Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 83 - ver ahora
Transcripción completa

No vas a decir nada, ¿no?

No voy a decir nada.

Pero tampoco evitaré que tu mentira salga a la luz.

Y que sepas

que esto se acabará sabiendo.

Estabas en el bar tomando algo con Nicolás.

Y Paolo te llamó para ir al almacén. -¿Nos has visto?

-¿A qué habéis bajado, Rosa? (ROSA RÍE)

Cuando te lo cuente, te vas a reír, porque resulta que Paolo...

-Hey, Nacho, ¿qué te trae por aquí?

-Pues he venido a ver a mi mujer.

Precisamente hablábamos de ti.

-¿De mí?

Espero que bien, ¿eh? ¿Qué decíais?

-Nada, una tontería.

-Estaba a punto de contarme para qué habéis bajado al almacén.

-Tener un propósito

y hacer todo lo posible por cumplirlo.

Eso es la felicidad.

Te lo dice una que la ha buscado por medio planeta.

Bueno, eso es fácil si... si sabes cuál es tu propósito.

Estoy segura de que lo vas a descubrir.

Y, elijas lo que elijas,

yo voy a estar a tu lado.

Si tú quieres.

¿Has estado mirando mis conversaciones privadas?

-¿Privadas? Pero si llevas semanas presumiendo de eso, ¿eh?

No solo me engañas, tienes el descaro de exhibir

tu infidelidad delante de todo el Mercado.

-Pero ¿qué estás diciendo? -En la foto de la exposición.

No solo me pones los cuernos,

quieres que todos lo sepan y se rían de mí.

-No sé de lo que estás hablando, pero yo nunca haría algo así.

Vaya, qué guapa estás. ¿Adónde vais?

Vamos a un evento.

Al Hotel Golden Luxury, ¿lo conoces?

No, no tengo el gusto.

Bueno, yo no sé si voy a ir,

porque... ¿Por qué?

Porque nada.

Porque sí va a venir.

Vamos a ir los dos juntos.

Así que, cuanto antes, mejor, que tenemos un poco de prisa, ¿eh?

Ven, ven, para. -¡Déjame, déjame!

-Para, para. -¡Déjame en paz!

-Calma. -¡Déjame en paz!

-Que pares. -¡Que me dejes! ¡Que me dejes!

¡He dicho que me dejes en paz, hostia!

-Pero, tío, que soy yo.

¿Qué haces, tío?

Déjame ver el brazo, déjame ver el brazo.

Samu, déjame ver el brazo.

-¡Que me dejes en paz, Jonathan!

-La verdad es que Rosa es una mujer extraordinaria.

Y me alegro mucho de tenerla como amiga.

Y solo un enfermo podría ver algo malo en eso.

Pero ¿sabes qué?

Que ojalá Rosa te engañara.

Ojalá encontrara a otro hombre.

Porque es evidente que tú no te la mereces, la verdad.

(CARMEN) Ay, ¿te duele?

-¿A quién se le ocurre...? -Ay, Nico.

Por favor, que no es el momento ahora.

Bueno, pues menos mal,

parece que ningún corte es muy profundo.

-Menudo susto nos has dado, ¿eh? A nosotros y al pobre Jonathan.

-¿Dónde está? -Lo hemos mandado para casa porque...

Queríamos quedarnos un rato a solas contigo.

-¿Para qué?

(CARMEN) Mmm...

Esto tiene que acabar.

Si no, vas a matarte.

-Qué va, soy más de matar que de morir.

-Si es una broma, no tiene ni puñetera gracia.

Estás haciendo sufrir a tu madre.

-Tienes que dejar de castigarte, nos vas a arrastrar a todos.

-No, tiene que alejarse de una vez de esa chica.

Desde que llegó, solo ha dado problemas.

-Voy a hacer lo que me pida.

-A ver, lo que tienes que hacer es parar esta locura.

Esa chica está fatal, solo quiere vengarse de ti.

-Tiene motivos.

-No, no tiene derecho a hacerte daño.

Tú ya has pagado por lo que has hecho.

Tiene que vivir su vida y tú, la tuya.

-La que no vivieron ni Laura ni José.

-Deja de torturarte.

-Es que no puedo.

Es que quién coge un coche borracho,

sin carné,

y se lleva a sus colegas con él, ¿eh?

-Eras joven, no sabías qué hacías. -Era igual que ahora.

Pero sin dos muertes a mis espaldas. -No.

Tres.

El Samu irresponsable y pasado de vuelta

también murió en ese accidente.

Te costó mucho salir de la depresión, hombre.

Pero aprendiste de tus errores, no te mereces seguir pagando.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Hijo, si no pasas página por ti, hazlo por los que te queremos.

-No puedo pasar página.

Si me acostumbré a vivir con esto,

me acostumbraré a vivir con la culpa.

-Pero no de esa manera. -Ya podéis acostumbraros.

Como os acostumbrasteis a verme en esta silla.

-No he acabado todavía. -Pero yo sí.

-Samu, un... -Que me dejes pasar, por favor.

¡Hola! Gracias.

Hola, buenos días. ¿Qué tal, cómo ha ido?

(AMBOS) Bien.

Bien, pero con un poco de sueño, a ver si espabilo antes de entrar.

¿Has dormido mal?

Bueno, más que dormir mal, he dormido poco.

Hemos dormido poco.

O sea, ¿que... habéis?

No, no hemos vuelto.

Pero porque yo no he querido, no...

Pero nos dieron las tantas charlando y...

Y, bueno, hemos curado algunas viejas heridas.

Y recordado viejos tiempos.

Sí, también, y se agradece.

Más lo agradezco yo, que pagaste los "gin-tonics".

¡Ay! Venga, nos vemos dentro.

¿Qué quieres?

Hoy no me pillarás por sorpresa.

-Vengo en son de paz, he venido a disculparme.

-Eso no se arregla con ninguna disculpa.

-No sé, se me cruzaron los cables.

-Pero ¿tú qué te crees? ¿El matón del barrio?

No se puede ir así por la vida.

-Lo sé y lo siento.

No es que quiera justificarme, no tengo excusa.

Pero lo que me dijiste me sacó de quicio.

-No, no, no.

Yo no te dije nada que tú no supieras ya.

Tú eres un celoso de mierda.

Y tienes una mujer maravillosa que no te mereces, punto.

-Eso también lo sé.

No puedo ser más imbécil.

Pero estaba preocupado por ti, si estarías bien o no.

-¿Bien?

Mira cómo me has dejado el ojo.

¿Te parece bien?

Pues anda por donde has venido.

Lo tuyo es de traca, ¿eh?

¿Qué pasa?

¿Tanto te molesta que Adela y yo nos llevemos bien?

Ah, no, no.

Tú esperabas otra cosa, ¿verdad? No me espero nada bueno de ti.

Por eso no me avisaste de la sorpresa que Adela me tenía.

Un golpe muy bajo, hermana.

Ahora entiendo por qué tenías tú tan claro

que Adela acabaría enterándose de todo.

Tú me dijiste que no me metiera en tus asuntos

y eso es lo que he hecho.

Ocúpate de tu novio.

Deja de meterte en la pareja de los demás.

A ver si el delicadito este te dura un poco más que los otros.

Mi novio y yo trabajamos la sinceridad,

uno de los grandes pilares entre la gente que se ama.

Pero, claro, eso, tú, vamos, ni te acercas.

Mmm.

Muy bonito.

"Los pilares".

"La sinceridad".

Tonterías. Eres lo peor, tío.

Me cuesta creer que Adela se tomara algo contigo,

pero lo que más me alucina

es que seas capaz de mirarla a la cara

sabiendo que se la pegas con su mejor amiga.

Se lo vas a contar, ¿verdad?

¿Y qué quieres que haga?

¿Que le deje creer que has cambiado?

¿Que le sonría cuando venga con Celia a tomarse un café?

(SUSPIRA)

Muy bien.

Solo te pido que me dejes que sea yo el que se lo diga.

Me lo debes.

Busca el momento.

Y búscalo ya.

Antes de que me arrepienta.

Paolo.

Paolo.

-A ver, Nacho, ¿qué quieres? ¿Que encima te invite a desayunar?

-Estoy pasando una mala racha. -¿Quieres que te cuente la mía?

-Ya te he dicho que no tengo excusa, ¿vale?

Pero he empezado un nuevo trabajo. -¿Y?

-Estoy pasando una temporada con mucho estrés.

Puede que lo esté acusando.

-No, no, Nacho, no te confundas, ¿eh?

Porque anoche tú no estabas estresado.

Anoche estabas completamente loco.

-No es verdad.

Además, está lo de Rosa.

Últimamente, nos vemos muy poco y siento que la estoy descuidando.

Y puede que eso me haga ver fantasmas donde no los hay.

-¿Y entonces qué? Sospechas de mí, ¿no?

Otra vez.

Ya lo hiciste una vez.

Te equivocaste, vale, pero, ahora, ¿a qué viene esto?

-¿Por qué crees que me siento tan ridículo? He tocado fondo.

Lo siento. -A ver si lo entiendes de una vez.

Entre Rosa y yo no hay nada.

Solo somos amigos.

Y compañeros de trabajo, nada más.

Y si tú crees que tu mujer te engaña con otros hombres,

es que no la conoces.

-Paolo, entiéndeme.

Mire por donde mire, solo veo infidelidades,

parejas de toda la vida que se rompen.

Mis cuñados, sin ir más lejos, o lo tuyo con Cristina.

-Eso no tiene nada que ver, ¿mmm?

Además, no sé por qué, pero Rosa te tiene en un pedestal.

-Lo sé, y yo a ella.

Pero no sé si me perdonará lo que he hecho.

-Normal.

-Mira, Paolo, no sé si tengo derecho a pedirte esto, pero...

No le cuentes nada de lo que ha ocurrido, por favor.

-¿Y qué quieres que le diga? Que me he dado con la puerta, ¿no?

-No, mira, hazlo por ella.

Si se entera de que te he pegado, no me lo perdonará en la vida.

Es capaz de cualquier cosa. -Ah.

Deja de contarme historias, por favor.

Tú lo que quieres es que Rosa no se entere de nada

para no tener problemas y para volver a las andadas.

-No, te juro que no.

En estos momentos, mi matrimonio depende de ti.

Tú mejor que nadie sabes

cuánto sufrimiento supone una separación.

Ayúdame, por favor.

Por favor.

Si estás buscando a Celia, no ha llegado.

No, te estaba buscando a ti.

Ah, pues mira qué bien, ya me has encontrado.

¿Qué quieres?

Bueno, preguntarte cómo te van las cosas con mi hermana.

¿Ahora te has metido a asesor sentimental?

No, hombre, no.

Es que hablé con ella

y me dijo que estaban las cosas de aquella manera.

Jorge.

¿Qué te pasa, hombre?

¿No habremos entrado en la crisis de los 40?

Porque vas un poquito tarde.

¿Crees que esto es asunto tuyo?

Lo que le pase a mi hermana es asunto mío.

Mucho ojo con hacerle daño, no te lo voy a permitir.

Ni yo.

Por eso siempre intento que esté lo más alejada de ti posible.

Ay.

¿Empezamos de cero?

Perdóname.

No quería que mi preocupación sonara a amenaza.

Y ha sonado, no era mi intención.

Yo simplemente te digo

que habló conmigo y estaba preocupada.

Por mucho que le pregunto,

no consigo que me cuente cómo te sientes, qué te pasa.

¿Ves como no era tan difícil?

¿Qué te pasa, Jorge?

Mi hijo tiene un pequeño problema de salud

y le estoy ayudando con el restaurante.

Bueno, pero eso es normal, es normal.

Espero que no sea nada grave.

No, no lo es, gracias.

¿Algo más?

Pues sí.

¿Seguro que es eso?

¿Tú no echas de menos tu restaurante?

¿Has hablado con Lorena?

Es que no hace falta, hombre.

No hay más que verte.

Pasar de ser un cocinero con estrellas a tendero.

Tú aquí te aburres, ¿no?

Yo elegí estar aquí.

Venga, hombre.

Un tipo famoso como tú, pasar a trabajar aquí de tendero.

Tú aquí te aburres.

Igual que le pasa a mi hermana, se aburre de las cosas en dos días.

Yo es que no lo veo así. Pues yo, sí.

Yo sí lo veo así.

Conoceré yo a mi hermana. ¿Tú sabes lo que a ella le gustaría?

Ir a trabajar a un restaurante de esos de glamur, como los tuyos.

Ese plan sí le pondría a mi hermana. Ya.

Pues el otro día me dijo que, después de mucho buscar,

había encontrado su lugar en el mundo aquí, en el Mercado.

Parece que quieres perdernos de vista.

¿Por qué?

A ver dónde iba a encontrar yo el champán tan cojonudo que vendes.

Ya.

Tu interés por que yo vuelva al restaurante

es solo por Lorena.

Pues yo la veo muy feliz aquí.

Eso es porque no la conoces.

Lorena hoy te dice "blanco"

y en media hora te está diciendo "negro".

¿Tú crees?

Lo creo, no, lo sé perfectamente, ya la irás conociendo.

Mi hermana, aparentemente, es una chica muy segura de sí misma,

muy echada para adelante.

Cuando se le crucen los cables,

que se le cruzarán, y quiera cambiar de aires,

yo que tú tenía la maleta preparada, no es de las que esperan.

Ah.

¿Y qué propones? Pues no sé.

Un plan alternativo, no sé.

Otro sitio donde ir

antes de que te arrastre a quién sabe dónde.

Yo creo que se siente como en casa en el Mercado.

Y, fíjate, después de mucho tiempo, creo que es feliz aquí.

Aunque te cueste entenderlo.

Si no es que me cueste o me deje de costar,

te lo digo yo que la conozco.

Yo que tú preparaba una vía alternativa, no sé.

Montar un negocio los dos, juntos, desde cero, los dos solos.

Si os hace falta ayuda, me la pedís, yo encantado, somos media familia.

Familia, ¿eh?

No creo que sea el momento de montar nada.

Y, fíjate, creo que Lorena piensa igual que yo.

¿Tú estás seguro? Sí.

Vas a poder comprarme ese champán durante mucho tiempo.

Bueno, hombre.

Me alegro de que tengáis las cosas tan claras.

Y yo.

Tengo trabajo.

Chao, Elías. Chao.

(CARMEN) Nada, no. -¿Qué?

¿Cómo está Samu?

-Parece que ya está más tranquilo.

-Menos mal, ¿no?

-Gracias por avisarnos.

Esa chica no está bien.

-No, no lo está.

Primero, que no nos va a denunciar.

Y ahora va a saco a por Samu, y por un álbum de fotos.

-A saber ahora quién tiene ese álbum. -Eso digo yo.

Le he preguntado a Javier si sabía quién se lo había llevado.

-¿Y qué? ¿Eh? Va, va, tanto misterio.

-Tú estuviste en su despacho mirando el álbum, ¿no?

-Perdona, ¿a qué viene eso? ¿Sospechas de mí?

-Sé que estás muy preocupado por Samuel,

pero nos conocemos, Nicolás.

Y, si lo tienes tú, que aparezca cuando antes.

-No tengo ni puñetera idea de dónde está ese álbum.

Ya se lo dije a Samu.

-Si apareciese, sería lo mejor para todos.

-Y dale.

Si yo lo hubiera cogido, ya lo habría devuelto.

Y más después de lo de anoche.

-¿Dónde vas? -A trabajar, que tengo mucho lío.

-Pero... -Mucho lío.

-Anda, que dudar de Nicolás. Ya os vale, a ti y al gerente.

-¿Qué quieres? ¿Eh?

Si en el despacho solo entran Javier y Samu.

-¿Y quién más tiene la llave? -Pues no lo sé.

Aparte de llave,

hace falta mala leche para llevarse un álbum de otro.

-Que ni te va ni te viene.

Para la única persona que tiene valor es para Carla.

-Lo que te decía.

Mucha mala leche. -Ajá.

(JAVIER) "Javier Quílez".

Gerente del Mercado Central, eso es.

Llevo dos días intentando hablar con el concejal.

Ya, pero el señor Arrabal quedó en pasarse para ver una exposición.

Si yo lo entiendo.

(Puerta)

Hagamos una cosa, por favor.

Pásele mi mensaje cuando salga de esa reunión.

A ver si es verdad.

Gracias. Adiós, adiós.

-¿Podemos hablar un momento? -Claro, dime.

-Es sobre Carla. ¿Se sabe ya cuándo se va a ir?

-No se va a ir.

-¿Cómo?

-Ha cambiado de opinión.

Me pidió que frenase lo del traslado, quiere seguir aquí.

-Pero eso no puede ser, va a acabar con mi hijo.

-Lo siento mucho.

He hablado con ella, pero se cierra en banda.

(NICOLÁS RESOPLA)

Tanto esfuerzo en protegerle y, al final, mi hijo sigue sufriendo.

-Samuel es fuerte, ya verás como lo supera.

-Esto está siendo ya demasiado para él.

Está completamente destrozado, hombre.

-Tienes que darle tiempo.

Verás como las cosas se van poniendo en su lugar.

-Y si no se ponen, ¿qué?

Le costó lo que no está escrito salir de la depresión.

Se pasó años deprimido, años.

Yo no me quedaré de brazos cruzados

viendo cómo mi hijo se echa a perder para toda la vida, no.

-Yo no digo que no estéis por él.

Sois su familia y vais a estar ahí, apoyándole, siempre.

-Sí, pero no vale con eso.

Hoy llamaré a la empresa de limpieza para que se la lleven de aquí.

Me da igual si tengo que echar pestes.

Pero no la quiero ver en el Mercado.

-No hagas eso, no es una buena idea, créeme.

-Que tengo que alejarla de mi hijo.

Esa loca se lo lleva por delante. -Carla no está loca.

Está cegada por el dolor.

Y te digo una cosa:

si sabe que te la quieres quitar de encima,

se va a sentir atacada y va a ser peor.

Y, ojito, que todavía puede denunciar.

-¿Y entonces qué hago, hombre, qué?

-Pues lo que estáis haciendo.

Seguir apoyando a Samuel hasta que pase la tormenta.

(Puerta)

(NACHO) Hola, cariño.

-¿Qué haces aquí tan temprano?

-Necesitaba hablar contigo.

-Ah, ¿sí?

Ayer por la noche me dejaste con la palabra en la boca.

Esta mañana te has ido sin decir nada.

-Lo sé, lo siento, he tenido un desayuno de trabajo.

Mi jefe quería que le pusiera al día sobre un proyecto nuevo.

En cuanto he terminado, he venido para verte.

-Pues aquí estoy.

-No me gustó nada cómo acabaron las cosas entre nosotros.

-¿Y te crees que a mí sí?

-Por eso he vuelto, para arreglarlo.

No soporto estar ni medio día mal contigo.

-Ya.

-Siéntate, vamos a hablar.

Por favor.

Rosa, reaccioné mal, muy mal, fatal, me porté como un energúmeno.

Pero reconoce que me diste algún motivo.

¿O la relación que tienes con Paolo es normal?

-¿Otra vez eso? Por favor, Nacho.

¿Cuántas veces tengo que decirte que entre Paolo y yo no hay nada?

-No soy imbécil, Rosa.

Me he parado mil veces a ver la foto que os hizo Noa.

Y esa mirada...

La forma en que le miras.

Es una mirada de amor, no lo niegues.

-Pero ¿qué estás diciendo?

No recuerdo cuándo ni dónde la hizo. -Mejor me lo pones.

Ni siquiera estabas fingiendo. (ROSA SUSPIRA)

Por favor, de verdad, no te obsesiones con esa foto.

Vamos a ver, yo no tengo nada que ocultar.

Nada.

-Vale.

De acuerdo.

Pero antes solo tenías ojos para mí.

Solo para mí.

Pero eso ya se acabó.

¿O no?

(Llaman a la puerta)

Buenas.

Hombre, dichosos los ojos.

¿Tú también me vas a dar caña?

Anda, siéntate y cuéntamelo todo.

¿Qué pasa?

(RESOPLA) Nada, mucho curro.

Supongo que como Nicolás:

me he cruzado con él y no me ha hablado.

No se lo tengas en cuenta, no está en sus mejores días.

¿Qué le pasa? Nada, cosas suyas.

¿Y a ti?

No pareces la alegría de la huerta.

(SUSPIRA) Es por la exposición.

Bueno, y el Mercado, en general.

Ya, no ha cuajado, ¿no?

Algunos turistas han venido. Salvo eso, cuatro gatos.

Se supone que iba a ser grande.

Iban a venir los medios e iba a visibilizar el Mercado,

pero es un fracaso.

La gente del Mercado está encantada. Ya.

A quien hay que atraer es a la gente que nunca lo ha pisado.

Como el concejal, ese malqueda.

Lo he llamado mil veces

y no se digna a contestarme ninguna llamada.

Ya. Bueno, con los políticos,

ya se sabe, no puedes contar con ellos.

Pero también les necesitas.

Si viene él, vienen las cámaras, y los artículos,

la prensa, publicidad... Ya.

El famoso minuto de gloria que todo el mundo persigue.

En nuestro caso, vamos a necesitar

un documental de dos horas para salvarnos.

Te juro... que nunca he tenido intención de ponerte celoso.

Nunca.

-No pasa nada.

Reconoces que tenía motivos para estarlo.

(Móvil)

¿No? (ROSA SUSPIRA)

(Móvil)

Lo siento, es Paolo.

-¿No le puedes llamar después? -No, no.

Igual es importante.

¿Sí? Dime.

Sí, sí, cuéntame.

¿Cómo?

Pero ¿qué es lo que ha pasado?

Eh... Pero ¿estás bien, Paolo?

¿Qué te parece si voy ahora

y me lo cuentas todo en la pizzería?

Está bien, hasta luego.

¿Se puede ser más salvaje?

-Rosa, yo... -Atracaron anoche en la pizzería

estando él dentro. -¿Qué?

-Entró un chico con un casco de moto

y le amenazó con una navaja o algo así.

-Ah.

Pero ¿está bien, le ha pasado algo? -Sí.

No sé, creo que le ha pegado un cabezazo con el casco.

Dios mío, menos mal que no le ha dado un navajazo.

-Menudo susto, ¿no? -Sí.

Si no te importa, me voy a ir para allá.

No se encuentra bien, me ha pedido... -Claro.

Pobre Paolo.

No había tenido ya bastantes desgracias.

-Pues sí, la verdad.

Siento mucho no haberte ayudado con lo de la exposición.

No he hecho más que quejarme, criticar y no aportar soluciones.

Lo siento. Tampoco creo que haya soluciones.

Queremos que nos conozca el mundo.

Y somos insignificantes, a nadie le importamos.

Bueno, no seas tan derrotista, Javi.

Seguro que le damos la vuelta a la tortilla.

Yo de eso sé un rato. No va a servir de nada.

A nadie le importa si desaparece el Mercado.

Últimamente, tampoco parece que te importe mucho.

Ya, ya, lo sé, a ver...

He tenido un momento de crisis.

Incluso pensé en dejar el Mercado, pero ya está, ya pasó, me quedo.

Mejor.

Ahora hay que preocuparse de si te puedes quedar o no,

porque, conociendo a Hortuño, no parará hasta que esto desaparezca.

Menudo bicho.

Ahora lo importante es traer aquí a ese maldito concejal.

Que se pasee con una copita de vino y cuatro cámaras detrás.

Ya me dirás cómo lo conseguimos.

Pues igual de eso me encargo yo.

¿En serio?

Sí. Si lo consigues,

te prometo que te compro

todas las latas de anchoas que tengas en la tienda.

Ve haciendo hueco en la despensa, porque tengo un montón, chaval.

(Puerta)

¿Qué haces aquí, mamá? ¿Hoy no trabajas hasta tarde?

-Bueno, es que Paolo ha tenido... un problema.

Me ha pedido que venga. -Sí.

Pobrecito, le acabo de ver, cómo tiene el ojo.

-No hay derecho, de verdad.

-Oye, mamá, ¿estás bien? No tienes muy buena cara.

-Paolo me tiene un poco preocupada, ¿sabes?

Mira que enfrentarse a su atracador, le podía haber pegado un navajazo.

-Ya, la verdad es que se la jugó bastante.

Pero mira el lado positivo,

ese chorizo no pisará más la pizzería.

-Pues sí, la verdad.

Miedo me da pasearme por aquí y saber que... No sé.

-No, tranquila.

Y tú nunca está sola, siempre está Paolo.

Luego, te veo, anda.

-Oye, cariño, eh... Una cosa. -Dime.

-¿Tú te acuerdas de la foto de la exposición,

esa en la que salgo yo?

-Sí. Muy guapa, por cierto.

-¿Y recuerdas que hay un hombre? No se le ve la cara.

Es... No me acuerdo muy bien

en qué momento me hiciste esa foto, ¿sabes?

-No lo sé, mamá, la hice hace un huevo.

-¿Te suena si es Paolo?

-Pues... no me acuerdo muy bien, pero ¿por qué quieres saberlo?

-No, por nada, simple curiosidad.

Se te han pegado las sábanas. ¡Ay!

Sí. Por eso estoy aquí, abriendo como una loca.

Ya, es la tercera vez que vengo a verte.

Se te ve animada, ¿qué tal ayer?

Estoy loca por contarte.

¿Sí? Sí.

Deja esto, mujer. Sí, perdona. Lo siento.

No te imaginas qué noche hemos pasado.

¿En serio? ¿Tan bien ha ido?

¿Habéis dormido en la misma habitación?

Perdona, soy muy indiscreta.

No, no, no es eso, es...

A ver, no nos hemos reconciliado ni nada de eso.

Pero estuvimos hablando casi toda la noche.

Y luego yo me fui a mi habitación.

¿Solo hablando?

Solo hablando.

Pero se nos hizo casi de día.

¿Y sabes qué?

Creo que hemos vuelto a conectar.

Es como si el Elías que yo conocía hubiera vuelto.

Esa es una muy buena noticia, Adela.

Sí.

No es fácil, ¿eh?, después del daño que me ha hecho.

Pero creo que estamos en el buen camino.

Me alegro.

Y, después de esta noche, empiezo a tener esperanzas.

¿Y te ha hablado de que las cosas van a ser diferentes o...?

Ese es el gran cambio.

Te prometo que no iba con muchas expectativas

al evento de ese hotel.

Simplemente quería agradecerle sus atenciones conmigo.

Sí.

Pero anoche, por primera vez, no me habló del futuro

ni empezó con la retahíla esa con que siempre empieza

de "voy a hacer esto por ti", "haré lo otro", no.

¿Seguro que solo es simple curiosidad?

-Sí, me lo ha preguntado mucha gente y no sé qué responderles.

-¿Quién?

¿Paolo te lo ha preguntado? -No.

Paolo, no. -¿Entonces?

-Ay, que nada, cariño, es una tontería.

-A ver, mamá, ¿qué pasa?

(ROSA SUSPIRA)

Pues es tu padre.

Que está muy preocupado porque...

Cree que estoy sonriéndole a otro.

-¿Qué?

-Y cree que ese otro es Paolo.

-Madre mía.

¿Y qué pasa si es Paolo? ¿Ahora no puedes sonreír a nadie?

-Ya sabes que tiene estas cosas. -Ay, mira.

Está mal de la cabeza.

Por favor. -No hables así de tu padre.

Lo que ocurre es que está pasando por una mala racha

y está más susceptible, más sensible de lo normal, ya está.

-Claro, venga, encima tú defiéndelo, como siempre.

Una cosa es que estés más susceptible, más sensible,

y otra que seas un celoso posesivo.

-Ponte en su lugar.

Él nunca me ha visto sonreír así a otro hombre.

-Pero, mamá, ¿tú te estás escuchando? Que es una foto.

-Sí, pero ¿en esa foto quién está? Yo, ¿no?

Y probablemente el otro sea Paolo.

Pues es normal que tenga dudas.

-Pues no, no, muy normal no es, la verdad.

Por lo menos, en una relación sana.

Y estoy flipando con que tú lo veas igual que papá, mamá, por favor.

-Es que...

Hay algo más.

-¿Algo más?

-Paolo me besó.

-¿Qué? -Tu padre no lo sabe.

Y no lo va a saber, ¿estamos? ¿Eh?

No significó nada para él y para mí tampoco.

Lo que pasa es que, bueno, Paolo estaba enfadado con Cristina

y...

A ver, yo creo que confundió una buena amistad

con otra cosa, ya está.

Es eso.

-Vaya tela, mamá.

-No pasó nada.

Y todo esto está olvidado, cariño.

Te lo explico porque quiero que sepas

que... en la vida no hay blancos y negros, ¿sabes?

También hay muchos grises.

Y a lo mejor los celos de tu padre no son tan patológicos como tú crees.

-A ver, tranquila, que... A ver. ¿No has dicho que papá no sabe nada?

-Ya, pero una imagen vale más que mil palabras,

y tú lo sabes, ¿no?

-Pero, vamos a ver, mamá,

que, si papá no sabe nada, no puede echarte nada en cara.

(ROSA SUSPIRA)

No sé, igual tienes razón, cariño.

Ya está, no pasa nada.

Igual todo esto es una tontería mía.

Me voy a trabajar, ¿vale? Perdóname, cielo.

Paolo...

Ay, por el amor de Dios...

Pero qué salvajes. -No, que no es nada, Rosa.

Lo único es que, con todo el jaleo, no he descansado bien.

-No me extraña, menudo susto. -Ya.

Pero no es nada, de verdad.

Te he llamado antes porque... no me siento muy bien.

Y no estoy seguro de poder hacerlo todo solo.

-Claro, no te preocupes.

¿Por qué no hacemos una cosa?

Hablamos con Andrea.

Para que me ayude. -No.

-Sí, y tú te vas a casa, a descansar. -Que no.

Que estoy bien.

Además, Andrea está muy liado

con todo el tema de los preparativos del viaje

y no quiero molestarlo.

-Mira que eres cabezota, ¿eh?

-Cabezota, no, napolitano, soy.

-Buenos días. -Buenos días.

-Buenos días. -¿Qué pasa, Paolo?

Ya me he enterado de que tuviste una visita.

-Ya.

Solo era un mangante de estos que no saben dónde caerse muertos.

-¿Has ido al médico?

-No, no hace falta, Nicolás.

Me duele un poco la cabeza por el golpe,

pero eso ya me pasa muy a menudo,

cada vez que recibo una factura.

-¿Cuántos eran?

-Uno, solo uno.

Y, además, se fue igual que vino, porque no le di ni un euro.

-Mira que enfrentarse a él... -No, si estaba más espantado que yo.

-No te preocupes,

le voy a echar un vistazo a las cámaras de fuera.

Si se le ve la cara, la policía lo ficha.

-No, no, no, Nicolás.

Déjate de cámaras, por favor.

-Pero, hombre, ¿a ti qué más te da?

Te sirve para la denuncia.

-¿Qué denuncia?

¿Cómo voy a denunciar si no se llevaron nada?

Además, el tío llevaba un casco de moto,

no pude ver nada.

-A lo mejor en la grabación se ve cómo se lo está poniendo.

Yo lo voy a mirar. -Nicolás.

No pierdas el tiempo, de verdad, déjalo.

Anoche, lo único que hizo fue escucharme

y abrirme su corazón,

como hacía mucho que no lo hacía.

Pues espero que todo se arregle, Adela, porque te lo mereces.

Eso espero.

Conozco a mi marido y sé que estaba siendo sincero.

¿Y qué vas a hacer con el proceso de divorcio?

Sé que te lo tenía que haber dicho antes,

pero, después de escucharme malmeter tanto contra Elías,

pues me daba vergüenza confesarlo.

Es que... ¿De qué me estás hablando?

Es que no seguí adelante con el divorcio.

Pero, a ver, ¿cómo no me has dicho nada?

Ya, no sé, perdóname,

es que no quería parecer débil delante de ti.

No te tienes que esconder de nadie, y muchísimo menos de mí.

Ya, lo sé, no tengo excusa.

Lo único bueno de no haber seguido adelante

con el trámite del divorcio

es que creo que el tiempo me va a dar la razón.

Claro que sí.

Me alegro mucho, de verdad.

¡Gracias!

Bueno, te dejo. Sí.

Voy para allá. Vale.

Vamos a ver, Paolo, ahora mismo solo te has llevado un golpe,

que, aunque tú no le des importancia, es bastante grave, ¿eh?

¿Y quién te dice que esta noche no se presenta con un amigo?

-Que no, que no, que no van a volver.

Esa gente, si no puede robar aquí, se va a otro sitio.

Al final, son unos cobardes.

-Bueno, pero es que mañana le puede tocar a otro.

A Carmen, a Adela, a cualquiera. -Nicolás.

Hazme el favor de dejar las cosas como están.

¿Eh? Olvídate del tema.

Y déjanos trabajar, que tenemos mucho lío.

-Bueno, ya está, tú verás lo que haces.

-Eso es, yo veo lo que hago.

Y lo que hago es que voy a encender el horno.

-Rosa. -¿Qué?

-¿Y a este qué mosca le ha picado?

-Pues no tengo ni idea.

A lo mejor es que no ha dormido bien.

-(RESOPLA) Pues a ver si se echa una siesta.

Y ahora me voy, que el que tiene lío soy yo.

Si yo te contara... -Gracias.

-Venga, hasta luego. -Chao.

Anoche te cubriste de gloria.

-Solo estábamos jugando.

Era un juego. -¿Perdona?

Yo diría que la única que jugaba eras tú, pero con Samuel.

Lo llevaste al límite con tus preguntas.

-Nadie le obligó a jugar.

-¿Hasta cuándo seguirás con este rollito?

-¿Qué rollito?

-Este rollito, tía.

La culpa le está matando.

Y tú no paras de echarle leña al fuego.

-Lo que él hizo me está matando a mí. -Ya.

Y por eso te estás vengando, ¿no?

-Mira, tío, sinceramente,

si sufre un poquito tampoco pasa nada, ¿vale?

Así se hace una idea de lo que es vivir como yo cada día.

-Carla, tía, ¿no te das cuenta de que se te está yendo la pinza?

¿No ves que Samuel está destrozado?

-No entiendo por qué.

Porque se acaba de librar de una denuncia por homicidio.

Al menos, podría darme las gracias.

-Las gracias.

Dime una cosa.

¿Fuiste tú la que se llevó el álbum de fotos?

-¿Qué? Pero ¿qué dices, tío?

Pero ¿estás... estás loco o qué?

¿Por qué tendría que robar mi álbum? -Pues para ir a por Samuel.

Tú dijiste que querías verle sufrir.

Enhorabuena, lo estás consiguiendo.

-Quien ha sufrido más con todo esto he sido yo, ¿vale?

Si quieres volver a acusarme sin pruebas,

te lo piensas dos veces.

-¿Sabes qué pasa?

Por más que le doy vueltas a esta movida,

siempre llego a una conclusión:

ese álbum de fotos solo tenía valor para ti.

No tiene sentido que nadie se lo haya llevado.

Y la única que puede moverse por todo el Mercado

sin levantar sospechas, incluido el despacho, eres tú.

-No me esperaba esto de ti. -Ah, no, por ahí, conmigo, no.

No te me pongas digna, no he dicho ninguna mentira.

(CARLA RESOPLA)

(SUSPIRA)

Tu café.

Fotos del Mercado...

Carpeta 28.

(SUSPIRA)

Qué fuerte...

¿Dónde estabas? ¿Y tú? Llevo un rato esperándote.

Bueno, lo primero, perdona.

Por lo de ayer, no tenía ni idea... Déjalo, por favor.

Estoy cansada, no quiero escuchar rollos.

Tienes mala cara, ¿qué ha pasado?

Nada, que yo ayer también salí.

¿Mmm?

¿Adónde?

Por ahí, a cenar.

Ah. ¿Tú sola?

No, con una amiga.

Esperé a que David se durmiera y fuimos por ahí, noche de chicas.

¿Chicas? ¿Chicas sin chico?

Fue una noche entretenida, sí.

¿Tanto como para invitar a uno de esos chicos

a ver una película de Hugh Grant a tu casa?

Dios mío, Elías, ya está bien, ¿vale?

No tienes derecho a reprocharme nada y yo no lo tengo a reprochártelo.

Efectivamente, ningún derecho a reprochar nada.

No entiendo por qué estás así. Ah, no, sí.

Tú estás así porque yo ayer me fui con Adela.

Pero yo no tenía ni idea de que se iba a presentar.

Y me fui con ella

para seguirle el juego

y que no se enterara. Ah.

Un juego que duró hasta esta mañana.

Yo no sé qué te han contado.

Pero te puedo asegurar que yo ayer con Adela no me acosté.

Eso también lo sé.

Entre otras cosas, porque con ella no se te levanta.

Vete bajando al almacén, que yo voy ahora.

¿Qué? ¿A que se descansa mejor en mi casa

que escapándonos de madrugada como dos pipiolos?

-Sí, pero dormiría mejor

si no me echaras a mi lado de la cama.

-Mujer, si me abrazas de una manera que no me dejas ni respirar.

-Bueno, te perdono porque eres tú.

Y entiendo que te has acostumbrado a tener tu espacio por la noche.

Pero yo también necesito el mío.

-Pues no se nota, porque me agarras como un koala.

-Anda, anda, anda.

Que no hablo de la cama,

que hablo de los armarios, que no me cabe nada.

-No me fastidies, ¿eh? -¿Qué pasa?

-Que me has dejado dos cajones

y un trocito de armario en el que caben dos camisas mal.

-Qué exagerado.

Y, por cierto, de las dos camisas, te sobran las dos,

porque son más feas que la noche.

Por no hablar de los pantalones que llevas.

-¿Qué pasa? ¿Ahora te vas a meter con mi estilismo?

-Pues, hijo, la verdad es que hay veces

que da pena verte. -Bueno.

La ropa que tengo me la compré con mi difunta Consuelo.

Bueno, y, después, yo solo, claro.

-Pues se nota.

-¿No te gusta cómo visto?

-Hombre, pues, ya que sacas el tema, no mucho.

Que pareces un gigoló.

-Oh. -A ver.

Comprendo que tengas muy presente a tu Consuelo, como yo tengo

a mi marido.

Pero es que todo lo que está en la casa,

los muebles, la lámpara, el colchón,

todo me recuerda a ella.

Parece que estoy allí de pegote. -No.

Que tú no eres un pegote.

Contigo ha vuelto la luz a esa casa.

-Pues que se note, ¿eh?

Porque, si queremos construir algo juntos,

hay que darle un buen meneo a la casa,

renovarla de arriba abajo.

-No, no, si tienes razón, ¿eh?

Pero no nos volvamos locos, ¿de acuerdo? Poco a poco.

-Bueno, sin prisa, pero sin pausa, que tenemos una edad.

-Oye, ¿qué te parece si el despacho

que hay al lado del dormitorio lo hacemos tu vestidor?

Yo casi no lo uso.

-¿De verdad? Ay, me encantaría.

Pero es que no quiero robarte mucho espacio.

-No te hagas la inocente,

todo el mundo sabe que las Pacheco sois una especie invasora.

Nada más hay que abrir mi armario.

-Tu exarmario, querrás decir. (JESÚS RÍE) Anda.

No seas tonta. -Lo de tu ropa hay que hacerlo, ¿eh?

Tú y yo nos vamos a ir de compras.

Ya le preguntaré yo a Samuel por alguna tienda moderna.

-¿Cómo está el chaval?

-(CHASQUEA LA LENGUA) Pues no levanta cabeza.

-Ah.

-No lo hará mientras Carla siga por aquí.

-Si ves que puedo hacer algo... -Si no hay nada que hacer.

Yo no sé cómo ayudarle.

Pero estar contigo, mi amor, me está ayudando mucho.

Pues, si lo sabes todo, ¿por qué estás así conmigo?

Pues porque hay más maneras de traicionar a las personas, Elías.

No solo con el sexo.

Pero, claro, tú eso no lo entiendes,

lo que más te gusta es coleccionar amantes.

¿Verdad? Oye, eh.

Eso, no.

Tú disfrutas tanto como yo.

Pues claro que disfruto, pero queremos cosas distintas.

Ese es el problema.

¿Por qué no reconoces que solo te gusta que te pongo?

Que te hago sentir un hombre. ¿Por qué no lo reconoces?

Porque no es verdad. ¡Ah!

Y porque estás siendo muy injusta conmigo.

Sí, tú y yo nos entendemos en la cama como nadie.

Pero yo busco algo más que sexo.

Pues yo no lo creo, Elías, sinceramente.

Y, mira, en serio, ¿por qué no nos dejas en paz?

A Adela y a mí, a las dos.

¿Qué tiene que ver Adela ahora?

Con ella haces lo mismo que conmigo.

La persigues hasta que te perdone.

Y conmigo haces igual.

Me llamas todo el rato.

¡Solo quieres tener un teléfono al que llamar cuando te viene bien!

Un momento, no estoy entendiendo nada.

¿No era lo que tú querías?

No, lo que pasa aquí

es que no has tenido el valor suficiente para decirme

que Adela paró los trámites del divorcio,

eso es lo que pasa.

Celia, por favor, Adela me tiene loco,

cambia de opinión continuamente, por eso no te he dicho nada.

Madre mía, tienes excusa para todo, ¿te das cuenta?

Lo siento mucho, pero se acabó.

Yo ya no puedo más con esto. No.

Por favor, no.

Lo nuestro no merece terminar así.

Te necesito.

Tú lo que necesitas es un psicólogo.

Porque la terapia conmigo se ha acabado.

Se ha acabado.

Perdonad.

¿Qué os parece? ¿Así está bien?

-Ah, pues muy bonito.

Pero para mí que está torcido.

-Sí, a la derecha.

-(CHASQUEA LA LENGUA) Con el lío que yo tengo.

-Pues está torcido.

-En casa, igual, ¿eh? No cuelga un cuadro derecho.

Este no nos hace el vestidor, ¿eh?

Perdón.

A ti te estaba buscando yo.

-Pues aquí estoy, de visita.

-Hola. Valeria.

¿Tú podrías conseguirme invitaciones para el palco del Bernabéu?

-Eh, para el carro, ¿eh?

Antes de hacerme peticiones, tienes que decirme lo que te pasa.

¿Lo que me pasa a mí? Nada, ¿por?

Pues no piensa lo mismo Lorena.

Me ha dicho que estás pensando marcharte del Mercado.

Con tu puesto, haz lo que quieras, pero, con mi hija, no.

Ha sido un momento de duda, nada más.

-A este mercado se viene a trabajar.

No a dudar.

Bastante nos ha costado ponernos de acuerdo para la reforma

como para ahora echarnos para atrás como los cangrejos.

-Tú tienes que partirte la cara por el Mercado,

como hizo Paolo anoche, y dejarte de tanto palco ni palco.

¿Me dejáis hablar? Yo estoy con vosotros.

-Sí, con tu espíritu, no te digo.

Las invitaciones no son para mí,

son para el concejal de Obras del Ayuntamiento, Carlos Arrabal.

A cambio, quiero traérmelo

y que reactive la subvención para los puestos.

¿Te estás quedando conmigo? No.

Os digo que estoy a muerte con el Central.

Tú consígueme las invitaciones y yo saco petróleo con ellas.

Me gustan tus formas,

son muy De la Cruz. (VALERIA RÍE) Bueno.

Es que ya es casi uno de los vuestros.

-Bueno, cuenta con esas invitaciones, yerno.

Qué miedo me dais, de verdad.

-Ay.

¿Estás bien?

-Sí.

Tengo la cabeza como un "sona...". ¿Cómo se dice?

-¿"Sonajero"? -Eso.

Pero me siento mejor, sí.

Rosa, escucha.

Eh... ¿Me podrías cubrir un rato esta tarde?

-Sí, claro.

-Quiero ir a comprar unas cosas para la fiesta de Andrea.

-Si puedo ayudarte en algo...

-¿Más de lo que ya me estás ayudando?

-Mira... Puedes contar conmigo para lo que sea, ¿sabes?

Eh...

Nicolás... se ha quedado un poco cortado con tu reacción.

Y él solamente quería ayudarte.

-Ya lo sé.

Es que me pilló un poco... un poco cansado, la verdad.

En cuanto le vea, le pediré disculpas.

-Pues yo creo que tiene razón, deberías denunciar.

-Rosa, ¿tú también con esto? -Sí.

-Que no hace falta, no quiero líos.

Además, yo sé muy bien lo que hago.

-Ya, pero, si vas a la policía

y das la descripción de la persona que te atracó,

no sé, supongo que lo cogerán enseguida

y así podemos evitar que ese hombre vuelva a actuar

y... no sé... -Ya te lo dije.

Que no le vi, llevaba un casco puesto.

No puedo dar ninguna descripción de él.

-¿No puedes o no quieres?

¿De verdad te atracaron?

-¿A qué viene eso, Rosa?

¿Cómo quieres que me invente algo así?

-No lo sé, dímelo tú.

A lo mejor estás intentando proteger a alguien.

A alguien que conoces.

A Nacho.

¿Fue él quien te pegó?

-Rosa, por favor...

-No, por favor, tú.

¿Te pegó? Porque necesito saberlo.

-¿Tú le crees capaz de hacer algo así?

-Quiero pensar que no,

pero... ayer estaba desquiciado, ¿sabes?

Por favor.

Necesito saber la verdad.

¿Te pegó él?

¿Fue Nacho?

¡Oh, Dios!

A ver, recibí tu mensaje, ¿a qué tanta urgencia?

¿Ha pasado algo, tu madre está bien?

-Tranquilo, que mamá está bien.

Lo que quiero que veas tiene que ver mucho con ella. Ven.

-¿A qué viene tanto misterio?

Anda, es la foto de la exposición, ¿no?

-Ajá. La que se supone que ha dado tanto que hablar.

-Ah, ¿sí?

Sí, es que está muy bien, y tu madre sale muy natural.

Se nota que la conoces mucho. -Mmm, sí.

Pero las que quiero que veas son estas.

-¡Anda!

Pero si soy yo, qué sorpresa.

No recuerdo cuándo nos hiciste esta foto.

-¿No te parece que le debes una disculpa a mamá?

-¿Cómo?

-Me ha contado el numerito de celos que le montaste por la foto.

-Le ha faltado tiempo a tu madre para ir largándolo por ahí.

-Mira, mamá no tiene la culpa, ¿eh?

Le costó mucho hablar del tema.

Solo lo sabemos tú y yo.

Y menos mal.

La gente fliparía si sabe lo mal que estás de la cabeza.

-Tú no sabes nada.

¿De acuerdo?

-Pues sé más de lo que te crees.

Ya puedes ir corriendo a pedirle perdón.

-Lo que vamos a hacer tanto tú como yo

es olvidarnos del tema

y no darle más importancia de la que tiene.

-¿Para ti no tiene importancia que mamá lo pase mal?

-No vas a decirle nada, ¿de acuerdo?

Este tema está más que zanjado y no quiero abrir ninguna herida.

Lo digo por el bien de todos.

Pero, sobre todo, por el de tu madre, ya sabes que es muy sensible.

(CHASQUEA LA LENGUA) ¿Entonces qué?

Lo del cartel, ¿qué te parece? Ha quedado bien, ¿verdad?

Tienes que sentirte orgullosa

de ver tu apellido en la fachada de la tienda.

Bueno, orgullosa y agradecida.

Porque, sin la ayuda de Elías,

toda esta locura no habría sido posible.

No te equivoques, ¿eh?

Todo lo que has conseguido te lo has ganado a pulso.

Jesús, te conozco desde que era una chavalilla.

Y siempre has sido muy amable conmigo.

(SUSURRA) Gracias.

Y, además, sé que te alegras de tenerme otra vez en casa.

Por supuesto.

Os echaba mucho de menos.

A ti, a Germán, a Lorena y a Elías.

Siento que está cambiando

y vuelve a ser el Elías que yo conozco y del que me enamoré.

¿No te alegra?

Sí, claro que me alegro.

Pero ¿serás capaz de hacer borrón y cuenta nueva

después de todo lo que te ha hecho?

Bueno, no será fácil, ya lo sé, pero estoy en ello.

Y creo que, ahora mismo, la única manera de pasar página

es volviendo a la normalidad.

Eso no significa que le haya perdonado aún

ni que mañana vayamos a dormir juntos,

pero siento que es lo que tengo que hacer.

(CHASQUEA LA LENGUA) Tú sabrás lo que haces.

Jesús, no te veo muy convencido.

¿Crees que me estoy precipitando o qué?

Verás, Adela, no sé si contártelo

porque no quiero meterme donde no me llaman,

pero no quiero verte sufrir. (CHASQUEA LA LENGUA)

Por favor, dime qué es, porque me estás asustando.

Anoche, Elías... no durmió en casa.

No. ¿Es eso?

No durmió en casa porque pasó conmigo la noche

en el Hotel Golden Luxury.

Este hijo mío no me cuenta nunca nada.

Bueno, y tú tampoco, qué calladito lo teníais.

Bueno, ya sabes que son clientes

y le invitaron a pasar una noche en el hotel.

Y yo quise darle una sorpresa.

Al final, la sorpresa me la he llevado yo.

Se ha portado de diez.

La madre que...

Espero que el cazurro de Elías

sepa aprovechar esta segunda oportunidad que le da la vida.

Parece que ganas no le faltan.

Y a mí tampoco.

Bueno, pues me alegro mucho.

Bueno, y te dejo.

Jonathan estará subiéndose... Sí.

...por las paredes. Hasta luego.

(Puerta)

Elías, Elías, soy yo.

Oye, ¿te importa escaparte...

del trabajo y venir aquí, a casa?

Será solamente un momento.

No nos darán las tantas como anoche, ¿eh?

Bueno, pues dime algo, ¿vale?

Un beso.

¡Ay!

Que es la maleta de Eli...

"Ya tienes el vestido".

"Se te acabaron las excusas".

¿Cómo ves tú que se pase por aquí

el concejal de Obras del Ayuntamiento?

Porque va a venir.

No. Sí.

Mira lo que había entre sus cosas.

Un vestido.

¿Qué hacía esto en su maleta? ¿Para qué llevaba un vestido?

Yo qué sé, a lo mejor era un regalo, Adela.

A lo mejor quiere una reconciliación romántica.

Vete tú a saber. Él no sabía que yo iría al hotel.

Me he presentado en el portal para sorprenderle

y hemos ido directos.

Si llevaba esto en la maleta,

era para una amiga con la que había quedado.

Y yo le he chafado el plan.

Lo tenías tú, ¿verdad?

¡Lo has tenido tú todo este tiempo! Pero ¿de qué vas?

¡Nos has mentido haciéndote la víctima,

la dramas, y resulta que lo tenías tú!

¡Eres una falsa!

-¿Me llamas falsa a mí? -Sí.

-¡Sabías que Samu conducía

y no me dijiste nada! -¡Sí!

No lo hice para proteger a Samu, a mí, lo que tú quieras.

Pero ¿tú qué pretendes con todo esto?

¿Que Samuel se desquicie, que se vuelva loco?

No voy a volver a casa

ni voy a perdonar a Elías.

¿Y eso?

Si te he dejado este mediodía con la maleta en casa.

Me has dicho que la cita en el hotel había salido muy bien

y que por eso regresabas.

Pues me he enterado de que tu hijo

tiene otra amante.

No. Sí.

¿Seguro? Sí.

¡Este hijo mío es idiota!

Cuando le vea, voy a tener con él más que palabras.

No le digas nada.

Nada justifica una agresión y, muchísimo menos, los celos.

-¿Ahora soy yo el agresor? ¿Eso te ha contado?

-Mira, de verdad, Nacho,

es que ya no sé cómo decirte las cosas, ¿sabes?

No sé cómo explicarte que entre Paolo y yo

solo hay una bonita amistad.

Así que, por favor, no pienses cosas raras.

-Tú me das qué pensar con vuestra relación tan especial.

Ponte en mi lugar.

¿Qué quieres? ¿Que mire para otro lado?

Nos tienes a nosotros,

a los compañeros del Mercado, a tus amigos.

¿A mis amigos? Sí.

¿Qué amigos?

¿Aquellos amigos

que no me dijeron nada sobre Cristina y Doménico?

Como tú, ¿no?

No me digas que tú no sabías nada.

Porque tú y Cristina erais muy amigas.

(ROSA) ¡Uh! (PAOLO) ¡Sorpresa!

(ROSA) ¡Feliz viaje!

¡Andrea! (PAOLO) ¡Buen viaje, Andrea!

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Mercado Central - Capítulo 83

22 ene 2020

Lorena descubre que Elías tiene una aventura con Celia. Esta vez no piensa callar y da un ultimátum a su hermano para que le cuente la verdad a Adela.
Nacho pide disculpas a Paolo por haberle agredido y le suplica que no le cuente nada a nadie. Noa revela la sorprendente identidad del hombre de la foto a Nacho.
Samuel se recupera de las heridas sufridas en el despacho de gerencia tras su enfrentamiento con Carla. Jonathan indaga sobre quién tiene el álbum familiar de Carla, y acaba sospechando de la persona menos pensada.
Elías intenta convencer a Jorge de que se vaya del mercado, pero éste se niega y le promete a Javier involucrarse en la reforma del mercado.

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