Dirigido por:  Marcos Hernández

Serie de documentales sobre los personajes más destacados de la cultura española contemporánea. La semblanza biográfica y profesional, se completa con las intervenciones de especialistas y personas que conocieron a los protagonistas y tuvieron relación personal con ellos.

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Para todos los públicos Imprescindibles - Canogar. Las formas del arte - Ver ahora
Transcripción completa

(Música suave)

Yo tuve una vocación muy temprana.

A todos los niños se les regala lapiceros y papeles.

Inmediatamente, para mí fue no pasajero. Fue una fijación.

(Música suave)

En la zona donde vivíamos, un amigo que sí tomaba clases de pintura

me pidió que le acompañase a comprar colores. Fui con él.

Vi la tienda aquella maravillosa donde vendían tubos de colores

y telas, y con eso empecé a hacer los dos o tres cuadros primeros.

La obra de Rafael Canogar es admirable.

Yo creo que es uno de los grandes pintores

que ha habido en el s. XX en España.

Y, por fortuna, todavía en el s. XXI.

-El valor principal de un artista como Canogar

es mantener una trayectoria constantemente en la vanguardia,

que es algo casi imposible.

Yo he nacido como Rafael García Cano Gómez,

pero yo soy ahora mismo Rafael Canogar.

Es bonito que sea, en lugar de García Cano, Gar-cía Canogar.

El apellido está reconocido hace muchos años

en el registro de nacimiento. Mis hijos son Canogar.

Los Canogar, además de artistas, son familia.

Vamos a encontrar en ellos

la admiración y la tensión que pueda establecerse

tanto en las relaciones paternofiliales como entre hermanos,

en la manera en la que crean.

No quise ser nada más que pintor.

Pero también es cierto que no tuve a unos padres que se negaron,

porque hubiese sido como mucho más difícil, ¿no?

(Música suave)

¿Se acuerda?

Aquellas figuras de pesadilla que se nos venían encima.

Esqueletos, fantasmas, brujas multiplicándose sin parar.

Aves nocturnas revoloteando sobre nuestras cabezas. ¿Se acuerda?

Yo nací en Toledo. A mi padre, yo creo que le gustaba dibujar.

(TELEVISIÓN) "Toda la población civil se compone de rojos".

Acabábamos de terminar la Guerra Civil.

Como tantas familias de españoles, buscaron su acomodo en otro sitio,

sobre todo los que en algún momento nacieron en sitios

que eran como pueblos grandes o pueblos conocidos de todos,

y yo creo que mucha gente tuvo miedo.

Yo creo que mi padre tuvo miedo y por eso dejó Toledo.

Fuimos buscando el sitio hasta que nos instalamos en Madrid.

Yo pintaba un cuadro diario.

El primero, un pimiento rojo. Por el tamaño no entraba más.

Hice un retrato también a mi padre.

Empecé ya a hacer pues copias de cosas que llegaban a mis manos.

Mi adolescencia fue dedicación total a la pintura.

Lo tomé como formación. Pintaba un cuadro y, cuando lo terminaba,

cogía una espátula y quitaba la pintura, todavía fresca,

para que al día siguiente la superficie de la tela estuviese

aceptable para recibir nueva pintura.

Descubrí el laboratorio fotográfico a los 14 años.

Era un laboratorio que había en casa

que mi padre utilizaba para documentar sus pinturas.

Yo entré en ese mundo

digamos sin mucha ambición artística o creativa.

Ahí descubrí la magia de la fotografía

y me enganchó enormemente. Me emocionó.

A mí, la fotografía me ayudó enormemente a descubrir una pasión.

Una pasión que la mantengo hasta estos días.

-Se escapaban. Aquí... -Aquí se quedan atrapados.

La tercera la acabamos con la escapada final.

-Reconozco que había cosas que me impresionaron de niño.

Era pues temas un poco de rocas; las olas, cómo rompían.

La geometría de la ola me parecía fascinante.

Iba a playas de roca de niño. Había poros por todos lados

y casas de piedra que, en su día, habían sido rocas fundidas.

La geometría que había debajo de eso era muy misteriosa.

¿Cómo estaba hecho? ¿Qué lo había creado?

¿Cómo se podría modelar algo así? ¿Cómo lo había hecho la naturaleza?

Debemos de tener en cuenta que yo soy el primer pintor en la familia.

A mi padre le gustaba dibujar, pero no pintar

porque él no tenía esos materiales a su alcance.

Al llegar a Madrid, efectivamente, me fui a San Fernando,

a Bellas Artes, para que me diesen la dirección de Vázquez Díaz.

Vivía en María de Molina. Allí toqué yo a su puerta

para que me recibiese. Le dije que quería ser pintor.

Llevé alguna cosa de lo que había hecho.

En el taller de Vázquez Díaz se forman artistas renovadores.

Era como una alternativa, no de vanguardia,

pero sí de una modernidad frente a los academicismos.

(TELEVISIÓN) -"'Hombres de mi tiempo' se titulaba

la exposición celebrada por el maestro Daniel Vázquez Díaz

en el instituto de Cultura Hispánica.

38 dibujos a lápiz dan fe del poderío del retratista

y de su talento creador en el orden iconográfico".

Con él pasé cinco años, muy importantes para mí.

Entré con 14 años y salí haciendo abstracción.

El público en general, aunque no lo comprendiera, creía

que en "Las meninas" veía algo

y en un cuadro abstracto no veía nada.

A mucha gente culta y con afición a la pintura era muy difícil

convencerles de la abstracción. Incluso todavía hoy hay reticencias.

-El lenguaje después de la II Guerra Mundial es la abstracción.

Detrás de la abstracción muestras unos sentimientos que afloran

siempre desde una forma clara, pero, a su vez, más soterrada.

-Sobre todo en España va a tener un gran calado

esa forma abstracta, expresionista, virulenta, "goyesca"

porque diríamos era una agresividad frente a lo establecido.

Había un crítico de arte que dijo: "No. Son dos formas de realismo.

Solamente que esta abstracción es el realismo a hostia limpia,

o sea sin paliativos".

(Música misterio)

Estuve muy muy involucrado, desde muy pronto,

en la búsqueda de un arte nuevo, diferente; un arte joven.

En Madrid, como alumno de Vázquez Díaz y estudiando todavía pintura,

empecé a exponer muy pronto.

Eso ya empezó a abrirme camino en el Madrid artístico.

Eso fue un poco mis años de juventud.

Ahí empezó un poco todo.

(Música acción)

Yo he tenido la sensación casi de haber vivido en un museo.

Había tanta obra tan buena que ha sido mi primera escuela.

Ha habido mucha gente que me ha impresionado:

todos los informalistas, compañeros de mi padre fueron mis maestros.

-En Diego Canogar vamos a encontrar no solamente la influencia

de Rafael, de su padre, sino las conversaciones

que su padre ha tenido con los artistas que le acompañaron

en los años 50, en los 60.

Vamos a encontrar la manera de luchar contra hierro, de Chirino.

Vamos a encontrar las formas orgánicas, de Guerrero.

Vamos a encontrar todas esas contaminaciones

que pudieron tener ellos, como artistas, porque él los vio.

Él acompañó a su padre en los procesos creativos

de estos grandes de la historia del arte español del s. XX,

por lo tanto van a estar presentes ahí.

-Empecé pintando en casa, en la facultad.

Y la escultura pues fue... fue gradual.

Me llegó de una manera especial. Me sentí que era lo mío.

Estaba con las estructuras, haciendo el armazón de abajo, y me emocionó.

De repente hay algo dentro de mí que me emocioné.

Y dije: "Uy, esto significa algo".

-Cuando acabé el colegio había que elegir una carrera.

Me acerqué a la facultad de Bellas Artes.

Realmente no encontré ahí mi sitio.

Por un lado, el peso de la figura de mi padre como artista.

Eran unos años que mi padre estaba muy muy presente a nivel mediático.

Eso me pesaba mucho.

Me sentía que me iba a costar desarrollar mi voz como artista.

Y segundo porque no estaba recibiendo los estímulos

que uno necesita como joven artista.

A los 20 años hice las maletas y me fui a Nueva York,

que fue lo mejor que pude hacer.

Fue como llegar y decir: "Esto es lo que tenía que hacer".

También conseguí una beca para hacer un máster

en la universidad de Nueva York.

Mis profesores destrozaban, desarticulaban tu proyecto

de una forma brutal, y yo estaba feliz.

Era la primera vez en mi vida que alguien me prestaba atención

a mi trabajo creativo de una forma profunda.

Fue la primera vez que yo empecé a tomarme en serio como artista.

-Creo que Daniel ha sido una persona que ha abierto fronteras

y lo que es más interesante es la consistencia que da a su trabajo.

No es meramente algo formal.

Yo cuando conseguí a través de un mural

que me dio un dinero,

con ese dinero me fui por primera vez a París.

Ahí me enfrenté, en los museos y en galerías, a un arte nuevo

que me entusiasmó, que me enamoró.

Para mí, a partir de este momento es mi historia, es

el vivir el arte de una forma a lo mejor diferente

a un concepto de pintor figurativo

que reproduce lo que ve o que quiere...

Para mí, el arte es experimental, es un poco laboratorio de ideas.

Mi carrera como pintor nace con la abstracción informalista.

(Música misterio)

Nosotros, desde los inicios de los años 50,

quisimos revolucionar la pintura, pero siempre desde la pintura.

Pertenezco a una generación. A pesar de que he cambiado

pertenezco a esa generación y soy muy fiel.

Nosotros, cuando fundamos el grupo El Paso, no vendíamos

absolutamente ni una sola obra. No nos hacían ningún caso.

Sin embargo teníamos la pasión de pintar y de plasmar esas ideas.

Si no hubiera sido porque estaba latente esa pulsión que tenían

no se habría producido ese grupo de artistas de repente

que produjo.

Saura es un aragonés. Rivera es un andaluz.

Canogar es de Toledo. Feito sí es de Madrid.

Viola es aragonés también. Chirino es canario. Y Millares también.

Se encuentran fundamentalmente en Madrid.

-Creo que el período de los años 50 o 60 es clave para entender

el arte de hoy en día.

Estamos en un momento que han pasado dos guerras mundiales.

Hay unos regímenes, en unos sitios democráticos, pero en otros no,

como en España o en Portugal. Es un momento muy complejo.

Trabajar en una dictadura fue muy muy duro.

Era un ataque a la línea de flotación

de toda expresión de libertad. Fue realmente muy duro.

Nosotros queríamos ser, lo pongo también entre comillas,

más nuevos, más diferentes, más frescos.

Dábamos conferencias en la ciudad universitaria,

en un sitio, en otro. Llevábamos exposiciones fuera.

Recuerdo en el Ateneo de Murcia que quisieron destruir los cuadros

porque decían que eso era una tomadura de pelo.

No vendíamos absolutamente nada.

Los artistas creaban casi como una especie de sanación

en medio de depuración en ese clima angustioso.

Me llamó muchísimo la atención que en El Paso hubiera una mujer.

Es el caso de Juana Francés, que estaba pintando

y que estaba mano a mano con Canogar, Saura, Millares.

Finalmente llega el 58, en Venecia.

En esa bienal, yo tuve una sala.

Manolo Millares tuvo otra. Saura tuvo otra. Tapies también.

Chillida, en esa bienal,

ganó el Gran Premio de la Bienal de Venecia.

El éxito del pabellón español fue enorme.

El salto empieza ahí: de la nada, realmente, a un poco tener todo.

La Bienal del 58 es un momento clave en la historia del arte español.

El éxito es espectacular, hasta tal punto que dos años después

en Nueva York, tanto en el MoMA como en el Guggenheim, se hacen

exposiciones de artistas abstractos españoles.

-Hemos recuperado este gran episodio del arte español

con obras de Canogar, de Saura, de Millares, de Rivera, de Tapies.

Hemos tenido la suerte de encontrar una obra representativa de Canogar

que creo que nos ayuda a entender el artista y, además, el contexto.

Canogar fue uno de los artistas fundamentales

en esta selección de arte español y que quedaron en un primer nivel.

Esto creo que fue para ellos un momento fundamental y clave.

-Claro. Fue como una plataforma la Bienal del 58, ¿no?

-Controvertido, pero a la vez fue un momento, creemos, apasionante.

En esos primeros años 57, cuando el grupo El Paso,

el país este estaba olvidado del mundo.

Este país no tenía casi publicaciones ni recibía nada.

Pero sin embargo teníamos algo muy cerca de nosotros:

los grandes maestros de la pintura española en el museo del Prado.

Para mí fue más importante Goya que Picasso.

1Me interesó más esa expresividad, esa fuerza en sus pinturas negras.

¿Por qué se coge a Goya? Porque en aquel momento se pensaba

que era el artista que estaba frente a lo establecido.

En la época de Goya, con la guerra de la Independencia

y luego tenemos una guerra civil también,

entonces no ha de extrañar que eso se produzca.

-Muy bestias. Son muy bestias. -Esa, a mí me impresionó.

Son, algunos, increíblemente bellos y son casi como informalismos.

¿Sabéis qué parecen? Informalistas. Tienen, algunos, una libertad

con una pluma que lo hacía.

Estos cuadros han servido para artistas contemporáneos.

Siempre tenía como los amasijos de cuerpos,

que son como medio abstractos, grotescos.

Porque es impresionante incluso compositivamente.

Que esto sea de principios del s. XIX.

Es que me parece totalmente contemporáneo, vamos.

"Monsieur Goya" ha sido una oportunidad interesante

para conocer desde dentro cómo se crea una obra de teatro.

Mi Goya es muy diferente al Goya que conoce la historia del arte.

-Vale. Ahí estamos. Esto es cuando empiece la proyección.

-Para mí, Goya es la fantasmagoría.

-Vamos a hacer la secuencia, ¿vale?

-Voy a bajar un momento y me lo repetís.

La fantasmagoría era un espectáculo con linternas mágicas,

con transparencias pintadas a tinta que se colocaban

delante de una óptica y una especie de llama

que luego se proyectaba sobre gasas, sobre humos,

sobre las paredes de la sala fantasmagórica.

A mí me falta un poco de contraste.

Quiero que esos blancos sean más fuertes.

Era un público muy inocente.

Yo lo veo todavía un poco inclinado los esqueletos.

Me gustaría más rectos.

Se descubría un fantasma casi alucinatorio, interior.

Igual se puede salir un poquitín aquí

porque la falda va a estar como más abierta.

(Música misterio)

A mí lo que me encanta es ver la pieza de metal

cómo va jugando la luz, esos planos. Es tan gráfico...

Casi casi me gusta más la chapa que la impresión en sí.

-Se considera que es el primer artista crítico con...

Un poco el primer artista político, podríamos decir,

de criticar a la guerra, vamos.

Creo que gracias a esa influencia de un Goya, de un Velázquez,

de un Zurbarán fue por lo que yo creo que llamó la atención

nuestra pintura fuera. De hecho, algunos de los cuadros están

directamente interpretados de algún cuadro de Goya.

Soy castellano. Yo quise pintar y dejar constancia

de esa condición de castellano en mi obra.

Pintaba vaciando los tubos de color sobre una madera, una tabla.

Y con las manos colocando el color sobre la tela.

Como el trabajador de la tierra arando la tierra,

creando esos surcos.

Echaba pintura líquida, que iba introduciéndose

por esos surcos dejados por los dedos.

Era como el agua de la lluvia.

No sé, yo creo que fui capaz de dejar mi piel.

En muy poco tiempo pasamos de no vender nada a vender todo.

Ese fue mi caso, pero claro, yo tenía entonces 22 años.

Cuando me han preguntado a veces: "¿Y no te sorprendió?"

Pues no tanto. Yo tenía mucha confianza en mí mismo.

El proceso de internalización de mi trabajo...

A mí me asombra el haber llegado tan lejos.

Nunca hubiera dado crédito.

Cuando estaba comenzando, que nadie daba un duro por mí,

pues realmente me siento muy orgulloso de haber llegado

al punto en el que estamos.

(Música acción)

Ahora es un momento espectacular

de proyectos a gran escala, ambiciosos, atractivos, retadores.

No lo podría hacer sin mi equipo.

-Mi hermano es ese director rutilante, impresionante

que nos deja a todos embelesados. Yo soy (INCOMPRENSIBLE).

Cuando pienso en mi trabajo y lo que he hecho

realmente me siento muy orgulloso.

Ha habido épocas que he podido tener igual más dudas,

pero los años me han ido dando seguridad.

Creo que he logrado algo interesante que he podido aportar.

Es bonito que cada persona le va a encontrar su propia magia.

Curiosamente me encuentro con la sorpresa

de que ni sé cómo la he hecho.

Empiezan a tener su propio duende, por así decirlo, las esculturas.

En el año 62 se publica un libro:

"Los 100 artistas más importantes del mundo".

Bueno, estoy incluido también.

Pues un poco me ocurre lo mismo, me parecía

que estaba haciendo buena pintura y lo daba como natural.

Yo creo que ahora me doy más cuenta de la dificultad que es destacar.

El régimen franquista le pareció perfecto

que la estética informalista española compartiera protagonismo

con la estética informalista de otros países.

Este período artístico es muy interesante

para poder utilizarlo de cara a la galería.

Fuimos, de alguna forma, libres.

Incluso podía ser hasta conveniente porque era como decir:

"Nosotros tenemos libertad. Ahí tienen estos artistas

haciendo lo que quieren". Les pudo venir hasta bien.

Pero eso no lo podía remediar.

(TELEVISIÓN) "Su excelencia, el jefe del estado,

el generalísimo Franco, del gobierno, asiste

al acto inaugural de la exposición 'Arte de América'".

-Al verse tan protegidos por el régimen franquista se crea

una situación compleja en la que muchos artistas no quieren

seguir participando al sentirse utilizados

como un arma propagandística por el régimen franquista.

Yo creo que El Paso murió precisamente de éxito,

se disuelve precisamente por ese tema de morir de éxito.

Los éxitos no siempre se saben administrar bien

y surgen muchas tiranteces. Pero todo eso está olvidado.

Cada uno evolucionó. El grupo tuvo una función, funcionó bien,

y cada uno buscó su propio camino. El mío, parece ser, era diferente.

(Música misterio)

Hola, papá. Diego.

¿Cómo estamos? Muy bien.

Sin afeitarse. Pinchando un poco.

Hombre, Roberto, qué bien. Hola, Roberto.

Cuánto tiempo sin vernos. Tú sí vas afeitado.

-Hola. ¿Qué tal? -¿Qué tal, Roberto?

-Buenas, Susi. -Perdonad. Como siempre llego tarde.

(RÍE) ¿Qué tal? -Pasa, pasa.

Cualquier hora es buena.

(Música suave)

Me tocó ir a EE. UU. Estuve un año dando clases.

En ese momento estuve también experimentando en mi obra,

buscando de esa forma de hacer protagonista al hombre,

y finalmente buscando materiales posibles encontré

el poliéster y la fibra de vidrio.

"Fue necesario buscar nuevas formas de expresión y de contenido".

No debemos de olvidar también que existió mayo del 68.

Yo eso también lo viví.

Mis obras fueron también utilizadas en el mayo del 68.

Una de las cosas que siempre declarábamos era

que queríamos hacer un arte social, un arte que llegara a todos.

Participé en infinidad de exposiciones internacionales

sobre el hombre y su nueva realidad.

Pero finalmente, lo que da firmeza

a mi nuevo período, a mi nuevo... es el bulto,

es encontrar la posibilidad de sacar

fuera de la bidimensionalidad de la tela a mis figuras.

Yo lo que recuerdo del sótano era como que estaba lleno

de las figuras negras, o sea unos brazos, unas piernas.

Por la noche aquello era... A mí me daba un poco de miedo.

-Olía mucho a poliéster. Tenía un olor fuerte, como a pegamento.

Entre eso y los brazos descuartizados era como ¡venga!

Creo que la obra de mi padre tuvo un impacto importante para mí

y sobre todo en mi infancia.

Esta época que la llamamos de realismo social,

de niño medio me asustaba y medio me fascinaba.

Luego me he visto en mi obra, de una forma subconsciente,

detalles de estas obras que reaparecen en mi propia obra.

Y yo, en cierta forma, pues estoy reclamando

un grito de... de auxilio

y que, de alguna forma, el contacto con lo tecnológico está haciendo

que se pierdan muchas habilidades.

Parece como con balazos.

Ponlo aquí, Diego, si quieres tomar como una foto.

Estamos viviendo una realidad que nos bombardea sensorialmente

de una forma que jamás ha pasado en la historia.

No es para "small data", sino vamos a llamarlo para el "big data".

Ahí está un poco mi gran dilema como creador.

Por un lado detesto la tecnología. Por otro la amo profundamente.

-Tardamos un tiempo Daniel y yo en desarrollarnos.

-Sí, pero se notaba claramente que... quiero decir...

-¿Sí? -Daniel... Tengo una foto en casa...

Me dijo: "Roberto, vamos al colegio".

Estoy corriendo por el patio y me hizo fotos. Yo tendría 10 años.

Tú estabas haciendo siempre dibujos, estos de soldados.

-Sí. O haciendo estas figuras. ¿Los soldados los has guardado?

Sí. Esos son fabulosos. Una maravilla.

Yo creo que el artista no solo tiene la función de hacer la obra

que está haciendo físicamente sino que cumple una función social.

Somos una válvula de escape para los demás.

Yo apelo a los que necesitan que en su vida haya objetos bellos,

haya objetos interesantes.

Me encanta eso de que digan que el arte no tiene valor,

que no es necesario.

Es tan necesario como cualquier otro oficio.

-Te gusta hablar de arte, no solo pintar. A ti te gusta hablar.

Una de las cosas que yo recuerdo de tu arte más informalista

y que a mí siempre se me ha quedado muy grabado es que decías

que el arte informalista es como un gesto, es como un...,

lo que conecta con un sentimiento. Tal como lo explicabas

y las pinturas que tenías me resultaba fácil entenderlas.

-A mí me llegó, cuando hablabas de esos cuadros informalistas,

de cómo hablabas de, con los dedos, hacías como surcos en la pintura.

Es que me pareció potentísimo.

Me habéis hecho recordar una frase que me gusta mucho

de Harold Rosenberg, que lo dijo hace 60 años.

El artista ya no se acerca al caballete

con una idea preconcebida de un cuadro.

Se acerca con unas herramientas para hacer algo

en esa superficie que tiene delante.

El resultado es una pintura, pero también un acontecimiento;

algo que es algo más que pintar un cuadro.

Esa fue la pintura de acción, la pintura informalista,

pero que quería ir más allá de reproducir un campo castellano.

Por eso trabajaba con mis manos.

Pero tuve a mis veleidades sociopolíticas.

Yo me vi comprometido con un momento muy determinado,

con una lucha colectiva, con llegar a una democracia.

Por eso busqué una salida en un arte de denuncia.

Y lo dejé en el 75 y volví de nuevo

a la abstracción, pero de otra forma.

(Música misterio)

Para las primeras elecciones democráticas,

el Partido Socialista de Tierno Galván me pidieron

si podía hacerle una obra que fuese telón de fondo para su campaña.

Yo quise aportar mi granito de arena y, por lo tanto, hice

un cuadro de cuatro metros y pico para su campaña.

Tierno Galván me llama en cierto momento y me dice:

"¿Podría vender el cuadro que hiciste para nosotros?"

Le dije: "Es que yo no puedo porque yo lo doné al partido".

Ah bueno, pues nada. Me dio las gracias y se acabó.

Pero alguna vez que me encontré

a alguien del antiguo Partido Socialista de Tierno Galván

me preguntó: "Oye, ¿del cuadro que hiciste?". No tengo ni idea.

De Daniel yo me acuerdo las horas que pasabas

en la boca del metro, a lo mejor, con la cámara en el suelo

haciendo los pies de la gente andando. Era estupendo.

Cuando tú revelabas... Me acuerdo bastantes veces meterme

en el cuarto oscuro y me encantaba ver cómo ibas revelando las fotos.

El misterio de cómo iba apareciendo la foto.

La primera foto que vendió Daniel la compré yo.

Sí. Una de estas de los pies.

Yo empecé con la fotografía. Fue una especie de amor a primera vista.

Me apasionó el mundo del laboratorio.

Luego, poco a poco, ese proceso me llevó a un tipo de trabajo

más espacial, más de proyecciones, de sumergir al espectador

en entornos de proyección fotográfica.

Ahí, todo el tema digital y electrónico marcó mi trabajo.

-El término multimedia no se refiere

tanto a pautas concretas de representación

sino a la utilización

de soportes diversos y formas de manifestación distintas.

Utilizan la performance,

la instalación,

el dibujo,

la fotografía,

el vídeo. Yo creo que el acierto de Daniel Canogar es

que sabe utilizar la síntesis de todos estos aspectos

con una maestría realmente encomiable.

-En este polígono industrial de San Blas tenemos

un poquito de Renacimiento.

Aquí hay un cóctel explosivo de personalidades y de conocimientos

que creo que es lo que nos permite nacer la ambición de los proyectos

que tenemos en marcha.

Estamos entrando en una época intensa y esto empieza a calentarse.

También hay un orgullo de haber conseguido

este grado de internacionalización desde Madrid.

Una cabezonería de querer hacerlo desde mi país para el exterior.

A ver, vamos a hablar del museo del Prado.

-Había un problema con el mapeado de vídeo.

-El viernes por la mañana tenemos una reunión con el director.

Es la última oportunidad para verlo porque nos vamos a Miami el lunes.

Vamos a ver hasta dónde llegamos. Yo hablo siempre ahora en plural.

Nosotros, nosotros, nosotros. Ya no es Daniel Canogar.

Es el Estudio Daniel Canogar.

(Alboroto)

Yo creo que en tu escultura hay una mezcla del tema

lucha entre el orden y el caos. Por lo menos en parte de tu obra.

-Reconozco que me gusta más construir que destruir.

Parecía que lo mío era construir: figura, forma.

Voy quitando cosas. Voy dejando lo esencial.

Mi trabajo muchas veces consiste en desnudar y dejar la estructura.

Es bonito llegar al taller después de acabar un proyecto

y ordenarlo.

Según empiezas haciendo una escultura que la has ideado

se va llenando la mesa de herramientas: de limas, radiales.

Se hace de repente un mundo caótico,

pero que en la escultura va cobrando cada vez más sentido.

Va generándose como un fantasma que va cogiendo corporeidad.

Es muy mágico.

Yo no estoy acostumbrado a que me hagan las fundiciones

porque no soy muy dado a dejar que nadie me haga las cosas.

Me gusta que se haga de una determinada manera.

En esta pieza de la fundición ha habido tanto proceso mío,

he estado modificando tanto la pieza en las ceras.

No ha sido como que lo he encargado y lo han hecho. He estado metido

en la salsa de la pieza desde el principio.

-Lo que estás es dando clase, ¿no? -Sí. Esta semana en Segovia.

Es la de todos los años que hago con los arquitectos.

Llevo casi 30 años dando clase. -Yo no entiendo cómo te da tiempo.

-No me da tiempo. -Te tiene que quitar mucho tiempo.

Si realmente no tienes tiempo ¿te compensa dar los talleres?

No lo veo como algo separado. Es parte de mi trabajo.

Pero yo, al contrario de lo que tú has defendido ahora,

lo que quiero es encerrarme a trabajar.

No sé, a lo mejor te das cuenta que tienes el tiempo contado.

Necesito el tiempo porque cada vez te queda menos.

Yo llevo 70 años pintando. A veces, cada período mío podía ser

la vida de un solo artista, pero yo he vivido como varias vidas.

Yo este ya lo voy a dejar.

Y en estos momentos, que a lo mejor son mis últimos años de pintor,

yo he querido de alguna forma, he sentido la necesidad

de volver a ese período primero de mi informalismo, muy esencial;

arrastrando la pintura de arriba abajo, de diversas formas,

de diversas herramientas o de diversos materiales.

Pero nada más y nada menos, también.

El deseo de la búsqueda de lo trascendente.

Saber reinventarte tiene un mérito...

Hay muy poquitos artistas que puedan presumir de ello.

Sin duda, Canogar lo es. Es una figura clave

para que podamos entender la historia del arte español.

Cuando me han preguntado: "¿Tú para quién pintas?",

yo digo: "Yo pinto para mí". Pintando para mí sé

que puedo comunicar a algún grupo determinado.

Pero muchos otros estarán en contra.

El resultado final no, pero sí intuye cómo va a salir.

Uno tiene la preparación suficiente para saber,

más o menos, cómo va a salir.

No había venido aquí desde que compraste este estudio.

Yo vine recién comprado. Lo ves mucho más sucio.

Sí, pero más vivo. Más usado.

Es de las pocas cosas que conservo de los bodegones que hice

en el taller de Vázquez Díaz.

A mí me parece que es muy característico de ese momento.

Todos hemos recibido mucho gracias a tener ese telón de fondo

que es el arte. Creo que no hemos sido conscientes

de que era excepcional. Nos parecía lo normal. Es lo interesante.

Era lo cotidiano, lo que había en casa y no lo vivíamos

como una cosa excepcional. Es curioso, ¿no?

(TELEVISIÓN) -"Rafael Canogar es uno de los pocos artistas

que alcanzó la fama en plena juventud".

-Hola, papa. ¿Qué tal?

Para mí ha sido un beneficio.

El arte me ha apasionado desde pequeño.

Que me pudieran relacionar con mi padre me ha parecido siempre

al revés, un orgullo tremendo.

¿A que es una preciosidad? Es bonito.

Si me quieren decir que soy mejor o peor no depende de mí.

Es verdad que me ha abierto puertas. ¿Qué ocurre? Se fijan más.

Es una maravilla.

Estas formas salieron de la pieza esta de química.

-Yo lo que más veo en mi hermano, que lo veo a mí mismo,

es un compromiso enorme con el trabajo.

Somos los dos supercurrantes, como lo es mi padre.

También mi madre fue una influencia enorme en nuestros trabajos,

de una forma que solamente una madre artista podría hacer.

-Mi padre casi no quería que fuéramos artistas.

No porque le pareciera mal sino por lo duro que es,

que estás ahí a pecho descubierto, sacando de tus entrañas todo.

Compaginar eso con que tenga un sentido económico es difícil.

-Es curioso que Rafael tenga dos hijos artistas.

Pero ellos son completamente autónomos en su trabajo

y las líneas de desarrollo del trabajo que han hecho

no tienen nada que ver, en un sentido de repetición,

de lo que hay en el padre.

-Yo creo que han sabido matar al padre queriéndolo,

es decir no han imitado al padre. Ese lado creativo cambiante

no se traduce en una copia o imitación de forma.

Yo creo que matan al padre, pero queriéndolo.

Este es el primero que pinté, que fue el que entregué.

Pero quise hacerlo más radical.

Y si a ti, Daniel, te encargasen un retrato del Rey, ¿aceptarías?

-No lo haría. No lo harías.

No hago yo ese tipo de obra. -Una obra digital.

Uno puede querer mucho a sus hijos, pero yo creo

que la objetividad está por encima de todo.

Yo la veo como creador. No puedo remediarlo.

Daniel es una figura ya muy lanzada.

Me parece que está dando respuesta a unos retos muy importantes

con obras de una enorme complejidad.

Diego, a mí me parece que es un trabajador de un rigor enorme.

Todavía no ha tenido la respuesta. Las cosas vienen en su momento

y no hay que preocuparse tanto de eso.

Hay una forma de ocurrir las cosas que tiene algo que ver

con la magia, con el accidente, ¿quién sabe?, el milagro.

El creador tiene que ser fiel a su proceso artístico.

Y lo digo casi como un ente que está fuera del dominio,

del control del creador.

Hay una cosa en la que sí interviene el artista

y es saber cómo acabar una obra.

-Eso es tan mágico; cuándo decidir que una pieza está acabada

o cuándo tener que abandonarla porque no quiere acabar la pieza.

(Aplausos)

Yo quiero recordar que tenéis el reloj del coche,

vamos el ticket, que se os agota. Ay, pues sí. Es hora de irse.

-Nos estás echando, nos estás echando.

No hace muchos años ocurrió la cosa más rocambolesca.

Yo estaba exponiendo en la galería de Miguel Fernández-Braso.

Parece ser que llamó alguien a la galería

diciendo que él tenía una obra mía y que estaba en la obligación

de entregarla. Lo que me cuenta es increíble.

Parece ser que en el 76 apareció un señor con un rollo,

que si podía guardar eso allí, en algún sitio, esconderlo.

Y este hombre al ver mi exposición se acordó y dijo:

"Esto tengo que devolverlo". El cuadro estuvo 40 años escondido.

Escondido encima de una librería, enrollado y después doblado.

Fue tremendo cuando, en la galería, lo trajo

el representante del centro gitano donde había estado 40 años.

Lo desplegó. Verlo ahí, la tela sola, con tantos...

Realmente fue tremendo.

Es la primera vez que yo había visto un cuadro así.

Esta es la historia, es un cómo aparece.

Yo tengo mi propia verdad, pero no tengo ninguna prueba.

Lo que soy incapaz es de restaurarlo.

Sería más fácil pintar uno nuevo que restaurarlo.

Yo ya me he acostumbrado. Sé que está así y que tengo un herido.

Mira, aquí estaba yo.

Se reconoce que soy yo, ¿no? Muy joven, pero...

El título sería "Entre el pueblo estoy".

Sé que ocupo un lugar en la historia del arte español.

Mirando catálogos de la historia del arte contemporáneo español

pues efectivamente aparezco. Pues ya esto es para mí suficiente.

Yo realmente es que lo necesito.

Esa forma de expresión es mi forma de comunicarme con los demás.

Es lo que me gusta hacer, lo que he hecho siempre

y lo que quiero seguir haciendo.

(Música suave)

Imprescindibles - Canogar. Las formas del arte

58:49 02 may 2021

El documental relata la vida y obra de Rafael Canogar, pintor fundamental en la historia del arte español del siglo XX. A través de ellas conoce también las de sus hijos: Daniel, y su éxito internacional con sus creaciones de vanguardia y Diego, escultor minucioso que conserva el legado de una generación.
Se trata de un retrato en vida de uno de los mejores pintores españoles del siglo XX. A sus 85 años, Rafael sigue yendo a pintar todos los días. La película documental es una biografía que se fragmenta, se deconstruye y construye como la abstracción de la que se enamora Rafael en su juventud, y a la que sólo será infiel durante su época de realismo social, hasta la muerte de Franco. Un relato emocionante.

El documental relata la vida y obra de Rafael Canogar, pintor fundamental en la historia del arte español del siglo XX. A través de ellas conoce también las de sus hijos: Daniel, y su éxito internacional con sus creaciones de vanguardia y Diego, escultor minucioso que conserva el legado de una generación.
Se trata de un retrato en vida de uno de los mejores pintores españoles del siglo XX. A sus 85 años, Rafael sigue yendo a pintar todos los días. La película documental es una biografía que se fragmenta, se deconstruye y construye como la abstracción de la que se enamora Rafael en su juventud, y a la que sólo será infiel durante su época de realismo social, hasta la muerte de Franco. Un relato emocionante.

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  • Canogar. Las formas del arte

    Canogar. Las formas del arte

    58:49 pasado domingo

    58:49 pasado domingo El documental relata la vida y obra de Rafael Canogar, pintor fundamental en la historia del arte español del siglo XX. A través de ellas conoce también las de sus hijos: Daniel, y su éxito internacional con sus creaciones de vanguardia y Diego, escultor minucioso que conserva el legado de una generación. Se trata de un retrato en vida de uno de los mejores pintores españoles del siglo XX. A sus 85 años, Rafael sigue yendo a pintar todos los días. La película documental es una biografía que se fragmenta, se deconstruye y construye como la abstracción de la que se enamora Rafael en su juventud, y a la que sólo será infiel durante su época de realismo social, hasta la muerte de Franco. Un relato emocionante.

  • 57:29 25 abr 2021 León Felipe nació en Tábara-Zamora y pasó su infancia y adolescencia en el pueblo de Sequeros (Salamanca) y en Santander, siguiendo a su padre de profesión notario. Se reconstruyen aquellos años en esos lugares, así como los que pasó en Madrid estudiando farmacia e intentado ser actor teatral, con escaso éxito. Su biografía da un vuelco cuando comete una estafa y cae en bancarrota su negocio farmacéutico en Santander, escapa de la justicia, vive en la clandestinidad dos años y al fin es detenido, juzgado y condenado a pena de prisión. Ese será al fin el momento de su caída del caballo: se narran esos hechos con testimonios bien fundados y la metamorfosis mental y vital que le lleva a peregrinar: primero en Guinea Ecuatorial ejerciendo de farmacéutico y luego en Estado Unidos (Nueva York, Universidad Cornell) y finalmente México.  Contenido disponible en España hasta el 10 de mayo de 2021.

  • La corte de Ana

    La corte de Ana

    58:12 18 abr 2021

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    53:08 07 mar 2021

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