Inés del alma mía La 1

Inés del alma mía

Miércoles a las 22:10 horas

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No recomendado para menores de 16 años Inés del alma mía - Capítulo 4: La tierra prometida - Ver ahora
Transcripción completa

(Relincho)

¿Qué ocurre? Demasiado peso.

Se ha roto el tobillo. Ya conoces las órdenes, Gómez.

¡Quién no pueda continuar, quedará atrás!

¡Los demás agarrad los pertrechos y arreando!

¡No os quedéis parados! ¡Vamos!

¿No puedes hacer nada por ese hombre?

Si le ayudamos, retrasará nuestra marcha

y menguarán nuestras provisiones.

Hay que seguir. ¡Vamos!

(Sintonía de "Inés del alma mía")

¿Qué ocurre?

Una gran nube de polvo se aproxima a menos de una legua.

¿Indios?

Podría ser.

¡Atención!

¡Formación de defensa!

¡Vamos!

¡Vamos! Inés, ya has oído.

Atrás con los yanaconas.

(Relincho)

¡Grumete, atrás con las mujeres!

Tranquila, yo os protegeré.

No os podéis proteged ni a vos mismo, guardad esto.

¿Y esto qué es?

Una herida de los indios.

Ya. Venid luego a que os la cure,

esto se puede gangrenar.

-¡Son españoles!

Busco a don Pedro de Valdivia.

Yo soy.

Rodrigo de Quiroga.

¡Jerónimo!

Eh, don Quiroga.

-Jerónimo.

-Francisco.

(Risas)

¿Qué le ocurre?

"Guisayo".

"Chichuña".

Ella está embarazada, mamitay.

¿Cómo estás?

-Estoy bien.

Debéis descansar, Cecilia, al menos un par de días.

Hablaré con Valdivia y... ¡No!

¡Os lo suplico!

¡Ya lo habéis visto!

Valdivia no se detendrá por nada...

ni por nadie.

Entonces, le pediré que prepare una escolta para que os acompañe

de vuelta a Cuzco.

No, Inés.

No podemos volver al Perú.

¿No lo entendéis?

Un hijo de un soldado y de una india, ¿qué le puede esperar allí?

Tenemos que llegar a Chile.

Nuestro hijo tiene que nacer en un país mejor.

Os lo suplico,...

no le digáis nada a Valdivia o nos dejarán atrás.

(Rebuzno)

Y vos, ¿qué hacéis?

Vamos.

Quitaos la camisa.

¿A qué esperáis?

Hay que limpiar esa herida o se os pudrirá la sangre.

Como esto no mejore pronto,

me temo que deberemos cortar ese brazo.

Un soldado manco no sirve de nada, doña Inés.

Un soldado muerto sirve menos.

Las órdenes de don Pedro son estrictas,

si alguien no puede seguir...

Me gustaría contar con vuestra discreción en este asunto.

Lo haré, solo...

solo si yo a cambio puedo contar con vuestra amistad.

Ya la tenéis.

Antes oí que Aguirre os llamó grumete.

Me enrolé de marinero en un barco para viajar al Nuevo Mundo.

Así llegué al Perú.

Entonces, conocí a don Benito en Cuzco

y nos alistamos con Almagro para ir a la guerra.

Escobar,... ¿puedo pediros un favor?

(INAUDIBLE)

Id.

(LENGUA INDÍGENA)

De los más de cuatrocientos que éramos al principio quedamos 100.

Los Chunchos es un infierno de selvas donde se pudre hasta el alma.

-Todo fue mal desde el principio.

Gutiérrez, el oficial al mando, era un inútil y un loco.

-Si no llega a ser por Quiroga, estaríamos todos muertos.

Nos llegaron noticias de vuestra marcha al sur

y decidimos ir en vuestra busca.

Más vale servir a su majestad,

que andar en tierras donde el demonio anda suelto.

¿No es verdad, padre? Así es, hijo.

-Y decidme, señor Quiroga, ¿qué fue de ese tal Gutiérrez?

Buenas noches, señores.

(Risas)

-¡Voto a Dios!

Esto es una maldita broma.

¡Una mujer vestida de hombre!

Señora...

Os presento a doña Inés Suárez de Plasencia, mi...

ama de llaves.

Señora, en España os harían quemar por vestir así.

Sí, padre, pero, gracias a Dios, no estamos en España.

¿Eso es lo que soy para vos?

Es un viaje largo.

Los hombres no tienen mujeres y yo tampoco.

Por cierto,...

bonito atuendo.

Me gusta,

así nadie te mirará con deseo.

¿Nadie?

Nadie, excepto yo.

Jamás dejaré de mirarte con deseo,

doña Inés Suárez.

¿Y nunca me abandonarías?

Nunca.

¿Ni aunque fuera un estorbo, como ese indio?

He dicho que jamás.

¿Y a Aguirre o a don Benito

o cualquier otro que no quisiera seguir?

Si fueran un estorbo, sí.

Y ellos lo comprenderían.

Pronto escasearán las provisiones y debemos encontrarnos con De La Hoz

en el punto convenido,

justo aquí.

No debemos detenernos, por nada, ni por nadie.

Por encima de todo está la expedición.

Chile... y tú.

(Relinchos)

¡No hay nada, solo esta carroña!

-Lo acaban de abandonar a toda prisa.

-Lo mismo que en las seis aldeas anteriores.

-Saben que venimos.

Este es el lugar elegido para esperar a De la Hoz.

No estamos lejos de la costa y se ve bien en la distancia.

Acamparemos aquí.

¿Crees que vendrá ese perro? Más vale.

Hace cinco meses que salimos de Cuzco

y no hemos tenido noticias suyas.

Sin la comida y pertrechos de esos barcos, estamos perdidos.

Jamás atravesaremos el desierto.

Y más ahora, que hemos aumentado en número.

(LENGUA INDÍGENA)

(LENGUA INDÍGENA)

-(LENGUA INDÍGENA)

(LENGUA INDÍGENA)

(LENGUA INDÍGENA)

-(LENGUA INDÍGENA)

-(LENGUA INDÍGENA)

(LENGUA INDÍGENA)

-(LENGUA INDÍGENA)

-(LENGUA INDÍGENA)

(LENGUA INDÍGENA)

¡El oro! ¡¿Dónde está el oro?!

¡Hasta los muertos son miserables aquí!

-¡Ay, mamitay!

No permitas que hagan eso,

los cuerpos de los antepasados...

son sagrados, mamitay.

-Costumbres del diablo en esta tierra de bárbaros.

¿Acaso es muy diferente de las reliquias

de vuestros santos en las iglesias?

(LENGUA INDÍGENA)

¿Qué están diciendo, Catalina?

Que da mala suerte ultrajar el espíritu de los muertos.

Y que volverán para vengarse.

Dicen que no saldremos vivos de aquí, mamitay.

¡Cecilia!

¡Cecilia!

Cecilia.

Si no fuera por vuestra ayuda,

cualquier otro se hubiera lavado las manos con una india.

Yo no siento diferencia entre vos y yo.

Bueno, sí, este maravilloso regalo que lleváis dentro.

¿No habéis pensado vos en tener hijos?

Mi vientre es estéril, como ese desierto.

¿Y Valdivia lo sabe?

¿Conseguisteis algo?

Lo siento, solo he podido traer esto.

Desde que llegaron los hombres de Quiroga

es imposible saltarse el racionamiento.

Y el almacén lo vigilan dos centinelas.

Toma.

Todavía no llegamos a lo peor del desierto,

allí se seca el aire.

(Relincho)

Estaremos de vuelta al anochecer.

¿Os alejaréis mucho?

-No más de un par de leguas.

Ha de haber comida en alguna aldea.

Estos demonios no se pueden alimentar del aire.

Quiroga, quedáis al mando.

De acuerdo. ¡Vamos!

(Voces a lo lejos)

¡No, no! Chist...

No asustaros, por Dios.

Soy yo.

¡Sancho de la Hoz!

Pero ¿cómo os atrevéis a entrar en mi tienda en mitad de la noche?

Hemos recorrido cientos de leguas,

desde la costa, en vuestra búsqueda,

atravesando este desierto del demonio,

hasta encontrar esta aldea pérdida de la mano de Dios,

donde quedé con don Pedro en traer las provisiones y los pertrechos.

¿Y este es el recibimiento que nos dais, Inés?

¿Dónde está don Pedro?

No llegará hasta el amanecer.

Está bien. Pues aquí le esperaremos.

-¡Alguien viene!

¡No! ¡No, no, no! -¡Ah!

-Callad. Catalina,

estos señores son...

son nuestros invitados.

Han llegado desde muy lejos,

y seguro que están agotados. Traed comida, ¿eh?

Y no os olvidéis del vino especial de la princesa Cecilia.

Me alegro mucho de veros.

No esperaba menos de vos. ¿Y Valdivia?

En la expedición, ya os lo he dicho.

No. Dejad, ya lo hago yo.

Y seguro que vendrá muy cansado,

deseando de quitarse las espuelas y las armas.

Valdivia es un loco temerario.

Yo jamás os hubiera dejado sola.

Sois muy amable.

Llegáis en el momento justo, ¿sabéis?

Valdivia está...

está fuera de sí, está extraño.

No es el hombre que conocí en Cuzco.

Ya os dije.

Os avisé de que Valdivia no era hombre para vos.

Tal vez me juzgasteis mal.

En eso lleváis razón.

No sois el ave carroñera que pensaba, sois un pavo real.

Bastante tonto, por cierto.

Beltrán... López...

¿Qué me habéis hecho?

¿Qué me habéis hecho, bruja del demonio

¡¿Con qué derecho retenéis contra su voluntad

a un emisario del emperador?! ¿Estáis bien?

¿Señor De la Hoz, habéis venido a asesinarme?

Tan solo he venido a recuperar lo que es mío, Valdivia.

Solo yo tengo derecho sobre Chile

¡y vuestros hombres deberían saber que esta expedición me pertenece!

Y vos, ¿de qué os sonreís, bruja?

¡Pedro! Escuchadme.

Escuchadme todos y escuchadme bien,

es ella la que manda en esta expedición, y no Valdivia.

¿Y estáis dispuestos a obedecerla,

a dar vuestra vida y vuestra sangre por esa,

esa vulgar concubina?

-¡Yo digo que se les ejecute! -Matadlos.

¿Dónde están los barcos con las provisiones?

Hablad y tal vez os deje vivir.

No se os ocurra volver a amenazarme, Valdivia.

Como queráis. ¡Alguacil!

¿Creéis que así podéis amedrentarme? -¡Clemencia, señor!

¡Clemencia!

¡Yo os contaré qué pasó con los barcos si nos dejáis marchar!

-¡Calla!

Hablad.

No pudo reunir dinero para armar la flota

y los acreedores amenazaban con matarle.

Nos pagó para acompañarle, asesinaros

y así hacerse con el mando de la expedición.

-¡Mientes, perro!

-¡Han cometido traición!

¡Ejecútales de una vez! -Eso.

Este hombre es un protegido del emperador, lo sabéis.

-¡Muerto el perro, muerta la rabia!

Mátale, Pedro. Si no lo haces ahora,

él te matará a ti algún día. -¡Matad a estos perros, Valdivia!

Siempre has dicho que a los enemigos conviene tenerlos cerca,

donde se les pueda vigilar.

Vosotros dos, se os condena al destierro.

Volveréis a Cuzco sin agua ni comida.

En cuanto a vos,

marcharéis con los yanaconas, como la escoria que sois,

se os quitarán privilegios.

Además, desde este momento,

renunciaréis públicamente a todo derecho sobre Chile.

Todos están contentos,

saben que pronto regresaremos a Cuzco.

No sé de qué habláis.

Vos mismo lo dijisteis, sin De la Hoz no podemos continuar.

Señor Quiroga, la fortuna sonríe a los audaces.

Racionaremos las provisiones. ¿Somos soldados o damiselas?

¿Y el agua?

Don Benito conoce pozos en la ruta.

No faltará.

Perdonadme, pero me parece una locura.

Nos llevará, al menos, dos meses atravesar el desierto.

Puede que vos estéis acostumbrado a desistir a la primera contrariedad,

mas no es mi caso.

Chile será mío.

Nadie me arrebatará esa tierra.

Nadie me arrebatará lo que es mío.

Nadie.

(ESCUPE)

Está envenenada.

¡Adelante!

(LENGUA INDÍGENA)

(LENGUA INDÍGENA)

-(LENGUA INDÍGENA)

(LENGUA INDÍGENA)

-Está envenenada.

(LENGUA INDÍGENA)

(LENGUA INDÍGENA)

-(LENGUA INDÍGENA)

¡Vamos! -¡Venga, vamos!

Apenas nos queda agua,

la desesperación ha cundido entre vosotros.

Sin embargo, yo os pido un esfuerzo,

un último esfuerzo.

Al otro lado de este desierto nos espera el paraíso.

Aguantad.

Inés, me temo que voy a parir en mitad de este desierto.

Valdivia no tendrá más remedio que abandonarnos a mí y a mi hijo.

No, Cecilia, confiad.

Chile ya no está lejos muy lejos.

Tomad mi ración. Ya no queda más.

Gracias.

(Relincho)

¡Maldita sea!

No te creas que no me he fijado en cómo la miras.

Para Valdivia, ella solo es su concubina,

pero si me ayudas a tomar el mando,

te doy mi palabra que te nombraré mi maese de campo, y entonces,

solo entonces, ella podrá ser totalmente tuya.

Grumete, ayudad a levantar el campamento.

Sí, señor.

Señor De la Hoz.

Solo venía para comprobar que el alojamiento fuera de su agrado.

(RÍE)

Me alegra ver que, a pesar de las circunstancias,

no perdéis vuestro sentido del humor.

Soy soldado.

Estoy acostumbrado a las penurias.

Pero no a la traición, supongo.

No abuséis de mi generosidad, tiene un límite.

Inés de Suárez conspira contra vos y contra vuestro mando.

Adiós, señor De La Hoz.

¡Y la princesa inca, su amiga, está preñada!

¿Lo sabíais?

Ya veo que no.

(CANTA EN LENGUA INDÍGENA)

¡Venga, avanzad!

(Relincho)

(Rebuzno)

No puedo creer que vayamos a hacer esto otra vez.

-Vivir o morir, Alderete.

(ARCADAS)

(ARCADAS)

(Llanto de bebé)

Sígueme.

-Jerónimo.

¡Alderete!

¡Alderete, es mi turno!

¡Suelta a esa mujer, animal! ¡Dejadme!

¡Ah! ¡Inés!

¿Es que acaso te has vuelto loca? ¡Quieto!

¡Estos miserables estaban quitándole la leche al niño!

Castigadlos como es debido.

¡Aguirre!

¡Mañana a primera hora quiero a todos los oficiales en mi tienda!

-¡Ya lo habéis oído!

¡Vale, Jerónimo! ¡Vale! -¡Perra!

-¡Ya está! -¡Perra!

No vuelvas a decirme qué he de hacer.

¡Jamás!

¡Yo decidiré quién merece un premio o un castigo!

Pero si yo solo estaba... ¡Inés!

¡Necesito hasta el último de mis hombres de esta expedición!

¡¿Es que quieres provocar un motín?!

(Relincho)

(Relincho)

¡Señores, en pie!

No me andaré con preámbulos, conozco vuestro malestar:

la comida escasea,

apenas nos queda agua

y la desesperación ha cundido entre vosotros.

Y, sin embargo, yo os pido un esfuerzo,

un último esfuerzo.

Al otro lado de este desierto nos espera el paraíso.

Ayer se fueron más de treinta yanaconas.

El agua está envenenada,

los pueblos abandonados,

no hay animales para cazar, Valdivia.

Nos morimos.

Si damos la vuelta, dosificamos el agua y la comida,

podremos salir de este infierno.

Es verdad. ¡Volvamos a Cuzco, y viviremos, Valdivia!

¡No!

No podemos regresar, estamos a mitad de camino.

¡Sería un suicidio!

En cuanto amaine el viento, partiremos.

Entrad en razón, os lo ruego.

¿Y si no qué, Quiroga?

¿Me haréis lo mismo que a Gutiérrez?

Si tengo que elegir entre mis hombres

o los delirios de un loco,

no dudéis que lo haré.

Con vuestro permiso.

-Eh, ahora no.

No parece que las cosas vayan bien para Valdivia.

¡Catalina! ¡Catalina!

¡Vamos, mamitay! ¡Que tú tienes magia!

¡Vamos, mamitay!

¡Aquí! ¡Aquí! ¡Es aquí!

¡Cavad! ¡Cavad!

Vamos.

¿Qué hacéis?

Volved a la tienda.

Es peligroso estar aquí.

Si queréis salir vivo de aquí, cavad.

¡India!

(Relincho)

¡Tenemos que volver!

¡Tenemos que volver a...! -¡Volver es una locura!

-¡No podemos acabar como los hombres de Almagro,

muertos y secos en este infierno! -¡¿Te estás amotinando?!

¡Por Dios que te hago ahorcar! -¡No te tengo miedo, Aguirre!

¡Quien quiera volver, lo hará! -Tranquilo.

¡¿Me estás oyendo?!

¡Pero sin comida y sin agua!

¡Basta, señores! Decidme.

¿Quién está conmigo?

Un milagro, doña Inés. -Mamitay.

(GRITA DE ALEGRÍA)

¿Quién está por volver a Cuzco?

-¡Agua!

¡Agua!

Hay agua.

¡Agua! ¿Qué decís? ¿Dónde?

Para allá, allá.

(Relincho)

# Segador, tírate afuera # y deja entrar la espigaderuela.

# Siega el paso y con hoz buena

# y deja entrar la espigaderuela.

(Risas)

# Segador, tírate afuera... # -Don Pedro, bebed, don Pedro.

-¡Por Don Pedro de Valdivia! -¡Por Don Pedro de Valdivia!

-¡Salud! ¡Por don Pedro de Valdivia!

¡Escuchad! ¡Escuchad!

¡Escuchadme! ¡Escuchadme!

¡Escuchadme! ¡Escuchadme!

Querido, don Pedro, si me lo permitís.

Es el momento de que todos hagamos una oración

en acción de gracias a la Virgen del Socorro

por este milagro.

Por supuesto, padre, rezaremos.

Pero esto no se lo debemos al cielo, sino a otra señora.

(Suena el laúd)

Buscáis siempre el camino más fácil, señores,

y así no se conquista un reino, ni una dama.

# Segador, tírate afuera y deja entrar la espigaderuela.

(Risas)

# Siega paso y con hoz buena y deja entrar la espigaderuela. #

¡Ah! Sois vos.

Quería daros las gracias por curar mi herida.

No es menester.

Id con los otros a disfrutar de la fiesta.

También quería daros esto.

Lo cogí de un templo de vírgenes. Iba a ser para mi esposa.

Guardadlo para ella. Quiero que sea para vos.

Quiero que vos seáis mi esposa. ¿Qué estáis diciendo?

He visto como os trata ese Valdivia, como a una fulana.

Él no os merece.

Dejadme amaros y os prometo que os respetaré siempre.

Habéis confundido mi amistad con otra cosa.

Os amo. Y vos a mí.

¡Lo sé! ¿Qué estáis haciendo?

Soltadme. Inés, ¿por qué...?

¡Pero, ¿qué hacéis?!

¡¿Cómo os atrevéis, hijo de puta?

-¡Pedro! ¡Levanta!

¿Qué ocurre? ¡Llévatelo!

¡Te mandaré ahorcar! ¿Se puede saber qué has hecho?

(LENGUA INDÍGENA)

-(LENGUA INDÍGENA)

-(LENGUA INDÍGENA)

(HABLAN EN LENGUA INDÍGENA)

Te pido clemencia para Escobar.

Por el amor de Dios, Pedro.

Perdonaste la vida a ese canalla De La Hoz.

Ultrajó a mi mujer. Me traicionó.

¿Cómo confiar en un soldado capaz de traicionar a su general?

Escobar es solo un muchacho. ¡No es digno de mi confianza!

Y tú, ¿puedo confiar en ti?

¿Acaso piensas que yo...? Dímelo tú.

Yo jamás os he engañado. ¿Estás segura de eso?

¿Nunca me has ocultado nada?

Es la hora.

Ya veo.

Gómez, vos sois el alguacil, Debéis hacer algo.

¡Lo va a matar solo por unos celos estúpidos!

No puedo hacer nada.

¡Cecilia no habría aguantado la travesía sin su ayuda!

¡Se lo debéis!

Ese muchacho está muerto.

Se acusa al soldado Rafael Escobar

de haber penetrado en la tienda del capitán general

para atentar contra su honor.

Por ello, se le condena a muerte.

(ASIENTE)

¡No!

(LLORA)

¡Por favor, no! -Lo siento, grumete.

¡No!

¡No!

-Lo siento. -(LLORANDO) No, no, no.

No, no...

Que se cumpla la sentencia.

¡Tambor!

(Suena el tambor)

¡Ah!

(Relincho)

(TOSE)

-¡Milagro!

¡Milagro!

¡Es el juicio de Dios!

¡Es el juicio de Dios, señor!

No quiero volver a verlo.

(RÍE NERVIOSO)

No te preocupes, vivirá.

¿Y tú?

¿También podrás vivir después de esto?

¡Señorita! ¡Ayuda, mamitay!

¡Cecilia! ¡Cecilia!

¡Inés, no puedo más!

(LENGUA INDÍGENA)

¿Qué? Está ya para parir, mamitay.

Respira, respira, ¿sí?

¿Qué ocurre?

Está indispuesta.

Que se levante. Ya reposará a la tarde.

No puede.

Va a tener un niño.

Tendrá que tenerlo sola.

¡Sigamos!

¿Es que pensáis dejar que muera, como hicisteis con Escobar?

Entrad en razón, Inés.

No podemos arriesgar la vida de todos solo por uno.

No hará falta. Seguid, yo me quedo con ella.

-¡Cecilia!

-¿Qué hacemos, Pedro? ¿Seguimos? ¡Indios! ¡Vienen indios!

Tranquila.

¿Cuántos? ¡Cientos!

Señores, ya lo habéis oído. ¡Preparamos defensa!

¡A las armas!

Respira.

¡Señores, confiad!

¡Dios está de nuestra parte y no de esos animales!

¡Traedlos!

¡Los arcabuces!

Sultán. Bello y noble.

(Relincho)

Debo parecerte un ser abominable.

He traicionado todo lo que siempre he respetado.

Perdóname. No quería perderte.

No quería perder esta tierra.

Te amo, Inés Suárez,

y siempre lo haré.

Entonces, ve y lucha por aquello que amas.

¿Y si no venzo? Moriremos juntos.

La muerte menos temida, da más vida.

Sellad bien las lanzas. Gutiérrez, carga tu arcabuz.

Esas cajas, aseguradlas bien.

-¡Id y venced a esos diablos! ¡Dios está de nuestra parte!

Padre, empuñad una espada.

¡Señores!

¡Señores soldados!

¡Al otro lado de ese cerro está Chile

y el Jardín del Edén, pero para llegar hasta allí,

tendremos que atravesar el infierno!

¿Qué hacemos, señores?

(TODOS) ¡Luchad!

¿Qué hacemos? ¡Luchad!

¡Vamos!

¡Por España!

-Una espada.

Dadme una espada, os lo suplico.

Por el amor de Dios, dejadme morir como un hidalgo.

No hay nada que valore más que la lealtad, Gómez.

Sois mi señor. Os juré fidelidad hasta la muerte.

Valdivia dijo que os quedarais aquí, ayudando.

Y como intentéis otra de vuestras fechorías,

os juro que os mato.

Hay mujeres por las que vale la pena morir, como Inés.

¡Apunten!

¡Fuego!

(Disparos)

¡Hincad picas!

¡Ah!

(SE QUEJA)

¡Respira! ¡Respira! (SE QUEJA)

(GRITA)

-¡Ah!

(Gritos)

¡Ayuda!

(GRITA)

¡Ayuda!

¡Ayuda!

Aquí.

Apretad.

¡Presionad fuerte ahí!

¡Aguantad!

Respira, respira. (SE QUEJA)

Ya está por venir.

Vamos. Un paño, mamita.

Ya está, ya está casi. Ya lo veo.

(LENGUA INDÍGENA)

Ya está por venir.

Mira, ya viene.

Respira.

La punta.

(Estruendo)

(Llanto de bebé)

-(LENGUA INDÍGENA)

¿Estás bien?

Es Santiago que viene en nuestra ayuda.

Mira.

Yo, don Pedro de Valdivia,...

en nombre de su majestad Carlos,

rey de España,

y por la corona de Castilla,

tomo posesión de esta provincia, a la que llamaré Nueva Extremadura.

Alrededor de este cerro

fundaremos una nueva ciudad, a la que llamaremos Santiago.

En honor al santo que nos llevó a la victoria en la batalla.

¡Viva Santiago! -¡Viva!

Un hogar donde olvidar viejas rencillas,

odiosos privilegios

y estúpidos celos.

Un lugar donde al fin, ¡seremos libres!

¡Viva!

-¡Viva don Pedro de Valdivia! -¡Viva!

Viene Valdivia. Abrid puertas.

Creo que la campaña ha sido un éxito.

Decís bien. Cuatro caciques más importantes del Mapocho,

incluyendo al jefe de todos ellos.

¿Por qué no sueltas a esos hombres? No es digno de ti.

Es una cuestión de supervivencia.

¿Cómo reaccionarías si un extraño te tratase de esa manera?

Lucharía hasta la muerte.

Jamás me rendiría.

Si torturas y humillas a su pueblo,

solo vas a conseguir más guerra y muertes.

Los indios de Chile tienen algo que jamás había visto,

ellos van todos a la guerra,

mujeres y niños, todos.

Pedro, ¿qué hacemos con este? Ah, sí.

Pequeño salvaje... Hay que cristianarlo.

(LENGUA INDÍGENA)

Quiero que me enseñéis a luchar.

Déjenle manejar la espada,

no pasará mucho tiempo hasta que nos maté a todos.

No me fío, Pedro. No me gusta por dónde nos está trayendo.

Puede ser una emboscada.

Nos ha dado su palabra. Estos bestias no tienen palabra.

Yo digo que lo martiricemos, y nos dirá dónde está el oro.

Y si no lo hace, por mi vida que le rajo el cuello.

-Estoy con Aguirre.

¿Cuántas veces me has dicho que el oro corrompe?

¿No vinimos a Chile huyendo de eso?

Chile es solo el principio.

¡Tocad la campana! -¡Alarma, nos atacan!

¡A defender la ciudad! ¡A las armas!

-Veo sangre,

fuego... y un gran jefe cayendo.

-Valdivia volverá, debemos resistir. -¿Y si no llega a tiempo?

¡Abrid! Hay más de 100 indios ahí afuera.

Aunque fueran 1000, Valdivia volverá y esperaremos.

Pedro, ¿te has vuelto loco?

Va a morir por mi culpa. ¡Porque no existe mayor gloria

en este mundo que vivir

y morir peleando!

¡Por Inés Suárez de Plasencia!

-¡Por Inés!

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Inés del alma mía - Capítulo 4: La tierra prometida

28 oct 2020

Inés, Valdivia y el resto de la expedición española parten por fin hacia Chile. Pero para llegar a la ‘Tierra Prometida’ primero tendrán que cruzar el desierto de Atacama, un extenso terreno arenoso que amenaza con exprimir al máximo su capacidad de resistencia.

En su camino hacia Chile, la expedición española no sólo tendrá que hacer frente a las inclemencias de la zona, sino que ante ellos también se cernirá la amenaza de los mapuches, una tribu que se alzará en pie de guerra contra todo aquel que ose adentrarse en su territorio.

Si quieren tener éxito en su empresa, la expedición española deberá actuar más unida que nunca, algo que se antojará complicado debido al desgaste y a un Valdivia que pronto empezará a mostrar su faceta más autoritaria al ver, receloso, las reacciones que Inés despierta entre el resto de sus camaradas.

Contenido disponible hasta 25 de diciembre de 2020.

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