Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.30 horas

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No recomendado para menores de 7 años  Mercado central - Capítulo 193 - ver ahora
Transcripción completa

-Elías, dime que no está muerto.

Tiene pulso.

-Si Nacho se despierta y dice la verdad, ¿qué hacemos?

Si todos decimos lo contrario, puede decir misa.

Ojalá nadie te pregunte y no tengas que mentir.

Pero si lo hacen,

necesito saber que contarás la misma versión que el resto.

¿Serás capaz de hacerlo?

¿Crees que después de todas las cosas tan terribles que han pasado

podemos reconciliarnos?

Yo no pierdo la esperanza.

-Debí imponerme y celebrar el cumple juntos,

los De la Cruz y Pacheco.

-Los Pacheco y los De la Cruz. -Da igual eso.

Para mí sois mi familia, le pese a quien le pese.

¿Sabéis cuál es el mejor regalo que me podíais haber hecho?

Que las dos personas que más quiero,

junto con mi nieto, que sois vosotros dos,

os comprometierais a relacionaros con respeto y cariño.

-O sea que te piras a Málaga.

-Sí. Mi hermana y mi sobrino me están esperando.

-Pero ¿esta vez de verdad o... o como siempre?

Llevas tres despedidas. -Sí, capullo, esta vez es de verdad.

Aquí ya no hay nada ni nadie que me retenga.

-Venga. -Cuidaos, ¿vale?

-Dale. -Da recuerdos.

(SAMUEL) Jona...

Te quiero.

Ven aquí.

-Esto es tuyo.

(SAMUEL) ¿Esto... dónde lo has encontrado?

-No lo he encontrado.

(SAMUEL) ¿Sabes quién me robó el discurso?

-¿Quién? -David.

-¿Y eso?

-Nada, que por lo visto no quería que te fueras de su casa.

-Pues vaya.

-A ver, es verdad que el chaval se ha columpiado,

pero luego lo ha arreglado.

Sacó copias y las pegó por los puestos,

y a los comerciantes les gustó.

-¿Os vais a vivir juntos?

-Pues eso parece.

Lo importante es que te quede claro que no me largo de tu vida, ¿vale?

Si es que... me sigues queriendo como amiga.

-Como amiga no, como hermana mayor.

He salido de aquí y me encontré a Nacho

increpando a Rosa y a Noa en la calle, frente al mercado.

Elías intentó frenarlo, pero... Bueno, ha sido muy rápido.

Noa lo empujó, cayó por las escaleras,

se golpeó la cabeza y quedó inconsciente.

-Debí estar más pendiente.

Debí vigilarlas y protegerlas. Y lo has hecho, Lorena.

No sabemos si Nacho volverá.

Si lo hace, debemos mantener la versión de Elías.

Es la única forma de protegerlas.

Entonces, ¿Nacho está...? -No, no está muerto.

Pero ha entrado en coma. ¿Qué ha dicho el médico?

Pues que no saben lo que puede pasar.

Al parecer, las próximas horas son cruciales.

-Podréis engañar a todos, pero no podré engañarme a mí misma.

Si muere, será por mi culpa.

-Buenos días, Antonio.

(SUSPIRA)

Vaya, vaya, vaya, qué sorpresa... Buenos días.

¿Quieres que te ayude? -No, no hace falta.

-Hacía días que no venías tan temprano.

-Ya, es que Lorena me ha pedido que la cubra esta mañana.

-Ay, ojalá que todo les vaya muy bien.

-Bueno, luego lo sabremos.

(ROSA, SUSPIRA)

¿Qué te pasa, hija?

-¿Has visto cómo me ha mirado ese?

-¿Quién? Pero si...

Es Anselmo, cielo. -Sí.

Bueno, él y todos.

Me miran mal porque saben lo que hice.

-Mira, Noa, quítate eso de la cabeza.

Aquí, en el mercado, todo el mundo te quiere.

-Ay, mamá, no te engañes, de verdad.

Aunque Elías intentara ser discreto, todos saben qué pasó.

-Ya. ¿Y no te parece curioso

que todo el mundo ha decidido callar para protegerte?

(Sintonía de "Mercado Central")

# Y se apagó

# una luz en la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven y sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán.

# Aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz en la ciudad,

# en la plaza donde regateamos, # con un beso,

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

-Mira, Noa, yo estoy muy agradecida, ¿y sabes por qué?

Porque noto que la gente del mercado te aprecia.

Que nos aprecia a las dos.

Y además, todo el mundo sabe, cielo,

que tú, en realidad, no querías hacerle daño a tu padre.

-Es que me siento tan rara, mamá.

No sé, por una parte, pues tengo rabia y lo odio,

lo odio por todo lo que ha hecho, pero...

me siento culpable.

-Él se merece todo lo que le ha pasado, Noa.

Métete eso en la cabeza, ¿de acuerdo?

Escúchame, él nos puso entre la espada y la pared

tomando esas decisiones. -Ya, mamá, pero soy su hija.

Y lo tiré por unas escaleras.

Y es que lo peor de todo es que soy incapaz

de sentir ninguna compasión por él.

-¿Sabes qué es lo más importante?

Que nos ha tenido siempre engañadas, Noa.

Pero ahora que sabemos el tipo de alimaña que es,

ahora, lo que tenemos que hacer es seguir con nuestra vida.

-¿Y cómo se consigue eso?

-Pues no lo sé, cielo, pero agarrándonos al presente.

Un presente en el que ya no está Nacho.

¿De acuerdo?

Ven aquí.

Ven aquí.

-¿Has ido a verlo otra vez?

-Pues sí. Voy de vez en cuando.

Sería extraño, ¿no?,

que no me pasara por allí para ver cómo se encuentra, ¿no crees?

Buenos días, guapísimas.

Noa, ¿me pones un café para llevar, cuando puedas?

Espera, tómate tu tiempo.

Buenos días, Adela.

Cada vez te veo llegar más pronto, ¿no?

Bueno, pues si me ves

es porque tú también tienes muchas cosas que hacer aquí, ¿no?

Trabajar como una burra, como tú.

Pues sí, ya somos dos.

¿Qué tal Noa, está mejor?

(ROSA, SUSPIRA) Bueno, no muy bien, ¿sabes?

Apenas sale de casa...

Lleva semanas sin ir a clase.

Y al bar no viene a no ser que Lorena la llame, como hoy.

Pobrecilla. Todavía le está pasando factura lo de Nacho.

No lo lleva bien, la verdad.

Pero yo a ti sí que te veo bien, muy entera.

Es que ¿sabes qué pasa?

Que todo este tiempo que he estado sin Nacho,

malmetiendo y agobiándome, no sé...

No sé cómo explicarlo, es como haber empezado una vida nueva.

Claro.

Verás, sigue dándome pena, pero...

Ojalá que nunca se despierte.

Yo pienso lo mismo.

Que es muy triste, pero que te entiendo.

Es que él descansaría, pero nosotras también.

¿Crees que soy una mala persona por desearle la muerte a mi marido?

Rosa, por Dios... Si tú eres un cielo.

Venga...

-Por Dios, Jesús, deja de cargar esas cajas,

que te destrozarás la espalda.

-Esto no es nada...

Después de bocadillo de lomo con pimientos y una cerveza,

se me pasan los males.

-Eso, tú hazte el machote.

Y luego, servidora, se pasa la tarde dándote friegas en la espalda

porque llegas tieso como un palo.

-Alguien tiene que reponer el género.

-Pues sí, pero no tú, que para algo eres el jefe.

¿Qué hago, si no tengo ayudante? -Mentira.

Los últimos tres días pasaron varios chavales

y según vienen, los echas.

¿Cómo no los voy a echar, si no valen para nada?

No le llegan a Jonathan ni a la suela.

-Ya, pero Jonathan se ha ido.

Lo que tienes que hacer es contratar a un chaval de 20 años

que coja esas cajas de seis en seis.

-Dudo mucho que el último que vino sepa contar hasta seis.

-De verdad, cómo eres...

-Bueno, vamos a dejarlo, ¿no? ¿Quieres?

A ver... ¿qué quieres? Que tengo mucho que hacer.

-Pues comer con mi marido, si no es mucho pedir.

Anda, que ponen paella en el Carrasco.

Me gustaría comer contigo.

¿Qué pasa, estás a dieta o algo?

-Que hoy no va a poder ser.

Tengo que resolver lo de los conductores.

-¿Qué pasa con los conductores? -Mira, no... no me hables.

De repente, no quieren cobrar las horas extras en especie,

como lo han hecho toda la vida, sino dinero contante y sonante.

-Estupendo.

Ya veo cuáles son tus prioridades, primero el trabajo y luego tu mujer.

-No seas injusta.

Tú también trabajas y sabes de qué va esto.

-Trabajo, pero no con obsesión.

-Valeria, por favor. -Ni por favor ni sin favor.

Jesús, nos casamos para disfrutar de la vida juntos.

Y últimamente, lo único que hacemos juntos es discutir.

¿Y por qué? Porque pasas más tiempo aquí que esas peras.

-El domingo te llevo a la sierra a comer chuletitas de cordero.

-El domingo estarás con lumbago, como si lo viera.

(SAMUEL) ¿Qué pasa? (VALERIA) Hola.

-Prepárate, que me parece que duermes en el sofá...

-Qué mujer...

Como si no echase más horas que un reloj en la carnicería.

(SAMUEL) Ya no. Eso dice mi madre,

que desde que se casó no se le ve el pelo por aquí.

-¿Eso dice? (SAMUEL) Sí.

Igual tiene algo de pelusilla.

Pero pasa del puesto y entra y sale cuando quiere.

-Ya...

-Bueno, te dejo, que voy a seguir. Suerte, campeón.

-¡Pero bueno! -¡Pero bueno, Nicolás!

-¡Ya están aquí los americanos!

Hombre, bienvenidos. ¿Qué tal? ¿Cómo ha ido en Boston?

-Uy, pues fenomenal. Una ciudad tan bonita...

-Ay... Y el artista, ¿qué, cómo está?

-Bueno, él está encantado, porque ya está terminando el curso

y se quiere ir a Liverpool otra vez. -Ya tiene dos bolos programados.

-Menudo crac. Como le vaya bien en el mundo de la música, os retira.

-Ojalá, Nicolás. Que San Genaro te escuche.

(CRISTINA) No te quejes.

Por su talento tuvimos una segunda luna de miel.

-Tienes razón, amor mío.

Es que, Nicolás, cuando uno lo tiene todo,

no se puede pedir más.

-Vaya... Veo que no has escatimado.

Vaya zapatillas más guapas, Paolo. -¿Has visto?

-¿A correr una maratón en la pizzería?

-No, no. De correr, nada.

Me tomaré la vuelta con mucha calma.

(CRISTINA) ¿Y aquí alguna novedad? -No.

Rosa me llamó por una bombilla de la pizzería.

-Si eso es lo más grave que ha pasado, es que vamos bien.

-Vaya. La verdad es que...

ya necesitábamos un poquito de tranquilidad.

Bueno, y Carla ya ha abierto su puesto de "cupcakes".

-¿Tan rápido? ¿Y qué tal le va?

-Estupendo, está supercontenta.

Como Samuel con su puesto de gerente del mercado.

Son la pareja de moda del Central.

-Anda... -Y los de la cervecería, ¿qué?

-Pues bueno, ahí, ya ves, terminando las obras.

-Espero que vendan solo cervezas, porque si no...

-Si ofrecen comida, te harán la puñeta.

(PAOLO) Ya. -Ya.

(PAOLO) ¿Los dueños son del barrio? -Pues mira, Paolo, ni idea.

Es un misterio, nadie viene a ver la obra.

Y los obreros es que no sueltan prenda.

-A lo mejor pone bares en serie,

en plan franquicia. (NICOLÁS) No lo sé.

Pronto lo sabremos, la inauguran esta semana.

(CARLA, RÍE) Buenos días.

Buenos días. Vengo a por mi tentación.

A ver, ¿qué te apetece hoy? Tenemos de yogur con arándanos,

de naranja con pepitas de chocolate o de pistacho con canela.

A ver...

Venga, de pistacho.

Para empezar el día con energía.

Sí, la voy a necesitar.

Eso quiere decir que el negocio va bien.

Tú tampoco te puedes quejar.

Siempre que paso atiendes a alguien.

No, no, estoy flipando, Adela.

Llevo una semana, y cada día la caja es mejor que la anterior.

Me alegro mucho, te lo mereces.

Estaría bien que pensaras lo que hablamos.

No te he contado. ¿Qué?

Ya tengo ayudante.

¿En serio? Que sí.

Bueno, va a estar, nada, unas horas solo al día,

mientras esté horneando.

Se llama Sonia, ya te la presentaré.

Empiezas los negocios a lo grande.

Bueno, eso es porque estoy rodeada de las mejores.

Me alegra animarte a seguir tu sueño.

Creo que si no me hubierais apoyado tú, Celia y Carmen,

no hubiera tenido el valor para dar este paso.

No te quites mérito, que, conociéndote,

te habrías lanzado a la piscina.

Bueno... Ajá.

Bueno, cóbrame.

Que no, que no, que te invito.

¿Hoy también? Te voy a arruinar.

Tranquila, puedes venir cuando quieras.

Me invitas a este,

pero prepárame media docena para regalar.

Muy bien.

-Rosa, ¿qué? ¿Cómo lleva la pizzería?

-Mejor que tú, chaval.

Le ha sentado estupendamente volver al tajo.

Está hecha una jabata.

Calla, que le tienes que dar la nacionalidad italiana.

-Rosa se merece eso y mucho más. -Pues la verdad es que sí.

Lo cierto es que Nacho se las ha hecho pasar canutas, pero...

Y él sigue en el hospital.

Bueno, ella está encantada, la verdad.

Me voy, que tengo mucho lío.

Ay, luego me paso...

Luego me paso y os cambio la bombilla

y me seguís contando el viaje.

-Perfecto. -Hasta luego.

-Hasta luego, Nicolás. -Adiós.

¿Puedes? -Ay, lo de las ruedas. Sí.

Ya has oído lo que dice Nicolás.

A Rosa no le puedes decir que no venga.

Le sirve de terapia con lo de Nacho. -Tranquila.

No la voy a echar de la noche a la mañana.

La idea es hablar con ella para... bueno,

para que empiece a buscarse otra cosa con calma.

-Sí, pero no sé, no me parece el momento, la verdad.

-A ver, pero ahora que tú y yo estamos juntos,

lo natural es que vuelvas a trabajar en la pizzería, ¿no?

-No le podemos hacer eso a Rosa.

¿No dices que te ayudó cuando nos separamos?

-Sí. -Pues ella ahora te necesita.

-Bueno, tal vez es tengas razón.

Como siempre.

Bravo.

Dejaremos el tema para más adelante, cuando las cosas estén tranquilas.

-Vale. -Va, vamos dentro, va.

-Venga, vamos. Espera, espera. -Sí.

-¡Oh! Cómo pesa.

(PAOLO) ¡Rosa!

-Aquí los tienes. Gracias, guapa. Buen día.

Hombre, la pareja. ¿Qué tal?

¿Preparados para el día D? -Sí.

Va a salir fenomenal, ya verás. ¿Pasas la noche en la clínica?

No, es un momento. Te lo implantan y te vas a casa.

Hay que estar unos días en reposo, que te conozco.

Sí, superchef. Me hace todas las cenas.

Me alegra que lo llevéis tan bien.

Dejad los nervios para más adelante.

Algo de nervios hay.

Deberías verla dando vueltas en la cama.

Habría que verlo a él tras un mes de chute diario de hormonas.

No os piquéis, estáis los dos en el mismo barco.

Os deseo toda la suerte del mundo. Gracias.

Me bajo al almacén, tengo que recoger un encargo.

Suerte, guapa. Gracias.

¿Qué, preparada? Sí, ya está todo.

Noa está en el bar, llamé a la familia...

Mierda, la autorización para la intervención,

me la he dejado en casa. Ahora vengo.

¿Qué pasa? Tengo que ir a por ella. Si no, no podemos.

Me la diste al salir.

Gracias. Si estás así, espérate a que nazca.

Amor, eres el hombre de mi vida. Vale. ¿Nos vamos?

Sí, pero una cosa, cuando volvamos de la clínica,

necesito que me compres una cosa muy importante.

¿Qué cosa?

Quiero magdalenas.

¿En serio? Sí.

¿Ya empezamos?

Vale, tendrás magdalenas. ¿nos vamos?

-¿Dónde te dejo el abono?

Pues mira, ponlo ahí y ahora lo organizo yo.

Vale. Se te acumulan los pedidos.

Esto es un no parar.

Ayer me entraron 11 encargos para la semana que viene.

Dos de congresos internacionales, así que imagínate cómo estoy.

¿Y todos son clientes nuevos? Pues casi todos.

Contacté con los del restaurante Miralles, ¿te suena?

Me suena.

Y me hicieron un par de encargos para la recepción.

Que te estaban probando.

Creo que pasé el examen, y con nota.

Desde eso, no paran de hacer encargos.

Y no solo ellos, también gente que llama de su parte.

¿No es mucha tralla para ti sola? No morirás de éxito...

De eso nada.

Yo ahora mismo tiro para adelante con lo que me echen.

Y más sabiendo que puedo contar con un ayudante joven, guapo, listo,

que me echa una mano siempre que puede.

Cuando quieras, mamá, lo sabes. Gracias por el apoyo, cariño.

Lo mismo digo.

Al menos aquí consigo distraerme un poco.

Poco a poco.

Ya sé que ahora parece imposible, pero el tiempo lo cura todo.

(Puerta abriéndose)

Hombre, aquí viene el otro pibón del mercado.

(SAMUEL) ¿Qué tal? Muy buenas. -¿Qué tal, Samu?

Dile a tu novia que deje de hacer esos "cupcakes" tan buenos,

que son mi perdición.

Se lo digo, pero no me hace caso.

Y el puesto os ha quedado superbonito.

Enhorabuena por lo que te toca.

¿Verdad, Germán? (SAMUEL) El mérito es todo suyo.

Yo le hago la ola cuando saca uno del horno.

Bueno, tú y todo el mercado.

Toma.

-¿Y esto? -Tú sabrás, que es para ti.

Bueno, os dejo. Voy a robar una magdalena de colores.

Anda... Hasta luego.

¿No lo abres?

-¿Para qué?

Si ya sé lo que hay.

Es un reloj que encargué para Javi.

¿Que encargaste cuándo?

Pues no sé, mamá, hace un montón.

Cuando él... todavía estaba aquí.

Se me había olvidado completamente.

¿Y por qué te llega ahora?

Porque era un modelo que estaba agotado.

Avisaron de que tardarían meses en servírmelo, pero...

Ahora es un poquito tarde.

Bueno, venga, ayúdame con esto y te invito a un café o lo que sea.

(NICOLÁS) Hola. Perdona, ¿está el dueño de la cervecería?

Alberto me dicen. -Bien informado.

Yo soy Alberto. (NICOLÁS) ¡Hombre! (RÍE)

Nicolás, encantado. Soy el encargado de mantenimiento.

Tengo aviso de un problema que tenías con la instalación eléctrica.

-Sí, sí. En realidad es poner un enchufe en la terraza,

porque el electricista se fue ayer y solo para eso no vuelve.

Por pagar por anticipado. -Cómo lo sabes.

-Ahora tú también. ¿Dónde lo pongo? -¿Me lo pones ya?

-Si quieres, esperamos al mes que viene.

-¡No, no, no!

No, no, me viene fenomenal para la inauguración.

Pues por aquí sería más o menos, por la parte central.

Si no es mucho lío.

-A ver, saco por aquí el cable y luego una regleta...

Nada, tardo un momento, no es nada. -Pues me salvas la vida.

-Para eso estamos.

-Es que me tenía que haber presentado antes aquí,

conocer a la gente, ¿no?

-Sobre todo, a controlar la obra.

-Ya, pero estoy en mil historias y me pilló el toro.

-¿Tienes más negocios así? -No, es el primero.

No, no, yo trabajo con chavales en riesgo de exclusión social.

-Ah... -Y casi me excluyen a mí.

Porque los quiero mucho, pero me quitan todo el tiempo.

-Si son chavales que tienen problemas,

se te agarran como a un clavo ardiendo.

-Yo estoy encantado. Bueno, y ellos, espero.

-¿Esos son tus muchachos? -Sí, ahí los tienes.

Han estado haciendo un curso de inserción laboral, y mira...

-Pues veo que están bien insertados.

Y formales, no como el electricista.

-Desde luego.

A ver ahora cómo lo hago, porque con este tinglado de la cervecería...

Me quitará mucho tiempo y me sabe mal.

-Claro, Alberto, es normal.

Imagino que necesitas desconectar para no quemarte.

-Es la idea. -Claro.

-A ver cómo me sale.

-¡Carmen! Mira, ven. Él es Alberto, el dueño de la nueva cervecería.

Es Carmen, mi mujer.

-Pensábamos que la cervecería la llevaba un fantasma.

-No, soy yo, Alberto Mendoza.

-Encantada.

Yo tengo una carnicería con mi madre en el mercado,

por si quieres un proveedor. -Tomo nota.

No hay mucho que ver, no te creas.

Porque me falta poner los detalles que le den personalidad al local.

-Ya veo. Lo importante es que las cosas se hagan bien.

Te habrá dicho mi marido que somos serios,

así que de chanchullos nada. -Entonces sois como yo.

-Sí, bueno, eso lo veremos, porque aquí veo mucho chiquillo, ¿no?

Mucha gente que va y viene, todos distintos.

Los tendrás asegurados.

-Está todo en regla. Lo único que me falta

es ir al presidente de la Asociación de Comerciantes,

arreglar papeleo y actualizar las cuotas.

-Ahora estamos sin presidente,

pero habla con nuestro hijo, que es el gerente.

-¿No tenéis presidente?

-Estamos en una etapa de transición.

pero que hay que pagar, aun sin presidenta.

-Presidenta. O sea que ya sabéis quien va a ser.

-Bueno, tengo el pálpito de que será una mujer.

Pues a hacer las cosas bien, que somos buena gente. Bienvenido.

-Gracias. -Adiós, cariño.

(CARMEN) Adiós, mi amor.

-Yo creo que se refería a Rosa.

Se encargó de la asociación

y la gente estaba encantada con ella.

-¿Se va a presentar?

-Que yo sepa no.

Pero le puedes preguntar, trabaja en la pizzería.

¿Vale? Me voy a poner ya, porque son muchas cosas.

-Gracias.

# Son muchas cosas, son muchas cosas.

# Por las mañanas son muchas cosas. #

Esto es tuyo, mi amor. -Cómo me voy a poner, cariño mío.

Hola. Hola.

Ya estamos aquí. -¿Y cuántos venís, dos o tres?

-Pues no lo sé, espero que tres.

Ha sido todo muy rápido y ahora, pues a esperar.

Toca esperar unos días, y si todo va bien... nueve meses.

¿En qué hemos quedado?

Sí, lo haremos como si estuviéramos en un videojuego,

pantalla a pantalla. Eso.

¿Y tú qué tal?

Hoy has tenido mucho lío, ¿no? Te ayudo a recoger un momento.

-No, no. Oye, oye.

La ginecóloga ha dicho que nada de esfuerzo.

Necesitas reposo las primeras horas para que agarre bien.

Debes estar tumbada. Jorge, por cuatro platos.

¿Qué me va a pasar? Mejor pecar de prudencia.

(NOA) Jorge tiene razón.

Deberías estar tumbada, dejando que te hiciera un masaje.

¿Ves? Noa lo ha captado a la primera.

Falta que su tía lo capte.

(LORENA) Noa, lo siento mucho.

Te he dejado aquí sola con esto. -No, no.

No te preocupes, yo me encargo.

Ahora voy al puesto, luego paso y te echo una mano.

(LORENA) ¿En serio? ¿Más tranquila?

Eres mi héroe. Ya... Pues tú a casa a descansar.

Vale, me los llevo y me los como. Nada de esfuerzo.

Que te conozco. Vale, adiós.

Lorena...

Luego te veo.

-Vale.

-Explícamelo, ¿por qué pago las cuotas a primeros

y el del bar cuando quiere?

-Cuando he ido, el dueño no estaba, ¿qué hago?

-Ya, pero para que ponga un enchufe Nicolás, sí está.

Átalo en corto, que los suaves educaditos son los peores.

-¿Quieres dejar de atosigar a la gente?

De eso se encarga el presidente, que bastante tengo con lo mío.

-Ya, el presidente. ¿Y dónde está? No tenemos.

¿Por qué? Porque el último se asoció con mafiosos

y casi nos quita el mercado.

-¿Me puedes dejar en paz? Tengo que trabajar.

-Cómo te pones. -Cómo te pones tú.

Ve a ocuparte del puesto, de esto me encargo yo.

(Llaman a la puerta)

-No te puedo decir nada. -Sí.

-¿Qué tal? -¿Qué pasa, papá?

-Oye, Samu, que dice Alberto, el de la cervecería,

que le digas cómo pagar. -Vale. Gracias, papá.

-Se lo ve un tío majete.

Me quería dar propina por poner un enchufe.

-No la has cogido, ¿no? (NICOLÁS) No, claro que no.

No. Pero como insistía tanto,

quedamos en que se la dé a los que están haciendo la obra,

para que se tomen algo.

-Ya ves tú, diez euros para todos. Vamos, no les da ni para comer.

Que pague las cuotas en su día, como todos.

-Eso ya está arreglado, Samu hablará con él.

Y me ha dicho que quería hablar con Rosa.

-Con Rosa, ¿para qué? -Pues no sé.

Volverá a ser la presidenta, ¿no?

-No creo que tenga ganas.

Con Nacho en el hospital y la niña llorando por los rincones.

¿De dónde sacas eso?

-Pues de ti, cariño.

Si no, ¿por qué le has dicho a Alberto

que tendremos presidenta?

-Porque... (CARRASPEA)

Me voy a presentar yo a presidenta.

No oigo los aplausos por ningún lado.

-Pero si no tienes ni idea de llevar un mercado.

-Rosa no tenía ni idea, pero qué bien lo hizo.

-Ya que lo hizo tan bien, que vuelva a ser presidenta.

-Al menos habría que preguntarle qué piensa hacer.

-Qué manera de cortarme las alas.

No os preocupéis, no os preocupéis, que hablaré con Rosa.

Ya me queda claro.

Tengo el enemigo en casa.

Ribera de Guadiana, el gran desconocido.

-Me encantan los vinos de esa zona.

Por no hablar de sus quesos. ¿Conoces las tortas del Casar?

¿Que si las he conozco? Me vuelven loca.

¿En serio? Sí.

Las tengo en promoción. Justo aquí abajo.

Échales un ojo.

Y bueno, ya puestos, si me rellenas esta ficha,

entras en el sorteo de un fin de semana en un hotel rural.

Fantástico.

Estoy enamorada de Extremadura.

Pienso que la mezcla de syrah con tempranillo,

marida perfectamente con ese queso.

Bueno, veo que entiendes de vinos y de quesos.

Me dejo llevar y la vida me sorprende,

y acabo en sitios tan interesantes como este.

Gracias. Se trata de que el cliente vaya contento.

Si me pones este vino y ese queso, me harás más feliz.

Cuenta con ello.

Y si quieres, echa un ojo al foie, porque está espectacular.

Ahora mismo, lo voy a hacer.

Que no, Fabián, que no, que no me toques las narices.

Llevamos toda la vida haciéndolo así

y de buenas a primeras, vas a cambiarlo porque te da la gana.

Pues no.

Si llevamos toda la vida pagando las horas extras en especie,

¿por qué vamos a cambiar? Que no y punto.

Después me paso por el muelle de carga y hablamos, ¿vale?

Que estoy ahora muy liado.

Adiós.

¿Quieres algo?

Sí. ¿Qué haces por aquí? ¿Mi hermana cómo está?

Ahora un poco mejor, descansando. Ha tenido una noche movidita.

Y tú has dormido bien, ¿no? Con lo que se os viene encima.

Qué te voy a contar que no sepas, tener un hijo es una aventura.

Y hace tiempo que tuve a Marcos, pero estoy como la primera vez.

Imagínate a mi hermana.

Tienes algunos cursos de paternidad hechos.

Sí, llevo una semana revuelta.

¿Sabes que hizo al llegar al bar? Recoger mesas.

Y el médico le ha pedido reposo.

Ya sabes cómo es...

una cabeza loca. Y con sangre De la Cruz.

Y eso no lo cambia tu dulce temperamento ni nada de nada.

Tendrá 70 años y seguirá cargando 60 bandejas en una mano

y escapándose a Berlín. Con un poco de suerte,

vais a estar pagando colegios, universidades, pañales,

y no habrá dinero para escapadas románticas.

Ya.

-A ver, dime, ¿qué pasa?

-Pues pasa que tienes razón.

-¿Para eso me has hecho venir? Al menos dime algo que no sepa.

Me voy a jubilar, Valeria.

-(INCRÉDULA) ¿Sí?

Yo dije que iba a perder cuatro kilos antes del verano,

y aquí me tienes. Adiós, tú.

-Espera, espera, espera, deja que te cuente.

He estado pensando lo que me has dicho.

y con lo que ha pasado estos meses, pues que no me apetece luchar.

Es hora de que me eche a un lado

y que otros se pongan al pie del cañón.

-A ver, explícame ese plan.

-Pues muy sencillo.

Pienso retirarme definitivamente del puesto y del negocio,

y dedicarme a ti en cuerpo y alma.

-¿Y eso cuándo va a ser?

¿La semana que viene? ¿El año que viene?

¿O cuando tengas la espalda hecha cisco

y andes con tacatá, como te gusta?

-Pero ¿qué pasa, no te hace ilusión?

-Que no me fío de ti, eso es lo que pasa.

Hasta que no te vea levantarte tarde

o que vayamos al cine un lunes por la mañana

o que echemos la tarde en casa,

no me lo voy a creer. -¿Quieres que te lo demuestre?

Pues mira.

He convocado a toda la familia para contárselo.

¿Contenta?

-Pero... ¿por qué no me has avisado antes para decírmelo?

Ay...

Me alegra que todo haya ido bien.

Y por cierto, gracias, te debo una.

Gracias, ¿por?

Dice Noa que le echarás un cable mientras Lorena está de reposo.

Sí, eso ya está hablado, no pasa nada.

Espero que la baja no sea muy larga, eso sí.

¿Querías algo?

(DUDA)

Sí, esto.

(DUDA) Tiene buena pinta. ¿Esto está bueno?

Sí, está muy bueno. Pero fíjate que no te imagino

con un cañita y bayas de Goji de aperitivo. No lo veo, no.

¿Por qué? Son como pistachos, pero así, rositas, ¿no?

Ajá. ¿Sabes lo que pasa?

Que yo no me fío de tu opinión, voy a necesitar una segunda...

Perdone, disculpe.

No, estaba aquí, hablando con el tendero...

(RÍE) ...y me estaba diciendo

que son muy buenas, pero no lo conozco.

¿Conoce usted las bayas de Goji?

-Pues no, lo siento.

Pero he oído que son buenas para quemar grasas.

¿Qué me dice? ¿En serio? Ajá.

Dame las que tengas que me borro del gimnasio.

Que no me hace falta.

Perdona, me llevo el foie.

Sí, no, perdón, me he metido, por favor.

Vale, perfecto. Gracias.

Me lo traen directamente de La Camarga francesa.

Y cóbrame.

Y de paso, mete esto. Sí, no te preocupes.

Me lo llevo. ¿Están tus datos? Perfecto.

Pues... (DUDA) 95. (ASIENTE)

No me acepta la operación.

Qué raro.

En la perfumería funcionaba perfectamente.

Prueba con esta.

Esta. (ASIENTE)

¿Te llevas todo? (DUDA)

¿Sabes? Voy a dejar el foie para otro día.

No, no, no. No puede ser, no puede ser.

No, es que en el mercado tenemos una norma,

y es que no dejamos que una clienta se vaya sin su foie.

¿Verdad? Así que, por favor, cóbrame.

No, por favor. Muchas gracias, pero no.

Yo también tengo normas, no acepto regalos de desconocidos.

Excepto un anillo de diamantes.

Claro. Cóbrate.

Pero anillos de diamantes no nos quedan, ¿no?

No, se han acabado. Vaya. Lástima...

Perdón.

Cóbrate, por favor.

¿Qué quieres, Fabián?

Pues tampoco me la acepta.

Si es que no se puede fiar una de ningún banco.

Bien, cóbrate.

¿Y sabes qué? Ponme también el foie.

Genial, perfecto. Te va a encantar.

Me lo traen directamente de la Camarga francesa.

¿Sí? Bueno, espera.

Esto por aquí primero y ahora te cobro.

Pues aquí tienes. Muchas gracias.

Gracias. Que falta la vuelta, espera.

No, por favor. Quédatelo, por las molestias.

Y gracias por todo.

No, gracias a ti. Vuelva cuando quiera.

Venga. Venga, luego hablamos. Adiós.

Oye, ¿y la clienta?

Se acaba de ir.

Bueno... Vaya, hombre.

(CHISTA) ¿Qué?

¿No se te olvida nada? No.

Sí, hombre, sí.

Tus bayas de Goji.

Las querías todas, ¿no? Pues ya está, todas.

¿A cuánto sale la cajita?

Barato, que tú eres de la familia.

-Al menos contesta los mensajes. Llevo media hora esperando.

-Eso, tú dame más caña. -¿Qué pasa?

-¿Que qué pasa, Julián?

Estamos en bancarrota, nos han cancelado las tarjetas.

-Amor, no te enfades.

Encontraremos una solución, como siempre.

-¿Sabes la vergüenza que he pasado cuando he visto que no podía pagar?

Me gasté todo lo que tenía en el bolso. No es coña.

-Al final todo se acaba, hasta el dinero de tu marido.

-De no haberte puesto pesado con quedarnos en Miami...

-Dirás que no lo has pasado en grande todo este tiempo.

-Pues claro que sí, Julián, claro que sí.

Pero llevo tiempo diciendo que pises el freno.

-Ya, y por eso, el sábado te compraste ese bolso.

-Me hacía falta.

-¿Te hacía falta? -Sí.

-Con lo que te costó podríamos haber tirado

dos o tres semanas más. -Vamos a ver.

Si me hubiese comprado el bolso o no, hubiéramos terminado igual.

Debemos hacer algo.

-¿Y qué propones?

-¿Y tú qué crees?

Trabajar, como todo el mundo.

-Venga ya, Ágata. No somos todo el mundo.

-Tú habla por ti.

No es la primera vez que trabajo para salir del paso.

-No pienso matarme a trabajar por un sueldo de mierda.

-Tú verás, yo no te mantengo más.

-No te pongas brava...

Me buscaré a una vieja que esté forrada

para poder seguir viviendo como antes.

Pero ¿tú te has visto?

Ya ni siquiera eres tan atractivo como antes.

Que no te cuidas. Los años te pasan factura.

-No todos pueden hacer un pacto con el diablo, como tú.

Estás todavía más buena que el día que te conocí.

(CHISTA)

Aprovecha ese don.

-No voy a tentar a la suerte otra vez.

Y si de verdad dices que me quieres,

por favor, busca un trabajo decente, que es lo que yo voy a hacer.

¿Qué? -Por favor, menuda pinta tiene eso.

Escabeche de bonito estilo japonés.

Vinagre de arroz, salsa de soja y un toque de jengibre.

Le diré a Lorena que te ate a la columna

y te tenga todo el día haciendo tapas.

Oye, pues por mí, encantado. Me lo estoy pasando como un niño.

Pero es puntual, hasta que vuelva Lorena.

Pues tú déjala que descanse, que cuando se quede preñada,

se acabó la tranquilidad. Bueno...

Los primeros 20 años son los peores, luego la cosa baja.

No sé yo si baja tanto.

Ahora que estamos hablando de familias, padres, hijos...

¿Sabes de qué va la reunión que ha convocado mi padre?

Algo he oído, pero que lo cuente él.

¿No estará enfermo?

Se queja mucho de la espalda.

No, tranquilo, que está mejor que nunca.

Elías, ¿una cervecita?

Venga.

¿Has visto qué tapas está preparando?

No dirás que no tienen buena pinta.

Escabeche de bonito con un toque japonés.

Pensaba en incluirla en la carta.

Esta y alguna otra tengo en la cabeza.

Ay, no sé. No...

Es que todas esas cositas que tú le pones...

Eso debe costar una pasta. Menos de lo que crees.

Casi no incrementa en nada el coste de una tapa de siempre.

Y están el doble de ricas. Gracias.

Se trata de usar los elementos que tenemos en el bar

y presentarlos de una manera un poquito más... creativa.

No, no termino de verlo, Jorge, sinceramente.

Esto es un bar de mercado, no es un sitio de renombre.

La gente no viene por el jengibre y las...

cosas estas que tú le pones.

Que a mí me encantan.

Ya, ya, ya.

Mira, que yo tampoco es que sea una moderna,

pero llevo una hora esperando a que termine las tapas,

y en cuanto termines me pones una. Marchando.

Y ponle otra al visionario, que invita él.

Mira, venga, dale, que no se diga que por mí es.

Adelante. Pero también te digo una cosa.

Si esto no funciona,

volvemos a lo de siempre cagando leches, ¿estamos?

Me parece perfecto.

Perdona. Ajá.

Oye...

La chica esta que estuvo antes en tu puesto...

Sí.

¿La conoces, sabes cómo se llama?

No.

Era la primera vez que venía al puesto. ¿Por?

No, por nada. Nada.

-Es normal. Si es que, con este ruido,

¿quién querrá sentarse a comer en la terraza?

(PAOLO) Pero a ver, ¿qué es lo que tengo que escuchar?

-Pero por Dios, Paolo, ¿no lo oyes?

Con este ruido no se va a sentar nadie en la terraza.

-Ah. Tampoco es para tanto, Rosa.

-Cómo se nota que vuelves de vacaciones.

¿Sabes que hemos perdido mucha clientela habitual

por culpa de las obras? Ha sido un infierno.

-¿En serio? -Ya te digo.

Luego te enseño las cuentas.

Hubo días que la caja bajó a la mitad.

Y al menos los clientes tenían la opción de irse,

que muchos lo han hecho, pero yo me he tenido que quedar.

-Rosa, lo siento, que te hayas tenido que comer la obra tú sola.

-Bueno, a ver si terminan de una vez.

-Pero... Bueno, si tú tienes que tomarte unos días de descanso,

para relajarte, así, solo tienes que decirlo.

-Tú siempre tan pendiente de mí, Paolo.

Gracias.

Pero ¿sabes qué pasa?

Que, a pesar de los ruidos, me ha sentado muy bien trabajar.

Me has devuelto a la vida.

-Ya. Pues me alegro mucho.

(Teléfono)

Mira, el teléfono.

Por suerte, las obras no han parado los pedidos.

-Sí, por suerte. -Hasta ahora.

-Hasta ahora.

(Teléfono)

(ROSA) Oye, perdona, ¿sabes si tenéis para mucho?

-Estamos casi terminando.

-Pues a ver si es verdad.

Sé que vosotros no tenéis que ver,

pero el dueño podría pasarse y dar la cara, ¿no?

-¿Os hemos molestado mucho?

-¿Tú qué crees?

Perdona, mira como tengo la terraza.

¿Sabes qué pasa?

Creo que el dueño debió planificar vuestros horarios

para no perjudicar a los negocios de al lado.

-Habría estado bien, sí. -Ya te digo.

Hemos perdido un montón de clientela.

Pero vamos, que viendo cómo cuida su negocio, no sé...

Me da a mí que este...

Este es un especulador

que igual te vende un zapato que una cerveza, ¿no?

-Bueno, igual es un poco arriesgado hablar así de quien no conoces.

-Mira, seguro que os paga cuatro duros

y a saber si os hace contrato.

-Pues muy bien no paga, no. Pero bueno, tampoco nos trata mal.

-No podréis ni abrir la boca.

Oye, ¿tú tienes posibilidad de hablar con tu jefe?

-Podría intentarlo.

-Pues mira, le podrías decir que... no sé,

a ver si se pasa por aquí un día de estos a dar la cara,

y que si quiere entrar con buen pie en el mercado,

debería cuidar un poquito menos su negocio y un poquito más el Central.

-Tomo nota.

-¿Se lo vas a decir? -No se me olvida ni una coma.

-Pues muchas gracias.

-Hasta luego.

¿Qué te ha parecido?

Estaba todo buenísimo, de verdad, muy rico.

¿Algo de postre?

No, no, déjalo.

Seguro que está superrico y estoy llena, voy a reventar.

Oye...

No se ha dado mal la cosa, ¿no? La mañana ha sido movidita.

¿Movidita?

¿Movidita por qué?

Hay buena caja.

Pero ¿tú qué les das?

Bueno, lo que te dije, más o menos los de siempre.

Lo de siempre, pero con el toque Jorge Santos.

O sea, exquisito.

Vine a comer un pincho de tortilla y me puse las botas. Cóbrame.

Pues mira, 21,50.

Pero como está el jefe, y si no le importa,

vamos a redondear a 20.

Venga.

Me sale caro el pincho de tortilla, pero merece la pena, riquísimo.

(CHISTA) Volveré.

Vuelve cuando quieras. ¿Te importa echar un ojo al puesto?

Cuando vuelva Noa, voy.

Un segundo. Sí, tranquilo.

Hasta luego. Chao.

-¿Qué pasa, chaval?

¿Te ha dado tu madre la tarde libre o qué?

-Ya ves, aquí, relajándome un poco.

¿Adónde vas con tanta carpeta?

-Pues ya sabes, el mundo de la gerencia.

Es un pollo que alucinas, tío.

Te llaman del ayuntamiento o de la comunidad.

Tienes que hablar con unos, otros, comerciantes...

Es un no parar.

-¿Te estás rajando ya? -Pero ¿qué dices, chaval?

Yo soy un león. Además, me encanta,

y no defraudaré a los que me han puesto aquí.

Así que a muerte con la gerencia.

Lo siento, tío, no...

-"Tranqui", es una forma de hablar, no pasa nada.

-¿Cómo estás?

-Pues no lo quieras saber.

-Ya imagino, ya...

-Cuando creo que lo tengo un poco superado

y que estoy un poquito mejor,

veo una foto suya en el móvil o alguien lo nombra...

O como hoy, que llega un puñetero paquete con un regalo para él.

-Lo siento mucho, Germán. -No, si no es culpa tuya.

Es de Velasco, que se lo llevó por delante.

-Ya sé lo complicado que es...

volver a la normalidad cuando todo se ha ido a la mierda en un momento.

Ves cómo la gente hace su vida y está cada vez mejor,

cuando tú empiezas a estar cada vez peor y más triste.

-Espero que la tristeza no dure siempre

o me volveré loco.

-No, claro que no, ya verás.

No va a ser fácil y te va a costar, pero...

poco a poco irás a mejor.

Irás dando pasitos.

-Ir dando pasitos. ¿Para qué, para olvidarme de él?

-Pues no.

No, Germán, porque no tendrás que olvidarte de él.

Solo conseguir que su recuerdo no te rompa en dos.

Y voy a estar aquí cuando lo necesites, ¿vale?

-Vale.

-Cuando quieras, me llamas.

A la hora que sea. No sé, si quieres llorar

o que te cuente un chiste malo de los míos o...

o simplemente para hablar del tiempo.

-Se ha quedado buena tarde. -Por ejemplo, ahí está, poco a poco.

Anda, ¿y eso?

-Nada, que estoy haciendo el tonto en una web de apuestas "online".

-¿Y cómo te va?

-Bien. Apuesto mi dinero y se lo queda la banca, bien.

-Bien, buen negocio, sobre todo, para ellos.

-Lo hago para distraerme un poco.

Tampoco apuesto grandes cantidades.

Lo máximo que he palmado son 20 pavos.

Un día casi gano 200.

-¿Un día casi ganas 200? -Ajá.

Yo también quiero ganar 200. ¿Yo puedo hacer esto?

-Sí, está tirado.

Lo hacen fácil para que hasta el más lerdo pique.

Y cuando te registras te regalan 20 pavos.

-¿Por hacerte usuario? -Ajá.

-Hazme usuario, yo quiero 20 pavos.

-Pues mira, tú mismo.

Pones tu "mail" ahí, rellenas los datos y listo.

-Ya está. ¿Y ahora qué?

-Pues mira, ahora le das aquí...

y tienes tus 20 pavos para perderlos cuando quieras.

-Igual empiezo con el póker.

Siempre me gustó y se me da bien.

Desplumaba siempre a Jonathan. ¿Por qué crees que iba sin un duro?

Venga, va.

-¡Vamos! Ya tengo 40 pavos para gastar.

-Bien.

Pero ojo con esto...

Te dan vidilla para que te crezcas

y si te confías, el algoritmo te cruje.

-Ojo ellos conmigo.

Soy una máquina, en dos días los arruino.

Cierran la aplicación.

-Anda, tira con tus carpetas. No sé por qué te digo nada.

-El de la "tablet"...

Venga, anda.

Hablamos, Germán. Ya sabes...

Oye.

Me quito el sombrero, de verdad.

En serio, hacía mucho tiempo que no veía yo esa caja así.

Muchas gracias, hombre.

Hay que llamar a los proveedores, hemos agotado lo que tenías.

¿Y si los llamas tú?

Una cosa es que me ocupe del bar hasta que vuelva Lorena...

Que no, que no me estoy explicando bien.

Te estoy proponiendo que te hagas cargo del bar.

Que te conviertas en el chef del Central.

Sí, hombre, claro que sí. Ahora mismo. (RÍE)

¿Que es en serio?

Claro que sí. (RÍE) Elías, ¿qué te has tomado?

Pues nada, pero viendo esa caja,

quizá esta tarde abro una botella y me la tomo contigo.

Estoy teniendo una visión.

Vale, ilumíname.

Te veo a ti ahí, sin parar de hacer tapas,

el bar lleno de gente,

todos los clientes del mercado

pidiéndote tapas sin parar, una tras otra.

Y lo que es mejor, una cola inmensa de gente joven,

esos con barba y ellas con gafas de pasta,

en la caja registradora con sus tarjetitas brillando.

¿Cómo lo ves? Te estás viniendo arriba, ¿no?

No, tío, te lo digo de verdad.

Lo digo completamente en serio.

Jorge, eres uno de los mejores, lo acabas de demostrar.

Tú sabes lo que es toda esa gente joven,

con el dinerito calentito en el bolsillo,

deseando que le llenen de tapas nuevas.

Bueno, era la idea, ¿no?

Era la idea. Sí, era la idea.

Dar un cambio, poner esto más moderno, más joven.

Llenar la pared de murales, de arte.

Sí, lo describes perfectamente, era la idea.

Tus tapas son obras de arte.

No hace falta que exageres, Elías.

No exagero, lo digo en serio. Lo acabas de demostrar.

En media hora con los ingredientes que hay, mira lo que has hecho.

Imagina con tiempo y con tus productos "gourmet".

Ya, bueno, no es algo tan sencillo, pero sé por dónde vas.

Oye, de verdad, te lo agradezco, pero...

Ya he pasado por esto y no es lo que quiero.

Contéstame una pregunta.

¿A que te lo has pasado bien?

-¿Cómo olvido dejar a mi padre en coma?

-No, no, no.

No has dejado tu padre en coma, no eres la culpable.

Ha sido un accidente, Noa. -Sí, pero lo hice.

Si muere, seré en asesina.

(CARRASPEA)

¿Qué hacías?

¿Qué hacías tú?

¿Qué hacías con las papeletas?

-Desde que Elías dimitió, creemos vas a ser la presidenta,

y eso requiere mucho tiempo.

-Y quieres presentarte al cargo, ¿no?

Elías me ofrece

hacerme cargo del bar Central de forma permanente.

Me cuesta un mundo rechazar la oferta.

Tras el éxito con las tapas, es normal te quiera contratar.

-¿Quieres compensar a papá? Pues respeta sus deseos.

A lo mejor está pensando en una dirección conjunta de todos.

-Escribe un libro o una novela.

Basado en una historia real.

Sobre Velasco.

-Que... Pensé que os conocíais.

Él es Alberto, es el dueño de la cervecería.

Daba por hecho que os conocíais ya.

-¿Te has parado a pensar cómo me puede afectar a mí,

que estoy al frente de ese bar,

que Elías y tú negociéis esto sin pensar en mi punto de vista?

-Cuidado, Samu. A eso te enganchas y no lo notas.

-Que no me voy a enganchar.

Gano algo de dinero e invito a mi gente a tomar algo.

-¿Puedo ayudarte en algo?

-Sí, estoy buscando trabajo.

El dueño del delicatesen me dijo que buscan ayudante en la frutería.

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Mercado central - Capítulo 193

14 jul 2020

Un mes más tarde, Nacho sigue en coma. Noa no consigue pasar página, pero Rosa, en cambio, se siente liberada. Rosa conoce a Alberto y critica al dueño de la cervecería sin saber que es él.

Elías conoce a Ágata y queda prendado de ella. Ágata y su pareja, Julián, están sin blanca tras agotar el dinero que le sacaron al exmarido de ella. Ágata quiere trabajar.

Jorge y Lorena van al hospital para que a ella le implanten el embrión. Jorge se ocupa del bar para que Lorena descanse y sus tapas triunfan. Elías le propone que se convierta en el chef del bar.

Germán no ha superado la muerte de Javier.

Jesús decide jubilarse.

Germán enseña a Samuel a jugar on-line. Samuel gana algo de dinero.

Paolo y Cristina vuelven de Estados Unidos. Paolo quiere que Cristina ocupe el lugar de Rosa en la pizzería, pero no lo tiene fácil para decírselo.

Carmen quiere ser la nueva presidenta de la Asociación de Comerciantes.

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