Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años  Mercado central - Capítulo 135 - ver ahora
Transcripción completa

¿Te suena el nombre de Velasco?

¿Es el tío del aparcamiento?

Sí.

Creo que tu padre está metido en problemas muy gordos.

Ese tipo fue el primero

que intentó hacerme creer que se me iba la cabeza.

Justo cuando tu padre me pidió que dejara de controlar las rutas.

No sé, es que ha sido tan raro...

Casi me tengo que ir yo al hospital del susto que me ha dado.

¿Al verla así, dices?

Y porque el tranquilizante que le sentó mal se lo di yo.

En el caso de Elías es que es un manipulador,

un egoísta y un mentiroso,

y no creo que pueda volver a fiarme de él, la verdad.

Ya...

Y tú, ¿lo conseguirás?

Bueno, eso ya veremos.

Jorge es el gallito del mercado.

Ya te dije hace tiempo que nos iba a traer problemas.

Tenías que haberte encargado de él, y al final me voy a encargar yo.

Vi las imágenes que habían borrado los tíos de la discoteca,

las imágenes del parquin.

¿Y se ve a Hortuño?

No, no se lo ve porque las imágenes no son nítidas,

son imágenes nocturnas,

pero se ve que Erika se reúne con un hombre.

Ya, pero si no se lo ve, no sirve de nada.

Es que tiene que ser él, Jorge.

Si no, ¿por qué está tan asustado? Está claro que oculta algo

y no pienso parar hasta descubrir qué es.

Te estoy diciendo que no me fío de ese tío.

Que no me gustaría que ese pobre muerto de hambre

te engañara como a una tonta.

Voy a ser mucho más drástica para ver de qué palo va.

Me alegra que, a pesar de nuestras diferencias,

me sigas haciendo caso.

Miki.

Miki, ven.

Tengo que darte una noticia.

¿Qué ha pasado?

Te voy a hacer fijo.

Gracias.

Felicita al chico, ¿no?

Felicidades.

Te prometo que no te decepcionaré. Estoy convencida.

Y ahora, pon el abono donde te he dicho.

Tú me has dicho que chateabas con Andrea, ¿no?

Sí, quedamos todos los días a las 15:30.

Entonces, ¿por qué me dice Paolo

que Andrea hace mucho tiempo que no sabe nada de ti?

¿Por qué te ha dicho eso?

¿Qué sabe de lo que hablo con Andrea?

Jolín, cariño, él habla con su hijo y se lo dice.

Pero tú hablas de Andrea, mi amigo. Claro.

Ya, pero yo no. Yo hablo de Andrea, mi amiga.

La conocí en un foro de Internet.

O sea que no me estás mintiendo.

No, es que se llaman igual.

No me gustaría que renunciaras a algo importante para ti

ni por él ni por nadie.

Yo no he dicho que vaya a renunciar a nada.

Mira, si tú quieres ser madre,

puedes ser madre con Jorge,

si él quiere, o con otro hombre.

Mira, Lorena, yo ya soy padre.

Yo pensaba que esa etapa de mi vida ya... ya estaba cerrada.

Sé que te hubiera gustado un sí rotundo

y me hubiera encantado dártelo,

pero te prometí que sería sincero contigo.

Necesito pensarlo.

Sopesar si es el mejor momento para volver a ser padre.

He hablado con David.

¡Ah! O sea que ya sabemos por qué te ha mentido.

No, no. El tema está en que no me ha mentido.

Bueno. Resulta que tiene una amiga

que ha conocido por Internet y que también se llama Andrea.

¡Qué casualidad! ¿Verdad?

He pensado lo mismo.

Hija, qué alivio. ¿Qué alivio el qué?

¿Tener un hijo adolescente

que no tiene ni un secretito para ti?

Pues sí.

Eso, y que poco a poco se está abriendo al mundo, Carla.

Fíjate, ha conocido una chica por Internet, él solo,

y encima siguen hablando y...

No sé, para él esto es un acontecimiento y para mí también.

Así que hay que celebrarlo con una copita de vino.

Bueno, si no se entera David...

¿Y qué, sabes algo de ella?

Pues muy poquito.

A ver, me ha dicho que es de Zaragoza,

que tiene su misma edad, y que es un poco friqui,

porque le gustan las Matemáticas y la Estadística.

¿Y la has visto? No.

Creo que él tampoco. Solo chatean.

Uy, pues espero que sea quien dice ser.

¿Qué crees, que Andrea no es Andrea?

Bueno, la verdad es que hay que tener mucho cuidado con Internet.

Pues sí, porque podría ser un adulto,

podría ser alguien de su edad que le esté gastando una broma...

Es que es muy difícil encontrar a alguien en Internet

que realmente diga la verdad.

Ya.

Oye, ¿tú crees que lo pueden estar engañando?

No sé.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

(JONATHAN) Y bueno, ¿qué? ¿Cómo está tu madre?

¿Ya se le ha pasado lo de la fiebre y eso?

Sí, pero sigo muy rallada, tío.

Te dije que iba a dejar pasar el tema, pero no puedo.

Es normal, al fin y al cabo es tu vieja. ¿Qué quieres?

No puedo mirar para otro lado y hacerme la loca

cuando creo que está pasando algo muy raro.

Te refieres a lo de las pastillas, ¿no?

¿Aún le estás dando vueltas?

Es que me parece muy raro

que unas pastillas que se había tomado antes,

de repente, le sentaran tan mal. La única explicación que saco

es que mi padre aún le da antibióticos

y le hiciera reacción. -A ver, Noa,

no me entero de nada.

¿Para qué le va a dar esas pastillas si tu madre ya está bien?

Además, supongo que en ese caso él te lo diría, ¿no?

Con mi padre nunca se sabe.

Además, leí el prospecto de los tranquilizantes

y ponía que si se mezcla con medicamentos,

te puede dar una mala reacción: vómitos, sudores...

A ver, a ver, tía, hay una manera muy fácil de salir de dudas:

que tu madre se haga una analítica.

No, si ya lo había pensado, pero no va a querer.

Y menos si mi padre se pone en contra.

¿Por qué se pondría en contra?

Si no le da nada, no tiene por qué ponerse en contra.

Ya, y si le está dando algo, ¿qué? No sé qué hacer, tío.

(JESÚS) Hola, Noa.

Hola, abuelo. (JESÚS) Ponme un café, anda.

(SUSURRA) Se me ha ocurrido una cosa.

Eh... Ya voy para el puesto.

¿Qué tal, abuelo? -Bien.

Oye, ¿qué tal tu madre?

Mejor, pero no acaba de recuperarse.

Paciencia. Qué le vamos a hacer.

Hombre, algo sí que podemos hacer.

Sabes lo cabezota que es mi madre, que no quiere a ver un médico,

pero yo creo que debe hacerse análisis

y salir de dudas de que todo está bien.

A ver quién la convence.

Yo le dije que le pagaba el mejor especialista de Madrid, si quería,

y no hubo manera.

Bueno, pero a lo mejor si vamos los dos...

Ella tiene muchas ganas de tu boda, igual podemos convencerla por ahí.

No sé, decirle que si no está al 100%, se la puede perder.

Bueno, no tenemos nada que perder por intentarlo, ¿no?

Luego vamos.

¿Cuando termines de desayunar?

Hombre, no me refería a ya, ya.

Vamos dentro de un rato. -Sí, que está sola.

Mi padre está en la oficina.

Celia. ¿Sí?

Ay, Cristina. Oye, a ti te quería ver yo.

¿Qué ha pasado con la fiesta de Paolo?

No me has contado nada.

¿La fiesta? Sí.

Fue mal, muy mal. ¿Para qué te voy a engañar?

Ya. Pues, chica, parece todo lo contrario.

Te cuento.

Llegó Carmen y su marido,

una aparición estelar, y lo fastidiaron.

Ya. Total, que me fui de la fiesta

sin despedirme de Paolo ni nada.

Y entonces, ¿por qué estás tan contenta?

No entiendo nada.

Es que lo bueno vino ayer.

Mira, Cristina, déjate de misterios y cuéntame qué pasó.

Parece que las cosas entre Paolo y yo...

empiezan a ir mejor.

No me digas que te ha perdonado.

Sí. Más bueno... Un pedazo de pan.

Sí que lo es.

Entonces, ¿habéis vuelto?

No, no.

No creo que tardemos mucho en volver, pero no.

Me dio un beso.

Solo fue un beso, ¿eh?

Pero un beso muy bonito, de novios.

Sinceramente, para mí eso es que estáis juntos.

De eso no hemos hablado.

Porque él me dio un beso de película y se fue corriendo.

No me quiero hacer ilusiones,

pero si se lanzó, será porque algo quiere, ¿no?

Hola. Buenos días.

Buenos días.

¿Te quieres sentar un rato con nosotras?

No, ahora imposible. Tengo mucho lío en la pizzería.

Hasta luego.

Hasta luego.

Adiós.

Cristina, que se te cae la baba.

Es que lo he pasado muy mal. Ya.

Pero he aprendido la lección y no voy a cometer ningún error.

No voy a dejar que esto se enfríe.

¿Qué quieres decir?

Le voy a preparar una sorpresa. Una sorpresa romántica, bonita.

Pues me parece muy bien.

Aquí tienes, papi,

tortillita de patata, crudita por dentro,

como a te gusta a ti. -Bueno, no tengo mucha hambre.

Pero la verdad es que tiene una pinta, ¿eh?

Que sin hambre ni nada.

Oye, he leído el artículo que te ha hecho Celia.

Está muy bien la entrevista.

(SE RELAME) Buenísima.

Me ha llamado mucha gente para felicitarme.

No sabía que el periódico ese por Internet tuviese tanto tirón.

No, es que le ha quedado muy bien.

Me encanta cuando empiezas a contar cómo levantaste la empresa y...

Y una cosa un poco rara.

Que es como si te hubieras olvidado de tu hijo Elías.

Pues lo nombré, ¿eh?, lo nombré.

Pero la verdad es que no salía bien parado.

Ya.

O sea que me tengo que alegrar

de que Celia no lo haya incluido en el artículo, ¿no?

Pues yo no.

Si a mi edad no puedo decir lo que pienso de la gente,

tú me dirás. -Papá,

que no es la gente, que es tu hijo.

Sí, un hijo que ha intentado hacerme pasar por loco

y que hace lo que le da la gana. Si yo te contara...

¿Por qué? ¿Qué más ha hecho?

Da igual.

Llueve sobre mojado.

Papá...

Que Elías es tu ojito derecho, que es tu primogénito.

El heredero del imperio De la Cruz.

Me da mucha pena que estéis así, papá.

Bueno... Más pena me da a mí.

Y... no sé, ¿no podéis hacer borrón y cuenta nueva y empezar otra vez?

¿Volver atrás? -Sí.

Imposible. -No. Sí es posible.

Papá, dile que vuelva a casa.

Después de lo que he tragado, tengo que dar yo el primer paso.

Sí, papá. Es terrible lo que ha hecho,

pero está desquiciado con lo de Adela.

Y ahora, ¿también le vas a faltar tú?

Dos de las personas más importantes de su vida.

Él solito se lo ha buscado.

Bastantes méritos ha hecho con ella y conmigo, ¿no?

Sí, es verdad, se ha portado fatal.

Pero, papá...

Papá, por favor, dale otra oportunidad.

Estoy harto de darle oportunidades.

Si se ha quedado solo, es por su culpa.

Bueno, ahora vuelvo a acabar la tortilla.

Tengo que avisar a Jonathan de que me voy a ir con Noa.

Hortuño descubrió que Sandra lo estaba investigando

y le hizo una visita con uno de sus matones.

Y Sandra tuvo que darles un nombre...

el mío.

Le dio una paliza y cuando vio que no sacaría nada de ella,

la amenazó con hacerle daño a su hija,

así que Sandra tuvo que darles algo.

No os ha mencionado a ninguno de vosotros, solo a mí.

Dios mío. ¿Y estaba muy mal? Vamos a ver una cosa,

creo que tenemos que ir a la Policía.

Sí, eso le he dicho, pero quiere seguir por su cuenta.

Le dan una paliza, amenazan a su hija,

¿y quiere continuar?

Se ve que los tiene bien puestos.

Va a encontrar un lugar seguro para su hija,

y ha dicho que no parará

hasta que Hortuño pague por lo que ha hecho.

Si Hortuño ha llegado hasta aquí,

es que Sandra ha encontrado algo importante.

Al parecer, la empresa de seguridad

guarda copias de todas las imágenes.

Sandra averiguó quién las tiene,

lo ha sobornado y ha visto esas imágenes.

Al parecer, la noche en la que Erika murió

estaba acompañada de un tipo. Hortuño.

No lo sabemos.

Las imágenes no son nítidas y estaba todo muy oscuro.

Pero entonces, no tenemos nada.

Sí, lo tenemos porque ella no va a parar.

¿Y qué piensa hacer?

Tiene un amigo, un expolicía del departamento de informática,

que va a limpiar las imágenes.

Igual conseguimos ver la cara del que acompañó a Erika.

Eso sería definitivo.

(Notificación de móvil)

Perdón.

Vaya, es mi padre.

Que vaya al despacho a verlo.

Ve. Es importante saber la versión del otro lado.

Y anticiparnos a sus pasos.

Y una cosa, ahora que Hortuño sabe que Jorge lo está investigando,

¿no se asustará?

Al revés. Yo creo que va a ser más peligroso que nunca.

Pues entonces... tienes que tener muchísimo cuidado.

(ROSA) Qué bien que hayáis venido a visitarme.

Las mañanas se me hacen tan largas aquí, sin salir de casa...

Oye, ¿queréis que traiga un bizcocho de limón que he hecho?

Está exquisito. -No, no, gracias, gracias.

Acabo de desayunar una tortilla de patatas riquísima

que ha hecho tu hermana. -¿Estás seguro?

Porque me ha salido buenísimo. -Hemos venido a verte,

no a ponerte a trabajar.

No empecéis a tratarme como si estuviera enferma

porque estoy estupendamente, ¿eh?

No, se te ve mucho mejor.

Ahora tenemos que asegurarnos que esta vez te recuperas del todo.

No entiendo. ¿Por qué no me voy a recuperar?

Hombre, una neumonía no es poca cosa.

Sí, es una enfermedad importante. Es normal que deje alguna secuela.

Mira tú, otra que se va a sacar la carrera de Medicina en Wikipedia.

No te lo tomes a broma, ¿eh?

Lo mejor es que hagamos un análisis para ver si todo está bien.

O sea que esta visita, en realidad,

es para convencerme de que vaya al médico, ¿no?

Muy bien. Pues muchísimas gracias a los dos,

pero estoy harta, ¿entendéis?

Harta de pruebas, de hospitales, de médicos... Ni hablar.

No estamos hablando de ingresarte ni nada así,

pero hazte una analítica. (NOA) Mamá, es un momento.

Te pinchas y en una hora estás en casa.

Ni hablar. -Vamos a ver, ¿por qué no, mamá?

Y no tendrás que ir a ese hospital que tanto odias.

Por favor, no seas cabezota,

que bastantes problemas tengo con tu hermano.

Hombre, ¿me vas a comparar?

Bueno, a tu hermano ya lo doy por perdido,

pero tú podrías darme una alegría.

Pero si es que os conozco a los dos, y si yo cedo con lo de la analítica,

luego me vais a pedir que me haga otra cosa,

y me vais a tener de hospitales, de médicos... Que no, que no.

Mamá, te juro que si te haces la analítica,

no te vuelvo a pedir que vayas al hospital.

Ni hablar. (NACHO) Anda, reunión familiar.

Ya estamos todos.

¿Tú no tenías una reunión en la oficina, cariño?

Sí, pero hemos terminado pronto. -Ya.

¿A qué se debe la visita?

Estamos intentando convencer a Rosa

de que se haga un análisis de sangre.

A ver si nos ayudas.

Eh... Bueno, voy a dejar esto un momento.

Eh, Nicolás. -¿Dónde estás?

¿Dónde estoy? Aquí, ¿dónde quieres que esté?

Paolo, tú estás aquí de cuerpo, pero tu cabeza está en otro lado.

Bueno, es que son tantas preocupaciones...

Paolo, que te conozco, que tú no estás así por un enchufe.

¿Un enchufe? ¿Qué enchufe?

Me llamaste para que te arreglara otra vez el enchufe.

¿Ya no te acuerdas o qué? -Ah, es verdad. Perdona.

Mira, tienes razón.

Tengo la cabeza donde no tenía que tenerla.

Cristina, ¿no?

Cristina, sí.

Sé que no te va a gustar, pero... nos besamos.

Pero...

Pero si se fue antes de que terminara la fiesta.

Fue ayer.

Ella vino a hablar conmigo, escuchamos una canción de Andrea...

Y una cosa llevó a la otra... ¿Te lo dije o no te lo dije, hombre,

que en cuanto te rindieras iba a intentar algo?

Si es que, de verdad...

Se lanzaría al cuello como una loba. Como si lo viera.

No, Nicolás.

Que fui yo el que la besó.

¿Encima? Ya está, ya te ha liado.

Es que surgió, no pude evitarlo.

Se apagó algo aquí y se me encendió aquí.

Si es que yo lo sabía,

que en cuanto me quitara de en medio,

ibas a caer en sus redes. -No es su culpa.

Y entonces, ¿ahora qué?

¿Otra vez sois pareja?

Si es que... no lo sé.

Si es que estoy harta, papá, de médicos, de hospitales.

Solamente de pensar que tengo que volver allí, me da pereza.

Normal, cariño.

¿Tú te encuentras peor o algo?

Qué va, si hoy estoy estupendamente.

Entonces, ¿para qué vas a ir a hacerte unos análisis

con el mal rato que se pasa? -Pues eso mismo digo yo.

Me los puedo hacer en unos meses, ¿no?

¿Por qué le dices que se pasa mal rato?

Es un pinchazo de nada.

Además, nos quedaríamos más tranquilos.

Tranquilos os quedaríais vosotros.

Yo estoy divinamente en casa. -No digas tonterías.

¿Esperas a caerte por las esquinas para saber si estás bien?

A ver, que Rosa se encuentra perfectamente.

Lo del desmayo fue algo puntual.

Pero vamos a ver,

¿que más te da que se haga un análisis?

-Eso lo decido yo.

-Ya lo habías decidido hasta que ha llegado.

¡Un poco de calma, por favor!

Estamos hablando de un tema de salud, de tu salud.

Yo comprendo que estés harta de hospitales,

pero si tu no lo ves y tu marido no quiere contrariarte,

tendré que ser yo el que ponga un poco de sentido común

en todo esto. -Ya, papá,

pero es que no tengo 15 años. -Pues por eso.

Te cuesta muy poco hacerte un análisis.

Mira, hija, yo me caso,

y lo más importante para mí

es que tú estés a mi lado ese día en perfecta forma.

Pero si así estoy. -Ahora sí,

pero no sabemos cómo vas a estar el día de la boda.

Y no quiero preocuparme por si coges frío y vuelves a recaer

o por si te mareas porque tienes anemia.

Así que asunto zanjado, ¿vale?

Vale, papá. Vale, me voy a hacer los análisis,

pero solo porque has dicho que me quieres tener a tu lado.

¿De acuerdo? Y que sepas que este va a ser mi regalo de boda.

Estupendo. No se me ocurre cosa mejor.

Mira que ere cabezota, ¿eh?

Y tú también.

Bueno, venga, si os quedáis más tranquilos,

me voy a cambiar.

Así que todavía no hemos hablado

de lo que ha significado el beso para los dos.

¿Y qué ha significado para ti?

Ojalá lo supiera.

He estado toda la noche dando vueltas en la cama,

pensando en qué hacer, pero es que no lo sé.

Pues tómate todas las noches que necesites,

pero piénsatelo bien, Paolo, ¿eh? -Ya.

Y mientras tanto, que corra el aire.

Tú mantén la distancia mientras lo decides, por favor.

No se te encienda lo que no se te tiene que encender

y pierdes el sentido común, hombre.

¿Sabes qué?

Yo la voy a invitar a comer.

Sí, porque estoy seguro que con una cita,

ayudará a aclararme.

Está claro que contigo no hago carrera, vamos.

Es que... Anda, te voy a mirar el enchufe ese,

porque... -Nicolás, muchas gracias.

Ay, Dios mío.

Hola. Entro por aquí porque voy con prisa.

Cristina, un segundo. -Sí.

Quería preguntarte si luego tienes algún compromiso,

porque me gustaría invitarte a comer.

¿A comer?

¿Qué pasa, que no puedes?

Es que tengo que hacer inventario con Cándida,

la encargada del puesto, y no sé si me dará tiempo.

Bueno, pero podríamos quedar a la hora de cenar, ¿no?

(CRISTINA) Sí, claro.

Para cenar sí. Sí. -Pues a la hora que te vaya mejor.

¿A las 22:00? -Cuando tú quieras.

¿O a las 21:00? A las 21:00 mejor. -Perfecto.

Venga, hasta luego. -Hasta luego.

Adiós.

Ya te ha liado.

Muchas gracias, Nicolás.

¿Qué tal?

Aquí, peleándome con una puerta.

Ya. ¿Y quién gana? Vamos ahí, ahí.

Yo soy más fuerte, pero ella es más lista.

Toma, te he traído un café.

Me he tomado un rato de descanso

y he pensado que tú también te merecías otro.

Qué detalle.

No me puedo quejar de jefa. Guapa, simpática...

Si, además de eso, me pagases bien...

Es broma, es broma. Idiota...

Anda, coge la tierra y vamos.

Voy a terminar esta puerta.

No vas a poder, tiene truco. ¿Quieres que te lo enseñe?

"S'il vous plait".

Aguanta. Mira, tienes que aguantar la manilla para arriba

y ahora... Ya está. ¡Ah!

¡Perdón, perdón! ¡Ten cuidado, hombre!

¿Te has quemado? Déjame ver.

No pasa nada. Yo la llevo a la tintorería,

y si no sale la mancha, te compro otra.

Espera, toma. ¿Qué haces?

Ponte esto, estás empapada.

No, hombre, no te preocupes, que no pasa nada.

En serio, póntela.

Bueno, gracias. Mañana te la devuelvo.

No te preocupes.

Venga, coge la tierra y vamos para arriba.

Carmen, no te imaginas lo que acaba de pasar.

No tienes que darme ninguna explicación, de verdad.

Vamos, que ya vengo yo luego.

Que no, Carmen, espera. ¡Carmen!

Carmen. No, no, espera.

Pues está encantado con su amiga Andrea.

Ahora resulta que hablan hasta por las mañanas.

Ahí lo tienes, míralo.

¿Y qué, le has dicho algo ya?

¿Qué quieres que le diga,

que a lo mejor la tal Andrea es un loco lunático

que vete a saber qué es lo que quiere de él?

Sinceramente, no me atrevo. Está tan ilusionado...

Ya sé que es lo que te dije yo, pero yo qué sé,

igual no tenemos que ponernos en lo peor.

Igual lo que dice es cierto.

Es verdad que, igualmente, habría que asegurarse.

¿Y qué hacemos?

Pues no lo sé. ¿Hablo yo con él? A ver si me entero de algo.

Pues me ibas a hacer un favor,

porque hablo yo con él y se pone a la defensiva,

no suelta prenda. Gracias, Carla. Vale, venga.

¿Qué haces?

Chatear con Andrea.

Andrea, mi amiga, no el hijo de Paolo.

Pero si ya me ha contado tu madre. Qué fuerte, ¿no?

Qué "heavy", qué coincidencia que los dos se llamen igual.

¿Qué probabilidades había?

A veces los neurotípicos sois unos cotillas.

¿Le dijiste a tu madre que es un secreto?

No. -Entonces no es que seamos cotillas,

es que la información fluye.

Vale, es verdad. Lo siento.

Andrea es neurotípica, pero a veces no lo parece.

¿Por qué dices eso?

Pues porque es muy directa y transparente, como yo.

A veces hasta parece asperger.

Bueno, eso es guay, ¿no?

¿Y cómo es? ¿Me la dejas ver o qué?

No tiene foto de perfil. Bueno, sí tiene,

pero es Mileva Marić, la mujer de Einstein.

Qué original.

Pero ¿no tienes ninguna foto de ella, no tienes nada?

No. -¿No la has visto nunca?

¿Para qué vernos, si lo que nos decimos es interesante?

Bueno, digo yo que tendrás curiosidad por saber cómo es, ¿no?

Ya te he dicho cómo es: transparente y directa

Ya, pero hay cosas que no se pueden saber de una persona

por cómo escribe, y son importantes,

por ejemplo, cómo viste, cómo lleva el pelo, su mirada...

¿No le has pedido nunca hacer una videollamada?

No. ¿Por qué necesito saber cómo viste?

No sé, es que... Son muchas cosas.

El lenguaje corporal es muy importante... La voz.

Para mí no.

Imagina que es una de esas personas que siempre habla gritando

y parece que esté enfadada todo el día.

Lo dudo bastante.

A ti lo que te pasa es que te da vergüenza que te vea.

¿Y por qué me iba a dar vergüenza?

Ya, no lo sé, si es que eres guapísimo.

Ya.

Me refiero a que, como no estás acostumbrado a hablar con chicas,

igual pues te cortas.

¿Que me corto? Que sí, que te da vergüenza.

Si no, ¿por qué no os veis nunca?

Es mucho más fácil hablar por "webcam"

que estar todo el día ahí, tecleando.

Vas mucho más rápido y te da tiempo de sacar más temas de conversación.

Eso me gusta.

Lo de sacar más temas de conversación.

Se lo voy a preguntar.

Bien. -Bueno,

pero antes tengo que ir al colegio. -Claro.

La gorra.

Paolo.

Eh, Nicolás, muchas gracias por el enchufe.

Funciona estupendamente.

Escucha, una pregunta. -Dime.

¿Qué te dijo Cristina antes, cuando la invitaste a comer?

Que no podía.

Ya, ya, pero ¿por qué?

Pues porque había quedado

para hacer inventario con la encargada.

Pero cenaremos juntos.

Ajá. Y la encargada, que yo sepa, sigue siendo Cándida, ¿no?

Sí. Sí, sí, ¿por qué?

Nicolás, ¿qué pasa?

Me estás poniendo nervioso. -A ver, yo no sé

si esto debería contártelo, la verdad,

pero es que eres mi amigo, tío, y para mí eso es lo primero.

¿El qué?

Resulta que he visto a Cristina salir del mercado con un hombre.

Pero... Bueno, será un cliente, ¿no? O el dueño de la tetería, seguro.

Ni un cliente ni el dueño del puesto,

que lo conozco perfectamente.

Este era más joven y más... más guapo,

¿por qué no decirlo?

Escúchame, he pegado la oreja y estaban hablando en italiano.

Es que hay que ver

lo que le gusta a esta mujer un italiano.

Pero a ver, Nicolás,

¿tú estás seguro que...? Quiero decir, ¿la actitud era...?

Segurísimo.

Si es que es lo que ya sabemos, Paolo,

que Cristina no es trigo limpio, hombre.

Yo... Mira, lo siento, no soy así y tú lo sabes,

pero es que me veo obligado a contártelo, ¿sabes?

Eres mi amigo.

Pero, de verdad, ¿estás segura de lo que me cuentas?

Que sí, que lo he visto con mis ojos.

Ahí, tocándose en el almacén, medio desnudos.

¿De verdad?

Hola. -Hola.

Perdonad, pero no puedo ayudaros con los preparativos ahora.

Es que vengo de acompañar a Rosa de unos análisis

y tengo que ir a la frutería.

Pero... Pero ¿Rosa está bien?

Sí, sí, sí. Si era para dejarnos tranquilos.

Quiero que Rosa esté perfectamente el día de la boda.

Bueno, ya tenemos el menú cerrado, ¿no?

Sí, sí, sí, sí, sí. -Menos mal que está todo listo.

Casi todo, pero falta una cosa. Bueno, en realidad, dos.

¡Las despedidas de soltero y soltera!

No, no, no. De eso nada, monada.

(CARMEN) ¿Cómo? -Eso es una horterada.

Yo me niego. ¿Tú?

Yo también.

Mira, no tenemos ganas ni edad ni estómago

para semejante memez.

Pero si es divertidísimo.

Pues si se quieren divertir, que vayan a la boda.

Allí tenemos música, barra libre... De todo.

Totalmente de acuerdo.

Pero vamos, yo no me voy a vestir de mamarracho

ni a hacer el ridículo a mi edad.

Bueno, me voy a la frutería, que me espera Jonathan.

Vale. -Hola, hija.

Bueno, ¿me ayudas a preparar las mesas de la boda, hija?

Pues claro.

Lorena, lo de siempre, por favor. -Vale, chicas.

¿Por qué no te vas a un hotel? Tienes dinero de sobra, ¿no?

Estoy bien aquí.

He venido para que hablemos de Jorge.

(Puerta abriéndose)

Germán, llegas a tiempo. Hortuño iba a contarnos algo.

Imagino que tu padre te habrá puesto al tanto

de que fue Jorge quien contrató a la detective

para investigarme.

¿Jorge? Pero ¿no había sido Moreno Ruiz, tu exsocio?

Ocurre delante de vuestras narices y no os enteráis de nada.

Ya te dije que, por mi posición, tengo muchos enemigos,

pero, según me dijo la propia detective,

quien la contrató fue nuestro querido chef.

Así, sin más, te dijo: "Fue Jorge". No, hombre, no.

Hortuño le envío unos amigos a que le dieran...

un ligero correctivo.

También le dejé claro

que no metiera las narices en asuntos ajenos.

¿Ha dejado el caso?

No. Digamos que ha tenido que pedirse la baja...

por lo que sea.

(GERMÁN) ¿Y tú crees que se lo ha contado a Jorge?

Me da igual.

Lo que me importa

es que a Jorge le quede claro que conmigo no se juega.

Quiero saber todo de él.

Con quién se relaciona,

qué lugares frecuenta, quién le importa...

Todo.

¿Y qué vas a hacer?

¿Le vas a mandar un amiguito a que le dé un ligero correctivo?

A ese pájaro le espera algo más gordo.

¿Algo más gordo que una paliza?

También quiero saber

si Jorge tiene a más gente del mercado de su lado.

Está claro que sí.

Hay muchos comerciantes a favor

de la renovación del mercado. (HORTUÑO) No.

No me refiero a eso, me refiero al tema de la detective.

Aunque me aseguró que fue Jorge quien la contrató,

puede que haya más gente detrás.

Como, por ejemplo, el gerente.

No creo. Si le hubiera ido con el cuento

a él o a cualquier otra persona, yo me hubiera enterado.

Yo tampoco creo que se lo haya contado a nadie.

"No creo", "yo tampoco creo"...

Veo que me servís de mucho, como siempre.

¿Ya te vas?

Sí. Tengo cosas que hacer.

Y voy listo si tengo que esperar a que las hagáis vosotros.

(Puerta abriéndose)

(Puerta cerrándose)

Flipo contigo. ¿No vas a hacer nada? ¿Lo escuchas y te quedas tranquilo?

¿Y qué quieres que haga? ¿Cómo que qué...?

¿Vas a dejar que le den una paliza a Jorge?

Es el novio de tu hermana, es tu cuñado.

Cuando te significas tanto, sabes que corres riesgos.

Muy bien, Jorge era muy consciente del riesgo que corría,

que asuma las consecuencias.

Así que lo que le pase es culpa suya.

Yo no estoy diciendo eso.

Tampoco va a servir de nada que diga ni haga nada.

Mira con Celia, se lo dije

y mandó a unos tipos a que la atracaran.

¿Sabes lo que te pasa, papá? Que tú estás acojonado con Hortuño.

(RÍE SARCÁSTICAMENTE) No, hijo, no. A mí no me pasa eso.

Pero sé que Hortuño es capaz de llegar

hasta las últimas consecuencias. Yo lo he entendido.

Cuanto antes lo entienda Jorge, mejor para todos.

¿Sí? Ajá.

¿Seguro que es solo eso?

¿No hay algo que me estés escondiendo?

No te montes películas, niño.

Estoy deseando acabar esto cuanto antes.

Y yo también.

Una cosita.

No le vayas con el cuento a nadie.

No nos conviene.

Para nada. Ajá.

¿Ya te vas?

(Puerta abriéndose y cerrándose)

Espera un momento.

La prima Carmina no está sentada con su marido entonces.

Uy, pues es verdad. ¿Y ahora qué hacemos?

Pues volver a empezar, mamá.

Aunque te advierto que lo podríamos dejar así,

que igual su marido nos lo agradece.

Que hay que ver lo pesada que es la pobrecita mía.

Ya te digo.

Ay, chica, ¿por qué no lo dejamos ya?

Que tengo un dolor de cabeza con tanta silla y tanta mesa...

La mesa de Adela igual también hay que reorganizarla,

que a lo mejor viene acompañada.

Mira, hablando del rey de Roma.

A Adela la pones sola o con mi hijo,

si me quieres poner pareja. Vale.

Uh... Bueno, anda, siéntate aquí, que yo me voy ya.

Págame tú el café, anda. Hasta luego.

Hasta luego. Adiós, mamá.

A ver, que antes no me has dejado que te explique qué ha pasado.

Tuve que ir a casa y cambiarme.

Fíjate. Pero que a mí no me tienes que dar detalles ni nada.

Que tú eres una mujer adulta, libre...

Tú con tu vida puedes hacer lo que te dé la gana.

Carmen, que ha sido un accidente.

Y menudo accidente. Cómo está el niño, vamos.

Te digo, a mí Nicolás me hace lo que te ha hecho a ti Elías,

se me cruza ese maromo y me lo tiro.

Pues no es el caso.

Porque él es mi empleado y nada más.

¿Nada más?

Sí. ¿A qué viene esa cara?

Pues que he visto cómo te mira, Adela.

Que no son las miradas de un empleado a una jefa, por favor.

Que Jonathan trabajó conmigo mucho tiempo en la carnicería

y no me miró así nunca.

Carmen, mira, no voy a negarte

que el hombre es muy agradable conmigo,

pero no es porque quiera algo, es solo que es así de serie.

Ah, pues que bien, ¿no?

Eso que te llevas. A nadie le amarga un dulce.

Pues no sé qué decirte.

Preferiría que guardara las distancias.

¿Qué pasa, se ha pasado de la raya?

No, no, qué va. Ah.

Pero que no me gustan esas confianzas.

Pues díselo, ¿no? Para algo eres la jefa.

Gracias por el consejo, Carmen.

De nada, Adela. Cuando quieras.

(CRISTINA) Qué bien que has venido.

Te quería consultar una cosa y no podía esperar a la cena.

¿No tenías que hacer el inventario con Cándida?

Ahora te cuento.

Es que te quería preguntar

si podrías cerrar este fin de semana la pizzería.

Ya sé que es precipitado y que es cuando más caja haces,

pero te estaba preparando una sorpresa

y, antes de cerrarlo todo, quería saber si podías.

No me parece buena idea.

¿Mejor el fin de semana que viene?

No. No me parece una buena idea que tú y yo hagamos nada juntos.

¿Qué? Paolo, ¿estás bien?

Igual es que voy demasiado deprisa, ¿no?

Tendría que ir más despacio, lo sé. -Cristina.

Que lo he pensado mejor, y mejor que no.

Es que no entiendo nada.

Estabas muy ilusionado con la cena, me lo has propuesto tú.

Ya, porque cuando te lo propuse

no sabía que me habías vuelto a engañar.

¿Yo? Pero ¿de qué estás hablando?

Me has dicho que tenías que hacer inventario y no es verdad.

Estaba preparando la sorpresa.

¿La sorpresa?

Cristina, te han visto salir del mercado con otro hombre.

Sí, era Marco Comelli,

el presidente de la Asociación de Amigos de Italia.

Ha venido a entregarme las llaves de su casa de Tremedal,

porque, ¿sabes qué? Nos la ha dejado.

Es que no entiendo.

¿Marco Comelli estuvo aquí y no se pasó a saludarme?

Le dije que no lo hiciera.

Si no, iba a echar la sorpresa al traste.

Qué mal me ha salido, ¿eh?

Te quería dar una sorpresa y te has llevado un susto.

Ya... -¿Aclarado?

Sí, sí.

Entonces, ¿qué, nos vamos?

Cristina...

Mira, yo quiero pasar página

y olvidarme de lo malo que pasó entre nosotros,

pero... es que no puedo.

Esta rabia, estos celos que siento...

son un aviso de que las cosas que han ocurrido entre nosotros

se han quedado grabadas...

y necesito más tiempo.

Porque yo no soy así, tan desconfiado,

pero no puedo evitarlo.

Y... -Yo sigo siendo

la misma Cristina de siempre.

Seguro que sí, pero igual Adela tiene razón.

¿Adela? -Adela, sí.

Ella dice que...

cuando has querido tanto a una persona y te traiciona,

siempre queda el miedo de que pueda volver a hacerlo.

¿Has estado hablando con Adela de nosotros?

Sí. Porque Adela ha pasado por algo muy parecido a lo que he vivido yo.

Ahora, yo no soy como ella, que no quiere saber nada de Elías.

Yo quiero tener una buena relación contigo,

pero una relación de amistad,

porque ahora no puedo darte nada más.

¿Y por qué me besaste?

Fue un error.

Lo siento.

No tenía que haberlo hecho.

(CARLA) De verdad, qué guarra es la gente.

Aquí, comiendo pipas, las tiran al suelo...

Y ayer los pistachos...

Tengo dos noticias.

Una buena y una mala, como si lo viera.

No, dos buenas. -Hombre...

La primera es que no tendré que compartir pupitre,

hicimos el reparto y me tocó la mesa apartada.

Pero eso no tiene por qué ser una buena noticia, ¿no?

Mejor con un compañero al lado.

Que no, hombre, que no, tu di que sí.

Que es un rollo compartir el caos de otras personas.

Pienso lo mismo. -Claro.

Y la segunda es que no voy a hacer videollamadas con Andrea.

¿Por qué? Porque sus padres no la dejan.

¿Y eso es una buena noticia?

Sí. Porque tiene prohibido hablar con desconocidos por Internet,

y eso dice mucho de ella.

Dice que, aparte de ser inteligente, divertida y lista,

también es responsable.

Bueno, cariño, pero vosotros no sois desconocidos.

Habláis todos los días. Por la mañana, por la tarde...

Bueno, de hecho, sí lo somos.

Si la viera por la calle, no la reconocería.

Quizás podría intuir quién es por la mochila,

pero habrá más de una mochila con topos verdes.

Ya. Así que todo va a seguir como antes.

¿Queréis chocolate? Voy a por "chuches".

No. No, cariño, gracias.

Fatal.

(Puerta cerrándose)

(Pasos acercándose)

Hola. -Hola.

¿Qué tal los análisis?

¿Os han dado los resultados?

Sí, y está todo estupendamente. -Bueno, a ver, todo no.

Tiene anemia. Le han dado un suplemento de hierro.

Bueno, pero eso es poca cosa, ¿no? -Ajá.

Podemos respirar tranquilos. (ROSA) Sí.

Mamá, si quieres, voy a la farmacia a por el hierro.

No te preocupes, no hace falta.

Pero ¿qué dices? ¿Cómo que no hace falta?

Pues que el médico ese es un exagerado.

Hombre, la anemia se puede tratar, pero con un cambio de dieta.

Ya empezamos...

Hay un montón de alimentos que tienen hierro.

Los mejillones. (ROSA) Por ejemplo, ¿no?

O las legumbres.

Entonces lo que tengo que hacer es comer un poquito más y ya está.

Y así me recupero y, bueno,

y no tengo que tomar medicamentos. (NOA) A ver, mamá,

si el médico ha dicho que hay que tratar la anemia,

te tienes que tratar la anemia.

Si fuera una tontería, no te habría mandado nada.

Además, ¿no siempre estás cansada? Pues seguramente sea por eso.

Mira, vamos a hacer una cosa, tú bajas a la farmacia, ¿de acuerdo?

Me compras el hierro y yo veo si hay lentejas.

¿Y a ti qué te pasa? ¿Es que no te alegras por tu madre?

Sí, claro que me alegro.

Mira que te dije que había que dejarla tranquila,

que no merecía la pena atosigarla.

Y total, por una simple anemia,

le podías haber ahorrado el trago de ir al médico.

Tienes suerte de que se tome las cosas...

Si insistí en hacer los análisis, es por algo, ¿vale?

Ah, ¿sí? ¿Por qué?

Bueno, pues porque me quería asegurar de que mamá está bien.

Eso ya te lo dijo ella.

Lo que pasa es que tú nunca la escuchas.

Tú, erre que erre, hasta que te sales con la tuya.

¿Por qué quieres fastidiarme? -Porque no me fío de ti.

La reacción que tuvo cuando le di el tranquilizante

es de mezclarlo con otro medicamento.

Lo leí en el prospecto.

Además, también me parece raro

que mamá siempre esté con dolor de cabeza

y no se termine de recuperar.

¿Qué pasa, le sigues dando los antibióticos?

Pues claro que no. El tratamiento ya acabó.

No sé qué tiene que ver eso conmigo.

¿Por qué no hablas claro?

¿Estás insinuando algo?

No, yo no insinúo nada, simplemente hablo en base a hechos.

Mamá, me voy a la farmacia.

(Puerta abriéndose)

(Puerta cerrándose)

Pues mira, sí. Si la chica no quiere mostrar su cara,

si no quiere mandar su foto, igual no es ella.

Eso de que no quiere desobedecer, no cuela.

No.

Mira, es normal que David elogie eso de ella,

porque a él le encantan las normas,

pero una niña neurotípica no hace eso.

Ya ves. Si es que se pasaría por el forro las normas

o yo que sé, le mandaría una foto.

¿Qué hago, Carla?

¿Entro en su ordenador sin que se entere?

Que no, que no, que no, que no.

Te va a pillar. Seguro, vamos.

A lo mejor no, no lo sé.

Puedo ir borrando el historial según voy avanzando

y no tiene que saber... Si no es por eso,

será por otra cosa, por cómo dejas el ratón.

Él se da cuenta de todas esas cosas, se fija más que nosotras.

Ya lo sé. Pero si esa niña no es una niña de su edad,

debo hacer algo, no puedo permitir que siga hablando con ella.

Mira, no me apetece nada hacer esto, ¿vale?

Pero igual... podría pedirle ayuda a Samu.

¿A Samuel?

Sí. No sé cómo lo hace,

pero él siempre se acaba enterando de todo y de todo el mundo.

Igual puede ayudarnos a saber quién hay detrás de esta Andrea.

No, cariño, no.

Bastante mal tienes el panorama con Samuel

como para que le pidas favores.

Déjalo estar. Contrataré un técnico.

Algo se me ocurrirá, y entro en su correo, ya veré.

Celia, si te pilla, te mata.

Ya. Bueno, entonces, ¿qué hago?

Solo nos queda Samu.

No pasa nada.

¿Qué? ¿Has hablado con Sandra?

No consigo dar con ella. Me tiene un poco mosca.

Bueno, tú no te ralles.

Lo que le ha pasado no es culpa tuya, ¿vale?

Es que menuda racha llevo, Javi. Sandra, mi hijo, Lorena...

¿Habéis discutido?

Jorge, ¿qué pasa?

Lorena quiere ser madre. Quiere tener un hijo conmigo.

(SAMUEL) ¿Qué te pasa?

¿A mí? Nada, ¿por?

Jonathan, conozco esa cara mejor que la mía, hermano,

y sé que algo pasa. ¿Me lo cuentas o no?

A ver, lo que me pasa es que ando un poco rallado

con lo que me dijo Lucía al despedirnos.

¿Y eso?

Pues porque, no sé, tío,

pasó todo muy rápido, muy de repente,

y con Nacho por ahí, de por medio.

¿Qué pasa con Nacho?

Es un tío muy chungo. Eso pasa con él.

¿Nacho, un tío chungo? -Sí.

Pues no sé, a mí me cae bien. Un poco soso, pero un buenazo.

¿Un buenazo? Sí, eso es lo que parece,

porque es lo que quiere vender.

Que se desvive por Rosa, que está pendiente de ella,

pero a mí me da un mal rollo que te cagas.

Mira, Jonathan, Lucía te ha utilizado,

y eso es de ser mala gente, así que, por favor, olvídala.

Bueno, sí, vale.

Es que no sé, cuando nos despedimos, me pareció que estaba acojonada.

Ya. ¿Y no será que culpas a Nacho de que te haya puteado Lucía?

Puede ser, sí, pero...

No sé, tío, es que...

A ver, la movida es que Lucía

le robó un disco duro a Nacho, ¿vale?

Y lo amenazó con contar lo que había.

¿En serio? -Sí.

¿Y qué había dentro?

Pues, supuestamente, datos confidenciales,

datos de clientes, pero vamos,

a mí me da la sensación de que hay algo más.

Y más con lo que está sospechando Noa ahora.

Estoy dándole vueltas a ver si se lo cuento o no.

No sé qué hacer.

Lo mismo me rallo demasiado. -Pues sí.

Vamos a tomar unas cañas,

que creo que te montas una peli en la cabeza.

Y la verdad, yo no le diría nada a Noa sin pruebas.

La vas a liar y vas a perder a una amiga, pero tú verás.

(JONATHAN) ¿Qué pasa?

Pues sí, no me digas más. Si se veía venir.

El otro día, cuando estabas con Carolina,

Lorena vino a hablar conmigo y me preguntó cosas de tu pasado.

¿Qué cosas?

Básicamente, hablamos de tu relación con Marcos.

En ese momento me dije: "Es esto", y no me equivocaba.

No te dije nada porque pensé que ya lo hablaríais, pero...

Eh, no te veo muy emocionado con el tema, ¿no?

No, es que me ha cogido de sopetón. No me lo había planteado. No lo sé.

Pues ahora no tienes más remedio que planteártelo.

Ya.

Y en esas estoy.

Tío, tener un hijo con Lorena tiene muchas cosas buenas,

pero... es que no me quito de la cabeza

los errores que cometí con Marcos y con Carolina.

Bueno. ¿Se lo has dicho a Lorena esto?

Lo de Marcos sí, lo de Carolina no.

Imagino que te dará pánico

que te vuelva a pasar lo mismo que te pasó con Carolina, ¿no?

Que os separéis

y acabéis a la gresca con un hijo en medio.

Es que llevamos muy poco tiempo juntos, Javi.

Y la quiero mucho.

No sé, y tener un hijo sería como una segunda oportunidad

para vivir una experiencia maravillosa,

pero esta vez con más implicación, más responsable, no tan distante.

Estoy hecho un lío, tío.

Parece que un poquito de ilusión sí que te hace, ¿no?

Ya.

¿A ti te parece una locura?

Yo prefiero no decir nada. Es un tema muy personal.

Ya, pero eres mi amigo, chaval, y te toca mojarte.

Verás, hay cosas de vosotros que no controlo como pareja,

y tener un hijo es un tema muy delicado.

He estado con Hortuño. -Cuenta.

Nos ha contado a mi padre y a mí lo de Sandra.

¿Qué os ha dicho exactamente?

Lo mismo que Sandra.

Lo que pasa es que Hortuño no se fía de que estés solo en todo esto.

Mi padre y yo dijimos que sí,

que si hubiera más gente, nos habríamos enterado.

Bien. ¿Y?

Que no va a parar.

¿Y eso qué quiere decir?

No ha tenido suficiente con Sandra, Hortuño va a por ti.

¿Qué va a hacer,

mandarme unos matones para que me den una paliza?

Hortuño quiere dar ejemplo contigo.

Y por lo que lo conozco y lo que me ha contado mi padre,

creo que va muy en serio.

Es hora de ir a la Policía. Esto está yendo demasiado lejos.

Javi, no tenemos pruebas contra él.

Solo serviría para ponerlo sobre aviso.

¿Y qué hacemos, esperar a que vengan a por ti?

No lo sé, Javi.

Si Sandra no se ha rajado y no es del mercado,

yo no me voy a rajar.

Por muy dura que parezca la amenaza de Hortuño.

¿No estarás organizando una despedida?

Vamos a ver, si yo te entiendo.

Lo que he preparado es una noche de chicas.

Nada de chabacanadas, Carmen, que te conozco.

Siento que no salga el plan. Te lo has currado.

Tu abuela se queja mucho, pero cuando lo pase bien, verá.

Con la que tengo montada, va a ser la mejor noche de su vida.

Esa cara, ¿qué?

Que lo de los hijos se siente o no se siente.

Bueno, es normal que necesite un periodo de reflexión.

Pero yo creo que, aun así,

no deberías dejar pasar tus ganas de ser madre.

Con Jorge o sin él.

¿Sabes si tu madre se toma algún medicamento?

¿Por?

Se parecen a los síntomas del Dicroson.

¿Qué es eso?

Un antidepresivo que tomaba yo.

¿Hablaste con mi padre sobre eso? -Sí.

¿Qué pasa? No mires.

Hay un tío ahí que no nos quita el ojo de encima.

¿Crees que es un matón de Hortuño? No sé, pero no me gusta.

¿Y quieres que averigüe si Andrea es quien dice ser?

No sé, he pensado que igual podrías investigar un poco por él.

Y por ti.

Intenté explicarle

que vuestro caso y el mío eran muy distintos.

Creerás que le dijiste eso a Paolo, pero tu subconsciente te traicionó.

Yo no soy como Elías, así que no me metas en el mismo saco.

Cristina, no hago eso. Pues no te creo.

He encontrado un artículo que pone que en un análisis normal

no se detecta el antidepresivo.

Hace falta uno específico que se llama DT.

Y lo peor de todo

es que estas pastillas necesitan receta médica.

Mi padre ha tenido que ir al médico

y fingir que tiene depresión o vete tú a saber.

¿Qué gesto? ¿Para qué? No sirve de nada. Papá no me habla.

No me ha invitado a su boda. A vosotras, con tanto reproche,

se os olvida que yo estoy absolutamente,

absolutamente solo.

Me siento muy halagada, pero...

pero esto no puede seguir así.

Buenas tardes, señor agente. -Abuela.

¿Qué puedo hacer por usted?

¿Ha venido a detenerme?

Porque ya estás tardando en quitarte la ropa.

¡Mamá, mamá, mamá!

Que este señor no es de tu fiesta. -¡Sí!

Hemos sabido que planea algo contra Jorge,

así que va camino de recibir lo mismo que tú o algo peor.

(Puerta cerrándose)

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Mercado central - Capítulo 135

06 abr 2020

Celia y Carla temen que Andrea, la chica de Barcelona con la que chatea David, sea un engaño. Carla convence a David de que proponga a su amiga verse a través de videoconferencia.

Noa teme que Nacho haya estado medicando a Rosa, a escondidas. La chica y Jesús convencen a Rosa de que se haga una analítica completa.

Después del beso, Cristina se hace ilusiones con Paolo y le prepara una salida romántica. Pero el italiano declina ir, todavía no puede confiar en ella.

Jorge pone a Adela, Germán y Javier al corriente de las pesquisas de Sandra. Germán se entera de que Hortuño tiene planes poco halagüeños para Jorge, y así se lo hace saber.

Carmen malinterpreta una situación confusa entre Adela y Miqui.

Jonathan sufre por Noa y le habla a Samuel de la existencia del disco de duro de Nacho.

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