Dirigido por:  Marcos Hernández

Serie de documentales sobre los personajes más destacados de la cultura española contemporánea. La semblanza biográfica y profesional, se completa con las intervenciones de especialistas y personas que conocieron a los protagonistas y tuvieron relación personal con ellos.

Serie de documentales sobre los personajes más destacados de la cultura española contemporánea. La semblanza biográfica y profesional, se completa con las intervenciones de especialistas y personas que conocieron a los protagonistas y tuvieron relación personal con ellos.

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Para todos los públicos Imprescindibles - Dime por qué estás buscando (Soledad Puértolas)  - Ver ahora
Transcripción completa

"Me hubiera gustado ser una chica decidida, habladora, confiada.

Una chica que dice siempre

lo que le gusta y lo que no le gusta,

pero sabe que no se anda con dudas ni rutilaciones,

que no se pregunta todo el tiempo qué dirán los demás de ti

si les miras con enfado o irritación.

Me hubiera gustado ser de otra manera.

Suspender los exámenes, contestar de malos modos a las profesoras,

me hubiera gustado ser una chica a la que le importa un bledo

caer mal y ser castigada y reprendida".

(Música)

Estar en temporada de cuentos

es estar en una temporada de cierta inestabilidad,

porque lo reconfortante para mí es entrar en temporada de la vela.

Tengo una convicción interna muy potente

de que la novela tiene algo de truco y de trampa.

A mí la novela en la que se palpa mucho la mano del autor

me parece una novela que no, no me interesa.

Yo quiero que no se perciba esa mano.

Hay novelas en las que se nota demasiado, para mí, el proceso.

(Música)

"Pienso a veces, con una sonrisa en los labios,

en mi profesora de costura, Benita Valle.

Una mujer de manos blancas como copos de nieve,

encorvada, susurrante, pero en el fondo, malhumorada, rígida.

Nada más sentarme a su lado, me reñía.

Sabía, sin necesidad de ponerse ante los ojos

la muestra de mi labor, difícil y complicada,

que lo había hecho todo mal.

Las puntadas enormes y desiguales.

El hilo siempre sucio en mi mano, sudoroso.

La tela arrugada, casi rota".

(Música)

"Hubiera querido decirle que es imposible coser

después del recreo.

Que por mucho que te laves las manos,

el corazón te late demasiado deprisa

y los dedos se pegan a la aguja y a la tela

porque si no tienes cuidado, todo se te escapa.

De manera que hay que hacer fuerza, apretar,

y eso es, precisamente, lo último que hay que hacer, apretar".

(Música)

Buscar entre las hojas de los libros y las palabras exactas

que van en frases inventadas.

Concebir una novela imaginaria con fragmentos de libros anteriores,

fundir viras, moldear sentimientos, encajar acciones,

que no fueron escritas para cohabitar,

evocar personajes que ya tomaron sus propias decisiones.

¿Y si les diéramos otra oportunidad?

-Esto me hace pensar también

lo que está haciendo mi padre como pintor.

Está utilizando antiguos cuadros, trozos de cuadros,

para crear nuevos cuadros.

Yo creo que el proceso de escritura, artístico es un poco eso también.

Hay un punto de canibalismo y de mezcla totalmente...

es casi como un punto de... no brujería,

pero hay algo...

Hay un componente de luz y un componente de oscuridad.

-Una nadadora en posición de echarse a la piscina,

con la cabeza un poco más hacia abajo.

Entonces, veo como si hubiera

una vista desde el fondo de la piscina.

Pero, claro, no es obvio. No es obvio, no es obvio.

¿Yo qué hago ahí? Cuéntame.

Sí que cuando me dijiste que era un cuadro donde estaba yo.

Pues, como eres una gran aficionada a la natación,

un homenaje a las nadadoras. A las nadadoras que yo represento.

Me parece muy vivo.

Yo, personalmente, me gusta esta visión tan dinámica,

porque ya quisiera yo tener este dinamismo.

"El olor del café por las mañanas,

el segundo café mientras leo el periódico.

La cerveza justo antes de comer.

Estos y otros pequeños placeres son mucho,

pero nada es comparable al momento en que alrededor de la 1 de la tarde

que no es tarde aún, es una hora que pertenece a la mañana,

me sumerjo en la piscina y empiezo a nadar".

(Música)

"Estoy dentro de un cuento oriental.

El susurro del agua que cae y fluye luego por las acequias

está dentro de mí.

Ese susurro soy yo, lo que soy yo ahora,

esa fina disolución.

Es una narración y a lo que aspiro por mí misma mientras nado

es a narrar así, con tanta facilidad,

con la naturalidad con la que mi cuerpo

se funde con el agua".

(Música)

"Ojalá el lenguaje fluyera por los polios,

como este cuerpo fluye en el agua".

(Música)

Yo de pequeña no sabía nadar, he sido una niña muy temerosa.

Además, era tan temerosa que me protegían mucho

mis madres y mis tías.

Decían: "A esta niña no se le puede dar la aguadilla".

La aguadilla era lo que te hacían todos los primos.

Te cogían de la cabeza o salvajemente del pie

y te hundían, ¿no?

A mí me lo debieron hacer alguna vez, pero pocas,

porque lo mío era un caso que me ponía, me moría.

No se me podían hacer aguadillas.

Esto me situaba en una situación de privilegio.

Es como que el cuerpo ha encontrado otra manera de colocarse.

La relación con el cuerpo

es muy importante para todas las personas.

Yo creo que el cuerpo y el alma,

que deberían ser una unidad maravillosa, no lo es,

no lo es, porque el alma va por su cuenta

y se olvida del cuerpo.

Al cuerpo hay que dedicarle una atención.

(Música)

"A veces nadar es nadar, nadar es un placer asegurado.

Me aproximo a él sin el menor temor a sentirme defraudada.

Nadar no es siempre ser, pero quizá, si yo no nadara,

yo no tendría las fuerzas necesarias

para narrar cuando narrar no es narrar".

(Música)

Ahora me lo voy a poner.

Él también quiso ser niño, pero le pilló la guerra.

Soldadito marinero.

Como una historia, como una novela.

Como una sirena.

De esas que dicen te quiero si ven la cartera llena.

De los premios, ¿cuál es el que más le ha hecho ilusión?

Pues vamos a ver, quizá el primero de todos.

Es el momento en el que crees que publicar es imposible

y entonces el Sésamo me abre las puertas,

parece como "ábrete, Sésamo", que es como la palabra mágica.

(Música)

Yo tiendo a veces a inquietarme, es un problema personal,

con asuntos que a la gente no le inquietan nada.

A mí me inquieta casi todo.

Tampoco quiero decir con esto que me pase la vida

en una especie de inquietud permanente,

pero tiendo a fijarme en los aspectos

que cuando alguien me dice, "está todo controlado",

pero qué dice, cómo va a estar todo controlado.

Yo creo que tengo una tendencia de a saber por qué,

si es innata, si es adquirida, yo ya no sé,

a fijarme en lo que no encaja, en lo que puede desajustar

y puede realmente desbaratar absolutamente todo.

Aragonesa, de Zaragoza, nacida un invierno de 1947,

esta mujer de Letras es licenciada en Periodismo

y tiene un máster en Lengua Española y Portuguesa

por la Universidad de California.

Con más de 20 novelas, relatos y cuentos publicados,

esta escritora, miembro de la Real Academia Española de la Lengua,

se dedica ahora a escribir artículos, sin dejar a un lado la literatura.

Cuando yo empecé a publicar, que ya es en el año 79,

con "El bandido", que aparece en el 80.

Todo lo que he ido publicando, yo no sentía que pertenecía

a absolutamente a ninguna corriente.

Yo lo que buscaba era una voz que me permitiera ser yo

y escoger aquello que no me fuera impuesto.

Es bueno para la imaginación. El aperitivo.

Luego vamos al aperitivo. Bueno, ¿qué tal?

Echo de menos la luz.

Dos semanas que llevo aquí, aunque haga frescor.

-Pero se echa mucho de menos, no sabéis la suerte que tenéis aquí.

Sí, sí, yo soy muy consciente.

Diego, ¿ya has estado en Toronto?

-Sí, estuve en el Festival de Cine allí.

Viendo muchísimas películas, una paliza.

Desde las 10 de la mañana hasta... Parece que te quejas.

-¿Te has codeado con los actores?

-No, nosotros somos la industria. Nosotros vamos a ver películas.

Es como un foco, un mercado, donde venden las películas.

Estaba escribiendo "El bandido"

y lo que yo había escrito hasta entonces

era algo muy subjetivo, muy intimista, demasiado personal,

en el sentido de que me perdía en una realidad

que no acababa de poder comunicar al exterior.

Entonces, lo que me planteé en "El bandido",

de una manera inconsciente, porque uno no se sienta y voy a hacer esto.

Yo estaba buscando una literatura

que no fuera confesional de una manera directa,

que no fuera, que mi vida no pesara

en la parte más externa.

Estar yo, pero más libre, que es lo que es la ficción.

El poder crear unos personajes a partir de lo que eres.

Lo que yo quería, apoyándome en los datos objetivos,

poder comunicar esa visión personal que tiene el narrador

en "El bandido".

Con "El bandido doblemente armado"

me encontré haciéndolo por primera vez.

Había escrito otras novelas y no encontraba

lo que es la voz narrativa.

A mí me cuesta encontrar una novela tuya

que pueda llevarse al cine.

Me parece difícil captar los matices, los personajes secundarios.

No sé, tú.

-Yo creo que "El bandido" se podría llevar.

"El bandido" sí.

Tiene buen ritmo, tiene un argumento ahí.

"El bandido" yo sí que lo veo.

Y quizá, fíjate, más que "El bandido",

lo he pensado muchas veces, si yo fuera cineasta,

sí haría "Todos mienten".

"Todos mienten" me parece que es una novela muy centrada.

La autobiografía no me interesa nada,

o sea contar mi vida no me interesa nada.

Lo que sí que me interesa es dar sentimientos míos

o impresiones mías muy fabricadas, muy elaboradas.

En "El bandido" había otro, había el otro.

Empecé a comprender que el otro era otro narrador.

Había un desdoblamiento. Yo era la persona que escribía, sí,

pero yo no era la que contaba la historia,

y yo no era tampoco el protagonista. No estaba.

Estando, no estaba, yo sustentaba, sustentaba todo eso.

Eso salió así, salió así, porque lo noté.

Digo: "Ya está, ya he dado con esta distancia,

la distancia del narrador".

Es cuando comprendí, efectivamente, que si no tienes un narrador,

no tienes nada cuando estás escribiendo.

Pasillos, en muchos interiores, fáciles, baratas.

"Días del Arenal". "Días de Arenal" es más complicada,

porque tiene tres historias mezcladas.

Sí, pero también tiene un punto cinematográfico.

También tiene un punto. Muy madrileño.

Muy madrileño. Son muy madrileñas las dos,

finales de los 80 primeros de los 90.

Cuando parecía que este país iba a un sitio.

A un sitio y los jóvenes a enloquecer.

Igual es el resultado.

Igual es un resultado, efectivamente.

El marido de Soledad, que es ingeniero,

en aquel momento estaba investigando sobre un problema estadístico,

que se llama así, El bandido doblemente armado.

Es un problema en el que uno tiene que tomar decisiones.

Puede apuntarse a tomar siempre la misma decisión, salga bien o mal,

puede tomar una decisión hasta que esa sale mal,

y entonces se pasa a la otra, y continua con la otra

hasta que esta sale mal.

Estas son las dos soluciones que se le ocurrirían a cualquiera.

La solución óptima no es ninguna de las dos

y esta es la gracia del problema estadístico.

Yo lo único que sé es que hablábamos, discutíamos del problema

y ella escuchaba y observaba.

Se notaba que no se estaba aburriendo.

El proceso creativo de Soledad tiene una gran reserva.

Soledad tiene un gran pudor a hablar de sí misma,

es mi impresión personal.

-Anoche, en las Cuevas de Sésamo, fue fallado

el 24 Premio Sésamo de novela corta que patrocina Tomás Cruz,

96 novelas se habían presentado a esta edición del Sésamo,

de las que diez pasaron a la final.

Tras las sucesivas votaciones, dos novelas,

"Soliloquio", José María Bermejo,

y "El bandido doblemente armado", de Soledad Puértolas, establecieron

una dura pugna que acabó con la victoria de esta última.

-El Premio Sésamo era un premio de mucho pedigrí

que se daba en Madrid,

en Las Cuevas de Sésamo, que era como un sitio de tertulias,

como una isla de libertad en la España franquista de aquel tiempo

y donde habían ganado en la modalidad de cuento

Juan Marsé y Juan Goytisolo.

-¿Qué es esta novela?

Yo creo que es difícil de explicar en dos palabras.

Yo creo que es una novela que trata de crear una atmósfera

y describir el encanto de ciertos momentos

de las relaciones humanas.

Entonces, me hablaron de ese título enigmático y hermoso.

Soledad titula muy bien, tiene algo fantástico,

"El bandido doblemente armado".

Lo leí y, en efecto,

era una voz nueva, sorprendente, fresca,

con personajes que eran

arrogantes, misteriosos, enigmáticos.

Salían de Raymond Chandler, que era uno de sus escritores favoritos.

Ya, de entrada, me encantó.

Admiro mucho a Chandler,

fundamentalmente "La vida de cristal".

Creo que es muy interesante.

Hablemos de la literatura, hablemos de la escritura.

¿Cuál es el motor de su escritura?

¿En qué se inspira Soledad al escribir?

La incomprensión de la vida, la extrañeza.

La extrañeza como causa de la vida, la discontinuidad.

La diferencia entre las personas,

la diferencia moral profunda entre las personas.

Qué somos, cuál es nuestra relación con el mundo.

Cosas muy básicas, que están ahí desde que el mundo es mundo.

(Música)

"Una mesa es algo muy fácil de dibujar, me digo.

Trazo un rectángulo.

¿Dónde están las patas? Debajo, naturalmente.

No se ven.

El papel blanco en el que he dibujado el rectángulo

está apoyado en una mesa, la mesa sobre la que yo

me inclino y dibujo.

Las patas están debajo y lo sé".

(Música)

"Al cabo de un rato, vuelve la monja y mira el dibujo.

Creo que no le desagrada del todo, pero de repente dice:

"Podría ser cualquier cosa, pon aquí, en el centro,'soy una mesa'".

La obedezco, escribo dentro del rectángulo: 'Soy una mesa'".

(Música)

La palabra muy bonita, muy bonita, en la que reparamos mucho

es la palabra "habitación".

No reparamos mucho, pasa muy deprisa sobre nuestras vidas.

Es bonita la palabra habitación.

Es un lugar donde uno habita, el lugar donde se habita.

Quizá ahora estoy en esta etapa, en la etapa de la habitación.

Estoy como habitando, habitando, es más que vivir,

es recogerse y vivir dentro de la habitación.

"Pienso en mesas,

la mesa del comedor de la casa de mis padres,

la de la casa de mis abuelos, la mesa de mi casa

cubierta de libros, de papeles.

Sobre la mesa se dejaba todo; la compra, el periódico, el bolso.

Todo se acumulaba allí.

Había tantas cosas en aquella mesa que a veces se perdía algo.

Una vez puse una planta sobre la mesa

y la humedad dejó un cerco oscuro ribeteado de blanco en la madera.

'Es por sal', dijo alguien".

El estado en el que uno escribe una novela

es un estado que tampoco es... Es consciente,

pero tiene su punto de inconsciencia,

de dejarte llevar, de creer que lo que está sucediendo allí

está tan descontrolado como los sueños.

Uno de los sueños, desde luego, muy recurrentes en mi vida

que es la pérdida de un tren, de un avión, de una maleta,

que no me caben las cosas, o no encontrar la habitación de un hotel.

Yo creo que esa sensación de pérdida es muy posible que también esté

en mis personajes y en mis libros,

algo que se pierde, algo que se pierde.

Creo que efectivamente la idea de pérdida debe estar.

(Música)

"Miro ahora, mientras escribo estas líneas,

una fotografía de mi madre, sentada en la terraza del Iruña,

con gafas de sol, mirando de lado, muy lejos,

con un pañuelo anudado a la altura del pecho.

No se recuesta en el respaldo de la butaca de mimbre del sillón.

La actitud de mi madre es desenfadada,

no mira a la cámara, no mira a nadie.

Es como si el resto del mundo no existiera para ella".

(Música)

Tengo una mirada sobre el mundo que creo que lo cotidiano

es una caja de sorpresas,

realmente yo me enfrento a lo cotidiano

con verdadera extrañeza.

¿Cómo voy a estar yo para afrontar eso?

Es que no lo sé, no tengo ni idea, porque me fallan muchas cosas.

Ya empezar por la salud,

que es una caja latosísima de transportar.

Soy un instrumento que me considero poco hábil.

A la vez, entonces, tengo curiosidad.

Yo creo que es importante el motor de la curiosidad.

Entonces, eso es lo que hace que se convierta lo cotidiano

en extraordinario, porque no lo conozco.

(Música)

"Es cierto que no mira nada, que el mundo no existe;

existe, lo sabe, quizá no quiera saber mucho más".

(Música)

Uno de los episodios de mi vida que más me han marcado

desde luego, fue la enfermedad del tifus

que padecí en la infancia.

Durante varios meses, en casa de mi abuela,

recluida con mi madre.

Sí he sido, a partir de entonces, una niña delicada,

una niña delicada, déjalo en delicada.

(Música)

Yo creo que la sensación de estar sola con mi madre,

y las dos enfermas, y todo el mundo separado,

yo creo que tiene su importancia para una niña de 3 años.

Supongo que el vínculo con mi madre, si ya lo tenía,

tuvo ahí que afianzar, ¿no?

(Música)

Me recuerdo siempre con algún problema físico,

se me ponían dolores de estómago.

No es algo que me ha permitido desarrollar relaciones, ¿no?

Casi sentirme rara, qué hago yo con esto.

(Música)

"No sé si las palabras pueden llegar a ser

como esos ríos de tinta que van por donde quieren

o por donde les dejan los otros ríos,

que se deslizan junto a ellos, empujándose unos a otros,

cediéndose el pase, abriéndose camino,

o las palabras son más etéreas

y no se quedan pegadas a los cuadernos,

apresadas en su superficie".

¿Cómo fueron esos años universitarios?

¿Qué recuerdo tiene de estudiar la carrera?

Lo primero de todo, la sensación de vitalidad,

de hablar, de bullicio, que me daban

aquellas aulas rebosantes de gente, chicos, chicas;

mucho humo de tabaco, esto lo recuerdo.

Unas aulas que estaban absolutamente grises el aire

de la cantidad, lo que se fumaba entonces.

Es impresionante.

Empecé la universidad en San Bernardo,

en el centro de Madrid.

Claro, era una facultad, la de Políticas,

enormemente implicada.

Fue de las más en la lucha estudiantil,

con lo cual también representó para mí

la agitación política enorme.

Me pareció que la Facultad de Políticas resumía

lo que yo quería saber, la idea de la política

como la idea de organización social completa.

Como una idea idílica o utópica de lo que implica la política,

la organización, la organización de los seres humanos.

Yo era una recién llegada a la universidad,

cuando me cayó el expediente.

Fue un expediente académico a raíz de una encerrona

en el paraninfo, en la Universidad de San Bernardo.

Nos quitaron, nos pidieron los carnets de identidad,

y a voleo, supongo, cayeron los expedientes.

Yo cómo iba a tener ningún antecedente si era recién llegada,

si tenía 17 años, es que era imposible; pues me cayó.

Yo no dije nada a mis padres,

mis padres se enteraron por el periódico.

Con lo cual, fue enormemente duro

y realmente fue de un disgusto enorme.

(CANTAN) Los expedientes no nos moverán.

Después del expediente, yo no podía entrar

en ninguna universidad madrileña.

Entonces, sin embargo, el periodismo que estudié,

que era Periodismo de la Iglesia, se llamaba así,

estaba en la Avenida Juan XXIII.

Este, al ser un centro privado,

yo podía acceder, era por las tardes.

Había muchos compañeros míos de políticas

que también estudiaban Periodismo por las tardes.

Era la manera de yo mantenerme ligada

y claro, el periodismo tenía que ver con la escritura.

Efectivamente, yo tenía que dar cauce,

en cierto modo, a mi verdadera vocación,

no vocación, sino sentimiento de ser escritora,

que lo he tenido siempre.

Usted quería ser escritora. Yo me sentía escritora.

No es que yo quería ser escritora, sino que me sentía escritora.

Nos conocemos desde hace tiempo, yo creo que habíamos sido compañeras

en la Facultad de Política. Sí, en San Bernardo.

En San Bernardo. Tú hiciste Políticas también.

Sí, bueno, no terminé, pero empecé.

Yo lo terminé en momentos difíciles, aquellos de Franco.

Luego nos reencontramos.

Yo había leído "El bandido doblemente armado"

y me había encantado. Entonces, ahí te llamé.

Me llamaste, me llamaste, una llamada maravillosa para mí.

Soy Raquel de la Concha, compañera tuya de Política.

Es que soy agente literaria y tienes una novela.

Sí que tengo una novela, la estoy terminando ya.

Llevaba terminándola años, porque estaba con ella que no la terminaba,

pero es verdad, estaba terminando.

Me dijo que tenía un editor para mí y era el mejor que podía tener.

Surgieron en los años 80 numerosos escritores,

distintos entre sí,

pero que, para utilizar una muletilla,

apostaban por la narración.

Es decir, al igual que los años 70 fueron los años

de la escritura experimental, no muy inteligente,

hostil para el lector y bastante claustrofóbica.

Entonces, diría que los de los años 80

eran distintos entre sí, pero aún eran más distintos

de los experimentales y de los sociales.

Pombo, Marías, Molina,

Molina Fox, Millás y tantos otros.

Entre las escritoras surgió,

aunque tuvo un fulgor más efímero,

Adelaida García Morales, con "El sur seguido de Bene"

y "El silencio de las sirenas".

Soledad Puértolas, de largo recorrido,

y luego Cristina Fernández Cubas, que publicaba.

Fue un poco tres de las "musas".

Recuerdo que se lanzaron internacionalmente.

-"Sentía que sentía celos del éxito de mi madre".

¿Aquí que pasa? Sentía que sentía.

Entonces, dices, sentía que tenía celos del éxito de mi madre.

Se lo propones, lo acepta y ya está.

Aquí tenemos una que ella no acepta.

"Han sido muy pocas veces y en todas ellas sentí la misma extrañeza".

Yo le propongo quitar "en":

"Han sido muy pocas veces y todas ellas sentí la misma extrañeza".

Para mí no lleva preposición.

Ella no lo acepta, dice que sí, y yo pienso que puede ser.

Ya está y no pasa nada.

(Música)

"Las palabras a veces se elevan y vuelan,

y se esparcen por el aire parece que se van.

Pero algunas vuelven transformadas o siendo ya otras".

(Música)

Queda proclamada como vencedora del Premio Planeta 1999.

-Aquello fue... Aquello fue, qué nervios.

Nunca tuvimos la seguridad de cómo iba a salir.

Claro, claro. Allí esperando.

En un coche, en un callejón.

Sin querer asistir, para no llevarnos la desilusión en directo.

Efectivamente, efectivamente.

La novela "Nicotina".

La llegada así que vimos que venía muy serio,

dije que se acabó. Al final dijo que sí.

Dijo que sí, y lo dijo de una manera convencido.

No nos acabábamos de creer. No nos acabábamos de creer.

Ese es el recuerdo que yo tengo como lo mejor del Planeta,

ese momento, porque luego gané, si no no sería el mejor.

Y ahora, de inmediato, Soledad Puértolas,

acompañado por el señor Lara, se va a dirigir a la presidencia

para retirar un trofeo, un trofeo que la acredita

como ganadora del Premio Planeta 1989.

(Aplausos)

Aurora, la protagonista, es una chica muy mona, atractiva,

tiene sus historias,

unas historias ligeras, intrascendentes, alegres.

Luego hay una señora alemana, que es lesbiana,

que se enamora de ella.

Como es natural, Aurora no responde a sus pretensiones,

porque no está en esa onda.

Entonces, hay una especie de dramatismo, tensión pasional,

que de alguna manera, Soledad es capaz de reflejar muy bien

que para que haya una verdadera pasión

tiene que haber algún obstáculo.

Soledad necesita rodearse de personas comunes,

con sus actividades, con sus sentimientos,

con sus familias, con sus debilidades.

Entonces, a lo mejor, yo me convierto en un personaje más secundario,

porque, bueno, yo creo que ser secundario es apasionante,

porque puedes estar actuando perfectamente

sin ser el foco de atención y eres mucho más libre.

Te sientes mucho más seguro y menos vigilado.

Posiblemente es lo que le atrae a Soledad de la gente que la rodea.

-Ha conseguido encontrar su voz para contar sus historias.

Igual las historias en un principio parecen que no puedan tener,

comentábamos antes, como un conflicto,

pero el conflicto está en la voz que la narra.

Realmente es la manera de contar las cosas que cuenta.

Para mí, en la literatura, sería lo más interesante.

No lo que cuenta, sino la manera en que lo cuenta.

-No es nada solemne ni nada castiza.

Es una voz muy personal, muy coloquial,

y al mismo tiempo puede ser frívola y profunda,

divertida y melancólica, es un tono, es un tono.

-Soledad no es como Picasso, que iba saltando de un estilo a otro.

Yo diría más bien que es como Tiziano.

Va fijándose en el pequeño detalle

y cultivando esa actitud, podríamos decir,

de miniaturismo que tiene Soledad,

que es describir a una persona a través de pequeños detalles.

-La definiría o la agruparía en ese tipo de escritores

que están siempre alerta a cualquier detalle.

Son personas un poco inquietantes, evidentemente.

(Música)

"El secundario es poco visible,

no se encuentra en el centro de la acción o discurso,

sino en la periferia, en los flecos, en los rincones.

Tenemos que hacer un pequeño gesto, mover un poco la cabeza para verlo".

Cuando me pongo a escribir un cuento, o una novela,

quiero indagar, y nunca tengo, o muy raras veces,

lo que es la trama, lo que me va a sostener,

con lo cual avanzo con bastante incertidumbre,

y con bastante desequilibrio a ver dónde me voy a ir apoyando.

La trama a mí se me construye a la vez,

entonces no puedo, no cuento con ese apoyo.

(Música)

"De los cuentos que me leyeron en la infancia,

y los que luego leí, y fui escogiendo por mi cuenta,

me fijaba sobre todo en aquellos personajes

que se quedaban un poco atrás:

un sapo desorientado,

un elefante patoso,

una gallina de plumaje deslucido.

Comprendí que en la vida había muchas pistas

que parecían asuntos secundarios,

y que daban pie a historias verdaderamente principales".

(Música)

(Música)

Cuando yo llego a California, voy de acompañante,

voy de compañera de viaje, mujer casada,

y su marido tiene un trabajo en la Universidad de California.

Yo allí digo: "Bueno, tendré que hacer algo, ¿no?".

Se necesitaba más dinero para vivir, y fui al Departamento de Español.

En el Departamento de Español estaba Aranguren, Serrano Plaja,

había una gente estupenda, la verdad,

y me acogieron maravillosamente.

Yo tenía publicada la tesis que había escrito en Periodismo,

"El Madrid de 'La lucha por la vida'", de Pío Baroja.

y eso les impresionó favorablemente.

Con eso me dieron un trabajo, y me dijeron que si me matriculaba,

me hacían todos los trámites para que la matrícula,

que era muy cara, fuera gratuita.

(Música)

Cuando mi hermana se fue a Noruega,

con su marido Polo, mi madre empezó a escribir cartas.

Un día sí, y otro no empezó a escribir.

Yo recuerdo a mi madre doblada sobre su pliego de papel,

escribiendo las cartas,

además del pliego, del principio, hasta el final,

todas las cartas, una no acababa a la mitad,

era de cuartilla entera, de cabo a rabo.

Cuando volvieron de Noruega, se fue a EE. UU., y otra vez,

recuperó, contar... Y yo siempre le preguntaba:

"¿Qué le puedes escribir?".

Y luego, cuando yo vine a EE. UU., y viene aquí,

tuve la suerte de recibir su correspondencia.

La verdad es que ella escribió todo lo que pasaba en la familia,

todo lo que pasaba en el país a nivel político, social...

Recibir las cartas era todo un acontecimiento, a veces recibías...

Teníamos un rito, luego lo hemos hablado Soledad y yo,

que las dos separadamente hacíamos lo mismo:

íbamos al buzón, abrías el buzón de la Universidad,

mirabas a ver si había cartas, había dos o tres,

ibas corriendo al apartamento, te sentabas,

te preparabas un té, un café, un vino, lo que fuera,

las ponías en orden, luego las abrías...

Escribía de una forma muy...

Una prosa muy...

Como hablaba.

Era como si estuviera hablando contigo,

como si te estuviera hablando al oído.

-Ver cómo se podía proyectar este significado en la edición actual.

El diccionario, nos remontamos al Diccionario de Autoridades,

y Autoridades define curiosidad como el deseo, gusto, apetencia

de ver, saber y averiguar las cosas, cómo son, suceden, o han pasado.

Muy bonito. (ASIENTE)

Muy bonito. Yo creo que está bastante...

Me gusta la dirección que toma la definición,

implica el deseo, deseo de conocimiento.

Exactamente. Y además, profundo. Averiguar las cosas, cómo son...

Es compleja, y es muy completa, diría yo.

Y es en el sentido del que habíamos hablado en la comisión anterior.

Efectivamente. Que la curiosidad es algo positivo.

Positivo. Es algo positivo.

Desde mi punto de vista, muy importante como aportación

al trabajo lexicográfico la mirada de los escritores,

y en su caso particular, yo creo que es un poco como rasgo estilístico

la naturalidad, la sencillez, ir a lo esencial, pero de manera precisa,

incluso con el adjetivo exacto.

Y sin embargo, ¿qué nos encontramos en 1884?

¿En 1884?

Si llegamos, nos encontramos con que aparece una nueva acepción,

es la acepción que hoy sigue vigente,

como la curiosidad, el conocimiento que ya invade,

un conocimiento insano, que invade una zona que que ya no es positiva.

Se define como vicio que nos lleva a inquirir

lo que no debiera importarnos. Valoración negativa moral, además.

Sí, sí. Un juicio de valor, vamos. Un juicio de valor.

(Música)

Cuando yo llego a California,

y me encuentro que estoy en el Departamento de Español,

con la oportunidad al fin de hacer lo que verdaderamente quiero hacer,

que es leer y escribir. Y además, con unos profesores estupendos,

tanto Serrano Plaja como Aranguren

han sido personas que a mí me han dado muchísimo,

toda mi relación con la literatura, me la han centrado.

Arturo Serrano Plaja era un ser distante,

lleno de sentimientos, tenía tantos sentimientos,

que él tenía que estar un poco alejado de los demás.

Era todo pasión, era la pasión del lector.

Es decir, "Lo que te gusta, es por algo, y me lo tienes que explicar".

Eso es lo que valoraba él, lo que transmitía,

y lo que yo trato de explicar a la gente cuando hablo de literatura.

Lo que me enseñó Aranguren es una sensación

de que todo el mundo tiene algo de razón.

Si hay una persona que me ha enseñado a valorar las cosas

de una manera, vamos a decir generosa,

en cada circunstancia, es decir, es que esa circunstancia

no permite esto otro, ¿no?

Pero dentro de esta circunstancia, ¿qué hay aquí de bueno?

Ese es Aranguren, esa es la gran lección de Aranguren.

Don José Luis Borau, y don José María Merino,

pueden introducir en el salón a la académica electa.

(Aplausos)

Una de las preguntas, y quizá yo creo de los periodistas,

cuando te nombran académica, es: "¿Ha pensado en qué va a consistir

su discurso?". La verdad, que no lo había pensado,

y dije: "De los personajes secundarios de 'El Quijote'".

Me brotó así.

Pero, claro, en cierto modo,

los secundarios, siempre lo he pensado,

son los que dan el sentido de la realidad a un relato,

si no hay secundarios, no hay realidad.

El personaje central, solo, no está sostenido,

está en una nube, son los otros siempre los que te sostienen.

"Los humanos hablamos y hablamos, y escribimos y escribimos,

como si nos creyéramos capaces de dominar las lágrimas, los desgarros,

y las decepciones. En el fondo de tanta palabra, de tanta narración,

de tanto contar, y tanto escuchar, late siempre la esperanza

de que en algún momento sobrevenga el milagro del mutuo entendimiento,

y se vislumbre la luz de una verdad".

Volvimos en el 75, un mes antes de la muerte de Franco,

y allí sí que realmente no encajaba nada.

No encajaba nada, mi vida se me desbarató completamente, sí.

(Música)

"Eso era lo que yo había sentido en un momento de mi vida,

que mi madre se había olvidado de mí, que no me reconocía,

no sabía si había sido un acto voluntario, deliberado,

ella se había propuesto alejarse de mí,

o había ocurrido de forma natural,

solo porque a ella le interesaban más mis hermanos, que yo.

En todo caso, su rechazo me desconcertaba y angustiaba.

Mi madre no quería mirarme, no quería fijarse en mí, me rehuía.

Sin embargo ahora, en mis escasas y breves visitas,

clava en mí su mirada opaca, y la deja un rato sobre mis ojos,

me mira como quizá nunca me haya mirado,

aunque no me dice nada, solo se queja.

Pero lo cierto es que a mí no me pide nada,

a mí no ha intentado tiranizarme".

Yo creo que trabajo con la memoria censurándola mucho,

porque la memoria, dicen que es muy piadosa, y que predomina lo bueno,

bueno, pues a veces no es tan piadosa,

y a veces hay cosas y episodios de tu vida que no has podido saber

por qué te han hecho tanto daño.

Para mí es fundamental no escribir una literatura de ajuste de cuentas,

no, porque yo creo que eso te ata mucho,

es casi rendir un homenaje a la memoria,

no, no estoy dispuesta.

No estoy dispuesta, yo quiero ser más libre que eso,

lo que pasa que no podemos prescindir de ella,

porque también debemos...

Somos eso, ¿no?

Pero la memoria es un monstruo devorador.

"No está nada segura de sus derechos sobre mí,

los debió de perder hace mucho tiempo,

cuando me llevaba con desgana por las consultas de los médicos,

cuando tenía que escuchar lo que las monjas le decían de mí,

cuando optó por entusiasmarse por los trofeos deportivos

de mis hermanos mayores,

cuando se dedicó a mimar a mi hermano pequeño.

A partir de entonces, poco a poco, se fue cerrando para mí,

y todos sus comentarios concluían en frases desesperanzadas

sobre el destino y la debilidad de las mujeres".

(Música)

(Silbato tren juguete)

Te acuerdas, ¿no? Sí.

Pero cuando tenía Gabriel...

Yo creo que casi 5 años, o así. Sí, 5 años.

Con 5 años cuando lo escribimos.

Un cuento que se desarrolla en el... En el desván.

En el desván.

Monsi, que es el monstruo del desván, jugando con el tren eléctrico,

con Zeno. Con Zeno, con Zeno.

"El desván no era un cuarto más de la casa,

se decía Zeno, era un lugar sin límites.

no tenía paredes, tenía techo, pero no paredes.

El desván se extendía por todas partes,

hacia horizontes invisibles".

(Silbato tren juguete)

Se lo hemos contado, tú sobre todo.

Sí, pero él ha querido que se quedara en esta casa.

Sí, no se lo ha querido llevar.

Él prefiere, como que pertenece a esta casa.

Sí, bueno, se desarrolla un poco... Claro, claro.

-Sí, es Monsi, el monstruo del desván,

y bueno, pues...

La verdad que ahora mismo...

Mis padres están volcados con sus nietos,

y entre las cosas que más le gustan a Gabriel es ese desván,

que está un poco destartalado, de aquella manera...

Ahora está mucho mejor que cuando yo era niño, ¿no?

Yo tenía mucha entrada en el espacio creativo de mi madre,

de hecho, yo he sido un niño muy apegado, muy pegado a mi madre,

durante toda mi infancia, y me recuerdo horas, y horas,

sentado al lado, bueno, en la mesa, mi madre escribiendo,

con las máquinas antiguas, que había que pasar,

y yo era el encargado de pasar cada línea.

También hay una paciencia extrema, ahora yo lo pienso y digo:

"Pues con un niño...". Yo ahora tengo hijos, claro,

y yo soy mucho menos paciente.

-En mi casa mi madre no es la única artista,

siempre me ha intrigado más lo que hacia mi padre,

que lo que hacía mi madre, la verdad.

Y mi padre es más misterioso.

Y mi madre se integra más, tiene su momento de escritura,

pero ella se concentra en cualquier sitio.

Puede escribir y puede coger el teléfono,

puede pensar en lo que vamos a comer después...

Tiene lo que dice mi padre también sobre mi madre,

que tenía una gran capacidad de concentración.

-Y estos estarán buenos, ¿no? ¿Y a cómo son?

-A 20.

-A 20. A 20.

Ah...

Muy bien, gracias. Gracias.

(Música)

Faneca, ¿viste, faneca? Sí.

Pero la faneca es muy espinosa, ¿no?

Mira, hoy tenías "escudenitos" en la plaza,

pero eran un poquito grandes.

¿Te acuerdas, qué ricos?

Muy pequeñitos te gustaban, los pequeñitos.

Me gustaban los pequeñitos. Yo lo hago normal.

A ver: le pongo las tres harinas... Sí.

Centeno, maíz y trigo, revuelvo bien, paso ahí los pescaditos,

y luego en aceite de oliva, le pongo una cáscara de limón verde.

Terminar de las compras, en la plaza y en el mercadillo,

quedamos los viernes, siempre tomamos algo, y charlamos.

Bueno, pero tú tienes más habilidad para eso.

Ah, yo una habilidad... Yo soy un genio para eso.

Es que ves las cosas, que yo no me explico.

Yo, tampoco. Las ves volando.

(RÍEN)

Entonces, claro, cuando quita de las bolsas lo que compró,

maravillas, es que yo no sé cómo hace, tiene una habilidad...

Yo llego allí, y mira, es momento de gloria que yo tengo,

porque todas me admiráis muchísimo. Sí, claro.

Porque llegas con cada cosa, que es increíble, increíble.

(RÍEN)

(Música)

Bueno, yo no puedo definir cómo es mi mirada,

porque en realidad la estoy buscando,

una mirada de esperar algo.

Compasiva, es que es inevitable, es que la compasión,

si no sentimos el sentimiento de la compasión, el corazón se acaba.

Sin compasión, no te puedes interesar por nadie,

por ningún personaje, ya no hablo de la vida, por ningún personaje.

(Música)

Soledad entra en Galicia a través de su marido,

se refugia allí en verano, como el marqués de Bradomín,

rodeada de sus perros, porque Soledad tiene una colección de perros,

y además, son enormemente participativos,

es decir, asisten a las visitas, no opinan de literatura,

pero se les ve casi con ganas de opinar.

Soledad es de Zaragoza,

y ella tiene muy a orgullo lo de ser aragonesa,

pero yo no le veo, ni en su persona ni en sus novelas,

la rotundidad, el dramatismo, que nosotros asociamos a Aragón.

Le veo más bien ese aire ensoñador y un poco vago

que es típico de Galicia, yo la veo como mucho más un temperamento celta,

que un temperamento ibero.

(Música)

Mi nexo con Galicia, desde luego, pasa por una prueba,

que es el viaje, llegar, llegar a Galicia, ¿no?

Mi sensación es que todos los viajes tenían avería,

entonces, tengo que parar y dormir en un parador, en el de Verín.

Esa sensación de no poder más, de cansancio,

y que sales del parador, estás allí agobiado,

los niños se han peleado, están ya más tranquilos,

y se oye una música, fuera, en el aire, ¿no?

Y es una música que de repente te devuelve a las mejores sensaciones

de tu vida, a aquello que te hacía soñar.

De repente piensas que todo ese viaje es parte de eso,

es parte de esa vida, y de repente todo cambió para mí,

cuando comprendí aquello, cómo de repente la realidad,

si la sabes ver de otra manera, se convierte en vez de en una carga,

en un momento que tiene un significado.

(Música)

(Gaviotas)

Que sea escritor porque tenga que decir algo,

pero que no sea a lo mejor una cosa excepcional, no.

Es que lo excepcional es todo, todo lo que uno es.

Que tenga fe, que siga, y que no se deje aconsejar mucho, tampoco,

o sea, que estos consejos míos, que los olvide.

Bueno, finalmente, Soledad, yo la veo una mujer muy vital,

muy optimista, pero, ¿cómo se siente Soledad Puértolas a día de hoy?

La verdad, a día de hoy, cada día es un mundo,

y todos los días representan algo, todos los días son difíciles,

todos los días tienen sus momentos buenos, sus momentos malos.

Soy una persona con muchas perplejidades e incertidumbres,

y también con una sensación de desconcierto enorme

y de que no encajo en el mundo.

Pero a la vez, de repente, mágicamente encajo

en algunas pequeñas cosas, y bueno...

Eso es magia, ¿no? También creo en la magia.

Pues Soledad Puértolas, gracias. A ti.

(Música)

"Puede que encontrar un libro verdaderamente interesante

sea difícil, me digo muchas veces.

Pero al menos, viviendo rodeada de libros,

puedo llegar a encontrar uno que me guste de vez en cuando.

Supongo que la desconfianza que frecuentemente me acomete

hacia los libros, los lectores, y sobre todo, hacia los escritores,

es hasta cierto punto, natural,

porque vistas desde muy lejos,

las cosas se pueden admirar y mitificar,

pero desde dentro, viviendo como vivo yo, rodeada de libros,

creo que no queda más remedio que admitir

que en este vastísimo campo de la letra impresa,

son más los errores y la torpeza, la nadería, la repetición,

que los aciertos, aunque estos nos compensen finalmente de todo".

(Música créditos)

Imprescindibles - Dime por qué estás buscando (Soledad Puértolas)

57:32 27 may 2016

El documental “Dime por qué estás buscando” refleja el proceso de creación de una escritora que busca la palabra exacta, sin adjetivos. Formada a lo largo del tiempo en el estudio, la investigación, la curiosidad y la paciencia, Soledad Puértolas lleva más de treinta años desentrañando las dificultades del “contar”. Crea historias de un delicado entramado narrativo, donde en apariencia, no sucede nada, pero una corriente subterránea esconde el conflicto hasta que decide en qué momento se impone al relato.

Reinventando un libro imaginado, “Dime por qué estás buscando” intercambia facetas de la vida de la escritora con la ficción de sus relatos. La historia va girando a través de la mejor selección de diferentes fragmentos de sus obras para tratar de rescribir otra novela, la novela de su vida.

El documental presenta los más cercanos y mejores testimonios de quienes conocen muy bien a Soledad para mostrarnos su lado más íntimo: están presentes su marido, sus hijos, su hermana Clotilde, sus amigas más cercanas, su agente Raquel de la Concha, su editor Jorge Herralde e incluso el médico de familia que le atiende desde hace años.

El documental “Dime por qué estás buscando” refleja el proceso de creación de una escritora que busca la palabra exacta, sin adjetivos. Formada a lo largo del tiempo en el estudio, la investigación, la curiosidad y la paciencia, Soledad Puértolas lleva más de treinta años desentrañando las dificultades del “contar”. Crea historias de un delicado entramado narrativo, donde en apariencia, no sucede nada, pero una corriente subterránea esconde el conflicto hasta que decide en qué momento se impone al relato.

Reinventando un libro imaginado, “Dime por qué estás buscando” intercambia facetas de la vida de la escritora con la ficción de sus relatos. La historia va girando a través de la mejor selección de diferentes fragmentos de sus obras para tratar de rescribir otra novela, la novela de su vida.

El documental presenta los más cercanos y mejores testimonios de quienes conocen muy bien a Soledad para mostrarnos su lado más íntimo: están presentes su marido, sus hijos, su hermana Clotilde, sus amigas más cercanas, su agente Raquel de la Concha, su editor Jorge Herralde e incluso el médico de familia que le atiende desde hace años.

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    1:00:12 pasado domingo

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