Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 120 - ver ahora
Transcripción completa

Es verdad.

Mi padre y Hortuño están aliados.

Repíteme, ¿qué me has dicho, perdona?

Que mi padre y Hortuño están aliados.

Pero cuando yo me enteré, todavía no nos conocíamos tú y yo.

Y cuando me propusieron...

trabajar con ellos, tampoco.

Mi padre me dijo que con Hortuño nos forraríamos, y...

y en ese momento, la supervivencia del mercado pues...

tampoco me pareció muy importante.

Y me convencieron de que el mercado iba a cerrar de todos modos.

Entonces, es cierto.

Pues sí.

Pues sí, y me está matando.

Por un lado, defiendo el mercado y por otro, boicoteo su renovación.

No me siento orgulloso,

y menos desde que estoy contigo, pero...

No sabes lo que ha sido para mí verte tan comprometido...

y tener que ir contra de ti.

Lo podía haber dejado, pero pensé que...

que si seguía con esto,

podría conseguir el dinero para... que montáramos ese hotel juntos,

porque yo lo que quiero es eso, estar contigo.

Me has estado utilizando para sacarme información.

Les estabas contando todo lo que te decía.

Estás conmigo porque te lo pidió tu padre.

Dímelo Es capaz de eso y mucho más. -Que no.

Además, le impuse una línea roja.

A ti te tenían que dejar fuera de esa guerra.

Pero ¿cómo he podido estar tan ciego?

Lo siento.

Lo siento. Perdóname.

Me has pedido que sea sincero y lo estoy siendo.

Me vi desbordado, no cómo supe llevarlo.

Sí, sí que supiste, supiste hacerlo muy bien.

Yo te estoy diciendo la verdad.

¿Qué quieres? ¿Que te dé las gracias?

Quiero que me entiendas.

Que yo ya estaba en esto antes de conocerte,

que no podía dar marcha atrás, que ya estaba pringado.

Después de todo lo que hemos vivido, de las cosas que hemos compartido,

¿me estás diciendo que me has estado engañando en la cara una y otra vez?

Hasta ahora, después de hacer el amor, me estabas engañando.

Lo hacía para protegerte.

¿Para protegerme de quién?

Te amo.

Esa es la única verdad, que te amo. Eh.

Lo único que nos tendría que importar es que nos amamos.

No puedo.

(LLORANDO) No puedo.

Javier, por favor.

Javier, por favor.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Venga, David, no te agobies más, hijo.

Cualquiera, sin conocer la zona, se habría perdido igual.

Lo hice todo mal. Y encima intoxiqué a un niño.

Tú no has intoxicado a nadie.

No sabías que ese chaval tenía alergia a ese queso.

Y lo que sí que hiciste, y muy bien,

es intentar solucionar el problema.

No. Lo que hice fue quedarme parado y llamar a Carla.

De no ser por ella, aún estaría en el descampado.

Tendría que haberte animado más para trabajar con Paolo,

y en vez de eso, lo que he hecho

ha sido transmitirte mis miedos y mis inseguridades.

Qué exagerada.

Siento mucho haber dudado de ti.

A partir de ahora, cuentas con toda mi confianza,

y estoy convencida de que esto no va a volver a ocurrir.

No pienso volver a ser repartidor nunca más.

Y aunque quisiera, Paolo no me dejaría,

que casi lo denuncian por mi culpa.

Hijo, Paolo no te va echar.

Está enfadado, y con toda la razón del mundo.

Pero no quiere que vuelva a ocurrir algo así.

Ese es el problema, que me voy a volver a perder,

a repartir mal las pizzas, y a intoxicar niños,

y ya ni siquiera querrá ser mi amigo.

Eso no es verdad, David.

Él también se equivoca, y yo y todo el mundo.

Y no dejamos de hacer cosas.

Pero yo no soy como todo el mundo, yo soy especial,

como me dijiste cuando te pedí si podía trabajar.

Tú eres tan capaz como cualquiera.

No, no puedo, mamá. Claro que puedes.

Porque tú eres un valiente, y los valientes pueden con todo.

Repartir pizzas no es lo mío.

No creo que valga para ningún otro trabajo.

Eh, eh, eh. ¿Adónde vas? Desayuna. No, no tengo hambre.

Buenos días, Jesús. ¡Hola!

¿Me apartas un par de mangos que estén en su punto?

Que me he levantado con antojo de batido.

¿Qué pasa? Que anoche Elías y tú os pasasteis de alpiste

y ahora toca desintoxicarse, ¿eh?

¿Has hablado con él? Sí, esta mañana, en casa.

Ya me ha explicado que te decidiste ir a la cena.

¿Qué más te ha contado?

Pues no mucho más, la verdad.

Pero estaba contento, ¿eh?

Puso tostadas y café para todos.

Imagínate...

Estuvimos hablando de muchísimas cosas,

de la vida, del mercado, de los proyectos...

Supongo que encontraría algún hueco para ponerme a parir.

Tranquilo, que en ese sentido, estuvo muy relajado.

Qué raro.

Bueno, igual es que yo tampoco le dejé tiempo,

Estuve acribillándole a preguntas

sobre cómo veía lo de vender flores por Internet.

¿Y te dio buenos consejos?

Digamos que estuvo bien poder confiarle mis dudas.

Mira, lo echaba de menos, la verdad.

¿Echas de menos a Elías?

Jesús, no tergiverses mis palabras.

Lo que echaba de menos es poder hablar tranquilamente con él,

de asuntos de trabajo, como hacíamos antes.

Lástima.

Ya me estaba haciendo ilusiones.

Pues no te las hagas.

Pero... Pero ¿qué?

Que si hay un "pero", es porque estamos avanzado.

No.

Tengo muy claro que no vamos a volver a estar juntos.

Y está bien que sea así.

¿Tan segura estás? Sí, segurísima.

Pero eso no significa que no me importe lo que le pase.

Han sido casi 30 años casados,

ayudándonos el uno al otro, y eso no tiene por qué cambiar.

Ayudándoos y, a veces, haciéndoos mucho daño.

Bueno, pero esa fase ya ha pasado.

Mira, anoche tuve la certeza

de que Elías, pase lo que pase, siempre estará en mi vida.

Y no me desagrada la idea.

Sabía que estaba pasando algo. Me lo veía venir.

Así que le dije que si de verdad sentía algo por mí,

que, por favor, que no me mintiera.

Que eso era lo único que no podría soportar.

¿Y qué hizo?

Lo soltó todo.

Tenías razón.

Elías es el topo que está ayudando a Hortuño

a acabar con el mercado.

¡Lo sabía!

Si es que no podía ser otro.

Todo este rollo de que empatizaba con la gente del mercado,

con sus puestos...

era simplemente para que no sospecháramos de él.

Eso parece.

Ese desgraciado quería forrarse a nuestra costa.

¿Quería? ¿No te das cuenta que está más cerca que nunca de conseguirlo?

Por eso insistía en que cerráramos

y en no hacer la jornada de puertas abiertas.

Por eso quería que nos pasáramos de presupuesto.

Nos quería dejar secos, Javier.

La de cosas que habrá hecho para evitar la reforma.

Seguro que el boicot a la muestra gastronómica fue cosa suya.

Por eso me...

ofreció la constructora de su amigo para arreglar la cubierta,

sabía que eran unos estafadores. Bonita familia de sinvergüenzas.

(SUSPIRA)

¿Qué pasa? ¿A qué viene esa cara?

¿No te alegras de saber la verdad?

Eso es lo único que te importa, saber la verdad.

Tenías razón, Elías es el malo de la película.

Oye, claro que me importa. Ese tío quería dejarnos sin nada.

A mí ya no me queda nada, Jorge. ¿Pero qué dices? Por favor.

Estamos a tiempo de pararle los pies.

No estoy hablando del mercado.

Tú sabes mejor que nadie lo que me costó confiar en Germán.

¿Sabes lo que es estar con alguien que te engaña continuamente?

Es patético.

Lo siento.

Siento por lo que estás pasando. De verdad, lo siento.

No sé qué más decirte. No hay nada más que decir.

Mi vida ha perdido sentido en unas horas.

Javier, por favor, saldrás de esta.

¿En serio?

No tienes ni idea de cómo es Germán.

No sabes lo que estoy viviendo. Si no, no dirías eso.

¿Adónde vas tan concentrada?

Ay, Cristina, perdona. Buenos días.

Que tengo mil cosas en la cabeza.

Ay, qué te voy a contar...

He pasado la noche en vela. No he pegado ojo hasta las 06:00.

¿Tiene remedio, al menos?

No sé si mi hijo tiene remedio, ¿qué decirte?

¿No estaba tan contento

por trabajar como repartidor en la pizzería de Paolo?

Pues no. Eso se acabó.

¿Le ha pasado algo al chaval?

Llevaba una tarta, se perdió.

Resulta que se puso muy nervioso, se cayó, se cayó la tarta...

Un desastre todo.

Al final cambió la tarta por otra, pero resulta que tenía ricotta.

A un niño le dio mucha alergia.

Luca, el hijo de Marco Comelli, ¿no?

Sí, ese mismo. Su padre me contó que con olerlo,

se le ponía la cara como un globo.

Ya, pero David no lo sabía.

Y ahora resulta que Marco quiere denunciar a Paolo.

¿En serio? Sí.

Y David está deprimido. Bueno, dice que hoy no sale de casa.

Espérate, creo que puedo ayudarlo, ¿eh?

¿A quién? ¿A Paolo o a David?

A los dos.

Eso sí, necesito que te quedes un poquito con el puesto.

Sí, claro, me quedo. No abro hasta dentro de un rato.

Tardaré lo menos posible. Gracias, Cristina.

(Llaman a la puerta)

¿Sí?

No. Fuera, fuera.

Fuera.. -Por favor.

Fuera. Si no te vas, me iré yo. No tengo por qué soportar esto.

Un minuto, Solo te pido eso, dame un minuto.

Estoy hecho mierda, por favor. -¿Cómo te crees que estoy yo?

No quiero saber nada de ti. ¿Te enteras? Nada.

Entiendo que estés enfadado. -¿Enfadado?

Eres una de las mayores decepciones que me he llevado en mi vida.

Y tú sabes que el listón estaba muy alto.

No digas eso, por favor. -¿Cómo crees que es darme cuenta

de que todo lo que hemos vivido es mentira,

que nunca has estado enamorado de mí?

Eso no es verdad, te lo juro. -Anda, cállate.

Se me revuelven las tripas

de pensar cómo tú y tu padre lo planeasteis todo.

¿Qué te dijo? ¿Eh? ¿Qué te dijo?

"Tírate al pardillo del gerente, yo haré lo demás".

No.

Javier, me gustaste desde el primer día que contactaste conmigo

en mi página de contactos. -No me recuerdes ese día.

En serio, no soy tan bueno disimulando.

Sí, sí que lo eres.

Te metiste en mi vida para ponerme a tus pies.

¿Cómo he podido ser tan imbécil?

No eres imbécil.

Javier.

Eres la persona más maravillosa que he conocido.

Y como premio a tanta maravilla, tú me tratas como un trapo usado.

Vale.

La he cagado contigo, y...

y ya no lo puedo solucionar,

pero ahora que tenemos las cartas sobre la mesa,

quiero ayudarte a frenar a mi padre y a Hortuño.

¿Y qué quieres, que confíe en ti?

¿Quieres que me deje utilizar otra vez?

Yo he visto cómo te partías la cara

por la gente del mercado casi sin conocerla,

y lo hacías porque tú pensabas que era lo correcto.

Y aunque no te lo creas, eso me ha acercado a ti.

Pero ¿tú te oyes, Germán?

¿Es que no tienes un mínimo sentido de la decencia?

Pues mira, no, no lo tenía.

Pero lo he aprendido de ti. Y por eso te quiero ayudar.

Alucinante.

Javier, tengo acceso directo a los planes de Hortuño,

a los planes de mi padre.

Nunca sospecharían de mí. Juntos les podemos plantar cara.

Suena muy bonito, pero ya es demasiado tarde para eso, Germán.

Por favor, confía en mí.

Si te lo he contado es precisamente porque no quiero seguir engañándote.

Tuviste mil ocasiones de decirme la verdad,

y solo lo hiciste cuando te puse contra las cuerdas.

Eso no es amor, Germán.

Eso es cobardía.

Javier...

Vete, por favor.

Vete.

(Puerta abriéndose)

(Puerta cerrándose)

Bah, no te preocupes, ya... ya recojo yo, si eso.

Noa, ¿te puedes bajar al almacén?

Necesito unas tres latas de tomate para los espaguetis de la comida.

¡Eh! -¿Qué?

Vaya mañanita llevas. ¿Qué te pasa?

Perdón, es que he dormido fatal. Tomate, ¿no?

No. Ven aquí. Siéntate.

¿Qué te pasa?

Que no me pasa nada, Lore, de verdad.

Vale, no me lo quieres contar. "Okay".

¿Es tu madre?

Es tu padre.

(LORENA SUSPIRA)

Vale, sorpréndeme.

¿Qué ha hecho ahora?

Pues ayer, mi madre, me contó que Lucía,

la becaria que trabajaba con mi padre, pues...

como que se le insinuó.

¿Perdona? ¿Lucía a tu padre? ¿Estás en serio?

Pues sí. No sé, se ve que la tía estaba dispuesta a todo

con tal de que la contratasen.

La verdad es que Lucía no me daba ese perfil, ¿eh?

Lore, lo que yo no dejo de pensar es que haya trogloditas como mi padre

dispuestos a echar una mano a la primera que se le ponga a tiro.

Pero ¿tú crees que tu padre es de los que están dispuestos a...?

Pues es que ya no sé qué pensar.

Después de lo que me constaste de la boda, ahora esto de Lucía...

No sé, encima está saliendo con Jonathan...

Ya. Y Jonathan supongo que no sabe nada esto, claro.

Es que no sé qué hacer, no sé si pasar del tema, si contárselo...

A mí, esa chica nunca me ha caído bien.

Entonces, no sé, a lo mejor soy yo, que la estoy prejuzgando.

No sé.

¿Tú qué harías?

Hombre, yo... si estuviera segura al mil por mil, pero al mil por mil,

de que esa chica se ha puesto a tiro de tu padre, pues...

sí que se lo diría a Jonathan, pero vamos, seguro.

Ya.

Oye, Lore, me tengo que ir. (LORENA) ¿Cómo?

¿Cómo que "me tengo que ir"?

Noa, no. Noa, no. No me puedes hacer esto.

Pero ¿adónde vas, alma de cántaro?

Otra vez me quedo sola poniendo las comidas.

Eh, deja, deja, yo te ayudo. Deja.

No, deja, deja.

¿Qué, te has lesionado otra vez? No, nada.

Ha sido un gesto un poco atrevido.

Pero, ¿ha sido currando? No, no.

Fue... en mi tiempo libre.

En tu tiempo libre.

Tú ayer quedaste con Vanesa.

Ya, y cómo quedé.

No, tío, no. ¿Son heridas de guerra?

Siéntate, va.

Jorge, es que Vanesa...

va muy fuerte.

"Fortissimo". ¿Qué hacéis, lucha libre?

No sé, una cosa muy rara. Se llama shibari.

Yo nunca lo había oído.

Y claro, como no quería quedar como un cobarde,

me dejé llevar y acabé lesionado.

Ya te veo, ya. "50 sombras de Paolo".

(Móvil)

Oye, te dejo. Te debo lo vasos.

Estoy allí para lo que necesites.

Muchísimas gracias. Chao.

(Móvil)

Hola, Marco.

Sí. ¿Cómo estás?

¿Cómo está tu hijo?

(SUSPIRA) ¿En serio?

No sabes cómo me alegro, la verdad.

Sí, sí, sí.

No, no, no. Claro, yo te quería...

Me quería disculpar otra vez para explicarte que...

bueno, que fue un accidente.

¿Cómo que te lo dijo Cristina?

¿Que vino a verte?

No, no me había dicho nada.

Muchísimas gracias, Marco, de verdad.

No, no. Me alegro mucho de que contéis conmigo.

Sí, sí, de tu parte. Se lo diré.

Carmen, ¿estás más tranquila?

¿No crees que hemos sufrido bastante con el dichoso accidente?

Entonces, ¿para qué le llevas a probar tú ningún coche, eh?

Si querías traer los fantasmas del pasado,

hijo, lo has bordado, aquí están. -Lo siento pero es que...

no pensaba que iba a pasar algo así. -Eso es lo malo, que no piensas.

Yo que sé, es que lo vi tan decidido,

tan dispuesto a hacerlo de todos modos,

que pensé que lo suyo era ponerse a su lado desde el principio.

Cuando me llamaste del hospital, casi muero del susto.

Pero ¿tú te crees que no lo sé? ¿Eh?

Pero no podía hacer otra cosa.

Cuando entró en observación, no sabía cuánto íbamos a estar.

No me digas que pensaste en no llamarme.

Sí, lo sé, he metido la pata Yo qué sé.

Yo creí que el crío habría superado el trauma, pero...

No sé, quería ayudarlo a que volara solo.

A que se estrellara solo, querrás decir.

Nicolás, a ver cuándo te entra esto en la cabeza:

tu hijo no está preparado para conducir.

Ni para conducir ni para muchas otras cosas.

Ya lo sé.

Me lo tenía que haber pensado dos veces.

Más después de cómo se tomó la reacción de Carla

cuando se enteró de... -¿Qué le dijo la lista esa?

Pues básicamente, lo mismo que tú,

que le parecía increíble que Samuel volviera a conducir.

Si es que...

Hola.

Hola, Celia. ¿Qué te ha pasado?

Eh... Nada un poco de tortícolis.

Es que he cogido frío. Durmiendo, ¿eh?

Ah. ¿Y te pones el brazo en cabestrillo por una tortícolis?

Sí. Es que en Napoli lo curamos así.

Ah Pero bueno, tengo buenas noticias.

Acabo de hablar con Marco Comelli.

¿El padre del chaval de la tarta? Sí, sí, sí.

Me ha dicho que su hijo ya está bien

y que, por suerte, solo fue un susto y nada más.

¿En serio? Sí.

Se ve que Cristina fue a hablar con él.

Ah. Y le explicó todo.

Le dejo bien claro que David no quería perjudicar a nadie.

Al contrario.

Bueno, el chaval ya ha vuelto al cole

y está dando guerra otra vez.

Qué alegría me das. Gracias, Paolo.

Pero bueno, puedes decirle a David

que aquí lo espera su bicicleta eléctrica.

Pues me temo que no quiere saber nada del tema.

¿Qué pasa? ¿Todavía está dolido? ¿Tiene miedo?

Tenías que verlo... Está mal, está muy enfadado.

Es que está en una edad muy delicada.

¿Me lo dices o me lo cuentas?

Yo me acuerdo de cuando Andrea empezó a repartir.

No veas. Se equivocaba de calle, de pizza, se perdía...

Me llamaban los clientes gritando.

Pero bueno, al final... le cogió el truco.

Y lo mismo pasará con David, no te preocupes.

Se lo he dicho miles de veces, pero no insistir.

Su terapeuta dice que si quiero convencerlo de algo,

tengo que ser lo más racional posible con él.

Ya. Como si fuera fácil. Ya.

¿Lo has visto esta mañana? -Sí, claro que lo he visto.

Parecía un muerto viviente.

Igual que cuando lo trajimos del hospital después del accidente.

Y le han vuelto a medicar.

Vamos, estamos otra vez en la casilla de salida.

A mí, se me rompe el corazón de verlo así, Carmen.

Tanto esfuerzo, tanta fatiga... al final, para nada.

Pero bueno, solo nos queda estar con él

y ayudarle en todo lo que haga falta, y ya está.

Esto es lo que hay, lo que toca.

Tú vas a ser incapaz de perdonar a mi hijo, ¿verdad?

¿Eh? -¿Perdona?

No tienes ni idea

Mi hijo ha sufrido muchísimo

para intentar ser una persona medianamente normal.

Y está muy arrepentido.

A ver cuándo te metes en la cabeza

que mi hijo lo perdió todo en ese accidente.

¡No se fue de rositas!

Pero ¿a qué viene todo esto?

Pues nada que...

al final, acompañé a Samu a dar unas prácticas con el coche.

¿Y?

Pues que no pudo soportarlo.

Le dio un ataque de ansiedad y acabamos en el hospital.

Dile a David que yo sigo contando con él, ¿eh?

Vale. Muchas gracias. A ti.

Hasta luego. Hasta luego.

Paolo.

¿Qué?

¿Qué pasa? (SUSPIRA)

A ver, yo tampoco quiero meterme donde no me llaman, ¿eh?, pero...

bueno, creo que hay otra persona que también se merece tu confianza.

¿No te parece?

Hablas de Cristina, ¿no?

Ella no tenía por qué haber hecho lo que ha hecho.

¿A qué te refieres, a lo de hablar con Marco

o lo irse con mi mejor amigo?

Venga, Paolo, que ya sabes de lo que estoy hablando.

Celia, lo siento, pero...

es muy difícil volver a confiar en alguien que te ha roto el corazón.

Y no será porque yo no esté metiendo de mi parte,

No, no, si eso ya lo sé.

Bueno, escuché hablar a Carmen y a Nicolás

sobre la factura de la cámara frigorífica.

La has pagado tú para proteger a Cristina, ¿verdad?

¿Qué? Soy muy patético, ¿no?

No, eres un amor de hombre.

Por eso creo que, además de ayudar a Cristina en la sombra,

deberías intentar relajarte un poquito con ella.

Es que no puedo perdonarla, Celia, no puedo.

No te estoy pidiendo que la perdones.

Pero bueno, cuando la veas,

intenta no ignorarla, no ser tan frío, tan distante...

Sé que es difícil lo que te estoy pidiendo.

Pero... lo está pasando mal.

Me consta que se culpa mucho por todo.

Puede que tengas razón.

Pero sabes lo que dicen, ¿no? Quien siembra, recoge.

¿Y cómo se dice "segunda oportunidad" en italiano?

A ver, si estás dispuesto a dársela a David,

¿por qué no se la vas a dar a ella? Digo, ¿eh? No sé.

Bueno. Hasta luego.

Hasta luego.

¿Este es el plan?

¿Uno con cara de perro,

y el otro viendo vídeos de dentaduras postizas en Internet?

¿Qué pasa? Aquí solo trabajo yo, ¿no?

Ajo y agua, Elías, que bastante he doblado el lomo en mi vida.

Y no estoy viendo vídeos, estoy chateando con mi futura esposa.

Chateando...

Os lo voy a pasar porque estoy de muy buen humor,

que la cena de ayer fue muy bien.

¡Que digo que la cena de ayer fue muy bien!

¡Que cené con Adela! (JESÚS) No seas pesado,

lo contaste en el desayuno. ¿Sabéis lo que significa esto

para la reconciliación?

Que estuvimos tres... papá, tres horas.

Tres horas cenando y no sacó la pistola.

La tendría encasquillada.

Y no te pongas chulo,

que si no ganas ese sorteo, no cenas con Adela ni en sueños.

La suerte es para los audaces.

Y si no te llega, pues vas tú... y la agarras.

Eso me lo enseñaste tú, lo único bueno que he aprendido de ti.

¿Amañaste el sorteo? ¿Yo?

Solo lo justo para que me tocara.

(JESÚS RÍE) La madre que... (RÍE)

Es que si voy y le digo a Adela de cenar por la cara,

me manda a la mierda en el minuto 1.

Yo necesitaba el premio para que pareciera un accidente.

Eres un chanchullero. Mira quién fue a hablar.

(JESÚS) Si te cuento lo que he tenido que mover

para reservar el salón del convite para la boda...

Me daban para junio del 2021.

Y alguna parejita tiene que celebrarlo en otro sitio, ¿no?

Que se vayan a la playa, que está muy de moda.

Vestidos de blanco. (AMBOS RÍEN)

Dais pena. Los dos.

Ah, que estabas ahí.

Es triste que seáis unos chanchulleros,

pero que fardéis de las vidas que destrozáis por el camino...

Espera, está hablando el Dalai Lama.

Vete a la mierda. (JESÚS) Eh.

No hables así a tu padre en la vida, ¿eh?

Déjalo. Anda, papá, déjalo.

¿No ves que está teniendo un mal día?

Este está con resaca. o se ha peleado con el novio.

O las dos cosas. ¿Y a ti qué te importa?

(JESÚS) Os dejo que os matéis, que yo he quedado con Valeria.

Sí, hombre, claro. Hombre, vete con tu novia.

No sea que te dé por trabajar y te pase algo.

Mira, yo trabajo cuando me dé la gana. ¿Eh?

Y tú no te hagas muchas ilusiones con Adela, ¿eh?

Que puedes pegar un patinazo.

Hasta luego, "descastao".

¿Y a ti qué te pasa?

Bueno...

Si es por el mercado, tranquilo,

que Hortuño ha puesto en su sitio al elemento de Pastora Montesinos.

No. No es por eso. ¿Entonces?

¿A qué viene el docudrama este que te has montado?

Es por Javier.

¿Qué ha hecho ahora?

Soy yo, que no puedo más.

¿Tú sabes lo que es tener que aguantar todo el día el doble juego?

¿Mirarle a la cara sabiendo que no le estás siendo sincero?

Que es una auténtica mierda, que no puedo más. ¿Lo entiendes?

Estás sometido a mucha presión, hijo, lo sé.

Pero tranquilo. Ya estamos llegando al final, ¿eh?

Esto va a explotar, papá.

Esto va a reventar todo. Germán.

Ahora no, ¿eh? Ahora no puedes venirte abajo.

Germán, dentro de muy poco,

el Mercado Central pasará a la historia

y nosotros vamos a tener tanta pasta

que no nos vamos a tener que preocupar de nada más nunca.

Estoy al límite, papá, estoy muy al límite

Lo entiendo, hijo, ¿eh?

Te juro que lo entiendo, de verdad, Germán.

Pero mira, haz una cosa.

Visualízate dentro de un tiempo, ¿eh?

En un tiempo, toda la presión a la que estás sometido ahora

no va a ser más que un recuerdo lejano.

Y vas a poder hacer lo que te dé la gana con Javier, donde quieras.

Piensa en eso, hombre.

Venga, va, anímate.

Anda, dame un abrazo.

Venga, coño, que soy tu padre. Un abrazo.

Venga.

Uy, gracias.

¿Qué te ha pasado en el brazo?

Eh... Nada. Me he hecho daño en el hombro

intentando levantar un saco de harina.

Habrás ido al médico. -No.

¿Qué médico? Mañana estaré como nuevo.

Pero tú, sí, ¿eh?

Si sigues comiendo chuches a esa velocidad,

tú sí que tendrás que ir al médico.

Con la ansiedad me da por comer.

Entre chuchería va, chuchería viene, me pondré como una foca.

No, tú siempre "serai" bellísi...

Ah, Cristina.

Quería agradecerte haber llamado a la Asociación de Amigos de Italia.

¿Te ha llamado Marco? -No sé qué le has dicho,

pero ha funcionado.

Me ha asegurado que seguiré siendo la primera opción

para todos los eventos que organice la asociación.

¡Bravo! -No, brava tú.

"Grazie mille". De verdad.

No solo me he arriesgado a perder a uno de mis mejores clientes,

sino a los clientes que Marco me envía,

que son muchísimos.

Ya sabes que yo, encantada de ayudarte.

Es lo mínimo, después de ayudarme

con la cámara frigorífica de la Pacheca.

Ya. -Y como no te hacía mucha gracia

que te ayudara en el restaurante, pues...

Que si ahora, con lo del brazo, necesitas ayuda,

dímelo, que estoy disponible. -No.

Como sé cómo funciona todo, pues...

Te lo agradezco mucho, pero... yo tengo muchas cosas que digerir,

y no creo que vaya a ser posible contigo tan cerca.

Ya. Sería solo en plan de emergencia, no para siempre.

Ya, pero...

Mira, una cosa es que nos crucemos de vez en cuando por el mercado,

y otra muy diferente es que...

nos pongamos a preparar ravioli juntos.

Ya... Sí, no te puedo pedir que seamos amigos

con todo lo que ha pasado, ¿no?

No, no puedes.

Pero bueno, yo te prometo que haré lo posible

para que podamos hablar tranquilamente

de Andrea, del mercado... y de alguna cosa más.

Gracias. -A ti.

Pero eso sí, tu penitencia será tener que aguantar a la Pacheca.

Oh. Qué cruz de mujer.

Ahora entiendes, ¿no?, por qué me paso todo el día comiendo chuches.

Bueno, yo tengo una pizzería que atender.

Tú también tienes una clienta.

(PAOLO) Hasta luego. -Hasta luego.

¡Noa! Ven.

Ahora no puedo, me esperan en el bar.

Hace rato que te esperan en el bar, ¿eh?

¿Qué pasa? Lorena me ha dicho que te has pirado sin decir adónde ibas.

Noa, ¿qué te pasa? ¿Vas a jugar a los misterios ahora?

¿Qué pasa?

Es que no te va a gustar nada.

¿El qué?

Oye, ahora no me dejes así, ¿eh? ¿Qué pasa?

Pues que esta mañana he seguido a Lucía.

¿Por qué? ¿Se puede saber a cuento de qué?

La he visto entrar en un hotel con un tío.

Oye, si intentas cargarte mi relación...

¡El tío era mi padre!

Lucía se le insinuó para que la contrataran en la agencia

cuando se le acabara la beca. -¿Cómo te has enterado?

Me lo ha contado mi madre.

Yo, al principio, tampoco la creí,

pero al ver que la habían contratado,

y estando mi padre en medio... -Vaya tela con la "detectiva" esta.

Ah, ¿qué pasa, te parece bien que tu novia y mi padre estén liados?

No, Noa. Claro que no me da igual.

Pero la que te estás liando eres tú. Que entre ellos no hay nada, tía.

A ver, Lucía decidió camelárselo un poquito...

porque tu padre le estaba metiendo mucha presión,

así de paso le echaba una mano con lo del contrato y tal.

Ah. ¿Y sabes si "camelárselo un poquito"

incluye irse con él a las 11:00 a un hotel?

Que no, Noa, entre ellos, no hay nada.

Tienen reuniones en hoteles de vez en cuando.

Pero vamos, que lo que pasa es que, al parecer,

a tu padre Lucía le pone un poquito,

y ella decidió aprovecharse del tema.

No te preocupes, entre ellos no ha pasado nada.

Tu padre lleva el rollo este raro de reprimido,

de: "Te miro, pero no te toco", y ya está.

Es que yo es que flipo con vosotros.

¿Y qué, a ti, esto te parece superbién, no?

Estás encantado. -No, no, Noa, claro que no.

Yo intenté quitárselo de la cabeza, pero yo qué sé,

Lucía es más cabezona que de encargo.

Sí, bueno, cabezona y algo más...

¿Cómo que algo más? Es...

Ella es ambiciosa, como todos. Se busca la vida como puede.

Pero tu padre también es para echarle de comer aparte.

Ya te digo yo que entre ellos no hay nada.

Eso te lo digo yo.

Vaya tela con la niña.

Lucha por lo que quiere, y si alguien se la juega,

se la devuelve más fuerte. ¿Qué pasa?

Lorena... Que vaya al almacén. Anda, luego, te veo.

Venga, hasta luego, Sherlock Holmes.

Que lo disfrutes.

Gracias, hasta luego.

Hola, ¿qué quieres? ¿Quieres un té?

No, gracias.

Entonces, ¿qué quieres?

Pues tener una conversación de mujer a mujer.

Pues tú me dirás.

¿Te crees que soy tonta

y no he visto las miraditas que te echas con Paolo?

¿Qué quieres? ¿A qué has vuelto?

No te debo explicaciones de mi vida.

No, no, no. No las necesito, la verdad.

Lo que pasa es que Paolo me ha comentado

que no te fueron bien las cosas con tu amante,

y que has regresado para rehacer tu vida...

pero sin él.

Lo que pasa es que... ¿eso quién se lo cree?

¿Qué pasa, eres vidente?

¿A quién quieres engañar?

Si has vuelto a este mercado, es para cazar a tu ex.

Mira, vete con los celos a otra, que yo no he venido a cazar a nadie.

¿Celosa yo? Cómo se ve que no me conoces.

A ver, ni siquiera tengo intención

de tener una relación seria con Paolo.

Lo de nosotros es pura diversión.

¿Qué es lo que quieres?

Que Paolo sea feliz.

Sí, te dije que no soy celosa.

¿Y sabes qué? Lo que más me gustó de Paolo

fue que, cuando lo conocí, se abriera al mundo,

que disfrutara de la vida y del sexo como nunca lo hizo.

Ay, perdona, pero Paolo y yo hemos disfrutado, y mucho.

No te lo tomes a mal, ¿vale?,

pero me llegó bastante oxidado.

Tiene varias lesiones, no sé si lo has visto.

Y eso que no hemos apretado el acelerador.

Descargando harina, ¿no?

No sé cuáles fueron las razones

para que le montaras los cuernos como la catedral de Burgos,

pero si fue por la rutina,

la verdad es que la vida que le dabas

no era precisamente para lanzar cohetes.

Paolo ahora está comenzando a ser persona.

Y es el momento de que recupere todo el tiempo que ha pedido.

Pero contigo revoloteando por ahí, es imposible.

Así que si verdaderamente lo quieres, demuéstralo...

y déjalo volar.

¿Quieres algo más?

Sí. Que sepas que tu tren ya ha pasado,

y que nunca más lo vas a hacer feliz.

Buen día.

¡David!

¿No te has movido del sofá ni para darte una ducha?

¿No deberías estar en el puesto?

Jorge le está echando un ojo.

Pero yo he venido porque quería comentarte una cosa.

Paolo me ha dado una buena noticia. ¿Quieres saberla?

No. Cristina ha estado hablando

con la Asociación de Amigos de Italia,

y ya no están enfadados.

Están esperando a que les lleves el siguiente pedido.

¿Cómo está el chico de la tarta? Ah, muy bien. Estupendo.

Dispuesto a comerse la siguiente tarta sin ricotta que le lleves.

Me alegro.

Las probabilidades de que muriera eran pocas.

Lo miré en Internet. Bueno, has acertado.

Ha sobrevivido.

Bueno, aun así, no volveré a repartir pizzas.

No quiero meter a Paolo en más problemas.

Cariño, Paolo confía en ti.

¿Sabes lo que me ha contado? Que al principio,

Andrea metía la pata un montón de veces,

hasta que al final, se aprendió las calles, las rutas...

y siempre llegaba a tiempo.

Es verdad, yo lo cronometraba y era una máquina.

Claro, y tú también lo vas a ser. Pero necesitas practicar.

Te lo voy a demostrar.

¿Cómo? ¿Me vas a cronometrar? No. Mucho mejor.

Perdona, ¿has visto a Rosa?

No. -¿Y sabes dónde paran Lorena y Noa?

Noa, ni idea, y Lorena ha bajado al almacén.

¿Y ha dejado esto solo?

-Hombre, solo, solo, tampoco. Estoy yo.

Sí, claro.

Te las habrá recetado un médico, ¿no?

Claro.

Ándate con ojo, que son muy fuertes.

¿Las has tomado? -No. Se las recetaron a Rosa

cuando Noa se fue de casa.

Te ayudan a estar más animado, pero te fastidian todo lo demás.

¿Son muy fuertes o qué?

Bueno, fíjate en los efectos secundarios.

Yo mismo hablé con el psiquiatra para que se las cambiara por otras.

Cefalea,

náuseas, proceso febril...

Joder. Vaya joyita.

Lo mejor sería no tener que tomarlas, ¿eh?

Pues sí, la verdad. Pero es lo que hay.

¿Te importa que me siente?

Adelante.

Creo que lo pasaste muy mal con lo del accidente y demás,

pero me llegó que lo estabas superando muy bien.

Sí, eso pensaba yo también.

A lo mejor las pastillas te ayudan, no lo sé,

pero lo que funciona es agarrarte a la gente que te quiere.

Mira, Rosa se derrumbó con lo de Noa,

pero yo estuve ahí, siempre, a su lado.

Y ahora, con la enfermedad, también.

No me he separado de ella ni un solo día.

La verdad que la vi ayer y la vi muy bien.

Ya la he sacado dos veces del pozo en el que estaba.

Y lo seguiré haciendo las veces que haga falta.

Imagino que la vuelta de Noa la ha ayudado.

(NACHO) Claro, eso fue fundamental.

(SAMUEL) Ojalá en mi caso fuera igual, ¿sabes?

Y pudieran volver los que ya no están, pero...

va a ser que no.

Así que me toca comerme esto solo... y tirar adelante.

Si puedo, claro. (NACHO) Claro que sí.

Eh, mírame.

Siempre se puede.

Que le den a esta mierda de pastillas.

A ver si me va a dar un chungo, ¿y qué hace el mercado sin mí? ¿Eh?

Bien dicho. Voy a ver si encuentro a mi mujer.

Vale, estos son tus artículos,

pero ¿qué tiene que ver con repartir pizzas?

Mira. Este es el primer artículo que hice en la redacción.

¿No ves nada raro?

Está lleno de marcas y tachones.

Sí, son las correcciones que me hizo el editor.

No dejó ni una coma.

Y no me extraña, ¿eh? Era infumable.

No tenía sentido ni estructura ni nada.

Esto habla del efecto invernadero. Sí, era el tema.

¿Ves? Yo me dediqué a vomitar todos los datos,

sin ningún sentido, y sin ningún enfoque.

A mí me gustan los datos.

Nunca mienten. Sí, ya lo sé.

Pero a mi editor no le gustaban tanto.

Mira, sin embargo, este es el último artículo que escribí

antes de dejar el periódico. No tiene ninguna marca.

¿Tu editor estaba de vacaciones?

No, cariño, no estaba de vacaciones.

Lo que pasa es que no me hizo ninguna corrección.

No hay ni la mitad de números.

Eso es porque fui dejando mis miedos

y mis inseguridades a un lado.

Me permití equivocarme,

rehacer las cosas,

y poco a poco también fui siendo mejor periodista.

Me gané el respeto de mi jefe, de mis compañeros.

Y eso tienes que hacer tú ahora, David.

Ya, pero ¿y si no he nacido para repartir pizzas?

Bueno, es que eso no lo sabes si no lo pruebas.

Y conociéndote, seguro que eres capaz

de hacer cualquier cosa que te propongas.

Pero hay una cosa que no me cuadra.

Si eras tan buena periodista, ¿por qué trabajas en una droguería?

Es que tuve que aparcar mi meteórica carrera

porque debía cuidar de un ser diminuto y llorón llamado David.

Oye, no soy tan diminuto.

Pero ¿te arrepientes?

No, para nada. Ni un solo día.

Pero ahora me gustaría comprobar

que he criado a un chico listo y fuerte,

que no va a tirar la toalla a la primera de cambio.

Bueno, fuerte y listo, no sé, pero miedoso...

Bueno, qué me vas a contar a mí,

que soy la primera que teme que te pase algo.

Pero, bueno, eso es lo que tiene ser madre.

Pero tú no eres una madre cualquiera,

porque yo no soy un chico cualquiera.

Hombre, claro, porque tú eres maravilloso.

Bueno, he sacado un 9,5 en el examen de Biología.

Y vas a sacar un diez si te lo propones.

La clasificación de los invertebrados se me resiste.

Verás como poco a poco, lo vas consiguiendo.

Harás lo que te propongas, cariño,

ya sea en Biología o repartiendo pizzas.

Si yo conseguí ser mejor madre y periodista...

¿Sabes qué? Como madre te pongo un 9,5.

Que la tarta de zanahoria nunca te sube suficiente.

Siempre te queda muy pequeña. Sí, es verdad. Acepto la crítica.

¿Sabes lo que voy a hacer?

Me voy a poner a practicar, me voy a superar a mí misma,

y la voy a hacer mejor.

Y eso es lo que vas a hacer tú como repartidor.

Porque vas a volver a ser repartidor, ¿a que sí?

Ese es mi chico. Ven aquí.

Vale, vale. Ya está.

Eso sí, me tienes que hacer un favor.

¿El qué? Tienes que prometerme

que no volverás a decir nunca, bajo ningún concepto,

que eres un inútil,

porque no es así.

Te lo prometo.

Vale.

Dame otro beso.

Basta ya, mamá.

Vale, ya está. Ya está.

Y aquí, debajo del logo, me gustaría que se insertara...

¿Cómo se llama, un enlace es? Ajá.

Donde poner las flores de oferta

y que la gente pueda diseñar sus ramos, centros de mesa...

Esas cosas. ¿Cómo lo ves?

Se puede hacer, sí.

Es una idea que se me ocurrió hablando con tu padre.

Bueno, anoche es que estuvimos ahí, donde Paolo.

Ya, ya. Se lo he oído decir 20 veces.

Y estuvimos hablando de cómo hacer más rentable

la venta "online" de las flores, y le pareció buena idea.

¿Sí? Pues qué bien. Has tenido más suerte que yo,

Delic-Fruta le pareció una chorrada.

Bueno, ya conoces también a tu padre.

Igual lo dijo para quedar bien conmigo.

Sí, para él, el fin siempre justifica los medios.

¿Y eso a qué viene ahora?

¿Te ha contado que amañó el sorteo

para que le tocara la cena y poder invitarte luego?

No, no tenía ni idea. No, claro.

Ese detallito se lo guardó.

Lo importante es salirse siempre con la suya,

aunque sea a base de engañar a quien haga falta.

Germán, ya sabemos que tu padre no es una hermanita de la caridad.

Pero amañar una rifa en una pizzería

tampoco es para mandarlo a la cárcel.

Vale, pues nada,

que siga por ahí destrozándole la vida a la gente y ya está.

Germán, ¿qué es lo que te pasa?

Te veo muy raro.

No me pasa nada.

Eh, ¿a mí me vas a engañar?

Venga, ¿por qué no me cuentas?

Sea lo que sea, seguro que le encontramos una solución.

Germán, ¿qué te pasa? Germán.

Germán.

Que se ha acabado, mamá.

Que le he fallado a Javier.

Se ha acabado para siempre. ¿Cómo que se ha acabado?

¿Os habéis peleado? No.

No, es mucho más que eso, que...

que se ha ido todo a la mierda,

que no me va a perdonar nunca, que ya está.

Que lo he perdido. Pero ¿por qué? ¿Qué ha pasado?

Él ya sospechaba

y no he tenido más remedio que confesar.

Y... ya está, que no podía más y le he contado la verdad.

Pero ¿qué es eso de que sospechaba? ¿La verdad de qué?

Es que no tienes ni idea, mamá, no tienes ni idea.

Germán, por favor.

Papá se quiere cargar el mercado.

¿Cómo?

Él y Hortuño se han aliado.

Y yo los he estado ayudando.

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Mercado Central - Capítulo 120

16 mar 2020

Germán confiesa su doble juego para acabar con el mercado. La verdad sale a flote.
Adela está contenta de haber podido cenar tranquilamente con Elías. Siente que siempre podrá contar con él.
Javier explica a Jorge que Elías y Germán están aliados con Hortuño. Germán intenta que Javier le perdone, sin éxito. Desesperado, el chico comparte su secreto con Adela.
Cristina se entera del incidente de Paolo con la Asociación de Amigos de Italia. Intercede a su favor. Paolo se lo agradece y Vanesa capta la química entre la expareja.
Noa sospecha que puede haber algo entre Lucía y Nacho, pero Jonathan aplaca sus temores.
Carmen culpa a Nicolás y Carla de la recaída de Samuel.
Elías presume ante Germán y Jesús de haber amañado el sorteo de la cena.
David se niega a repartir más pizzas. Celia le enseña sus artículos y cómo consiguió mejorarlos, provocando que David se dé una segunda oportunidad como repartidor.

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