Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.30 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 207 - ver ahora
Transcripción completa

¿Me das el nombre de la residencia de tu madre

para decirle que vaya a verla?

-Es que está muy al sur, muy alejada del centro.

No es lo que busca tu amiga.

Aunque me den un año, no conseguiré hacer algo tan bueno.

-No seas tan crítica, si todo lo haces bien.

No, esto es distinto.

Y me da miedo decepcionar a la amiga de Adela.

-He quedado con Quique.

-Si os liais,

¿me llamas y me avisas? -Claro.

¡Venga, hombre, por favor!

Bien, pues te subo.

Vamos, por favor...

Eran 200, ¿verdad?

250, 250...

Genial. Ahora te veo. Chao, chao.

(Pitido caja registradora)

-Y también he pensado una manera

de atraer un poco más de gente aquí, al mercado.

Una ludoteca.

-¿Y sentamos a los niños en el suelo?

-Ya lo he pensado, tengo mesas y sillas de Andrea.

Las traigo mañana.

-Bueno. Pues mira, si no va a costar dinero...

No dejaría tirado a alguien del ayuntamiento

y menos si es para darte dinero.

-Ya me estás liando.

-Del ayuntamiento, ¿qué?

-No sé, algo como una subvención para el mercado.

Pero vamos, lo raro es que Cristina tenía muchísimo interés

en que Elías la acompañase. Y se han ido para allá.

-¿Dónde vamos a ir? Nuestra vida está aquí.

-Bueno, ¿y Jona?

Podríamos irnos con él, ¿no?

-De acuerdo.

(ALBERTO) No es justo que os fastidie la vida.

Tu sitio está aquí, ¿no?

Tu gente, tu familia, tus amigos... -No.

Mi sitio está donde mi hija esté bien.

Debo protegerla, ¿sabes?

Nacho le hizo mucho daño y a mí también.

-Seguro que encontrarás otra luz en tu horizonte.

(ALBERTO) No es fácil.

Aparte, no tengo tiempo. Con los chavales, la cervecería...

No... No tengo tiempo ni de arreglarme.

-En 20 minutos debo estar en el hospital

para hacerme una biopsia. -¿Qué?

-Seguro que no es nada.

Es algo que me encontraron en un chequeo de esos rutinarios.

-Pillamos un taxi y nos vamos.

-Lo voy a hacer, pero yo solo. -Sí... Ni de coña.

(CARLA) Románticos.com. Pero ¿cuál será?

(ALBERTO) Hola. -¡Uy!

-No penséis que me gustan a mí estas aplicaciones de ligoteo y eso,

esto es que Jorge se ha empeñado y...

La web de Alberto me dio una idea, a ver qué te parece.

Amor cibernético.

-Pero ¿tú has ligado alguna vez por Internet?

Pues no. Pues ya sabes lo que toca.

Te tienes que apuntar a Románticos.com

y flipar con los Albertos de turno.

Cuanto antes me documente, antes escribiré.

(ÁGATA, RÍE) Bueno, ¿qué? Habrá que ir saliendo, ¿no?

Porque tú quieras...

(Puerta cerrándose)

Oye, no nos habrá escuchado nadie, ¿no?

No, aquí nadie se ha enterado de nada.

Oye, papá, soy yo otra vez.

Llámame cuando escuches el mensaje.

Me tienes que perdonar, se me ha pasado por completo. Pero llámame.

¿Papá?

Papá...

-A buenas horas apareces. No... Discúlpame, de verdad.

Es que he tenido...

Al final, con el trabajo tuve mucho jaleo.

Y después los de Ecofruit,

que debían entregar el pedido y no lo han hecho,

y tuve que perseguirlos.

Guárdate tus excusas donde te quepan,

no las he pedido.

¿Por qué no me cuentas cómo fue lo de la biopsia?

Estoy preocupado. Te llamé, pero no lo coges.

La mitad de las veces que te llamé yo.

Pero ahora no te hagas el preocupado, ¿eh?

Si te importara mi salud, no me hubieses dejado colgado.

Te he dicho que estaba muy liado.

Sí, sí... Conozco yo tus líos.

¿Has olvidado lo difícil que es dirigir la empresa?

Mamá te echaba en cara que cuando nací no estabas.

Estabas en Villaconejos con una compra de melones.

Te adelantaste dos semanas, listo. No sé por qué me he dejado enredar.

Por un momento pensé que podía confiar en ti,

pero no dejas de defraudarme.

(Puerta abriéndose)

-Hola. Hola.

¿Interrumpo algo? -No interrumpes nada, yo ya me iba.

Ah, gracias por acompañarme al hospital.

-De nada, abuelo. Solo faltaría.

-Si no es por ti,

habría pasado un mal rato más solo que la una.

(Puerta abriéndose)

(Puerta cerrándose)

Enhorabuena, hijo. Eres un crac.

No dejas pasar la mínima oportunidad

para apuntarte un tanto con el abuelo.

-Tú sí que eres un crac. Echando balones fuera.

Lo acompañé porque lo dejaste tirado,

estaba cagado de miedo y es mi abuelo y lo quiero.

Espera, hijo, voy a por un pañuelo, que me vas a hacer llorar.

Eres alucinante.

O sea, ¿dejas colgado a tu padre e intentas echarme la mierda a mí?

Eres un miserable.

Y lo peor es que crees que somos igual de miserables.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Y se apagó

# una luz en la ciudad

# y una sombra # en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven y sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán.

# Aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió una luz en la ciudad,

# en la plaza donde regateamos, # con un beso,

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

(Teléfono)

-¿Sí? Sí, soy yo el titular.

No me han robado la tarjeta,

me lo he gastado yo en una página de Internet.

¿Qué estoy en números rojos? ¿De cuánto?

Tengo la nómina domiciliada, cuando la ingresen...

¿Que me vais a cobrar una comisión por una semana?

Vale, muy bien, que les aproveche.

-Buenos días. ¿O debería decir buenas noches para ti?

-Te llamé para decirte que llegaba tarde y que no esperaras.

-¿A mí me llamaste? ¿Cuándo?

-No sé, serían... las 23:00 y pico o algo así.

No sé.

Al final se nos lío la cosa y fuimos a un bar.

Este estaba rallado por la chica esa y fuimos a un bar.

-No sé si es peor el que se lía o el que se deja.

-Vi que estaba el móvil apagado

y no insistí por si te habías acostado.

-¿Me llamaste al móvil? -Claro. ¿Dónde te voy a llamar?

-Te dije que me llamaras al fijo. No funciona el móvil, se apaga.

-Joder. -Es que parece que no me escuchas.

-Perdón, Carla.

Llevábamos unas cervezas y no me acordé de lo del fijo.

-Bueno, no pasa nada.

Me he despertado a las 06:00 y pico,

he visto que no estabas y me ha vuelto a dar la taquicardia.

¿Dormiste o vienes de empalmada?

-No voy de empalmada, pero casi.

-¡Carmen! Carmen, ¿tienes un momento?

-Es que tengo mucha prisa.

-Quería que vieras cómo está la ludoteca.

-Sí. -Ahora mismo está un poco vacía

porque faltan los juguetes. Eso le dará otro aire.

-Ah, pues mira, eso te lo quería comentar.

Verás, es que...

He estado buscando los juguetes y no los encontraba.

Y haciendo memoria,

recordé que se los regalé a una amiga.

Y no me acuerdo ni cuándo ni a quién.

Hace mucho tiempo.

-Vaya por Dios. -Sí.

Algo que tengo útil en el trastero y lo regalo.

-No te preocupes, alguien nos dará juguetes.

-Claro. Si no, podemos pedir una subvención al ayuntamiento.

-Veo que las noticias vuelan por aquí.

-¿Qué noticias? Ponme al día.

-Te explico y te enteras.

-Te digo yo la explicación:

te falta tiempo para dejarme al margen de las reuniones.

Y ahora te apuntaras el tanto delante de todos.

-No sé con quién hablaste, pero no es así.

-Déjate de historias. Me guardabas lo de la entrevista en la radio

y que anulé la cita con la pija de márquetin,

y me la has devuelto.

-Te juro que fue cosa de Elías.

Yo le dije que te esperásemos.

-Otro, el rey de los trileros.

-A ver, Elías pidió una ayuda

cuando era presidente de la asociación,

e insistió en hablar con el que lleva el expediente

porque sin documentos, no hay subvención.

-Qué chanchullos traerá. Ese no da puntada sin hilo.

-Él ahora se está preocupando por el mercado.

Además, te he hecho un favor, tú no estabas.

Hacía falta al menos una presidenta para firmar.

-¿Montamos una asamblea para ponerte la medalla?

-Por eso te estaba esperando,

para que pusiéramos la convocatoria de la asamblea

y comunicárselo a los demás. -Ya.

-Llevábamos muchas cervezas y me quedé a dormir con Quique.

-¿Y eso?

-No atinaba ni a abrir la puerta del portal,

así que la abrí yo y casi hasta subirlo en brazos.

Y nos entró sueño y nos quedamos.

-Estarías igual. -En silla de ruedas se nota menos.

-¿Y quién pinchaba? -¿Eh?

-En el local.

-Bueno, pues... Pues unos chavales que conoce Quique.

-¿Cómo se llaman? -Yo qué sé.

No sé cómo se llaman. ¿Tan importante es el nombre?

Unos que pinchan música que le gusta Quique.

-Vale, vale, no digo nada.

-Ya vale con tanta pregunta, me agobias.

-¿Qué dices tío? Estas rarísimo.

Es que no puedes hacer nada conmigo, estás a la que saltas...

No sé qué te pasa.

-No me pasa nada, Carla.

-Te pasa algo. Te conozco, no soy tonta.

Si tiene que ver con nosotros, te pido que lo digas.

-Está todo bien, Carla,

pero deja de preguntarme tanto. Déjame respirar un poquito.

(CARMEN) Es muy fácil, Cristina,

la próxima vez, coges el teléfono y me llamas.

Tan sencillo como eso. -Como tú.

Como lo haces tú, ¿no? Chicas.

Enhorabuena. Vi la ludoteca, está fenomenal.

Ay, muchas gracias.

A ver si vienen los padres, que nunca tienen tiempo de nada.

Es una idea genial. Verás como vienen.

Muchas gracias.

Está desangelada porque faltan juguetes.

Falló la proveedora.

-Es que las prisas que no son buenas.

Yo tengo muchos juguetes de David. Si queréis, os los traigo.

-Uy, pues eso sería genial. Pero ¿los tienes a mano?

Sí, en un armario que cuando lo abro me dan los siete males.

Los puedo traer esta tarde. Nos haría un favor enorme, ¿verdad?

-Si, enorme.

Bueno, hasta luego. Voy para allá. Hasta luego.

-Va, desfilando que hay otra entrega en dos minutos.

(Motor arrancando)

-¿Tienes un momento? -Ahora no.

Tengo mucho lio. -Un minuto solo.

-¿Para qué me preguntas si harás lo que te dé la gana?

Perdón.

Perdón. Estoy saturado por el curro y discutí con Carla.

No es buen día.

-¿Por qué? ¿Ha pasado algo?

-No te preocupes.

Una tontería, lo vamos a solucionar.

¿Tú qué? ¿Qué pasa?

-Vengo a contarte una cosa.

-Venga, pues dime.

-A ver, he estado hablando con mi madre

y la convencí para irnos de Madrid.

-¿Cómo para iros de Madrid?

-Hemos pensado que lo mejor es irnos de aquí.

-¿Mucho tiempo?

-Pues en principio, para siempre.

-Hombre, mira quién viene por aquí, la Bella Durmiente.

-Buenos días.

No sabes lo que me costó dormir. Por eso me levanté tan tarde.

-¿A mí me lo cuentas?

No parabas de dar vueltas en la cama.

Por cierto, que no te pregunté.

¿Qué tal te fue en el taller ese de Boadilla?

¿Encontraste los neumáticos que buscabas?

-Sí, sí, sí. Y a muy buen precio.

Pero hasta dentro de dos semanas no me los dan.

-Vaya por Dios.

¿Y cómo son?

-¿Los neumáticos? Son así...

¿Desde cuándo te interesan los neumáticos de los coches?

-Me ha dado por ahí, fíjate.

¿O Tienes algún problema porque aprenda algo más de mecánica?

-¿Qué problema voy a tener yo? -Ah.

-Otra cosa, ¿me puedes dar el nombre de ese taller?

Es para una clienta

que quiere cambiar neumáticos y llantas.

-Pues, eh... No me acuerdo, pero... Tendría que mirarlo.

-Pues míralo, no tenemos prisa.

¿O tú sí?

-No, no.

Es que no llevo las gafas, en casa te lo anoto.

-Vale ya, Jesús. Basta ya.

¿Qué más pregunto sobre ruedas para que digas la verdad?

Sé que estuviste en el hospital.

Cuando eché tus pantalones a lavar,

encontré una cita médica en un bolsillo.

-Bueno, sería del año de la polka.

-Con fecha de ayer, Jesús.

¿Estuviste o no estuviste en el hospital?

-Sí, fui a hacerme una prueba. No tiene mayor misterio.

-¿Y se puede saber por qué me mientes en una cosa así?

-Para no preocuparte. Si no tenía importancia.

-Me da igual a qué fueras.

Quiero que me cuentes todo, lo bueno y lo malo, ¿está claro?

-Perdona.

-Es que no podemos seguir viéndolo aquí todos los días.

-Y él se tiene que quedar, ¿no? ¿Dejareis que se salga con la suya?

Si alguien se tiene que ir, es él.

-Ya lo sé, pero no puedo estar más aquí.

No aguanto la presión.

Necesito estar tranquila y con él no puedo.

-Ya está bien de iros todos, ¿no?

Si seguís así, me quedo más solo que la una.

Primero Jonathan y ahora tú. -No digas eso.

-¿Habéis pensado dónde ir?

-Por eso venía a hablar contigo.

-Dime. Si puedo ayudar, haré lo que sea.

-A ver, he hablado con mi madre y le he dicho de irnos a Málaga,

pero no sé muy bien cómo se puede eso tomar Jona.

(CARRASPEA) Pues no sé, ¿has hablado con él?

-No. Por eso quería hablar antes contigo.

¿Crees que sigue muy enfadado por lo que pasó?

-Enfadado no, porque es Jonathan y ya lo conoces.

Pero lo pasó mal, Noa.

-Ya lo sé, Samu,

pero si se hubiera quedado, estaría tan mal como yo.

Hice lo que debía. -Ya.

El tema es que no sé

si es el mejor momento para que vayas a Málaga.

-¿Por?

¿Está tan cabreado como para no darme otra oportunidad?

-Creo que se está dando una oportunidad allí.

-¿Está con alguien?

-Hablé con él y me dijo que... estaba conociendo una chica.

Que no era nada serio, pero lo conozco y lo vi ilusionado.

Lo siento, Noa. No...

No te he dicho nada antes porque no sabía si te iba hacer bien.

Creo que es importante que lo sepas antes de decidir ir para allá.

-Sí, sí, no. O sea, has hecho bien en decírmelo.

-No sé, a lo mejor es una señal para que os lo penséis.

No tenéis por qué iros de aquí. Con cambiar de barrio ya está.

-No, no. De Madrid nos vamos, eso seguro.

Lo que ahora no sé es adónde.

-Bueno, pues espero que tardéis un ratito decidiros.

Y que no te vayas sin despedirte.

-Claro que sí.

-Y eso sí, mínimo un mensaje al día.

No te andes con tonterías.

Te voy a echar mucho de menos.

-Y yo a ti.

-¿Y qué prueba era esa?

-Desde hace tiempo tengo un bulto aquí, en el cuello.

Se lo dije al médico, me hizo una analítica

y dijo que me hiciese una biopsia para descartar algo malo.

-Con razón estuviste tocándote el cuello.

-Yo sé que no es nada, ¿eh?

Pero hasta que no tenga los resultados,

pues uno tiene un comecome... -¿Qué comecome?

-Por si es lo que se llevó por delante a la pobre Consuelo.

-Ay, por Dios, Jesús. -¿Ves como no debía contártelo?

Tenía pensado decírtelo

cuando tuviese los resultados de la biopsia.

-Y soltármelo así, de sopetón.

-Pero ¿para qué preocuparte si aún no sabemos nada?

¿Para no dormir, como yo? -Pues sí.

Prefiero no dormir y estar apoyándote,

que dormir a pierna suelta mientras te comes la cabeza.

La biopsia saldrá como tenga que salir,

pero no quiero que lo pases mal estos días.

-Eso es fácil decirlo, ¿eh? -Sí que lo es.

Pero tenemos una edad que nos puede pasar cualquier cosa.

No merece la pena deprimirse ni comerse la cabeza

por algo que no ha pasado.

Y que estoy convencida de que no va a pasar.

-Tienes razón.

-Conociéndote, seguro que has ido solo.

-Iba a venir Elías, pero no se presentó.

-Y... La madre que... -Me llevó Germán.

No fui solo. -Y a tú hijo ¿qué le pasa?

-Por lo visto, fue un tema de trabajo.

-Me da igual. Parece mentira que, con lo que ha pasado,

no aprendiera que la familia es lo más importante

y lo único que tiene.

-Elías vivió de cerca la enfermedad de Consuelo

y lo dejó tocado.

No me extrañaría que no hubiese querido ir

para no revivir ese momento.

-Si solo ha sido una biopsia. Estás fuerte como un roble.

Si no quería acompañarte, que no se hubiera ofrecido.

¿Cuándo te dicen algo?

-Dentro de unos días.

-Ya te estás quitando ese comecome de la cabeza,

porque estoy convencida de que va a salir bien.

-Eso espero, Valeria. -Y, si no...

que venga lo que tenga que venir.

A mí no me separan de ti ni con agua caliente.

(CARMEN) Qué ludoteca ni ludoteca.

Un aparca niños de toda la vida es lo que es.

-Hola, cariño -Hola. ¿Tú qué haces aquí?

-Dicen que este interruptor está un poco suelto.

-Arregla el de la cocina, que lleva roto ni sé el tiempo.

-No te preocupes. De este "finde" no pasa, ¿vale?

-Ajá. -Ah, por cierto, enhorabuena.

-¿Por qué? ¿Me ha tocado la Loto?

-No, por la ludoteca. -Ah.

-Cristina y tú lleváis poco tiempo, pero ya se nota vuestra mano, ¿eh?

-Bueno, no creo yo

que por poner cuatro ositos y tres sillas de chichinabo

nos vayan a dar el Nobel de educación.

-Mujer, no seas modesta. Lo importante es que, entre las dos,

le estáis dando un buen meneo al mercado,

que falta hacía.

Ay... La verdad es que empezasteis mal,

pero oye, la cosa empieza a funcionar.

-Sí, como un tiro.

-¿A que sí?

Cristina será lo que sea, pero es una mujer de palabra.

Dijo que habilitaría un cuarto para mis cosas

y me ha dado permiso para pedir presupuesto.

-No te alegres tanto, los presupuestos se los lleva el viento.

-Mujer, no seas tan negativa.

Mira. ¿Eh?

Mira, mira, mira, mira, mira, mira. -¿Qué pasa?

Herramientas, muy bonitas. -Sí. Son nuevas.

Las otras estaban ya hechas polvo.

Y me ha dicho: "Pues renuévalas", y hoy mismo lo he hecho.

-¿Esta mujer cree que el mercado es suyo?

-Te dará un "parraque", tranquila. -¡No me da la gana!

¡La mosquita muerta! Diálogo, colaboración,

pero a la mínima me ningunea. ¡Y encima con mi marido!

-Si se lo pedí yo, no fue cosa de ella.

-No son formas de tomar decisiones.

Es que soy tan presidenta como ella. O más.

-Carmen, más que ella tampoco.

-¿A ti qué te pasa? ¿Eres fan suyo por una caja de herramientas?

-Carmen, ¿no crees que sacas las cosas de quicio?

-No es la primera que me hace.

Esta mañana fue con Elías a pedir una subvención.

¿Te ha avisado? A mí tampoco.

-¿Lo has hablado con ella? -Claro.

Ha dicho. "No, es que hemos ido muy rápido

y no nos dio tiempo a avisarte".

Lo que pasa es que me la tiene guardada por lo de la radio

y se quiere apuntar un tanto solita.

-No me gusta este pique.

No es bueno para ti ni el mercado ni para nadie.

-Yo no empecé. El que me busca, me encuentra.

-No nos volvamos locos. ¿Qué vas a hacer?

-No lo sé, pero algo haré como que me llamo Carmen.

Apaga al salir.

-Con el lio que tengo yo...

-Hola.

-Hola, buenos días. -¿Me invitas a un café?

-Sí, claro.

Un dedo de leche y sin azúcar, ¿no? -Rosa, Noa...

Me enteré ayer, ¿por qué no me habéis dicho nada?

-Te lo ha contado Alberto, ¿verdad?

-A ver, no podéis iros.

-A ver, pensaba decírtelo hoy

para que empezaras a buscar a alguien,

pero está claro que se me han adelantado.

Lo siento tanto, de verdad. Lo siento mucho, mucho.

(PAOLO) A ver, Rosa,

si lo hacéis para que Nacho deje de amargaros la vida,

yo lo entiendo.

Y siempre estaremos aquí para lo que necesitéis.

Pero no sois vosotras las que se deben ir.

-Ya, pero él no se va a ir, Paolo.

-Pero no es justo.

-No.

-¿Está decidido?

(NOA) Sí.

(PAOLO, SUSPIRA)

Bueno, a ver, la verdad es que...

también tengo un poco de envidia.

Porque el pensamiento de pasar en Málaga una temporadita,

junto a la playa, el mar... No me iría mal, ¿eh?

-Podéis venir cuando queráis, ¿verdad, Noa?

(PAOLO) No lo digas más.

La semana que viene se lo digo a Cristina

y nos presentamos allí.

Bueno, luego hablamos, ¿eh? -Ajá.

Empiezo a trabajar. Hasta ahora. -Chao.

(Llaman a la puerta)

-Sí.

Abuela. -¿Qué pasa, a qué viene la urgencia?

-Gracias por venir tan rápido.

-¿Ha pasado algo? Tienes muy mala cara.

-Ah, no, no. Ya sabes, el trabajo de gerente,

trabajas mucho y descansas poco.

-Con la ilusión que lo cogiste y mírate.

-Y lo mantengo, pero ya sabes cómo soy.

Me gusta tenerlo todo controlado y me suelo llevar trabajo a casa.

-Así estás, con ojeras que llegan al suelo.

Ahora, que seguro que no me haces venir

para contarme lo mal que duermes por el trabajo.

-Hombre, pues no.

-Venga, suéltalo. ¿Qué pasa, estás bien?

-Sí, sí, yo sí... pero Carla no.

El puesto no va como debería, ¿sabes?

-Parece que va bien, todo el mundo compra.

-El problema es el margen de beneficio.

No puede subir el precio porque no vendería.

-Los principios siempre son muy difíciles, hijo.

Recuerdo a tu abuelo quejarse al abrir la carnicería.

Decía: "Esto va a ser nuestra ruina".

Y mira, al final, después,

hemos vivido dos generaciones de ese puesto.

-Eran otros tiempos.

Es que, como sigamos así, acaba con nuestra relación.

-¿Solo es un problema de dinero?

-Sí, hombre, sí. El dinero envenena todo.

Vamos a discusión por día. Y hay días de sesión doble.

-Chico, no lo entiendo.

¿Ha volado el dinero que os dieron por lo de las camisetas?

-Hombre, ya te digo si ha volado. No, si es que Carla no escatima.

Que si un horno nuevo por aquí,

que si, ahora, una batidora hecha en Alemania... Dime tú.

-La chica hizo una apuesta fuerte. -Claro que la ha hecho.

Pero la ambición le ciega un poco, ¿sabes?

He puesto el dinero que tenía.

Me daría pena cerrar el puesto a los dos días de abrir.

-¿Piensa en cerrar? -Ya te digo.

No tiene para pagar proveedores ni alquiler.

Y ahora que empezaba a remontar.

-Mamá, venía a hablarte de lo de Málaga.

-¿No me digas que han alquilado el piso

al que le habías echado el ojo? -No.

Es que... Bueno, no creo que ahora sea un buen momento para ir.

-¿Por qué? ¿Qué pasa?

-Que no creo que a Jona le vaya a hacer mucha ilusión verme por allí.

Samu dice que está saliendo con otra chica.

-Ya...

¿Sabes algo más? ¿Sabes si la cosa, no sé, es seria o...?

-No, no. Según Samu, no.

Pero dice que Jona está ilusionado.

Y sinceramente, no me apetece meterme por medio.

-Bueno, pues ya está. Si lo tienes claro...

-Lo siento, te estoy mareando a ti también.

-Que no pasa nada, de verdad. El sitio no es importante.

Lo importante es lo que dijiste, que estemos juntas.

-Gracias. Te quiero mucho.

-Y yo a ti. Con toda mi alma.

Tengo que decirte otra cosa, ¿sabes?

Siempre he tenido un plan B,

pero como tú estabas tan empeñada en ir a Málaga, pues...

-Ah, ¿sí? ¿Un plan B?

-Ajá. Orihuela.

-¿Con tu prima Leticia? -Sí.

-Sabes que le cae mal Nacho, ¿no? Dice que lo dé una patada

y que me vaya a trabajar con ella al bar.

-Pues nada, iremos a hacerle compañía a la prima Leti.

-Como le llames prima Leti no nos abre la puerta, ¿eh?

-Vale, pues a la prima Leticia. -Leticia, eso.

¿Sabes una cosa?

No tenía muy claro al principio que fuera buena idea marcharnos

-¿Y ahora?

-Ahora creo que ha llegado el momento de empezar una nueva vida

y de decírselo a la familia.

(VALERIA) ¿Cuánto dinero necesita para seguir sin agobios?

-Déjalo, abuela. No tenía que habértelo dicho.

Como tú dices: "Cada palo que sujete su vela", ¿no?

-Déjate de refranes y tonterías.

¿Os eché una mano con las camisetas? -Sí.

Y te lo agradezco, pero no quiero abusar.

No me parece bien. -Pero qué abusar ni qué niño muerto.

Vamos a ver, considéralo como un préstamo entre empresarias.

Me lo devolverá cuando el negocio dé dinero.

-¿No hay ningún problema?

-Eh... Depende. Vamos a ver, ¿cuánto necesita?

-Hombre, a ver, yo creo que con tener

para pagar el mes que viene el alquiler

y lo que le debe a los proveedores, ya estaría.

-¿Y cuánto es eso?

-Unos 1200 euros más o menos. -Ya.

Pues dile que cuente con 1500. -¿Sí?

Muchas gracias, abuela. Es que eres la mejor.

La verdad es que ese dinero le va a venir al pelo.

Pero debo pedirte un favor.

Otro. -Dime.

-Mejor no le digas nada a Carla.

El otro día le deje caer así, por encima,

el pediros dinero a la familia, y me monto la más grande.

Ya sabes cómo es de orgullosa. -Tranquilo, por mí no se entera.

Ve pensando cómo explicas de dónde sacas el dinero, que no es tonta.

-No te preocupes.

No digas nada, que ya se me ocurrirá algo.

-Ay... -Muchas gracias.

Jorge, yo creo que estoy siendo justo contigo, ¿no?

Pediste tiempo y libertad para una carta nueva, muy bien,

pero no solo no llenas el estómago a los clientes,

sino que tampoco llenas la caja.

Yo, sintiéndolo mucho, te debo exigir que abarates costes.

Elías, lo estoy haciendo.

Eliminé los platos más caros

y he añadido otros de la carta antigua.

Me diste libertad, respétamela. Lo respeto y todo lo que quieras,

pero abarata costes.

Te estoy diciendo que estoy en ello, Elías.

Hemos tenido una crítica muy buena en una revista.

Seguro que acaba cuajando. En breve esto se llena.

¿Y cómo pago facturas, proveedores, tu sueldo...?

¿Con billetes de juguete?

No sé. Hay que aguantar y tener paciencia.

Los beneficios llegarán. Llegarán.

De momento, no veo ni un euro. Ni un euro, cuñado.

Macho, abarata costes, es lo único que te estoy pidiendo.

Tú has cogido dinero con el traspaso del Delicatessen,

pero hay que ponerse las pilas.

Que te viene un bebé, ¿sabes lo que es eso?

Pañales, el pediatra... Elías, sé lo que es tener un hijo.

Gracias, de verdad.

Estoy hablando con unos proveedores de carne

para abaratar costes y mantener los platos que quiero.

Confía un poco en mí.

¿Qué haces aquí?

-Pensaba pedir un café.

¿Café? Vete de aquí.

Vete, si no quieres... Si no quiero, ¿qué?

¿Qué me vas a hacer?

No voy a caer en tus provocaciones.

¿Provocaciones? ¿Ahora pedir un café es provocar?

Elías, déjalo, no merece la pena.

Y tanto que no.

Estás a punto de ganarte una denuncia por agresión.

Y podría ponértela por amenazas,

pero voy de buenas. Tú no tienes vergüenza.

No paras de amargarle la vida a mi hermana y a mi sobrina,

y no las dejas en paz hasta conseguir que se vayan.

¿Que se van?

¿Adónde? No... No quería decir eso.

Me he equivocado.

Gracias por la información. Últimamente, nadie me cuenta nada.

Olvídate del café, ya se me han quitado las ganas.

Me saca de quicio y termino diciendo cosas que no debo decir.

Tengo que avisar a mi hermana.

Elías, no has dicho ni adónde ni cuándo.

Lo que has dicho, lo podría averiguar él.

¡Eh, eh, eh!

¡Mira por dónde vas!

¡Te estoy hablando a ti!

¡Eh!

-¿Y estos "cupcakes" tan adorables? Me acabas de robar el corazón.

-Es lo que hay, ¿vale? Son los que venden.

-Uy, no está el horno para bollos. (RÍE) Nunca mejor dicho.

Vale. Perdona si he dicho algo que no... Lo siento.

-No, lo siento yo, que tengo un mal día.

-¿Ha pasado algo con Samu?

-Ese es el problema. No pasa nada con él

y no paro de pensar qué puede haber pasado

para que esté así, pero no lo hay. No entiendo.

-¿Y cómo está? -Esta raro.

Está seco, no sé...

En nuestra relación siempre hay problemas,

pero los arreglamos, ¿sabes?

Y ahora, yo que sé, tenemos nuestros roces,

lo típico de cuando convives con alguien,

pero no ha pasado nada para que él esté así conmigo.

-Pues a lo mejor es lo que tú has dicho.

Hay días mejores, peores... Ya se le pasará.

-Ya. Pero es que estábamos bien y, de repente, es otra persona.

-El puesto de gerente, que lo debe estar estresando.

-No, yo creo que tiene que ver con Quique.

¿Sabes quién es?

-No. ¿De dónde ha salido?

-Se lo presentó Alberto. Y yo que sé, es un chico conflictivo.

Desde que salen juntos, pues... no sé, Samu es otro.

-¿Qué quieres decir con "conflictivo"?

-Que no quiero hablar por hablar, porque tampoco sé.

Ha tenido una infancia difícil,

se ha metido en chanchullos y cosas chungas.

Y no sé, no me hace gracia que salgan tanto juntos.

-Ya. Pero, tía, Samu es mayorcito. Tiene personalidad de sobra

para dejarse arrastrar por el mal camino ahora.

-Ya. Pero cuando quedan,

después me prometen que a la próxima me invitarán,

y no lo hacen, pasan de mí.

Y si le pregunto a Samu: "¿Qué tal, cómo ha ido?",

no sé, lo típico,

se pone a la defensiva y parece que oculta algo.

-¿Se lo has preguntado directamente?

-Sí, pero se pone imposible.

Me dice que lo agobio, que no me fio de él,

que soy una paranoica...

¿Tú sabes algo que yo no sé?

-¿Yo? No, nada. Qué va.

Nada. Tía, habla con él.

Si dos personas se quieren,

no hay nada que no se solucione hablando.

Quizá son tonterías

y haces una bola por no querérselo preguntar.

-Ya. Pero ese es el problema, que yo no sé si Samu me quiere.

Siento que se ha cansado de mí

y que no sabe cómo decírmelo. -Mira, ni de coña.

Por favor, ni de coña, ¿vale?

A Samu se le cae la baba cuando está contigo y cada vez que te ve.

Habla con él.

No hay nada que los dos no podáis solucionar.

¿Vale?

¿Me puedo llevar uno?

-Pagando.

Uno.

A ver, ¿qué te apetece?

-No tengo mucha hambre. Hemos desayunado hace poco.

¿Estás bien? ¿Te duele algo?

Es que no me gusta cerrar el puesto en horario laboral.

Cariño, si solo hemos cerrado un momento, nada más.

Hay que reponer fuerzas.

No nos hayamos esforzado mucho en lo que va de mañana.

Han venido dos clientes.

David, ¿a ti qué te pasa?

No estás así porque hemos cerrado el puesto, ¿a qué no?

Bueno, un poco sí.

Pero también me pone nervioso ver a Nacho todo el día.

Hijo, pero si eso es normal.

¿Te quieres ir a casa? ¿Eh?

No empieces, no quiero ir a casa. Vale.

No quería venir aquí. Vale.

Me pongo nervioso, pero es bueno esforzarme en no estarlo.

Así puedo demostrar que puedo estar tranquilo,

aunque no me dejas.

-Perdonadme.

¿Estáis hablando de Nacho?

¿Os ha hecho algo? No, no, no. Estate tranquila.

Lo que pasa es que David lo está haciendo muy bien.

Está aguantando estupendamente,

Lo que pasa es que tener a Nacho todo el día enfrente nos altera.

-No cuentes nuestros problemas a todo el mundo.

David, cariño, Rosa no es todo el mundo.

-Siento mucho lo que estáis pasando. Estás siendo muy valiente, David.

No vamos a olvidar nunca lo que estáis haciendo por nosotras.

Pero yo creo que, con un poco de suerte,

esta pesadilla se terminará

y no tendréis que ver a Nacho en el mercado todos los días.

-¿Qué quieres decir?

-¿Puedo sentarme un momento? Sí, claro, por favor.

Veréis, es que...

Noa y yo hemos decidido que nos vamos a vivir fuera,

lejos de Madrid.

Vamos a empezar una nueva vida lejos de Nacho.

Pero, Rosa, ¿qué estás diciendo? ¿Cómo que os vais?

Sí, nos vamos, es lo mejor.

Si nosotras no estamos aquí, Nacho ya no tiene nada que hacer, ¿no?

Somos su único vínculo con el mercado.

Bueno, también tiene el puesto. Ya.

Aunque no sabe nada de vinos ni de quesos.

Y a la gente le cae fatal, no creo que tenga futuro.

Claro que no. Y el dinero no le va a durar eternamente, ¿no?

Tendrá que cerrar y buscarse la vida en otro lado.

Ya está. Y entonces, ¿volveréis?

Pues no lo sé.

No lo sé.

Es que no sé dónde voy a estar ni cómo vamos a estar. No lo sé.

Pues es que no sé qué decirte, de verdad que no.

Que os vamos a echar mucho de menos.

Y espero que tengáis mucha suerte. Mucha, mucha suerte.

Muchas gracias.

Gracias, Celia.

Mira, aunque estéis lejos,

vais a estar muy presentes en este mercado.

Os dejo.

Qué pena, ¿no?

(Puerta agitándose)

(Timbre)

-¿Te pillo en mal momento? No, no, no, para nada, para nada.

Es que he parado para comer

y he pensado que a lo mejor te apetecía compartir un poco de sushi.

Estaba aprovechando para cuadrar unas cuentas,

pero pensaba picar algo.

Tú sabes que a mí el sushi me encanta, ¿verdad?

Por no hablar del servicio a domicilio.

Hay que ver cómo han mejorado las repartidoras.

¿Te pongo un vino o prefieres una copa?

Lo que estés tomando tú.

No son horas, pero te acompañaré. Vale.

¿Seguro que no te interrumpo? Sí, perfecto.

Es más, me viene bien, no me cundía hacer esto.

No tengo la cabeza donde la debo tener.

¿Y eso?

Quedé con mi padre para acompañarlo al hospital

a hacerse unas pruebas y se me pasó.

Pero ¿cómo se te puede pasar algo así?

Es que estaba en el almacén un poco liado.

No sé si te suena. Ah.

Total, que al final ha sido Germán quien ha acompañado a mi padre.

Y como me sentía mal conmigo mismo por olvidar acompañar a mi padre,

le eché en cara a Germán aprovechar la mínima oportunidad

para quedar bien con él, y quedé como un miserable con los dos.

Así que, ya ves, Últimamente todo lo hago mal.

Ah...

Yo diría que algunas cosas las haces muy bien.

Ah, ¿sí? Ajá.

Sabes lo que dicen, ¿no? ¿Qué?

Que si algo lo haces bien,

lo ideal es que lo estés haciendo constantemente, ¿sabes?

¿Quién dice eso? Te lo has inventado.

Sí. Pero lo importante

es que has pillado el mensaje. Lo pillo, lo pillo.

Sírveme esa copa por lo menos, anda.

Vale.

(Hielo entrechocando en el vaso)

-Samu, tío, ¿dónde estás?

Te he buscado en el despacho y en el mercado.

Llámame, cuando escuches esto, anda.

¿Has comido ya? Medio "cupcake" de Carla. ¿Y tú?

Yo ahora.

¿Has visto a Samu? ¿No está por aquí?

Pues no. Supongo que habrá ido a hacer alguna gestión.

¿Para qué lo necesitas?

Lo de siempre, permisos de carga y descarga y eso.

¿Qué tal tu día? ¿Todo bien?

Sí, todo bien.

La mañana muy tranquila.

Bueno, ha venido Ágata a comprarme un ramo.

Tengo que hacerle factura

y se me ha olvidado pedirle sus datos.

Oye, lo mismo los tienes tú. Por lo de las nóminas.

Sí, pero ¿por qué no se los pides a ella?

Bueno, estuve antes en la frutería,

pero la pillé muy liada y no he querido molestarla.

Y después he pasado y tampoco está. No sé.

Mamá. ¿Sí?

Parece mentira, ¿eh?

Tras tantos años viviendo con papá, ¿no has aprendido a mentir?

Que hijo tan listo tengo.

Sí. Pero no, no te voy a dar los datos de una trabajadora,

si no me dices, al menos, para qué los quieres.

Lo de la factura no cuela.

Esa chica no me gusta un pelo.

Ya, ni a mí tampoco,

pero ¿qué tiene que ver eso con los datos personales?

Pues que creo que esconde algo.

La escuché hablar por teléfono y alguien le pedía dinero.

Cuando tu padre le dejó 10 000 euros de la cuenta de la empresa

para pagar la residencia. Mucha casualidad, ¿no?

Pues sí, mucha.

Pues eso. Que yo no me chupo el dedo.

Quiero sus datos para saber si es de fiar.

¿Esto se lo has dicho a papá? ¿Para qué?

¿Para que me diga que estoy celosa? Venga, hombre.

Mamá, me voy a ir, ¿vale? Tengo trabajo, te dejo.

Yo... no te he dado nada.

¿Nada?

-¿En qué estás tan concentrada?

Hola, Lorena.

Pues mira, estoy siguiendo tu consejo.

Y antes de acusar a Ágata de nada, intento descubrir si oculta algo.

Ah. ¿Y has encontrado algo en ese papelito?

Pues parece que, por el momento, no voy por mal camino.

Porque ya tengo sus apellidos y, además, hay algo que no cuadra.

Resulta que vive en la calle Serrano.

Ya me explicarás cómo una dependienta

puede vivir en la zona más cara de Madrid.

Pues no sé.

¿Tendrá una casa

heredada de la familia o algo así? Ah, ¿sí?

¿Tiene una casa en la calle Serrano,

pero no puede pagar la residencia? ¿No te resulta raro?

Sí, es raro. No me la imagino compartiendo piso en Serrano, no.

Pues yo no pienso parar

hasta descubrir qué esconde esa encantadora de serpientes.

Y espero hacerlo

antes de que tu hermano pierda la cabeza del todo.

A lo mejor ya es tarde.

Ayer... los pillé en el almacén. ¿En serio?

De verdad, lo de Elías no tiene remedio.

Ve una mujer guapa y se lanza de cabeza.

La manía que le tienes a Ágata, ¿es por eso?

¿Son celos, es por Elías? ¿Tú también con eso?

Estáis obsesionados con que sigo pillada de Elías, que no.

Me importa lo que le pase porque tengo un hijo con él.

Y además, tenemos negocios juntos. Nada más.

Y no quiero que le hagan daño a mi familia.

¿Es tan difícil de entender? No, te entiendo.

Pero bueno, estate tranquila. Es Elías, no se va a dejar liar.

Lorena, tú es que no lo conoces.

Como haya caído en sus redes, este no se va a dar cuenta de nada.

(ÁGATA) ¿Sabes?

Creo que cada día me gustas más.

Me alegra que digas eso, porque me pasa lo mismo.

Creo que me estoy enamorando de ti.

(CHASQUEA LA LENGUA)

Vuelve a quitarte la chaqueta.

-Tengo los billetes para Orihuela.

-¿Ya? -Ajá.

-¿No es demasiado pronto? Aún no he puesto el cartel del piso.

Quiero alquilarlo antes de irnos. -Tranquila, salimos en 15 días.

Si los cogía, me salían más baratos.

Mamá, tenemos dos semanas para alquilar la casa.

-Ajá. -Y bueno, si no,

se la dejamos a una inmobiliaria o a Lore.

-Ya.

Es que, mira, no sé,

se me ha vuelto el estómago al decir lo de los billetes.

Nos vamos, ¿no? Nos vamos ya.

-Sí. ¿Nerviosa? -Mucho.

Mucho. Pero estoy más feliz que nerviosa.

-Y más lo seremos cuando nos alejemos de Nacho.

-Debemos hacer muchas cosas, ¿eh, Noa?

Tenemos que ponernos a buscar un piso en Orihuela...

-Bueno, pero hasta que encontremos algo

podremos quedarnos en casa de la prima.

-Sí, ella encantada, pero yo quiero encontrar un piso para nosotras.

Allí son baratos, ¿sabes?

Con lo que nos den por el piso, sobra.

Pues háblalo con la prima Leti. Igual ella sabe de algo, ¿no?

-¿Tienes un minuto?

-¿Qué haces aquí? -Quiero hablar.

-No, no lo tiene.

-Bueno, esto también te incumbe a ti.

-Déjala en paz. Por favor, ve al bar.

-Ah, ¿no lo has dejado todavía?

-¿Y por qué iba a dejarlo?

-Os vais, ¿no?

¿Cuándo pensabais contármelo? ¿O es que no me ibais a decir nada?

-No sé de qué hablas. No nos vamos a ninguna parte.

(NACHO) Ah, ¿no? -No.

Pues qué disgusto se va a llevar tu prima Leticia,

porque os está esperando en Orihuela.

¿Creíais que no me iba a enterar?

A Elías se le ha escapado que os ibais.

Tu familia no es numerosa.

Me ha costado unas llamadas saber dónde.

-¿Y qué vas a hacer, Nacho?

¿Nos vas a seguir hasta allí? Venga...

-¿Por qué no?

-Mira, el mundo es muy grande. Esta vez nos has encontrado,

pero la próxima no tendrás esa suerte.

-¿A qué aspiras, Nacho, a seguirnos eternamente?

¿Y de qué vas a vivir?

-Yo por estar cerca de mi familia soy capaz de cualquier cosa.

No voy a perderos.

Da igual lo que me cueste.

Me necesitáis.

Y no voy a dejaros solas... nunca.

-Eh, Noa. Noa. (NOA, RESPIRA CON ANSIEDAD)

Estos son los juguetes.

Son viejos, ¿eh? Si alguno no vale, lo tiras.

-No, mujer, gracias. Seguro que sirven.

Mira, le voy a dar uno a Pedro. Porque el niño tiene tela, ¿eh?

¿Es muy travieso?

Hemos jugado al pillapilla, al escondite, pero no se cansa.

Yo creo que lo conozco.

Estuvo en el puesto con su madre, clienta mía.

La madre se ha quedado a gusto dejándomelo aquí.

Bueno, al menos solo tienes uno, ¿no?

Antes tenía cuatro, pero se han ido a comer.

¿A comer? Es que no aguantan a Pedrito.

Bueno, me voy. A ver qué está haciendo.

Hasta luego, Cristina. Hasta luego.

Hola, Andrea, hijo. ¿Cómo estás?

Oye, Andrea, te llamo ahora, ¿vale?

¡Pedrito!

¡Pedrito!

Pedrito, ¿dónde estás?

¡Ay, Pedrito!

(NOA, LLORA)

-Aunque te seques las lágrimas, te he oído llorar. ¿Qué te pasa?

-Nada, tonterías.

-No me gusta que me mientan.

Si no me lo quieres contar, no lo hagas,

pero no digas que son tonterías.

Porque si estás así, es algo importante.

¿Es porque te da pena irte?

Tu madre me contó que os mudáis. Deberías estar contenta,

así, al menos vosotras, os libráis de tu padre.

Si os vais, quizá se va del mercado. -No nos vamos. No nos vamos.

-¿Por qué? ¿Qué ha pasado?

-Que mi padre se ha enterado de adónde vamos

y dice que va a seguirnos.

-Pues podéis ir a otro sitio.

-¿Adónde, David?

¿Adónde?

Adonde vayamos tendremos la angustia de que nos encuentre.

Si es que esto no va a acabar nunca. Nunca nos va a dejar en paz.

Mira, ¿sabes lo que te digo?

Sé que está mal pensarlo y más decirlo,

pero ojalá nunca se hubiera despertado.

Es que...

Dios.

¿En qué momento, en qué momento me dio pena ese hombre?

Todo...

Todo lo que le ha hecho a mi madre...

¿Sabes que por su culpa he perdido a Jona?

Lo deje para protegerlo de él y que pudiera hacer su vida

y, claro, se ha cansado de esperarme.

Es que...

siempre que hay un poquito de esperanza en nuestras vidas,

un poquito, siempre está él ahí para mandarlo todo a la mierda.

¡Es que no nos vamos a ir, David! ¡Ni nosotras ni Nacho!

-¡No!

-¡David!

David, ¿dónde vas?

-Mierda

(Timbre)

Escóndete.

Yo lo entretengo y te vas. Ven.

¿Qué le pasa ahora a tu madre con Ágata?

-Está mosqueada porque no se fía de ella.

-Dejo la página.

Pero ¿por qué?

A mi quien me gusta es Rosa.

-Carla me ha dicho que has seguido jugando.

-¿Qué seguir jugando?

-Júrame por tu madre que no has vuelto a jugar.

-Germán, déjame en paz.

-¿Cuánto has perdido?

-¿Y si no se ha escondido, Celia? ¿Y si se lo han llevado?

Lleva mucho tiempo desaparecido.

¿Dónde vas? Llamo a la Policía.

No hago esto por celos. -¿Por qué es?

Por favor, haz que lo entienda.

Pues porque me duele.

Me duele ver cómo el hombre con el que he pasado más de 20 años

y con el que tengo un hijo,

es tan imbécil de dejarse estafar 10 000 euros.

Si Ágata hace esto ahora, ¿qué hará cuando lo tenga a sus pies?

Nacho, vete, por favor.

-¿Qué dices? Ha venido a tocarme las narices.

¡Que te vayas! ¿Qué miras?

-Igual me he pasado, lo reconozco,

pero Cristina tiene ideas de bombero.

Que ha perdido un niño.

No le viene mal una dosis de realismo.

Y de esto ni una palabra, ¿eh?

-Pasará una señora por ahí preguntando por mi madre.

Sí. No, no, no, no.

Adela se llama.

Por favor, no le des de información.

Es una loca que le quiere quitar dinero.

-Yo...

quisiera saber si te gustaría que nos conociéramos mejor.

Y ver qué pasa.

A ti qué te importa ya con quién hable Rosa.

No es tu mujer.

-Me importa porque has ido detrás de ella como un buitre.

-Yo no he hecho eso. -Sí lo has hecho.

Iba bien hasta que apareciste. Destrozaste mi familia.

-Quique.

Oye, la timba que me dijiste con los pringados de tu barrio,

organízala, ¿vale?

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Mercado central - Capítulo 207

03 ago 2020

Adela se ha hecho con algunos datos personales de Ágata para seguir intentando dar con una prueba irrefutable que demuestre a Elías que esa mujer no es trigo limpio. Mientras, Elías cada vez está más entregado a los encantos de Ágata.


Nacho se entera de que Rosa y Noa quieren marcharse de Madrid y las advierte de que, vayan donde vayan, dará con su paradero.

Al ver a Noa muy afectada por culpa de Nacho, David va dispuesto a encararse con él.

Cristina se despista y el niño que custodiaba en la ludoteca, se va.

Carla se desahoga con Germán sobre lo distante y malhumorado que se muestra Samuel. Germán deduce que su amigo puede tener problemas con el juego, pero calla ante Carla.

Elías pide a Jorge que reduzca gastos en el bar.

Valeria pilla a Jesús en su mentira: no iba a ningún taller, iba a hacerse una prueba médica.

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