Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 97 - ver ahora
Transcripción completa

(Pasos acercándose)

(LORENA) Toma. Cruasancito... para mi niño.

Gracias. -Oh... ¿Y ese pepino?

Molan, ¿eh?

¿Te vas a comprar una motaca de estas?

Bueno, me lo estoy pensando.

Pero esto es una 7,5, ¿tienes el A-2 para conducir esto?

No, pero yo me lo saco con la gorra.

No sabes lo que es llevar un bicho así,

en la primera curva te estampas. Por no hablar de lo que cuesta.

Ya, pero tengo unos ahorrillos por ahí.

¿"Unos ahorrillos por ahí"?

Si acabas de empezar a trabajar.

Para la entrada me llega. ¿Tú como sabes tanto de motos?

Klaus, un novio que tuve en Berlín,

que me llevaba para allá, para acá con la moto...

No sabes cómo me quedaba el mono.

Te estoy imaginando. "Hola... busco a Klaus".

Sí, más o menos así, payaso...

Oye, y... esta moto...

es para hacer kilómetros, ¿no?

No los vas a hacer solo, ¿no? ¿Vas a llevar acompañante?

Pues esa es la idea, sí.

Me molaría hacer rutas con Javier

y perdernos por ahí. -Oh...

Jo, qué romántico.

Me alegro tanto de que os vaya bien.

Gracias.

Y dale las gracias a Jorge también,

que lo ha convencido para que se atreva a dar el paso.

Como celestinas moláis bastante.

Qué va, no tenemos ningún mérito, estaba coladito por ti.

Cuida a ese chico, ¿eh?

Es inteligente, es guapo, es simpático...

Hay muy poquitos así, ¿eh?

¿Hablas de mí? -Sí,

estoy hablando de ti también.

Oye, ¿me cuidas un momentito el bar que tengo que bajar al almacén?

¿Sí? ¿Puedo aprovechar?

Aprovecha. -Vale. Guapo, simpático.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

¿Y tu tía?

Ha bajado al almacén.

Pues tengo un hambre que de verdad que sí.

Oye...

He estado pensando en lo que me dijiste de... Javier.

No me gusta.

No me gusta...

que esté detrás de lo nuestro con Hortuño.

Tranquilo, que se creyó la historia que le conté, ¿eh?

No, no me fío.

Después está también lo del restaurante ese de pescado.

¿Lo de Ingrid Balsera? Ajá.

Yo estoy tirando de todos mis contactos

para que ralenticen

lo de darle la licencia para abrir el local y eso,

pero igual Javier va por otro lado y se adelanta.

No me estarás pidiendo

que vuelva a boicotear a mi novio, ¿no?

De verdad, hijo, que tremendo te pones.

Si eres bueno para aceptar mi dinero,

también lo serás para hacer lo que te pido

cuando te necesito.

Mucho pedir, pero de ese dinero no he visto ni un duro todavía.

¿Qué? ¿Ya estás pensando en gastártelo?

¿Es mío o no es mío?

Porque desde que firmé esos papeles no he vuelto a saber nada más.

Ni el número de cuenta ni las claves de acceso... Nada.

Ya.

¿Cuánto necesitas? ¿Cómo que cuánto necesito?

Ajá. ¿Es mío o no es mío?

Porque si es mío, necesito lo que me dé la gana.

Pues no exactamente, hijo, no exactamente.

Puedes sacar el dinero que te dé la gana...

con mi autorización.

¿Cómo? (ASIENTE)

Que para sacar efectivo de ahí necesitas mi firma.

Vale... Tú y la letra pequeña.

O sea, me la has vuelto a colar, ¿no?

A lo mejor es que no me expliqué con suficiente claridad.

A ver. Ese dinero, más que tuyo,

es un dinero para ti. ¿Entiendes el matiz?

¿Por qué me haces esto?

Pues mira, te va a sonar a una frase hecha,

pero lo hago por tu bien.

Para que no malgastes ese dinero en un par días, ¿eh?

Después de todo lo que he hecho por ti,

esta es la confianza que tienes.

Germán, dime cuánto necesitas y en dos días lo tienes.

Eso sí, siempre que pueda seguir contando contigo, claro.

Es increíble.

Es increíble, tío.

Primero me engañas con la firma y ahora me chantajeas con el dinero.

Estoy harto de que me tomes por idiota.

Mira, que te aproveche. Ya me lo pagas tú, si lo autorizas.

Ya me lo agradecerás.

Pasa.

Puedes dejar las cosas por ahí, si quieres.

¿Te apetece un café?

Vale, sí.

(DAVID) ¿Esas son todas tus cosas?

¿Te parecen muchas o pocas?

Poquísimas. Leí en una encuesta que, en España,

la gente tiene unas 32 prendas de ropa de media al año.

Pues debe haber ahí alguien con 60 y pico,

porque yo con cuatro o cinco...

me bastan. (DAVID) ¿Por qué?

¿No tienes dinero para nada, como nosotros?

Hijo... David, por favor.

(CARLA) No gano mucho dinero para gastar en ropa,

pero da igual porque para mí no es lo más importante.

Bueno, ¿y qué, te ha dicho algo tu casero

por irte de un día para otro?

Qué va, si se lo ha tomado fenomenal.

Oh. Y encima me ha devuelto la fianza.

Jolín, te ha tocado la lotería,

que los caseros son de los que chupan la sangre.

No, Óscar es majísimo

y nos tenía mucho cariño a Samu y a mí.

Cuando lo dejamos,

la verdad es que entre él y su mujer me cuidaron un montón.

¿Sabes lo que te digo?

Que me alegra saber que hay gente buena en el mundo.

Por cierto, si tienes libros, usa la estantería.

¿Vale?

Bueno.

¿Qué pasa?

Coloca los libros como quieras,

pero, por favor, saca esa taza de ahí.

¿Qué le pasa a la taza?

Que va a dejar cerco. ¿No ves que hay posavasos?

Vale, vale, vale.

David, ¿por qué no recoges todo,

te lavas los dientes y luego hablamos?

Entonces, ¿has dormido algo mejor?

Qué bien.

A ver si por lo menos desaparece esa tos y puedes descansar mejor.

Mamá, te llamo luego, ¿vale?

Un beso. -Noa. Noa, ¿qué tal?

Eh, no te había visto. -Yo a ti... a ti sí.

Que... nada,

que cuando me he despertado ya no estabas.

Es que tenía que cargar las neveras y no quería despertarte.

Ya.

Nada, que, verás, quería decirte que lo de anoche...

-Jona, es que tengo prisa. Hablamos luego, ¿vale?

Vale, vale.

Bueno, te acompaño al bar y nos tomamos un café, una tila...

No, es que no voy al bar.

He quedado con... Samu.

Lo voy a ayudar con un programa de retoque de fotos.

Vale. Pues... pues nada, me vuelvo al puesto.

-¿Qué pasa, frutero? -¿Qué tal, tío?

No le des mucho la chapa, anda, que se te va a sobar.

¿A qué ha venido esto?

Le dije que hemos quedado para enseñarte un programa de fotos.

Ya.

¿Y eso?

Es que soy idiota, tío.

¿Qué pasa, habéis discutido o qué?

No. Más bien todo lo contrario.

No...

No, no, o sea, ¿habéis...?

Menuda cagada, tío. (SAMUEL RÍE)

Es lo que tiene vivir juntos.

"Pásame el mando de la tele que no llego".

"Es que tengo frío". "Acércate y te doy calor".

Una cosa lleva a otra... -Bueno, tampoco te flipes, ¿eh?

Nos fuimos de concierto,

bebimos de más, nos contamos nuestras penas...

Y acabasteis la terapia en tu cama. Lo normal.

Dios, ¿cómo he podido ser tan idiota, tío?

Lo que más me ralla es que no sé cómo se lo tomará

cuando le diga que no significó nada.

Seguramente recojamos trocitos de Jonathan por el mercado

un tiempo. -No, tío, en serio.

No quiero hacerle daño, es mi amigo.

Hombre...

Oye, no sé para qué te cuento nada.

-Déjame vacilarte un poco. -Si lo cuentas,

te juro que te mato. -No se lo digo a nadie, tranquila.

Eso sí, habla con él cuanto antes, ¿eh?

Es capaz de mirar restaurantes para la boda, pero desde hoy, vamos.

Si no hay escaleras, os puedo llevar las arras.

También os puedo hacer las fotos, si me enseñas.

Noa, venga, que te hago precio, hombre.

Lo siento mucho.

Ya te advertí que las cosas con David...

podían ser difíciles.

Nos llevaremos bien, ya verás.

Vale.

Si quieres, te puedo pasar algunos enlaces

sobre el asperger y sus peculiaridades. ¿Si?

Eso sería genial,

aunque ya he estado mirando por mi lado.

Vaya, Carla, muchas gracias por la implicación.

Qué va, gracias a ti

por abrirme las puertas de tu casa y de tu familia.

¿Cuándo supiste que le pasaba eso?

Muy pronto, la verdad.

Bueno, enseguida te das cuenta

de que no se relaciona bien ni contigo ni con otros bebés.

Además, se pillaba unas pataletas terribles

por cosas pequeñas.

No podía ver una galleta rota.

No sabes los pollos que me montaba

por meter la galleta en la leche y deshacerse. No lo entendía.

Eso le pasaba a mi hermana.

Sí, bueno, eso es algo más normal.

Manuel y yo al principio no le dimos mucha importancia,

pero a medida que David crecía, pues las manías crecían con él y...

Empezó a tener mucho miedo a montarse en un coche, en avión...

Y luego está lo de... lo de no mirar a los ojos.

Ya, ya me he fijado.

Que siempre desvía la mirada, ¿no? Sí.

Así que lo llevamos al psicólogo

y, después de muchas pruebas, le diagnosticaron asperger.

Y encima, es adolescente. Vamos, que eres una madre coraje.

No sabes. La adolescencia la llevo fatal.

Mira, solo me sirve de consuelo que se va a acabar.

Espero que pronto, por favor. Mujer, que no exageres.

Que el chico es muy educado y muy amable.

Sí, supereducado. Ya lo has visto hace un rato.

Bueno, es normal, es el primer día, eso no cuenta.

Que has hecho un trabajo de diez.

Eres un amor.

Bueno, voy a acabar de colocar las cosas.

Y aquí tenéis...

la fórmula de la felicidad.

"Due cappuccini...

e due cannoli".

A disfrutar.

(CHISTA)

Perdona, yo también tengo derecho a ser feliz.

Ah, que aquí faltan los cannoli, ¿no?

Sí, trajiste el ristretto,

pero los "cannolis" se han quedado por el camino.

-Ya. Ahora mismo te los traigo.

Es que las cosas buenas llevan su tiempo.

Ya, pero es que esta pareja, que ha llegado más tarde que yo,

ya está disfrutando de su felicidad.

Sí, es verdad,

pero es que al principio, si te acuerdas,

tú solo me pediste el café y aquí lo tienes.

Los cannoli me los pediste más tarde y fue después de que llegaran ellos.

No he venido aquí a discutir,

pero dicen que rectificar es de sabios,

así que no me pongas a prueba.

Enseguida te los traigo.

(CHISTA) Sacarina, ¿tienes?

Sí.

Enseguida.

Y me traes sirope de chocolate para los "cannolis", ¿eh?

¿Cómo has dicho? ¿Perdón?

Sirope de chocolate para los cannoli.

Perdona, pero... no pienso cometer este sacrilegio.

Tú no has escuchado nunca

eso de que "el cliente siempre tiene la razón", ¿eh?

Y si el cliente soy yo, ya ni te digo.

Escucha... ¿Cómo te llamas?

Mayte. -Mayte...

Mayte, acepta, por favor, este humilde consejo:

si tú le echas sirope de chocolate

sobre los cannoli... -Ajá.

-...te vas a cargar este milenario equilibrio que hay

entre el sabor y la textura

de la pasta del cannolo y la crema de ricotta, ¿entiendes?

Sí. -Además,

si yo te traigo sirope de chocolate,

mi abuela se va a levantar de la tumba

y me va a perseguir con su palo para amasar.

Y no me quieres hacer esto, ¿no?

No, claro. Bueno, gracias, ¿eh? Gracias por el consejo.

"Cannolis" y sirope, gracias.

Cannoli.

Se dice cannoli, no "cannolis".

Pues cannoli, venga.

Pues... comprueba que el ingreso

está hecho en la cuenta correcta, por favor.

Es la cuenta del Central, así que tranquila,

que no has hecho la transferencia a un banco de Uzbekistán.

¿Y el importe es correcto?

Porque cuando tecleo tantos ceros seguidos,

me tiemblan las manos.

30 000 euros, correctísimo.

Ya cubres el alquiler y la reforma del puesto.

Perfecto. Pues supongo que ya no hay vuelta atrás.

¿Contenta?

Contenta y muerta de miedo al mismo tiempo.

Me falta decidir en qué orden.

No te preocupes que va a ser un éxito, ya verás.

Dentro de tres semanas saldremos de dudas.

Si los dioses y la constructora Quiñón lo permiten.

Cuando hay obras por medio, los dioses tienen poco que hacer.

No me asustes, que me aseguraste que eran de fiar.

Te lo recomendé porque, mira,

casi han acabado la reforma de la cubierta,

así que tranquila. De todas formas, les meto prisa.

Te lo agradecería muchísimo.

Cuanto antes triunfes tú, mejor para todos.

¿Y sabemos algo de la licencia de restauración?

Lo dejé en manos de Elías y sigo sin noticias.

No sé nada. Luego voy al ayuntamiento y les meto caña.

Eres mi ángel de la guarda.

Los primeros langostinos que traiga de Sanlúcar

y ponga a la plancha, te los reservo.

Se me van a hacer larguísimas estas tres semanas.

Pues imagínate a mí.

Tengo a los blogueros, los que publicaron la inauguración,

contando las horas.

Estás presionada, ¿eh? -Bastante.

Esa gente cada vez tiene más poder,

así que no me hagas quedar mal con ellos

porque tienen los cuchillos más afilados

que los de mi cocina.

Tú tranquila, en tres semanas tendrás la licencia a punto

y las obras acabadas.

"Okay". -Así que ve llamando

a esos contactos de Sanlúcar.

Bueno, confío en ti, ¿eh?

Pues aquí te dejo. Sigo.

Vale. Hasta luego. -Hasta luego.

Toma, una tila, a ver si te entonas un poquito, mujer.

Gracias. Oye, ¿sabes algo de Rosa? ¿Cómo está?

Creo que mejor, pero yo estoy preocupada, ¿eh?

No me parece normal que tarde tanto en recuperarse.

Pues tiene que estar pasándolo fatal la pobre.

Llevo varios días intentando ir a verla,

pero entre unas cosas y otras, no he tenido tiempo para acercarme.

Ni tiempo ni ánimo, ¿no?

Conozco a mi hermano,

seguro que te está complicando las cosas mucho más.

Si supieras... Es que... Buenos días. Hola, mamá.

¿Sabes dónde está el abuelo?

Han traído no sé los kilos de chirimoyas en vez de aguacates,

y Jonathan lo busca como loco. Pues no, no sé dónde está.

Y ya bastante tengo yo con mi negocio

como para preocuparme de los problemas de los demás.

Vale, vale. Tampoco es para ponerse así.

Germán, Germán, no te vayas.

Ven aquí, que quiero hablar contigo.

Me voy a... pelar patatas

De verdad, Germán,

¿cómo has sido capaz de venderte a tu padre?

Te has enterado de la cuenta de Andorra.

Cualquiera diría que no os habláis.

Eres igual que él y que tu abuelo.

Solo tenéis una cosa en la cabeza: dinero, dinero y dinero.

Te eduqué de otra manera, pero he fracasado.

A ver, mamá, siempre me has insistido

en que sea práctico en la vida, y es lo que he hecho, ser práctico.

¿Qué sentido tiene que rechace un dinero que será mío?

Pero, Germán, ¿cómo puedes ser tan ingenuo?

Si tu padre te ha ofrecido dinero es que hay algo detrás.

Ya, ya. Tu padre no da puntada sin hilo.

Ya me he dado cuenta. Ah, ¿sí? ¿Lo sabes?

Sí, y no veas lo mal que me ha sentado.

¿Y aun así le bailas el agua? Pero ¿cómo puedes ser así, Germán?

A ver, mamá, no te entiendo. ¿Qué quieres qué haga?

Que ese dinero es mío, aunque lo controle él.

Ya, ya...

Elías De la Cruz en estado puro.

No sabes dónde te estás metiendo, Germán.

Eh, puede que no le haga tanto caso como tú te crees.

Ah, ¿sí? Pues lo disimulas muy bien.

Qué decepción.

¿Cómo?

Tú también has hecho cosas que no me esperaba.

Eso, ahora tú atácame.

¿También lo has aprendido de tu padre?

Pues no, lo he aprendido de los dos.

Intentaba que enterrarais el hacha de guerra

y he conseguido que os despellejéis.

No me estoy orgullosa de lo que pasó,

pero no lo hice con intención de hacerte daño,

si no para que veas cómo las gasta tu padre.

Como si no lo supiera. Razón de más para pensar

qué es lo que hay detrás de ese regalo envenenado.

Tu padre no hace las cosas por altruismo.

No me lo estáis poniendo nada fácil, ni tú ni él.

¿Todo bien con Germán?

No.

Ni con Germán ni con Jesús ni con Elías.

No te imaginas...

lo bajo que puede llegar a caer tu hermano y lo miserable que es.

Buenos días. (JAVIER) Hola.

¿Te apetece un café?

¿Lo dejamos para luego? Me esperan en el ayuntamiento.

Pues que esperen.

Los del ayuntamiento son los de: "Vuelva mañana".

Págales con la misma moneda, hombre.

No puedo, es importante.

Le prometí a Ingrid que aceleraría lo de su licencia.

¿Cómo va ese tema?

Pues todavía no la tiene y está deseando abrir.

Pues lo que te digo,

los del ayuntamiento, que son unos pachorras.

¿Y a ti qué te pasa?

Menuda mañanita llevo.

No son las 11:00 y he discutido con los dos,

primero mi padre y luego mi madre.

Es que no lo entiendo. -¿Qué ha ocurrido?

Pues que están desquiciados con lo del divorcio.

Y ahí yo, en medio, recibiendo palos por todas partes.

Ya. Y no hay donde esconderse, ¿verdad?

A mí me pasó lo mismo.

Mi madre nunca perdonó a mi padre sus trapicheos con el dinero.

Que se divorciaron por eso del paraíso fiscal, ¿no?

Sí. Para ella fue como un insulto a la familia.

Estaba superavergonzada y... todavía no lo ha superado.

Ya. Y a ti te pusieron de diana, claro.

Inconscientemente, pero sí.

Verás, cuando estás en una guerra así,

tarde o temprano te acaba cayendo alguna bomba.

Mi madre enloquecía cuando veía que había estado con mi padre.

No lo podía entender.

Somos almas gemelas.

Sí que lo somos.

Te voy a advertir una cosa: esa guerra va a ir para largo,

lo sé por experiencia,

así que, si es así... aquí está tu trinchera.

Venga, vamos. -¿Adónde?

Al ayuntamiento, te acompaño.

¿No has de ir al despacho?

¿Para qué, para que me meta otra bronca mi padre? Paso.

Me quedo en mi trinchera.

Pues claro que te creo, Adela.

Son mi familia, van de chanchullo en chanchullo.

Les da igual a quién se lleven por delante.

Pero es que son muchas cosas.

Tú ya lo has visto.

Infidelidades primero, engaños después...

Y ahora amenazas. Madre mía.

Lo de incluir en la cuenta de Andorra a Germán

es... perverso. Claro, para que no los denuncies.

Es de ser un desgraciado.

Con todas las letras.

Dejarle medio kilo a tu hijo...

Claro, ahora entiendo lo de los "ahorrillos" con la moto.

Pues por eso, yo no puedo con tu hermano.

Lo más triste es que no sé qué hacer

para evitar que se salga con la suya.

Yo se lo diría a Germán y me quedaría tan fresca,

tiene derecho a conocer a su padre.

¿Y te crees que no lo sabe? Pues claro que lo sabe.

Lo que pasa es que está cansado

de estar en medio de nuestras guerras.

No quiero perder lo bueno que me queda.

No, eso no va a pasar y lo sabes.

Están utilizando a tu hijo y tiene derecho a saberlo,

y si quiere, enfrentarse a su padre.

¿Y si no es así?

¿Y si prefiere el dinero fácil a enfrentarse a Elías?

No, Germán es un tío noble.

Adela, estás a tiempo de inclinar la balanza a tu favor.

No puedes dejar que se convierta en una especie de clon de tu marido.

Vamos a ver, yo no quiero que siga sus pasos,

pero no puedo obligarlo

a que eche a patadas de su vida a su padre.

A fin de cuentas, va a seguir siendo su padre.

¿Y tú todavía te preguntas

por qué Elías siempre consigue lo que quiere?

Lo siento, pero no te sigo.

Mi hermano no tiene escrúpulos.

Él no piensa, él actúa.

Así que, si quieres ganar esta guerra,

vas a tener que comportarte exactamente igual que él.

O sea que le has hecho el salto del tigre a Noa, ¿no?

Por favor, que se va a enterar todo el mercado, capullo.

¿Al final ha caído otra vez?

Ya ves, tío. La que he liado, pollito.

Menudo "jari" tengo montado, ¿eh?

¿"Jari" por qué? ¿No lo pasasteis bien?

Sí, tronco, claro que lo pasamos bien.

Deja las uvas ya. -Están buenas, ¿eh?

-Que lo pasamos bien, tío,

y ese es el problema, que lo hemos pasado muy bien.

¿Y cuál es el problema?

Pues que yo ahora mismo no quiero nada con ella, tío.

Yo... no sé, tampoco quiero perderla como amiga, ¿sabes?

Claro.

Y ella se ha pillado de ti, ¿no?

Sí, pues tú ríete,

pero a Noa la conozco como la palma de mi mano

y sé que está toda rallada. Si no, ¿a cuento de qué ha venido

lo cortada que ha estado antes conmigo?

Hazme caso, "bro", que esto pinta malamente.

Pero ¿qué pasa si no está tan pillada como te crees?

Ella lo acaba de dejar con su chico,

y quizá con el subidón del concierto,

una cerveza y no sé qué, al final pues...

-Ya, bueno, pero puede...

Oye, ¿cómo sabes lo del concierto?

Bueno, calla, con lo de las fotos.

¿Te ha contado...? -Claro, las fotos.

¿Y no te ha contado nada de...?

No, que no, a mí no me ha dicho nada.

Sabía que tenías las entradas,

y como eres tan rata, digo: "Se llevará a Noa".

Tú eres muy listo, ¿no?

¿En serio, "bro", que no te ha contado nada de...?

Que no me ha dicho nada.

Lo que tienes que hacer es hablar con ella.

Verás que no es para tanto.

Y le digo que lo de anoche fue genial,

pero que me mola otra y hasta luego, Mari Carmen.

Lo último te lo puedes ahorrar.

-¿El qué? Lo de que me mola otra o lo de Mari Carmen.

No debía haberte contado todo esto.

No te preocupes. Esto queda entre nosotras.

Ya, no lo dudo, pero... no está bien

que haya hablado así de tu padre y de tu hermano delante de ti.

Mi hermano y mi padre...

son seres egoístas, son manipuladores.

Yo he vivido esto toda mi vida.

¿Por qué te crees que me fui?

Ya lo sé, Lorena, me acuerdo perfectamente.

Fueron muy crueles contigo, no te dejaban ni respirar.

Y lo siguen siendo.

Machito alfa.

Son... tóxicos.

Yo me he salvado de ellos.

La pregunta es... ¿te has salvado tú?

¿Qué quieres decir? ¿Quieres un consejo?

Sí.

Aléjate de ellos.

Coge el dinero del divorcio y lárgate.

Empieza de cero en otra parte.

Ojalá fuera tan fácil.

No, ya sé, ya sé que no lo es.

Yo sé que el mercado es tu vida

y nadie tiene derecho a sacarte de aquí,

pero hay otros caminos, hay otras maneras,

hay otras formas de cumplir los sueños.

Si no te alejas de mi hermano, Adela,

no vas a conseguir ser feliz.

Gracias.

(SAMUEL) ¡Noa! ¡Noa!

Ven un momento. Ahí viene tu churri.

"Bro", eso no mola. Como pueda, te escondo la silla.

Tengo prisa, ¿qué pasa? (SAMUEL) Jona quiere hablar contigo.

¿Qué pasa?

¿Qué pasa?

Bueno, os dejo. Vosotros sabréis, que la habéis liado.

Hala, suerte, chaval.

(NOA) Mira, yo... -Mira, yo no...

(NOA) Vale. -Empieza tú.

Bueno, lo primero quiero que sepas

que anoche me lo pasé muy bien en el concierto

y después del concierto, pero yo... -Noa, espera, espera.

Antes de que digas nada más...

quiero que sepas que yo también flipé, ¿eh?,

pero mogollón,

pero... pero fue lo que fue,

una noche loca y nada más, ¿vale?

Es que... Bueno, lo siento, pero...

es que ahora no puedo darte lo que me pides.

No quiero una relación con... bueno, con nadie.

Jona, yo tampoco quiero nada contigo.

Ah.

Entonces, ¿a cuento de qué viene esa cara de:

"Me gustó la jarana de anoche y quiero más"?

No lo entiendo. -¿Perdona?

Eres tú el que lleva toda la mañana con cara de querer más.

Ah. ¿Yo?

-A ver, Jona, somos amigos, puedes ser sincero conmigo.

No sé, después de todo lo que me dijiste que sentías por mí,

y ahora pasa esto, pues... -A ver, Noa, vale, vale.

Lo de anoche estuvo guay,

muy guay, de verdad, pero...

ahora mismo quiero intentarlo con Lucía.

En serio.

Ah...

Bueno, entonces guay, ¿no?

Si estamos de acuerdo que lo de anoche fue solo un rollo,

podemos seguir siendo amigos.

Vale.

Menudo peso me quitas de encima. Yo pensaba que tú...

Bueno, entonces todo bien, ¿no?

Súper.

Genial. Pues nada, nos vemos luego en casa.

Sí.

(Puerta cerrándose)

(JESÚS) ¿Hoy trabajas en casa? Sí.

Tuve la brillante idea de quedarme aquí

para que no me molestaran, pero veo que es inútil.

No te preocupes.

He venido a buscar las llaves del almacén,

que no sé qué he hecho con las mías. Muy bien.

Aunque, ya que te tengo aquí...

Ya decía yo.

A ver, ¿qué pasa? (CARRASPEA)

Vengo de ver a Recarte.

¿Y?

Se lo he contado todo.

¿Y eso? ¿Qué pasa, te has dado un golpe o algo?

Adela ya lo ha puesto sobre aviso,

y si no nos ha denunciado ya, no creo que lo haga.

Bueno, eso tú no lo sabes, ¿eh?

No creo que sea tan estúpido de contarte sus intenciones.

No va a hacer nada, tranquilo.

Le he dado un buen pellizco para compensarlo.

¿Y se puede saber a qué viene ese ataque repentino de integridad?

Nunca en la vida me he sentido tan avergonzado

como esta mañana delante de ese pobre hombre.

Total, que te estás haciendo viejo.

Puede ser,

pero es la primera vez desde hace años

que creo que he hecho lo correcto.

Ajá. Total, que ha venido a visitarte

el fantasma de las Navidades futuras, ¿no?

Y, por curiosidad, ¿cuánto dinero te ha costado conciliar el sueño?

No sé por qué pierdo el tiempo explicándole nada

a alguien que es capaz de engañar a su propio padre.

A mí no, ¿eh?

A mí no. No me vengas con lecciones de moral. No, no.

Todo lo que sé, lo bueno, pero, sobre todo, lo malo,

me lo has enseñado tú.

Ganar. Siempre ganar. A toda costa, caiga quien caiga.

Eso es lo que yo he mamado en esta casa.

Nunca he sido un ángel, lo reconozco,

pero lo que me da pena...

es que sea muy tarde para convencerte

de que las cosas se pueden hacer de otra manera.

Sí, sí que es tarde, sí. Es tarde para mí y para ti,

aunque venga tu novia con ataques de buenismo.

Oye, no consiento que metas a Valeria en esto.

Consiente lo que te dé la gana, pero ahora eres su marioneta.

¡No tienes ni idea! Sabes perfectamente

que lo que le diste a Recarte

es calderilla para calmar tu conciencia.

He hecho mucho más de lo que has hecho tú.

No tienes ni idea. Ni idea.

Yo también, de vez en cuando,

suelto algunas migajas para tapar bocas,

pero ni por un segundo pienses

que eres mejor persona que yo, papá.

Porque por mucho desodorante que te pongas,

tú estás de mierda hasta las orejas.

Igual que yo.

(Puerta abriéndose)

(Puerta cerrándose)

Vale, exactamente,

¿qué es lo que te pasa con esa chica?

Pues... que lleva ahí dos horas sentada en mi terraza

con un café y dos cannoli.

Y encima los ha regado con sirope de chocolate,

la muy inculta... Sí que la tienes controlada, ¿eh?

¿No será que te gusta un poquito? ¿Es mona?

Sí, pero es muy maleducada.

O sea que reconoces que es guapa.

Yo lo que reconozco es que es una borde de cuidado.

A lo mejor espera que le des conversación.

O que le tire encima un bote con sirope de chocolate,

que es lo que se merece. Qué carácter.

Anda, que igual salta la chispa.

A ver, ¿tú quieres parar de una vez de hacer de celestino?

Ya te dije que después de lo de Cristina...

ya he colgado las botas.

Mira, es esta.

Pues sí que es mona, sí.

(CHISTA)

(CARRASPEA) (SUSPIRA)

(MAYTE, SUSPIRA)

¿Qué, te traigo la cuenta?

Este café está frío.

¿Y cómo quieres que esté?

Estamos en invierno,

llevas dos horas aquí sentada y no paras de marearlo.

Perdona, lo serviste frío

y no recuerdo pedirte café con hielo.

Mira, si estaba frío,

tendrías que habérmelo dicho antes, ¿no te parece?

Mira, lo que me parece

es que el servicio de terraza es pésimo.

Muy bien. ¿Es tú opinión?

Yo también tengo la mía sobre algunos clientes.

Pero mejor me la voy a guardar, ¿no?

Hasta aquí. Tráeme el libro de reclamaciones.

(PAOLO) ¿Lo quieres con sirope de chocolate?

¿Qué dices? -Que no te voy a traer nada.

¿Y sabes por qué? -¿Por qué?

Porque no quiero verte aquí sentada otras dos horas.

Mira, como cliente, tengo todo el derecho a reclamar.

Muy bien. Yo también, como propietario de la pizzería,

tengo mis derechos,

concretamente el derecho de admisión,

así que... aireando, va.

No me pienso mover de aquí.

O me traes el libro de reclamaciones o llamo a la Policía ahora mismo.

Pues puedes llamar a quien quieras, pero yo ya te he aguantado bastante.

Mira, no eres tú el que me echas, ¿eh?

Soy yo la que me voy de este local de segunda.

(PAOLO) Eso es, hazme el favor, va. Fuera de aquí y no vuelvas más.

Impresentable. (PAOLO) Anda, va.

Lárgate, lárgate, va.

(PAOLO) Eso es, ¡lárgate, va!

¡Y no vuelvas más!

¿No crees que te has pasado un pelín?

¿Con esa? Mejor perderla de vista.

Elías.

¿Qué tal? ¿Cómo va todo? Bueno... ahí vamos.

Por cierto,

que me he enterado que ahora soy tu suegro.

Sí. Eh... Precisamente ahora he estado con Germán.

Iba para vuestra casa. Tranquilo, hombre, tranquilo,

que os doy mi bendición.

Y te digo una cosa:

a ver si eres capaz de que siente cabeza.

Pues la verdad es que estamos muy a gusto.

A pesar de que él esté en una situación un tanto incómoda.

Incómoda, ¿por qué?

Tu hijo no es de contar sus cosas,

pero no puede esconder que vuestro divorcio

lo afecta más de lo que esperaba. Ah, sí, claro.

No. No está siendo agradable para nadie, te lo puedo asegurar.

Lo sé, por eso quería pedirte un favor.

Dime.

Sé que es una situación delicada

y no quiero meterme donde no me llaman,

pero cuánto menos impliquéis a Germán en vuestras disputas,

mejor para todos.

Llevas razón.

A partir de ahora voy a intentar mantenerlo al margen.

Gracias, Elías.

Bueno, ahora hablemos de ti. ¿Cómo van las cosas por el mercado?

Nunca lo había visto así.

Tenía la vena del cuello hinchada, parecía un cannoli.

Madre mía. A ver si le va a dar un infarto,

los italianos son de sangre caliente.

Vamos a hablar con él,

es capaz de estamparle una pizza a un cliente.

Te juro que lo hace.

Igual deberíamos esperar a que estuviera más calmado.

Nicolás, se lo debemos.

Hemos pasado de él con el grupo de "amici".

Lo que tiene de buena gente lo tiene de plasta.

No digo que salgamos con él, sino de darle cuartelillo.

Que hable con nosotros.

(PAOLO) A ver... Mira.

¿Tengo pinta de guía turístico?

¿A qué no? Entonces, si pide información,

por favor, a la Oficina de Turismo de al lado, va. Anda.

¿Y vosotros qué queréis? (NICOLÁS) No, nada.

No, no, no. Tomar un café contigo, si tienes un ratito.

¿Es que pasa algo? -No, es lo que hacen los amigos.

Pues lo siento, pero no tengo el día.

Además, tampoco es que seamos tan amigos, ¿eh?

Y prácticamente las obras del tejado están terminadas.

¿Qué me dices? Ya tenemos Capilla Sixtina.

Sí, por fin. Y si todo va bien,

en tres semanas Ingrid Balsera estará abriendo su puesto.

Sí, ya. Ya estoy viendo

que hace publicidad a bombo y platillo en Internet.

Ella no estaba convencida de publicitarlo, pero...

Bueno, por el tema de la licencia, ya sabes, pero la convencí.

¿Tú? ¿También haces de relaciones públicas

en tus ratos libres?

Bueno, con ser gerente ya me basta, la verdad.

No, pensé que era una buena noticia para traer gente al Central.

Yo creo que sí. A ver si es verdad

y algún modernito de estos monta un negocio por aquí cerca.

Esa es la idea.

Por cierto, si la ves, le dices de mi parte, por favor,

que no me he olvidado de lo suyo,

pero no sé qué pasa en el ayuntamiento,

que me ponen unas trabas

a la hora de conseguir la licencia...

No te preocupes. Mira, eso ya está solucionado.

Precisamente vengo de allí. Acabo de recogerlo.

¿Cómo la has conseguido tan pronto?

El mérito no es mío, ha sido de tu hijo.

En 20 minutos lo tenía firmado y sellado.

Tenías que ver cómo se cameló al funcionario,

hasta nos han invitado a cafés.

Vaya con tu novio, ¿eh?

Él es el primero que quiere que el mercado remonte.

Es para estar orgulloso de él. Y lo estoy, lo estoy.

Orgulloso no, orgullosísimo. Y de ti también, ¿eh?

De cómo lo estás haciendo.

Enhorabuena. Gracias, Elías.

Voy a darle la buena noticia a Ingrid.

Claro que sí.

Buen día. Buen día.

Verás, Paolo, estamos... estamos un poco preocupados por ti.

¿Por?

Ah, ¿lo decís por la clienta de los cannoli?

Pues no te preocupes, porque...

cada día tengo tres o cuatro de esas.

Estoy acostumbrado. Ya.

De esas...

Es que... Igual me estoy metiendo donde no me llaman, pero...

¿estás un poco resentido con el género femenino?

No, no, no.

A mí me da igual que sea mujer, hombre o hasta un mandril,

pero lo que no voy a aguantar

es que a mí me menosprecien en mi pizzería.

Vale, pero no creo que sea sano que pagues tu cabreo con clientes

que toman café tranquilamente.

¿Tranquilamente?

Pero si la tía estuvo buscándome desde el primer minuto.

Y estuvo aquí dos horas, ¿eh?

Imagínate lo que aguanté.

Paolo, que no puedes tratar así a la clientela, hombre.

Y menos a los turistas.

No, no. A mí me da igual vengan de donde vengan.

Pero yo hoy no estoy para tonterías.

Pero mira a este.

A ver...

Pero ¿usted que quiere,

que con el café le sirva un babero también?

¿Eh? ¡Anda ya! Sí, sí.

¡Que se vaya!

A ver, Paolo... -¿Qué es hoy,

el Día Internacional del Imbécil?

Mira, te voy a dar un consejo: cierra y vete a casa,

que no estás para atender a nadie.

Yo hoy estoy perfectamente. Paolo, eh...

Si sigues acumulando odio y rencor, no superarás lo de Cristina.

A ver, Jorge,

guárdate tu psicología barata para quien la quiera escuchar.

Igual, Nicolás, aquí, que parece que tú también hayas ido...

a la sesión del "coach" este,

¿cómo se llama? El liante, Boris Alexey...

¡Eh, eh! Alexander.

Eso.

Voy para dentro.

Gracias, hija.

¿Por qué no te sientas aquí un ratito conmigo?

¿Sí? ¿No prefieres descansar?

No. Quiero que me cuentes cosas, por favor. Lo que sea, lo que sea.

Necesito saber que hay vida más allá de estas cuatro paredes, hija.

A ver, ¿qué quieres que te cuente?

Pues no sé, lo que quieras.

Eh... qué fotos estás haciendo ahora...

¿Qué tal la convivencia con Jonathan?

¿Eh? ¿Os apañáis?

¿Qué pasa?

¿No van bien las cosas?

Más o menos.

Más menos que más, ¿no?

¿No me lo vas a contar?

Es que da un poco de corte, mamá.

Ah, o sea que te da corte. Vale, se trata de eso, ¿eh?

Oye, que yo también puedo hablar de chicos, cariño.

Sí, en el pasado estuve con algunos.

Aunque no te lo creas. -Ay, qué tonta eres, mamá.

No, si yo no tengo ningún problema en hablar de chicos.

De hecho, no se me dan nada mal.

Vale. No hace falta que entremos en detalles.

¿Y qué pasa?

Que Jonathan y tú habéis estado juntos, ¿no?

Sí. Bastante, sí. -Ajá.

¿Y qué pasa con Lucía?

No... Lo han dejado.

Pero si llevaban nada.

Madre mía, vais a mil por hora, ¿eh? Qué juventud...

¿Y tú qué, cómo se te ocurre meterte en una relación...?

Que ya, mamá, que sí,

si sé perfectamente que ha sido un error enrollarme con Jonathan,

pero ya no puedo dar marcha atrás.

Y Jonathan ahora quiere más

y tú no sabes cómo decirle que no.

¿Por eso estás así? -Pues no.

Ah, ¿no? -Sigue muy pillado de Lucía.

¿Y cuál es el problema, hija? Si me dices que había sido un error

liarte con Jonathan... -Ya,

pero me cabrea, no puedo... no puedo hacer otra cosa.

¿Por qué?

Pues no lo sé, mamá. No sé, estoy hecha un lío, no...

Supongo que Jonathan

pues igual me gusta más de lo que pensaba.

Ajá.

Yo creo que estás así por otro motivo.

Ah, ¿sí? ¿Cuál?

Resulta que tú siempre has dado calabazas a los chicos,

pero ahora llega a tu vida Luis, luego Jonathan,

y te has sentido herida en tu amor propio.

Bueno, mamá, fui yo quien decidió no irse a Nueva York.

¿Te estás viendo? Te puede el orgullo, cielo.

Sí.

Tú estabas preparada para rechazar a Jonathan,

pero no para que Jonathan te rechazara a ti.

Ay, no sé. ¿Por qué tiene que ser todo tan difícil?

Es difícil a veces,

pero otras veces es maravilloso, cariño.

Vas a ser muy feliz, ya lo verás.

¿Sí? Pues no me importaría empezar a serlo ya, la verdad.

Bueno, ten paciencia. Confía en mí.

Oye, ¿sabes que tu padre acertó con lo de Jonathan y tú?

Uy, sí. Vaya ojo que tiene, oye. -Sí, sí, sí. Pues lo tiene, ¿eh?

¿Quieres que veamos un programa juntas?

Venga di que sí.

(NOA) ¿Cuál? -Pues uno de setas.

(NOA) ¿De setas, mamá? -Sí, de setas.

(NOA) Madre mía...

(TV) "El Piú Giganteus es, posiblemente,

la seta más grande que podemos encontrar en un bosque

o una de las más grandes.

Llamativo, ¿no? -Joder, qué suerte.

O sea que hemos encontrado una...

-Es una seta muy vistosa. -Una megaseta.

-Y no es tan frecuente, o sea, no es hiperabundante..."

Niño,

¿tú eres imbécil o qué te pasa?

¿A qué viene lo de la licencia de Ingrid?

A ver, cálmate. No me da la gana de calmarme.

He hablado con tu novio,

dice que te camelaste a un funcionario del ayuntamiento

para que le conceda la licencia hoy mismo. ¿Eres tonto?

Me limité a hacer un Elías De la Cruz,

que no es más que pensar en uno mismo.

Muy bien, pues a partir de ahora solo vas a hacer lo que yo te diga.

Bueno, eso ya lo veremos.

¿Cómo que "ya lo veremos"? ¡No es negociable, idiota!

Se acaban las tonterías de niño malcriado.

¿Sabes lo que nos jugamos?

Mi relación es lo que me estoy jugando.

Tú eres tonto, niño.

Lo asumo. Es lo que tiene seguir tus pasos.

Ya ves que yo también puedo ponerte las cosas difíciles.

Esto es por la pasta en Andorra, ¿a que sí?

¿Así me pagas hacerte millonario de un día a otro?

Millonario si me dejas.

No me puedo comprar ni un chicle sin tu permiso.

Que lo hago por tu bien, para que no lo despilfarres.

Si por ti fuera, teníamos una moto de no sé cuántos cilindros

aparcada en la puerta. Y no tienes ni el carné.

Perdona, ¿me estás espiando? No hace falta, idiota,

no hace falta, dejas la "tablet" tirada por cualquier sitio.

¿Para quién es la moto, para ti o para tu novio?

Javier no tiene nada que ver. Sí, tiene mucho que ver.

Es el gerente y la mosca cojonera que traba nuestros planes.

No, los tuyos y los de Hortuño.

Qué fácil es bajarse del carro con los bolsillos llenos.

Dime una cosa, ¿esto lo haces simplemente para cabrearme

o porque de verdad estás enamorado de Sandokán?

De verdad, es que no te entiendo.

O sea, me obligas a lanzarme a sus brazos

y ahora que estamos juntos, ¿vienes a restregármelo por la cara?

Te dije que hicieras que él perdiera el norte,

no que lo perdieras tú.

De hermanita de la caridad tenemos a tu abuelo.

¿Para qué metes al abuelo en esto?

Otro que está enamoradísimo.

¿No os dais cuenta...

de que vuestras relaciones os hacen débiles?

¿Qué sabrás tú de relaciones?

Si lo único que has conseguido ha sido arruinarle la vida a mamá.

(Puerta abriéndose)

(Puerta cerrándose)

Lo siento.

No me gusta discutir contigo, para eso ya tengo a papá.

Hijo, ven aquí.

Yo también lo siento.

Pensé que iba a llevar mejor

eso de ver cómo nuestra familia se va a la mierda.

Yo me equivoqué. No tenía que haberte reprochado nada,

pero es que es muy difícil

controlarse cuando te están dando puñaladas por la espalda.

Es que papá no tiene límite.

No, no lo tiene.

Lo único que te pido es que tú no sigas sus pasos.

No quiero verte convertido en aprendiz de mafioso.

¿Cómo se puede ser tan rastrero?

La maniobra del dinero de Andorra fue muy sucia.

Y eso que tú no sabes ni la mitad.

¿Por qué? ¿Qué más tengo que saber?

Germán...

tu padre te ha incluido en esa cuenta

para pararme a mí los pies.

A ti, ¿por qué?

Porque si te pone de titular,

se asegura de que no lo denuncio por evasión de capitales.

Ni a él ni al abuelo.

Es su manera de hacerme recular y salirse con la suya una vez más.

¿Que me está usando contra ti? Ajá.

Yo quise darle donde más le duele y le propuse un trato:

mi silencio a cambio de dinero,

pero a él no le gusta perder, así que no le tembló el pulso

a la hora de utilizarte para salvarse él.

Y te aseguro que yo no quería su dinero,

solo quería demostrarle que también sé jugar sucio.

Pero en eso, él no tiene rival.

Sabía que no te iba a utilizar como arma arrojadiza.

Y encima me lo vendió como un regalo.

Ya, pues como lo del viaje a Andorra...

Con la excusa de que ibais a esquiar.

Y a saber...

la de veces que no la habrá hecho sin que nos demos cuenta.

¿Qué piensas hacer ahora?

Necesito... pensar.

Totalmente de acuerdo, Marisol,

Adela está mezclando churras con merinas.

¿Cómo?

No, pero ¿por qué? Estoy encantada con tus productos.

De hecho, se venden estupendamente.

Mira, no, te prometo

que no vas a volver a tener un problema

ni con facturas ni con nada.

Pero...

Vale.

No, sí, sí, desde luego, es tu decisión.

Lo que tú quieras.

Pues muchas gracias por todo.

Vale.

Adiós.

Mierda.

¡Menuda mierda!

Eh, eh, ¿ha pasado algo?

No, no es nada. ¿Va todo bien con David?

Sí, con David perfectamente, lo que pasa es que, bueno...

Es que, ¿qué?

Marisol... no quiere saber nada de mí.

Acabo de perder una proveedora.

Pero creí que habíais hecho buenas migas.

Bueno, pues Adela se ha encargado de quemar esas buenas migas.

Con Adela no puedo ayudarte,

pero tengo una amiga que vende productos ecológicos.

Vale, Jorge, no hace falta, ¿de acuerdo?

Me apaño yo sola, gracias.

Te dejo el teléfono y decides si la llamas o no

sin ningún compromiso. Jorge, tío, que no me insistas.

¿Se puede saber por qué te cuesta aceptar mi ayuda?

Mira, no quiero ayuda porque no quiero depender de nadie.

Bastante tengo con haberle pedido ayuda a mi suegra, ¿entiendes?

Hay una diferencia muy grande entre depender y dejarse ayudar.

A ti te encanta ir por el mundo ayudando a la gente.

Y tú eres un poco orgullosa, ¿no?

Pues míratelo, porque igual el día que necesites ayuda,

no hay nadie para ofrecerla.

Mira, hazme un favor:

coge tu ayuda y tu buen rollo y te los metes por donde te quepa.

Idiota.

¿Qué pasa?

Toda tuya.

(CARLA) ¡Celia!

Javier ha convencido a Ingrid para contratar a Quiñón, ¿te enteras?

Así que yo creo que es el momento

de que llames a tus contactos en prensa

y que cuenten que hay una empresa

que no cumple los mínimos requisitos de seguridad,

que pone en peligro

tanto a comerciantes como a clientes.

¿Recuerdas cuando te dije

que entre Adela y yo no había problemas?

Te mentí.

No nos soportamos.

Por Elías.

Me he acostado con él.

Oye, ¿quieres que nos riamos un poco?

¿Por qué no buscamos tíos por Internet?

¿Qué dices? -Sí.

¿Con las aplicaciones que usáis para ligar?

Tú estás loca, cielo. -¿Por qué no, mamá?

No sé, ahora todo el mundo las usa.

Es una nueva manera de conocer gente.

Esas son mis condiciones: el dinero y Javier.

¿Hay trato?

¿Estás enfadado?

No. ¿Por qué, debería?

Entonces es que no has leído nada.

Si te lo cuento te vas a enfadar, así que nada. Adiós.

No, no, espera. Espera, David.

¿Quieres hablar claro, por favor? ¿Qué tenía que haber leído?

La reseña de tu restaurante en Internet.

Quiero pedirte perdón.

¿Te pasarás la vida disculpándote por lo que hace tu hijo?

Esto no tiene nada que ver con Elías.

¿No vienes por lo de Germán?

Yo creo que es mejor llevárselo,

y si no lo entienden bien, poder explicárselo.

¿Qué quieres, que te diga que lo presentes tú

para ponerte la medalla delante del jefe?

Él insistió. Mira que yo no lo tenía claro,

pero insistió porque decía que molas.

¿Él dijo eso de mí?

Sí. Pero ya ves que no ha funcionado tampoco.

Supongo que sabes que Velasco te ha hecho un favor

dejándote entrar en el negocio.

Pues habrá un día...

en el que Velasco se querrá cobrar ese favor,

y si no puedes pagarlo...

preferirás estar conmigo

antes que con alguien tan loco como él.

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Mercado Central - Capítulo 97

11 feb 2020

Germán descubre que para disponer del dinero de Andorra necesita la firma de Elías. Cabreado, decide ir contra los planes de boicotear el mercado y ayuda a Javier a conseguir la licencia de restauración para Ingrid. Elías monta en cólera. Pero Germán se lleva una nueva decepción con su padre cuando Adela le cuenta que Elías le ha manipulado. Si le dio el dinero fue sólo para frenar su denuncia.
Jonathan y Noa confiesan a Samuel que se acostaron la noche anterior. Para él no significó nada, pero Noa se siente confusa y busca apoyo en Rosa.
Paolo tiene un encontronazo con una clienta. Jorge y Nicolás intentan convencerle de que no tiene que pagar su mal humor con los demás.
David intenta controlar sus manías con Carla, pero termina poniéndose nervioso.
Celia explota con Jorge, superada al perder a Marisol, la proveedora de productos naturales.

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