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Para todos los públicos La aventura del saber - 19/03/20 - ver ahora
Transcripción completa

Buenos días a todos.

Comenzamos hoy el programa hablando con el filósofo Reyes Mate

sobre "Los hermanos Karamázov" de Dostoievski

aprovechando las fechas en que estamos.

Estamos en la Cuaresma,

la cuarentena de reflexión por antonomasia en Occidente.

Ahora que el coronavirus

está poniendo a algunas personas en cuarentena sanitaria y vigilante

y a la economía mundial contenida en un suspiro y en jaque,

hablaremos de filosofía

a la altura

de los interesantes y atribulados tiempos que vivimos

dentro de un momento con Manuel-Reyes Mate.

Y luego recibimos a Odile Rodríguez de la Fuente,

quien acaba de publicar en la editorial planeta

en la colección "Geoplaneta"

un libro imprescindible con algunos guiones de su padre

procedentes de "El hombre y la Tierra"

y de otros programas de radio y televisión

que leídos ahora

cobran una actualidad más que sorprendente.

El libro está escrito con el corazón

y con una fina inteligencia.

Una verdadera contribución a la profundización

en el conocimiento de las ideas de Félix,

el amigo de los animales

y el precursor en nuestro país de la ecología

y el amor y respeto por la naturaleza.

Hace apenas dos años

se cumplió el centenario del Instituto Escuela,

un novedoso y audaz modelo educativo

puesto en marcha en 1918

por la institución libre de enseñanza.

Hoy visitaremos la exposición de la fundación Giner de los Ríos,

que presenta la filosofía, la metodología y el legado

del Instituto Escuela.

Escultor, pintor y poeta,

Antoni Areny nos presenta su primera colección escultórica,

poesía en volumen:

"De la matèria i la paraula", 'De la materia y la palabra'.

Con ella se propone hacer tangibles frases hechas en catalán,

sus dobles sentidos y sus juegos de palabras.

Taller de filosofía con Reyes Mate

con un tema que va de lo actual a lo inactual

porque siempre nos concierne: la cuarentena.

Término muy en boga por el coronavirus y la Cuaresma,

que se refiere al retiro para pensar y prepararse

para lo que sea que se nos venga encima.

También hablaremos de "Los hermanos Karamázov",

de Dostoievski,

en relación con todo ello.

Bienvenido. Bien hallados.

¿Qué es exactamente la cuarentena?

¿Para qué nos tiene que preparar la cuarentena?

La cuarentena es un tiempo fuerte.

Es un tiempo de preparación, de puesta a punto, de concentración,

porque en la cuarentena desaparece la rutina

y uno está confrontado con uno mismo.

Es el momento entonces

en el que aparecen grandes preguntas y grandes verdades.

Hubo una cuarentena famosa:

la cuarentena,

aquellos 40 días que pasó Jesús en el desierto,

de la que hablan los evangelios,

en las que se hicieron, según decía George Steiner,

las grandes preguntas

que la humanidad y todo hombre se hacen

en un momento u otro de su vida.

Esa cuarentena originaria le da pie a Dostoievski

para una reflexión extraordinaria de la que podríamos hablar.

Es la que se plantea en "Los hermanos Karamázov".

Tiene que ver con las preguntas

que le hace el diablo a Cristo cuando está en el desierto, ¿no?

Exacto.

En la obra de Dostoievski hay un contexto.

El contexto es un enfrentamiento entre dos hermanos:

Iván, el revolucionario y el ateo,

y Aliosha, que es el novicio y el religioso.

Los dos están indignados ante el sufrimiento de inocentes.

Lo que pasa es que tienen distintas estrategias.

Iván piensa que la solución es la revolución,

Aliosha, que la compasión.

Pero la gracia del relato

es que para Iván

la culpa de todo el sufrimiento y la angustia de la humanidad

depende de las malas respuestas que dio Jesús

a las verdaderas preguntas que le hizo el diablo.

Y Aliosha todo lo contrario, ¿no?

Aliosha opta precisamente por la compasión.

Entonces,

a Iván le cuesta convencer a su hermano, ¿no?

Entonces, le cuenta un cuento.

Dice: "Te cuento un cuento".

Dice:

"Imagínate Sevilla un Viernes Santo hace muchos siglos.

El pueblo está excitado

porque en la víspera han sido quemados 100 herejes

ante la presencia del inquisidor en un auto de fe".

Esa tarde el pueblo está todavía con la resaca

de la violencia de Jueves Santo

y aparece de repente él.

Él es Jesús.

Aparece discretamente,

manifiestamente no está de acuerdo con lo que está ocurriendo,

pero la gente le reconoce a pesar de su discreción.

Se amontonan junto a él, le preguntan, le piden ayuda,

y en ese momento se inquieta el inquisidor

porque toda su obra se puede venir abajo.

Se dirige hacia él, se acerca hacia él,

se acerca hasta él y le dice:

"¿A qué has venido?".

Le manda a aprender, lo mete en un calabozo,

y por la noche tiene lugar un impresionante diálogo

en que el aparecen las tres preguntas de Jesús.

Que son cuáles.

La primera pregunta que le hace el diablo a Jesús

tiene que ver sobre la prioridad entre el pan o la libertad.

¿Qué es lo importante?

"Si eres hijo de Dios, dice, convierte estas piedras en pan,

y así acabará el hambre".

Y Jesús le dice que no solo de pan vive el hombre.

Para el inquisidor ese es un grandísimo error

porque el hombre lo que quiere es pan.

Lo que quiere el hombre es seguridad y no libertad.

La libertad le hace sufrir

porque la libertad le obliga a tomar decisiones

y las decisiones casi siempre son transgresiones

y la transgresión conlleva la culpa.

Sufrimiento.

La libertad produce sufrimiento.

Y entonces el inquisidor entiende

que lo que la gente quiere es esto.

"Haznos esclavos, pero danos pan".

Y, frente a eso, Jesús le dice:

"Es más importante la libertad que el pan".

Y dice el inquisidor:

"La libertad tiene pinta de ser algo grandioso,

pero son tales sus sufrimientos que no vale la pena".

La segunda pregunta.

La segunda pregunta tiene que ver

con la relación entre el milagro y la responsabilidad.

El diablo lleva a Jesús a lo alto del templo

y le dice:

"Tírate porque no vas a caer.

Los ángeles te recogerán,

la gente verá el milagro y te seguirá".

Y tampoco Jesús está por la labor.

El diablo, o, mejor dicho, el inquisidor,

le dice a Jesús:

"Ahí te equivocaste,

porque la gente lo que necesita son milagros".

Es muy consciente de su debilidad.

Sabe que con sus fuerzas no puede conseguir ser feliz.

Necesita líderes poderosos.

Necesita ideologías salvadoras.

Necesita... Grandes seductores.

Grandes guías, ¿no?

"Pero tú preferiste, dice, a la seducción

el convencimiento.

Ese fue un gran error.

Pero para eso estamos nosotros.

Como sabemos que la gente es débil,

nosotros, en tu nombre, les prometemos lo que no existe,

pero les hace felices.

Les prometemos hasta el paraíso, sabiendo que no existe".

Dice el inquisidor:

"Si existiera, no sería para ellos. Sería para nosotros.

Pero nosotros,

prometiendo lo que incluso no existe,

les hacemos felices".

Esa es la segunda pregunta. ¿Y la tercera?

La tercera pregunta tiene que ver

sobre la relación entre el poder y la compasión.

El diablo lleva a Jesús a un monte desde donde se ve el mundo

y le dice:

"Todos esos reinos que son míos te los doy a cambio de algo".

Y Jesús le dice:

"No hay trato".

Y también fue una gran equivocación según el inquisidor.

El poder del mundo,

el poder que ofrece el diablo, el poder mundano...

Dostoievski habla...

No le llama diablo. Le llama "el espíritu del mundo".

Dice:

"El poder del espíritu del mundo consiste en crear riquezas,

en tener prestigio y en mandar.

Y eso es lo que te ofrecía.

Te ofrecía el espíritu del mundo,

el convertirte en una especie de líder mundial.

Detrás de ti estaría toda la humanidad,

y con ese poder podrías hacer obras grandiosas.

Podrías traer la paz, podrías acabar con la guerra,

pero no quisiste y también te equivocaste".

"¿Por qué?".

"Porque tú, en lugar de eso,

preferías, en vez del poder,

los sueños y las utopías".

Eso es la negación del poder. El poder quiere hacer cosas.

Donde es impotente es ante los sueños y las utopías.

"Mira, le dice,

el poder puede hacer que disminuya la riqueza en el mundo,

que haya pobres que se conviertan en ricos.

Lo que no puede hacer es desaparecer la pobreza.

Siempre habrá pobres, y eso no lo entendiste".

Y, por otro lado, dice:

"Lo que tú no puedes

es prometer la utopía de que el pobre será bienaventurado.

Eso es la negación del poder.

Como defendiste eso y negaste el poder,

es por lo que te equivocaste también".

"Pero ahí estamos nosotros", dice él.

"Ahí estamos nosotros

para defender precisamente la felicidad de la humanidad

y darle lo que necesita".

Y le dice:

"Seguro que esto no te gusta y por eso has vuelto".

Dice:

"Pero no te atreverás a condenarnos ni a juzgarnos".

Le dice el inquisidor...

Es un nonagenario inquisidor y le dice:

"Yo también estuve en el desierto.

Yo también estuve en una cuarentena.

Yo también he pensado mucho en qué consiste la felicidad.

¿Y sabes?

En el desierto descubrí, como tú, la importancia de la libertad.

A mí, que soy un fuerte, un hombre fuerte,

me vendría bien, pero lo abandoné por los débiles,

porque quería estar con la gente.

Y la gente no quiere la libertad. Quiere la seguridad.

La gente no quiere responsabilidad. Quiere milagros.

La gente no quiere la solidaridad o la compasión,

sino el poder.

Y precisamente por eso

no te vamos a permitir que vengas a estropearnos la obra".

Por eso, le dice:

"Mañana, a una orden mía, arderás en la hoguera.

He acabado".

Así acaba... El diálogo ese, ¿no?

Y, luego, al final, se arrepiente el inquisidor,

y Jesús le da un beso.

Efectivamente.

Hay ahí...

Acaba así.

"Dixit": "He acabado".

Y, entonces, Aliosha,

que está escuchando el cuento de su hermano,

le abraza y le dice:

"Pero, hermano, te ha salido el tiro por la culata.

Tú querías blasfemar.

Tú querías ofender a Jesús

y lo que has hecho

es un dibujo extraordinario de su bondad,

de la idea que él tiene del ser humano".

E Iván le dice:

"No has entendido nada, hermano mío,

porque lo que te estoy diciendo

es que si echas sobre las espaldas de los seres humanos

la libertad,

si les privas del milagro

y si das más importancia a la compasión

que al poder,

les haces infelices y les obligas a sufrir".

Eso es precisamente el sentido del cuento.

Y así acaba la relación de Aliosha con Iván.

Pero lo importante es la reacción, como dices, del prisionero.

El prisionero, en todo este relato,

en todo este repaso a los 40 días de Jesús,

a esta cuarentena,

no dice una palabra.

Y está esperando el inquisidor una reacción.

Necesita una palabra, aunque sea crítica,

aunque sea amarga y ácida.

Necesita que le diga algo.

En lugar de eso, Jesús se acerca, le da un beso,

y eso conmueve al inquisidor.

El inquisidor se dirige a la puerta, la abre y le dice:

"Vete y no vuelvas más. Vete y no vuelvas más".

En el fondo,

el inquisidor quería también el bien de la humanidad, ¿no?

En cierto modo, un camino para nosotros equivocado.

Claro.

Por eso él entiende

que el beso de Jesús es de compasión.

Es un beso no de odio

porque entiende

que el inquisidor busca la felicidad de los seres humanos.

Lo que no ha entendido

es que no puede haber felicidad para el ser humano

sacrificando la libertad.

Ese es el problema.

Pero entiende que Jesús ha entendido

que el inquisidor también quiere la felicidad del ser humano.

Y esto,

en una época como en la que estamos,

es especialmente interesante.

A lo largo de la historia de la literatura,

en muchas ocasiones ha habido periodos de cuarentena

que han dado grandes obras literarias.

Estoy pensando en el "Decamerón" y otras historias medievales

en las que la peste o la amenaza de algo...

Y, bueno, desde luego, "La peste".

"La peste", de Albert Camus, trata un poco también de eso,

de algo que recuerda por desgracia la situación en la que estamos.

Desde luego.

Este relato pone sobre la mesa la importancia de la cuarentena,

porque al perder la rutina

estamos confrontados con nosotros mismos.

Y ahí aparecen preguntas que no nos solemos hacer,

pero que están.

Del relato se deriva una lección.

Y es que sale una imagen muy amable de Jesús.

Pero, realmente, quien conoce la condición humana...

Es el inquisidor. Es el inquisidor.

Es decir, Iván.

Y, por tanto,

no está la verdad histórica del lado de Jesús,

sino del lado del inquisidor.

Eso es verdad.

Pero cierto es que la humanidad necesita,

a pesar de todo,

reflexionar de vez en cuando sobre sí misma.

Y aparece en estos relatos a los que te has referido.

"La peste" de Camus es algo parecido.

"La peste" de Camus

se refiere a una cuarentena de toda una ciudad

que empieza poco a poco.

Y, al final, nadie puede salir.

Al final,

la gente no puede refugiarse en rutinas,

y aparecen diálogos y preguntas

que no son las preguntas que nos estamos haciendo en España

sobre cómo está la economía,

sino sobre el sentido de la vida.

Al final,

aparecen en el "Decamerón" o en Camus

preguntas filosóficas

que son de una manera u otra las mismas

que hizo el diablo a Jesús

y que llamamos tentaciones,

pero que Dostoievski transforma

en las grandes preguntas de la humanidad

sobre su sentido.

Quizás, quién sabe,

en una situación dramática como la que vivimos ahora,

también haga replantearse a algunos cosas, ¿no?

A lo mejor, sencillamente,

se está viendo por ejemplo cómo el teletrabajo puede ayudar,

cómo hay una serie de cosas

en las que no se ha pensado lo bastante

y que pueden ayudar a mejorar nuestra vida

después de que salgamos, con bien, de este problema.

Tenemos que estar atentos,

porque las grandes ideas de la humanidad

no salen normalmente en los laboratorios.

Son resultado de circunstancias históricas.

¿Cuál es tu propuesta

para esta cuarentena en la que estamos?

Yo creo que lo primero que estamos viendo

y tomando conciencia

es la enorme debilidad de la existencia humana.

La fragilidad, ¿no? Esa de la que nos olvidamos.

Pensamos que tenemos un sistema económico, social y político

que es como una...

Que tiene una mecánica perfecta y que funciona en cualquier caso.

Y queda gripada y alterada

por algo tan irrelevante como un virus.

Tomamos consciencia de nuestra fragilidad.

Y eso nos lleva a una segunda reflexión.

Es que el bienestar, la felicidad,

no solamente puede ser un asunto externo.

Tenemos que implicarnos mucho más.

Tenemos que decir qué queremos realmente ser.

Tenemos que tener desde dentro unos valores y unos objetivos

que incluso puedan llevarse a cabo

en circunstancias en las que el exterior no ayude.

Entonces, es...

Estamos viviendo una experiencia histórica

que es mucho más que un episodio circunstancial,

sino una de esas oportunidades u ocasiones

para conocernos mejor

y para encontrar también nuevas formas de relacionarnos.

El teletrabajo, el respeto al otro,

saber cómo cualquier gesto nuestro incide en...

La solidaridad

no solamente es acordarse de los misioneros.

La solidaridad es tener en cuenta la repercusión que tiene un gesto.

Un lavarse las manos, un...

Y además es darnos cuenta

de que nosotros también somos Siria en cierto modo,

porque al ponerte contra tu propia fragilidad

estás reconociendo también que podrías hacer algo

para ayudar a quien está peor, ¿no?

Desde luego. Es una llamada de atención, ¿no?

Es una potente llamada de atención

porque pensar que en un mundo globalizado

hay zonas al abrigo de cualquier peligro o amenaza

es una ilusión.

Somos solidarios.

Y esa debería ser nuestra fortaleza.

Este virus que está aquí,

pero que puede estar mañana en otro sitio

o puede venir de cualquier sitio,

no tiene fronteras y forma parte de nuestra realidad.

En situaciones de excepcionalidad como la que vivimos

a veces se encuentran cosas inesperadas.

Antes de la entrevista me comentabas

cómo la relación entre los abuelos y los nietos

está cambiando

a causa del coronavirus, ¿no?

Porque la población en riesgo es la mayor, ¿no?

La ideas nuevas

no aparecen normalmente en los laboratorios,

sino que son resultado de circunstancias sobrevenidas.

Y esta circunstancia inesperada como es este virus

ha producido, por un lado, de entrada, la toma de conciencia

de la fragilidad de las sociedades más avanzadas.

Pensamos que las que están en riesgo

son solamente las sociedades pobres y tercermundistas,

pero también las más desarrolladas.

Y, en segundo lugar,

nos vemos confrontados con nosotros mismos.

Y tenemos que tener en cuenta

que la felicidad no depende solo de las circunstancias externas,

sino que tenemos que tener unas opciones personales

que de alguna manera marquen el norte.

Pero, además de eso, es verdad que es una ocasión.

Es una ocasión para descubrir nuevas formas

que de otra manera no...

La rutina no nos habría dejado.

Es verdad

que esto va a cambiar la relación entre los nietos y los abuelos.

Domina la idea, y es verdad,

de que los abuelos cuidan de los nietos.

Y lo vemos constantemente.

Pero también es cierto

que el sector más vulnerable son los viejos.

Somos los viejos.

Y, entonces, yo sé

que muchas familias inicialmente pensaron

que los abuelos se hicieran cargo de los nietos,

ya que no hay colegio o que hay que atender a los niños.

Hay familias que han pensado

que el grupo de riesgo son los abuelos.

Por tanto, tenemos que protegerles a ellos.

Y educan a los niños y les dicen:

"Vais a ver menos a los abuelos porque están en peligro".

Eso también enriquece, yo creo, las relaciones,

y como en el teletrabajo y tantas cosas

habrá que estar atento,

porque en una experiencia de este calibre

es seguramente rica en enseñanzas.

¿Qué te parece

si para dentro de 15 días hablamos de las imágenes?

Ya que estamos cerca de la Semana Santa.

Gran tema.

Este es un mundo del espectáculo,

y no podemos entender el poder que tiene la marca y la imagen hoy

sin echar una mirada sobre la historia de la imagen.

Así lo haremos.

Gracias. Muy bien.

La Universidad de Sevilla propone contestar a la siguiente pregunta.

¿Es la arqueología el CSI de la historia?

La universidad responde.

La arqueología es una ciencia histórica

que presenta la singularidad

de la materialidad de su objeto de estudio:

la cultura material.

Es por ello que tradicionalmente

ha habido aplicaciones tecnológicas de otras disciplinas muy variadas

para, en un doble sentido,

la caracterización de esos materiales

y obtener cronologías absolutas.

En nuestro caso

hemos desarrollado la primera línea de trabajo

en un proyecto

sobre la explotación, comercio y uso de materiales pétreos en la Bética

con un doble objetivo.

Por un lado,

establecer conclusiones histórico-arqueológicas;

y, por otro lado, crear una base de datos

que sirva de referencia para futuros trabajos

de conservación y restauración de materiales históricos.

El proyecto se basa en una metodología

que caracteriza los frentes de explotación antiguos

y los materiales arqueológicos

a partir de analíticas de caracterización fisicoquímica

y de análisis de láminas delgadas,

aparte de otro tipo de analíticas

que se desarrollan en laboratorios específicos.

Es por ello que pensamos que es un proyecto

que ilustra esa vinculación necesaria

entre ciencias humanísticas y ciencias científico-tecnológicas

entre investigación básica e investigación aplicada

y, en suma, entre ciencia y tecnología.

Se cumplen 40 años

desde la desaparición de Félix Rodríguez de la Fuente,

y su legado incalculable permanece en la memoria de todos.

No fue solo el amigo de los animales,

sino el precursor de la conciencia medioambiental

en todo el mundo hispánico.

Quienes no nos perdíamos programas en la tele

tenemos hoy un motivo más de alegría,

porque su hija, Odile Rodríguez de la Fuente,

acaba de publicar este libro extraordinario

que nos ayuda a recordar su mensaje:

"Félix: Un hombre en la tierra".

Bienvenida, Odile. Encantada de estar aquí otra vez.

Claro que sí. Sí.

No hace tanto.

Bueno, hace ya, ¿no? Sí.

¿Cuánto? ¿10 o 12 años? Yo creo que 10.

Mi hijo tiene diez, y viene embarazada, así que sí.

Diez años. Sí.

Tú estuviste trabajando en ese programa

de una manera... Asidua.

Efectivamente, muy buenos años, sí.

¿Y el mensaje de Félix tú crees que sigue siendo actual?

No solo actual,

sino que creo que está adelantado a nuestro tiempo.

Es asombroso

cómo un hombre en los años 60 o 70, que es cuando desarrolló su trabajo,

tuviera una capacidad tan visionaria

y nos hablara de internet,

nos hablara de las energías renovables,

nos hablara del equilibrio de los ecosistemas

y del sistema vivo de la Tierra a nivel planetario.

La verdad es que yo creo que este libro arroja mucha luz.

Es una fuente de inspiración

para cualquiera que esté preocupado por los retos que tenemos ahora.

Tú perdiste a tu padre a los siete años, ¿no?

Para ti él era todo en esa época, ¿no?

Y luego has seguido sabiendo de él por lo que los demás sentían.

Tú compartías a tu padre

con mucha gente que le conocía a través de la tele.

Efectivamente.

Yo he dicho muchas veces

que yo me siento muy hermanada con muchísimos niños de España

que sintieron también un dolor y un antes y un después

aquel 14 de marzo.

Y es un lujo.

Es un privilegio.

Muchas veces he dicho que llevar mi apellido...

Cuando la gente pregunta si me pesa, digo:

"Me da alas".

Me siento, como digo, muy hermanada.

Y, luego, también, el nodo del agradecimiento

y de un sentimiento de amor hacia la figura de mi padre

de miles de personas anónimas que se acercan y me dan las gracias.

A mí, imagínate, que no tuve nada que ver.

Es una maravilla.

Es un privilegio.

¿Cómo surge la idea de hacer este libro

sobre lo que piensa tu padre?

Sobre la filosofía de la vida que tenía tu padre.

La verdad es que fue una propuesta de GeoPlaneta.

Yo, al principio, dije que no,

porque no se me ocurría qué podía aportar

que no se hubiese dicho sobre mi padre.

Se ha escrito muchísimo, se han hecho documentales...

Es verdad que me quedé con la gaita, y me dijeron:

"Piénsatelo, aunque sea una cosa corta".

Como yo recurro mucho al trabajo de mi padre

como fuente de inspiración también,

me di cuenta de que había una buena parte de su trabajo

que había que volver a sacar a la luz

porque había quedado enterrada.

Aunque la gente le recuerda con mucho cariño,

lo vincula mucho a "El hombre y la Tierra",

que fue la parte de su trabajo más conocida.

Se ha quedado con el acrónimo del amigo de los animales.

En esa esfera solamente.

Sin embargo, mi padre fue mucho más.

Él logró esa conexión con tantísimas personas

y cambiar la conciencia de este país en 180 grados

en apenas 20 años de trabajo

porque su mensaje era un mensaje muy humanista.

Él conectaba con algo en nosotros

y nos hacía a la vez conectar con la vida, ¿no?

Al fin y al cabo, somos naturaleza pensante.

Y quería que traslucieran los ejes de ese pensamiento

y los ejes de esa personalidad que fue mi padre.

Es lo que he tratado de hacer con este libro.

La procedencia de los textos es diversa, ¿no?

Por ejemplo, la radio, ¿no?

La gran parte de las reflexiones y de los cuentos

que saco de mi padre en este libro

la verdad es que provienen de la radio.

Hay más de 300 horas grabadas de radio.

La aventura de vivir era. "La aventura de la vida".

"La aventura de la vida", sí, sí, y "Planeta agua"...

Sacó varios programas de radio.

Pero ahí él se permitía el lujo...

Como decía él,

tenía una conversación íntima con su audiencia.

Y nunca llevaba un guion ni una percha.

No llevaba nada escrito a la radio. Improvisaba sobre la marcha.

Ahí habla de lo divino y de lo humano.

Creo que es muy interesante.

También he sacado de su obra editorial y televisión.

La televisiva, sobre todo, anterior a "El hombre y la Tierra".

Pero, sobre todo, de la radio, sí.

¿Y qué has aprendido de tu padre que no supieras

cuando has estado investigando para escribir el libro?

Pues que no supiera no,

porque yo conocía bastante bien la obra de mi padre,

pero en multitud de ocasiones me he parado

y me he quedado diciendo "joder, qué tío".

"Qué tío", "qué arte", "qué capacidad".

Te quedas verdaderamente hipnotizado con lo que te está contando.

Hasta el punto de que tenía que llamar a mi madre

y decirle: "Te tengo que leer una cosa".

Es asombroso cómo cuenta las cosas.

Es un arte.

A los que nos dedicamos a la divulgación

nos va a venir muy bien este libro para ver qué herramientas utilizaba,

cómo lograba capturar la atención de su audiencia

y cómo incluso se ponía en la piel del que le estaba escuchando.

No marcaba una distancia.

Cortaba totalmente toda la distancia entre él y su audiencia

hasta el punto de que decía...

Tú, camionero, por ejemplo, que estás ahora...

Llevas horas delante del volante, y es de noche.

Te estarás probablemente preguntando:

"¿Esto de las bacterias a mí qué más me da, doctor?".

Incluso se hacía preguntas

que se podía estar haciendo la audiencia.

Y una de las cosas que salta mucho a la vista

es que son textos de procedencia oral, ¿no?

Totalmente.

Y, entonces, está él ahí. Está él ahí.

De hecho, yo creo que casi le escuchas.

Como tenía una forma tan particular de entonar y de decir las cosas,

creo que, cuando lees estos textos, los escuchas.

Lo bueno que tienen estos textos

es que absolutamente cada uno de ellos

viene referenciado al final.

Como Radiotelevisión Española ha tenido a bien colgar toda su obra

en Televisión a la carta,

la gente puede decir:

"Me encantaría oír a Félix contarme esto".

Y, claro, lo encuentras. Lo encuentras en la radio.

Hablemos ahora

de la distribución de contenidos del libro.

Creo recordar que son diez capítulos.

Son 11,

pero diez capítulos de él, cada uno con una introducción tuya,

y, al final, un capítulo de frases

que han dicho personas conocidas sobre tu padre, ¿no?

Efectivamente.

¿Cómo lo has dividido?

Ha sido un gran trabajo el decir

"cuáles son los ejes del pensamiento de mi padre

y lo que le estructuró también".

Entonces, sin lugar a dudas, la infancia,

por la fascinación que mi padre tenía con los niños

y por su propia infancia, que fue muy particular,

dado que no se escolariza hasta los diez años.

Él habla muchísimo de su infancia.

Cuenta muchos cuentos de su infancia,

y eso es un capítulo entero.

Otro capítulo es la palabra. Rendía culto a la palabra.

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La aventura del saber - 19/03/20 - Lengua de signos

19 mar 2020

Emitiremos los reportajes "Intituto-Escuela" y "Boek visual: Antony Areny". También entrevistaremos al Profesor de Investigación emérito del CSIC Reyes Mate y a Odile Rodríguez de la Fuente, hija del mítico Félix Rodríguez de la Fuente, en el 40 aniversario de su muerte. 

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