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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 184 (Parte 2) - ver ahora
Transcripción completa

-¿Está muerto?

No, aún tiene pulso. Hay que darse prisa.

¿Tú eres imbécil? ¿Eres imbécil?

Haremos las cosas, pero bien, ¿eh?

Llamamos a una ambulancia y nos vamos.

-Qué bien que estés aquí, Andrea.

Pero ¿por qué no nos has dicho nada?

-No, mejor así, poco a poco.

No soy capaz de soportar la emoción de golpe.

-Hagamos esa merienda.

Así entenderá lo que le queremos decir.

-Ramírez acabará dando el nombre de Nacho y se acabará todo.

-Lo malo es que Nacho cambiará de alojamiento a diario

para que no lo localicen.

-Le pedí que me diga dónde está. Sabiendo dónde se esconde,

podemos avisar a la Policía en su momento.

-Con la prueba de Carla, le puedes presionar.

-¿Qué prueba?

-Una foto que subió la rapera con su camiseta

antes de que ellos registraran el diseño.

-Pues más a mi favor.

Luego te vienes conmigo, explicas todo eso,

amenazas, y yo negocio.

Soy hija de mi madre...

pero no de mi padre.

Y yo sí tengo el nombre, es Guillermo Alcañiz.

-Es lícito querer saber quién es tu padre.

Y que intentes hacerle las preguntas

que te gustaría que te contestara, creo yo.

Intentaré localizar a este hombre y a ver qué me dice.

Y... bueno, que sea lo que Dios quiera.

No me diga que es de la tele.

-Inspectora Millán, llevo el caso Velasco.

Elías, mira, soy Celia. Ha venido una inspectora a casa.

Me ha estado interrogando, va a hablar contigo.

No sabe dónde está Velasco y no le he dicho nada de Germán.

Quería avisarte.

-Comprobamos los movimientos de sus cuentas

y compró un billete de avión a Suiza.

Damos por hecho que ha abandonado el país.

También cabe la posibilidad

de que la sangre que hallamos fuera suya.

Puede que se topara con un enemigo y ajustaran cuentas.

Estamos investigando.

(NACHO) ¡Rosa, por favor, ábreme!

(ROSA) ¿Qué quieres?

No te puedes presentar en mi casa así.

-¿Tienes algo para...? -Pero bueno, ¿qué ha pasado?

-Iba al hostal, dos hombres me atacaron.

Me metieron en un portal con un cuchillo.

No tengo ningún sitio adónde ir.

-Dos días. Dos.

-Gracias. -Ahora, vamos a limpiar esa herida.

-Sí, a mí también me busca la Policía.

Está claro que alguien ha hablado.

Me gustaría saber quién ha sido.

Estoy seguro, pero mejor que no lo sepas.

Oye, si no nos vemos... suerte.

-¿Cómo pudo escapar si estaba casi muerto?

Pues no lo sé, hijo.

Debemos decirle a la inspectora que fui yo quien disparó a Velasco.

No le vamos a contar nada más, ¿vale? Nada más.

(Móvil)

Es él.

-Me lo vais a pagar.

Y tú ya sabes que yo siempre me cobro las deudas.

Díselo a tu hijo.

Oye, Velasco. ¡Oye!

Somos los siguientes, papá. Somos los siguientes.

-Esta es la bombilla de bajo consumo de la farola.

-Vale. -Y esta del enchufe nuevo de Adela.

-El enchufe.

(SAMUEL) ¿Qué pasa, cariño?

¿Y mi madre? -En el puesto.

-Pero ¿cómo ha ido?

-Solo puedo decir que flipo con tu madre.

-Era mejor un abogado. (SAMUEL) Lo siento.

-No debí decirle que se metiera. -Nada de pedir perdón.

Si digo que flipo...

flipo con lo grande que es la Pacheca.

-¿Lo ha conseguido? -¿Qué ha pasado?

-Pues primero de todo,

ha engatusado al vigilante de seguridad con su piquito de oro

para dejarnos entrar en el despacho de Marita.

-Madre mía. Si se pone, vende hasta las piedras.

-Papá, no interrumpas. -Cierto. Perdona, sigue.

-Estábamos en el despacho, ¿vale?

Y cuando vemos que ya no había dónde rascar,

la tía, con un par de ovarios,

se planta en el despacho de la madre,

de la todopoderosa Mara Etxebarria.

-Madre mía. (CARLA) Sí, sí.

Y le contó lo que había pasado.

Lo de que intentó comprarnos el diseño,

la denuncia por plagio... Todo.

Total, que la tía ha entrado en cólera.

-Pero ¿la madre no sabía nada de esto?

-La hija lo había llevado todo a sus espaldas.

Vamos, que le ha caído la del pulpo. (NICOLÁS) Yo no entiendo de moda

ni de empresas de moda ni de esta historia,

pero lo que está claro es que la consentida esa

ha manchado la imagen de su madre.

-Es que ha sido así y es lo que ha hecho.

-Se habrá disculpado, ¿no?

(NICOLÁS) La disculpa ahora mismo es lo de menos, ¿eh?

Lo importante es limpiar su nombre.

(CARLA) Eso está hecho, ya no hay denuncia.

Ha hablado con el abogado y la han retirado.

La cosa no se termina aquí, ¿eh?

Le voy a poner un monumento. -¿A quién?

A la que nos recomendó la empresa de mudanzas.

Lo han dejado todo colocado y no han roto nada.

Vaya. Maldita eficiencia, ¿eh?

Se podían extraviar, no sé, un par, dos, tres, cuatro

incluso cinco cajas de tus libros de cocina.

Ya, tengo muchos, ¿no?

Te preocupa que no te deje espacio

cuando te toque hacer tu parte de la mudanza.

(Móvil)

Un proveedor, lo tengo que coger. Luego te veo.

-¿Que no has hecho la mudanza con Jorge?

-No, es que con todo el tema de la operación,

prefiero ir un poquito más a mi ritmo y más tranquila.

-No te estarás rajando para quedarte conmigo en casa, ¿no?

-Por supuesto que no, ¿qué dices? -¡Eh!

Cuélasela a otro.

Cuando no miras a los ojos, sé que mientes.

Nos hemos metido demasiado en la familia

para que me la cueles, aunque sea piadosa.

-No quiero dejarte solo con esta mierda que estás viviendo.

-Pues... muchas gracias. No hace falta.

-Si es que me da igual, en serio, esperar un mes, esperar dos meses...

Yo quiero es que estés bien.

No me quiero ir así. -Ya, pero yo quiero que te vayas.

-¿Es que te agobio en casa?

-No, me flipa mucho tenerte cerca.

Mucho.

-De repente,

entre discusión y discusión entre la madre y la hija,

la madre le dice que lo mejor que ha podido hacer

es intentar comprar el diseño.

Así que, de repente, la tía va y nos dice

si nos interesa vender el diseño.

-Habéis dicho que sí.

-Tu madre dijo que dependía de la oferta que hiciera.

Así que Amara le ha hecho una oferta

y tu madre ha conseguido, regateando,

subir 2000 pavos más, o sea, 14 000 en total.

-¿14 000 euros? -Sí.

Pero es que encima ha conseguido endosarle

las camisetas que habíamos hecho,

que no podíamos vender porque era marca mala.

Total, que tenemos 15 000 pavos. -¡No!

-15 000 euros. -Que sí.

(NICOLÁS) Voy a felicitarla. Si me deja, claro,

que habiendo dudado de ella... Voy a intentarlo.

Hasta luego. -Suerte.

-O sea que sí voy a poder pagar la ortodoncia de mi hermana

y devolver la pasta a tu abuela.

-Y con lo que queda podemos pedir camisetas de mejor calidad.

-Samu, es que...

no quiero seguir.

-¿Cómo que no quieres seguir? -Con toda esta movida,

me he dado cuenta de que yo... no sé,

no... no pinto nada en el mundo de la moda.

-Es un proyecto de los dos.

Y yo pensaba que tú... no sé, estabas más implicada.

-Y lo estaba, pero me he dado cuenta

de que no quiero formar parte de ese mundillo, tío.

¿Tú me ves a mí pensando en la Fashion Week,

en el Front Row y estas cosas? No, que yo no...

Que no me pega nada y ni ganas.

-¿Y qué vas a hacer?

-Pues no lo sé, me lo pensaré.

Pero bueno, con esta pasta podré pensarlo con más calma.

Lo primero de todo es quitar el segundo turno de limpieza.

Y me voy a dedicar a tener más citas románticas contigo.

-No me amenaces, ¿eh? -No es una amenaza.

¿Te acuerdas de la última que hemos tenido?

-Sí. -¿Ves como no te acuerdas?

-No me acuerdo. -Podríamos ir al cine esta tarde,

comernos unas hamburguesas... -¿Un par de hamburguesas?

-Eres tonto. -Me parece muy bien la idea.

Es muy romántico ver cómo caen los churretes de kétchup.

-Ah ¿sí? -Sí, sí.

-Si quieres, podemos ir a un sitio más "fancy".

-No, no. Me vale, me vale.

-Lo importante es que sé que estás ahí,

y es lo que cuenta. -¿No te importa quedarte solo?

No estoy solo, mi madre viene siempre que la llamo.

El abuelo y Valeria viven muy cerca.

Y estoy con mi padre también. -Ya.

Y con tu padre, ¿qué tal?

-Pues la cosa va mejor.

Ha hecho mucho daño a mucha gente, pero...

se arrepiente de verdad, intenta arreglar sus cagadas.

-Lo sé, y que se le ocurrió lo del artículo de Celia.

-Sí, y por eso el mercado se libra de Velasco.

Aunque se empeñen en desprestigiar a Celia.

Además, que me sé tu dirección.

¿Crees que no iré a cenar viviendo con un chef? Por favor.

-Eso es amor verdadero hacia tu tía, ¿eh?

Ay, mi amor, te voy a echar de menos.

-Y yo a ti.

Una cosa, no te hagas la Superwoman con la mudanza.

Te veo cargando cajas y estás convaleciente.

Cuenta conmigo. -¿Tú me has visto?

Estoy perfectamente, estoy... estoy cachas,

estoy tremenda. Mira, mira que bíceps.

Toca, toca. Acero para los barcos, chaval.

-Ay.

-Te quiero pedir perdón.

-¿Por qué?

-Porque con todo este rollo de mi movida, pues no...

no te he dicho que siento mucho que te esté costando tanto ser madre.

-No te preocupes, son cosas que pasan, ¿no?

Uno... toma decisiones y luego tiene que asumir las consecuencias.

Pues yo no quise ser madre antes, me desfasé un montón...

También lo pasé muy bien, ¿eh?

Así que nada, cada uno tiene que apechugar

y asumir las consecuencias de lo que ha hecho durante su vida.

(GONZALO CARRASPEA)

Gonzalo, ¿qué haces aquí, necesitas algo?

No, pero por cómo miras el móvil, igual necesitas algo tú, ¿no?

No sé, una tirita, un...

Gonzalo, no estoy para coñas, ¿eh?

Estoy esperando... A Guillermo, ¿no?

Sí. Y precisamente te he dicho que no hacía falta que vinieras.

Así que te lo agradezco muchísimo,

pero sé enfrentarme a esta situación.

Vete, por favor. No.

Mira cómo estás de nerviosa. ¡No estoy nerviosa!

Vamos a ver, Adela, te vendrá bien tenerme a tu lado.

Gonzalo, he salido de situaciones mucho peores

sin tenerte a mi lado, ¿eh? Así...

Perdona, estoy siendo muy borde. No.

No lo estás siendo.

Lo que dices es verdad. Pero bueno, por eso mismo.

Permíteme que, por una vez en tu vida,

ejerza de hermano mayor. Gonza...

-Hola. ¿Adela Villar?

Sí. Soy Guillermo Alcañiz.

-Encantado. -Perdón.

(LORENA) Hombre, Andrea, ¿qué tal? Bienvenido. ¿Qué tal en Liverpool?

-Bien, bien.

-Perdona, es que todavía está aterrizando.

-Nada, no te preocupes.

Yo, cuando viajo, vuelvo desubicada. Se me olvida hasta el castellano.

Va, venga, ¿qué os pongo?

-Pues... dos zumos de naranja, por favor.

-Vale. Ahora os los llevo, ¿vale? -Gracias.

Andrea, ¿te sientas, por favor?

-Rapidito, que tengo prisa.

-Yo quería pedirte perdón por...

por levantarte la mano.

Nunca lo había hecho y... me arrepiento mucho, lo siento.

-Pues muy bien. -Andrea, por favor, no he acabado.

-Te he dicho que tengo prisa. -Siéntate, por favor.

Yo te he pedido perdón por haber perdido el control,

pero creo que realmente te merecías una bofetada.

-Tío, eres... eres la incoherencia personificada.

O sea, ¿te arrepientes o no?

-Antes de todo, yo no un tío, soy tu padre.

Y tú estás haciendo lo mismo que antes.

Me estás faltando al respeto, ¿lo entiendes?

Y sobre todo, se lo has faltado a tu madre.

Porque ella no se merecía...

escuchar esas cosas que tú has insinuado.

Ha sido muy duro oírte hablar de ella de esta manera.

Yo no sé qué has aprendido allí, en Liverpool,

pero de una cosa estoy seguro,

que nosotros te enseñamos a respetar a los demás,

sobre todo a tus padres.

-Ajá. ¿Y a los hijos, papá? ¿A los hijos no hay que respetarlos?

-Andrea, yo sé que has sufrido mucho.

Por lo que hizo tu madre, por... nuestra separación.

Y lo siento.

Pero somos humanos, ¿no? Y nos equivocamos.

Bueno, ella se equivocó,

pero está muy arrepentida.

Y yo la creo.

Y la creo porque la quiero.

Bueno, nos queremos.

Y queremos estar juntos.

Espero que lo entiendas.

(LORENA) Aquí tenéis, chicos, dos zumitos.

-Muchas gracias.

-Os he traído unos pinchitos para que merendéis, ¿vale?

-Gracias, Lorena.

-Papá, es que yo no soy como tú.

No puedo hacer como si no pasara nada.

No puedes obligarme a que le dé otra oportunidad.

Lo entiendes, ¿no? -Yo lo sé, Andrea, lo entiendo.

Y tú no nos puedes obligar a estar separados.

Tu madre... Somos tus padres, ¿sí?

Pero también somos adultos y tenemos nuestras vidas,

y tenemos derecho a vivir como queramos.

Sin que nadie se meta ni si siquiera tú.

Eres lo que más queremos, Andrea.

Tienes tu vida en Liverpool, ¿no? Y ahora te vas a ir a Boston.

Yo y tu madre queremos estar juntos.

Queremos vivir juntos y...

y compartir todos tus éxitos.

¿Lo entiendes?

-Sí, sí, sí, lo entiendo.

Tienes razón, papá.

No me voy a meter en vuestra vida.

Pero... os digo lo mismo.

Yo también tengo derecho a vivir mi vida

y debéis entender que mamá y tú tampoco os podéis meter.

Y tenéis que respetar mis decisiones.

-Vale, de acuerdo.

-Lo que quiero decir con eso es que...

no voy a ir a Boston.

Ni a Liverpool tampoco.

-¿Cómo? ¿Qué quieres decir?

-Eso, lo que te he dicho.

Pero es mi decisión y la tenéis que respetar, ¿vale?

-Así que el negocio está en pleno funcionamiento.

No tiene pérdidas y está todo en orden.

¿Estás solo interesada en el traspaso o también en el local?

Bueno, la verdad es que...

no estoy interesada en nada. ¿Perdona?

Si lo he llamado

es porque quería preguntarle qué pasó

con una antigua dependienta de su tienda de electrodomésticos.

Se llamaba Margarita, ¿la recuerda?

Sí, claro, sí, Margarita. Fue una de mis mejores dependientas.

Las siguientes no estuvieron a su altura.

Pero no entiendo la pregunta.

¿No recuerda por qué se marchó de la tienda?

Pues no, no.

Es que ha pasado mucho tiempo.

Ya, ya. Claro, claro.

Yo sé que... que usted es un hombre de familia

y además, es una persona

con cierta relevancia social y empresarial,

y por supuesto, no quiero perjudicarle ni...

ni complicarle la vida, pero... ¿Pero?

Bueno, usted tuvo una relación con mi madre

y puede que... que yo sea su hija.

Ahora entiendo de qué va todo esto.

Ya, ya veo que sois unos sinvergüenzas.

No, no... ¿Qué queréis?

¿Queréis sacarme el dinero? No, claro que no.

Entre Margarita García y yo

solo hubo una relación estrictamente profesional.

-Si tan seguro está,

no le importará hacerse una prueba de ADN.

No pienso hacerme ningún tipo de prueba.

Ahora recuerdo por qué eché a Margarita.

Esa mujer era capaz de cualquier cosa

por una mierda de subida de sueldo.

Veo que la hija es igual que la madre.

-Mira... ¡Espera, Gonzalo, por favor!

¡Me cago en la leche! Déjalo.

Siéntate.

Era previsible. Ya, ya, ya.

Mire, si la hemos llamado otra vez es porque...

digamos que no hemos sido del todo claros con usted.

-Al grano, señor De la Cruz.

Me mintieron, ¿no? No.

Bueno, sí.

Lo importante es que queremos ser sinceros al 100% con usted

y colaborar para meter a Velasco en la cárcel.

Pero usted no es un hombre precisamente altruista.

Querrá algo a cambio, ¿no?

Sí, protección.

Para mí y para mi familia.

Hable. Si lo que cuenta es útil para la investigación,

lo tendré en cuenta. Muy bien.

Le dije que no había visto a Velasco la última semana.

Esto no es del todo cierto. Diríamos que...

que vi a Velasco cuando...

(MILLÁN) Siga, no se detenga.

Localicé dónde vivía Velasco y fui a verlo.

Fui a verlo con la intención de...

con intención de dispararle.

Fui yo. -Bueno, bueno...

Germán... No.

¡Germán, Germán! No, no.

Mi padre no disparó a Velasco.

Fui yo.

-¿Quieres algo?

-No, buscaba el botiquín.

Me sangra la herida y quería cambiarme la venda.

-Ya sabes dónde está, en el cuarto de baño.

-Va a estar bien dormir en casa.

Quería darte las gracias por dejar que me quede

y apoyarme delante de Noa.

Estoy en un momento muy delicado de mi vida.

Tengo que dejar atrás mucha mierda y empezar desde cero.

Pero no podría hacerlo solo.

-Oye, mira, Nacho, te he acogido un par de días, ¿de acuerdo?

Pero, sinceramente, no me siento cómoda teniéndote tan cerca.

Así que vete a la habitación de Noa.

-Sí, sí, claro, me voy.

Bastante haces con dejar que me quede.

Podrías haberme echado como a un perro y no lo has hecho.

Echo de menos tantas cosas...

¿Recuerdas que a veces, cuando volvías del trabajo,

antes de acostarte te daba un masaje en el cuello?

Te veo cansada...

(Timbre)

¿Esperas a alguien?

-No.

¿Por qué no te vas a la habitación? Mejor que no sepan que estás aquí.

-Así no facilitan las cosas.

¿Quién le disparó? -Yo.

Fui yo quién le disparó.

Compré un arma en la "deep web".

Ricardo Hortuño me dio la dirección de Velasco.

Le pueden preguntar, si quieren.

Papá, yo hice esto y tengo que asumir las consecuencias.

-¿Y por qué le disparó?

-Pues porque sentía mucho dolor y mucha rabia.

Me dejé llevar porque ese desgraciado mató a Javier.

Era mi novio. -Ah.

No lo sabía.

Lo siento mucho, ¿eh? De verdad.

-Iba dispuesto a matarlo.

No lo hice porque mi padre fue a impedírmelo.

-¿Y qué hicieron tras dispararle?

-Llamamos a una ambulancia con el móvil de Velasco antes de irnos.

Cuando la ambulancia llegó, Velasco se había largado

o alguno de los suyos se lo había llevado.

La cuestión es que, tras reunirnos con usted,

Velasco nos llamó amenazándonos.

Por eso le pedimos protección.

Al menos hasta que consigan atraparlo,

porque conocemos a ese psicópata y va a cumplir su amenaza.

-Usted prometió que iba a ser sincero 100%, ¿no?

Lo estamos siendo. Bueno, su hijo sí,

pero creo que usted no.

¿Creyeron que me iba a creer que accedieron al tráfico de drogas

por una amenaza de Velasco a su familia?

De ser así, habría hecho lo que están haciendo ahora,

recurrir a la Policía.

Por eso, puse a investigar a mis hombres

y revisaron los movimientos de los De la Cruz.

Incluidos sus viajes y el registro de sus llamadas telefónicas.

Y sí, efectivamente, Velasco los extorsionaba.

Tenía un secreto de los De la Cruz.

Su cuenta en Andorra con dinero negro.

En esa carpeta está todo.

Muy bien.

Pero debe entender que no estaba en peligro yo solo.

Lo estaba mi hijo, mi padre. Si mirara por su familia,

no se habría asociado con un tipo como Velasco.

Necesito que me acompañe a comisaría

para ratificar lo que acaba de confesar.

-Y me he dicho: "Voy a dar un paseo,

veo cómo está mi hija y, de paso, le dejo fruta".

¿Has hablado con Noa? -Sí. ¿Está ahí?

-Sí. ¿Quieres tomar algo, papá?

-No, no, si ya me voy, tengo cosas que hacer.

Venía a ver cómo estabas y a dejarte la fruta.

-Pues estoy muy bien, gracias.

Gracias, papá.

-Bueno, pues ya... ya vuelvo en cualquier momento.

-Hasta luego. -Hasta luego.

(Puerta cerrándose)

-Era mi padre.

Está muy pendiente, se preocupa por mí.

-Gracias por no decir que estoy aquí.

-Bueno, yo me voy a ir a la habitación a leer, ¿vale?

(SUSPIRA)

Habíamos quedado en que yo asumía esto. ¿Sí o no?

-Si soy mayor para matar a alguien, lo soy para aceptar lo que venga.

-Es una reacción infantil.

-Es que en muchas cosas, Andrea aún es muy inmaduro.

Y más con relación a nosotros.

Y como le dejé claro que no se meta en nuestras vidas,

él decide hacer lo mismo.

-Cuando acabe esto, llamo al seguro para que vengan a desatascar todo.

-No es eso. Quiero dejarlo.

¿Os mudáis? ¿Os cambiáis de piso? -Y espero que de ciudad.

Me han conseguido un curro en Málaga.

Uno bueno, que pagan bien y hay propina.

Carla, ¿tú me echarías una mano con este encargo?

-Es que no quiero hacerlo mal.

Eso no lo sabrás hasta que no lo intentes.

Si no quieres hablar,

si no estás preparado para declarar,

no pasa nada. Lo podemos aplazar o lo dejamos,

nadie se va a enfadar. -No es eso.

Quiero declarar. Y más que nunca, tras lo que pasó.

¿Qué es lo que ha pasado? Andrea me ha dejado.

-A lo mejor entró en "shock",

porque supongo que enterarte así, de la noche a la mañana,

que tienes una hija...

Y a lo mejor ahora lo está pensando y recapacita.

Me da igual si recapacita.

Me demostró el tipo de persona que es.

No me importa ya si es mi padre o no.

-Te conviene mantener la boca cerrada.

Aunque espero cerrártela yo antes.

"A ti y a quien se ponga delante".

-No tiene sentido. -¿Qué quieres que haga?

-Que te entregues.

-¿Qué? Jamás, prefiero matarme.

¿Y el pasaporte? -Escucha.

¡Que dónde está el pasaporte!

Llama a la inspectora para que no venga.

No puedo hacer eso. ¿Cómo que no?

Lo debes hacer. Si Velasco sabe... Ya ha declarado.

-Mamá, yo solo quería protegerlo.

Sabía que si volvías, le harías daño.

-No volverá a pasar. -No debió pasar la primera vez.

Yo sigo pensando que...

deberías venirte conmigo a casa. A mí me apetece tenerte cerca.

E intentar recuperar el tiempo que...

que no disfrutamos como hermanos.

-Buenos días. Esto es un mensaje para Ramírez.

Soy la hija de Nacho Salinas.

Quería decirle que mi padre dio su nombre a la Policía.

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Mercado central - Capítulo 184 (Parte 2)

22 jun 2020

Elías y Germán, a cambio de protección policial tras la amenaza de Velasco, confiesan toda la verdad a la policía. Incluido el disparo a Velasco por parte de Germán. La inspectora sabe que tienen dinero negro en Andorra.

Nacho intenta volver a acercarse a Rosa, quien consigue detenerle. Jesús aparece en casa de Rosa, para protegerla y tener a Nacho controlado.
Adela tiene un encuentro con Guillermo Alcañiz, su supuesto padre biológico; cuando Adela le dice que cree que es su hija ilegítima, fruto de una relación extramatrimonial que tuvo con su madre, éste lo niega y no quiere someterse a ninguna prueba de ADN para ratificarlo.
Andrea renuncia a su curso en Boston y a volver a Liverpool.
Pese a que gracias a las artes negociadoras de Carmen, Carla y Samuel ahora tienen dinero suficiente para seguir con su negocio de las camisetas, Carla lo abandona. Se ha dado cuenta de que el mundo de la moda no es para ella.

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