Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 95 - ver ahora
Transcripción completa

(DAVID) "Vendiste el reloj de papá". "Sí".

¿Por qué? Iba a ser para mí.

Bueno, es para ti, en forma de ordenador.

Es lo único que teníamos de él.

Ya, cariño, pero tus estudios son más importantes.

Podrías conseguirlo de otra forma. ¿De qué forma?

Hay otra forma, pero no quieres verla.

Pues dímelo tú, a ver.

Pues con la abuela.

¿Has mandado el "mail"?

Ahora mismo lo estaba haciendo.

-Aquí estamos para trabajar, ¿vale?, no para perder el tiempo.

Tengo mucho trabajo y una mujer por atender,

y lo último que necesito es una becaria

más pendiente de los mensajes del novio

que de cumplir su obligación.

Solo era un "mail" y lo estoy haciendo.

-No solo era un "mail",

es una orden directa que te he dado y que has decidido desobedecer.

A ver si me voy a tener que pensar lo de la buena valoración.

A ver, quería decir que... -Pues no vuelvas a replicarme.

Y si vuelves a cagarla,

te puedes ir olvidando de que te contraten en esta empresa.

¿En serio? ¿Taller de empoderamiento personal?

A ver, déjame que te explique.

Paolo me pidió que lo acompañara.

Ya sabes que lo está pasando fatal y, bueno, no quería dejarlo solo.

¿Y toda esa sarta de tonterías que me has soltado

ha salido de aquí? -Bueno, a ver, ¿eh?

Que este es un tío serio que sabe mucho, ¿eh?

-Por favor, ni aunque sea el papa de Roma, vamos.

Lo primero es hablarme para que yo te entienda,

y tus problemas me los cuentas a mí, no los sueltas por ahí.

¿Te aprovechas de mi nombre, Javier?

No sé cómo puedes pensar eso, Ingrid.

Ten en cuenta que serás la mayor beneficiada.

Serías la pionera, un modelo a seguir, Ingrid.

A no ser que dejemos pasar el tiempo y se adelante alguien, entonces...

Está bien. Hablaré con ellos.

Pero no te metas en los asuntos de mi restaurante

sin consultarme primero.

Yo creo que antes ya nos lo hemos dicho todo.

Yo no.

Eh... Vale... ¿Que ya no tienes dudas?

Estoy muerto de miedo,

pero creo que solo contigo podré superarlo.

Ella no quiere justicia, quiere hundirnos.

¿Y qué podemos hacer? No lo sé.

Ya lo has intentado a tu manera, ¿verdad?

Pues ahora me toca a mí intentarlo a la mía.

(FERRER) Hazme caso.

Acepta la repartición de gananciales del divorcio.

Olvídate de Andorra, de lo de Recarte y de él.

Lo siento, no voy a hacerlo.

Pues no sabes cuánto lo lamento.

Espero que no lo tengas que lamentar tú también.

Quien lo va a lamentar no soy yo. Eso te lo aseguro.

Si quieres, tú juega el papel de esposa engañada,

que no te va a creer nadie,

porque me voy a encargar de que todo el mundo se entere

de que estabas al corriente de la evasión de capitales.

Si yo voy a la cárcel, tú vienes conmigo.

(RÍE SARCÁSTICA) A no ser que recapacites un poco.

Elías. ¿Qué tal, cómo estás?

Muy bien. Siéntate. Bueno, hombre...

Mira, ya está aquí Hortuño. Déjame que yo se lo diga.

-¿Qué es eso tan urgente que no podemos hablar por teléfono?

He cruzado medio Madrid. (VELASCO) Todos tenemos prisa.

Así que vamos a ir al grano.

He hablado con Elías y he llegado a la conclusión

de que nos interesa que forme parte del negocio.

Como socio minoritario, claro. (HORTUÑO) ¿Socio?

De ninguna manera.

(VELASCO) Creo que su papel tiene más importancia

de la que le dábamos.

¿Y has tomado esa decisión pasando por encima de mí?

(VELASCO) En realidad, podría haberla tomado

pasando por encima de ti,

pero he preferido contar con tu apoyo

para suavizar las cosas.

Ya... Elías no tiene nada que ofrecer.

Tiene un par de puestos. ¿Estás de broma?

Perdona, ¿eh?

Mi papel es fundamental dentro del mercado.

Y aparte, no solo tengo dos puestos de fruta.

Hay mucho más patrimonio, ¿no? Una frutería.

Esta conversación ya la tuvimos.

Y nosotros ahora, ¿qué somos, la caridad?

No sacamos nada con esto.

Yo sí saco algo.

Porque él está dispuesto a hacer eso que tú ya no querías hacer.

¿Vas a blanquearle dinero?

(VELASCO) Digamos que Elías y yo hemos tenido una conversación

y vamos a iniciar una etapa empresarial en común.

Ya que no te interesa esa parte del negocio, ¿no es así?

Lo que no me interesa es acabar en la cárcel.

Ya tuve bastante con verte siete años allí.

Os deseo mucha suerte con esto.

(VELASCO) Todos tenemos algo que perder.

Elías sabe lo que se juega si no cierra el mercado.

Pero tiene las agallas que tú no tienes,

así que le voy a compensar con un pequeño porcentaje.

No está bien que recoja migajas

alguien que se la juega como el resto.

-¿Sabes qué pasa?

Que no es por mí por quien se la juega,

así que mi respuesta es no.

No deberías hablarle así

a alguien que sabe de ti lo que sé yo.

Vas a aceptar el acuerdo.

¿O prefieres que cuente tu secreto?

Sabes a lo que me refiero, ¿verdad?

(VELASCO) Tú decides.

¿Aceptas el acuerdo, sí o no?

Sí. (CARRASPEA) Sí.

(VELASCO) Pues relájate y tómate algo. (RÍE)

Vamos, cambia esa cara, hombre.

(HORTUÑO SUSPIRA)

¡Camarero!

(Off, timbre)

Hola.

Pasa, por favor.

¿He venido demasiado pronto?

No, no, no, qué va, si te estaba esperando.

Pasa. He hecho café, ¿te apetece?

No, gracias, ya he desayunado en casa.

Eh... Espero que no sea grave lo que tengas que decirme.

No, no, qué va.

Como no has querido contármelo por teléfono...

¿Es algo de David? No.

David está perfectamente. Se está pegando una ducha.

Siento mucho haberte asustado.

Pues...

la verdad es que un poquito asustada sí que estoy.

¿Qué pasa?

Necesito tu ayuda.

Claro, mujer, dime. Lo que yo pueda hacer...

Tu ayuda económica.

Mira, me da mucha vergüenza pedirte esto.

Primero porque últimamente no nos hemos llevado demasiado bien

y segundo, porque tú siempre dijiste

que yo no sería capaz de salir sola adelante.

Y tenías razón.

Te prometo que he hecho todo lo que he podido,

me he esforzado muchísimo, pero he fracasado

y ahora me veo en la obligación de pedirte ayuda.

Que no te cueste tanto, somos familia

y la familia está para eso, para ayudarse.

Es verdad que hemos pasado un tiempo

en el que no nos hemos entendido muy bien,

pero por mi parte ya está olvidado, así que lo que necesites.

Es mucho dinero, Asunción.

Bueno, pues cuéntamelo, ¿no?

Y... y ponme ese café.

Claro.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Verás, cuando empecé con el negocio...

cometí muchos errores

y ahora el ayuntamiento me pide que le devuelva la subvención

y me pone una multa.

¿Una multa, por qué?

Porque cuando arranqué estaba muy apurada

y en vez de hacer lo que hago ahora,

que es pedirte a ti ayuda y el dinero...

pues falseé unas facturas para que me dieran esa subvención.

Y te han pillado. Sí.

Tienes que tener cuidado, Celia. Sobre todo, por David.

Te juegas su futuro y le das mal ejemplo.

Sí, lo sé. Lo sé.

Bueno, pero vamos a ser positivas y mirar adelante.

Has sido sincera conmigo y te lo agradezco.

En otro tiempo te lo habrías callado.

Ya me dirás cuánto dinero es,

y si puedo ayudarte, te lo doy encantada.

Va a ser un préstamo, ¿eh? Bueno, eso ya lo veremos.

Ahora lo importante es que pagues esa multa

y te quites ese problema de encima. ¿Eh?

¿Qué pasa? ¿Qué pasa?

¿Hay alguna cosa más que me tengas que contar?

Mira, creo que, ya que me vas a dejar el dinero,

lo mínimo es que sea honesta contigo

y te lo cuente todo.

El dinero también lo necesito para otro asunto.

He tenido problemas con Adela.

Adela era mi socia en la droguería.

Quiero disolver esa sociedad

y para eso le tengo que pagar su inversión en el negocio.

¿Qué ha pasado, no eráis muy amigas?

Si hasta se vino a vivir contigo, ¿no?

Está claro que mezclar amistad y negocios nunca sale bien.

¿Hacía y deshacía como quería? No, no, no, para nada.

Ella no ha tenido nada que ver, la responsable soy yo.

¿Habéis discutido

por el tema de la subvención? No.

Mira, he hecho algo... horrible

de lo cual no me siento nada orgullosa.

Y...

Tuve una aventura con su marido. ¿Cómo?

Pero a ver...

¿Esto que me cuentas ha sido cosa de una sola vez

o ha habido... o habéis estado un tiempo?

Han sido muchas veces.

Adela se ha enterado,

se ha enfadado muchísimo y ahora me hace la vida imposible.

Pero ¿todavía están casados? No, están en proceso de separación.

¿El marido de tu socia? Sí.

¿De tu amiga? Pero... Pero...

¿Qué se te pasó por la cabeza? No lo sé, Asunción, de verdad.

Estaba perdida, estaba sola...

Supongo que era una huida hacia adelante

y sentía un vacío dentro

que tenía que llenar de alguna manera. No lo sé.

¿Lo conseguiste? No.

¿Lo sabe David?

No. Y, por favor, espero que no se entere nunca.

(SUSPIRA) Lo siento.

Tenía que contártelo, Asunción.

Entiendo que no me quieras dejar el dinero

y te agradezco que hayas venido aquí

y que me hayas escuchado.

¿Seguro que lo tuyo con ese hombre está totalmente zanjado?

Seguro.

Está bien.

Voy a ayudarte.

Mira, lo hecho, hecho está. Ahora necesitas rehacer tu vida,

y si para ello necesitas contar con mi dinero, lo vas a tener.

Gracias.

Gracias, muchas gracias.

Te lo voy a devolver todo, te lo prometo.

Tranquila, mujer, tranquila.

Gracias. No pienses en eso ahora.

Buenos días. -Buenos días. ¿Me estabas esperando?

Me agobio muy rápido, ¿eh?

Ah, pues me voy, que no me va bien que nos vean aquí.

Ven aquí, idiota.

Si hagamos lo que hagamos, seremos la comidilla del mercado, ¿para qué?

Seguro que Carmen y sus amigas hacen un foro de debate

a ver si vamos a durar o no.

Seguro que se lo ha contado a todos.

Eso si se ha podido encajar la mandíbula,

porque ayer se le cayó al suelo.

No te rías de ella, pobre.

No habrá pegado ojo en toda la noche

pensando en a quién se lo tiene que contar.

Estoy muy contento

de que hayas decidido apostar por nuestra relación.

Porque imagino que eso significa que apuestas, ¿no?

Apuesto, apuesto.

Pues hay que celebrarlo. Te invito a comer.

Conozco un restaurante flipante.

Ah, ¿sí? Qué bien. ¿Dónde?

Está aquí cerca, podemos ir andando.

Sí, se come bien. Sin tonterías, ¿sabes?

Además, hacen unos arroces espectaculares.

Me lo descubrió mi padre.

No sé si fiarme de tu padre como crítico gastronómico.

Pues fíate de mí.

Te va a encantar, el típico restaurante de puretas de tu edad.

Mejor hacemos algo más de tu rollo.

No quiero ser egoísta, hamburguesa, kebab, botellón...

No, mejor el de puretas.

¿Te recojo a las 14:00 y vamos juntos?

Tengo dos reuniones fuera del mercado.

Pásame la ubicación

y nos vemos allí, ¿vale? -Vale. Anda, tira.

Parece que lo de camelarte al gerente va viento en popa, ¿no?

Lo acabo de ver cómo picaba el anzuelo.

Literalmente.

A ver si estamos un poco más pendientes

de lo que pasa en el mercado, ¿eh?

¿Qué pasa con el restaurante de Ingrid?

¿Qué pasa? ¿Que qué pasa?

No te has enterado, ¿no?

Lo está promocionando

como si fuera una película de superhéroes.

(GERMÁN) Pero ¿esto qué es, un blog de Internet?

Sí, que lo ve mucha gente, que lo ha compartido mucha gente,

hablando de su inauguración,

del lavado de cara del Mercado Central...

A ver si esta al final hace efecto llamada

y los puestos cerrados los van a querer comprar.

No podemos estar pendientes de todo lo que cuelgan en Internet.

¿Tú que te creías,

que iba a abrir el puesto sin promocionarlo ni nada?

Yo no me creo nada.

Lo que creo es que me tienes que informar de sus movimientos.

¿Y eso qué quiere decir,

que esté pendiente de sus redes sociales

por si cuelga una fotito o cualquier otra chorrada?

Exactamente. ¡Anda ya, papá!

Esto lo leen cuatro friquis que no tienen ni para salir a comer.

Además, ¿no estás gestionando lo de retrasar su licencia?

Déjala que publicite lo que le dé la gana.

Mejor, así la gente se va a cabrear más cuando no abra.

Escucha, "cuatro friquis", estate pendiente,

que nunca se sabe qué puede pasar.

Que sí, hombre, que sí.

(LORENA) ¿Estás bien? ¿Eh?

Eh... ¿Qué te pasa?

Nada.

¿Elías?

Lo de siempre.

Adela, conmigo puedes hablar.

Ya sabes, los camareros tenemos un doctorado en Psicología.

-Buenos días. Hola, tía. -Hola, cariño.

Café con leche para llevar, "porfa". -Ahora mismo.

Oh... Te veo más contenta hoy.

Será que la felicidad se me refleja en la cara.

Que ya me he enterado de que te has echado novio.

Hala, novio... Qué formal suena.

No sé, novio, amigo, compañero...

Vamos, que...

estáis juntos, ¿no?

¿Qué te voy a contar

que no te haya contado la Pacheca ya?

(LORENA) La carnicería, epicentro de las noticias.

No pasa nada en el mercado sin que se entere la Pacheca

y ella lo difunda por el mundo.

La verdad es que me hubiera gustado enterarme por ti.

Para una cosa buena que pasa en el Central...

Jo, si te lo quería decir.

Quería contártelo, pero no me dio tiempo.

Venga, no pasa nada.

¿Sabes? Me alegro muchísimo de que hayáis dejado de esconderos.

Porque va en serio, ¿no?

Bueno, ya veremos. Parece que sí, parece que sí.

Eh. Eh. ¿Te has emocionado?

No te compres un vestido de mantilla,

que no va a haber boda, ¿eh?

Eh...

Cuéntame, va.

Déjalo...

(Móvil)

Perdón, perdón, un minuto.

¿Qué pasa?

¿No podías aguantar hasta esta tarde sin verme

y has venido a por tu ración de Jonathan?

¿Mi ración de Jonathan? -Sí, sí, tu ración de Jonathan.

(RÍE) ¿Sabes qué pasa? Que no te la voy a dar.

Te voy a dar una tapita.

Si quieres una ración, vas a...

Oye, ¿qué pasa, que te está sentando mal o...?

-¿Puedes dejar de decir chorradas? Tengo que hablar contigo.

No voy a poder quedar hoy contigo.

A ver, me refiero a que no voy a poder quedar contigo ni hoy...

ni ningún otro día.

¿Y eso por qué? ¿Qué pasa?

A ver, Jonathan, pues...

que tengo que centrarme en mi trabajo.

Vale, pues...

A ver, Lucía, ¿qué he hecho o qué he dicho?

Que no, no es nada de eso, Jonathan. -Bueno, pues ya está.

Creí que podíamos pasarlo bien juntos, ¿no?

Que te molaba, que te gustaba.

A ver, y me gustas, Jona.

Lo paso bien contigo y eres un chico muy divertido,

pero necesito centrarme en mi trabajo.

Estoy a prueba en el curro y no quiero cagarla.

-Es por los mensajes, ¿no?

Vale, yo sé que me pongo un poco pesado y un poco intenso,

pero bajo el ritmo y ya está. -Que no, que no, que no es eso.

Tengo que centrarme.

Para mí lo más importante es mi trabajo.

Por ejemplo, mañana hay una reunión importante

y debo prepararla a muerte.

Vale, vale, Lucía, quedamos cuando tú quieras.

¿Vale? Los fines de semana. Todos descansan el fin de semana.

No pasa nada.

No. No, Jonathan.

Ya lo he decidido.

(JONATHAN) No me lo puedo creer.

¿De verdad estás cortando por esta tontería?

Bueno, igual para ti son tonterías, ¿no?,

pero para mí es importante.

Ya...

Pues que sepas que te equivocas.

Entre tú y yo hay una conexión especial

y no pasa todos los días. Lo sabes, ¿no?

Pero es que la vida es cuestión de prioridades.

-Prioridades...

Oye, una cosa.

¿Me vas a explicar...

para qué me has seguido el rollo o... da igual?

¿Me vas a decir

que el único que se ha quedado pillado con esto soy yo o...?

Lo siento.

Me estabas contando lo de Elías.

Es que no es nada nuevo, Lorena.

Está haciendo lo que mejor se le da.

Manipular, amenazar, defenderse atacando...

Y no le importa por encima de quién tenga que pasar.

Perdona, no tendría que hablar así de tu hermano

delante de ti. No.

Tranquila, tranquila.

Adela, lo siento muchísimo.

Siento muchísimo que esta separación esté siendo tan dolorosa.

Ni te lo imaginas.

Me siento tan impotente...

Nunca he podido con él.

Y sé que no voy a poder nunca.

Pero es malo, Lorena.

Yo no lo sabía, pero es mala persona,

y al final, al revés que en las películas,

los malos siempre ganan.

(LORENA) Adela...

Aquí tienes los entrecot de vaca rubia gallega.

Nada, los pones dos minutos, vuelta y vuelta por cada lado,

y ya verás cómo triunfas.

Ten, la vuelta. Ya me contarás cómo te salen, ¿eh?

-Gracias.

Toma. Esto es para ti.

¿Y eso? -Ábrelo.

Pero ¿esto qué es?

¿También me quieres comprar a mí?

He vendido el coche,

el descapotable, y eso es lo que me han dado por él.

¿Y eso? Si te encantaba ese coche.

Sí, pero...

he pensado cómo lo compré y no quiero cogerlo más.

Quiero que decidas en qué nos lo vamos a gastar.

No. Yo no lo quiero.

Llamas a ese hombre al que se lo has vendido

y que te lo devuelva. -No.

Ese coche representa el pasado

y una forma de actuar de la que no estoy muy orgulloso.

Tú, sin embargo, representas el futuro,

y quiero que nos gastemos ese dinero en descubrir juntos ese futuro.

No sé, en un viaje, en un capricho que tengas...

O si quieres se lo damos a una oenegé, lo que tú quieras.

(PAOLO) ¡Lorena! Eso es.

Casi me quedo sin tomate.

¿Te sobran algunas latas?

Sí, alguna me sobrará, ¿cuántas necesitas?

Pues... con un par me vale.

Es que tengo dos, pero no me puedo quedar sin nada.

Debía llegar un pedido a primera hora,

pero me han dicho que llegará por la tarde.

Espera un momento que lo voy a buscar.

Gracias.

¿Tienes un minuto?

Pues la verdad es que no.

Dejé sola la pizzería y debo volver enseguida.

Vale.

Sé que estás cabreado conmigo, deja que me explique.

Lorena, ¿las encuentras? -¡Sí, estoy buscando!

Antes de nada, te debo una disculpa.

Siento mucho haberme portado así contigo.

Tú solo querías compañía y yo estaba a otras cosas.

De verdad, siento haberte hecho daño.

Últimamente, entre mi vida personal y mi vida profesional,

voy un poco a mil, y...

se me hacía cuesta arriba encontrar el momento de quedar contigo.

Pero valoro mucho tu compañía, Paolo, me caes muy bien.

Pues... menos mal que te caigo bien, ¿no?

No, te lo digo en serio. E Ingrid también.

Por eso quería que quedárais.

Me parecéis dos bellísimas personas.

Y pensaste que yo quería quitarme de en medio. No es así.

Te tengo mucho cariño, Paolo.

Perdóname, por favor.

Bueno... "Bueno", ¿qué?

Asunto olvidado, va. ¿En serio?

Que sí.

¿De verdad?

Vale. (LORENA) Aquí tengo.

Tengo esta y luego una abierta, a la mitad,

pero prefiero quedármela. ¿Te importa?

Con esta perfecto, gracias.

Intentaré estirarla hasta que llegue mi pedido.

En cuanto llegue, te la devuelvo. -Tranquilo.

Y si te quedas sin tomate, me lo dices

y te la devuelvo enseguida,

que no vaya a ser como dice mi madre:

"Aprire un buco per tapparne un altro".

Se entiende, ¿no?

(AMBOS) No.

¿Como decís aquí?

Eso de: "Desvestir a un santo para vestir a otro".

Sí. -Eso.

Pues nada, muchas gracias, ¿eh?

Chao.

A ver, dime qué quieres, que tengo solo un minuto.

Siéntate, ¿no?

Me siento, pero lo que me tengas que contar

cuéntamelo ya que no tengo tiempo.

¿Esto qué es, una encerrona? Tampoco sabía que venías.

¿De qué va esto, Germán? Eso digo yo, ¿de qué va?

Ya somos mayores para estos juegos.

Ya, pero como vosotros no quedáis para hablar...

Tu madre y yo no tenemos nada de qué hablar,

y no necesitamos que nos organices la agenda.

Siéntate tú si quieres, que yo me voy.

Es que no me parece bien.

Son cosas nuestras y debemos ser nosotros quienes las solucionemos.

(GERMÁN) Pero no lo hacéis.

Y estoy harto de ver a papá agobiado y de mala leche

y a ti hecha polvo, intentando que no se te note.

Este divorcio os está machacando y a mí también.

Pues lo siento. Yo, por mi parte...

Los dos hemos intentado que no te afectara.

(GERMÁN) Pues no lo habéis conseguido. Mira...

Yo entiendo que un divorcio es una mierda,

pero... ¿en serio?

¿No podéis estar en un mismo sitio sin que haya mal rollo?

Es que estas cosas necesitan su tiempo, hijo.

(GERMÁN) ¿Cuánto tiempo necesitáis?

¿No podéis hablar tranquilamente,

poneros en el sitio del otro, hablaros con respeto,

aunque sea por el tiempo que pasasteis juntos?

Algunos momentos buenos habréis tenido, ¿no?

Intentadlo por lo menos.

Y si no lo queréis hacer por vosotros,

oye, por mí, por favor,

que me está dejando hecho polvo todo esto.

Lo siento, pero las cosas no son siempre como queremos.

Entiendo que estés mal,

pero a mí no me apetece tener una conversación con él.

Así que no te preocupes por nosotros,

que ya tenemos una edad y sabemos cuidarnos solos.

Así que no sufras más por ello.

(GERMÁN) Por favor...

No os estoy pidiendo que volváis, os pido...

no sé, que os separéis de forme amistosa, civilizada,

como dos personas que se querían.

Por favor.

Yo me voy a sentar.

Pues... ¿sabes qué?

No.

Que... ayer estuve buscando en un blog de cocina recetas nuevas,

y me encontré con una entrevista que le hacían a Ingrid

por lo de la inauguración del puesto nuevo en el mercado.

Ajá.

¿Te parece mal?

Todo lo contrario, me parece genial.

Tenía un montón de reseñas y casi todas eran buenísimas.

Eso es bueno para el mercado.

Mira como te tengo que querer...

Cualquiera le hubiera hecho la cruz

por lo que viste en las cámaras de seguridad.

Bueno, ella... me pidió perdón.

Y me alegro de que la perdonaras.

Bastante difícil es ya la vida

como para inventarnos más problemas, ¿no?

Sí.

Pues aplícate el cuento,

porque vamos a trabajar mucho tiempo juntos bajo este techo

y es mejor que haya buen rollo.

Pues sí, tienes razón. Malos rollos, los justos.

De hecho, acabo de pedirle perdón a Paolo.

¿Estabais cabreados?

Digamos que no me he portado con él todo lo bien que debiera, y...

se ha enfadado un pelín

porque quise emparejarlo con Ingrid.

¿Perdona?

Pero ¿es que tú te imaginas a Ingrid...

y Paolo juntos? ¿No?

Sí. ¿Por qué no?

No sé, nunca me lo hubiera imaginado.

Todo puede ser, Y Paolo tiene un buen...

Sí, lo tiene.

Y... ¿es que a Ingrid le gusta Paolo? ¿Te lo ha dicho?

Pues igual mucho, mucho no.

Porque también se ha cabreado conmigo porque he intentado...

(CARRASPEA) Ya sabes.

Anda, que... menuda Celestina estás tú hecha.

Bueno, tengo otras cualidades. Ah, ¿sí?

Sí. Las desconozco hasta ahora.

Igual es que deberías buscar un poquito mejor.

¿Dónde? No sé.

Prueba. ¿Aquí?

A ver...

Hay muchas maneras de llevar esto adelante.

Pero se hace muy complicado cuando el otro está jugando siempre sucio.

Aquí, hablando la hermanita... Habló, ¿quién?

A ver si me dejas hablar a mí un poco y te callas un rato tú.

¿Puedes hablarle con respeto y dejar de comportarte como un crío?

¿Y me comporto como tú, como un niñato malcriado?

Oye, deja de hablarle así, intenta ayudar.

Ahora a ti te parece bien que nos organice la agenda.

No, pero una cosa es esa y otra que le hables así.

Parece que no quieres a nadie. Vale ya.

Vale ya, por favor.

Esto es justo lo que no tenía que pasar.

¡Pues está pasando! A ver si maduramos, niño.

Está pasando y es culpa tuya.

Y déjate de rollitos de Ghandi,

que tienes mucho que esconder bajo la alfombra

¿Y por qué no hablamos mejor de lo que escondes tú?

¿Tú sabes lo que hizo, Germán?

Estafó a un amigo suyo, Ignacio Recarte se llamaba.

Necesitaba dinero porque tenía a su mujer enferma.

Y él le compró la parte de una nave que tenían por un precio ridículo,

cuando tu abuelo y él ya sabían que la tenían vendida por mucho más.

Son unos mafiosos.

¿Y tú qué eres, bonita? ¿Tú qué eres?

Mirabas a otro lado cuando hacíamos chanchullos.

¿O tú te crees que vendiendo peras y manzanas

se pueden pagar viajes a París durmiendo en hoteles de lujo?

Eres un mierda y un delincuente

y no tienes vergüenza ni la has conocido.

Vale ya ¿no? Vale ya.

¿Sabes qué ha hecho a mi abogado? Eso, sigue.

Venga sigue, sigue. Sigue.

Va a resultar que maté a Kennedy.

No has matado a Kennedy, pero has contratado a unos matones

para asustarlo,

y el hombre se ha echado atrás

justo a punto de demostrar lo podrido que están sus negocios.

Pues no sé por qué quieres quitármelo.

No quiero nada que no sea mío.

Quiero que salga a la luz lo que habéis hecho estos años

y, sobre todo, que tu hijo abra los ojos

y que vea el padre que tiene.

Tranquila, no me chupo el dedo.

Germán, tú te acuerdas...

cuando se empeñó en llevarte a Andorra a esquiar?

¿Eh? Sí. ¿Por?

¿Tú sabes para qué era ese viajecito?

Era un regalo porque había sacado buenas notas

y para pasar un rato en plan padre-hijo.

Adela, te lo pido por favor. Para ya.

No, no voy a parar.

Ese viaje fue para llevar un millón y medio de euros

que sacaron de la estafa a Ignacio Recarte.

Y a ti te utilizó como tapadera.

Es increíble.

No tienes control ninguno.

¿Tú eras la que decía

que no querías dañar a Germán con esto, ¿verdad?

Y no paras de meter mierda. No, no es mierda.

Pero ahora se va a saber

quién es el gran empresario Elías de la Cruz.

Porque estoy harta de callarme.

Ya no me das miedo, Elías. ¿Y sabes por qué?

Porque te voy a denunciar.

Y me da igual que me amenaces con hacerme caer.

Buscaré un abogado que demuestre que no sabía nada.

Pues suerte. Porque no lo vas a conseguir.

Si no lo consigo, peor para mí, pero tú vas a caer,

aunque tenga caiga yo contigo. (GERMÁN) ¿En serio, papá?

No, no. No es como lo está contando ella.

Yo quería pasar un fin de semana contigo, sí.

Pero una cosa no quita la otra. Calla, por favor.

Bueno, me tengo que ir, que tengo una reunión.

Pero tú te puedes haber quedado contenta, hija, bien contenta.

Es un cobarde.

Germán, lo siento.

Solo quería que vieras qué tipo de persona es tu padre.

Y ya lo has visto.

No le importó timar a un amigo,

no le ha importado esconder el dinero a su familia,

sino que también quiere testificar en falso para hacerme caer.

Tú también estás dispuesta a caer solo para joderlo a él.

Los dos sois unas bellísimas personas.

(JESÚS) ¿Qué? ¿Ya se te ha pasado el enfado?

No era enfado.

Te he dicho que vinieras para explicártelo.

Antes me has dejado casi sin palabras.

Igual te ha parecido un poco fría mi reacción,

pero ha sido un gesto muy bonito lo que has hecho vendiendo el coche.

¿Ya has decido en qué nos vamos a gastar el dinero?

Me encantaría un viaje contigo.

Me estaba imaginando la cantidad de sitios exóticos que no conozco.

Que si la Gran Muralla China, una puesta de sol en Bali,

un crucero por las islas griegas...

Pero todo eso lo he hecho por distraerme.

Porque en realidad, este dinero no nos pertenece.

Este dinero es de ese hombre, Recarte.

Así que deberías dárselo a él.

¿Y tú crees que es buena idea remover todo eso?

Va a ser muy duro.

No va a ser plato de buen gusto afrontar su reacción

porque no sabemos cómo reaccionará.

No sé si podré mirarle a los ojos después de lo que le hicimos.

Tú no eres un cobarde.

Va a ser difícil, sí.

Pero se lo debes, ¿no te parece?

Si quieres hacer las cosas bien,

darle ese dinero es la mejor manera de reparar los errores del pasado.

Tienes razón.

Este dinero es de Recarte.

¡Jona!

¡Jona!

¡Jona! -¡Joder! ¿Qué?

Estás empanado, tío. Desde que estás enamorado, no te enteras de nada.

¿Qué haces? Me ha oído todo el mercado llamarte, menos tú.

¿Qué pasa, tío? ¿Esa cara?

¿Algún marrón o qué? -Sí.

Justamente eso, uno pequeño.

Lucía, que pasa de mi cara.

¿Qué dices? -Lo que oyes, tronco.

Pero si estabais los dos a muerte, en plan súper...

intenso, ¿no?

Pues justo eso.

Ese debe ser el problema, que soy demasiado intenso para ella.

Y yo qué sé. La tía me molaba, pero no sé, que pasa de mi cara.

Pero ¿por qué? ¿Qué ha pasado?

Que quiere centrarse en su trabajo, que no quiere distracciones,

y me ha dado la patada antes de empezar.

Vamos, que vaya manera de pasar de mí.

Eso me suena a mí a excusa barata.

A lo mejor es lo que dices tú, que estabas demasiado intenso,

demasiado a muerte y se ha agobiado.

Dale tiempo y... -Que no, Samu, que no.

Le dije que quedábamos cuando a ella le diera la gana.

Pero que no, tío, que... que pasa de mi cara.

Bueno, eh.

No te me vas a hundir por una tía que casi no conoces.

¿No? -Ya, tío, pero es que...

De verdad, no sé qué me ha pasado con esta tía, pero me...

me molaba ¿sabes? Me... Me mola.

Bueno, pues ya vendrá otra que te mole igual o más y ya está.

No pasa nada. -No, tío. Es que no lo entiendo.

De verdad, no... no soy un muermo, y...

No estoy forrado, pero al menos tengo curro en la frutería.

Y, joder, tampoco soy un orco. -Hombre...

Tío, en serio, no sé qué movidas me pasan a mí con las tías que...

Joder.

Jonathan, son rachas. Ya está. -Sí, rachas.

Pues la mía ya dura, ¿eh? Que empezó esto con Noa,

que al final se pilló por otro tío, acabó pasando de mí,

y luego, bueno, acuérdate de la que lie con Carla.

Y ahora Lucía, que me deja tirado como una colilla.

Mira, no sé quién se habrá inventado la movida del karma ese, pero...

Desde luego que menuda basura, tío.

No me cuentes tus penurias del amor

que yo puedo escribir un libro si quiero, ¿eh?

Bueno, de verdad que... que no sé qué hacer, tío.

¿Qué hago, me meto a cura,

me rindo o...? -¿Qué te vas a rendir?

Tú tienes que ir a muerte, tú coges el toro por los cuernos y a tope.

Como hice yo con Carla.

¿O no? Al principio hasta me insultaba y todo.

No han pasado cosas ni nada después. -Ya ves.

Oye, y si hago eso, ¿no crees que la agobiaré más o...?

¿Y qué? Si se agobia, que se agobie. ¿Qué tienes que perder?

Eso es verdad, no tengo nada que perder.

¡Pues ya está!

¡Arriba!

¿Sí o no?

Ese es mi chaval.

Me voy a currar, anda. Tú tranquilo, sigue aquí...

Tú tomate tu tiempo y ya, si eso, vueles al curro.

Pues ya está. Y recuerda no ponerla directamente al sol.

Hola, Celia. Hola.

Gracias y buenos días.

Hasta luego.

Tenías razón: esto de andar haciendo el paripé,

fingiendo que nos llevamos bien, es agotador.

Menos mal que me queda muy poquito tiempo de aguantarte.

No sé qué te hace tanta gracia.

Pues mira, es una sonrisa de satisfacción

por lo que te tengo que decir.

No me voy a ninguna parte. Me quedo con la droguería.

No pienso perdonarte ni un euro. No me digas.

Eso sí que es una sorpresa.

Si miras en tu cuenta,

verás que te he hecho un ingreso y no falta ni un euro.

No hay más deuda.

Así que la droguería vuelve a ser mía al 100%.

Ah, y una cosa.

No te quiero ver por allí ni de paso.

Pensaba que después de acostarte con mi marido

y de reírte de mí, no se podía caer más bajo.

Pero no dejas de sorprenderme.

Enhorabuena. Te has superado, Celia.

Ahora vas y aceptas el dinero de tu amante para salir del paso.

Pues no seré yo quien lo diga, pero eso tiene un nombre.

Primero, no es mi amante... Pues peor me lo pones.

Todo lo que has liado y el daño que has hecho, ¿para qué?

Para unos cuantos polvos. Segundo, no me ha dado el dinero.

Y yo voy y me lo creo. Como si no lo conociera.

Adela, me da exactamente igual lo que pienses o dejes de pensar.

Lo único que sé es que yo voy a dormir esta noche en la gloria.

He acabado con mis deudas.

Te he pagado la droguería, la subvención y la multa.

Y lo siento mucho,

porque sé que te hubiera encantado verme en la miseria,

pero me vas a tener que ver cómo salgo a flote.

Bueno, una cosa es que hayas pagado tus deudas

y otra muy distinta

que seas capaz de sacar adelante el puesto tú sola, sin mi ayuda.

Eso habrá que verlo.

Por cierto, me tiene que devolver las llaves.

Vaya, ahora que vengo yo, te vas tú.

Lo siento, he quedado con Javier. -¿Y esa es la actitud?

¿Es manera de ir a una cita?

Sonríe un poco, que si no sonríes ahora, que estáis empezando...

¿Te digo yo la cara que tienes que poner con Valeria?

Escucha una cosa.

Yo no sé por qué estás de mala leche,

pero a mí me hablas con respeto, ¿vale?

¿El mismo respeto con el que trataste a Recarte?

¿Qué Recarte? No sé lo que dices.

No te hagas el tonto, abuelo.

Sé lo que le hicisteis con la nave de Guadalajara.

Me lo ha contado mi madre. -Está despechada

y ya no sabe lo que inventar. -Lo que tú digas.

Pero sé que esto es verdad.

Me lo ha contado todo delante de mi padre,

cómo lo timasteis y cómo me usó de tapadera

para sacar el millón y medio a escondidas de Hacienda.

Y no lo ha negado.

¿Millón y medio?

¿De dónde has sacado esa cifra?

Te lo he dicho, me lo ha contado mi madre.

No sé cómo lo sabe, se diría el abogado.

¿Seguro que hablaron de millón y medio?

Millón y medio. Pregúntaselo a él.

Estaba pensando en pasarme esta tarde por el cementerio,

para darle un repaso a la tumba de la familia, ¿sabes?

Entre unas cosas y otras, hace mucho que no voy.

Por pegar una barrida y ponerle... no sé, unos claveles.

Me podías preparar un ramo. De claveles.

Claro, ahora mismo. Ay, mujer,

si estás preparando otra cosa... No, no.

Que no tengo prisa, ¿eh? Faltaría más.

Que sea hermoso.

Ya te has enterado, ¿no?, de lo de... Javier y tu hijo.

Sí.

Menudo partidazo que se ha llevado tu hijo.

¿Tú no sabías nada?

No, Carmen.

Ah. Pues yo tampoco.

Y yo que creía que tenía un sexto sentido para estas cosas,

pero qué va, qué va.

Me ha pillado completamente de sorpresa.

Claro, quién iba a imaginar que Javier era...

Bueno, a ver,

un hombre tan elegante, tan masculino... Yo qué sé.

Que tu hijo también, ¿eh? Vamos, que los dos son dos chulazos.

Pueden hacer lo que les dé la gana.

No tienen que esconderse. Se pueden hasta casar.

Los matrimonios, ¿eh? Madre mía. ¿Y el tuyo cómo va?

¿Te vas a divorciar al final?

Sí. Lo tengo clarísimo.

Vaya. ¿No se puede arreglar de ninguna manera? Me da una pena...

Pues no, no se puede arreglar.

Claro.

¿Qué ha pasado?

¿Ha sido...? Carmen, no ha pasado nada.

Simplemente que no nos entendemos...

y que prefiero estar sola que mal acompañada.

Toma tu ramo. Voy al baño.

Te lo pago luego.

Nicolás, ven aquí.

¿Qué haces?

Nada, ahora iba al almacén,

a ver si nos quedan bombillas de 60 vatios.

¿Al almacén, escribiendo?

¿Qué escribes, tan concentrado?

No, bueno... las cosas del mercado.

¿Qué cosas? -Pues no lo sé, Carmen.

Eh... Las cuentas, el inventario...

¡Las cosas del mercado!

Y ahora, ¿me puedo ir al almacén

o vas a seguir con el interrogatorio?

Puedes irte.

(CARLA) "Vale".

Vale. ¿Y la habitación tiene ventana?

Vale. ¿Y cuánto cuesta?

¿700 euros una habitación sin ventana? ¿En serio?

Pero ¿qué pasa, usted está loco? Me parece mucha pasta, claro que sí.

¡Vale, sí, vale! Muchas gracias, ¿eh?

Sí, sí. Chao.

Anda, vaya a robar a otra persona. ¿Carla? ¿Todo bien?

(SUSPIRA) Me tengo que ir del piso.

¿Por qué? ¿Te echan?

No, qué va. Me suben el alquiler

y no tengo dinero suficiente para pagarlo yo sola, y...

Y con Samu ya íbamos justos, imagínate.

¿Tienes dónde ir? No.

Estoy intentando buscar una habitación para alquilar,

pero está todo carísimo.

Y además es que tienen mucho morro.

Intentan pagar sus hipotecas con lo que te cobran por la habitación.

Es que hay hipotecas muy altas, Carla.

Te chupan la sangre.

¿Y tú que tal con la droguería?

Pues he estado a punto de perderla.

¿Qué?

Está todo arreglado, no te preocupes.

Que bastante tienes tú con tus problemas.

Que no, cuéntamelo. ¿Qué ha pasado?

Nada. Problemas del mercado.

Celia, que puedes contar conmigo, que mientras no me pidas dinero...

No te puedo ayudar a nivel económico,

pero si necesitas que te eche un cable currando o desahogarte,

conmigo puedes contar, ya lo sabes. Lo sé.

Nada, Adela y yo, que hemos tenido algunos roces.

Al final, hemos...

hemos terminado por disolver la sociedad.

Me he comido el poco orgullo que me quedaba

y he pedido dinero a mi suegra.

No... ¿Y tu suegra ha pagado media droguería?

Bueno, es un préstamo.

Le devolveré hasta el último céntimo, te lo prometo.

Aunque tarde años.

Ahora el único problema

es que necesito encontrar un extra económico de alguna manera.

¿Ves? Te he aburrido.

Que no.

Que estaba pensando...

Bueno, que igual sí que te puedo ayudar a nivel económico.

¡Y tú a mí!

¿Cómo?

Tienes una habitación libre.

Bueno, la verdad es que sí.

Pero la utilizamos de trastero,

con la vajilla, sábanas, toallas... Estas cosas.

Pues ya está. Pero es un cuarto amplio.

Si tú me la dejas bien de precio, yo puedo alquilarla,

y te tiro las cosas o te ayudo a venderlas por Internet.

¡O lo que sea! Es mucho mejor pagarte a ti

que a un usurero con el que tenga que convivir

y que no conozca de nada.

Ay, Carla, cariño, lo siento mucho, pero no va a poder ser.

Es muy buen idea, pero...

Es que David no sabe convivir con extraños.

Lo intentamos con Adela y fue un desastre.

Ya, pero igual conmigo es diferente, ¿no?

Soy más joven, igual conecta más conmigo que con ella.

No, eso da igual.

A él, lo que le preocupa es que le rompan su día a día y su rutina.

Se altera muchísimo

y no quiero volver a hacerle pasar por esto.

Ya.

¿Seguro? Seguro, sí.

Te agradezco mucho el ofrecimiento.

Y espero que tengas suerte.

Si necesitas algo o te puedo ayudar con lo que sea me lo dices, ¿vale?

Venga. Gracias.

Muy buenas, Paolo.

Hola, Nicolás. -Eh...

¿Puedo leerte algo?

Claro. Pero si no te importa, yo sigo con esto mientras tanto.

Sí, mientras me escuches... -Ah.

Es un ejercicio que nos mandó Boris, el "coach" de empoderamiento.

Se llama "Carta de amor a uno mismo".

A ver, ¿tú todavía sigues con la tontería esa del "coaching"?

¿Que no tuviste bastante con lo que te dijo tu mujer?

Nicolás, ¿tengo que recordarte lo que pasó la última vez?

-Bueno sí, me salió regular, pero porque me precipité un poco.

No estaba preparado

y quise ponerlo en práctica antes de interiorizarlo bien.

No, no, Nicolás. No te salió bien porque es una estafa.

Porque el Boris este es un liante.

Vale, mira, no vamos a discutir, ¿vale?

Tú déjame que te la lea, hombre.

Además, está bien escribir las cosas,

porque es que así, verbalizándolas, pues se aclaran las ideas.

A mí me está ayudando un montón. -Ya, ya.

"'Carta de amor a uno mismo'.

Querido amigo,

te escribo esta carta para decirte algo

que debería haberte dicho hace tiempo

y que he estado reprimiendo.

A veces la vida nos distrae con sus múltiples problemas

y quizás por eso he descuidado a la única persona

que sé que estaría a mi lado siempre.

Pero debes saberlo.

Debes saber que, aunque alguna vez haya dudado de ti,

al final siempre has estado a la altura de las circunstancias,

esforzándote a muerte,

haciéndolo lo mejor que podías, dándolo todo.

Cuando he sido duro conmigo, tú me has animado,

porque tú no me juzgas,

me quieres como soy y me respetas.

Con mis manías y mis pasiones, sin intentar cambiarme.

Por eso tengo que decirte

que te respeto, que te admiro y que te entiendo.

Espero...

Espero que me queden aún muchos años para pasarlos junto a ti,

porque... aunque nunca te lo he dicho...

te quiero".

¿Qué te parece?

Pero...

todas esas cosas...

¿tú te las escribes a ti mismo?

Sí, claro, esa era la idea. ¿Te ha gustado?

Pues... la verdad es que... es una carta muy bonita.

Y, Paolo, ¿no es... demasiado empalagosa?

No.

No, no, no. Que está bien, de vez en cuando...

escribirse cosas bonitas, ¿no? -Claro, claro. De eso se trata.

(Móvil)

Un momento.

(Móvil)

Sí, dime. ¿Qué pasa?

No, a ver, tranquilo. Espérate, espérate.

A ver, ¿tú has probado si has cerrado la llave de paso?

Los baños, que se han inundado, macho.

Con el lío que tengo yo....

Sí. No. A ver, escúchame.

¡Que me escuches, hombre! Mira, yo voy ya para allá, ¿vale?

Pero ve recogiendo el agua, que ya voy.

Venga, ya estoy yendo.

(HORTUÑO) ¿Dónde está el sitio? No tengo mucho tiempo.

Que es aquí mismo, hombre.

Te va a gustar, confía en mí.

Y son amigos, nos atienden los primeros seguro, ¿eh?

Bueno, pues vete contándome lo de las cocinillas esa.

Bueno, cuidado, ¿eh? No es una cualquiera, ¿eh?

La sigue mucha gente en redes.

Tú metes en Internet "Ingrid chef"

y te lleva directo a Ingrid Balsera.

A mí la gente que me importa es la que se mete en los sitios de verdad,

no la de Internet que le da a "me gusta".

Ya. Pero está haciendo mucha promoción del restaurante.

Y no solo en su página web,

lo hace en blogs especializados... En fin.

Bueno... Eh, eh, eh, espérate.

No nos viene nada mal lo de la promoción.

Ese restaurante no se va a abrir, ¿no?

Ibas a mover tus contactos del ayuntamiento

para retrasar la licencia todo lo posible.

Sí, yo la convencí de que me dejara a mí hacer todo el papeleo.

Cuando vea que eso se dilata en el tiempo,

querrá abrir en otro sitio. Perfecto.

A más bombo se le dé a la apertura,

más sonado será que renuncia a abrir su negocio en el Central.

Pues la dejamos que haga la publicidad que quiera.

No solo eso,

sino que la vas a ayudar en todo lo posible.

La llevas a la radio, a la televisión... Que se fíe de ti.

Y todos sabrán que el mercado no es buen sitio para hacer negocios.

Vale.

Este es el sitio.

Te va a gustar, ya verás.

Vamos, vamos, vamos.

Jorge, rápido, que me quedo sin batería.

Escucha. Acabo de ver a Elías con Hortuño.

Este nos está traicionando, está jugando a dos bandas.

Te llamo en cuanto cargue el móvil. Estate pendien...

¡Míralo, ahí está el tío, como si nada!

(VALERIA) Chico, que llevamos un montón de rato

esperando en la terraza que nos atiendan.

Y así hasta el día del juicio final, porque no tiene pinta de salir, ¿no?

Lo siento, es que... estoy solo.

Estaba preparando los ingredientes. Bueno, ahora voy.

No, no hace falta.

Nos lo tomamos aquí, ¿no? -Sí.

Un café y un té. Eso es lo que va a ser.

Entonces lo de siempre, ¿no? Un roibos y un expreso.

Sí, pero el mío con hielo. (PAOLO) Vale.

¿No tienes a nadie que te atienda las mesas?

No, ahora mismo no.

Como Rosa está de baja, estoy yo solo,

y claro, no me da tiempo para todo. -Pero sí para enredar a mi marido.

Deja de meterle ideas raras en la cabeza,

que debe estar a lo que debe estar. -¿Yo a él?

Sí. -Pero si ha sido él

que me ha liado con Boris, que yo... -¿Quién es Boris?

Eh... No, nadie.

¿Sabes qué? Que me he quedado sin hielo.

Pero... ahora vuelvo.

"Nadie", dice. Y se queda tan pancho.

¿Tú lo has visto?

¡Qué fuerte! -¿Qué?

Es el cuaderno de Nicolás.

Lleva todo el día escribiendo en él, supermisterioso, y no me deja verlo.

Pero ¿qué te pasa?

¿Qué pone?

Es una carta de amor.

¿Para quién?

Para un hombre.

Hija, no te entiendo.

Pues está muy claro, mamá.

Nicolás es gay.

(MÓVIL, JAVIER) "He visto a Elías con Hortuño de muy buen rollo.

Nos ha traicionado, este está jugando a dos bandas"

Firma los papeles y es tuyo.

No me fío.

Nada que aclarar, lo he decidido.

No voy a volver a quedar contigo. ¿Lo entiendes?

Pero ven al concierto, que ya he pillado entradas,

y si luego sigues pensando lo mismo, te dejo en paz.

¿Sí? -¿No ves que pasa de ti?

Nacho, no estoy hablando contigo. Metete en tus asuntos.

Es que esto es asunto mío, porque Lucía es mi becaria

y nos has interrumpido cuando hablábamos de trabajo.

Te ha pedido que la dejes en paz y ahí sigues.

Esto en mi pueblo se llama acoso ¿sabes?

Ahora hay un montón de talluditos,

toda la vida reprimiéndose y están saliendo del armario a mansalva.

¿Eh? Mira,

Ricky Martin, por ejemplo, ¿eh? ¿Quién lo iba a pensar?

La verdad, no era normal cómo se movía ¿eh?

Ya entiendo lo de las camisas de mamarracho.

Ay, mamá, he estado ciega.

Tengo claro que prefiero servir copas

antes que seguir trabajando con un mafioso.

Teníamos un trato.

No me puedes fallar ahora. No, no. Por favor.

No le quieras dar la vuelta.

Eres tú el que me ha fallado a mí.

Oye, Noa, tú...

¿Tú cómo sigues?

Quiero decir... ¿aún estás pillada por Luis?

No, qué va.

Pero ¿no lo echas de menos ni nada?

No pongas esa cara de víctima,

que tú habrías hecho lo mismo. (JESÚS) No.

Jamás te hubiese traicionado por dinero.

Qué poca vergüenza tienes.

¡Por lo menos ten la dignidad de no negarlo!

Pero ¿qué dices? Mira, te juro que no sé qué pasa.

Y tú... ¿Me vas a explicar por qué estás siempre enfadada

y necesitas tomar el aire?

¡Que tienes un amante! Eso pasa.

Me he enterado de que Carla busca habitación para alquilar.

Sí.

Y he pensado que nosotros podríamos vaciar la que usamos como trastero

y así te sacarías un dinero cada mes para pagar a la abuela

y le haríamos un favor a Carla.

Deberíamos llegar a un acuerdo y divorciarnos cuanto antes.

¿Me vas a decir ya que quieres?

Dinero. Mucho dinero.

O saco una buena tajada

o te denuncio por tener dinero negro en Andorra.

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Mercado central - Capítulo 95

07 feb 2020

Germán intenta mediar entre Adela y Elías, pero sólo consigue descubrir que su padre es aún más traidor de lo que pensaba.
Celia consigue ayuda económica de Asunción y salda su deuda con Adela.
Jesús vende su descapotable y se reconcilia con Valeria. El veterano De la Cruz descubre que Elías también le estafó a él en la venta de la nave.
Carmen lee el cuaderno en el que Nicolás hace sus ejercicios de coaching e interpreta que es gay.
Jorge se reconcilia con Paolo. Ingrid se compromete a tener una buena relación con Lorena y Jorge.
Lucía rompe su relación con Jonathan.
Javier descubre la asociación de Elías con Hortuño.

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