Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.30 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 158 - ver ahora
Transcripción completa

Jorge y yo hemos vuelto.

-(GRITA) ¿Qué me dices? -Sí. (RÍE)

Sí, hemos estado hablando, ha venido

y me ha dicho que... que ha cambiado de idea

y... y lo vamos a intentar. -¡Ay!

¿Estás segura entonces?

No tengo problema con hacerme una prueba.

Mejor empezar de modo natural,

incluso divertirse en el camino, ¿sabes?

Y luego, si la cosa va regular,

nos hacemos las pruebas necesarias.

No sé los demás, nosotros no estamos boyantes.

He pensado que podíamos hacer algo

para que no tengamos que desembolsar tanto dinero.

Podemos hacer un evento y comprometer

a todo el barrio en él.

-Venga. (NICOLÁS SUSURRA) Corre.

-Venga. Chist.

Luego le pongo más.

-Por Dios. (CARMEN RÍE)

-¿Qué haces? -¿Eh?

La... recaudación

de... la pizzería.

¿No ves que Carmen y Nicolás corren peligro?

Claro que sí,

por eso hay que devolver la pasta sin hablar con ellos.

-No acepto este dinero.

Porque cogerlo sería como si...

si aceptara que Doménico me pagara por todo el dolor que me ha hecho.

Pero yo he perdido mucho más que dinero.

He perdido la confianza en ti.

-Ya sé que es la mejor clínica, el mejor médico...

Pero es que yo no los conozco.

Creo que vamos muy deprisa.

No me siento tranquila. -Cariño.

Vamos a confiar en su criterio.

-No quiero llamar a la policía. -Es capaz de sacrificar a Noa.

Y a quien sea. -Vamos.

-Lo siento mucho.

Pero es un pederasta. -¡Largo de aquí!

-Piensa con la cabeza: ¿y eso en qué ayuda a Noa?

¿Me lo explicas?

Te deja a gusto a ti, pero a Noa no, y hay que ayudarla.

-Lo importante es que no se la lleve. "Miqui..."

no se fue a Zamora a cuidar a sus padres, ¿sabes por qué?

Porque sus padres hace ya años que murieron

y porque Miqui no es de Zamora.

Eso no tiene ningún sentido,

así que dile a tu contacto que se equivoca.

Pues mi contacto me dice que no se equivoca,

que no se ha ido de Madrid,

que no ha salido de aquí, ¿sabes por qué?

Porque todas las tardes va a recoger al trabajo

a su nueva y joven amante.

Ni siquiera sabemos si va a venir. ¿Cómo que no?

Ahí vamos a poder averiguar. Míralo.

Te prometerá el oro y el moro,

estás implicada y él: "Si te he visto no me acuerdo".

-A ver, eso no es así. Escucha. Vámonos, Cristina.

Hemos hecho el ridículo. Te explico.

Desde fuera puede parecer que eres un hombre duro.

No sé, conmigo has sido siempre muy comprensivo y muy agradable.

Me da mucha rabia que la gente vea eso en ti.

No sabes lo que significa que me digas esto.

Eres una mujer excepcional. No.

Y tú eres un hombre estupendo

y cualquier mujer se va a dar cuenta.

Tienes que ser tú mismo.

Soy Rosa, la madre de Noa, ¿te acuerdas de mí?

Verás, es que quería hablarte.

Es... es una cosa importante que solo puedo hablar contigo.

Te agradecería mucho que, cuando escuches este mensaje,

me llames al seis, ocho, ocho, cinco, cuatro, tres, dos, siete, uno,

¿vale?

Gracias.

¡Hombre! Don Elías de la Cruz.

A usted quería yo verlo.

Si vienes por lo del dinero, vienes demasiado pronto.

Lo estoy buscando y no lo encuentro.

Pero no te preocupes,

que mañana mismo lo tendrás,

como te prometí. Sí.

Pero, si hubieras hecho las cosas como tienes que hacerlas,

a estas alturas de la conversación ya habrías mencionado un nombre:

Carmen Pacheco.

No sé qué tiene que ver ella en todo esto.

Ay, frutero, frutero, frutero.

Anda, siéntate.

Siéntate.

No quieras ser más inteligente que yo.

Ya sabes que muchos lo intentaron.

Y también sabes dónde han acabado.

Mira, un pajarito me ha dicho

que el Ayuntamiento os ha puesto una multa muy gorda

porque tenéis humedades en los almacenes.

Y otro pajarito

le ha dicho al inspector que baje a los almacenes

porque la cosa allí está muy mal.

Has sido tú.

Correcto.

Pero, bueno, hablando otra vez de lo de la multa,

como con vuestras cuotas de mierda no podéis sacar el dinero suficiente,

habéis tenido que recurrir a...

a esquilmar el patrimonio

de un humilde empresario como yo, ¿verdad?

Esa tal Carmen Pacheco lo ha encontrado.

Y ha pagado la multa con mi dinero.

No... no sé... No lo creo.

Si la Pacheco encuentra dinero, se lo queda.

Menuda es. Ah, ¿sí?

Entonces deben haberme informado mal, ¿no?

Me han dicho que la transferencia la ha hecho con su nombre.

¿De dónde sacó el dinero?

Vamos, hasta donde sé,

ella hizo una venta de productos para recaudar fondos...

Para blanquear el dinero de una forma chapucera.

El dinero, no, mi dinero.

¿Y tú crees que se puede sacar pidiendo limosna

esa cantidad?

Velasco, el Mercado Central funciona como una gran familia.

Aquí todos vamos a una.

Y, cuando vienen mal dadas,

nos apretamos todos el cinturón y colaboramos con lo que sea.

Claro.

Y cuatro muertos de hambre

habéis sacado ese dinero de la chistera.

Pues a lo mejor sí.

Y no te lo voy a negar,

yo también colaboré, con un buen pico.

Yo y toda la gente del Mercado.

Incluso gente del barrio ha aportado lo que ha podido.

Así que quítate ya de la cabeza que Carmen Pacheco tiene que ver

y vete a por el tonto ese que puso el dinero donde no debía.

Mira, ya me tienes hasta las narices, ¿sabes?

O aparece mi dinero

o alguien de tu gran familia lo va a pagar.

Y sabes que yo me suelo cobrar

las cosas con intereses.

(Portazo)

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Luego te veo.

¡Rosa!

-Ya estoy aquí, perdóname que te haya dejado solo toda la mañana.

¿Te has apañado bien? -Sí, sí, tranquila.

Lo que pasa es que ahora Ricardo, el de la panadería,

me estaba contando que le entraron en la tienda

a robarle.

-¿Qué dices? -Sí.

-Bueno, esto es un no parar. -Sí, estamos peor que nunca.

A ver si la policía hace algo, porque esto es una sangría continua.

-Últimamente no ganamos para disgustos.

-Ya.

Oye, ¿Y tú qué tal? -¿Qué?

-¿Cómo está Noa? ¿Mejor?

-Eh... Bien, sí.

-Rosa, ¿qué pasa?

Ya te veo preocupada otra vez. Va, cuenta.

-Ojalá pudiera.

-Amiga mía, ya sabes que puedes contar conmigo para lo que sea.

-Ya lo sé, lo sé, Paolo,

y sé que quieres ayudarme de corazón, pero es que...

decir en voz alta lo que me pasa

es convertirlo en algo mucho más real, ¿sabes?

Y... y no puedo.

Porque se hace más doloroso. -No, no, no.

Mírame, es exactamente lo contrario.

Cuando tú hablas las cosas, el dramatismo se va, desaparece.

Va, seguro que no hay para tanto.

-Es que este no es el caso.

De verdad, el día que reúna fuerzas para contártelo,

lo vas a entender.

-Rosa, me estás preocupando de verdad ahora.

¿Qué pasa? ¿No será...? -Por favor.

Por favor te lo pido, no insistas.

-Vale, vale, lo que tú quieras.

Pero, Rosa, sea lo que sea lo que te preocupa tanto,

por favor, enfréntalo cuando antes.

Porque tú eres una mujer valiente.

Y las mujeres valientes

siempre salen adelante.

-Eres un encanto.

Gracias, Paolo.

-A ti, Rosa. -Gracias por tu apoyo.

(Móvil)

Perdona, tengo que cogerlo. -Sí.

-Es urgente. -Claro.

(Móvil)

-¿Hola?

Sí, soy yo.

Natalia.

Gracias por llamar.

Buena fortuna.

-¿Qué haces?

-Nada, he... he encontrado un trébol de cuatro hojas

en el parque ahí al lado.

Donde me seguías cuando pensabas que estaba con otra.

-La cuarta hoja la has puesto tú.

-Si la vida no te da lo que quieres, hay que ir a buscarlo.

Y yo sé lo que quiero, Cristina.

Te quiero a ti, te necesito a mi lado.

-Me tuviste a tu lado y... y me hiciste sentir muy sola.

-Porque no estuve a la altura.

No me cansaré de repetirlo.

Me equivoqué en todo lo que me pude equivocar.

Te quiero, Cristina.

Dame otra oportunidad para demostrártelo.

Si no te lo estuvieras pensando, no me habrías citado aquí hoy.

Mira que te conozco.

No eres feliz, solo hay que verte.

-Tú no me conoces.

Te crees que me conoces, pero no... no sabes nada de mí.

-No insistiría si te viera como te vi en el primer tiempo en Nápoles.

Estabas radiante, no cabías en ti de felicidad.

-Me duró muy poco.

-Dame otra oportunidad, por favor.

Iremos adonde tú quieras.

Mi sitio estará donde tú estés.

Paolo... Paolo seguirá adelante con su vida,

igual que ha hecho hasta ahora.

Además, ya sabes que nunca te perdonará.

Si quieres salir adelante, asúmelo.

-Sí, tienes razón, eso es lo que tengo que hacer.

-Dame esa oportunidad. -Doménico.

Yo también he aprendido de mis errores.

Y, si no asumo que las cosas son como son,

nunca llegaré a ser feliz.

-Sé feliz a mi lado, por favor, Cristina.

-Doménico, no voy a volver contigo nunca.

-¿Por Paolo?

-Por mí misma.

-Es por Paolo, y él no te quiere.

-Es verdad que le he hecho mucho daño y puede que no me perdone nunca.

Pero eso ahora no me importa.

-No te creo.

"(Timbre)"

Jorge, ¿qué haces aquí? Pasa.

Oye, ¿todo bien? Sí, sí, todo bien.

Solo quería hablar contigo fuera del Mercado.

Eso es todo. Ah, vale.

¿Te importa si charlamos

mientras termino de recoger?

No, dale, si será solo un momento. Vale.

¿Me acompañas con un vino?

¿Lo has elegido tú?

Sí.

Sí, dale. ¿Sí? Vale.

Tenemos que brindar por los clientes tan increíbles que tenemos.

Qué donaciones, madre mía.

Debíamos haberlo hecho antes. Ya.

Tenemos unos clientes maravillosos. Bueno.

Si no llega a ser por ellos,

nos hubiera costado años recaudar dinero para pagar la multa.

Y las humedades de los almacenes, que ha dado para eso.

Venga, por la buena gente. Por la buena gente.

Es un alivio ver que no solo hay gente como Hortuño.

Bueno, nos lo hemos quitado de encima, ¿no?

Sí.

Jorge, ¿qué pasa?

A ver, quiero hablar contigo de un tema delicado

y no creo que te guste lo que te voy a decir.

Mira, estás empezando a asustarme, dime lo que has venido a decir.

Vale, pues voy al grano.

Te he visto hablando con un tipo fuera del Mercado

y con una actitud muy cercana.

¡Ah!

¿Perdona?

Perdona que sea tan directo, pero ¿qué sabes de él?

Vamos a ver, Jorge, lo siento mucho,

pero no tienes derecho a meterte en mi intimidad.

Celia, no van por ahí los tiros, de verdad.

Solo quiero saber de qué le conoces.

Yo quiero a Paolo.

Y, aunque él nunca me perdone y no vuelva a estar con él,

eso no implica que me vaya a ir contigo.

-Vas a acabar sola, ¿sabes?

-Correré ese riesgo.

-Está bien.

Si eso es lo que quieres... -Sí.

-Ya. No me queda más remedio que aceptar tu decisión.

Pero, entonces,

tienes que devolverme el dinero que te di.

-¿Cómo?

¿El dinero?

Es que ese dinero no es tuyo, era de Paolo y mío.

-No se lo habrás devuelto.

-Claro que sí, pero él no lo ha aceptado.

Entonces, Cristina, tienes que dármelo, por favor.

-Eres un miserable.

No te voy a devolver nada. -Estoy hablando muy en serio.

-Y yo también.

-¿Es que no entiendes?

No puedo volver a Nápoles sin el dinero,

me juego la vida.

Lo pedí prestado a las personas equivocadas.

-Estás loco. -Es que lo hice por ti.

Para recuperarte.

-¿Y si te hubiera dicho que sí?

¿Qué hubieras hecho?

¿Engatusarme hasta que te lo hubiera devuelto?

Ay, Doménico.

Tú no has aprendido nada.

Eras un miserable antes y lo sigues siendo ahora.

-Siento decirte que tú no eres mucho mejor que yo.

-Puede que tengas razón, sí.

Y por eso los dos tenemos lo que nos merecemos.

Toma.

Tu dinero.

-Vale.

Gracias.

Y se llama Antonio, ya te ha hablado alguna vez de él.

Es el que me ayudó a encontrar

el número desconocido del móvil de Manuel.

¿Dónde lo conociste? ¿Se acercó él a ti, tú a él?

No sé. A ver, yo salía de la boda de Jesús y de Valeria.

Y unos idiotas se metieron conmigo, me asustaron.

Y me ayudó.

¿Y él te ayudó?

Qué poca vergüenza.

Pero ¿qué tienes contra él? Es un conocido.

Hemos charlado dos o tres veces de libros, de hijos, yo qué sé.

Aléjate de él cuanto antes, por favor.

¿Me puedes explicar qué es lo que está pasando?

¿Te ha dicho a qué se dedica?

Sí, es empresario, de la construcción, creo.

Tiene otros negocios, no sé cuáles. Sí, sí.

Sí que tiene, todos turbios.

Como los de Hortuño.

¿Qué?

Mira, ese... amigo, conocido, lo que sea,

es Antonio Velasco, el socio de Hortuño.

Es el tío más peligroso que te puedas echar a la cara.

Bueno.

Hortuño, a su lado, es una hermanita de la Caridad.

Pero no puede ser, si es un hombre muy agradable.

Todo lo que tiene de agradable lo tiene de sinvergüenza.

Así que, por favor, aléjate de él.

Sal de ahí cuanto antes.

O sea, he estado engañada todo este tiempo.

Eso me temo.

Tú misma lo decías cuando hablamos de Manuel.

No siempre se conoce a las personas por muy cerca que estén.

¿Y qué se supone que quiere de mí?

Supongo que se habrá acercado a ti

para ganarse tu confianza y que le cuentes cosas del Central.

¿Le has dicho algo del Mercado? No.

Sí.

Sí, ahora que lo dices...

Fue decirle que teníamos problemas de humedades del almacén

y, al día siguiente, teníamos la multa.

Ya está.

Pues ahí lo tienes.

Qué sinvergüenza.

Tienes que cortar la relación con él.

Es muy peligroso, ¿me oyes?

Dale largas, dile lo que sea,

pero sal de ahí, sin que se dé cuenta.

¿De acuerdo?

Por favor.

He sido una ingenua, perdona, lo siento.

Perdóname, no me podía escapar antes.

Han saqueado el puesto de la panadería

y he estado con papeleos del seguro y mil historias.

¿Qué pasa? ¿Has hablado con Noa o qué?

-Necesito que me cubras en el puesto.

-¿Qué vas a hacer?

-Mejor que no lo sepas.

Es chungo y no quiero que te pillen. -Bueno, vale, a ver.

Si es tan chungo, entonces no lo hagas.

Que bastante tensa está la cosa como para liarla más.

-Me da igual, Samu.

No dejaré que ese tarado meta a Noa en un psiquiátrico.

-¿Y qué has pensado?

-La voy a sacar de su casa.

-¿Qué?

Vamos a ver, ¿qué dices? Que la vas a liar.

-Me da igual, no dejaré que pase un segundo más con un monstruo así.

-¿Y cómo piensas entrar?

-Noa dejó en mi piso una copia de sus llaves de casa.

-¿Qué estás hablando? Al primero que van a buscar es a ti.

Vas a tener a la policía en tu casa.

-Que me da igual, la saco de Madrid, de España,

a donde haga falta me la llevo.

-Tú estás chalado, tío.

¿Cómo piensas entrar en su casa sin que te vea?

¿No va a estar Nacho controlándola?

-Bueno, pues, échame una mano, échame un cable.

-Esto no va a acabar bien.

-Pero algo tendré que hacer, algo tendremos que hacer.

-Pues no sé.

-Samu, que se trata de Noa, ¿vale?

Mi... Nuestra colega, tío.

No podemos hacer como si no pasa nada.

Vale, vale, no.

Tienes que rellenar un seguro, ¿no? Vete.

Aire. -¡Escucha!

Eres un cabezón, ¿eh?

Cuenta conmigo, anda.

-Gracias, "bro".

Te debo una gorda.

-Me debes tres o cuatro ya.

¿Cuándo la ingresan?

-Esta tarde.

Tenemos que pensar algo cagando leches.

-Vale, tío.

Nos van a enchironar.

A los dos, que lo sepas.

Pues está muy bueno el té de azahar este, sí, señor.

Una cosa, ¿tú no tienes algo un poquito más potente?

Para ahogar las penas.

No sé si habrá algo por aquí. ¿No?

A ver, déjame ver. Pues deberías de tener ginebra.

Que un par de "gin tonics" van bien para superar las crisis.

Ginebra no hay, pero hay raki.

¿Raki? ¿Y esto qué es? Tiene nombre de lavavajillas.

Que no, mujer, qué tonta.

Es un licor turco, dicen que es parecido al anís.

De mi compañera. ¿Quieres?

No te voy a decir que no. Pues venga.

Por aquí. Venga.

Y por aquí.

¿Esto no nos va a sentar mal? No, mujer.

Prefiero morir de indigestión que amores.

Pues también es verdad: ante las penas,

puñaladas en el estómago. Venga.

Por nosotras. Salud.

Paolo.

-¿Qué haces aquí?

¿Cuántas veces tengo que decirte que no quiero verte?

-He venido a despedirme.

Regreso a Nápoles.

Tranquilo, que me voy solo.

Una vez más lo he perdido todo.

Te envidio, ¿sabes?

Siempre he envidiado tu alegría,

tu manera de encarar la vida llevándote bien con todos.

Yo, en cambio, no tengo remedio.

Voy de derrota en derrota. -Tal vez,

las decisiones de mierda que tomas tienen algo que ver.

-Por supuesto que tiene que ver.

Por mis decisiones, te perdí a ti.

Y ahora he perdido a Cristina.

Nunca he culpado a nadie de mi soledad, eso no.

Vine a Madrid para recuperarla, no voy a mentirte.

Pero esta vez, ella te ha elegido a ti.

Y yo no puedo luchar contra eso.

-¿Y qué quieres de mí?

¿Que te perdone?

-No. -Porque, si eso es lo que buscas,

puedes irte por donde has venido. -No he venido a exigirte nada.

Solo a darte un consejo.

No la dejes escapar.

-No me lo puedo creer.

¿Ese consejo viene de ti?

¿La persona que la arrancó de mi vida?

-Es una gran mujer, Paolo, lo supe nada más verla.

Por eso quise recuperarla, costara lo que costara, hasta...

Hasta pedí dinero prestado

para devolverle lo que invirtió en la "trattoria".

Pero ella no quiere saber nada más ni de mí ni del dinero.

Paolo, solo le importas tú.

-¿Sabes qué pasa, Doménico?

Que ya no me creo ni una palabra de lo que dices.

-Es la verdad, Paolo.

Estoy más que seguro de esto.

Es ella la que está llena de dudas.

Pero no por los motivos

que tú crees.

Paolo.

Cristina tiene miedo de no ser digna nunca más de tu confianza

y eso la tiene atormentada.

-Pues yo, en su lugar, tendría algo más que dudas.

-Entiendo que estés enfadado, de verdad.

Fue mucho el dolor que te causamos.

Pero te lo dije antes.

Tú tienes la virtud de quedarte con lo bueno de la vida

y Cristina es lo mejor que te puede pasar.

Ojalá... ojalá alguna vez alguien

me hubiese querido de esa manera incondicional.

Paolo, tú...

Tú un día fuiste mi mejor amigo.

Y, por esta amistad que nos unió,

te pido por favor que no cometas

la equivocación más grande de tu vida.

Puede que te cueste perdonarla,

pero acuérdate siempre de que fui yo

el que apareció en vuestras vidas para destrozar lo que teníais.

Y lo siento por todo lo que he hecho.

"Addio", amigo mío.

"Addio".

Ya.

Ya.

(CRISTINA) "Además",

tu historia con Miqui no iba a ser relación,

sino algo para pasarlo bien, divertirte.

A enemigo que huye, puente de plata.

Esa historia está más que amortizada, usada y utilizada.

Sí, pero ¿sabes?

Que ahora soy yo la que siente que la han utilizado.

Hace dos semanas no sabía lo que era el "ghosting" y mira ahora.

¿Qué "ghosting" ni qué leches?

Ese tío lo que es...

Un sinvergüenza, eso es lo que es.

Que sí, que sí, un niñato, pero niñato.

Eso sí. Sí.

Oye, esto... Esto está bueno, ¿eh?

Vamos, esto está buenísimo, muchísimo mejor que el té este.

Te voy a decir una cosa.

Yo, a partir de ahora,

no voy a necesitar un hombre para ser feliz.

No, señor.

El que venga y me dé bienestar y paz se queda.

Y el que no, puerta.

Ahí has hablado muy bien, amiga. Ya está.

Y ya vale de sufrir por tanto malnacido, que no.

Primero, yo, luego, yo y después también yo.

-Bueno, ¿qué estamos celebrando, que hemos podido pagar la multa?

-Bueno, eso es un milagro. -Sí.

Pues sí, porque yo tampoco he visto tanta gente por el Mercado.

Se me ha quedado ahí

medio bizcocho de limón. Ya.

Ha habido muchos donantes. ¿Sí?

En la pizzería, en la carnicería, sí, muchos.

-Eso sí que es potra.

-Sí. Anda, ponme uno de esos, venga.

¿Eh? Que, a mí, hay algo aquí

que no me encaja del todo.

No estáis hablando de la multa, ¿de quién cotilleáis?

Mírala.

Habló la voz del conocimiento. Ah.

-Hablamos de hombres.

-Pues echa un poco más, guapa.

Va para largo, podemos estar hablando hasta mañana.

¿En qué punto estáis, criaturillas?

Estábamos diciendo que aquí en el Mercado

no hay mucha oferta, no se salva uno.

-Eh, eh, uno sí.

Uno así morenito, con bigote.

Con acento italiano, que hace unas pizzas...

Lástima que no me haya dado cuenta antes.

-Ya te digo. Y tú, tú ten cuidado con el tuyo.

Un hombre tan cariñoso,

tan trabajador y con tan buena planta...

Eso no abunda, te lo aviso.

Oye, vosotras a Nicolás ni tocarlo, que os estoy viendo... muy sueltas.

Solteras, de luto, con ganas de fiesta...

Qué lobas, que sois muy lobas.

Hola, hija.

¿Cómo estás?

-¿Dónde está mamá?

-Estaba muy nerviosa y le he pedido que saliera.

(NOA SE QUEJA)

-No se sentía con fuerzas para acompañarnos

a la clínica.

-No, papá, por favor, no me lleves a ese sitio.

Estoy bien, no me pasa nada.

-¿Crees que yo disfruto teniendo que ingresarte?

Pero tu psiquiatra cree que es lo mejor.

-No es mi psiquiatra, yo nunca he tenido un psiquiatra.

-Tranquilízate, Noa.

Y confía en el doctor Ramírez.

Él es el profesional.

-A saber qué clase de profesional es.

-El mejor que hemos podido encontrar.

Tu madre y yo lo único que hacemos es seguir indicaciones.

-¿Y no será que él sigue las tuyas?

-No digas tonterías.

¿Por qué iba a poner en riesgo su carrera?

Toma, anda, bebe un poco de agua.

Te vendrá bien.

-No quiero.

Has montado todo esto para librarte de mí, ¿no?

-Noa, no estamos en nuestro mejor momento.

Pero sabes que yo nunca haría eso.

-No me toques.

No me toques.

Ah...

-Sé que ahora no puedes darte cuenta.

Pero tu enfermedad hace que sientas como reales

cosas de tu imaginación.

Verás que después del tratamiento te encuentras mucho mejor.

Confía en mí.

-Papá, ¿por qué me haces esto?

¿Por qué?

Se supone que los padres tienen que querer y proteger a sus hijos

y tú solo quieres hacerme daño.

-Puede que ahora me veas como un monstruo,

pero esto lo hago por tu bien,

para que tengas una vida normal y un futuro.

-Y una mierda.

Eres un cobarde.

Siempre lo has sido.

Estás tan cagado de miedo por que te descubran

que eres capaz de vender a tu propia hija para protegerte.

-Noa, hija, no... -Que te calles.

Me das... asco.

Me da asco llevar tu sangre,

llevar tus genes, no quiero nada de ti, papá.

-No digas eso, venga, por favor.

-Duele que una hija te diga eso, ¿no?

¿Y no te duele cada vez que miras esas fotos asquerosas?

-Yo no hago eso, hija, ¿cómo puedes pensar eso de mí?

-Ay, papá, de verdad...

Ahórrate el teatrillo, ¿vale? Yo no soy mamá.

¿Por qué lo haces?

¿Por qué?

¿Por qué te gusta ver niñas, papá? Necesito saberlo.

-Estás alucinando otra vez.

-Tú eres el enfermo.

Y a ti es a quien tendrían que internar, no a mí.

¿Por qué no lo intentas, papá?

No sé, a lo mejor,

todavía estás a tiempo de que te ayuden o...

O puedes...

Puedes... -¿Qué pasa? ¿Estás bien?

-Papá, por favor... -Sh, toma.

-No, no, no. -Bebe un poco, sí.

-No, no. -Llevas horas sin beber.

Te sentará bien, ya verás.

Toma, bebe.

Bebe un poco más.

Un poco más, eso es.

-¿Por qué me haces esto, papá?

¿Por qué?

Ah...

¿Por qué no eres igual que... que el padre que...

que me... que me llevaba al parque...

y me compraba...

las chuches para...?

(Móvil)

-¿Sí? Dígame.

(CARRASPEA)

Sí, sí, soy su marido.

¿Cómo que en el hospital? ¿Qué ha pasado? ¿Está bien?

-No lo sabemos todavía, le están haciendo pruebas.

Ajá.

Sí, está consciente, un poco mareada.

-¿Dónde está? -"Le llamo del Hospital Clínico".

"Pase por aquí, pregunte por ella y le acompañarán a verla".

-Está bien, muchas gracias, enseguida voy para allá.

-Muy bien, gracias, caballero.

-¿Qué?

-No sé, tómalo.

(SAMU SUSPIRA)

Paolo.

-Cristi.

-Me ha escrito Andrea para darme las gracias

por un dinero que le envié para irse

a Estados Unidos, ¿tú sabes algo? -Sí, es lo que te dije.

Que le seleccionaron para un curso en Boston.

Y él en principio iba a reaccionar porque el curso era demasiado caro.

-Pues menos mal que estoy forrada y le puedo costear el viaje

con los miles de dólares que le envío.

-Es que...

Ese curso es muy importante, le puede cambiar la vida.

Y yo no... no me podía permitir que perdiera esa oportunidad.

Por eso he pedido otro préstamo y le he enviado el dinero.

-¿Y por qué cree que se lo he enviado yo?

-Porque...

Andrea me llamó cuando recibió el ingreso y...

y yo le dije que había hablado contigo

y que tú te habías ofrecido a pagarle el curso.

-¿Por qué lo has hecho?

No tenías por qué. -Ya lo sé.

Pero...

Es que yo quiero que Andrea te perdone,

que vuelva a respetarte,

a ser cariñoso contigo, como te mereces.

Yo creo que...

es importante para que volvamos a ser una familia.

-Entonces, eso significa que... -¿Qué?

-...no cierras la puerta para volver a confiar en mí, ¿no?

-A mí me gustaría que eso pasara muy pronto,

pero... no es muy fácil.

Es que ver a Doménico por aquí, no sé, me ha removido muchas cosas.

-Lo de Doménico ya es historia. -Ya.

-Te lo aseguro, Paolo.

Mira, déjame que pueda poner la primera piedra de nuestra familia.

No tengo el dinero que me dio Doménico,

se lo he devuelto.

Pero trabajaré duro hasta devolverte el último céntimo.

-Te lo agradezco mucho, pero...

No te sientas obligada. -No es obligación.

Es que para mí es una oportunidad

para que sepáis que no os voy a volver a fallar.

Si sirve para que vuelvas a confiar en mí,

perfecto.

Y, si no, pues también.

Lo que quiero es que sepas

que estaré a tu lado pase lo que pase.

Muchas gracias por ayudarme a recuperar a Andrea.

-De... de nada.

-Hasta luego.

No te creo.

¿Estás cerrando el bar ahora? Sí, estoy cerrando ahora.

Te va bien el negocio. Sí.

He hecho 48 000 euros y tengo el jet privado esperando,

me voy. Si no te importa,

te puedes pasar por mi puesto, a ver si llegamos a los 90 euros.

Llevo una mañanita...

Pobrecito. Me encantaría hacerte rico,

pero no puedo.

Que voy a recoger los resultados de la clínica de fertilidad.

Ajá. Y Noa está mala.

Así que he tenido que cerrar un poco antes.

¿Te acompaño?

No, no, ya sé lo poco que le gustan a mi novio

esos antros con probetas, jeringuillas, sangre, alicates...

Vale, oye, siento mucho haber sido tan vehemente

con la prueba de fertilidad.

Pero no hacía falta contárselo

a la cotorra mayor del reino.

¿Qué cotorra?

"Cotorrus pachecus".

El rapapolvo que me he llevado porque cree que no estoy a favor.

La madre que la parió a Carmen, es que no tiene filtro.

Ya verás cuando me la encuentre. Ella es así, no pasa nada.

¿Por qué se tiene que meter en esto?

Vas a pensar que estoy atormentada, y no.

No, que yo no pienso eso, tranquila.

Y espero que no pienses que yo no me hago la prueba

por preservar mi ego de machote.

No van por ahí los tiros.

¿Eso te ha dicho?

Creo que se ha quedado con esa idea.

Será mal bicho.

No, no pasa nada, ya está.

Y ya aprovecho para aclararte que, si no me quiero hacer la prueba,

es porque confío mucho más en el plan A.

¿El plan A?

Sí, "A" de acostarnos todo el rato, todo el tiempo,

y ver qué pasa. Uf.

Me gusta mucho el plan A, me gusta.

Creo que no hay nada más gratificante

que disfrutar de hacer el amor cada día,

cada rato, a todas horas, y creo que lo otro

llegará. Uf, amén.

Oye, en serio.

Si crees que vamos a estar más tranquilos

si me hago la prueba, cuenta con ella.

Y con las que haga falta.

Si necesitara una prueba, me la estás dando ahora.

Y has sacado matrícula de honor.

Y deja de decirme esas cosas tan bonitas,

que me voy a quedar aquí, embobada mirándote,

y voy a llegar tarde.

Vale.

Pues, nada, me vuelvo al puesto, a seguir perdiendo dinero.

No te preocupes, te voy a mantener yo.

Con ese culito, me merece la pena. ¿Te pongo un piso?

Cuidado, te tomo la palabra. Te pongo un piso, sí.

Dos. ¿Con piscina?

Por favor. Guapo.

Perdona, casi te doy dos euros de menos,

pero es que hoy no tengo un buen día.

(Silbido)

¿Qué? ¿Está o no está? -Paolo dice que se acaba de ir.

-Si va a casa, a la mierda el plan. -Que no.

Que me ha dicho que Rosa tenía una cita...

que tenía una cita urgente con alguien

y va a llegar para atender las cenas.

Hay tiempo de sobra. -Pues de lujo.

Y lo del hospedaje.

Un colega mío os deja una casa hasta que se arregle.

-¿En serio? -Sí.

-Gracias, tío. -Toma.

-¿Qué es? -Algo de pasta.

No mucha, lo que tenía ahorrado.

Cuando os lo gastéis, me llamas y consigo más.

-"Bro", gracias. Esto no lo voy a olvidar en mi vida.

En cuanto pase esto,

vamos a celebrarlo a lo grande con Noa.

-¡Venga! -Venga, va.

Toma. (SAMU CHISTA)

Tiene mucha suerte de tenerte, que lo sepas.

Venga.

Suerte.

(CANTURREA)

(CANTURREA)

(CARRASPEA)

La madre que te...

Menudo susto me has dado.

Creía que era uno de esos ladrones que rondan el Mercado.

Eso, por saltarte el precinto. No deberías estar aquí.

Anda, y tú tampoco.

¿O te crees que eres el único que puede saltarse las normas?

¿Te he dicho lo que me gustas cuando estás en plan guerrera?

No te hagas el listo conmigo, ¿eh?

Que te advierto que me he tomado un par de chupitos de esos de...

Un licor muy raro que me dio Cristina.

Como me busques, me vas a encontrar. ¿Y qué haces aquí?

¿Eh? Ah, no, calla, ya sé lo que haces aquí.

Has ido a ver a tu Miqui.

Habéis hecho las paces y, como os gusta hacer

esas cositas que hacéis en lugares públicos,

has quedado aquí con él.

Miqui es un imbécil.

Y muchas gracias por demostrarme que no eres el único en tu especie.

Pues de nada.

Cuando quieras, te demuestro otras muchas cosas.

A ver.

¿A qué has venido? ¿O vas a seguirme?

Tú sabes que yo a ti te seguiría al fin del mundo, Adela.

Pero no es el caso, he venido a ver las humedades.

Pues ya ves,

nos va a costar un dineral arreglarlas,

menos mal que con lo que hemos recaudado en las donaciones

y las tapas y todo eso

vamos a poder pagar bastante.

Mira, hasta le vamos a tener que dar las gracias a Carmen

por la idea.

La Pacheca nos ha hecho un gran favor.

Huy, que Elías de la Cruz está celoso.

¿Quién? ¿Yo? No digas tonterías. Celoso, celoso.

Que no, tan mal no estoy.

Simplemente, digamos que estoy preocupado por lo que pueda pasar.

Querrás decir que estás preocupado por lo que te pueda pasar a ti.

¿Tan mal me quieres?

No empieces con las tonterías, anda.

Como si no supieras lo que te he querido.

Yo he confundido el dinero con la ambición.

La chulería, con el respeto.

Y lo peor de todo, y de lo que nunca me voy a reponer

y siempre me arrepentiré,

confundí el sexo pasajero con el amor de mi vida.

Pero, Adela, tú has sido, eres y serás siempre, siempre,

el amor de mi vida, mi única mujer.

Qué lástima que no lo pensaras antes.

Es algo con lo que tendré que vivir el resto de mi vida.

¿Y no va y me dice Jesús que es mejor que me quede en Madrid?

Claro, mejor para él, así puede hacer lo que le dé la gana.

-¿Qué más te da?

¿Qué vas a hacer tú en un campo ecológico?

-Pues acompañar a mi marido y luego dar un paseíto por ahí,

que me hace falta aire fresco.

-Morcillas, 15.

Y lo descansados que nos quedaríamos si te hubieras ido, madre mía.

-Claro, tú es que estás muy tranquila con tu Nicolás.

Él no sale sin ti ni a mirar si llueve.

Pero es que Jesús es mucho Jesús.

Acuérdate de las compañías que frecuentaba de soltero.

-Cuando estaba soltero.

Ahora... ahora se ha casado

y bebe los vientos por ti. -Ya.

Pero a ver si se va a ahogar de tanto viento.

-No pidas más chorizos.

-Vale. -Oye.

Ha querido cambiar de vida porque le ha dado la gana.

Ahora está casado, pues ya está.

-Pero es lo que les pasa a muchas parejas.

Que va todo viento en popa hasta que firman los papelitos.

Teníamos que habernos quedado como estábamos.

-Hablas como si llevarais casados 20 años,

te has casado hace cuatro días.

-Por eso no entiendo por qué no me lleva al viaje.

-A mí me viene bien que te hayas quedado.

Porque, con lo de las tapas, la multa y todo el rollo,

teníamos el puesto desatendido, así que a trabajar y de verdad.

-Ahí sí que te tengo que felicitar, hija.

Porque, gracias a tu idea, nos hemos ahorrado muchísimo dinero.

-Ay, si me eligieran como presidenta de la asociación de comerciantes,

otro gallo cantaría en este mercado. -Eso, seguro.

No sé si te saldría a cuenta meterte en esos líos de dinero.

-¿Y por qué no?

-Pero ¿tú qué te crees, que no sé de dónde han salido

esos billetes que metiste en la caja? -Pues...

De... de la recaudación de los puestos,

vamos, de las tapas y de los donantes que ha habido,

que no solo ha sido con Paolo, aquí también y en otros puestos.

Lomos, tres.

Tres.

Vienes muy pronto, ¿no?

¿Qué tal ha ido por la clínica?

Vale.

(CARRASPEA) No son buenas noticias, ¿no?

No lo voy a conseguir, Jorge, no vamos a ser padres.

¿Por qué?

¿Cuál es el problema?

El problema soy yo.

No digas tonterías, Lorena.

No, no lo digo yo, lo dicen los análisis.

Además de tener el ovario poliquístico,

tengo una reserva ovárica

bastante deficiente.

Vale, ¿y eso qué quiere decir exactamente?

Eso quiere decir que...

las posibilidades de quedarme embarazada son remotas.

Que tú a mí no me engañas.

Que entre lo que una sabe y lo que una ve, las cuentas salen.

-Ya lo sabía, la madre... Te lo ha soltado Nicolás, ¿no?

-No, a mí no hace falta que nadie me diga nada.

-¿Y cómo sabes que hemos encontrado una mochila con dinero?

-Pero ¿de qué mochila hablas?

-La que nos hemos encontrado con dinero en casa, en un armario.

Una mochila vieja de Nicolás.

Debía ser de algún viaje o algo.

-Ah, claro. -Lomo, tres.

-Mira, un viaje te voy a meter como no me digas qué está pasando.

-Nicolás encontró en los contenedores del almacén

una mochila llena de dinero y la hemos usado para pagar la multa.

-¿A quién se le ocurre? ¿Y si es dinero sucio?

-Ya está limpio. Teníamos un problema, ya no.

-Imagínate que viene mañana el dueño.

-Hemos esperado, no ha reclamado nadie,

no va a venir ahora.

-Pero ¿y cuánto dinero había?

-A ver, mamá, aquí lo importante

es quedarnos todos con la boca cerrada.

Y no ha pasado nada.

Huy, qué cara, no me digas que nos han puesto

otra multa.

-Hubiera preferido la multa.

El Central no va a ser declarado bien de interés histórico.

El Ayuntamiento ha rechazado la propuesta.

-No me digas.

-Lo siento, últimamente, solo traigo malas noticias.

-Bueno, hombre, anímate, tenemos dinero para pagar la multa.

Y para hacer las obras del almacén con las cuentas más saneadas.

-No sé si va a llegar con eso. -Bueno.

Tú lo dijiste el otro día, no te preocupes,

la gente del Mercado somos duros de pelar.

-Y, además, ahora que Hortuño está muerto,

que está criando malvas ese desgraciado que quería tumbarnos,

no nos hace falta

ser patrimonio de la humanidad. -Claro.

-Ojalá fuera tan fácil.

El problema de este mercado es que le salen novias.

-Pero ¿qué insinúas, hay más buitres revoloteando por ahí?

-Si sabes algo, nos lo cuentas.

Somos parte del Mercado, tú trabajas para nosotras.

-Vale.

Resulta que Hortuño tenía un socio, Velasco.

También quiere que fracase el Mercado para poder forrarse.

-Madre mía, no podía ir de copiloto, ¿eh?, con Hortuño.

-La de disgustos que nos hubiéramos ahorrado.

-Pues sí, porque es más peligroso que Hortuño

y juega sucio de verdad.

"¿Remotas?"

Pero ¿cómo de remotas? ¿Te han dado algún porcentaje?

Pues teniendo en cuenta mi edad,

que tengo los ovarios llenos de quistes

y unos óvulos bastante incompetentes, pues he preferido no preguntar.

Soy una imbécil.

En realidad, me lo merezco.

No, oye, Lorena, no voy a permitir que te culpes por algo

de lo que no eres responsable. Si es verdad.

No me he cuidado nada, no he ido al médico.

Me he metido de todo.

Si me hubiera dignado a ir al ginecólogo,

pues podría haber iniciado un tratamiento

para eliminar estos quistes, pero...

Vale, no los trataron en su momento, pero ahora se pueden tratar.

Se acabó el problema y lo demás. Esta gente hace milagros.

¿Milagros?

Milagros que se dan una de cada cien veces,

una de cada mil.

Por no hablar de la pasta que cuesta eso.

Y yo no quiero estar sometida a la angustia de ser dependiente

de uno de esos tratamientos, no, no quiero.

Vale, vale, escúchame, Lorena, escúchame.

Eh, eh.

No vamos a tratar esto como si fuera un drama.

¿Eh? Vamos a hacerlo con calma.

Y lo vamos a conseguir.

Y, del dinero, yo me encargo.

No, no quiero hacer esto.

No quiero seguir arrastrándote a ti con mis locuras.

No quiero. ¿Y por qué no?

Tu locura es lo que más me gusta de ti.

No, Lorena, no tires la toalla tan pronto, por favor.

Será duro, pero hay quien consigue llegar,

¿por qué no nosotros?

¿Sabes lo que creo?

Que la naturaleza es sabia.

Y ha decidido no traer un bebé a este mundo

con una madre como yo.

¿Sabes lo que yo creo?

Que en la vida nada está escrito.

Y reconozco que no tengo

ni puñetera idea de cómo va a acabar esto.

Pero el mero hecho de empezar esta aventura de ser padres

y hacerlo contigo

ya habrá merecido la pena.

Pero ¿tú de qué planeta has venido a rescatarme?

Del tuyo.

Por favor, no pienses que es imposible porque no lo es.

Y no estás sola en esto.

Voy a estar a tu lado cada vez que lo necesites.

Vamos juntos en esto, ¿me oyes?

Gracias.

Gracias, mi amor.

Noa.

Noa.

Noa.

No...

Noa.

Noa, Noa.

Noa, ¿qué te han hecho?

Noa, Noa.

Soy yo, Jona.

Noa, Noa.

-Ayúdame, Jona, por favor. -Noa.

Tranquila, nadie te va a encerrar en ningún sitio.

Estoy aquí. -Ayúdame.

-Te voy a ayudar y te voy a proteger.

Ven. ¿Puedes, puedes... apoyarte en mí?

Nos tenemos que ir cagando leches.

Ven, apóyate, ¿puedes andar?

-Sí. -Ven, vamos.

(NOA LLORA)

-Tranquila.

(NOA LLORA)

(Llaves en la puerta)

¿Noa?

Bueno, ¿qué? ¿Subimos ya? Que no es bueno

tanta humedad a estas edades, por mucho que a ti

ahora te dé por quedar con yogurines.

Con lo bien que ibas, Elías.

¿Sabes lo que a ti te da una patada en el estómago?

Que yo me haya ligado a un tío como Miqui

y que él me diera lo que tú...

¿Lo que yo qué?

Venga, termina la frase. ¿Lo que yo qué?

Pues lo que tú no eras capaz de darme.

Si tú te hubieses comportado conmigo como con ese niñato,

la cosa cambiaría. Claro.

Y si tú te hubieras comportado como él.

¿Y qué pasaría si ahora me comportase así?

¿Qué pasaría? Ah, ¿sí? ¿Ahora?

Vamos a ver.

Eh, vamos a dejar una cosa muy clara.

Ahora mismo, ni tú eres Elías

ni yo soy Adela.

¿Queda claro?

Señora. ¿Sí?

No sé de qué me habla, no la conozco de nada,

pero vivo aquí al lado.

¿Quiere usted que vayamos? ¿Es que necesitas una cama?

¿Una cama yo?

(CARMEN) Ay... (JESÚS) ¡Velasco!

-Hasta luego, Jesús. Bueno, y compañía.

-Hasta luego, Carmen.

-Espero que tengas una buena explicación para esto, abuelete.

-Aquí traigo tu dinero.

-Vaya, qué rápido.

Tu hijo me dijo que lo traería mañana.

Pero, bueno, no soy un hombre de paciencia.

Así que no puedo esperar. -Pues aquí lo tienes.

Deja en paz a Carmen.

Ella no sabe nada y es mejor dejarlo así, ¿no?

-La carnicera ha cogido mi dinero y tiene que pagar por ello.

¿Qué sería de mi reputación

si la gente se enterara de que se me puede robar

sin ninguna consecuencia?

(DUDA)

¿Y mi hija? -¿Qué haces?

-¿Dónde está mi hija?

-Como le hayas hecho algo a Noa, te denuncio.

Sinceramente, no sé ni cómo disimular con él.

Además, después de saber que me está utilizando para cargarse el Mercado,

tú me dirás. Te entiendo,

pero es la única manera de no ponernos en peligro.

Que no voy a participar. ¿Y sabes por qué?

Porque yo no me apunté.

Lo hizo Doménico.

-A la carnicera se le ha aparecido la Virgen.

Y, o me devuelve mi dinero antes de dos días,

o te juro que no habrá otro milagro.

Natalia.

-Si va bien, en dos días acaban con las humedades.

Qué pena lo del BIC.

Si nos hubieran declarado bien de interés cultural,

nos habría ido mucho mejor.

Incluso con Velasco.

¿Crees que tuvo algo que ver con que nos denegaran la solicitud?

Pues no sé si he metido la pata.

¿Has vuelto a ver a Miqui? No.

A quien he visto

es a Elías.

¿A Elías?

¿Te has acostado con tu ex? A ver, no grites.

Se van a enterar todos.

En una caja de seguridad en un banco, ahí tengo guardado el dinero.

Y la llave, aquí.

Es que no me hace gracia meter a Valeria en esto.

¿Y te haría gracia que tuviera que ir a la morgue a reconocerte

porque el coche en el que ibas se ha estrellado?

Andrea quería renunciar a este curso, pero...

Yo esto no me lo perdonaría en la vida.

Tendré que sacar el dinero como sea.

Anoche me hiciste sentir otra vez como un chaval

de 20 años. Y por eso quieres repetir, ¿no?

¿Sabes lo que me da pena?

Que podíamos haberlo pasado así muchísimos más años

si tú no lo hubieras destrozado todo.

Creo que mi padre se mató por mi culpa.

-No digas eso ni en broma. -Nadie querría un hijo como yo.

-Basta ya, eso es imposible.

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Mercado central - Capítulo 158

12 may 2020

Velasco se ha enterado de que Carmen fue la que encontró su dinero y está dispuesto a rendir cuentas con ella. Carmen no sabe el peligro que corre.

Jonathan, para evitar que internen a Noa en una clínica psiquiátrica, se la lleva de casa sin el consentimiento ni el conocimiento de nadie salvo de Samuel.

Elías descubre en Adela a una mujer empoderada y más sexual de lo que él la consideraba y se lanza a besarla. Adela le corresponde y se dejan llevar por la pasión.

Lorena ha recogido las pruebas de la clínica de fertilidad y no son nada buenas: va a tener muy difícil quedarse embarazada.

Celia se entera por Jorge de que el tal Antonio es en realidad Velasco, el socio de Hortuño y mucho más peligroso que él. Celia se da cuenta de que la ha utilizado y fue él quien dio el chivatazo al Ayuntamiento sobre las humedades del almacén.

Javier les confiesa a Valeria y Carmen que, aunque Hortuño haya muerto, el mercado sigue en peligro. Velasco, su antiguo socio, sigue detrás de acabar con él y es mucho más peligroso.

Paolo y Cristina vuelven a asentar las bases de una posible relación. Pero Paolo le pide ir poco a poco.

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