Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.30 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 215 - ver ahora
Transcripción completa

Esto que os enseño es el reglamento

del funcionamiento y las normas

del Mercado Central de Madrid.

Es una edición del 97, está algo desfasada,

pero conseguiremos actualizarla

y darle una nueva vida

para mejorar el funcionamiento del Mercado.

Germán está frágil, pero es orgulloso

y no lo reconocerá.

Pero necesita ayuda, está tomando ansiolíticos.

Toma cartas en el asunto.

Tu madre y yo estamos preocupados, no estás bien.

Nadie está conspirando, hijo.

Somos tus padres.

Te ha cegado el orgullo, y no es bueno para un jefe.

-Pues tendré que dejar de serlo. Dimito.

-No digas tonterías. -No valgo.

¿Entonces qué?

Vuelvo a coger el timón, ¿no?

Solo provisionalmente.

He hablado con David.

Y le he contado el pasado de Nacho, lo de la pederastia.

Deberían saberlo todos.

No sé qué va a pasar entre nosotros, pero necesito que sepas

que esta es la mochila que llevo encima.

Esta soy yo ahora.

Quería que lo supieras.

¿Qué situación?

Desde que se ha jubilado, se aburre.

Si no trabaja, no se siente viva.

Vale. Morcillas de Burgos, sí.

Nada de ensaladilla ni choricillos. Dale.

Vale.

Es una cenita con amigos.

Deja que me lo piense y te escribo.

Te lo piensas, pero que sea que sí.

Lorena.

No me había dado cuenta, había hecho ya planes con David.

Me es imposible ir a la cena.

No estoy chateando ya, fue una debilidad.

El chat quedó abierto.

Y entraron mensajes y me dio por cotillear un poco.

¿Puedo ver la tableta?

Solo quiere hablar.

Está a miles de kilómetros, siempre está viajando.

Si es inofensivo, ¿por qué no se lo cuentas a Lorena?

No hay nada.

¿Cuánto has perdido? -Todo.

-¡No te reconozco! No puedo confiar en ti.

No eres la persona de la que me enamoré.

Lo siento mucho. -Perdóname.

Esta es la última vez.

-Claro que lo es, no puedo seguir con esto.

-Perdí a mi marido y tuve que responder esas preguntas.

Mi círculo me trató como a una criminal.

Pero tú me crees, ¿verdad?

Si no, no lo podría soportar. Claro que te creo.

Y te voy a creer siempre.

Ágata.

Eres lo mejor que me ha pasado.

Voy a ser siempre honesta contigo.

Lo sé.

(Mensaje)

(CARRASPEA) Bueno.

Sirvo los cafés, sigue hablando con Alberto.

-Solo estaba respondiendo un mensaje. -¿Nada más?

-Sí. -No hagas que te tire de la lengua.

No tienes nada que contarme.

-A ver, nos llevamos bien. Nos estamos conociendo.

Pero solo somos amigos.

-Amigos. -Sí.

He leído el mensaje.

"Esta noche he soñado contigo, me he despertado sonriendo. Gracias".

-Tú también...

-Mis amigos no me mandan esos mensajes.

-Ya. -Mamá.

Sois más que amigos, ¿por qué mientes?

-Nadie te miente.

Entre Alberto y yo ha surgido algo especial, es verdad.

Pero hemos decidido tomárnoslo con calma

para conocernos despacio. -Ya.

-Eso. -¿Os habéis besado?

Os habéis besado. -Bueno.

-Es tu novio.

-No es mi novio.

-Vale, llámalo como quieras.

Me alegra mucho verte sonreír así.

Estoy feliz por ti. -¿De verdad?

No lo tenía claro.

Pensaba que no te hacía gracia... -¿Cómo no me la va a hacer?

A nadie le alegra más verte feliz.

Verte enamorada.

Que una lo haya conseguido.

-Lo vas a conseguir.

-No cambies de tema.

Quiero que me cuentes todo de Alberto.

-Prometido.

Estaba loca por contártelo.

Alberto es...

Es un encanto.

Te va a conquistar. -Seguro.

-Como a mí.

-Y...

¿Tienes pensado contarle algo de Nacho?

-Lo sabe todo.

-Todo. -Todo.

He querido ser muy sincera.

-Si no ha salido corriendo, es que va en serio.

-Está siendo un gran apoyo.

Creo que, por primera vez, empiezo a tener suerte.

-Te lo mereces.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

¿Y esa risa?

Recordaba cosas de anoche con los chicos.

Te hubieras reído escuchando nuestras aventuras de Londres.

Me alegra que lo pasaras tan bien.

Me hubiera sentido fuera de lugar.

Hablando todo el rato de arte, de sardinas...

No hablamos de arte ni de sardinas.

Hablamos de nuestras locuras de juventud.

Qué pena que tengas esos prejuicios con mis amigos.

Te lo hubieras pasado bien. No son prejuicios.

No tenemos muchas cosas en común, es todo.

¿Y cómo lo sabes? Has estado cinco minutos con ellos.

Ya. -Perdonad que interrumpa, es urgente.

Jorge, se te va a complicar el día.

Te he conseguido un cáterin

en el Ayuntamiento mañana.

¿Y eso?

-¿Cómo? -Mi hija

tenía una reunión y la he acompañado.

Y van a inaugurar de una sala.

-¿Y les has propuesto un cáterin?

-Solo iban a dar una copa.

Les he dado lecciones de protocolo: no puedes darla sin comida

si no quieres emborrachar a la gente.

-Valeria... -Les saqué los colores.

Ha sido fácil venderles la comida de Jorge.

-Lo que tú no consigas...

Es un notición.

¿No estás contento? Mucho. Gracias, Valeria.

¿De cuánta gente estamos hablando?

-Calculan unas 50 personas, más o menos.

¿50 personas en un día?

Imposible, no puedo. No tengo menú ni ingredientes.

Anda, estás en un mercado, tienes de todo a tu alcance, chico.

No esperan nada del otro jueves. Unas tortillas, canapés, croquetas.

Hago cocina de autor, esperarán algo más.

No te compliques.

Ponle tu arte, se quedan contentos.

Y tu pinche favorita te echará una mano.

Voy al puesto de Carmen, a ver qué tiene.

Vuelvo con algunas propuestas.

¡Vamos, vamos! Vamos, vamos.

Nicolás.

Qué bien te queda el nuevo uniforme.

-Muchas gracias, tú también estás muy guapo.

-Parece hecho a medida, se te ve muy cómodo.

Además, con una tela fina, agradable.

Una pregunta.

¿Lo del uniforme estaba en el reglamento

o es una idea loca de la nueva presidenta?

-Fue idea mía, lo elegí yo.

-Claro que sí.

Nada mejor que un buen mono de tela dura

que te pique por el cuerpo, con la entrepierna estrecha.

Con el calor que hace, es ideal.

-Ajá. (RÍE)

Cuidado, como te descuides,

te inflo la entrepierna de una patada.

-¡Hombre! No te enfades.

Me sorprende, siempre te he imaginado de calzón grande.

-¿Me imaginas así? ¿Qué problema tienes?

-Ninguno, no te preocupes.

Es solo que... lo daba por hecho, como eres tan calzonazos.

-¡Tú eres un capullo!

-¿Qué haces? ¡Pero...!

No puedo más, me vuelve loco.

Aguanto porque Adela me dijo que no lleva bien la jubilación.

¿Qué dices?

Creí que le pasa como a mi padre,

que deseaba jubilarse y tener tiempo libre.

Pues dice que se aburre y necesita sentirse activa.

(RESOPLA) ¿Qué dices?

Y yo animé a mi padre para que Carmen la liberara de la carnicería.

Qué ojo tengo.

Anímala para que hable con tu padre.

Que trabaje si quiere.

Explícale que no necesito que me ayude.

No, me he entrometido demasiado con mi padre.

Si quiere hablar con él, que hable, pero tú ármate de paciencia.

¿Tengo que pagar yo el pato? ¿Por qué?

Porque nos ha conseguido un cáterin.

Y porque tengo un novio maravilloso, inteligente, generoso,

empático, sexi, guapo, cachas, que nunca

le rompería el corazón a Valeria.

Va.

Un día más. No va a ser solo uno.

Se sacará de la manga una boda para seguir cocinando.

La conozco, y tú, tiene mucho peligro.

Yo te protegeré, no consentiré que te vuelva loco.

Céntrate, diseña ese menú

y crea para el cáterin.

Creo, creo. Va.

¡Oye! ¿Se puede saber qué hacéis?

¡Parad! -¡Ay!

Si lo pillo, lo desgracio, no soy un calzonazos.

-Si no fuera verdad, no te enfadarías.

-Búscame que me encuentras. -Basta, os comportáis como críos.

Carmen y yo estamos hartas.

O solucionáis esto o tendréis un problema.

-¿Qué clase de problema?

-Lo veréis pronto si no subís, os tomáis un café y habláis.

Haré de mediadora.

Que sois amigos desde hace años.

¿Vais a tirar la amistad?

Carmen y yo no nos llevamos bien.

Pero hemos aparcado las diferencias.

Entiendo que os queréis de verdad.

Y quizá así os cuesta más, pero es momento de arreglarlo.

-Para que veas que yo también soy un calzonazos

y que obedezco a mi mujer,

te invito a un café.

¿Te apetece?

-Claro que sí.

Pero ¿lo dejamos para otro momento?

-¿Lo ves? -Pero bueno.

¿No habéis tardado demasiado? -¿Porque va a ser?

Le tiene miedo a su mujer.

-No es eso, no quiero dejar la faena a medias.

-A tu mujer se le ha subido el cargo a la cabeza

y te tiene amargado, por eso estás vestido así.

No te atreves a tomarte un café. -Que no.

Yo no le tengo miedo a Carmen ni estoy amargado.

Está haciendo una labor importante y me siento orgulloso.

Y deja de faltar a Carmen.

O no tendremos nada que arreglar.

-Me alegro de que no vinieras

porque te hubieras enterado de historias vergonzosas de Londres.

Me da pena habérmelo perdido.

Lo sintió Mateo, se quedó con ganas de conocerte...

¿Quién es Mateo?

Uno de mis mejores amigos. Es guapo a rabiar, simpático.

Inteligente, culto... Espectacular.

Le dejó colgado. ¿No me lo presentas?

Es verdad.

Tenía planes con David, pero quedamos cuando tú quieras.

Vale. Te la guardo.

Vamos a ir a esa exposición, no te libras.

Que sí.

Vale. Venga.

Hablamos cuando vuelva de yoga. Vale.

Me da pereza.

Pero el ginecólogo dice que la respiración es importante.

Lo sabéis bien. Sí.

Adiós. Venga.

Planes con David. ¿No tenías una excusa peor?

No es una excusa.

A ver, Celia.

Te he visto esa sonrisa falsa cuando ha dicho lo de la exposición.

No te apetece nada conocer a Mateo.

No lo entiendo.

Dices que quieres conocer a gente.

Sí. ¿Entonces?

Creo que me estoy pillando por una persona.

¿En serio? Sí.

Pero es alguien... virtual.

Ayer estuve chateando con él.

¿El de Romanticos.com? ¡Sí!

Pero ¿te estás colgando de un tío al que no conoces?

Lo sé.

Estoy como una adolescente.

Me da vergüenza. No.

No tiene por qué dártela.

Pero me preocupa que te enamores de una ficción.

Ya.

Me ha encantado el mensaje.

-Qué bien.

-Y a mi hija también.

-¿Cómo? -Ajá.

Lo ha leído y he tenido que explicárselo.

Lo ha recibido mejor de lo que creía, gracias a tu mensaje.

-O sea, es oficial lo nuestro.

-Eso parece.

-Podíamos celebrarlo. ¿Nos vamos a cenar los tres?

-¿Los tres? Me parece precipitado que venga Noa.

¿Qué te parece si vamos solos?

-Tú y yo solos me suena perfecto.

O sea, es nuestra primera cita. -Eso parece.

-Me pongo nervioso. ¿A qué hora?

¿Dónde quieres cenar? -Escúchame.

Espera, para.

Yo termino a las nueve.

Elige el restaurante, me gusta todo.

Sorpréndeme. -Vale.

Adela.

Tenemos que hablar. Ya, la dimisión de Germán.

Pero tu padre se te ha adelantado.

Estoy preocupada por él, creo que es lo mejor.

No sabía manejar esta presión e iba a acabar enfermando.

Ya.

Si te preocupa, ¿por qué no te ocupas de él?

Sí.

En vez de buscar mierda en la vida de Ágata.

¿Cómo le preguntas por su marido?

A ver, cálmate.

Está publicado y no ha hecho falta hurgar.

La prensa la señala como sospechosa.

Sí, me asusté, ¿y?

¿Cómo que "¿y?"?

Eso no es una justificación.

¿Quién te crees que eres?

¿Esperabas una declaración que la policía no consiguió?

Ágata no te debe ninguna explicación, ninguna.

¿Qué te pasa?

¿Desde cuándo eres una celosa?

No es una cuestión de celos.

Me preocupa a quién metes en casa de mi hijo.

No se puede caer tan bajo.

Usas una historia de su pasado para hacerle daño

y pones como excusa a Germán, no te reconozco.

No pretendía atacar a nadie.

Ni la he acusado de haber matado a nadie.

No, has hecho algo peor:

lo has insinuado y le has hecho revivir una historia

en la que era la sospechosa de la muerte de quien amaba.

Increíble.

Pero enhorabuena.

Si querías hacerle daño, lo has conseguido.

La última vez que tuve una cita fue con quien me casé.

Fíjate si ha llovido. (ALBERTO RÍE)

-Estoy tan nerviosa como la primera vez.

-Me alegra saber que no soy el único. -¡Alberto!

Te estaba buscando.

Acabo de recibir una remesa de patés que combinarían con tus cervezas.

Acepto tu invitación.

-Ya. Creo que no es buena idea, Nacho, así que no.

-¿A qué viene esto?

Tú me lo propusiste.

¿Por qué te echas atrás? -Mira.

Ha cambiado de opinión, déjalo.

-No te metas, no te incumbe.

-No voy a vender tus productos, no quiero tener relación contigo.

¿Está claro, Nacho?

Se acabó la conversación.

-¿Quién te crees que eres? No me conoces.

-Sé lo suficiente de ti.

Si te vuelves a meter con Rosa o Noa,

vas a empezar a conocerme.

-Ya.

Veo que mi exmujer

te ha envenenado en mi contra.

No sé qué te habrá... -¡Cállate ya!

¡O te meto el puñetazo que te mereces!

-Pensaba que eras razonable, veo que me equivocaba.

No tengo por qué aguantar esto.

-Perdóname.

Me empieza ya a sacar de quicio.

-Me ha encantado ver cómo lo pones en su sitio.

-Su sitio es la cárcel.

No demostrarás su delito de pederastia.

Tienes pruebas para denunciarlo por acoso.

-Hay muchas cosas que no conoces y no te las explicaré ahora.

Confía en mí.

Te las explicaré.

¿Sabes qué pasa?

Que... tengo una cita con un chico.

No me apetece que nadie me la estropee, ¿vale?

¿Qué pasa?

¿Por qué te molesta que rehaga mi vida?

Queríamos lo mejor para el otro. Y lo quiero, aunque no te lo creas.

Cuesta creerlo.

No has parado de dinamitar mi relación.

Esto no tiene nada que ver con que me moleste que rehagas tu vida.

¿Con qué tiene que ver? No te excuses con Germán.

Piénsalo.

Si me liara con un empleado en la floristería

y leyeras que le consideran sospechoso de la muerte de su mujer,

¿no te preocuparías?

Si lo hiciste con Miqui.

Bueno, puede ser.

Pero no te pondría en ridículo como tú conmigo

con su hermano. Fue un malentendido.

Y no tiene que ver con esto.

No, hablamos de tu obsesión con Ágata.

Ese artículo te dio la excusa para hurgar en su pasado.

Y para hacerle daño.

Da igual lo que diga, no me vas a escuchar.

Ahora sí nos ponemos de acuerdo. Da igual lo que digas o hagas.

Me da igual.

Estoy enamorado de esa mujer.

Y nadie ni nada me hará cambiar mi parecer.

La espuma de bacalao suena elaborado.

Lo sustituimos por mis croquetas de bacalao.

La lista no se toca.

El menú está decidido.

Entiendo que quieras triunfar con los del Ayuntamiento.

Pero no hay tiempo, seamos prácticos.

Si mezclamos tus tapas elaboradas con las mías clásicas,

triunfaremos con los refinados y los tradicionales.

Haremos las croquetas de bacalao, a mi manera.

Al estilo vasco, con menos harina

y la bechamel más fina. No, de eso nada.

Las hago al estilo Valeria.

Te chuparás los dedos. -Vaya, por fin te encuentro.

¿Otra vez? -Ya.

-Lo de ayudar en el bar era

un favor para que Jorge fuese con Lorena a una exposición.

-Ha sido todo rápido, no me ha dado tiempo de contártelo.

Lo he metido en un lío.

Y me siento responsable. Nos ha conseguido

un nuevo cliente.

Tenemos que presentar una degustación en el Ayuntamiento.

Es para 50 personas.

Lorena no está al 100 %, alguien debe ayudar a Jorge.

-Contratad a un ayudante. -Elías no quiere.

Y no hace falta, no tenemos tiempo.

Me meto a hacer las croquetas, no perdamos tiempo.

Voy a hacer de más, te reservo unas cuantas.

Y se te pasa el disgusto. Nos vemos en casa.

-No te acostumbres, Jorge.

No se ha jubilado para trabajar gratis.

Se ha ofrecido ella. Ya.

Tiene un corazón de oro y todos se aprovechan de ella.

A ver, las cosas no van por ahí. Ya sé cómo son las cosas.

No puedes contar con Lorena.

Y solo no te las apañas teniendo a Noa solo a ratos.

Tienes que contratar a alguien.

Habla con mi hijo. Sí.

No creo que quiera soltar otro sueldo.

Pues busca otras soluciones.

Mi mujer no va a seguir solucionándote las cosas.

Yo no le he pedido ayuda, ella se ha ofrecido.

Como con la carnicería. Le gusta. ¿A quién le gusta trabajar gratis?

Es una buenaza y le gusta ayudar.

No dejaré que la explotes.

No estoy explotando a nadie.

Te la puedes llevar a casa.

Me haces un favor.

En mi cocina es como un tsunami.

No se siente cómoda jubilada.

Se aburre como una mona y a mí me da pena.

¿Es verdad eso?

¿Acabamos de jubilarnos

y te aburres tanto conmigo?

-Si no quieres mi ayuda, solo tenías que decírmelo.

Yo no necesito nadie que me entretenga.

Métete tu compasión por donde te quepa.

¿Qué pasa? ¿Qué tal? -Bien.

¿Tienes tiempo para unas cañas?

-No, tengo mucho curro.

Tengo tiempo para que me digas qué son esas ojeras.

-¿Tanto se me nota? No me he mirado en el espejo.

-Pues estás fatal.

Germán no sale de casa sin mirarse al espejo tres veces.

-Ya. ¿Te has visto? No estás mucho mejor que yo.

-He preguntado yo primero.

-Vale.

Está bien, pues...

Estoy mal, he dejado la empresa de mi abuelo.

No acepta mi dimisión y no sé qué hacer.

Y ya está. Te toca.

-Estoy mal porque he dejado a Samu.

Y estoy enamorada de él y eso me está matando.

-Ya te has enterado, ¿no? Lo siento.

-Tendrías que haberme dicho algo.

-Él te lo tenía que decir.

-Ya, pues no me lo dijo.

Se gastó todos nuestros ahorros, robó el Mercado y...

Y eso por el juego.

Me dijo que no volvería a hacerlo y me mintió.

-Lo siento.

Le dije que hablara contigo.

Creía que, si te lo contaba, dejaría de jugar.

-No supe ver las señales obvias:

las excusas, las mentiras, los cambios de humor.

Cada vez estaba más lejos de mí.

Ya no era el mismo.

-Me lo imagino. Una adicción cambia la personalidad.

Tienes razones de sobra para estar enfadada con él, pero...

¿es el mejor momento para apartarte de su lado?

-Lo tengo que hacer por mí.

Aguanté las adicciones de mi madre y no puedo volver ahí.

No puedo volver, te lo juro.

No soy la mala.

-Nadie te dice que lo seas.

Te entiendo, tienes razones para estar cabreada.

Pero Samu no es tu madre, es tu novio.

Y necesita ayuda.

Una adicción es una enfermedad.

Es un yonqui y ha perdido el control y no va a poder recuperarlo solo.

Necesita que los que le queremos estemos con él.

No me odies.

Te voy a apoyar, pero tenía que decírtelo.

-No te odio.

¿Dónde te habías metido?

Volvías en cinco minutos hace media hora.

-No seas exagerada, no hace ni diez minutos.

-Los puestos vacíos dan mala imagen.

Queremos seguridad,

pero empieza en la responsabilidad de todos.

-Entendido.

-Que no se repita.

-Vete a tu puesto y aplícate el cuento.

-Está Nicolás.

Y no me voy hasta que quites esas cajas de ahí.

-Pensé que lo habíamos solucionado todo.

Te quiero decir algo. -No. Esto no es personal.

Te exijo lo mismo que a todos: cumplir el reglamento. Artículo 6.

Sección B.

"Por seguridad y para una mejor atención,

el material de los puestos

deberá ser retirado de los pasillos a las 9:15 horas".

Hace tres horas que eso no debe estar ahí.

-Vale, a ver. ¿Qué es lo que quieres?

¿Las llevo y dejo el puesto solo?

¿Da peor imagen el puesto solo o las cajas?

Dímelo, decídete.

Todos estamos muy contentos con la labor que estás haciendo.

Pero igual deberías olvidarte

del reglamento y centrarte en los problemas.

-Sabía que aprovecharías para criticar mi mala gestión.

-¿De qué hablas?

-Te arrepientes de soltar el puesto. Lo hago muy bien y estás celosa.

Intentas decir que lo harías mejor.

-A ver, no seas cría, bastante tenemos con los maridos.

No estoy celosa ni arrepentida. Intento decir algo, lo pones difícil.

-Suéltalo.

-Hablo por todos.

-Bueno...

-Tenemos problemas que no se solucionan.

Estamos cansados de tu reglamento.

-Nadie me ha dicho nada. -Bueno.

No se atreven, pero espera que pierdan la paciencia.

Intento que no se pongan en contra.

-Las habladurías me dan igual.

Cuando les pones la pila, todos se quejan.

Pero tendrán que acostumbrarse porque soy su presidenta.

(SUSPIRA)

Hola.

Deja eso, tengo novedades. Déjalo para después de comer.

Con la huelga, se me ha acumulado el género.

No discutas con tu jefe cuando te manda descansar.

Bueno, está bien, tú mandas. A ver, dime.

He hablado con Adela.

No va a volver a molestarte.

Si llego a saberlo, no te lo digo.

Eso va a empeorar las cosas.

Me odiará.

¿Por qué lo has hecho?

Porque estoy harto de tragar mierda,

de aguantar insolencias de mi padre, del niño, de mi exmujer.

Voy a dirigir mi vida y la empresa.

¿Tu padre te ha devuelto la dirección?

No, pero Germán no la aceptará, no está listo.

Y es lo mejor. Cuando yo tenga el mando,

se acabó esto de ningunearme.

Vas a conocer a Elías de la Cruz.

Esto, por aquí.

Gracias. Buen provecho.

Eh. -¡Hola!

Hola. ¡Que aproveche!

-Lorena. -Voy al despacho.

Dejo la bolsa y te ayudo con el cáterin.

No te preocupes.

Come algo y relájate, descansa. ¿Qué tal la clase?

No me apetecía mucho, pero me ha sentado muy bien.

Me he metido caña, ha sido una clase intensa.

Así que me voy a ir a descansar.

Descansa. Está todo controlado.

¿Y Valeria? Pues se fue.

¿Por qué?

Habéis discutido.

No.

Fue una tontería, te la cuento luego.

La gente llegará para comer. Vete y descansa.

No, te ayudo. Lorena.

No es nada, lo hablamos en otro momento.

Vale, me voy a casa.

Chao.

(Mensaje)

¿Y Germán cómo está?

No debió ser fácil la decisión de dimitir.

Ha sido un trago un poco duro.

Pero lo superará. Me costará más superar la culpa.

Es injusto: Germán llevó a los transportistas

a la huelga, tú le advertiste, pero no quiso escuchar.

Tú eres sincera conmigo y yo quiero serlo contigo.

Algo sí tuve que ver en la huelga. ¿Cómo?

Germán lo estaba haciendo mal.

No quería escuchar a nadie, así que...

llamé a Ángel, el jefe de los transportistas.

El tema estaba calentito con los pagos.

No hizo falta mucho para la huelga.

Imagino lo que piensas de mí.

Hice esto porque creo... Hiciste lo que debías hacer.

No debieron quitarte de la dirección y has aguantado ayudando a tu hijo.

Germán tomaba malas decisiones.

Cuando uno no razona, hay que actuar.

Me alegro de que lo entiendas.

Quiero mucho a mi hijo, no pienses que soy un mal padre.

Pienso que eres fuerte, inteligente, seguro de ti mismo.

Vas a por lo que quieres.

Jorge, cóbrame, anda.

(DUDA) ¿Estás chateando con Abigail? Sí.

Permíteme, no es asunto mío, pero ¿estáis bien Lorena y tú?

Sí, muy bien.

Tenemos nuestros días, pero sí.

Estamos en nuestro mejor momento.

No soy el más indicado para hablar de parejas,

pero, si estáis bien,

¿por qué eliges la tableta en lugar de hablar con ella?

Para evitar males mayores.

No le va a sentar bien que discutiera con Valeria.

No quiero discutir por una tontería.

Es más fácil con un desconocido.

No les afecta, no se implican... Ah.

El problema viene si ese desconocido se convierte en algo más.

No, Alberto, no es el caso.

Abigail no significa nada, si es lo que insinúas.

Es una desconocida con la que chateo de manera amistosa.

Nos contamos las preocupaciones, el día a día...

No hay connotaciones sexuales.

Aunque no haya tonteo sexual,

puede haber otro tonteo de intimidad, de contarse

confidencias y demás que puede ser peligroso, no sé.

Yo voy a cometer la osadía de darte un consejo.

Borra ese perfil.

Juegas con algo que se te puede ir de las manos.

Bueno, hasta luego.

Chao.

(Móvil)

(Móvil)

Dime, cariño.

Me pillas un poco liada.

Vale, me parece bien.

Le das saludos de mi parte.

Y no comas mucho, con tu abuela siempre te empachas.

Sí, estoy escribiendo.

Estoy concentrada, ¿te lo cuento luego?

Vale, cariño.

Te quiero, hasta luego.

(Mensaje)

¡Ah! ¿Qué?

A ver, primero esto y luego...

Venga.

(Mensaje)

"Hola. Espero que estés bien y tu día sea mejor que el mío".

"Voy a mil, pero quería sacar un momento para escribirte".

"Te escribo para despedirme".

"He disfrutado mucho nuestras charlas

y te agradezco lo que has compartido conmigo:

tu exótica vida, tus sentimientos...".

"Pero estoy en un momento exigente laboral y personalmente

y no puedo seguir comunicándome contigo".

"Vencerás a tus fantasmas

y encontrarás con quién compartir tu vida".

"Ojalá sea ese del que me has hablado

y que, por tus idas y venidas, no logras estar con él".

"Espero que entiendas mi decisión".

"Siempre es mejor un final a tiempo que un epílogo aburrido".

¿Qué te ha hecho esa estantería? ¿Por qué le das esa paliza?

Por no dársela a tu hija, que me tiene calentita.

¿Qué ha hecho Carmen?

¿Qué haces con una pizza?

Tenías que estar con Jorge para un cáterin.

Cambio de planes. No quiero hablar de eso.

Sigue con lo de Carmen.

Ha aparecido aquí con el reglamento y pasándome revista.

Las plantas, mal alineadas.

Más brillo a los cristales. No barro lo suficiente.

Ha amenazado con sancionarme. La verdad.

Me va a matar a disgustos.

Lo siento, es tu hija y no es agradable.

Pero los comerciantes se están empezando a hartar.

A mí también me tiene harta.

Qué vergüenza me hizo pasar en el Ayuntamiento

viendo cómo se daba esos aires de grandeza.

Y, lo peor,

me ha hecho de menos tratándome como a una "empleaducha".

Como nos trata a todos:

ordenándonos, regañándonos, como la jefa.

La veo con el reglamento y quiero quitárselo y quemarlo.

Dímelo a mí.

La ayudé a colocar las chuletas y no sabes la que me cayó:

no había medido las distancias que marca el reglamento.

Esta mujer está fuera de control.

Los comerciantes no pueden más.

Desde la pollería a las chuches.

Todos se quejan.

Conozco a mi hija y sus limitaciones.

Lo hace con la mejor intención, nadie se esforzaría más

por el Mercado.

Pero tiene su carácter y no es la indicada para el puesto.

La culpa es mía.

Debí votar por Cristina y no forzar una coalición.

Lo hiciste con la mejor intención, sabías que estaba muy ilusionada.

Pero también que era peligroso dejarla presidir.

Buscaste una solución, pero no iba a cuajar.

Sí, yo tenía que haberlo previsto.

Pero no quería el mal sabor de boca de romperle el corazón.

Ya, te lo agradezco, pero...

Quiero a mi hija, pero yo nunca la habría votado.

Al tomar una decisión así,

hay que ser prácticos y pensar en el bien común.

Y dejarse de sentimentalismos. Esa lección ya la he aprendido.

Debí consultarte antes de la votación.

A lo hecho, pecho.

Nos queda confiar en que se le pase la euforia por el cargo

y se vaya calmando.

Qué va, yo no me haría ilusiones.

Mi hija le coge gusto al poder. Ahora que lo tiene, se va a crecer.

En fin, yo qué sé.

A ver cómo va pasando.

Y confiemos. Bueno.

Me espera Jesús en casa.

Y toca pizza, no quiero cocinar ni un huevo frito.

(Llaman a la puerta)

¿Sí?

Hola. -Hola.

-¿Necesitas algo?

-¿Has vuelto a jugar? -No, te juro que no.

-Reconoce que tienes un problema o no te voy a creer.

-No te voy a engañar.

Llevo toda la mañana entrando y saliendo de partidas.

Lo he quitado antes de apostar. -Has estado cerca.

¿Harás lo mismo la próxima?

-No lo sé.

Las ganas están ahí.

Y es... muy difícil.

A lo mejor tienes razón.

Soy un ludópata.

Y has hecho bien en...

en alejarte de mí, no soy de quien te enamoraste.

Siento mucho las mentiras, el dinero y todo.

-Es lo que quería escuchar.

Para curarte de una adicción, debes aceptar que tienes un problema.

-Lo he hecho gracias a ti.

Si no, no habría sido capaz de hacerlo.

No me voy a perdonar haberte perdido. -No me has perdido.

-Pero es lo mejor que has podido hacer.

-No me has perdido.

-Estarás como amiga y te lo agradezco.

-Voy a estar ahí siempre, escúchame.

No como amiga.

-¿Estamos juntos? ¿Me perdonas?

-No te perdono, estoy enfadada.

Tus cambios de humor y todo eso me ha hecho daño y me he asustado.

Las adicciones de mi madre marcaron mi infancia.

Me prometí que no pasaría por lo mismo.

-Por eso tienes que alejarte de mí.

No tienes que sufrir. -Voy a sufrir

viendo cómo te autodestruyes.

Sé que no eres mi madre y que puedes salir de esto.

Confío en ti a pesar de todo.

-No sabes lo que significa escuchar esto.

Y voy a salir de esto por ti.

-Y yo voy a estar contigo a cada paso.

Y el primero es fuera mentiras.

Diles a tus padres lo que te ha pasado y has hecho.

-No puedo, les destrozaría decirles que soy adicto al juego,

que soy un ladrón. -No.

Tienes un problema y lo entenderán como yo.

-Les haría polvo, no puedo.

-Mi amor.

Será difícil, pero estaré contigo, y te quieren más que nadie.

Confía en mí, ¿vale?

Y, por favor, demuéstrame

que salir es lo que más quieres. -Te lo juro.

Hablaré con ellos.

De verdad, mi amor.

Me encanta la fruta de verano.

¿Qué me recomiendas?

¿Melocotones o nectarinas? -¿Qué haces aquí? ¿Qué quieres?

-Soy un cliente que compra fruta.

Ponme... dos melocotones y dos nectarinas.

¿Para qué elegir si lo puedes tener todo?

Qué bien te desenvuelves, parece que llevas toda la vida.

Es lo que me gusta de ti.

Tu capacidad para adaptarte a todo.

¿Cuánto es? -Nada, invita la casa.

-Pues ponme también unas manzanas.

¿Qué tal las cosas con el frutero?

¿Cuánto tardarás en conseguir que te ponga un anillo?

-Se acabó el juego, Julián, no sacarás nada de mí.

Lárgate y déjame en paz.

-Siento que te moleste.

Tendrás que acostumbrarte, no pienso irme.

-Hicimos un trato e hice mi parte.

Así que lárgate, no vuelvas.

-Me duele que me trates así.

Con lo que vivimos juntos y lo bien que te va,

no esperaba que fueras egoísta.

-Me diste tu palabra, vete. No te debo nada.

-Lo siento, he cambiado de opinión.

He pensado en lo que hice por ti, merezco más que unos miles de euros.

-Bueno, basta.

No te obligué a hacer nada y te beneficiaste.

No dejaré que me sigas extorsionando.

-Mira, yo no maté a tu marido.

Si te denuncio

y confieso el encubrimiento, no serán tan duros conmigo.

Piénsalo.

Si la verdad saliera a la luz, eres la que tiene algo que perder.

-Jamás sacrificarías a tu gallina de los huevos de oro.

Y sabes que terminarías entre rejas.

-Tendría cama y comida gratis.

Hasta podría estudiar una carrera.

No sería tan traumático.

No renunciaría a mis planes de ser la señora De la Cruz.

Veo que te desenvuelves muy bien.

(Móvil)

"Solo sexo".

Pensaba que, después de mis problemas,

me iría bien. -Y no.

Tenías razón.

No te preocupes por mi relación, si se puede llamar así, se terminó.

No eres diferente.

Le demostraré a Rosa el tipo de hombre que eres.

Rosa volverá conmigo.

-Afloja, me deslomo trabajando.

-A lo mejor no es suficiente y tienes que mejorar.

-Y qué pasa, ¿me vas a despedir?

-Por eso he ayudado a Jorge.

Yo no quería jubilarme ni dejar la carnicería.

-No nos podemos fiar.

Debemos hablar con Alberto, que no los traiga más.

-No vas a dejar de amargarme.

-Hasta que me des lo que le sacarás a Elías.

-¿Nacho sabe lo tuyo con mi madre?

-Sí, nos ha visto juntos. ¿Por qué? ¿Le crees capaz?

-Cuadra bastante con él.

-Perdí tu amistad.

Luego, la de los comerciantes. Y ahora voy a perder mi matrimonio.

Quieres culparme de tu incapacidad para dirigir la empresa.

No tengo nada que ver.

¡Que digas lo que has hecho!

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Mercado central - Capítulo 215

13 ago 2020

Elías abronca a Adela por interponerse entre Ágata y él.

Elías y Ágata parecen felices y al mando del negocio… pero Julián reaparece para pedirle más dinero a ella.

Celia se está colando cada vez más por su ligue cibernético. Pero Jorge, aconsejado por Alberto, decide poner fin a la relación virtual.

Rosa cuenta a Noa que ha comenzado una relación con Alberto. Ella apoya a su madre, pero Nacho intenta torpedear la incipiente relación.

A Carmen se le sube el cargo a la cabeza y vuelve loco a medio Mercado con sus exigencias.

Valeria se entera del peor modo de que Jorge no sabe cómo librarse de ella en el bar.

Germán aconseja a Carla que dé una nueva oportunidad a Samuel. Carla lo hace, pero con una condición: que Samuel le cuente todo a sus padres.

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