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No recomendado para menores de 7 años La 2 es teatro - La viuda valenciana - ver ahora
Transcripción completa

Cocentaina y Puñoenrostro.

(Música de Juan Bardem)

Julia.

Julia, ¿no me oyes? Señora.

¡Loca! ¿En qué andas? Vengo a ver lo que manda.

Saca al fray Luis del remoje.

Viéndote en esos traspasos,

no será lisonja apostar que de ser monja no has estado ni mil pasos.

Aunque, como me ordenabas que de allí a fray Luis cogiera,

entre tus piernas creí que a un fraile guardabas.

No son para tus rudezas razones mías más altas.

Qué mal encubrí las faltas que me dio naturaleza,

que, al no tener hermosura, no añado la discreción.

Yo, después que me faltó mi Camilo, que Dios tenga,

porque a llevarse no venga libertad que me dejó,

como he dado en no casarme, leo por entretenerme,

no por bachiller hacerme ni de aguda graduarme.

Es cualquier libro discreto, que, si cansa, de hablar deja,

y es amigo que aconseja y que reprende en secreto.

Al fin, después que los leo, si trata de devoción,

de alguna imaginación voy castigando el deseo.

Veo hablar en la ciudad de tu mucho encerramiento,

tu cordura, entendimiento, fama, honor, honestidad...

Y están los mozos de forma que a verte nadie se eleva

porque nadie hay quien se atreva.

Quiero ser una mujer que, como es razón, acuda al título de viuda,

pues a nadie he menester.

Que, en fin, no te casarás.

¡Jesús, Julia, no lo nombres!

Horror me ponen los hombres. No me los mentes jamás.

Tráeme el cristo para acá que compré de aquel pintor.

¿Pedirle quieres favor?

¿Tentaciones te dan ya?

Voy.

Terror es que muerta en vida lo esté a mí edad por un muerto,

que, en su recuerdo y concierto, guarde anhelo y casta vida.

Pero en la dificultad escriben que está la gloria,

por eso llaman victoria resistir la voluntad.

Dejadme aquí, pensamientos.

No hay más, no me he de casar.

¡Ay! No lo acertaba ya.

Resistid, castos intentos.

Vesle aquí.

Con este olvido, vanidades y cortejo.

¿Qué es esto, necia? ¿El espejo por la imagen me has traído?

Quita. Acábate de ver.

Verás lo que has de llorar

no lo pudiendo cobrar si ahora lo dejas perder.

Llévalo.

No se lo des, pues quiso Dios que viniese a tiempo que verte viese.

Tú, que a ti ni a nadie ves,

¿qué milagro, di, sobrina, es este de hallarte así?

Si hoy no me vengo de ti...

¿Pues vile yo entrar? Camina.

Bien tendrán canas de un viejo con tu edad autoridad.

Juzgarás a liviandad hallarme con el espejo.

Mírate y guárdete Dios.

Y, pues que he venido a verte cuando tú te has visto,

advierte que hoy hemos de hablar los dos.

Tío, si es de casamiento, ni se mente ni se hable.

¿Qué has de ser tan intratable?

Si yo sé lo que me quieres, ¿por qué he de dejar cansarte?

¿Y has de ser en esta parte igual a tantas mujeres?

¡Qué pertinacia es la tuya!

¿Piensas que esto es para tu buena opinión?

Es para que se destruya.

Muchos, que con un esclavo que dentro de casa tienes,

dirás que así te mantienes soberbia y hermosa al cabo.

¿Cuánto es mejor que te cases y esas malicias excuses?

¿Quieres que case a un mancebo, guantes blancos y gran nombre,

para que pronto me asombre con solo un billete nuevo,

y, con sus manos lavadas, mis tres mil de renta pesque

con que un poco me refresque entre sábanas delgadas?

Y, pasados ocho días, se vaya a ver forasteras

o en amistades primeras vuelva a deshacer las mías.

Vendrá tarde. Yo estaré celosa.

Dará mi hacienda,

comenzará la contienda de esto si fue o no fue.

Yo esconderé y él dará,

buscará deudas por mí.

Entrará justicia aquí.

Voces y aun coces habrá.

No habrá noche, no habrá día que la casa no alborote.

"Daca la carta de dote".

"Soltad la hacienda, que es mía".

"Entrad en esta escritura".

"No quiero". "¿No queréis?".

"Yo os haré, infame, que entréis si el brío de ahora os dura".

Y, que mientras más me postro, me haga mucho más apriesa

de dos títulos condesa,

Cocentaina y Puñoenrostro.

Sobrina, aquí se acabó.

Desde aquí doy a los vientos cuantos casamientos

me han hablado y busco yo.

Que tres a escoger traía.

Y ya solo he de pedir

que no demos qué decir de tu edad y de la mía.

Y Dios te lleve adelante ese cilicio y ayuno.

¡Qué viejo tan importuno!

¡Qué mujer tan arrogante!

¡Lisandro!

¡Valerio!

¡Otón!

¡Vosotros!

-¿Qué causa junta aquí a los tres en cuestión?

Por la causa se preguntan los que amantes no son.

Porque a quien a amar aspira jamás de ella se retira

y hará cuanto es menester por hacerse de ella ver,

que es edén lo que ella mira.

Oyendo a Otón, me parece que ella es la hermosa viuda

y por ella desvanece.

¿Y vos? ¿Pondremos en duda que os abrasa y enflaquece?

¿Querréis que entre de por medio a quitar la pesadumbre

y a dar algún corte y medio?

Mas si entráis es por su lumbre, que morís por su remedio.

¿Yo por Leonarda?

-Vos, pues, pensáis que está muy secreto lo que tan notorio es.

-En fin, que un mismo sujeto pretendemos hoy los tres.

Decís bien, y, porque es tal, confesar no me está mal,

que a mí ya este casamiento me deja sin pensamiento.

Gran mujer.

No tiene igual.

Yo sus amores pretendo.

Yo lo mismo solicito.

Si emprendéis lo que yo emprendo,

os ofendo si os lo quito o en quitármelo me ofendo.

¿Puedes esto componer?

Pienso que se puede hacer. Casen pleito y amistad.

Competencia y voluntad no suelen juntas comer.

Un consejo os quiero dar. -¿Cómo?

Que el pleito tratemos dejándonos de tratar.

¿Que no nos hablemos?

Yo a ninguno pienso hablar encuéntrele donde quiera.

Yo me voy de esa manera.

¡Ay, Leonarda, hermosa y... muda!

¡Ay, bellísima viuda!

¡Ay, hermosísima fiera!

(Música de Juan Bardem)

¿Qué? ¿Ya no eres tú la helada, la santa, la recogida?

No me hables en tu vida, necia, no me digas nada,

que todo será accesorio si me tengo de perder.

Dime qué tengo de hacer de los libros y oratoria.

Porque ¿qué dirá fray Luis y aquellas cosas tan altas?

¡Ay, mortales, cuántas faltas si no os prueban encubrís!

Mas yo no me he de casar aunque el mundo esté por medio.

Yo, señora, sé un remedio.

¿No te he mandado callar?

Un remedio he de tener sin perder mi punto y fama...

y he de aplacar esta llama tan cruel.

Todo puede ser. ¡Oh!

Gracias a Dios que os hallo.

¿Hasta cuándo era el rezar?

¿Quería desos quedar para la misa del Gallo?

En días de jubileo, no te querría servir.

¿Tan presto nos hemos de ir una tarde que el sol veo?

Urbán.

¿Ves ese galán?

Muy bien. Pues llega el oído.

Vamos, Julia. Voy.

¡Ay, triste si no he de volverte a ver!

Siempre fue bueno traer tintero y escribanía.

Eh... Caballero, querría...

Hablad.

¿Qué queréis? Saber...

si acaso os habéis escrito en el santo jubileo...

por cofrade.

Antes deseo, buen hombre, serlo infinito.

¿Qué se paga? Solo un real.

¿Veis aquí dos? Por los dos.

Tomad.

Recíbalo Dios.

El nombre y casa nombrad.

¡Cómo! Camilo se llama, como se llamaba el muerto.

Sin duda, ser noble es cierto, aunque ignoramos su fama.

¿Qué argumento como ver que, en tan fácil ocasión,

por un real dio un doblón?

Liberal debe de ser. Cierto que fue gran nobleza.

Di, Julia, ¿qué no tendrá a quien tales gracias da

la franca naturaleza?

Gracias mil, que yo no vi jamás, por vida de Urbán,

hombre más bello y galán desde el día en que nací.

¡Qué rostro, qué compostura, qué barba tan aseada,

qué mano tan regalada!

Pareciome nieve pura.

¡Qué cuerpo, qué pierna y pie!

¡Qué afable, qué discreción!

¡Qué lindo dar de doblón!

¡Y qué afición le cobré cuando le vi relucir!

Menos afición, Urbán, que yo por ese galán

mataré por no morir.

Amigos,

grande flaqueza os parecerá la mía,

pero mi pecho confía de vuestro amor y nobleza.

Desde que era niña, habéis servido siempre esta casa.

Yo sé al extremo que pasa el amor que me tenéis.

Supuesto que no pretendo casarme ni sujetarme,

hoy habéis de remediarme, pues mi vida os encomiendo.

En vuestra lengua y secreto, está mi opinión y fama.

O tu temor nos difama y no me juzgas discreto.

Fía de Julia y de mí y di lo que hemos de hacer.

Tú mi remedio has de ser. Escúchame atento.

Di.

Ya ves cómo anda alterada con sus máscaras Valencia.

Bien.

Pues, con esta licencia,

ponte una ropa extremada y una máscara,

y camina a hablar aquese galán.

Y dile en disfraz, Urbán,

que una dama se le inclina, que le ama tiernamente...

y que la podrá gozar como hoy te quiera esperar

en la taberna del Puente.

Y, si te dice que sí, esta noche irás por él.

Luego, bien ha de ver él adónde vives y a mí.

No, que con máscara irás.

Y, para que nada advierta, con la cara cubierta,

a esta casa le traerás.

Entrará a oscuras y, cuando se haya de ir,

vuelto a cubrir, ¿a quién podrá descubrir?

¡Brava industria vas trazando!

¡Qué bueno vendrá el halcón!

Pero ¿en qué me detengo? Parto.

No tardes. Ya vengo.

¿Quién te dijo esa invención?

Amor, que tiene a los pies a cuantos han estudiado.

(HOMBRE) Dámelo.

Una dama principal más hermosa que la luna...

os ofrece dicha tal

que jamás mujer alguna a varón dio por igual.

(Abucheos)

Una dama principal más hermosa que la luna...

os ofrece dicha tal

que jamás mujer alguna a varón dio por igual.

En su palacio os espera para ser hoy vuestra amada,

que es apasionada fiera y es...

la flor más delicada que por vos de noche abriera.

Dígase cuál dama es,

que, puesto que noble soy, no habré de dar un traspiés

si con vos de noche voy y da mi fama un revés.

Para vos, dama sin nombre,

mas no es la luna tan alta

y no habrá en Valencia un hombre, noble o rey,

que, si no falta a esa cita, no se asombre.

Vive Dios que es tentación.

Hombre soy y de verla estoy tentado.

Es razón que sepáis que ha de ser perla,

que el no verla es condición.

¿Y el tentarla?

Tentaréis,

gozaréis y a oscuras sea...

o perder lamentaréis dama que tanto os desea.

Máscara.

Juro por Dios que grande empresa acometo

y sin saber quién sois vos.

Camilo, aqueste secreto ha de ser entre los dos.

Pues me da el alma esa dama, ¿no me fiará su fama?

¿No pudiera yo servirla y hablarla,

verla y oírla y saber cómo se llama?

No hemos de hablar en eso,

que, queriendo saber algo, queda perdido el suceso.

Juro por la fe de hidalgo que me hacéis perder el seso.

Paréceme que han llamado.

Anda, ve, mira quién es.

No sé qué hombre está aquí que libros y estampas vende.

Si es máscara, algo pretende.

Yo sin máscara le vi.

Pues, para que no parezca que mi devoción se muere,

entre y veamos qué quiere y lo que comprar ofrezca.

Dios guarde a vuesa merced y le dé un gentil marido.

El que no lo haya querido me ha hecho mucha merced.

¿Por qué, siendo vos tan bella? Mostrad.

¿Qué historias vendéis?

Una de amor,

que podréis ser, si queréis, dueña de ella.

Mas es una historia mía...

y sois vos muy recatada.

¡Qué historia tan extremada!

Julia, ¿no te lo decía? (ASIENTE)

¿Y esta? Son solas canciones,

mas tiene lindas razones para amar y no sufrir.

Su autor quiso hasta morir, mas no del mal que yo muero.

¿Sois galán o sois librero?

No se lo sabré decir.

Pues ¿qué vendéis?

Un servir, un amar, un padecer.

¿Es requebrar o vender?

(Campanilla)

No se lo sabré decir.

Un estampero ha llamado.

-¡A la rica estampa fina!

¡Otro gallo por gallina!

Este mal lo he sospechado.

¿Es esto conveniente a mi encerramiento?

Creo que es engaño.

Bien lo veo.

¡En mi casa tanta gente!

¿Acá está primero Otón?

Ya Valerio vino acá. ¿Qué vendéis?

Vos lo veis ya.

Vendo el mismo corazón.

Mostrad. ¿Qué es este papel?

El "Adonis" del Tiziano, que tuvo divina mano,

mas vos la habéis más que él.

(Campanilla)

Y traigo una bella estampa del matrimonio escogida.

Ese no espero en mi vida.

Mal su estampa se os estampa y no sé yo por qué sea,

que hay mil esperando un sí

y está aquí un hidalgo que os desea.

Soy Valerio, aunque esta apariencia tomé.

Pues ya va tan declarado, a Otón delante tenéis.

Soy rico y soy caballero y pierdo el seso por vos.

¿Habrá quien a los dos les paguen mejor dinero?

Julia. Señora.

El librero y el que papeles vende...

¿Qué te ofende pedirte nuestro dinero?

¡A la calle! ¡Paso! ¡No os alborotéis!

¿Libertades me vendéis?

¿Libros acaso elevados?

¡Cargad con buenos palos!

No lo haréis, que irnos habremos. -Ni afrenta sufriremos.

Y yo jamás tratos malos.

Con perfumes, otro aguarda para entrar.

Ea, empiecen a marchar.

¡Que con tal crueldad te resumes! ¡Cierra la puerta!

Y quien llama tendrá menos libertad.

Si yo tuviera enemigos,

los cielos me son testigos que era engaño claro y visto.

Mas no hay hombre tan bien quisto ni que tenga más amigos.

Si teméis, tal como siento,

os digo que hasta el retrete entréis armado y contento.

Y que lleve un pistolete.

Llevad uno o llevad ciento.

Si no os falta habilidad, valor, gusto y voluntad,

que el interés lo atropella,

gozáis la cosa más bella que tiene aquesta ciudad.

¿Qué importa qué bella sea si a oscuras he de gozarla?

Antes presumo que es fea.

Cuando lleguéis a tentarla, no hay cuerpo que no se vea.

Si os pesare y os cansare, no volváis.

No hay que repare más que en el ir tan cubierto.

Esa es la ley del concierto. Mirad si hay más.

Pues cubierto iré.

Y de esa suerte habéis de entrar y salir.

¡Brava industria!

¡Bravo estilo! Todo lo habéis de sufrir.

¿Y dónde os he de aguardar?

A las tres, podéis estar en el camino del puente.

Y guardaos de llevar gente porque no os tengo de hablar.

(Alboroto)

¡Eh!

Camina, que soy contento.

Si vais, vos seréis dichoso.

A la hora concertada, en el puente me hallaréis.

¡Qué noche tan regalada con ese ángel tendréis!

A lo menos, encantada.

Ella estará prevenida. Adiós.

Ya vuestra venida aguardo.

Será muy presto.

Yo he de saber lo que es esto... aunque me cueste la vida.

(Música de Juan Bardem)

(Ladridos)

(Ladrido)

Entre el temor y el deseo,

con quien batallo y peleo,

tantas veces quedo y voy...

que, con estar donde estoy, otras tantas no lo creo.

¿Quién oyó jamás tal cosa,

que una mujer tan hermosa,

que tanto a un hombre desea, no permita que la vea?

¡Qué fama tan vergonzosa!

¿Y qué sé yo si...

pensando que abrazo a algún ángel bello,

a un demonio enlazo el cuello...

que a oscuras anda volando porque es indigno de vello?

¿O que fuese alguna vieja..., (RÍE)

...ya sin pestaña ni ceja,

con unos dientes postizos,

que me hiciese con hechizos andar como simple oveja?

¿O fuese alguna cuitada, herida del mal francés,

que me hiciese andar después, por un hora de posada,

muerto dos años o tres?

(Ladridos)

¡Hombre a matarme ya viene!

Hombre soy que a amor se atiene.

¿Sois acaso aquel amigo?

Quien te sirve está contigo.

Soy quien cordura no tiene.

¿Hay alguien que vernos pueda?

Las estrellas y la luna.

Hoy no ha de brillar ninguna. Solo el ángel que allí queda.

Dichosa fue tu fortuna.

No niego que es muy dichosa,

mas sea fea o hermosa, para aborrecer o amar,

si a oscuras la he de gozar, no es todo una misma cosa?

¿Una misma? ¿De qué suerte?

¿Un cuerpo hermoso y perfeto...

no hay más gusto que despierte

que tocar un esqueleto como pintan a la muerte?

¿Ella es moza?

No has de vella.

¿Casada o doncella en duda?

¿Es viuda?

Es tal que se muda en casada y en doncella

y otras veces en viuda.

Y no es viuda ni casada ni doncella

ni violada de alguno que la desdeña.

De esa suerte, será dueña entre algodones guardada.

Valga Dios a tu señora si te acabo de entender.

(SUSURRA) Engaño debe de haber.

¿Cosa que fuese este agora algún hombre y no mujer?

Pero ¿tan lindo era yo?

¡Qué tentación me dio de quitarle el rostro a este,

aunque la dama me cueste, que tan poco me costó!

Mas... gran deseo me inflama este brío que hay en mí.

Amigo, vamos de aquí a ver esa oscura dama

que nunca diré que vi.

(Música de Juan Bardem)

¿Hay mucho que andar?

Gran rato.

¡Ahora metedme en el río...

y me mojaréis el brío!

Queja no habrá de mi trato.

No os enojéis, señor mío.

Sedas anuncian la piel que solo han de ver sus manos.

¿No serán sus sueños vanos?

Serán edén para él.

¿Almohadones serán bien?

¿Y aquesta tapicería?

Tenerla el virrey podría y aun el mismo rey también.

Urbán ya tarda. ¿Qué haremos?

Un poco puedes jugar.

No le debió de agradar.

Señora, no hagas extremos.

Si es discreto, ha de temer.

Pareciome belicoso.

Mira que, si en ser hermoso, algo tenga de mujer...

Mas, valiente cual Roldán, acepta cubrirse así

y a oscuras venir aquí.

Es mozo hidalgo y galán, un mancebo varonil.

No como otros mujeriles, como fuera el mismo Aquiles,

que fuyó cobarde y vil.

Noche de estrellas vestida,

que mis pasos y mi vida guías a la sepultura,

vuélvete negra y oscura porque algún favor te pida.

Han llamado. Ya está aquí.

¡Oh!

No, señora, es el librero que resultó zalamero.

No le abras, Julia. ¡Ay de mí!

Un hombre hemos encontrado.

Aguardadme en esta esquina.

¿Hola?

¿Quién va?

¿Quién camina?

(SUSURRA) Yo, que vengo bien armado, mas ciego como gallina.

¿No respondéis?

Yo voy bueno.

Sin ver rayos, oigo el trueno.

Máscara soy.

(RÍE) ¡Gentil loco!

Habemos bebido un poco y andámonos al sereno, perdidos.

Tomad, amigo, y bebed,

que el vino es, digo,

amor que apaga otra llama en el corazón que ama.

(RÍE)

(Voces indistintas cantando)

¡Mal vino!

(RÍE)

(Voces indistintas cantando)

Venid. Demos vuelta por aquí, que se ha de dormir sin duda.

(Voces indistintas cantando)

Bravamente el vino muda.

Y amor es lo mismo en mí por aquesta ingrata viuda.

Sufriré la escarcha helada,

aunque aquí poco se usa,

y el sueño, que no me excusa.

Piedra soy de su portada...

y ella de mi sueño musa.

Camilo no quiso verme.

Es él aquí.

No te creo. Créeme.

Ponte el manteo. Por ti no ha de conocerme.

Viene a oscuras y tapado. Hemos de estar prevenidas.

No más idas y venidas.

Camilo, habemos llegado.

Sienta y espérame aquí.

Ya llegó hasta el aposento. Pues entradle aquí al momento.

Asiéntate.

¿Dónde? Aquí.

¿Quién es la que habló?

Mi señora. Y vuestra esclava.

¿Es la que de hablar acaba?

Maldigo a quien me parió.

¡Yo la máscara me quito!

Olvidabais que aquí estoy...

y que licencia no os doy y no os perdono el delito.

Música suene por él.

¿Hay más lindo encantamiento?

Sí, que con vos yo me asiento.

¡Por Dios, que es hecho cruel!

Ya me enciende el corazón amor sin luz, pues no veo,

y ha tocado en el deseo como a piedra el eslabón.

Si no es mi fianza buena, no se comience la historia.

Y, pues que es limbo sin gloria, que no sea limbo con pena.

Esto he de alcanzar de vos, ea.

Dadme aquesa mano.

¿Mi mano?

Tomad.

Ya es llano.

¿Qué más concedéis? ¡Por Dios!

Yo no pienso que he hecho poco en daros luego mi mano.

Dádmela vos, soberano.

Digo que me vuelvo loco.

Decid,

¿y pareceos bien?

Paréceme que me abraso.

De cielo a infierno paso...

y quiero saber con quién.

Con mujer.

Es manifiesto.

Mas el veros es mi afán.

Tened las manos, galán,

que aquí no ha de haber más que esto.

En llegando a querer verme, os harán dos mil pedazos.

En tal, sagrado de brazos, moriré sin defenderme.

No por mi miedo, ¡por Dios!, que, pues vine, no le tuve.

Mano y deseos detuve por mandármelo a mí vos.

¡Qué bello cuerpo tenéis!

¡Qué suave y... rico vestido!

(RÍE)

Con razón no he merecido que en mi bajeza fieis.

¿Qué no hay aquí quien me abone?

Quien me ama, no me fía.

El alma se le confía.

Y vuesa merced perdone,

que, cuando de su lealtad más experiencia se tenga,

haremos que a casa venga con más luz y claridad.

Más me valdrá estarme quedo,

no tener ojos ni oídos,

porque se van los sentidos tras aquello que ver puedo.

¡Está de Dios, mi señora!

¿Vos habéis de permitir que quien os merece oír

no os merezca ver ahora?

Traedle bien presto aquí un poco de colación

con que amanse el corazón.

¿Es colación para mí?

¿Qué fianzas me habéis dado

para comer, satisfecho que no es veneno?

Este pecho que me habéis enamorado.

Ligero argumento hacéis.

Id a una tienda embozada...

y veréis is os fían nada por más que el pecho mostréis.

Camilo, no os aflijáis de verme esconder así,

que hay partes, señor, en mí que vos ahora ignoráis.

Este remedio busqué para que entréis aquí

y para que no digáis con quién ni en qué parte fue.

Si pensáis que aquesto ha sido no tener crédito en vos,

bien quedará entre los dos...

averiguado y cumplido.

Joyas os daré en valor de dos mil ducados.

¿Buenas?

Pronto, dame esas cadenas y el colgante dios de amor.

Dame... Paso.

No ofrezcáis eso, que me dais enojos.

Más quisiera vuestros ojos que cuantas joyas me dais.

También hay oro en mi casa.

Gracias a Dios, no soy pobre.

Deseo que más os sobre que de Oriente a España pasa.

Pero, por señal de amor,

esta sortija tomad,

que en vos tendrá calidad.

Y esta en vos tendrá valor.

Servíos de que mi nombre la traiga esa blanca mano.

La colación viene. En vano viene.

A fe de gentilhombre que no tengo de comer.

A lo menos, el probar no lo podéis excusar,

que soy honrada mujer.

¿Es lo del veneno?

Sí. Por mi vida que probéis.

Si ese juramento hacéis,

haya mil muertes aquí. Bebed,

que mucho sudáis.

Yo así os refrescaré...

y con gusto tomaré el veneno que me daréis.

Bebed. Luego he de beber.

Beberéis de vuestra dama,

que bien bebe quien bien ama.

(GIME)

(GIME)

Ya es tarde y es bien que os vais,

que hablando no se han sentido tiempo y noche, que han corrido.

¿Al fin, oculta os quedáis?

Noches quedan, mi Camilo.

Esto por ahora baste.

Llévale donde le hallaste, salvo y por el mismo estilo.

Ya escucháis a mi señora.

¿No os he de abrazar primero?

Sí, por cierto.

Bien ligero, que amanecerá en un hora.

¿Será mi esperanza vana?

Marchad, Camilo, con bien.

Mañana espero también.

¡Ay! ¡Cuánto tarda mañana!

Noche,

si está allá dentro algún dichoso, hazle salir, que llega el alba.

Gente viene.

Tomemos esa esquina oscura y veré yo adónde camina.

Viuda, así os guarde Dios, sola tras esa ventana,

que lo que hay de aquí a mañana quisiera pasar con vos.

(Ladrido)

(Ladridos)

¡Ay, ventana!

¡Quién de vos supiera si ha salido por vos algún suspiro!

Mas ¿qué es esto?

¡Ay, triste!

¿Será aqueste el venturoso que de la viuda posesión merece?

¿Qué le diré?

¡Viven los cielos! ¿Qué haré?

¿Siempre juntos nos hallamos?

Dos sois y parecéis mil.

En esta noche tan vil, casi en rajas acabamos.

Consuélame que los tres fuimos necios por extremo.

Dais aquese nombre temo a lo que locura es.

La necedad en su punto fue aquello del estampero,

cuando Otón, cuan librero, entró con Valerio junto.

Yo jamás llegué a entrar.

Si va de murmuración,

yo diré a qué vino Otón esta noche a este lugar.

¿Fue a saber si aquesta puerta a algún dichoso se abría?

A eso, por Dios, venía.

Téngolo por cierto, porque yo vine a lo mismo.

¿Y a mí qué pudo traerme sino lo mismo

y verme en este celoso abismo?

Ya que nos hemos hablado, confírmese la amistad

contra la fiera crueldad de este ingrato pecho helado.

Mas ¿sabéis lo que he pensado y nunca dije en duda?

¿Qué? -Que ha de tener la viuda

galán en casa encerrado.

Mujer sola, libre y rica y que a tantos ha negado

a fe que hay algún criado que por las noches se aplica.

Y, de entre ellos, Urbán, que es bellacón y discreto,

tengo sospecha, en efeto,

que hace oficio de galán.

Porque no se aparta de ella...

y anda bien puesto y vestido,

siempre murmura atrevido y habla en secreto con ella.

¡Vive Dios, que ahora he caído en una maldad tan clara!

¡Yo le cortaré la cara o no seré bien nacido!

Yo le prometo una grande cuchillada.

Dejad algo, si os agrada, para el dueño del secreto.

(Canto del gallo)

Que también le he yo de dar una en medio de esas dos.

Amanecido ha, por Dios.

¡Qué fácil es murmurar!

Vamos y hablámoslo hoy.

En matarle me reporto.

¡Qué narices que le corto!

¡Qué cuchillada le doy!

Hela ha leído y entendido todo.

Entiendo que Ercino me da un yerno para Leonarda,

encareciendo el modo de su nobleza, término y gobierno.

No le aventaja en la sangre el godo

y, en gentileza de mancebo tierno, ni el mismo Adonis,

digo, ni Narciso, y es más discreto en discreción y aviso.

Mas... muéstrame esa viuda,

que la viese para contar su fama y hermosura.

Eso podría ser si ella quisiese, mas es más que su fama su clausura.

Y, aunque de oírlo por ahora os pese,

sabed que es la mujer más bronca y dura

que ha criado la sierra más rocosa,

supuesto que es discreta y que es hermosa.

Decisión tomé y ya no la visito sobre esto de tratarle casamiento,

que, de mi enojo y suyo, quito malas palabras y desabrimientos.

Y, si el de aquese hidalgo solicito,

serán, sospecho, vanos pensamientos,

porque quien no se casa aquí, menos hará para Madrid ausencia.

Con todo eso, diligencia haremos.

Mucho me habéis, señor, desconsolado,

pero será razón que lo intentemos

porque diga, aunque mal, que he negociado.

Os digo que mañana lo hablaremos,

que a Ercino estoy yo obligado.

Cáusame gran alivio tu promesa.

Así será, mas vamos de esta mesa.

(Alboroto)

(Música de la época)

Tengo una luz encendida en el alma... que os retrata,

si el aire no me la mata...

de veros oscurecida.

Porque os veo...

como ciego, dentro, en la imaginación,

con que es extraña invención haber tinieblas y fuego.

Si ardéis como yo, mi amor,

avivad conmigo el fuego,

que, cuando se apaga el fuego,

llega después el olor.

No, si este sol de amor...

luce una y otra vez.

Aunque el eclipse tal vez haga buscar otro ardor.

Descubridlo.

Mas no aún. Apagad luces primero.

Máscaras y velos quiero, que no conozca a ninguno.

Es deseo de mi ama.

¡Por Dios!

¡A oscuras estoy!

Por eso licencia os doy.

Pero aún arde la llama.

Eclipse sois, en efeto,

y más hermoso que el sol,

cuando, rojo en su arrebol, cita a la luna en secreto.

Jamás vi más bello ocaso, tan hermoso horizonte.

Llano,

valle...

y este monte, que invita a escalar su paso.

¿No erais vos quien declarara que, si a una tienda iría,

nadie a mí me fiaría por más que el pecho mostrara?

Fiaros a mí, os suplico,

dad a luz vuestro secreto.

A ser esclavo prometo, a ciego no sacrifico.

No he de fiarme de vos.

¿Qué soy sino ser un hombre?

Mas soy mujer. No me asombre me deseéis, vive Dios.

Otros sentidos espero que ahora os guíen hacia mí.

Dejadle.

Buscadme, sí,

que en el lecho yo os espero.

Vive Dios, que es mi señora...

maestra en lides de amor.

Salvo dejo a su señor...

e ignorante por agora.

¿Tres hombres a uno solo?

¡Muera el perro!

¿No me diréis qué ofensa os hice? ¡Muera!

(GIME)

¿Quiénes sois? ¡Es cortés os presentéis!

¡Muera el cobarde traidor!

¡Ay de mí! ¡Paso, señores!

¡Ténganse!

¡Ya basta!

Si estoy de por medio,

es cortesía de caballeros renunciar al lance.

Camilo soy y amigo soy de todos. Ponte detrás.

Vinieran uno a uno...

Él tuvo en vos, Camilo, buen padrino,

que es un lacayo vil, desvergonzado.

No haya más, por mi vida,

que por dicha no os habrá conocido.

Basta y sobra quererlo vos.

¿Mandáis en qué os sirvamos?

Quedo en obligación notable.

Vamos.

Decid, hombre del diablo,

¿qué habéis hecho a aquestos caballeros?

Buen Camilo,

después de echarme a vuestros pies, os juro

que ni en obra, palabra o pensamiento les ofendí jamás.

Sin ofensa, caballeros mataban en cuadrilla a un hombre solo.

No es posible. Es cierto.

Y puede ser que se hayan engañado y tenídome a mí por otro.

Créolo.

En gentil escampado, os la juraban.

Vamos con él a su casa, Floro. ¡No!

Que ha bastado con darme nueva vida.

A mi señor estáis bien obligado.

Bien rezaré por él mil padresnuestros.

Pero ahora, señores,

quedad con Dios.

Tras la primera noche, como te he contado, Floro,

en que, como halcón cegado, ciego fui siguiendo a otro,

la siguiente noche, fui por el mismo modo.

Y luego, al fin, la gocé.

Por ver lo que tiento adoro...

He hecho cosas por verla, no pienses que soy corto,

que hubieran enternecido a un bárbaro, a un monstruo,

pero ni por mis ternezas ni por mis rabias y enojos...

se ha dejado ver, y así estoy encantado y loco.

¡Cómo no! Gracioso cuento.

Lleva tú luz encendida.

Podrame costar la vida aqueste atrevimiento.

Pues ¿qué has de hacer encantado y enamorado sin ver?

Imitar a amor...

y ser, sin ojos, enamorado.

Puedes llevar un yeso con que la puerta señales.

Tiene ella industrias tales que me hacen perder el seso.

No sé nunca dónde estoy, si fuera o dentro de casa.

Eh, mira, tras de ti, una dama pasa.

Y rica, a fe de quien soy.

Parece una hermosa viuda. Y no es mala la criada.

Esta huerta es extremada.

En ningún tiempo se muda.

Julia, Camilo es aquel.

Ay, señora, ya le vi.

Tenedla, que vino a mí.

¿Hablarele? Habla con él,

que está todo el lugar solo.

Yo os agradezco el favor.

Cegó con el resplandor,

porque lucís como Apolo.

Mucho la luz estimáis para no ser ciego.

Nace de una falta que me hace, que no es bien que la sepáis.

Ello se entiende, es de amor.

(Rebuznos)

Pues...

más os espantaréis si de mi dama sabéis que es el mismo resplandor.

¿No será acaso la luna?

La propia.

Pues no andáis bien, que esa mil vistas la ven,

mas no la toca ninguna

Pues yo la toco sin vella.

Sin duda, os tengo por loco.

Sí, pues a oscuras la toco y me he enamorado de ella.

¿Y esa luna veos a vos?

Ella lo afirma y es fe que cada día me ve,

mas yo no la veo, ¡por Dios!

Pues os ve, no lo dudéis sino que está enamorada.

Pienso que de mí se agrada.

¿Y en los efetos lo veis?

¿Hay mujer por quien ahora la dejásedes?

Me agravio de que ponga vuestro labio tal duda en mi fe, señora.

Si la veis, ¿estáis seguro de no sufrir desengaño?

Bien puedo estar de ese daño libre, mi señora, os juro.

Que con las manos la tiento y...

la frente es extremada,

la nariz,

perfeccionada,

que es de un rostro el fundamento.

Los ojos son relevados,

que es señal que buenos son.

Todo eso otro es perfección,

cuellos y pechos extremados.

Y, si oís su entendimiento, su donaire, su saber,

llegaréis a enloquecer, que son sus juegos tormento.

Vos sois extraño galán.

Nunca tal oí decir.

Ni a nadie he visto sufrir la oscuridad que me dan.

Y aunque en parte mi alegría con este rigor se aniebla,

más quiero yo mi tiniebla que alguno estima su día.

¿Y cómo os llaman?

Camilo.

Es justo saber el nombre de un más que Amadís,

de un hombre que ama por tal estilo.

Adiós, oscuro galán.

Él un rico esposo os dé.

Diga, ¿hablarla no podré esta noche en el zaguán?

Vivo junto a la Zaidía. No queráis dama tan lejos.

Hablado habéis como viejos.

¡Qué ocasión esta, qué día!

¿Por qué no la requebrabas?

Una viuda bella y andan mil muertos por ella.

En mi pensamiento estabas.

Esta no vale dos clavos ni cuantas quieras nombrar,

porque es querer comparar los reyes con los esclavos.

Yo te digo que la mía es algún ángel, sin duda.

¿Tan mala era la viuda?

Así, así. Pasar podía.

A mí bien me pareció.

Floro, si aquesta vieras, que bien que la encarecieras.

La viuda tomara yo.

"Y la frente es extremada,

la nariz, perfeccionada,

los ojos son relevados,

cuello y pechos, extremados...".

¿Para qué quisiera ver si son ojos ya sus dedos?

Y valora mis enredos, fruto de gran entender.

Julia, volvamos allí.

Presta voluntad se muda.

No reniego de ser viuda,

de mis soledades, sí.

Calla y déjame. ¿Que calle?

Después iré. No hay después.

¿Tan loca estás que no ves, Celia, que estás en la calle?

En la calle y dondequiera, tengo por cuerda razón

que se entienda tu traición. Templa el enojo y espera.

Hablemos de suerte allí, que quien pasa no lo entienda.

Suéltame ya.

¿Qué prenda me tienes dada de ti?

Malas noches, malos días,

palabras, celos y rabias,

y aun de que ya no me agravias, nacen estas ansias mías,

que tan malo te quisiera.

Mira cuál estoy, traidor.

Ir allá será mejor.

Ve, Celia, a casa y espera,

que hay mucho que averiguar y en la calle no estás bien,

fuera de que me ven y tengo que negociar.

¿Tú a mi casa? Pues no has ido en dos meses.

¿Y tan loca me ves que crea tal boca a corazón tan fingido?

Si te escapas de esa guisa, será andarme tras el viento.

Tenme, por tu fe, con tiento,

que me rasgas la camisa.

Ese corazón quisiera, tan duro.

Pues para ti fue suave y a tu voluntad de cera.

Porque hay hombres que desean no recibir tanto el bien.

Celia, advierte que nos ven.

Mucho temes que te vean.

Calla, no se te dé nada...

y abrázame a mí ahora,

ya que no está la señora que últimamente te agrada.

Y, cuando riñáis un poco por celillos,

bien sabrás dar satisfacciones más.

Tú quieres volverme loco.

¿Quién duda que le dirás:

"Persígueme una mujer, pero no la quiero ver,

por la Virgen y san Blas".

¡Julia, negra es mi suerte!

Su señora, ¿qué has? ¡Ay, Julia!

¡Qué muerta estás!

¿Y es mucho viendo mi muerte?

¡Ay, amarga, ya veo de dónde el aire te vino!

Galardón es este digno de mi loco y mal deseo.

¡Ay, quien no te conociera como tú a mí,

pues así, como no me ves a mí, te gozara y no te viera!

¡Quién le oyó que no quería otra!

Y bien jura que os lo dijo en noche oscura,

y a esta quiérela de día.

Mira, señora, no creas que, sin dejarte mirar,

has de poder conservar un hora el bien que deseas.

Por la vista entra el amor, que por las manos no puede.

¿Hombre, yo?

Sí, Celia, tú.

Y, pues que me he declarado, déjame.

Ya estás dejado.

¡Jesú, qué maldad!

¡Jesú!

¿Es posible que se ha ido?

¿Qué le digo?

¿A mí, embozadas?

No somos tan declaradas como esa necia lo ha sido.

¿Acaso es la dama vana que de noche os desconcierta?

(SUSURRA) Esta viudilla anda muerta por ser conmigo liviana.

Suplícoos que os destapéis porque vos no parezcáis.

Huélgome que lo que amáis

tan presto lo aborrecéis.

Si vos me queréis a mí, me aprestaré en buena gana,

que ella es noche sin mañana y se quiere mucho a sí.

Sin duda, que la habéis visto y os habéis desengañado.

Antes, por no haber mirado, en mi obligación persisto.

Si la viera como a vos...

y bella como vos fuera,

no dudo que la quisiera.

¿De veras? Cierto por Dios.

Porque sois vos una perla.

¿Y me he de cansar al cabo de ser de una dama esclavo...

que no me consiente el verla?

Si teme ser descubierta, como otras que el vulgo infama,

o estima tanto su fama, ponga un gigante en la puerta.

Vos lo habéis dicho muy bien,

pero, porque gente viene, que os vais, señor, me conviene.

¿Pues tan presto tal desdén?

Por tenerme por mudable, sin duda, me despedís.

Que os vais, digo. ¿No me oís?

Voyme.

¡Viudilla intratable!

¡Oh, traidor!

Que no bastaba la ofensa que aquí me hacía que requebrarme quería.

De desengañarte acaba.

Aquesta noche y no más.

Aunque, por lo comedido,

verás cómo le despido.

¿Y de esto qué le dirás?

¿Yo le había de hablar de esto?

¡Qué donosa necedad!

(HOMBRE) ¿Quiénes sois y adónde vais?

Si acaso sois caballeros,

que las máscaras se guarden para el baile y otros juegos.

Pues que estamos en Valencia, día y noche disfrutemos,

que, en llegando la Cuaresma, de mortificar es tiempo.

¡Alto os digo!

Descubríos. Soy Camilo.

Veréis presto.

Haced caso al aguacil.

¿Veislo?

Y descubrid el vuestro.

Siendo quien sois vos, decid que amigo soy vuestro.

Es orden del alguacil.

Quédome satisfecho.

Id con Dios.

Con él vamos.

Y vámonos descubiertos,

dejando aquellas quimeras de ser amante y ser ciego.

Junto al puente del Real, llegué a las diez,

donde atento ya me esperaba Camilo.

Yo fui el mozo y él, el ciego,

y arrancamos el camino hablando y encareciendo,

yo, tu hermosura y tu fama,

él, su amor y sus deseos,

cuando un alguacil llegó...

y, al querer reconocernos,

la máscara me quitaron.

Camilo y todos me vieron.

¡Pobre de mí!

¡Tras un mal, otro mayor! ¿Qué he de hacer?

¿Tu valor puede perder su condición natural?

Dices bien.

Cualquier flaqueza es extraña en quien yo soy,

que fabricando ya estoy una aguda sutileza.

Urbán, por algunos días, a mi prima servirás

y por Valencia andarás muy lejos de cosas mías.

Así que, cuando te siga ese hombre,

entenderá que por ella viene y va.

A mucho el honor te obliga.

¿Quieres deshonrar a tu prima? ¿No es desvarío?

Urbán, por este honor mío, todo se ha de perdonar.

Caiga esa mancha en mi prima y líbrese mi opinión.

¿Tú no ves que es sinrazón? Así la fama se estima.

Pero di, ¿quién ha de ir mañana a por tu galán?

Julia disfrazada, Urbán, que de hombre se ha de vestir.

¿Y si un hombre me topa? Defenderate tu ciego.

De él me temo. ¿Cómo?

Es fuego y conocerá la estopa.

Yo soy un hombre arriscado y, aunque hubiera cien Camilos

para su defensa y lado,

una vez fueran los filos, él volviera colorado.

Yo os juro que de esa puerta el que de ella saliere

no habrá una verdad más cierta

que de mi acero se fuere con toda la cara abierta.

¡Lisardo soy!

No es mi talle para creer que Urbán fuera

y mi sangre por la suya se perdiera.

No alumbra luna la calle. No es extraño os confundiera.

Andará como la viuda, tras un velo de maldad,

oculta por la humedad.

Mas no ha de llover, sin duda.

(Trueno)

Aunque aceche tempestad. -Sí.

Hola. La puerta han abierto y Urbán embozado sale.

¿Quién? ¿Urbán?

¿Es cierto? -Cierto.

Muerto sea.

Llega y dale.

¡Ay!

(GIME) -¡Más que aquesta!

-¡Me han muerto!

-¡Echad por esa esquina! -Bien se ha hecho.

¡Qué gentil cuchillada que me han dado!

¡Ay!

¡Hoy a Madrid,

voy bien despachado!

Iba Rosano contento, que partió bien despachado.

Yo, tío, de buen agrado, le prometí el casamiento.

Ventura ha tenido. Honras le harán en Madrid.

Que las preparen, decid.

Él ya parte bien cumplido.

(Voces indistintas)

¿Tantas cruces ya te haces?

Pues ¿qué quieres, viendo tan espantoso desengaño

de aquel encantamiento y aventura?

¿Viste anoche muy bien al hombre?

Vilo como te veo, Floro, amigo, ahora.

Y vile con tan fuerza de deseos de conocerle bien

que desvelado toda la noche estuve con su imagen en la memoria,

hasta que me dormí cansado al alba.

Puedo en la mesa retratarle al vivo.

Y que hoy le has visto acompañar su ama.

Pues...

ese es el desengaño mío.

Que, como anoche conocí su cara

y que hoy le vi con su barbuda dueña,

estoy desesperado.

Pues ¿qué piensas?

Me has de dar pluma y tinta.

Y con la cólera quedará de mi lengua castigada.

Y más, cuando se vea conocida y que pierde el galán que engañaba.

¿No me contabas tú que la gozaste?

¿Que era moza briosa y cuerda y que todo su cuerpo conocías?

Sin ojos, no me culpes ni me corras.

Su cridado está con ella en misa. Tú le darás papel

que he de escribir para dar fin a estas artimañas.

Linda dama has gozado.

¿Burlas, Floro?

¡Oh, qué niña tan linda!

Como un oro.

¿Que al fin te has determinado a querer a un forastero?

Celos, Julia, me han forzado,

de este traidor por quien muero...

y este mi honor lastimado.

¿Y qué, saldrás de Valencia?

Antes que con cierta ciencia sepan mi secreto estilo,

es bien dejar a Camilo...

y helo de hacer en ausencia.

Cierto que, si las señales de aquel de Madrid son tales,

gozarás de un hombre en breve que nada a Camilo debe.

Todos son en todo iguales.

Pues que sea para bueno,

aunque, al verte así casar, en reino extraño y ajeno,

la ciudad habrá de dar un bravo estampido y trueno.

No importa, pues de ella salgo.

Para tus industrias valgo un mundo.

¿Urbán con tal prisa?

Ya me vio llevar a misa a tu prima aquel hidalgo.

Y, al salir, me dio el criado aqueste papel cerrado

para que a tu prima diese como si culpa tuviese.

Bien le habemos engañado.

"Vieja de Satanás,

bruja mil veces,

te enamoras y gozas con hechizos de mozos que te son antojadizos,

con quienes te haces niña y enterneces".

"Hoy vi tu antigua cara con dobleces".

"Desengañeme y dije muy corrido:

'Busque otro necio, como yo lo he sido,

que de noche te dé lo que mereces'".

Fuego os echa y él se piensa que es de esa vieja, tu prima,

de quien recibió la ofensa.

Por ventura, amor me anima a que me ponga en defensa.

Y necio Camilo anda,

pues hoy confiesa tan dura la que ayer sintió tan blanda.

El mal que ha visto asegura y así en hablar se desmanda.

¿Qué has de hacer?

A su posada ve esta noche,

que me agrada, con otro mayor engaño,

darle un cierto desengaño.

Tú quedarás engañada.

(VALERIO) ¡Eh!

¿Hubo quien nos conociese?

Era un desierto la calle.

Qué bien que se puso al dalle.

Y, más que bien, sucediese.

¿Fue la cabeza o la cara?

Pienso que en todo le hirió porque revés que doy yo

hasta el pescuezo no para.

Urbán.

¿Quién? -Urbán.

Y sano. -Míralo bien.

¿Qué hay de ver? Tú debías de tener anoche blanda la mano.

¿"Hasta el pescuezo no para?".

Cogiendo cabeza y cara, queda abierto hasta los pies.

Se lo doy ahora. -Teneos.

Urbán.

¿Vas bueno?

De prisa y cuidado lleno, que va a misa mi señora.

-¿Quién?

¿Leonarda?

Hace ya mil días que en casa de su prima estoy

y con ella vengo y voy.

Muy bien así le darías.

¿Mandáis más? Voy deprisa.

Dinos algo de tu ama.

Que es sin igual en la fama.

¡Ven acá! ¡Tocan a misa!

Si aqueste su galán fuera, sin él ni un hora pasara.

Que está sola es cosa clara.

Pues quedamos a la espera.

Aun no habiéndose cerrado bien la noche,

ya está tu enmascarado allí, en la puerta.

Diome esta carta porque ahora la leas.

No quiere dejarme aquella máscara.

Todavía esa vieja me persigue.

Lee. Veamos qué es lo que te escribe.

"Creer tan de ligero no es cordura,

que suele resultar en propio daño,

y no tengáis temor que sea engaño,

que de estos el más fuerte poco dura".

"Venid, Camilo, y veréis verdad tan pura...

que esta noche os dará fiel desengaño...

o, al menos, la muestra de este paño,

que de la afrenta defenderse jura".

"No soy quien vos pensáis".

"Y así deseo, aunque cual siempre guardaré mi fama,

desengañaros, como ya comienzo".

"No penséis que habéis hecho mal empleo,

ni bruja presumáis tener por dama,

que en todo os soy igual...

y en algo os venzo".

"Y la frente es extremada la nariz, perfeccionada,

los ojos son relevados,

cuello y pechos extremados...".

En habiéndome sentido y hasta su piedra encendido,

pensar que haya sido engaño es ser bobo... cual rebaño.

Ser tu guardián pretendo, pues Camilo ha venido.

No dirás que no he traído a tu ciego.

En verle, me ofendo.

Dejadme sola con él.

Ha de estar enfurecido.

Veremos dentro del nido lo que va de hiel a miel.

(Pasos acercándose)

¿Podreme ya descubrir?

Pues que no hay luces...

¿Aún dura eso de ser dama oscura?

Ya no se puede sufrir.

Heme aquí, que me descubro.

¿Qué importa, si ciego estoy tras el desengaño de hoy?

Por quien soy, de vos me encubro,

pero no saldréis de aquí sin que vais desengañado

y habeisme mucho agraviado con pensar eso de mí,

que fue sin duda locura no reparar en que ha sido

la dama que habéis tenido menos espantosa y dura.

Que no es un hombre tan ciego que así sus manos le engañen

para que le desengañen vanos pensamientos luego.

Pero sois hombre, en efeto,

y no poco confiado,

y ansí, en lo escrito y hablado, no habéis andado discreto.

Mas quiéroslo perdonar...

no más de por lo que os quiero.

Disculpa daros espero,

si es que me pude engañar.

Pero, si luz no ha de haber, no procuréis desengaño,

que quien hizo aquel engaño...

otros muchos sabrá hacer.

Pues luz no la imaginéis.

¿Eso es ya resolución?

Aunque os pierda, está en razón...

que con luz no me gocéis.

Pues burlar a un caballero tampoco, señora, es justo.

Daros quiero un gran disgusto.

Luz traigo y veros espero.

(RÍE) ¡Jesús!

¿No sois vos la viuda que yo tantas veces vi?

¡Ay, desdichada de mí!

¡Oh!

Ya mi mal en bien se muda.

No miréis si sois hidalgo.

Del rostro, la mano alzad. ¡Ay de mí!

¿Hay tal maldad?

¡Leonarda, a tus voces salgo!

¡Sacad luces! ¡Buscad gente!

Señor, esto es hecho ya.

Poner silencio será remedio más conveniente.

Aqueste hidalgo es Camilo, a quien tú conoces bien.

Quiéreme bien y también yo a él, por el mismo estilo.

Y, si otro Camilo boda nueva me hizo aborrecer,

de este Camilo soy toda.

Yo quiero ser su mujer.

Si lo que hoy veo serás,

soñaré con ser tu dueño.

Porque no quede en un sueño, como dueña me tendrás.

Ve, Urbán, llama a testigos.

Nos hemos de asegurar que al fin va a desenviudar Leonarda.

Ya voy, amigos.

¿Para qué ciego me hacías si con tu luz ya cegabas?

(Pasos acercándose)

(Voces indistintas y música)

¿Por qué a un pueblo no llamabas o media cuidad traías?

Estaban casi a la puerta.

Todos sean bien llamados si a fe son todos honrados.

Oigan cómo se concierta que Camilo con Leonarda

se han de casar y querer.

No es ciego quien sabe ver y amar a mujer gallarda.

¿Cuándo la boda? Mañana.

¿Tan presto? Lo quiero así.

Pues bien es que acabe aquí "La viuda valenciana".

(Voces de júbilo)

(Música de Juan Bardem)

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La 2 es teatro - La viuda valenciana

28 may 2020

Leonarda, la viuda valenciana, es aún joven y bella; manetiene el propósito de decidir sobre su propio destino rechazando a sus numerosos pretendientes La obra es una divertida comedia ambientada en Valencia durante la mascarada celebrada con motivo de la boda de Felipe III en la ciudad.

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