Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.30 horas

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No recomendado para menores de 7 años  Mercado central - Capítulo 156 - ver ahora
Transcripción completa

-Es que no puedo más.

Encuentro algo contra mi padre y le da la vuelta.

Le ha comido la cabeza a mi madre

para que crea que se me ha ido la pinza.

-¿Cómo?

-La ha convencido de que lo mejor es que vea a un psiquiatra.

-Si vas al psiquiatra y le cuentas todo,

él va a saber si estás mintiendo o no.

-Le dijimos que arreglara el moho y ahora deja que bajen al almacén.

-Te dije que no pude evitarlo.

Vino porque alguien le dijo dónde debía mirar.

-¿Qué insinúas, Adela?

¿Que alguien se ha chivado al ayuntamiento?

-¿Que no quiere que levantemos cabeza?

-Hemos salido de situaciones peores y de esta también.

Lorena, he sido un cobarde.

Y si me das otra oportunidad,

me encantaría formar una familia contigo.

-Doménico, yo no siento nada por ti ya.

Pero es que no sé si alguna vez lo he sentido.

Dejar aquí a Paolo fue el mayor error de mi vida.

Te aseguro que haré todo lo posible por recuperarlo.

Ahora no me coge el teléfono, así que...

-Te puedo ayudar, si quieres, pero...

Investigar ese número de teléfono.

Tengo un amigo policía que nos echaría una mano.

¿En serio?

Por supuesto, sí.

Bueno, lo único, como esto no es una cosa legal del todo

y no me gusta meterme en problemas,

te pediría que tuvieras discreción y no dijeras nada.

(CARLA) Vuestros encuentros para él son otra cosa.

Quizá, sin darte cuenta, le das ilusiones.

Que no.

Lo he hablado con él

y para él también es... pues eso, amistad, nada más.

¿Y si tu padre habló con Velasco?

-Guau. No, para el carro. Eh, hasta papá tiene sus límites.

No estoy yo tan segura, ¿eh?

No sé, mamá. Siento no apoyar tu tesis,

pero creo que papá no tiene nada que ver en esto.

Ahora sus energías están en la movida esa de Velasco.

Sí, pero tu padre tiene energía de sobra,

y más para hacerme la vida imposible a mí.

-Jorge me ha contado que habéis estado hablando.

Jorge y yo hemos vuelto.

Me alegro mucho por los dos. Qué bien.

Quería darte las gracias

porque no tenías por qué haber hecho eso,

teniendo en cuenta nuestra relación.

Después de lo que pasó

con el tema de Adela y mi hermano, yo...

yo he estado muy, muy enfadada contigo, y...

Imagino.

Pues quería pedirte disculpas.

Lorena y yo nos vamos a vivir juntos.

Pero mira, de hombre sincero a hombre sincero,

ya aprovecho para decirte que tú tampoco me gustas una mierda.

Y que me alegro mucho

de que tu hermana no haya salido a su hermano mayor.

¿Podrías ser un poco más discreto? -No me pagan por eso.

Bueno, ya has terminado, ¿no? Toma las llaves de la furgoneta.

Tira. No te quiero ver en el mercado.

(HÉCTOR) "Aún no es concluyente",

pero sí que hay indicios de que Noa no está bien.

-Esquizofrenia paranoide...

-Ya has escuchado al doctor, no hay nada concluyente.

Tiene que seguir evaluándola.

No va a ser fácil que lo asuma.

Así que ahora lo importante es que estemos juntos.

-Ay, Dios...

-Carmen. Carmen, espera.

Espera, que no sé si es buena idea.

-No vamos a dejar que se eche a perder el género por una tontería.

-Es que, como nos pillen, se nos va a caer el pelo.

Los del ayuntamiento no se andan con chiquitas.

¿No tienes bastante con la multa?

-Hace falta mucho más que una multa para parar a una Pacheco.

Si tú te quieres ir... -No, no, yo contigo a muerte.

Si cae uno, caemos los dos. Somos un equipo, ¿no?

-Bueno, eso creía yo.

Menos cuando me mientes, como con Samu y Carla.

-Carmen, pero ¿todavía me echas eso en cara?

Yo me enteré solamente un ratillo antes que tú.

-Bueno, venga, que no pasa nada, al lío.

Hay que cargar, que hay que vender mucho género

para pagar la multa, para pagar la reforma...

-Vale, pero ten cuidado no rompas la cinta, ¿eh?

-"Problema de salud pública", por favor.

Como si no supiera yo

cuando está bien y cuándo está mal mi carne, vamos.

-Mujer, en estos casos es mejor pasarse de precavido

que no quedarse corto.

-¿Dices que mis osobucos y mis solomillos

son un problema de salud pública?

-No, no, no, no. -Bien.

Las llaves. Vamos a cargar. -Sí.

-Venga.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

(CARMEN) ¿Tú no estás harto?

-Pero, Carmen, si acabamos de empezar.

-No, no, digo del mercado.

-¿A qué viene eso ahora?

-Que salimos de un disgusto para entrar en otro.

A veces pienso que hubiera sido mejor vender el puesto

y tener una carnicería en otro sitio.

-Bueno, ¿y qué pasa con Samu y conmigo?

Nosotros también trabajamos aquí.

-Sí, sí, pero ¿hasta cuándo, eh?

Esto es como un coche viejo, nos saldría mejor tener uno nuevo

que pagar reparaciones sin ton ni son.

-Ya, puede ser.

Lo que está claro es que no iba a ser fácil

que yo encontrara trabajo en otro sitio.

-También es verdad. Madre mía, qué porquería hay aquí.

A ver si me bajo un día y lo ordeno, lo guardo todo y lo limpio.

Llévate eso para el contenedor.

(CARMEN) Pero ¿cómo se puede juntar tanta mierda?

No lo entiendo, vamos.

Qué cosa, oye.

Claro, aquí vamos pasando todos

y vamos dejando lo que nos encontramos.

Ahí estamos.

¿Qué es eso?

-Una mochila que había en el contenedor.

-Sé que vamos mal de dinero,

pero tanto como para quedarnos las cosas de la basura...

Anda, tírala. -Pero si está como nueva.

No, hombre, no, me la voy a quedar.

-¿En serio? -¿Qué pasa? Me gusta.

Además, si está en el contenedor,

es porque alguien no la quería, así que, adjudicada.

-Qué cutre. -Lleva algo dentro, porque pesa.

-¿Qué es?

¿Qué? ¿Qué es eso, qué pasa?

-Ay, Dios mío.

Carmen... -¿Eso es...?

-Dinero.

Y más del que he visto junto en toda mi vida.

-¡Uy! ¿Qué haces aquí?

-Esperar a que mi madre me dé el ordenador.

Y leer, hasta que me has interrumpido.

-Perdón.

¿Y sabes por dónde anda tu madre?

-Supongo que estará con su amiga... Lorena.

-Uy, ¿qué te ha entrado a ti ahora?

-Ya sabes que me pareció bien que mi madre recuperase a sus amigos

y tener a alguien con quien salir.

-Sí, si tú mismo me ayudaste a organizar el evento y todo.

-Lo que no sabes es que Lorena ha estado aquí.

-Vale, ¿y eso es malo porque...?

(Tacones acercándose)

Hola, cariño. Hola.

¿Qué tal? Justamente estábamos hablando de ti.

Ah, ¿sí? Se ve que ha venido Lorena, ¿no?

¿Qué quería, pasa algo? No, nada.

Solo quería hablar de unos temas suyos y de Jorge, nada más.

Qué raro, ¿no? ¿Lorena? ¿Ahora?

O sea, tampoco habéis sido muy amigas vosotras dos, ¿no?

No. -Ahora sí.

De repente, parece que son muy amigas.

Ay, cariño, lo dices como si te molestara o algo así.

No me molesta, pero me preocupa.

¿Y por qué exactamente?

Mamá, ¿tú ves a Jorge como a un novio?

Cariño, Jorge y yo somos amigos desde hace mucho tiempo.

Y más desde que tiene pareja.

No te he preguntado eso, ya sé que sois amigos.

Te he preguntado si lo ves como algo más.

Pues no, hijo, no.

¿A qué viene todo este interrogatorio?

Bueno, Adela también era tu amiga y tenía pareja...

y te acostaste con su marido.

-David, no te pases.

Sí, buenas tardes.

Mire, quería saber si está ingresado un paciente

que se llama Miqui Ruiz Horcajo.

Miguel, claro, perdone.

Ya sé que, por la Ley de Protección de Datos,

no pueden decirme cómo está, solo quiero saber si está ahí.

Tampoco es tanto pedir.

A ver, es que estoy preocupada por si le ha pasado algo.

¿Que llame a la Policía?

Muy amable, ¿eh?

Y muchísimas gracias por el consejo.

Que sepas que voy a ir a la Policía.

¿Cómo? ¿Qué dices? No te hagas el tonto, Elías,

que te conozco de sobra y sé lo que eres capaz de hacer.

No tengo ni idea de lo que estás hablando,

pero no tengo tiempo de averiguarlo.

Para eso está tu amante, para contarle tus penas.

Me estás buscando y me vas a encontrar.

¿Qué pasa? Que no soportas verme feliz, ¿verdad?

Y menos con un tío como Miqui.

Dime qué le has hecho.

Ah, Miqui... Yo, nada. ¿Qué le ha pasado?

¿Cómo que qué le ha pasado? Te lo estoy preguntando.

Solo sé que se fue a Zamora a cuidar a su padre

y no he vuelto a tener noticias de él.

Y lo más lógico es pensar que yo tengo algo que ver, ¿no?

¿Qué otra explicación hay? Ya intentaste deshacerte de él.

Adela, por favor. ¿Qué quieres que piense?

No da señales de vida, no contesta a mis llamadas

y el teléfono ya no está operativo.

Pues, hija, no lo sé.

Habrá perdido el teléfono se lo habrán robado,

y como el chiquillo es cortito y no tiene retentiva,

no se sabe tu número y por eso no te llama.

Pues no, porque he llamado a la operadora

y me han dicho que el teléfono lo han dado de baja.

Por si no lo sabes,

para dar un número de baja hay que hacerlo personalmente.

Por lo tanto, de ahí podemos deducir dos cosas.

Te lo explico, porque hasta tú vas a ser capaz de entenderlo.

La primera, que tu Miqui está perfectamente.

Y la segunda, que aunque te cueste trabajo creerlo,

yo no tengo nada que ver.

¿Qué pasa, le has pagado? O peor, ¿lo has amenazado?

No tengo nada que ver, Adela, que no tengo nada que ver.

Que se ha ido, se ha pegado el piro.

Lo siento mucho, te dije que no era de fiar.

Te ha sacado dinero, ¿verdad?

¿Tanto te cuesta entender que alguien se sienta atraído por mí

sin que haya unas razones ocultas y retorcidas?

No todo el mundo es como tú, Elías.

Mira, yo no sé si soy retorcido o no.

En cualquier caso, no soy el único, ¿verdad?

Creo que te he demostrado por activa y por pasiva

que solo me preocupo por ti.

Me preocupo por ti.

Y sí, es verdad, sí, sí, no te lo voy a negar,

me duele verte tonteando con un niñato que podría ser tu hijo.

Pero que te quede claro,

no tengo nada que ver con que haya desaparecido.

Que tengas un buen día.

Cariño, es que no sé por qué piensas eso de mí.

Una cosa es que haya cometido un error,

que le puede pasar a cualquiera,

y otra muy diferente es que ahora esté aficionándome

a enrollarme con las parejas de mis amigas.

Que quede clara una cosa, no quiero nada con Jorge.

Y estoy muy contenta

de que sea feliz con Lorena, ¿lo entiendes?

-Bueno, eso espero.

Los neurotípicos sois muy de mentir, pero voy a confiar en ti.

Vaya, muchas gracias, mi vida.

Y me voy a leer a otra parte, que parece que aquí no se puede.

(CARLA) Vaya, vaya, vaya, cómo está el patio.

Para que veas el concepto que tiene de mí.

Por lo menos ha sido honesto y sincero

y te lo ha dicho a la cara.

La mayoría de los adolescentes odian a sus padres en silencio.

Al final no me has contado qué ha pasado, por qué venía Lorena.

Nada, si solo me quería dar las gracias.

Al parecer, Jorge y yo

tuvimos una conversación que le abrió los ojos

y ahora ha decidido intentarlo otra vez con ella.

Es más, quieren formar una familia.

Lo van a intentar.

Guau. Sí.

O sea que el mal rollo que había entre vosotras

se ha olvidado. ¿Sabes qué te digo?

En el fondo, nunca hubo mal rollo.

Lo que pasa es que con todo lo que pasó con Elías,

no tenía una buena imagen de mí.

Normal. Ya, bueno.

Mira, yo sé que no estuvo fatal lo que le hice a Adela.

Pero todo el mundo tiene derecho a equivocarse

y no por eso somos malas personas, ¿o qué?

Si fueras mala persona,

no habrías hecho nada por la relación de Jorge.

Bueno, eso me ha dicho ella.

Que valora aún más lo que hice.

De verdad, yo estoy feliz por él, muy feliz.

¿Estás feliz de verdad?

¿A qué te refieres?

Pues que si realmente...

estás feliz con el hecho de que vayan a volver juntos

y que se vayan a vivir juntos y que tengan un hijo.

Pues sí, de verdad que sí. Vale.

Aunque, si te digo la verdad, tengo sentimientos encontrados.

Por un lado, quiero que sea feliz, me alegra muchísimo...

Pero... ¿Pero...?

Por otro no puedo evitar sentir envidia sana.

Empezar con alguien de cero, querer formar una familia...

No sé, no me hagas mucho caso.

Supongo que... que me siento un poquito sola.

Ya.

Qué pena que el Antonio este no te haga un poquito de tilín.

¿Qué le vamos a hacer?

Uno no puede elegir quién le gusta y quién no.

No, y tampoco de quién se enamora.

Pero oye, igual no es lo mismo,

pero nosotros tres, a nuestra manera,

somos una familia, ¿no?

David, tú, yo... Tú lo dijiste.

Así que yo me pienso esforzar en que esta familia nuestra

se parezca a la familia que tú habías imaginado.

Tú sabes que eres muy bonita, ¿verdad?

¡Sí!

Venga, que al final te van a llamar la atención, tira.

No me hagas trabajar.

-Paolo.

-¿Qué haces aquí, Doménico?

Pensé que te quedó claro que no eres bienvenido.

-Quiero hablar contigo. -¿Y tú crees que es posible

que dos personas hablen cuando una no quiere?

Anda, lárgate de mi restaurante.

-Es que... Creo que es mejor encarar las cosas como hombres

y no dejarnos llevar por el temperamento.

¿Puedes hablar conmigo con serenidad o vas a montarme una escena?

-Doménico, yo no te voy a montar ninguna escena,

porque tú ya no me importas.

-He visto a Cristina.

Y quiero ser sincero contigo.

Sigo sintiendo algo por ella y...

y quiero saber en qué fase está vuestra relación.

Si volvéis a estar juntos o si os lo estáis pensando.

-Es que no me lo puedo creer.

¿Por qué tendría que decírtelo a ti?

-Porque no quiero volver a interponerme entre vosotros.

Si me pides que me retire, me voy.

Si no...

quiero recuperar a Cristina.

-Claro.

Porque crees que va a caer otra vez en tus brazos, ¿no?

Mira, en cualquier caso,

eso tendrá que decidirlo Cristina, no yo.

Pero una cosa te voy a decir, Cristina y yo tenemos un hijo,

y aunque nunca volvamos a estar juntos,

siempre estaremos el uno en la vida del otro.

-Entonces, ¿es solo eso lo que hay entre vosotros?

Digo, ¿no hay una relación?

Me quedo más tranquilo, amigo mío. -No, no, no.

Tú no me llames "amigo".

Esa palabra te queda muy grande.

-Tú para mí siempre serás mi amigo.

-No te confundas, Doménico, tú eras mi amigo.

Yo te abrí mi negocio, mi familia... Todo.

Pero tú te revelaste por lo que eres, un miserable.

Y si aún tienes un poco de conciencia,

aléjate de Cristina.

-¿Por qué debería hacerlo?

-Porque ya le has hecho mucho daño y yo no quiero que sufra más.

Tú nunca la viste en Nápoles, estaba radiante.

Nunca la he visto tan feliz, tan entregada.

Me arrepiento mucho de haberle hecho daño, de verdad.

Me equivoqué.

Ahora que sé lo que he perdido, haré lo imposible por recuperarla.

-Canalla.

"Sei uno stronzo".

-Lo reconozco, no me porté como un hombre.

Me suplicó que no la dejara y no quise oírla.

Ella lo abandonó todo por mí y yo no estuve a la altura.

-Ya está, vete. No quiero volver a verte nunca más.

-Solo quería hacer las cosas bien esta vez.

Lo siento si me he dejado llevar por los recuerdos.

No era mi intención. -Te he dicho que te vayas.

(GRITA EN ITALIANO)

-Ya, claro.

Buenas.

Hola.

Oye, enhorabuena, que ya me he enterado.

Sí, hemos vuelto.

Sí. Bueno, por eso y porque vais a formar una familia.

Sí, bueno, si vas a hacer algo,

hasta las últimas consecuencias. Eso es.

Perdona un momento.

¿Malas noticias? No, es un amigo.

Ha averiguado a quién pertenece el número de teléfono, el de Gorka.

¿Recuerdas que aparecía

en el móvil de Manuel? Sí.

Es de un negocio, de un local.

¿Y? Una joyería.

Bueno, pues misterio resuelto.

Seguramente, Manuel llevó un reloj para arreglar o...

o te estaba buscando una joya.

No lo sé.

Pero me resulta todavía más raro que pertenezca a un negocio.

No sé, supongo que lo primero que tenía que hacer

era darme el pésame por la muerte de Manuel

o decirme que había un reloj por recoger o algo así,

pero no colgarme el teléfono, ¿no crees?

Y tú no lo vas a dejar, claro.

¿Me vas a reñir si no te hago caso? No, no.

Yo creo que lo mejor es olvidarse del tema y dejarlo correr.

No lo sé.

Supongo que te lo dice todo el mundo.

No lo sabe casi nadie, solo Antonio y tú, nada más.

¿Antonio? Sí.

Un amigo. Bueno, nos hemos conocido hace poco tiempo,

pero nos hemos hecho buenos amigos, y es un tío entrañable y muy majo.

Te lo tengo que presentar, te va a gustar.

Ajá, claro.

-Elías. ¿Qué pasa, cuñado?

¿Qué tal?

Eso digo yo.

¿Qué tal tú? Tienes mala cara.

No he dormido en toda la noche.

Eh... ¿Sabes dónde está tu padre?

Debo hablar con él. Me pasé antes, pero no estaba.

No, no tengo ni idea, ha ido a hacer un recado.

Pero ¿qué ha pasado?

Noa.

¿Otra vez? ¿Otra vez de broncas?

Con los hijos no te aburres, ¿eh?

Si yo te contara con el mío...

Aunque ahora estamos más o menos bien.

Por si te sirve de algo, son fases que pasan.

Ojalá.

Pero no, lo de Noa no es un enfado normal entre padre e hija.

Porque, desgraciadamente, Noa no una hija normal.

¿Normal? ¿Quién es normal, Nacho? Cada uno tenemos lo nuestro.

Lo de Noa es más grave, créeme.

O al menos, eso... eso piensa el psiquiatra.

¿Noa está yendo a un psiquiatra? No lo sabía.

Lo hemos mantenido en privado porque es un tema delicado.

No queremos que se entere todo el mundo.

Pero esta mañana...

la ha visto un psiquiatra de confianza y...

después de hablar con ella, nos ha dado un diagnóstico.

Eh, oye. Tranquilo, hombre.

¿Qué os ha dicho?

Él cree que puede tener... esquizofrenia paranoide.

Venga, hombre. ¿Eso cómo va a ser? No puede ser, no tiene eso, hombre.

¿Cómo dices que se llama la joyería?

Gimeno. Joyería Gimeno.

Pues no existe.

Cerró hace un tiempito.

Eso es justo después de la muerte de Manuel.

Ajá.

Al parecer, pusieron a la venta todo el inventario

y lo hicieron en Internet. Aquí está el catálogo.

Colgante...

Más colgantes, más colgantes... Espera.

Vuelve un momento a la anterior.

Este colgante era mío.

¿Cómo sabes que es tuyo?

Mira, ¿ves? Este trozo falta.

Justo lo rompí yo.

Fue sin querer.

Luego, además, lo perdí

y Manuel se enfadó muchísimo cuando se lo dije.

Era mío.

(SILBA ASOMBRADO) 3000 euros.

Celia, no me extraña que Manuel se enfadara contigo.

Tampoco entiendo que sea tan caro.

En aquella época no teníamos tanto dinero, Manuel no lo tenía.

Igual pidió un préstamo.

¿A quién?

Si hubiera pedido un préstamo al banco,

me lo habrían notificado al morir él, ¿no?

Igual le dejó el dinero un amigo o un prestamista de esos privados.

Demasiado arriesgado.

Además, a mí no me gustan las joyas.

Apenas lo usaba.

Ah, pero Asunción sí.

A lo mejor fue ella quien le dejó el dinero.

Siempre decía que era una buena manera de invertir, en joyas.

Voy a hablar con ella.

(Persiana metálica cerrándose)

Te aviso. Gracias.

Vale.

Últimamente está muy rara. Ve cosas donde no las hay.

A ver, de momento es solo un diagnóstico posible.

El psiquiatra dice que tiene que hacer más sesiones para confirmarlo,

pero... pero que está casi seguro, vamos.

Bueno, bueno. Calma, calma.

Vamos a ver, en caso de que se confirme el diagnóstico,

cuñado, tampoco es el fin del mundo.

Es lo que tienen las enfermedades mentales.

Las desconocemos y nos asustamos, pero son enfermedades,

o sea que hay tratamiento, se puede arreglar.

Ojalá, pero ya hay un caso en mi familia.

Una tía mía tuvo esquizofrenia y tuvimos que ingresarla.

Fue un trauma para todos.

El doctor cree que este trastorno es, a veces, hereditario.

Bueno, tampoco nos pongamos en lo peor.

Cuando lo de tu tía... supongo que fue hace muchos años.

La medicina ha avanzado mucho.

Si yo ya la notaba últimamente como ausente,

haciendo y diciendo cosas que no entendíamos.

Como no querer ir a la boda de tu padre y Valeria.

Sí, sí, eso yo tampoco lo entendí.

¿Qué vais a hacer?

No lo sé.

Lo primero sería verificar el diagnóstico

y si se confirma, habrá que hablar con ella

y convencerla de que se someta a tratamiento y que se medique.

Pero conociéndola... Ya.

...no va a ser fácil.

Se negará, dirá que nos lo estamos inventando todo

y queremos fastidiarle la vida.

Pues paciencia, cuñado, mucho amor y mucha paciencia.

Por eso quería hablar con tu padre.

Él tiene mucha influencia con ella, podría convencerla.

Me sabe mal, porque sé que Noa es su ojito derecho

y va a ser un palo muy fuerte.

Y tanto que lo va a ser.

Nacho, ahora no sé si es buen momento.

Mi padre no está muy fino que digamos.

Ya lo sé, pero ¿qué hago?

Yo qué sé. Yo me llevo bien con ella.

¿Quieres que hable con ella?

¿Lo harías? Hombre...

Vamos a ver, no es plato de buen gusto

decirle a una chiquilla que está enferma,

pero es mi sobrina, mi familia.

Si no hacemos esto en estos casos, ya me dirás tú.

Te lo agradezco. Anda, anda.

Muchas gracias. Que no, por favor.

Si te parece, esta tarde hablamos con ella, ¿vale?

¿Esta tarde? Sí.

Vamos a esperar a que confirmen el diagnóstico.

Para eso, el doctor tiene que verla más veces,

y si no le decimos a Noa lo que hay, se va a cerrar en banda.

Nos advirtió que hablaba con el psiquiatra una vez,

para que la dejáramos en paz.

Nos vemos esta tarde, ¿vale? Sí, sí.

Gracias. Nada. Venga, anímate, anda.

Dime, Velasco.

¿Cómo?

¿Qué dinero?

-Carmen, ese dinero no es nuestro.

Nos vamos a meter en un lío, pero en un lío gordo.

-Cállate o se enterará todo el mercado.

Y deja de poner esa cara. -¿Qué cara?

-La de: "Encontré una mochila llena de dinero y me siento culpable".

-¿Y qué quieres que haga, Carmen? Si es la verdad.

-Pues que disimules. -Sí, yo disimulo,

pero eso no quita que nos estemos metiendo en un problema.

-A ver, el problema lo teníamos antes

cuando no podíamos pagar la multa ni la reforma.

Este dinero llega caído del cielo para que lo paguemos todo.

Es por el bien común. Todos ganamos. -Bueno, todos no, ¿eh?

El dueño del dinero no se quedará tranquilo

cuando vea que la mochila no está donde la dejó.

Debe ser alguien del mercado, alguien que anda por aquí.

-¿Puedes no ser tan descarado?

-Si solo estoy mirando.

-Sí, pero con cara de: "He encontrado un montón de dinero".

-¿Ya estamos otra vez con las caras? -Vamos a ver.

Al dueño de ese dinero no le importa mucho

cuando lo tiró a la basura.

-Carmen, ¿cómo no le va a importar esa cantidad de dinero?

-Será dinero negro y se ha deshecho de él.

-O igual lo ha escondido allí.

-Si te quedas más tranquilo, esperamos un tiempo.

Si es dinero limpio, aparecerá alguien,

lo reclama y se lo damos.

Si no aparece nadie, pues pagamos la multa y la reforma.

(GRUÑE) No sé, no lo veo. No lo veo, no lo veo.

Esto es una locura, Carmen.

¿De dónde vamos a decir que lo hemos sacado?

-De nuestro negocio.

-Pues no tienes que vender solomillos

para sacar este pastizal, Carmen.

Eso es dinero negro que no se saca de un negocio honrado.

Y el que lo tenía escondido allí,

cuando paguemos la multa y la reforma,

va a saber que lo cogimos nosotros, mujer.

-Pues lo blanqueamos.

-¿Cómo?

-Tengo una idea.

(CARMEN SUSURRA) La Policía. -No quiero mirar, no quiero mirar.

(HOMBRE) Buenos días. La documentación, por favor.

(CARMEN) Ese es el ladrón que anda por el barrio.

-¿No robaban cuando estaban los puestos cerrados?

(CARMEN) Una navaja.

-Menos mal que no venían a por nosotros.

-Me quedo más tranquila. Imagínate que nos roba la mochila.

-Ladrón que roba a otro ladrón.

Da gracias a Dios que no nos han detenido a nosotros.

-Qué cenizo eres.

He tenido una idea.

Voy a contársela a Javier, a ver qué le parece.

-Pero, Carmen... -Tú te quedas de guardia.

No te muevas de aquí por nada del mundo.

-Pero... -Por nada del mundo.

-Ya me contarás cómo están las peras.

Y no lleves el bolso así, que te pueden dar un tirón.

Llévalo mejor en bandolera.

Que hay muchos robos por aquí últimamente.

Adiós, guapa.

-Adiós.

Abuelo...

Localicé el desguace donde me llevaron para darme la paliza.

-¿Cómo lo has encontrado?

-Porque me acordaba de una rulot de color rosa,

así como jipi, setentera,

y he sacado de Internet un listado de los desguaces de Madrid

y he recorrido unos cuantos hasta que di con ella.

-Bien, pues ya tenemos una pista. ¿Se lo has contado a tu padre?

-No, todavía no. Oye, ¿qué quería Velasco anoche?

-Bueno, nada, presionar, como siempre.

Pero tranquilo,

que lo tenemos en vereda. -Vale.

-¿A qué esperas para contárselo a Elías?

-Estoy en ello.

Mierda.

Apagado o fuera de cobertura.

-Lo he visto hace un rato por aquí.

-¿Sí? -Sí.

-Voy a buscarlo, vale.

Vale, vale, espera, espera. ¿De cuánto dinero hablamos?

-No ha sabido decirme.

Pero es una mochila llena de dinero, con fajos de 100 y de 500 euros.

Nos lo ofrece para pagar la multa y la renovación del mercado.

¿Y de dónde lo han sacado?

Ya te lo he dicho, se la han encontrado.

Pero ¿de quién es esa mochila, Javi?

No, no, no lo sé.

Dicen que puede ser del ladrón que ha encontrado la Policía,

pero creo que hay algo más.

Tú crees que es de Elías.

Claro. ¿Quién de este mercado tiene más papeletas

para ser el dueño de una mochila llena de dinero negro?

Porque ese dinero, limpio no es.

No, no, es suyo, seguro. Pues que venga a reclamarla.

Y no lo ha hecho, claro. Ni lo va hecho ni lo va a hacer.

¿Y llevar el dinero a la Policía?

Eso sería lo correcto.

¿Pero?

Que todos los problemas que tenemos

son por culpa de Elías y sus trapicheos con Velasco,

y me da rabia no poder resolverlo

porque somos el adalid de la honestidad.

Bueno, habla por ti. No, hablo por todos.

Yo estoy hasta los mismísimos de que nos den palos.

Si este dinero es de Elías, que venga y lo reclame.

Y si no, lo usamos para salvar el mercado.

No nos lo quedamos para nosotros. Pues ya está, Javi, ya está.

Lo siento, de verdad, he tenido problemas con el reparto.

Pero mañana se las mando a primera hora.

Ya le he dicho que lo siento tres veces.

¿Qué más quiere que haga?

Ah, ¿sí? Pues no le digo yo

lo que me importa a mí perder una clienta como usted.

Así que buenos días y que le den.

-Toma ya.

¿Me lo parece a mí

o has mandado a tomar viento a una clienta?

Me pasé un poco, ¿no? Estaba nerviosa.

Pero ¿qué te ha dicho?

La verdad es que nada grave.

¿Y ese?

Ah. Porque con los robos y la inseguridad que hay,

me he animado a poner una alarma.

No tengo ganas de preocupaciones, ya tengo bastante con Miqui.

O sea ¿que Miqui sigue sin decirte nada?

Sí.

Oye, hablando de desaparecidos, ¿has visto a papá?

Tiene el móvil apagado y he de hablar con él.

Sí, sí que lo he visto hace unas horas.

Que también... menudo desastre.

¿Por qué, qué ha pasado?

Pues no te he hecho caso

y no he estado muy contenida con él, que digamos.

Lo he acusado de la desaparición de Miqui

y resulta que no tiene nada que ver.

Vamos, que he hecho el ridículo, lo más grande.

¿Y tú lo crees?

Sí. Porque he ido a casa de Miqui y he hablado con sus amigos.

No me han dado mucha información, pero dicen que se ha mudado.

¿Qué se ha mudado? ¿Adónde? No me han dicho dónde.

Y se les ha escapado

que sus padres no viven en Zamora, como me dijo.

Bueno, ni en Zamora ni en ningún sitio,

porque los pobres murieron hace años.

Así que es que no lo entiendo.

¿Por qué ha tenido que mentirme con una cosa así?

¿Y dónde está? Es que...

No lo sé.

A ver, si realmente papá no tiene nada que ver en esto,

a lo mejor es que Miqui te está haciendo un "ghosting" que flipas.

¿Eso qué es? Pues que se ha pirado.

¿Me dices que la idea se le ocurrió a Carmen?

-Se le ha ocurrido a ella solita.

Por favor, qué mente más criminal que se gasta la Pacheca.

Esa mujer tiene un don natural para el mal.

Ya se te podría contagiar a ti un poco.

Que te cuesta la vida tomar una decisión.

Igual te gustará saber

que le he dicho a Lorena que sí... a todo.

A vivir con ella,

al hijo... A todo.

Entonces, ¿habéis vuelto? Sí.

Me alegro mucho por los dos.

Eso sí, no te vamos a ver el pelo en cuanto tengáis el hijo,

así que hay que aprovechar y celebrarlo.

Vale, cuando quieras.

Germán.

¿Cómo estás?

Sí, sí, aquí, en el mercado.

No, ni idea.

Le pregunto a Jorge, que está conmigo.

¿Has visto a Elías? No, ¿por?

Lo está buscando Germán, pero no lo localiza.

¿Lo has oído? Tampoco.

Vale, luego te veo. Venga, un beso.

¿No le cuentas lo de la mochila?

No, no, no, no.

De momento, cuanto menos gente lo sepamos, mejor.

Además, ya está muy nervioso.

Ha localizado el desguace donde le dieron la paliza.

Bueno, es un hilo del que tirar.

Estoy deseando ver la luz al final del túnel

y acabar con Velasco y poder respirar de una vez, por Dios.

(SUSPIRA)

Madre mía, si están los chicos más guapos del mercado.

Dios los cría y ellos se juntan.

Quien os pillara solos, ¿eh?

Que... ¿Qué?

Que vengo de hacerme unas pruebas en la clínica de fertilidad.

Ajá. -Os dejo, que tengo cosas que hacer.

Oye, había pensado una cosa, hablando de la clínica.

Ya que vamos a vivir juntos,

igual podríamos probar de manera natural

sin probetas ni agujas de por medio, ¿no?

-Vale, tú ya sabes que yo no le pongo pegas a probar.

Pero me ha dicho la médico que, bueno, que a nuestra edad,

pues igual no está mal que nos hagamos las pruebas.

Por si quieres hacértelas.

¿Qué te van a decir? Es su trabajo.

Yo creo que estamos muy bien.

Lorena, estamos muy bien, para nuestra edad,

como dice la médico.

Pero creo que deberíamos empezar probando así, a lo kamikaze.

Y si no llegamos a buen puerto,

nos hacemos la prueba, el estudio y lo que haga falta.

¿A lo kamikaze?

Sí. Así, en plan natural.

Sin parar. Cada día.

Todo el rato. Vale. Vale.

-El "ghosting" es cuando alguien que has conocido en redes

desaparece sin dar explicaciones ni dejar rastro.

Como una nueva forma de cortar.

Pero a Miqui tampoco lo has conocido por redes.

¿Y la gente por qué hace eso?

Porque la gente tiene miedo al compromiso,

a enfrentarse a la verdad...

Prefieren salir huyendo antes de sentarse,

tener una conversación y decir: "Oye, que me he rayado, que ya".

Pero es que yo a Miqui no lo veo haciendo una cosa así.

Si precisamente es un chico con el que se puede hablar.

Bueno, justamente ahora no.

¿Tú crees que me ha hecho eso?

No sé. También pasa con personas que acabas de conocer.

Bueno, un poco sí que lo conociste por redes, ¿no?

Porque él se presentó aquí por un anuncio que pusiste tú.

No sé, mamá, creo que no lo conoces tanto.

Que sí, que conoces a sus compis de piso,

pero es que igual tampoco son ni sus amigos.

Entonces no piensas que le ha pasado nada.

Simplemente que... se ha hartado de mí y ya.

Vamos a ver, mamá, hartarse de ti es imposible.

Yo creo que simplemente es un cara y ya está.

Que es triste, pero hay gente así. Y cada vez más.

No me lo puedo creer.

Ven aquí.

-Cristina.

-Doménico, ¿qué haces aquí?

Pensé que lo habíamos dejado todo claro.

-He venido a traerte una cosa. -Es que no me interesa, de verdad.

Por favor, vete.

-Mira, no está todo, pero sí una gran parte.

-¿Qué es esto?

-Sé que invertiste mucho dinero en la trattoria

y pienso devolverte hasta el último euro.

Esto es todo lo que he podido conseguir hasta ahora,

pero te prometo que habrá más.

(GERMÁN) ¿Has visto a papá? -Cariño.

Sí, lo he visto hace un rato largo. Estaba currando en la frutería.

-¿Te dijo si tenía que hacer algo? -Ni idea.

Mira, ahí lo tienes.

-Papá.

¿Dónde estabas? Tengo que hablar contigo.

Tenía lío, tenía una reunión. Ya. ¿Y el móvil apagado?

No me he dado cuenta. ¿Qué pasa?

Encontré el desguace donde me dieron la paliza, ¿te vienes?

No, no. Yo también tengo algo que contaros.

Quería llegar aquí para contárselo al abuelo,

pero ¿dónde está el abuelo? Estaba aquí hace un momento.

Bueno, pues luego os lo cuento. No, espera.

¿Tú le has hecho algo a Miqui? ¿Tú también?

Papá, dime, por favor, que no tienes nada que ver

con que haya desaparecido.

¿Tú crees, con las preocupaciones que tengo,

que tengo tiempo de preocuparme del pamplinas?

Papá, no te gusta dejar las cosas a medias.

Ya lo intentaste con la jugada

de mandarlo a la sierra con la furgoneta

y no te salió bien. Eres como yo, no te gusta perder.

Tu madre me pidió que no le hiciera nada y es lo que hago.

¿Desde cuándo haces caso a lo que te pide?

Escúchame, Germán, no te voy a negar que el niñato no me gusta.

No me gusta que esté con tu madre, pero no le he hecho nada.

Y no estás celoso, ¿no?

¿Yo? Ese no es rival para mí, hombre.

¿Has visto a mamá? Lo está pasando fatal.

Si no fuera rival, no estaría tan afectada.

Tu madre está así porque no es normal

que alguien desaparezca sin decir nada.

Estaría igual por cualquier otra persona del mercado.

Ahora está con el tonteo con él, pasándoselo bien.

Bueno, bien, ya se le pasará.

Tú sabes que mamá no es así.

A lo mejor su relación empezó siendo solo un rollo,

pero ahora va en serio.

Papá, te ha dedicado muchos años de su vida

y tú te los has cargado así, de golpe.

Se merece ser feliz, así que, por favor,

si le has hecho algo a Miqui para alejarlo de ella, arréglalo ya.

¿Otra vez? No seas pesado, ¿eh?

Yo a ese tío no le hecho nada.

Vale. ¿Dónde has pasado la tarde?

Con Velasco. De eso que quería hablaros.

(DOMÉNICO) Sé que todo salió mal en Nápoles.

Era un cambio de vida muy fuerte para los dos

y yo no estuve a la altura.

Pero he tenido tiempo de pensar y quiero arreglarlo.

-Es que ya es muy tarde.

Por mucho que me traigas dinero, ya no...

-Te quería de verdad.

Creo que es importante que lo sepas.

Al final, ninguno de los dos lo pasamos bien.

-No sé si eres un cínico

o es que te crees tus propias mentiras.

Yo no te vi pasarlo tan mal

cuando te ibas con tus amigos de borrachera hasta las tantas.

Y al día siguiente ni aparecías por la trattoria.

La verdad es que no quiero hablar de esto.

-No me diste ninguna oportunidad, Cristina.

Desde el momento en que pusimos un pie en Nápoles

tú ya pensabas que te habías equivocado.

-Yo aposté por esta relación.

-Ya. -¿Sabes lo que tuve que dejar atrás?

-A eso precisamente me refiero.

No dejabas de pensar en lo que habías dejado

y yo lo notaba.

Tu remordimiento,

tu culpabilidad por haber traicionado a Paolo

y alejarte de tu hijo. ¿Crees que era fácil para mí?

-De verdad, es que... Es que no me importa.

-Me equivoqué, sí.

Empecé a beber,

a abandonar el negocio,

y a pasar cada vez más tiempo fuera de casa,

porque sabía que tú tenías toda esa culpa sobre tus espaldas

y yo no podía hacer nada.

Me sentía incapaz de hacerte feliz, ¿esto lo entiendes?

-Lo mínimo que podías haber hecho es luchar un poquito por mí, ¿no?

-¿Qué podía hacer?

¿Pedirte llorando que te quedaras conmigo?

Ojalá me hubieran criado de otra manera,

pero me enseñaron a tragarme mis sentimientos desde niño.

Y ahora me he dado cuenta de lo mal que lo hice.

Tenía que haberte dicho lo que sentía,

hablar contigo, lo sé.

Pero también por eso estoy aquí ahora,

para que veas que he cambiado.

-Ya es tarde, Doménico.

-Si lo hubiera hecho en Nápoles, ¿las cosas habrían sido distintas?

-Pues no lo sé.

Pero no creo, ¿eh?

Gracias. -Ya.

-Lo daba por perdido.

-Pensabas que me movía por interés, ¿verdad?

-No hace falta que me devuelvas el resto.

Gracias y... y adiós.

-Ya...

A Velasco le ha desaparecido el dinero, unos 100 000 euros.

Al parecer,

su matón tuvo problemas para dejar el dinero donde siempre lo deja,

entonces decidió dejarlo aquí, en el mercado, ¿de acuerdo?

Cuando estaba saliendo, se cruzó con un par de policías.

Yo lo vi salir.

Así que se vio en la obligación de esconderlo aquí, en el mercado.

¿vale? Cuando volvió a por él,

resulta que el dinero ya no estaba.

-Y Velasco piensa que lo tenemos nosotros.

Yo ya le he dicho que no.

Que si a alguien le tiene que pedir explicaciones

es a su matón, no a nosotros.

Pero es que, al parecer,

justo cuando el matón terminó de hablar con él por teléfono y colgó,

se volvió a cruzar con estos policías y lo detuvieron.

Tranquilos, no tiene que ver con nuestro tema.

Llevaba una navaja.

Pensaron que estaba relacionado con los robos

que últimamente hay en el mercado.

-Bueno, pues mejor, nos hemos quitado uno de encima.

-¿Por posesión de arma blanca?

El abogado de Velasco lo saca en nada.

-Pues a mí no me gustaría estar en su lugar.

Velasco lo va a machacar hasta que confiese.

Eso si ha sido él, ¿no?

¿Si no ha sido él?

¿Y si el dinero lo ha cogido alguien del mercado?

Porque la primera paliza se la va a dar al matón,

pero la siguiente nos la da a nosotros.

Hay que encontrar ese dinero ya.

-Ojalá haya sido él y confiese. No.

Cuando trabajas para Velasco,

sabes con quién te estás jugando los cuartos.

No creo que sea tan estúpido.

Hay que encontrar ese dinero.

¿Y si lo ha encontrado alguien y se lo ha llevado a la Policía?

Pues ojalá que no,

porque entonces sí tenemos un problema, ¿eh, papá?

(GERMÁN) Si lo han entregado a la Policía, nos enteraríamos.

Quien lo encontró se lo va a quedar, por eso no ha dicho nada.

Pues no sabe el peligro que está corriendo este loco.

Bueno, él y nosotros, si no encontramos ese dinero.

Nosotros, ¿por qué?

¿Por qué? Somos inocentes, Velasco lo sabe.

-Para un tipo como Velasco eso es indiferente.

Eso es. Tenemos que encontrar ese dinero.

Hay preguntar a todo el mundo en el mercado, ¿de acuerdo?

(GERMÁN) Vale, pues encargaos vosotros dos.

Yo voy al desguace a por información.

-Ten cuidado, ¿eh?

-Sí. Bueno, empieza tú, papá.

Yo es que tengo jaleo, tengo cosas que hacer.

¿Qué cosas tienes que hacer más importantes que esto?

Asuntos personales. -No pasa nada, ya pregunto yo.

De mí se fiarán más que de vosotros.

¿Tú adónde vas? -Adonde no vayas tú.

¿Y te aclaró algo tu suegra?

¿Le dejó el dinero a Manuel para comprar el colgante?

Sinceramente, todavía estoy más liada.

Ha sido todo como muy raro.

Vamos a ver, ella ha reconocido el colgante,

sabía que era mío,

y sabía que era bueno,

pero no pensaba que había costado tanto dinero.

Al parecer, en su día lo habló con Manuel,

porque sabía que estábamos justitos de dinero,

y él le dijo que un conocido

se lo había dejado a muy buen precio.

Un conocido.

Pero no te ha dicho quién era. No.

Es que estaba rara, estaba nerviosa.

No sé, era como si yo la estuviera acusando de algo, ¿sabes?

Y tú crees que te oculta alguna información, ¿no?

Pues no lo sé,

pero desde luego, su reacción no era normal.

Dijo que no entendía por qué me ponía a investigar ahora,

que no había ningún misterio, que me lo inventaba yo...

Bueno, al final nos hemos puesto a discutir y todo.

Bueno, para ella no debió de ser fácil perder a un hijo.

Y mucho menos así.

Se ha puesto a llorar, la pobre. Estaba hundida.

Y bueno, me ha comentado una cosa que me había dicho antes.

Al parecer, Manuel le pidió dinero.

No me ha dicho cuánto, pero parece que mucho.

¿No te ha dicho para qué? No.

Él no quiso darle ningún tipo de explicación.

Así que ella no se lo prestó.

Unas semanas más tarde, se suicidó,

y ella se siente muy culpable, mucho.

Ya...

Oye, ¿y tú crees que Manuel tenía algún problema económico grave

y por eso... se mató?

Puede ser. Y eso es lo que tortura a Asunción.

Puede que tuviera una deuda o quería hacer algo con ese dinero.

Ya, pero es que esas razones son inverosímiles.

No casan con Manuel.

Igual le debía dinero a un amigo y cogió el colgante para venderlo.

¿Y me mintió?

O sea, cuando yo le dije que lo había perdido, él...

¿fingió enfadarse conmigo?

Es que no sé, es que es retorcido, Jorge, y él no era así.

Celia, igual no lo conocías tan bien como pensabas.

Eso mismo me ha dicho Antonio, que nunca conocemos a las personas,

ni siquiera cuando vivimos con ellas.

¿Qué se supone que tengo que hacer yo ahora?

¿Mirar para otro lado como que esto no ha ocurrido?

Es que ahora tengo que saber lo que pasó.

Manuel tenía un secreto y no lo compartió conmigo.

Y es muy probable que ese secreto sea la causa de su muerte.

Por eso se suicidó.

-¿Qué ha pasado?

-Nada, que quería hablar contigo. Pasa.

-¿Por qué me envías un mensaje diciendo que venga urgentemente?

Me he asustado.

¿Qué hacéis aquí?

Mamá, ¿qué es esto?

-Siéntate, hija, tenemos que hablar contigo.

-¿Qué es esto, una encerrona? Pues mira, conmigo no contéis.

-Espera, Noa. -¿Qué haces? Anda, quita.

-Espera. -¡Que me dejes!

Oye, eh. Vamos a calmarnos todos, ¿vale?

(HÉCTOR) Noa, por favor, ¿puedo hablar contigo?

-A ver, ¿me podéis explicar de qué va todo esto?

Sí. Esto va de que te queremos.

De que somos tu familia, de que nos preocupamos por ti.

Ya.

Si te preocupas por mí, pregúntale a mi padre

por qué tiene fotos de niñas desnudas

en su ordenador. -Noa, no empieces con eso.

(NOA) Es la verdad, mamá.

Ya está.

Seguro, seguro que es la verdad,

y nadie dice que te lo estés inventando, seguro, ¿eh?

Pero nos gustaría que escuchases al médico.

Mira, no voy a escuchar a nadie. Me habéis traído engañada.

(HÉCTOR) Noa, parece ser

que estás viviendo una realidad que no existe,

y que interpretas situaciones

de maneras que no se ajustan a la realidad.

-Pero ¿qué dices? Yo estoy perfectamente.

El único enfermo es mi padre y tengo pruebas.

(HÉCTOR) No debe ser fácil asimilarlo,

pero tienes una enfermedad que se llama esquizofrenia paranoide.

-¿Qué?

Vamos, yo alucino. O sea...

O sea, ¿papá os ha hecho creer esto?

¿Cómo lo haces, papá? No lo entiendo, ¿cómo lo haces?

Noa, cariño, por favor, olvídate de tu padre, ¿vale?

Te puedo asegurar que tu padre te quiere y se preocupa por ti.

Por eso ha traído a un doctor, él tiene un diagnóstico.

Lo que hay que hacer es seguir un tratamiento y ya está.

Mira, ni de coña.

(ROSA) Si te medicas y te tratas, vas a poder tener una vida normal.

-Vamos a ver, lo que necesito para tener una vida normal

es que todos me dejéis en paz.

Pero vamos a ver, ¿cómo puedes estar tan ciega, mamá?

Tú sí vives otra realidad.

(NACHO) Vale ya, no le hables así a tu madre.

Solo quiere lo mejor para ti, como todos.

-¿Sabes? Te mereces el marido...

-Ni se te ocurra levantar la mano a tu madre.

-Suéltala. -No hasta que se tranquilice.

-¡Que me sueltes! ¡Suéltame! Suéltala. Ya está, ¿eh? Ya está.

Prométele a tu padre que vas a estar tranquila.

¿Me quieres soltar tú también?

Tú, que te crees el más listo de todos, ¿no?

Eres otro pringado al que mi padre manipula.

(HÉCTOR) Está teniendo un brote psicótico.

(NOA) Pero... Pero... Pero ¿qué brote? Pero ¿qué dices?

-Tranquilízate, hija, tranquilízate. -Pero vamos a ver.

¿Qué estás haciendo? Es que...

Eres un ser asqueroso, eres un degenerado.

Pero ¿qué me está pinchando? -Noa, tranquilízate, cálmate.

-Pero ¿qué estáis haciendo? Ayúdame. -Tráela al sofá conmigo, venga.

(NACHO) Cálmate. (ROSA) Ven, ven conmigo.

Ven aquí. -¿Qué me estáis haciendo, por favor?

-Ya está, cariño.

Dentro de nada te vas a sentir mejor. Ya está.

Ya está, mi amor, ya está. (NOA LLORA)

-No tengas miedo. -Mamá...

-No tengas miedo. -Mamá...

-Yo estoy aquí, contigo.

Ya está.

-Yo no sé los demás, nosotros no estamos muy boyantes.

Así que he pensado que podíamos hacer algo

para que no tengamos que desembolsar tanto dinero.

Podemos hacer un evento

y comprometer a todo el barrio en él.

-Adela, dime.

Es sobre Cristina.

¿Te ha pedido que hables conmigo?

No.

Pero te voy a hacer una pregunta muy directa.

¿Tú la quieres?

-Con esa cara no engañas a nadie. ¿Qué?

-Que Jorge y yo hemos vuelto. -¿Qué?

¿Qué me dices? -Sí.

-Sí, hemos estado hablando.

Ha venido y me ha dicho que... que ha cambiado de idea

y lo vamos a intentar. (VALERIA, GRITA DE ALEGRÍA)

No sabes la alegría que me das.

Porque no hubiera sido nada fácil para ti criar a tu hijo

teniéndolo a él tan cerca.

¿Seguro que habéis mirado bien?

¿Y en los almacenes habéis mirado?

¡Bueno, pues volvéis a mirar!

Oye, no se puede haber evaporado, ¿estamos?

-Creí que lo mejor sería internarla para seguir con el tratamiento.

-¿Internarla dónde?

¿En un psiquiátrico?

¿Estás...? No, Nacho, no.

No, no, mi hija no va a pisar un psiquiátrico, ¿eh?

-Te traigo parte del dinero que me llevé a Nápoles.

-¿De dónde has cogido este dinero?

-Me lo ha devuelto Doménico y yo... y yo te lo quiero dar a ti.

-Ahora lo entiendo.

Que los dos, ahora, queréis indemnizarme

por el dolor que me habéis causado, ¿no?

-Noa no coge las llamadas, anoche no volvió a casa

y hoy no ha venido al bar a trabajar.

-Igual ha dormido donde sus padres. -¿Donde sus padres?

No, ni de coña.

Se tendría que estar muriendo para dormir cerca de Nacho.

Aquí pasa algo raro y voy a averiguar qué es.

-Acabo de coger el dinero de la cajita y no da ni para pipas.

No podemos seguir adelante con el plan.

Que se darían cuenta, mujer. -Por favor, qué cenizo eres.

Anda...

A ver... Abre, abre. -Pero...

Eres un carroñero.

Y me dices todo esto para que me sienta mal.

Mira, voy a hacer una cosa, te voy a apuntar la dirección

de donde trabaja la nueva y joven amante

de tu joven y examante Miqui,

y vas allí, si quieres, y lo compruebas tú misma.

-¿No vas a hacerte la prueba de fertilidad?

¿Desde cuándo es de tu incumbencia?

Mira, Antonio, a lo mejor desde fuera pareces un hombre duro,

no sé, conmigo has sido siempre muy comprensivo y muy agradable,

y me da mucha rabia que la gente vea eso en ti.

(VELASCO) No sabes lo que significa que me digas estas palabras.

-¡Noa! -¿Qué...? ¿Dónde vas?

-¡Noa! ¡Noa! -Largo de aquí.

-Pero ¿qué pasa? -Nada.

Noa no coge mis llamadas y quiero saber qué pasa.

Si tiene gripe, que salga y me lo diga.

-Escúchame, está enferma, pero no tiene fiebre.

Tiene esquizofrenia.

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Mercado central - Capítulo 156

08 may 2020

Los Pacheco encuentran el dinero de la droga y Carmen, en secreto, decide quedárselo para ayudar al mercado.
Elías recibe la amenazante exigencia de Velasco para recuperar el dinero. Su situación se vuelve más peligrosa.
Germán da con el desguace donde recibió la paliza.
Nacho, ante Elías, consigue que Noa parezca una psicótica que necesita ser tratada pese a su oposición.
El misterio en torno a Manuel aumenta según investiga Celia. Manuel tenía un secreto.
Doménico manipula a Paolo y a Cristina.
Adela sospecha que Elías podría estar detrás de la ausencia de noticias de Miqui, pero finalmente descubre que es víctima de ghosting por parte de él y que su ex marido no tiene nada que ver.
Jorge no se muestra colaborativo sobre participar en los análisis de fertilidad.

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