Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.30 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 155 - ver ahora
Transcripción completa

-¿Cómo va lo de los desguaces?

-Bien, ya lo tenemos.

¿Qué te parece contar a Jorge lo de las drogas de Velasco?

-Seguro que nos puede ayudar. (JESÚS) Ni hablar.

Tampoco me gusta ocultarle la verdad a Valeria,

pero es la forma de protegerlos ante el psicópata de Velasco.

-Hay que hablar de la seguridad con Javier.

-No le calientes la cabeza con eso. (CARMEN) ¡Uh!

(SAMUEL CARRASPEA) (CARLA) Ahora vamos a hacerlo bien

y nos vamos a esforzar para que funcione. ¿Verdad?

-¿Estás segura de que Natalia te dijo esto?

-¿Cómo me iba a inventar algo así? ¿Te crees que estoy zumbada?

-Es que a veces, hija, la cabeza juega malas pasadas, ¿sabes?

-Mamá, mi cabeza está perfectamente.

Todo lo que te estoy contando es verdad.

-Noa...

Creo que deberíamos buscar a un psiquiatra.

De verdad, olvídate del pasado, no tiene sentido, ¿no lo ves?

La vida te está dando una segunda oportunidad,

y eso pasa pocas veces.

Y cuando esto ocurre,

solo puedes hacer una cosa: aprovecharlo.

-Suponía que Cristina estaría trabajando aquí en la pizzería.

-Pues no, eso es mucho suponer. Así que puedes irte.

-Me sorprende que no te dijera que estaba aquí.

-Pensaba que habíamos hablado las cosas, las habíamos aclarado

y que podías volver a confiar en mí.

-Yo también lo creí, pero...

ya no estoy tan seguro, Cristina.

Que... si no puedes llamar, mándame un mensajito,

diciéndome que estás bien.

Es que como no tengo noticias tuyas estoy un poco preocupada.

-Hay un control que va a estar toda la noche,

y los envíos tienen que llegar como sea.

Vas a tener que pararlo, no hay otra solución.

Yo no voy a hacer eso, ¿entiendes?

No hay otra alternativa, Velasco. (JESÚS) En realidad, sí la hay.

Si no te importa la ayuda de un abuelete...

"Manuel tenía hechas un montón de llamadas

al mismo número de teléfono, un tal Gorka".

Pues llámalo y sales de dudas.

Hola. Perdón, ¿con quién estoy hablando?

(MÓVIL, HOMBRE) "¿Y quién es usted?" Lo siento. Soy Celia Mendoza.

Quería hablar con usted

porque mi marido, Manuel Carrasco, tuvo...

¿Hola?

¿Hola?

Oye, la muerte de Manuel fue muy dura.

Has criado sola a David.

¿No te parece que has sufrido bastante?

No entiendo por qué no quiere hablar conmigo ahora.

-Las furgonetas que han seguido la ruta de Jesús

están llegando todas sin ningún incidente.

Las otras, ya veremos.

Lo importante es que lleguen todas, aunque sea con retraso.

-Llegará.

Felicidades por el éxito.

-Toma.

-¿Y esto?

-Bueno, es mi forma de darte las gracias.

A mí jamás me ha dado una paga extra tan generosa.

-Porque no confía en ti.

Ah. ¿Y en ti sí? Sí.

Y eso quiere decir que el plan funciona.

Lo del control de la Guardia Civil es idea tuya.

Mis respetos, don Jesús.

(LORENA) Vale, aquí tenéis.

Dos cafés con leche. Gracias.

Nuevo peinado. Estás muy guapo. Te queda bien la coleta.

-¿Sí, de verdad? -Ajá, sí.

-Gracias.

¿Has dicho ya que no al piso?

No. Me lo voy a quedar.

¿Cómo?

Sí, me lo quedo.

¿No lo ves?

Claro que no lo veo. Tiene mucha carga emocional.

Te va a recordar el tema con Lorena todo el rato.

Ya. Es que creo que el tema con Lorena no está cerrado.

A ver, a ver, ¿me estoy perdiendo algo o qué?

No. No sé. Bueno, ya te contaré.

Y tú te has puesto muy guapo para recibir a tu amigo el inspector.

Quiero causar buena sensación.

Estoy inseguro y me ha dado por la coleta, qué chorrada.

Me la voy a quitar ahora mismo. Que no, que no. Estás...

Estás muy bien.

No me pongas más nervioso de lo que estoy.

Que todo está bien, Javi.

La cubierta está arreglada y todo en su sitio.

Hay otras cosas que no están en su sitio.

-Contigo quería hablar. -Buenos días a ti también.

-Es que no son buenos.

A ver, ¿cuándo vas a hacer algo con el moho?

Está colonizando el almacén. Vamos a tener que tirar el género.

-Que sí, que sí. -"Que sí, que sí" ni nada.

A ver, que he tenido que poner unos plásticos

para que no se contamine el género. Así no vivimos.

-¿Puedes bajar un poquito la voz?

-¿Quieres que te lo susurre?

¿Puedes hacer algo, que así no podemos vivir?

El inspector está a punto de llegar.

Si te oye, nos meterán una multa. ¿Es lo que quieres?

No, claro que no. Pues por favor.

Claro. -Mira, Carmen.

En cuanto pasemos la inspección, el almacén será la prioridad.

-Si es que no ganamos para sustos.

Yo tengo el estómago encogido, pero de verdad, es literal.

No exagero. -Yo estoy igual, estoy igual.

-Y si ponían una multa, ¿no la pagaba Elías?

-Pensemos que no nos ponen ninguna multa.

No nos pongamos en lo peor, está todo controlado.

Si nadie mete la pata, el inspector no tiene por qué saberlo.

Y Javier va a estar a su lado. No vas a dejar que baje, ¿no?

Ya está.

-Pues ya está. Tenemos que estar tranquilos.

Ya está.

(JAVIER) Corbata, maletín, traje...

Ahí está, seguro que es el inspector.

Todo tuyo, amigo. -Sonríe.

Que no te huela el miedo.

Pacheca, eres única dando ánimos, ¿lo sabías?

Ha sonreído, ¿no? Pues eso.

Pues eso.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

-Hola.

-Buenos días. -¿Te importa que me siente?

¿Dónde has dormido esta noche?

-En un hotel.

-Ya...

Oye, espera, espera. Espera, por favor.

Espera.

Quiero pedirte perdón.

Las cosas están muy tensas entre nosotros.

Es verdad que estoy muy alterada y muy confundida por lo de Noa.

Pero es que ayer, cuando insinuaste que nuestra hija podía tener...

bueno, eso,

me enfadé mucho, Nacho, y lo pagué contigo. Lo siento.

-Rosa, yo también estoy muy alterado con lo de Noa,

y...

reconozco que ayer saqué las cosas de quicio.

Sí, no reaccioné bien.

Y lo siento, perdóname.

-Somos bobos, ¿no?

-Pero lo que más siento de todo esto es haberte hecho sentir incómoda.

No sé...

Siempre intenté que lo pasaras bien en la cama.

No pensé que... -Nacho, me lo paso bien, de verdad.

O sea... -Sí, pero la forma

en que me lo dijiste, yo...

Me hiciste sentir culpable y sucio.

Como si hiciera algo obsceno, ¿sabes?

-Ya te lo he dicho, es que no estoy en mi mejor momento.

-Vale.

Vale, pero...

si vuelve a haber algo de lo que hago que no te gusta,

hablémoslo, por favor, pero no me lo vuelvas a decir así.

-Te lo prometo. Lo siento mucho.

-Rosa, ¿sabes algo de Noa?

-No. Bueno, sí, ayer estuve intentando hablar con ella,

pero fue imposible, Nacho.

Empezó a atacarte, se puso hecha una furia,

luego se enfadó conmigo...

En fin, creo que tienes razón, ¿sabes?

Hay algo que no... que no funciona bien en su cabeza.

No sé, es la única explicación que encuentro cuando me pregunto:

¿por qué ha armado todo esto?

Y luego, cuanto estuve...

estuve leyendo el mensaje que le envió Natalia

en el que le decía... -¿Mensaje? ¿Qué mensaje?

-Bueno, es que esto no te lo he contado me parece.

Hubo un momento en que Noa se fue a atender unos clientes

y entonces vi que entraba en su móvil un mensaje de Natalia,

y no pude evitarlo, Nacho, lo leí.

-Sí. ¿Y qué decía?

-Pues le decía que, por favor, que no la llamara más,

que no insistiera, que no quería hablar con ella.

Había un tono en ese mensaje como...

como si la estuviera acosando, ¿sabes?,

para que corroborara de alguna manera su historia,

esa historia asquerosa y retorcida que se ha inventado.

-No te preocupes, ¿eh? Saldremos de esta.

-¿Y cómo vamos a salir, si ella no es consciente de lo que le pasa?

Le insinué que a lo mejor necesitaba un poco de ayuda psicológica.

Y se enfadó tanto conmigo, Nacho...

Decía que ella no estaba loca y que no era una mentirosa.

Y ya está, ahí se quedó todo.

-Pues hay que encontrar la manera de que acepte ayuda profesional.

Mira, justo ayer hablé de Noa con el doctor Ramírez.

-¿El doctor Ramírez?

¿Es el psiquiatra que te recetó...? -Sí.

-Me dijo que estaba dispuesto a ver a Noa.

Incluso se ofreció a venir a casa, si es necesario.

-Oye, pues no me parece mala idea.

Pero ¿cómo vamos a conseguir convencerla?

-No sé. Mira, tú llámala.

-Noa llegó supercabreada, se metió en su habitación.

Esta mañana cuando venía,

he llamado a la puerta a ver qué tal estaba, pero nada.

No me ha hecho ni puñetero caso, ha pasado de mi cara.

-¿Sigue mosqueada por lo de Natalia?

-Encima eso, ¿sabes? Es más cabezona...

¿Tú no piensas lo mismo que yo?

Claro que estaría de lujo que Natalia contara su versión,

pero no podemos obligarla a contar algo tan "heavy"

delante de la peña.

-Ya, pero yo también entiendo a Noa, Jonathan.

Si Natalia habla, todo se soluciona. -O se empeora.

¿Por qué nadie piensa en su familia, en su pareja?

-A ver, no sé, en estos casos aconsejan decirlo.

Y encima, si tu familia es comprensiva, pues te ayuda.

-Si es comprensiva, sí, podrán ayudar,

pero como no sea comprensiva, ya me dirás tú.

-¿Qué pasa, Noa?

-¿Cómo estás?

-Genial. He pasado una noche fantástica.

Hola.

-Hola. ¿Qué tal?

Bien.

¿Y tú? Bien, bien, bien también.

¿Y esto?

Son unos vinos.

Un proveedor me han regalado dos cajas

y creo que te vendrá bien para el bar.

Es muy buen vino. A tus clientes les va a gustar.

Vale, gracias.

Vale, de nada.

Pensé que te gustaría un poquito más.

No.

Quiero decir, sí, sí, me gustan los vinos, gracias,

pero no...

no me gusta este rollito entre nosotros.

-Noa, tienes que descansar.

No puedes tirarte todas las noches con lo mismo en la cabeza.

-Bueno, por lo menos me ha servido de algo.

Le he estado pensando y voy a pirarme de aquí.

-¿Qué? -¿Vas adónde?

-Bueno, pues no sé, ya veré, adonde me dé la pasta.

Por eso vengo. ¿Me podéis prestar algo de dinero?

Ya os lo devolveré. (JONATHAN) Pues no.

Claro que no te podemos prestar nada.

-Pues nada, gracias por nada, Jona. -No, Noa, no te puedes pirar así.

¿Y qué hay de eso que decías

de no dejar a tu madre con un monstruo?

-¿Qué quieres que haga?

He intentado abrirle los ojos y no me cree.

Pues mira, no puedo hacer más.

-¿Y la baza Natalia?

-Ya me ha dejado claro que no va a hablar.

-Joder.

-No me mires con esa cara de "ya te lo dije".

-Que no te miro de ninguna manera, tía.

Pero que no, que no te puedes ir, que esa no es la solución.

Noa, que Samu y yo te vamos a ayudar, ¿vale?

-Es que... Es que no puedo más.

De verdad, no puedo más.

Me estoy danto todo el rato contra el mismo muro.

Encuentro algo contra mi padre y él le da la vuelta.

Le ha comido la cabeza a mi madre

para que piense que se me ha ido la pinza.

-¿Cómo?

-Sí, la ha convencido que lo mejor es que vea a un psiquiatra.

Es que no tengo que aguantar esta mierda.

(JONATHAN) Será capullo... -Espera, espera.

A lo mejor es buena idea que vayas al psiquiatra.

-¿Se te ha ido la pinza también? (SAMUEL) No.

-Oye, si vas al psiquiatra y le cuentas todo,

él va a saber si estás mintiendo o no estás mintiendo, ¿entiendes?

-Bueno, igual tiene razón y no es tan mala idea, ¿eh?

Si el tío es un profesional, habrá tenido casos como este.

Lo mismo puede dar una solución.

-Dale una vuelta.

-Yo...

lo intento, ¿vale?, lo intento, pero no puedo.

Porque esto... esto no va conmigo.

Yo... Yo no soy así.

Yo no puedo hacer eso de:

"Éramos novios, pero ahora somos amigos.

Está todo guay, está todo bien". No, no, no soy así, no me sale.

No puedes traerme una caja de vinos

y yo ponerme a hablar contigo de vinos, como si no...

como si... como si esto no me doliera.

Así que no, no puedo hacer esto.

Por lo menos, de momento.

¿Vale?

Vale.

Bueno, y lo entiendo perfectamente.

De hecho, pienso exactamente igual que tú.

Por eso quería hablar contigo.

Ah, ¿sí? ¿De qué?

Bueno, he estado pensando que igual, llegados a este punto...

Espera, que se avecinan problemas.

Ah. El inspector.

Vale, me voy y luego me cuentas.

Vale.

Que no sea nada.

¿Qué ha pasado?

-La cubierta está bien, pero insiste en ver los almacenes.

Venga ya. Pero ¿alguien le ha dicho algo?

Estando conmigo, no. He sido su sombra todo el rato.

Pues no lo entiendo, Javi.

Yo tampoco.

Pero creo que venía con la idea predeterminada

de ver los almacenes, ¿entiendes?

Tras chequear la cubierta me ha pedido bajar.

No tiene sentido, Javier.

¿Qué tiene que ver la cubierta con los almacenes?

¿Y si alguien que ya lo sabía...

le ha dado la orden de que lo vea?

Alguien como Velasco.

Pues ya te digo yo que es eso.

Voy a por la llave. No... No puedo esperar más.

(Tacones acercándose)

-Hola.

Ay, qué susto me has dado.

Pensé que me habías oído llegar.

¿Qué tal está el padre de Miqui? ¿Se sabe algo?

No, no sé nada.

Estará liado, de la casa al hospital y del hospital a casa.

Menudo papelón, sí. Seguro que te llama en cuanto pueda.

Sí, mujer, sí, seguro que sí.

¿Y qué tal tú? ¿Qué tal todo?

Pues no muy bien.

Paolo no quiere verme y Doménico ha vuelto a Madrid.

¿Qué me dices?

Espera. Entonces, ¿por eso te llamó?

¿Y lo has visto?

No, yo no. El que lo ha visto ha sido Paolo.

Espera. Eso es muy raro.

Me refiero a... ¿Ha hablado antes con Paolo que contigo?

Sí. Como insistió en llamarme y no he contestado,

pues se ha presentado en la pizzería.

Ah. Pero ¿entonces ha insistido

y te ha llamado más veces de que las que yo sabía?

Sí. Bueno, ayer justamente estaba hablando con Paolo,

me contaba que lo vio, y me llamó.

Y si te ha llamado tantas veces, ¿por qué no le coges el teléfono?

Bueno, porque...

porque me da igual, no quiero verlo.

Ya, pero es que está aquí,

quiere hablar contigo y tú aún no sabes por qué.

No me importa a lo que haya venido. Pero será algo importante,

porque, que yo recuerde,

no dejó amigos por aquí a los que ver.

¿Y? Que te digo que me da igual.

¿Y cuál es el plan, esquivarlo y esconderte por las esquinas?

A ver, Cristina, que no tienes 15 años.

Entiendo que estés preocupada,

porque pensabas que habías dado carpetazo a esto de Doménico,

pero está aquí, ha vuelto a presentarse.

Lo ha puesto todo patas arriba.

Paolo ha dado un paso atrás.

Le han vuelto los miedos y las dudas sobre mí.

Doménico lo ha estropeado y no sé cómo arreglarlo.

Pues con más razón para que hables con él.

¿Y qué va a pensar Paolo? ¿Cómo que qué va a pensar Paolo?

No, Cristina, qué vas a pensar tú.

¿A qué te refieres?

A ver, yo creo que...

que a ti te da miedo volver a ver a Doménico, ¿no?

¿Crees que voy a sentir algo por él,

que voy a caer rendida a sus encantos?

Tú misma lo estás diciendo.

Yo simplemente te he ayudado a que lo expreses en voz alta.

Siempre que se tiene una relación tan pasional,

pues existe el miedo a que vuelvan a saltar las chispas.

Así que entiendo tu preocupación, pero...

pero si quieres realmente a Paolo, si tú quieres recuperarlo,

tienes que cerrar este capítulo.

Así que debes hablar con Doménico.

Sí.

Sí, supongo que tienes razón, que tengo que hablar con él, sí.

(Notificación de móvil)

(Notificación de móvil)

Qué raro.

¿Qué pasa?

No sé.

Dice Javier que hay una reunión extraordinaria de propietarios.

Ya. Bueno, hasta luego.

-Apuesto a que el ayuntamiento nos va dar un 8,5.

(CARMEN) Si no han bajado al almacén.

-Bueno, quizá una nota no,

pero una medalla o una condecoración...

-Sí, claro, y un piso en Alicante. No te digo.

(NICOLÁS) No estaría mal. -Siento convocaros con tanta prisa.

A ver, por favor.

Un poco de atención.

Falta gente. Javier, dale.

Ya le contaremos a los que faltan. -No podemos estar aquí todo el día.

(JAVIER) Muy bien. Tengo algo importante que deciros.

Eh... Hemos pasado la inspección de la cubierta.

-¡Bueno, aleluya! Por fin una buena noticia.

-Venga, vamos a celebrarlo, ¿no?

Sí, Jorge, saca los reservas que tienes guardadas.

Javier no ha terminado, por favor. -¿Y esa cara?

¿Han bajado al almacén? -Siento decirte que sí.

Pero los almacenes... están llenos de moho.

No he podido evitarlo. (CARMEN) No, claro.

Y otra multa nos ha caído.

-Por poner en peligro la salud pública.

¿A cuánto asciende la multa? (JAVIER) 20 000 euros.

Nos reducen el 30% si pagamos antes de una semana.

Y, por supuesto, el almacén está precintado.

-Nosotros no sé cómo vamos a juntar esa cantidad de dinero, la verdad.

Algo habrá que inventar, que si no, ya me dirás tú.

(CARMEN) Que pague Elías, ¿no? Se le llenó la boca prometiéndolo.

-No podemos obligarlo a que pague. Y la multa es por los almacenes.

-Vas a acabar con el mercado. Es culpa tuya.

-Por favor. (CARMEN) Es verdad.

Le dijimos que arreglara las humedades,

y ahora deja que bajen al almacén. -No he podido evitarlo.

-Pasa que eres un blando y no te impones.

-Soy diplomático.

Me gusta hacer las cosas por las buenas.

-Deberías cambiar de estrategia, porque esto lo has gestionado fatal.

Carmen, ¿te importaría bajar el tono, por favor?

El inspector vino con la idea de ver los almacenes.

Ya salió el abogado de pobres. No he terminado, Carmen.

Javier ha hecho lo imposible por evitarlo.

El inspector lo exigió, ¿me oyes? Lo exigió.

-Menudo buitre carroñero.

A ese no le importa nada el mercado, quiere recaudar y ya está.

Pero un momento.

Esto no es entonces una casualidad, ¿eh?

Este hombre ha venido porque alguien le ha dicho dónde mirar.

¿Qué insinúas, Adela?

¿Que alguien se ha chivado al ayuntamiento?

-¿Que no quiere que levantemos cabeza?

-Vamos a calmarnos, por favor. Y confiemos en nosotros mismos.

Hemos salido de situaciones peores, y de esta también vamos a salir.

-No sé vosotros, pero estoy harta y no tengo un duro.

-Carmen, espera un momento.

(Timbre)

¡Voy!

(Timbre)

Hola, Antonio. Pasa.

Mira, es que estoy aquí con la comida de David.

-Ay, qué bien huele. Gracias.

Bueno...

¿Y esto?

Ábrelo y lo ves.

No hacía falta. No te tenías que haber molestado.

Es el libro del que te hablé. Ya.

El que habla de las calles, de los barrios...

y todo eso, su historia.

No sé, lo mismo te ayuda a poder escribir el artículo.

Y además, hace que el tema sea un poco más interesante.

Me va a venir muy bien.

Muchísimas gracias. Es un detallazo, ¿eh?

¿Qué quieres tomar, qué te pongo? No, nada. Tengo prisa.

Una copita de vino rápida, que te lo debo por el libro.

Bueno, venga, vale.

Es que hoy tengo movida con mis hijos.

Ay, vaya.

Por cierto, ¿qué tal con tu hijo?

Pues bien, muy bien.

Su novia...

Cómo suena, ¿no?

Dios...

Bueno, pues llamémosla "su chica".

Mejor, sí.

Su chica...

Pues su chica ha vuelto a Zaragoza

y parece que están felizmente juntos, así que bien.

Pues brindemos por eso. Venga.

Brindemos por eso, di que sí.

Últimamente, a mi alrededor todo es amor.

Sí, es que está Jesús, el frutero...

Ajá. ...que se ha casado con Valeria,

la madre de la carnicera.

Luego está David con Andrea,

Carla, la chica que vive con nosotros,

ha vuelto con su chico, con Samuel.

Así que... todos, menos yo.

No me lo puedo creer. Pues créetelo, sí.

¿De verdad que tú no tienes a nadie? No tengo a nadie, no.

Pero yo soy una tía muy independiente, ¿eh?

Bueno, sí, sí, ya lo sé.

Me basta verte cómo tiras del carro tú sola con tu hijo.

Ese es el problema, que me siento más madre que mujer.

¿Sabes?

Pero supongo que tarde o temprano me llegará el momento

de querer compartir con alguien mis cosas,

poder escuchar también las de otro, ir al cine...

Esas cosas. Ya sabes, contar con alguien, ¿no?

Ya.

(LORENA) Gracias, Juanjo.

Hola. Hola.

Qué faena lo de...

lo del inspector, lo de la multa, ¿no?

Sí. Bueno otra más.

A ver qué hacemos.

Bueno, si te sirve de consuelo, el vino ha sido todo un éxito.

Tendré que pedirte más cajas.

Lo que necesites.

¿Quieres algo?

Sí.

A ti.

Te quiero y te necesito.

No tiene gracia.

No, no pretendo ser gracioso.

Era lo que quería decirte antes, pero no he podido.

Lorena, he sido un cobarde.

Y quiero pedirte disculpas por eso.

Y si me das otra oportunidad...

me encantaría formar una familia contigo.

¿A qué viene que me digas esto ahora?

¿A qué viene este cambio?

¿Sabes? Siempre he tenido mucho miedo de...

de muchas cosas, de demasiadas.

Pero ahora, lo único que me da miedo...

es estar sin ti.

No me puedes hacer esto ahora.

Sí puedo.

Porque te quiero.

Ya lo sé, ya sé que me quieres, y yo también te quiero a ti.

Por eso no puedo obligarte a hacer cosas que no quieres hacer.

Jorge, ya lo hemos hablado. No lo hago por ti, Lorena.

Lo hago por mí.

Oye, perdóname.

No sé qué me pasa contigo que termino contándote mi vida.

Lo siento. -No.

De verdad, me encanta que me cuentes tu vida, en serio.

Sí. Lo siento.

Además, te digo una cosa,

entiendo perfectamente lo que me estabas contando,

lo que me dices de que te resulta difícil

encontrar a alguien que ocupe el sitio que ocupaba tu marido.

Ya.

¿Cómo era?

Perdona, qué pregunta he hecho. No tienes que contestarme.

No pasa nada, no me importa.

Manuel era igual que David,

delgado, miope, honesto,

un poco cabezota...

y un libro cerrado.

Ah. O sea que... tenía secretillos.

Pues sí, la verdad, más de los que yo pensaba.

Ya...

No lo sabía, pero el día que falleció

había llamado a un número de teléfono insistentemente,

a un tal Gorka.

Así que, bueno, me envalentoné, lo llamé y...

resulta que cuando le dije quién era, me colgó el teléfono.

Qué raro.

La verdad, no dejo de darle vueltas a la cabeza

y de pensar qué relación puede tener Gorka con Manuel, pero...

En fin, para que veas.

Ha pasado mucho tiempo desde que murió, y todavía...

hay muchas partes de él que siguen siendo un misterio para mí.

Ya.

La verdad es que nunca conocemos del todo a los demás.

Incluso con personas que convives todos los días

y que crees conocer al dedillo.

Fíjate en mí, por ejemplo.

Yo un día descubrí que mi mujer me ponía los cuernos.

Hombre, no creo que esta llamada tenga que ver con eso.

No, no. No he querido decir eso. Ha sido un mal comentario.

No, no. No, de verdad. No pasa nada.

Seguro que es la cosa más inocente del mundo.

Cuando conozcas al tal Gorka este,

pues seguro que te das cuenta que no tiene importancia, ¿vale?

Bueno, no sé yo.

Ahora resulta que no me coge el teléfono, así que...

En eso te puedo ayudar, si quieres.

Puedo investigar ese número de teléfono.

Tengo un amigo policía que seguro que nos echa una mano.

¿En serio?

Por supuesto, sí.

Bueno, lo único...

Como esto no es una cosa legal del todo

y no me gusta meterme en problemas,

te pediría que tuvieras discreción y no dijeras nada.

Oye, mira, déjalo.

No te quiero meter en problemas. No pasa nada.

Que no, de verdad, que no.

Por una amiga se hace cualquier cosa, ¿sabes?

¿De verdad? Sí, sí, de verdad.

Además, no me voy a convertir en un delincuente por esto.

Te lo agradezco mucho, Antonio. De verdad que sí.

Vale.

Bueno, ahora sí que me tengo que ir, ¿eh?

¿Me das el número de teléfono? Ah, sí.

Me lo apunto aquí. Vale.

Vale. Mira, aquí lo tienes. Vale.

Eso es. Ahí. Ya.

Muy bien. La verdad que eso huele muy bien.

Gracias. Te acompaño a la puerta.

Vale.

Bueno, en cuanto sepa algo... Sí.

...te llamo, me pongo en contacto contigo.

Fenomenal. Gracias. Hasta luego. Adiós, Celia.

Vale.

Tenía tanto miedo de volver a fracasar como padre,

que no me daba cuenta de lo que tenía delante...

una segunda oportunidad de vivir una experiencia maravillosa...

con una mujer como tú.

He cambiado mucho, Lorena, no soy el que era.

Mi relación contigo es mucho más sincera y madura.

Y tengo muy claro lo que quiero.

Y te quiero a ti.

Si quieres, puedo subirme a la barra y gritártelo.

-Sí.

Sí quiero.

Vale.

Eres muy tonto.

¿Perdona?

¿Qué? Ahora estamos juntos...

y no tenemos casa.

¿Que no tenemos casa? ¿Y eso por qué?

Lorena, no mandé ese "mail".

La casa sigue siendo nuestra.

Entonces no eres tan tonto.

Quítate el mandil.

Vale.

Estoy súper a favor de los polvos de reconciliación.

Bueno, eso llegará.

Ahora tú y yo vamos a elegir el suelo de nuestra casa.

-Guau.

"Sei bellissima".

Te queda bien en pelo así. En Nápoles lo llevabas distinto.

-Llevo el pelo como siempre.

Pero supongo que no has venido a hablar de mi pelo.

¿Qué quieres, Doménico?

-Mira, no me esperaba que me recibieras con una banda de música,

pero sí con un poquito más de cordialidad.

-¿Cordialidad? Perdona que no me ría.

-Bueno, por lo menos Paolo ha hablado conmigo.

-Eso demuestra lo buen hombre que es.

-Y que yo no soy un santo, ¿verdad?

Pero tú tampoco estás para dar lecciones.

¿O es que tú te portaste mejor con él?

Bueno...

Pero no he venido hasta aquí para pelearme contigo.

Ya tuvimos bastante de eso en Nápoles.

-Para pelear hacen falta dos,

y yo estaba siempre sola en casa, ¿te acuerdas?

Porque a mí no se me ha olvidado.

Te pasabas el día entero por ahí, con tus amigos, emborrachándote,

y Cristina, con la relación, la casa, la trattoria...

-Me imagino lo mal que... -No, no te imaginas nada.

Me dejé la piel en esa relación

y tú solo movías el culo para emborracharte con tus amigotes.

-Lo siento muchísimo, Cristina, de verdad, de corazón.

Fui un cretino y un inmaduro.

No supe ver la oportunidad que tú me estabas dando en este momento

de cumplir mi sueño.

-No.

La verdad es que no supiste verlo, no.

Pero mira, no quiero hablar de esto, ¿vale?

-Cristina, fue todo por mi culpa.

Me pudo la responsabilidad

y la única forma que encontré de olvidar los problemas

fue saliendo y bebiendo.

Se me fue de las manos. Perdóname.

-Está bien que lo reconozcas.

-No solo asumo ese fracaso.

También reconozco que lo nuestro no funcionó por mi culpa.

Mira...

Me arrepiento de cómo me porté contigo, de verdad.

Si pudiese volver atrás, lo haría todo de otra manera.

-Pero eso es imposible.

Lo pasado, pasado está.

Y me he dado cuenta de muchas cosas.

Ahora, si no te importa, debo llevar eso a Adela.

-Cristina. -Eh...

-Espera, he venido por ti.

Te quiero, quiero volver a intentarlo.

-Pero ¿estás loco? ¿Tú has oído lo que te he dicho?

-Sé que hay muchas cosas que arreglar entre nosotros,

pero estoy dispuesto a hacerlo todo para que me des otra oportunidad.

Mi vida en Nápoles no tiene sentido sin ti.

-Doménico, yo...

yo no siento nada por ti ya.

Pero es que no sé si alguna vez le he sentido.

Dejar aquí a Paolo fue el mayor error de mi vida.

Y te aseguro que voy a hacer todo lo posible para recuperarlo.

-Eh. -¡Oye, de verdad!

¡Déjame en paz, por favor! -¿Me has oído? Que te quiero.

-¿Que me quieres? ¿Que tú me quieres?

Tú no me has querido nunca.

¿Qué querías, mi dinero? Me querías como una madre, nada más.

Mira, por favor, vete. Doménico, vete.

Vete.

-Ya...

(MÓVIL, CONTESTADOR) "El número marcado no existe.

Compruébelo y marque de nuevo"

"El número marcado no existe. Compruébelo y marque de nuevo"

(CRISTINA) Toma.

Mira lo que te he traído. Verás qué rico está.

Gracias. ¡Ay, Adela!

Pero bueno, mujer, que lo vas a tirar.

¿A qué viene este arrebato?

Porque me dijiste lo que me debías decir

y me pusiste las pilas cuando debías.

Bueno, pero eso es lo que hacen las amigas, ¿no?

No, eso lo hacen las buenas amigas.

O sea que... ¿has hablado ya con Doménico?

Sí, y no sabes lo a gusto que me he quedado, ¿eh?

Porque ha sido como si cerrara el capítulo con él, como tú decías.

Entonces... ¿ya ha quedado todo claro y despejado?

Clarísimo. Mira, no solamente no siento nada por él,

sino que ya no lo soporto.

Es más, si alguna vez sentí algo, que ya ni me acuerdo,

no volverá a pasar.

Tú no eres de término medio, ¿eh?

Pues no.

Me he dado cuenta de cómo es ese hombre de verdad.

Es un engatusador,

que hace y dice lo que sea con tal de conseguir lo que quiere.

(CARLA) "Una pillada en toda regla".

¿Y esto?

Es un libro muy interesante

de las calles del barrio y su historia.

Me lo ha regalado mi amigo Antonio.

Un momento, ¿"mi amigo Antonio"? Sí.

Oye, últimamente tengo unos encuentros muy agradables con él.

Pues sí que te lo tenías callado. Al final te lo pensaste mejor.

Pues mira, me alegro. Por fin te has dado una alegría.

Que no, que no es ese tipo de encuentros, que no.

-No voy a permitir que nada ni nadie ponga en juego...

lo que siento por Paolo, pero nunca más, ¿eh?

Es bonito eso que dices.

Me alegro por ti, Cristina.

Mujer, sé que te alegras,

pero te digo que he visto paredes de hormigón alegrarse más, ¿eh?

¿Qué, sigues sin saber nada de Miqui?

No.

No quería decirte antes porque no quería parecer una desquiciada.

Pero le he mandado varios mensajes y no me ha contestado ninguno.

Bueno, mujer, igual está liado, no sé.

Entre el hospital, su padre...

No.

También lo he llamado unas cuantas veces.

Ayer le dejé un mensaje de voz

diciéndole que estaba preocupada y que me devolviera la llamada...

Y nada.

Y ahora lo he llamado

y no me ha saltado el contestador de voz.

Me ha salido un mensaje de esos que dice que el número de Miqui...

ya no existe.

Uy, qué raro, ¿no?

Tú...

Tú no creerás que le ha pasado algo, ¿no?

-Pero entonces, ¿no ha pasado nada?

¿No ha habido ni un sobeteo ni un morreo...? ¿Nada?

No. Solo somos amigos. Ya está. Bueno, vale.

Yo solo digo que los "solo amigos" no van por ahí regalando libros.

Carla, ya te lo dije, no me atrae.

Pero estoy bien con él, no sé, congeniamos...

Estoy a gusto.

Somos amigos. ¿Y por qué no te gusta,

porque no está bueno?

¿Qué? Hace mucho tiempo que me conoces.

No soy tan frívola.

Y he tenido muchos novios y no todos han estado buenorros.

Puedes preguntar a mis amigas si quieres.

Pero con Antonio no hay piel, no hay esa química.

Y ya me gustaría, porque es encantador.

Si ya sé cómo van esas cosas de los sentimientos.

Los sentimientos son misteriosos.

Pero igualmente yo creo que no estáis en el mismo punto.

Yo creo que vuestros encuentros para él significan otra cosa.

Quizás, sin darte cuenta, le estás dando ilusiones.

Que no.

Lo he hablado con él, y para él también es...

pues eso, amistad, nada más.

Vale, vale. Solo digo que la gente no va por ahí dando regalos, punto.

Me voy a currar, que no quiero llegar tarde.

Vete a currar, anda. Vale.

El caso es que tenemos que pagar una multa por las humedades.

-Ya. Bueno, pues ya se lo diré a papá.

No le va a hacer gracia ninguna. Germán.

Te lo pido por favor, ve con mucho cuidado.

En lo que nos hemos metido es peligroso

y a ti ya te han hecho daño.

Ya. Estate tranquila, mamá, que estoy bien, ¿vale?

Pero tú, además de estar preocupada por mí,

tienes esa cara de tormenta, ¿por...?

No, por nada.

He pasado mala noche, ya está.

Uy... Vamos a ver, mami,

que te conozco como si me hubieras parido.

Qué cosas dices.

Sí, me pasa algo, sí.

Es por Miqui.

¿Miqui? Ajá.

Estaba en Zamora, ¿no? Estaba su padre enfermo.

Sí, pero no he tenido ninguna noticia.

Y cuando digo ninguna, quiero decir ninguna.

Se habrá puesto peor el hombre, no sé...

Sí, eso es lo que yo he estado pensado y...

y es lo que me he estado diciendo hasta ahora.

Pero empiezo a plantearme otra cosa, ¿eh?

¿El qué?

Tu padre.

¿Papá? Sí.

¿Qué tiene que ver papá en esto? Ya intentó quitárselo de en medio

cuando le hice creer que estábamos juntos.

¿No te acuerdas? Que lo mandó a la sierra

con una furgoneta destartalada.

Y con todo lo que le ha pasado con Hortuño, pues...

¿Y si tu padre ha hablado con Velasco?

Guau. No, para el carro.

Eh, hasta papá tiene sus límites.

No estoy yo tan segura, ¿eh?

No sé, mamá.

Siento no apoyar tu tesis,

pero creo que papá no tiene nada que ver en todo esto.

Que ahora mismo sus energías

están en la movida de Velasco. Sí,

pero tiene energía de sobra,

sobre todo para hacerme la vida imposible a mí.

Ya, ya lo sé.

Papá va del rollo de machito ibérico

de: "lo que ha sido mío no lo toca nadie".

Ya lo sé, pero... creo que ahora tú y Miqui le sois indiferentes.

No. Eso no es verdad.

Tú conoces a tu padre, y sabes que esto le pica, y mucho,

y más después de lo que vio.

¿Qué, te haces la misteriosa ahora? ¿Qué leches vio?

A ver, eh...

Bueno, una noche, Miqui y yo...

nos besarnos y...

¿Cómo te digo yo a ti esto?

Vamos, que tuvisteis un calentón.

Y que había una cámara.

Mamá... Ajá.

El caso, el final de la historia, es que...

tu padre se hizo con la grabación y la vio.

Vale. Y crees que después de verla, quiere desquitarse.

Exacto.

¿Entiendes ahora por qué estoy preocupada?

Yo tampoco pensaba que él quisiera hacerle nada a Miqui,

ni se me había pasado por la cabeza,

pero ahora, Germán, es que...

Cada vez conozco menos a tu padre y cada vez me asusta más, ¿eh?

-Hola, hija. (NOA) Hola.

-Siéntate. ¿Quieres beber algo?

Tengo el zumo ese que tanto te gusta.

-No, un vaso de agua solo.

-De acuerdo.

Me alegró mucho que me llamaras.

Cariño, me quedé muy preocupada por lo que pasó ayer.

Me puse muy nerviosa, pero de verdad que no quería ofenderte, cielo,

y tampoco... -Lo sé, mamá. Tranquila.

-Es que...

lo que dijiste ayer de tu padre fue... fue muy grave.

Pero bueno, ya está.

Ya está todo aclarado, ¿no?

Lucía te engañó

y tú mal interpretaste cosas que pasaron hace tantos años...

¿Qué pasa, no dices nada?

-¿Qué quieres que diga?

-¿Quieres... no sé, comer algo? Te puedo preparar un montadito.

-No, de verdad. No tengo hambre, mamá.

-Estás nerviosa, ¿no? Por el psiquiatra.

No te preocupes, cielo, que es un gran profesional, ¿sabes?

Tiene mucha experiencia. Te va a ayudar, ya verás.

-No lo dudo.

-Además, ha sido muy amable, ¿no crees?

-¿Por qué, por atenderme en casa?

-Claro. Así, todo va a ser menos frío.

Para ser la primera vez, está muy bien que sea en casa.

-Espero que también sirva para algo.

-Claro que sí, cielo.

Que hayas aceptado verlo es un gran paso.

(Timbre)

Debe de ser él.

Hola. ¿Héctor? -El mismo.

-Bueno, yo soy Rosa. -Encantado.

-Pase.

Ella es Noa, mi hija.

-Hola, Noa. ¿Qué tal? -Hola.

-Rosa, igual es mejor que Noa y yo hablemos a solas.

-Sí, claro, claro, por supuesto.

Yo me voy a hacer unos recados. -Bien.

-Hasta luego.

-Siéntate, por favor. -Claro.

(Tacones acercándose)

-Hola.

Ay, hola, Lorena.

Quería hablar contigo, pero no sé si estás muy liada.

En realidad es una cosita pequeña.

No, no, de verdad. Dime.

Es que te veo ocupada. ¿Prefieres que venga...?

No, de verdad, si ya estaba terminando.

Tranquila. Dime.

Eh...

Jorge me ha contado que habéis estado hablando.

Me ha dicho que...

lo has ayudado mucho en todo esto y le has dado muy buenos consejos.

Jorge y yo hemos vuelto.

Me alegro mucho por los dos. Qué bien.

Pues quería darte las gracias.

Porque no tenías por qué haber hecho eso,

teniendo en cuenta nuestra relación

después de lo que pasó con el tema de Adela y mi hermano.

Yo he estado muy, muy, muy enfadada contigo, y...

Imagino.

Pues quería pedirte disculpas.

No hace falta. Sí, sí hace falta, sí hace falta.

Sé que lo que hubo entre Jorge y tú fue muy importante.

Por eso valoro todavía más lo que estás haciendo.

Tú hubieras hecho lo mismo, seguro.

No te creas.

Bueno, Celia, que...

si tú quieres, espero que esto pueda ser...

Ya sabes lo que dicen, el comienzo de una buena amistad.

Pues claro que sí.

Lo que necesites, ya sabes dónde estoy.

Pues mira, te voy a tomar la palabra.

Venga. Te quiero hacer unas preguntas.

Sí. Eh...

Es que tengo muchas dudas, Celia, entonces...

Ya sé que no es lo mismo,

pero pienso en todas las cosas que tendré que cambiar

si al final me quedo embarazada, por ejemplo mis hábitos, ¿no?

Estar todo el día de pie en el bar... No sé.

A ver, si es al final del embarazo y hace mucho calor,

seguramente tengas que pedir la baja.

Tendrás que irte a casa, poner los pies en alto

y el aire acondicionado, a todo trapo, ya te lo digo yo.

Madre mía, qué rollo. ¿Tú lo hiciste?

Es que yo engordé el doble de lo que me dejaba la ginecóloga.

Estaba que no me podía ni mover. ¡No!

¿Qué dices? Tenía los tobillos hinchadísimos.

Hola, cariño.

Ay, David, perdóname. Seguro que comes tarde por mi culpa.

Es que he estado entreteniendo a tu madre, lo siento.

-No, no creo, aún son las 14:30.

Necesito el ordenador.

Cariño, al final no he podido terminar.

Te lo devuelvo esta tarde, ¿vale? Estás hablando con Lorena.

No lo estás usando. Vale.

Primer consejo:

trabaja la paciencia de tus hijos para poder mantener la tuya propia.

Elías.

Contigo quería hablar.

Se me ha hecho un poco raro no verte en la reunión.

Eh... Sí, porque tenía jaleo.

Pero no te preocupes, sé lo que ha pasado.

Otra multita, ¿no?

Precisamente de eso quería hablarte.

Ya sabes que hay muchos propietarios

asfixiados con lo económico... Sí.

He pensado que los que menos problemas económicos tenemos

podemos... echar una mano.

Que pongamos nosotros todo el dinero, me estás diciendo.

Sí, justo, y luego, cuando las cosas se calmen y todo esté bien,

la asociación nos puede devolver el dinero.

Bien, me parece buena idea.

Lo hablamos en la próxima reunión, ¿eh? Venga.

Una cosa más, que no he terminado. Lo de mi hermana.

¿No? Que lo habéis dejado.

Bueno, pues muy bien.

No te digo que lo siento porque no es así.

Nunca me has gustado como novio de mi hermana.

Ya están las cosas claras, ¿no?

¿Podemos seguir cada uno por su lado?

Sí. No era eso lo que quería comentarte, pero...

agradezco mucho tu sinceridad. Bien.

Lorena y yo hemos vuelto y nos vamos a vivir juntos.

Pero mira, de hombre sincero a hombre sincero,

ya aprovecho para decirte que tú tampoco me gustas una mierda.

Y que me alegro mucho

de que tu hermana no haya salido a su hermano mayor.

Ahora sí, buen día.

¿Tú qué? Podrías ser un poco más discreto, ¿no?

-A mí no me pagan por eso.

Bueno, ya has terminado, ¿no?

Toma las llaves de la furgoneta. Tira.

No te quiero ver por el mercado, ¿estamos?

No te quiero ver merodeando por aquí.

Oye, ¿podrías venir a llevarte la furgoneta al garaje, por favor?

Bueno, pues sin favor. Vienes a por la furgona y punto.

-¿Tan mal está? No lo puedo entender, de verdad.

No puedo entender... ¿Por qué está así? ¿Por qué?

-Tranquila, Rosa.

De momento no es concluyente, pero...

sí que hay indicios de que Noa no está bien.

Os dejo solos para que habléis.

(NACHO) Te agradecemos lo que has hecho por nosotros y por Noa.

-Venga, Nacho, nos vemos pronto.

(NACHO SUSPIRA)

-Esquizofrenia paranoide...

-Venga, cariño.

Ya has escuchado al doctor.

No hay nada concluyente. Tiene que seguir evaluándola.

-Pero ¿cómo no he visto yo esto, Nacho?

¿Qué clase de madre soy?

-No.

La culpa es mía.

Soy el único que tiene familiares

con antecedentes de enfermedades mentales.

Debí darme cuenta

de que Noa tenía reacciones muy parecidas a las de mi tía.

-Venga, no digas eso. Tú qué ibas a saber.

-Mira, Rosa, ahora no tiene sentido ni va a servir para nada

que nos echemos la culpa

ni que nos preguntemos si deberíamos haberlo visto o no.

La realidad es que nuestra hija está enferma.

Y no va a ser fácil que lo asuma.

Así que ahora lo importante es que estemos juntos más que nunca

y que le demos todo nuestro apoyo.

-Ay, Dios mío.

-Qué raro, ¿no? ¿Lorena? ¿Ahora?

Tampoco habéis sido muy amigas vosotras dos, ¿no?

-Ahora sí. De repente parece que son muy amigas.

-Ay, Dios mío.

Carmen. -¿Eso es?

-Dinero.

-Quiero recuperar a Cristina.

-Porque crees que va a caer en tus brazos.

-He localizado el desguace donde me dieron la paliza.

-Ya tenemos una pista. ¿Lo sabe tu padre?

¿Qué pasa? Que no soportas verme feliz, ¿verdad?

Y menos con un tío como Miqui.

Dime qué le has hecho.

Le he dicho a Lorena que sí, a todo.

A vivir con ella, al hijo...

¿Noa va a un psiquiatra? No lo sabía.

-Él cree que puede tener esquizofrenia paranoide.

Manuel tenía un secreto y no lo compartió conmigo.

Y es muy probable que ese secreto sea la causa de su muerte.

Igual no lo conocías tan bien como pensabas.

-¿Qué es esto, una encerrona?

Pues mira, conmigo no contéis.

-Espera, Noa. -¿Qué haces? Anda, quita.

-Espera. -¡Que me dejes!

A Velasco le ha desaparecido el dinero, unos 100 000 euros.

-¿Y si lo ha encontrado alguien y se lo ha llevado a la Policía?

Pues ojalá que no.

Porque entonces, tenemos un problema, papá.

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Mercado central - Capítulo 155

07 may 2020

Noa es convencida por Samuel y Jonathan para ir al psiquiatra que le han buscado sus padres. El diagnóstico deja a Rosa destrozada.
Velasco se compromete con Celia a averiguar a quién corresponde el número de teléfono al que Manuel llamó repetidamente el día de su muerte. Celia le deja claro a Carla que no quiere una relación sentimental con Velasco.
Lorena y Jorge vuelven a ser pareja, vivirán juntos.
Cristina zanja su tema sentimental con Doménico.
El inspector del ayuntamiento multa al mercado por el estado de sus almacenes.
Forzado por la presencia policial, Toni guarda en el mercado el dinero de la droga.

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