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Para todos los públicos Saber y ganar - 28/10/20 - RTVE.es
Transcripción completa

Hola, buenos días a todos. Hemos vuelto a invitar

al profesor de Sociología y escritor César Rendueles

para seguir hablando con él de su nuevo libro

"Contra la igualdad de oportunidades,

un panfleto igualitarista".

Muchas sociedades tradicionales

han usado recursos contra la desigualdad extrema.

¿Por qué? ¿Qué podemos aprender de esas tradiciones?

¿Podrían ser útiles para mejorar nuestras vidas?

¿Es señalar en el juego social la existencia

de perdedores y ganadores un mecanismo eficaz

para mejorar la vida de todos y animar a esforzarse y superarse?

Esas y otras preguntas por el estilo

le plantearemos hoy a César Rendueles

dentro de un minuto.

Buenos días, no se pierdan tampoco la charla

que vamos a mantener con Héctor Castiñeira.

En redes sociales es conocido como "Enfermera saturada"

y viene a presentar su último libro:

"Nosotras, enfermeras: historias de unos días

que nos cambiaron para siempre".

Un testimonio en primera persona de cómo el personal sanitario

afrontó los primeros meses de esta pandemia.

El lunes próximo, 1 de noviembre, es el Día de Todos los Santos.

El día de difuntos. En México simboliza

el encuentro entre los vivos y los antepasados fallecidos.

La casa de México en España

lo celebra este año de un modo muy especial.

La Sala de Arte Joven presenta la exposición

"Del todo imposible",

uno de los proyectos ganadores de la undécima edición

de la convocatoria "Se busca comisario".

Una apuesta por facilitar el acceso al mundo profesional

de jóvenes comisarios.

Hablamos hoy de nuevo sobre mecanismos sociales

que pueden hacernos la vida mejor

o peor a las personas y más o menos fuertes

a las sociedades con mayor o menor capacidad de adaptación

ante los desafíos inesperados

a la luz de las evidencias de la antropología

y la sociología de la mano del profesor César Rendueles,

autor de este apasionante ensayo:

"Contra la igualdad de oportunidades:

un panfleto igualitarista".

Bienvenido. Muchas gracias.

Gracias por aceptar nuestra invitación de nuevo.

El otro día apenas hablamos del libro.

Yo quiero que hoy empecemos hablando

de las sociedades tradicionales.

Porque las sociedades tradicionales tenían mecanismos,

cuentas en el libro, para limitar las desigualdades.

Sí, en efecto, sobre todo, porque las desigualdades

suponen un peligro para la cohesión

en sociedades que no tenían mucha productividad,

ni muchos excedentes.

Eran bastante frágiles materialmente.

La cohesión social era muy importante.

Así que tenían toda clase de mecanismos.

Algunos que podían ser sencillamente reírse un poco

de los que trataban de destacar o ayudar a los que peor estaban.

O sencillamente establecer niveles de vida considerados aceptables

y buenos para todos, que trataban de limitar

esas desigualdades y fomentar la unidad, la cohesión social.

Sin embargo, nosotros somos más bien sociedades,

las actuales, las industriales, de la competencia.

De hecho, los deportes son como un referente.

Sin embargo, a veces se olvida que dentro del mundo del deporte

existe una posibilidad educativa

cuando los equipos, aunque unos ganen y otros pierdan,

no siempre están formados por los mismos individuos.

No está permitido todo, hay unas reglas para todo.

Hablemos un poco de lo que nos enseña el deporte.

Yo creo que nos enseña mucho.

Primero, nos enseña algo importante.

La competencia, tradicionalmente, estaba limitada a ciertos espacios.

No era algo difuminado por toda la sociedad,

sino que se daba a una hora en cierto momento.

Por ejemplo, en la plaza del mercado, los días de mercado.

O en el estadio de fútbol.

Pero no era algo que tuviésemos que hacer todo el rato.

Y eso es algo que nos enseñan los deportes.

Pero también, como señalas, la competencia, muchas veces,

está entreverada con la competición.

Yo tengo un amigo que participa en una liga cooperativa

de baloncesto, y han descubierto, por ejemplo,

que aplicando algunas normas, limitan la competitividad extrema.

Por ejemplo, que el equipo que defiende

es el que hace de árbitro cada vez.

Según cambia el que ataca. No hay árbitro fuera.

No.

Son ellos mismos. Ellos mismos.

Exactamente. Genial.

Me contaba que han descubierto que eso hace que haya menos trampas.

Como te va a tocar a ti al momento siguiente

dejar de arbitrar, hace que todo sea

mucho más limpio y con competitividad más limitada.

Yo creo que el deporte tiene muchos ejemplos de eso.

Tenemos, por supuesto, el deporte espectáculo,

donde 22 aristócratas compiten en un coliseo

para divertir a millones de personas.

Luego tenemos más experiencias donde la distancia

entre competición y cooperación tiende a difuminarse.

Incluso a veces las normas las cumples

porque con quien compites hoy, mañana es tu propio compañero.

Entonces, no puedes ir en plan "killer"

a pegar patadas a las rodillas

y destrozar a los demás, porque al final,

aparte de porque te lo pueden hacer a ti,

porque luego está en tu equipo.

Entonces, no sirve para ganar.

En tu equipo, o en tu trabajo, o en tu colegio,

o tu barrio. Claro.

Es algo bastante institucionalizado en muchos deportes.

Como el "rugby", lo típico que hacen los equipos de "rugby" de después,

ir a tomar cervezas a un bar.

Tiene que ver con eso, con saber diferenciar

y limitar el espacio de la competición.

Y eso yo creo que es un aprendizaje importante

para el resto de la sociedad.

Los proyectos igualitaristas no proponen abolir

todo tipo de competición. O de diferencias.

Claro, exactamente.

Sino limitar los espacios donde sean socialmente constructivos.

Y relativizar la importancia de ganar.

Exactamente. Tampoco es para tanto.

Cuéntanos la anécdota esta de Rufino Carpena,

que fue profesor tuyo.

Rufino Carpena fue un atleta muy importante

de medio fondo y "cross", y yo tuve la suerte

de que me entrenara en el equipo de atletismo infantil

en el que participaba de niño.

Y Rufino Carpena, una cosa que hacía,

era que al final de año,

hacía una ceremonia de entrega de premios muy loca,

en la cual se inventaba toda clase de categorías absurdas

para que al final todos los niños tuvieran alguna clase de premio.

Y yo lo veía, con el paso del tiempo,

no solo como premio de conciliación,

que también, supongo, sino también como una forma

de que los niños que más corrían o mejor lo hacían,

no se le subiesen los humos.

Porque si de lo que se trataba era de saber quién era el que más corría

y mejor lo hacía, se sabía desde principio de temporada.

El resto de la temporada, era absurdo.

Sabíamos todos quién iba a ganar.

Estaba entre dos o tres, no había ninguna duda.

Los demás, éramos un poco comparsas.

Y creo que aquella ceremonia, lo que explicaba es que no.

Primero, que ganar no es tan importante.

Importa, pero tampoco es para tanto.

Pero segundo, que para que el premio de los ganadores

tenga algún sentido, tiene que haber

mucha más gente compitiendo y participando de eso.

Luego también cuentas en el libro la anécdota

de una profesora de Griego que tenías,

que creo que es muy interesante recordarlo ahora.

En estos tiempos que se habla tanto de la cultura del esfuerzo

y la meritocracia, yo, como profesor,

me acuerdo mucho de cómo trabajaba aquella profesora,

nos dio clase de Griego en COU.

Era un temario exigente, la verdad.

Y ella tenía una estrategia, no dejaba que nadie suspendiera.

No porque diera aprobado general,

sino porque te obligaba a repetir el examen

tantas veces, hasta que aprobabas. Hasta que te lo sabías.

Eran diferentes, no el mismo examen.

Era sobre la misma materia, hasta que aprobabas.

No dejaba que nadie suspendiera.

Lo cierto es que sacamos buenas notas en selectividad.

Realmente... Era efectivo.

Era efectivo, simplemente no dejaba nadie atrás.

No impedía, por supuesto, que hubiera gente más brillante,

que sacara mejores notas,

pero no dejaba que nadie quedara atrás.

Para mí, esa fue una lección que luego como profesor

me acuerdo a menudo de ella; la excelencia no está reñida

con no dejar a nadie atrás.

Claro, muchas veces, la impresión que tiene uno

es la contraria, que el sistema lo que trata

es precisamente de determinar.

"Tú eres un perdedor y tú eres un ganador".

Como algo sustantivo.

Cuando puedes ser perdedor en un momento

y ganador en otro. Claro.

O en una materia o en otra. Totalmente.

Y sobre todo, que la excelencia de unos no se debería medir

sobre el fracaso de otros.

Parece que para demostrar que alguien es brillante,

tiene que haber conseguido que otros por detrás de él fracasen.

Es absurdo realmente. Sobre todo, en etapas tan tempranas

como el bachillerato o era COU.

Claro, luego eso mismo se ve todavía peor

cuando se supone que nadie va a ser,

por ejemplo, ingeniero, de lo más difícil

que te puedas imaginar, si no le pagas más

que a los demás, es decir, si no tienen algo

sobre los demás. Claro.

Es muy interesante,

porque cuando surgió el concepto de clase media,

en torno al siglo XVIII, XIX, era un ideal, sobre todo,

de alguna forma, de vida digna universalizable.

Lo que pretendía era, por un lado, renunciar

a la miseria... De las necesidades humanas.

Pero también marcando distancia

respecto a los ricos que vivían en medio del lujo.

Era el imperio de lo suficiente, de lo bastante.

Es una idea que se nos ha ido olvidando.

A mí me parece muy natural que un ingeniero, médico,

o un albañil, aspiren a tener eso, suficiente, a llevar una vida buena.

¿Pero más que los demás?

¿Realmente necesita más que los demás?

Todo porque es una vida buena esa que es consciente

de que los demás tiene menos. Exactamente.

Porque al final eres esclavo de ese sentimiento.

Siempre va a haber alguien que tenga más que tú.

Totalmente, además, es una carrera hacia ninguna parte.

Porque pareces hacia el infinito.

Siempre necesitando más, y más y más

para diferenciarte cada vez más.

En el libro cuentas una anécdota muy interesante

con Joseph Heller y el de matadero...

No me acuerdo cómo se llamaba. Vonnegut

Sí, Vonnegut. Cuéntala un poco.

Sí, contaba, bueno, estaba en una fiesta,

es un poema que escribió como necrológica,

y estaba en una fiesta en la que había millonarios y dijo:

"Oye, Joseph, ¿te has dado cuenta de que en la última hora

ha ganado con sus artilugios financieros

más que tú con derechos de autor toda tu vida?".

Al parecer, Joseph Heller contestó:

"Ya, pero yo tengo algo que él jamás podrá tener".

Y preguntó: "¿Qué es eso? Suficiente".

Es buenísimo. Sí.

Realmente marca eso, es verdad. Sí, es verdad.

Es verdad. Luego, ¿cuáles son las evidencias estudiadas

que demuestran que la desigualdad

no necesariamente conduce a la excelencia?

Bueno, realmente las desigualdades

se han multiplicado, sobre todo, en el mundo empresarial,

últimos 30 o 40 años,

hasta extremos completamente absurdos.

La diferencia que había, por ejemplo, en los años 50, o 60,

entre los miembros, por ejemplo, consejeros delegados,

altos directivos y los empleados medios,

eran a veces de 50, 60 veces el empleado medio.

Y ahora... Que ya está bien.

Que ya está bien. Y ahora estamos en varios cientos

de veces los sueldos de los empleados medios

de forma bastante habitual.

Yo no diría que los directivos de empresas, los ejecutivos,

son varios cientos de veces más productivos

o eficaces que antes.

Tenemos evidencia de lo contrario.

Las desigualdades tienden, como decía antes,

tanto en sociedades tradicionales como actuales,

a degradar las instituciones y las organizaciones.

Hacen que confiemos menos los unos en los otros,

que sintamos menos la sensación de estar

de alguna manera trabajando en equipo.

Y es algo perfectamente estudiado.

Sabemos desde hace muchísimo tiempo

que es un problema, no para los que peor están,

sino para las organizaciones.

¿Y por qué las desigualdades son tan persistentes?

Porque cuentas en el ensayo, en el libro,

que, por ejemplo, me parece que...

En Florencia, las cinco o seis familias más ricas,

siguen siéndolo ahora

desde hace cinco siglos y también las más pobres.

Bueno, son tan persistentes, sencillamente

porque la gente que tiene poder económico y político

hace todo lo necesario para conservar su poder.

Y los demás se lo permitimos.

Otras desigualdades no han sido tan persistentes.

Quiero decir, hemos vivido en los dos últimos siglos

un crecimiento bastante sostenido

de la igualdad de género, una de las grandes revoluciones

de la modernidad, las igualdades en términos políticos,

también han ido creciendo, las democracias están bien asentadas

en nuestro tiempo.

Las igualdades económicas,

sí, a través de toda clase de mecanismos larvados,

tienen a perpetuarse.

Pero solo en la medida que lo consintamos.

Sencillamente, han sido inteligentes y hábiles

y están en esa posición para perpetuar su posición.

A veces, yo creo que una de las claves está

en el uso de la envidia, quiero decir,

yo creo que en un libro de no hace mucho tiempo,

leí que Boris Johnson decía

que la envidia, es decir, el típico vecino

que mira el césped del vecino y lo ve más verde,

entonces, tiene un motivo para regar el suyo,

que eso era ese vicio privado,

que es también una de las claves de este pensamiento,

conduce a la virtud pública.

Es decir, a la excelencia social.

A que todo vaya a mejor.

Sí, bueno, sabemos objetivamente que no es verdad,

que en las sociedades donde se dan esos procesos

de desconfianza, proliferan toda clase de problemas sociales,

que no tienen nada que ver, aparentemente,

con la economía, y de hecho, es curioso,

porque ese argumento de la envidia

se usó al revés para criticar los proyectos igualitaristas.

Hay una frase muy famosa de Tony Blair que decía:

"No tengo tiempo para igualitarismo de la envidia".

De gente que somos unos envidiosos de los ricos, de los millonarios,

en vez de esforzarnos para ser como ellos,

nos limitamos a envidiarlos y a desearles peor suerte,

que no tengan "jet" privado, como se merecen.

Y tú dirías entonces, ¿qué es entonces una sociedad justa?

En el libro hablas de John Rawls.

Bueno, una sociedad justa tiene, sin duda, bastantes características.

Por ejemplo, que te respeten la libertad individual,

que eso, sin duda, es algo absolutamente necesario,

que respeten nuestra capacidad para emprender proyectos personales,

siempre y cuando no interrumpan los demás,

que tengan una serie de instituciones democráticas

que garanticen que se dan condiciones

para una democracia adecuada.

Pero yo creo que a todo eso, que forma un poco el esqueleto

de democracias liberales clásicas,

hay que añadirles un conjunto de condiciones materiales

en las cuales, realmente, bueno, toda esa estructura jurídica

y formal queda un poco vacía; yo creo que una sociedad

que se llame a sí misma justa y democrática,

que no asegure de alguna manera la subsistencia material

de todos sus miembros,

que no deje atrás materialmente a nadie,

realmente a mí me resulta un poco inverosímil.

Creo que John Rawls decía

que algo es justo cuando quien decide que es justo

no sabe si le va a tocar a él o no.

¿Cómo repartimos una tarta?

Ese es el famoso velo de la ignorancia de Rawls.

Efectivamente, se entiende muy bien con una tarta.

De hecho, los niños lo hacen así a veces.

¿Cuál es la manera mejor de saber que el reparto va a ser justo?

Quien parte la tarta, no es el que la reparte.

El que parte la tarta, es el que se queda

con el último trozo. Claro.

Reparte uno. Los demás eligen

cada uno el que quiere.

Digamos que ese principio popular, Rawls lo aplicó.

¿Cómo podemos imaginar una sociedad justa?

Aquella en la cual no sabríamos qué lugar vamos a ocupar.

Si no sabemos si vamos a ser mujer u hombre,

rico, pobre, ingeniero, albañil.

Bueno, pues imaginaríamos seguramente

una sociedad en la que no haya, por ejemplo, eso.

Desigualdades extremas, privilegios de nacimiento, etc.

Y eso ya ha ocurrido, ya lo contábamos la vez

que nos vimos anteriormente.

Eso ocurrió, por ejemplo, en Europa,

después de Segunda Guerra Mundial.

Después de la Segunda Guerra Mundial se hicieron avances importantes

en ese sentido; limitados, sin duda

por las circunstancias y por el pacto de posguerra.

Es un proceso que quedó interrumpido en los años 70,

cuando ese modelo, por distintos motivos,

entró en crisis.

Digamos que lo que se nos ha dicho en los últimos 40 años

es que ese modelo era equivocado

y que había que dar marcha atrás hacia la situación anterior

a los estados de bienestar.

La situación anterior a la Segunda Guerra Mundial.

Eso es sencillamente mentira.

En ese momento, es verdad que ese proyecto

se encontró con limitaciones, pero había distintas alternativas

que se podían haber tomado.

De hecho, en algunos países, se llegaron a explorar

esas alternativas; en Suecia se llegó a discutir muy en serio

la posibilidad de convertirse en un estado socialista

donde la mayor parte de los medios de producción

estuvieran en manos de una república de trabajadores

sin una revolución violenta, ni nada parecido,

sino a través de un plan sucesivo de compra

de activos financieros industriales por parte del Estado.

Y eso se discutió en esos años.

Y murió.

Efectivamente. Bueno, fracasó.

Se impusieron otras opciones, pero se impusieron.

Es importante recordarlo, se impusieron.

Había otras opciones. Esa era una alternativa.

Había otras no tan radicales.

Había un abanico de posibilidades.

Se impuso una, pero políticamente.

No porque las otras estuvieran equivocadas,

o fueran un delirio o algo parecido.

Ha sido, como siempre, un placer.

Muchas gracias como siempre, César. Muchas gracias.

Seguimos. La Universidad de Alicante propone hoy

la siguiente cuestión:

¿cómo debe ser la dieta de los estudiantes?

La universidad responde.

Cada vez vivimos más años, pero envejecemos afectados

por patologías evitables que responden

a hábitos alimentarios

y estilos de vida poco o nada saludables

como los que practicamos desde nuestra niñez.

Por eso es tan importante cuidar la dieta de los escolares.

No se trata solo de lo que comemos.

También de cómo lo comemos, cuándo y con quién lo hacemos

y que lo que finalmente comemos guarde relación

con nuestro estilo de vida, con la actividad

y el ejercicio físico que realicemos.

Hay que enseñar a comer a los escolares.

La educación en alimentación y nutrición

tiene que formar parte de los proyectos pedagógicos

de las escuelas y asegurar también la adquisición

de habilidades culinarias y gastronómicas.

Los comedores escolares han de proporcionar

una alimentación variada y equilibrada.

Y hacerlo con alimentos ecológicos,

de proximidad y estacionales, que garanticen

su calidad nutricional y gastronómica.

En los menús deben primar los platos de base vegetal.

Y aprovechar el potencial de tradiciones culinarias

como las que aporta la cultura alimentaria mediterránea.

Las primeras etapas de la vida resultan claves

para conformar los hábitos alimentarios.

Nuestros escolares tienen que aprender a comer bien

y a disfrutar de los sabores, texturas, olores y aromas

de una comida que cumpla con los requisitos

de una alimentación sustentable, sabrosa, saludable y nutritiva.

Hace un par de semanas los Premios Princesa de Asturias

reconocían el gran trabajo que están haciendo los sanitarios

de este país durante esta pandemia,

con el Premio de la Concordia 2020.

Un reconocimiento al que, sin duda, nos unimos.

Hablamos hoy de médicos, de enfermeras, de celadores

y del resto de personal sanitario que desde marzo

están plantando cara a este virus y que tienen mucho que contar

de esta pandemia.

Por esta razón hoy hemos invitado a Héctor Castiñeira.

Él es enfermero, tiene miles de seguidores

en redes sociales, donde es conocido

como Enfermera Saturada

y acaba de publicar este libro: "Nosotras, enfermeras.

Historias de unos días que nos cambiaron para siempre",

editado por Plaza Janés. Héctor, muy buenos días.

Muy buenos días.

Enhorabuena por ese trocito de Premio Princesa de Asturias

que te toca, claro que sí.

Sí, la verdad es que me toca un trocito

de premio, y muy agradecido y muy contento

por el reconocimiento.

Héctor, ¿cómo te ha cambiado a ti la pandemia?

Pues creo que nos ha cambiado a todos.

A mí me ha cambiado también, lógicamente.

He descubierto una forma de trabajar

a la que estábamos totalmente desacostumbrados,

que no conocíamos. Es esa que llamo "enfermería de guerra" en el libro

y que para nada, nunca...

Hace 17 años que terminé Enfermería

y jamás había tenido que trabajar de esa forma

y, sin medios, sin recursos,

saliendo adelante como podíamos

y con miedo, con mucho miedo.

Me gusta mucho esta ilustración del libro,

esas enfermeras luchadoras, fuertes,

porque así habéis plantado cara a esta pandemia.

Pues sí, a pesar de todo, y a pesar de que el sentido común

te decía: "¿Qué hago aquí con este material

y con esta falta de material, que me voy a contagiar?"

Veías cómo las compañeras cada día se iban contagiando,

incluso algunas terminaban ingresando

en la propia unidad en la que trabajaban;

pero a pesar de eso plantamos cara al virus con lo que teníamos

y con mucha fuerza,

porque si nosotros nos íbamos, los pacientes se quedaban

sin nadie. Teníamos que quedarnos allí,

porque los pacientes solo nos tenían a nosotros.

¿Y qué te pasó a ti el cinco de marzo de 2020?

Pues ese día es el día que me di cuenta

que el coronavirus había llegado.

Había llegado y delante de mí tenía una persona infectada

con aquel virus que oíamos hablar, que estaba en China,

que parecía muy lejano, que parecía que nunca... Yo, el primero...

Que no nos iba llegar, que éramos invulnerables.

Yo fui el primero en subestimarlo y en decir: "No creo

que nos llegue, no creo que llegue".

Lo veías como muy lejano, ¿no?

Y al final ese día, de repente ves que tienes delante de ti,

en tu hospital, a una persona contagiada,

una persona con el virus y que tienes que atenderla

y que tienes que entrar y verte como aquellas enfermeras chinas

que veíamos, atendiendo a los pacientes con coronavirus,

pues ese día ya éramos nosotros.

Claro, y llegó y fue arrasando y llenando los hospitales

y, vosotros, además, sin medios, lo cuentas en el libro,

con esos EPI improvisados,

con esas bolsas de basura que utilizabais como bata,

sin mascarillas... ¿Cómo fueron esos días?

Y tuvimos además que reorganizar el hospital entero.

Sí es cierto que esos días se veía una unidad entre el personal

que yo jamás había vivido.

Todos éramos uno y todos estábamos a una contra el virus

y reorganizamos el hospital entero, de arriba abajo,

en unidades en las que jamás pensarías poner una UCI,

se montaron UCI improvisadas, se suspendieron quirófanos,

aprovechamos las camillas de los quirófanos para montar UCI.

En cualquier sitio... Era un sitio que valía para atender

a un paciente y no dejar a nadie atrás

y poder atender a todos los pacientes.

Y, como dices, con medios totalmente improvisados.

No teníamos batas, pues cogíamos una bolsa de basura,

la recortábamos, nos la poníamos por encima

y era lo que teníamos para protegernos

frente a esas microgotas y a esos aerosoles,

y mascarillas que utilizábamos durante la misma semana,

toda la semana con la misma mascarilla,

ahora les decimos a los pacientes que las cambien cada X horas,

es lo correcto y lo que hay que hacer,

ahora que hay material, pero en aquel momento

no teníamos nada y cualquier cosa valía.

Claro, y además muchas dudas, mucho desconocimiento

y supongo que también mucho miedo.

Sí, sobre todo, si tuviese que definir aquellos días

con una palabra sería esa, sería "miedo",

porque ya te digo, en todos los años que he trabajado

como enfermero, jamás me he encontrado con esta situación

y jamás he tenido que trabajar con miedo,

con ese miedo de decir: "Con estos medios

me voy a contagiar seguro.

Voy a hacerle frente al virus, voy a atender a los pacientes,

a todos los pacientes que tengo a mi cargo lo mejor que pueda",

pero tenías miedo, porque notabas que aquello no te protegía

correctamente, porque tú sabías

que no era normal ir protegido de esa manera,

pero había que atenderlos.

La situación era difícil en planta, que era donde estabas,

pero después te pasaron a la UCI

y ahí dices: "Esto..." Era dantesco aquello.

Sí, yo trabajé muchos años en UCI,

pero en este momento estaba en planta y me pasan a UCI,

y cuando llego allí veo una situación

en la que jamás había visto la UCI de una forma similar.

Eran hileras, hileras de pacientes,

la mayor parte de ellos pronados, bocabajo,

que luego se vio en los medios

que teníamos que ponerlos bocabajo, como hacíamos hace años,

cuando tuvimos la gripe A, cuando nos golpeó la gripe A,

que utilizábamos esa técnica de pronación

para tratar de mejorar la situación de los pacientes

y esa técnica se había quedado en un cajón

y no la habíamos vuelto a utilizar hasta ahora.

De repente te recuerda a aquellos días de la gripe A,

pero infinitamente peor, porque el número de pacientes

era infinitamente más alto.

¿Y cuando regresas a casa?

Pues cuando regresamos a casa, yo, por suerte,

no tengo niños pequeños ni familiares de riesgo

que vivan conmigo y, entonces, realmente

ibas un poco más tranquilo, porque no tenías

miedo contagiar que tenían otras compañeras,

que no querían volver a casa

y que incluso se alojaban en hoteles,

porque no querían volver a casa y poder contagiar a sus hijos

o a un familiar que tengan en una situación de riesgo.

Cuando llegaba a casa, lo que hacía, básicamente,

era dormir, intentar descansar,

para al día siguiente volver al hospital.

No teníamos días de descanso, no había días libres.

Era trabajar y dormir, trabajar y dormir.

No hacías otra cosa.

Y dormías cuando lo conseguías, ¿no?

Es cierto que recuerdo, a veces,

me quedaba incluso dormido en el sofá

y me despertaban esos aplausos de las ocho

y era muy emocionante, porque fue algo que surgió totalmente

de manera espontánea, que nadie nos esperábamos.

Nos sentíamos solos y totalmente abandonados y, de repente,

que de forma espontánea la gente decida salir a los balcones

a aplaudirnos a las ocho, dices: "No estamos tan solos, ¿no?

Hay alguien ahí que, por lo menos, aunque sea

con lo que pueden, que es dándonos ánimos, lo hacen".

Fueron momentos mágicos, que nos unieron, yo creo,

en esos momentos tan difíciles, aunque también el ser humano,

podemos sacar lo mejor y lo peor de nosotros mismos,

porque después también vinieron, por ejemplo,

aquellos casos de comunidades de vecinos

en los que, si había algún sanitario viviendo allí,

pues recibían mensajes poco gratos, ¿no?

Sí, mensajes del estilo: "No eres bienvenido

o, mientras dure esto, vete a otro sitio

y no vengas a casa, que puedes contagiar".

Dices: "Por pasar por el pasillo de casa no voy a contagiar a nadie,

incluso aunque sea positivo".

No hay ese problema. "Estáis todos metidos en casa.

No voy a contagiar a nadie".

Yo creo que esos aplausos se tornaron un poco en el miedo,

en el desconocimiento de la gente y decía: "Esta persona,

este vecino trabaja allí.

Como se han contagiado tantos sanitarios,

a ver si se va a contagiar también y nos trae el virus a casa".

Esa... Es ese desconocimiento,

esa ignorancia que trae el miedo muchas veces

y, a nosotros, como sanitarios, nos hacía mucho daño.

Yo, por suerte, personalmente no he vivido esa situación,

pero sí te lo contaban compañeros que llegaban

y que les habían rociado el felpudo o la puerta con lejía.

O... Dices: "Es que apesta el felpudo a lejía.

¿Qué ha pasado? Que me han echado lejía

para que me desinfecte al entrar en casa".

Cosas totalmente inverosímiles y, como dices, carteles incluso,

o que le aparezca una pintada a alguien en el coche

llamándole "rata apestosa" porque trabaja en el hospital

y trabaja salvando a gente que tiene virus.

¿Os habéis sentido héroes, como os han calificado

y os siguen calificando?

La verdad es que... Sí que es cierto que la gente

tiende a llamarnos héroes y la sociedad

en ese momento determinado nos llamó héroes. Incluso hay gente

que todavía nos lo llama, pero no nos hemos sentido así.

Sentíamos que estábamos haciendo

nuestro trabajo con una falta de medios impresionante,

con una carencia de personal muy grande

y con lo poco que teníamos.

Pero realmente nosotros no lo sentimos como una heroicidad.

Sentimos que estábamos haciendo nuestro trabajo,

estábamos en el sitio donde había que estar

en ese momento, que era allí. "La pandemia pasará

y dentro de unos años..." Esperemos que sí.

Y dentro de unos años cada uno pensará dónde estuvo

en aquellos meses y qué estuvo haciendo

como profesional sanitario

y en qué lado estuvo, si estuvo ayudando

o estuvo metido en casa o qué estuvo haciendo.

Creo que nosotros estábamos en el lado correcto.

En el libro vas relatando por meses,

empiezas en ese enero de principios de año,

con las cabalgatas de Reyes, van avanzando los meses

hasta mayo.

Si tuvieses que escribir el capítulo de octubre,

¿qué dirías?

Pues el capítulo de octubre se parecería bastante

al capítulo de principios de marzo, en el que veíamos

cómo poco a poco iba aumentando el número de casos,

que la gente no terminaba de tomárselo en serio,

pero que teníamos casos,

esos días en los que se declaró el Estado de Alarma,

creo que estamos un poco en esa situación de nuevo.

Creo que, no sé por qué, la gente, falta esa conciencia,

la gente parece que no se lo toma en serio,

parece que la gente, como que...

O "Ya ha pasado" o "No conozco a nadie que se haya infectado

o que haya fallecido",

o "Conozco un compañero de trabajo que se ha infectado,

pero ha estado en casa cuatro días y se le ha pasado".

Entonces creo que, en parte por eso, la gente le ha perdido

ese miedo al virus.

Todos estamos cansados de llevar mascarilla,

todos estamos cansados de guardar la distancia,

de lavarnos continuamente las manos,

pero es lo que tenemos que hacer y lo que podemos hacer,

por lo menos, de momento, mientras no aparezca otra solución.

Y controlar los encuentros,

las reuniones sociales con familiares también.

Sí, de hecho vemos ahora que gran parte de los contagios

viene de ahí. En esta segunda oleada,

esos contactos sociales, esos contactos de:

"Quedo con los amigos, que los amigos no contagian, ¿no?"

"Nos reunimos la familia, la familia no contagiamos".

Sí, la familia también contagia,

tu familiar también contagia, tú también contagias

y tus amigos también.

Al final tenemos que limitar esos contactos sociales,

no quiere decir que nos encerremos en casa,

sino que tengamos esas precauciones cuando quedamos con los amigos,

que sean los amigos de siempre, que guardemos las distancias

y que lo hagamos en un sitio bien ventilado

y que tengamos esa serie de precauciones, nada más.

No pedimos que la gente se quede en casa, sino que tenga

esas precauciones para que, entre todos, no volvamos

a aquellos meses de marzo y abril, que creo que nadie quiere volver.

Para terminar, Héctor,

lo apuntas varias veces en el libro,

lo vuestro es vocacional, eso va en la sangre, y las venas.

¿Tú por qué te hiciste enfermero?

Yo le llamo un poco la maldita vocación, a veces,

en ese momento en el que dices... Te llama tu madre te dice:

"¿Estás trabajando? -Claro, estoy trabajando.

Pero ¿qué haces ahí? te vas a contagiar?

Pues estoy donde creo que tengo que estar, ¿no?"

Yo, la verdad es que no soy el típico niño

que desde niño quería ser enfermero ni nada,

sino que he ido creciendo

y cuando me toca un poco decidir qué carrera me gusta más,

veo las que hay, veo las opciones que hay en ciencias sanitarias,

que eran las que más me gustaban, y veo que Enfermería

me permite estar en contacto con el paciente,

estar las 24 horas a pie de cama del paciente

y tener ese contacto más directo con él.

Y veo que esa es la carrera que me ofrece un poco eso,

me decido por ella y la verdad es que, a pesar de todo,

a pesar de sus momentos malos

y a pesar del miedo y de estas situaciones,

creo que no me he equivocado.

Pues Héctor, enhorabuena por tu trabajo,

por este libro, que además creo que va muy bien en ventas.

Sí, estoy muy contento y muy agradecido a los lectores;

así que, encantado.

Hasta la próxima. Gracias.

Un placer.

Y seguimos. En España, el día uno de noviembre

se celebra el Día de Todos los Santos.

En México estas fechas sirven para celebrar una tradición

que simboliza el encuentro entre los vivos

y sus seres queridos ya fallecidos.

Casa de México en España celebra el Día de Muertos

instalando en su entrada principal un impresionante altar

decorado con más de 6.000 flores de papel.

Además cuenta con toda una serie de actividades

para dar a conocer al visitante una de sus tradiciones

más ancestrales.

Nuestra fiesta de Día de Muertos

es una celebración que se lleva en cada casa, en cada familia,

y hoy se los quisimos traer también a nuestros amigos

de España, en especial, de Madrid.

Es una celebración en donde nosotros ofrecemos

en un altar, como el que tenemos ahora,

platillos de la temporada, bebidas, y tiene muchos elementos

para que esas almas o esos espíritus de las personas

que nosotros tuvimos, pues vengan a degustar

y a festejar con nosotros también esa celebridad,

que es, muy, muy importante para los mexicanos.

Esta festividad, que es Patrimonio Intangible

de la humanidad, es una festividad que tiene mucho respeto,

pero también es una festividad alegre. ¿Por qué?

Porque los mexicanos pensamos que si es el único día

que se les dedica a nuestros fieles difuntos,

¿por qué hacerlo triste? Todo lo contrario.

Hay que hacerlo con colores, con alegría, con música

y, sobre todo, que disfruten ustedes de una

de las tradiciones más bonitas que tenemos

en nuestro país, nuestro Día de Muertos.

Una celebración que nos habla de la identidad mexicana.

Es la fiesta más importante de México.

De hecho, en el año 2003

fue declarada Patrimonio por la Unesco.

Pero esta celebración, aparte de hablarnos

de una manera muy especial de cómo México

celebra la muerte, por así decir,

porque en otros lugares, aunque esto es muy cultural,

estamos acostumbrados a esa tristeza, a ese luto;

en México se vive con alegría, con color...

A veces se dice que se ríen de la muerte, pero es una fiesta

con muchísimo respeto, pero sí que es verdad

que marca la diferencia y nos impacta.

Es una fiesta donde prima la memoria.

Lo que se celebra en este momento es la visita transitoria

de esas personas que nos han abandonado,

nuestros seres queridos,

que los días uno y dos de noviembre nos visitan.

Esta fiesta nos habla del sincretismo religioso,

porque obviamente, aunque había muchísimo culto a la muerte

en época prehispánica, pero no se celebraba Día de Muertos

como lo conocemos hoy.

Esta va a ser una mezcla de todas esas costumbres,

de esas creencias del mundo prehispánico

fusionadas con la religión católica,

que van a traer los europeos

con la conquista, los españoles primero y, luego,

todos los europeos que llegaron.

En época prehispánica se convivía con la muerte.

Ahora tenemos ese tabú hacia la muerte,

pero en muchísimas culturas se convive de una forma más normal.

Bien. ¿Qué sucedía en la época prehispánica?

En aquel momento no existía esta idea de castigo

o moralizante que hay en la religión católica.

En aquella época, las almas de los fallecidos

iban a un lugar o a otro, dependiendo de cómo hubiesen muerto

y no de cómo se hubiesen comportado.

En la ofrenda siempre,

siempre tiene que haber los cuatro elementos:

La tierra, el aire, el sol y el fuego.

La tierra es representada siempre por los frutos de otoño.

Es un agradecimiento a esa madre tierra

que nos ha dado sus frutos, para que todos nos alimentemos,

y es una forma también de decirle

que gracias, de agradecerle todo su esfuerzo y decirle que descanse,

que el invierno se acerca y que nosotros cuidaremos de ella.

El fuego está representado por las veladoras, o velas,

que se ponen siempre en la fotografía de cada difunto.

Otro factor que no puede faltar es el agua.

Un buen vaso de agua, porque se da por hecho

que esas almas que han cruzado el inframundo, después de un año

de incertidumbre y de oscuridad, tienen sed.

Otro factor que no puede faltar es el aire, que está representado

por el papel, que, en este caso, la ofrenda de la casa de México

ha hecho una obra de arte con cada papel,

porque estos papeles no están hechos a máquina,

están hechos artesanalmente,

por un artesano mexicano poblano que hace cada pieza a mano.

Es una labor enormemente delicada, hecha con muchísimo amor y, además,

cada pieza, si os fijáis, es diferente.

Siempre, siempre.

(Música)

En este caso, muchos papeles de seda

tienen representaciones de la Catrina y de Frida Kahlo.

La Catrina

es un dibujo original de José Guadalupe Posada,

un ilustrador maravilloso de 1930,

que Diego Rivera retomó ese dibujo y lo mostró en diferentes morales,

uno de ellos, el paseo por la Alameda.

Y representa a un tipo de mujer que se exportaba,

en el siglo pasado, por adaptarse a las modas francesas.

José Guadalupe Posada se burlaba muchísimo de esa idea,

de mexicanas que se esforzaban por ser lo que no eran.

(Música)

Otro de los elementos que no puede faltar

es la flor de cempasúchil.

Es una flor que aquí en España se cultiva, pero en México,

en estas fechas, todo México es naranja.

Y es una pieza indispensable, tanto por su color,

que recuerda al amanecer, a la nueva vida,

también por su olor. Tiene un punto de olor a clavel,

olor a nardos, que inunda por completo una ofrenda.

Indispensable siempre será la comida.

La persona que añoramos, a esa persona,

bajo de su fotografía se le va a poner

su comida favorita, porque ante todo,

hay que mentalizarnos de que se espera a esa persona.

Es como cuando recibimos a un familiar

que no hemos visto por mucho tiempo y deseamos con todo el alma

que sea feliz en esta visita tan corta que va a tener

y le ponemos, pues, nuestras mejores galas.

(Música)

Esta ofrenda tan especial de la Casa de México, que se brinda

con todo el cariño del mundo a España y al resto del mundo,

está dedicada a todas las personas que perdimos por el COVID-19,

una pandemia que nos ha quitado a muchísimas personas,

que tendrían que estar hoy aquí.

(Música)

(Música)

Como se trata de una festividad

precisamente alegre,

que celebra, al mismo tiempo, el encuentro entre las personas

que ya no están con nosotros y los vivos,

lo que nosotros hacemos es un programa

en el que queremos dar a conocer esta festividad,

esta celebración, pero desde un punto de vista

lúdico, festivo, alegre,

que es ciertamente lo que predomina en México.

Así que, dentro de la programación que hemos diseñado

para conmemorar esta fecha,

se encuentran los talleres infantiles.

El día de hoy estamos en el taller que se llama

"La leyenda del colibrí".

En este taller hacemos distintas cosas.

Lo más importante, hablar de un animalito que es endémico

de América, concretamente de México

y de Estados Unidos, de Norteamérica;

hablar de lo importante que es este animalito

en el entorno cultural mexicano, concretamente

en las culturas mesoamericanas.

La actividad, por ejemplo, se basa en una leyenda maya

que da cuenta de la existencia de este propio animalito

y la actividad en sí; es decir, los niños realizando colibríes

y, por lo tanto, realizando una serie de manualidades

en las cuales ellos expresan su manera

de concebir al colibrí.

Esta actividad se suma a algunas otras,

alusivas todas ellas al Día de los Muertos.

Entre los talleres que estamos diseñando

o que presentamos a la gente que nos visita,

se encuentran la creación de calaveritas,

la creación de altares,

la creación de Catrinas,

cómo dibujarse o personificarse como Catrina...

Todos estos elementos son elementos fundamentales

dentro de la cultura del Día de Muertos,

y queremos transmitirlo y darlo a conocer.

De esta manera queremos invitar a todas las personas

que están en Madrid,

en este caso,

que se acerquen a casa de México.

Nosotros estos días estamos teniendo todos los cuidados

para preservar la salud de quienes nos visitan;

de tal manera que quienes se acerquen

podrán encontrar este tipo de oferta,

pero hay oferta online; de tal manera que invitamos

a quienes estén interesados en participar en esas actividades,

que se enteren de lo que ofrecemos

a través de nuestro página web: Casademéxico.es.

(Música)

Nos trasladamos ahora hasta la madrileña

Sala de Arte Joven. Allí nos encontramos

con la exposición "Del todo imposible",

una muestra que plantea un ejercicio de reflexión crítica

e imaginación sobre ideas como la mediación,

el comisariado y la creación

a través de intervenciones artísticas.

El proyecto se llama "Del todo imposible"

y consiste en una exposición, programa de actividades

y una publicación.

El proyecto hace referencia a la Sala de Arte Joven,

el lugar en el que nos encontramos,

y hay una serie de obras e intervenciones

que tienen que ver con su pasado,

con cosas que han tenido lugar aquí,

que han pasado percibidas o desapercibidas,

materiales o inmateriales.

Por ejemplo, algunos de los participantes son personas

que han estado aquí en el pasado,

han tenido una experiencia o han expuesto,

o han sido artistas jóvenes y ya no lo son

y, entonces, jugamos con esa idea del tiempo,

de los viajes en el tiempo. Hay una referencia al pasado,

al presente e incluso al futuro de este lugar.

Algunas son aproximaciones muy poéticas

sobre cosas que normalmente no...

A las que normalmente no prestamos atención;

sobre todo, en un cubo blanco, como se suele considerar

un espacio expositivo de arte contemporáneo.

Por ejemplo, rastros de cosas que han sucedido,

como un confeti que quedó atrapado

en el sistema de ventilación hace 10 años,

o un imán que se enterró hace 30 años,

o una mirilla que nunca se desinstaló,

porque pasaba desapercibida.

Siempre se tituló "Otras dimensiones".

Es una pieza de una serie en la que trabajé con imanes

a finales de los 80, principios de los 90.

Y, bueno, la gracia es volver a esta sala después de casi 30 años.

La magia de la exposición estaba, quizá,

en esos espíritus que dejamos algunos artistas

y que han estado latentes aquí a pesar de las exposiciones.

Espero que haya sido una buena influencia energética.

-Y, bueno, el título que se le dio a esa autoayuda para artistas,

que es el título que reciben unos carteles que empecé a hacer

a bolígrafo hace ya unos cuantos años,

y del que aquí creo que quedan un par,

y es el último que hice de esa serie.

Son unas piezas que hice a bolígrafo

que rayaba compulsivamente

y un poco con una sensación de infinito

y de perder mucho el tiempo durante una beca en Nueva York.

Y esta última pieza revisa eso,

cuando ya has tenido hijos y vuelves a plantearte:

"¿Y ahora qué?", se te está acabando el tiempo de algún modo, ¿no?

Revisa eso un poco.

-La primera pieza se llama "Transporta".

La idea de esa pieza era poder ver algo que hace viable

esta Sala de Arte Joven pero que habitualmente no se ve,

como son las instalaciones de comunicación,

el extintor...

Y la otra pieza surge de la colaboración

dentro del comisariado de "Del todo imposible".

Es estratigrafía aplicada.

De todas las exposiciones que ha habido en la sala,

muy poquitas cosas permanecían,

pero de todas las exposiciones permanecen los catálogos.

De todas las exposiciones se han ido haciendo catálogos.

Al final, esos catálogos son como la estructura,

forman parte de la estructura de esta sala.

Entonces, yo lo he llevado a lo físico, es decir,

esos catálogos forman ahora una columna de la sala.

-La obra en la que participo yo se llama "Nave Casandra"

y es básicamente una nave que va a viajar al futuro,

al futuro de esta misma Sala de Arte Joven

en la que nos va a decir cómo es el arte del futuro

cuando esta misma sala cumpla 35 años y deje de ser joven.

Y, luego, va a ser un taller de cuatro sesiones

en la que la gente que participe en la tripulación de nuestra nave

es la que va a crear como diferentes dimensiones

en las que se van a ver el arte del pasado, presente, futuro.

-El proyecto tiene mucho de situado,

yo digo que está profundamente situado

porque llevo trabajando aquí cuatro años como mediador,

haciendo visitas con grupos.

Entonces, escuchando, ateniendo, percibiendo cosas

a las que normalmente no se les presta atención

y que requieren un tiempo largo, a veces un tiempo muerto incluso.

Entonces, atender esas cosas,

ponerlas en valor y ver qué sale de ahí me interesaba mucho

y, de hecho, la propia mediación se tiene valor

a través de varias obras.

Hay artistas, pero también hay, ya os digo, mediadoras,

una asociación, varios colectivos.

No solo es una cuestión de artistas.

-Nosotras como Asociación de Mediadoras Culturales de Madrid

trabajamos por la visibilización de la profesión

y por la mejora de las condiciones profesionales.

-Se compone de diferentes dispositivos de activación

de cara a lo que es la opinión del público, esa retroalimentación,

uno de los dispositivos es el marcapáginas,

que establece unas sinergias entre las obras de los artistas

que hay en todo el comisariado

con la literatura de mediación que tenemos en la sala.

-Además, en cierta manera destaca también

la apuesta que la Sala de Arte Joven tiene desde hace unos años

por desarrollar proyectos de mediación,

visitas dinamizadas, actividades educativas...

-El nombre de mi pieza es

"M.A.L.P. (Mis amigas las palomas)",

y es una instalación de vídeo y dibujo.

Una serie de vídeo diarios acompañados de una serie de dibujos

hechos a carboncillo de un montón de perros,

entre otras cosas.

-Los vídeo diarios los he estado construyendo

desde hace mucho tiempo,

hay una tele, un tótem de lloronas,

de vídeos en los que yo me he estado grabando mientras lloro.

No hay actuación, son vídeos en crudo que forman un tótem.

Luego, hay una proyección de vídeo diarios

en los que yo me presento continuamente.

Y los dibujos a gran formato y pequeño formato de carboncillo.

-El libro de visitas es la propuesta de Desmusea

para esta exposición, "Del todo imposible",

que parte de reflexionar sobre la comunicación

entre instituciones culturales y públicos,

cómo ha funcionado a través de los libros de visitas

como materialización física

y por ello hemos realizado una investigación

de libros de visitas de museos de Madrid

y algunos de estos comentarios los hemos reactivado

a través de la terminal que hemos construido

de forma satírica.

-La pieza que he hecho para esta exposición

es una pieza que ni tiene nombre ni estaba planificada

hasta el momento de hacerla respetando un poquillo

la dinámica que llevo yo de pintar en la calle de manera ilegal.

La pieza es bastante autorreferencial

porque es un poco el conjunto de vivencias

y de vínculos que he generado yo durante todo el proceso

que, además, ha sido largo por haber sido pospuesto.

He proyectado, digamos, todo lo que se ha generado

en ese proceso tanto de vínculos con la gente,

imágenes durante la cuarentena, etc.

He proyectado todo eso en una composición.

-Me interesa muchísimo qué sucede ahora.

Entonces, tanto las percepciones de la gente,

vamos a trabajar con ellas.

Hay varios grupos de aprendizaje,

grupos de lectura, todo el programa de actividades

tiene performance, también talleres.

Me interesa mucho esa naturaleza viva

de un espacio como este que, además, es un espacio público.

-Se cumplen 30 años de la apertura de esta sala

y es curioso que en este año tan extraño, por así decirlo,

hayamos sido capaces de inaugurar esta exposición

que se llama "Del todo imposible",

una exposición que revisita la trayectoria de una sala

que ha supuesto el germen para muchos de los grandes artistas

que perviven en Madrid.

Es misión de esta sala acompañar a esos artistas emergentes,

a esos artistas jóvenes en el desarrollo de su carrera.

Es misión también de la Comunidad de Madrid

acompañarlos desde el principio hasta el final de su trayectoria.

Por lo tanto, creo que es un privilegio poder estar aquí,

poder plasmar esa huella, poder disfrutar de ella

y reconocer que esta sala ha sido clave para el desarrollo artístico

de la Comunidad de Madrid.

(Música)

Ediciones del Subsuelo acaba de publicar un breve ensayo

del profesor Jacques Bouveresse,

titulado "Nietzsche contra Foucault,

sobre la verdad, el conocimiento y el poder",

en el que analiza los tres conceptos

en uno y otro pensador

y los compara en ese orden,

puesto que el primero determina al segundo y el segundo al tercero.

La verdad al conocimiento y el conocimiento al poder.

Se trata de un texto para lectores de ambos filósofos,

desde luego, pero no necesariamente un texto

para profesionales de la filosofía.

Los simples aficionados también somos bien recibidos

por este texto amable y jugoso.

Más todavía si pensamos en el interés por sí mismos

y la importancia de estos tres conceptos.

Recuperamos un fragmento de nuestro trabajo

sobre el colegio Núñez de Arenas, que puede verse completo en la red.

(Música)

El colegio Núñez de Arenas está en Entrevías,

Pozo del Tío Raimundo.

Es un colegio que cumple en junio 50 años

y ha vivido una evolución

como la misma que ha vivido el barrio

en población, en recursos y en todo.

Ahora está en un momento, creemos, que un momento especial

y en un momento bonito

porque el equipo de profesores hace ya unos cuantos años

que nos planteamos un cambio hacia la innovación.

Mi nombre es Loli y estamos viendo la Asamblea.

¿Verdad, amigos? (TODOS) ¡Sí!

Tenemos una responsable que se llama Sara.

Cada día tenemos un responsable que se encarga

de hacer las cositas del día, ¿verdad?

(TODOS) ¡Sí!

Sacamos punta.

-¿El motivo de este cambio?

Pues dar a nuestros alumnos

lo que creemos que es lo mejor para ellos.

Yo creo que fue el principal motivo,

rebajar los niveles de fracaso escolar

y motivarles más hacia el aprendizaje.

-Se está peinando. -Se está peinando, ¿qué más?

-Un secador. -Un secador, muy bien.

-Un señor... -Un señor.

-Un señor cortando pelo. -Muy bien.

-Un señor cortando pelo a una chica.

-¿Un chico puede ser peluquero?

¿Y una chica puede ser peluquera? -Sí.

-¿Y entonces?

-Son iguales.

(HABLAN A LA VEZ)

Son iguales, muy bien.

¿Y por qué son iguales? Porque pueden trabajar...

(TODOS) Juntos.

Yo creo que una cosa fundamental es el paso de Infantil a Primaria.

Lo que hemos intentado es infantilizar la Primaria.

¿Qué tenemos en el Núñez?

Tenemos una Infantil que se hace prácticamente igual

que en otros centros

incorporando trabajo por proyectos sin libros de texto,

pero el paso Primaria es que en primero

también tenemos Rincones, también temas Asamblea,

también se trabaja de una manera colaborativa-cooperativa.

Necesitamos que llenes un litro y medio.

¿Puedes con eso? Pues vete a por agua.

Necesitamos un litro y medio, ¿puedes con eso? ¿Cuánto tienes ahí?

Para que sea un litro medio, ¿cómo lo podemos hacer?

¿Cuál es? ¿Con ese y con quién más?

-Con este. -Con ese, a por agua.

Lo que hemos intentado ha sido incorporar

metodologías que en Educación Infantil

están funcionando con que son niños pequeños

y que trabajan autónomamente

para subir a Primaria y que sean niños igual,

son un poco más mayores,

con lo cual pueden trabajar autónomamente mejor.

Con lo cual, su proceso educativo,

su aprendizaje, se hace desde el juego.

Hemos incorporado poco a poco

todo eso que está ahora mismo en auge,

las metodologías activas

y que las vamos incorporando a medida que el profesorado

vamos aprendiendo también a utilizarlas, que no es fácil.

¿Me puedes contar por qué no flota? Porque le echó...

-Menos sal. -Porque le echó menos.

-Si le echas una grande...

Si le echas esto sí que flota.

Nuestro ideario de centro está relacionado

con la participación, innovación, inclusión,

con la sostenibilidad.

Entonces, descubrimos que una forma de que todos pudiéramos converger

en un espacio para comentar, para aprender,

para mejorar nuestra práctica educativa,

nuestras metodologías,

era juntarnos y trabajar a través de un seminario, ¿no?

Esto ha sido todo por hoy, volvemos mañana

en compañía del historiador y periodista Peio Riaño

para hablar con él de Goya,

uno de los genios universales indudables del arte español.

Paradójicamente, fue considerado por muchos un afrancesado.

Pero ¿quién fue exactamente?

¿Cómo pensaba? ¿Qué nos legó Goya? Mañana se lo preguntamos a Peio.

Además, desde ayer, se está celebrando en Madrid

el Festival de Novela Octubre Negro cargado de propuestas.

Participan, además, numerosos escritores expertos.

De todo ello nos hablarán mañana sus organizadores.

Pasen un buen día y cuídense mucho.

Buen miércoles, les esperamos.

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La aventura del saber - 28/10/20

28 oct 2020

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