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Los camioneros - Quince toneladas de madera y una mujer - ver ahora
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Subtitulado por TVE.

-No me contaste qué te pareció el conejo.

Por tus guisos me quedaría yo fijo en la madera.

Ruido de motor.

Ve poniéndole otro café a Lorenzo.

-Si estuvieras mucho tiempo.

Te juro que por mí no saldría de esta ruta.

-Tarde o temprano te pillaba, no se le escapa

ni un cazador furtivo.

Bueno es Matías.

Todo listo. -¿Tomaste café en la gasolinera?

Otro con una copa me vendría de maravilla.

Esta zona no está hecha para trabajar.

Esto es para descansar, pescar, cazar...

-Buenos días.

-¿Qué ha pasado, señor Matías? -Un listo.

Un tipo que se la está jugando.

Hay por aquí cazadores furtivos.

-Es la temporada de lidiarlos. -¿Quiere usted una copa?

-Una cazalla.

Teléfono. A la salud de ese sinvergüenza.

Mientras yo no se la estropee.

Mire, lo que pasa es que con tanta riqueza

es una tentación... -Paco, para ti, de Madrid.

¿Sí? ¡Ay, ay!

Madre, ¿qué te pasa, estás mala? ¿Mala yo?

¡Anda ya, a mí no me parte un rayo!

El que debe estar mal de la cabeza eres tú.

Llevamos esperándote desde el día 15 y ni una palabra.

¿Se puede saber qué haces ahí?

Seguro que el gandul, el golfo. Madre, ¿qué golfo?

Lo que pasa es que tenemos tajo hasta fin de mes.

¿Tajo? ¿Tajo? ¡Que no miento, madre,

que no miento! Solo te tengo a ti, Paco.

(TRISTE) Y tú parece que no te das cuenta.

Si hubieras sido una niña cuántos disgustos

me hubieras ahorrado. (RESOPLA)

¿Qué dices? Está bien, pero no te enfades, Paco.

¿Y Loli? ¿Loli?

¡Loli! No sé nada de su vida.

La chica tiene razón en enfadarse, si tu padre de novios

me hace eso... a estas horas no estás tú en el mundo.

Está de morros, y con mucha razón.

Ya puedes llevar cuidado, ¿eh?, lo mismo te planta cualquier día.

A finales de mes estaré ahí, madre. ¿A finales de mes?

¿Qué día? A fin de mes,

ya te lo dije, el 31.

¿El 31? Sí.

Pero, hijo, por Dios, ¿no puedes venir antes?

Que no, madre, que no, adiós. ¡Ay! Adiós, hijo, adiós.

Madre, y cuídate, ¿eh? Sí, adiós. Adiós.

Cómo sois las mujeres.

-¿Y cómo querrías que fuéramos?

-¿Qué quiso decir? ¿Cuándo?

-Eso de la tentación.

Bueno, ya me entiende usted, señor guarda.

-Podría decirle que no.

Que no le entiendo. Que no le entiendo en absoluto.

Pero le entiendo muy bien. Vamos, ¿qué piensa usted?

A mi amigo le gusta mucho esta comarca.

Y alguno de sus habitantes.

-Soporto a los simpáticos, a los graciosos,

a los turistas, a los de la madera...

Siempre que sepan cuál es su puesto.

y cuál el territorio vedado.

Mi territorio.

Esto queda aquí de momento.

Está confiscado.

Te hago responsable, Tere.

-Muy bien, señor Matías.

-¿Aún no estás cansado de la madera?

Llevas tres años en esto y te quedas mirándola

como si fuera la primera vez. -¿Tres años?

Estuve 15 llevando madera por todo el Cantábrico,

del 43 al 58.

-Por la carretera de la costa? -No, en pequeños cargueros.

Recogíamos los troncos en puertos de poco calado para bordear

la costa y llevarlos a El Musel o a Santander.

-Yo llevo metido en el camión desde el 39,

no debí dejarlo más pero aquello había bajado mucho.

El transporte era demasiado lento para competir con los camiones.

-Yo ya estoy harto de esto.

-Quizás vuelva cualquier día a la mar.

Carreteras donde se pueda correr.

-Tengo muchos amigos por ahí, bajo 10, ¿qué digo bajo 10?,

bajo 20 banderas.

-Lo tengo pensado,

voy a meterme en transportes internacionales.

-En un barco no hay fronteras.

La misma mar es la frontera.

-¡Eh, vosotros, ya está el camión listo!

-Vamos.

Tardan demasiado, ¿tendrán una avería?

No creo, ayer estaba el camino muy mal

y con lo que ha llovido anoche estarán de barro hasta los ojos.

Oye, no vuelvas a poner lazos en el monte,

por lo menos cuando yo vaya contigo.

Anoche cuando estabas cenando no decías lo mismo.

(RÍE) Anda, vamos a ver a Maruja.

-¿Qué coñac te va? Yo siempre con una copa de menos.

-¿Y tú, Lorenzo? Lo de siempre.

-¿Cuánto tiempo os vais a quedar?

Hasta el 31, la tala va retrasada.

Por la lluvia. Pero hay prisa.

A mí no me va la ciudad.

-A ti te va cualquier parte donde caigas.

Es mi oficio.

Y tú, Maruja, ¿eres de aquí?

-No.

Yo también me he movido lo mío y esta es una buena parada.

Las mujeres sois distintas, no os gusta mucho la aventura.

-Seguro. Ya están ahí esos.

Ya era hora.

-Vaya con Paco y Lorenzo qué buena vida se dan.

Llegáis casi con una hora de retraso.

¿Qué pasó? -Veréis cómo está el camino,

de dulce, nos entró el barro hasta en la cabina.

Hola, Ybarra. -Hola.

¿Cómo traes el camión? ¿Has ven ido por el río?

-Llevad cuidado, el camino está como si fuera mantequilla.

Menos mal que se está arreglando esto.

-No apuestes. Vamos. Adiós.

(TODOS) Adiós. Hasta luego.

Ya se acaba lo bueno.

Lo mismo pasa con las mujeres, al principio todo va bien,

pero luego... ¿Luego qué?

Todos decís lo mismo. Asustado me tenéis.

Digo yo que no será para tanto.

Bueno, yo personalmente no tengo queja, pero...

También eso lo decís todos.

Y ahora mismo estoy seguro que echarás de menos

a tu mujer y a los chavales.

(RÍE) Maldita las ganas.

-¡Vaaa!

-¡Vaaa!

-¡Vaaa!

-¡Vaaa!

-¡Vaaa!

Trae que te firmo.

-Toma.

Ruido de motor.

Id con cuidado.

Está todo.

Tira.

Ahí va.

Pero ¿qué hace? ¿Se quiere suicidar o qué?

-Estoy muy mala.

¿Qué le pasa? -Tienen que llevarme al pueblo.

Creo que estoy de parto.

¿De parto? -Tienen que llevarme al médico.

¿Y su familia? -Estoy sola.

¿Y su marido? -Está trabajando.

Le pedí que se quedara pero es muy cumplidor.

¡Tráetela! Venga, venga.

Deme la mano.

-No se preocupen... Aquí.

-Aguantaré todo lo que pueda.

¿Ya tiene usted dolores?

-Sí, algunos he tenido.

En caso de apuro en mejor así. Cuidado.

-No habrá caso. Deme, deme eso.

-Soy primeriza. Mi madre decía que las primerizas

escandalizan mucho, pero luego nada.

Venga, no te quedes embobado y arranca.

(SE QUEJA) -¡Aah!

Acelera, Lorenzo, acelera.

Es que no se puede más. (SE QUEJA) -¡Aah!

Venga, tío, que igual nos salta aquí la criatura.

Voy a todo lo que puedo.

En seguida llegaremos al pueblo y el médico le dará un calmante.

-¡Aaaah!

(SE QUEJA) ¡Aah! ¿Te das cuenta, Lorenzo?

No estoy sordo.

Y esto no es nada todavía.

Mi mujer dio a luz en un taxi.

Bueno, no veas lo que fue aquello.

-¡Ay, madre mía bendita!

Anda, señora, quédese así y no se mueva.

Pisa, Lorenzo, pisa, aunque nos matemos.

Tranquilo. Para mí que aún le queda tiempo.

(SE QUEJA)

(RESPIRA HONDO) ¿Cómo va eso, mejor?

-Sí. Hasta que me vuelva.

Descanse y tápese bien, no vaya a coger frío.

En media hora estaremos en el pueblo.

Mi mujer se agarraba al taxista y a mí y hasta mordía los asientos.

A lo mejor esta tarda una semana en dar a luz,

las mujeres nunca echan bien las cuentas.

Pues no sabes tú el numerito que hice sacando el pañuelo

por la ventanilla mientras el taxista tocaba

el claxon sin cesar.

Casi nos la damos contra un autobús.

Y total, para nada, en un bache de Cuatro Caminos

salió el niño al mundo.

¿Y qué hiciste? ¿Qué hice?

(GRITA) -¡Ay! ¡Ay!

¡Ay, madre, vayan deprisa!

¡Vayan deprisa, por caridad!

Cálmese, señora, cálmese, que enseguida llegamos.

-¡Ay! ¡Ya no puedo más! Espere un poco, mujer.

(SE QUEJA) -Ay, ya no puedo esperar.

¡Vayan deprisa! Acelera, Lorenzo, por tu padre.

Allá vamos. Y que sea lo que Dios quiera.

Quejidos.

(GRITA) -¡Aaaah!

Estamos listos.

Dale un poco, a ver si salimos.

De aquí no nos saca ni la grúa municipal.

-¿Qué pasa? ¿Por qué hemos parado? Nada, señora, usted tranquila,

usted a lo suyo. Tranquila, tranquila.

Quejidos.

Quejidos de la mujer.

Hasta el eje. ¿Qué hacemos ahora?

Yo que sé. -¿Qué pasa?

¿Qué es lo que pasa?

Nada, señora, usted, a lo suyo, tranquila, tranquila.

Tranquila. -Ay, Dios mío.

Qué dolor más horrible.

Me voy al pueblo a por un médico. ¿Cómo?

Andando, por el monte. ¿Y me dejas solo con ella?

Yo aquí no me quedo. Además, en caso necesario

tú tienes más práctica, me voy yo.

¡Paco! ¿Qué pasa?

Paco, que yo aquí no me quedo. ¿La vas a dejar sola?

Tú conoces el caso. ¡Por eso!

Gritos de la mujer. ¡Échale valor!

(GRITA) ¡Paco!

¡Por tu madre, no tardes mucho!

Quejidos de la mujer. Menudo lío...

-Está prohibido el paso, ¿no ha visto los letreros?

¡Deténgase o disparo!

¡Alto! ¡Eh!

(SE QUEJA) -¡Aaah!

Calma, calma.

¿De cuánto en cuánto tiempo le dan a usted los dolores?

-No lo sé.

¿Y el otro?

Se fue al pueblo a buscar un médico.

-¿Cómo? Andando.

-¡Ay!

(JADEA)

(SE QUEJA) Calma, mujer, calma.

-¡Eh! Oiga, ¿qué hace con la moto? ¡Es mía!

¡Espere! ¡Ladrón!

Ruido de motor. Eh, vuelva,

que se ha llevado mi moto. -¡Vamos deprisa!

Gritos de mujer. ¡Aaaaah!

¿Qué? ¿Cómo se encuentra? ¿Mejor?

(LLORA Y GRITA) -¡Aaaaaah!

-¡Eh! ¿Adónde va? ¿Está loco?

¡Maruja!

¡Maruja!

¡Maruja! -¿Qué quieres?

¿Qué te pasa? ¿Dónde vive el médico?

-¿Habéis tenido un accidente? Peor,

¿dónde vive el médico? -Ven conmigo.

¿Qué ha pasado? Por el camino te explico, rápido.

Gritos y quejidos de la mujer -¡Ay, Dios mío!

¡No puedo más!

¡Aaah!

Ay, Dios mío bendito.

¡Aaaah!

Y ni un alma. Nadie en cinco leguas a la redonda.

¡Eeeeh! ¡Socorro!

¡Eeeeeh! ¡Eeeh! -¿Quién llama?

¿Dónde está el médico?

-Mi marido no está en casa.

¿Y dónde está? -Ha salido a jugar la partida

con el señor cura. -Yo sé donde, vamos.

Dame, yo lo llevo.

-Me doblo. -Un seis.

Gritos de mujer. -¡Don José!

¡Don José!

¡Don José! -¿Qué pasa, Maruja?

-Una mujer se puso de parto en el camión de él.

-¿Dónde está el camión? En el monte, rápido.

-Tengo que ir a recoger el instrumental...

Rápido, que esa mujer lo está pasando mal, y mi amigo.

-Vaya lío. -Yo también haré falta.

Usted, padre, para el bautizo.

Ahí abajo está.

Creo que es un niño.

¡Que ya...!

Llanto de bebé. Hace unos 10 minutos.

(RESOPLA)

Llanto del bebé.

-Hermosa criatura, Angelines. -Déjemela ver.

¿Qué hiciste? Yo qué sé.

Fue igual que cuando mi mujer, ni sé lo que hice.

¿Es chaval? Eso me ha parecido.

Prefiero mil veces un pinchazo, la rotura de un pe...

hasta la bofetada gorda, no sabes cómo lo he pasado.

No creas que yo me he divertido mucho, menuda juerga monte abajo.

Mira, mira cómo tengo la cara.

Toda va bien, ¿doctor?

-Sí, están perfectamente el niño y la madre.

¿Dónde está el padre? Yo qué sé, la recogimos

en la carretera.

-Estará en el monte porque si no, no se explica.

No te preocupes, pequeñín.

Hay que salir de aquí como sea.

Limpiaremos algo a golpe de pala,

buscaremos dos o tres troncos, los ponemos debajo de la rueda

y vamos a ver qué pasa. ¿Puede ser?

Llanto del bebé. Puede ser. Puede ser.

Y si no esperaremos a que vengan por nosotros,

yo de aquí no me muevo. Lo intentaremos

en cuanto se lleven a la mujer.

¡Pero otra vez!

-¡Yo...! Me entrego, me ha ganado

por cansancio... -Quieto, hombre.

Hay un niño ahí, fui corriendo monte abajo

para buscar un médico, no tengo culpa, me entrego...

-Ya está ahí Matías. (ANGELINES) ¡Matías!

Llanto del bebé.

(CONTENTA) ¡Matías!

-Vamos, Matías, tu mujer te está esperando.

-Angelines...

-Matías.

-¿Qué nombre habéis elegido para el niño?

-Francisco Lorenzo.

-¿Queréis que vuestro hijo, Francisco Lorenzo,

sea bautizado en la fe de la Iglesia?

(LOS CUATRO) -Sí, queremos.

Jaleo y risa de niños.

¿Sabes el chiste del cazador?

-Los conozco todos. Cuenta, cuenta.

¿Y el del cazador que tropieza...? -Sí, lo conozco, también.

(RÍEN) -Eres un tío grande, Paco.

El primer trasgresor que se me va de las manos

en 10 años. Había un motivo.

-¡Eh! En paz, ¿eh? Claro.

-Paco, para ti. ¡Paco! Igual... ¿Qué?

-Para ti, al teléfono. El jefe.

El jefe, la armamos, macho. -Es tu madre.

¡¿Mi madre?! Peor.

Bullicio.

¡Madre! ¿Qué pasa ahí?

¿Qué? Aquí no pasa nada. No pasa nada.

¡Ah! Hoy, sin falta,

salimos para Madrid. ¿Qué?

No te oigo nada, qué ruido tan grande.

Hay mucha bulla, sí.

Es que estamos celebrando un bautizo.

Están celebrando un bautizo.

Y yo soy el padrino. Y él es el padrino.

Es que hemos tenido un niño en el camión.

¿Que has tenido un niño en el camión? ¿Qué has hecho, hijo?

¡No! No es mío, madre, no. Ni de Lorenzo tampoco.

Es de un hombre y una mujer.

Ya te explicaré, ya te explicaré. ¿Cómo está Loli?

Ya se le pasó el enfado. ¿Sí? Dile que se ponga.

Toma.

-Hola, Paco. Hola, mi vida.

Sí. ¡Qué me extrañas mucho! Y Yo a ti.

Esta misma noche te veo.

Ponte guapa, ¿eh?

Nos lo hemos pasado bien esta vez, ¿verdad?

Sí...

Claro que... una cosa...

El día del crío, ¡menudo rato!

Ni por todo el oro del mundo volvería...

(RÍEN)

-Paco, Paco...

Tenga, esto es para usted.

¿Qué es? -No, lléveselo.

No lo abra hasta que haya salido del pueblo.

Muy bien, muy bien.

-Siempre que vuelvan serán bien recibidos.

Adiós. Adiós, compadre, gracias.

Adiós. -Adiós.

Mira qué hay en la bolsa.

(RÍE) ¡Mecachis! (RÍE)

¡Pensar que estuvo a punto de cazarme como a ese!

Sí, es verdad. Me hizo correr como una liebre.

Es muy tío ese guarda.

Lo es.

(RÍEN)

Los camioneros - Quince toneladas de madera y una mujer

23 nov 2020

Paco y su compañero, Lorenzo, transportan madera para un camino de montaña, cuando le pide ayuda una mujer, a punto de dar a luz. La recogen, y prosiguen el viaje, pero el camión queda atrapado. El camionero baja al pueblo a buscar el médico, mientras su compañero ayuda a la embarazada.

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