Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años  Mercado central - Capítulo 137 - ver ahora
Transcripción completa

Hemos dicho Jesús y yo que no queremos despedidas ni jaleo.

-Mama, si es que yo lo único que quiero

es una fiesta contigo, ya está.

-Bueno.

Pero solo un rato, ¿eh?

-Je, je, je, esa es mi madre.

¿Por qué se tomaría mi madre un antidepresivo?

-Me lo volvieron a recetar hace poco porque estaba mal y...

y tu padre me vio en el bar

y me dijo que se lo estaba tomando cuando te fuiste.

-Esta quiere tener un hijo.

Y Jorge se lo tiene que pensar.

A mí me parece bien.

Pero ¿dónde vais a poner la cuna?

Lo digo porque no vivís juntos, ¿no?

Quizá deberíamos plantearnos...

Vivir juntos.

Sí.

Pues es justo lo que te iba a decir.

Quieres que averigüe si Andrea es quien dice ser.

-Él se piensa que es una chica joven, de su edad.

Y no sabemos qué hacer para que lo compruebe.

No sé, he pensado que igual podrías investigar

un poco por él.

-Y por ti.

A ver, Carla.

Aunque estemos haciendo vidas por separado,

siempre vas a poder contar conmigo.

-En este artículo pone que en los análisis normales

no se puede detectar el antidepresivo.

-En algún sitio habrá comprado el medicamento.

-Conociendo a mi padre, no creo que haya sido cerca.

Se habrá ido a alguna farmacia más lejos, yo qué sé.

¿Y si le miro las cuentas?

Es que me han llamado de la escuela

y me han dicho que ha habido un problema con el último pago.

¿Por qué no miramos la cuenta?

Vemos si está hecha la transferencia, igual ha habido un problema.

Hemos analizado la morfología de Hortuño

y la hemos comparado con el hombre que estaba reunido con Érika.

Y no coinciden.

-Nosotros también tenemos novedades de Hortuño.

Hemos sabido que planea algo contra Jorge.

Va camino de recibir lo mismo tú o algo incluso peor.

Eso no lo sabemos, Javier.

-Era cuestión de tiempo.

Cuando dos personas trabajan juntas, pues...

Pues, a lo mejor, una de ellas

puede hacerse una idea equivocada de lo que está pasando.

Bueno...

Yo creo que yo te... -Hola.

-¿Sí?

¡Olivia! Hola. -Hola.

-Te presento a Olivia.

Mi novia. -Encantada.

Igualmente.

¿Qué vas a hacer? -¡Prepárate!

-¿Qué vas a hacer? ¡No! ¡Ay! -Vas a pasar la mejor noche

de tu vida. -¡No! ¡Ay, Carmen!

-Abróchate, que vienen curvas. -¡Mi pelo! ¡Puri, Charito!

-¿Has perdido a la abuela? -Dicho así, parece que es mi culpa.

No, es que yo creo que se despistó.

Estábamos ahí, en el parque de bomberos, y no estaba ya.

Eh.

De esto, ni una palabra a Jesús.

(Móvil)

-No sé, pero hay que encontrarla, me estoy preocupando.

-Número oculto.

¡Mama!

-Trae. -Quita.

¿Cómo estás?

Pero ¿dónde estás?

¿En la comisaría? -¿En la comisaría?

Ay, de verdad, lo siento.

Siento muchísimo aparecer así, Elías,

sin decirte nada, sin avisar,

pero es que... no sé qué hacer, estoy desesperada.

¿Qué ha pasado?

Vamos a ver.

Estoy tan nerviosa que no sé por dónde empezar.

¿Empezamos por el principio? Sí.

Vamos a ver.

Yo... yo le había montado, le he montado,

una despedida de soltera a mi madre, porque eso es lo que hay que hacer,

sí, cuando uno se casa, hay que montar despedidas de soltero.

Pero la he cagado, la he liado, se ha liado, se ha liado.

Pero ¿qué ha pasado exactamente? Es que exactamente no lo sé.

Vamos a ver.

Del grupo de la despedida unas se querían quedar bailando

y otras querían...

irse al parque de bomberos, bueno.

La cosa es que yo estaba organizando.

Y en esto... que perdí a mi madre.

Y lo siguiente

que supe es que me ha llamado

desde... la comisaría,

que... que está detenida.

Que está detenida, tu madre.

Sí.

¿Y por qué la han detenido? Es que no sé.

No, no... Es que casi no he podido hablar con ella.

Pero me lo puedo imaginar.

Mi madre tiene ciertos problemas con la autoridad, ¿sabes?

Bueno, más si va chispada, claro. No sabes por qué la han detenido.

No, he ido para allá y no me han dejado verla,

está en el calabozo.

Y no...

No podemos hablar hasta que no hable con el juez.

¿Qué habrá hecho? Vaya con la Pacheco.

Bueno, que había pensado que...

Que, como tú tienes muchos contactos,

pues igual te podías enterar de lo que había hecho.

Vamos, que...

Que igual podías sacarla, ¿no? O...

¿En qué comisaría está?

En la de Leganitos.

Leganitos.

Eh... Elías. ¿Qué?

Elías. ¿Qué?

Es que... te quería pedir otro favor.

¿Tienes más familia en la cárcel? No, no, no, no.

Es que...

Que seas discreto.

No quiero que mi madre sea la comidilla del Mercado.

Que no se lo cuentes a tu padre.

No te preocupes, no se va a enterar nadie.

Gracias.

¡Pedrito!

¿Qué pasa, pájaro? ¿Cómo estás?

Oye, tú sigues ahí en Leganitos, ¿no?

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

¿Samu no te ha dicho nada?

No, no, simplemente me ha dicho que se pasaría.

Supongo que algo habrá encontrado, si nos ha citado...

Sí, y no sabes la de cosas que se me pasan por la cabeza,

prefiero no decirlas.

-Pues ya te puede relajar. ¿Qué?

Ni sinvergüenza, ni estafador ni pederasta.

Andrea es una niña maravillosa de 16 años

real como la vida misma.

¿Y cómo lo sabes?

Porque he encontrado la web de su instituto.

Tiene 16 años y tiene los mismos gustos que David:

estadística, física y mates.

-¡Guau!

-Ha ganado tres años el concurso de su instituto.

Si hubiéramos hecho una chica para David a medida,

no habríamos acertado así.

Pues yo ya me quedo mucho más tranquila, gracias.

De todas formas,

¿no tendrás una foto de ella?

Por ponerle cara. No.

Solo por ponerle cara, Carla.

Ya que estamos, ¿no? Yo también quiero verla.

-Sois unas cotillas.

Aquí está.

Andrea, tu nuera.

La ciberamiga de David, de momento.

-Estás pensando lo mismo que yo, ¿verdad?

Sí. Complejos.

Sí, igual por eso no ha querido mandarle una foto.

Y es una pena, porque es preciosa. Ya ves.

Pero ya sabes que está en una edad chunga.

¿Y quién quiere ser la rarita acomplejada?

-No os paséis, no es para tanto.

Está algo gordita, pero... -No es por eso.

A lo mejor quiere ser algo más que una amiga para David.

Mi niño no está mal.

No, eso es verdad. Pero, bueno, ya se verá.

Muchas gracias.

-De nada. Hala, ya está.

Tranquilidad absoluta.

Que hablen todo lo que quieran. -Pues sí.

Muy bien, porque ya teníamos a Celia sin uñas, te lo digo.

No exageres tampoco. Es verdad.

-Bueno, nada, que ya me voy.

Me alegro mucho de haberos servido de ayuda.

Cualquier cosa que necesitéis,

aquí tenéis disponible vuestra oficina de información.

Muchas gracias, me has hecho un superfavor.

¡Chao!

Carla, cariño, que muchas gracias.

Ha tenido que ser difícil pedirle este favor a Samu.

Bueno, lo más chungo ha sido volver a entrar en ese despacho,

pero... me lo ha puesto fácil, es que es un buen tío.

Es guay.

Gracias.

No, gracias a ti y a David.

Huy, ¿por qué? Pues sí.

Yo podría tener ahora mismo una vida de mierda,

compartiendo piso con tres como yo.

Y, en lugar de eso, estoy con vosotros.

Que me hace muy feliz.

Y nunca había querido tanto a alguien que no formara parte de mi familia.

Bueno, Samu, pero eso no cuenta, así que...

Gracias por quererme y dejaros querer.

Pero ¿cómo no te vamos a querer, Carla, si eres maravillosa?

Ay...

Ay...

Menuda juerga se debieron correr estas anoche.

Tenía tu mujer una cara esta mañana que daba miedo hablarle.

¿A que sí, Samu?

-Sí, mi abuela es una máquina.

-Va, tampoco es para tanto.

Por lo que me ha contado Carmen,

fue cenita, copa y luego se fueron a bailar bachata.

Pero solo un ratito. -Bueno.

-Las amigas de Valeria ya no son unas chiquillas.

-Bueno, tú no conoces a Valeria.

Tiene más marcha que muchas jovencitas que conozco.

-Bueno, Valeria no lo sé, pero te aseguro

que sus amigas no están para mucho.

De hecho, se fueron a bailar

y a los cinco minutos ya se querían ir a casa.

Pero Adela

las invitó a tomarse la última copa

en su estudio y Puri y Floren

estaban un poco cansadas y ya se quedaron allí a dormir.

Y Valeria también.

-¿Que Valeria durmió en casa de Adela?

-Y allí debe seguir.

Porque, vamos, es que la Pacheca mayor

tiene un dormir que no veas.

Aunque la hija no se queda atrás. -Oye.

Cómo tenéis la frutería de cola.

-¡Yo qué sé! O sea, ¿no durmió en vuestra casa?

-Que no, que se ha quedado en casa de Adela.

-¿Por qué tu mujer me ha dicho otra cosa?

-¿Eh? ¿Qué otra cosa?

-Pues que durmió en vuestra casa. -Bueno.

A lo mejor entendiste eso, ¿no?

-Lo he entendido perfectamente.

No me hagáis como Elías, ¿eh?

Aunque algunos quisieran que no entendiese nada.

Carmen ha dicho lo que ha dicho.

Y tú lo sabes porque estabas delante.

-Ya, bueno, pero a veces uno oye unas cosas,

entiende otras...

¿Sabes?

Y, bueno, yo me voy, porque tengo cosas en el despacho.

Me ha llegado un papel...

Hasta luego.

-Jesús, no te pongas así,

seguro que todo tiene una explicación.

Lo que está claro

es que uno de los dos no entendisteis lo mismo, ¿sabes?

Además, ¿por qué te va a mentir Carmen?

-Eso me pregunto yo.

Pero voy a saberlo ahora mismo.

-No, no, tómate el cafelito. -¡Anda, anda!

-Pero que... Espérate, hombre.

Tome, aquí tiene.

Hala, que pase un buen día.

Pero, bueno, ¿qué haces aquí otra vez?

Ya te he dicho que cuando venga mi madre yo te lo digo.

Estos enamorados, no pueden pasar una noche separados.

-Corta el rollo, Carmen. ¿Dónde está Valeria?

-Pues durmiendo. -¿Durmiendo dónde?

Y no me mientas, yo huelo las mentiras a lo lejos.

-Cariño, ¿no estaba en casa de Adela?

-Sí, claro, lo que te he dicho. -No.

Me has dicho que estaba durmiendo en vuestra casa.

-¿Yo?

Vamos a ver, es que igual me he explicado mal.

A ver.

Mi madre quería dormir en nuestra casa.

Pero estábamos en casa de Adela, se hizo tardísimo

y se quedó dormida en el sofá.

Y dije: "No voy a despertarla". -No, no, no.

No te has explicado mal.

Me has dicho claramente que estaba durmiendo en vuestra casa.

¿Por qué me has mentido?

-No te he mentido, que yo no miento.

No te consiento que me llames mentirosa.

-¿Quieres que se lo preguntemos a Adela?

-No.

-¿Y por qué no quieres que se lo preguntemos?

¿De qué tienes miedo, Carmen?

-Que vas a molestar tú a Adela ahora.

¿Sabes la que le liamos ayer? Déjala en paz.

-Mira, ahora estoy empezando a preocuparme de verdad, ¿eh?

Déjate de tonterías, Carmen.

¿Dónde está Valeria? ¿Le ha pasado algo? ¿Está bien?

-Estoy perfectamente.

Bueno, aparte de la resaca, claro.

Oye, ay,

¿por qué no me traes un café, a tu futura mujer?

Que hoy lo necesito más que respirar.

-¿Qué tal la despedida?

-Bien, bien, bien. -¿Sí?

-Pero ya no estoy para según qué cosas.

-¿Por qué? ¿Qué hiciste?

-Nada, nada.

¿Por qué no comemos luego y te lo cuento?

Pero ahora tráeme ese café, te lo pido por favor.

-Anda, vamos a tomarnos ese café. -Por favor.

-Me apetece otro, lo he dejado a medias.

-Vaya telar, ¿eh?

-Ya te vale a ti, que me dejaste sola.

-Ay, que estaba a mil cosas.

Lo importante es que te han soltado.

¿Te ha interrogado el juez?

-Me ha hecho cuatro preguntas, una multa y listo.

-Mamá, ¿qué hiciste? ¿Cómo acabaste en comisaría?

-Ay, hija, pues es que... yo qué sé.

Yo lo último que recuerdo es que tenía una copa en cada mano,

que estaba bailando y que de repente... ¡pu!

Se me ha olvidado todo.

-Jesús tiene un mosqueo...

Con los nervios,

a él le he dicho una cosa y a Nicolás, otra.

-Bueno, tú déjame a Jesús, que sé cómo manejarlo.

-Vete a casa, tendrás que descansar, no habrás dormido.

-Pues no te creas, porque, como iba como iba,

me he quedado dormida en la celda.

Y tan a gusto, oye.

Pero, bueno, sí, igual cambiarme, sí.

-Sí. -Bueno. Luego nos vemos, hija.

Dile que deje el café ahí, ¿vale?

-Hasta luego.

Solo de pensar que casi le abro la cabeza a Paolo...

Me está empezando a afectar esto de Hortuño.

Es normal que estés así después de lo que ha pasado.

¿No has pensado en desaparecer hasta que la cosa se calme?

No te vas a arruinar por cerrar la tienda unos días.

Lo he pensado, sí, pero...

No sé si por orgullo o por inconsciencia,

pero no dejaré que ese desgraciado me obligue a hacer algo.

No soy un cobarde.

Lo sé.

Me preocupa que le haga algo a Lorena.

No, es la hermana de Elías.

¿Y eso le va a echar para atrás?

Puede decirle que no sabía quién era o que se le ha pasado.

(Llaman a la puerta)

-¿Qué pasa?

Esto es para el segundo tío más guapo del Mercado Central.

¿Quién te lo ha dado?

No sé, estaba con el resto de paquetes.

No ponía remitente ni nada, solo ponía "Jorge Santos".

Mi mente prodigiosa ha deducido que eras tú.

Será de alguna admiradora, estos ojitos azules

son lo más demandado del puesto de "delicatessen".

Samu.

Si estuviéramos más al trabajo y menos a la broma,

sabríamos quién te ha entregado esto.

A mí no me hables así.

Te he traído esto para hacerte un favor.

Pero tú ni eres mi jefe ni nada.

Nos vemos.

(Portazo)

-No estarás pensando que lo manda Hortuño.

No lo sé, Javi, no lo sé.

Igual me estoy emparanoiando, pero ¿tú qué pensarías?

Un paquete, a mi nombre, sin remitente.

¿Llamamos a la policía? No, no.

No quiero que se rían en mi cara.

Bueno, pues voy a abrirlo. No, ya lo abro yo.

Cuando esté más tranquilo.

¿Qué pasa, Noa?

-Oye, Samu, una cosa.

¿Tú te acuerdas cuándo fue el día exacto

en que hablaste con mi padre sobre el Dicrosón?

-Puf, pues no me acuerdo.

-Intenta acordarte, "porfa", es importante.

-Pero ¿necesitas el día exacto?

-¿Puede ser hace poco más de una semana?

-No sé, Noa.

Sí, ocho días, ocho o nueve días.

Sí, me acuerdo.

Porque fue la noche del Central.

-Ya, tiene sentido. -¿Ya has averiguado algo o qué?

¿Lo estaba tomando tu madre?

-No, no, no te preocupes.

Ya te contaré, ¿vale?

Gracias. -Venga, chao.

¿Qué pasa, chaval?

¿Qué haces?

-Intento hacerme un selfi para una amiga.

-Ah, que ya te ha mandado una fotito ella, ¿eh?

-No, pero lo hago porque quiero.

Según Carla, no puedes ser amigo de alguien si no sabes cómo es.

-Hombre, pues no puedes.

¿Y qué?

Es más difícil de lo que parece.

-Pues sí.

(SAMU SUSPIRA) Trae, anda, trae,

que te voy a dar una "masterclass" de selfi.

Ay.

(MIQUI) Pues esto por aquí.

Gracias.

(SUSPIRA)

Menuda noche, ¿eh?

No, no, no, no.

Perdona el retraso... Uf.

Y gracias por... por haberte encargado tú de abrir.

Es mi trabajo.

Y una fiesta de vez en cuando no hace daño.

Bueno. Y una fiesta de soltera,

si no se desmadra,

no mola.

Pero es que esta se desmadró. Sí, ¿no?

Un poco bastante.

(RÍE) Pues que te quiten lo "bailao".

No, que me quiten lo bebido.

¿Todo bien?

Sí, sí. Casi nos hemos quedado sin rosas rojas.

Estaba pensando en hacer un pedido.

Y... no sé. ¿Por qué no vas a casa a descansar?

Yo me encargo de todo, en serio. No, no.

Prefiero estar aquí, si no, se me hace el día largo.

Vale, como quieras.

Ayer quise darte

una explicación, pero... creo que no estuve muy fina.

Ah, "certo", tenemos una conversación pendiente.

Bueno, más que una explicación, creo que te debo una disculpa.

Porque intenté cortar

algo que... está pasando en mi cabeza, creo.

A ver, me sentía incómoda.

Porque creía que te sentías atraído por mí.

Que me estabas tirando los tejos.

Ya ves tú.

Y... no te preocupes, que ya lo he entendido, ¿eh?

Creo que eres un chico muy majo y muy educado

y... y simplemente te gusta agradar.

A ver, me siento ridícula

pensando que... que te pudieras sentir atraído por mí

y, además, con la diferencia de edad, es absurdo.

No hay nada por qué disculparse.

Es verdad que a mí me gusta agradar y a veces me paso de empalagoso.

Y, si te incomoda, pues... puedo intentar contenerme.

Sí, necesito que aflojes un poquito.

Vale.

Pero nunca he exagerado cuando te he lanzado un piropo.

Eres una mujer muy interesante.

Y no creo que la edad sea ningún problema.

La verdad es que estás estupenda.

¿Lo ves? Ya estás otra vez.

Pero es que es verdad.

En el atractivo no importa la edad, quien diga lo contrario es imbécil.

Cualquiera estaría feliz de tener a una mujer como tú.

Me estoy...

Me estoy pasando, ¿no?

Pues sí.

Porque... si me dices cosas tan bonitas,

yo no sé si voy a saber pararte.

Eh...

Voy a... voy a ir a por unos lirios ahí al...

Primera regla.

No utilices la cámara frontal, es una mierda.

Usa la de atrás, la que tiene calidad.

Segundo.

La luz.

No uses "flash", por favor, eso es de primero de selfi, David.

Utiliza la luz natural, que favorece mucho más.

Tercero.

Busca un buen fondo, no un fondo cutre.

En el Mercado hay fondos mejores.

Y, por último,

sonríe un poquito, no pasa nada de vez en cuando.

Pero sonríe enseñando los dientes.

Y no así, en plan a medias.

No, sonríe con toda la cara, que se vean bien los dientes.

Un poquito más.

¡Ese es mi chaval!

Sí, señor.

Bueno, y muy importante, antes de mandarle el selfi,

te tienes que mirar un poquito así,

en el reflejo del móvil,

para que veas que el pelo está correcto

y queda fetén para la fotito.

A ver.

Ni te has preocupado.

Ven, ven aquí.

Ven aquí, anda.

A ver.

A ver.

Sonríe, hombre.

(Cámara)

Mira, ¿qué te parece?

-Está bien.

-Vamos a ver, ¿cómo que está bien?

Si está que flipas, a Andrea le va a encantar.

-¿Cómo sabes que es para Andrea? No te he dicho su nombre.

-¿Eh?

Andrea, el hijo de Paolo. La foto es para él, ¿no?

-He dicho que una amiga y has dicho "ella".

-Ah, ¿sí? -¿Quién te lo ha dicho? ¿Carla?

-Qué más da quién me lo haya dicho, ¿no?

-No sé por qué todos os metéis en mi vida.

Me parece bastante feo. -Vale.

Sí, ha sido Carla.

Me lo ha dicho por una buena causa. -¿Qué causa?

-Prométeme que no te vas a enfadar.

Prométemelo, hombre.

-Te lo prometo.

-Tu madre ha estado un poco preocupada.

No sabía si Andrea era Andrea o alguien que te quería hacer daño.

Pero... yo la he buscado en internet.

Y es una tía guay.

Y ha ganado tres años el campeonato de matemáticas.

-Eso no lo sabía. -Si te lo dice todo la primera vez...

Tengo una foto de ella.

¿La quieres ver?

Sí. -¿Sí?

¿Qué?

Vale, ya.

Ya, que te vicias.

Poco a poco.

Bueno, anda, donjuán, te dejo, que tengo lío.

Hasta luego.

Valeria, por favor, cuéntame lo que pasó anoche.

¿En serio?

-Haber venido, guapa.

-Pues todo el mercado habla de ello.

Y sé que habéis hecho un pacto de silencio.

Y sé que, tarde o temprano, una de vosotras lo va a romper,

porque no va a poder evitar contarlo, y va a ser peor.

-Lo que pasa en la despedida

se queda en la despedida.

Es la ley.

-Ya me enteraré.

-Bueno, ¿y tú qué?

Me han dicho que estás buscando piso para vivir con Jorge.

Entonces la cosa va bien.

-Ay, sí, parece que no va mal, Valeria.

-Entonces has hecho caso a lo que te dijo Adela.

-No, es que no ha hecho falta.

Porque estábamos pensando los dos lo mismo,

en irnos a vivir juntos, y entonces Jorge me lo dijo.

-Me alegro.

Ese es el primer paso.

Es el más importante.

Y te lo digo yo.

-Sí, supongo que sí.

-Bueno, y, después de iros a vivir juntos,

el siguiente objetivo son los niños. -Por favor.

Ya está planteado.

Quiero dejarle pensar, por eso, cada vez que veas a Jorge,

no quiero oírte decir las palabras "pañales",

"criatura", "embarazo", "bebé"...

-¿Eso te lo ha pedido Jorge? -No, te lo pido yo a ti.

No quiero presionarle más, quiero que lo piense tranquilamente.

-Tiempo al tiempo. -Bueno, tú sabrás.

Pero, bueno, ¿cómo va lo del piso?

-Pues bien, estamos negociando las necesidades de cada uno,

las prioridades... -Negociando.

Valeria. ¡Uh!

Eh. ¿Cómo fue la despedida de soltera?

Corren rumores de que fue bestial.

Pues que corran, que corran, que ya se cansarán.

Pero a lo que vamos.

Me he enterado de la buena nueva.

Estáis buscando piso.

¿Qué tal? -Hemos visto un piso tan chulo.

Un ático con terraza, más bonito...

Sí, pero está en Lavapiés.

Que sí, que es una zona que está guay,

pero los fines de semana se pone hasta arriba.

Es un ático con terraza y está superbién.

Pero él es tan tiquismiquis...

No, verás, y luego las habitaciones, en las fotos, son enanas.

Es que no da para nada.

Una terraza de 60 m, Valeria, ¿tú sabes lo que puedo hacer yo ahí?

Puedo montar un huerto,

puedo hacer barbacoas con los colegas,

puedo leer, podemos hacer de todo...

El problema es que cocinar tampoco se puede,

la cocina es minúscula y solo tiene dos fuegos...

Y yo estoy harta de cocinar, ¿para qué quiero cocina también allí?

-Bueno, ¿y tú qué? ¿No has visto nada que te guste?

Sí, hay uno espectacular en Chamberí.

Oh. -Sí, en Chamberí.

Para los pijos. Que igual no tiene tanto rollo

como Lavapiés, pero es señorial y está muy bien.

Hay bares, restaurantes...

Es maravilloso. Es un loft.

Es un loft enorme sin habitaciones.

Cuando necesitemos estar independientes el uno del otro,

no vamos estar solos. El salón es tan grande

que cabría una habitación.

Quiere hacer obra. La cocina es enorme.

Terraza, Valeria, terraza. No tiene, a algo hay que renunciar.

¿Tú no querrías una terraza?

-Bueno, a ver, un momento.

Me tenéis un poquito confundida.

Yo creo que lo único que necesitáis

es buscar un piso que os guste a los dos.

No tenéis por qué renunciar a nada.

A ver, terraza.

Cocina.

Dos habitaciones.

Lo importante es que los dos tenéis claro lo que queréis.

¿Eh? Vale.

-Vale. Vale.

(Mensaje)

Perdonad.

Dadme un segundito.

¿Eh? -Terraza.

¿Qué te pasa, cariño?

Samu me ha enseñado una foto de Andrea.

Y estoy enfadado, no quería verla.

¿No te alegra haberla visto?

Quiero verla si me la manda ella.

No porque me la enseña Samu. Vale.

Quizá no me la ha enseñado porque no quiere que la vea.

-¿Qué pasa? Vale. ¿Y por qué te la ha enviado?

-Pues por vuestra culpa.

Le habéis dicho que Andrea es una impostora.

No sé por qué os metéis en mi vida.

-A ver, solo estábamos preocupadas por ti, nada más.

Por eso hemos hablado con Samu y le hemos pedido ayuda.

-Yo no necesito ayuda,

estaba muy bien con mi amiga, sin problemas.

¿Pensáis que soy un niño pequeño y que me pueden engañar?

No. ¿Por qué siempre me controlas tanto?

Puedo apañármelas solo. Y tú.

Pensaba que me respetabas, pero eres igual que mi madre.

Quieto aquí un momento.

Ahora soy yo la que te va a decir algo.

Es verdad, le hemos pedido a Samu ayuda con el tema de tu amiga.

Solo porque estábamos preocupadas, temíamos que te hiciera daño.

No porque quisiéramos entrar en tu vida privada, ¿vale?

Y, mira, a ti que te gustan tanto las estadísticas,

¿has mirado en internet cómo están las estadísticas

de ciberacoso y de estafadores en la red?

No. ¿No? Pues yo tampoco.

Deberías hacerlo.

Solo nos hemos metido porque estábamos preocupadas.

Por si acaso, ya está.

Y que te quede una cosa bien clarita: eres menor.

Y, mientras seas menor,

voy a estar ahí preocupándome lo que me dé la gana.

Porque te quiero, porque soy tu madre,

porque me preocupo por ti y no quiero que te hagan daño.

¿Estamos?

Y una cosa más.

Que sea la última vez que te metes con Carla.

La última.

Porque ella sí que es una amiga, pero de verdad.

Se preocupa por ti y por mí, ¿y sabes por qué lo hace?

Porque nos quiere, cariño.

Lo mismo que nosotros la queremos a ella.

Así que, a partir de ahora, la tratas con cariño.

Y con respeto, que es como se trata a la familia.

Tienes razón.

Gracias por preocuparte por mí.

De nada.

Y me alegro de que formes parte de la familia.

Gracias por todo. -A ti.

Oh.

Tú dirás, espero que sean buenas noticias.

Traigo una buena y una mala, para variar.

Sabes que con las imágenes estamos en un punto muerto, ¿no?

He tirado de hemeroteca.

He encontrado un artículo en una revista de economía.

Es una fiesta de los empresarios de Madrid.

Y, por supuesto,

está Hortuño con su mujer y su hijo, en primera fila.

Oye, pero es normal que Hortuño esté en una fiesta de empresarios.

Sí, pero debes fijarte en qué día.

La noche que murió Érika.

Exacto.

Y esa es la mala noticia.

Porque esto le da a Hortuño una coartada.

Si estuvo aquí, en esta fiesta, no puedo estar con Érika.

Bueno, o sí.

Igual fue a la fiesta,

se hizo la foto y se largó. No.

Y el que analizó las imágenes del parquin se ha equivocado

y era Hortuño quien estaba con ella. Lo dudo.

Vale, entonces ¿cuál es la buena noticia?

La buena noticia es

que el artículo lo publicaron una semana después del evento.

¿No te parece raro?

Eso no es lo habitual.

Seguro que Hortuño

sabe que alguien está rebuscando en su basura

y quiere esconder algo.

Ya.

Oye, Sandra, de verdad que admiro mucho tu...

tu tenacidad y que quieras seguir con esto, pero...

Eso no nos lleva a nada.

Yo estoy convencida de que sí. Hablaré con el fotógrafo del evento.

Seguro que recuerda a Hortuño o a algunos de sus acompañantes.

Es que estoy convencida de que aquí hay algo, ¿sabes?

Huy, Adela.

Qué elegancia.

Cualquiera diría que ayer íbamos como las Grecas.

Madre mía. A ver, Carmen.

Baja la voz, que van a escuchar las clientas.

Mujer, solo te he dicho que estabas muy mona.

Pues ya te lo agradezco.

Que lo siento, que me ha salido así porque no me esperaba verte tan bien.

¿Tan bien?

Tampoco exageremos, ¿eh?

Solo me he arreglado un poco para contrarrestar la resaca.

Ya, para despachar geranios, ¿no?

¿Qué insinúas?

Hombre.

Menos mal que no te interesaba Miqui.

Te llega a interesar ¿y qué te pones, unas transparencias?

A ver, Carmen, ¿qué pasa?

¿Las mujeres no nos podemos arreglar para nosotras mismas?

¿Tiene que ser para un hombre? Que no me chupo el dedo.

Pues, mira, para que te quede claro, ya he hablado con él.

Y le he dicho que no tengo ningún interés.

Felicidades, pero eso no quiere decir que él no esté interesado en ti.

Pues no es el caso.

Igual normalmente no,

pero, si vienes así, cambia de opinión.

¿No? ¿Sabes? Es que tiene novia.

Ah. Sí.

La vi ayer porque apareció justo cuando le estaba diciendo

que no quería nada con él.

Vaya, qué corte.

Pues es lo que hay.

Lo que pasa es que es un chico con la cabeza bien amueblada y...

Y no va a repercutir en nuestra manera de trabajar.

Ya está. Ya.

¿Tú te lo dices porque te lo crees o es para convencerte?

No te cansas nunca, ¿no?

No, así soy yo.

Vale, pues adelante, tira de ahí, pero con cuidado, ¿eh?

Tienes una hija.

Claro, ya lo sé, pienso en ella todos los días.

De hecho, por un hijo, uno hace cualquier cosa, ¿verdad?

Sí. Incluso traicionar a alguien bueno.

Siento mucho haber dado tu nombre.

Sandra, de verdad,

que entiendo perfectamente por qué lo hiciste.

De hecho,

eres mucho más valiente que yo.

Porque yo soy policía.

Aunque me echaran del Cuerpo, este es mi trabajo.

Pero tú no tenías ninguna necesidad de meterte en todo esto.

Podías seguir con tu restaurante o volver a abrir otro.

Pero aquí estás, dando la cara por todo el mundo,

enfrentándote a Hortuño.

Ajá.

¿Y tú cómo sabes que yo tenía un restaurante?

¿Me has investigado a mí? Claro.

¿Perdona? Hombre.

Conviene investigar a la gente para la que vas a trabajar.

Nunca se sabe.

Yo sabía que eras buena persona desde la primera vez que te vi.

Y muy valiente, Jorge.

Bueno. Pocos se la jugarían como tú.

(CARMEN) A ver, Adela.

El chico es muy mono, se nota que te gusta.

No entiendo por qué intentas convencerme de que no.

Carmen, que tengo ojos en la cara, ya sé que es muy atractivo, pero no.

Que te lo quieres merendar.

Carmen, no sigas ahí.

Que no me importa, si no te estoy juzgando, Adela.

No pasa nada. Vamos a ver.

Tú eres una mujer adulta, atractiva, con necesidades.

Tendrás que satisfacerlas, ¿no?

Y más ahora, que he sabido lo de...

Elías, que te tiene a palo seco desde hace ni se sabe.

Pero ¿tú de qué estás hablando? ¿Qué insinúas?

Me lo contaste ayer, ¿no te acuerdas?

Yo, sí. ¿Yo...?

¿Qué te dije yo? Pues que a Elías no se le...

Deja eso, que encima te vas a hacer daño.

Pero es verdad, ¿no?

Pero ¿yo te conté eso?

Vamos a ver, íbamos finas filipinas.

Pero claro que me lo contaste.

Y porque no quise enterarme de más cosas.

Pude tirarte de la lengua, habías cogido carrerilla.

Carmen, que esto no salga de aquí, ¿eh?, o te enteras.

Por favor, soy una tumba.

En una tumba terminarás si sé que se lo cuentas a alguien.

Vale, que ya me ha quedado claro, pero no te entiendo,

porque con lo mal que se ha portado Elías contigo...

Me hace a mí Nicolás la mitad,

y lo anuncio por la megafonía del Mercado.

Sí, bueno, pero de ti es normal.

Pero yo no soy como tú.

Espero que cumplas tu palabra.

Por supuesto, Adela,

soy perfectamente capaz de guardar un secreto.

Por ejemplo, si te gustan sus ojos, le dices que te gustan

y así no le hablas del peso, pero estás siendo sincero.

¿No? Celia.

Dime. Esto es tuyo, ¿verdad?

Sí.

Muchas gracias. Te lo has dejado en el muelle.

¿Qué tal, chaval? -Bien.

-¿Sigues enfadado conmigo?

-No, creo que estoy contento, le he puesto cara a Andrea.

Le he mandado un selfi

para estar iguales.

-Muy bien, así me gusta. ¿Un selfi?

¿Le ha mandado un selfi? Un selfi.

Tienes que tener cuidado con las cosas que mandas.

No sabemos dónde pueden llegar esas fotos.

-Me voy a escribir a otro lado. ¿Por qué?

Aquí no me concentro.

-Venga, donjuán.

Hasta luego, cariño.

¿Qué sabes de un selfi? ¿Eh? Pues que me pidió ayuda.

Quería hacerse uno para su novia. (SUSPIRA)

Samu, no es su novia, es una amiga.

Vale.

Pero claro que es una amiga, ¿cómo puedes pensar que David...?

Celia, que tu hijo tiene 17 años.

Sí, ¿y qué?

Está con las hormonas bailando el reguetón.

David no es como todos.

Es un chaval con asperger.

Pero es un chaval como todos.

Si no para de chatear con esta tía, es que le gusta y le pone también.

¿Qué dices?

Que no. Es lo más normal del mundo, mujer.

Si yo ya sé que es lo más normal del mundo.

Pero es que David no piensa en Andrea de esa forma.

¿Le oyes cómo habla de ella? Como una amiga.

Ya. ¿Tú has visto cómo está?

Si pierde el culo por ella.

Porque él es así.

Se obsesiona con una cosa o con una persona

y no ve nada más allá.

Pero luego se le pasa.

Si no tiene nada que ver con el sexo.

Vale.

Mira, deja de imaginarte cosas, por favor.

Voy a comer, ¿quieres algo?

No, voy a seguir. Venga. ¿Seguro? Vale.

¡Paolo!

Elías, Elías, Elías.

Pásate luego por el puesto, ¿vale? Te quiero regalar un par de osobucos.

¿La Pacheca regalando algo?

Es por el favor que me hiciste.

Mi madre igual seguía en el calabozo. Es lo menos

por mi futura madrastra.

No digas eso, suena fatal.

Pues "padrastro", una enfermedad de uña del pie...

Menos mal que nos reímos, como está la cosa.

Mmm. Elías.

Es una pena que te pierdas la boda.

Ya, bueno, qué le vamos a hacer. Así están las cosas.

Ya, pero es que no es cualquier cosa, tu padre se casa.

Es uno de los días más importantes de su vida.

¿Y tú te lo vas a perder por qué? ¿Por orgullo?

Yo te puedo asegurar

que me encantaría que esto no fuera así, pero...

Pues entonces haz algo, ¿no?

Habla con él, arregla las cosas, todavía puedes.

Si no, te vas a perder algo muy bonito.

Mira, ese consejo no me lo había dado nadie.

Lo pensaré.

Bien.

La que no se va a perder la boda es Adela, ¿eh?

Bueno, de hecho,

yo creo que igual va acompañada y bien acompañada, ¿eh?

¿Qué acompañante? ¿Qué dices?

Ay, ya estoy, que soy muy bocazas, que no quiero chismorrear.

Venga, ahora te pasas. Oye, oye, oye.

¿Adela está con alguien? No.

Vamos, entre tú y yo,

yo creo que le va a faltar poco, ¿has visto lo guapa que está hoy?

Como siempre, Adela siempre va muy guapa.

Elías, estás ciego, ¿eh?

¿Por ese?

Sí.

Ella te va a decir que no, pero le gusta, ¿eh?

Vamos, yo creo que está a puntito de saltar la chispa.

Tampoco me extraña.

Porque... el niño es un chulazo.

Y ella, claro, lleva tanto tiempo en el dique seco...

Perdona, tanto no, que no hace tanto que nos separamos.

No debe estar tan necesitada. Bueno.

Que estuvierais juntos no quiere decir que...

¿No quiere decir qué?

Que... que te pienses bien lo de tu padre, ¿eh?

Te tienes que venir a la boda.

Ahora te veo en el puesto. Oye, oye, Carmen.

No te vas hasta que no me aclares lo que has insinuado.

Es que esto está pesando ya mucho. Pues lo sueltas en el suelo.

¿Qué querías decir?

Que... Adela, que me comentó lo del...

El problema en la cama.

Pero no te preocupes, ¿eh?

Que yo puedo ser muy discreta, cuando quiero.

Pues eso espero. Ah.

Porque, si tengo la más mínima sospecha

de que alguien se ha enterado de mi problemilla,

me voy a encargar personalmente de que todo el mundo se entere

de que tu madre ha estado en la cárcel.

Todo el mundo, ¿eh?

Y, el primero, mi padre.

Tranquilo, que yo no se lo voy a decir a nadie.

Muy bien. Oye.

Y que tampoco hay tanto problemilla.

Ya.

(SUSPIRA)

Oye, últimamente vienes mucho a verme y me encanta, ¿eh?

Anda, siéntate.

Siéntate un ratito.

Estás muy seria, cariño, ¿te pasa algo?

-Eh...

Tengo que hablar contigo.

-Uh... ¿Me tengo que asustar?

-A ver, eh...

¿Te acuerdas del tranquilizante que te sentó mal?

-Hombre, como para olvidarlo.

-Vale.

Pues a mí no me pareció normal.

Nadie reacciona así por un tranquilizante

si no lo mezcla con otro medicamento incompatible.

Lo miré en el prospecto.

Por eso te pedí que te hicieras los análisis,

para ver si salía algo más.

-¿Algo más como qué?

-Otro medicamento.

Hace unos días hablé con Samuel

y me dijo que tus síntomas eran parecidos a los de un antidepresivo,

el Dicrosón.

-Lo conozco,

lo estuve tomando un tiempo, cuando tú te fuiste.

-Ya.

Samu me dijo que hace poco estuvo hablando

de los efectos secundarios del Dicrosón con papá.

-Eh... A ver, Noa.

Eh... No entiendo muy bien adónde quieres llegar.

-A ver, antes, cuando te he venido

con el cuento del pago de la escuela era mentira.

-¿Cómo? -Solo quería ver la cuenta.

Ver si había un pago en farmacias, y... lo había.

Había un pago en la farmacia de Cuzco por el importe de 22 euros,

que es lo que cuesta el Dicrosón.

-Es que no lo entiendo, Noa, ¿para qué va a comprar tu padre

un medicamento que nadie está tomando?

A lo mejor compró otra cosa.

-Sí, ya, a lo mejor.

¿No te parece raro que después de la conversación con Samuel

se vaya a una farmacia en Cuzco a comprar un medicamento?

No sé, ¿no te mosquea?

-¿Debería?

-Pues sí.

Porque... porque creo que te está dando el antidepresivo

sin que lo sepas.

-Pero ¿qué estás diciendo, por favor, cariño?

¿Por qué me va a dar una cosa así tu padre? Qué tontería.

-Pues porque te quiere encerrada en casa, mamá.

Y mantenerte enferma es la única manera.

-Bueno.

-Pero, mamá, ¿no te das cuenta? Así podrá cuidarte.

Y, delante de todo el mundo, parecer el marido perfecto.

No tiene ascensor, pero tiene muy buena orientación.

A mí me gusta mucho que dé el sol por las mañanas, ¿a ti no?

¿Cuándo vamos a verlo?

Sí. Sí, sí.

¡Eh, con cuidado! ¿Estamos?

Vamos a sentarnos, anda.

Eh.

No me estás escuchando.

Sí, te estaba... Lo del piso, sí.

Dos habitaciones...

Tres.

Tres.

Y exterior.

Interior.

Pero tiene mucha luz porque da

a un patio de manzana. No me escuchas.

Sí, pero eso es casi exterior, ¿no?

¿De verdad quieres hacer esto?

Claro que quiero hacer esto.

Lo que pasa es que tengo... (CARRASPEA)

Estoy preocupado por... por cosas.

¿Por qué? ¿Es Marcos? ¿Qué le pasa ahora?

¿Está bien en el centro de desintoxicación?

Está bien, pero hasta que no salga no me voy a quedar tranquilo.

Pues tienes que estarlo, estas cosas llevan mucho tiempo.

Jorge, va a salir todo bien, de verdad.

En cuanto al piso, te estaba escuchando, de verdad.

Lo que pasa es que no... no me convence mucho.

Pero ¿por qué?

Has visto la cocina que tiene, ¿no?

Es enorme.

Y, además, está en un sitio perfecto.

No es demasiado alternativo ni demasiado señorial.

Es un piso estupendo.

Vamos a verlo.

Vamos a dejarlo, creo que hoy no estás para buscar piso,

¿no? No, no, no.

Espera, por favor, espera. Que no estoy enfadada, Jorge.

Lo que pasa es que...

A lo mejor te parece una actitud infantil,

pero yo pensaba que esto lo íbamos a hacer muy ilusionados.

Y...

Parece que no te importa.

Me importa, me importa mucho.

Me hace mucha ilusión.

Tengo muchas cosas en la cabeza. Que no me quieres contar.

-¡Hola, parejita!

¿Qué tal? ¿Cómo va lo del piso? ¿Ya hay acuerdo?

Pues resulta que mi amiga Paloma, su hija,

tiene un piso precioso que alquila.

Tres habitaciones.

Una, ideal para los niños, que nunca se sabe.

Y el barrio es una maravilla.

Moderno.

Con aceras anchas para caminar.

Con parques infantiles.

Guarderías para aburrir.

Un paraíso, ya te digo.

Sí. Sí, sí, desde luego que lo es.

¿Y dónde está esa maravilla? En Las Tablas.

En Las Tablas. Sí.

Igual un pelín lejos, ¿no? Pero ¿qué dices?

Si hay hasta metro.

Por lo menos, podíais ir a verlo, ¿no?

-Sí. Sí, vamos a verlo. ¿Tú quieres verlo?

Sí. Vale.

Pues vamos a verlo. -Mmm.

Os va a encantar.

Voy a llamar a mi amiga Paloma

para ver cuándo os lo puede enseñar su hija, ¿eh?

Os voy a dejar, tengo un poco de lío en el almacén.

-Claro. ¿No os importa? Luego te veo.

Ajá.

-Eh.

-¿Qué te he dicho de sacar el tema de los niños?

¿Has visto con qué cara de agobio se ha ido?

Se va a creer que le quiero presionar.

-Tú no le estás presionando, le presiono yo.

-Ah, bueno, estupendo, tú sigue presionándole.

¿No ves que es justo lo que necesita?

-Tú deja a esta vieja, que se las sabe todas.

Los hombres necesitan un empujoncito para estas cosas.

-Valeria...

¿No ves que esto es lo que lleva haciendo toda su vida?

Controlarte.

No soporta que seas independiente, que no le necesites.

-Mira, ya está bien.

Ya está bien, ¿eh, Noa? Ya.

Te estás pasando. -Bueno.

Pues yo creo que no.

Cuando estabas con la neumonía, papá era feliz.

Vamos, es que estaba en el paraíso.

-¿De qué paraíso me estás hablando?

Que no he parado de darle trabajo. -Ya.

Pero era feliz.

Y, cuando tú empezaste a mejorar, se asustó.

No quería que trabajaras, te quería aquí, encerrada en casa.

Por eso ha hecho que enfermaras.

-Mira, no te permito que hables así de tu padre.

-Por favor, ¿es que no te das cuenta?

Que solo quiere controlarte.

-Por favor. -Tiene una relación enferma contigo.

Solo tú puedes cambiarlo.

-Pero ¿se puede saber a ti qué te pasa?

¿Eh, Noa? ¿Qué te pasa?

¿Empiezas otra vez a malmeter contra tu padre?

Si tienes una mala relación con él, allá vosotros.

Sois mayores, a mí me da igual. Lo resolvéis vosotros, ¿de acuerdo?

¿Se puede saber qué es lo que tanto te molesta, hija?

¿Que nos queramos?

-Sí. -¿Es lo que te molesta?

Porque es que no lo entiendo, no lo entiendo, Noa.

(SUSPIRA)

-No es la primera vez que lo hace.

-¿De qué estás hablando?

-Cuando estuviste tan mal,

te... te estuvo dando los antibióticos a escondidas.

-Venga, por favor, de verdad, es que...

-Sí, mamá, yo lo vi.

Y... le ayudé.

-¿Qué estás diciendo?

-Lo siento.

De verdad, mamá.

Lo hicimos por tu bien.

Porque estabas empeñada

en tomar la medicina natural y no te iba a hacer nada.

Sin los antibióticos, ibas a ir a peor.

Lo siento, mamá, de verdad, lo hicimos por ti.

-¿Quién más sabe todo esto?

-Pues el... el abuelo

y... Lorena.

Lorena te lo quería contar.

Pero da igual, esto ahora no importa, te lo cuento para que veas que no es

la primera vez que te engaña, te está dando antidepresivos,

te está poniendo en peligro, ¿no lo ves?

¿Qué te pasa?

¡Mamá, dime algo, por favor!

-Ni te acerques a mí.

Vete.

-¿Cómo me voy a ir?

Mamá, tenemos que pensar qué hacer ahora que te he contado esto.

No me mires así, mamá. Vale, lo siento.

No tendríamos que haberte dado los antibióticos,

pero era por tu bien.

Mamá.

Ibas a empeorar si no.

¿Qué querías que hiciéramos?

¿Verte ahí empeorar, estar mal?

-Coge tus cosas. -Pero...

-Y vete.

Coge tus cosas y vete, Noa, fuera de mi casa.

Joder.

¡Joder!

Es hacer un pedido a Navacerrada.

Por la A-6, entre que vas, descargas y vuelves, ni tres horas.

Y te vas a llevar una pasta.

Pero si no es cuestión de dinero. Ah, ¿no?

Entonces ¿por qué lo rechazas?

-Los antibióticos son los que te han curado.

Y por eso has podido salir a la calle y echarme en cara esto.

-Bueno, vale, sí, lo que tú digas, tú tienes siempre la razón, ¿no?

Estoy perfectamente, papá, estoy más sana que nunca,

¿Gracias a qué?

A las pastillas que me habéis dado a mis espaldas.

¿Qué pastillas?

Esas cosas se avisan. Si te aviso, no es una sorpresa.

Si sé que es tuyo, lo abro. ¿No lo has abierto?

No lo he abierto, no.

Me he liado y se me ha pasado.

Entonces ¿por qué estás tan nervioso?

No estoy nervioso.

Adelantarnos a sus movimientos es la manera de proteger a Jorge.

-Ya, pero es que no es solo eso.

Hay otro asunto.

No sé si tiene que ver con Hortuño, pero es muy sospechoso.

-¿Qué asunto?

-Mi abuelo vio a mi padre viéndose con un tío en el parquin.

Y el tío este se puso muy violento, se puso muy agresivo.

-¿Y sabes quién es este tío? -Sí. Velasco.

Que ya no esté con ella no significa que no me preocupe de ella.

Esto me suena más a una escena de celos absurdos.

¿Sabes a qué me suena a mí? ¿Mmm?

A un niñato muerto de hambre

que quiere aprovecharse de una mujer.

Sabe que le has estado dando antibióticos.

-¿Y cómo es posible? ¿Se lo has dicho tú?

-Noa, ha sido Noa.

Eh... ¿Y por qué no quedamos...

antes de llegar al bar y así llegamos juntas?

Vale. David.

-Asume que mamá ya no es tu mujer y puede acostarse con quien quiera.

No puedo dejar de querer a tu madre de la noche a la mañana.

Carol.

Sí, sí, dime.

¿Qué?

Si.. si... un amigo te pidiera consejo

o una... una amiga,

¿tú le... le dirías que no tuviera hijos?

-¿Cómo puedes pensar que yo...? -Siempre has querido tenerme en casa.

Eso es lo único que has querido, tenerme solo para ti,

aturdida, sin poder pensar.

¿Para qué? Para no poder compartirme con nadie, ¿no?

Eso es lo que he intentado,

pero no puedo hacerle cambiar de idea.

O sea, que habrá violencia.

Y ya se ha puesto en marcha.

¿Cómo?

Se van a encargar de él hoy mismo.

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Mercado central - Capítulo 137

08 abr 2020

Carmen pide ayuda a Elías para que saque de la comisaria a Valeria.

Jesús, preocupado por la “desaparición” de Valeria, está a punto de hacer confesar a Carmen la verdad sobre la noche de la despedida de soltera.

Jorge, atemorizado por el posible “regalo” de cortesía de Hortuño, no se concentra en la búsqueda de piso. Valeria les facilita una solución.

Adela aclara las cosas con Miqui y se produce un acercamiento.

Por una metedura de pata de Samuel, David descubre que Celia y Carla han estado investigando a su ciberamiga.

Adela, con tres copas de más, contó a Carmen en la despedida de soltera de Valeria, que Elías tiene un problema de impotencia. La poca discreción de Carmen provoca que Elías se entere y la amenace: si ella cuenta su secreto él contará el de Carmen: que su madre ha estado en el cuartelillo.

Para sostener su versión de que Nacho la está medicando para tenerla bajo control, Noa le confiesa a Rosa que le estuvieron administrando antibióticos sin que ella lo supiera.

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