Los bastardos de Pizzofalcone La 2

Los bastardos de Pizzofalcone

Jueves a las 22.00 horas

El inspector Giuseppe Lojacono, acusado falsamente de pasarle información a la mafia, es transferido al destacamento del barrio napolitano de Pizzofalcone, a la armada Brancaleone, integrada por policías relegados o castigados por distintos motivos.

Lojacono es un solitario que rehuye al compromiso amoroso y tiene problemas para acercarse a su hija adolescente. Una de sus compañeras oculta su homosexualidad y otra tiene un hijo con autismo; un teniente tiene un matrimonio problemático, salpicado con episodios de violencia de género, mientras que el jefe de todos ellos es un viudo que no puede superar la muerte de su esposa.

La serie está basada en la saga de ocho novelas de Maurizio De Giovanni, que supervisó los guiones, y está protagonizada por Alessandro Gassman, Alberto Angrisano, Massimiliano Gallo y Carolina Crescentini.

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No recomendado para menores de 7 años Los bastardos de Pizzofalcone - Capítulo 1: Los bastardos - ver ahora
Transcripción completa

"LOS BASTARDOS DE PIZZOFALCONE"

(Abbonato BSO "Los Bastardos")

(Claxon)

(Claxon)

(Claxon)

(Claxon)

(Cláxones)

(Claxon)

(Claxon)

(Gritos)

(Sirena)

¡Lojacono!

Cierra la puerta.

Eso es.

Lojacono, tengo novedades.

Vas a irte a crear problemas a otra parte.

Te he trasladado de comisaría.

¿Y sabes a dónde te mando?

A Pizzofalcone.

¿Habrás oído hablar de Pizzofalcone?

No.

Pizzofalcone es la cloaca de las comisarías.

Pero te sentirás como en casa. Estoy seguro.

Te divertirás.

Seguro que más que aquí.

(Música de tensión)

"LOS BASTARDOS"

Buenos días.

¿Qué quiere?

Inspector Lojacono. Busco al subjefe Palma.

Mire por allá.

¿Tú quién eres?

Guida. ¿Por qué?

¿No serás sor Guida? Quiero nombre, apellido y cargo.

Y que te pongas de pie para decírmelo.

Agente Giovanni Guida. Comisaría de Pizzofalcone.

Giovanni Guida,

¿sabes que eres lo primero que ve cualquier persona que entra aquí?

Sí.

¿Te parece que estás presentable?

¿Un policía se puede descuidar así? Yo creo que no.

¿Verdad?

Guarda eso. ¿Dónde encuentro a Palma?

Al fondo a la derecha.

Ponte bien la chaqueta.

Y la corbata.

¿Subjefe Palma? Sí.

Inspector Lojacono. Ah.

Bienvenido.

Gracias. Ven.

Voy a presentarte a los demás.

Equipo.

A ver, os presento al inspector Giuseppe Lojacono.

El que faltaba por llegar. Buenos días.

Hola.

Ella es la superintendente Ottavia Calabrese.

Forma parte de la anterior plantilla y nos ayudará a aterrizar.

Él es el sustituto del comisario, Giorgio Pisanelli.

Él también estaba ya en Pizzofalcone.

Es la memoria histórica del barrio.

Bienvenido, colega. Gracias.

Aparte de Ottavia y Pisanelli,

todos nuevos menos yo. Alexandra Di Nardo, agente auxiliar

¿Qué hay?

Marco Aragona, agente electo.

¿Por quién? No lo sé.

Electo porque soy bueno. Ya.

Y luego tenemos a Francesco Romano que es jefe adjunto.

Bueno, ahora que nos conocemos todos podemos hablar.

Como sabéis hay previsión de recortes.

¿Hay qué? Previsión de recortes.

Hay que recortar, ahorrar.

Con la reputación de Pizzofalcone somos los primeros.

¿Entonces es seguro?

Sí. Se cierra el 31 de diciembre, en unos meses.

¿Para entonces qué pintamos aquí?

Tenemos que finiquitar todo el papeleo

y las investigaciones que aún están pendientes.

¿Y punto?

Y luego haremos tareas administrativas,

delitos sin importancia, denuncias y poco más.

¿Y qué ocurre si pasa algo grave?

Que llamen a Jefatura

porque no nos competen los delitos importantes. ¿Estamos?

Pero el barrio quedará desatendido.

A mí no me mires. Yo estoy aquí de paso, como vosotros.

Lojacono, aquella de allí es tu mesa.

Gracias.

Ah, ha llegado el café.

Nos lo tomaremos en la terraza.

¿Y qué ha pasado con los Bastardos?

¿Están en la cárcel?

¿Dónde quieres que estén?

Están esperando el juicio.

Aún no me explico cómo no os disteis cuenta de nada.

Porque los Bastardos se hacían pasar por amigos nuestros.

Menudas amistades.

Tampoco metáis el dedo en la llaga. Hemos sido...

¿Cómo diría yo? Ingenuos.

¿Por qué los llamáis Bastardos?

¿Qué han hecho? ¿En serio no lo sabes?

No. Serás el único en Nápoles.

¿Y?

Esa gente revendió a la Camorra toda la droga que había confiscado.

Joder.

Vaya mierda de pared.

¿Y?

¿Qué quieres que hagamos?

Tenga. Hasta luego.

(Abbonato BSO "Los Bastardos")

"Este es el contestador automático del número...".

Hola.

Hola. ¿Tienes mi mesita?

Como siempre.

¿Y bien? ¿Qué tal el primer día?

Te habrán contado lo que pasó en Pizzofalcone.

Claro que sí y menudo marrón.

Eran muy conocidos en el barrio.

Ha sido una sorpresa.

Tendréis que hacer entender a la gente

que no tenéis que ver con ellos.

Cerramos en diciembre.

Vamos a archivar la documentación vieja.

Giuseppe. ¿Qué?

Deberías airearte un poco,

quedar con gente, dar algún que otro paseo por la playa.

Demasiado ruido.

Qué sabrás, si no sales de casa.

Solo por la noche si vienes aquí a verme.

Bueno, hoy he venido a comer. ¿No te alegras?

Claro que me alegro. Bien.

Ojalá te enamoraras de esta ciudad.

Soy un tío complicado. No me enamoro tan fácilmente.

Ya, está clarísimo.

(Música animada)

Lojacono. ¿Qué?

He leído los informes de los que están aquí.

¿Te interesa?

No.

A ver, prácticamente todos la han liado parda. Todos.

Romano por ejemplo, el que parece Hulk supercabreado.

Estuvo a punto de estrangular a un sospechoso.

Cuando se le va la mano es muy peligroso.

¡Uh! Y ahí está Juana Calamidad.

Con esa cara de santa que tiene le apasionan las armas.

Una vez se le escapó un disparo por error

y casi deja seco a su jefe.

Y aparte están Pisanelli y Ottavia,

que siempre han estado aquí y aquí se han quedado.

Pero están limpios.

Aunque Pisanelli me da la sensación de que no rige muy bien.

Está obcecado con que alguno de los suicidios

que ha habido en el barrio en realidad son homicidios.

Yo creo que tiene demencia senil.

¿No tienes nada que hacer?

¿Te parece poco esto?

El único informe que falta es el tuyo.

Algo habrás hecho.

¿En serio quieres saber lo que he hecho?

Sí.

Dicen que filtré información a la mafia.

Vaya...

¿Y es verdad?

No. Ah.

(Teléfono)

(Teléfono)

(Teléfono)

Comisaría de Pizzofalcone.

En camino.

Un homicidio en Santa Lucía. Voy yo.

Los homicidios no nos competen, solo tareas administrativas.

¿No has oído a Palma? Ha dicho que...

Nos llaman por un homicidio y voy.

Soy policía hasta que se demuestre lo contrario.

¿Pisanelli? Tiene razón.

Bueno, yo también soy policía. Le acompaño.

(Música de tensión)

Tío, conduces como un loco.

Locos nosotros por lo que hacemos.

Nos caerá una así de gorda. Ya verás.

¿Tú qué has hecho

para que te enviaran a Pizzofalcone?

¿A cuántos has atropellado?

Te juro que a ni uno.

Todavía tengo todos los puntos del carné.

Bueno, algo habrás hecho, ¿no?

Digamos que hay alguna voz envidiosa que dice que...

soy un enchufado, pero no es cierto.

Oye, por favor, con cuidado.

Conmigo estás a salvo. La gente me conoce como Nicky Lauda.

¿Y tú qué?

Te llaman el Chico, vienes de Sicilia y pareces de Roma.

¿Cómo se come eso?

Como no soy un enchufado... Ya.

...en cuanto me licencié

me enviaron a la jefatura de Agrillento

y no me moví de allí.

Además, mi padre es siciliano y lo de Chino salta a la vista.

Por favor, te lo ruego. Por favor.

¿Cuánto falta? Dos minutos y llegamos.

Estás en buenas manos, Lojacono. No estoy tan seguro.

Buenos días, comisario. Inspector, soy inspector.

¿Y usted es? Yo soy el portero.

Me llamo Antonio, síganme.

Han llegado volando, como un rayo.

Buenos días. Buenos días.

Aquí está el ascensor.

¿Qué piso es? El cuarto.

Lojacono, ¿no subimos en ascensor?

No, por las escaleras. ¿Por qué?

Si has cometido un asesinato no sueles coger el ascensor.

Y a lo mejor con las prisas se te cae algo.

Tienes razón.

Vaya usted subiendo. Nos vemos arriba.

Muy bien.

Por favor, entren. Síganme.

(Llanto de mujer)

¿Quién encontró el cadáver?

La asistenta.

¿No la oyen?

Aún sigue llorando.

(Llanto)

Pobre mujer.

Era tan buena... Siempre sonriendo.

Venga, Maya, deja de llorar. Tranquilízate.

Ya está aquí la policía.

(Llanto)

(Llanto)

(Llanto)

(Llanto)

A ver cuéntenos cómo la has encontrado.

Señorita, por favor, intente tranquilizarse.

Y cuéntenos qué ha sucedido.

He llegado sobre las 9.

He preparado el desayuno

pero la señora no se encontraba en la habitación.

He venido aquí y...

estaba en el sueño.

Tengo mucho miedo.

¿El marido no estaba en casa?

El señor está en Sorrento por algo de trabajo.

Aún no sabe nada.

Pobre hombre.

¿Y cuándo vuelve?

Señorita, ¿podría decirnos cuándo vuelve el notario?

Vuelve hoy.

Gracias.

No entiendo por qué a ti te responde y a mí no.

Porque hay que tener tacto, por eso.

Espera aquí.

(Música dramática)

(Continúa la música)

Subjefe de Vincenzo. ¿Dónde está el cadáver?

Pues está allí.

¿Ella quién es? -Es la asistenta.

¿Ha notado si falta algo?

No, no lo sé.

Bueno, tranquila. Echad un vistazo. Registrad bien.

Acompáñelo, por favor.

Venga conmigo. -Discúlpeme,

el inspector ya ha llegado.

No, aquí no tiene que venir ningún inspector.

¿Qué estás haciendo tú aquí?

¿No habrás tocado algo?

No, he encontrado el arma del delito.

Lojacono, te he preguntado qué coño haces aquí.

Pizzofalcone no lleva homicidios.

Los homicidios son de mi competencia.

Buenos días.

Fiscal Piras.

Todo indica que ha sido un intento de robo.

No, yo no creo que se trate de un robo.

¿Pero qué dices?

La víctima lleva un brillante que vale tanto como toda la casa.

Un ladrón se lo habría llevado, ¿no?

No es la única razón que me hace pensar que no es un robo.

¿Qué le hace pensar que no?

Lojacono, hazme un favor.

No metas las narices en lo que no te compete.

Yo te lo agradezco, pero ahora estás en Pizzofalcone.

De acuerdo.

No, un momento, Lojacono. ¿Sí?

¿Por qué razón no declaro que se trate de un robo?

Yo se lo contaría de muy buen grado,

pero ya ha oído que este caso no me compete.

Que tenga un buen día.

Caballero, ya lo siento, pero la razón no la sabrá nunca.

Señora.

Venga, rápido.

Señora.

Subjefe, perdone, pero parece ser que faltan algunas piezas de plata

de una de las vitrinas.

¿Qué le había dicho?

Le has cerrado la boca a ese espabilado.

Oye, ¿cuál es la razón?

A lo mejor estaba metida en algún lío.

Por favor, estábamos esperando.

Parece que el notario ha vuelto a casa.

¿Qué habéis hecho? ¿Os habéis vuelto locos, eh?

Di Vincenzo la ha montado.

El jefe de Policía está que trina.

Soy policía y si me llaman para un homicidio voy.

No, no, no. Si el homicidio

no es de tu competencia no vas, ¿está claro?

Pero, jefe, tenía que haber visto a Di Vincenzo.

Lojacono le ha hecho quedar

como una mierda delante de la fiscal.

Menuda mujer, por cierto.

Aragona, a ti te quiero con la boca cerrada. ¿Lo pillas?

Y ahora, por favor,

se acabaron las iniciativas individuales.

(Teléfono)

Ottavia, responde. Sí.

Comisaría de Pizzofalcone.

Sí, señora.

Puede decírmelo, sí.

Ah, que ve sombras.

Comprendo, sí.

Bueno, señora, dígame su nombre...

Bien, sí.

Y la dirección también.

Ahora mismo llegamos, sí.

Una señora que se apellida Guardasone.

No veas lo que habla.

Ha dicho que... que ve cosas raras.

Sombras en el balcón que tienen enfrente.

Y que quiere que hagamos algo.

Estos son los casos de los que debemos ocuparnos.

¿Entendido, Lojacono?

De Nardo, Romano, acercaos vosotros.

Buen trabajo lo de la pared.

La dirección.

(Música suave de guitarra)

La señora Guardasone debe de estar pillada.

Al menos no ha dejado un aviso anónimo.

Es una pirada con nombre y apellido.

"¿Sí? ¿Quién es?".

Señora, somos de la Policía.

-"Suban. Quinto piso".

¿Qué es lo que no le cuadra?

Ha entrado a vivir una mujer.

¿Y? No entiendo. ¿Está prohibido?

Oiga, déjeme terminar. No se ponga nervioso.

Han secuestrado a la pobre señora.

¿Quién?

Eso deben descubrirlo ustedes.

Disculpe, señora, ¿por qué dice que está secuestrada?

Explíquese.

Porque no la he visto salir de casa.

No se ha acercado nunca a la ventana

y las cortinas están echadas.

Pero por la noche hay luz.

Y yo la veo que va de un lado a otro.

Veo su sombra y no para de moverse.

Es el número ocho del telefonillo.

Lo sé por mi asistenta.

Pero no hay un apellido, qué va.

Ah.

A ver... ¿Qué hacemos?

¿Nos acercamos a investigar a la sombra que se mueve?

Vamos.

Gracias, señora, que tenga un buen día.

Adiós.

Adiós. -Adiós.

Está pirada.

Estamos perdiendo el tiempo.

Palma dijo que lo comprobáramos y eso haremos.

"¿Quién?". -Hola, somos la Policía.

-"¿Y qué quieren?".

Solo saber si va todo bien. ¿Podemos subir?

No, no, no puedo abrir, pero está todo bien. Gracias.

Adiós.

Vale, adiós.

¿Has visto?

Si estuviera secuestrada lo habría dicho, ¿no?

¿Quién sabe? Igual tiene a alguien amenazándola.

Venga, vámonos ya.

(Música animada en italiano)

"Ante lo cual el asesor ha respondido duramente".

"Pasamos ahora a una noticia de última hora".

"Un suceso grave que ha tenido lugar en el barrio de Santa Lucia".

"La hipótesis de un intento de robo

tras el homicidio de Cecilia De Santis,

esposa de un famoso notario de Nápoles".

"El cadáver de su mujer ha aparecido en su habitación".

"Fue la asistenta quien lo encontró

y llamó inmediatamente a la Policía".

"En una primera inspección...".

"¿Diga?".

"Hola, Luca. Soy Laura".

"Querida". ¿Te pillo mal?

"No, nunca". "Siempre tan amable".

(RÍE) ¿Qué tal va todo por Agrigento?

"¿Qué quieres que te diga, Laura? Tirando".

Escucha, ¿tú conoces a un inspector de Policía

que se llama Giuseppe Lojacono?

"Peppino Lojacono, claro que lo conozco".

"Cómo no. Es un policía en toda regla".

Ajá.

"Muy intuitivo y un trabajador nato".

"Le habrá tocado las narices a alguien

y habrá acabado pagándolo caro".

"Le acusan de tener contactos con la mafia,

pero yo creo que son calumnias".

Ya.

Vale, gracias.

"No hay de qué".

A ver si llamas alguna vez.

"Lo mismo digo. Si paso por Roma te aviso".

Adiós. "Venga, adiós".

(Música dramática)

Buenos días, señora.

Buenos días, Lojacono. Gracias por venir.

Por aquí.

¿Le vale aquí? Sí.

Buenos días. Buenos días.

¿Qué le apetece tomar?

Un café. Dos.

Ahora mismo.

Yo sin azúcar. Muy bien.

¿Cuánto lleva en Nápoles?

Casi un año.

¿Y cómo es que no habíamos coincidido?

El destino, la suerte.

También es sarcástico.

Además de intolerante a las reglas como dice Di Vincenzo.

Oiga, ¿me ha hecho venir para sacarme los defectos?

Acláremelo. No.

Le he hecho venir porque tampoco me convence lo del robo

que termina en muerte.

¿Cuál era la otra razón por la que estaba convencido

de que no se trataba de un robo?

No solo me saca los defectos sino que me pide opinión

sobre una investigación que no me compete.

¿No le parece un tanto incoherente?

Escuche, de no haber llegado usted primero a casa de De Santis

a mí no se me habría ocurrido preguntarle nada.

Cierto. Sus cafés.

Gracias. De nada.

Gracias.

Adelante, dígame lo que piensa.

¿Así que lo que pienso?

Que a la señora De Santis

le golpearon en la nuca con una de sus bolas de vidrio.

El asesino dispuso de mucho tiempo para cogerla,

llegar rodeando la mesa y golpearla por la espalda.

Y resulta raro que la señora De Santis

diera la espalda al asesino.

Y la posición del cadáver no deja lugar a dudas.

Creo que lo conocía.

Un razonamiento lógico.

Se lo diré al jefe de Policía.

También tendrá que explicarle por qué se fía

de un inspector cualquiera y no de Di Vincenzo,

que se ocupa del caso.

Descuide, como titular de la investigación

soy consciente de qué debo decir y qué no.

Ya, no lo dudo.

Gracias por su colaboración.

Buenos días, Guida.

Inspector. ¿Así estoy bien?

Una mejoría notable. Enhorabuena.

Gracias. ¿Tienes los cordones atados?

¿Cómo lo sabrá?

El jefe de Policía quiere vernos esta mañana.

Y si se nos cae el pelo será con razón.

En todos los periódicos.

"Nápoles no es segura".

"Nápoles está en manos de la delincuencia".

"Homicidios y robos en Nápoles".

¡Joder, ya esto harto de toda esta mierda!

El homicidio de Di Santis

está desencadenando una tormenta por nada.

¡Por nada!

La teoría de que ha sido un robo malogrado

nos está provocando un daño enorme.

Y Di Vincenzo no dice más que chorradas.

Vamos, que no siempre acierta.

¿Conclusión?

Mi conclusión es que la fiscal Piras tiene razón.

Los ladrones no tienen nada que ver con el homicidio de Di Santis.

Laura Piras me ha dicho que es una teoría suya.

¿Es cierto, Lojacono?

Sí, estoy seguro de que la víctima conocía a su asesino.

Ya. Bueno, y yo estoy de acuerdo con usted.

Di Vincenzo es un gran gestor, pero no es muy avispado.

Sí, pero este caso no es de nuestra competencia, ¿no es así?

Desde hoy lo es.

¿Cómo?

Desde hoy quiero que Pizzofalcone se ocupe del homicidio de Di Santis.

¿Queda claro?

Lo ha decidido la fiscal Piras y yo estoy de acuerdo.

¿Y Di Vincenzo?

Di Vincenzo ahora tiene otras cosas más importantes que hacer.

¿Estamos?

¿Tiene usted alguna objeción? -No.

No tengo ninguna. Nos ocuparemos del caso, faltaría más.

Bien.

Ahora me va a perdonar,

Lojacono, pero quiero hablar a solas con el subjefe.

Por supuesto. Gracias.

A usted.

Verá, Palma.

Entre usted y yo,

la situación no es fácil, lo sé.

Y Lojacono me parece un hombre bastante despierto,

pero en cuanto al resto del equipo...

Menuda morralla. Soy consciente, sí.

Pero tranquilo.

A Vitelo le queda poco para jubilarse.

Y usted es el único capacitado para sustituirlo.

Así que solo es cuestión de unos meses.

En cuanto se cierre Pizzofalcone

usted tendrá un buen futuro asegurado.

¿Así que has hablado con Piras? Sí, pero me citó ella.

¿La conoces?

Sí, es un hueso.

¿Qué le has dicho para convencerla?

Mi teoría sobre el caso de Di Santis.

Ya tienes que ser bueno para quitarle un caso a Di Vincenzo.

Lojacono, ¿se puede saber qué has hecho en Agrigento?

He leído el informe, pero quiero tu versión.

Un confidente de la fiscalía

aseguró que yo informaba a la mafia.

Y que facilité la huida de Carmine Parisi

antes de que lo detuvieran.

Pero tú no lo hiciste, ¿verdad?

No, no lo hice.

¿Y cómo que ese confidente te acusó?

¿Quería vengarse, tenderte una trampa?

No lo sé.

¿Pero lo conocías? Sí, lo conocía.

Se llama Lo Monaco y era el dueño de la gasolinera donde repostaba.

Igual me tenía cruzado.

Comprensible.

Gracias. De nada.

Madre mía, esas bolas dan miedito.

Las hay de todo el mundo. Tokio, Estambul, Nueva York...

La señora viajaba mucho.

No, no creo que haya comprado ni una sola.

¿Por qué?

Porque he leído en el informe que se las regalaban.

Ah.

Lojacono, a mí me agobian. Voy a buscar pruebas por ahí.

Como quieras.

La primera se la había regalado el marido.

Supongo que es esa.

La puso en un pedestal.

¿Quién sabe?

Quizá también puso a su marido en un pedestal y no se lo merecía.

Amar demasiado siempre es un error.

¿Lo dice por experiencia?

Estamos hablando del caso, no de mí.

Experiencia profesional, faltaría más.

Veamos.

Según el informe del forense

la mataron entre las 20 y las 24 horas.

Llevaba una bata cuando le abrió la puerta a su asesino.

Y digo yo,

a esa hora solo abres en bata a quien conoces.

¿Un amante?

No, no creo, porque la bata que llevaba era, digamos,

de andar por casa.

No la bata que te pones para esperar a tu amante.

¿O no?

No. Eso es.

(Vibración de móvil)

Perdone.

¿Sí, Palma? Dime.

Ahora vamos. Sí.

Perdone, señora fiscal, pero...

tenemos que volver a la comisaría. Hasta pronto.

Aragona, nos vamos.

¿Os parece que se lo demos al lelo de Di Vincenzo?

Sería un puntazo.

¿Dónde lo habéis encontrado?

Detrás de la casa del notario, en un cubo de basura.

Cosa de Pisanelli.

Bravo, has despertado.

Estoy muy despierto, Aragona.

Y también lo están mis amigos del barrio.

De hecho esto lo vio uno de ellos y me avisó.

La importancia de las relaciones humanas.

Aprende, chavalín.

Yo también tengo relaciones humanas,

solo que las mías son mejores.

Aragona, ¿tú nunca te cansas de decir chorradas?

¿Yo? Escuchadme,

ya sé que es tarde pero tenemos que hacer balance de la situación.

Si estáis de acuerdo nos quedamos un rato más.

Por supuesto. -Gracias.

Sí.

A ver, chicos, vamos a empezar.

Loja, ¿tú qué dices?

Esos objetos valdrán varios cientos de euros.

Pero en la casa había cosas que valían diez veces más.

Y encima luego los tiraron. Exacto.

Esta es mi teoría.

El ladrón quiso dar entender que era un robo.

Pero el homicidio no fue premeditado, sino pasional.

El asesino cogió lo primero que encontró, la bola de nieve.

Qué mala suerte.

Alex, ¿tú qué dices?

El marido estaba de viaje, a lo mejor volvió antes.

Creo que el notario tiene fama de donjuán.

Buenos días.

Buenos días.

Por favor, síganme.

(Teléfono)

¿Diga?

Lo siento, pero el notario no está. -La sala del fondo.

-Puede dejarme un mensaje.

Buenos días. Buenos días.

Está destrozado.

Por favor, no lo alteren.

Ni que fuéramos animales.

Señor, está aquí la Policía.

Con permiso.

Inspector Lojacono, encantado.

Agente Marco Aragona. Un placer.

Díganme, ¿en qué más les puedo ayudar?

Queremos hacerle unas preguntas. No nos llevará mucho tiempo.

Ya se lo he contado todo al subjefe Di Vincenzo.

No tengo más que añadir.

Eso lo decidiremos nosotros.

Di Vincenzo ya no lleva el caso sino nosotros.

Y querríamos conocer los detalles.

Siéntense. Gracias.

Veamos.

Según su declaración el domingo

se encontraba en Sorrento por trabajo, ¿cierto?

Así es.

¿Cómo se llama su cliente?

Fui... fui por un testamento.

Algo confidencial.

Queremos encontrar al asesino de su mujer.

Y supongo que usted también.

No hay cosa que más quiera.

Pues cuéntenoslo todo.

Muy bien.

Estaba en Sorrento, pero no por trabajo.

Estaba con una mujer, pero no diré su nombre.

Supongo que no es delito tener una relación extraconyugal.

No.

Sí lo es mentir.

A ella le mentía para que no sufriera.

Yo tenía una aventura pero a la vez me sentía culpable.

¿Quién cree usted que pudo matar a su esposa?

De tener una idea, la más mínima,

se lo diría, se lo juro.

Pero Cecilia

era la mujer más buena que jamás he conocido.

Todo el mundo la quería, en serio.

¿El portátil es suyo?

Sí.

El de trabajo ya se encargó de llevárselo Di Vincenzo.

Tenemos que llevarnos ese.

Y ahora vamos a hablar con sus empleados.

Claro.

Pase, póngase cómodo. Gracias.

Señor De Lucia, ¿qué nos cuenta de la señora De Santis?

¿Qué puedo decir...?

Que todo el mundo quería mucho a la señora.

He sido el chófer del notario 20 años.

Y luego he pasado a trabajar en su despacho y aquí...

hago un poco de todo.

Un cargo de confianza. Entiendo.

Hace unos años el notario me pidió

que fuera el chófer de la señora Cecilia.

Era una persona excelente, una santa.

Yo la conocía bien y...

lo dicho, era una santa.

-Yo he sido la última en llegar.

No sé nada y solo me ocupo de mis cosas.

A la mujer del notario solo la veía alguna vez,

cuando venía aquí a recogerlo.

No era muy a menudo.

Pero recuerdo que en una ocasión el notario se enfadó con ella.

Aunque supongo que tendría más razones para pelearse.

Porque uno no se enfada porque tu mujer se pase a buscarte.

Es una cortesía.

¿No?

¿Y qué razones?

No, ninguna, lo decía por decir.

¿Eran una pareja feliz?

¿Que si el notario quería a su mujer?

Ajá.

La adoraba. Ella era todo para él.

Era toda su vida.

Era su vida y por eso no le era fiel, ¿verdad?

¿Qué quiere usted decir?

Traición, cuernos... ¿Nada?

Yo no sé nada.

Además es la vida privada del notario.

Solo puedo decir

que fui la primera empleada de esta notaría.

Y que conmigo siempre se ha portado muy bien.

Pero un hombre es un hombre.

Y el notario lo es.

¿Es que hay algún problema?

Marina.

Baja un momento.

¿De verdad que lo que has dicho ha sido por decir?

¿Quieres saber mi opinión personal? Sí.

El notario es un poco donjuán.

No me preguntes con quién porque no lo sé.

Marina...

¿Seguro que no lo sabes?

No.

Bueno...

Este es mi teléfono para lo que necesites.

Quiero llegar hasta el final de esto.

¿Hasta qué final? Si al final no hay nada.

Son imaginaciones de la Guardasone.

Ya, pero con la orden de registro tiene que dejarnos entrar.

"¿Sí?".

Hola, somos Romano y Di Nardo de la Policía.

Traemos una orden...

(Timbre)

Buenos días. -Buenos días.

Adelante, pueden pasar. -Gracias.

Tranquila, señorita, solo es una visita rutinaria.

Su documentación, por favor.

(CARRASPEA)

Buenos días. ¿En qué puedo ayudarles?

Arquitecto Germano Brasco.

Soy el propietario de esta vivienda.

Por favor, siéntense.

Gracias. -De nada.

Verá, solo hemos venido porque... -Discúlpenme.

Nunzia, ¿puedes prepararles un café? Gracias.

Díganme. Estoy a su entera disposición.

¿Qué delitos hemos cometido?

Pues verá, hemos recibido un aviso.

Parece ser que hay algo extraño en esta casa.

¿Y qué es? -Esa chica.

¿Qué? -Nunca sale de casa.

¿Y qué? ¿Está prohibido?

Señor, ¿vive usted aquí?

No, yo vivo en Posilopo.

Aquí hay demasiado ruido.

Oh.

Nunzia es hija de un buen amigo mío.

Quería pasar un tiempo a solas y le he dejado este piso.

Tengo todos desocupados.

Nunzia, ¿no quiere sentarse?

¿A qué se dedica? ¿Trabaja, estudia...?

Ni lo uno ni lo otro.

Está pensando en apuntarse a un curso de estética.

¿Puede dejar que hable ella? No parece que sea muda, ¿no?

¿Me da su documentación?

Creo que están exagerando.

Miren todo lo que quieran.

La chica no es menor de edad.

Con la de criminales que hay sueltos

vienen aquí a perder el tiempo y hacérmelo perder a mí.

Conozco a mucha gente importante... -¿Ah, sí?

¿Conoce usted a mucha gente importante?

¿Y sus amigos saben que tiene aquí escondida a una joven?

Yo no estoy escondiendo nada.

Romano, vámonos. Ya volveremos a ver al caballero.

(Música suave de piano)

Lojacono, he visto que me ha llamado.

Oh, fiscal, buenas noches.

¿Alguna novedad?

Sí, hay una novedad.

El notario ha admitido que no fue

a Sorrento por trabajo, sino para verse con una mujer.

Pero no ha querido darnos su nombre.

Bueno, es una novedad interesante.

Yo creo que sí.

Téngame al tanto. "De acuerdo".

Hasta pronto, fiscal.

Hasta pronto, Lojacono.

Perdona, era la fiscal que lleva el caso.

Laura Piras, ¿verdad? Sí.

Lo sé por la radio. ¿Es que la conoces?

Solo de oídas. Ah.

La he visto en la prensa.

Y por aquí pasa mucha gente.

Y se oye de todo. ¿Y qué se dice de ella?

Que es muy seria. Ya.

Que sabe lo que se hace. Sí.

Y que es guapísima.

Es guapísima, sí.

Algo estirada. También es reservada y muy recta.

Estupenda, ¿no?

No estarás celosa, ¿no?

¿Por qué habría de estarlo?

¿Tú y yo tenemos algo?

No. No. ¿Entonces?

¿Alguien ha dicho algo? No. Bien.

Come anda. Como.

Está rico.

(Música animada)

Hola, Marina.

Qué rápido. Sí.

Yo le doy zapatilla.

Me alegra que me hayas llamado.

No podía hablar ayer. Ya.

Hay mucho secretismo en esa notaría.

No hay que morder la mano que te da de comer.

Pero a mí la pobre señora, aunque la conocía poco,

me caía bien. Claro.

Y me daba pena que su marido fuera tan mujeriego.

¿Y entonces tú...

sabes cómo se llama la amante del notario?

Claro que lo sé.

Jolanda Russo. 30 años.

Contable y asesora sin escrúpulos.

Experta en relaciones bancarias.

Conoció al notario hace un año,

durante la compra venta de unos inmuebles.

Perdón. Admitiréis que gracias a mí hemos avanzado mucho.

Aragona, ya te hemos felicitado.

Ahora no interrumpas a Ottavia. Vale, sigue.

Ottavia, continúa. Gracias.

Russo nunca ha estado casada,

pero ha tenido varias relaciones. Es habitual en la crónica social.

Se comenta que ha hecho perder la cabeza a muchos hombres.

Incluidos un político famoso y un actor.

Menos mal que lees revistas de cotilleos, ¿verdad?

Aragona, los cotilleos son importantes.

Te descubren muchos secretos.

Tiene razón Ottavia. Como siempre.

Lojacono, ¿tú qué dices de esta señora?

Me parece que nos toca hacer

otra visita a nuestro amigo el notario.

Aragona.

Notario, buenos días.

¿Otra vez?

Cuando asesinan a la mujer de uno es normal que lo interroguen.

Siéntense. Gracias.

Créanme, les he dicho todo lo que sabía.

Qué va. El nombre de su amante no nos lo ha dicho,

pero lo hemos descubierto.

Tampoco era algo tan difícil.

Estoy viéndome con Jolanda desde hace un año.

¿Y lo sabía su mujer?

Lo sospechaba.

Pero Jolanda no es mi amante,

es la mujer de la que me enamoré hace un año.

Mal asunto, sobre todo si se está casado.

Le pasa a mucha gente, ¿sabe?

Volvamos a Sorrento.

¿Alguien puede atestiguar que estuvieron ustedes juntos?

Lojacono...

No, no nos vio nadie.

Jolanda Russo. ¿Qué tal? Hola.

¿Fueron a un hotel?

Fuimos al chalé de un amigo.

Nos quedamos allí sin salir durante dos días.

Es lo que solemos hacer cuando vamos a Sorrento.

¿Y no salieron ni para un café?

¿Ni para comprar el periódico?

Ni un café en el bar, ni un periódico.

Pero a pesar de eso no matamos a Cecilia.

De haberlo hecho tendríamos una coartada preparada.

¿No les parece?

Si el homicidio no hubiera sido premeditado, no.

Estamos diciendo la verdad.

Por eso estamos tranquilos.

Que aproveche.

Siento las molestias.

Ten tacto.

Buenas tardes. -Buenas tardes.

¿Es usted la madre de Nunzia Escarlati?

¿Por qué? ¿Qué coño les importa?

Señora, somos de la Policía, así que cuide sus palabras.

Entren.

No les puedo ofrecer asiento,

porque estamos de mudanza.

¿Está prohibido?

¿A dónde se van, señora?

A una casa en Corso Vitorio Emmanuelle.

¿De alquiler?

Los Euromillones no me han tocado. -Yo pregunto.

¿De quién es esta casa?

De la empresa Brasco. -Ah.

¿Está prohibido vivir en casas de esa empresa?

¿La empresa Brasco ha hecho algo malo?

¿Quiénes son?

Mis hijos.

¿Y vosotros a qué os dedicáis? -Albañiles.

¿Para la empresa Brasco? -Sí.

¿Está prohibido trabajar para la empresa Brasco?

No.

Vender a la hermana sí lo está.

¡No hemos vendido a nadie! -¿Tú de qué vas?

¡Eh!

¡Apártese! -¿Pero a qué habéis venido?

Yo que tú no lo haría. -Déjalo.

Vale ya. He dicho que se aparte.

¿Te vas a calmar? -Cielo, tranquilo.

Tranquilo. Para, para ya.

Romano, vámonos.

Vámonos.

No me ha hecho nada.

Romano dice que no podemos hacer nada más.

Es verdad, la chica es mayor de edad y no hay indicio de delito.

Pero tú no estás de acuerdo.

Yo creo que detrás de todo eso hay algo turbio.

¿En qué delito estás pensando?

Pues por ejemplo explotación de personas vulnerables

o inducción a la prostitución.

Pero por lo que me acabas de contar

la chica no parece que sea prostituta.

¿Y si fuera a verla yo sola, sin Romano?

A lo mejor conmigo quiere hablar.

Me parece bien.

Ah, eh...

Otra cosa.

Prefiero no seguir trabajando con Romano,

se ceba con los sospechosos.

Lo sé, Alex, y...

por eso te he puesto con él, tienes que controlarle.

Y eres la única que lo soporta.

¿Vale?

Gracias.

(Música dramática)

Buenos días. Hola, Ottavia. Hola.

¿Novedades sobre los amantes? Me temo que aún no.

¿Sigues con esto Pisanelli?

La gente se suicida, acéptalo.

Estos no, no se han suicidado.

Me juego mis 40 años de carrera.

¿Qué pasa, ha habido uno más? Sí.

Minutolo.

Se ha tragado 40 pastillas

y ha dejado una nota diciendo: "Perdonadme".

¿Y qué debía decir?

No se trata de lo que ha escrito.

Es porque se ha matado con las mismas pastillas

con las que se mató un tal Barrialle hace un año.

Eso es que funcionan.

¿Habéis oído?

Pero, ¿un policía puede decir esas cosas?

Ya sabes cómo es.

Está de coña, Pisanelli.

Con según qué cosas no se bromea, ¿no os parece?

Tranqui. Tranqui, tranqui.

"¿Quién es?".

Ah... Hola, soy Alex Di Nardo, la policía del otro día.

"Ah".

Vengo sola, sin mi compañero, me gustaría hablar.

¿Estás con el arquitecto o no me respondes

porque te tiene secuestrada?

(Pitido)

Pasa. Siéntate.

Hola. -Hola.

¿Quieres?

Están muy ricas, pican un poco.

No, no, gracias.

Por favor, cuéntame qué está pasando.

Si Brasco te obliga a hacer cosas que no quieres yo te puedo ayudar.

¿Cosas que no quiero?

Para nada. Aquí estoy de maravilla.

¿Te gusta estar encerrada aquí?

Sí. ¿Tan raro te parece?

Tengo la nevera llena, un televisor grande,

música, vestidos.

Y ha regalado muchas cosas a mi familia.

El viene aquí y... -Efectivamente.

Está loco por mí.

La primera vez que me vio en el bajo

le pidió permiso a mi padre para llevarme un finde a Amalfi.

Yo nunca había estado en un hotel de cinco estrellas.

Ya, yo entiendo lo del lujo, pero...

¿Todas las cosas que estás obligada a hacer con él?

Bueno, se tarda poco en hacer lo que hay que hacer.

Qué más me da.

Es un viejo.

Es cuestión de tiempo.

Conseguiré que ponga la casa a mi nombre

y le pediré que me abra una cuenta con un poco de dinero.

Es lo que me ha aconsejado mi madre.

¿Y tú estás segura de que lo hará?

Sé que haría cualquier cosa que le pidiera.

Consigo cuando quiera su firma.

Se vuelve loco cuando me ve desnuda.

Tú eres una mujer, dime la verdad.

¿Qué te parezco?

Tengo que irme.

Espera.

Ven a verme algún día. Él solo viene por la mañana.

Estoy sola por las tardes.

Podrías traerme una pizza. Me vuelven loca.

Has errado muchos disparos.

¿Problemas en el trabajo?

No, todo en orden.

Vamos.

Bueno, Lojacono, yo casi he llegado.

Ah.

¿Vives solo?

Es que vivo en un hotel.

¿No te sale caro? No es un hotel,

es una pensión humilde, muy económica.

Es aquella, la pensión Mafalda.

Muy bien. Hasta mañana.

Hasta mañana. Que descanses.

Adiós.

Soy yo, cariño.

Me preparo un té y voy.

(Música clásica suave)

El asesino se ha cargado a otro.

¿Lo sabías?

¿Suicidios?

Los llaman suicidios. Imbéciles.

Estoy seguro de que es uno

que va matando a gente que tiene depresión.

Ahora hasta Aragona me toma el pelo.

Pero yo no estoy loco.

Me faltan las pruebas.

Pero las encontraré, amor.

Las encontraré.

"Pisanelli, está loco". Ya.

Solo Lojacono piensa que igual tengo razón.

Es el siciliano del que te he hablado, ¿recuerdas?

Ese tío tiene buen olfato.

Cariño, cuánto te he echado de menos.

(Música dramática)

(Vibración de móvil)

(Vibración)

(Vibración)

Sonia. "Hola".

Te he llamado mil veces. ¿Cómo estás?

"¿Cómo estoy? En general bien".

¿Y Marinella? ¿Cómo está Marinella? "Bien".

También la he estado llamando varias veces.

Pero no me lo coge, no quiere hablar.

"Si no te lo coge no es culpa mía".

"Quería decirte que no ha llegado la transferencia".

Ya.

"Hay recibos que pagar".

"Me van a pasar la cuota de la nevera

y no ha venido el fontanero

a cambiar el desagüe de la lavadora".

No sé, he estado muy liado. Mañana me ocupo.

"Vale, es lo que tienes que hacer. Vale. Adiós".

Dile a Marinella que me llame. Por fa...

(Música dramática)

(Música suave de piano)

Por fin nos vemos, Leonardo.

¡Hombre!

¿Qué tal, Pisanelli? -Bien, ¿y tú?

No nos vemos desde hace un mes.

Vamos a tomar el aire.

Sí, y me cuentas. -Qué gusto.

Cuánta paz.

Estás contento, ¿no? -Desde luego.

El equipo no es que sea el mejor,

pero ahora hay un siciliano que es muy espabilado.

Teniendo en cuenta lo que ha pasado no me quejo.

Y tú, ¿cómo estás?

Yo llevo la vida de siempre.

La vida de un pobre fraile.

Un pobre fraile, en este paraíso.

Qué va, Giorgio, yo siempre estoy a pie de calle,

entre las miserias humanas.

No sabes la desesperación que veo a diario.

Lo sé. Lo sé.

La gente ya no puede más.

Está sola, sin dinero, y el asesino se aprovecha.

Ya está bien, Giorgio.

Sigues obsesionado con lo del asesino.

No es una obsesión.

Hace poco ha matado a otro.

Deja en paz a esa pobre gente que ha decidido morir.

Gente a la que han matado, dirás.

Bueno, cambiemos de tema.

¿Estáis trabajando en algún caso?

La mujer del notario Fusco.

Homicidio.

No es un caso sencillo.

Bueno, si no es un caso sencillo céntrate en él.

Las obsesiones no son buenas a tu edad.

¿Por qué? ¿Qué pasa con mi edad? -Nada.

A todo esto, ¿qué tal la salud? ¿Te estás cuidando?

Muy bien.

Todo controlado.

Esto es un verdadero paraíso, ¿eh?

Creo que la jefa de la Científica está buena.

¿Eso nos ayuda en la investigación?

A mí sí.

(Llaman a la puerta)

Adelante. Con permiso.

Buenos días. Buenos días.

Inspector Lojacono. Un placer. Rosaria Martone.

Agente Marco Aragona, encantado.

Tengo algo para ustedes.

Ha llegado de la oficina de pruebas. Gracias.

Hemos acabado el análisis

y en el arma del delito solo había huellas de la señora De Santis.

En la cubertería ninguna huella.

Así que el asesino usó guantes.

Raro, porque pensé que reaccionó impulsivamente.

¿Y qué había en la otra bola? Solo huellas de la víctima.

¿Y no había huellas de la asistenta?

En la declaración que tomó Di Vincenzo a la asistenta

se recoge que la señora De Santis

limpiaba personalmente su colección

y que no se la dejaba tocar a nadie.

¿Algo más?

No se impaciente, inspector. Perdone.

Hemos terminado de analizar el ordenador del notario Fusco.

Y en el ordenador de su notaría

hemos encontrado el correo con la reserva

de un vuelo en primera clase a Micronesia.

¿Fecha de salida?

18 de septiembre.

Cuatro días después del delito.

Quería largarse a Micronesia con la amante.

No, la reserva estaba a nombre del notario y de su esposa,

Cecilia De Santis.

Pero era posible cambiar el nombre de uno de los dos pasajeros.

Además en el portátil de Fusco hemos encontrado otro correo.

Es la novedad más interesante.

Un correo que le envió el notario a la mujer

y que luego borró de la carpeta de mensajes enviados.

Pero hemos conseguido recuperarlo.

¿Y qué decía? Lea.

"Cecilia, amiga mía,

como sabes utilizo este medio para decirte las cosas difíciles".

"Y esta lo es".

"Y es que me he enamorado de otra mujer".

"Es algo que no me había pasado en las tontas aventuras anteriores

y este fuerte sentimiento me impide mentir".

"Así que, con todo el dolor de mi alma

te pido libertad, el divorcio".

"No puedo vivir contigo y amar a otra mujer,

te humillaría".

Basta. Basta, por favor. Pare.

Sí, es verdad, le envié ese correo a mi mujer.

¿Y por qué después lo borró?

Lo siento, no sé por qué lo borré.

Lo escribí poco antes de salir hacia Sorrento con Jolanda.

¿Y su mujer le respondió? No.

Quizá porque no tuvo tiempo.

¿Y el viaje a Micronesia?

¿Con quién iba a ir, con su mujer o con su amante?

Dejémonos de tonterías.

Les aseguro que yo nunca hice esa reserva.

Pero existe, a su nombre y al de Cecilia,

con la opción de cambiar a un pasajero.

Señorita Rea, ¿puede venir con el personal? Gracias.

A Micronesia

fuimos Cecilia y yo de viaje de luna de miel.

Y quizá ella habría querido volver.

Pero dadas las circunstancias que vivíamos yo no habría ido.

Perdone, pero...

¿cree que habría sido tan insensato como para haberme ido con Jolanda?

Díganos, señor.

¿Alguno de ustedes ha hecho una reserva

para un viaje a Micronesia a mi nombre

o se lo ha pedido mi mujer?

Por Dios, señor, faltaría más.

¿Cómo íbamos a hacer eso sin informarle antes?

Gracias.

Cualquiera podría haber hecho una reserva del vuelo a mi nombre.

Las reservas de los vuelos se pagan.

¿Quién pagó esos billetes en primera clase?

Le aseguro que yo no.

¿Puede comprobar quién realizó el pago? Así nos quitamos la duda.

Claro.

Parece que los vuelos se pagaron

con la tarjeta de crédito de mi notaría,

con mi dinero.

¿Cómo es posible?

¿Quién más conoce sus contraseñas?

Solo yo, pero...

no es complicado, es el nombre de mi mujer, Cecilia.

Alex, toma un poco de caldo. Te ayudará a dormir.

Te sentará bien.

¿Cuándo nos vas a presentar a tu novio el romano?

¿Cómo se llamaba?

Ernesto. -¡Ah!

Ernesto.

¿Y cuándo nos lo vas a presentar?

Cuando sea posible.

"El teléfono al que llama

no se encuentra operativo en este momento".

Hola, Francesco.

¿Todo bien?

Te he estado llamando.

Tenías el teléfono apagado. ¿Dónde has estado?

He estado en casa de mis padres.

¿Entonces por qué tenías apagado el puto móvil?

¿Eh?

No lo tenía apagado. Igual estaba en el ascensor y no había cobertura.

Por favor, no grites que me duele la cabeza.

Será posible que no entiendas que te necesito

cuando vuelvo del trabajo.

¿Eh? ¿No entiendes que tu familia soy yo?

No, porque tu familia son tu padre y tu madre. ¡Joder!

¿Te has hecho daño? Y voy a ponerte un poco de hielo.

Espera.

Perdóname.

Perdona.

Solo Dios sabe cuánto te quiero.

Te quiero.

¿Tú me quieres?

(Música de tensión)

Esta hace siempre el mismo recorrido.

Casa, oficina, notaría. Notaría, oficina, casa.

Ya estoy harto.

La primera cualidad que debe tener un policía es la paciencia.

Esa no la tengo, otras sí. Ya, pero muy escondidas.

(Música dramática)

Qué pedazo de mujer.

Clínica Mater Dei.

Es donde vienen a parir las sanguijuelas.

¿En cristiano?

Las de la alta burguesía napolitana.

Sospechaba que estaba embarazada.

¿Por qué lo sospechabas?

Porque pude ver cómo le cambiaba la cara en cuanto olió el café.

¿Cómo? Les pasa a las embarazadas.

Yo espero no comprobarlo.

Le pasó a mi mujer en el embarazo de nuestra hija.

¿Estás casado y tienes una hija?

¿Tú qué crees? Tampoco soy el primero.

¿Cuántos años tiene tu hija? Eso no te importa.

Vale.

Ya sale.

Buenos días, señora.

Buenos días. Inspector.

¿Qué es lo que quieren?

Hablar. Será un momento.

Muy bien.

Por favor. Acompáñenos.

Es verdad, espero un hijo de Arturo.

Está muy ilusionado. Siempre lo había querido, pero...

Cecilia nunca se lo pudo dar.

¿Sabía que el señor Fusco

le había pedido el divorcio a su mujer?

Claro.

Llevaba mucho queriendo hacerlo,

pero solo dio el paso cuando empezó lo nuestro.

¿Le había contado a su mujer lo del embarazo?

No. Eso no.

Y sé que le carcomía porque sabía que Cecilia

habría sufrido muchísimo por eso.

Mire, Arturo es un buen hombre.

Y él quería mucho a su mujer.

Pero me conoció, se enamoró y sintió que renacía.

Ocurre a menudo, ¿entiende?

Y las mujeres sobreviven.

¿Para celebrar el renacer decidieron irse a Micronesia?

¿Pero qué dice?

Arturo me ha comentado lo de Micronesia, pero es absurdo.

No subo a un avión ni para ir a Roma, menos a Micronesia.

¿Y por qué?

Me dan miedo.

Hace diez años cayó un rayo en un avión en el que viajaba y...

ya no he vuelto a volar.

Es niño, ¿sabe?

Lo que quería Arturo.

Inspector, este niño es la única razón de mi vida.

Todo lo demás me da igual.

Gracias. A usted.

Que tenga un buen día.

Hasta otra. Adiós.

La prensa se ceba con nosotros.

¿Cómo es que no tenemos nada entre manos?

Perdone, pero algo sí que tenemos.

Sabemos que Jolanda Russo espera un niño y que el notario

había solicitado el divorcio a su mujer, lo que no es poco.

Sí, pero no sabemos qué dijo la señora De Santis.

Igual le dijo que no.

El notario nos ha asegurado

que a la mujer no le dio tiempo a responderle.

Claro.

Como que iba a decíroslo a vosotros si le hubiera dicho que no.

Habría sido un móvil perfecto.

¿Qué dice usted, señora fiscal?

Me parece que hay un móvil.

O podría haberlo.

Tienen la misma coartada y no tenemos más pistas.

Así que yo los pondría

como principales sospechosos sin dudarlo.

Sinceramente, tengo mis dudas.

¿Por qué?

Si tienes intención de matar a tu mujer

no puedes creer que te dejarán marchar a Micronesia

con camisa de flores y sombrero cogido de la mano de tu amante.

Sobre todo no haces la reserva desde el ordenador del despacho

porque es fácil saber que la policía irá a investigar.

Cosa que ha sucedido. Cierto.

También es verdad.

Y Jolanda nunca habría volado porque le da pánico el avión.

¿Tú les crees?

Nosotros solo tenemos indicios en su contra.

Según tú mil indicios no son una prueba.

Los indicios son importantes. Pero no son una prueba.

Es lo único que tenemos.

Quizá, Palma, no nos hayamos entendido.

La comisaría de Pizzofalcone

no tendría que haber entrado en este caso.

He apretado las tuercas

y he confiado en vosotros después de hablar con la fiscal

y ahora yo recibo presiones por todas partes.

Así que o resolvéis el caso en dos días

o me veré obligado a quitároslo. ¿Está claro?

Lo resolveremos.

Estamos igual.

La pista del notario es la única que tenemos.

Y quizá ese sea el problema. -Sí, es la única pista.

Pero tiene un móvil más grande que una catedral.

Estoy de acuerdo con usted.

Podría haber sido una pelea.

A lo mejor Fusco viendo

que la mujer no respondía a sus correos

fue a la casa a dejarla.

Y quizá entonces también le habló del embarazo de Jolanda.

De hecho,

una reacción dura de Cecilia

habría podido desencadenar la ira del notario.

Y la bola de cristal ha sido el arma

para conquistar la felicidad.

Encaja, ¿no?

Lojacono, tú eres el que tiene dudas, ¿no?

El viaje a Micronesia lo pone todo patas arriba.

Romano, ¿tú qué dices?

Me duele la cabeza. -Te duele la cabeza.

¿Entonces por qué coño respondisteis a esa llamada?

¿Eh?

Os dije que los homicidios no eran de nuestra competencia.

¿Os ha quedado claro?

¡Y ahora quiero que me hagáis el favor todos

de poneros a trabajar!

¡Porque me niego a comerme más mierda por vuestra culpa!

Voy a airearme.

(Abbonato BSO "Los Bastardos")

¿Me da un canuto siciliano? Claro, ahora mismo.

Gracias. De nada.

(Continúa la música)

(Continúa la música)

Solo un minuto. Sí, lo que necesite, inspector.

No se preocupe. Gracias, muy amable.

Aragona, soy yo. Escúchame.

Estoy en casa del notario y he descubierto algo.

Luego te lo digo.

Tú ve a recoger a la asistencia de la señora De Santis.

Maya, sí.

Y nos vemos en la Policía Científica.

Date prisa.

Tome.

Buenas. Buenas.

Aragona, ven aquí. ¿Qué tal?

Pasa.

Buenos días. Volvemos a vernos.

Bueno, ¿qué pasa? ¿Qué has descubierto?

¿Recuerdas qué ocurrió el día de autos?

Ajá.

Di Vincenzo llegó con la Científica

y actuando de oficio fotografiaron las bolas

y tomaron las huellas. Ya.

Al devolverlas a su sitio

las colocaron de otra forma diferente.

¿Qué me dices?

Esta que ves

es una fotografía del escenario antes de que fuera inspeccionado.

Si te fijas

las bolas están alineadas, una al lado de la otra.

No falta ninguna y no hay ningún sitio vacío.

¿Y bien? Entonces,

¿dónde habría ido la bola de la bailarina

que toca el ukelele?

No estaba ahí. No estaba.

Señorita, ¿puede acercarse? ¿Puede desplazarse?

Sobre el plástico. Gracias.

Mírela atentamente.

Ahora quiero que me responda a esta pregunta.

¿Recuerda usted haber visto alguna vez esta bola?

¿Formaba parte de la colección de la señora De Santis o no?

Fíjese bien.

No, nunca la había visto.

Entonces confirma que nunca la había visto.

Lo juro.

Nunca la había visto, inspector.

La bola que mató a la señora De Santis

no formaba parte de la colección.

Si veis la estantería de la izquierda y de la derecha

no tenían huecos.

Por lo que se la regalaron aquella tarde,

probablemente el asesino.

Esto lo cambia todo.

O quizá es el último regalo del marido.

No creo que un marido que tenga intención de dejar a su mujer

le haga un regalo.

Hay algo que está claro.

La víctima conocía al asesino porque le abrió la puerta.

Sí, pero si no lo hizo el marido,

¿quién pudo haberle llevado un regalo?

A lo mejor ella también tenía un amante.

Anda, Aragona, ¿qué dices?

Tendríamos que hablar con las tiendas

que venden bolas de cristal.

Lojacono tiene razón. Equipo, manos a la obra.

¿Vale?

¿Has visto? ¿Qué?

Esas bolas se venden en 15 tiendas.

Mañana vas a conocer Nápoles.

Me muero de ganas.

Hasta mañana. Hasta mañana.

(Abbonato BSO "Los Bastardos")

Buenas noches.

Buenas noches, Jennings. Señor.

Buenas noches, Aragona.

Buenas noches.

(Continúa la música)

Buenos días. Buenos días.

Solo quería preguntarle una cosa.

¿Vende usted este artículo?

No.

¿Seguro? ¿Sabe dónde pueden venderlo?

No, lo siento.

Buenos días.

Buenos días. Una pregunta.

¿Vende usted esta bola de nieve?

Esta justo no. ¿No?

No. Gracias. Buen día.

Igualmente.

Pregunta ahí, yo en esta.

¿Qué hay?

Perdone, ¿no tendrán esta bola de nieve?

¿Seguro?

No la vendo, no. Gracias.

¿Y bien? Nada.

¿Y tú? Nada. ¿Cuántas nos faltan?

Unas once o doce. Ya, sigamos.

Buenos días. Buenos días.

Buenos días.

¿En qué puedo ayudarles?

Señora, ¿no venderá usted esta bola de nieve?

Claro. Solo la vendo yo.

Tiene una justo detrás, en la estantería.

(Música dramática)

Aquí está.

La hemos encontrado.

Somos de la Policía. Estamos investigando un caso.

¿Podría decirnos quién la ha comprado recientemente?

Claro.

La persona que la ha comprado es un cliente habitual nuestro.

¿Pero ha pasado algo?

¿Nos dice su nombre?

(Música dramática)

Señor De Lucia, ¿tiene un momento?

¿Por qué? ¿Qué ha pasado?

Ya les he dicho todo lo que sabía.

Solo queremos decirle una cosa.

Por favor, entre.

Suba, señor De Lucia.

(SUSPIRA)

¿Por qué?

Por qué qué. ¿De qué habla?

Sabemos que fue usted quien mató a la señora De Santis.

Le regaló la bola con la bailarina del ukelele

y la mató.

¿Por qué?

Pero yo... De Lucia no lo niegue.

Acabamos de hablar con la persona que le vendió la bola.

Mi vida terminó a la par que la suya.

Es lo único que sé.

¿Por qué razón la mató?

¿Qué le había hecho esa pobre mujer?

Yo... Yo quería verla mejor.

Quería llevarla lejos.

Claro, el viaje a Micronesia.

Fue usted quien hizo la reserva de los vuelos.

Y el nombre que se sustituiría no sería el de Cecilia

sino el de Fusco a cambio del suyo.

Cecilia era una mujer maravillosa.

Su marido no.

Es un cabronazo.

Me ordenaba que recogiera a la señora y...

tardara lo más posible porque...

el quería divertirse con sus putas.

Así que yo la llevaba a Bagnoli,

a una playa.

Íbamos a un bar...

Nos sentábamos allí.

Entre nosotros había surgido una hermosa amistad.

Luego, con el tiempo aquella amistad

se convirtió para mí en amor.

Yo nunca había sentido el amor.

No conseguía decirle que la amaba.

¿Cómo pudo pensar que Cecilia se habría marchado con usted?

Lo esperaba.

Sabía que Cecilia

deseaba volver a aquel paraíso.

Y de hecho así era, pero con el marido.

Cuéntenoslo todo, De Lucia.

Fui a su casa con ese regalo.

Gracias. Que bola tan bonita.

Cecilia, marchémonos.

Tenemos derecho a ser felices.

Ya he reservado el vuelo. Vayámonos a Micronesia.

Nadie te querrá tanto como yo.

Me has malinterpretado.

Has tomado mi cortesía por otra cosa.

No sé cómo se te ha ocurrido una idea tan loca.

No sé qué ocurrió.

No sé si fueron aquellas palabras.

Pero sentí como si me estuviera borrando de su vida.

No se lo diré a mi marido,

pero ahora te ruego que salgas de aquí.

Solo recuerdo la rabia.

(Música de tensión)

La rabia.

Ni siquiera recuerdo haberlo hecho.

Pero lo hizo.

Si hubiera dicho que sí...

Lo siento mucho.

Yo la amaba.

"Arturo, te escribo a mano, como es costumbre en mí,

y estas palabras te llegarán por correo".

"Me cuentas que te has enamorado y que piensas que yo sufro,

pero te equivocas".

"Llevaba tiempo esperando que sucediese esto

para por fin poder alejarme de ti".

"Es cierto que también es culpa mía".

"He sido incapaz de dejarte,

de alejarme todos estos años a pesar de las humillaciones,

de los sufrimientos,

de las ofensas que he tenido que sufrir".

"Y ahora que te has decidido a dejarme

y a solicitar el divorcio me has liberado".

"No sabes lo feliz que soy".

"Arturo,

has sido un pésimo marido y también un pésimo amigo".

"Desde mañana empezaré a vivir, a esperar, a respirar".

"No sabes cuánto lo deseo".

(Música dramática)

Si no hay más preguntas permítanme dar las gracias

y expresar una vez más

mi satisfacción por el trabajo de la fiscal Piras

y del subjefe Palma y sus colaboradores,

a quien cedo la palabra

para que les faciliten más detalles.

Yo quiero dar las gracias a la fiscal Laura Piras

por todo el apoyo que nos ha prestado

durante toda la investigación que hemos llevado a cabo

y, por supuesto, a mi equipo,

la comisaría de Pizzofalcone por el éxito alcanzado.

Gracias a todos.

Bien.

Pues hasta otra. -Adiós.

Señora. Lojacono.

¿Contento?

Mi primer caso en mucho tiempo y el culpable acaba en la cárcel.

No podría pedir más. ¿Entonces esa cara?

He vivido en una isla

y en una isla tiendes a aislarte del resto del mundo.

Yo he nacido en una isla, sé muy bien de lo que habla.

Nos parecemos más de lo que pensábamos.

Lojacono. ¿Sí?

Oye, no he mencionado tu nombre ni el de Aragona

como titulares de la investigación

porque quería que el mérito fuera a parar a todo el equipo.

Me parece bien.

Entonces vamos a celebrarlo.

Vamos a cenar una pizza al lado de la comisaría.

Señora fiscal, ¿se une?

Esta noche no puedo, tengo un compromiso, pero gracias.

Hasta luego. Hasta luego.

Invito yo.

¿Qué? Que invito yo.

Ya, vale.

Se lo diré al equipo. Bien.

Ottavia.

Di a todos que esta noche...

(Abbonato BSO "Los Bastardos")

(Teléfono)

(Teléfono)

(Teléfono)

¿Mario?

Hola. No, gracias, hoy no ceno en la habitación.

Ceno fuera. Adiós.

(Música dramática)

"El teléfono al que llama

no se encuentra operativo en este momento".

"Por favor, deje su mensaje después de oír la señal".

Amor, acabo de llegar a casa, pero tú no estás.

Esta noche tenía una cena con los del trabajo,

pero prefiero quedarme en casa, ¿eh?

Te espero.

(Continúa la música)

(Continúa la música)

Amor,

esta noche debería ir a cenar con los del trabajo,

pero no me apetece nada.

¿Sabes qué?

Me quedo aquí contigo.

Carmen, ¿te parece bien?

(Continúa la música)

Mi vida, soy papá, son las 21:30.

¿Me puedes llamar? Estoy preocupado.

Llevo un mes llamándote y no me lo coges.

¿Te parece que esa es forma de portarte con su padre?

Llámame. Gracias.

(Continúa la música)

¿Sí?

¿Quién es?

"¿Quién es?".

"¿Quién es?".

(Continúa la música)

¿Esperamos un poco más?

No sabría decirle.

Ottavia, ¿qué hacemos?

¿Pedimos?

Vamos a pedir.

Tampoco puedo llegar muy tarde.

¿Qué te apetece?

Pues una margarita, pequeña. Para mí un calzone.

Gracias.

Es una pena que no vengan.

Les habrá surgido algo.

(Móvil)

Perdona.

¿Sí? Buenas noches, jefe.

Sí, dígame.

Ajá. ¿Hay novedades?

Entendido.

Eso esperamos.

Se lo diré a todos. Se pondrán contentos.

Le agradezco que me haya dado la noticia antes que a nadie, señor.

Saludos de parte de todos. Gracias.

¿Y qué le ha dicho?

Desde mañana estamos operativos.

Pizzofalcone es de nuevo una comisaría a todos los efectos.

Nos ocuparemos de todo, hasta de los homicidios.

Si es que damos abasto.

Hasta que nos cierren a finales de año.

Que sea lo que Dios quiera.

¿Está usted preocupado?

¿Tan difícil es que me tutees?

No lo sé.

Puedo intentarlo.

Bueno, por Pizzofalcone.

Por nosotros.

(Cánticos animados en italiano)

(Abbonato BSO "Los Bastardos")

Los bastardos de Pizzofalcone - Capítulo 1: Los bastardos

30 jul 2020

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