Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 117 - ver ahora
Transcripción completa

¿Y tú te crees que con una disculpa es suficiente?

-¿Y qué quieres que haga?

Te he pedido disculpas, estoy limpiando esto.

-¡Se ha echado todo a perder!

¡Los costillares, los solomillos, las chuletas, todo!

-Aprovecha y lo sirves esta noche.

-¡Que se ha roto la cadena de frío!

¡Por no hablar del dineral que me va a costar arreglar la cámara!

-Llama al seguro, ha sido un accidente.

-¡Ay, nena, los seguros!

¡No ha sido un corte de suministros,

ha sido una negligencia tuya!

Me toca pagar a mí y ya veremos si el seguro paga.

-Está para estas cosas. -Lo que sí te digo

es que voy a hablar con Javier para que me dé el teléfono de tu jefe

para decirle el tipo de empleada que tiene.

-Por favor, no le digas nada.

Te pago el género y la avería, pero no le llames.

-No tenías bastante con hacer daño a tu marido y a tu hijo.

-¡Ya está bien, déjala en paz, Carmen, tranquilízate!

(RESOPLA)

Mira, Lorena, yo sé que nos vamos a emparentar.

Pero nadie te ha dado vela en este entierro.

-Si no te gusta que se metan en tus conversaciones,

deberías bajar el tono de voz. -Cómo sois los De la Cruz.

¡Siempre quedáis por encima!

¡Hablo en el tono que me da la gana!

Y voy a llamar a tu jefe. -¡No, Carmen!

Por favor, no, solucionadlo entre vosotras.

No llames.

-De acuerdo, no llamo.

¡Pero voy a dar parte al seguro!

Y cuando tu jefe se entere de la que has liado,

seguro que te pone de patitas en la calle.

Cuando acabes, cierra la puerta.

(RESOPLA)

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz en la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz en la ciudad

# en la plaza donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada olor, color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Lo siento, Cristina.

Cuando se pone así, no hay quien le haga entrar en razón.

-Gracias, Lorena.

Hay muy pocas personas dispuestas a defenderme ahora mismo.

-Si es que yo soy de las tuyas.

Y a las Pacheca, ya se sabe, les gusta un cotorreo.

Pero no les des el gusto de tomarlas en serio.

-Ya.

Es muy difícil. Y tengo tanto encima.

Ojalá no llame a mi jefe.

-Seguro que no le va a llamar.

Oye, Cristina.

Te quiero hacer una pregunta un poco indiscreta.

Es que Paolo, que es tan guapo, tan encantador...

-Qué es lo que vi en Doménico, esa es la gran pregunta.

Pero ni yo misma lo sé. Yo qué sé.

-Ya.

Claro, tienes razón.

-Bueno. -Bueno.

-Gracias, ¿eh? -Hasta luego.

Javi. Sí, por aquí, todo controlado.

¿Qué tal por ahí fuera?

Vale, si puedo, me escapo y te echo una mano.

Sí, saldrá genial. Chao.

Hola, Jorge. ¿Tienes un momento?

Sí, claro.

Te quería presentar a Pastora Montesinos,

la concejala del Ayuntamiento de Madrid.

-Encantada. Encantado.

No sabía que tenías amistades tan importantes.

-Pues ya ves, claro que sí.

Y he pensado: "¿Qué más puedo hacer yo por el mercado,

además de pegar carteles?".

Pues llamar a Pastora.

Pues es un lujo tenerla por aquí.

-Tutéame, por favor. Conozco a Valeria de toda la vida.

Era muy amiga de mi familia. -Y tanto.

No sabes la de veces que la he cuidado de jovencita.

Nuestros padres eran amigos.

De hecho, sus padres tenían una carnicería

en el mercado de Chamberí.

Ah, conoces el mundillo por dentro.

-Con sus alegrías y sus sinsabores.

Ya.

-Jorge lleva aquí poco, pero le da alegría al mercado.

Tiene mucha iniciativa. -Eso está muy bien.

Se hace lo que se puede.

-Imagínate que era un chef de relumbrón

y lo dejó todo por venirse al Central.

Eso da igual, lo importante es atraer gente al mercado.

En cuanto relancemos el mercado, nos vamos a hinchar a vender.

Por cierto, ¿os apetece probar algo?

Venga.

Ha quedado todo bonito, ¿eh?

Gracias. Estas cosas dan trabajo,

pero una se alegra de haberlas hecho.

Para el cliente es distinto llegar y ver que los comerciantes

nos hemos esforzado en cambiar el aire del mercado.

No sabes lo que echaba de menos esto.

¿Trabajar toda la mañana y echarle horas a la noche y gratis?

No, mujer, trabajar codo con codo con una amiga.

Ya. ¿Qué pasa, que en Nápoles no tenías muchas amigas?

Ninguna, para qué lo voy a negar.

Bueno, yo aquí tampoco he estado muy acompañada.

Echaba de menos tener a alguien en quién apoyarme.

Pues aquí estoy para lo que necesites.

Encantada de ayudarte.

Y a ver si la gente empieza a dejar de verme

como la arpía que machacó la vida de Paolo.

Ya.

Ya me he enterado del encontronazo con Carmen.

Me ha puesto a caer de un burro, pero prefiero no acordarme.

Date tiempo y dale tiempo a los demás.

No hay mal que cien años dure.

Ya se cansarán y las aguas volverán a su cauce.

Cualquiera diría que la gente es perfecta y nunca se equivoca.

Y una crisis matrimonial no es para que la lapiden a una.

Pues sí. Y, además, ¿para qué?

Yo me di cuenta con Elías y con Celia.

Les hacía el vacío y la única perjudicada era yo,

que vivía amargada, obsesionada con ellos

y con todo lo que me habían hecho y así no se puede vivir.

Esa es una buena reflexión.

Ojalá todo el mundo pensara así.

Pero no veo a Carmen muy dispuesta a reflexionar.

Con Carmen, ya se sabe. Mucha paciencia y respira hondo.

Se le termina tomando cariño. Eso es verdad.

Voy a por un par de cosas que me ha pedido Javier

y a ver si necesita algo más.

Vale.

¿Qué tal, Jorge? Adela.

Estoy hay regarlo con un buen vino.

¿Me acompañan, por favor? Hombre, claro.

-A mí me parece vital conservar los mercados tradicionales.

-Mira lo que están diciendo los médicos.

Que hay que volver a la comida tradicional, a la comida sana.

Nos están envenenando con esos productos ultraprocesados,

que son criminales para la salud.

-Sí, es uno de los objetivos del gobierno municipal.

Recuperar el producto local y fomentar la dieta fresca y sana.

Pues eso suena genial. Brindo por eso.

Supongo que ya te habrá comentado Valeria

que tenemos la amenaza de una constructora.

Qué me vas a contar.

Es lo que pasó con el mercado donde mi familia tenía el puesto.

La especulación hizo que una constructora

se llevara por delante el mercado.

De los 117 puestos que había, antes de cerrar quedaban 13.

-Qué horror, de verdad.

Además, que no podemos compararnos

con esas grandes superficies, que hay 40 000 iguales.

Esto no, esto es diferente.

Esto tiene personalidad y un trato como Dios manda al cliente.

Pues esa es nuestra lucha día a día.

Ya sabes. -Sí, perfectamente.

Por eso, en cuanto me ha llamado, he querido acercarme.

Es un lujo que estés aquí.

A ver si conseguimos avanzar en algo

y que no pase lo que pasó en nuestro mercado.

Ya.

Fue triste ver cómo se iban cerrando los puestos

y cómo se desintegraba la historia de tantas familias.

Ya imagino. -Qué bien hablas y lo que vales.

En serio, es importante contar con la ayuda de un cargo público.

Con una ayuda de verdad, no que venga a hacerse la foto.

-Bueno, yo me acabo de estrenar en mi cargo.

Intentaré ayudaros en lo que pueda.

Entiendo perfectamente la situación.

Gracias. ¿Cómo andas de tiempo,

te importa si te presento al gerente?

Me gustaría que lo conocieras. Sin problema.

¿Me acompañáis? Voy a llamarlo, a ver por dónde anda.

-Bueno, yo os dejo aquí, que tengo que trabajar.

Luego nos vemos. -Hasta luego.

¿Me acompañas? Sí, claro.

Javier, ¿estás en la gerencia?

Vale, quiero que conozcas a alguien.

-Hola, Jorge. Toma, anda.

Aquí te dejo esto.

Pero si el bar es tuyo. Pues por eso.

Aquí paga hasta el dueño. Así que no invites a nadie.

Sí, sí, esto te lo voy a recordar para la próxima.

Anda a trabajar, sé buena.

Bueno, veo que empiezas a recuperar las amistades.

¿Lo dices por Adela?

Sí. Afortunadamente, me ha tendido una mano.

Mi ex es una gran persona.

Sí, no sabes lo agradecida que estoy por su ayuda.

Porque el recibimiento ha sido un poquito hostil

por parte de algunos compañeros.

Ya me imagino, ya.

¿Sabes lo que más rabia me da?

Que ella fue la única que me dijo que dejar a Paolo era un error.

Y tenía razón.

¿Y no te ha dicho "ya te lo advertí"?

Sabe que todos nos equivocamos. Todos, ¿eh? Todos.

Que no se libra ni uno. Sí.

El rencor no sirve para nada. También lo ha dicho ella.

¿Eso te ha dicho?

Guardar rencor a la gente que ha vivido con nosotros

solo sirve para multiplicar el dolor y desgastarnos.

Tenemos que saber perdonar más. ¿No crees?

Sí, sí lo creo.

Y de eso habéis estado hablando.

De eso y de que hay que levantar el mercado.

A ver si viene mucha gente.

Sí, ojalá, sí, sí.

Ojalá Paolo pensara igual que ella.

En fin.

Me pongo con esto.

A ver.

Javier está haciendo un gran trabajo.

Estamos sirviendo productos de la tierra.

Ese queso es artesanal, de Castilla-La Mancha.

Te mandaré un poco. Perfecto, muchas gracias.

Me gustaría presentarte a alguien más.

Elías, ¿tienes un segundo? Sí. Nos vemos ahora.

Pastora Montesinos, la nueva concejala del Ayuntamiento.

Elías de la Cruz, presidente de la Asociación de Comerciantes.

Encantado. No sabía que esperásemos a personalidades.

Antes que personalidad, soy amiga de Valeria.

De la carnicería. Me conoce desde cría.

Aquí todos nos conocemos desde críos.

Mi familia también regenta un puesto, la frutería.

Sí, tiene un buen género, ya me he fijado antes.

Muchas gracias.

Y gracias por estar aquí apoyándonos.

Ya le habrán informado de nuestra situación.

Sí, pero si no te importa, mejor nos tuteamos.

He venido a ayudar en la medida que se pueda.

Fabuloso.

Le estaba comentando que la idea de la jornada de puertas abiertas

es que los vecinos entiendan que el mercado es algo suyo.

Que es algo más que un montón de tiendas.

Es un lugar de encuentro, un lugar de reunión.

Es lo que intentamos transmitir, pero no está siendo fácil.

¿Desde la concejalía tienen previsto

apoyar a los mercados de toda la vida?

Sí, por supuesto.

De hecho, es lo que buscamos potenciar desde el gobierno.

Por fin alguien de nuestro lado. Menos mal.

(RÍE)

¿Me perdonáis un segundito? Sí.

No sé qué haces aquí, pero esta noche no es la mejor

para recibir visitas como la tuya.

Creía que era una convocatoria abierta.

No sabía que erais tan selectivos los tenderos.

Pues ya ves, sí que lo somos. Te invito a que te largues.

Y yo que venía por el trato humano y personalizado

del que tanto presumís.

No vas a conseguir cargarte esta convocatoria.

Si no te importa, lárgate. Jorge.

No, tranquilo, solo estaba despidiendo a Hortuño

y diciéndole que aquí sobra.

Yo también soy vecino del barrio.

Estoy construyendo justo enfrente.

-Buenas noches, creo que no nos han presentado.

-Pues no, no tengo el gusto. Si no, me acordaría.

-Sí, yo también me acordaría de haber conocido a Ginés Hortuño.

He visto que estás edificando en esta misma calle.

-Claro, es una zona muy buena,

tiene un mercado enfrente y siempre es un valor añadido.

Qué poca vergüenza. ¿Perdona, cómo dices?

No creo que el mercado para ti sea ningún valor.

No, la verdad es que está un poco de capa caída.

Hay que renovarlo. O destruirlo, ¿no?

Derribarlo y construir un centro comercial.

(RÍE) Esa es otra opción.

Eres un buitre. ¿Perdona?

Jorge, no hace falta que nos rebajemos a su altura.

Afloja un poco. No vamos a comportarnos igual

que las personas que quieren destrozar el mercado.

-¿Es ese tu plan, Ginés?

-Estamos en un país libre.

No es delito querer hacer dinero y generar empleo y bienestar.

(RÍE) Bienestar.

El único bienestar que quieres generar es el tuyo propio.

-No os preocupéis, que si en la actividad de Hortuño

y sus empresas hubiera el menor atisbo

de coacción o maniobras especulativas,

la concejalía actuaría.

¿Eres consciente de eso? -Claro.

Conozco la ley al dedillo.

-Entonces, también sabrás que hay límites

y que está para cumplirla.

-Por supuesto. ¡Caray con la nueva concejala!

Sí que se ha tomado el cargo en serio.

-En la medida que se pueda, siempre voy a defender

los derechos de los pequeños frente a los grandes.

-Cómo no.

Bueno, bueno, Pastora.

Casi me he emocionado.

Nadie nos había defendido con tanta convicción.

Bueno, será porque soy hija de tenderos.

¿Seguimos con la ruta? Claro.

Encantado. Encantada.

Luego te veo, Elías. Por aquí.

Hola.

Isabel, qué bonito está todo.

(SUSPIRA)

¡Rosa! ¡Pero qué alegría!

Aquí estoy. No me iba a perder esta noche por nada del mundo.

¿Nacho no está contigo?

Se ha quedado, no sé, saludando a un conocido.

¡Pero yo no sabía que venías!

¡Ay, mi hermana!

¿Cómo estás?

A ver, que te vea. Tienes mejor cara.

Se nota que estás mejor. Estoy mucho mejor.

¿Me vais a contar cómo funciona la Noche del Central?

Bueno, cada uno ofrece lo mejor que tiene

y hay música, descuentos.

¿Y esa urna para qué es? Una rifa.

Sí, una idea originalísima.

A mí me parece una iniciativa muy atractiva.

¿Y qué es lo que rifamos? Una cena para dos.

¡Guau! Guau, no, un cutrerío.

Es en el restaurante de Paolo.

Y el que da lo que tiene no está obligado a más.

Se ha comprometido a dar un poco más

de una porción de pizza y una caña.

¡Ay, calla!

Entonces, en la pizzería. ¿Y cómo se participa?

¿Hay que comprar papeletas? No, ven, ven.

Pon tus datos en una de estas y la metes en la urna.

Y a ver si hay suerte. Voy a probar suerte yo también.

¿Vas a participar? ¿Qué pasa?

Culito veo, culito deseo.

-¡Rosa, estás aquí, qué bien!

-¡Hola!

-Hola, ¿cómo estás? -Muy bien.

Oye, ¿Noa por dónde anda?

-Le ha tocado quedarse en la barra.

Nos vendría bien que hiciera fotos para las redes,

pero no puede estar en dos sitios a la vez.

-Pero ¿tanta gente hay? -Sí, está lleno.

Y el hermano que tenemos, el explotador, el dueño del bar,

como se niega a contratar a alguien de refuerzo,

le ha tocado a Noa currar mientras yo acabo esto.

Es increíble, de verdad, cuando un burro coge una vereda,

o se muere el burro o se acaba la vereda.

¿Por qué no te haces sindicalista, que seguro que lo bordas?

Explotador, explotador.

-¿Qué os parece si me meto a echar una mano?

En el bar o donde sea, me da igual.

Así libero a Noa para que haga las fotos.

-¿En serio? Nos vendrían muy bien las fotos.

Si no estás en las redes, no existes.

¿No será mucho esfuerzo? Es la primera noche que sales.

-Venga, confía un poquito en mí.

No queremos que caigas enferma otra vez.

Te queremos aquí. Que estoy muy bien.

Además, te digo una cosa. Cuando venga Nacho, se lo explico.

-¿Dónde está Nacho?

-No lo sé, venía detrás de mí, pero no sé.

Estará dándole la barrila a cualquiera buscando un cliente.

Si aparece, ¿le decís que estoy dentro?

Gracias, Rosa. De nada.

-En cuanto acabe, voy. -Perfecto.

Elías, toma, se lo ha dejado tu padre en la floristería.

Devuélveselo. Gracias.

Hola, chicos. -Hola.

-¿Qué tal?

(Pasos)

Vengo a pedirte que me dejes de llamar o te denuncio por acoso.

-Devuélveme el disco duro. -¿Qué disco duro?

-El que ha desaparecido como por arte de magia.

Casualmente, después de que tú volvieras.

-No sé de qué me hablas, no tengo ningún disco duro.

-¿Cómo que no? Me lo has quitado para fastidiarme el trabajo.

¿A que sí?

Te has pillado una pataleta y esta es tu venganza.

-¿Y te crees que necesito tu disco duro para algo,

para robarte las ideas cuando yo tengo mil mejores?

-Devuélvemelo por las buenas o tendré que cogerlo por las malas.

-¿Me estás amenazando, qué vas a hacer, pegarme?

-Hay muchas cosas que puedo hacer sin tocarte un pelo.

Denunciarte, por ejemplo.

-Ya, claro, y la Policía va a venir a buscar

un disco duro que vale 100 euros.

-Lo que tiene valor es su contenido, ya lo sabes.

-Ya, bueno, Nacho, pero no sé.

Puedo decirles que me confundí, que lo cogí por error.

-O sea, que lo tienes.

-Ya te lo devolveré, Nacho.

Ya sabes, cuando ande un poco menos ocupada buscando trabajo.

Además, me da mucha rabia que David esté preocupado

por el tema del dinero, que no quiera ir a París por eso.

No tiene que pensar en eso.

Si está pensando en el dinero, está pensando en ti.

Ya, pero es que la madre soy yo

y soy yo la que se ocupa de esas cosas.

Venga, Celia, intenta pensar en la parte positiva.

Pues no la veo, no veo nada positivo en esto.

Pues sí, tu hijo está empezando a reconocer tus sentimientos.

Eso quiere decir que dentro de poco hará lo mismo con los demás.

Eso es gracias a tantos años de terapia.

Bueno, de terapia y del mercado.

¿Tú crees que le ha ido bien el mercado?

Aquí ha encontrado un montón de gente distinta a él

y que le ha causado varios sobresaltos.

Pero al final, ha sido una especie de gimnasio.

Un ejercicio emocional de la vida y eso no tiene precio.

Y que lo digas. Dicho así,

yo también me lo he pasado muy bien.

No, te lo digo de verdad.

Ha aprendido a relacionarse con los demás,

quiere mucho a Jorge.

A Andrea, a Paolo, también te quiere a ti.

Te apunto.

Y no sabes lo que me costó caerle bien a él.

Pero cuando le pillé el punto...

Al final ha sido fácil convivir con él.

Y nos ha ido bien a todos. Se ha adaptado perfectamente.

¿Sabes lo que pasa? Que este mercado

es un entorno cerrado y aquí nos conocemos todos.

El problema es el mundo real.

¿Y qué es el mundo real, señorita?

Bueno, pues lo desconocido, Carla.

Decir eso es como no decir nada.

Mira, siento si me pongo un poquito brusca.

Yo sé que te da miedo que le pase cualquier cosa.

Pero ¿no crees que ha llegado el momento

de que aprenda a vivir por sí mismo?

¿No crees que va a poder hacerlo solo?

¿Y si falla?

¿Y si se da cuenta de que no es capaz de hacerlo?

Si se pierde, si le pasa algo.

Se va a hundir, Carla.

Se hunde. (SUSPIRA)

Lucía, estás agotando mi paciencia.

Quiero mi disco ya.

-Ya, y te lo voy a devolver, Nacho.

Pero no te puedo garantizar que no se me rompa,

se me borre el contenido. -No digas eso ni en broma.

-¿Sabes lo que pasa, Nacho?

Que tú pides mucho, pero das muy poquito.

-Pero ¿tú de dónde has salido, niñata?

-Mira, puedo ser un poquito más comprensiva

si quizá convences a los jefes

de que no contratarme ha sido una equivocación.

-O sea, que esto es un chantaje.

-No, no, es una transacción.

Si para ti es tan importante lo que tenga ese disco duro,

seguro que sabes muy bien lo que hacer.

-Tiene todo mi archivo,

todos los proyectos en los que estoy trabajando.

(ASIENTE)

-Aunque le ruegue a mi jefe, no me van a hacer ni caso.

Mi capacidad de influencia es nula, lo sabes perfectamente.

-Algo se te ocurrirá.

-Estás agotando mi paciencia, ¿eh?

No te vas a reír de mí.

(Ruido)

-¡Hombre, Nacho!

¿Qué, qué haces aquí solo?

-Nada, Lorena me ha pedido que le baje una caja al almacén

y ya me iba. -Muy bien, hasta luego.

A mí me da un miedo terrible tener un accidente de coche.

Tengo un trauma con eso después de lo de mi hermana.

Pero aun así, yo me sigo subiendo al coche.

Y el otro día le dijiste a tu hijo que no podía

pasarse la vida temiendo que te pasara algo malo.

Ya, pero es distinto, yo soy su madre.

Soy yo la que tiene que estar pendiente de cada paso que da.

Y un bache en el camino puede suponer siete pasos para atrás.

Te voy a contar lo que me pasó a mí.

Mi hermana Laura lo daba todo para protegernos a mí

y a Martina. Sobre todo, a Martina.

Y cuidaba a mi madre casi sola.

Y se encargaba de sus crisis. Nos llevaba entre algodones.

Pero cuando mi hermana murió, yo me sentía tan perdida

que no sé, me hubiera gustado tener

un poquito de ese mundo real que tú dices.

Bueno, pero saliste adelante.

Sí, y no sabes lo que me costó

con tantos miedos y tantas inseguridades.

Y todavía me cuesta.

Y la relación con mi hermana

al final ha sido algo irrecuperable.

Si mi hermana no la hubiera sobreprotegido tanto...

¿Crees que estoy sobreprotegiendo a David?

Un poquito.

¿No crees que ha llegado el momento de que pueda hacer cosas nuevas?

Y que se equivoque porque tú estarás ahí para ayudarle.

Claro que voy a estar, siempre.

O a lo mejor no.

A veces me da miedo pensar que me puede pasar lo mismo

que a tu hermana o a mi marido y que se quede solo.

¿Qué te va a pasar a ti? No te va a pasar nada malo.

Lo único que te va a pasar es que te va a encantar

ver a tu hijo cómo crece independiente y feliz.

(RÍE)

Ay, Dios.

¡Paolo! -¡Lorena!

-Mira.

Prueba esta sangría y me dices.

-Está buenísima.

-Está increíble, la ha hecho Rosa.

-¿Rosa está aquí? -Sí.

-¿Y no me ha dicho nada? No se lo voy a perdonar.

-Tranquilo, que ahora viene.

Me ha dicho que te traiga este vasito.

Se la beben como agua. Se van a pillar un pedo...

-Pues ya que estás, llévale un vaso a Carmen.

Porque hoy tiene un mal día...

-Ya.

Es que ha tenido una agarrada con Cristina.

-¿Con Cristina? -Sí.

-¿Por qué?

-Porque Cristina se ha dejado la manguera abierta abajo,

ha entrado agua en el almacén de las Pachecas

y se ha estropeado la cámara.

Total, que Carmen dice

que el arreglo son 500 euros. -¿500 euros?

-Y que los pague el dueño de la tetería.

-500 euros es mucho dinero.

-Y ya verás Suárez cuando se entere.

Si no despide a Cristina, le va a hacer pagar la pasta.

-¿Carmen se lo ha dicho a Suárez?

-No, pero no veas cómo se ha puesto, amenazándola,

que o paga o se lo dice a Suárez.

Menos mal que he llegado a templar gaitas

porque estaba como una hidra.

-Carmen tiene mucho carácter. -Y mucha mala baba.

-Ya. -Es que...

Desde que ha llegado Cris, le están haciendo muy difícil la vuelta.

Todo el mundo sabe que lo has pasado muy mal

y la están machacando, Paolo.

Espero que entre tú y ella las cosas no estén tan ásperas.

-Bueno, yo estoy un poco tocado, la verdad.

Pero no voy a participar en este linchamiento.

-No, esa es la actitud.

Ante todo, respeto, por favor.

Cristina no se merece que le estén bombardeando

con esas maledicencias, que parece "La Letra Escarlata".

-Ya.

-Bueno, me voy a seguir emborrachando gente.

Hasta luego. -Muchas gracias, ¿eh?

Hola, papi. -Hola.

-¿Quieres un vaso de la sangría receta especial de Rosa?

-Por supuesto, me encanta.

Hace tiempo que no la hacía. -¡Eh!

Hay que pagar. -¿Eh?

(RÍE)

-Toma.

Hermano, ¿quieres un vaso de sangría de la receta de Rosa?

No, gracias.

Que me la quitan de las manos. Ahora no puedo.

¡Ay, cara de acelga!

¡Vaya, hijo, por fin te dignas a venir!

Cómo os gusta dejarme solo.

Estaba haciendo relaciones públicas.

Ahora me quedo libre.

¿Has visto a Jonathan?

Hace un buen rato que bajó al almacén

y todavía le estoy esperando. No le he visto.

No he bajado al almacén.

Te lo has dejado en la floristería. Me lo ha dado Adela.

¿Sí? Sí, se te olvidan muchas cosas.

Son los presupuestos del banquete de la boda.

No he sufrido la tentación de cotillear

donde vais a celebrar tan espectacular enlace.

¿También te vas a meter en los gastos de la boda?

Ya has metido bastante las narices en mis asuntos.

Que no, vengo en son de paz. Es cierto, estuve cabezota

con el tema de la separación de bienes, pero ya se me ha pasado.

Me alegro, porque no me gustaría casarme con mi hijo de morros.

Oye, una cosa.

¿Vas a invitar a Adela a la boda?

Por supuesto.

Ya te lo he dicho muchas veces.

A pesar de lo vuestro, la considero de la familia.

Lo que pasa es que será un problema para ti.

No, para nada. Me alegro, incluso.

Eso es bueno, tenéis un hijo en común.

Y no te va a querer nadie como te ha querido ella.

Hola, Celia. Hola.

¿Tienes un momento, Paolo?

Vienes por el trabajo de David. Sí, no dejo de darle vueltas.

Yo sabía que no querrías.

Pero por eso le dije que te pidiera antes tu consentimiento.

Pero tenía que habérselo dicho yo.

Que no es eso. No, por favor, Celia.

Yo metí la pata, yo lo arreglo.

Le diré que no quiero repartir pizzas, alguna excusa.

Que no es eso, de verdad.

Que no me parece mal.

¿En serio? (ASIENTE)

Ah.

A no ser que te hayas echado para atrás

y no le vayas a contratar.

No, no, no, yo quiero, pero es solo que...

Ya, que David no es un repartidor como los demás.

Entiendo. Sí.

Me da mucho miedo imaginármelo con la bicicleta.

Sobre todo, porque es una bicicleta eléctrica y va...

Sí. Ya.

La cosa está en que no le puedo proteger eternamente

y tengo que dejar de ponerle límites y que salga del nido.

Pero si no le quieres contratar... No, no, yo quiero.

No quería hacerlo sin tu consentimiento.

La verdad es que tengo mucha confianza en David.

Además, necesito repartir más pizzas.

Bueno, pues nada, ya... Bueno.

Está todo arreglado. Ya.

Vamos a dejar que David pedalee y yo ya sufro en casa.

¡No! No, no, que no vas a sufrir.

A David le va a encantar.

Gracias, Paolo. A ti.

Y ve quitándote eso de la cabeza.

Ella no va a volver contigo. ¿Y por qué no?

Últimamente, la noto más cercana.

(RÍE) Me extraña.

Todas las faenas que le has hecho no son fáciles de perdonar.

Mira que eres cenizo. Podrías animarme un poco.

No soy cenizo, soy realista.

A ver, que no te digo que vaya a volver así...

Pero estamos dando pasitos. No sé.

Algún día a lo mejor la recupero.

Pero ¿tú te estás oyendo lo que dices?

Cuando la tenías, te ibas con otras.

Y ahora, que no la tienes, la quieres.

No te entiendo yo, te va a entender ella.

¡Hombre, Jonathan, por fin!

¿Has ido a por las peras a Lleida?

(JONATHAN RÍE)

He estado echándole un cable a Javier.

Tenía un lío montado con los altavoces.

-No, no, excusas no te faltan.

Anda, acaba de colocar esto, que voy al baño.

-Venga.

A Javier, ¿no?

Sí. Ya.

Oye, tú...

¿Tú me harías un favor?

Un favor de esos que...

De esos que yo te pago y tú no haces preguntas.

Sí.

Toma, guapa, y disfruta la noche.

Tenemos un DJ fuera y todo. Sí, pásate.

Sonrío a las clientas, pero estoy que bufo con Cristina.

-Esa mujer solo trae problemas.

Y menos mal que los de la carnicería de la esquina

nos han hecho un hueco en la cámara.

-¿Y Samu, no ibas a un concierto con él?

-Sí, aún es pronto. Empieza más tarde.

-¿Por qué ponen esas cosas tan tarde?

-Eso digo yo. Que luego hay que madrugar.

Y yo ya no estoy para tanto trote.

-Tampoco te ibas a acostar pronto, no te quejes tanto.

Y si Samu quiere salir, sale. -Ya.

-Eran 500 euros, ¿no?

Pues aquí tenéis. -¿500 euros de qué?

-Para arreglar la cámara que se ha roto por culpa de Cristina.

Y de esto, al propietario de la tetería, ni una palabra.

-No entiendo por qué le ayudas. -Es evidente, ¿no?

Para que no la despidan.

-Que ya no estáis casados.

No tienes ninguna obligación con ella.

Te dejó tirado. -Exacto.

Te puso los cuernos con tu mejor amigo.

(Mensaje)

Perdona, Elías, estoy buscando a Rosa.

¿Está por aquí?

Vienes de dentro, está en el bar.

¿Cómo que en el bar, qué hace ahí?

¿Qué va a hacer? Echar un cable.

¿La has puesto a trabajar?

No he puesto a trabajar a nadie, ha ido ella sola

para que Noa pueda hacer fotos. ¿Mi hija también está abajo?

Nacho, se te escapan tus mujeres, tienes que estar más encima.

Alegra la cara, hombre.

Que no le pasa nada, se encontraba mejor...

A ver, Carmen, no te lo niego. Al principio yo estaba dolido.

Enfadado. Nicolás lo sabe muy bien.

Hasta hace poco estaba lleno de rencor.

Pero desde que ha vuelto, no sé, siento pena.

Es así.

-Yo creo que Carmen tiene razón.

A ver si se va a aprovechar de tu buena fe

y vas a caer otra vez en sus redes.

-No, no se va a aprovechar porque no se va a enterar.

-¿Cómo crees que no se va a enterar?

-Porque vosotros no se lo vais a decir.

Yo esto lo hago porque Cristina está arruinada.

Si se queda sin trabajo, ya me diréis vosotros.

-¿Sabes lo que te digo? Que no quiero los 500 euros.

Es ella la que se ha dejado el grifo abierto.

Tiene que apechugar con las consecuencias.

-A ver, Carmen. ¿Lo más importante qué es?

Arreglar la cámara. ¿Sí o no?

Por favor.

Os lo pido como amigo.

-Menudas dos blandas.

Antonio, ven. -Gracias, Carmen.

-Antonio.

-Paolo, ¿has hecho lo que tenías que hacer?

-¿De qué hablas?

-Chiquillo, el asunto Vanesa.

-Ah.

No, no lo tengo muy claro.

-Eh, eh.

Yo te he hecho caso a ti y te hemos cogido el dinero.

Ahora tú hazme caso a mí y llámala.

Va, Paolo, para dar carpetazo al pasado,

lo que tienes que hacer es disfrutar del presente.

-Ya.

Bueno, me voy, que tengo mucho lío.

-Si yo te contara.

Vale.

Buenas.

¿Me dejas un poquito?

Sí. Hola, buenas noches.

Amigos y amigas, ha llegado el momento

más esperado de la noche, vamos con el premio estrella.

Una cena para dos personas en Il Sapore di Napoli.

Espero que todos y todas hayáis puesto vuestra papeleta

en esa urna maravillosa que Lorena nos muestra

como si fuera un concurso de televisión.

Y necesito una mano inocente. ¡Yo!

La mía. Jonathan, he dicho inocente.

Gracias. Bueno, pues la mía.

Por favor, Jonathan, ven aquí.

Jonathan es uno de los empleados más jóvenes del mercado,

pero uno de los que mejor lo conoce.

Sí, cierto.

¿Preparado? Preparado.

A por ello, dale.

Mano inocente, ¿eh?

Espera, que me llevo dos.

Estamos a punto de conocer el ganador o ganadora

de esa cena para dos personas.

Y ya que tenemos mano inocente, que sea la mano inocente

la que desvele el ganador o ganadora.

Y el ganador de la cena para dos personas es...

¡Elías de la Cruz!

(RÍE)

¡Elías de la Cruz!

Un aplauso para Elías de la Cruz.

¡Un aplauso! Un conocido del mercado,

tres generaciones vendiendo fruta y verdura al primer nivel.

¿Quieres decir algo a tu público?

Que no me lo esperaba, qué suerte tengo.

Enhorabuena y que disfrutes de tu cena para dos

en Il Sapore di Napoli.

Que la fiesta no decaiga, seguid bailando.

Enhorabuena. Gracias.

¿Qué, cómo que le has robado el disco duro a Nacho,

se te ha ido la olla? -Baja la voz.

No sé, ha sido un arrebato. -¿Un arrebato a cuento de qué?

-Porque me da rabia que le cuente mentiras a su mujer sobre mí.

-¿No es por haber perdido tu curro? -Sí, también.

-Pues estás metida en un lío muy gordo.

-Ya, pero tendrías que haber visto cómo se puso.

Tenía que darle un escarmiento. -Que te puede salir carísimo.

Que así la gente no consigue nada.

No vas a conseguir trabajo en ningún lado, ni en la frutería.

-Si me vas a echar la bronca, no te hubiese dicho nada.

-No te estoy echando la bronca, te estoy diciendo lo que pienso.

Esta situación la has provocado tú. -¿Sí, por qué?

-Con tus jueguecitos y tus provocaciones.

¿Creías que iba a salir bien?

-¿Que querías que hiciese, aguantarme?

Cuando tú quieres algo, peleas por ello.

Yo quiero ese trabajo.

-Peleas limpiamente, que has hecho trampa.

(SUSPIRA)

Oye.

Lucía, perdóname, me he pasado, no quiero hablarte así.

¿Por qué no le devuelves el disco duro?

Antes de que se dé cuenta de que te lo has llevado.

-No, ya es tarde, ya lo sabe.

-¿Cómo que lo sabe?

¿Has hablado con él? -Sí, hace un rato.

-¿Por teléfono o le has visto?

-Aquí, en el mercado, en persona.

-¿Por qué no se lo has devuelto? Era tu oportunidad.

-Estás un poco pesado con el tema. Porque no me ha dado la gana.

-Toma ya. ¿Y Nacho qué te ha dicho?

-Nacho es un idiota, es un pobre hombre.

-Sí, pero te recuerdo que le estás dando por todos los lados.

-Tendrías que haberle visto la cara,

no sabes cómo se ha puesto.

-¿Cómo te pondrías tú si te robasen algo?

Ahí tendrá sus movidas del curro.

-Le he dicho que si quiere que se lo devuelva,

tiene que conseguir que me contraten, no es tan difícil.

-¿Tú te crees que las cosas funcionan así?

Que si quieres algo, te lo van a dar, toma.

Que no, las cosas hay que pelearlas limpiamente.

Madre mía, que a veces hay que conformarse, Lucía.

-Pero ¿cómo me voy a conformar? Es una decisión muy injusta.

-Si quieres justicia, vete al juzgado.

Con la experiencia que tienes, busca trabajo en otra agencia.

-Tendrías que haberle visto, de verdad.

No sabes cómo se ha puesto, estaba completamente desquiciado.

-¿Tú no te desquiciarías si te robasen algo que es tuyo?

Tu portátil o tu agenda. -Pues no, tampoco es para tanto.

Dentro de ese disco duro hay algo más.

-¿Algo como qué? -Pues no sé.

Algo más importante que archivos del trabajo.

Es ya está en la agencia.

-Bueno, pues tendrá sus cosas familiares.

Sus fotos con Rosa, con Noa.

-Vamos a conectarlo.

-Lucía, de verdad, lo que hay ahí no nos interesa.

No nos metamos en movidas. Vamos a tener problemas con Nacho.

-A ver.

-Como nos pille, vamos a tener problemas. Lo sabes, ¿no?

La estás liando, Lucía.

-Ahora.

-¿Lo ves? Ya está, movidas de su curro.

¿Qué nos interesa eso a nosotros?

-No, no, mira, esa carpeta de ahí es muy rara.

-¿Rara por qué?

Se abrirá con un programa de esos raros

que utilizáis los diseñadores. -No, no, Jonathan.

Es carpeta está encriptada.

-Porque será de algún cliente importante o de un banco.

-Que no, Jonathan, eso yo lo sabría.

Me hubiese dicho algo.

-A ver, ¿tú qué crees que es?

-Pues no lo sé.

-Pues si no lo sabes, extrae el disco y vamos a devolvérselo.

-No, tengo que averiguarlo.

¿Tú no tenías un amigo que era informático o algo de eso?

-Es la hermana de un colega. La verdad es que es una crack.

-Perfecto, pues dame su contacto, que necesito su ayuda.

-Lucía, tía, ¿por qué no dejas toda esta movida?

Si no fuera por todo lo que ha pasado entre nosotros

y porque sé que me vas a decir que no,

te sacaba a bailar.

Eso no lo hacíamos mal. Lo de bailar, digo.

Pero como ha pasado todo lo que ha pasado,

como comprenderás, en el hipotético caso

de que me invitaras a bailar, yo declinaría.

Lo entiendo, lo entiendo perfectamente.

¿Quieres un vino? Voy a pedir algo.

No, no quiero abusar,

que luego me da dolor de cabeza y no puedo dormir.

¿No duermes bien o qué?

Bueno, depende de los días.

Fíjate que eso antes no teníamos ni que preguntarlo.

Los dos sabíamos cómo dormía el otro.

Si se levantaba muchas veces para ir al baño,

si daba muchas vueltas en la cama, si encendía la luz para leer.

Pero tú lo has dicho, eso era antes.

Sí, antes.

Pues al final esto no está saliendo mal, ¿verdad?

¿El qué, la Noche del Central? Sí, claro.

No me refiero a nuestro matrimonio, que a mí me ha salido fatal.

Sí, ha salido bien.

He oído que hasta ha venido una concejala del Ayuntamiento.

Una conocida de Valeria.

Fíjate que yo no daba ni un duro por esto.

Pensaba que no iban a venir ni curiosos.

Pues podrías echar una mano.

Yo creo que era una iniciativa muy atractiva.

A la gente le gusta salir de la rutina,

hacer cosas especiales.

¿Ves? Hasta en eso pensamos diferente.

¿Sabes una cosa, Adela? ¿Mm?

¿Sabes lo que más me gusta de estar contigo?

Que contigo no tengo que fingir.

Ya has fingido todos estos años.

(RÍE) Tú me conoces perfectamente.

¿Adónde quieres llegar, Elías?

Lo que tengas que pedirme pídemelo.

Que no quiero nada. Bueno, una tontería.

Suéltalo.

El sorteo, que me ha tocado a mí.

(RÍE) Que sí, en serio, me ha tocado.

(RÍE) Mira que tienes suerte.

La tuve, la tuve y la perdí.

Pues Paolo cocina muy bien.

Ya sé que a ti te parece una pizzería sin más.

Pero tiene buena mano en la cocina.

No es eso, lo que pasa es que ya me conoces.

Yo siempre busco algo más.

Sí, ese es tu problema.

¿Entonces, qué, quieres o no quieres?

No, es tardísimo, me voy a casa.

Pero no, no te digo ahora.

Te digo usar el vale que nos ha tocado

y cenar los dos juntos.

¿Conmigo? Sí.

¿Tan solo estás, Elías?

¿Quieres o no quieres?

Es que no lo entiendo.

A estas alturas, cenar tú y yo.

¿Qué pasa?

Que piensas que hay algo detrás, que quiero conseguir algo.

No te fías de mí. Si es así, lo siento mucho.

No quería molestarte.

Como dice mi padre, que no se cansa de repetir,

aunque tengamos altibajos, siempre vamos a ser familia.

¡Eh, la luz! ¿Qué ha pasado?

-¡Se ha ido la luz!

-¿La luz? -¿Qué ha pasado?

Nada, tranquila. Habrán sido los plomos.

Ahora vendrá Nicolás y lo arregla. Tranquila, no pasa nada.

Oye.

Que no me has contestado.

¿Quieres cenar conmigo?

Una mínima inversión y suficiente afluencia

para conseguir beneficios.

Además, trabajaron en equipo, se lo pasaron bien.

No sé, Javier, prueba superada.

Ni el apagón ni la aparición de Hortuño nos amargaron la fiesta.

Y mira, Hortuño nos hizo un favor.

"La concejala Montesinos se compromete

con la causa del Mercado Central

y garantiza la renovación de lo que considera

un baluarte del barrio".

¿Qué te parece?

Lo mejor que he leído en mucho tiempo.

Espero que no quede en promesas.

Yo ya no me fío de nadie. No nos va a fallar.

Va a cumplir su palabra.

Para ella, es personal.

Sus abuelos sufrieron un percance por culpa de la especulación.

Tuvieron que malvender un puesto en un mercado.

Pues si es personal, sí que puede ser de gran ayuda.

La mejor ayuda, Javier. Podemos confiar en ella.

Gracias por tu puntualidad, querida.

Es una cualidad que aprecio.

-No vuelvas a llamarme querida.

Ve al grano. ¿Cuál es ese asunto tan importante

para el futuro del mercado

y por qué no lo podemos hablar en mi despacho?

-Con el tiempo, te darás cuenta de que en política

las cosas realmente importantes no se tratan en los despachos.

-Ya, pues a mí en el mío me espera mucho trabajo.

Así que déjate de clases de política.

-Ya sé que tu tiempo es muy valioso.

Y que el mercado te importa mucho.

Pero el tiempo de los mercados de abastos se acaba.

Y quiero darles la oportunidad de que saquen rentabilidad.

-Ya. ¿La misma que le dieron a mis abuelos?

Sé en qué se transforman las promesas como la tuya.

Todos los especuladores sois iguales.

No permitiré que engañes a esa gente.

Ni que eches abajo el mercado.

-Según tengo entendido, a tus abuelos

se les pagó un precio justo.

Lo mismo que quiero hacer con el mercado.

-Les pagaron una miseria y les dejaron sin su medio de vida.

-Lo lamento mucho. No tengo la culpa

de que no supieran invertir sus ganancias en el momento.

Mira, hay muchos comerciantes en el mercado

que están de acuerdo con mi proyecto.

Y que quieren vender.

Y tú te estás interponiendo en sus intereses.

-Ya. Bueno, si eso es cierto,

lo que tienen que hacer es exponer sus intenciones

al resto de comerciantes y convencerles.

Mientras tanto, mantendré la promesa que he hecho.

-Bueno.

Ayúdame a convencerlos.

Y tu partido recibirá un importante donativo.

-¿Con quién te crees que estás hablando?

¿Crees que puedes sobornarme?

(RÍE)

Pastora, vamos a hablar claro.

Todo esto lo tengo muy controlado.

Esto se puede hacer por las buenas o por las malas.

Yo que tú me pensaría la oferta.

-No, no pienso aceptar un trato como ese.

-Vaya, no me había dado cuenta

de lo importantes que son para ti los valores morales.

-Es normal que no te des cuenta. Tú no tienes ninguno.

-Touchée.

De todas formas, tu moral no siempre ha sido tan intachable.

Casa de Cultura Prado del Norte.

¿Te suena?

Buenos días, guapo.

-Hola, Vanesa.

-¿Qué pasa, no te alegras de verme?

Lo importante es que cada vez le queda menos al Central.

Tú lo has dicho. Cada vez le queda menos.

Yo siento que he perdido a Paolo.

Es que no le reconozco.

Nunca le había visto tan frío, tan distante.

Que no se le ocurra acercarse a Paolo,

que bastante daño le ha hecho.

(CARMEN ASIENTE) -Por cierto.

Que no se entere de que le ha pagado la reparación.

Solo te pido que pienses un poco en mí.

No quiero pasarme más noches en vela haciendo de enfermero

ni perder el trabajo.

Escuece ver a tu exmarido divirtiéndose con otras mujeres.

Pues ahora piensa que es tu marido y ella, tu mejor amiga.

-Me alegra que lo disfrutes, pero guárdatelo.

¿Puedes dejar de controlarme todo el rato?

Es que me pones nervioso. No, cariño, solo quería aprender.

En casa ya te enseñaré cosas.

Pero estoy trabajando y tú deberías hacer lo mismo.

Pues no te preocupes, vienes en el momento perfecto

para echarme una mano y darme conversación.

-Ya, pero no me parece una buena idea.

Estoy todavía de baja y no debería...

¡Lorena!

Os juro que he intentado aguantar.

Pero en esto no voy a poder ayudaros.

El mercado sigue teniendo todo mi apoyo,

pero no puedo hacer nada por vosotros.

El GPS se ha desviado porque había obras.

Algo ha salido mal y estoy perdido.

-¿En qué zona estás?

-Es como un descampado.

No hay gente a la que preguntar y me he caído de la bici.

-¿Te has hecho daño, está todo bien, te duele algo?

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Mercado central - Capítulo 117

10 mar 2020

Carmen amenaza a Cristina con exigirle al dueño del puesto de chuches que se haga cargo de los desperfectos ocasionados por Cristina con la inundación. Paolo lo descubre y corre con los gastos.

En el mercado se celebra “La Noche del Central”, al que asiste Pastora, concejal, nieta de una antigua amiga de Valeria. Pastora se enfrenta a Hortuño y da su apoyo a los comerciantes.

Lucía le exige a Nacho que, si quiere que le devuelva el disco duro, consiga que la contraten en la empresa. Pero descubre una carpeta encriptada en el disco que llama su atención.

Jorge y Carla ayudan a Celia a cambiar de opinión sobre que David trabaje en la pizzería.

Elías alberga esperanzas de que Adela esté más receptiva a perdonarle y organiza una treta para tener un acercamiento con ella.

Rosa comienza a hacer vida normal. Nacho siente que su poder sobre ella comienza a disminuir.

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