Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.30 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 166 - ver ahora
Transcripción completa

Te he llamado varias veces.

Sí, y yo no te lo he cogido. ¿Qué es lo que no has entendido?

No quiero saber nada de ti. Adela.

No puedes hacer como que no nos une nada.

Tú y yo no somos nada.

Y no sabes a qué ha venido ni tienes interés ninguno.

¿Con lo que nos hizo a mis padres y a mí?

Que no tiene perdón.

Por mucho que sea mi hermano, no quiero saber nada de él.

Que no se acerque a nosotros. Vale.

Pero esto no ha acabado aquí.

Sí, que a ti te pica que tenga una cita con Bosco.

-Que sí, un poquito, ¿y qué?

-Me encanta oírtelo decir.

-Pero ve con cuidado, ¿vale?

Velasco lo ha comprado, no te extrañe que esté bajo su radar.

Oye, anoche no quise preguntarte, pero ¿y Jorge tiene mucho lío?

Adela, es que... es que me agobio cuando él está conmigo,

porque su sola presencia me recuerda constantemente que...

que tengo un problema. A ver.

Te puedo entender.

Pero es que este asunto también es cosa suya.

¿Sabes lo de la casa de Comillas?

Y lo siento mucho. Una desgracia.

Entre esto y lo de Noa, que no...

No gana para disgustos la familia.

Tenemos que ir a la policía.

No podemos. Sí, ¿por qué no?

Rosa, ¿por qué?

Porque Natalia no quiere denunciarle y yo no tengo nada.

¿Y entonces qué vas a hacer?

Pues fingir y seguirle la corriente.

Al menos, hasta que encuentre a mi hija.

-Voy a ayudarte en la pizzería.

-Pues, mira, acepto. -Vale. Venga, a ver.

¿Te ayudo en la cocina, sirviendo mesas...?

-¿Sabes qué? Yo pensaba más... ¿Cómo lo llevas lo de ir en bici?

-¿En bici? -Sí.

Jorge, Manuel se suicidó.

No sé por qué.

Pero fue justo después de estafarle ese dinero a Velasco.

Tiene que saber algo.

Sí, si estaba pensando lo mismo. Hay algo raro.

Hay algo raro, y voy a descubrirlo.

Intento hacerle creer a Noa que has sufrido una crisis nerviosa.

-Es un plan un poco retorcido, ¿no?

-Cariño, eres su punto débil. Eres lo que puede hacer que vuelva.

(ROSA) "Ya lo sé todo, ¿sabes?"

"He hablado con Natalia y...

y te pido perdón, por favor".

"Por favor, llámame por teléfono...".

(Móvil)

Quiero hablar con mamá.

-Noa, hija, tu madre está como aquella vez.

Y, como aquella vez, tendré que medicarla.

Solo tú puedes parar esto.

"Tienes que volver a casa, hija".

¿Qué te parece si te entrevisto?

Oh.

Celia, de verdad, en confianza, yo soy muy tímido.

Es que te voy a hacer muy buena entrevista.

Tú has confiado en mí antes como escritora.

¿Por qué no lo vas a hacer otra vez?

Venga.

Bueno, solo te puedo decir que... me lo pensaré.

(Móvil)

David, parece que te intuye. Cógelo.

Sin problema. Es un segundo nada más, ¿vale?

Dime, cariño.

Hola, ¿está todo bien?

"Bien. ¿Qué tal Paolo? ¿Se las apaña sin mí?"

"Sí, claro que sí, no te preocupes".

He estado hablando con Iván.

¿Tiene novedades?

No.

Ha puesto sobre aviso a sus compañeros para localizarla,

pero, por ahora, nada.

He estado pensando en lo que me dijiste.

Lo de... que Jonathan robó la caja de la frutería.

Esta vez no creo que haya sido él.

Jonathan es buen chico.

Bueno, pero la otra vez lo confesó.

Ya, ya lo sé, pero lo necesitaba.

Poca gente sabía dónde estaba el escondite del dinero.

Y Noa lo sabía.

Y seguro que lo necesitará para buscarse un refugio.

Bueno, Noa tiene el exnovio este que vivía en Nueva York, ¿no?

Lo mismo quiere irse con él. No creo que se haya ido tan lejos.

Según tú, ¿dónde está buscando el refugio?

Noa no puede seguir dando vueltas con la cabeza como la tiene.

Le puede pasar cualquier cosa.

A ver si te enteras: Noa no está loca.

Papá, que no lo digo yo, es el diagnóstico de un psiquiatra.

Pues yo no lo creo.

Se puede haber equivocado el psiquiatra, ¿no?

Es que en la familia de Nacho ya hay casos parecidos.

Tiene la pinta de que es algo genético.

¿Y si es Nacho el que ha heredado el trastorno?

¿Y tú por qué dices eso?

No sé, porque siempre ha sido muy suyo, muy raro, ¿no?

Como todo el mundo, todos tenemos cosas.

Pero una cosa es innegable: Nacho se desvive por Rosa.

Y el psiquiatra lo dijo muy claro:

el mejor sitio donde puede estar Noa es ingresada.

(Timbre)

(Timbre)

(Timbre)

-Vaya, ¿no pensabais abrirme o qué?

-¿Qué necesitas, Velasco?

-Toma.

El calendario de entregas de esta semana.

Quiero que os ocupéis vosotros de que se cumpla.

Mis hombres saben que hablaréis con ellos.

Yo estoy ocupado en otros asuntos.

¿Conformes?

-Conformes, sí, por supuesto.

-Eso espero.

Porque ya sabéis lo cara que hago pagar una traición

por pequeña que sea.

Lástima lo de la casa del pueblo de tu mujer,

¿eh, Jesús?

Velasco.

Un poco de respeto.

Si tienes que ajustar cuentas conmigo,

lo hablas conmigo.

Lo pago yo, no se lo hagas pagar a mi padre y menos a su mujer.

Ay, Elías.

Con lo mayor que eres y todavía no te has dado cuenta

de que todos tus errores, absolutamente todos,

siempre los paga tu familia.

Menos mal que, en este caso, no ha habido daños...

colaterales.

-Tranquilo, Velasco.

El mensaje ha sido claro.

Colaboraremos sin problemas.

-Muy bien.

¿Ves? Tu padre es un hombre razonable.

-A propósito.

Quería agradecerte lo del accidente de la casa de mi mujer.

-¿Qué? ¿Te alegras?

-Pues, mira, me has quitado un problema de encima.

Sí, está empeñada en que me jubile y que vaya a vivir allí.

Pero, vamos, yo no me veo viviendo en un pueblo del norte.

Llueve demasiado, ¿no?

(Portazo)

Quería hundirnos.

Que se entere de una vez

que a nosotros no nos hunden tan fácilmente.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

¿Javier no ha llegado todavía? Aún no.

¿Y no te ha llamado? No.

Se ve que la comida con Bosco se está alargando.

Eso es buena señal, es que están charlando.

Vete a saber.

¿Qué pasa? ¿Estamos celosos de ese forense?

¿Celoso del pijo ese?

Por favor.

Mira, si te sirve de algo,

te diré que nunca había visto a Javi tan enamorado.

Ya era hora.

¿Qué? ¿Le has podido sacar información?

-Ojalá.

Me ha ido mal.

Ha ido fatal, el plan ha descarrilado.

¿Ha descarrilado? ¿Qué significa eso?

No creo que pueda quedar otra vez con este tío.

He quemado mi última oportunidad.

-¿Se ha enterado de que le querías investigar?

-No, no van por ahí los tiros.

A ver, he llegado al restaurante y tenía preparado un reservado.

Y ahí he visto que era su táctica habitual.

-¿Su táctica habitual... para qué?

Pues para hablar de sus líos sin que nadie se entere, me imagino.

-O para meter mano al que tiene enfrente.

-¿Que te ha metido mano?

Pero ¿así, de repente?

-A ver, os lo explico.

La situación era tan tensa que ni sé qué nos pusieron de comer.

Yo he intentado escaquearme todo el rato, pero el tío iba a saco.

Elías. ¿Sí?

¿Gonzalo? ¡Eres Gonzalo!

Sí, señor, el mismo. ¿Qué tal?

Me dijo Adela que estás de visita. Sí, sí. Huy.

Elías, estás igual, ¿eh? ¡Cómo te conservas!

No has perdido un pelo

ni ganado un kilo desde la última vez.

Bueno, bueno, ahí estamos.

¿Qué? ¿De visita?

Bueno, no, he venido...

Bueno, porque pretendo hablar con mi hermana.

Que me permita disculparme y...

Bueno, que me dé otra oportunidad.

Al fin y al cabo, somos familia.

Pues tú lo has dicho, lo tienes que hablar con tu hermana.

Tú podrías echarme una mano, ¿no? No es nada sencillo.

Gonzalo, los dos sabemos lo que hiciste.

No te voy a ayudar.

Si tu hermana no quiere hablar contigo,

lo mínimo es respetarla.

Venga, va, Elías, aunque solo sea por los viejos tiempos.

Los viejos tiempos fueron una mierda.

Sí, bueno, me equivoqué.

Si soy el primero que lo admite.

No estuve a la altura.

¿Acaso soy el único que ha metido la pata alguna vez?

Es que hay errores y errores, ¿eh?

Que sí, que sí, que fue muy grave.

Pero, no sé,

si una vez se equivoca uno,

¿ya no puede hacer nada por remediarlo?

Supongo que todo el mundo tiene derecho a otra oportunidad.

Pero es que no soy yo el que te tiene que perdonar, es Adela.

No tengo más familia que ella, Elías.

Y ella no tiene más hermano que yo.

Es una pena acabar así.

Gonzalo, te voy a ser muy franco.

Tu hermana y yo nos hemos divorciado.

Así que ya no somos familia.

¿Divorciados?

Vaya, lo siento, ¿eh?

Lo vuestro parecía para siempre.

Pues ya ves.

Y yo le decía que no, que se alejara, pero le daba igual.

Así que se ha lanzado a mí para comerme la boca

y le he parado los pies.

-Nos hemos quedado sin hilo del que tirar.

Y no has podido averiguar nada, imagino.

Nada, que su pareja es médico y que tienen una relación abierta.

Nada más, o sea, lo siento.

-Hey.

No, chist, eh.

Amor, anímate.

Entraba dentro de las posibilidades, ninguno de los tres somos detectives.

-A lo mejor puedo volver por el club de hípica y disculparme.

Le puedo decir que he salido de una relación difícil

y que necesito ir poco a poco.

-Con ese tío no vale la pena, es buscarse líos para nada.

Bueno, igual no perdemos nada por intentarlo.

A mí me parece muy expuesto.

Es un asqueroso.

Ya encontraremos cómo sacarle información.

(Móvil)

-El club de hípica.

(Móvil)

¿Sí?

Sí, soy yo.

¿Cómo?

A ver, habrá una manera de solucio...

Vale, muy bien, pues adiós.

Era la secretaria del club de hípica, no puedo volver allí.

¿Y eso por qué?

Dice que algunos socios se han quejado

de que yo reciba clases sin ser miembro del club.

-Menuda excusa.

Está clarísimo por qué te han echado.

-¿Y cómo le sacamos información a Bosco?

Échame una mano, por favor.

Lo intentaré.

Muchas gracias.

Oye.

Y que sepas que sé lo que cuesta.

Yo también la fastidié, y dos veces.

Eran mujeres increíbles que me querían.

Pude haber sido padre.

Ya lo siento.

¿En lo laboral qué tal?

Bah, otro desastre.

Como empresario, me he arruinado dos veces.

Demasiada ambición y ganas de hacer dinero fácil.

¡Qué me vas a contar! Me suena, eso me suena.

Pero yo no me rindo.

Llevo unos años viviendo en Tenerife.

Compré un par de apartamentos que alquilo para turistas

y, bueno, soy dueño de un centro de buceo.

Así que estabilidad económica no me falta.

Lo que me falta es lo que no se puede comprar.

Familia.

Una cosa que, cuando no se tiene, más se echa de menos.

Oye.

He sabido que tenéis un hijo, ¿no?

Sí.

Me encantaría conocerle. ¿Cómo se llama?

Se llama Germán, pero si Adela... Ya, ya, ya.

Ya, ya, lo sé, lo sé, Elías.

Pero, bueno, entiéndeme, sois la única familia que tengo.

¿No tendrás... alguna foto...?

Si no es problema,

que no te quiero meter en líos con Adela ni nada.

Anda...

Debes estar orgulloso, ¿eh?

Se parece a mi hermana.

Y a mi padre, tiene sus mismos ojos claros.

¿Sabe algo de mí?

No.

Y sabrás por qué Adela no le quiere hablar de ti.

Ya. (CARRASPEA)

Mira, Gonzalo,

yo esto no te lo estoy diciendo, ¿vale?

Germán suele venir a esta hora por el Mercado.

¡Quién sabe si te lo encuentras!

¿Eh?

Muchas gracias, Elías.

Me ha venido muy bien hablar contigo. Que sí, que no me des más coba.

Me alegro de verte. Adiós.

Gracias, Iván.

Sí, un abrazo.

-¿Qué? ¿Alguna novedad?

-Nada.

-Yo creo que no ha salido de Madrid.

-Es lo que dice Iván.

En estos casos de desapariciones voluntarias,

no se suelen ir muy lejos. -¿Ves?

Mira.

Jesús, ¿has sabido algo del robo?

-No, no sabemos nada, no.

Bueno, suerte que Valeria te echa una mano.

¿Y Jonathan? ¿Qué pasa, que sigue enfermo?

-Sí, hija, sí.

-Mira, Adela, ahora me importan poco Jonathan y el robo.

Tengo la cabeza solo en mi nieta.

Ya, ya, me imagino.

Cada hora que pasa sin saber de Noa estamos todos más inquietos y...

Pero, bueno, hay que confiar.

Acuérdate de cuando Germán también desaparecía durante días.

Sí, pero vosotros sabíais que iba de juerga y con quién iba.

Pero me preocupa también Rosa.

No levanta cabeza.

Puede caer enferma otra vez.

Ya, es que Rosa...

Bueno, está soportando muchísima presión.

Tenemos que estar encima de ella y que se sepa apoyada.

-A la pobre le ha dado una crisis nerviosa.

No puede salir de casa, nos lo ha contado Nacho.

¿Es que habéis hablado con Nacho? -Sí.

Le llamé, quería ir a verla, pero estaba descansando.

-Si le ha tenido que dar ansiolíticos.

-Parece que está ya más calmada.

-También, el pobre Nacho, qué papeleta, ¿eh?

Tiene que estar destrozado entre la hija y la mujer.

Sí, sí, también tiene que ser durísimo para él, sí.

-Yo tengo que ir a verla.

No tengo la cabeza para vender chirimoyas

estando Rosa como está.

¿No te importa quedarte en el puesto?

Haces bien, Jesús.

Bueno, pues, si hay alguna novedad, te llamo.

-Vete tranquilo.

-Hasta luego. Hasta luego.

Si necesitas algo...

Hasta luego, Jesús.

¿Qué tal, "cari"?

Oye, ¿qué tal Noa y Jona?

-Ahí siguen, escondidos en mi casa.

-Tenemos que tener cuidado.

-De momento, está todo bajo control.

Pero luego los tengo que bajar a los almacenes.

-Es el mejor sitio para pasar la noche.

-Sí, pero tú tienes que cubrirnos.

Nadie puede enterarse de que bajan. -Sí.

No te preocupes.

(Móvil)

(Móvil)

-Otro marrón. -¿Quién es?

-Los del centro de menores de mi hermana.

¿Sí?

Me han dicho que estarías por aquí. Ay, Jorge.

Oye, ¿me harías un favor?

¿Me puedes echar un ojo al puesto?

Sí, claro. ¿Ha pasado algo? Gracias.

He quedado con Velasco, y no quiero que nos vean juntos.

Vale, vale, pues me voy.

Solo quiero que tengas claro lo que vas a hacer.

Sé cuidarme y sé medir las distancias.

Estate tranquilo. Vale.

Si ese tío hace cualquier cosa, lo que sea,

me llamas, me pones un mensaje.

Voy a estar pendiente.

Vale.

Se está portando como el caballero ideal.

No creo que la situación cambie tanto

como para que yo no la controle. Ya.

Jorge, sé que es peligroso, lo hemos hablado miles de veces.

Confía en mí.

Si pasa cualquier cosa,

te dejo un mensaje.

Ahora no puedo parar esto,

he tirado el anzuelo con la entrevista y ha picado.

Ahora no puedo echarme atrás, tengo que seguir adelante.

Cuando tenga toda la información, se acabó la pesadilla, ¿de acuerdo?

¿Martina se ha metido en algún lío? -Qué va.

-¿Me lo vas a contar? Se te ha cambiado la cara.

-El dentista le ha hecho una revisión y necesita ortodoncia.

Y eso no lo cubre la Seguridad Social y, además, son 3000 pavos.

-¿3000 pavos? -Sí, no sé de dónde voy a sacarlos.

-Esas cosas se pueden financiar, ¿no?

-Sí, supongo que sí.

Pero, con lo que gano yo, no me da para nada.

Como para tener otro gasto ahora, si no llego ni a final de mes.

Tengo suerte de compartir gastos con Celia,

que se porta muy bien.

-Tranquila, te voy a ayudar en lo que pueda.

Sabes que no estoy muy sobrado tampoco, pero bueno.

¿Hablo con mis padres?

-No, no, no, esto lo voy a arreglar yo, ¿vale?

Me toca apechugar.

Hola. Hola, Celia.

Mira, que he estado pensando que...

que hay mejor gente para entrevistar que yo, ¿sabes?

Mira, aquí te... te he hecho una lista.

Es gente de mi confianza, ¿sabes? Hay empresarios,

hay políticos, hay exministros...

Tienen mejor currículum que yo y seguro que te cuentan más cosas.

Sí que conoces gente importante, desde luego.

Dime a quién quieres conocer y te pongo en contacto.

La cuestión es que mi jefe quiere que seas tú.

Dice que tu historia es muy poco conocida

y tienes gancho para los lectores.

Pero ¿qué gancho puede tener un tipo como yo?

Ni salgo en la televisión ni soy un político ni nada.

Hombre, está tu trayectoria.

¿Y qué tiene de particular mi trayectoria?

A ver, yo no pretendo incomodarte,

pero he tenido que documentarme y, por lo que he leído,

estuviste en prisión por estafa y por blanqueo de capitales.

No es ningún secreto. No.

Pero tampoco es algo de lo que me apetezca hablar.

Ya me juzgaron y cumplí condena.

Y yo te entiendo, claro.

Por eso la entrevista te puede venir muy bien,

así puedes dar tu versión de los hechos,

tus motivos, tus razones.

No me gusta

remover mi pasado, ¿sabes?

Sí, lo entiendo... Prefiero ir para adelante.

Te entiendo.

Mira, yo también he tenido problemas con la Administración.

Por favor, no me consueles, no necesito que me consueles.

No te equivoques, no es por consolarte.

Yo también me he equivocado,

he cometido irregularidades y no me siento orgullosa de ello.

Mira, por muchas irregularidades que tú hayas cometido,

ni se acercarían a las que he podido cometer yo.

Y, además, no tienes ni idea de cómo soy.

Por ejemplo, no sabes que conmigo no se juega.

Vamos a ver, yo no estoy jugando contigo,

yo solo aspiro a hacerte una entrevista.

Habla de lo que tú quieras.

Somos amigos.

¿Amigos? ¿Sí? ¿No? Sí.

Amigos.

Si tú fueras mi amiga,

me habrías preguntado por mi vida directamente a mí,

y no husmeando por internet.

Eso no lo haría una verdadera amiga.

Espera un momento, espera.

Espera, por favor, espera.

Me has entendido mal.

No tengo tiempo, la que no has entendido nada eres tú.

Vamos a hacer una cosa.

Dime a qué hora te puedo llamar en otro momento más calmado

y concretamos una cita.

Ahora mismo no me apetece, Celia.

Ay, lo siento, no te quería enfadar.

No estoy enfadado. ¿No?

Estoy decepcionado con una amiga.

Mierda.

Valeria me dijo que tenía ansiedad y mi padre ha ido a verla.

¿Sabes algo?

Pues eso, que Nacho ha dicho que estaba dormida,

que necesitaba descansar, y que tu padre ha ido a verla.

¿Nacho?

Nacho dice muchas cosas y aquí hay algo que no encaja.

¿Seguro que no sabes nada?

No te preocupes.

Ya verás como se recupera pronto, que está sometida a mucha presión.

(RESOPLA) No me lo puedo ni imaginar.

Adela, gracias por acompañarme a la clínica.

Mujer, yo lo hago encantada, las veces que haga falta.

Parecía honesta, ¿no?, la doctora Orche.

Optimista. Muy... muy competente.

Tengo unas ganas de que acabe ya todo esto

y empezar con el tratamiento del embarazo...

Entiendo que estés ilusionada, pero con los pies en la tierra.

Ya escuchaste lo que dijo la doctora,

que, después de estas intervenciones,

solo la mitad de las mujeres se quedan embarazadas.

La mitad son un montón de mujeres, ¿no?

Sí.

Bueno, depende del porcentaje que te toque.

Bueno, un 50 %.

Un 50 % es un porcentaje altísimo, ¿no?

Yo estoy... yo estoy superanimada.

Que sí, Lorena.

Pero, bueno, sabes que un proceso de fertilidad

es algo largo y que desgasta mucho.

Depende de cada caso, ¿no?

Exacto, unos van bien y otros no.

¿A qué viene todo esto ahora? A ver.

No te enfades conmigo, Lorena,

que yo también quiero ser optimista y tengo ganas

de verte con la tripita por aquí, por el Mercado.

Simplemente digo

que te tienes que preparar emocionalmente,

por lo que pueda pasar y por el proceso en sí.

Es normal que la doctora te diga que debes contemplar las opciones.

Pero una clínica de fertilidad es un negocio,

así que nadie te puede garantizar el resultado.

Adela. (ASIENTE)

He decidido elegir un camino muy largo,

muy duro y muy complicado.

Necesito imponerme a mí misma tener esperanza.

Lo entiendes, ¿no?

Por supuesto que sí.

Hay que tener esperanza y ser optimista.

Pero también te digo que, si las cosas salen mal,

tienes muchísimo a lo que aferrarte:

tu familia, Jorge,

una vida feliz.

Y no todo depende de la maternidad.

Así que...

Hay que ser optimista

y queremos verte corriendo tras un niño.

¿Eh?

Pero...

Hay que ser razonable y contemplar las posibilidades.

Lo sé.

Y estoy absolutamente de acuerdo contigo, Adela.

Te aseguro que soy muy realista

y todo el rato me estoy poniendo en lo peor.

Eh, sin venirse abajo. No.

Sin venirse abajo. ¡Cariño!

Hola.

¿Qué tal ha ido en la clínica?

Pues... Eh... Ha ido bien, ¿verdad? (CARRASPEA)

Eh... Me operan la semana que viene.

¿La semana que viene?

Sí. Pues eso es genial. Ay.

Tengo una foto de la habitación del niño de los pintores.

Y ha quedado espectacular.

Mira, solo faltaría poner la cuna y el cambiador, que es importante.

Jorge, pero es que todavía no hemos empezado el tratamiento.

Pero va a salir bien.

No lo sabes.

Sí lo sé, Lorena.

Va a ir de maravilla, ¿me oyes?

Y no me digas que no ha quedado chula.

Sí, ha quedado preciosa.

¡Preciosa ha quedado!

"(Timbre)"

(Timbre)

Jesús.

Pasa, pasa.

(Puerta)

Eh... Siéntate.

¿Cómo estás?

-Bien.

¿Cómo estáis vosotros?

(NACHO RESOPLA)

Bueno, Rosa está muy nerviosa.

Le he tenido que dar un ansiolítico.

-Ah.

-No tiene fuerzas para nada, se ha echado en la cama.

-¿Y ese ataque de nervios ha sido por algo en concreto?

¿Sabéis algo de Noa?

-No, no, para nada.

Yo creo que ha sido por puro agotamiento, ¿sabes?

Desde que desapareció,

no... no hemos pegado ojo. -Bueno.

Eso nos pasa a todos.

-Rosa tenía muchas esperanzas puestas en el detective.

Pero no ha conseguido ningún avance y ella se lo ha tomado muy mal.

-No sé cómo puede desaparecer hoy en día así, sin dejar rastro.

-Bueno, porque Noa está enferma, Jesús.

Y nada de lo que hace,

ninguno de sus movimientos, tiene lógica.

Ya desapareció una vez

y fue imposible encontrarla hasta que regresó.

-El miedo que tengo es que esté herida,

que se haya hecho daño y no pueda valerse por sí misma.

-Mientras no le hayan hecho daño otros a ella...

-Eso es lo que teme Rosa, ¿verdad?

-Bueno, yo procuro que no especule, las fantasías son muy malas.

Y saber, lo que se dice saber, lo único que sabemos es que Noa tiene

un trastorno paranoide muy grave. -¡Bueno!

Voy a verla, al menos es el consuelo que me queda.

-Ya te digo que... que está echada, Jesús.

-Ya, pero si es un rato.

Si se despierta, para que me vea. -Ya.

Pero es que, escucha, igual eso la altera.

No quiero incomodarla, ¿vale, Jesús?

-Parece...

que estás intentando que no vea a mi hija.

-No, ¿qué dices, Jesús? Por favor.

Lo que pasa es que...

Mira, incluso yo me estoy medicando.

Por mi depresión.

No sé si Rosa te lo ha comentado.

-Pues no. -Bueno.

Con lo de Noa y lo de la neumonía, pues...

No te lo puedo negar, me ha hecho mella.

Así que estamos muy cansados.

Pásate mañana o pasado.

-Ya.

-Ya te he dicho que tiene que descansar.

Por cualquier cosa se altera, de verdad.

-Pero un padre no es cualquier cosa, un padre es un padre.

-Ya, por favor, Jesús.

Es que yo también necesito echarme un rato.

-Ya.

Te veo muy afectado, sí.

Martina necesita una ortodoncia y yo no la quiero dejar plantada.

Pero no te quiero rayar.

Vamos a hacer una cosa.

Dinero no te puedo dejar, porque estoy un poco justa,

pero podemos, no lo sé, retrasar unos meses el alquiler,

para ahorrar, o reajustar el precio.

No, no, yo no te quiero dar un inconveniente, no.

Si lo hago de mil amores. Que no, te lo digo de verdad.

Te has portado ya demasiado bien conmigo.

Lo voy a arreglar yo sola.

¿Sí?

Sí, como siempre. (SAMU) ¿Qué?

Hola. -Hola, amor.

-Hola. -¿Qué tal? ¿Qué pasa?

-¿A que no sabes qué?

-¿Qué?

-Tu novio te ha conseguido

un segundo turno de limpieza en el Mercado.

-No. -Sí.

-¡Gracias!

Muchas gracias. O sea, ¿que ya está?

Ya está. ¡Dios, no me lo puedo creer!

A partir de ahora voy a poder

encargar la ortodoncia de mi hermana. -Eso es.

Pero me parecen muchas horas para trabajar.

Pero tú verás. -Da igual.

No me voy a quedar ahí toda la vida trabajando.

-Oye, ¿esa sudadera?

¿Esta? Sí.

La ha diseñado Carla.

Me parecía un poco macarrada, pero me gusta.

¿Qué Carla? ¿Carla mi Carla?

Tu Carla. Mi novia diseña sudaderas.

¿Y yo no tengo una? Está feo. -A ver.

Es una tontería que me dio por hacer hace dos años.

Con un cursillo de estos del paro.

-Pues yo quiero una. ¿Quedan?

-Sí, alguna quedará por ahí.

-Pues quiero una.

-Vale.

Mira, Jesús, no sé por qué tengo que dar tantas explicaciones.

Yo no sé por qué, pero siempre... habéis desconfiado de mí.

Siempre. -Eso no es verdad.

-Sí, desde el principio.

Nunca me habéis tratado como si fuera de la familia.

Como si fuera un De la Cruz.

Eso Noa lo ha percibido inconscientemente

y por eso nunca me ha respetado como padre.

-Pero ¿qué dices, Nacho?

¿Qué me estás contando?

-Yo sé que mis decisiones no te han gustado.

Nunca.

Y sé por qué.

Porque yo no bailo al son que tocáis.

-Mira, no te lo voy a tener en cuenta porque sé que,

cuando uno está bajo presión, desbarra.

-Esa independencia se la he contagiado a Rosa.

Y que tome decisiones al margen del clan

tampoco me lo habéis perdonado, tú el primero.

-Mira, voy a ser sincero contigo.

Lo que creo es que, desde que os casasteis,

estás intentando apartar a Rosa de la familia.

A las pruebas me remito.

-¿Qué tontería dices?

-Es lo que siento, Nacho.

-Bien.

Vale, estupendo.

Entonces... no tenemos nada más que hablar, ¿no?

-¿Me estás echando de casa de mi hija?

-Mira, Jesús, no quería decírtelo por respeto a tu edad,

pero Rosa no quiere verte.

No quiere veros a ninguno. -¡Eso no es verdad!

De mis hijos, Rosa es la más cariñosa.

Y no rechazaría nunca ver a alguien de la familia.

-Ahora necesita estar con su marido.

Aunque tú seas su padre, yo la entiendo mejor que nadie.

Es que, verás, Jesús,

un marido no es cualquier cosa.

Un marido es un marido.

(Puerta)

¿Con quién hablabas, cariño?

-Con tu padre.

-Pero ¿ha estado aquí?

-Sí.

He tenido que ser un poco duro con él.

-¿Por qué?

-Me da miedo que intervenga y estropee el plan que tenemos.

Lo siento, Rosa, pero no podemos tirar todo por la borda.

Noa va a aparecer, estoy seguro,

pero tenemos que tener paciencia y... y mucho cuidado.

-¿Y cómo vas a hacerlo?

-Tú tranquila, ¿eh?, que yo sé... yo sé muy bien lo que me hago.

-Ya.

Lo siento muchísimo, de verdad.

No, no sé qué ha pasado...

Mire, yo hablaré con el repartidor y, mientras tanto,

permítame que le invite al próximo pedido, ¿de acuerdo?

Le garantizo que llegará puntual.

Vale.

Pues muchas gracias.

Y mil disculpas otra vez.

(Ruido)

Vale, hasta luego.

¡Nicolás!

¿Qué os ha pasado?

-Pues ya lo ves, que casi me mato, y varias veces además.

-Pero ¿estás bien?

-Sabía que montar en bici a mi edad no era buena idea, ¡hombre!

-Ese trayecto era muy sencillo, ese cliente vive aquí cerca.

-Paolo, que, en esta ciudad, cualquier trayecto en bici,

por pequeño que sea, es un peligro mortal.

Yo no sé cómo los turistas montan en bici... ¡ah, ah!

-Pero ¿te han atropellado? -Mira.

Ha sido montarme, dar dos pedaladas, perder el equilibrio y me he caído.

Eso, la primera vez, después... -¿Te has caído más de una vez?

-Me he tenido que tirar a la cuneta,

han pasado dos coches superrápido y casi me arrollan.

-Lo siento.

-Mira. -¿Qué ha pasado?

-Casi me llevo a una anciana por delante.

-¡Jesús! -Mira, he pegado un frenazo.

He dado una voltereta, me he dado en el suelo con el coxis

y en la espalda, justo donde me dolía antes.

Vamos, si es que ya...

-¿Por qué no me has llamado? Hubiera llevado yo el pedido.

-¿Te importa más el pedido que todo lo que me ha pasado?

-No, no, Nicolás, tu salud es fundamental.

Es solo que, bueno,

es difícil hoy en día hacerse con buenos clientes.

Y tengo una reputación que mantener,

soy el mejor cocinero italiano de Madrid.

-Pues menos quejarse, ¿eh?,

y tener un poquito más de comprensión humana.

Que mírame, tengo la espalda doblada, no me puedo poner ni recto.

Que el pedido se lo he llevado, mal y tarde y, al final, andando.

-Pero mira cómo ha quedado la bici.

-Te preocupas más por la bici que por mí, ¿no?

¿No ves cómo estoy?

Lo peor es que, como se entere Carmen,

me va a caer lo que no está escrito, es que...

-Ya, pero a ti te cubre la Seguridad Social.

A la bici, no. -Lo que pasa

es que, Paolo, a ver cómo justifico yo

que en mis labores me he caído con la bici.

Te digo que la baja laboral no me la dan.

-Yo no digo que te cojas la baja,

pero que te hagas una radiografía, algo.

-Te estoy diciendo que Carmen no se puede enterar.

-¿Entonces qué hacemos? ¿Voy a por una pomada y te la pongo?

-Sí, hombre, me vas a dar tú a mí un masajito en el culo

en el Mercado... No, no, no.

Que nos vea cualquiera y piense lo que no es.

Me voy a cambiar.

Que... que son muchas cosas, hombre.

Sí, Conchi, muchas gracias.

No sabes lo que te lo agradecemos.

Sí, te mantengo informada. Venga, un beso, chao.

-¿Quién era, mama? -La Conchi.

Una amiga de Comillas, de cuando iba a ver a los abuelos.

-¿Y cómo está la casa? -Pues la casa está fatal.

Yo quiero un té. ¿Qué quieres tomar?

-Un café, por favor. -Un café.

Han quedado cuatro paredes, y negras.

En el pueblo piensan que ha sido provocado:

con lo que ha llovido, una casa no prende tan fácil,

y menos una vacía, sin electricidad, gas ni nada que prenda.

-En las casas vacías se meten los okupas

y hacen hogueras para entrar en calor.

O algún gamberro. -¿Qué gamberro ni qué niño muerto?

Que no entra nadie ahí sin que lo vean,

que son cuatro.

Ha sido provocado por alguien de fuera con mala leche.

-¿Y sospechan de alguien?

Si es algún pirómano, no será el primer incendio.

-No, no me ha dicho eso, otras cosas.

-¿Me lo cuentas o te lo tengo que preguntar?

-Ha sido Juanmi, el hijo de Covadonga, la tendera.

-¿Cómo lo sabes tú, si no estabas allí?

-Juanmi es de Cabezón.

Y el hijo de la Conchi trabaja en un taller en Cabezón.

Y ha encontrado la moto de mi abuelo en la parte de atrás, tapada,

escondida entre otros cachivaches.

Se ha dado cuenta porque es mecánico y no hay una moto igual en Cantabria.

-Vale, muy bien, ¿y qué pinta el Juanmi este?

-El que ha robado la moto es el que ha quemado la casa.

¿Sabes de lo que me he enterado?

-Ay, cari...

Que me gusta que siempre tienes noticias frescas, hija.

Tú deberías trabajar en televisión.

-Que estoy hablando en serio, por favor.

¿Sabes que la moto de mi abuelo ha aparecido en Cabezón?

-Ah, ¿sí?

Esa moto era una joya, ¿eh?

Una moto inglesa clásica que le vendió un guiri, ¿te acuerdas?

-Sí, preciosa. Quiero recuperarla.

Si es preciso, me presento en Comillas a por ella.

El que la ha robado es el que ha quemado la casa.

-Igual no hace falta que vayas. -Claro que hace falta.

Me presento allí y el que la hace la paga.

Quemo la tienda de su madre. -Mamá.

Ha robado la moto y la quiere arreglar.

Es para venderla, y todo se vende por internet.

-¿Quién va a vender una moto robada por internet?

-Fliparías con la de tontunas en la red.

Se cuelgan a 200 km por hora, les pilla la policía y los empapela.

-Por esa moto se puede sacar una pasta.

-Seguramente la pondrá en una página especializada

donde miran los coleccionistas.

¿Qué modelo de moto es?

-No sé, solo sé que era inglesa.

-Muchas gracias, papa, las tengo que mirar una a una.

Lo miro luego. -No.

Yo me acuerdo de cómo era la moto de mi abuelo.

Métete en la página esa.

-Oye, Carmen.

¿Es muy urgente ordenar hoy el almacén?

Lo digo porque tengo un lío hoy... -Perdona.

Habías dicho que tenías el día libre. ¿Qué pasa, te da pereza?

-¡No! ¿Pereza a mí?

Bueno, yo creo que igual lo dejo para esta noche, ¿eh?

Cuando el Mercado cierre.

No entran ni salen de los almacenes. -Papa.

¿Cómo vas a arreglar tú solo el almacén?

¿Si te pasa algo?

Que no, yo me tomo esto y te ayudo. -Ah.

No te digo que no. -Claro.

-Estás vago...

La cosa es no echar una mano tú.

-Si Samu se ha ofrecido a ayudarme. -Bueno, ¿qué más da?

Me viene bien dominar el almacén. -Claro.

Exacto. Si somos dos, acabaremos antes.

-¡Ya está, la tengo!

-Mírala, esta es.

Efectivamente, exacto, con el color tan bonito.

El que pintó tu abuelo.

-Sí, rojo y blanco, los colores de la bandera de Cantabria.

-¿Qué pone los datos del anunciante?

-Juan María Vallés. ¿Ves? Lo sabía, el Juanmi.

(Puerta)

(CARLA SUSURRA) Soy yo.

(Puerta)

Qué nervios, pensaba que no vendríais.

¿Os habéis cruzado con Celia?

-Sí. La hemos visto entrar, pero ella no nos ha visto a nosotros.

-Gracias por ayudarnos, Carla.

-No, algún día se las darás a Celia, que, aunque no lo sepa,

es quien te deja la casa.

-Ya, aunque, bueno,

no creo que volvamos más.

Me parece muy arriesgado, puede venir Celia y pillarnos.

-¿Qué vais a hacer?

Hasta que no veáis a los abogados, no podéis hacer nada más.

-¿Sabes algo más de mi madre?

-No, solo lo que me dijo Samu. ¿Por qué?

-Pues porque mi padre la está medicando otra vez.

-¿Y cómo sabes eso?

-He hablado con él.

-¿Le has llamado? -¿Cuándo?

-Estaba preocupada por la crisis de mi madre

y encendí el móvil.

Y tenía unos audios suyos donde decía que lo sabía todo.

Y la llamé, pero me lo cogió mi padre.

-Yo flipo, tía.

¿Cómo se te ocurre arriesgarte así? Le mandas un mensaje a tu madre

a través de Carla. -Sh.

-O de Samuel. -Me dijo que, si no vuelvo a casa,

la medicará más. -Vale.

-Que tengo que volver. -Ni se te ocurra, Noa.

Ni se te ocurra. Si vuelves, no salvarás a tu madre.

La dejarás con un psicópata y te meterá

en un psiquiátrico. ¿Es lo que quieres?

-Tiene razón.

-Pero... -Hay que esperar

un poquito más. -Vamos a ver.

No la puedo dejar con él.

-Confiemos en la vía de la abogada. -Sí.

-Cuando le contemos esta movida, nos creerá.

-Jona, ni mi madre ni yo tenemos más tiempo.

-Vámonos al almacén, anda. -Un momento.

Dejadme ver si hay alguien.

¿Cómo que no se puede hacer nada?

¿Queman una casa y nadie ve nada o a alguien raro?

-No.

Este tipo sabe hacer las cosas.

Lo mejor es no remover nada,

no se vaya a enterar Velasco y haya algún herido en el pueblo.

-Ya, si tienes razón, pero es que da mucha rabia.

-No veas cómo está Valeria.

Jugar con un mafioso no es gratis.

Y podía ser peor.

Mira Hortuño.

-Cuando se ha pavoneado del incendio, ¿mi padre le ha dicho algo?

-Tu padre quería enfrentarse a él, pero es lo peor que podemos hacer.

-¿Y qué salidas tenemos? -Pues librarnos de él.

Pero de otra manera.

De momento, es mejor dejar las cosas como están,

haciéndole creer que nos domina y que agachamos la cabeza.

-Buscamos alguna pista para descubrir sus negocios, pero...

es que no es fácil.

Tú sabes que vamos detrás de la pista del forense

de la muerte de Hortuño.

-¿Y habéis sacado algo en limpio?

-Pues muy poco, abuelo, muy poco.

Pero... tengo una idea para avanzar un poco más.

-Bueno.

Pero anda con cien ojos, ¿eh?

No seas imprudente.

Y, ya sabes, a la menor duda, retírate.

Riesgos con esta gente, los mínimos.

-Sí, tranquilo, abuelo.

-¿No subes a casa?

-No, tengo que pasar por gerencia a recoger unos papeles de Javier.

Pero te veo luego, ¿vale? -Vale.

Oye, cariño, una cosa.

¿A ti te suena que haya cajas de papá en algún sitio?

Sí, bueno, otro sitio que no sea el altillo ni la casa de la abuela.

¿No? Ya.

Ajá.

Vale.

Por cierto, dale las gracias a Andrea.

Y a sus padres, que se están portando fenomenal.

No, te lo digo en serio.

Este tipo de cosas se te suelen olvidar

y es importante dar las gracias.

Claro que sí.

(Timbre)

¿Te importa si te llamo dentro de un ratito?

Llaman a la puerta.

Vale.

Te quiero.

Hasta luego, hasta luego.

(Timbre)

Hola.

Hola.

¿Puedo pasar?

Sí, claro, pasa, por favor.

Parece que no llego en buen momento.

No, es que estaba ordenando unos papeles y...

aprovechando a organizar

la casa, como no está mi hijo... Ya.

¿Te importa que me siente? Sí, claro.

Por favor.

Pasa. Pasa, siéntate.

No sé si quieres tomar algo, no suelo tener muchas cosas.

No, de verdad,

no quiero molestarte más de lo que ya te he molestado.

De verdad que no molestas.

¿Qué te pongo? No.

De verdad. Siéntate, Celia.

Deja que me explique.

Bueno, en realidad, quería disculparme por lo de antes.

No tenía que haberme marchado de esa manera.

No tienes que disculparte de nada.

Además, yo he buscado información sobre ti en internet

y tenía que haberte preguntado directamente.

Es deformación profesional, soy periodista, qué le voy a hacer.

Has hecho lo que hace todo el mundo hoy en día.

Teclea un nombre en el ordenador y a ver qué sale.

Ya no hay privacidad dicen, ¿no?

Ni intimidad, ni pasado, ni olvido.

Estás en tu derecho de marcar límites, de verdad.

Yo... preferiría lo de antes, ¿sabes?

Conoces a alguien poco a poco, dejas que pase el tiempo...

Pero, bueno, se ve que no estamos... en esa época.

Si te sirve de consuelo, a mí me da igual lo que he leído.

No cambiará la opinión que tengo de ti.

Eso... me tranquiliza un poco.

Tal vez es porque soy periodista

y sé el poder que tienen las palabras,

pueden manipular.

Por eso siempre tiendo a...

a fiarme solo de las cosas que veo y de la intuición que me producen.

Ya.

Pues serás la única. (RÍE)

Porque nadie mira de la misma forma

a alguien que ha pasado por la cárcel.

Mira, vamos a hacer una cosa, vamos a zanjar este asunto.

Yo ya no te pregunto más

y, si me lo quieres contar, bien, pero no lo necesito.

Vale, pero, Celia, para mí, nuestra amistad es muy importante.

Me gustaría que me conocieras tal y como soy.

¿Sabes? No me gusta hablar mucho de mí, pero...

Cuanto más conozcas mi pasado,

más te ayudará a disculpar mis errores.

Es que no necesitas darme explicaciones.

Pero yo quiero dártelas, me sentiré mejor.

A menos que tú no quieras escucharme.

No, sí, claro, yo encantada de escucharte.

Como amiga siempre, claro.

Ya.

Bueno, mira...

Celia, no solo he tenido mala suerte en el amor, ¿sabes?,

con mis socios también.

Especialmente con mi mejor amigo, Ginés.

Éramos como hermanos.

Confié en él y acabé en la cárcel por su culpa.

Vaya, no lo sabía.

Ginés organizó un fraude a mis espaldas.

Yo nunca lo hubiera admitido, jamás.

Bueno, y, cuando la policía judicial estrechó el cerco

y se sintió acorralado, pues... me culpó de todo.

Vaya.

He oído casos similares a este, hay que tener mucho cuidado.

Es difícil poder tener una persona de confianza

como para que sea tu socio, ¿no? Y tanto.

Falsificó..., bueno, firmas, documentos, pruebas,

con la intención de que la condena recayera exclusivamente en mí.

No me lo puedo creer, ¿en serio?

O sea, pero él era el culpable y fuiste tú a la cárcel.

Ya, bueno.

He aprendido mucho en la cárcel, ¿sabes?

El Antonio Velasco que entró en la cárcel

no es el mismo que salió de ella.

Hay muchas horas allí para pensar.

Aun así, tú eras inocente.

Él era culpable y estaba libre.

Bueno, más que inocente, me sentía idiota.

Y solo, muy solo.

Por eso, Celia, te cuento todo esto, para que entiendas

por qué me cuesta trabajo confiar en la gente.

Te entiendo.

(SUSPIRA)

No sabes cuánto me gusta charlar contigo,

es como un bálsamo para mí, me siento mucho mejor.

Sí, para mí también es...

Es muy agradable poder charlar contigo.

En fin.

Bueno, ¿puedo ir al baño un momento?

¿Al baño? Sí, por allí. Vale.

Y ahora sí, cuando salga del baño,

acepto esa copa que me decías al principio.

Y podemos brindar por nuestra amistad.

¿Te manda Velasco? -No, no conozco a ningún Velasco.

-¿Quién coño eres?

-Gonzalo, tu tío.

-¿Qué? No tengo ningún tío.

-Soy el hermano de tu madre, ¿Adela no te ha hablado nunca de mí?

-¿De qué coño va esto?

Si es una broma, no me hace puñetera gracia.

-Tu madre y yo llevamos 22 años sin hablarnos.

Le perdí la pista... antes de casarse con Elías, tu padre,

al poco de morir tus abuelos, a los que no conociste.

Yo tampoco sabía que tenía un sobrino.

(CARRASPEA)

-Vale.

¿De qué va esto?

-Mira, me... me sacó de su vida

porque... porque le hice una faena muy grande.

Pero quiero retomar el contacto.

No tenemos más familia, solo somos ella y yo, ¿entiendes?

-Ya.

No entiendo por qué no me ha dicho que tiene un hermano.

-No, no, no se lo reprocho.

Hice las cosas muy mal, me equivoqué.

Pero ahora quiero...

-¿Ahora quieres qué? Ahora has vuelto ¿y quieres qué?

-Estoy enfermo, muy enfermo.

Y no quiero morirme sin, al menos, haberle pedido perdón a mi hermana.

Tengo cáncer.

Está ya en estado terminal.

Cuando la muerte se acerca,

ves las cosas de otra manera.

Y lo que más quieres es...

poder devolverle el cariño a los que un día te lo dieron.

Para poder morir en paz.

¿Cuándo pensabas contarme que tengo un tío?

Ese tío del que te habló, Ginés,... Sí.

...era Hortuño.

Ya he averiguado quién nos quemó la casa de Comillas.

Asunción, ¿tú sabías que Manuel estafó a un empresario?

"Le robó 400 000 euros".

Ya sé por qué le has ayudado, sois tal para cual.

Dos expertos en traicionar a los que queréis.

Pero ¿qué pasa? -Ha encontrado a Noa.

-¡Ay, Jesús! -Por la señal del móvil.

Parece ser que hizo una llamada y localizaron dónde estaba.

-¡Ah! ¡Ay, ay! ¡Dios! -¿Qué te pasa? ¿Estás bien?

-¿Qué tienes? -¡Me ha dado un tirón!

Ah... -Pero... ¿Qué es esto? ¿Qué tienes?

-Eres preciosa.

Y me muero de ganas por estar contigo.

Yo voy a estar a tu lado.

Pues imagínate lo duro que será

si tenemos que devolver la cunita.

-No te fíes de papá.

No te tomes nada de lo que él te dé, ¿me escuchas?

-Ya lo sé, cariño.

Ya sé quién es tu padre.

Lo siento muchísimo, cielo.

Perdóname.

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Mercado central - Capítulo 166

22 may 2020

Jesús no entra en las provocaciones de Velasco, aunque es él quien está detrás del incendio de la casa de Comillas.
Jorge, Javier y Germán investigan al forense sin mucho éxito.
Celia sigue actuando como espía y acaba besando a Velasco.
Adela es realista con Lorena acerca de su próxima operación. Lorena no soporta el optimismo exagerado de Jorge.
Nacho se enfrenta a Jesús y le impide ver a Rosa.
Nicolás se ha lesionado ayudando a Paolo y debe ocultárselo a Carmen. Samuel la ayuda a encontrar la moto robada por Internet.
Noa sufre porque cree que Nacho está envenenando a su madre.
Gonzalo habla con Germán, le cuenta que es su tío y que ha regresado porque se está muriendo.

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