Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.30 horas

www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5569601
No recomendado para menores de 7 años  Mercado central - Capítulo 152 - ver ahora
Transcripción completa

Tú sabes que los próximos podemos ser nosotros.

Eres consciente, ¿no?

Lo único que no tenemos que hacer ahora es precipitarnos.

-O sea, Velasco se ha cargado a Hortuño.

-Si es que es un psicópata, es un asesino, está loco.

-Tenemos que ir a la policía y contarles todo.

-Ya, es que saber sabemos mucho, amor,

pero pruebas tenemos muy pocas.

¿Tú eres masoquista o qué? ¿Por qué dices eso?

¿Por qué quedas con Samuel?

Es mejor esto que nada.

Yo ya no sé qué hacer para no perderle más.

-No sabéis la pesadilla que es tener un padre como ese.

Encima, ver cómo tiene engañada a toda mi familia,

ha manipulado hasta a mi tío.

-Hay una cosa que podemos hacer.

-¿El qué?

-Que Jona vuelva a la frutería.

-Dile a Marcos que se venga a vivir con nosotros.

¿Estás segura?

Nos sobra una habitación.

Y tú te pasas el día diciéndome

que te arrepientes del tiempo que no habéis pasado juntos

y de que, cuando lo pasabais juntos, discutíais.

¿No será esta una buena oportunidad

para recuperar el tiempo perdido?

Yo pensaba que os llevabais muy bien

y que estabais seguros de lo que ibais a hacer.

¿Qué ha pasado?

Yo pensaba que ella era especial, pero es tan mentirosa como los demás.

-La única forma de que no me hagan "bullying"

es tirarme el rollo.

Con David tienes que ir con la verdad por delante.

¿No ves que él es el primero en ser diferente?

Si le cuento la verdad, ¿tú crees que me perdonará?

Vamos a hacer una cosa.

Vete tranquila a Zaragoza, que yo hablo con él esta tarde.

Escúchame, Jonathan.

La última vez, grábatelo bien en la cabeza.

Otro patinazo y estás en la calle, ¿eh?

Sí, gracias, Elías. A mí, ni te acerques.

Que no lo hago por mí.

Lo hago por mi padre, que se está ablandando.

Gracias, Jesús.

No os voy a decepcionar,

voy a currar como nunca en la frutería y...

Y, en cuanto a ti, Nacho,

espero que puedas perdonarme.

Sería un gesto por tu parte

y me iría con la conciencia tranquila.

-Te perdono.

-No puedes ir a ver a Carla.

-Joder. -¿Qué pasa?

¿Estáis tonteando otra vez? -No.

-Quieres volver con ella. -No, nos llevamos bien.

No me des la chapita.

¿Qué vídeo es ese?

Nada, Elías.

Una cosa sin importancia, ya ves tú, una tontería

que ha grabado una cámara.

Si no tiene importancia,

razón de más para que me las enseñes.

Ahora que sabes que estas imágenes

no van a llegar a terceros, estarás más tranquila.

No quiero ni necesito tu protección.

Adela, por favor, solo intento cubrirte las espaldas.

Pues no hace falta.

Sé cuidarme sola.

(NOA) "Hay que pararle".

¿Puedo contar contigo?

-Lo siento, no estoy preparada.

-No, Natalia, por favor, escúchame. -Lo siento.

No vuelvas a llamarme.

(NACHO) "¿Esa chica?". -¿Qué?

-Nada.

¿Me puedes decir qué es esto?

¿Desde cuándo estás usando mi empresa para traficar con drogas?

Te lo puedo explicar. ¿Explicar?

¿Qué me tienes tú que explicar?

¿Que estás poniendo en peligro lo que tenemos?

¿Que estás jugando con el futuro de toda la familia?

¿Cómo te atreves? -No lo estamos haciendo por gusto.

-¿"Estamos"?

¿Tú también estás metido en esta mierda?

-No teníamos más remedio.

Velasco nos obligó, no podemos negarnos.

Germán... No.

Es mejor que lo sepa.

-¿Cómo que "Velasco nos obligó"?

Tú me dijiste que no me preocupase,

que ese quería quitarme de en medio para quedarse con la empresa.

¡Germán!

¿Me queréis decir qué pasa de una vez?

Velasco era un socio de Hortuño.

¿Hortuño? ¿El que se ha muerto? ¿Y qué tiene que ver ese?

Hortuño se enteró de mi posición

como presidente de la asociación de comerciantes del Mercado.

Contactó conmigo para ofrecerme un negocio

y me presentó a Velasco.

Y entonces te ofreció entrar en el negocio.

-No se lo ofreció, le obligó.

No sé cómo se enteró, no lo sé, pero sabía lo nuestro en Andorra.

Me amenazó con denunciarnos si no transportábamos su mercancía.

Si no lo hacía, acabábamos los tres en la cárcel.

Y tú le dejaste que se saliese con la suya.

Papá, entérate,

Velasco es un tipo peligroso, peligroso de verdad.

No se le puede decir que no.

Germán, enséñaselo.

Enséñaselo.

¿Esto te lo hizo él?

-Me metieron en una furgoneta y me dieron una paliza.

Por un momento, pensé que me iban a matar.

Y no sería la primera vez.

-¿Quieres decir que el accidente de Hortuño...?

De accidente, nada, papá, de accidente, nada.

Hortuño tenía una información muy valiosa sobre Velasco,

algo que íbamos a utilizar para acabar con él definitivamente,

que demostraba que estaba metido en lo del Mercado.

Algo que solo sabía Hortuño.

Nos lo iba a contar, pero no tuvo tiempo.

Esa era la única información que teníamos contra Velasco.

-¿Y no podéis conseguirla de otro modo?

-No. Bueno, no lo sé.

Lo único que podemos hacer ahora es... dejar las cosas como están,

hacerle creer que sigue teniendo el control.

-Eso significa que vas a seguir traficando con sus drogas.

Y no solo eso.

Papá.

Tienes que quitarte de en medio.

¿Perdona?

Tienes que dejar... de estar entre ceja y ceja de Velasco,

que deje de pensar que tú eres un problema.

No me perdonaría que te pasara algo por mi culpa.

¿Y cómo pretendes que haga eso?

Jubilándote.

Te juro que siento mucho

todo esto de hacerte perder, que habías perdido los papeles.

Fue idea de Velasco, intenté pararlo, pero no pude.

Pero ahora podemos hacerle creer que de verdad lo estás haciendo,

podemos engañarlo.

No.

No pienso esconderme y mucho menos abandonar mi empresa.

No es abandonar, papá.

Sería quitarte de en medio hasta que todo esto se calme.

Me da igual.

-Abuelo, ya has visto lo que me han hecho.

-Pues que venga a buscarme a mí, no tengo miedo.

Papá, por favor. ¡Que no!

¡Y basta de hablar!

Ya encontraremos la forma de acabar con esa sanguijuela.

Pero tenéis que contarme la verdad.

¿Quién es ese Velasco exactamente?

Uno que vino por Hortuño. Ya.

¿Y... qué hacías tú en contacto con Hortuño?

Un empresario como él y un frutero no se conocen así como así,

por mucho interés que tenga en el Mercado.

Bueno, eso da igual, papá. No, no da igual.

Así es como empezó y quiero saberlo.

¿Tenías negocios con él?

Sí.

¿Qué clase de negocio?

Inmobiliarios.

Un centro comercial

y un complejo inmobiliario que se iba a hacer.

¿Qué centro comercial?

El que iba a ocupar el lugar del Mercado Central.

¿Me estás diciendo que te aliaste con ese canalla

para acabar con el Mercado?

Era mucho dinero, papá, mucho, mucho dinero.

Más dinero del que jamás había imaginado.

Me ofreció eso, áticos...

¿A cambio de qué?

Eso da igual, Hortuño ya está muerto.

(GRITANDO) ¿A cambio de qué?

De boicotear la renovación del Mercado.

Papá, te juro que si pudiera

dar marcha atrás...

(Portazo)

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Hola, cariño, ¿has comido ya?

Sí, un "calzone" en la pizzería.

¿Y por qué no me has esperado?

Ya te dije que hoy comería pronto.

Quiero ir a la biblioteca.

Y ya estaría allí si no me hubieses llamado.

Te quedas un ratito conmigo mientras me tomo un café.

Es que me van a quitar mi sitio de siempre

y no podré concentrarme.

No te preocupes, van a ser cinco minutos, nada más.

Ya, eso es mentira.

Tus cinco minutos nunca son cinco.

Seguro que quieres sacar algún tema delicado

que se va a alargar media hora.

Vale, lo reconozco, de acuerdo.

Quiero que hablemos de algo importante.

Es sobre Andrea. No quiero hablar de Andrea.

A ver, escúchame.

David, cariño, sé que piensas que Andrea es una mentirosa.

Pero, a veces, las personas mienten

para esconder una realidad que les hace daño

e intentan disfrazarla.

¿Y eso qué tiene que ver con Andrea?

¿Tú sabías que a Andrea le hicieron "bullying" en el instituto?

No. ¿No?

Pues sus compañeras se burlaban de ella

simplemente porque era diferente.

Así que empezó a inventarse un montón de novios

para que la aceptaran

y no la vieran como un bicho raro, ¿entiendes?

Ya, pero sabía que yo la aceptaría tal y como fuera.

No tenía ningún motivo para mentirme.

Es difícil confiar cuando te han hecho mucho daño.

Ella solo estaba intentando protegerse,

lo mismo que hiciste tú.

¿Yo? Sí, cariño.

Tú no le contaste que tenías asperger.

Y ella también se sintió engañada por ti.

Pero te dio otra oportunidad, y eso es lo que tú tienes que hacer.

Tienes razón.

¿Vas a volver a quedar con ella?

Sí.

Y felicidades.

¿Por qué?

Por una vez, tus cinco minutos han sido menos de cinco.

Abuelo, ¿dónde estabas? Te estaba llamando.

-Déjame en paz.

-Antes tendrás que escucharme.

-No, nada de lo que me digas me va a hacer cambiar lo que pienso.

¿Qué pasa? ¿Estás sordo o qué?

-Entiendo que estés enfadado con papá.

Lo que hizo es imperdonable, pero no puedes dejarle tirado.

-¿Te crees que estoy enfadado solo con Elías?

Tú también eres un traidor.

-No, no te juro que yo...

-Te dejaste comprar como tu padre.

-Reconozco que al principio fue así, sí.

No soy mejor que papá ni mejor que tú.

Esto viene de familia, el dinero siempre nos ha podido, ¿no?

¿Te recuerdo que ganaste la frutería al póquer?

¿O Recarte y las naves? -Mira.

No compares, no es lo mismo. -Lo que quiero decir

es que todos hemos hecho algo de lo que nos arrepentimos.

Y yo me arrepiento, y mucho, y papá también.

-Sí, os arrepentís porque ahora os tienen pillados.

-Eso no es verdad, y da igual.

Papá está pringado hasta el cuello y no pienso dejarlo en la estacada.

-Tú tienes tanto que perder como él. -Y tú también.

Sales en las cuentas de Andorra.

-Pero ¿qué me estás diciendo?

¿Que olvide lo que habéis hecho a cambio de salvar el culo?

-Para salvarte a ti, no, para salvarnos a todos.

A ti, a mí, a papá y al Mercado.

Si Velasco gana, serán muchos los que van a perder.

-Pues haberlo pensado antes de hacer negocios con Hortuño

a costa de la vida de los comerciantes.

-Que ya lo sé, que ya lo sé.

Pero se nos fue de las manos, ¿vale?

No pensé que esto iba a ir tan lejos.

¿Podemos olvidar el pasado, por favor, y unir fuerzas?

Tienes que ayudarnos.

-¡No pienso ayudaros! -Por favor.

¿Qué?

-¿Se lo has contado?

-No hemos tenido más remedio.

Tengo que protegerle de Velasco, ¿o no?

No ha servido para nada.

No es solo que no nos va a ayudar, está más cabreado que nunca.

Le ha pegado a mi padre...

(SUSPIRA) ¡Dios!

No sé cómo vamos a salir de esta, Javier.

No tengo ni idea. -Tranquilo.

¿Vale? Todo va a salir bien.

-Sabes que eso es mentira.

(VALERIA) Tú te crees que todos somos tontos.

-¿A qué viene eso ahora? -Pues viene

a que estás montando todo esto de que no pasó la varicela

para que no vaya a ver a Carla. -¡Buah!

Ahora, con esa tontería.

-¿Esa tontería? De tontería, nada. -Sí.

-Que ya nos conocemos.

Si los chicos se quieren ver,

se van a ver con la varicela, con la escarlatina o con el ébola.

-Yo no digo lo contrario.

Pero ahora no es seguro,

así que tendrán que esperar unos días.

-Ah, claro, unos días. -Sí.

-Para que se te ocurra una excusa para que no se vean.

-Ay, mira, ya, basta, no voy a seguir discutiendo, me voy.

Me voy al almacén, a llevar los redondos de ternera.

-Que sepas que huyendo así me estás dando la razón, ¿eh?

-¡Que me dejes, que eres muy pesada! -¡Mira quién fue a hablar! Ña, ña...

Qué... qué...

-¿Todo bien?

-Sí, aquí ya sabes que mucho grito, pero nunca llega la sangre al río.

-Yo no quiero que tú y yo discutamos, lo siento mucho.

Lo de antes... -No, no, perdóname tú a mí.

Me he metido donde no me llamaban.

-Valeria, no paro de darle vueltas.

Una parte de mí no sabe

si va a ser capaz de olvidar que quiero tener un hijo

y... y la otra

no se quiere perder esto que estoy viviendo con Jorge.

Estoy hecha un lío. -No, no.

Si yo te entiendo,

pero tú tranquila,

no me voy a entrometer, yo no soy tu madre.

-Es que eres lo más parecido que tengo a una madre.

Tú sabes que yo llevaba muchos años sin ver a mi madre cuando ella murió.

Y llevo mucho tiempo con un vacío muy grande aquí.

Valeria, tú... tú llenas ese vacío.

Cuando te entrometes, cuando... cuando cuidas de mí,

cuando me dices lo que no quiero escuchar,

eso... eso es lo que hacen las madres.

-¿Tú sabes también lo que hacen las madres?

Hacer todo lo posible para que sus hijas sean felices

y respetar sus decisiones.

Así que te voy a decir una cosa, Lorena.

Si tú apuestas por tu relación y renuncias a ser madre,

vas a contar con mi apoyo incondicional.

Pero quiero decirte una cosa, y que no se te olvide:

no quiero oírte ni una vez más decir que no habrías sido una buena madre,

porque cualquier niño habría sido muy feliz teniéndote.

Eres una mujer estupenda, Lorena.

Ven aquí.

Noa.

-¿Qué? ¿Ya me vas a pedir otra? No te has acabado ni esa.

-No, quiero que te pongas una tú.

-¿Yo? ¿Por qué?

-Para brindar conmigo.

-Que no, abuelo, que hoy no me apetece.

-¿Rechazas mi invitación?

¿Qué pasa? ¿No te encuentras bien?

-No, es que... Llevo unos días estresada y...

No sé, me agarra a la tripa. -Ay.

Estoy cansado de que me mienta todo el mundo

como si fuese un viejo inútil.

-Que no, abuelo.

De verdad, gracias, pero... no es nada importante.

-No te creo.

Anda, dime la verdad.

¿Estás embarazada?

Andrea, ¿qué más quieres que te diga?

Andrea.

¡Andrea!

(RESOPLA)

-Eh, Paolo.

¿Qué pasa, que sigue enfadado? -Sí.

Se ha enfadado porque he compartido su última canción con su madre.

-Bueno, no te preocupes, ya se le pasará.

-No lo sé, Rosa.

Si le oyeras, no pensarías lo mismo.

Y todo por un poco de música.

-Por favor, Paolo, que tú y yo sabemos que no es por una canción.

Es por vuestra separación, la canción es solamente una excusa.

-Ya lo sé.

Y eso es lo que me preocupa.

Ya han pasado unos meses desde nuestra separación,

pero, no sé, parece que Andrea cada vez lo lleva peor.

Sobre todo, desde que ha vuelto su madre.

-Tienes que dejarlo hacer su propio proceso.

-No sé, Rosa.

Cada vez que hablo con él, lo siento más lejano.

Y no quiero perderlo.

-Pero que no lo vas a perder, ni tú ni Cristina.

Por Dios, es vuestro hijo, y eso va a ser así siempre.

Déjalo, déjalo que cierre heridas.

Verás como luego os echa de menos y os busca.

Y podréis empezar otra vez.

Yo creo que lo único que necesitáis es un poquito más de tiempo, ya está.

-Tú estás muy optimista hoy, ¿eh?

-He tenido un buen maestro.

¿Sabes?

No, es que últimamente te veo con cambios de humor.

Está Jonathan, que siempre habéis estado muy unidos,

y ahora vivís juntos, no sería nada raro, ¿no?

-Pues no, puedes estar tranquilo, que no estoy embarazada.

-¿Y el dinero que robó?

-¿Te crees que era para pagarme un aborto?

Pero, vamos, que no te preocupes, no... no estoy embarazada.

-Ya, perdona.

Los problemas no desaparecen por sí mismos.

Hay que ponerlos encima de la mesa y enfrentarse a ellos.

-Ya, lo único que... a veces son tan grandes que da miedo.

-Pero hay que hacerlo.

Cuando echo la vista atrás,

me doy cuenta de que no he sido un buen padre.

-No digas eso.

Eres el mejor abuelo del mundo.

¿Mmm?

Y muchísimas gracias por cuidarnos a todos tan bien.

Paolo.

-Ay, Cristina.

-Oye, ¿has hablado con Andrea?

Le mando mensajes y no contesta, le ha llamado y no me lo coge.

-Eh... Puede que esté un poco enfadado con nosotros.

-¿Enfadado por qué?

-Porque te hice escuchar su última canción sin su permiso.

-En mala hora le dije nada.

Pero, no sé, es que no lo pude evitar.

Yo me sentía orgullosa de él. -Ya.

Yo lo entiendo.

Pero no te preocupes, pronto se le pasará.

-No, no se le va a pasar.

No me perdona, no me quiere en su vida.

-No, no digas eso, Cristina. -Es que es verdad.

Lo peor de todo es que me lo merezco, le hice mucho daño.

(ROSA) Está bien, luego nos vemos en casa.

Y me lo explicas todo más despacio.

Venga, hasta luego.

Eh... Perdonad que os interrumpa.

Oye, Paolo, no te lo vas a creer,

pero... no me voy a poder quedar al turno de la cena.

-Pero ¿ha pasado algo, Rosa?

-Bueno, es un problema familiar, pero va a ser imposible.

-Lo que pasa es que hoy tengo una reserva para dos grupos.

-Ya, ya lo sé, si lo sé.

-No voy a poder con todo solo.

-Es muy importante, si no, sabes que no te lo pedía.

-Tú sabes que siempre te digo que sí.

Pero hoy justamente me viene fatal.

-Ya. -Necesito ayuda.

-Bueno, si queréis,

yo me puedo quedar, termino en un rato en el puesto.

-Ah... No hace falta, Cristina, gracias.

-Así le haría el favor a ella y tú no te quedarías colgado.

-Pero ¿lo dices en serio?

-Claro, mujer.

¿Quién mejor que yo?

Con las horas que he echado aquí, no es ningún esfuerzo.

-Bueno, pues estupendo, ¿no? A ti no te importa, ¿verdad?

-Eh... No, no, claro que no.

-Pues perfecto.

Cristina, muchísimas gracias. -Nada.

-De verdad, te debo una. Gracias.

-Bueno, pues nos vemos esta noche.

-Luego, sí. -Adiós.

¡Uh!

Fíjate lo que tira la gente, ¿eh?

Me lo he encontrado en el contenedor. ¿Lo quieres?

No, no, gracias, pero no. Claro, claro.

Tampoco es tu talla.

Que no es que me haya fijado, pero...

-Hola, Celia. Hola.

¿Qué haces con eso?

-Que me lo he encontrado en el contenedor.

Lo que tira la gente. Me lo llevo a casa.

Porque en la iglesia recogen ropa usada.

-Ah, qué buena idea. -Sí.

-¿Quieres que lo lleve yo?

Voy para casa. -No, cariño.

Tienes que echarte, no te preocupes.

¿Qué te pasa, Nicolás? -¿Eh? No, nada.

Me hice daño en los riñones arreglando una fuga del baño.

Ah.

Pues hay que cuidarse, ¿eh?

Que ya tenemos una edad

que no estamos para hacer determinadas cosas, ¿verdad?

-Mmm. ¿Cómo está Carla?

Bien. Bueno, lo lleva como puede.

Pero gracias a Samuel que la ayuda mucho.

Le hace mucha compañía. Se ha arriesgado mucho.

Porque no ha pasado la varicela.

¿Cómo que no? A mí me dijo que sí.

No, se ha equivocado de enfermedad.

Espero que lo tenga en cuenta desde ahora.

Ya.

Es una pena, habían quedado para ver un partido.

Supongo que lo cancelará.

Pues sí, eso espero.

Solo me faltaba que caiga enfermo

y tenerle en casa una semana con 40 de fiebre.

Como cuando era pequeño, qué pereza.

Bueno, pues nada, me avisáis si se pone enfermo.

Hale, a cruzar los dedos.

(NICOLÁS Y CARMEN RÍEN FALSAMENTE)

(CARMEN RESOPLA)

(CARRASPEA)

(JONA) Termino con esto y estoy con usted.

A ver, ¿qué le pongo?

-No hay nada como ser sincero en esta vida, ¿verdad?

Aunque sea para confesar un robo.

-Si no vas a comprar nada, mejor lárgate.

-Tienes razón, ponme un kilo de manzanas.

-Si vienes a provocar... -Que me pongas las manzanas.

¿O te pido el libro de reclamaciones?

La verdad es que no sé qué ve mi suegro en ti.

Tienes suerte de caerle en gracia.

A otro, jamás le habría perdonado algo así.

-¿Algo más?

-Unos plátanos.

Puede que hayas engañado a Jesús,

pero te aseguro que a mí no, ¿eh?

Sé que necesitas dinero y yo estoy dispuesto a ayudarte.

Solo tienes que convencer a Noa de que vuelva a casa.

He visto lo violento que puedes ponerte.

Y no creo que esté segura viviendo con alguien tan inestable.

-Ya, papá.

Deja en paz a Jonathan y olvídate de mí de una vez.

No pienso volver a casa a vivir con un enfermo como tú.

-Son 545, caballero.

-Toma.

Quédate el cambio.

-No, espérate, que no necesito tu limosna.

Aquí la tienes.

Y gracias por la lección.

Ahora siempre guardo mi riñonera en las taquillas.

-¿Estás bien? -Sí, tía.

Gracias por defenderme,

pero no me gusta que te enfrentes a él.

-Es el lenguaje que entiende.

-Ya, pero no podemos entrar al trapo, que solo conseguiremos problemas.

Como el que me consiguió con Elías.

-Ah, ¿y qué prefieres?

¿Que siga abusando de todos y quede como el bueno?

-Mejor eso que atraer más problemas.

-Mira, Jona, los problemas no se solucionan por sí solos, ¿vale?

Hay que ponerlos sobre la mesa y enfrentarte a ellos.

Si no, se hacen más grandes.

-¿Qué quieres decir? -Que no aguanto más.

-¿Se lo dirás a tu madre?

-Sí, en cuanto llegue a casa. -No, espera, no puedes decírselo.

No sabemos cómo puede reaccionar Nacho.

Y no tenemos pruebas. -Me da igual.

No me lo puedo callar más.

-Noa, espera un momento, no...

-¿Tienes el pedido?

-Sí, perdone.

Ahora mismo se lo pongo.

¿Hasta cuándo seguirás con el cuento ese?

-¿Qué cuento? -El de la varicela de Samu, Carmen.

Sabes perfectamente que ya la ha pasado.

Y tu madre dice lo mismo.

-¡Que no ha pasado la varicela, qué pesados estáis!

¿Podéis dejar ya el tema, por Dios? -¿Seguro?

-Que no, por favor, qué pesado.

¿Qué te han dado en la farmacia? -Sí, de eso hablábamos.

-¿Quieres discutir? (NICOLÁS SUSPIRA)

Mira, un antiinflamatorio

y aceite de romero, para darme unos masajitos.

-Huy, unos masajitos, qué bien suena...

-Dice que tres veces al día como mínimo.

-No vas a poder solo, voy a tener que ayudarte.

-Carmen, no empieces con eso.

Sé lo que intentas y no te va a funcionar.

-¿Qué estoy intentando?

-Mira, no digas tonterías.

Sé que lo que quieres es no decirme la verdad.

-¿Qué verdad? ¿De qué hablas?

-Pues que Samu ha pasado la varicela.

-¡No ha pasado la varicela! ¿Sabes lo que te digo?

Te va a dar los masajes mi madre, ya que os lleváis tan bien.

-Carmen, pero... -¡Anda ya!

-Si es que son muchas cosas, Carmen.

(CHASQUEA LA LENGUA)

Qué robo, ¿eh?

-Jo. -Cinco segunditos.

-¡Vamos! -Ya está.

¡Toma, qué tapón!

Y quedan dos.

-¡No! -¡Vamos!

Si es que son buenísimas, ¿eh?

-No te flipes, que por una vez que ganáis...

-Qué mal perder.

Me debes una cena, ¿eh?

-Cuatro tapitas y va que chuta. -No, no, no.

No flipes, una cena cena.

Una cena cena. -Para, que me vas a dejar...

Me vas a dejar marcas, para ya. -Vale, vale, vale.

Perdón. -Ah.

-Te has puesto roja y todo.

-Estoy ardiendo.

-A ver.

Ostrás, sí que estás caliente, ¿eh?

-Sí.

-Ven.

-¿Qué haces?

-Mi madre, cuando tenía fiebre, me soplaba para aliviarme.

-Ah, ¿sí? -Pero, si quieres, paro.

-No, continúa.

Perdón. -No.

-Qué ridículo, dijimos que amigos. -Que no, Carla.

Que no me he apartado por eso. -Dios.

Carla, que... que resulta que...

que lo de la varicela,

que no la he pasado al final.

-¿Qué?

Pero ¿y entonces qué haces aquí cuidándome?

-Que yo creía que sí.

Pero no.

Mi madre me dijo que no la había pasado y ya era tarde.

-Pero ¿tú estás loco? Que la vas a pillar seguro.

-Bueno. -Eres tonto.

-Si me la tengo que jugar, pues me la juego por estar contigo.

Llevaba tanto tiempo contando esas mentiras

que... que al final me las había llegado a creer yo misma.

-Ahora entiendo por qué lo hacías.

Te protegías de la gente que se metía contigo.

Pero es que yo no soy así.

-Lo sé.

Por eso me gustas, David.

No hay muchos chicos como tú.

-No hay muchos chicos con asperger.

-No, porque no hay muchos chicos que sean buenas personas.

-Yo no sé si soy una buena persona.

-Pues yo creo que sí.

No tienes prejuicios.

Aceptas a los demás por lo que son.

Eres generoso.

Y muy muy sincero.

Y todo eso es bueno.

Por eso voy a intentar ser como tú.

Prometo no volver a mentirte nunca más.

¿No me dices nada?

-Es que no sabía si habías terminado.

-¿Me perdonas?

-Claro.

Pensaba que eso estaba implícito en el hecho de que nos viéramos.

Si necesitas confirmación verbal, te digo que sí.

Mientras seas sincera, podemos ser amigos.

¿No es lo que querías escuchar?

-Sí, bueno, eh...

Pensaba que podíamos ser algo más que amigos.

-Ah, ¿como novios?

Ya, pero eso tiene muchas implicaciones.

-Quieres decir que no te gusto.

-No he dicho eso.

Me gustas, me gustas mucho.

Pero ser novios implica muchos cambios.

Y yo tengo dificultades para adaptarme a los cambios.

Pero creo que estos me serán más fáciles.

Porque son cambios buenos.

-Seguro que sí.

-Y, respecto al tema del sexo,

creo que deberíamos dejarlo para más adelante,

porque prefiero conocernos mejor antes de probarlo.

-Yo también lo prefiero así.

-Genial.

-Pero, bueno, mientras tanto, podemos hacer otras cosas.

-Sí, podemos ir al cine o al teatro.

O ver películas en casa. -No, no.

Me refiero a otras cosas.

-Ah, otras cosas... del ámbito sexual.

-O sea, si tú quieres, ¿eh?

Hay gente que se manda fotos o vídeos,

utiliza la "webcam"...

Todo a distancia.

No tenemos ni por qué tocarnos.

¿Qué te parece?

-No sé.

-Cuando quieras, lo probamos.

-Vale.

-Me tengo que ir para la estación ya.

-Si quieres, te acompaño al metro.

-Gracias.

¿Vamos? -Vamos.

Carla, que... que estos días me han hecho recordar

lo feliz que era cuando vivíamos juntos.

Cuando tenía un día de mierda y llegaba a casa,

te veía y se me pasaba todo.

O cuando nuestro plan favorito del mundo

era manta, peli y nada más.

Cuando te quedabas dormida aquí en el pecho hasta...

Y que...

que era el hombre más feliz del mundo, ¿sabes?

Y que me encantaría volver a ser ese hombre.

Joder, perdóname, Carla.

No tenía que haber dicho nada de eso. -Que no, que no.

Que yo también quiero.

-¿El qué?

-Samu, yo también quiero todo eso.

Y... me he estado intentando convencer de lo contrario

para no sufrir, pero...

Es mucho peor así.

-Yo también pienso eso.

-¿Y si nos hacemos daño?

-Ya nos hemos hecho todo el daño del mundo, Carla.

Ya está bien, ¿no?

Ahora nos queda disfrutar y ya está.

-Importa el resultado final. -Un beso en el último segundo.

Y no va a ser fácil.

Y a lo mejor no sale bien o...

O yo qué sé.

¿Qué pasa?

-Que no te quiero contagiar. -Ya.

Ya, ya, ya, es verdad.

-¿Y qué hacemos ahora?

-Pues no sé.

(Mensaje)

(Conversación inaudible)

Y aquí están... dos cañas para esa "bellissima" pareja.

(AMBOS) "Grazie".

-Dos "calzones" y dos cañas.

De la cerveza ya me ocupo yo.

-Perfecto, marchando.

-Eh... salud. Salud.

Por la "bellissima" pareja.

(ACENTO ITALIANO) Aquí, "bellissima" solo hay una.

Incluso con bigotito. Huy, espera.

Espera, espera.

Ya está.

¿Qué tal si después de las cañas nos vamos a ver una peli?

No creo que tenga la cabeza para pelis.

Ah, ¿no?

Yo creo que sí.

Yo creo que esta te va a gustar.

¿Es la grabación de la cámara de seguridad?

¿Cómo la has conseguido? Eso da igual.

Lo importante es que ahora nadie tiene acceso a ella.

A mí no me importaría volver a verla.

Creo que es una de mis pelis favoritas.

(RÍE) Podemos verla esta noche en mi casa.

El otro día saliste corriendo y no nos echamos la siesta.

Es que supongo que a veces me da... miedo.

Yo también tengo miedo.

Pero ¿sabes cómo se soluciona?

¿Mmm? Comiéndoselo.

Paolo, eh... toma, quédate con la vuelta.

-Muchas gracias.

Aquí tenéis.

(CRISTINA RÍE)

¿De qué os reíais?

-Nada, que dice que la pizza está exquisita,

a ver si le pasas la receta.

-Ay, perdón.

-Pasa, pasa.

(SUSPIRA)

(Móvil)

(Móvil)

(Móvil)

(Móvil)

¿Cómo vas?

Pues me queda un ratito.

Un proveedor se ha quedado tirado y me toca esperarle.

Vaya.

Bueno, pues yo me voy a casa, ¿vale?

Sí, pero espera, te quiero enseñar una cosita.

Me han mandado unas fotos los de la reforma del baño.

Y he seleccionado un par de azulejos que pueden estar bien.

Este de arriba tiene un rollo "art déco"

que puede estar guay, pero el color es un poquito chillón.

No sé, ducharnos cada mañana

en un baño naranja igual acaba cansándonos, ¿no?

Y este está más discreto, creo que le va muy bien a la madera.

¿A ti cuál te gusta más?

Los dos, están bien los dos.

Hay que decidirse hoy mismo,

mañana he quedado en darles una respuesta.

Y tenemos que mirar el color de la habitación

y el papel pintado que proponías, me parece bien.

Es que no estoy para papel pintado, la verdad.

Pero sigue en pie esa idea, ¿no? Lo propusiste tú.

Bueno, ya, ¿y qué?

Me muero de ganas de irme a vivir contigo y con Marcos.

Fíjate, no sé,

pocas veces he tenido la sensación en mi vida

de estar haciendo lo correcto.

Y ahora... ahora la tengo.

Por eso estoy tan impaciente.

¿Marcos ya ha dicho que sí?

No, falta que se lo consulte a Carolina,

no creo que ponga ningún problema.

¿Qué pasa, Lorena?

Me da que no tiene que ver con elegir unos azulejos.

Esto no es una buena idea.

¿El qué no es una buena idea?

Irnos a vivir juntos no es una buena idea.

(SUSPIRA)

¿Y eso por qué? Lo hemos hablado mil veces.

Oye, si es por Marcos,

le digo que no venga y ya está.

O lo miramos más adelante. No, no es por Marcos.

Es por nosotros, esto no va a funcionar.

¿Cómo que no? ¿Por qué no va a funcionar?

¿Qué ha pasado para que no funcione?

Que somos incompatibles.

Tú quieres unas cosas, yo quiero otras

y esto es imposible de conciliar.

Espera, espera, hey, hey.

Sigues queriendo ser madre, ¿es eso?

Yo...

Creía que podía renunciar a este deseo y estar bien,

pero me estoy dando cuenta de que no.

Y me voy a arrepentir y te lo voy a acabar reprochando.

Como tú me lo reprocharías a mí si tuvieras que ceder por mí.

Y yo no quiero que nos odiemos, Jorge, yo no quiero que nos odiemos.

Pero eso no tiene por qué pasar.

Igual con el tiempo...

Es que no es una cuestión de tiempo, es una cuestión de querer lo mismo.

De tener un proyecto juntos.

Y de compartir ese proyecto juntos ahora, no dentro de un tiempo.

Tenemos ese proyecto, Lorena, lo tenemos.

Y nos queremos.

Sí, nos queremos.

Y, precisamente porque te quiero muchísimo,

no quiero cometer el error

de acabar culpándote por mi infelicidad.

Yo no voy a hacerte infeliz. No, ni yo a ti.

Pero va a acabar pasando, ¿no te das cuenta?

Uno de los dos tendrá que ceder.

Y será infeliz.

Y acabará echándole la culpa al otro.

Jorge, estamos en un callejón sin salida.

Por eso... es mejor que cada uno siga adelante por su cuenta.

No, no, no. No.

Tiene que haber otra solución.

Ojalá.

Pero... A ver, no podemos tirar por la borda lo que hemos hecho.

Lo que hemos construido, es que es...

Yo te necesito, te...

Yo te quiero en mi vida.

Y yo te quiero a ti.

Pero así no.

No funciona, ¿no... no te das cuenta?

Jorge, el amor no es suficiente.

Por eso es mejor dejarlo ahora,

antes de que sea... demasiado doloroso.

Jorge.

Gracias por este tiempo maravilloso.

Mamá.

-Noa, cariño, pensaba que ibas a llegar antes.

-Sí, es que he tenido una tutoría y se me ha alargado un poco la cosa.

-¿Qué es eso tan importante que me tienes que contar?

-A ver, escúchame, mamá.

Eh... Te lo tengo que contar antes de que llegue papá.

-¿Y eso? ¿Por qué?

-Siéntete, "porfa".

-Vale.

-A ver. (CARRASPEA)

No sé muy bien por dónde empezar, es...

Eh...

He descubierto algo de papá.

Algo que te va a hacer mucho daño.

-Noa, cariño, me estás asustando.

-Es que es algo horrible.

Y... lo sé desde hace tiempo,

pero no sabía si contártelo o no...

-Escúchame.

Sea lo que sea, me lo puedes contar, ¿de acuerdo?

-Vale.

A ver, ¿tú te acuerdas de Lucía?

Bueno, pues lo que te voy a contar lo sé por ella.

-Huy, no, esa chica no es de fiar,

no deberías creerte nada de lo que te diga.

-Totalmente, si yo tampoco me fiaba de ella, mamá,

pero lo he visto con mis propios ojos.

-¿A qué te refieres? ¿Que has visto el qué?

-Pues unos archivos en... en el ordenador de papá.

A ver, eh...

Lucía le robó el disco duro a papá

para chantajearle y asegurarse un puesto en Londres.

-Pero ¿para chantajearle con qué?

-Con unas fotos que papá tenía en el ordenador.

-¿Qué tipo de fotos?

-Fotos de niñas.

-¿Perdona?

-De niñas pequeñas.

Mamá, papá está enfermo.

El abuelo no ha querido ni escucharme.

Normal.

Esto no me lo va a perdonar en la vida.

Quizás con el tiempo.

No, ni con el tiempo ni nada.

He traicionado todo lo que él ama: el negocio, la familia, el Mercado.

Y, encima, haciendo eso, he conseguido condenaros a todos.

(Llaman a la puerta)

-Vaya, veo que habéis empezado a brindar sin mí.

Qué impacientes.

Anda, chaval, pon tres copas, que vamos a brindar otra vez.

Cambiad esa cara, que estáis muy mustios.

Alegradla.

Por Hortuño, que ya no nos molestará más.

La verdad, en el fondo, seamos serios,

Hortuño no le gustaba a nadie, ni siquiera a su viuda.

Estuve en el velatorio hablando con ella

y me he ofrecido para comprarle todas sus empresas.

No esperaste a que se enfriara el cadáver.

Es verdad, es de mal gusto, ¿no?

Bueno, de todas formas,

después de que él haya muerto y su hijo haya tenido ese escándalo,

ningún inversor se va a querer acercar a él,

así que yo creo que le he hecho un favor

a esa pobre mujer. Claro.

Y así tú te aseguras seguir blanqueando

el dinero de la cocaína en sus negocios.

Exacto, eso se llama... Los ingleses lo llaman "win-win", sí.

Solo queda un pequeño detalle para encarrilar todo.

Tu padre.

A ver, eso no puede ser, Noa.

-Mamá, te...

Lo he visto con mis propios ojos, tienes que creerme.

-Tiene que haber una explicación para esto.

-Sí, que papá es un pederasta, mamá.

-No, eso es lo que quiere Lucía que tú creas.

-Pero ¿qué dices?

-Mira, esa chica intentó aprovecharse de tu padre

desde que puso un pie en esta casa.

Es un monstruo, Noa.

Se inventa todas esas cosas horribles para hacerle daño a tu padre.

-Mamá, que no se lo ha inventado, lo he visto yo con mis propios ojos.

¿Por qué no me escuchas? ¿Por qué no me crees?

-Porque papá nunca haría una cosa así.

-Ah, ¿no? ¿Y cómo sabes que no?

-Porque él mismo me lo ha dicho.

Deberías escucharle antes de sacar

tus propias conclusiones. -¿Qué hace él aquí?

-A ver, cielo, sabía que querías hablar conmigo a solas.

He intuido qué es lo que me querías contar.

Es que necesito

que escuches su versión, Noa. -Mamá.

¿Qué versión?

¿No te das cuenta de que te está engañando otra vez?

-Escúchame. -Mira.

Ni te acerques a mí.

-Te aseguro que puedo explicarlo todo.

-Que no quiero escuchar tus explicaciones, papá.

¡Que no quiero escuchar tus mentiras!

Eres un cerdo, un cerdo repugnante.

Deberías estar en la cárcel.

-Bueno, ya está, Noa. -Déjala.

Está confundida. -Sí.

Una mierda. -Escúchame.

Lucía manipuló el disco duro.

Se lo inventó para arruinarme la vida.

-Eso es mentira, papá. -¿Mentira?

¿Y por qué le contaría eso a tu madre?

-Porque no te queda otra.

-No, porque no tengo nada que ocultar.

-Ya.

¿Y qué me dices de Natalia?

-¿Qué Natalia?

¿Tu amiga?

-Abusó de ella cuando era pequeña.

Ella me lo ha contado.

-Oh, pero ¿qué inventas ahora, por favor?

-Y, si lo has hecho con Natalia, lo habrás hecho con otras niñas.

¿A cuántas niñas has violado? -Oye, basta ya, Noa, por favor.

-No, no basta ya.

No me voy a callar hasta que admita lo que ha hecho.

-Basta ya, Noa.

Basta de hablar así de tu padre, ¿entiendes?

Se te tenía que caer la cara de vergüenza.

¿Cómo puedes pensar algo así?

¿De qué te ríes?

Es de Natalia.

Papá lo tenía guardado entre sus cosas.

Ya, si quieres tú, le preguntas.

(Portazo)

Tu padre no nos dará problemas

cuando vuelva de su viaje a Roma, ¿no?

(Llaman a la puerta)

¿Quién es?

-Buenas noches.

-¿Qué hace este aquí?

¿Le habéis contado algo? -Tranquilo.

Mi hijo no ha soltado ni prenda.

Me he enterado yo solo

gracias a los inútiles que has metido en mi empresa.

Solo les falta llevar un cartel luminoso en la frente

con la palabra "camello".

-¿Y a qué has venido entonces?

-A decirte un par de cosas muy claras.

Papá, te pido...

Cállate, no estoy hablando contigo.

Lo primero que quiero que sepas

es que en Frutas y Verduras De la Cruz

solo manda uno y ese soy yo, ni este,

ni este, yo.

A partir de ahora, si quieres negociar con nosotros,

tendrás que hablar conmigo.

Ya los mantendré yo a raya.

-¿Y la segunda cosa?

-Que tienes todo mi respeto.

Pero, a cambio, exijo el tuyo.

Ya no habrá más amenazas ni palizas de matones.

Si queremos salir ganando todos,

tenemos que empezar a comportarnos como empresarios serios

y no como mafiosos de pacotilla.

-Vaya con el abuelo, ¿eh?

Los tienes bien puestos.

-Yo no soy como mi hijo, ya lo irás viendo.

-Ya lo veo.

Espero no tener que arrepentirme por esto.

-Ni yo tampoco.

No, no me ha...

Es... espera.

No.

(RÍE)

Te estás tirando al mozo. Sh.

No grites tanto, te va a oír todo el Mercado.

Fue víctima de Nacho, normal que no quiera revivirlo.

Además, cuanto más la presionemos, más se va a rayar.

-¿Y qué mierda hago?

¿No hacer nada mientras mi madre vive con un pederasta?

-¿No decías que tu madre...? -Una estrategia para que no te viera.

Voy a estar contigo, que lo respete. -Bueno, bueno.

No tienes que decírselo ya.

-¿No te encantaría verla cuando se entere?

-Dentro de un ratito, tengo cita

en la clínica de fertilidad. -¿Qué?

¿De verdad? -Sí.

-¿Te acompaño? -No.

No, quiero acostumbrarme a hacer esto sola.

¿Quién era?

Mario.

Un amigo de Paolo que le mandó ayer una oferta de trabajo para mí.

Y no me dijo nada.

-Lo podemos perder todo.

Los negocios, las casas, los puestos, el Mercado entero, nuestras vidas.

Que no es un juego, ¿eh?

Esto no es un juego, así que ¿nos podemos concentrar

en buscar una solución

para acabar con Velasco de una vez por todas?

-¿Por qué le habrá comentado eso Natalia?

-¿Piensas que ha hablado con ella?

-¿Qué quieres decir?

-Se lo ha inventado todo.

-¿Los almacenes del Mercado tienen humedades?

Sí, es que estuvimos haciendo

una reforma en la cubierta del tejado.

Hubo filtraciones.

Y ha llovido muchísimo, ha empeorado.

Lorena es de lo mejor que me ha pasado en la vida.

Por primera vez me he sentido...

completo.

Y, si no soy capaz de conservar una relación así,

¿qué futuro me espera?

No quiero que mamá esté encima. -¿Y qué pretendes?

¿Que hagamos como que no lo sabemos? -Papa.

Van a ser solo unos días.

-Yo he vuelto a Madrid... por ti, Paolo.

-Tú has vuelto solo porque Doménico te ha dejado.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 152

  • Compartir en Facebook Facebook
  • Compartir en Twitter Twitter

Mercado central - Capítulo 152

04 may 2020

Tras descubrir la traición de su hijo, Jesús reniega de él y se niega a colaborar. Pero, sin saberlo, Noa inspira al patriarca para proteger a la familia.

Gracias a la intervención de Celia, David dará una segunda oportunidad a Andrea.

Reconciliación de Lorena y Valeria, que lleva a Lorena a replantearse su decisión.

Celia descubre el misterio del sujetador y Carmen discute con su madre y con Nicolás por la supuesta varicela de Samuel.

Sin querer, Cristina ha metido a Paolo en problemas con Andrea. Rosa procura un nuevo acercamiento entre ellos y la química entre Adela y Miqui remueve viejos sentimientos en la ex pareja.

Carla y Samuel se dejan llevar por sus sentimientos y deciden volver a intentarlo.

Harta de ver cómo su padre acosa a Jonathan, Noa decide poner en práctica el consejo de su abuelo y sacar la verdad a la luz, pero vuelve a chocarse con un muro.

Lorena asume que sus deseos de vida y los de Jorge son incompatibles.

Jesús sorprende a Elías y Germán, mostrando sus dotes de empresario, negociando con Velasco.

ver más sobre "Mercado central - Capítulo 152 " ver menos sobre "Mercado central - Capítulo 152 "
Programas completos (198)
Clips

Los últimos 347 programas de Mercado Central

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

El administrador de la página ha decidido no mostrar los comentarios de este contenido en cumplimiento de las Normas de participación

comentarios.nopermitidos