Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 129 - ver ahora
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No voy a poder confiar en ti.

Mi madre tiene razón, odio decirlo, lo nuestro nunca fue buena idea.

No voy a repetir ese error. "Oye".

He contratado la agencia, no quiero sustos como el de Celia.

Haremos las cosas bien.

De acuerdo, los profesionales se encargarán del trabajo sucio

y nosotros mantenemos un perfil bajo frente a Elías y Hortuño.

Encontrarán las pruebas.

Y luego nos cargamos a Hortuño y a Elías,

pero sin exponernos personalmente.

¿Eso quiere decir que vuelves al grupo?

Si todavía me admitís...

Nunca quisimos que te fueras.

-¿Seguro que Carla lo entendió bien? -Sí.

-¿Y que aceptó cenar contigo? -Que sí, Paolo, completamente.

-Igual ha tenido un imprevisto.

-Me da igual, para eso están los móviles.

¿No me puede mandar un mensaje?

-Ya. -Me ha dejado plantado.

-Es como hablar con la pared.

Y hoy me ha cogido el teléfono, normalmente no es así.

Sigue enfadado.

Una cosa es traicionar a un amigo, pero a su padre...

Eso es muy difícil de perdonar.

No te castigues más, Cristina, por favor.

El tiempo pone cada cosa en su sitio, te lo digo yo.

Yo creo que no me lo va a perdonar nunca.

Es mi castigo por haber sido tan tonta.

-Madre mía, Lucía,

¿a ti te parece normal desaparecer así como así?

Ya me estoy preocupando.

200 000 llamadas, 200 000 mensajes que te he dejado ya.

Y tú... -Jolín, tío, que está fregado.

-No me calientes la cabeza ahora, que no es el momento.

-Los supuestos despistes de mi abuelo no eran reales.

Mi padre...

os ha gastado una especie de broma pesada,

os ha estado tomando el pelo.

-¿Cómo que una broma?

-Fue un montaje para haceros creer que eran despistes del abuelo.

-Pero ¿quién haría semejante cosa a su padre?

-Vete haciendo las maletas, ya no vas a vivir aquí.

Fuera de mi casa.

No estuvo bien lo que te hice,

lo reconozco, pero lo hice por tu bien.

¡Lo que faltaba! Papá.

Para que te des cuenta de que ya eres mayor,

que estás muy bien, pero ya eres un anciano,

estarás mejor fuera. Mira.

¡No voy a consentir que me hables así en mi propia casa!

Te lo digo por última vez.

¡Lárgate de aquí!

Voy a hacer lo que sea para pararle los pies a Hortuño.

Cuenta con mi parte. Y con la mía.

-Y con la mía, no os voy a llevar la contraria.

Pues, entonces, adelante.

Aunque a mí esto de los detectives me suena un poco a cuento chino.

No, no, es una agencia de fiar. ¿Sí?

La mayoría de los investigadores son expolicías

y saben qué tecla tocar, a qué puerta llamar.

Pues me gustaría conocerle.

Sí, claro. No hay problema.

Con que seamos Adela, Jorge y yo creo que será más que suficiente.

-Si es tu decisión,

perfecto.

Pero la mía, no.

Así que creo que tienes razón

y que lo mejor es que...

cada uno haga su vida.

(TV) "Estamos muy pendientes de seis familias

que se enfrentan en Barcelona a un posible desahucio".

"Son en total 13 las personas que durante los dos últimos años..."

-¿Te apetece un café?

-¿Eh?

-¡Eh!

¿Hay alguien ahí?

-Perdona, cariño, estoy con un tema importante.

-Ya, ¿y cuándo no?

-Mi jefe está a punto de asignar un proyecto gordo

a uno de nosotros y quiero estar bien situado.

-Con las horas que le echas al trabajo,

seguro que te lo dan.

(Timbre)

-Ya voy yo, así estiro las piernas.

(TV) "Hay unas 80 personas, vecinos del barrio,

que están ahí, en el interior,

para evitar precisamente que se produzcan esos desahucios".

-¿No tienes llaves?

-Me las he dejado en casa.

-Dame un beso.

-¿Cómo estás?

-Bueno.

Mejor.

Pero todavía me mareo un poco, ¿sabes?

Pero, sobre todo, me siento floja.

Poco a poco iré recuperando las fuerzas.

-Pues claro que sí.

Tienes mucha mejor cara.

-Pero eso es porque tú has venido a verme.

-Oye, mamá,

a ver, yo sé que todavía estás saliendo de una mala racha

y que, bueno, tienes tus pequeñas recaídas,

pero ¿por qué has dejado el trabajo?

¿No crees que lo mejor sería volver a la normalidad?

-¿Tú a qué has venido?

-A que me explique por qué ha dejado la pizzería.

Me lo ha dicho Paolo esta mañana.

-Como está, es lo mejor para tu madre.

-Has dicho que estás mejor, ¿no?

-Bueno, estoy algo mejor, Noa.

Lo que pasa es que todavía no me siento lo suficientemente fuerte

como para comprometerme con Paolo.

Imagínate el roto que le hago

si cada dos por tres, cariño, le pido una baja.

Es que no me parece justo.

Lo mejor es que se busque otra persona como ayudante.

-Mamá, pero si Paolo está encantado contigo.

-Ya. -Me ha dicho

que te esperará el tiempo que haga falta.

-¿Cómo hay que decirte las cosas para que las entiendas?

Prefiere esperar, ¿no la has oído?

-Ya te ha calentado para que no vuelvas.

-Ya empezamos. -Por favor.

-A ti nunca te ha gustado que mamá trabaje en la pizzería.

-Ha dejado el trabajo porque es lo mejor para ella.

-¿Para ella o para ti?

¿Qué vas a hacer cuando se recupere?

¿Meterla todo el día en casa como si fuera un jarrón?

-A todo lo que pasa en casa tienes que sacarle punta.

-Pues sí. -Ya está bien, por favor.

Ya está bien.

Cuando me sienta más fuerte, ya veré lo que hago.

Y lo decidiré yo, ¿de acuerdo?

Qué bien, ¿eh?

Habéis conseguido que me vuelva a doler la cabeza.

Estupendo.

Me voy a echar un rato.

(Puerta)

-¿Contenta?

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Adela. Dime, Javier.

Acabo de hablar con Jorge, están de camino.

Pues, venga, vamos.

Les esperamos en mi despacho.

Germán se va a quedar con las ganas de conocer al detective.

Tampoco hacía falta que estuviésemos todos,

que esto no es una romería.

Entiendo que estés dolido con él,

pero las indirectas que le has soltado antes

han sido muy desagradables.

Lo siento.

No es mi intención crear tensión.

Al contrario, estoy deseando pasar página.

Es que me da mucha pena que la cosa haya terminado así.

A mí también.

¿Ya no sientes nada por él?

A ver, Adela, no se deja de querer a alguien de la noche a la mañana.

Pero voy pasando del dolor a la rabia y no consigo controlarlo.

¿Qué me vas a contar a mí? Yo he pasado lo mismo con Elías.

Pero Germán no tiene nada que ver con su padre.

Cualquiera lo diría después de lo que ha pasado.

Venga, va.

¿Quién hizo saltar la liebre? Afloja un poco, ¿no?

Germán está arrepentido, o no estaría de nuestro lado.

Adelante. Gracias.

Él es Javier, el gerente del Mercado.

Adela, una de las comerciantes.

Sandra, la detective.

Mi madre puso esa cara cuando supo a lo que me dedicaría.

Bueno, encantada. Yo soy Adela.

Sandra. -Javier.

-Espero que el que sea una mujer no suponga ningún problema.

No, desde luego que no.

Tu jefe nos mandaría a la persona más apropiada,

eso es lo importante.

Le pediré un aumento de sueldo.

Bueno.

Vayamos a lo que nos ocupa, Ginés Hortuño.

Eh, Paolo, ¿puedes hablar un momento?

-No, ahora no.

Estoy solo en la pizzería,

Rosa no va a volver a trabajar conmigo.

Estoy superado de trabajo. -Vaya. No.

Solamente te quería comentar que ya me han pagado el primer sueldo

y con parte del dinero me gustaría ayudar a pagar los gastos de Andrea.

-Gracias, pero eso mejor se lo comentas a él,

que te pase su número de cuenta.

-Es que no me lo quiere dar.

-¿Cómo que no?

-He hablado con él y no quiere aceptar mi dinero.

-Ya le conoces, Cristina, Andrea es muy orgulloso.

-No creo que sea cuestión de orgullo.

Creo que está enfadado conmigo, y no le culpo,

después de todo el daño que os he hecho.

-Ah, Cristina, por favor, dejamos el tema, ¿eh?

No volvemos a lo mismo, por favor.

Lo pasado pasado está.

-Solo quiero arreglar lo que he estropeado,

lo que se pueda.

Si le puedes hacer llegar el dinero de mi parte...

-Vale.

Se lo enviaré, pero le diré que se lo has enviado.

A ver si así, poco a poco, conseguimos que se relaje contigo.

-Como tú veas.

Yo, con tal de que le sirva, me doy por satisfecha.

-No, no, Cristina.

Tiene que darse cuenta de que no puede seguir con este rencor.

Tú eres su madre y siempre lo serás.

-Gracias.

Esto es muy importante para mí.

-Además,

si tú y yo hemos conseguido dejar atrás el pasado y...

reconstruir nuestra relación de alguna forma,

Andrea tiene que poder hacer lo mismo.

Que por algo tiene nuestros genes, ¿no?

Digo, si no nos han dado un cambiazo en el hospital.

Bueno, tengo que irme.

Ya tienes mi número de cuenta. -Ah, no.

Tengo el dinero en efectivo. -No te preocupes.

Me haces una transferencia. -No, si hace un rato que lo saqué.

A ver.

Lo saqué por lo mismo.

No es mucho dinero,

pero espero que, bueno, que le pueda servir.

-A Andrea le vendrá genial.

-200, toma.

-Verás como te lo agradecerá.

-Gracias.

-A ti.

Bueno, vuelvo... -Sí.

-Hasta luego. -Hasta luego.

Bueno, supongo que Jorge te habrá contado

que Hortuño está intentando acabar con el Mercado

para pegar un pelotazo urbanístico.

Queremos evitarlo a toda costa.

Son muchos los puestos de trabajo que quiere llevarse por delante.

-Os tengo que informar

de que a mí los aspectos emocionales me interesan más bien poco.

Ah, ¿no te parecen importantes?

No es eso, lo que pasa es que a nosotros

hay veces que nos contratan los buenos

y otras veces, los malos.

Yo me dedico a hacer mi trabajo

de la manera más eficaz sin juzgar al cliente.

Ahora estás del lado de los buenos.

Pues muchísimo mejor.

Pero, volviendo a nuestro objetivo, Ginés Hortuño,

he estado haciendo algunas averiguaciones

y os adelanto que no va a ser un hueso fácil de roer.

Sí, eso ya lo sabemos, Sandra.

Por eso estás aquí.

No, a lo que me refiero es

que no va a ser fácil hacer que alguien de su entorno hable.

Va a hacer falta invertir mucho tiempo

y bastante dinero.

No pensábamos que hiciera falta sobornar a alguien.

Normalmente no hace falta.

Tengo colegas en la Policía y la Guardia Civil

y lo normal es hacer un intercambio.

Ellos me dan información y yo les hago alguna guardia.

Pero... -¿Pero qué?

-Pero tratándose de un individuo tan bien relacionado y escurridizo,

me temo que el favor por favor no va a ser suficiente.

Ya.

¿Y entonces?

Entonces vamos a tener que untar con dinero

a alguien de su entorno.

Y, de esa manera, animarlos a hablar.

(CARRASPEA)

-¿De cuánto dinero estamos hablando?

-Con 2000 euros al inicio será suficiente.

En metálico, nada de cheques.

Bueno, pues cuenta con ello. Bueno.

Ahora no lo tengo,

pero iré a la sucursal de aquí al lado

y en un rato te lo doy.

Eso sí, lo único que te pedimos

es que hagas que esta inversión merezca la pena.

Por supuesto. Cuando sepa algo de Hortuño, os lo haré saber.

Genial, esperamos esa llamada como agua de mayo.

Muy bien. Lo que sí te pido, Sandra,

es máxima discreción, por favor.

Soy la mejor de mi equipo, acuérdate.

Encantada. Igualmente.

-Gracias por hacerte cargo de ese dinero extra.

Tranquilo.

Sé que voy a recibir algún ingreso extra.

Mi divorcio está casi resuelto.

Y, mira, si algo he aprendido de Elías

es que algunos favores cuestan dinero.

(Timbre)

No hemos pedido pizza, ¿qué haces aquí?

-Déjate de coñas, ¿dónde está Lucía? ¿Qué le has hecho?

-¿Cómo que qué le he hecho? -Tiene el móvil apagado.

Anoche fui a su casa y nadie me abrió.

-¿A mí qué me cuentas? Ese es vuestro problema.

Largo de aquí, que vas a despertar a Rosa.

-Mira, me da igual, que se despierte.

No pienso largarme hasta que me digas dónde está.

-¿Qué te acabo de decir? -Mira.

Sé que te chantajeó con movidas de un disco duro.

Lo que no sé es qué guardarías tú ahí para ponerte así.

Me imagino que algo muy chungo, ¿no?

Que te enteres que no pienso parar hasta descubrir qué ocultas en él.

-Pues te vas a cansar, chaval, porque ese disco ya no existe.

Lo que había en él eran cosas profesionales confidenciales.

-Ya. -Eso me robó tu presunta novia.

-¿Presunta? ¿Me estás vacilando? ¿Eh? ¿Tú de qué vas?

-Ha estado jugando contigo. -No me taladres la cabeza.

No tienes ni idea de este tema.

-Se va a Londres esta tarde.

-¿Qué dices? Anda.

Eso no puede ser, si nos vamos juntos.

-Veo que tu presunta novia tiene otros planes.

-Vale, vale, que me la estás jugando, ¿no?

-No, no te la estoy jugando.

Las explicaciones se las pides a ella.

-Eh, mira, Nacho.

A mí no me engañas, ¿vale?

Lo estás intentando, muy bien, pero no.

No cuela, tío.

Y no pienso parar hasta descubrir qué es lo que ocultas.

-Yo me preocuparía más por lo que oculta Lucía.

No sé, una persona que te quiere realmente

no se va así como así, sin decirte nada.

Si quieres despedirte, yo que tú me iría ya.

Chao.

Y apunta también los puros, lo de sacarlos de la cesta.

-No, no, eso ya lo tengo, sí. -Ah.

-¿Qué quieren Romeo y Julieta? -Hola.

Yo, un botellín. ¿Y tú qué quieres, cariño?

-Yo, un carajillo, anda.

¿Has visto qué apañado tu padre?

Se está apuntando las cosas pendientes de la boda.

-Ah. -Para tenerlo controlado.

Y no porque se me olvide, como le gustaría a tu hermano.

-Ay, papá, lo siento, te lo ha hecho pasar fatal.

-Mira que le he aguantado

canalladas, pero esta no la venía venir.

-No me extraña.

-No voy a permitir que me siga toreando

ni que me arruine mi gran día.

Nuestro gran día.

Pero esto me ha hecho reflexionar.

Y del pasado también.

-Está bien que lo veas desde el lado positivo, papá.

-Por ejemplo,

de ti siempre pensaba que eras una viva la Virgen,

una egoísta, una caprichosa que hacía siempre

lo que le daba la gana.

-Gracias.

-Pero ahora pienso

que el mayor egoísta del mundo es tu hermano.

-Bueno, no sé si me consuela esto que dices.

¿Que sea un tío chungo me convierte a mí en una tía menos chunga?

Papá.

Yo sé que te ha dolido mucho lo que ha hecho Elías,

pero está pasando una mala racha.

Es que el divorcio le ha hecho polvo.

-¿Estás defendiendo a ese desgraciado?

No vayas por ahí.

Bueno.

Sé que lo haces con buena intención,

pero no voy a hacer las paces con él. -Papá, no dejes que el odio

se enquiste.

Cuanto más tiempo pase, más vas a sufrir.

Sabes perfectamente de lo que te estoy hablando.

-Sí, lo sé, pero me ha hecho demasiado daño.

-Bueno, ¿qué?

¿Seguimos con la lista?

¿Mmm?

(Llaman a la puerta)

Ah, ¿y Sandra?

Está llegando.

Dice que tiene novedades.

¿Y Javier no viene?

No, tenía que ver a la madre.

Bueno, aquí está el dinero que nos pidió.

Oye, Adela, de verdad, mil gracias.

Sandra.

¿Tienes algo?

Sí, he encontrado un muy buen hilo del que tirar.

Estamos deseando saber qué tienes.

¿Sabéis ese edificio abandonado que hay enfrente del Mercado?

¿La antigua imprenta?

Correcto.

No sé si estáis al tanto

de que encontraron el cadáver de una chica allí.

Sí, se armó un gran revuelo

en el Mercado. Sí.

Mi cuñada creía que era mi sobrina, lo pasamos muy mal.

Me lo puedo imaginar.

Bueno, aquí viene lo bueno.

Ginés Hortuño compró ese local tres meses antes

de que encontraran el cadáver.

Ese capullo se está haciendo con todo el barrio

y ni nos enteramos.

Espera un momento.

¿Crees que hay alguna conexión entre esa muerte y Hortuño?

Bueno, esa conclusión es demasiado precipitada.

Estoy esperando que un contacto me facilite el informe policial

para ver los detalles. Conociendo a Hortuño,

no me sorprendería que tuviera algo que ver con ese crimen.

Sabemos que es capaz de cosas terribles, pero ¿tanto?

Es una acusación muy grave. Y muy gratuita.

Sobre todo, porque la chica, al parecer, murió de sobredosis.

No hay ningún indicio de asesinato.

Aquí tenéis tortillita recién hecha para mis chicos.

Invita la casa, que sé que os gusta mucho.

-Vale, gracias.

Bueno, pues yo ya lo tengo todo apuntado.

¿Tienes tu lista de invitados?

-Claro que sí, ¿crees que eres el único que apunta las cosas?

Mira. -¿Tenéis muchos invitados?

-No, yo, de mi parte, no muchos.

-¿Solo esto?

Pero si son cuatro gatos. -Oye.

Seremos cuatro gatos, pero cuatro gatos bien avenidos.

-Miguel Herrera e Isabel Romero.

-Unos vecinos de toda la vida.

-Óscar la Torre.

¿De qué me suena a mí este? -Óscar.

Del Mercado, ¿no te acuerdas?

Que es el primo de Nicolás.

El que heredó la pescadería.

Luego tuvieron que cerrar.

Mis hijos se han empeñado en invitarle.

-Sí. Tú tuviste algo que ver con ese, ¿no?

-¿Eh? Eh...

Sí, estuvimos juntos... en otra vida, madre mía.

-Y qué vida, ¿eh?, por cierto, porque no se te escapaba ninguno.

-No.

-Y olé tú.

Que para eso se es joven,

para disfrutar y que no te amargue la vida nadie.

Que, por cierto,

Óscar y tú hacíais muy buena pareja.

Me dio pena que no echarais adelante.

-Pues fíjate que yo no le pongo cara.

-Ya se la pondrás cuando le veas en la boda.

Ah, Lorena, por cierto,

que Óscar está disponible.

Se acaba de divorciar.

-Vaya, pues es una pena porque yo sí que no estoy disponible.

A lo mejor me he dejado llevar por mis ganas de acabar con él,

pero algo me dice que tiene que ver.

Vamos a dejar las intuiciones en casa.

Ya. A mí solo me interesan los hechos.

Y el siguiente paso que vamos a dar es encontrar esas pruebas.

Si es que las hay.

Correcto.

Bueno, para desenredar esta madeja,

voy a necesitar echar mano

de los fondos extra, los del sobre. Sí.

Pues aquí está lo que nos pediste.

Gracias.

Con esto será suficiente.

Pues esperamos noticias tuyas entonces, ¿no?

En cuanto sepa algo, os informo.

Que tengáis un buen día. Igualmente.

¿Qué te parece?

¿Ella? Bien. Yo me fío de ella, sí.

Sí, sí, yo también.

Solo espero que encuentre cuanto antes

un hilo que una a Hortuño y a esa chica muerta.

Saber que Hortuño puede estar involucrado en algo tan oscuro

pone los pelos de punta.

Ya.

Y nos estamos metiendo en la boca del lobo.

A saber la de tiempo que llevará allí Elías.

(NICOLÁS) Y el chaval no ha soltado prenda esta mañana.

-Estaba igual de mohíno que anoche.

-A saber la ventolera que le ha dado a la muchacha para darle plantón.

-Hablé con ella y parecía que le iba a dar otra oportunidad.

-¿Estuviste hablando con ella? Que nos conocemos.

-El hacha la dejé en casa.

Le dije que la mejor época de Samu había sido cuando estaban juntos.

-No llevaste el hacha, sino el cuchillo jamonero.

-Que te digo que no.

Solo quiero que no le vuelvan a romper el corazón.

-Se lo han roto de todas maneras.

-Qué retorcida es la niña esta. (NICOLÁS RESOPLA)

Carmen, ¿para qué te metes?

Deja que solucionen ellos solitos sus problemas.

-Lo que ha pasado no tiene que ver conmigo.

Hay poco que solucionar.

-A ver, ¿por qué lo has hecho?

-¿Hacer el qué? -Invitar a Óscar a la boda.

¿Qué pinta Óscar en la boda de mi padre?

-Vamos a ver, Óscar es mi primo.

Y Valeria le tiene mucho cariño. -Sí.

Y a mí me tenéis muy poquito cariño.

-No sé qué ha pasado, Nicolás no me ha contado nada.

No me gusta meterme. -Carmen, por favor.

No me hagas reír tú ahora también. -Disculpa.

Soy clara y no sé nada.

Solo sé que Óscar está mal por el divorcio.

Y necesita el apoyo de la familia.

-Lo está pasando mal desde que tuvo que dejar el Mercado.

-¿Qué es lo que estás diciendo?

¿Que Óscar se fue del Mercado por mi culpa?

-No, qué va, no, no, no, yo no he dicho eso.

Se fue porque se estaba hinchando a ganar dinero.

-Nicolás.

No tienes ni idea de lo que pasó.

-Mira, no la quiero liar, así que mejor me callo.

-¿Qué me he perdido todos estos años?

-¿No vas a ser capaz de compartir

ni una tarde con él, aunque sea la boda de tu padre?

-No, ¿y sabes por qué?

Porque Óscar no va a ir a esa boda.

O sea, o se lo dices tú a los novios o se lo digo yo.

-¿Cómo puedes tener tanto cuajo?

Valeria aprecia a Óscar.

Y puede invitar a quien le dé la gana.

-Te lo digo una vez y no te lo digo más veces.

Solo uno de los dos va a ir a esa boda

y te aseguro que Óscar no va a ser.

-Bueno.

Ya me estás contando lo que pasó entre esos dos,

con pelos y señales.

-No pasó nada.

-Vaya por Dios.

¡Enhorabuena!

Ya tienes lo que querías, oficialmente estamos divorciados.

Pues nada, enhorabuena.

Ha costado, pero ya no estoy casada contigo, sí.

Sí que ha costado, sí, a mí, una fortuna.

Lo dicho, enhorabuena, ya eres lo que querías ser siempre:

una mujer rica.

Eh, que yo ya era rica antes, no te confundas.

Era rica en amor y en dinero, pero tú me robaste lo primero

y no iba a dejar que me robases también lo segundo.

Si lo que buscas es dar lástima, no vas por buen camino.

El negocio te ha salido redondo.

Yo he contribuido a hacer grande este negocio.

Así que me merezco cada euro que hay en ese acuerdo.

Y eso sin hablar de lo que tienes escondido en Andorra,

que lo dejaremos correr.

¿Y qué, nueva rica, cuáles son tus planes?

¿Brindar con champán,

llenar una bañera de billetes de 100 y 500 euros

a ver si te ahogas?

Qué tonto eres.

Aunque no te lo creas, no me hace feliz ese dinero.

No. Me hace feliz

dejar de ser la esposa de un señor

que engaña a su padre haciéndole creer que pierde la cabeza.

¿Quién te ha ido con ese cuento?

El niño, ¿no?

No, el niño, no, ha sido mi padre.

Eso es lo de menos.

Solo me importa es poder estar lejos de alguien tan despreciable.

No sé quién carajo se creen esos dos para juzgarme.

¿Que quiénes son?

Son tu familia, Elías, tu familia.

¿Mi familia? Sí.

Mi padre es el mayor sinvergüenza que ha dado este mercado.

¿Y el niño? El niño, déjalo correr.

Mi hijo se hizo chapero.

Haz el favor de callarte. Chapero.

¡Cállate! ¡Cállate! Chapero.

¡Lucía! ¡Lucía!

¿Dónde vas?

¿No has vito tu móvil?

Te he estado llamando como un loco.

-Lo siento, pensaba llamarte esta noche.

-¿Desde Londres?

No me puedo creer que Nacho tuviera razón,

que te vayas a ir, que te vayas a ir sin mí.

No entiendo nada.

¿Para qué me pides que vaya a Londres si vas a dejarme tirado?

¿Tan mierda soy que no merezco que te despidas de mí?

¿Tan mierda soy que ni siquiera merezco una explicación?

-Jonathan, lo siento, de verdad.

Sé que he hecho las cosas mal, pero no tenía fuerzas para hablar.

-Para romper conmigo, querrás decir.

Si te vas sola a Londres es porque pasas de mi cara.

¿No?

-Es que no podemos tener una relación ahora mismo.

-¿Por qué?

Dime, ¿es por Nacho y su disco duro?

-No, no tiene nada que ver con el disco.

-¿Te ha amenazado? ¿Te ha hecho algo? ¿Te ha pegado?

Dime si es así... -Que no, Jonathan.

Nacho es un capullo, sí, pero no tiene nada que ver con eso.

-Entonces ¿qué pasa? ¿Eh?

Porque no te reconozco, Lucía.

De hecho, no sé si he llegado a hacerlo.

Nacho dice que en el disco solo hay mierdas confidenciales,

datos de su empresa, de los clientes, ¿y tú estás así?

¿Y, de repente, estas prisas?

¿Qué pasa? ¿Qué está pasando? ¿Me lo explicas?

-A ver, Jonathan.

Nacho está espiando a su empresa.

Y en el disco duro hay mucha información confidencial,

datos de sus clientes y otras cosas.

Pero que no te rayes más por eso.

-¿Perdona?

¿Cómo quieres que no me raye? Explícamelo, no lo entiendo.

-Jonathan, tienes que olvidarte de todo.

Acabas de tirar por la borda más de 25 años de matrimonio.

¡Oh!

Si ahora me va...

me va a tocar recibir a mí, ya verás.

Es que no me has dado

ni la más mínima oportunidad de solucionar mis problemas.

¿Tú te estás escuchando? ¿Tú estás hablando en serio?

¿Hace falta que te recuerde

adónde me llegaban los cuernos?

Entraba por esa puerta y me enganchaba.

Tenía problemas, estaba confundido. Sí.

Y los sigues teniendo.

Porque hay que ser muy mezquino, por no decir otra cosa,

para encima culparme a mí de tus cagadas.

Pero te digo una cosa, esto se ha acabado.

Ya no me vas a manipular más, se acabó.

Se acabó, Elías.

Se acabó.

Pues sí.

Esta tortura,

porque era una tortura, se acabó.

Por fin vuelvo a estar solo.

Pues vete acostumbrándote.

Como sigas por ese camino,

vas a terminar solo y, sobre todo, amargado.

Ahora, si no te importa,

tengo muchísimas cosas que hacer.

Qué pena.

Te ha hecho algún chantaje, ¿no?

Y por eso no lo quieres denunciar ante su empresa.

Lucía, le dejarías con el culo al aire.

-Pero perdería mi curro en Londres. -No, Lucía.

Sería él quien pringaría.

-Que no, Jonathan, que no, que Nacho es muy listo.

Si pasa eso,

va a decir que he trabajado todo este tiempo con él

y que le he ayudado a recopilar esos datos.

No puedo. -A ver si lo voy pillando.

¿Me estás diciendo

que no piensas hacer nada para pararle los pies?

¿Es eso?

-No me atrevo.

-Pues yo, sí.

Es que no entiendo nada, ¿por qué de repente tantas prisas?

¿Por qué apagas el móvil, por qué no me coges las llamadas?

¿Por qué te vas? ¿Por qué no podemos ir juntos?

-Porque no te quiero.

-Nos... nos íbamos a ir juntos a Londres, ¿no?

Ese era... era el plan.

Nuestro plan, ¿te acuerdas?

-No, no, Jonathan, no.

El plan era usarte para dar celos a Nacho,

sacar información sobre él, sobre Noa...

Yo solo quería mi curro en Londres.

-¿Me estás diciendo que... que ha sido todo mentira?

-Sí.

Lo siento, Jonathan,

pero es que tú no pintas nada en Londres.

-No entiendo nada, tía.

Te juro que estoy flipando, no lo entiendo.

-No espero que lo entiendas.

Bueno, ni tampoco que me perdones, Jonathan.

Lo mejor para ti es quedarte aquí, en Madrid, y alejarte de mí.

-Es porque soy mozo en el Mercado.

Es porque soy mozo y soy demasiado poco para ti.

Si es eso, me lo puedes decir, pero no montes todo este numerito.

-Lo siento, Jonathan.

Gracias por todo este tiempo, de verdad.

Seguro que encuentras una chica estupenda

y yo paso a ser un mal recuerdo.

Suerte.

Te la mereces.

-Van a abrir un restaurante nuevo muy cerca del Central.

-Ah, ¿sí? -Ajá.

-Anda, pues mira, un restaurante nuevo para probar.

-Ah, pues sí. -Es un restaurante vegano.

-Ay, no me digas,

¿otro restaurante vegetariano en el barrio?

-No, vegano, no vegetariano.

-Ya, pero no venden chuletones, ¿no?

-Pues no. -Pues lo mismo me da uno que otro.

La ruina de los carniceros.

Bueno, pues la comida está muy bien, ¿eh?

Y todo muy rico.

A ver si un día vienen tus hijas y Noa.

¿Eh? -Sí.

Tendré que disfrutar de ellas, porque lo que es de mi hijo...

-Bueno, ¿me ayudas a llevar esto a la cocina?

(JESÚS SUSPIRA)

(Puerta)

Buenas.

¿Qué haces aquí?

Creí que te había quedado claro que esta ya no es tu casa.

Papá, seamos razonables.

Veo que no te ha quedado bien claro.

Que te largues, que estoy hablando en serio.

Que no quiero vivir bajo tu mismo techo.

Aunque el piso esté a tu nombre, esta también es mi casa.

Yo he contribuido todos estos años a mantenerla.

He pagado los muebles, las reformas.

Sí, tú, siempre hablando de dinero, así eres tú.

No, yo siempre no hablo de dinero.

Te quiero hacer ver que este hogar es tanto tuyo como mío.

Si ayer me fui a dormir al despacho, fue por respeto.

Pero si tú nunca has respetado a nadie.

Ya te he pedido disculpas, papá.

Pero lo vuelvo a hacer, te pido perdón.

Y yo no las acepto.

No es obligatorio aceptarlas, ¿no?

¿Y qué vas a hacer? ¿Estar así siempre, enfadado?

¿No ves que es absurdo? ¿Ahora el absurdo soy yo?

Lo que me faltaba por oír. Pero ¿tú no te das cuenta

de que tenemos que resolver esto?

Yo no soy tan frívolo como tú.

Yo me tomo las cosas en serio.

Y el daño que me has hecho

no te lo perdonaré en la vida, ¡nunca!

¿Cómo eres tan terco? Te pido humildemente...

¿Humildemente?

¿Cuándo has pedido tú algo humildemente a nadie?

¡Recoge las cosas que tengas que recoger y largo!

-¿Qué pasa? ¿Habéis vuelto a discutir?

-Por él, estaríamos discutiendo toda la vida.

Pero yo... yo ya se lo he dejado bien claro,

no quiero volver a verle aquí.

-¿Qué quería, volver a casa?

-Sí.

Pero no vamos a permitir que nos amargue la fiesta, ¿eh?

Con lo bien que estábamos.

Venga, Germán.

Hablamos otra vez

de las hamburguesas esas veganas, ¿vale?

-No sé, abuelo.

No me apetece.

¿Qué queréis de fruta?

-Unas mandarinas, que están dulces como golosinas.

¿Te falta algo?

Pues deja las llaves allí y puerta.

(Portazo)

Mira, es el anuncio que voy a poner, a ver qué te parece.

"Alquilo habitación en piso compartido".

"Muy céntrico, 400 euros".

¿Pongo que hay wifi y calefacción central?

-No te molestes en poner ningún anuncio.

-¿Por? ¿Ya tienes alguien que se quede con tu habitación?

-Yo mismo, porque no me voy a ningún lado.

-¿Cómo que no te vas?

-Pues lo que oyes, tía, que me han dejado plantado.

-¿Cómo?

-Me ha dicho que no me quiere.

-¿En serio?

-Que lo que tuvo conmigo lo tuvo para conseguir información de...

¿Cómo era? De ti, de Nacho, que todo lo demás le daba igual.

Lo único que quería era conseguir un buen curro.

-¿Qué?

¿Cómo se puede ser tan retorcida?

-Bueno, que tampoco hace falta que disimules,

que estarás encantada.

-¿Qué dices, Jona? -Pues lo que oyes.

No vengas de amiga superenrollada, que estarás toda contenta.

-Si estás cabreado porque tu novia te ha dejado,

no lo pagues conmigo. -Es la verdad.

No te hacía gracia que me fuera con ella a Londres, ¿no?

Enhorabuena, lo has conseguido. La tenías cruzada.

Desde el principio. -Como para no.

¿Te crees que no me importa que te hagan daño?

Sé que estabas muy ilusionado con lo de irte a Londres.

-Vale, que ahora viene la parte esa en la que me sueltas un "te lo dije".

-¿Para qué? Ya te lo estás diciendo tú.

-Pues sí.

La verdad es que sí, porque tenías razón.

Lucía solo empezó conmigo por puro interés

y no sé en qué momento se me ocurrió pensar que se iba a enamorar de mí,

que trabajo en el Central.

Soy poco para ella, estaba clarísimo.

Y eso tú lo viste desde el principio.

-Lo siento.

Ojalá me hubiera equivocado

y te hubiera ido de maravilla en Londres.

Es que no sé cómo no lo vi venir, tía.

Qué panoli he sido, ¿no?

-Perdona, de panoli, nada.

Te lanzaste a vivir la relación con todas las consecuencias.

Aquí la única idiota es Lucía.

¿Estaba rico, Manuela? -Sí.

-Si vienes a retomar el tema, no tengo interés en hablar de ello.

-Vaya pollo que has montado esta mañana.

-Os he plateado la situación con bastante calma.

-Sí, con mucha calma y con muchos reproches.

A punto de casarse tu padre, está muy feo.

-Está muy feo que me queráis imponer a alguien

que sabéis que no quiero ver en la boda de mi padre.

-Yo no he impuesto a nadie, que es de la familia.

Ahora tienes a Carmen muerta de la curiosidad.

Y no parará hasta saber qué pasó. -Ah, ¿sí?

¿Y tu mujer no va a aprender que hay algo llamado intimidad?

-Que yo he estado callado muchos años.

Yo sí sé ser discreto.

Pero que sepas que, cuanto más burra te pongas

con el tema, más va a insistir Carmen en sacarme lo que pasó, la verdad.

-Pues tienes que seguir callado.

-A ver, que te estoy diciendo que yo puedo seguir callado.

Pero ya sabes cómo es Carmen.

Y no va a parar hasta sacarme lo que le hiciste a Óscar.

-Que yo no le hice nada a Óscar.

Que tu primo traspasó la pescadería porque le dio la gana.

-Lorena, ¿cómo puedes ser tan cínica?

Mi primo Óscar se fue por tu culpa, porque le destrozaste el corazón.

-De verdad, es que no sabes lo que dices.

-Que te conozco a ti desde hace muchos años

y conozco a mi primo.

-Nicolás, déjalo ya.

Te aseguro que no sabes de lo que hablas.

-Que he visto cómo has hecho sufrir a toda tu familia

y cómo hiciste sufrir al pobre Óscar.

O sea, que deja el asunto. -¡Tu primo de pobre no tiene nada!

No le conoces tanto como te crees.

La pregunta es cómo me pude creer

que una tía con carrera se fijaría en mí, que trabajo aquí.

-Ay, Jona, no te machaques más, tío.

Lucía no va a encontrar un tío como tú

ni en Londres ni en otro lado.

Ya volverá llorando, ya. -Ya.

Por mucho que llore, no pienso volver con ella.

Ya he visto qué persona es.

Cuanto más lejos, mejor, se puede ir a la Luna por mí.

-Bueno, pues entonces no perdamos ni un minuto más hablando de ella.

-Ya, tía, pero es que no entiendo.

Si no la llego a pillar con las maletas,

es capaz de pirarse sin darme explicaciones.

¿Tú te crees? -¿Qué dices?

Pues, mira, ahí la veía más de ir, no sé, con la verdad por delante.

Menuda cobarde.

-Ya ves, tía.

Bueno, realmente, las verdades me las ha dicho.

Pero no entiendo cómo se puede estar fingiendo todo el rato.

(SUSPIRA)

Pero, bueno, ya está.

Mira, que paso de las tías, ¿sabes?

A partir de ahora, no pienso repetir con ninguna.

Que se acabó, que ya está.

No pienso rayarme, se vive mejor y más tranquilo.

-Vaya.

Entonces eso me deja fuera de tu lista, ¿no?

-¿Cómo? -Que es broma, tonto.

-No me hagas esas bromas, estoy muy sensible

y me las creo.

Soy capaz de echarme a llorar.

-Pues, si necesitas llorar, llora.

Aquí ya sabes que tienes un hombro y yo no me voy a ir a ninguna parte.

-Gracias, tía.

-A ver, Lorena, te advierto una cosa.

Mi primo... -¿Qué?

Tu primo os tiene a todos engañados.

Pero la que tiene mala fama soy yo, vuestro pan de cada día.

-No les vayas con el rollo este a tu padre y a mi suegra.

¡Por una vez, guárdate tus historias y no les amargues la boda!

Eh, eh, ¿qué pasa, chicos?

¿A qué viene tanta discusión? Nada, Lorena.

Tiene unos arrebatos que ni una cría.

Y yo me voy, tengo lío y no estoy para discutir y perder el tiempo.

Vale.

¿Qué ha pasado con Nicolás?

Es pacífico.

Nunca lo había visto así. Nada.

Cuando se trata de meterse conmigo, saco lo peor de cada uno.

¿De qué habíais discutido?

Nada, de... De nada, da igual.

¿Hablabais de la boda o de alguien? No, no hablábamos de nadie.

Para no ser nadie, te ha afectado. Ya está bien.

Solo quería ayudar. Son cosas mías.

Vale. ¿Quieres ayudarme? Dejamos el tema.

Muy bien.

Cuando yo tenía problemas con mi hijo,

no me decías esto.

Más bien me pedías que te lo contara.

Y lo hice y me sentó muy bien.

Ah, puedes ser muy convincente. Sí.

Estábamos hablando de un ex.

Un primo de Nicolás.

Y no quiero volver a verle.

Nicolás le ha invitado a la boda de mi padre.

Y yo no quiero coincidir con él. ¿Estás contento?

¿Hace mucho de eso?

¿Me quieres dejar en paz? No quiero seguir hablando de esto.

Hola, abuelo. -Hola, Germán.

-¿Qué haces aquí?

-Tomándome un café.

He salido a la calle a fumarme un puro.

Porque Valeria no quiere que fume en casa.

-Ya te está metiendo en cinturita.

-Dos no discuten si uno no quiere.

-Oye, ¿te importa si me uno?

Es que necesito un café, a ver si me espabilo. Ay.

Oye, una cosa, lo de antes...

Que mi padre puede llegar a ser muy pesado.

-Me enfada hasta cuando viene en son de paz.

Mira, Germán, los hijos, cuando nacen, son adorables,

pero, cuando crecen, algunos se vuelven imbéciles.

No entiendo cómo ha sido capaz de hacerme creer que estoy gagá.

-La verdad es que hay que tenerlos cuadrados.

-Oye, ¿te contó algo sobre la jugada esa?

-No, bueno, solo lo que te dije.

-Ya, es que estoy dándole vueltas

y no sé por qué ahora quiere incapacitarme.

-Bueno, está claro, ¿no?

Se quiere quedar con toda la empresa.

Es su forma de proteger sus intereses,

pasar encima de su propio padre.

-No, tiene que haber algo más.

A veces, Elías parece muy bruto.

Pero siempre tiene un final.

Siempre hay algo que no muestra.

-¿En serio, abuelo?

Un poco paranoia, ¿no?

Papá siempre ha querido dirigir la totalidad de la empresa.

No creo que haya nada más.

Es que, si hay algo más, no sé lo que es, la verdad.

-¿Te acuerdas de los cambios de ruta que hizo tu padre?

-¿Si me acuerdo? Menudo puro me calló.

Por cambiar una ruta.

Quería ayudar a una furgoneta que estaba tirada en Huelva.

Suerte que se me da bien la logística.

Se pilló un cabreo... No entendí bien por qué.

-¿Tú podrías echarme una mano?

-¿Yo? ¿A qué?

-Mira, a mí no me gusta mucho hacer estas cosas,

pero, si no las hago, no estaré tranquilo.

He hablado con los conductores y todos me dan largas.

Quiero que vayas a su despacho y le cojas los papeles de las rutas.

Los papeles no mienten.

Y, si nos está ocultando algo, ahí lo sabremos.

¿Lo harías por mí?

-Abuelo.

Solo si me invitas a un café.

Hola, Cristina. -Hola.

-Te traigo la correspondencia de estos últimos meses.

-Ay, gracias. -Se me había olvidado.

La he ojeado, creo que no hay nada importante.

-Sí, todo publicidad. Ya no escriben ni los bancos.

-Ya. -Gracias.

-Ahora no escriben ni los hijos.

Con lo bonito que sería recibir alguna carta de Andrea.

Aunque solo fuera una postal.

Bueno, que también quería decirte que... que he hablado con él.

Le he dicho que el dinero era de tu parte.

Al principio se ha resistido un poco, pero al final ha entendido que...

Bueno, tus intenciones, la situación y...

Yo creo que ahora volverá a ser más cariñoso contigo.

-Ay, ojalá.

Cómo te lo agradezco.

-De nada.

-Huy.

-Eso huele muy bien, ¿eh?

-Sí. -Y eso es muy bonito.

-Sí.

Es un encargo para un regalo. -Ah.

-Mira, te voy a regalar este.

"English breakfast". -Ah, no, no, deja, deja.

No, que yo no soy muy de... desayunar a la inglesa.

-Ya.

Pero las salchichas, los huevos revueltos

y el beicon que lo acompañan sí, ¿no?

Además, mañana te puedes pegar un homenaje,

que es tu cumpleaños.

-¿Lo has recordado?

-Hay cosas que no se olvidan.

¿Y tienes planes? ¿Vas a hacer algo con Vanesa?

-No, no, Vanesa y yo hemos roto.

-Vaya.

¿Y eso?

-Nada, que somos muy diferentes.

Y, además, yo, ahora,

no tengo ni tiempo ni cabeza para otras relaciones.

-Sabes que a mí

celebrar los cumpleaños como que no me gusta,

pero tú tienes que celebrarlo,

sea como sea.

-No, no creo que vaya a hacer nada.

Porque no estáis...

No está Andrea y...

Y yo no puedo cerrar la pizzería.

Hola, Paolo. Hola.

Cristina, ¿tienes cambio de 20? -Ah, sí.

Gracias. -Bueno, os dejo.

Hasta luego.

Hasta luego. -Adiós, gracias.

Ay, que a lo mejor os he interrumpido.

No, mujer.

Hablábamos de su cumpleaños.

Ah, ¿y cuándo es? Mañana.

¿Sabes qué?

Que ha cortado con Vanesa.

Así que no tiene con quién celebrarlo.

Lo va a pasar solo.

Ay, que te veo venir.

Vas a aprovechar para acercarte a él.

He intentado ser prudente, he querido esperar,

pero es que lo veo... lo veo más receptivo.

Fíjate que ha intercedido con Andrea por mí.

No sé.

¿Y si le invito a cenar? ¿Qué te parece?

¿Tú crees que es prudente?

Lo digo por él, ¿eh?

Hemos estado casados muchos años.

Ya, pero mejor ir con pies de plomo, ¿no?

Pero ¿por qué?

Yo sigo siendo la misma Cristina y él, el mismo Paolo.

¿Tú estás segura de que él es el mismo Paolo?

Porque lo ha pasado muy mal, ha sufrido mucho.

Se está adaptando a una nueva vida.

Está aprendiendo a trabajar solo,

a vivir sin su hijo, que se ha ido a estudiar fuera.

Ha pasado por mucho, Cristina.

Por eso quiero volver con él, para que se le acabe esta mala etapa.

Yo solo digo que tengas cuidado.

No le presiones, no vaya a ser que tires por tierra

lo que has hecho para acercarte.

¿Vale? Vale.

Gracias.

Adiós.

(JESÚS) "Una cosa".

¿No puede haber un cóctel con menos entrantes?

Porque lo importante es que la gente coma sentada,

como Dios manda.

No. Sí, sí, la fiesta va a ser larga, sí, sí.

Que no... no se casa uno todos los días con 70 años.

Ya.

Bueno, bueno, pues tú eres el que sabes de esto.

Adiós, gracias.

¿Lo has conseguido?

-¿Perdona? ¿En serio dudabas de mí?

Por favor. -Ah.

Se ve que a ti se te dan bien estas cosas, ¿eh?

No te vería tu padre. -No, he salido antes de que entrara.

Iba con un tío, que, por cierto, no sé quién es.

-Aquí hay algo un poco raro.

Bueno, un poco no, bastante.

Mira, la furgoneta 92

se desvió de su ruta habitual.

-Esta es la que desvié yo

para ayudar a la otra.

-Pero no volvió a la ruta e hizo una parada.

-Bueno, pararían a comer, ¿no?, o algo así.

-No sé, no sé.

Pero hay más, ¿eh?

Mira, hay paradas donde no hay pedidos

ni proveedores, ni franquicias ni nada.

-¿Y por qué crees que las manda para allá?

-No tengo ni idea, pero tengo razón.

Aquí está pasando algo y tu padre nos lo oculta.

Qué desastre, de verdad.

No sé cómo puedes trabajar aquí.

Sí, bueno, es que he tenido a la asistenta unos días liada,

y yo he tenido mucho trabajo, perdona.

Entonces ¿no sabes nada?

No, en serio. No, no.

Pues yo sí lo sé, ¿y sabes por qué?

Porque me he enterado de que tu padre va preguntando por las rutas.

Y por el cambio en las paradas en tu red de transportes, ¿sabes?

Y eso puede llegar a ser

muy peligroso para nosotros.

Y para él.

Esto es cosa de mi padre, no tengo nada que ver.

Pero ya hablo con él y le dejo las cosas claras.

Ya, las cosas claras. ¿Es que no están claras todavía?

Por cierto, ¿cómo va... cómo va lo de la jubilación de tu padre?

Bueno, eh...

Es que no... no está funcionando eso.

Ah, ¿no? No.

¿Y por qué?

Pues porque mi padre no es idiota.

En cuanto empezamos a hacerle luz de gas,

se dio cuenta y sospechó.

Entonces ya sabemos cuál es el idiota de la familia, ¿no?

No entiendo cómo no puedes controlar y engañar

a un vejestorio como tu padre.

Deberías ser más inteligente que él. Y lo soy.

Pero creo que subestimas a mi padre. ¿Sabes lo que yo creo?

Que tú eres un cobarde.

Que no tienes los huevos de hacerle eso a tu padre.

Esto es para hombres.

Y no para niñatos de mierda como tú.

Si no puedes hacerle eso a tu padre, no te preocupes,

que ya me encargaré yo.

Mañana me paso por el Mercado. No, espera.

Yo creo que tiene que haber otras formas de hacer esto, ¿no?

Ah, ¿sí? ¿Cuáles? Dímelas, dímelas.

Yo... yo solo conozco dos formas.

Por las buenas, en la cual habéis fracasado

estrepitosamente, o por las malas.

Esa no falla nunca.

Mira, no sé, seguramente, seguro, tú tienes razón en esto.

Pero a lo mejor sería conveniente parar durante un tiempo la ruta.

Elías.

¿Estás tonto o te lo haces? Escúchame.

Durante un tiempo corto, pequeño, hasta que mi padre no sospeche.

Yo creo que tú no... no te has enterado muy bien

de qué tipo de relación tenemos.

Soy yo el que te llama a ti.

Yo soy el que toma las decisiones, ¿entiendes?

Así que déjate de mierdas.

Porque, como tu padre vuelva a meter sus narices en mis asuntos,

voy a tener que hacerle una visita y...

Créeme, va a ser muy desagradable, sobre todo, para mí.

No me gusta ver llorar a la gente mayor, ¿sabes?

¿Quién quiere hacérselo pagar a quién?

Yo pensaba que Samuel y Carla habían hecho las paces.

-No, hombre, yo no me refiero a ellos,

sino a otra persona que mejor ni nombrarla, vamos.

-Igual te vendría bien un ayudante, ¿no crees?

No creas que no lo había pensado.

La floristería te va genial, chica.

Date un capricho, mujer.

-Se llamaba Erika Van Houten.

24 años, nacida en Bélgica.

Estaba buscada por la Interpol por denuncias por desaparición

interpuestas por sus padres en al menos tres ocasiones.

Germán se ofrece para ayudar a la detective.

Ha hablado con un portero de la discoteca

donde apareció la chica, Tito, para sacarle información.

Pero Nacho me ha dicho que de momento Rosa no va a volver.

-Sí, lo sé.

Esa persona podría ser yo.

-Que el amor es una porquería.

Si lo llego a saber... ¿Qué?

¿No te hubieras enamorado de Javier?

No me hubiera ni acercado a él.

-Ya no le das más antibióticos, ¿no?

-No, en cuanto el médico me lo dijo, suspendí el tratamiento.

No es cuestión de atiborrarla a pastillas.

-Menos mal que estuviste al quite.

Si es por ella y sus mejunjes, se nos va a la tumba.

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Mercado Central - Capítulo 129

27 mar 2020

Noa, enterada de que Rosa ha dejado el trabajo en la pizzería, pide explicaciones.

Jorge, Javier y Adela se encuentran con Sandra, la detective, que necesita más dinero para el caso. Les informa que Hortuño es dueño de la imprenta donde apareció una chica muerta.

Nacho revela a Jonathan que Lucía se marcha hoy a Londres y destroza el disco.

Lorena se turba ante la presencia de Óscar, primo de Nicolás, en la boda de su padre. Jorge es testigo de una bronca entre Lorena y Nicolás.

Lucía, superada por las consecuencias de la extorsión a Nacho, se va sola a Londres. Jonathan, hundido, le da la razón a Noa: no era de fiar.

Elías constata que ha sido expulsado de la familia, está solo, y culpa a Adela de todo lo que le ha pasado.

Paolo promete mediar entre Cristina y Andrea.

Jesús, una vez la luz de gas está finiquitada, se interesa por lo que habrá hecho Elías en su “ausencia”. Velasco le pide explicaciones a Elías: sabe por sus conductores que Jesús ha estado metiendo las narices en el tema de las rutas.

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