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No recomendado para menores de 7 años  La Señora - Capítulo 8 - Tras la muerte de la Marquesa, Gonzalo ve el camino abierto para acercarse más a Victoria - ver ahora
Transcripción completa

Siempre le sentó bien ese vestido.

Incluso cuando ya estaba enferma.

Hablaré con don Enrique para que pida las misas.

Catalina, no quiero un luto interminable.

Ya tuvimos bastante con el funeral y con ese peregrinar de plañideras.

Que sea lo justo para acabar cuanto antes.

¿Te molestan nuestras costumbres?

Yo no he dicho eso, Catalina.

La invitada, ya que quieres que se quede,...

...debería guardar decoro.

Bianca no entra en este juego.

¿Nosotros sí?

Sí, no nos queda otra opción. Yo soy su viudo y tú su hermana.

Estamos obligados.

O pensarían que no sentimos sus muertes.

¿Me hablas de apariencia?

No es esa la cuestión.

Hablo de que sentimos el luto por dentro.

Y guardaremos su memoria.

-Perdone, señor.

Tiene visita.

La señora Victoria Márquez le espera en la sala.

Gonzalo. ¿Cómo estás?

Qué agradable sorpresa. Bien.

Todo lo bien que se puede estar.

No quería molestarte. Lo tienes que pasar fatal.

Afortunadamente, ya pasó todo. No hay nada que el tiempo no cure.

A mí no me engañas.

Gonzalo, que yo sé lo que es perder a un ser querido.

Las heridas siguen abiertas, aunque uno disimule.

Sí, tienes razón, a ti no te puedo engañar.

Si te puedo ayudar...

No, no puedes hacer nada.

Salvo estar a mi lado.

Bueno, no nos pongamos tristes. La vida continúa.

Y hoy hace un día espléndido.

¿Te apetece que demos un paseo?

Te quería hablar de algo.

Es importante y no creo que estés al tanto.

Tú me dirás.

En la mina contratan a niños como mano de obra.

Sí.

Sé que no es nuevo.

Pero cada vez son más y más pequeños.

No sabía nada, claro que no.

No podemos quedarnos de brazos cruzados.

Mi padre no quería eso.

Pablo se desentiende del tema.

Déjame que yo me entere.

Yo solucionaré el asunto. No me puedo quedar quieta.

Esa mina lleva el apellido de mi familia.

Y si hay niños allí, quiero verlo.

Claro, estás en tu derecho.

Mantenme informado.

Haga lo que pueda. Tranquila.

Estoy muy necesitada. Claro.

-¿Qué quería?

¿Necesita algo de nosotros?

No, quiere que Dios evite que a sus hijos les caiga una galería encima.

Esas pobres criaturas. Solo nos queda rezar por ellas.

Y confiar.

¿Solo eso?

No es suficiente, padre.

¿La misericordia divina no es suficiente?

No podemos limitarnos a rezar novenas.

La iglesia debe estar con los que sufren.

Y lo estamos.

Solo de palabra y no de obra. ¿Qué podemos hacer?

Que los niños no vayan a la mina.

No podemos hacer eso.

Nuestra potestad termina donde estos muros.

Usted sabe que podemos hacer mucho más.

Padre.

¿Por qué la iglesia no se interesa por la vida de esos inocentes?

¿Quieres cambiar el orden de las cosas?

Llegas aquí con tu juventud, crees que es fácil.

Pues no, no es fácil.

Demostraré que algo se puede hacer, lo verá.

Son cinco bocas que alimentar. -Encarna.

Tienes que venir.

Tengo que enseñarte algo muy importante.

Música

Aquí la tenemos.

Lo he organizado yo solito.

Hasta ayudé a pintar las paredes.

En estas últimas semanas me ha tenido muy ocupado.

Bueno, ¿qué, te gusta?

Pues ya tienes tu dispensario.

Ahora me vas a decir qué pinto yo aquí.

Ya te lo dije. Quiero que estés al frente.

Te dije que te olvidaras.

Este sería tu nuevo trabajo.

Se te pagaría bien.

Mejor que en la fábrica.

Ya lo hemos hablado. Pablo, no sigas.

¿Acaso tienes ofertas mejores?

¿No vas a confiar en mí?

No hagas nada, yo no te lo he pedido.

Pero yo sí te lo pido a ti. Te pido tu trabajo y tu dedicación.

No te lo ofrecería si pensara que lo fueras a hacer mal.

Pero...

...esto no es un negocio.

Vendrá gente pobre.

No vas a ganar nada.

Este sitio garantizará la salud a gente que no tiene ese derecho.

Y con eso me basta y me sobra.

Yo podía hacerlo y lo he hecho.

Ahora te toca a ti.

¿Qué me dices, mujer?

¿Has pintado tú?

¿No te lo crees?

No.

Amor mío.

¡Mema!

Que Hilario lleve el sobre.

-¿El de todos los meses? -Sí, que no se retrase.

-Para Madrid, ¿no? -Sí, pesada.

-¿Estás mejor?

-Sí. Venga, que es para hoy.

Cuídamela.

¿Otra vez?

¿No vas a parar nunca?

-¡Raspa! -¿Qué haces?

-¡Eh, para el carro, fiera!

-Ándate con mucho ojo.

A ver si tu cama se llena de cal.

-Aquí no se amenaza a nadie. Y tú menos.

-¿Quién te crees que eres?

-No te me pongas gallita.

-Me pongo como se me planta. No me digas lo que tengo que hacer.

-Pero yo sí te lo diré.

¿A qué viene tanto alboroto? -Se ha puesto como loca.

-Ellas empezaron, se ríen de mí y ensucian con intención.

-Tú estás para limpiar.

-Señora, usted sabe el trabajo que yo quería.

-¿Y yo qué te dije?

-Que si aguantaba esto, tendría el trabajo que quiero.

-Así que ya sabes.

Vete a mi habitación.

Y abre las ventanas.

Vamos, es para hoy.

-Sí, señora.

Pero, como esta me provoque, no respondo.

-Qué carácter se gasta la condenada. Y dejad de meteros con ella.

-No tiene mal tipo.

Y es joven. Más de uno se la rifaría.

-He dicho que no.

Vete a buscar a Hilario, venga.

La niña debería decirle al Srto. Hugo que no le enviara más flores.

No está bien.

-Lo hace porque él quiere.

-Ya. -Aquí tenéis la verdura.

¿Y ahora?

-Lleva esas patatas a la alacena.

No está bien. Eso hace que él tenga esperanza.

Y se va a África por ella.

-Eso está por ver.

A los señoritos se les va la boca.

Y luego nada de nada. -Ya está. ¿Y ahora?

-Haz las habitaciones. -Muy bien.

-Pobriña.

¿Y la niña?

¿Te ha preguntado por Conchita? -Pues claro.

¿No le habrás dicho...? -Claro que no.

Es que ni me creería.

¡A quién se le ocurre pedir trabajo en semejante sitio!

Esa chica no está bien.

-Ya. Escúchame, Vicenta. Algo tendremos que hacer.

No podemos dejar que esa criatura termine así.

-¿Y que hacemos?

-Pues ir allí y sacarla de las orejas.

Nada de medias tintas.

Nos la llevamos.

-¿Te has vuelto loco? ¿Cómo vamos a ir allí?

-En el coche, os llevo.

-¿Allí?

¿A esa casa?

¿Nosotras?

¡Ave María Purísima!

-¿Nos quedamos aquí mientras tira su vida por la borda?

-Es una inconsciente.

-No podemos ir allí, somos mujeres decentes.

-¿Quién dice lo contrario?

No pasa nada.

La casa está apartada. Los clientes llegan al caer el sol.

Hay tiempo de sobra.

No estáis seguras, ¿no?

Hay una puerta trasera que da a la cocina.

-Chico, parece que hubieras pasado allí media vida.

-Bueno.

¿Hacemos algo o nos lamentamos?

-Algo habrá que hacer.

-Bueno.

-Pues os aviso en cuanto el coche esté libre.

¿Estamos?

-¡Caray con tu Justo!

Vaya caja de sorpresas está hecho.

Quiero que me explique por qué se contratan niños en la mina.

Señorita, siempre se han contratado.

Ahora son más pequeños.

Las cosas funcionan así.

Hay galerías estrechas, es difícil meterse.

Hasta que hay túnel.

Para mantener la producción hay que entrar.

¿Con niños?

Sí, como siempre se ha hecho.

Ahora abrimos más galerías.

Necesitamos más niños.

Pero no se preocupe.

Son hijos de mineros.

Y sus padres prefieren que estén aquí a que estén en la calle.

¿Me está diciendo que les hacemos un favor?

Pues en cierto modo sí.

Aquí se ganan el jornal.

Y en su casa no falta el pan, todos contentos.

¿Tengo cara de contenta?

Pues no, supongo que no. No lo estoy.

No lo estaré hasta que esos niños dejen de trabajar en la mina.

Pero...

Que espere la producción.

Merecerá la pena.

¿Ha quedado claro?

Como el agua.

Muy bien.

Señores.

Madre.

Madre.

Madre.

Tinín.

-Vaya.

Sigues siendo rápido de reflejos.

-Estás vivo. ¡Estás vivo!

-¿Creías que esos hijoputas me darían matarile?

Escapé.

Dime por qué un dispensario.

-Porque podía hacerlo.

Quería hacer algo por la gente de esta ciudad.

Una amiga me habló de necesidades. -Una amiga.

No sabía que hubiera más mujeres en tu vida.

-No digas tonterías.

Para mí solo existes tú.

-Te has puesto rojo.

-No es verdad.

-Sí es verdad. -No lo es.

Que no.

Que no.

Ven aquí.

¿Cuándo te irás?

-No.

Ahora no pienses en eso, Pablo.

No pienses en nada.

Fue en el cambio de turno.

Había conseguido un gancho.

Abrí la puerta. El guardia bebía mucho.

No me costó salir.

-¿Y antes?

-Esos hijos de puta me robaron hasta el alma.

Cada golpe que me daban, me juraba que saldría vivo de allí.

Y que me las pagarían.

-¿Y dónde vives?

-En el bosque.

No es un lujo, pero no falta comida.

-¿Y qué vas a hacer?

-Me marcho, Salvador.

A las Américas.

Ya nada me ata aquí. -¿Y qué necesitas?

-Tengo un asunto pendiente por zanjar antes de marcharme.

Te juro por Dios que lo voy a dejar resuelto.

-¿Qué asunto?

-Sé que trabajas en casa del marqués.

-Con Dios, hasta mañana.

-Mi madre.

Por la ventana.

Vamos.

No te puede ver, vete.

-Hijo, qué tarde se me ha hecho. ¿Llevas mucho esperando?

-No. Deje, madre, ya lo llevo yo.

-¿Pasa algo?

-¿Y qué me iba a pasar?

-No sé, te noto distinto.

-No diga tonterías, madre.

Qué fácil es todo para ti, ¿verdad, mono malo?

Tú no te das cuenta de nada.

¿Qué haces metido en la jaula?

Lo he metido yo. No para quieto. Y un día tenemos un disgusto.

Siempre dices lo mismo y aquí está.

Ya.

¿Llegó Pablo?

No, ahora llega muy tarde. Es mejor que no le esperes.

Vicenta.

¿Qué?

¿No vamos a sustituir a Conchita?

No, todavía no. Igual se lo piensa y vuelve.

Es que no lo entiendo.

¿En qué casa se ha puesto a servir?

En ninguna, creo que ha vuelto a la suya.

No te preocupes. La cena está lista.

Vicenta.

¿En tu casa siempre hubo para comer?

Quiero decir que si pasabais hambre.

No teníamos mucho de nada, pero nunca nos quedamos sin comer.

¿A qué viene esa pregunta?

Esta tarde he estado en la mina.

¿Tú sola?

Sí, yo sola.

¡Qué ocurrencia! No es sitio para una señorita.

Ya, pero fui por los niños.

¿Qué niños?

Los que trabajan allí.

Sus padres tienen que ponerles a trabajar...

...para alimentarles.

Yo nunca he visto unos ojos como los de esos niños.

Victoria.

Desde que el mundo es mundo, hay diferencias.

Afortunadamente, no has tenido que verlas.

Y ojalá nunca tengas que hacerlo. Porque eso no hay quien lo cambie.

Y tú mucho menos que nadie.

Tú has nacido para ser una gran señora, como tu madre.

No para cambiar las cosas.

¿Quién te manda...?

Las madres estaban preocupadas por sus hijos y fueron a la iglesia.

Los niños han ido a la mina desde siempre.

Tu hermano Salvador...

...fue de pequeño. Y a usted le costó días de angustia.

¿No se da cuenta?

No se puede tolerar.

Yo no digo que eso esté bien. Pero enfrentarte con don Enrique...

No me he enfrentado.

Después de lo que don Enrique ha hecho por ti.

-Ángel tiene razón.

Tiene razón.

Hay cosas que no deberían pasar.

¿No recuerda lo que le pasó al hijo de Eusebio?

-¡Cómo no me voy a acordar de lo que le pasó!

Pero de todo lo que vino después también.

Ya decía yo que te veía...

...con otro ánimo.

Desde luego,...

...para enfrentaros a vuestra madre hay tiempo.

Nada, parece que la hemos enfadado.

Bastante.

Me hubiera gustado ver la cara de don Enrique cuando le soltaste eso.

No, San Francisco era peor que yo.

Te veo distinto.

¿No irás a empezar como madre?

No, me alegra volverte a ver así.

Vale.

Ya está, ya.

Salud, hermano.

Mi neniña.

Mírala.

Duerme como una bendita.

No para de trabajar.

No me extraña que se quede dormida.

Vicenta.

Vicenta.

-¿Qué?

-¿Qué?

-Nada, estaba con esto.

-Tenías la cabeza en otro lado, lo sé yo.

-Claro, ya me dirás, con la que se nos viene encima...

Tú y yo visitando esa casa.

-Justo dice que no es para tanto.

-Ya.

Claro.

-¿O sí lo es?

-No sé a qué te refieres.

-Sí que lo sabes, lo sabes muy bien.

No sabes si te preocupa más ir a esa casa por lo de Conchita...

...o porque Justo fuera cliente.

-Qué dirás.

-Lo que escuchas.

Puedes darle vueltas, pero lo que te escuece es solo una cosa.

-Lo que me escuece es que esa chica tire su futuro por mi culpa.

-Cerrando los ojos y no queriendo ver,...

...no vamos a ningún sitio.

-Crees saber mucho.

-¡El puchero!

¡El puchero! -Tranquila.

No pasa nada, mi niña.

Tranquila.

No se quema nada.

Mira, ¿ves?

Estabas soñando.

Menos mal que hay alguien. Por favor, ayúdeme.

Vamos.

No se quede ahí como un pasmarote.

¡Cómo pesa!

¿Qué lleva aquí? Pesa como un muerto.

¡Qué muerto! Llevo instrumental, vendas, gasas...

...probetas, tubos de ensayo, el microscopio.

Medicinas. ¿Viene con esto desde la estación?

Alejandro Martín.

El médico, ¿no?

Sí, ¿y tú eres?

Encarnación.

El señor Márquez ya le habrá informado....

Sí, sí.

Estás al frente. Eso me alegra infinito.

Hay mucho que hacer. Tengo mucho que aprender.

No es gran cosa.

Pero menos da una piedra.

A mucha gente esto le parecerá un lujo.

Encarnación, no me trates de usted. Somos compañeros.

Colócate... Encarna.

¿Encarna?

No me gusta Encarnación.

Llámame Encarna. Muy bien.

Como quieras.

Y mira lo que traigo aquí.

Mira.

Mira.

¿Qué es eso?

Gonzalo, admiro tu entereza.

Afortunadamente, en estos duros momentos,...

...cuento con el apoyo de mi socio y amigo.

Está bien, los buenos amigos son un tesoro.

Nunca le agradeceré a Pablo lo suficiente...

...su apoyo incondicional.

Vea el trazado del nuevo ferrocarril.

Lo reconozco, es un plan ambicioso.

Lo es.

Pero necesario.

Que esto no quede en agua de borrajas.

No me voy a jugar el nombre por nada.

Gobernador, con el apoyo de los italianos,...

...está garantizado.

-Por supuesto, no creo que el gobernador dude, ¿verdad, Carlos?

-Claro que, si hablamos del estado italiano,...

...son palabras mayores.

No es lanzarse al vacío.

Por no hablar de los otros inversores, banqueros.

Todos están interesados por saber su opinión sobre el asunto.

A todos nos interesa...

...el asunto.

¿Verdad, Sr. Márquez?

-Señor. ¿Qué ocurre?

Disculpadme.

Si me disculpan, no tardo.

Vaya, por nosotros no se moleste.

¿A que es bonito?

¡Qué ilusión!

Haré un chocolate para las chicas de la fábrica, cuando abramos.

Cálmate, chica.

Te va a dar un ataque. Y una cosa:

La gente necesita tiempo para lo nuevo.

¿Cómo?

La curandera no se va a quedar quieta.

Esto no es solo para mujeres.

Ya, pero ellas van a venir mayormente. Y la montarás.

¿Por qué le tenéis tanto miedo a esa mujer?

Quita, cuanto menos la mientes, mejor.

Yo no creo en supersticiones.

Y menos cuando sé qué hay detrás.

Esa mujer solo quiere sacar dinero a la gente.

Y eso se acabó.

Desde ahora, las mujeres tendrán asistencia médica gratuita

Se acabaron las sangrías para traer a una criatura al mundo.

Solo digo que te andes con ojo.

Ya puede ser bueno el señor médico. Pues sí.

Estate quieta ya, hija.

Mira, mira lo que me ha enseñado el médico.

¡Ay!

¡Ay, ay!

Es que estoy nerviosa.

Cálmate.

Tranquilo, esto no durará mucho.

Pero...

Deja que todo siga su curso.

Esta locura caerá por su peso.

Y no muestra interés por el dinero.

Pero sí le interesan las familias de esos niños.

Pues que esas familias solucionen el asunto.

Vete, tienes que hacer.

Alonso.

Que todos los mineros sepan quién dio la orden.

Ya sabes lo que te quiero decir. Sí, señor.

Salvador.

-Señora.

Buscaba a Juan.

-No pases por aquí.

-Lo siento, señora.

No volverá a pasar.

He ido a su casa.

He hablado con su padre, con su primo, con el servicio, y nada.

Hugo se va a Marruecos.

No te apures, no es definitivo.

Se va a Marruecos y allí lo matan, seguro.

No te pongas en lo peor. Lo sé.

Lo matarán. ¿Y qué hago?

Para empezar, tranquilízate.

Y pensar, bueno, pues que...

...va a recuperar el juicio y no se va a ir.

Victoria.

Solo tú puedes parar esta locura.

¿Crees que no he hablado con él?

Y nada.

Es cabezota.

¿A que te envía flores?

Sí.

Pero son tonterías. Se va a la guerra.

Se juega la vida.

Isabel, no dramatices, hay cosas más importantes.

¿Como qué?

Bueno.

Tranquilidad.

Voy a la cocina.

Y te preparo una tila.

Hablo con Hugo y le convenzo.

¿Me prometes que lo harás?

Prometido, Isabel.

Eres igual de detestable que tu dueña.

Monseñor.

Monseñor.

-Vaya, el coadjutor de nuestro querido Enrique.

¿Estarás satisfecho? Sí, señor.

Bueno, Enrique.

¿Cómo van los preparativos de la procesión del Corpus?

-Todo a punto, las imágenes preparadas, los devotos dispuestos.

Y hemos organizado la colecta.

-Confiemos en que las familias principales sean generosas.

-Hay que achucharles.

-Confío que en ese sentido todo esté preparado.

-Por supuesto.

Sobre la colecta me gustaría decir algo.

-Di, hijo.

Se trata de la gente desfavorecida. ¿Mendigos?

No, padre.

Familias que no piden caridad, pero que no tienen comida para sus hijos.

-Ángel, no es el momento.

-Enrique, quiero oír a tu coadjutor.

Me interesa.

¿De qué familia me hablabas?

Las que mandan a sus hijos a la mina para poder comer. Niños, padre.

-Está sensibilizado con ese tema, su familia trabajaba en la mina.

-Deja que el chico se explique.

Continúa.

¿Qué quería ese hombre que vino a verte?

Es el capataz de la mina.

Han surgido inconvenientes, Bianca.

Victoria Márquez...

...ha exigido anular los contratos a niños.

Brava.

Como a ti te gustan las mujeres, con genio.

No lo celebres tanto.

Sin los niños, no llegamos a la producción.

Sin esa producción, adiós a las vías.

Tu estado no vende maquinaria, yo no vendo hierro.

Ni la concesión de paso.

Como una piedra que derriba a otra.

Pensé que tenías controlada a la joven Márquez.

Una mujer que le interesara el negocio.

No menosprecies a una mujer con carácter.

Demasiado parecida a su padre.

Espero que esto no retrase nuestros planes.

Si se unen los dos hermanos, puede ser demasiado molesto.

Por Pablo no debes preocuparte.

¿Por qué estás segura?

Intuición femenina.

Que sí, que sí. Avisa a Adelina, que nos vamos.

-¿Ahora?

-El coche está libre.

-¿Y si Pablo o Victoria necesitan algo?

-Es ahora o nunca.

Cuanto más tardemos en salir, peor será.

-Ya voy. ¿Y qué me pongo?

-¿Que qué te pones? Quítate el mandil y ya está.

Venga.

-Señora Vicenta.

-¿Eso qué es?

-Es para el señorito.

-¿Quién lo manda?

-Creo que la extranjera.

Trae una nota.

-Tráeme un café.

Estoy en el despacho. -Pablo.

Esto es para ti.

-Gracias.

-Pablo.

¿Necesitas que te ayude?

-Ciérrame la puerta,...

...hazme el favor.

Que sí, ya voy.

"A veces, los 'piaceres' privados son los mejores".

"Disfruta, 'mio caro'".

Hablaré con su Ilustrísima de este asunto.

Descuida.

Cuídate, Enrique.

¿A qué ha venido esto?

¿El qué?

Venirle con el cuento de los niños a monseñor.

Ya le dije que algo había que hacer, padre.

Las cosas no se hacen así.

No puedes dirigir la colecta del Corpus.

Y que sea para esas familias.

Todo se atenderá.

Hay cosas con las que no se juega.

El orden es el orden.

Sobre todo en la Santa Madre Iglesia.

Siento que le haya parecido una falta de respeto.

No era mi intención.

Mientras las cosas sean como deben ser, estoy por encima de ti.

¿Has comprendido?

Cuidado, Ángel.

Es de mala educación no avisar.

-Bonito vestido.

¿Era de tu hermana?

-Ya lo he guardado todo.

-Claro.

Al estar de luto, no podrás usarlo.

Una pena, 'veramente'.

Son de tu talla, ¿no?

-Solo nos parecíamos en eso.

-Porque tú no quieres.

Solo tendrías que sacar más partido de ti misma.

Rasgar esos ojos con pintura.

Dar color a esos bonitos labios.

Peinarte de otra manera.

Utilizar perfume.

Solo la cantidad justa...

...y en zonas estratégicas.

Y te convertirías en otra mujer.

Y así tener el hombre que deseas.

-Esto no es apropiado.

Y te recuerdo que esta casa está de luto.

Voy a ver si Gonzalo necesita algo.

-No está.

Creo que ha ido a ver a Victoria Márquez.

Esa chica le está dando mucho trabajo.

Pero bueno.

Mira quién está aquí.

Nuestro Justo.

-¿Ahora vienes acompañado?

-Venimos a por Conchita.

-¿Dónde está?

-Vaya, vaya.

Hola, Justo, qué sorpresa.

Bueno.

Bienvenidas. Pase usted.

-Las amigas de Conchita vienen a visitarlas.

-No queremos molestar.

Sabemos que Conchita está por aquí.

¿Es verdad? -Sí.

-Quiero verla. -Qué modales tiene la señorona.

-Esto no va con usted.

-Ud. es el ama de la casa Márquez. -Sí, trabajamos las dos allí.

-Entonces doy por hecho que tiene educación.

Es usted la que ha venido a mi casa.

Y aquí todos guardan el debido respeto.

-Señora Alicia...

-Calla. Nadie tiene que hablar por mí.

Lo siento, señora.

Solo queremos hablar con Conchita.

-¿Qué hacéis vosotras aquí?

-Ahí la tienen.

Pasen a mi habitación.

Estarán más tranquilas.

Conchita.

Llama a la puerta

Pablo, necesito hablar contigo.

Ya os he dicho que no.

No quiero volver.

-Vamos a ver, criatura.

¿Sabes lo que es esta casa?

-Muy bien. -No sabes de la misa la media.

Ahora te parece divertido. Dentro de un tiempo, no pensarás igual.

¿Qué vida les espera a esas chicas?

¿Eso quieres para ti?

-Lo que sea menos encerrarme como vosotras.

Y ser una amargada.

-Qué desagradecida eres.

Todo lo que hice por ti.

Vamos, Vicenta.

Vámonos.

-Conchita.

Sé que no fui demasiado justa contigo.

Estaba muy enfadada. Lo siento.

No vuelvas a la casa, si no quieres, pero sal de aquí.

-¿Para qué?

¿Para tener un sueldo de miseria?

No, yo quiero algo más.

Yo quiero...

...vestir ropa bonita, medias de seda y sombreros con plumas.

Y en este lugar lo voy a conseguir.

-Si es eso lo que quieres, ¿por qué vas como una criada?

-Todo llega.

Es solo cuestión de esperar.

-Vámonos, Vicenta.

Aquí ya no tenemos nada que hacer.

Vamos.

¿Y el coche le da problemas? -¿Problemas?

Le pusiste a tono hace dos meses y ya echa humo como una chimenea.

-Arréglalo, no podemos ir de excursión.

-No hagas caso, te quieren por el interés.

¿Cómo está tu señorito?

-Bien.

¿Por qué?

-No es asunto mío, pero esa italiana sabe lo que quiere.

Y no es a él, advierte a tu señorita.

-Pero...

Y yo no te he dicho nada.

-Gracias, señora.

-De nada.

Buenas tardes.

Señorita.

Ya se lo hemos comunicado a sus padres.

¿Seguro?

Sí, vaya a la mina, ya no hay niños.

Se han quedado sin trabajo.

Y sus familias, sin sustento.

Pues de eso no se preocupe, porque me ocupo yo.

Si me permite...

"De la montaña y de esta tierra sacamos la fuerza..."

...para seguir adelante.

No importa que el camino sea difícil, siempre nos levantamos y seguimos.

Así es como conseguí todo lo que tengo.

Victoria, saldrás adelante.

Me recuerdas a tu padre.

Pero ahí sentada más que nunca.

¿Qué haces aquí?

Comprobando que se cumplen tus deseos.

Como siempre.

¿No vas a decir nada?

¿Es que no puedo disfrutar un poco de la vida?

Antes no pensabas así.

¿Tanto te ha cambiado esa mujer?

¿A qué viene esto, Victoria?

No pienso darte explicaciones de mi vida.

Nadie te las está pidiendo.

Pero deberías atender también otras cosas.

¿Ah, sí?

¿Como qué?

La situación de la mina.

¿Ahora vas a darme lecciones sobre la situación de los trabajadores?

Pues escúchame una cosa.

Estoy al tanto de todo.

Pero a mi manera.

Están contratando a niños.

¿Quién te ha dicho eso?

Ángel.

Cómo no.

Ángel.

Sí, Ángel.

Pero he ido a la mina y lo he visto con mis propios ojos.

Y son solo niños.

No vas a hacer nada.

¿Y qué quieres que haga?

Ya estás tú.

Lo haces todo por mí.

Bueno.

Igual no haces nada porque estás ocupado en la pipa del despacho.

No hago nada malo. Ni yo.

Eso habrá que verlo.

No sé por qué no han venido las demás.

Debe haber algún problema.

Hay gente que necesita tiempo para los cambios.

No, gracias.

Hola. -Hola.

¿Estás bien?

Ven, te presento al doctor.

Alejandro. -Buenas, por aquí.

Cuénteme.

-Me ha salido como agua por ahí abajo.

-¿De cuántos meses está?

-Ya salí de cuentas.

-¿Tiene dolores?

Es su primer hijo, ¿verdad?

Risas

No, escuche.

Ha roto la bolsa y puede haber infección.

Habría que provocar el parto.

No hay quien le quite la idea de Marruecos.

Lo he intentado todo.

Tu hijo es un joven impulsivo.

Es un inconsciente.

Pero es mi hijo.

Es mi único hijo.

Y no quiero que muera antes que yo.

¿Y qué quieres que haga yo?

Habla con él.

Podrías convencerle para que cambiara de opinión.

¿Sí?

¿Y por qué voy a lograrlo yo?

Te escuchará, siempre lo hace.

No, lo hacía, Álvaro. Esos tiempos pasaron.

¿Te ha dejado de entretener?

Mientras Hugo te fue útil,...

...no has dudado en tenerle a tu lado.

Y ahora que no lo es, te olvidas.

¿Para qué iba a serme útil tu hijo?

Que no dijera nada, no significa que no supiera.

Aún así, preferí cerrar los ojos. Porque es mi hijo.

Eres un buen padre.

Solo te pido un favor.

Habla con él.

Mira, Álvaro, puede que ahora no te des cuenta.

Pero te aseguro que esto es lo mejor que podría pasarle.

Ha tomado una decisión y va a llevarla a cabo.

Ya.

Vamos, Álvaro.

No te desanimes.

Esto es lo mejor que podía haberle pasado.

Son bonitas, ¿verdad?

No estaba seguro, siempre el mismo color.

Pero está claro que acerté.

No, Hugo, escúchame.

Tienes que detener esta locura.

No vayas a Marruecos.

Mi padre se equivocaba.

Decía que a ti no te importaría mi decisión.

Y ya ves cómo se equivocaba.

Pueden matarte.

Tonterías, esos desdichados no saben coger una pistola.

¿Cómo me harán algo?

No es ningún juego. Las noticias son alarmantes.

Propaganda revolucionaria y antipatriótica.

Te demostraré quién soy. No tienes que demostrar nada.

Lo siento, querida.

Es cuestión de tiempo que te des cuenta de lo que sientes.

¿De qué me estás hablando?

Creo que no me entiendes.

Yo no te quiero.

Piensa en mí mientras estoy en el frente.

Adiós.

Mira que llamarnos amargadas.

Qué desagradecida es.

Después de que fuimos a buscarla a esa...

...a ese sitio.

-Venga, Adelina.

No le des más vueltas.

Igual, en el fondo, tiene razón.

Y no seamos más que eso.

-Habla por ti.

No estoy amargada.

-Ya.

-Es que no lo entiendo, Vicenta.

¿Qué demonios se le ha metido en la cabeza?

¿Cómo cree que así llegará a algo?

-Para ella es el camino más fácil.

Y el más rápido.

-Pero va a acabar muy mal, Vicenta, muy mal.

¿De cuánta comida podemos disponer?

¿Ya te marchas? Sí.

Voy a la fábrica. Quizá las chicas no lo sepan.

No creo que eso solucione nada.

¿Por qué? Porque ese no es el problema.

Mientras aquí haya prostitutas, las mujeres no vendrán.

No digas tonterías.

Lo sabes tan bien como yo.

Bueno, algo hay que hacer.

Ir al prostíbulo, explicárselo. Se harán cargo.

Es injusto, tienen el mismo derecho a venir que las demás.

Claro que es injusto.

Pero hay mujeres que renuncian por no compartir camilla con ellas.

Pues no me parece.

Arregla el asunto.

O hablaré con Márquez.

¿Me estás amenazando?

No, te doy tiempo para que soluciones el problema.

Consuelo, Encarna trabaja.

Sois muchas bocas a alimentar.

-Menudo negocio hice al casarme con su padre.

Borracho, lleno de hijos. Y no duró ni un invierno.

-Mujer, no hables así.

-¿Y cómo te hablo?

No te puedo mentir.

De sobra sabes lo que hay.

Acabó con su mujer. Menos mal que yo no podía tener hijos.

-La pobre Encarna sufrió mucho la muerte de su madre.

-La pobre Encarna, siempre la misma cantinela. Y de pobre no tiene nada.

-Bueno.

Me quedo con estos.

-Amalia.

Tú...

Sabes qué se trae con Márquez.

-¿Yo?

¿Por qué habría de saberlo?

-Porque a ti te quiere.

Habla contigo.

Va a verte a casa.

-Es cierto que, cuando Salvador estuvo en el penal, estuvo al tanto.

De ahí a hacerme confidencias...

-Vamos, Amalia.

Vales más por lo que callas que por lo que dices.

Cuéntamelo.

Y te regalo un jabón.

-Anda, tengo mucha faena.

-Muy bien.

No me lo quieres contar.

Ya lo averiguaré yo.

Descuida.

Con Dios.

-Con Dios.

Lista para la próxima salida.

¿Cuándo será?

Lo digo para tener preparada la silla.

Será mañana mismo.

¿Sabes cazar?

Sí, claro.

Pues saldrás con los perros.

¿Algún problema?

No, señor, ninguno.

-Gonzalo.

Pablo, qué agradable sorpresa.

Últimamente apenas te veo.

Lo cierto es que he estado ocupado.

¿Quieres tomar algo?

Con lo del dispensario médico. Una gran idea.

No he venido a eso.

No será por lo de los niños, ¿verdad?

Veo que estás al tanto.

Tu hermana me lo contó.

Pero tranquilo.

Ella ha sido explícita con Alonso.

Alonso es el capataz.

Yo vengo a hablar contigo.

Es que ya no hay niños en la mina.

Vamos, señorita.

Hola.

Esto es para vosotros.

Venid.

¿Tú no quieres?

Mi hijo no quiere caridad.

Solo quiere trabajar.

Es solo un niño.

Y por su culpa están aquí, sin entrar en la mina.

Y usted no va a darles de comer todos los días.

Es muy peligroso.

Más peligroso es morirse de hambre.

Adiós, buenos días.

Hijo, vamos.

Gracias.

Encarna, ¿qué haces tú aquí?

Quería hablar contigo.

Anda, siéntate.

¿Y por qué no esperas a que vaya a verte?

Esto parece el casino con tanta visita.

Es que no sé por dónde empezar.

Pues por el principio.

A ver.

Yo nunca he hecho distinciones.

Para mí sois todas iguales.

Es más, os defendí en la escuela.

Encarna, ve al grano.

No quiero que volváis por el dispensario.

No tiene nada que ver con vosotras.

Está en el centro de la ciudad, y ya sabes cómo es la gente.

Pero he hablado con el médico.

Y estamos dispuestos a venir aquí...

...cuando necesitéis un reconocimiento o lo que sea.

Qué bien, te lo agradezco.

Se lo diré a las demás.

No tiene nada que ver con vosotras.

Ya, ya lo sé.

Bueno, si me perdonas,...

...me tengo que preparar, es hora de que te vayas.

Bueno.

Adiós. Adiós.

Vamos.

No estés tan serio.

No debes desconfiar de Gonzalo.

Él solo quiere lo mejor para los negocios.

¿Es eso malo?

-Bianca.

No quiero halar de Gonzalo.

-Entonces hablemos de tu hermana.

Ella es quien se equivoca.

Y lo sabes.

Con los obreros no vale la caridad.

Hay que darles los instrumentos para hacerlos libres.

-¿Qué quieres decir?

-Hay que hacer lo que tú haces.

Darles salud,...

...condiciones.

Pero nunca,...

...nunca gestionando su libertad.

No es propio de los hombres fuertes.

Y tú has nacido para ser un hombre fuerte.

Y estar arriba en la "testa".

Deja que los demás se desgasten.

Tú mantente seguro de tus ideales.

¿Has visto a Victoria?

-Está encerrada en su habitación.

-¿Y Pablo?

-En el despacho, con la italiana.

¿Qué va a ser de esa familia, Justo?

-Vamos, mujer.

Tampoco es para tanto.

-Sí que lo es.

Y no he sido capaz de convencer a Conchita para que dejara esa casa.

-Pero tú no tienes la culpa, Vicenta.

No puedes sentirte responsable de todo lo que pase.

-Si no me siento responsable,...

...¿qué sentido tiene mi vida?

-Tu vida sí tiene sentido.

Ladridos

Salvador, aquí.

Ven.

Son los perros.

Ya pasan.

¿Tienes lo que te pedí?

-¿Estás seguro?

-Nunca he tenido algo tan claro en mi vida.

Has hecho lo que tenías que hacer.

Pues yo no lo tengo tan claro.

A veces hay que sacrificar cosas que merecen la pena...

...si todo mejora.

Mi abuela Inés decía:

"Quien algo quiere, algo le cuesta".

-Doctor.

Que ya viene.

-A ver, tranquila, respira.

Le vi en el invernadero, como siempre.

Su comida está intacta, ni rastro de él.

Estará llamando la atención.

Voy a ver quién es.

Padre.

Buenos días, Vicenta.

¿Y a qué viene tanta urgencia?

Quería hablar con usted, padre.

Yo también tenía que venir por el donativo del Corpus.

No le he mandado llamar para hablar de donativos,...

...sino de mi mina.

La mina.

¿Y qué tengo que ver con eso?

Usted no, padre.

Pero su ayudante está muy interesado.

Padre, usted y yo...

...hemos hecho un trato y creo haber sido muy generoso.

Mantenga a su curita fuera de mis asuntos o no respondo.

Ahora, si me disculpa,...

...tengo que salir a cazar.

Hable con Catalina del donativo.

Sé que estuviste repartiendo comida.

¿Y sabes que me odian por no dejar que sus hijos trabajen en la mina?

Me lo han contado sus madres, por eso vengo.

A lamentarte.

No.

A decirte que has hecho lo que debías.

Pero no ha servido de nada.

Una niña rica jugando con el destino de los demás.

Nada se cambia tan fácilmente.

Para mí tampoco es fácil.

Has creído en mí.

Y has intentado ayudar a quien lo necesitaba.

Gracias, Victoria.

¿Sabes?

Tenías razón.

Durante todo este tiempo me ha protegido.

Siempre ha estado a mi lado.

Todos los días.

Con todas sus noches.

Ahora,...

...debe volver a ti.

Vamos, un poco más.

Respira y empuja.

Empuja. Un poco más.

Venga, tranquila.

Aguanta un poco.

Venga. Respira.

Empuja, empuja.

Empuja, por favor, un poco más.

Empuja.

¡Maldita sea!

¿Qué pasa?

Ven aquí.

¿Qué hago? Ponte ahí.

Hay que provocar las contracciones.

Te va a doler un poco, vamos.

Un poco más. Empuja.

Un último esfuerzo.

Vamos.

El bebé llora

Vicenta.

¡Vicenta!

¿Qué pasa? ¿Qué pasa?

Victoria, ¿qué pasa?

Alfonso. ¿Qué?

En el invernadero. ¿Qué?

Ven. ¿Qué le pasa a Alfonso, Victoria?

Le han matado. ¿Qué?

Aquí tienes.

Es una niña.

Qué bonita.

Señoras.

No hemos acabado.

Encarna, ayúdame.

Llévate esto.

Tráeme agua limpia.

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La Señora - Capítulo 8

28 nov 2012

Tras la conmoción provocada por la muerte de la Marquesa, Gonzalo ve el camino abierto para acercarse más a Victoria y manipularla a su antojo. Sin embargo, Victoria es testigo de la terrible situación en la que viven los mineros y decide comprometerse en su defensa.

Histórico de emisiones: 24/04/2008

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  1. mmm

    Buenas.yo soy de Aviles y las Iglesias que salen en la serie no son las que indicas. He buscado en internet y,aunque no he podido localizarlas, deben estar en la zona de Llanrs o Robadesella y Ribadeva que fue donde se rodo gran parte de la seri

    01 dic 2012
  2. Blanche.

    Hola, Alice, he estado mirando detalles sobre la serie y he visto que, aunque los exteriores son de varias zonas de España, hay mucho de Asturias, y suponiendo que la Iglesia que sale sea del concejo de Avilés podría ser una de las siguientes: la parroquia de San Nicolás, la de Santa María Magdalena de Corros, la iglesia vieja de Sabugo o la de Santo Tomas de Cantorbery (Wikipedia). Sería cuestión de ver otra vez imágenes y compararlas. Yo he estado solo una vez en Asturias, sobre todo en zonas rurales como los Lagos de Covadonga, Picos de Europa, etc, todo precioso, pero quiero volver y conocer los cascos viejos de Oviedo y otras ciudades y pueblos. A ver si mi novio tiene unos días libres entre el trabajo y sus tocatas con la guitarra y nos damos un homenaje por el norte de España en el 2013. En general la serie me gusta y el atrezzo aún más, qué guapas están las mujeres no siliconadas con esos vestidos caídos, sensuales, de telas suaves y encajes sutiles, collares largos; me encanta ese estilo sencillo y elegante, no rococó ni estridente. Un beso, Alice.

    29 nov 2012
  3. ALICE

    HOLA BLANCHE QUE GUSTO SABER QUE TU ME CONTESTAS, y aparte te saludo y te agradezco muchísimo la información, sabes que no conozco Asturias ......y.....mira......naci en España.... pero tengo muchos años en México, asi que TV Española me da la oportunidad de acercarme a lo que aún considero MIO, y siempre tengo nostalgia, aunque no lo conozca y creo que cada vez mas, así que te repito mil gracias y te mando un abrazo lo de mi interés por la iglesia ojalá y cuando lo tengas me dices. De nuevo Gracias.

    29 nov 2012