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La galería - María Antonia Martínez
Transcripción completa

(Música cabecera)

María Antonia Martínez fue la primera mujer

que presidió una comunidad autónoma en España.

Y lo hizo dos veces antes de que llegara la siguiente.

Y en ambos casos, en situación muy crítica

para su partido, el PSOE,

y para su Gobierno en la Región de Murcia.

No se arrugó en ninguna de las ocasiones

pese a la que estaba cayendo.

Y trató de inyectar racionalidad y austeridad

a la gobernanza de una región exagerada a veces en las alabanzas

y a menudo en las descalificaciones,

capaz incluso de quemar su parlamento autonómico.

¿Cómo recibía usted el mensaje de Esperanza Aguirre

en las elecciones cuando repetía que ella iba a ser

la primera presidenta de una autonomía en España

cuando usted ya había aprobado esa asignatura?

Mira, bien.

Además tuve la ocasión de comentarlo con ella,

porque yo con Esperanza Aguirre he compartido,

no solo escaño en el Senado,

sino que además, cuando fue nombrada presidenta,

he tenido la oportunidad de viajar con ella fuera varias veces.

Y yo recuerdo perfectamente con qué orgullo ella me presentaba

como presidenta del Senado, como la primera presidenta de España.

Lo hacía siempre.

Hice algunos viajes, sí, y estuve con ella en varios sitios.

Estuvimos en Francia, en Holanda...

Países Bajos, en fin.

Hicimos una tour y ella me presentaba con mucho orgullo

como la primera presidenta.

Luego hemos mantenido relaciones todo el tiempo

que hemos estado en el Senado, por supuesto.

Y fuero dos o tres legislaturas en el Senado.

Y luego en una ocasión que vino a Murcia yo le comenté algo

o ella directamente me quiso dar explicaciones de por qué decía eso.

Y me dijo: "María Antonia, yo sé que la primera eres tú

y es que yo soy la primera electa".

Y le dije que me daba igual,

todos sabemos el sistema parlamentario que tenemos.

Los presidentes los eligen los parlamentos,

no los eligen directamente los ciudadanos,

que efectivamente el que encabeza la candidatura

es el que está llamado a ser presidente,

pero no me pasó a mí en la primera legislatura,

que era mi compañero quien tenía que hacerlo

y por dos tránsfugas fui presidenta.

Quiero decir que esas cosas...

Tampoco para mí tienen ningún sentido ser la primera en nada.

Yo lo que quiero es que haya muchas mujeres en muchos sitios.

Claro, es que eso lo dijeron en campaña, pero ella siguió.

Previamente, en el año 84, también sustituyó usted la presidencia

a Hernández Ros cuando él presentó también la dimisión.

Sí, yo era vicepresidenta de su consejo de gobierno

y cuando presentó su dimisión en el año 1984

accedí en funciones hasta que se nombró,

hasta que esta cámara designó al siguiente presidente

que fue precisamente mi compañero Carlos Collado.

Que era presidente de la Asamblea. Era presidente de la Asamblea.

Y usted después, cuando sustituyó a Carlos Collado,

era usted vicepresidenta de la Asamblea, me parece, entonces.

Lo era cuando accedí, sí.

Cuando sucedí a Carlos Collado, yo era vicepresidenta de esta casa,

de la Asamblea Regional, sí.

El gobierno de Hernández Ros en el que usted era vicepresidenta

realmente acabó como el rosario de la aurora

por unas acusaciones contra su presidente.

Que después fue exculpado absolutamente por la justicia.

Sí, bueno, es que realmente temas con la justicia,

Andrés solo tuvo uno,

que fue la acusación por el presunto soborno a un periodista,

un descrédito que en absoluto había tenido participación en eso.

Lo que había era un ambiente social y político muy raro,

porque empezaron a achacársele una serie de proyectos e historias

que realmente no eran verdad,

pero que calaron mucho socialmente y en partido le pidieron la dimisión.

Pero, vamos, yo he estado en ese consejo de gobierno.

Nunca hubo un proyecto de televisión autonómica,

nunca hubo un proyecto de hacer ese tren aéreo,

que, por cierto, luego se hizo en Sevilla en la Expo,

que era maravilloso.

Una serie de cuestiones que de verdad no eran ciertas,

pero que tomaron...

Y fue producto fundamentalmente de la división

que había en el partido, una lucha de poder en el partido importante.

Y ahí quedó de manifiesto la injusticia de echar

a la gente que está imputada, porque él estaba imputado,

pero resultó que nada, igual que con Demetrio Madrid.

Es que el presentó la dimisión,

porque la gota que colmó el vaso fue esa querella.

Pero es que había más cosas.

Fue un asunto político más que judicial.

Porque enseguida se vio

que no había tenido participación alguna en eso.

Fue un bienintencionado amigo

que procuró bajar un poco la tensión social y mediática

que había en torno al gobierno de Andrés Hernández Ros,

pero que él jamás había tenido un problema real con la justicia.

Por eso yo me alegro que se dilucide de una vez por todas

quién hay imputado y quién hay investigado y todo eso,

porque esa es una conversación que hemos mantenido

durante muchísimo tiempo,

sobre todo la gente que hemos estado en el Congreso, en el Senado

y en torno a la Comisión de Justicia,

porque por una simple querella, una simple acusación,

se te pasa a investigar,

y automáticamente estás deslegitimado para todo.

Realmente eso no puede ser.

La presunción de inocencia entendemos

que debe cubrir a todos los ciudadanos,

incluidos los políticos, por lo menos en mi opinión.

Y la de muchos ciudadanos, yo lo sé.

Otra cosa es que los partidos pidan responsabilidades políticas.

Eso es otra cuestión.

Y yo creo que en las dimisiones tanto de Carlos como de Andrés

hubo un trasfondo de un partido que pide responsabilidades políticas

a sus representantes.

No judiciales.

Con Carlos pasó lo mismo.

Había una investigación por el Tribunal de Cuentas

de un asunto concreto,

y el parlamento, cuando asumió ese tema,

cuando estudió la ponencia dio traslado a la justicia

y la justicia dio carpetazo.

Pero la dimisión de Carlos no es por la intervención judicial,

sino porque su partido le pidió responsabilidades políticas.

Y esas cosas deben dilucidarse. Yo creo que muchos de los problemas

que tienen los grandes partidos actualmente,

les vienen dados, entre otras cosas,

por no haber sido capaces de dirimir y separar

los ámbitos políticos y judiciales.

La justicia no puede marcar el calendario de los políticos

ni los políticos los de la justicia, por supuesto.

Bueno, pero fueron en circunstancias diferentes, ¿no?

Fue muy distinto. Fueron diferentes,

pero los dos con un trasfondo de crisis política importante.

Lo que sucede es que en aquella primera ocasión

en los años 80, salíamos de aquella crisis económica tan enorme también,

pero fue un partido unido y una sociedad muy unida

la que se enfrentó a la sucesión del entonces Andrés Hernández Ros.

Cosa que no sucedió en el año 93,

donde junto a la crisis económica y la crisis social,

porque hubo unas repercusiones tremendas,

sobre todo aquí, en la ciudad de Cartagena.

El partido no estaba unido.

Realmente había muchos problemas y creo que eso nos restó credibilidad

para afrontar las elecciones del 95.

Claro, pero la salida de ambos fue un poco distinta.

La de Carlos Collado y la de Andrés...

Sí, fue distinta, desde luego, políticamente, por supuesto.

Como digo, en el año 84, Andrés había ganado por mayoría absoluta.

Cuando pasó lo que pasó,

a mí me pilló, digamos, en el bando de Andrés.

Yo lo sentí muchísimo, de verdad, porque es una persona

a la que entonces, después y ahora,

le sigo teniendo un respeto tremendo y un gran cariño.

Porque yo era muy joven, era consejera de Hacienda muy joven.

Tenía 29 años usted, si no recuerdo mal.

Y yo sabía que era mentira todo eso,

porque yo las relaciones que tenía con él

eran de una cordialidad tremenda.

Y cuando él me llamaba para plantear algún tema presupuestario,

cuando yo le decía que no se podía, no se podía.

O sea, a mí me respetó muchísimo con mi juventud.

Por eso me hacía tanta gracia, entre comillas,

que algunos compañeros de mucho más peso político y más edad

pusieran en su boca y en su actuación

elementos que eran absolutamente falsos.

Pero ya digo, dimitido Andrés,

automáticamente la gente no dimos batalla alguna

frente al nuevo presidente ni muchísimo menos.

Yo me fui a casa, dejé mi responsabilidad,

porque era vicepresidenta con un presidente dimitido

y no pasó nada.

Me reincorporé a mi trabajo y seguí colaborando con el partido

formando parte de los comités regionales

y de todos los órganos de partido sin ningún problema.

Y no lo digo personalmente solo por mí.

Es que fue una cosa unánime.

Temíamos que el sector vencedor, entre comillas,

se puso a las órdenes del nuevo presidente

y del nuevo secretario general.

Y yo creo que por eso, por esa imagen de fuerza,

pudimos remontar la situación.

Claro, lo que pasa es que el entorno de Collado

me dice que es distinto, porque Collado lo que tenía

era un problema político, porque empezó, me cuentan,

que empezó a creerse Luis XVI. (RÍE)

Quien siguió el día a día de la región sabe

que el ambiente era irrespirable,

con independencia de la actuación del nuevo parlamentario socialista.

Es que era cada día una cosa nueva.

Unas con fundamento y otras sin ninguno.

Es lo que le puedo decir.

Y nada puede sucederle y haberle hecho cargo

de sus responsabilidades y de su herencia que defendí,

creo que dignamente.

Era su legislatura, no la mía.

Yo tomé posesión del cargo

a mediados de la legislatura que era suya,

para la cual le habían elegido los ciudadanos.

Pero ciertamente el ambiente era muy raro.

Era un ambiente político irrespirable.

Y el partido le dijo que tenía que dimitir.

Fue una petición de responsabilidad política de un partido

que estaba incomunicado con su presidente

y con su consejo de gobierno sencillamente.

Pero la actitud del día siguiente ya no fue la misma.

Porque yo con Carlos siempre he tenido una relación estupenda.

El día del debate de investidura que fue aquí, yo lo recuerdo.

Cariñosamente se puso a disposición para lo que necesitara y todo.

Pero toda la gente que estaba en su entorno

se hizo una bandería de aquello

y se montó una conflictividad,

no dentro del partido que hubiera sido disimulada,

sino exteriormente.

Era raro el día que a mí no me insultaba un compañero

y algunos con mucho peso político.

Entonces yo entiendo que eso a la ciudadanía le tiene que pesar.

Si ellos no se quieren, ¿por qué les vamos a querer nosotros?

Fue un poco simplificar el problema, pero realmente es así.

No podemos pedir responsabilidades a los ciudadanos por falta de afecto

cuando día a día se demuestra que no se tiene afecto

a las personas que los representan.

A pesar de eso, fui secretaria general del partido,

elegida en dos congresos, e intenté de verdad unir al partido.

Pero no lo conseguí, tengo que reconocerlo.

Por eso admiro tanto a mi compañera presidenta de Andalucía

que ha sido capaz de mantener un partido fuerte y unido.

Si no hubiera sido así, habría habido problemas.

Esto de la política es un poco raro, ¿verdad?

Porque Collado acabó con la credibilidad del partido,

pero la que se lleva la gran bofetada en las elecciones es usted,

que no ha tenido nada que ver con ese declive del partido.

Yo eso lo llevé con estoicismo, tengo que reconocerlo,

porque a mí nadie me engañó.

Cuando me propusieron que aceptara la presidencia de la comunidad,

yo ya sabía cuál era la situación.

Tenía, vamos, una foto fija de la situación bastante real.

A mí nadie me engañó.

Yo sabía además que lo que había que hacer era duro.

Y lo primero que hice fue mandar una ley a este parlamento

donde redujimos el presupuesto. Es la primera vez que se hizo.

Recortar un presupuesto.

De la comunidad. De la comunidad.

Lo primero que hice fue mandar un proyecto de ley

donde recortamos el presupuesto,

recortamos gastos corrientes en una cantidad tremenda

y lo aplicamos donde hacia falta ponerlo.

Pero hicimos esto porque sabíamos que la situación era la que era.

Pero siempre me han preguntado por eso,

porque la verdad es que...

No es que sea grato, es que te duele.

Compañeros a los que tú siempre has admirado tanto,

pues lleguen a focalizar en ti como si fueras la culpable.

Yo siempre he dicho lo mismo cuando me han preguntado.

Yo soy a Carlos Collado, lo que Carlos Collado fue a Andrés.

El efecto, no la causa.

A pesar de la dureza, de los momentos que me han tocado vivir,

creo que he estado a gusto con lo que he hecho.

Ahora, yo reconozco que esos dos años y medio de legislatura

que restaban del 93 al 95 fueron muy singulares.

Y había que mantener la sangre fría.

Y tener temple.

Primero para lidiar con lo que había en mi partido.

Punto primero.

Porque aunque la gente no lo sepa o no lo quiere saber,

la vida de los partidos es importante y sustancial a la institucional.

Porque los partidos son los que hacen las listas de las personas que van.

Los ciudadanos votan

lo que los partidos les ponen en esa lista.

Hay que ser muy fría para en esos momentos aguantar

la pugna que había en el partido

y al mismo tiempo dirigir con eficacia un gobierno reducido

del que me sentía orgullosa siempre,

porque, de verdad, creo que fue un lujo de gobierno,

que toda la gente que entró a formar parte en este gobierno

en esas circunstancias tan particulares.

Pero es que teníamos una crisis económica tremenda.

Y Cartagena, igual que Asturias,

se desmanteló todo el sector público regional

y eso tuvo unas consecuencias económicas tremendas.

Tuvimos un periodo de sequía, que entonces decíamos

que no se habían conocido en la historia.

Aunque después tuvimos alguno que quizá fuera equiparable.

Y junto a la crisis económica y la crisis política,

teníamos una crisis social.

Había un paro tremendo.

Había gente manifestándose todos los días en la calle.

Veníamos de un episodio tan nefasto como fue la quema de esta casa.

Eso le iba a decir, que esta casa la quemaron.

Yo estaba aquí, cuando... De vicepresidenta.

Yo estaba de vicepresidenta cuando eso sucedió.

En mi despacho guardo algún tornillo

de los que entraron entonces por los cristales.

De los que entraron quiere decir de los que tiraban.

Claro, aún conservo alguno en el despacho.

Unos tornillos considerables.

Luego salimos a la calle, estaba el presidente,

estábamos muy poquitos diputados, pero había algunos.

Y lo seguimos desde la calle. Había un ambiente social muy malo.

Te seguía cualquier manifestación allá donde fueras.

Y yo me lo tomé como una responsabilidad propia del gobierno.

Es más, yo, desde esa tribuna,

en cada intervención que tenía se lo decía a los sindicatos

y a la sociedad en general.

"Id a manifestaros a la puerta del consejo de gobierno.

id a San Esteban, dejad que el parlamento trabaje".

Y yo asumí eso.

Con esa actitud, hicimos cosas importantes, creo yo.

Que eran las que requería

la situación socioeconómica que yo encontré.

Tengo que decir de entrada

que tuve un apoyo magnífico del gobierno de España.

Felipe González la verdad que estuvo magnífico.

Y yo no sé ningún presidente que haya sido recibido tantas veces

en dos años y medio como lo fue conmigo.

Pero conseguimos firmar un plan de reactivación de toda la región

que suscribieron aquí todas las fuerzas políticas,

los sindicatos y los empresarios.

Y el plan especial de Cartagena también

con unas magníficas desgravaciones fiscales

y medidas de incentivos importantes

que también fue firmado por la patronal,

por los sindicatos y por las fuerzas políticas.

Realmente eso, en aquellos momentos, era necesario

y estuvimos todos a la altura de lo que se exigía.

Fueron planes de inversiones para muchos años.

De hecho el gobierno popular...

desde luego a lo mejor dos legislaturas es excesivo decir,

pero desde luego la primera legislatura del gobierno popular aquí

a partir del 95 y como mínimo la mitad de la siguiente

no hicieron más que aplicar y desarrollar los dos planes

que habían sido aprobados por los gobiernos socialistas

regional y de Madrid.

Y en ese sentido hicimos un pacto del agua

que fue suscrito en todas las fuerzas políticas.

¿Y también en Castilla-La Mancha?

No, no, no. Me refiero en la región. La unidad de aquí.

Pero en Madrid conseguimos y tuvimos los apoyos que necesitamos.

Conseguimos trasvases que después incluso los tumbó el Tribunal Supremo

pero el agua ya había venido y la habíamos consumido.

Yo le llamé mi amigo pidiéndole perdón, pero santa Rita, Rita...

¿Y en ese caso qué hace?

Pues nada, nada, porque el agua estaba consumida.

Además hace ya dos años. Enfadar a Bono solamente.

Bueno, pero siempre se enfadaba con las cosas del agua.

Yo no creo que se enfadara, era una forma...

una actitud política para hacerse crecer y tener prepotencia.

Esas prepotencias hídricas, pero bueno...

el presidente nuestro de aquí hacía lo mismo.

La generación de usted, bueno, la generación nuestra,

es una generación que tuvo que asumir

responsabilidades muy jóvenes, usted es un caso clarísimo.

Sin embargo ahora...

la generación que tiene la edad que tenía usted

cuando era vicepresidenta del gobierno de Murcia

y después presidenta, todavía están buscando su primer trabajo.

Es que las circunstancias son muy distintas.

Yo, por ejemplo, creo que a nuestra generación

nos tocó hacer lo que hicimos, mejor o peor, pero ha servido

y que a esta generación de ahora es a la que le tocaría

hacer una revisión de todo eso.

Lo que sucede es que las condiciones socioeconómicas

en que nos encontramos hace que esa generación a la que le toca hacer eso

están, no digo ensimismados, que no lo están ni mucho menos,

tienen unas preocupaciones más vitales.

No saben qué va a ser de su vida.

Les falta impulso. No saben el trabajo...

Incluso la gente que tiene trabajo

lo tiene en unas condiciones muy precarias y realmente

tienen una preocupación importante.

Mi generación, que coincido, en la nuestra, fue singular, pero...

dentro de esa singularidad creo que también estamos...

bueno, preparados no... Derrochamos buena voluntad,

esfuerzo y mucho trabajo. Eso si es verdad.

En Murcia es que su partido, el Partido Socialista Obrero Español

era muy peculiar porque no solo tenía guerristas, renovadores,

felipistas, sino que tenía enanos, de la margen izquierda,

lorquinos, el grupo de Cartagena... Era un partido complicado.

Bueno, se llamaban eso, lo apunto porque no es porque fueran pequeñitos

sino porque a la cabeza de ese grupo dentro del partido

estaban alcaldes de municipios muy pequeñitos.

No, pequeñitos no eran porque yo conocí dos enanos de 1,90.

Sí, se unieron para defender los intereses de sus ayuntamientos

frente a otros más grandes como los de Cartagena o Murcia.

Tiene su trasfondo político. Todo lo tiene.

No es una cosa personalista. Había sus dimes y diretes

y sus diferencias también en las líneas de actuación.

Hemos sido muy singulares. Realmente hemos sido un partido

muy alborotado siempre.

Yo creo que somos un poco ácratas, como decía Ramón Rubial,

que éramos en el fondo todos muy ácratas.

Aquí somos ácratas murcianos. Yo la recuerdo a usted en el 84,

no en la segunda etapa, diciendo:

"en este partido estamos lo peor de cada casa".

Sí, una de muchas frases mías. Yo me acuerdo cuando me despedí

del segundo congreso les dije que había que querer

mucho al partido para aguantarlo. La vida de partido es muy dura.

La democracia es muy dura. La democracia es dura.

Yo algunas veces no me explico por qué a alguna gente la votan.

Ya no digo los electores sino la gente dentro del partido.

Yo algunas veces no entiendo por qué a determinado compañero o compañera

le mantienen tan fielmente su agrupación y su apoyo.

Pero eso es la democracia y la democracia es dura, como digo.

Y hay gente que tiene su atractivo para unas cosas y para otras

y hay que asumirlo

porque la democracia, mientras no se invente otro sistema más directo,

es el que es. ¿Cómo administraba usted,

tanto como presidenta como en el partido,

el follón Cartagena-Murcia?

Pues en ese aspecto iba mejor que ahora,

con todos mis respetos a quien tiene la responsabilidad.

Yo no digo que fui protagonista, pero fui coautora del primero,

y yo creo que único congreso que se ha hecho en Cartagena.

Porque yo siempre he pensado que el partido en Cartagena

debía que tener más autonomía.

Otra cosa es cuando me has preguntado por la provincialidad.

Yo nunca le he dicho que no, lo que pasa es que siempre

les he lanzado un reto que, para mí, tenían que superar antes de eso

y es ganarse el afecto de la comarca.

Porque no se puede pretender hacer una provincia con una ciudad.

Que lo cierto es que los municipios que conforman la comarca natural

de Cartagena han preferido seguir dependiendo de Murcia

que de Cartagena, pero yo siempre decía que si había unión, unidad,

territorio y población necesaria, ¿por qué no?

Usted era presidenta en una comunidad que es muy militar.

El rey venía muy a menudo. Claro.

Y ahora me imagino que el nuevo rey también lo hará,

pero don Juan Carlos venía muy a menudo aquí

y siempre llamaba y yo siempre le iba a recibir,

por eso tengo muchísimas fotos. Pero muy bien. La aviación nos dio

a la comunidad, lo concretó en mí porque era la presidenta,

pero a la comunidad le dio la mayor distinción

que existía al cumplir su 50 aniversario.

También tiene aquí la escuela del aire.

La escuela de oficiales del ejército del aire.

Yo era asidua, acudía a todo, pero también he tenido

unas relaciones magníficas con la Guardia Civil.

Durante muchos años he ido siempre a su celebración del día del Pilar

después de ser presidenta y con la iglesia también,

a pesar de no ser católica practicante.

Con el obispo Azagra me he llevado maravillosamente.

Era una persona encantadora y siempre decía que rezaba por mí.

Yo le decía que lo hiciera, que lo necesitaba.

Usted fue, durante bastante tiempo, también senadora.

Y si no recuerdo mal fue secretaria del Grupo Socialista en el Senado

y viceportavoz. He estado 3 legislaturas en el Senado

y no me he aburrido nunca porque he tenido responsabilidades distintas

en cada una de las 3 legislaturas.

De verdad que he tenido grandes satisfacciones parlamentarias.

Además de la internacional porque he formado parte

del grupo de amistad con México desde el principio, los doce años.

Estuve en la constitución con el grupo de Brasil

que fue a partir de esa Constitución

cuando se dio el vuelco al uso del idioma

y al estudio del idioma como segundo idioma en Brasil.

Y unas relaciones magníficas y además tuve una cosa...

lo cuento como anécdota, pero fue para mí una cosa muy especial

porque coincidió una interparlamentaria, la UIP,

una asamblea en México justo con el debate de investidura de Zapatero,

de Rodríguez Zapatero en el Congreso. Entonces la Delegación

teníamos que conformarla solo senadores

porque el Congreso estaba en su debate

entonces a mí me toco intervenir en representación de toda la Delegación

puesto que habíamos ganado las elecciones

y ahí acordaron junto con Anasagasti

y toda la gente que iba en la Comisión

dijeron que la portavoz tenía que ser yo

y explicar ante la Asamblea de todos los parlamentos del mundo

por qué habíamos salido de la guerra de Irak.

Y aquello fue tremendo... ¡Qué ovación!

Fue muy satisfactorio. Y además porque en esos años

nuestras relaciones internacionales eran magníficas.

Es que cuando nosotros empezamos a airear los proyectos de ley

y las cosas que se estaban haciendo en el Parlamento de España

era una gozada. No, lo digo seriamente.

Poner en marcha la primera ley que a nivel de ley reconocía

un problema que hasta entonces era privado

como es la violencia contra las mujeres...

aquello fue tremendo y sirvió de palanca en muchos países.

¿Qué se me ha olvidado preguntarle que usted habría querido contar?

Pues no sé... A lo mejor las cosas de las que me arrepiento.

Pero creo que dentro de una línea de trabajo discreta...

discreta, trabajadora y eficiente creo que he hecho lo que he podido.

Y algo más de lo que he debido y costando un poco de trabajo

y en contra de algunas actuaciones que me habrían generado más simpatía

si nos las hubiera hecho. Pero me arrepiento más

de cosas que no he hecho que de las que he hecho.

¿Como cuál? No, eso no lo voy a decir.

Hombre... Eso no, eso no...

No he seguido algunas recomendaciones en política que me dieron,

y muy bien dadas. Y no hice caso de ellas...

¿A quién se ha permitido usted el lujo de no hacer caso?

A Felipe González.

Y además me arrepentí toda la vida de no haberlo hecho

porque creo que tenía mucha razón. Yo lo hice por lealtad

y por fidelidad y me equivoqué. Cuando me dijo que no encabezara

ninguna candidatura al Congreso ni a nivel regional

tenía que haberle hecho caso.

Yo, sin embargo, lo hice por intentar unir, de verdad.

Yo tenía mucha ilusión y me equivoqué.

En eso y en alguna otra cosa que no voy a decir

porque afecta a nombres y apellidos.

Pero sí es verdad que algunos consejos que me dieron

los debí seguir y no los seguí.

Probablemente no estaban los tiempos para asimilar consejos.

Le había tocado bailar con el más feo.

Derrumbar proyectos megalómanos anteriores,

estrenar el concepto austeridad y asistir impotente

al fin del ciclo del PSOE en toda España.

Pero en el fondo ganó. Nadie la cuestiona hoy,

ni su trabajo como presidenta.

Dejó la política en 2007 y regresó a su puesto de letrada

de los servicios jurídicos de la comunidad que había gobernado.

Será una casualidad pero es muy significativa:

tiene el despacho en la avenida de La libertad.

(Música créditos)

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La galería - María Antonia Martínez

04 nov 2015

Entrevista a María Antonia Martínez, presidenta de Murcia en 1984 y de 1993 a 1995.

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