Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.30 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 216 - ver ahora
Transcripción completa

Alberto es...

Es un encanto, te va a conquistar.

-No sé qué... -¡Cállate!

¡O te meto un puñetazo!

-Me gusta que le pongas en su sitio. -Es la cárcel.

-No sabes muchas cosas y no te las explicaré ahora.

Tengo una cita y no quiero que nadie me la estropee.

-Se te complica el día.

Te he conseguido un cáterin en el Ayuntamiento.

-Mi mujer no seguirá ayudándote.

No estoy explotando a nadie.

Te la puedes llevar a casa. No necesito que me entretengan.

Métete tu compasión por donde te quepa.

Te cuelgas de un desconocido. Lo sé.

Estoy como una adolescente.

Me preocupa que te enamores de una ficción.

Nos contamos nuestras preocupaciones...

Voy a cometer la osadía de darte un consejo.

Borra ese perfil.

Juegas con algo que se te puede ir de las manos.

"Me despido".

"Mejor un final a tiempo que un epílogo aburrido".

Se le ha subido el cargo y te amarga como al resto.

-Hace una labor muy importante y me siento orgulloso.

-Intento que no se te pongan en contra.

-Las habladurías me dan igual.

Cuando les pones la pila, todos se quejan.

Pero tendrán que acostumbrarse, porque soy su presidenta.

La veo con el reglamento y quiero quitárselo y quemarlo.

Quiero a mi hija, pero nunca la habría votado.

Debí consultarte antes de la votación.

A lo hecho, pecho.

Esperemos que se le pase la euforia por el nuevo cargo

y se calme un poco.

Es una enfermedad: Samu es un yonqui y ha perdido el control.

No va a recuperarlo solo.

Necesita que los que le queremos estemos con él.

-Les destrozaría

saber que soy un ladrón. -No lo eres.

Tienes un problema y lo van a entender.

Será difícil.

Pero estaré contigo.

Y ellos te quieren más que nadie, confía en mí.

Demuéstrame que salir de esta

es lo que más quieres. -Te lo juro.

Hablaré con ellos.

Da igual lo que digas o lo que hagas.

Estoy enamorado de esa mujer.

Nadie ni nada me hará cambiar mi parecer.

Si la verdad se supiera, eres la que tiene algo que perder.

-No sacrificarías a tu gallina.

Y sabes que también terminarías entre rejas.

-No sería tan traumático.

No renunciaría a mis planes de ser la señora De la Cruz.

Hola. -Hola.

¿Tienes un minuto? -Sí, claro.

-Bueno.

Quería comentarte que...

Mi madre ya me ha contado que estáis empezando una relación.

-Sí, nos estamos conociendo mejor, sí.

Tu madre es maravillosa.

-Sí, aunque ha estado con alguien que no le ha dejado serlo.

Ya me ha dicho que te ha contado.

A ver...

Quería decirte que estoy muy contenta de que haya salido de esa cárcel

y que haya conocido a alguien que la valore y la respete.

Por lo que me ha contado mi madre, pareces un tío guay.

-Gracias.

Haré todo lo posible para que ella sea feliz.

-Eso espero.

No permitiré que nadie le amargue la vida,

ya ha sufrido demasiado.

Perdón.

Ha sonado a amenaza, no era mi intención.

Intento decirte que mi madre necesita ser feliz.

-Haré lo posible porque así sea.

¿Quieres decirme algo más?

-No. No, no, no.

Ya me pasaré por tu local. Tienes unas cervezas muy ricas.

-Estás invitada.

-Te tomo la palabra. -Bien.

-Me voy. -Muy bien.

¿Qué ha pasado?

-¿Qué pasa?

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Una remesa de cervezas perdida.

-Habrá entrado alguien.

-No, solo yo tengo llaves.

Pongo cuidado con las cervezas, son caras.

-¿La cerradura no está forzada?

-Sí.

Forzada.

-Esto igual te suena un poco raro: ¿Nacho sabe lo tuyo con mi madre?

-¿Tu padre?

-No me gusta llamarlo así.

-Sí, nos ha visto y me he enfrentado con él.

¿Le crees capaz?

-Pues sí, cuadra con su manera de hacer las cosas.

Ya le irás conociendo.

¿Cómo llevas el relato? Muy bien, lo estoy terminando ya.

¿Puedo leerlo cuando lo termines? Ya está, estoy haciendo arreglos.

No creo que tengas tiempo.

Ahora no viene nadie, estoy esperando

a un ayudante. ¿Has contratado uno?

Sí, ya te contaré. Tengo tiempo de sobra.

Y me apetece leerlo.

No sé, me da un poco de corte.

No seas tonta.

Tendrás que enfrentarte

a los lectores. Sí.

Es verdad.

¿Entonces? Vale.

No seas crítica. O sí. ¡No sé qué quiero!

Va, envíamelo al "e-mail".

Te lo envío.

Le he estado dando vueltas

a si he sido muy dura juzgando tu relación con ese hombre.

No, no, de verdad. ¿No?

Me has dado tu opinión y te lo agradeceré siempre.

¿Siempre? Ajá.

Con el relato, no, soy primeriza, pero sobre mi vida...

Tenías razón.

No te preocupes más por mi relación, se ha terminado.

Me ha mandado un mensaje.

No tiene tiempo para chatear por internet.

Pero ¿qué les pasa a los hombres?

Les falta tiempo para salir corriendo.

Pues yo qué sé.

Creo que es una excusa porque ya se había cansado de mí.

Pero el caso es que me ha tocado.

Creía que ya estaba curada con mis fracasos,

pero no me ha dejado ni empezar.

Pues él se lo pierde.

Soy tonta.

Casi no le conocía y me ha gustado de verdad.

Ha sido como si me dejara.

Bueno. Ya.

Te hiciste ilusiones. Supongo.

Me quería documentar para el relato,

pero terminé hablando de cosas muy íntimas, y él también.

Pensaba que habíamos conectado, pero...

Tendrá cosas más importantes en la cabeza.

Jorge.

Jorge.

¿Mi café?

Perdona.

Aquí lo tengo.

Aquí va.

Gracias. De nada.

¿Has visto a Valeria?

No, ¿por?

La he llamado al móvil y está apagado.

A lo mejor se ha quedado sin batería...

Si la ves, ¿le dices que quiero hablar?

Claro.

Hemos tenido un desencuentro y quiero pedirle disculpas.

Si la veo por casa, le digo que te llame.

Gracias.

(Móvil)

(Móvil)

-Uh...

Ya veo que sigues en tu mejor momento.

Yo tampoco estoy para tirar cohetes.

-Ya.

¿Recuerdas esta mañana, cuando hemos hablado?

Había un chaval, un transportista.

-No tengo ojos para otro que no sea Samu.

He visto que no parabas de mirarle.

-Ya. Es un transportista de la huelga.

Llevamos unos días con un tonteo raro.

Y hoy, cuando te has ido, pues...

La cosa ha ido a más. -No.

-Lo subí a casa.

-Qué va, tío. Eres muy fuerte tú.

-Ha sido solo sexo.

Pensaba que después de mis problemas me iría bien.

-Y no.

-No.

Me he sentido muchísimo peor.

Es la primera vez después de Javier y...

No sé, me he quedado fatal.

-¿Por qué?

-Siento que le he traicionado.

Es una tontería, traicionar a alguien que no está.

Pero siento que le he traicionado.

-No has hecho nada mal. Os apetecía y ya está, está bien.

-No, ha sido un error.

Además, Rubén no para de llamarme y no sé qué decirle.

-Que no estás preparado para una relación.

Anda que no tienes experiencia dejando.

(Móvil)

-Otra vez.

Que no quiero cogértelo.

-Se lo pasó mucho mejor que tú. ¿Qué les das?

(Móvil)

A ver.

Si no quieres verlo más, díselo y punto.

(Móvil)

-Luego le llamo, no tengo el cuerpo. -Tú verás.

-¿Has pensado en lo que hablamos? -¿Sobre Samu?

He pensado en lo que me dijiste y le voy a dar una oportunidad.

Le quiero, no puedo evitarlo, es así.

Sí, no sé.

No puedo dejarle solo en un momento tan complicado.

-Me alegro. Eres una tía generosa. -Qué va.

Me ha costado, estoy muy enfadada todavía.

Le doy una oportunidad a cambio de que hable con sus padres.

-¿Y qué ha dicho?

No debe de ser fácil decirles a tus padres que les has robado.

A todo el Mercado.

-Ha dicho que sí.

Que se lo va a decir.

Espero que sea pronto y empiece a recuperarse.

Papa, ¿qué haces fregando?

-Ayudando a Alberto, limpiando un estropicio.

Para que digas que soy rencoroso.

-¿Rencoroso?

-Después de lo que nos hizo... Él nos trajo a ese al Mercado.

-¿A ese? -Al ladrón.

Al Alex que tenía de ayudante y nos robó.

-No le llames ladrón.

-¿Cómo le llamo? Abusó de nuestra confianza.

Empezando por la de Alberto.

-No sabemos, un error lo tiene cualquiera.

-No entiendo cómo encima intentas ayudarle.

Te la jugó más que a nadie.

Robó en tu despacho. -Ya.

-Tú hiciste bien, lo llevaste discretamente.

Pero es que...

Cogió el dinero sabiendo que lo necesitábamos

y nos jugábamos nuestros trabajos.

Si eso no es ser un ladrón...

-No sé, a veces...

Las circunstancias nos hacen hacer cosas que no haríamos, ¿no?

No sabemos sus necesidades.

-No sé, supongo que tuvo una infancia muy difícil.

Pero no es excusa para pagarla con quien te ayuda.

Es morder la mano de quien te da de comer.

Vengo de una familia humilde.

Y no cojo lo que no es mío, aunque lo necesite.

Y lo peor ya no es el robo.

Lo peor es que, cuando le pillamos,

no dio la cara ni pidió perdón.

Si uno se viste por los pies,

tiene que reconocerlo y pedir perdón.

Y no esconderse.

Tu madre va a tener razón

con los ayudantes de Alberto.

Si has robado una vez, volverás a hacerlo.

O sea, que no nos podemos fiar de sus ayudantes. No.

Tenemos que decirle a Alberto que no los traiga.

Hasta luego.

-Hasta luego.

Muchas gracias, guapa.

-Carmen, ya he cambiado la bombilla.

¿Qué haces?

-¿Has bebido? Apestas a alcohol.

-¡Qué va! A Alberto se le han caído botellas.

Le he ayudado a recogerlas.

El charco de cerveza que había. Oye, ¿qué miras?

¿No me crees? -Sí, te creo.

Pero en casa te duchas.

No tendremos un jefe de mantenimiento apestando a alcohol.

-Soy el primero que desea quitarse este uniforme.

-¿El parte de incidencias? -No me ha dado tiempo.

-Si es un minuto.

-He cambiado el fluorescente, la bombilla,

he arreglado el ruido del cuarto...

-No me lo cuentes, necesito el parte de incidencias.

Arreglas algo y haces un parte. No hay que ser ingeniero.

-Afloja, me deslomo trabajando lo mejor que sé.

-A lo mejor no es suficiente, igual tienes que mejorar.

-¿Me vas a despedir?

-No te pongas así, esto te lo diría cualquiera.

Además de tu mujer soy tu presidenta. No se te puede decir nada.

-¿No se me puede decir nada? Y tú no paras de mandarme cosas.

Perdona, no quería decir eso.

¿Qué haces aquí? -Ya ves, viendo la tele.

-¿No puedes verla conmigo?

-He venido aquí para estar tranquilo. Igual te parece aburrido.

-Te debo una explicación. -No hace falta.

Está todo muy claro. Me consideras un muermo de marido.

-A ver, mira.

Me vas a escuchar y, si quieres, sigues enfurruñado.

No me aburro contigo.

-No quieres hacer nada de lo que te propongo.

-Eso no es así.

Pero necesito sentirme útil, tener mi espacio.

Por eso he ayudado a Jorge.

Porque yo no quería jubilarme ni dejar la carnicería.

-No sé por qué, no necesitas el dinero.

Si querías eso, ¿por qué no me lo dijiste?

-Porque sabía que no ibas a entenderlo.

Y te comprendo.

Te dije que dejaras la frutería para estar más tiempo juntos.

Pero me doy cuenta de que estábamos muy bien.

-No entiendo nada.

Estás pasando por un momento muy difícil.

Es normal que te sientas a prueba y que tengas que estar

justificando lo que haces, pero...

¿No te pasas? -¿Qué te han dicho?

-No, yo lo decía así en general, pero...

¿Nos tomamos un rato libre y olvidamos nuestras obligaciones?

-Estoy yo para ratos libres. ¿No lo ves?

Tengo una responsabilidad con el Mercado y mis votantes.

¿Lo entiendes? -Ya, pero...

Si te relajas, no pasa nada.

-¿Qué te pasa? ¿Tanto "te relajas"?

¿Te sientes amenazado?

-¿Yo? ¿Por qué dices eso?

Te asusta tener una mujer que te haga sombra.

-¿Qué dices? -Que te quede claro.

Es uno de mis momentos más importantes.

Nadie me lo estropeará.

-Y soy yo al que no se le puede decir nada.

-Te encanta la tortilla, ¿no?

-¿A qué viene eso?

-¿La comerías a todas horas?

-No. -Claro que no.

Terminarías harto.

Lo mismo me pasa con nuestros planes.

Nada me gusta más que hacer cosas contigo.

Pero, si no tuviera nada que hacer,

terminaría harta y pasaría factura a nuestra relación.

-Qué manera de darle la vuelta. -Es verdad.

Necesito una cosa para disfrutar de otra.

Mi pincho de tortilla al mediodía, no a todas horas.

Para mí, lo normal es trabajar.

Lo he hecho toda la vida.

No es un tema de dinero, una obligación.

Lo disfruto de verdad.

Había encontrado equilibrio en la carnicería.

No tenía que estar toda la jornada, solo ayudar a ratos.

Podía escaparme, estar contigo y hacer mis cosas.

-Y ahora te aburres. -No.

Tengo todo el día por delante sin hacer nada y me agobio.

Y, cuando una tiene tiempo,

le da por pensar

y darle vueltas a cosas que no se debe.

-¿Qué cosas?

-Después de la jubilación, se sabe lo que viene.

-¿Por qué me pediste que me jubilara?

-Porque me confundí.

A mí me da miedo hacerme mayor.

No quiero convertirme en una inútil.

-Te comprendo.

También me da miedo la muerte,

por eso estaba tan nervioso con la biopsia.

-Ya. -Pero a mí, al contrario,

me encanta la jubilación, puedo exprimir cada momento.

-Para mí, exprimir el tiempo es hacer una vida normal

y sentirme útil.

-Tengo que aceptar tu decisión.

Si quieres trabajar, no puedo llevarte la contraria.

Solo quiero una cosa:

no te pierdas el presente, estamos aquí y ahora.

-A veces me sacas de quicio, pero te quiero tanto...

-¿Sabes una cosa?

La tortilla de patata me cansa, pero tú, nunca.

-Qué tonto.

Nos vendrá bien echarnos un poco de menos.

¿No quieres volver a trabajar?

-No, yo soy como el rey emérito: mi retirada es para siempre.

Germán tiene que pasar su crisis y salir reforzado.

Mal favor le haría si cojo la empresa

otra vez. -Huy.

-Ah, Germán.

Hemos invadido tu salón, nos vamos. -No, está bien.

Me gusta veros así, vosotros que podéis.

-¿Has pensado qué harás?

-¿Con la empresa? -Ajá.

-Sí, ya te lo dije, dimitir.

-Piénsatelo mejor.

Me cuesta asumir que tires la toalla a la primera.

-¿Podemos hablar de esto cuando esté papá?

-Como quieras. Oye, pero dale una vuelta.

-Me ha dicho Jorge que te está buscando.

Tienes el móvil apagado.

-¿Y qué querrá este ahora?

-No sé si te lo tenía que decir, pero quiere disculparse.

(CARRASPEA)

Adela, soy yo. Ya te he enviado el relato.

He hecho algún arreglillo, pero prefiero dejarlo.

A ver qué te parece, y sé sincera, no me importan las críticas.

Un besito. Hasta luego.

Cierras pronto.

No cierro, ahora vuelvo.

No apagues, ya le echo un vistazo.

No, muchas gracias, prefiero no deberte nada.

Solo era por ayudar.

Si quieres ayudarme, mantente alejado de mí y de mi hijo.

-¿Tienes un par de minutos? Quiero hablar.

-Pensaba que no querías saber nada más de mí.

-¿Me acompañas fuera del Mercado?

-¿No puedes decírmelo aquí?

-Igual subo la voz y no quiero dar el espectáculo.

-Entonces prefiero que me lo digas aquí.

Me siento más seguro.

-Me has engañado, pero no picaré más tu anzuelo.

-¿Qué anzuelo? ¿De qué hablas?

-Vas de desvalido, pero estás detrás de lo que ha pasado

en mi almacén. -¿Qué ha pasado? ¿Te han robado?

-¡Me has destrozado una remesa de cervezas!

-¿Por qué piensas que he sido yo?

-¿Quién si no? -Tú sabrás quiénes son tus enemigos.

Tengo cosas mejores que hacer que fastidiar la mercancía ajena.

Igual las cajas estaban mal colocadas

y se han caído solas.

Antes de acusar a la gente,

deberías pensar en todas las posibilidades.

Está feo acusar sin pruebas.

Es ridículo pensar que alguien en mi estado físico

puede volcar cajas de cerveza.

Llegar al almacén ya me cuesta trabajo.

Rosa te tiene comida la cabeza.

Ves cosas donde no las hay. -No nombres a Rosa.

No puedo demostrarlo, pero sé que has sido tú.

Como hagas algo parecido, lo pagas caro.

-Ah, ¿sí?

¿Qué vas a hacer?

¿Vas a pegarme?

¿Serías capaz? ¿A un hombre que no puede defenderse?

¿Sabes? Me alegra mucho que hay pasado esto.

Me has enseñado al hombre que eres

detrás de esa facha de "buenrollismo".

A mí no me engañas.

No eres como haces creer a todos, incluida a mi mujer.

-No es tu mujer. -Todo el mundo tiene

un lado oscuro que no quiere que nadie sepa.

No pararé hasta demostrarle a Rosa el hombre que eres.

Rosa volverá conmigo, hazte a la idea.

Haré lo que sea para conseguirlo, ¿oyes?

-Rosa me contó cómo eres, pero se quedó corta.

Eres aun más despreciable.

¿Quieres? Voy a dar una vuelta y daré a la gente.

-Ah. -A ver si compran.

-Como cuando ofrecías queso.

-Pero promocionando mi producto y no voy de tirolesa.

-Te lo agradezco, pero tengo el estómago cerrado.

-¿Y eso por qué? -Nada, cosas de pareja.

He discutido con tu suegra. -Ah.

¿Seguro que no quieres? -No, pero tienen una pinta riquísima.

Te los van a quitar. -¿A que sí?

Si recuperas el apetito, ya sabes.

Por cierto, ¿has hablado con Samuel?

-¿De qué?

-Nada.

Lorenzo, ¿quieres uno?

-Como la presidenta te vea sin trabajar,

te va a abrir un expediente. -¿Otro?

-¿Qué pasa, Nicolás?

(NICOLÁS SUSPIRA)

Estoy desesperado, Carmen me tiene machacado.

-Yo te lo dije, ¿o no?

Se le sube el cargo. -No quería verlo, pero tenías razón.

-Es una dictadora.

-No he sido buen consejero, no la he frenado.

-Pero ¿qué podías hacer?

-No sé, pero ya he perdido muchas cosas por el camino.

Perdí tu amistad.

Luego, la de los comerciantes, y ahora...

voy a perder mi matrimonio.

-No digas eso.

-Te pareceré un antiguo, pero no me imagino una vida sin ella.

Pero...

Esta Carmen no es la mujer de la que estoy enamorado.

La presidencia ha sacado una parte de ella que no conocía.

Antepone su ambición a su matrimonio.

-Pero será la novedad del cargo.

Se acostumbrará y todo volverá a la normalidad.

-Ojalá.

La echo de menos.

No sé si podremos recuperar lo que teníamos antes.

-Amigo mío... Siento que estés así.

Yo quería decirte que...

Bueno, que...

No estoy nada orgulloso de cómo he llevado su rivalidad.

Que...

No debería haber dejado que nos afectara tanto.

-No te preocupes, eso lo tengo olvidado.

La lástima es que mi matrimonio se haya visto afectado

para ver que Carmen y yo nos equivocamos.

-¿Hablo con ella? Igual entra en razón.

-Lo dudo. Lo he intentado y no sirve de nada.

Las cuentas empiezan a cuadrar.

Con el cáterin y el servicio diario, hemos hecho buena caja.

Nos queda el evento del Ayuntamiento que nos consiguió Valeria.

¿Por qué has discutido con ella?

Es que... -¿Interrumpimos algo?

No. No, de hecho, sois muy oportunos.

Valeria, Lorena me preguntaba por qué hemos discutido.

Y no hemos discutido.

Perdí los nervios y dije algo que no sentía.

No estás en el bar por pena.

Aunque a veces te puede el entusiasmo...

Bendito entusiasmo. -Ya.

Yo tuve mi parte de culpa.

Fui un poco bruta invadiendo tu cocina.

No supe estar en mi sitio.

Yo soy una carnicera jubilada y tú, un chef de prestigio.

Si no quieres jubilarte, ¿por qué lo haces?

Lo estoy pensando, me gustaría seguir dando guerra.

-Se trata de reconocer errores: tengo que pedir perdón.

Le dije a mi padre

que hablara con Carmen para que te jubilaras.

-A ver.

Vamos a dejarnos de culpas, está arreglado.

No, todo no.

Valeria, en mi bar siempre tendrás un hueco.

-Gracias, pero no.

Tú eres muy tuyo y yo solo estorbaría.

-Oye... ¿Y si...?

Aceptas que siga en el bar y tú quieres trabajar,

¿la contratamos de comercial?

Tienes don de gentes.

Nos has conseguido el cáterin del Ayuntamiento.

Seguro que consigues más. Todos contentos.

-Sobre todo, Elías.

Me parece una idea buenísima. -¿Sí? ¿A ti te parece bien?

Estupendo. ¿Sí?

¡Ay! Entonces, acepto encantada.

¿Eh? Pues bienvenida de nuevo.

(Móvil)

(Móvil)

Qué pesado.

(Móvil)

Hola, Rubén, ¿qué tal?

Estaba reunido, no lo he podido pillar.

Sí, dime.

¿Cómo? ¿Cómo? ¿Cómo?

¿Mi padre?

¿Seguro?

Vale, gracias. Chao.

Ay, se me había olvidado el lujo que es tener un ayudante.

Me tomo un rato sin agobiarme pensando que pierdo un cliente.

Siento la mirada de Carmen diciéndome que vaya al puesto.

Me la lio en la floristería.

Que tenía el género descuidado y la limpieza dejaba que desear.

Amenazó con sancionarme.

Que se pasa mucho. No eres la única que lo sufre.

Mira a su marido. Ay.

Le ha obligado a ponerse uniforme.

Pobre Nicolás.

Ella tenía que hacerse un uniforme con galones.

¡Nicolás! ¿Qué tal?

Aquí estábamos hablando de Ágata.

Que no la trago.

-Sé que hablabais de Carmen.

Os he oído.

(SUSPIRA) Y tenéis razón.

Ha cruzado una línea y nos hace la vida imposible.

Yo no sé qué hacer.

Así que...

Si se os ocurre algo, pues... podéis contar conmigo.

Deberíamos hablar con ella, pero Cristina no lo ve.

Yo tampoco.

¿No podemos hacer nada? -(CHISTA)

Igual hay algo que sí podemos hacer.

¿Qué tal?

Bien, supongo.

Pues aquí ando, cuadrando cuentas.

Oye.

No hemos hablado mucho en plan padre e hijo, ¿no?

Quiero que sepas que tu madre y yo nos preocupamos por ti

y todo lo hacemos por tu bien, que somos tus padres.

Y te vamos a querer siempre.

¿Intentas cuadrar los números de la huelga?

Sí. Pues ya me encargo yo.

Es mi responsabilidad.

No tienes por qué hacerlo. No.

Tengo que hacerlo.

Me preocupo, es mi empresa. Vuelvo a estar al mando.

¿Cómo? Renunciaste delante del abuelo.

Ya, pero es que el abuelo no admitió mi renuncia.

Me dio tiempo para pensármelo y me lo he pensado.

Seguiré dirigiendo la empresa.

¿Y este cambio de opinión tan repentino?

Resulta muy poco profesional, ¿no?

No podemos estar sí, no.

Esto es una empresa seria,

no puede depender de tus cambios de humor.

¿Sabes qué ha cambiado? Sé que estás detrás de la huelga.

No sé de qué me hablas. ¿No?

Hablaste con Ángel, el jefe, para hacerle desconfiar de mí.

Han ido a la huelga y no confían en mis promesas.

No sé quién te ha ido con el cuento, pero no soy el responsable.

Igual te ven como un pardillo.

Si no hubieras ido a hablar con ellos malmetiendo,

esto no habría ocurrido y lo habríamos solucionado.

Quieres echarme la culpa de tu incapacidad para dirigir.

No tengo que ver.

¡Deja de mentir y di lo que has hecho!

Mira, lo siento mucho por ti, lo estás pasando mal.

Pero eres un niñato engreído,

incapaz de reconocer sus carencias como jefe.

Y eso es así.

Ser director de esta empresa te viene muy grande.

Puede que la huelga esta no sea,

pero ya verás como aparece algo que te hace sentir superado.

Eres más débil de lo que reconoces.

Te conozco desde que naciste.

Espérate sentado, no voy a ponértelo fácil.

Me alegra que las cartas estén sobre la mesa.

No sé qué me extraña, sé hasta dónde puedes llegar.

Quería ir de buenas.

Te lo juro.

Pero no tengo problema en tirarme al barro.

No tienes ni idea de lo que hablas. Sí que lo sé.

Tú quieres guerra, es eso, pues la vas a tener.

Ah. Y levanta el culo de mi mesa, ya.

(Portazo)

Lijar el suelo de la entrada. Insonorizar las cámaras frigoríficas.

-Un momento.

Cámara frigorífica... Ya. ¿Qué más?

-¿Has apuntado el jabón de los lavabos?

-Sí, aquí está. -Cuanto antes empieces, antes acabas.

¿Has rellenado los partes?

-Sí, mira. -Bueno.

Muy bien.

-Hola. -Hola.

-Hola. -¿Tus magdalenas? No, "cupcakes".

Como presidenta de los comerciantes, te permito usar el término "cupcake",

por motivos de "marketing".

-He estado repartiéndolos.

Si llego a saber que te veía, hubiera traído. ¿Cómo estáis?

-Bah. -Bien. Esto es un no parar.

-¿Habéis hablado con Samu?

-¿De qué?

-No, de nada.

-¿Tiene algo que contarnos?

-Ya os lo contará él. -Carla.

¿Ha pasado algo? -Cuéntanoslo ya.

-No es por dejar mal a Samu,

sino porque le quiero y por ayudarle.

Es sobre el robo en su oficina. -Lo que se llevó el chico de Alberto.

-Ese tema está resuelto. -No lo está.

No fue ese chico.

-¿Cómo que no? -Fue Samu.

-¿Qué tontería es esa? -¿A qué...?

-Mintió para cubrirse.

-¿Por qué se va a robar a sí mismo? -Hombre, no...

Celia. Celia.

Dime.

Me ha encantado el relato, enhorabuena.

¿De verdad? Sí.

Me he identificado con la protagonista.

Claro. Cuando deja a su marido.

Habrá mucha gente a la que le pasará lo mismo.

Gracias, ojalá a Elena le guste.

Claro, habla de situaciones y sentimientos universales.

Hice lo que te dije: escribir de lo que conozco.

No seas humilde, está muy bien escrito.

Se me han quedado frases. ¿Sí?

Cuando le dice a uno de sus amantes que siempre es mejor

un final a tiempo que un epílogo aburrido.

Sí, señor. Justamente, esa no es mía.

Es del Hombre Tranquilo.

Del mensaje de despedida.

Ah. ¿Y qué le dijiste?

Nada. No le he respondido, ni pienso.

¿Sabes? Tendrías que hacer como la protagonista de tu relato:

seguir tu instinto.

Si te dice que ese Hombre Tranquilo merece la pena, lucha por él.

Me decías que cuidado y ahora que me lance.

No, te digo que hagas lo que crees que tienes que hacer.

Si te hace feliz charlar con ese hombre,

díselo, dile lo que sientes.

¿Y si se asusta?

A ver, tampoco tienes nada que perder.

Ya se ha quitado de en medio.

Sí.

¿Desde cuándo se ha enganchado? -Hace unas semanas.

-¿Cómo no nos hemos dado cuenta?

-A mí me pasó lo mismo y lo estaba haciendo en mis narices.

Tenía más pasta de lo normal y la sacaba del póquer.

Le iba bien y así se enganchó.

-Me ha regalado cosas, y a ti. -Sí.

-Nos invitaba a cenar fuera. -Sí.

Le iba bien, se confió, se enganchó y empezó a perder.

Pensó que recuperaría la pasta apostando más.

Gastó la pasta que no era suya.

-Y cogió el dinero del Mercado. -Sí.

Le debía pasta a alguien y se lo dio.

Pensó que sería algo temporal, que recuperaría la suerte, el dinero.

-El chico de Alberto...

-Es inocente. Alberto lo sabe.

Se lo contó y le devolvió el dinero vendiendo sus cosas.

El problema es que ha seguido jugando.

Y perdiendo.

Está enganchado y necesita nuestra ayuda.

-¿Por qué no nos lo contó?

-Le daría vergüenza reconocer que está enganchado.

Le dije que seguiríamos juntos

si os contaba la verdad, pero no lo ha hecho.

-Lo intentó, pero no pudo.

Madre mía, me siento fatal por hablar mal del chico de Alberto.

Le he dicho "sinvergüenza", "ladrón" y un montón de cosas.

Y estaba hablando de Samu.

-No podías saberlo.

Os lo he contado porque teníais que saberlo.

Si no le ayudamos, no podrá salir.

-Has hecho lo que debías.

Tenemos que hablar con Samu, corre.

Si decides escribirle para retomar la relación,

deberías ser sincera y decirle quién eres.

¿No?

No sé si lo veo claro, pero muchas gracias por el consejo.

Bueno, venía a decirte que me ha encantado tu relato.

He dejado al ayudante.

A ver cómo se las apaña. Gracias,

Adela. De nada.

Vale.

"Me ha sorprendido tu mensaje. ¿Por qué esa prisa en despedirte?"

"Me gustaría que me dieras la oportunidad de conocernos".

"Hemos conectado y sería una pena terminar algo tan especial".

"Si decides seguir hablando conmigo,

debo confesar que exageré mi perfil".

"No soy fotógrafa ni estoy en el Caribe".

"Me llamo Celia y trabajo en una droguería".

"Y no soy el alma libre que te vendí".

"Soy viuda y tengo un hijo con asperger".

"Ahora se te habrán quitado las ganas de charlar:

es mi manera de demostrar que quiero ir en serio, sin mentiras,

aunque sea virtualmente, o quizá podríamos conocernos".

(Mensaje)

(Mensaje)

Jorge.

¡Jorge! La tableta suena.

Es Abigail.

Lo sabía. O sea, no te has quitado.

No me parece bien borrarme sin explicarme.

Le he puesto un mensaje, será su respuesta.

Ya, y vas a leerla.

Sí, lo leeré, borro el chat y se acabó el problema.

Tú estás enganchado.

Te tenías que haber borrado. Oye.

Yo le di pie para abrirse.

No me parece bien desaparecer así, Enganchado.

(RÍE) -Hola.

Hola. Aquí tienes.

Marchando tres barritas de pan y...

Si no hay mucho lío, te espero en casa.

Vale.

Muy buena idea contratar a Valeria como comercial.

Esta cabecita...

Cuando trabaja...

Tienes razón. Siempre tienes la mejor solución.

Claro, por eso me quieres mucho.

Estaba pensando una cosa sobre tus colegas.

Tienes razón, no los puedo juzgar por un segundo que pasé con ellos.

Podíamos organizar una comida con Mateo y con los otros

y así los conozco mejor.

¿En serio?

¿Estás seguro de...?

Sí. Si son tus amigos, no pueden ser aburridos, supongo.

Vale, pues te tomo la palabra y organizo algo.

Me hace mucha ilusión haberme reencontrado con ellos.

No quiero perder el contacto.

Y me encanta que quieras participar.

Vale.

Te espero en casa, ¿vale? Vale.

Chao. Chao.

Por ahí va la chica a la que estoy enganchado.

No, en serio.

Agradezco tu preocupación.

Estoy muy feliz de tener a Lorena y no la voy a dejar escapar.

Y menos por una desconocida.

(Mensaje)

Preciosas las orquídeas, ¿no?

Te gustaban más las moradas, pero se te morían todas.

-Ya te estás largando. -¿Me estás amenazando?

-Te lo voy a volver a repetir: no me vas a sacar más dinero.

-Ya se verá.

-Ya no me puedes chantajear, le he contado todo a Elías.

Y está de mi parte.

-Porque conoce tu versión:

tu marido se perdió en el Pirineo, tú eres solo una víctima.

A ver si te apoya cuando le cuente la otra versión.

Los dos sabemos lo que pasó y eso no se lo has contado.

Ni quién soy yo y la relación que tenemos.

-Que teníamos.

-No te puedes olvidar de mí aunque quieras.

A partir de ahora, nos vamos a ver mucho.

Estaré muy cerca de ti y de tu novio frutero.

-No vas a dejar de amargarme, ¿verdad?

-No, hasta que me des todo el dinero que le sacarás a Elías.

¿O te lo pensabas quedar tú?

-Lárgate.

-No puedo. Verás, hay algo que no sabes.

Hola.

Ya conoces a mi nuevo ayudante.

Me voy.

Hemos hablado con Carla.

¿Es verdad? -¿Eres ludópata?

-Mándame el relato y se lo envío a Julia, la editora.

Madre mía. ¿Crees que merece la pena publicar?

¿Crees que necesito que me digan cómo llevar el puesto?

Me parece que sí.

-Os tengo una sorpresa.

-Qué bien, dispara.

-Mirad vuestras cuentas.

-Trato de proteger a tu madre. -No necesita protección.

Puede decidir por ella misma y enfrentarse a los problemas.

-¿No es buen momento? -Asuntos familiares.

-Ya. No te irás a achantar.

-Este tipo no me da buen rollo.

Hablaba con Ágata en actitud rara y quiero saber qué planean.

Me estáis haciendo boicot, pero no conseguiréis echarme.

-No podía parar.

Y esos anuncios que salen todo el rato.

Me da miedo encender el ordenador.

¿Tienes que contarme algo? ¿Por qué?

Por Julián.

Quiere quedar a las 7 en el Palacio de Cristal.

Vete pensando qué te vas a poner.

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Mercado central - Capítulo 216

14 ago 2020

Adela sigue dispuesta a averiguar qué oculta Ágata y contrata a Julián como ayudante en la floristería. El hombre no tarda en volver a amenazar a su ex.

Celia envía un mensaje a "El Hombre Tranquilo" confesando quién es realmente. Jorge está a punto de leerlo, pero termina borrando el perfil.

Germán se siente muy culpable tras acostarse con el transportista. A través de él, descubre que Elías fue quien provocó la huelga. Germán encara a su padre.

Alberto descubre que Nacho ha echado a perder un pedido de sus cervezas y se enfrenta a él. Nacho le amenaza con frustrar su relación con Rosa.

Valeria reconoce ante Jesús que no quiere jubilarse. Lorena le propone que sea comercial del bar, consiguiendo más servicios de catering para Jorge.

Carmen sigue sin aceptar las críticas y Nicolás, junto a Adela y Cristina, se plantean hacer algo para que la mujer entre en razón.

Carla les revela a Carmen y Nicolás los problemas de Samuel con el juego.

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