Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.30 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 273 - ver ahora
Transcripción completa

-¿Tu padre va a firmar?

¿Mi padre? Ni de broma. ¿En qué has pensado?

En falsificarlo.

-Mi padre trabaja de botones en un hotel del centro.

¿Quieres que lo llame y le pregunte a quién debes llamar

a ofrecer tus "cupcakes"?

-Sí, sería genial.

-Una chica tan guapa no debería llevar un uniforme tan feo.

Hablaré con tu empresa.

-No quiero dar que hablar.

Han encontrado algo raro en los valores del análisis del bebé.

-¡La madre que la parió! Se cree la reina del mercado.

-Gracias por no haber esperado a que nuestra relación se pudriera.

Es lo mejor que podíamos hacer.

-¿Qué dices? -He comprado la frutería.

El puesto es mío.

¿La llave de un coche?

-Dentro está lo que buscas.

"Tendrás que abrir el coche y coger las pruebas."

¡No hay nada!

-¿A quién llamas? A Tristán.

No pierdas el tiempo.

Ha conseguido lo que quería y no cogerá el teléfono.

(MÓVIL) "El número no corresponde..."

Nada, que no existe.

¿Lo ves? Ese está muy lejos de aquí riéndose de nosotros.

Debe haber algo que no hemos visto. Algo en un doble fondo, en...

Venga, déjalo ya.

No hay nada, te ha engañado.

No tiene sentido, papá. Es que no...

No tiene sentido.

Tristán quiere ver a Eusebio entre rejas, como nosotros.

No entiendo cómo has podido darle 200 000 euros

sin asegurarte antes de que iba a cumplir el trato.

¡Pareces nuevo!

Eusebio le hundió la vida a Tristán.

Fue a la cárcel por él y mientras, le quitó la chica.

Lo que veo es que esos dos te están hundiendo a ti.

Y tú, mientras, hundes a toda la familia.

Es la única forma de no ir a la cárcel por algo que no hice.

¿A qué precio, Elías?

¿Vendiendo la frutería a escondidas y robando a la empresa?

Lo que has hecho es una puñalada trapera.

Nos has traicionado a todos a cambio de nada.

Es la única esperanza que tenía para acabar esto.

Por la frutería no te preocupes, la recuperaré.

No, no, no. Tú no hagas nada.

Ya recuperaré yo lo que es mío.

¿Y qué vas a hacer?

Impugnar la venta del puesto.

Demostrando que me has falsificado la firma,

tengo todas las de ganar.

No me gastaré ni un duro en abogados.

Si haces eso, me dejas a mí con el culo al aire.

Tendrás que denunciarme, iré a la cárcel.

Tú no dudaste en vender la frutería y yo no voy a dudar en recuperarla.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Y se apagó una luz en la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven y sígueme a aquel lugar,

# sabor a sal y azafrán.

# Aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió una luz en la ciudad,

# en la plaza donde regateamos,

# con un beso,

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada olor, color, sabor al son

# de aquel Mercado Central. #

¿Qué tal la tarde, Carmen? -Pues muy mal.

Si lo sé, no te pregunto. Te creía de mejor humor.

¿Tú tampoco te has enterado?

Si no me das más información...

Gloria, que quiere convertir esto

en una macrotaberna gigante de esas modernas.

Quieres decir un gastromercado. Me lo ha contado.

No puede ser que debamos ser todos hosteleros.

Ha planteado una votación para esta tarde.

Intento convencer a la gente de votar en contra.

Carmen, a mí, en principio, el cambio no me parece mala idea.

¿No te parece mala idea?

Llenará esto de puestos de comida en vez de compra.

¿Crees que no te afecta?

Creo que vendrán más clientes al mercado

y también vendrán turistas.

Será gente que venga de paso a comer, no a comprar.

Y el que no se adapte, que cierre. Entre ellos, la floristería.

¿Cómo te vas a adaptar tú al cambio?

¿Qué vas a servir, surtido de canónigos

mientras compran flores? Que no van a comprar.

Estás exagerando un poquito, ¿no? No. Ojalá.

Gloria es el nuevo Velasco.

Nos quiere echar para montar aquí su chiringuito.

¿No sabes que ha comprado la frutería?

Sí, me lo ha dicho Valeria en la escalera.

No me lo explico,

porque ese puesto significa todo para Jesús.

Pues ya está, lo han vendido.

Y no para ahí, está intentando comprar la cervecería.

¿También? Nos está coleccionando,

como los cromos.

Pero compararla con Velasco, no sé...

Lo que está haciendo es invertir, ¿no?

-Está bien, pero necesita un lavado de cara.

Piénsalo y me dices. Discúlpame.

Valeria, ¿tienes un minuto?

-Sí. Bueno, voy al puesto. ¿Pasa algo?

-No. Bueno, quería saber

si habéis pensado hacer reforma en la carnicería.

-No, en principio no.

-Ya. -He oído hablar

de tu plan del gastromercado.

¿Es por eso?

¿Harás algo en la frutería? -Sí, algo.

Hay un operario midiendo.

La idea es hacer raciones de fruta cortada, macedonias,

batidos naturales, zumos frescos...

-Bueno, los zumos los hacía Jesús. -Bueno, pero esto es otra cosa.

-Al chaval lo mantendrás, ¿no? -Sí, ya he hablado con Lucas.

Discúlpame, tengo mucho lío antes de la asamblea.

Te dejo. -Sí, tranquila.

Tengo que trabajar. -Buen día.

(JESÚS) ¡La madre que...!

¡Qué poca vergüenza!

No ha pasado ni un día y desmonta el puesto.

¿Tú has visto a ese operario tomando medidas y tocándolo todo?

Pero es que...

-¿Dónde estabas? Llevo todo el día buscándote.

-Ya te lo cuento luego. -Sí, y me cuentas lo de la frutería.

¿Cuándo pensabas contármelo?

-Tenía que saberlo yo para poder contártelo, ¿no?

Elías ha vendido la frutería sin decirme nada.

-Ya me parecía todo esto muy extraño.

Pero ¿por qué?

Me parece que te has disparado

y estás exagerando. -¿Exagerando?

Verás. Mira, mira, mira.

Mira, un plano del mercado nuevo, todo distribuido.

Mira, presupuesto para comprar nuevos puestos.

Mira aquí, mira aquí. Cartelería nueva ha encargado.

A ver, ¿estos documentos son de Gloria?

Sí.

¿Cómo los has conseguido? No me lo puedo creer.

Tengo mis recursos. Para algo he visto James Bond.

¿Has hecho fotografías a documentos privados?

Sí. Eso es robar, Carmen.

Te hacía por más cabal. Cabal soy, no me ha pillado nadie.

Esto demuestra que Gloria no es trigo limpio.

Si invierte, con tres puestos vale. ¿Para qué cinco más?

Y el cartel, ¿qué? Lo tiene encargado.

No espera asamblea ni votación, porque lo hará de todas maneras.

¿Y tu plan es enseñarle esto a todo el mundo?

Sí, claro.

Demuestro que no tiene escrúpulos y le importamos una mierda.

¿Qué haces? Pues borrarlas.

Esto es una locura.

¡No! ¿Por qué?

Intento evitar que vayas ante el juez.

Es un delito contra su intimidad.

No tenías derecho. Ni tú a hacerlas.

¿Cómo convenzo a los comerciantes de votar en contra?

Sencillo, hablando, igual que has hecho conmigo.

Pero es que estas fotos demostraban que Gloria...

Solo te hubieran traído problemas.

Debes ir a la asamblea y contarles lo que me has contado a mí.

Y seguro que van a votar lo más conveniente para el mercado.

¿A ti te he convencido?

Digamos que me has generado muchas dudas.

Pero tú has visto las fotos. Tendrá que valer.

Gloria tiene tres puestos, por tanto, tiene tres votos.

He de convencer a mucha gente.

A ver, Gloria tiene tres votos, sí.

Y tú mucha labia, así que tira para dentro.

Es que... no se le ocurre a nadie.

(JESÚS) Aún no creo que vendiera la frutería.

¡No se lo voy a perdonar nunca!

-Tranquilízate, que te va a dar un patatús.

Y dime dónde estabas. Si no, me va a dar a mí.

-Pues con Elías.

Le han estafado el dinero de la venta del puesto.

-¿Qué dices? ¿Cómo?

-Pues que había llegado a un acuerdo

con un antiguo colaborador de Eusebio Roca

para que le diese pistas sobre él.

Y ha desaparecido con el dinero y sin darle las pistas.

-Pobre Elías.

Está tan desesperado que pierde el norte.

-Pues a mí no me da ninguna pena.

¿Sabes que para vender la frutería le hacía falta mi firma?

-¿Entonces?

-¡Entonces la ha falsificado!

He hablado con el abogado

y dice que no hay problema para impugnar la venta.

-Bueno, entiendo que estés enfadado con él,

pero si sigues por ese camino, acabarás denunciando a tu hijo.

-Si es necesario para recuperar la frutería, lo haré.

-Pero ¿sabes lo que vas a hacer?

Tú hijo no está pasando por su mejor momento.

Ya está muy comprometido de cara a la justicia.

Perdió a su mujer asesinada,

igual va a la cárcel por un crimen que no cometió

y encima, todos se burlan de él.

-Eso no justifica que haya vendido la frutería

sin contar con la familia.

-A eso voy.

A que quieres recuperarla sin pensar en las consecuencias.

¿De verdad estás dispuesto

a ponérselo más difícil con la justicia

por una frutería?

-No estás siendo justa, Valeria.

Dicho así, parezco el malo de la película,

y soy la víctima de esta historia.

Esa frutería tiene mucho, mucho valor para mí.

-Pues mucho más valor tiene un hijo.

(Puerta cerrándose)

-Hola. -¡Anda! No te esperábamos.

-Ya. Gloria me dio la tarde libre para no sé qué movida

de terminar de distribuir el puesto y yo qué sé.

¿Y ustedes no trabajan?

-Tengo unas horas para escribir reguetón.

-Te creo porque sé que no mentís, pero ¿te gusta el reguetón?

-No, me parece horrible.

-¿Y entonces?

-Es por Daniela, la nueva chica de la limpieza.

-¿Qué más noble motivo que por una dama?

(CARLA) Se ve que han apostado si él era capaz de hacer reguetón.

-¿Querés que te ayude?

-No, sería hacer trampas.

(Móvil)

-¿Sí?

Sí, sí, soy yo.

-Los conceptos de comercio y restauración

siempre han ido de la mano, pero ahora más que nunca.

Por eso es importante adecuarse a los nuevos tiempos

y transformar el Central en lo que ha sido siempre,

un referente en este barrio.

(CARMEN) No estoy de acuerdo. -¿Con qué no estás de acuerdo?

-Según hablas, parece que el mercado deja de ser un referente.

A ver, este no es un mercado cualquiera,

no es un mercado de barrio. es "el" mercado del barrio.

El centro de reunión del barrio.

Aquí la gente viene a comprar, a ver el producto,

pero también vienen a encontrarse, a compartir cosas.

Ha sido siempre así. Debe seguir siendo así.

Esa es nuestra esencia.

No podemos permitir que nos la roben.

-Yo no vengo a robar nada, todo lo contrario.

Yo lo que propongo es una evolución, los cambios son para mejorar.

-Pero si cambian los clientes, cambiará la esencia del mercado

y dejará de ser el referente.

-Lo único que me importa es salvar el mercado y atraer a más gente.

Como otros mercados, La Latina, Antón Martín, Tirso de Molina,

el Central de Valencia.

-Adela, ¿no te parece que habla muy bien?

-Es que en esos mercados

los puestos clásicos conviven con la mejor oferta gastronómica.

¿Y sabéis por qué? Porque les va muy bien.

Porque, además de no haber perdido su esencia,

están ganando en rentabilidad.

-Vale.

Sí, sí, claro. Gracias.

Muy bien.

Sí, hablamos.

Adiós. Gracias.

No sabéis quién me ha llamado.

-Me sorprendería si fuese un muerto,

pero no creo que sea.

-El encargado del hotel donde trabaja tu padre.

-¿Ya llamaron? ¿Qué te dijeron?

-Que quieren un pedido cada día para el bufé de la mañana.

-Felicidades, Carla.

Es un gran paso y una gran responsabilidad.

-¿Qué le has dicho a tu padre para que llamen así?

-Nada. Solamente que si no te conseguía el trabajo,

lo metía en una residencia de mayor.

-No sé cómo agradecerte lo que haces por mí.

-Quédate tranquila,

que con tanto pluriempleo, nosotros acá, en la casa,

nos quedaremos muy tranquilos, con David...

-No creo, Carla se preocupa por todo.

Pero me gusta así, me da seguridad.

-Muchas gracias, David.

Dime qué hacer para agradecérselo a tu padre.

¿Le gustan los "cupcakes"?

-Muchísimo. Más que un donut a un policía de Míchigan.

-Organicemos una merendola y así prueba mis nuevos "cupcakes".

-¿Vos lo estás diciendo así, en plan primicia?

Porque no sabes en lo que te estás metiendo.

Si él puede, lo tenés en el portal en diez minutos.

-Y espero que lleves bien el reguetón,

porque estás invitado a la merendola.

-Gracias por la invitación,

pero no me apetecen celebraciones estando Samu así.

-Pero tampoco vamos a pasar la vida amargados.

Además, a quien han dado la patada es a mí, por lo tanto...

-Pero Samu es mi amigo,

y a un amigo triste hay que apoyarlo.

-Yo también soy tu amiga, ¿no?

Me acaban de dar una buena noticia,

y los amigos también apoyan a los amigos y sus momentos felices.

Puedes llamar a tu padre.

(GLORIA) Y gracias a esa transformación,

captan clientes que no pisaban un mercado,

conservando los que tenían.

Y le han plantado cara a los supermercados,

a la venta por Internet...

-A ver, espera un momento. No había acabado, me has cortado.

-Es que he contestado por alusiones.

Me estoy dejando la piel por este mercado.

No consiento que nadie dude de mi buena voluntad.

-Quizá lo que quieres es imponernos tu buena voluntad

para hacer lo que quieras,

y por eso compras tantos puestos.

-¿Qué tienen que ver los puestos?

-Por ejemplo, con tres puestos, tienes tres votos.

Puedes llevar a cabo tu proyecto sin pensar si perjudica a los demás.

A ver, chicas, por favor.

Que Gloria compre puestos muestra implicación por el mercado,

profesional y personal.

La propuesta es interesante.

¿Has escuchado lo que he dicho?

(GLORIA) A ver, Carmen. Carmen, ¿cuál es el problema?

¿Mis votos cuentan por tres?

Estoy dispuesta a que cuenten por uno.

-Pero ¿puede hacer eso?

(GLORIA) Es un acto de buena voluntad, ¿no?

Quiero dejar claro

que no hay doble intencionalidad con el proyecto.

Además, tú misma, cuando cediste la presidencia,

querías que trabajara para levantar el mercado, ¿no?

Es lo que estoy haciendo.

-Lo siento por Carmen, pero estoy de acuerdo con Gloria.

La verdad es que suena bien, pero no sé qué hacer.

(SAMUEL) Si está todo hablado, habrá que votar, ¿no?

Que levanten la mano los que estén a favor de la propuesta.

Pues ya estaría.

Aprobada la propuesta por mayoría absoluta.

-Os vais a arrepentir.

-Gracias.

(NICOLÁS) Lupe, debo invitarte a algo

por cederme el turno y dejarme la bici.

Es que la mía... En fin, son muchas cosas

y necesito dinero como sea.

Pues nada, vengo de un bar de Puente de Segovia

y estoy aquí, llegando al Ainara.

Ya sabes, no podía rechazar el pedido

porque si no, me penalizaban.

Mira, te dejo, ¿vale? Sí.

Que cuanto antes me vaya, mejor. Venga.

A ver...

Mierda. ¡Mierda!

La leche, Valeria.

¿Por qué? ¿Por qué me pasa esto a mí?

¿Qué hago?

Vale, sí.

Jesús, ¿estás en el Central?

¡Bien! Menos mal.

Mira, necesito que me hagas un favor.

¿Yo? En el Ainara.

Trabajando, sí.

A lo Induráin, que sí, que sí.

Mira, por favor, tienes que salir por la puerta de Modas Ruiseñor

y entretener a Valeria, ¿vale?

Se ha puesto a hablar, me debo ir y no me puede ver.

No, no, no me digas que me busque la vida.

No, que tú y yo tenemos un pacto, no se te olvide.

Vale. Venga, te espero aquí. Date prisa.

(TARAREA)

Samu.

¿Sabes dónde está Fernando? -Pues en una reunión.

No creo que tarde. ¿Quieres que te ayude?

Quería imprimir un cartel desde su ordenador.

Vente conmigo. Vale.

Oye, os veo muy bien juntos. Me alegro mucho, de verdad.

La verdad es que he tenido suerte.

Fíjate, yo creo que tiene más suerte él.

Lo ayudas muchísimo en su recuperación.

Pero no solo lo hago yo, tú también ayudas lo tuyo.

-Bueno, al menos que sirva de algo mi experiencia, ¿no?

Al final, da igual la adicción que tengas,

lo que necesitas es lo mismo que todos,

no sé, un ambiente estable, ayuda de tu familia, tu pareja...

¿Tú cómo estás? He oído que Carla y tú lo habéis dejado.

Bien, bien, tirando.

Sí.

Te dejo con esto, voy a la pescadería.

Venga. Vale. Chao.

Chao.

(TARAREA)

"Maldito seas, Fernando.

A tu lado, la vida dejó de ser vida para convertirse en un infierno".

(Llaman a la puerta)

-No esperaba verte aquí. ¿Qué haces?

Que... he venido a imprimir un cartel. ¿Y tú?

Estoy buscando a Samu.

Espero un recibo que debe llegar hoy.

Pues a la pescadería que ha ido.

¿Estás bien?

Sí. Sí, sí. Estás un poco pálida.

Parece que has visto un fantasma o algo así.

Hija, qué piropos que me echas. Que sí, que estoy bien.

Vale, pues me voy a buscar a Samu. Te veo luego.

Venga, nos vemos. Chao.

-Es una pena que no cojan al carterista.

Porque vamos, me lo encuentro yo y no sé, le....

-¡Valeria! ¿Dónde te metes?

Perdone, agente. -¿Qué pasa?

-Vete a ver a tu hija, anda.

Gloria ganó la votación y está que trina.

-Madre mía, pues que se aten los machos los comerciantes,

que el huracán Carmen se avecina.

(JESÚS RÍE) -Venga, hasta ahora.

-Venga, Induráin, ya puedes salir.

-Muchas gracias, Jesús.

Dios mío...

Perdón. -¡Pero bueno!

Hago la interpretación de mi vida para que no te vea Valeria

y tú, montando un escándalo de miedo.

Déjalo. -¿Esto que es?

-Bueno, comida para los pájaros me dijeron.

-Pues... parece marihuana.

(LUCAS) Chao, viejo. Te quiero.

-Tu padre...

Tu padre es lo más. -Le cae bien a todos mis amigos.

Le encanta decir cosas embarazosas

y ponerme en evidencia de cuando era enano.

Como cuando contó la del sándwich de mayonesa en el cuadro.

-No, no, si te pareces a tu padre.

Hombre, sí, los dos usáis el humor

para no parecer tan tiernos y sensibles.

-Soy un pedazo de pan a todas horas. -Ya, claro.

-Sí puede ser, sí.

O sea, uso un poco el humor para evitar el... hablar de mí.

O sea... Pero yo creo que ya me vas captando.

-Bueno, no te creas, tampoco... Hay muchas cosas de ti que no sé.

-¿Cómo cuáles? Si hasta conoces a mi padre.

-Bueno, pues precisamente...

que igual es un prejuicio que yo tenía, lo acepto,

pero cuando dijiste que tu padre es botones,

pues no me lo imaginaba tan culto. Es muy culto.

-Eso le pasó toda su vida. Mi padre estudió Derecho,

y cuando mi madre quedó embarazada,

bueno, tuvo que salir a buscar trabajo de lo que fuera

para poder mantenernos.

-Me lo imagino.

-Pero eso hace que él sepa buscarle el lado bueno de las cosas.

Y... Y, bueno, no deja que nada lo haga infeliz.

-Pues eso está bien. ¿Y tu madre?

-Si te cayó bien mi padre,

mi madre te hubiera caído mucho mejor.

Tenía una pequeña galería de arte.

Los domingos me llevaba a los museos.

-Qué guay. O sea que lo del arte lo sacaste de ella.

(LUCAS ASIENTE) -Bueno, de ella

y de los sándwiches de mayonesa, ¿no?

-Cuando mi madre falleció,

mi padre quiso mantener mi pasión por todo esto,

por el arte, por la pintura, por la escultura....

Y bueno...

Si algún día tengo familia, me gustaría tener lo que ellos.

Poder ponerle buena cara a todo, pase lo que pase.

-Ya.

Donde se digan las cosas por su nombre, no se mienta,

no se haga daño al otro.

-No quería que te pusieras mal pensando en Samuel.

-No, no sé.

Si me alegra, en el fondo.

Me alegra ver que hay gente que es transparente, como tú.

-Bueno, ya es suficiente de historias de mí,

y me parece que es hora de que... saber más de mini Carla.

-¿De mini Carla? -Voy al mercado

a colocar pedidos en el almacén.

-Bueno, pues se ve que ha terminado la merendola.

-Para David y para mi padre sí,

pero nosotros dos podemos seguir charlando.

O sea, mirá, no te vas a librar

de contarme historias embarazosas de tu infancia.

-Sé es difícil, pero debes intentar no anticiparte.

La ginecóloga ha dicho

que existe una posibilidad de que el niño tenga un problema,

pero no es 100% seguro.

¿Qué quieres que haga?

Hasta no tener resultados definitivos,

¿cómo estaré tranquila?

Ya, pero tienes que pensar en positivo.

Pero no es fácil.

Lo sé. (ROSA) hola.

Oye, Lorena, te he visto desde la cervecería.

Te llamo por teléfono y no me coges.

(CARRASPEA) Ya, perdona. Necesitaba tiempo para pensar.

¿Has hablado con Jorge?

¿Qué pasa?

¿Aún no le has dicho nada?

He intentado decírselo, pero hemos discutido y...

A ver, Lorena, ya hemos hablado de esto esta mañana.

Es el padre de tu hijo, ¿no?

Da igual que no estéis bien, es que esto es importante.

Rosa, esto es más difícil de lo que parece

y ahora, como te digo, necesito tiempo.

(GLORIA) Lorena, no te agobies de más.

Jorge debía notar que te pasaba algo grave.

Si no lo ha hecho, es porque no te merece.

-Bueno, perdona, Gloria, pero Jorge no es ningún adivino.

Quiero decir que si no se ha dado cuenta

es porque ella no le habla. No, no, no es eso.

Hemos tenido una bronca gorda y ahora necesito estar tranquila.

Es que...

Si los médicos tienen razón y la cosa es tan grave,

voy a tener que interrumpir el embarazo.

Cariño, quiero que sepas

que estaré contigo decidas lo que decidas.

Pero... si la cosa viene mal

y no puedes seguir con el embarazo, Jorge debe saberlo.

-Por cómo se ha comportado, Jorge no se lo merece.

-No ha estado a la altura, pero es el padre.

-Ser padre es algo más que poner la semillita.

Lorena, yo creo que el derecho a saber

es algo que hay que ganarse.

Pero hagas lo que hagas, estaré aquí.

Ya, ya lo sé. Gracias.

-Así que no me harás caso.

Vale, muy bien, pero no me voy a quedar quieta, Lorena.

Sé que te vas a arrepentir de esta decisión.

¿Se lo vas a decir tú?

¿No lo ves?

Antes o después se enterará y no te perdonará.

Pues mira, no lo sé.

Y sí, sé perfectamente que Jorge es el padre de mi hijo.

Si no se lo cuento, no es porque no quiera que me apoye,

es porque Jorge ahora no me puede apoyar.

(GLORIA) Perdón, he quedado con vuestro hermano

y no lo quiero hacer esperar.

Lorena, cualquier cosa, ¿me llamas? Sí, claro.

-Tendrán que hablar de la frutería.

¿Qué pasa con la frutería?

¿Tan amiga tuya es y no te lo ha contado nada?

¿Quieres una tapa? No, gracias.

He preparado una... No, Jorge.

Deja la botella, la necesito.

-Perdón por llegar tarde. ¿Quieres tomar algo?

No. Tengo unos operarios a punto de llegar.

Gracias, Jorge. Estaré en la cocina.

Supongo que está toda la documentación

y los libros de contabilidad al día.

No pareces contento con la venta. ¿Te has arrepentido?

¿Qué más da? Ya está hecho.

Una cosa que me preocupa.

¿Cómo tu padre no sabía nada?

Es muy curioso, considerando que firmó el contrato de compraventa.

Por él no te preocupes.

El que debe preocuparse eres tú.

Como invalide la compraventa,

prepárate a una doble demanda, la suya y la mía.

Me ha sabido fatal que se llevara el disgusto por mí.

Y más ahora, que está preocupado con el tema de Lorena y Jorge.

¿Qué pasa entre Lorena y Jorge?

¿No sabes nada?

¿Qué tengo que saber?

No, Elías, no quiero meter la pata. Si saben que se me ha escapado...

Tranquila, no lo contaré. ¿Qué ha pasado?

Se han separado.

Por lo visto, Jorge le ha sido infiel

y Lorena está destrozada.

(Móvil)

(Móvil)

Ya están ahí, debo irme.

Siento que te enteres por mí.

Si te lo cuentan, ¿podrías fingir que te sorprende?

Sí, un segundo, voy para allá.

-¡Gloria! Un operario pregunta por ti.

-Sí, voy para allá.

Samuel, un favor, lleva esto a Fernando

y dile que mire si está bien. -Cuando venga de la reunión.

-Hola, Samu. -¡Una cosita, una cosita!

¿Has visto a Carla? ¿Cómo está?

-Estábamos en casa, pero no entiendo el interés.

Dijiste que no la quieres y que lo vuestro acabó.

-No significa que no me importe como está

o que no la quiera.

-Qué manía tenéis lo neurotípicos de no decir la verdad. En fin...

-Bueno, a ver, escúchame. Escúchame.

Cuando dejan a alguien, suele necesitar ayuda para superarlo.

Sonia dice que vio a Carla con resaca.

¿No estará bebiendo para olvidarme?

-Si tanto te interesa, ¿por qué no preguntas tú?

-Eres nuestro mejor amigo y quiero que lo hagas tú.

-Te dije que pasó la noche llorando

y no pareció importarte mucho. -¿Cómo no va a importar?

-Carla está como está Carla siempre.

-Vale. Espera, a ver, escúchame un momento.

¿Carla estaba en casa y...?

Hola. Carla estuvo en casa ayer desde la hora de comer, ¿no? Vale.

Bueno, a ver, cuéntame, ¿qué ha estado haciendo?

-Dio una merienda con sus nuevas recetas,

para agradecer al padre de Lucas que consiguió un cliente.

-¿Cómo? -El hotel donde trabaja de botones

le hará un pedido al día, para los desayunos.

Se ha puesto contenta y hemos hecho una merienda.

-Muy bien.

Creí que dirías que pasó la tarde llorando

y viendo pelis moñas.

-¿Quieres que esté triste?

-No, hombre, pero sí que me eche un poco de menos.

-No entiendo nada.

-David, sigo enamorado de Carla.

-Ahora lo entiendo todavía menos.

-Vamos a ver.

Tomé la decisión de dejarla para que me dijera que me quería.

Y que volviera. Y no tener que irme de mi casa.

-Técnicamente, has vuelto a casa, que esta es de mi madre.

-No, porque cuando vivíamos juntos, era mi casa y vosotros mi familia.

Ahora aguanto a mi madre día tras día,

dándome la chapa por dejarlo con Carla.

Hasta voy a ir casa de mi abuela a descansar.

-Lo que querías era que Carla te llevase la contraria

cuando le dijiste que cortar la relación era lo mejor,

pero te dio la razón, y por eso estás así.

-Lo que quería era que dijese que me quería.

-Cortar la relación fue lo mejor, incluso para ella.

Me gustaría consolarte

porque, pese a ser retorcido, eres mi amigo.

Pero sinceramente, no sé cómo.

Ya estamos.

-A ver, disculpa. Déjame ver materiales...

La luz aquí, perfecto. Vamos a probarlo.

Vamos a empezar a la altura de esto, de este baldosín.

Ahí. Un segundito.

Carmen. -¡Adela!

Perjudicas al mercado, me borras las fotos del móvil.

¿Cómo te atreves a mirarme a la cara?

¿Te tranquilizas? Te arrepentirás de lo que has hecho.

Confías en Gloria, ¿y sabes qué? Nos echará y se quedará el mercado.

Vamos a ver. Gloria, que yo sepa,

no ha echado a nadie de ningún sitio.

Los puestos que tiene los consiguió legalmente,

sin apropiarse a la fuerza.

Hombre, no lo tengo tan claro.

No veo a Jesús vendiendo su puesto familiar.

No sé cómo lo habrá hecho, pero te digo algo,

si no quisiera vender, no lo habría hecho.

A no ser que lo obligaran.

¿Has oído a alguien hablar de malas formas de Gloria?

No. Ella es una empresaria

y ha visto una oportunidad en este mercado.

En la reunión defendió su idea con argumentos lógicos

y convenció a la gente. Es democracia aquí y en Pekín.

No te andes con politiqueos conmigo. Que te ha engañado, como a todos.

Os vais a dar cuenta, pero será tarde.

Y luego vendrán los lloros. Carmen.

Siento haber cambiado de opinión,

pero lo que hice fue pensar en lo que creo mejor para el mercado.

Y creo que lo mejor es esto.

(GLORIA) Así, eso es, encajado.

Ahí. (ASIENTE) Ahí, encájalo.

Carmen. ¿Qué, te gusta cómo queda?

Perfecto.

Hombre, sírvete,

como si estuvieras en tu casa. No, bromitas no.

¿Qué le has hecho a mi hermana? ¿Cómo?

¡Me has oído! ¿Qué le has hecho a mi hermana?

Te lo ha contado, ¿no?

¿Quién te crees que eres, tío mierda?

Para arruinarle la vida. ¿Quién te crees que eres?

Eres el menos indicado para dar lecciones de moralidad.

¿Te recuerdo las veces que engañaste a Adela?

Tú por ahí no vayas. Por ahí no vayas.

¡Tú, tú, tú! ¡A mí no me vuelvas la carita, idiota!

Vete del bar y no te metas en mi vida privada.

¿Me vas a echar de aquí, imbécil? ¿Quién te crees que eres?

Hace falta que te enseñen cómo se comporta un tío.

Vas a pagar por lo que le has hecho.

¿Me vas a hacer pagar?

¿Crees que estamos en el siglo XIX, me retas a un duelo

o me vas a pegar?

He cometido muchos errores en mi vida,

y este es uno, pero jamás traté mal a una mujer.

¿De qué hablas? Nadie me ha acusado de matar.

¡Imbécil!

-Elías, ¿te vas para casa? Sí, me voy ya.

Parece que te atropellaron.

Nada que no solucionen ansiolíticos y güisqui.

No creo que sea la solución.

Cuando te roben 200 000 euros me lo cuentas.

¿No te dio las pruebas? No.

Le di la pasta y ha desaparecido. Se lo tragó la tierra.

Vaya.

Creo que no debí animarte a que pagaras a ese tipo.

Me siento responsable. Lo siento, de verdad.

No, Fernando, no...

La culpa es mía, sabía que el tío era un prenda.

Bueno, tranquilo. Creo que necesitas descansar.

Mañana verás las cosas de otra forma.

Tarde. Es que lo he pagado con quién no debía.

Momentos así hemos tenido todos. Sí, Fernando, sí.

Venga, adiós. Gracias.

Oye, el plan funciona perfectamente.

Elías está hecho polvo

y ha empezado a tomar tranquilizantes.

(EUSEBIO) "Muy bien. Muchas gracias por llamarme

y mantenerme informado." -Lo hago encantado.

-"Lo haces por el dinero, pero me parece bien.

Al final de semana te enviaré otro sobre bien mullidito."

-Vale. Déjamelo donde siempre.

Y gracias por la gestión y... seguiremos hablando.

-Jesús, muchas gracias por ayudarme con el paquete.

Ya pensaba que pasaba la noche en el calabozo.

-Las gracias hay que dárselas a mi amigo Iván.

Aunque está jubilado,

todavía tiene contactos en la Guardia Civil.

-No sabía que llevaba un paquete de droga. Qué va, hombre.

Intento que Carmen no sepa que trabajo en esto

y voy por la ciudad como Pablo Escobar.

Podría haber acabado en la cárcel. -Iván ha dicho

que a los repartidores no los acusan de nada.

Lo importante es que no pasaste la noche en comisaría

y Carmen no sabe nada. -Es verdad.

Pero en mi caso es una mentira piadosa.

Pero tú te estás jugando la salud.

-¿Ya estamos? Si lo sé, no hago nada.

-Eso es lo que estás haciendo, hombre, nada.

Es un problema, te vas a quedar ciego.

-Deja que vaya a mi ritmo. -Sí, sí, lo que tú quieras,

pero las cataratas no saben de ritmo.

-Hola. ¿Habéis visto a Samuel?

-No. -No. No lo he visto.

-Y vosotros dos, ¿qué hacéis aquí, dar de comer a las palomas?

De Jesús lo entiendo, pero ¿tú no debes trabajar?

-No. Es que hemos tenido que salir todos del trabajo

porque han fumigado el sótano.

Bueno... Cucarachas.

-La época. Por la humedad.

A nosotros nos ha pasado a veces. ¿No te acuerdas?

-No. No me acuerdo.

Os dejo arreglando el mundo. Voy a ver si lo encuentro.

-Un momentito, Valeria.

Quería decirte una cosa.

No le digas a Carmen que me has visto.

Quiero darle una sorpresa al cerrar el puesto.

-Claro que sí. Venga, luego nos vemos.

-Hasta luego. -Adiós.

-Creí que contarías lo mío.

-Pues a puntito he estado.

Pero mejor que Valeria se entere por ti que por otra persona.

-Aplícate el cuento. -Lo haré. Y tú también.

En tu caso, el tiempo corre en tu contra.

-Me voy para casa, anda.

-Adela.

¿Has visto el cartel nuevo?

Lo vi al entrar, es muy bonito. ¿Te gusta?

Sí, acaban de ponerlo.

¿Te pasa algo?

No. No, estoy bien.

Mejor dicho, no estoy bien.

Hay algo que quiero contarte.

He ido a tu despacho

porque necesitaba imprimir un cartel desde el ordenador

y, bueno, Samu estaba muy ocupado

y dijo que lo imprimiera yo y...

Verás, sin querer, he encontrado la carta de Carlota

y he empezado a leerla...

¿Cómo te atreves a leerla? ¡Es personal!

Ha sido un párrafo y paré.

¡No tienes ningún derecho a leerla!

Ni tú tienes derecho a mentirme.

Dijiste que era una carta de amor y agradecimiento,

y lo que vi es que Carlota estaba llena de odio.

Así que o tu vida con ella no era como dices,

o solo se me ocurre que ella...

¡No tengo que darte explicaciones de nada

porque no eres nadie para rebuscar en mis cosas!

-¿Que quiere que el mercado evolucione?

Pero ¿esa qué se cree,

que yo estoy despiezando cerdos en taparrabos?

¿Sabes qué le pasa? No sabe qué es un mercado

y quiere convertir esto en una pijada

para sentirse en su salsa.

-Qué problema. Quizá se llena esto de gente

y te sobran clientes en la carnicería.

-Pero ¿tú con quién vas?

¿Con ella, con la pija, o con tu madre?

-Lo sabes bien. -No lo tengo tan claro.

En la reunión no me apoyaste.

Ni tú ni nadie, me abandonáis. Hasta mi hijo.

-Tengo que seguir trabajando. -Os engaña.

¿Ahora qué hago yo?

Pongo una plancha

y a freír chorizos, como si esto fuera la feria.

-Yo que sé. -Pues empieza a saberlo.

Ruedan muchas cabezas.

Igual lo próximo es tu trabajo.

-¡Mamá, de verdad, ya está bien!

¡A mí no me gusta lo que se votó, pero fueron los comerciantes!

Democracia pura y dura. Haber nacido en otra época.

¿Qué te digo? Pero déjame trabajar.

-No me hables así.

Si estás mal por Carla, conmigo no la tomes.

Perdona, hijo. Que no...

Se me calienta la boca.

-Por eso no te votan los comerciantes.

Has empezado tu discurso bien, lo has defendido a la perfección,

pero cuando la gente apoya lo que dice Gloria,

la llamas tramposa a la cara.

-Pero es verdad, tiene tres votos.

-¿Y qué? Ha comprado tres puestos y votó como uno.

Si la gente la apoyaba, los matabas con la mirada.

-No quiero ser hostelera.

¿Qué hay de malo en ser carnicero, pescadero...? ¡Ya está!

-Pues lo dices de otra forma.

No te lances a la yugular de quien te lleve la contraria, como a mí.

-Que... que siento mucho lo que te he dicho antes, Samu.

-Te voy a apoyar, mamá, siempre. Aunque te pongas como una fiera.

Pero debes encajar las decisiones, aunque no te vayan bien,

porque quizá son las correctas, ¿entiendes?

-Hijo, lo que te dije antes, que...

-Lo que has dicho antes, tienes toda la razón.

No debí ponerme así contigo, no tienes la culpa.

-Pero si quieres hablar, puedes hablar conmigo.

-Lo que quiero es olvidarme de esto y...

seguir trabajando, por favor.

-Samu, hijo... -Mamá. Por favor.

-Me voy.

(Pasos acercándose)

-¿Qué haces?

Nada.

Si eso que has comprado

sirve para el dolor de cabeza, me apunto.

Pues no, para eso te puedo ofrecer güisqui.

He estado hablando con el abogado que va a impugnar el contrato.

No digas más, has hablado con Aguilar, ¿no?

Sí. No conozco un abogado más rastrero.

Es capaz de vender a su madre por dos duros.

Cuando lo llamé, estaba muy enfadado.

Quería recuperar la frutería a toda costa.

Pero lo he pensado mejor.

No voy a impugnar nada.

¿Por qué has cambiado de opinión?

No quería complicarte la vida con otra denuncia.

Sigo enfadado.

Pero mi intención nunca fue que fueses a la cárcel.

Pues lo parecía, papá.

Cuando uno está enfadado, hace las cosas sin pensar.

Como cuando está desesperado.

Pues gracias.

Y siento haber perdido el puesto.

Sé que para ti es más que una frutería.

Lo hecho... hecho está.

De todas formas, no paro de darle vueltas a la cabeza y...

Es que no sé si Tristán

tenía pensado engañarme desde el primer momento

o al final se echó atrás por miedo de Eusebio.

Nunca lo vamos a saber.

Yo sé que quieres salir de este lío,

pero mezclar alcohol con lo que estás tomando

no es la solución.

(Móvil)

Sí.

(TRISTÁN) "Elías, soy Tristán."

Hijo de perra, ¿dónde te has metido?

¿Dónde está mi dinero?

"No, no puedo decírtelo. No es seguro para mí ni para ti.

Siento haberlo hecho así, pero no tenía remedio.

Necesitaba dinero antes de darte las pruebas."

¡Cállate! ¡Cállate, que ya sé que no hay pruebas!

No voy a permitir que sigas jugando conmigo.

"Recuerda lo que te dije. Debes confiar en mí hasta el final.

Vuelve al coche, esta vez encontrarás lo que buscas.

Eusebio sabía lo del coche, ten mucho cuidado."

Tristán. ¡Oye!

¿Oye?

-¿Qué dice?

Que Eusebio sabía lo de las pruebas y el trato.

Debemos volver al coche ahora.

(CARLOTA) "Rezo para que no te dé tiempo a destrozar otra vida

como la mía".

-Zorra...

¡Fernando!

¿Qué haces aquí? Es muy tarde.

No quería irme dejando las cosas así.

¿Tienes miedo de que beba? No te preocupes, no me dio por ahí.

No he vendido a eso, pero la verdad es que me preocupa.

¿Por qué invades mi intimidad? No tenías que leer esa carta.

Solamente leí un párrafo. Me da igual.

Primero la carta y ahora me espías. No te estoy espiando.

Habíamos quedado en que sería tu madrina, ¿no?

Sí, tienes razón.

Es que la muerte de mi mujer me ha afectado mucho.

Perdona que leyera la carta.

No sabía qué era. Te prometo que cuando leí el primer párrafo,

me di cuenta y lo dejé.

Lo sé, lo sé.

No debería haberte hablado así, pero es que es un tema muy delicado.

Mira, si te mentí sobre la carta, es porque es muy duro para mí.

Carlota la escribió en el hospital

cuando los médicos le dijeron que el tratamiento no funcionaba

y que le quedaba poco tiempo de vida.

Me echó en cara no estar a su lado.

Si no quieres contármelo, no lo hagas.

Sí, quiero contártelo.

Aunque hacía tiempo que nos habíamos separado,

yo quería estar a su lado, pero tenía miedo de volver a recaer.

Y no sirvió de nada,

porque volví a beber cuando supe que había muerto.

Fui un cobarde.

Me pudo el arrepentimiento.

Carlota tiene razón en todo lo que dice la carta.

No, no eres un cobarde.

Simplemente, no estabas en condiciones de ayudarla.

Si fueras un cobarde,

no estarías luchando por no beber cada día.

Y si en algún momento flaqueas,

yo estaré al quite.

Para cuando fallen las fuerzas.

Gracias. Si no...

¿qué porquería de madrina sería?

Deberíamos ir saliendo, porque nos encerrarán aquí dentro.

Aunque... tampoco estaría mal.

Venga.

(JESÚS) No sé qué hacemos aquí otra vez.

¿No te basta con una vez? Es que ahora es distinto, papá.

Esperó a estar a salvo de la Policía

para que no le salpique esto.

Envió a alguien a dejar las pruebas.

Pues mira a ver. Mira a ver.

No hay nada, ¿no?

Te ha vuelto a engañar.

Anda, vámonos.

Espera.

No puede ser, hombre...

Seguro que aquí hay algo.

No puede ser. ¿El qué? ¿Qué es esto?

¿No sabes...?

No, que todavía estabas detenido cuando pasó.

"13 mujeres nigerianas encontradas muertas por asfixia

en un contenedor marítimo en un puerto de Algeciras".

¿Qué tiene que ver esto con Roca?

Esas mujeres eran prostitutas.

Claro, este sinvergüenza

no solo se dedica a la prostitución de lujo,

también explotaba mujeres sin recursos.

¿Qué más dice? ¿Qué más hay, hombre?

Mira. Esto es un audio, ¿no?

(EUSEBIO) "¿Qué pasa?"

(TRISTÁN) "¿Sabes lo del contenedor?"

(EUSEBIO) "Cómo no, salió en el Telediario."

(TRISTÁN) "Pobres chicas. Es horrible.

Se quedaron sin oxígeno."

(EUSEBIO) "Mala suerte. Cosas que pasan."

(TRISTÁN) "La entrega debió ser hace días.

Pero claro, tú querías más dinero. ¿De dónde sacaste el contenedor?

No tenía agujeros para que respiraran."

(EUSEBIO) "Tristán, estás nervioso,

pero no es momento para hablar de esto, y por teléfono.

Localiza al conductor, que le pagamos el mejor abogado.

Y que lo haremos rico si no dice que estuve allí.

Que no me vincule con Algeciras.

Yo no estuve allí. ¿Me has entendido?"

(TRISTÁN) "Sí, pero...

no sé si será posible."

(EUSEBIO) "Haz que sea posible o acabas como esas chicas."

(JESÚS) ¿Hay algo más?

De texto, hay mensajes de texto.

Mira, Amanda. O sea, Ágata.

"Tengo miedo, Tristán. Eusebio sabe que lo sé todo.

Debes protegerme".

Más. Otro de... ¿Qué dice?

De Eusebio: "Te estoy esperando". Tristán: "Perdona, llego tarde".

¿Y qué importancia tiene?

La tiene, porque demuestra que la coartada es real.

Estaba con él la noche de su muerte.

¿Qué más nos da?

Si llevamos esto a la Policía,

Eusebio Roca no verás más la luz del sol.

Roca tenía motivos para matar a Ágata.

Si no lo hizo él personalmente, puede que se lo encargara a alguien.

Llevas razón.

Debemos llevarle esto a la inspectora.

Todavía estoy enfadado contigo por la venta de la frutería a Gloria.

Pero tengo que reconocer que hemos conseguido algo.

Cierra.

-Me siento marginada, traicionada por todos.

Solo confío en ti.

-Encontramos pruebas

que vinculan a Roca con un crimen horrendo.

¿Con un crimen horrendo? Querrás decir con el de Ágata.

-¿Es la web del mercado?

(GLORIA) Puedes hacer pedidos a domicilio

a los puestos que se hayan dado de alta.

-Fernando no te echará por una tontería.

-Hay algo en él que no me gusta.

¿Por qué se lo has dicho? -Yo no le he dicho nada.

-¿Qué haces? -Querían entrevistarme

y he dicho que no.

-Si finalmente, decides abortar,

te acompañaré.

-¿Qué estás haciendo?

-Sabía que no me ayudarías, pero ¿hacer de mamporrero de Lucas?

-La madre que lo trajo.

-Este será...

nuestro secreto.

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Mercado Central - Capítulo 273

24 nov 2020

Tristán parece haber engañado a Elías y Jesús, furioso, se plantea impugnar la venta de la frutería, pero Valeria le hace recapacitar.
Carmen vuelve a perder la batalla contra Gloria y se siente traicionada por Adela, que evita que se meta en un lío con las pruebas ilegales contra Gloria.
El padre de Lucas le hace un favor a Carla que lo celebra con una merienda de cupcakes que la acercará más a Lucas.
Jesús saca del embrollo a Nicolás, al descubrirse que, sin saberlo, transporta marihuana en su bici.
Adela descubre, accidentalmente, que Fernando le mintió sobre la carta de Carlota y se encuentra con una inesperada reacción cuando le habla del tema.
Lorena ha tomado su decisión, sin seguir el consejo de Rosa y Gloria cree que ha conseguido separar, por fin, a la pareja.
Elías descubre, por Gloria, la supuesta infidelidad de Jorge y paga su ira con él.
Tras someter a un interrogatorio a David sobre Carla, Samuel asume que se ha equivocado y que puede perderla.
Tras un encuentro con Elías, Fernando reporta a Eusebio: el plan ha funcionado. Sin sospechar que Elías va a recibir una inesperada llamada de Tristán...

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