Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 91 - ver ahora
Transcripción completa

Puedes burlarte todo lo que quieras, no hay problema,

pero debes entender que no estábamos enamorados.

De todas las mentiras, ha habido una verdad:

eres la mujer de su vida.

¿Quieres callarte de una vez? No, no pienso callarme.

Puede que no podáis pasar página después de lo que ha hecho Elías,

pero una cosa no cambia la otra.

Te sigue queriendo.

Quiero comprarte tus acciones.

Nunca vas a controlar ese 5 % de mis acciones.

Nunca, ¿lo oyes?

Te vas a tener que tragar

las decisiones de tu padre una detrás de otra.

Y deja de ir diciendo por ahí

esa patraña de que sigo siendo la mujer de tu vida, ¿mmm?

¿Y por qué no iba a hacerlo, si es la verdad?

Porque, si te hubiera importado lo más mínimo,

no te habrías acostado con todas esas mujeres

y menos con mi amiga.

No creo que abra mi negocio aquí.

-¿Cómo?

-Estaba manejando otras opciones

y me voy a decantar por otra ubicación para el puesto.

-Jorge, tenemos un problema.

Hortuño nos la ha vuelto a jugar.

-¿Nacho Salinas?

-Sí, soy yo. ¿Tú eres...?

-Lucía, la becaria.

Yo pedí una subvención para mi negocio, sí, ¿por qué?

¿Irregularidades?

¿Has pensado de dónde sacarás el dinero

para devolver la subvención?

Porque esta gente se lo cobra todo con intereses.

Dios...

Qué mezquina eres.

Hay que tener mala baba para apuñalar a Marisol así.

Hombre, esto de las puñaladas es más de tu estilo, ¿verdad?

Oye, Guillermo, una cosa.

Estoy pensando que, si quieres, lo hago yo.

Sí, estoy al día del proyecto.

-¿Ha llamado alguien? He oído el teléfono.

-Sí, sí, mi compañera de piso.

Es que seis meses viviendo juntas y aún no sabe poner una lavadora.

-Y lo del beso me pilló por sorpresa, es que no me lo esperaba, Germán.

Y ahora veo que todo va... demasiado rápido,

va todo muy deprisa.

-¿Muy deprisa?

Pero ¿a qué llamas tú "ir deprisa"? ¿A darnos un piquito?

Después de estar semanas mareando la perdiz.

-No es eso.

Lo que pasa es que, cuando estoy delante de ti,

siento que no tengo el control de la situación

y esa sensación no me gusta, me siento inseguro.

Yo te juro que intento hacer lo correcto, intento hacerlo,

pero es que no hago más que cargarla todo el rato.

No exageres.

A ver, yo no sé nada de tu vida,

pero no parece que tengas una vida muy salvaje.

No supe ver la llamada de auxilio de Manuel.

Manuel es mi marido.

Se suicidó.

Quiero dar el pelotazo de mi vida.

Ofrécenos el Mercado Central y tendrás lo que quieras.

¿Tú quieres que le meta fuego al Mercado Central, como tu amigo?

Si quieres que te hagamos asquerosamente rico de repente,

ponte creativo.

Mientras tanto, no me hagas perder el tiempo.

(Pasos)

¿Mamá? ¿Qué haces aquí?

No te había oído entrar.

Tranquila, que papá no está.

Se ha ido esta mañana y no volverá porque tenía una reunión temprano.

Sí, sí, ya lo sé, por eso he aprovechado para venir.

Me da mucha pena que andéis así, evitándoos todo el rato.

¿Es tan insoportable veros?

Pues pregúntale a él,

que es quien parece que no quiere ni verme.

Ya, no le hizo mucha gracia

que aceptaras las acciones del abuelo.

Pero yo creo que hiciste muy bien, te las mereces.

Por supuesto que me las merezco.

He trabajado para esta empresa familiar

tanto como él.

Pues sí.

Pero gracias por ayudarme.

Sé que no es fácil llevarle la contraria.

Y fuiste muy valiente.

Ya sabes cómo es papá,

que ladra mucho, pero, bueno, luego no tiene razón.

Bueno, al menos, en esto, no. Bueno.

No te preocupes.

Esta guerra se acabará en cuanto nos divorciemos.

He quedado con un abogado esta tarde, Héctor Ferrer.

Dicen que es de los mejores en divorcios.

Y voy a ponerlo todo en marcha.

No voy a arrepentirme.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

¿Y ese álbum de fotos? No me suena.

Pues es un álbum familiar.

¿Quieres echarle un ojo?

Mmm... Tengo muy buenos recuerdos de mi infancia,

no quiero estropearlos.

Oye, se te ve muy contento a ti últimamente.

No quiero fliparme, ¿eh?,

porque aún es muy temprano para saber si la cosa va en serio,

pero... me estoy viendo con Javier.

Pues me alegro por ti.

Y, sobre todo, de que sientes la cabeza.

Me parece un hombre muy interesante,

aunque pensé que me tiraba los tejos.

Ya.

Pero tú no te hagas ilusiones, ¿vale?

Que Javier quiere ir poco a poco.

Así que no se lo puedes decir a nadie, ¿eh?

Está bien, no me las haré.

Porque ya te las estás haciendo tú, solo hay que verte la cara.

Esa caja es de papá, no creo que haya nada tuyo.

¿Qué?

¿Seguro que quieres verlo?

Por favor, ¿qué... qué pasa? ¿Por qué? ¿Qué pasa?

¡Tachán! Oh, "my God", ¡Dios!

Dios, cómo os odié ese día.

¿Por qué? Eras el niño más adorable del mundo.

¿Adorable? El más repelente.

Pero mira qué pelos.

No sé lo que parezco, por favor. Estás guapísimo.

Tenías cara de sueño, pero guapísimo.

Dios, quema esa foto, ¿vale?

Como la vean mis amigos, se ríen de mí.

No, no, me la voy a llevar porque me encanta.

Qué lío hay aquí, cómo se nota que es de tu padre.

(RESOPLA)

Déjala.

Mamá, yo me voy, ¿vale?

Ven aquí.

Ah, acuérdate de una cosa.

Quema la foto.

A ver.

(Puerta)

Pero ¿esto qué es?

Gracias.

(SUSPIRA)

Lorena, ¿me pones otro café, por favor?

Sí, cuando pueda.

Sí, claro, cuando puedas.

¿Por qué hemos venido a desayunar aquí?

Estamos a gusto en casa.

Pues por mi ordenador.

Ayer por la noche se apagó solo y tardó 40 minutos en encenderse.

Lo tuve cargando toda la noche y solo tiene un 20 % de batería.

Algo le pasa.

No entiendo qué tiene que ver una cosa con la otra.

Quiero comprobar si el problema es de wifi.

Ya.

¿Y qué tendrá que ver la batería del portátil con el wifi?

No lo sé, pero puede ser.

Te dije que compráramos un portátil, lo podemos comprar por internet.

No.

No me gusta comprar por internet, en una tienda y que me asesoren.

Pero yo ya sé cuál quiero, no necesito que me asesoren.

Mira.

Este, si lo pedimos hoy, llega mañana.

Tú ahora te tienes que ir a clase y yo tengo que ir a trabajar.

El fin de semana, ¿vale?

Pero solo tengo dos horas de clase

y el resto del día libre para preparar el trabajo.

Y para preparar el trabajo necesito un portátil.

Pues sí, pero es que yo tengo que trabajar todo el día.

Puedes dejar a Adela. No.

No le voy a pedir eso a Adela por una tontería.

Mi portátil no es una tontería.

Es verdad, cariño, lo siento mucho, no es una tontería.

Lo que pasa es que no tenemos tiempo.

Pero ¿este fin de semana iremos o no me lo quieres comprar?

Claro que te lo quiero comprar, pero, mira,

si me has enseñado esta foto

significa que el portátil te aguanta más, ¿o no?

Si ya te he explicado... Ya está, David, por favor.

No puedo más.

Pídele para llevar el café a Lorena y me lo acercas al puesto, ¿vale?

Gracias.

(Llaman a la puerta)

(RÍE) ¿Noche movidita?

Ay, ojalá, más me gustaría a mí.

He pasado una noche fatal.

Así de apasionante es mi vida.

Oye, hablando de vidas apasionantes, Paolo está muy calladito, ¿no?

¿El grupo Amici está de capa caída? Deja, lo que me faltaba ahora.

Va todo bien, ¿no?

Sí, todo en orden. No te preocupes. Vale.

¿Has hablado con Íngrid? ¿Te ha contado?

He quedado en que pasará por la mañana

para... para firmar lo del puesto. Bien.

Has hablado con ella para convencerla de que se quede en el Central, ¿no?

No, ha sido Lorena.

Han hablado entre ellas y están de acuerdo, así que...

Y creo que tenéis razón, ¿eh?

Dejar pasar un proyecto así por una cuestión personal

no tiene sentido.

Ya lo verás, es la mejor solución.

¡Hola, Íngrid!

-¿Interrumpo...? -No, no, no, tranquila.

-Es que iba camino de tu puesto,

pero, ya que te veo por aquí, pues aprovecho.

Te he traído unas cosas

que te olvidaste en mi casa hace miles de años.

Ajá.

Como saliste corriendo y no quisiste volver a verme...

Ya. Está el disco de Lennon.

(CARRASPEA) Lo he escuchado mucho.

Espero no habértelo rallado.

No te preocupes, gracias.

Nada, ahí lo tienes.

-He hablado con Nicolás, el de Mantenimiento.

-Sí. -Está muy ocupado.

Pero te llamará para ver el puesto y empezar el acondicionamiento.

Me ha dicho que será cosa de dos semanas.

-Fantástico, ¿no?

-Y aquí tengo el permiso de obra.

Falta tramitar la licencia de cambio de actividad: era una pescadería

y va a ser restaurante,

hay que pedir la licencia de restauración.

Si tú quieres, me encargo de tramitarlo.

-Esto es un gerente eficaz, sí, señor.

De los grandes, por eso está en el Central.

Pues... muchas gracias, Javier. Hasta luego.

Chao.

(Puerta)

Que sí, hombre, tu tranquilo, luego me paso y te miro las cámaras.

Es que hoy tengo mucho lío.

Anda, tira, tira...

(CARMEN) A ver, buen hombre, que no.

Si no ha comprado nada en el Mercado, no puede usted usar los baños.

El baño es para uso exclusivo de los clientes.

Así que no hay llave.

No, si...

-Carmen, tratando así a la gente, no van a venir a comprar mucho, ¿eh?

-Me da igual.

¡Estoy harta de ser la guardiana de la llave!

Aquí no vienen más que jetas.

Que se creen que esto es un baño público.

Y, de eso, nada.

-Hombre, un baño público es.

Para clientes, pero público.

Además, no sé de qué te quejas.

Lo de la cerradura se te ocurrió a ti.

Vamos, bien contenta que te pusiste

cuando Javier te pidió encargarte de la llave.

-Lo hice por responsabilidad con mis compañeros, que quede claro.

-Que te has hinchado a vender solomillos con lo de la llave.

-He cambiado de opinión. -Vale.

Cuando algo no te conviene...

-Tú nunca me apoyas en nada.

-Eso no es verdad, Carmen.

Pero quieres que te dé la razón, aunque no la lleves.

-A veces me siento incomprendida.

¿Qué horas son estas de llegar, mama?

-¿Ya de buena mañana y con el morro torcido?

Además, aquí nunca se ha fichado, no me des la murga.

-Bien, me voy.

Porque voy a decir algo de lo que me voy a arrepentir.

-No sería la primera vez.

Lo sabía.

¿Es el disco de Lennon que ha dicho o me estoy perdiendo algo?

Si esto no te parece una indirecta, ¿qué es lo que es?

Lee.

"Para que recuerdes los buenos ratos que pasamos escuchando este disco".

Y me devuelve precisamente ese.

Tampoco creo que te esté tirando los tejos

por devolverte un disco.

Ya. ¿Tú crees?

Claro, tú estás con Lorena y ella lo sabe.

¿Tan irresistible te crees que eres para que no haya superado perderte?

No, no es eso.

Pero mi relación con ella fue muy intensa.

Ella estaba muy pillada y...

Y yo dejé la relación, ella se quedó muy tocada,

no dejaba de llamarme y no fue fácil.

Ya. A todos nos han dejado alguna vez.

Eso se supera, tú lo sabes. Sí.

Pero una cosa es lo que dices y otra, lo que haces.

A ver, es que... ¿Tú has visto esa última mirada?

No sé, ¿cómo te mira?

¿Te desnuda con la mirada?

¿Su pasión abrasa tu alma?

¿Sus ojos

queman tu piel morena sobre la arena?

Te pones muy tonto cuando quieres, ¿no?

Perdóname.

Toma, para ti.

¿A esta qué le ha pasado hoy? ¿Eh?

Tiene más mala leche que de costumbre, ya es decir.

-No lo sé, pensaba que lo sabrías tú. -¿Yo qué voy a saber?

-Pues lleva varios días así.

-Ay, pues lo siento por ti.

-Ya ves tú, en el Mercado, todavía se controla un poco,

pero, en cuanto llega a casa, es que no para.

-Oye, ¿y no será por lo que pasó con Samuel y Carla?

-No, no, eso ya pasó, los chicos ya enterraron el hacha de guerra,

ahora están las cosas tranquilas en casa, no.

Tiene que ser otra cosa.

-Bueno, tampoco le des más vueltas, ¿eh?

Que mi hija es así, la pobre.

Es que no ha heredado el carácter dulce y apacible de su madre.

A lo mejor está cansada, sin más.

-Ya, pues, fíjate, esta noche ni ha dormido en la cama.

-Mmm. -Me la encontré en el sofá.

Dijo que se quedó dormida viendo la tele.

-Mira, yo,

cuando tengo un problema con Jesús,

lo primero que hago es hablar las cosas antes de que vayan a más.

Porque esa es la clave de una buena relación de pareja.

Hablarlo todo, sin tapujos.

Y, cuanto antes, mejor.

Anda, María, hija,

querías la papada, ¿no?

Te la tengo preparada.

A ver dónde la...

Y la longaniza de Graus, ¿no? También.

Hola.

(LORENA) ¡Rosa!

-Mamá.

(LORENA) Qué alegría verte, ¿cómo estás?

-Huy... -No, no, no, no, cariño.

-¿Cómo estás, mamá? -Pues... estoy mejor.

Mucho mejor, gracias.

-Bueno, eso habrá que verlo. (ROSA CARRASPEA)

-Vamos al hospital a hacer pruebas. (ROSA) Mmm.

-No ha parado de toser en toda la noche.

-Bueno, no ha sido la mejor noche de mi vida,

pero... estoy mejor.

Ahora ya no toso tanto, ¿verdad, cariño?

-Lo importante es que te estás recuperando poco a poco,

a ver qué te dicen.

(ROSA) Ajá. -Ya deberíamos estar allí.

Pero ha insistido en pasar antes por el bar.

-Para un rato que salgo de casa...

-Echas de menos esto, ¿verdad? -Mmm.

-Voy con vosotros.

(NACHO) No, ¿para qué? No hace falta, ¿mmm?

¿Qué hacemos allí los dos?

Solo son unas pruebas y será rápido. -Ya, bueno.

Quiero saber qué le dicen. ¿Y tú no tienes que trabajar?

-No, lo he hablado con mi jefe, puedo compensarlo trabajando en casa.

Y tengo la becaria, es eficiente.

-Y, además, es muy maja.

-No era buena idea venir por aquí.

Llamo un taxi y vamos ya mismo al hospital.

-Toma.

-Gracias.

Ah...

¿Adela? Sí.

Encantado.

Encantada. Siento el retraso.

Una reunión se ha prolongado más de lo esperado.

No, no te preocupes.

Te agradezco mucho que me hayas hecho un hueco.

Ángela me dijo que tenías la agenda llena.

Más de lo que me gustaría,

pero Ángela es tan insistente que no le puedo negar nunca un favor.

¿Quieres tomar algo? No, gracias, estoy bien así.

Lo que no me dijo es de qué os conocéis.

Estudiamos juntos.

Al principio, nos caímos fatal, lo recuerdo.

Ella pensaba que yo era un arrogante y yo, que ella era una charlatana.

Inexplicablemente, cuando acabamos la carrera,

nos hicimos amigos.

Y seguimos en contacto. Ya.

¿Y tú de qué la conoces?

Huy, de toda la vida.

Somos amigas del colegio, del barrio, vamos, de siempre.

Y la verdad es que sí, siempre ha sido muy charlatana.

Bueno, eh... No te entretengo.

¿Has podido ver la documentación que te he mandado?

Sí, es un divorcio sencillo.

Estáis casados en régimen de gananciales,

todo se repartirá.

Y parece que no hay propiedad ni activo

que pueda suscitar disputa.

Si el divorcio es de mutuo acuerdo, se resolverá rápido y sin problemas.

¿Así que te encargas tú?

No personalmente, se lo pasaré a alguien de mi bufete.

Vaya, yo pensaba que sí lo llevarías tú.

No, es un caso demasiado sencillo.

Yo me reservo para los divorcios conflictivos.

Pero mis compañeros son tan buenos como yo.

Algunos, incluso mejores.

Pero no quiero que se enteren.

Cuando dices que es sencillo, te refieres a que es barato.

No, no necesariamente. Bueno, a ver si nos entendemos.

No hay mucho dinero en juego y no vas a sacar mucho de él.

¿Eso quieres decir? No.

No es solo por dinero, ¿eh? No. ¿No? ¿Entonces?

Como sabrás, yo estoy especializado en casos mediáticos, complejos,

en los que hay en juego auténticas fortunas.

No te ofendas, pero... el divorcio

de dos fruteros no cumple ninguna de esas condiciones.

Elías no es solo un frutero.

Lo sé, lo sé, es evidente que los negocios le han ido muy bien.

Se podría decir incluso que es un hombre rico, ¿no?

Sí. Pero no tanto

como para dedicaros mi tiempo.

Ya.

(Llaman a la puerta)

¿Qué tal la mañana? ¿Mucho curro?

-Pues no mucho.

Acabando de gestionar la licencia para el puesto nuevo.

¿Tú qué tal?

-Bien, bien. Eh... ¿Un puesto nuevo?

¿Quién está tan loco de abrir un puesto nuevo aquí ahora?

-Íngrid Balsera, ¿no te suena? -No.

-Es una chef bastante reconocida.

Quiere abrir una pescadería restaurante.

Puedes comprar el pescado y llevártelo a casa

o te lo cocinan y te lo comes.

Es arriesgado, innovador, pero yo creo que puede funcionar.

Sería la prueba de que es bueno para abrir sitios nuevos.

-Qué guay.

Oye, si no tienes mucho lío, te invito a un café.

-Me vendría genial, llevo toda la mañana bostezando.

-Ah, ¿sí? ¿Qué hiciste anoche para estar tan cansado?

-Pasé la noche con un chico

muy interesante y muy atractivo. -Mmm.

-Estuvo divertido, ¿verdad?

-Sí.

Gracias por lo de anoche, me lo pasé muy bien.

-Espero que ya no tengas dudas de que apuesto por ti.

-Ah, pero...

O sea, ¿es oficial? ¿Somos pareja?

-Si a ti te parece bien... (CARMEN) ¡Se acabó!

¡Ya está!

Renuncio a ser la guardiana de la llave, ¿mmm?

Estoy harta de meones y meonas.

-Eh... Renuncia aceptada.

¿Qué hacemos ahora?

-Pues no sé, lo que dijo Nicolás.

Se le pone un aparatito a la puerta, con un código,

se le da con el tique a los clientes,

y son los únicos que los usan.

-Ya, no es mala idea, pero ese aparatito vale mucho dinero.

Y no estamos para gastos extra.

-Eso pensaba yo, que era caro, pero he cambiado de opinión.

En primer lugar, no es un gasto extra,

es supernecesario.

-¿Y en segundo?

-Y, en segundo lugar, eres el gerente, soluciónalo.

-Ya me ha caído otro marrón.

Aún no lo has visto todo, mira.

He encontrado esto entre los documentos de mi marido.

Es un contrato de compraventa de una nave industrial

que él y mi suegro tenían en Guadalajara.

Sí, es una buena venta, pero no veo nada de particular.

El contrato parece correcto.

Sí, seguro que lo es.

Pero ¿mi marido por qué me mintió?

Porque me dijo que la venta había sido ruinosa

y que habían perdido dinero.

Y no es cierto. No, no lo es.

La compraron por medio millón de euros

junto a un socio, al que le devolvieron su parte.

Y revendieron la nave, algún tiempo después,

por un millón de euros, justo el doble.

No está mal, ¿eh? No, no está mal, no.

Pero, entonces, ¿dónde está el dinero de esa venta?

¿Tú qué crees?

¿Yo?

Yo creo que Elías tiene patrimonio oculto.

Y que esto solamente es la punta del iceberg.

Por eso necesito que tú me ayudes

a saber cuánto dinero tiene mi marido,

porque yo quiero lo que me pertenece.

Adela, no te prometo nada.

Sigue indagando en ese patrimonio oculto de tu marido,

yo también investigaré por mi parte.

Si estás en lo cierto,

me comprometo a llevar tu divorcio personalmente.

Gracias.

Ha estado un poco feo

que te apartaras cuando iba a besarte.

-A ver, Germán, estoy trabajando.

-No, si me parece bien,

pero, si somos pareja, no sé, no vamos a ocultarlo, ¿no?

-A ver, me dices que entra, no sé, Jorge, me da igual que nos vea.

Pero Carmen...

Sale por esa puerta y somos la comidilla del Mercado.

-¿Y? ¿Qué te importa lo que piense la gente?

-Soy gerente de este sitio.

No quiero que me vean en ese plan en horas de trabajo.

-Ya.

-Eh.

No te irás a mosquear, es por eso.

Venga, tontorrón.

Un besito.

¡Nicolás!

Amigo mío. -Oh...

Cuando vienes tan simpático, malo.

-¿Por qué dices esto?

¿Que no soy siempre simpático yo?

-No sé... A ver, ¿qué quieres?

-Mira, necesito tu ayuda

para llevar unos dulces a la Asociación de Amigos de Italia.

-A ver, Paolo, ¿tengo yo pinta de repartidor?

"Mantenimiento", búscalo en el diccionario.

Yo no reparto nada, no es mi trabajo, ¿lo entiendes o no?

Yo reparo. -Ya.

Ya lo sé, Nicolás, pero... te estoy pidiendo un favor.

Es que yo tengo el coche en el taller

y necesito que alguien me lleve este pedido a la Asociación.

¿Entiendes?

No sería muy profesional llegar allí con diez bandejas...

Bueno, pero si no quieres ayudarme...

-Que no puedo ahora, Paolo, ¿no lo ves?

-Nicolás.

Nicolás, ¿todo bien?

-Pues no, la verdad es que no.

-¿Qué pasa?

Amigo mío, si necesitas un hombro donde llorar,

ya sabes, ¿eh?

-Hombre, tampoco es para llorar, a ver si me entiendes.

(SUSPIRA)

Es Carmen. -¿Qué?

-Mi mujer. -Eh.

-Lleva unos días con una mala leche y no sé qué le pasa.

-Qué le va a pasar, Nicolás.

La rutina.

La maldita rutina.

(RESOPLA)

Es que... ¿Cómo te lo explico?

El matrimonio, Nicolás,

es como una flor, muy delicada,

que necesita mucho cuidado, porque, si no, se estropea.

Que no me lo cuenten a mí.

-No... no compares lo que te pasó a ti con lo mío.

No tiene nada que ver, no.

-Bueno, puede que no, ¿eh?, pero no bajes la guardia.

Porque yo también creía que mi matrimonio era una maravilla.

Hasta que mi mujer me echó como una colilla.

(CHASQUEA LA LENGUA Y RESOPLA) Así que no des nada por seguro, ¿eh?

Nunca, nada.

-Pero, espérate, Paolo, a ver, que yo me entere,

¿es que Cristina también estaba de mala leche antes de dejarte?

(PAOLO RESOPLA)

Estaba... como siempre enfadada, ¿sabes?

Todo el día cambiando de humor, un infierno.

No, no, no.

Es que todo el día me decía que no... no podía respirar.

Como si yo le quitara el aire.

Claro, ahora entiendo por qué.

Porque ella quería dejarme y no se atrevía a hacerlo.

Así que estaba frustrada.

Pero, bueno, amigo mío, que... porque me pasó a mí

no quiere decir que te tiene que pasar a ti.

Que lo de Carmen seguro que es un mal día.

Una mala semana, como mucho.

Pero, Nicolás, lo importante

es que no falte la pasión.

Porque, si en la cama va bien, todo el resto...

-Hombre...

-¿Qué?

-No, Paolo, que pasión...

-Pasión...

-Que últimamente como que no...

Oye, tú, hace meses que no...

-¿Meses?

-Shh.

Esta noche, ni siquiera hemos dormido juntos.

O sea, que es que la cosa tiene mandanga.

-Pues, entonces,

igual... tendrías que preocuparte, ¿eh?

(NICOLÁS SUSPIRA)

-Lo siento, amigo, pero... esas cosas...

Ah, ven aquí.

¿Mmm?

-Anda, luego te acerco los dulces esos, ¿eh?

Pero... pero no porque tenga que hacerlo, ¿eh?

Tienes el coche en el taller. -Claro.

-Y, ahora, déjame, que es que...

Tengo yo aquí un lío que... para mí se queda.

-Muchas gracias, amigo mío.

-Mmm. -Y ánimo, ¿mmm? ¡Ánimo!

(SUSPIRA) Adela.

Tenemos que hablar.

He recibido una carta del Ayuntamiento, de Hacienda.

Me han puesto una multa

y tengo que devolver el dinero de la subvención.

Ah, claro, ¿qué querías, que te felicitaran?

Es lo que tiene jugar sucio, te acaban pillando.

Te recuerdo que fue tu idea lo de las facturas falsas.

¿Y? ¿Cómo que "y"?

Es increíble que me hayas denunciado por algo que me recomendaste

solo por venganza.

Hay otra forma de verlo.

Si no te hubieras acostado con mi marido,

no tendría que vengarme.

Oh, Dios, no podemos seguir así.

¿Así cómo? Así, de esta manera, discutiendo.

Es insoportable. Nos está pasando factura.

Sí, y nunca mejor dicho.

Mira, no creo que esto no te esté afectando.

Creo que deberíamos replantearnos si esta sociedad tiene futuro o no.

Bueno, si eso es lo que quieres, por mí no hay problema.

Rompemos la sociedad hoy mismo.

Eso sí, me tienes que pagar mi parte del negocio

y también todo lo que invertí para ponerlo en marcha.

No puedes pedirme dinero ahora.

Te digo que tengo que pagar la multa y la subvención.

Pero ¿y qué quieres, Celia? ¿Que te lo regale?

No, mujer, yo ahora me tengo que recuperar económicamente.

Es que soy una pobre divorciada, y, en parte, gracias a ti.

No pongas esa cara, mujer, que tampoco es un drama.

Eres una mujer de recursos, ya me entiendes.

Así que seguro que encuentras la manera para salir de esta.

Hasta luego. Gracias, ¿eh?

-Hola, Paolo.

-Hola, David.

¿No tienes clase hoy?

-A primera hora, pero no me gusta.

Prefiero el horario normal, sé lo que tengo que hacer.

-Pues... a mí sí que me iría bien un poco de aire.

Porque Rosa todavía está de baja y yo tengo que hacer todo.

Además, hoy la Asociación de Amigos de Italia

me ha hecho un pedido de dulces al que no he podido decir que no.

Por suerte, me ha dado una mano Nicolás.

Se lo ha llevado él, solo me faltaba hacer de repartidor.

-Puedo ayudar en la cocina o a recoger las mesas.

-Ah, no, no, David, yo no te lo decía por esto.

-Ya, pero eres el padre de mi amigo.

Y así podríamos hablar de física cuántica.

-Ah, qué bien, ¿no?

Eh... -Perdón.

Eh... ¿Paolo? -Sí.

-Pues perdona que te moleste.

Encantada.

-¿Y tú eres...?

-Íngrid Balsera.

He alquilado uno de los puestos del Mercado.

Voy a abrir una pescadería. -Ah, sí, me han dicho.

-Sí. En realidad, no es una pescadería,

es un restaurante "gourmet",

donde voy a tener producto fresco

y voy a servir platos recién elaborados.

-Ah, qué bien, ¿no? -Sí.

Me ha dicho Nicolás, si no te importa,

que eche un vistazo a tu pizzería

para ver la cocina y la salida de humos.

Vamos a hacer lo mismo. -Sí, sí, claro, claro.

-¿Sí? -Sí, sí.

-Gracias. -Curiosea.

-Gracias. -Ahora vengo.

A la derecha. -Genial.

-Así te explico todo.

-Se llama Íngrid Balsera.

Tiene 39 años y es chef.

-¿Y tú cómo lo sabes?

-Me lo dijo Jorge, trabajó con ella.

Y lo leí en internet.

-Es muy guapa, ¿no?

-Bueno, tiene...

una cara armónica,

ningún rasgo sobresale por encima de los demás.

Es lo que hace a la gente guapa.

-Si tú lo dices, David.

Y, además, qué bien,

que abra un puesto aquí, en el Mercado.

-Sí, además su puesto también es de restauración.

Aunque la pizza y el pescado tienen públicos diferentes,

no será un problema.

-¿Ya has hecho un estudio?

-No, pero es de lógica.

-Pues, mira, quédate un ratito aquí, por favor.

Yo voy a atender a Íngrid, ¿de acuerdo?

Cualquier cosa, me dices, ¿eh?

(TV) "Lo que en un primer momento iba a ser, cambiamos de asunto,

el arreglo de unas humedades

en una iglesia, la de Santa Eulalia,

resultó ser un auténtico descubrimiento".

"¿Qué han descubierto? Pues una necrópolis bajo la iglesia".

"Los arqueólogos trabajan

en distintos niveles para descifrar

a qué siglo pertenece". -Vamos a ver.

¿Quieres dejar de echarme miraditas y decirme qué te pasa?

Solo una cosa.

¿Por qué apoyaste a tu madre

cuando tu abuelo repartió las acciones?

Eh... ¿A qué viene esto ahora?

¿Por qué le animaste a hacerlo? ¿Eh?

En un caso de divorcio, el hijo no toma partido por ninguno.

No debí ir a clase el día que lo explicaron.

No me vaciles, que el tema es serio.

No me he puesto de parte de nadie.

Dije lo que pensaba,

que mamá tiene derecho a esas acciones.

Ni voy contra ti ni tomo partido, es lo justo y nada más.

¿Tú ves la de problemas que nos va a traer tu madre

si forma parte de la empresa?

Es un tema empresarial, no familiar.

"No familiar".

Tu problema es que estás por destetar, niño.

Se nota que eres hijo único.

Tu madre hace contigo lo que quiere. Te manipula.

Te lleva, te trae. A ver.

¿Quieres dejar de decir tonterías, por favor?

Si he tomado partido por alguien ha sido por ti.

Te olvidas de lo que he hecho por ti y Hortuño.

Perdona, que lo has hecho voluntariamente.

Estoy flipando.

¿Es un ataque de cuernos

o una regresión infantil y tienes celos?

Vamos a dejarlo. Sí.

Vamos a dejarlo.

Me está dando vergüenza ajena oírte.

Por cierto, Javier está gestionando un permiso

para el puesto que Íngrid Balsera quiere abrir.

Lo digo por si quieres pararlo o...

Bueno, pues gracias por avisarme, ya veré qué es lo que hago.

Ya. Para que dudes otra vez de mi lealtad.

David.

¿Qué tal todo?

Eh... Bien.

Ya.

Oye, últimamente no nos vemos mucho.

Verás, desde que se fue mi hijo ha sido todo un poco raro, pero...

Me gustaría que fuera como antes, ¿cómo lo ves?

¿Cómo veo qué?

Es una forma de hablar.

Si algún día te apetece,

podemos quedar para cocinar o hablar de recetas, no sé.

Bueno, vale,

pero últimamente me interesa más la física cuántica.

La física cuántica.

Igual de eso no te puedo enseñar mucho,

pero podemos hablar de cocina molecular.

¿En serio? Sí.

Y, hablando de cocina,

¿sabes que Íngrid va a abrir un puesto?

Sí, está viendo ahora la cocina de Paolo.

Ah, ¿sí? Mmm.

Es muy simpática y Paolo dice que es muy guapa.

Paolo dice que es muy guapa.

¿Tú... tú crees que a Paolo le gusta Íngrid?

Dijo que era muy guapa y se puso contento al verla.

Ajá.

Estaría bien que se echara una novia, ¿no?

Así se quita a Cristina de la cabeza.

¿Quieres que se hagan novios?

No sé.

Hacen buena pareja, ¿no te parece?

Bueno, nos vemos por aquí, ¿mmm?

Chao.

Ya, pero vamos a ver, vamos a ver.

He rellenado toda la documentación que me habéis pedido:

los ingresos, las facturas, las deudas, absolutamente todo.

¿Y ahora no me lo concedéis? No lo entiendo.

¿Qué pasa? ¿Ahora, por ser autónoma,

esto no puede ser?

En la publicidad que hacéis en el banco

solo falta ponernos una alfombra roja.

Claro que mis ingresos no son suficientes,

si lo fuera, no pediría el crédito.

Ya.

Bueno, algo tendréis, ¿no?,

para los que tenemos bajos ingresos, algún crédito.

No, la casa todavía no la tengo pagada, no.

Gonzalo, mira, te tengo que dejar ahora.

Pero no dejes de llamarme porque esto es urgente, ¿sí?

Venga, vale. Hasta luego, gracias.

Gracias, hasta luego.

¿Qué tal?

¿Estabas pidiendo un crédito para comprar el ordenador?

No sabía que estuviéramos tan mal.

Ah, es que no estamos mal, mi vida.

La droguería va bien, pero es un mes flojo, nada más.

¿Y por qué no me lo cuentas?

Si me sigues tratando como a un niño, nunca voy a crecer.

Claro.

Dime la verdad: ¿tenemos dinero o no para comprar el ordenador?

No pasa nada, mamá.

Puedo seguir utilizando el viejo.

Y, si se rompe, siempre tengo la biblioteca.

¿Sabes? Para ser un adolescente, eres muy comprensivo.

Yo tengo dinero ahorrado, si quieres, te lo puedo prestar.

Ya tengo mis necesidades básicas cubiertas.

Mira, no hace falta.

De las necesidades básicas de la familia ya me encargo yo.

De acuerdo.

Tú ahora concéntrate en lo que tienes que hacer,

en tus estudios.

Y, en un par de días, verás como soluciono todo este lío.

¿Vale? Vale.

Aunque, si el banco no te concede el crédito,

se lo puedes pedir a la abuela, ella tiene mucho.

No, cariño, de eso, ni hablar.

Mira, hemos luchado mucho para levantar la droguería.

¿Qué pasa, nos vamos a venir abajo por un mes malo? No.

¿Estás conmigo? Sí.

¿Confías en mí? Sí.

Pues choca esos cinco.

Mamá, no soy un crío.

Venga, David.

Si no chocas, no puedo cerrar el puesto.

Si no cierro, no puedo hacer la comida...

¿Ves? ¡Muy bien!

Recojo y nos vamos.

(LUCÍA RÍE)

-Que no me he chocado, ¿eh?

Te he visto tan seria que digo:

"A ver si se ríe un rato esa muchacha, ¿no?".

Deberías...

Deberías invitarme a tomar algo.

Vamos, lo digo para agradecerme que vaya por ahí,

pues repartiendo sonrisas, ¿no?

-Ya, ya.

-Sí. -¿Sabes qué?

Que en realidad suele ser al revés, ¿no?

Los chicos me invitan a mí.

-Ah, bien, qué bien.

Oye, ¿y no te flipa conocer a alguien que vaya a contra corriente, eh,

como los salmones?

(JONA RÍE)

Al... Altea.

¿Eres... eres de allí o veraneas por allí o...?

-No, no, iba de pequeña, con mis padres.

Es que es un pueblo precioso. -Ah.

Sí, pues, bueno, yo no lo conozco,

pero no me importaría conocerlo en algún momento, pero es que...

Bueno, ahora mismo estoy como...

Como bastante liado con mis negocios,

¿sabes?

(RÍE)

Oye, ¿te... te importa que me siente?

-Bueno, ya estás sentado, ¿no?

-Bueno, sí, claro.

¿Y... qué... qué...? ¿No me cuentas nada?

-Bueno, a ver, es que no... no suelo contar mi vida

a personas que no conozco. -Ah.

Bueno, pues muy bien, muy bien, así se hace, claro.

Ah, ¿que lo dices porque no...?

Yo soy Jonathan. (LUCÍA RÍE)

-¿Tú? -Hola.

Lucía.

-Encantado.

Bueno, yo... yo trabajo por aquí cerca.

-Sí, yo también trabajo por aquí cerca.

-Sí.

¿En la pizzería?

-Bueno, hoy en la pizzería, mañana, en un "burger",

pasado, en mi casa...

-Ah. -Esta es mi oficina.

-Altea es tu oficina. -Sí, Altea.

-Trabajas por cuenta propia.

-Sí, bueno, no, ahora mismo estoy trabajando para otros,

mientras salen cosillas.

-Anda.

Oye, ¿y eres de por aquí, de la zona?

Porque fíjate que yo soy muy observador

y nunca te... te había visto.

-No. No, no soy de por aquí.

Mi jefe vive por aquí.

Y espero una llamada suya, no sé si tengo que ir a su casa,

a su oficina... -Ya.

(Móvil)

-Ah, fenomenal.

¿Sí?

Sí. Sí, sí, ahora voy para allá.

Sí, lo tengo todo listo.

Vale, fenomenal.

Gracias, ahora nos vemos. Hasta luego.

-¿Te vas?

-Sí, mi jefe me está esperando. -Ya.

-Tengo que ir corriendo.

-Pero nos... nos volveremos a ver, ¿no?

-Puede.

-¿Me das tu móvil?

-No, que lo necesito para trabajar.

-Ah, claro.

-Hasta luego.

-No, pero... digo el número.

(SUSPIRA)

Gracias, Justo.

Jesús, ¿qué tal? ¿Cómo va todo?

Ah, bien, muy bien, como siempre.

¿Tú qué tal? Bien.

Ya me he enterado por el gestor

de que has firmado todo el papeleo de las acciones.

Me alegro. Sí.

Ya está todo hecho.

Gracias por insistir.

Si no llega a ser por ti...

Nada de gracias, era lo justo.

Han sido muchos años en esta familia.

Muchas historias, muchos recuerdos.

¿Sabes de quién me acordé el otro día?

¿De quién? De Recarte.

Aquel socio que tuvisteis tú y Elías hace...

Hace años ya, ¿eh? Sí.

¿Qué fue de él?

Bueno, exactamente no era un socio.

Era un amigo con quien hicimos negocios.

Pero llegasteis a comprar

una nave industrial, creo, por Guadalajara.

Ese asunto fue muy mal.

¿Y eso?

Perdimos dinero, fue una ruina.

Pero ¿qué fue lo que pasó? Nunca me enteré bien de la historia.

Fue hace cuatro o cinco años.

Compramos una nave a medias con Recarte.

Pensábamos alquilarla o venderla para cuando se revalorizase la zona.

Nos costó medio millón de euros.

Y la vendimos con pérdidas.

¿Y él al final no os vendió su participación o algo así?

Sí, sí, su mujer se puso enferma.

Cáncer. Sí.

No me acordaba, pobrecilla. Sí.

Necesitaba dinero

porque quería llevarla a Houston para que la operasen.

Nosotros nos ofrecimos a comprarle su parte.

Estaba muy mal el pobre.

No sabes cuánto se alegró.

Hombre, ya imagino, ya.

Pero por hacerle un favor nos metimos en un lío, ¿eh?

Porque la nave no fue tan rentable como pensábamos.

Así que la pusimos en venta.

Nos conformábamos con recuperar el dinero.

Pero no se vendía ni a tiros.

Bajamos el precio y nos resignamos a perder.

Ya.

¿Por qué te interesa tanto esa historia ahora?

Por curiosidad.

Estás revisando los negocios de Elías por el divorcio.

¿Te parece mal que reclame lo que me pertenece?

Ya tienes lo que te pertenece.

El 5 % de las acciones de la empresa.

Yo me empeñé en ello.

Y Elías se ha comprometido a ponerte el divorcio fácil.

Pero una cosa es lo que Elías diga y otra, lo que haga.

Tú ya le conoces.

Yo no me fío de él, ¿tú te fiarías?

Si te ha dicho que lo va a poner fácil, lo hará.

Mi hijo es muy bruto,

pero te ha querido más que a nadie.

Más que a su vida.

Hola.

Sí.

¿Qué tal?

-Necesito un poco de compañía, ¿puedo?

-Pues claro, tía.

Ni preguntes.

¿Qué pasa? ¿Tu madre o qué?

-Acabo de hablar con mi padre y han dicho que tiene neumonía.

-¿Neumonía?

¿La van a ingresar o qué?

-No, no es tan grave.

La van a cebar a antibióticos, pero se queda en casa.

-Pues... lo siento.

¿Qué vas a hacer? ¿Vuelves a casa para estar con ella?

-Mi padre dice que no hace falta, que ya se encarga él de todo.

Ya sabes lo controlador que es.

No sé, de momento, me voy a quedar así.

Si mi madre se encuentra peor, me voy a casa.

-Bueno, tía, no te preocupes,

ya verás como tira para adelante y mejora.

-Sí.

¿Qué haces aquí tan solito? Se me hace raro.

-Pues ya ves, tía.

Problemas en el paraíso.

No tan "heavy" como los tuyos, pero rallado con una historia.

-¿Qué historia?

-Una tía que acabo de conocer.

-Ah, ¿sí? -Sí.

-¿En el Mercado? -Aquí mismo.

En la terraza.

-No sé, ¿cómo es? ¿Por qué estás rallado?

-Se llama Lucía.

Es así como de nuestra edad, más o menos.

-¿Eso es todo? -Sí.

Bueno, a ver, es guapa, simpática.

¿Qué más quieres que te diga?

-Hijo, no sé, pues cuéntame un poco de ella, ¿no?

-Pues es morena, bajita.

-¿Ropa?

-Claro, no va a estar en bolas.

(AMBOS RÍEN) -Qué idiota eres.

¿Qué rollo lleva?

-Pues normal, bien vestida.

Era guapa la tía, ¿eh?

-Guau, eres un genio describiendo a la gente, ¿eh, tío?

Sí, sí, tengo una imagen muy clara de la chica.

-A ver, hablé con ella dos minutos, no sé qué más quieres que te diga.

-Bueno, a ver si va todo bien y me la presentas, ¿no?

-No creo.

-¿Por?

-Pues porque no sé nada de ella.

Sé su nombre, que trabaja por la zona y, ah, bueno, que tiene un portátil.

-Ah, bueno, si tiene un portátil, seguro que la encontramos.

-Eso, eso, tú anímame ahí a tope,

como hacen las amigas. -Tío.

Es que vaya mierda de información.

No sé, ¿no sabes nada más?

-No. -No sé, algo más.

Para encontrarla en las redes.

-Ah, bueno, sí.

Sé que veraneaba en Altea.

Lo sé porque llevaba una pegatina en el portátil.

-La chica de Altea. -Sí.

-Bueno, algo es algo.

A lo mejor le has gustado y te busca ella.

-Qué va, tía.

Si no le he contado que trabajo en el Mercado.

Me daba como... como corte, no sé.

-No sé por qué, trabajar aquí es muy decente.

-Sí, claro, no digo que no, pero...

Nada, déjalo.

-Tampoco le habrás pedido el móvil, ¿no?

-Sí, pero...

Déjalo, Noa, en serio, que soy un pringado.

-Con las tías, un poquito, sí.

-Ya ves, sí.

Siempre me pasa lo mismo:

cuando me mola una tía, me bloqueo y no sé cómo resolver.

Se me escapan las mejores, sí, señor.

Voy a acabar más solo que la una.

-Que no. -Sí. (RÍE)

-Venga, que seguro que la vuelves a ver.

La vida no puede ser tan cruel contigo.

-Oye.

¿Tú te estás riendo de mí? -¿Yo?

-Sí, tú. -No.

-¿No?

-Bueno, sí, un poquito. (AMBOS RÍEN)

-Si que es soy un "looser", tía.

-Mmm.

¿Tienes cinco minutos?

Si te digo que no, te vas a enfadar, ¿verdad?

(CHASQUEA LA LENGUA) Venga, cinco minutos.

Todos, íntegros, para ti.

Tu divorcio nos va a traer problemas, muchos problemas.

"Nos". Cuando dices "nos", te refieres a ti y a mí, ¿no?

¿Qué me he perdido?

¿Qué le contaste a Adela de la nave de Guadalajara?

Eso fue hace muchos años, papá, no sé.

Supongo que le contaría lo mínimo.

Que compramos y perdimos vendiendo.

Lo que acordamos, ¿no?

¿Y qué sabe ella de Recarte?

Pues lo que yo le contara, no puede saber mucho más.

¿Qué pasa? ¿Me lo vas a contar?

Hoy ha estado en el puesto

y me ha acribillado a preguntas sobre la dichosa nave.

Está muy interesada, mucho.

¿Por qué? No lo sé.

Creía que me lo ibas a aclarar tú.

Adela conoce la versión oficial, que perdimos dinero, punto.

Punto y seguido, porque no se cree la versión oficial.

Yo entiendo que ahora, con todo esto del divorcio,

Adela esté revisando las operaciones

que hemos hecho con la empresa,

pero con las que ganamos dinero, no con las que perdimos.

No sé por qué se acuerda ahora de Guadalajara.

Tu problema es que siempre has subestimado a tu mujer.

Y Adela es mucho más inteligente de lo que te crees.

Si pregunta por la nave es porque sabe algo.

No sabe nada, fuimos muy discretos con esto.

No sabe nada. Está husmeando.

Si busca, lo encontrará. ¿Qué va a encontrar?

Que ganamos más dinero del que le dijimos.

Eso es fácilmente justificable.

El dinero no me importa, Elías.

Eso es lo de menos.

Lo malo es si descubre lo demás.

Que no hay nada más por descubrir, que no sabe nada.

Ya me encargo yo de esto, confía en mí.

Tú sigue menospreciando a Adela y tendremos problemas.

Íngrid Balsera, ¿verdad? Eh... Sí.

Elías de la Cruz, presidente de la asociación de comerciantes.

Bienvenida. Gracias. Encantada.

Nos va a venir muy bien un negocio como el tuyo.

Un negocio así atrae clientes "gourmet".

Ese tipo de público es necesario para renovar el Mercado.

¿Qué quieres? ¿Una noche libre para irte con los amigotes?

-Pues, mira, estaba pensando en una noche libre,

pero... para pasarla contigo por ahí.

Este tío no hace nada por altrusmo.

Si ya lo ha dicho.

Que la apertura de mi restaurante

puede ser buena para todos porque traerá nuevos clientes.

Si Elías te hace un favor,

luego querrá cobrárselo. ¿A mí?

Sí. ¿Y cómo?

(NOA) ¿Y esas gotas? ¿No se ha tomado ya el antibiótico?

-Este producto es fundamental.

Son probióticos, para proteger el estómago.

-Tu padre, ya lo ves, que está en todo.

-¿No sería mejor que te quedaras ingresada?

¿Te dijo qué se llevó?

Que no lo sé, papá, que ya te lo he dicho.

Ha estado buscando en un par de cajas.

Una, llena de trastos viejos, otra, llena de papeles.

¿De papeles?

Sí, había documentos.

Es que, verás, pensé que...

Que igual, tu problema económico venía por tu relación con...

¿Con...?

Con Adela.

¿Para qué querías verme? Que tengo prisa.

-Quería presentarte a una amiga.

Lucía, Jonathan.

-Mira qué bien, si ya nos conocemos.

-Eh... Sí, sí.

Pero podemos conocernos de nuevo.

He empezado a salir con Javier.

-Pero eso está muy bien, ¡eso es un notición!

-Ya, lo que pasa es que me lo está poniendo bastante difícil.

-¿Por qué?

-Quiere que vayamos despacio.

Te estás dejando mal asesorar y al final te vas a arrepentir.

Mira, Elías.

Has tenido muchos años para ser condescendiente conmigo.

Y esa etapa se cerró.

Yo no tengo por qué soportar más sermones,

más infidelidades ni más mentiras.

¿Y sabes por qué? Porque ya no soy nada tuyo.

Na-da.

Pero, a ver, ¿qué le pasa a Jorge?

Primero, paga a Jonathan para que salga conmigo

porque a él no le apetece.

Y ahora me envía a Íngrid para que ligue con ella.

¿Tanta pena le doy?

-Es que estás bastante solo.

Cuanto menos coincidamos, mejor.

Así que deshacemos la sociedad,

me devuelves lo que me debes y fuera.

No tengo el dinero para hacerle frente.

Pues ya me dirás qué hacemos.

Porque a mí no me apetece nada seguir viéndote.

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Mercado Central - Capítulo 91

03 feb 2020

Adela descubre que Elías y Jesús vendieron una nave industrial por una fortuna, a pesar de que a ella le contaron que había sido por mucho menos. Aconsejada por Ferrer, su abogado, Adela indaga con Jesús, y éste le miente e insiste en que la malvendieron. Jesús advierte a Elías de que Adela ha preguntado por la nave y le insta a frenarla. Si no, tendrán problemas serios.
Celia tiene que devolver el dinero de la subvención y pagar una multa a Hacienda. Intenta disolver su sociedad con Adela, pero se da cuenta de que eso también le va a costar dinero. David hace todo lo posible por ayudar a su madre.
Jorge teme que Ingrid siga interesada en él. Cuando se entera de que Paolo la encuentra atractiva, decide alentar la relación entre ellos.
Nicolás está preocupado por el mal humor de Carmen. Lo comenta con Paolo quien, sin mala intención, inocula en Nicolás el miedo a que su matrimonio esté en crisis.
Jonathan conoce a Lucía y queda prendado de ella. No sabe cómo volver a contactar con la chica.
Javier no quiere que su relación con Germán sea pública en el mercado. Germán se entera de que Javier está gestionando un permiso para Ingrid y se lo cuenta a Elías, que se compromete a frenarlo.
Nacho sigue siendo el mejor cuidador de Rosa, que tiene neumonía.

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