,

de que no le correspondía ninguna.

Estos juegos de rol expusieron por un lado

un abanico de posibles identidades femeninas,

eso sí, con mucha ironía,

pero a la vez, abrieron la puerta a otras posibilidades,

como a preguntarse,

qué otra cosa podría ser siendo mujer.

Y fue emocionante descubrir, además,

el trabajo de Marcella Campagnano,

una artista italiana que hizo exactamente lo mismo

y que es, totalmente, desconocida.

Es increíble.

La gente piensa que eso solo lo hizo Cindy Sherman

pero no es cierto.

Y sí, es apasionante observar esas cosas.

Cuando se llevan 10 años investigando en este campo,

se siguen descubriendo nuevas artistas,

pero siempre artistas que han hecho trabajos parecidos a las otras.

En principio,

siempre intentamos llevar a todas las artistas a las exposiciones,

pero dependiendo de las dimensiones de cada espacio expositivo,

se presentan más o menos obras.

En el CCCB fue maravilloso.

Allí tuvimos a nuestra disposición mucho espacio

y pudimos mostrar muchas obras

y sus comisarias nos ayudaron a adquirir y a exponer, además,

obras de artistas españolas y catalanas.

-Etnografías, fueron mis primeros trabajos.

Mi primera exposición en la sala Vinçon,

casi al inicio de empezar a hacer collage y de trabajar.

Era una manera muy cómoda y muy agradable para mi de trabajar

porque, bueno, comprabas las revistas, ibas al quiosco,

te llevabas todo el quiosco a casa

y empezabas a recortar y a hacer una crítica social de,

de la sociedad de aquel momento.

En este caso, pues de, de las familias,

del rol que representaban, de estas fiestas familiares.

Que todo el mundo pues tenía que ir con sus mejores galas, muy elegante,

parecer que toda la familia fueran muy amigos,

que no hubiera ninguna clase de, de problemas,

todos sonrientes y...

estas celebraciones y, por otro lado,

pues estas bodas siempre había los regalos que se tenían que hacer,

que eran objetos para la casa, eh...

Toda esta, un poco, toda esta miseria de...

que está en el fondo de todo esto, ¿no?

-La fotografía que hay en la primera parte de la exposición

es una fotografía

sobre una intervención, una performance

de un grupo que se llama Niacas,

y esto sucede

en las Jornadas Catalanas de la Mujer,

que fueron tres días el mes de marzo de 1976.

La fotografía refleja el momento

en que se está leyendo la ponencia de mujer y trabajo.

Entonces, bueno, hay una mujer justo en el momento fregando

y, bueno, era un poco la...

la utilización de la mujer

en los trabajos más... más vulnerables, ¿no?

Y la segunda fotografía es

una manifestación delante de los juzgados de Barcelona,

que se juzgaba a una obrera del barrio del Besòs,

Mari Ángeles Muñoz,

que el marido la había denunciado por adulterio

para tener la patria potestad de la hija de seis años.

Tenemos que pensar que en aquel momento

el adulterio, para la mujer,

estaba penalizado con seis años de prisión.

Y para el hombre,

si le encontrabas en la cama con alguien que no fuera su mujer,

le ponían una multa.

-Estaba yo estudiando en Washington en la Corcoran School

y leí una noticia en un periódico

sobre las torturas que sufrían las mujeres

en las cárceles chilenas

bajo la dictadura de Pinochet.

Me impresionó tanto que hice una especie de performance,

una acción performativa,

en la que pedía a las compañeras de estudios que posaran,

les contaba esta, este, esta noticia, que posaran

cómo vivían ellas esas situaciones de tortura,

cómo las vivirían y cómo las sufrían,

las sufrirían en sus propias carnes.

Entre las compañeras de estudios

estaba la profesora Mary Beth Edelson,

que es la protagonista de la obra de Barcelona.

Lo trabajé con estos... acetatos de alto contraste

porque me interesaba,

eh... no me interesaba las medias tintas,

me interesaba el blanco y el negro

para reforzar más la situación de violencia.

Yo trabajaba en aquel momento

sobre la violencia en general,

la violencia que sufríamos todos.

Mary Beth fue la que me concienció

porque ella era una artista feminista total,

fue con la que hablamos más de feminismos

porque aquí en España todavía no había manifestaciones feministas,

por ejemplo, ni 8 de marzo, ni nada de nada.

La lucha estaba, estábamos todos unificados

contra la dictadura.

-La obra se llama “Atravesando lenguajes”

quiere decir que es una obra que lo me interesaba en este momento

era el lenguaje.

Me propuse hacer un trabajo sobre la imagen de la mujer

en los medios de comunicación y...

decidí que el programa de Miss Universe del año 81,

era tan absolutamente impresionante,

que decidí

centrarme en este programa.

Y allí ya tenía varias cosas muy importantes, una de ellas

es la estructura canónica

de las cámaras de la televisión.

Es decir, plano grande, plano medio, un eje,

un control absoluto del objeto, de la persona filmada, ¿no?

Entonces, yo pensé...

Primero me busqué dos amigas,

las dos muy importantes en el movimiento feminista.

Una antropóloga, Marta Moya

y una poeta, Noni Venegas,

y entonces desarrollamos este trabajo sobre el estar-ser en una casa.

Lo fuimos grabando con esta cámara fluida,

que no controla nada porque el borde de la visión

está, permanentemente, cambiando.

¿Qué consigues con esto? Pues una fluidez,

una imagen mucho más magmática,

que para mi está más cercana

a lo que somos los seres humanos, este hálito de vida.

Ah, todos, pero en este caso, las mujeres, ¿no?

-Ahora en Nueva York dispondremos de un espacio más reducido,

se trata del ICP, el Centro Internacional de Fotografía

y tendremos que ver cómo exponer allí, por lo menos,

una o dos obras de cada una de las 73 artistas.

Subtitulado por: María Sánchez Grano de Oro

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Metrópolis - La vanguardia feminista de los años 70

30 jun 2020

Aprovechando su reciente paso por el CCCB en Barcelona, Metrópolis ofrece un recorrido por la exposición La Vanguardia Feminista de los años 70. Obras de la Colección VERBUND, Viena. Fundada en 2004 en Viena por la compañía de energía hidroeléctrica austriaca Verbund y dirigida por Gabriele Schor, esta singular colección reúne 600 obras de 73 mujeres, pioneras en el arte de desafiar y subvertir los estereotipos establecidos en torno a la mujer.

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