Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.30 horas

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No recomendado para menores de 7 años  Mercado central - Capítulo 153 - ver ahora
Transcripción completa

Papá, te lo puedo explicar. ¿Qué me tienes tú que explicar?

Hortuño se enteró de mi posición

como presidente de la asociación de comerciantes del Mercado,

me ofreció un negocio y me presentó a Velasco.

Y tú le dejaste que se saliese con la suya.

Velasco es un tipo peligroso, peligroso de verdad, ¿eh?

No se le puede decir que no.

¿Se lo has contado? -No hemos tenido más remedio.

No ha servido para nada.

No es solo que no nos va a ayudar, sino que está más cabreado.

Le ha pegado a mi padre...

(SUSPIRA) ¡Dios!

No sé cómo vamos a salir de esta, de verdad, Javier.

No tengo ni idea. -Tranquilo.

¿Vale? Todo va a salir bien.

-¿Se lo dirás a tu madre? -Sí. En casa.

-No, Noa, espera.

No puedes decírselo a tu madre.

No sabemos cómo puede reaccionar Nacho.

Y no tenemos ni pruebas.

-No me lo puedo callar más.

-Pensaba que podíamos ser algo más que amigos.

-Ah, ¿como novios?

¿Y si nos hacemos daño?

-Ya nos hemos hecho todo el daño del mundo, Carla.

Ya está bien, ¿no?

Ahora solo nos queda disfrutar.

-No me voy a poder quedar al turno de la cena.

-Pero ¿ha pasado algo, Rosa?

-Bueno, es un problema familiar, pero... va a ser imposible.

-Yo me puedo quedar, termino en un rato en el puesto.

-Cristina, muchísimas gracias. -Nada.

Te debo una.

-¿Es la grabación de la cámara de seguridad?

¿Cómo la has conseguido? Eso da igual.

Lo importante es que ahora nadie tiene acceso a ella.

Pues no me importaría volver a verla.

(Mensaje)

(CRISTINA RÍE)

Mamá, papá está enfermo.

-No, eso es lo que quiere Lucía que tú creas.

-Que no se lo ha inventado, lo he visto yo con mis propios ojos.

¿Por qué no me escuchas? ¿Por qué no me crees?

-Porque él mismo me lo ha dicho.

-Es mejor que cada uno siga adelante por su cuenta.

No, no, no. No.

Tiene que haber otra solución.

Ojalá.

-¿A cuántas niñas has violado? -Oye, basta ya, Noa, por favor.

-No, no basta ya.

No me voy a callar hasta que admita lo que ha hecho.

-Basta ya, Noa.

Basta de hablar así de tu padre, ¿entiendes?

Se te tenía que caer la cara de vergüenza.

¿Cómo puedes pensar algo así?

-Es de Natalia.

Papá lo tenía guardado entre sus cosas.

Ya, si quieres tú, le preguntas.

(Móvil)

(Móvil)

(Móvil)

¿Qué hace este aquí?

¿Le habéis contado algo?

-Estate tranquilo, mi hijo no ha soltado ni prenda.

A partir de ahora, si quieres negociar con nosotros,

tendrás que hablar conmigo.

Si queremos salir ganando todos,

tenemos que empezar a comportarnos como empresarios serios

y no como mafiosos de pacotilla.

-Espero no tener que arrepentirme por eso.

-Ni yo tampoco.

(Timbre)

¿Qué pasa? ¿A qué viene este alboroto?

No cogías el teléfono.

Y tu nieto estaba preocupado.

Pues estoy perfectamente.

Muy bien.

También quería darte las gracias

por... lo bien que has manejado la situación hoy con Velasco.

Lo he hecho por la familia, no por ti.

-Papá ha cometido errores. -¿Errores?

Esto va más allá de los patinazos a los que nos tiene acostumbrados.

Por su ambición

y sus ganas de traicionarme,

se ha precipitado asociándose con ese mafioso.

Te has confiado demasiado, como un principiante.

Y ahora tengo que aguantar no solo a un hijo que me la juega,

sino también arreglar las consecuencias de sus cagadas.

Y también de tu cabezonería. -Sí.

Tengo yo la culpa de este desastre. Pues algo sí.

Si yo me he metido en esto,

en la boca del lobo sin darme cuenta,

lo he hecho huyendo de ti, de tu humillación.

No me vengas ahora con lloriqueos. Lloriqueos no.

Llevo años trabajando en la empresa, sacándola hacia adelante,

y no dejas de tratarme como a un empleado.

-Calmaos, por favor. ¡No me calmo!

He recibido antes el respeto de Hortuño que de mi padre.

-¡Hay que ganárselo!

-Ya es suficiente. ¿Qué pasa?

¿No llevo años dirigiendo la empresa?

-Como empresario, lo has hecho muy bien,

pero nunca has sido un hombre de verdad.

Si estabas harto de vivir a mi sombra,

podías haberte largado y montártelo por tu cuenta, pero no,

no lo hiciste, nunca has tenido agallas.

Te quedaste en la empresa que yo levanté

para robármela

a costa de la traición a la familia y a todo el Mercado.

¿Lo ves? Es que lo reconoces.

Jamás me has respetado.

¡Siempre has sido una sanguijuela sin escrúpulos!

Y tú, el peor padre que un hijo puede tener.

(Portazo)

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Toma, te sentará bien.

-Gracias.

-Es tarde.

Vamos a la cama, nos vendrá bien descansar a los dos.

-¿Por qué has conservado el anillo de Natalia

todo este tiempo?

-No sabía que era suyo.

Pensé que era de Noa.

Lo encontré hace años en el fondo de un cajón

y lo guardé en mi caja de recuerdos.

-Si pensabas que era de ella, ¿por qué no se lo devolviste?

-Ya era una adolescente, pensé que no lo querría.

Así que lo guardé.

-De pequeña, le encantaban los anillos.

-Anda, no le des más vueltas.

-No lo puedo evitar.

Es que no entiendo

cómo se le ha podido pasar por la cabeza una cosa así.

¿Cómo ha podido pensar que... que tú...?

-Noa está terriblemente confundida.

Demasiada gente ha intentado engañarla.

Primero, Lucía.

Que solo buscaba destruirme.

(CHASQUEA LA LENGUA)

Y luego está esa historia monstruosa de Natalia.

-¿Y por qué le habrá comentado una cosa así Natalia?

-¿De verdad piensas que ha hablado con ella?

-¿Qué quieres decir?

-Pues que se lo ha inventado todo.

-Pero ¿por qué se iba a inventar una cosa así?

-Pues, como siempre, Rosa, para interponerse entre nosotros.

-Pero es que todo lo que ha contado Noa es verdad.

O sea, Natalia desapareció, Nacho,

después del viaje que hizo con nosotros a Buitrago,

desapareció, así,

sin decir nada.

-Bueno, sí que hubo una explicación.

¿Recuerdas como siempre tenía que andar con mucho cuidado

para que no pareciera que le prestaba más atención a Natalia?

Noa siempre tenía muchos celos.

No le podía hacer ni el más mínimo caso a su amiga.

-Bueno, ya, cariño, pero eso eran chiquilladas de críos.

-Pero, en Buitrago, la cosa fue a más.

No... Mira, no recuerdo exactamente el motivo,

pero Noa se enfadó más de la cuenta

y... estuvo a punto de pegar a Natalia.

-¿En serio? -Tuve que separarlas.

-¿Y por qué no me lo contaste?

-Pensé que era una chiquillada sin importancia.

Pero está claro que, para ellas, fue algo más que eso.

Y, en el caso de Noa,

puede que el síntoma de algo mucho más grave.

-¿A qué te refieres?

-¿No te das cuenta?

Noa está haciendo lo mismo contigo.

Los celos que tenía con Natalia son los mismos que tiene contigo.

Cree que le estás robando

una atención y un cariño que deberían ser para ella.

-Eso no tiene ningún sentido, cielo.

Siempre nos hemos volcado con ella.

-Para alguien así, nunca es suficiente.

Por desgracia, no es la primera vez que lo veo en mi familia.

¿Te acuerdas de mi tía Marta?

-¿Tu tía Marta? -La hermana de mi madre.

La actitud de Noa me recuerda mucho a ella.

Empezó reclamando atención por todo

y, poco a poco, comenzó a atacar a todo el que no se la daba,

inventándose historias rocambolescas que ella misma acabó creyéndose.

Hasta que acabaron diagnosticándole una enfermedad mental.

Esquizofrenia paranoide.

-Pero ¿estás insinuando que...

que Noa puede tener una enfermedad? -Rosa.

No lo sé, no lo sé, supongo que no. -Claro...

-Pero... -Claro que no, Nacho.

-No sé. -Nos hubiéramos dado cuenta.

-Pero piénsalo un poco, Rosa. -¿Qué quieres que piense?

-Si analizamos el comportamiento de Noa

en los últimos años, es la única explicación.

-Por favor, ¿qué estás diciendo? -Todas las peleas.

Las continuas peleas.

Su huida de casa, su repentina vuelta.

Las historias que se inventa.

Rosa, por mucho que nos duela,

creo que tenemos que contemplar esa posibilidad.

Porque, si Noa está enferma,

como padres, tenemos que ayudarla.

(ROSA SUSPIRA)

¿Y cómo podemos saber si eso es realmente así?

-Hay que conseguir que vaya a un psiquiatra.

-Ah, no, Nacho.

-Y, cuanto antes, mejor.

-Oh, por Dios.

Hola. Hola.

¿Qué? ¿Estás muy liada?

Un poquito, he llegado tardísimo y me toca abrir a mí.

Seguro que es por una buena razón.

No te digo yo que no.

Si ya me fijé ayer,

que os ibais y ni habíais tocado las cañas.

La verdad es que teníamos prisa por llegar a casa.

¿Y?

Todo lo que te cuente es poco, Cristina.

No hemos pegado ojo en toda la noche.

Es incansable.

Lo que tiene la juventud.

Bueno, eso y...

y la química que tenemos.

Es que es inexplicable.

Me toca y es que no podemos parar.

Parece que he vuelto a los 18.

Mira que tenía dudas al principio.

Pero es que ahora todo va tan bien que... se me han quitado los miedos.

Que estoy lanzada.

Estar con alguien después de años con pareja es un subidón.

Ya, pero no solamente es por el sexo, es que...

Es que tenemos una conexión muy especial Miqui y yo.

Y mira que...

Soy consciente de la diferencia de edad.

Mmm.

No te estarás planteando nada serio, ¿no? No querías nada formal.

A ver, Cristina, no sé.

Pero, bueno, tampoco me parecería tan descabellado.

Hay que estar con la mente abierta y dejarse sorprender, ¿no? Como tú.

¿Yo qué? A ver.

Que ya he visto yo que cada vez estáis mejor Paolo y tú.

Si te pasas la vida en la pizzería.

Pues sí, las cosas van muy bien, pero...

Yo no quiero que se estropee.

Y que no lo digo por mí.

Ayer, cuando estaba en la pizzería, me llamó Doménico.

¿Y ese a qué te llama?

Pues no lo sé, no le contesté.

¡Ah! -Mira, mira.

Mira, cuidado. -No, que nos la vamos a pegar.

-No, no... Se ha descontrolado. -¿Qué dices?

-Tienes que encontrar el botón. -Pero ¿qué botón?

-El de emergencia.

O esto se embala y la liamos. -¿Qué botón? ¿Este?

-Lo has encontrado al final.

No te ha costado tanto.

-¿Sabes qué pasa? Todos tenéis el botón en el mismo sitio.

-Sí, un poquito, sí.

-Voy a hacer café. -Muy bien.

Oye.

No los habremos despertado, ¿no?

-Qué va. Se han ido supertemprano, ¿no te has dado cuenta?

-Me he tirado la noche sobando como si me hubieran dado un palazo.

Me dejaste roto.

-Si no te he contagiado esta noche, eres inmune de por vida.

-Me parece que yo ya lo era.

-Pero ¿no decías que tu madre...? -Una estrategia para que no te viera.

Lo hace para protegerme, pero ya no soy un niño.

Voy a estar contigo, debe respetarlo. -Bueno, bueno.

No tienes que decírselo ya.

-¿No quieres ver su cara cuando se entere?

-Sí, me encantaría verla,

pero quiero disfrutar de esto nuestro

sin tener a tus padres encima todo el rato, ¿sabes?

-Esperamos el tiempo que tú necesites.

-Eres un sol.

-Y tú una luna.

-Un sol enorme.

-Ay, verás tú.

Que no, que no quiero saber nada de él.

Lo quiero lo más lejos posible de mi vida.

Bien.

(Móvil)

¡Uh!

Pensé que lo invocábamos.

Anda, mujer.

(Móvil)

¿Sí?

¿Mario?

Ah, hola, sí.

Sí, dime.

Sí, puedo hablar.

¿De qué puesto se trata?

Ah, ah, sí, sí.

Paolo ya me comentó, pero se ve que apuntó mal la fecha.

Sí, claro que me interesa, sí.

Vale, quedamos en eso.

Adiós.

¿Quién era?

Mario.

Un amigo de Paolo

que le mandó ayer un mensaje de un trabajo para mí.

Y no me dijo nada.

Bueno, mujer, se le pasaría.

Sabes que Paolo es muy despistado. No. Sabes por qué no me lo dijo, ¿no?

No. Quiere fastidiarme.

Anda, anda, mujer, no digas eso.

Se ve que está resentido.

¿Y qué tipo de trabajo es?

En una empresa de Guadalajara de embutidos.

¿En Guadalajara?

A ver, Cristina, Paolo no quiere fastidiarte.

Es justamente lo contrario, piénsalo bien.

No quiere que te vayas de Madrid.

¿Tú crees?

Hace lo mismo que tú, ¿no lo ves?

¿Por qué no le has dicho que te ha llamado Doménico?

Porque no quieres poner en riesgo vuestra reconciliación.

Ojalá fuera así, pero...

Paolo no se anda con estrategias. Si te quiere decir algo, te lo dice.

Mírala ella, qué bonita.

¿Un hombre te dice lo que siente?

Bueno, visto así... Hazme caso.

Él quiere estar cerca de ti para volver.

Y no hay más explicación.

(Puerta)

Huy, huy. (SAMU CARRASPEA)

¡Hola! ¡Uh! Perdón, perdón, perdón, perdón.

-Perdón, perdón, perdona tú,

que... que... Ah.

Samu se quedó a dormir. -Me quedé.

Sí, ya veo que se ha quedado a dormir.

Estamos juntos.

Ah, qué bien, enhorabuena.

-Si es que no sabía que vendrías.

Se me ha caído el móvil y se ha roto.

Está destrozado.

De la manera más tonta, no te pienses.

¿Recuerdas dónde estaba el móvil de Manuel?

Sí, estaba en un cajón de estos. Sí, ¿verdad?

-Oye, ¿está muy mal el móvil?

Sí, mira, toma. Madre mía, pero ¿qué has hecho?

¿Lo has tirado contra el suelo?

Parece que le ha pasado un tractor. ¿Crees que se puede arreglar?

No sé, está hecho un cuadro, ¿eh?

Arreglar se podrá, pero te cobrarán un ojo de la cara.

Sí, hombre, lo que me hacía falta ahora.

-¿Es este? Ay, sí.

Sí, sí, es este, a ver.

(Teclas y pitido)

¡Mierda!

-¿El pin?

Es que no era mío, era de Manuel.

Ya intenté desbloquearlo en su día. -Sí.

¿Ahora qué hago?

-Yo igual te lo puedo desbloquear. ¿Tú puedes?

Un poco de tiempo me llevará,

pero menos que si llevas esto a arreglar.

Oye, pues muchas gracias. Toma.

Cuando lo tengas, ¿me lo das? Claro.

-Espera.

Pilla el mío antiguo, de momento, para no quedarte incomunicada.

Gracias, cariño.

-Entonces, que me entere, ¿lo desbloqueo o no?

Sí, siempre viene bien tener uno de repuesto.

Cuando lo tenga, te lo llevo.

Muchas gracias. De nada.

Pues...

A ti por venir.

No sé si te has dado cuenta, tienes la camiseta del revés.

¿Sí? Sí.

Como te vea David,

le puede dar un síncope.

Ya, ya. Ya.

Hasta luego. Chao.

-Dios.

Rosa, ¿qué hay, hija? Buenos días.

¿Qué tal, Adela?

¿Quieres que te ponga un café? No, gracias.

Esta mañana no podía tirar de mi cuerpo,

me he tomado dos y me subo por las paredes.

Oye, ¿te has enterado de lo de Arturo?

¿El de la pastelería de la calle San Martín?

No. Le han entrado a robar esta noche.

¿Qué me dices? Sí.

¿Y le han quitado mucho?

Sí, el ordenador, dice que tenía dinero en la caja,

y los destrozos, vamos, una faena.

Madre mía, de verdad.

Pues la semana pasada intentaron entrar

en la administración de lotería de la plaza.

Seguro que son los mismos.

No me extrañaría nada, vamos.

Pero, como tengamos que esperar a que el Mercado haga algo,

vamos apañadas, sobre todo, los que damos a la calle.

Javier me dijo que iban a poner más policía por aquí por el barrio.

Yo voy a poner una alarma y voy a cambiar las cerraduras.

Paolo debería hacer lo mismo.

Oye, Rosa, ¿estás bien?

Sí, estoy perfectamente. Mira que no quería preocuparte.

Tranquila, yo ya vengo preocupada de casa.

¿Por qué? ¿Qué ha pasado?

Bueno, nada, lo de siempre, cosas de familia.

Rosa, entonces me lo puedes contar.

Ya sabes que, aunque no esté con Elías,

para mí sois mi familia, ¿o es que no te acuerdas?

Claro que sí. Muchas gracias.

Déjame adivinar.

Nacho y Noa, se han tirado los trastos a la cabeza.

Exacto.

Natalia, sé que no quieres remover más todo esto, ¿vale?,

pero necesito que lo hagas.

Tienes que contar lo que te hizo mi padre.

A mí ya no me cree ni...

Es que te juro que no sé qué más hacer.

Por favor, llámame cuando escuches todo.

-¿Qué? ¿Sigue sin responder?

-Ya no sé ni cuántos mensajes le he dejado.

-Le has contado lo que pasó anoche, ¿no?

-Sí, por eso tengo que hablar con ella ya.

Cuanto más tiempo pase,

mi padre le dará la vuelta a todo y...

Seguro que le está comiendo la cabeza a mi madre.

-No creo que consiga manipularla esta vez, ¿no?

Le dejaste el anillo como prueba.

-¿Y eso qué?

No tengo ninguna prueba de que mi padre lo guardara.

La que puede hacerle ver la verdad a mi madre es Natalia.

-Ya, pero no podemos obligarla a que declare si ella no quiere.

-Pues la llamaré hasta que me lo coja.

-Eso no me parece buena idea.

Esto es muy "heavy" para ella.

No hace falta. -Bueno.

Para mí también es "heavy".

Es mi padre. -Sí.

Pero no compares.

Natalia fue víctima de Nacho, normal que no quiera revivirlo.

Además, que no,

cuanto más la presionemos, más se va a rayar.

-¿Y qué mierda hago?

¿No hacer nada

mientras mi madre vive con un pederasta?

-Bueno, habla bajito, tía.

Podemos buscar otro camino. -Que no.

-Un café. -No hay, ¿no me escuchas?

Voy.

-Eh.

¿Qué le pasa a Noa?

-Nada, tío, está... está rayada.

Anoche le contó todo a su madre, pero...

-Joder. -...no la creyó y encima Nacho

le ha dado la vuelta a todo, como siempre.

-Qué asco, tío.

-No sé, tío, está... está muy destrozada.

Me da miedo que cometa alguna locura.

-No, no digas eso, Jona.

-Tenemos que hacer algo.

-¿Qué hace la florista más guapa del mundo?

Ah, pues ya ves.

Besar al hijo más adulador del mundo.

¿Qué tal con Miqui?

Estás contenta con él, ¿no?

Sí, ¿por qué lo dices?

Bueno, porque se nota.

Entonces no... no has oído ninguna historia por ahí, ¿no?

¿Historia sobre qué?

Que no te han contado nada, ¿no?

No, no me han contado...

Es... espera.

No.

(RÍE)

¿Te estás tirando al mozo? Sh.

¿En serio? ¿No era una mentira para picar a papá?

No grites tanto, te va a oír todo el Mercado.

Que me oigan, es para que lo escuchen.

Te has colgado una medallita.

¿No te parece mal?

¿Mal que te hayas tirado a ese chulazo?

Que me muero de envidia. Sh.

¿Has visto qué espalda, qué brazos? ¡Germán!

Que... ¿Y cómo...?

Mamá, a mí me lo puedes contar.

Germán. -Adela.

Hay una furgoneta bloqueando el muelle, ¿de quién es?

¿Por?

Me tienen que traer género y no pueden.

No lo sé, pero pregunta ahí fuera, ¿no?

Uf.

-¿Qué pasa?

-Hay una furgoneta bloqueando en el muelle.

-Sí. -¿De quién es?

-De Encarna, le dije que la quite.

-Que se dé prisa, me tienen que descargar género.

-Ya se lo he dicho, no seas ansias.

(CARMEN RESOPLA)

Papa. -Oye, Samu.

Que he estado mirando el teléfono y tiene línea.

-Ah, pues... me habré equivocado.

-¿Cómo te vas a equivocar?

O tiene línea o no tiene, no tiene más misterio.

-Ya, ya, ya.

-Amigo.

Vale, vale, vale.

Todo esto era una excusa, ¿no?

-Quería estar un momento a solas contigo.

-Quieres decir sin tu madre.

-Sí. -Vamos a ver, Samu.

¿Qué has hecho ahora? -No he hecho nada, si es bueno.

-No si tu madre no lo puede saber. -Hombre, sí.

Confía en mí. Es buenísimo. -Venga, va.

Sorpréndeme.

(SAMU CARRASPEA) A ver.

Carla y yo volvemos a estar juntos. -No.

-Sí. -No, no, no, no, Samu.

¿Tú estás loco, chiquillo? Vamos a ver.

¿No te cansas de tropezar una y otra vez en la misma piedra?

-Esa piedra es Carla y la quiero.

-Vale, me parece muy bien.

Pero acabáis sufriendo los dos. -Que no.

-Eh, eh, ¿qué pasa aquí?

-Tu nieto, que vuelve con Carla.

-Papá. -¡Ay!

¡Ya era hora!

-Pero, bueno, ¿cómo que ya era hora?

-Estaba claro que iban a volver.

Están hechos el uno para el otro.

-Muchas gracias, abuela.

No me puedo quejar, pero no te voy a dar más detalles.

Mamá, qué aburrida eres.

Lo bueno de liarse con un tío así es contarlo.

Sí, no te digo yo que no,

pero que... que Miqui tampoco es solamente un lío.

¿Que... estáis juntos?

Te parece raro, ¿verdad?

¿Raro? No, no. ¿A ti te hace feliz?

Sí, me hace feliz, mucho.

Ya me he dado cuenta.

Déjate de coñas. Perdón.

Que no te digo nada. Perdón.

Lo que quiero decir es...

¿No te parece que hago el ridículo con alguien tan joven?

Podría ser tu hermano.

Ay, mamá, ¿qué más da eso?

Las cenas de Navidad serán más divertidas.

Oye, no te digo nada más. No. Perdón, perdón.

Es que es muy bueno.

Si sé que te vas a reír de mí, no te digo nada.

Oye, no me estoy riendo de ti.

Al contrario, si a mí me flipa verte así.

¿Así cómo? Pues así, feliz.

Mamá, radiante, que estás sonriendo todo el día.

Estás de buen humor. Lo ha hecho Miqui. Eh.

Eso es lo único que importa.

Además.

Mírate, estás estupenda.

Eres un pibón, la edad ni se nota.

Ibas muy bien, ¿eh? Mamá.

Lo que importa es cómo te sientes tú. La edad es un número.

¿Quieres un consejo? Dime.

Disfruta todo lo que puedas y a la gente que le den.

Muchas gracias. De nada.

Pero, vamos a ver, ¿cómo van a estar juntos con lo que ha pasado?

-Precisamente por eso,

hemos superado todo lo que ha pasado y ahora va a ir mejor.

-Bueno, eso no lo sabes. -Son mayores para saber lo que hacen.

-Eso.

Así que ya podéis dejar de inventaros cosas para que no estemos juntos.

-Yo no me he inventado nada. -No.

Y lo de la varicela, ¿qué?

¿De verdad pensabais que me ibais a alejar así de Carla?

¿Eh?

-No tengo que ver, es cosa de tu madre.

-Ah, bueno, sí, la que dice que me quiere más que nadie.

Podéis empezar por respetar mis decisiones, tú también.

-Oye, no, en eso puedes estar tranquilo.

Yo te voy a apoyar en todo, ¿vale?

Pero te tengo que advertir que no será fácil.

-Bueno, si eso lo sé el primero.

Pero ya no hay ni secretos ni mentiras.

Seguro que esta vez va a funcionar, ya verás.

-Bueno, si estás seguro...

-No he estado más seguro de nada nunca.

-Yo lo que quiero es que seáis felices.

-Ahora solo falta que lo entienda tu madre.

-Bueno, igual de momento mejor... que no se entere.

-¿Mmm? -No.

No le puedes ocultar una cosa así.

-Ya, pero acabamos de volver y está todo un poco delicado.

No me apetece que mamá esté encima. -¿Y qué pretendes?

¿Que hagamos como que no lo sabemos?

-Papa, van a ser unos días.

O unas semanas.

-Solo hay una cosa que a tu madre le puede sentar peor que esto:

que se entere por otro.

-No se tiene que enterar si no decís nada.

-Yo seré una tumba.

-Vale, ya está, no le contaré nada.

¿No has terminado el inventario?

Estoy en ello ¿o no lo ves?

Y no creo que estés en posición de exigir nada.

Escúchame una cosa: las cosas se han hecho

bien, mal o regular, pero el negocio no se puede descuidar.

Sí, pero el jefe soy yo.

Así que no me vuelvas a preguntar lo que hago o dejo de hacer.

¡Y limítate a obedecer!

¡Y tú trágate tu orgullo! -¿Os podéis callar de una vez?

¿En serio tenéis que liarla hasta en el Mercado?

No me creo que sea el más sensato.

La culpa es de tu abuelo. Me da igual de quién sea.

Lo único que importa es que nos estamos jugando el cuello

y no es momento para discusiones.

Y menos delante de todo Dios.

Soy perfectamente consciente, ¿eh?

Pues nadie lo diría.

O no estarías poniéndole las cosas tan fáciles a Velasco.

Y hablo por los dos.

-¿Cómo que ponemos las cosas fáciles?

-Solo hay que veros, abuelo.

Seguro que le encantaría saber

que os falta tiempo para mataros.

Así, él se ahorra trabajo.

La única manera de acabar con Velasco es hacer piña los tres.

Yo entiendo que tengáis

muchas mierdas que solucionar, pero no es el momento.

Lo podemos perder todo.

¿Os ha quedado claro esto?

Que lo podemos perder todo.

Los negocios, las casas, los puestos, el Mercado entero, nuestras vidas.

Que no es un juego, ¿eh?

Esto no es un juego.

¿Nos podemos concentrar

en buscar una solución para acabar con Velasco

de una puñetera vez por todas?

Y, luego, como si os queréis sacar los ojos.

-Germán tiene razón.

Tenemos que aparcar nuestras diferencias.

Pero que quede una cosa clara.

Aquí, el que manda soy yo.

Mira... -Papá está de acuerdo con eso.

Papá está de acuerdo con eso. -Ah.

Estupendo.

Pues, ya que todo está claro,

vamos a ver cómo acabamos de una vez con este cerdo.

Muy buenas, buenos días, ¿qué tal?

Hombre, Antonio, buenos días.

Perdona, tengo una reunión ahora en la revista.

Me han llamado para otro encargo. Ah.

Pues no se te ve muy ilusionada con el tema.

Sí.

Lo que pasa es que me gusta la actualidad.

Este encargo es sobre la historia del barrio.

Necesita documentación, tedioso... Ya.

Si quieres, puedo echarte una mano. Ah, ¿sí?

Sí, porque me encanta la historia, sobre todo, la de Madrid.

Tengo una colección de libros sobre los barrios de Madrid.

Un volumen para cada barrio, ¿sabes?

El origen del nombre de las calles, edificios emblemáticos... Esas cosas.

Pues te lo agradezco un montón, me va a venir muy bien.

Si quieres, puedo ir a buscarlo ahora.

Y te lo traigo cuando acabes. No.

Mejor mañana, que luego he quedado con el perito.

¿Qué perito? El del seguro.

Hoy he estado moviendo unas cajas en los almacenes

y tengo humedad.

Pero terrible, llega hasta la mitad de la pared.

Y hay mucho moho. Y no soy la única.

¿Los almacenes del Mercado tienen humedades?

Sí. Es que estuvimos haciendo

una reforma en la cubierta del tejado.

Hubo filtraciones.

Y luego ha llovido, así que ha empeorado.

Espero que no sea tan grave y que se solucione.

No sé, todavía no hemos recuperado el dinero de la inversión.

Y tenemos que arreglar los almacenes.

Por eso he llamado al seguro, a ver si me hace un apaño.

Claro. Ay, perdóname, Antonio, lo siento.

Siempre termino contándote mi vida, lo siento.

Me tengo que marchar. Vale.

¿Me das el libro en otro momento?

Claro, claro.

Venga. Que vaya bien la reunión.

Gracias, hasta luego.

¿Me estás oyendo?

-¿Eh? ¿Eh? Sí, ¿qué? ¿Qué decías?

-¿Para qué me dices que tomemos un café

si no me escuchas?

-Perdona, sí, sí, es que...

He visto a Celia y...

-¿Y? ¿Y qué pasa con Celia?

Pero ¿y si encontramos ese coche?

Podemos demostrar que los frenos estaban manipulados.

A saber dónde está ese coche.

Es un desguace, ¿no? Estará en un desguace.

-Un desguace. Mmm.

Cuando me secuestraron, me metieron dentro de una "furgo"

y no vi dónde íbamos, pero...

Cuando me sacaron de allí, estábamos en un descampado

que estaba lleno de coches viejos.

Y había un taller mecánico cerca.

-Eso suena a desguace.

Además, que a Velasco le pega tener un negocio así.

Los desguaces están en zonas alejadas.

Puede hacer lo que quiera, le sirve para blanquear dinero.

-Pues, si es así,

quizás allí manipularon el coche de Hortuño.

Podría ser, podría ser. -¿No tienes ni idea de dónde estabas?

-Estaba muy oscuro, no se veía más allá del descampado.

Algo más verías. Bueno.

Me estaban dando una paliza, no tuve tiempo de ver el paisaje.

-Bueno, pero algo te llamaría la atención.

-Nada que pueda servirnos.

No sé, había...

Di cosas.

Pues había chatarra.

Había... había coches viejos.

¿Qué más?

Bueno...

Había... había una cosa rosa.

Que no sé si era una "roulotte" o una furgo,

pero era rosa, como setentera.

-Bueno, pues ya tenemos una pista.

Solo hay que encontrar esa "roulotte".

Y, cuando la tengamos, tirar del hilo y acabar con Velasco.

¿Eh?

Es que la veo ahí, tan... tan guapa, tan...

perfecta y...

Y Jorge y ella tienen mucha química...

Y Jorge y yo ya no estamos juntos...

-¿De verdad dices eso, Lorena?

¿Tú crees que Jorge es de esos

que van saltando de una relación a otra así como si nada?

-No.

No, no, no, no, tienes razón.

-Claro que tengo razón.

Si Jorge hiciera algo así, significaría que no te quiere.

Y no es el caso, ¿verdad?

(LORENA CHASQUEA LA LENGUA) Sí me quiere, mucho.

Y yo le quiero mucho.

Por eso ha costado tanto tomar esta decisión.

-¿Te arrepientes?

-He hecho lo que debía.

-Bueno, no pasa nada si cambias de opinión.

Las decisiones que tomamos no son condenas.

-Precisamente porque me ha costado tanto tomar esta decisión

no quiero ahora ponerme a analizar

si ha sido una buena o una mala decisión.

¿Sabes qué? -¿Qué?

-Pues que, dentro de un ratito, tengo cita

en la clínica de fertilidad. -¿Qué?

¿De verdad? -Sí.

-¿Te acompaño? -No.

No, quiero acostumbrarme a hacer esto sola.

-Oye.

Que serás madre soltera, pero no vas a estar sola.

Me tienes a mí para lo que necesites.

¿Mmm? -Ya lo sé.

-¡Mmm!

Sí, sí, por supuesto que sí.

Lo entiendo.

¿Mañana?

Bien, bien, no hay ningún problema.

De acuerdo, sí, sí, sí.

Adiós.

(RESOPLA) ¿Y eso?

¿Quién era? ¿Ha pasado algo? (SUSPIRA)

Los del Ayuntamiento van a inspeccionar la cubierta.

Con todos los problemas que ha dado la obra,

lo van a mirar con lupa.

Está todo en regla, ¿no? Sí, pero la cubierta

ha estado desprotegida y, con las lluvias,

han salido humedades en los almacenes y moho.

Si lo ven, lo mismo nos clausuran.

Eso no tiene por qué pasar.

Un poco temprano para eso, ¿no?

Me acaba de llegar.

Es un buen vino y quería probarlo.

No, no, no, no.

No son horas para mí. Y, para ti, tampoco.

Necesito el apoyo

de un amigo, no de un aguafiestas.

Vale, pues primer consejo de amigo.

Beber no te va a ayudar a superar la ruptura con Lorena.

De hecho, te va a hacer sentir peor.

Si lo llego a saber, no vengo.

Venga, anda, que no tenemos 15 años.

¡Hey, Cristina! -¡Hola!

-Suerte que ya estés aquí.

-¿Y eso?

-He tenido que darle unas horas libres a Rosa

porque... necesitaba tomar un poco de aire.

-Mmm.

¿Ha vuelto a enfermar?

-No, pero estaba como...

No sé, rara, muy triste.

Pero no me ha dicho lo que le pasa.

-¿Por dónde quieres que empiece? -Ah, pues mira.

Empieza poniendo esto.

-Hace un rato me llamó tu amigo Mario.

-Eh...

¿Mario? ¿Qué... qué Mario?

-El que tiene la empresa de embutidos en Guadalajara.

Te envió un mensaje para ofrecerte un trabajo para mí.

¿No te acuerdas?

-¡Ah! ¡Ese Mario!

Eh... Perdona, es que se me ha pasado la cabeza

y no te he dicho nada.

Perdona.

-¿Cómo se te pudo olvidar? Me tenías en la pizzería.

-No. ¿Tú...?

¿Estás segura? -Sí.

-Tiene que haber sido cuando había un montón de gente.

Me lie con eso. -Es que me sorprende mucho.

-Cristina...

Tienes razón.

Lo siento, de verdad.

Y espero que puedas conseguir el trabajo de todas formas.

-Paolo.

¿Por qué me lo ocultaste? No me vengas con excusas.

-No, ¿qué... qué excusas, Cristina?

-¿No me lo dijiste porque prefieres que me quede en el Mercado?

-No.

No, ¿qué dices?

-Pero ¿lo prefieres o no?

-Cristina, eso es cosa tuya.

-Mira.

Voy a hablar sin tapujos, a ver si tú también te animas.

Yo he vuelto a Madrid...

por ti, Paolo.

-Me encantaría, Cristina.

Me encantaría creérmelo.

Pero no puedo.

Porque no es así.

Has vuelto porque Doménico te dejó.

-No.

A ver, cuéntame exactamente lo que ha pasado.

Parecíais muy entusiasmados con el piso nuevo.

No sé, por primera vez en mi vida,

iba a lanzarme a la piscina sin miedo, sin... sin dudas.

Pero parece que a Lorena no... no le parecía suficiente.

Ya, por el tema de la maternidad, ¿no?

Ella no está dispuesta a renunciar a ser madre

y... y yo no quiero volver a ser padre si no estoy preparado.

El caso es que tiene razón.

Si alguno de los dos renunciamos, acabará siendo infeliz y...

Y el caso es que no podemos darnos tiempo porque no hay tiempo.

Ella tiene muy claro lo que quiere y yo también.

Y así están las cosas.

Romper siempre es duro.

Sí.

Sobre todo, cuando sigues enamorado.

Lorena es de lo mejor que me ha pasado en la vida.

No sé, por primera vez, me he sentido...

completo.

Y, si no soy capaz de conservar una relación así,

¿qué futuro me espera?

A ver, a ver, me parece que ahora está hablando el vino por ti.

El vino no tiene nada que ver. No estás viendo el lado positivo.

No me vengas ahora con tu optimismo de libro de autoayuda.

A ver, piensa en todo lo que habéis compartido.

En todo lo que os une.

Y en la bonita amistad que podréis tener a partir de ahora.

¿Esperas que me conforme con eso pudiendo haberlo tenido todo?

Es la única manera de ser feliz:

valorar lo que tienes

y no pensar en lo que no puedes tener.

Se le llama "madurar".

Ya.

Me estás ayudando mucho, Javi.

A ver.

Ahora no lo ves, pero, con el tiempo, eso que dices que ya no tienes,

lo entenderás mejor.

Esta ruptura demuestra que os queréis de verdad,

porque estáis poniendo

la felicidad del otro por delante de vuestros intereses.

Y eso os convierte...

En idiotas. (SUSPIRA)

En idiotas generosos.

¿Y por qué eso no me hace sentir bien?

¿Eh?

Es que eso no es así.

Me dijo Rosa que pensabas eso, pero eso no es así.

Yo he vuelto a Madrid porque...

me di cuenta de que había cometido el mayor error de mi vida.

Y, sobre todo,

Paolo, porque te quiero.

Lo de Doménico no podía funcionar porque nunca le quise.

Lo que pasa es que me cegué, me dejé llevar y...

Cuando recuperé la visión,

me di cuenta de que solo podía pensar en ti.

¿No lo entiendes?

Yo...

Yo fui la que dejé a Doménico, no fue al revés.

Lo dejé y me vine aquí con la esperanza de que, algún día,

encuentres la razón, por muy pequeñita que sea,

para poder perdonarme, porque... yo no puedo hacerlo.

-Perdona, voy a recoger los platos.

-No, no te vas a ningún sitio hasta que me respondas.

-¿Qué quieres que te diga?

-¿Me ocultaste lo del trabajo porque prefieres que me quede?

¿Tú... tú sientes algo por mí?

-No es cuestión de sentir o no.

-Si tú me quieres y yo te quiero, ¿a qué estamos jugando?

-No es tan fácil.

-¿Qué te crees?

¿Que yo no tengo miedos?

Tengo miedo a...

a volver a decepcionarte,

a no estar a la altura, a no merecerte.

Pero, eso sí, he perdido el miedo

a hablar.

Y lo único que deseo ahora mismo es poder estar contigo, Paolo.

-Eh... Perdón.

Eh...

Dentro, por favor, sí, ahora... ahora les atiendo.

-Bueno, eh... -Bueno...

-Yo... me voy.

-Pe... pero ¿no...? ¿Ya no me ayudas?

-No, no, creo que te distraerías más que otra cosa.

-Pues...

Cristina.

Gracias.

Me alegro mucho de que hayamos hablado.

-Y yo también.

Luego podemos seguir si quieres.

-Claro que sí.

Ah, ¿entonces tampoco has entregado los ficus?

Bueno, no les corría mucha prisa, eh...

No, si entiendo que no hayas podido hacer todos los recados.

Y tranquilo, que ya voy llamando yo.

Y, cuando vuelvas, entonces ya vemos cuándo mejor...

¿Unos días?

Sí, sí, claro, tómate los días que haga falta.

Simplemente, quiero saber cuándo vendrás.

Bueno, pues, en cuanto lo sepas, me llamas.

Que no, que tu puesto va a estar aquí esperándote, que sí.

Venga, a ver si es pronto, que tengo ganas de verte.

Pues cuídate y que no sea nada. Adiós.

Adela.

¡Muchas gracias! ¡Huy! ¿Qué pasa?

Pues que he seguido tu consejo

y me he sincerado con Paolo.

¿Y ha salido bien?

¡Nos hemos besado! Hemos quedado para luego.

Me alegro muchísimo por ti.

¿Sí? ¿Seguro que está bien hecho, no nos hemos precipitado un poco?

No, mujer, para nada.

Has puesto una cara...

Es porque me ha llamado Miqui.

Ha tenido que salir deprisa y corriendo a Zamora

y me ha dejado

con un montón de recados.

Y no vendrá en unos días.

Pero ¿ha pasado algo?

Su padre.

Llevaba tiempo enfermo y ha vuelto a recaer.

Ha tenido que ir para atenderle.

¿Y es grave?

No ha querido entrar en detalles, pero se le veía preocupado.

Mmm.

Igual tiene para rato, ¿no? Pues espero que no.

Y no lo digo solo por el padre, que espero que se recupere pronto.

Lo digo también por nosotros.

Bueno, mujer, que está en Zamora, no en Madagascar.

Si tienes muchas ganas de verle,

en un momento te plantas allí.

Sí, supongo que tienes razón.

Que sí, mujer, que ya verás como todo sale bien.

Me voy. Venga.

Gracias. De nada.

Esto es muy raro.

¿El qué?

¿Que en mi propio despacho tenga que trabajar en el sofá? Sí.

No, las rutas que está usando Velasco.

Papá, de eso, cuanto menos sepas, mejor, ¿eh?

Y, dicho esto,

me voy a comer, estoy muerto de hambre.

Huy, y yo también.

Valeria debe de estar a punto de salir del Mercado

y me he comprometido a preparar la comida.

¿Cómo?

¿Te has comprometido a preparar la comida?

Cómo cambian las cosas.

Con mamá, no entraste en la cocina ni una sola vez.

Bueno, todos evolucionamos, a ver si aprendes.

(Timbre)

-¿Ibais a algún sitio?

-A comer.

-Ya comeréis luego, ahora tenemos una reunión.

Sirve unas copas.

Hola.

-Hola. -Pensaba que estabas en la pizzería.

-Paolo me ha dado unas horas libres, como hago tantas horas extra...

-Pues me alegro.

(SUSPIRA)

He tenido una mañana infernal en la agencia.

Y encima no paraba de darle vueltas a todo lo de Noa.

-A mí me ha pasado igual.

-¿Has podido hablar con ella?

-Qué va, Nacho, qué va.

Si ni siquiera me he atrevido a pasar por el bar.

Me daba miedo encontrármela.

-No podemos evitarla indefinidamente.

-Ya, ya lo sé.

Lo sé, pero es que no sé cómo sacar el tema.

¿Sabes? No sé cómo hablar con ella, me da miedo...

Me da miedo que pueda decir algo y perderla para siempre.

Y más después de haber hablado con Adela.

-No creo que sea bueno ir hablando de eso por ahí.

Es un tema para resolver en familia.

-Adela sigue siendo de la familia, aunque ya no esté con Elías.

Pero tranquilo, tampoco le he dado muchos detalles.

Lo único que le he dicho es

que Noa está intratable y que no sabemos cuál es la razón.

-¿Y qué te ha dicho?

-Pues que a lo mejor lo que le ocurre es que se ha sentido desplazada

por culpa de mi enfermedad.

Desatendida, ¿sabes?, sobre todo, por ti.

Y eso me ha hecho pensar, Nacho.

A lo mejor eres tú el que tiene que hablar con ella y no yo.

-Después de las barbaridades que ha dicho sobre mí...

-Es verdad, Nacho, que lo que ha dicho es gravísimo.

Pero, escúchame, si realmente tiene una enfermedad mental,

no deberíamos darle la espalda, ¿no crees?

Tienes que intentar hablar con ella y convencerla.

Tienes que pedirle perdón por si se ha sentido,

no sé, desatendida.

Pero, sobre todo, es muy importante que ella sepa, Nacho,

que estamos con ella, a su lado,

que siempre la apoyaremos. -Ah.

No creo que Noa quiera ni escucharme.

-Pero tendrás que intentarlo, ¿no, cielo?

No podemos perderla.

-Pero, si no sale bien,

creo que deberíamos ir pensando en pedir ayuda profesional.

-A ver, no vamos a adelantar acontecimientos.

Has dicho que esto hay que resolverlo en familia

y eso es lo que vamos a hacer, ¿de acuerdo?

-Está bien. -¿Sí?

-Lo intentaré. -Gracias.

Gracias.

-Hueles muy bien.

-Ah, ¿sí? -Mmm.

-Yo creo que tiene que ser el champú.

Es nuevo, se lo he comprado a Celia.

-Pues me gusta mucho.

Me alegro mucho de que hayas venido, tenía una propuesta que hacerte.

-Los asuntos los propongo yo. Cuando quiera que hables, te lo diré.

He venido para cerrar

la entrega de esta noche en Lisboa.

Allí hay un pesquero, este,

esperando un cargamento importante.

Voy a mandarle diez furgonetas llenas.

No sé si vamos a poder

contar hoy mismo con tantas furgonetas.

No digas tonterías, tenéis furgonetas de sobra, hombre.

-Sí, pero las tenemos comprometidas para el reparto diario.

-A mí me da igual el reparto de tu frutita de mierda.

Velasco, mi padre tiene razón.

Si empezamos a fallar a nuestros clientes de siempre,

nuestro negocio se puede ir a pique

e, indirectamente, el tuyo.

Debemos hacer cosas dentro de la normalidad,

sin llamar la atención, sin cambios bruscos.

Entiendo.

Creo que...

Bueno, si tuviéramos más furgonetas en nuestra flota,

pues podríamos cubrir esas necesidades.

Está bien.

Aportaré algunas furgonetas para que tengáis más margen.

Muy bien, eso es estupendo.

Pero la entrega de esta noche hay que hacerla.

Os inventáis la excusa que queráis,

pero yo me he comprometido con esta gente

y a esta gente no se le puede fallar.

Bueno, haremos lo que podamos.

Eso espero.

Por vuestro bien.

Eh, Velasco, perdona, antes de que te vayas.

Mi padre quería hacerte una propuesta.

-Lo que quería decirte tiene que ver con lo que te ha contado Elías.

No nos podemos permitir levantar sospechas de ninguna manera

ni tener testigos indeseados,

por lo que creo que al Mercado hay que dejarlo al margen.

Ni dinero negro ni drogas.

-Estamos de acuerdo.

-Bueno, y ya que estamos en eso,

quería comentarte algo sobre las rutas.

-Eso no es de tu incumbencia.

A ver si aprendes a hablar cuando yo te lo diga, abuelete.

Velasco.

En el futuro me gustaría

que le hablases a mi padre con más educación.

Mira quién va a hablar.

El que se apuntó el primero para quitarte de en medio.

Manda huevos.

Qué familia.

Es alucinante.

-No vuelvas a hacer eso.

No necesito que me defiendas.

Recógete el pelo.

Venga.

Que te recojas el pelo.

-Nacho...

-Venga, va, recógete el pelo.

-¿Por qué tenemos que hacer eso ahora?

-Porque nos gusta. -Bueno.

Te gusta a ti, amor. -Pero tú también lo pasas bien.

-Ya, pero lo podemos hacer de otra manera, ¿no?

Nacho, cariño.

¿Por qué... por qué nunca me miras cuando me haces el amor?

-¿A qué viene esto?

-¿Por qué nunca me miras?

-Claro que te miro.

-No, no lo haces.

-Si no quieres hacer el amor, solo dilo, ¿vale?

-No, no es eso.

Lo único que quiero es...

Es entender... -¿Entender qué?

A ver, ¿me quieres decir algo, Rosa,

o es que te crees las mentiras de mi hija?

-No, qué va, no es eso.

-¿Por qué tienes que estropearlo? -Lo único que quiero

es... es hablar de este tema, pero con tranquilidad.

Por favor. Venga, no te enfades, cielo.

Ven, ven a la cama. -¡No!

¡Ya se me han quitado las ganas! -¡Por favor, Nacho!

Esto... esto no será porque Miqui te ha dejado, ¿no?

¡Oh...! ¿Qué me dices? ¿Que se ha cansado de ti?

Vaya faena, ¿eh?

Hay que hablar de la seguridad. -No le calientes la cabeza ahora.

(SAMU CARRASPEA)

Oye, perdona.

No he podido evitar escuchar y...

Enhorabuena, sigues adelante con lo de ser madre.

Sí, lo he pensado mucho y...

Y, bueno, sé que va a ser difícil, y más estando sola...

¿Por qué dices que estás sola?

Pues...

No.

"Ciao", Paolo.

Rosa.

-¿Y tú qué haces aquí?

¿Cómo?

¿Que... que Velasco

ha matado a Hortuño?

¿Nosotros dónde nos hemos metido?

¿Estás segura de que Natalia te dijo eso?

-¿Cómo me iba a inventar algo así? ¿Te crees que estoy zumbada?

-Creo que deberíamos buscar un psiquiatra.

-Desbloqueado. Ah, ¿ya está?

Deberías quedarte con este, es mejor que el tuyo.

Antes de estar al cien por cien con la gente del Mercado,

estuve ayudando a papá y a Hortuño a sabotear la renovación.

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Mercado central - Capítulo 153

05 may 2020

Germán consigue que los De la Cruz aparquen sus diferencias y se unan contra Velasco.
Nacho siembra dudas sobre la salud mental de Noa y Rosa se rebela, por primera vez, negándose a entrar en el juego sexual de su marido.
Carla y Samuel deciden ocultar, de momento, su relación a Carmen.
Movida por Adela, Cristina enfrenta a Paolo que acaba confesando por qué no le avisó de la oferta de trabajo.
Adela está preocupada por Miqui, quien se ha ido precipitadamente a ver a su padre enfermo.
Lorena y Jorge lidian con la tristeza de la ruptura, mientras ella sigue adelante con su plan de maternidad.
Velasco obliga a los De la Cruz a movilizar una flota de furgonetas con urgencia para cumplir con una entrega.

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