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Historia de nuestro cine - Las truchas  - ver ahora
Transcripción completa

(Música)

(Barullo)

¡Sebastián!

¿No ha venido? No, no ha venido.

¡Es un loco!

¿Dónde se habrá metido este cocinero de mierda?

Mari, ¿te ayudo? -Sí.

-¡Adiós, alegría de la huerta!

¡Chicos, viene el jefe!

¡Y con chavala!

-Voy a verla.

¿Qué tal?

-Mira la voluntaria que os traigo. Tendremos que enseñarla el oficio.

-Sí, ¿eh? -¿Qué hacéis? No seáis burros.

-Llevárosla adentro.

-¡Yo, el primero en enseñarla! -No, yo el primero.

Se te dobla, jefe.

-¿De dónde la has sacado? -Del Bocaccio.

¿Ha pagado o se sigue haciendo el loco?

Habrá que montarle un número. -¡Marchando una de huelga!

(Violín)

¡Antonio!

Don Baltasar se sentará aquí. No quiero que falte nada.

Hoy nos la jugamos. ¿Y si no viene?

¡Calla, coño!

Estrangúlalo ahora que puedes. -Ya no merece la pena.

¿Hola? ¿Hola?

(Claxon)

¡El presidente!

Buenos días, señor presidente. -¿Cómo va ese apetito?

-A mí que me echen truchas.

-Un momentito, por favor.

-¿Quién es ese? Ese es el anormal.

-Hijo, tampoco lo conoces. -¡No jodas!

-¿Por qué me tienes que hablar así todo el tiempo?

-Ese señor va a ver a su hermano bastardo.

Hace que no se ven...

Es una historia que me gustaría escribir algún día.

-¡El campeón!

He tenido suerte, eso es todo. Suerte nada más.

Gracias, gracias.

-Nadie podrá poner en duda la legitimidad de su triunfo,

que honra a todos los miembros de esta peña.

-¡Yo le he visto a él cogerlas en el sumidero del matadero!

-¡Una fiesta triunfal! -¡Enhorabuena!

(Ovaciones)

¡Es un mentiroso de mierda!

(COREAN) -¡Es un muchacho excelente, es un muchacho excelente!

¡Y siempre lo será, y siempre lo será!

¿Todo en orden? Sí, todo.

Qué envidia me dan ustedes los pescadores.

Cuánta concentración, cuánta paciencia.

¿Han visto ustedes a don Baltasar? ¿Don Baltasar?

-Sí, hombre, don Baltasar, el banquero.

-Pues no le he visto.

Están secas, ¿no?

Esta situación es insultante. Esto no es música.

-No seas tonta. Aquí se está estupendamente.

Y no en todos los sitios encontrarías un señor que te pague como aquí.

-Han roto definitivamente. -¿Qué dices?

Lo siento, chica. -No te preocupes.

-¿Me pones colorete?

-Pero si estás muy bonita.

(CANTA EN FRANCÉS)

-Trucha a gusto del chef, tarta conmemorativa,

vinos blancos, reserva...

Intervención del presidente, café y licores,

proclamación de vencedores,

clausura del acto con intervención del cuarteto Pizzicato

que deleitará a los asistentes con su ritmo.

-Bien. Bien, bien.

-Hombre, si pusiéramos unos tacos de jamón, tampoco estaría mal.

-Somos pescadores, gente frugal. -Ascetas.

-Coño, ¿es que los ascetas no comen jamón?

-No, señor, no hay jamón. Solo truchas.

Hay mucha animación en la puerta. Menudo éxito.

(Barullo)

(Claxon)

(Conversaciones superpuestas)

¡Cristina, ven aquí!

-Sal, mamá.

¿Dónde vas? Venid aquí.

Por favor, mándenme a alguien para ayudarme. ¡Esto es de locura!

-Hola. -Hola, ¿qué tal?

Militante de la Cruz Roja.

-Qué raro.

¡No la encuentro!

-¿Usted cree que entraremos todos? -Sí, solo hay que ser optimista.

-Pero ¿cómo no voy a entrar? ¡Pero óigame!

¿Cómo estás? -¡Tantos años!

-¡Estás muy bien! -Tú también.

-¿Y esa barba? -Una cosa moderna.

(Claxon)

Están pitando.

-Oiga, esa no tiene invitación y yo sí.

Vamos, chicas, a la brecha. Hoy nos jugamos el todo por el todo.

Bájamelo.

¿Qué tal? ¿Bien? -Bien, gracias.

-¿Van a tardar en acabar? -Como el año pasado.

-¡Ay!

¡Qué horror, me han rozado por lo menos hoy 40 miembros!

-Qué suerte tienes, hija. -Pero ¿cómo miembros?

¡Serán socios de cuota! Digo yo, vamos.

¡Hombre, Atanasio! ¿Cómo estás?

¡Oye, Atanasio! ¿Han llegado todos?

No. Falta el ministro, el viceministro, los gemelos,

su familia, un primo de Murcia... ¡Pero oye!

-Me parece que no está. ¿Por qué no está?

Perdóneme, y... ¿cuándo regresa?

(PORTERO) "¡Por favor, mándenme a alguien para ayudarme!

¡Esto es de locura!". ¡¡Tengo solamente 40 cubiertos!!

"¿Y qué hago?". ¡¡Váyase a la mierda!

¡Portero, ¿para qué coño está usted aquí?!

Sí cabe, hombre. -No cabe.

-Sí cabe, no seas listillo. Déjame a mí.

-Que no. Bueno, te aparto mi coche,

pero veras como no cabe.

Espera que lo aparto.

¡Pero ¿qué haces, gilipollas?!

¡Siempre haces lo mismo, igual que con la mercería!

¡Mierda de coche! -¿Qué haces?

(Gritos)

¿No te das cuenta que no importan nada todas las mercerías del mundo?

¡Vine para verte y para conocer a tus hijos!

¡Para conocer a tu mujer! ¿No te das cuenta? ¡Vine por ti!

-¡Veinte mil duros!

-¡Dale, que es un chulo!

(TODOS) ¡Asesino! ¡Asesino!

(Sirenas)

(Gritos, silbidos)

(TODOS) ¡Ministro, dimite, el pueblo no te admite!

¡Ministro, dimite, el pueblo no te admite!

-¡En los piquetes! ¡Siempre lo he visto en los piquetes!

-¿Por qué te pones así, Emiliano?

Mi marido es ministro, usted es bedel... No hay que regañar.

(Silbidos)

¿Qué decían, Chemari? -Nada, mujer.

Estaban saludando. ¿No lo ves?

Cómo está la gente. Cualquier día para algo en este país.

Es inconcebible andar hoy con coñas. ¡Hoy, precisamente!

¡Con toda esa clientela distinguida ahí arriba!

¡Cuando se va a solucionar todo!

De verdad, no es broma. ¡Eh, que estoy hablando!

Es cosa de los chicos, yo no sé nada.

¿Quién fue el cachondo que inventó lo de la huelga?

¿Eh?

¡Os doy cinco minutos o quedáis despedidos!

Jefe. ¿Qué pasa?

Se van a cargar la puerta. -Qué gentuza, don Gonzalo.

(TODOS) ¡Arriba, abajo, las puertas al carajo!

¡Arriba, abajo, las puertas al carajo!

¡Arriba, abajo, las puertas al carajo!

¡Arriba, abajo, las puertas al carajo!

-¡Es la violencia de la televisión! -¡Es que no me hacéis caso nunca!

¡Sebastián, coño! ¿No ves que se te van a colar?

(Gritos)

¡Veníos! -¡Que no se cuelen!

-¡Veníos!

-¡Guardia!

¡Los que chillaban "ministro, ministro"!

(TODOS) ¡Que abran las puertas! ¡Que abran las puertas!

Por el amor de Dios, tome una decisión.

Los cristales se rompen. Además, es tardísimo.

Por mí, que entren todos.

Parece mentira, tiene que estar uno en todo.

Que entren todos.

(COREAN)

¡Gritaremos con fuerza y coraje

a Granado porque era el mejor!

¡A Granado porque era el mejor!

(Bullicio)

¡Antonio!

-¡Usted es un gilipollas! -¡Cuánta animación!

Hijo, no empujes.

-¡Antonio!

-¡Aquí! ¡Lola, ¿dónde estás?!

-¡Antonio!

¡Antonio! -¿Dónde estás, mujer?

-Nos están empujando, señores.

-Pero qué ganas de soportar este calor aquí.

Pasemos. -Abrid.

Esto está organizado con el culo.

Señores, que esto es una agrupación deportiva.

-¡Fuera gorrones! -¡Me voy a cagar en...!

¡Elecciones! ¡Elecciones!

(TODOS) ¡Elecciones! ¡Elecciones!

¡Elecciones! ¡Elecciones!

(Aplausos)

-¡Jerarquía! ¡Jerarquía!

(Gritos)

¡Dimisión! ¡Dimisión!

¡Dimisión! ¡Dimisión!

¡Dimisión! ¡Dimisión!

¡Dimisión! ¡Dimisión!

¡Dimisión! ¡Dimisión!

¡Cabrón! ¡Cabrón!

¡Cabrón! ¡Cabrón!

-¿Disparo? -Naturalmente.

-¡Cabrón! ¡Cabrón!

¡Cabrón! ¡Cabrón!

¡Cabrón! ¡Cabrón!

¡Cabrón! ¡Cabrón!

¡Cabrón! ¡Cabrón!

(Disparo)

¡Asesino!

¡Asesino!

¡Asesino!

¡Es un asesino! -¡Fuera ya!

-¡Asesino! -¡A la mierda todos! ¡Fuera!

¡Fuera, maricones!

¡Traidores! -¡Asesino!

-¡Hijo puta! ¡Cabrón! -¡Asesino! ¡Asesino!

-¡Fuera!

Hay fundadas sospechas de que la inmensa mayoría de ustedes

no pertenecen a la peña.

Y aquellos que pertenecen no pagan la cuota.

Se va a pasar lista,

y solo a aquellos que se nombre podrán entrar.

El resto se tendrá que ir inmediatamente.

Y si alguno intenta seguir la provocación,

que se atenga a las consecuencias. ¿Está claro?

-Don Alberto de Villar.

-Aguanta un poquito. Así.

¡Sebastián, recoge a los niños!

(COREAN)

¡Gritaremos con fuerza y coraje

a Granado porque era el mejor!

¡A Granado porque era el mejor!

-Don Ángel Mañas y señora.

Excelentísimo señor don José María García Gutiérrez

y señora.

-Un día maravilloso. Me siento feliz.

-Pues yo he perdido un pendiente, mira tú por dónde.

-¡Qué asqueroso y sobón!

-¿A que no adivinas?

-Pues no.

-¿Y cuántos años tienes? -20.

-No está mal.

-¡Julián!

¡Venga, duro con ellos!

-¡Por favor, dejen pasar! ¡Vayan desalojando, por favor!

-Don Ignacio Ibarra Ferrer.

-¡Don Ignacio Ibarra!

-Mamá, ¿dónde está Lolín? -Ay, no sé.

-¡Lolín! -¡Estoy aquí!

-¡Silencio!

-Doña Lorenza Merino.

Señorita Lolín Rodríguez Merino.

-¿Y qué quiere que le haga?

-¿Por qué no me nombran si estoy en la junta?

¡Que estoy en la junta! -A ti no te conozco.

-Ni yo a ti.

-¡Desalojen, por favor! ¿Están sordos?

-Vamos, rápido.

(Conversaciones superpuestas)

Hola, ¿qué hay?

Con los niños estos, un poquito de cuidado.

Lléveselos por ahí, los atiende bien.

Me han dicho que esta niña estaba acatarrada.

Un poquito de cuidado.

Gracias, ¿eh? Adiós.

Don Manuel Gutiérrez.

Doña Lucía Valdiviezo.

Don José Manuel Gutiérrez Valdiviezo.

-¡Aparta, niño! -¡Déjeme pasar, por favor!

-¡Silencio! -Aquí estamos.

-Pase. -Y este, ¿por qué?

-¿Qué quiere que le haga? ¿Qué culpa tengo?

-Don Carlos Alarcón.

Señorita María Elisa Ruiz.

Y Antonio Gallifa.

-¡Antonio Gallifa! -¡Antonio Gallifa!

-Bueno, señores. Los de fuera cuanto antes que se larguen.

Para evitar mayores complicaciones. Que desalojen inmediatamente.

-¿La vendió usted? ¡No he vendido nunca nada!

A mi Antonio le vendieron esto. -A mí también.

Ya está. Por favor, por favor.

Esto no va a quedar así, ¿eh? Por favor.

Bueno, al fin solos.

¡Desgraciado!

(Gritos)

(COREAN)

¡Gritaremos con fuerza y coraje...!

-En este mismo salón han actuado magníficos artistas.

Bellísimas mujeres.

Este salón se perfumaba

con el olor de los coloretes.

Con esos perfumes franceses que traían aquellas mujeres,

aquellas bellezas de mujer.

Y ahora vais a ver cómo esta habitación

se va a convertir en el mundo de los deseos.

-¿Es usted un mago? -¿Yo? ¡Qué coño voy a ser un mago!

-¡Alfonso, posición "number two"!

-Esta es la uno. Después tenemos...

-"Number two".

-Vale, yo le ayudo.

-Ayúdala. -A ver, Pamela.

-Súbete.

Eso es.

(RÍEN)

Buenas tardes. -Buenas tardes.

¡Hombre, Antonio Gallifa! ¿Qué tal? ¿Cómo estás?

-Muy bien. -Vienes hecho un Cristo.

-No es nada.

-Vamos a ver dónde estamos. En algún lado habrá que sentarse.

No, no, no.

Está ocupada la mesa.

Mira, mejor allí.

Es Gallifa. -Hola, buenas tardes.

-Siéntate, hombre.

-No puedo ver sangre, perdóneme. -Lo siento, perdóneme.

-¡Mi manual, guárdalo! -Deja que me haga aire con él.

-¿Hay polvos de talco? Para ver si quitamos la sangre.

-Ya lo han intentado. No ha sido nada.

-Ay, pobre. -¿Usted es uno de los gemelos?

-No somos gemelos, es mi hermano mayor.

Julián.

(Música clásica)

Señoras y señores,

dentro de muy poco podrán ustedes saborear

las truchas que han sabido capturar ustedes mismos.

¿De quién es esta música? -Creo que de Debussy.

-No, hombre. De Ravel.

-Tú sí que estás hecho un buen rabel.

Hijo, ¿tienes hambre?

-¡José María!

-Todo el mundo sabe que ha pescado las truchas.

-Yo nunca le vi pescar. -Yo tampoco le he visto pescar.

-A ver si ahora lo vamos a negar. Aunque no lo hayamos visto.

-Hermosa, ¿tú de dónde eres? -De Cáceres.

(CANTA) -"Qué bonitas son las cacereñas,

y qué tetas tienen tan pequeñas.

Mis paisanos pierden el sentido,

y a la despedida, un adiós les pido".

Porque me da la gana.

-¿Después de la que has armado esta mañana en la calle?

¿Tú qué te has creído? -Es mi hermano, ¿no?

-Pero el coche es mío, y de las niñas además.

-Mierda con el coche. Te lo metes ya sabes dónde.

-Ordinario. -No haberte casado conmigo.

-Impotente. -Vamos a acabar mal esta fiesta.

¿Qué haces aquí? Los de abajo se niegan.

¿Que se niega quién? Que no tragan.

¿Cómo que no tragan?

Que en estas condiciones no les da la gana de trabajar.

¡Perdón, perdón! ¡Perdón!

Perdón.

No podemos comenzar.

No ha llegado don Baltasar. El banquero.

-Ah, hombre. Es verdad, claro.

Don Baltasar es un socio de honor.

-¿Quién es el banquero? -Don Baltasar.

-Oye, que no ha llegado don Baltasar. Podemos esperar un poco.

-Ah, bueno.

-Se le va a pasar el hambre a mi hijo.

-No, no, no. Hay que esperarle, desde luego.

-Pero ¿sabes lo que pasa? Que luego no come.

(Conversaciones superpuestas)

Me fumo un cigarro, papá.

-Se llama Baltasar. -Pues habrá que esperar.

-¿Qué tiene que ver él con esto? -Es el banquero.

Por favor.

Chicas. Un, dos, tres.

(Música clásica)

¿Vas a pagar los atrasos también? ¡Sí, sí! ¡Todo!

Si no tienes ni un duro. Va a haber un préstamo.

Si no lo hay, se va todo a la mierda,

¿Vas a pagar todo? Claro que sí, todo.

Las otras vacaciones que nos debes también.

¡Todo, todo! Si no tienes nada.

Voy a tener con el préstamo.

Las vacaciones, las horas extras, la Seguridad Social... ¡Todo!

¿Qué dice el comité?

-¿Por qué va de luto? ¿Qué?

Que por qué va de luto. ¿Qué coño, hombre? ¿Sí o no?

No tiene dinero.

-Vamos a trabajar.

Pero una condición: hasta las cinco en punto,

ni un minuto más. Hasta las cinco en punto.

A trabajar. Muchas gracias.

¿En serio vamos a trabajar? -Yo creo que sí. Pobre Gonzalo.

(CANTURREAN)

Bueno, parece que todo se arregla. Sí.

¿Nos van a poner champán? -No, señora. Vino.

-¿Oiga? Tráigame una sangría. -Un poco de agua.

-Ahora mismo.

Esto está como una piedra.

-¿Me das una, abuela? -¿Me das una a mí?

-Pues coge. -¿Por qué no ofreces al señor?

-Claro. -Dale un pastelito a la niña

y otro a mí, que te lo pedí hace dos horas.

-Están deliciosos. -No se preocupe.

-Que coja, hijo, que coja.

Con que me traiga un poco de jamón york,

o una lubina hervida...

¿Y un marisco suave?

¿No le importaría un caldito? -Bueno, pues un caldito.

-Sedal, sedal, sedal.

La lucha era ardua. Pero yo, infatigable, seguía dando más sedal.

Mucho más sedal. Y no paraba de dar sedal.

Ya os imaginaréis. Dar sedal, sedal y sedal.

-En todas las sociedades, en todos los concursos,

en todas las agrupaciones de cualquier especie,

hay mentirosos, hay tramposos, hay enanos, hay beduinos...

Hay pequeñajos.

¡Pero por encima de todo lo que hay es hijos de puta!

-¡Me cago en diez!

¡Los hombres dicen las cosas en la cara, puñetas!

-¿Quiere ver quién es ese imbécil?

-Lo que pasa es que...

por encima de todo está el deporte, y hay que saber perder.

Como hago yo, y no como otros.

-¿A quién se refiere con esas indirectas? ¡Dígalo!

-No habrá sido nada. -Yo no he oído nada.

-Son unos maleducados. ¿Adónde vas?

-Parece mentira que te excites así sabiendo cómo tienes el corazón.

-Déjame en paz, por favor, Manolito.

-No hay que extrañarse, siempre ha habido disidentes.

-Y cantamañanas, don José María. -Y bedeles en los Ministerios.

-No te preocupes, todos saben que es un mierda.

-Yo no tengo por qué aguantarme.

-¿Te está molestando Manolito? -Qué va, todo lo contrario.

-Que es un mierda, hombre. -Es un mierda, pero me jode.

Avasallarme, y delante de la familia...

-¿Me quieres? -Por Dios, ¿qué dices?

No, si todavía tengo un revolcón.

-No, Manolito. Eso no, que me gusta mucho.

-Don Baltasar no llegó aún. -Mejor, mejor.

Empezamos con el discurso, seguimos con... la comida,

y luego tenemos la entrega de premios.

Sé breve.

-Señoras y señores, queridísimos amigos.

Un año más, me es grato dirigiros la palabra

para recordaros miles y miles... -A ti te voy a matar yo.

Y a ti también. A ti también como no te cuides.

No te quiero ver con ese.

-¿Te he hecho mucho daño? -No me duele nada.

¿Por qué no te sientas con nosotros? -Me gustaría mucho, pero no sé...

-Ejemplos de abnegada lealtad, de valor, inteligencia y honor.

Pero fundamentalmente de solidaridad.

Porque, como acaba de decir Adolfo, por encima de todo está el deporte.

El ejemplo más claro que reúne todas estas virtudes

lo encontramos en la personalidad de nuestro flamante campeón,

don Manuel Gutiérrez,

inventor de una técnica de lanzada que permite a sus cucharillas

cruzar las misteriosas aguas de los ríos ibéricos,

obligando a las truchas a acudir a su erótica llamada

con lujuriosos saltos.

Pues bien, Manolo pescó el día del concurso

la cifra récord de 110 truchas,

doce black bass o truchas americanas,

dos lucios, de dos y cuatro kilos respectivamente,

una anguila culebra de 80 cm

y docenas y docenas de peces de tamaño despreciable.

Pero las cifras no significan absolutamente nada.

Cualquier persona que no perteneciera a esta agrupación

se dejaría deslumbrar por la cantidad

y no repararía en la calidad de las capturas.

Lo importante no es cuántas pescó, sino cuándo, dónde y cómo.

Manolo pesca con amor.

-¡Renegué a mi patria, a mi dios,

a mi estirpe y a mi bandera!

¡Porque tú eres mi dios, mi estirpe y mi bandera!

-Bravo, muy bien. Muy bien, sí.

Así se hace.

¿Cuántos años tienes? -Doce.

-Vaya por Dios.

-Oye, ¿y yo cuándo me suicido? -Antes viene lo de la pistola.

¿A que sí? -Bueno, ya veremos.

Según cómo os portéis, ya veremos.

Y ahora, poned atención, que os voy a hacer yo teatro.

-¡Bien! -¡Sí!

Cielo mío.

Pídeme algo, que te lo daré.

Lo robaré, lo buscaré, lo fabricaré.

Niña.

Coño, pídeme algo.

-Un pájaro de colores. -¡Oh, un pájaro de colores!

¿Un pájaro de colores? ¿Un pajarito de colores?

¿Cómo va eso? Prácticamente está.

Pero con estas truchas no se podrá mirar hasta el final.

¿Tan mal están? Lo peor que vi en mi vida.

Solo me falta una denuncia ahora. ¿No las pescaron ellos?

¡Sí, las pescaron ellos!

¡Chicos, un consomé!

-Marchando un consomé. -¿Con yema o sin yema?

Pinche, ve a preguntar. -A la orden.

El consomé, ¿con yema o sin yema?

¡Haz el favor de quitarte eso y vestirte como una persona decente!

¡¿Qué edad tienes?! ¡Uy, cómo se pone!

Venga.

(Náuseas)

Venga, date prisa.

-Fritas mejoran.

Y mi salsa les quitará el mal olor.

-Amigos, solo dos especies del reino animal

inician el acto sexual uniendo sus bocas:

los peces y los hombres.

-Debe ser muy triste dejarlo todo, ¿no?

-Eres un bicho.

-En el contraluz...

brillaban los ópalos de tus...

pezones.

-La magnífica hembra de la anguila americana

vive pendiente de unirse con su macho solo para aumentar su familia.

Y lo hace aportando un millón de nuevas criaturas.

Un millón de huevos que pone de una sola vez.

Y a 500 m de profundidad, tras lo cual muere.

¿Qué ser humano estaría dispuesto a asumir semejante sacrificio?

Ninguno. Todo lo contrario.

(ENTONA)

Joder.

-Usted perdone que haya entrado en el de señoras,

pero tengo que estar sentado para comodidad de la próstata.

Usted, ¿qué tiene? ¿Espermatorrea?

Nosotros ya hemos cumplido.

Ahora, que cumpla él.

Porque, ¿qué se pesca hoy en la orilla de nuestros ríos?

¿Ciprínidos?

¿Salmónidos?

¿O carpas doradas? No, no. Hoy se pesca mierda.

¡Mierda, mierda y mierda!

Y a propósito de dificultades.

Si a nosotros nos resulta difícil conseguir piezas,

cada día más escasas y menos luchadoras,

¿qué dificultades no tendrán esas mismas piezas para sobrevivir

en un mundo conducido por una filosofía materialista?

-Beso, beso, beso, beso.

Ay, qué beso más grande me das.

-Mira, ahí viene ese de hacerse un alivio.

-No solo atentan contra la naturaleza,

sino que producen efectos nocivos en la mente de nuestros jóvenes,

que cada día se alejan más del sano deporte.

Y ante esta situación, ¿cómo reaccionamos?

Hay que hacer algo más que dormirse en los laureles,

celebrando fiestas en lujosos restaurantes

donde no tenéis más problema que segregar con paciencia

los jugos gástricos mientras os llegue en el momento de engullir,

deglutir y formar vuestro bolo alimenticio.

-Jo, qué bien habla. -Es murciano.

-Cuando los pilares sobre los que se asienta nuestra civilización

se tambalean, y con ellos la natural tendencia del hombre

hacia las hazañas deportivas, es imprescindible preguntarse

qué anhelos impulsaban a aquellos hombres

que supieron escribir las mejores páginas de nuestra historia

y las mejores páginas de nuestro noble deporte.

Hay que tener en cuenta que en los tiempos gloriosos

de nuestra dominación del mundo no existían ni el sedal,

ni el nailon, ni el cebo artificial.

Pero llevamos al nuevo continente el caballo, la religión

y la caña de pescar.

Con ello ayudamos a que los indígenas desarrollaran neuronas

mediante la concentración mental que la pesca requiere

y que ellos habían perdido

envilecidos por el nefasto consumo de drogas.

De otra cosa podrán acusarnos, pero nunca de haberles enseñado

a usar otras formas de pesca antinaturales

como el empleo de explosivos,

lo que hubieran hecho chinos o rusos...

-Hijo, no te preocupes.

-No creo que haga falta que cite de memoria las Leyes de Indias.

(Aplausos)

La luz, Paco.

El conocido arqueólogo hispanista... -¡Alfonso!

¡Las truchas!

¡Alfonso, las truchas!

(Música clásica)

Mira, abuelita, tu ligue.

-¿Mi sitio?

¿Perdón? ¿Mi sitio?

Por allí. Ah, ¿no es ahí?

¿Mi caldito? El caldito, por favor.

(Barullo)

¡Fuera de aquí, hombre! -Me voy.

Adiós, mariposa.

-¿No te das cuenta que es un mutilado de guerra?

-¿Y qué? Es mi mamá. -Si a ella le gusta, ¿qué pasa?

-Si le gusta como si no le gusta. Mamá, no pasa nada.

¡Hombre, García Gutiérrez!

¿Qué hay? Yo estuve en la Remonta.

-¿Ah, sí? -Sí. Te voy a contar una historia.

-No, no, no.

¿Me permite? -Sí.

Un notario, que venga un notario. -Cariño, tenlo, por favor.

-Tengo calor.

Como el de tu cuerpo perfumado, frío.

¿Qué pasa? -Espera.

Señores, estas truchas están podridas porque el mierda de campeón

las ha recogido en la salida de un sumidero

de la cloaca del matadero.

-¡Mentira! -Nunca ha sido capaz de enganchar

una jodida pieza, ahora nos quiere asesinar a todos.

Es un marrullero, un liante.

Y lo peor, un asesino. Es una deshonra para la agrupación.

-Eso es una acusación de juzgado de guardia.

¡Calumnias!

-El tiempo lo dirá.

-Yo no puedo tolerar que mis compañeros pongan en duda

mi honorabilidad.

Estoy siendo víctima de un complot.

-No, señor...

(CONVERSACIONES SUPERPUESTAS)

Señores...

Señores, por favor.

Yo os juro por la salud de mi hijo, de mi propio hijo,

que estas truchas están fresquísimas.

Y para demostrar mi categórica y respetuosa aseveración,

voy a hincar el diente en este magnífico ejemplar.

¿Lo veis, señores? Es que están fresquísimas.

-¡Bien, qué ejemplo!

-¿Podría usted dejarme mi sitio?

Que estoy aquí sentado con mi familia.

(CANTA) "Gritaremos con fuerza y coraje,

ha ganado porque era el mejor".

-Yo tampoco, me lo como.

Cada uno se come la suya. -Aunque no tenga hambre están buenas.

Cómetelas, cómetelas.

-Si no es que me las coma o me las deje de comer,

si el problema es que no haya follón, que esto es una fiesta, macho.

-Sí, pero... Tú no te las comes.

-Pero están buenas, míralas.

-¡Porque os voy a matar!

Esta mesa está reservada.

Pero no hay nadie.

Pero vendrán.

¿Y qué hago?

O sea, me voy, ¿no?

-Si te da reparo no te las comas.

-Hombre, si las ha pescado tu padre cómo me va a dar reparo?

-¿Y esto?

Coja usted esta lavativa ahora mismo y váyase donde pueda.

-Cuidado, que me la rompe.

A que no funciona ya... -Fuera de aquí ahora mismo.

Fuera de aquí.

Encima me mea usted en el plato.

Usted es un guarro, hombre.

Mire, vamos a ver.

Coja usted esta, que le va a gustar mucho.

Váyase por ahí corriendo.

¡Cerdo! ¡Guarro!

-Oiga, por favor, ¿quiere pasar usted aquí, a esta mesa?

Aquí, en la esquina, a tu lado.

Hombre, ya está bien. Este señor es tan socio como tú.

Está al día del pago de la cuota.

-¿Nos conocemos? -Sí, nos conocemos.

Poco, poco, la próstata no... -Perdone, señor,

pero está incluido en el menú.

-No, si yo ya me he tomado la mía.

-No, los dos vamos a comer la misma trucha.

-Vale. -Está muy buena.

-Pero si están sabrosísimas.

(CANTA)

-Yo que tú no la comería. -Bueno, pero yo me la como.

-Haz lo que te dé la gana.

-Pues claro que hago lo que me da la gana.

-Ya eres mayorcita.

(CONVERSACIONES SUPERPUESTAS)

No, si no es molestia. Lo hago con mucho gusto, mamá.

-Aquí se va a producir una hecatombe.

La carne descompuesta puede ser hasta incluso digestiva,

pero el pescado...

¿Y yo qué culpa tengo?

(CANTA)

Tú te llevas el disgusto y luego ellos se quedan tan tranquilos,

de verdad...

Anda, no seas...

-Señora, no sabe usted cuánto la admiro.

-Gonzalo, el banquero ha llegado.

Retira los platos.

¡Ha llegado don Baltasar! Les voy a retirar los platos.

¿Hay chacona o no hay chacona?

¿Pero cómo no va a haber chacona, don Baltasar? Por aquí.

Lo siento.

Suerte, Ángela.

¡Aquí tienen ustedes a don Baltasar!

¡Gracias, muchas gracias!

-¡Como una rosa!

-Perdonen por el retraso.

Lo importante no es ser puntual, sino llegar a tiempo.

Le espera una maravillosa sorpresa. Hemos sustituido el primer violín.

La chacona de Johann Sebastian Bach le sonará oída por vez primera.

Yo tengo un hambre que me muero.

Continuemos la fiesta.

(Música)

Presidente, ¿qué tal?

Magnífica fiesta.

-Sí, sí, sí.

-Qué vamos a comer ahora? En esta casa nunca ha salido nadie

sin satisfacer su apetito.

Un momento, ¿eh? Yo he venido aquí a oír música.

A Baltasar... el crédito.

Me va a usted permitir...

La banca es una institución. Y hay una condición sine qua non.

Hay que tener un sentido reverencial.

Y, lamentablemente, creo que usted no lo tiene.

(Aplausos)

Todo esto es un "aguachicle". -Si usted lo dice...

¿Me permite, por favor? -Déjelo.

-No, faltaría más. -Que lo deje.

-Faltaría más. -Por favor, déjelo.

-Si no es de su agrado, nosotros estamos aquí para servirle.

-¡Tengo muchísima hambre! -Tranquilo.

-No voy a tocar chacona. No quiero hacer el ridículo.

Pero ¿desde cuándo? Desde que lo pide la banca.

¿No? No.

¿Y qué le digo yo a este hombre?

Las cosas se tienen que poner muy mal para que luego se pongan bien.

(Música)

No sé por qué nos han retirado los platos

si no hemos terminado de comer.

-Déjame esto.

-María Rosa, son menos diez.

-Por favor, ¿sabe Madama Butterfly?

-Pues no.

-¿Y la bañera de Carmen?

-Sí, había que tomar alguna determinación.

-¡Tómela ya mismo! ¡Ya!

-Oiga, tiene usted una cara muy rara. -¿Quién, yo?

-¿No le habrá sentado mal algo?

-Oye, a mí nada. -¿Qué ha comido?

-Pues pescadito.

-Más sustancia. -Más sustancia.

-Ellos se quedan sin comer y nosotros sin comer.

Sustancia para este consomé.

Hola, muchachos.

Lo siento.

Creo que no me van a dar el crédito.

No sé qué decir.

A ver, muchachos, más sustancia.

-Toma, fuma. Fuma.

-Más sustancia.

-No, así no. Así, mira.

-Vamos, chicos, más sustancia.

Más sustancia, por favor.

Más sustancia.

-Cómo no, ¡salud!

-Pero ¿qué haces, maricón? ¿No ves que luego me la cobran a mí?

-Déjalo, Alfonso, que es un tío importante.

-Siempre igual.

-¿Usted es el chef? -Señor, para servirle.

-¡Qué placer!

(CARRASPEA) -Sustancia.

-La cocina francesa no es una mezcla de cosas

si no una selección de sabores.

-Perdón.

-Vuelva a servir las truchas, por favor.

A mi gente ya le estaban gustando.

-¿Pero les gustaba? -Hombre, sí.

Sí, sí.

Voy a buscar el dinero. Espera, espera un poquito.

Toma, toma.

¡Creo que me van a dar el crédito!

Bueno, ¿y qué?

Otra salsa.

-Lo siento, pero se acabó el plazo. -Se acabó.

Es lo concertado.

-Inténtelo...

Inténtelo.

-Pero ¿cómo voy a intentarlo con este material?

¡Huela!

-Inténtelo.

No lo notarán.

No nos importará.

(TARAREA)

Borracha.

-Este hombre bebe mucho. Debería cuidarse.

(Ópera)

Mira a mamá cómo canta.

¡Ay, cómo se pone tu padre de pesado cuando bebe, hija mía!

(GRITA)

-Abuela, ¿qué te pasa?

-Es la emoción lírico-dramática. -Ya.

-¡Ay, abuelita, que...!

¡Ay, qué tonta eres! Es que es de lo que no hay.

Está fatal. Qué tonta eres, abuelita.

Qué clavelito más mono.

Vamos todos al servicio a hacer pis.

A hacer pis todos, venga.

Al servicio a hacer pis.

(LEVANTA LA VOZ) ¡He dicho que más sustancia,

más sustancia, más sustancia!

-¡Más sustancia, más sustancia, más sustancia!

Toma sustancia.

Llévaselo.

Toma rabanitos. Toma sustancia.

¡Toma sustancia!

(Piano)

-Hola. -Hola, hombre. Siéntate aquí.

(Música)

Luego hablamos.

-Tengo una idea que creo que podía ser muy interesante.

Como tú estás con eso del banco y tal,

a lo mejor nos podrías conseguir un crédito porque, ¿sabes?

-¿Bailas, Chemari? -No me apetece.

-Es que me aburro. -No importa.

Que vaya él.

-¿Baila usted, Emiliano? -Lo siento, no sé bailar.

-Yo le enseñaré.

(Música)

¿Me permite coger mi cánula.

-¡Será usted cerdo! ¿No ve que estoy devolviendo?

-Mamá... ¿Qué le pasa, mamá?

-¡Cómo me están poniendo todo!

-Con lo rica que eres, hija mía y qué tonta te pones.

Nos vamos arriba. -Estamos arriba, ¿eh?

-¿Qué? ¿No le han hecho daño las truchas, no?

-Qué va.

-Bueno, será un poco de congestión. No la deje cantar en un rato, ¿eh?

Que descanse.

-¿Se quiere usted sentar con ella? -No, déjelo, está bien.

-No si no es molestia ninguna.

-Cómo te veo, mariposa.

Claro, cantas, te excitas y...

Vaya por Dios, qué desastre, hombre.

-Un besito, mamá.

-Ven aquí tú, cielo mío. Mira qué guapos están.

¡Tropa a formar!

-No deis guerra a ese señor.

-Gracias, buenas tardes.

-Buenas tardes.

En frente...

Eran dos bellas mujeres.

Eran dos diosas desnudas.

Pero ¿cómo vamos a juzgarlas nosotros, humanos plebeyos?

-Se están poniendo cachondos. -No importa, porque ella es frígida.

-Sí, pero él no.

-Lo primero que hace. Ese rito tailandés es importantísimo.

La cabeza es sagrada.

Y te dan para que te laves la cabeza.

Y tú... la cabeza ni que... Y rápidamente le suelta la cosa.

Y empieza a bañarte con la cabecita hasta aquí.

Te echas así y aquello parece como un submarino.

El periscopio. Bueno...

No, por aquí no. Por allí.

Porque es que tú sabes lo que es una mujer, una diosa,

que empieza a lavarte.

¡Ay, no me toques ahí! Bueno... espantoso.

-No se lo lleve.

-Le he dicho que nosotros estamos aquí para servirle.

-¿Ha visto, por casualidad, a una mujer desnuda?

-Estás sudando mucho. -Estos me han dado la comida.

Javier, llévame a tu casa. Yo no quiero volver al hotel.

No queremos volver a empezar. Hermanos Gallifa S.A.

Nos comeremos el mundo.

Javier, me siento realizado. Javierín.

Perdona...

-Ya van tres. Lo dije, Manolo.

Vamos a palmar como Felipón.

-¿Le ha sentado algo mal? -¿Qué coño le va a sentar mal?

A mí ya...

me la suda todo.

¿Quiere usted bajar inmediatamente al suelo?

¿Quiere bajar de ahí?

Déjame a ver qué tiene aquí.

¿Quiere usted traer las truchas o no?

¿Quiere usted ir a por las truchas, que ya me estoy cansando?

-Esto es una barbaridad...

Además, no me hago responsable de nada.

Me pasa...

-Sírvannos las truchas ya.

-Es muy peligroso. Mire, mire, mire...

-La trucha es un pez muy resistente. No hay más que ver

los saltos que pegan en el río.

-A usted le voy a pegar un tiro, ¿eh?

Primer aviso. -No seas animal.

-Oiga...

Hay una compañera muerta en el cuarto de baño.

-Que se la lleven a algún sitio, ¿no? No se puede quedar aquí.

-Claro, que se la lleven.

-Vamos, abrevien con eso. Abrevien.

Ya vamos.

(TOSE) A ver...

Ahí va el papel.

Y toallas, a ver si hay bastante. Vamos.

¡Qué barbaridad!

Papel, toallas...

Ven, ven, no tengas miedo.

Ven, caperucita. Te voy a ensañar la lámpara de Aladino.

Por aquí.

Pasa.

¡Más sustancia!

-¿Qué es esto? ¿Sus hombres se van?

-¿Sabe usted la hora que es? Y yo también.

Jefe, ¿se viene?

-Me quedo...

Voluntariamente.

-Bien, vamos a ver cómo hacemos esas truchas.

A ver.

Ramírez, las provisiones.

¿Tú qué eres, nena o nene? Nena.

(HABLA EN INGLÉS)

Oye, ¿cómo se lleva el vino blanco, de este lado o del otro?

No lo sé...

No lo sabes...

Y... ¿sabes tocar el violín?

Tampoco sabes.

Y la chacona de Bach?

Tampoco.

Ven, que te voy a enseñar el cuarto de mi papá.

Gigante. La tenía de gorda...

Pasa, pasa.

¡Vargas!

¡Ya está bien, hombre, me tienes harto!

¡Deja eso!

¡Vamos, venga!

Esto ya pasa de castaño oscuro.

-Francamente exquisito. -Dele a probar.

-Sí.

-No, pruebe usted.

Sirva.

-¡Está ocupado!

Pero qué hará la familia, parece mentira, ¿eh?

Toma.

¿En la frente?

Uy, hijo...

Ay, Dios. Siempre pasa lo mismo.

-Anda, Cristina, corre. Vete con los niños.

-No, que me aburro.

-Es científicamente imposible que alguien pueda estar intoxicado.

-Vomitan porque estaban podridas.

-Vomitan porque están borrachos. -¡Aquí no vomita ni Dios!

¿Vomito yo? -¿Qué es este escándalo, coño?

-Ya hablaremos de esta en la próxima reunión.

Probablemente os expulsemos a los dos.

Id a ver, que hay otro difunto en la cocina.

-¡Otro difunto! -Eso es un problema. Vamos.

Tienes que hacer algo.

Tienes que hacer algo, eres el presidente.

Inmediatamente tienes que hacer algo.

-¿Pero qué puedo hacer yo, hijo?

-No sé, echar un discurso.

-¿Un discurso ahora? Un discurso, sí.

-No, no, no, hombre...

-Alfonso, es tu obligación. ¡Ver para acá!

-Emiliano.

-Escúcheme. Tiene usted que cantar. -¿Cantar el qué?

-Cantar, cantar cualquier cosa. Vamos, a cantar.

-Aquí no pagan ni un minuto extra.

-Estoy fatal.

-Pero hombre, ¿por qué? ¿Qué pasa?

-Montescos y capuletas.

-A ver si es posible, porque vaya fiesta, hijo...

-La gansa esta se ha ido...

-Oye, la tienes muerta, ¿eh?

(Piano)

Bueno, me han dicho que cante, entonces voy a cantaros

un bolero muy bello que se llama

"Encadenados".

Tal vez sería mejor

que no volviera.

Quizás sería mejor

que me olvidara.

Volver a comenzar a atormentarnos.

A querernos para odiarnos, sin principio ni final.

Nos hemos hecho tanto...

tanto daño.

Que amar entre los dos es un martirio.

Además, estoy jodidísimo de los nervios.

Sabes que la situación...

En el alma está la muerte.

Mi suerte

necesita de tu suerte,

y tú me necesitas mucho más.

¿Te apetece bailar? -Sí.

(Arcadas)

¿Pero qué pasa ahí?

A ver, a ver. ¿Qué pasa?

-Nada. Una lipotimia, una lipotimia.

-O sea, que estaban podridas. -Sí y aún hay cuatro lipotimias más.

Veremos...

-¿Como las de la muerta o...? -No, hombre.

Son mucho más leves. Son del neurovegetativo.

-¡Ah, del neurovegetativo! -Sí.

-Que si estamos muy intoxicados...

-Pachucho...

-Oye, ¿no crees que tendríamos que llamar a una ambulancia?

-A una ambulancia por una lipotimia...

No, no. Lo mejor es que no se mueva.

-Jo, es acojonante lo bien que estoy contigo.

-Es preciosa.

La que me corresponde, claro.

-Las truchas me parece que están creando algún problemilla.

-¿Qué quieres decir?

-¡Pero, hombre! ¿Qué le ha pasado?

-Está malito, está malito...

-Pero si yo me he comido media docena de truchas.

Mire usted cómo estoy. -No es por las truchas,

es la salsa la que está mala. ¡La salsa!

(Música)

Y el paso del dolor ha de brindarnos,

de rodillas en la vida, frente a frente y nada más.

Pero hombre, ¿cómo eres así?

¿Por qué no me dejas que te ayude, si yo te ayudo?

Toma un poco, ¿quieres? -Gracias.

-¿Mejor?

Espera.

¿Ves qué bien?

Oye, dime una cosa.

¿Qué te pasa en las manos, que nunca las sacas?

¿Por qué?

Nunca las muestras.

Cariño, como el nuestro es un castigo

que me lleva en el alma hasta la muerte.

Mi suerte necesita de tu suerte y tú...

Tú me necesitas mucho más.

Aquí hay que votar si nos vamos o nos quedamos, ¿eh?

¿O eso no es una agrupación democrática?

-Yo voto que nos larguemos de aquí.

-Está en juego el honor de la asociación.

Olvidemos los antiguos rencores.

-Yo voto a irme. -Yo también.

-Y yo.

De rodillas en la vida

frente a frente.

Las truchas las garantizo yo.

¡El honor no se vota!

Se posee o se pierde.

-Oye, yo voto a que nos marchemos, ¿eh?

-¡Quietos! ¡Quietos todos!

Aquí hay que estar a las duras y a las maduras.

Aquí está en juego el honor de un compañero.

El honor de un compañero y en honor de todo.

En honor de la agrupación. ¿Comprendes?

O sea, que aquí hemos venido a comer truchas,

no a vomitar.

Todo el mundo a la mesa a comer truchas.

Ya sabe que yo soy un camarada.

De rodillas en la vida frente a frente.

Y nada más.

Emiliano, ¿pero qué te ha pasado?

-Quita, quita, quita.

-Está mareado.

-Quita, quita...

-Emiliano. ¿Qué te pasa?

¿Le ocurre algo, Emiliano?

-Hija mía, dame un poquito de aire. -No tiene buena cara.

-¡Si aquí hay otra víctima! -¿Dónde?

-¡Deportividad!

-Un vaso de agua... -Viene Emiliano.

-¡Espírito deportivo!

-¡Deportividad!

-En el piano. -Allí.

-¡Deportividad! ¡Deportividad!

-Que se ha mareado. No sabemos por qué.

Estaba cantando y de repente...

-¿Está mejor? -Sí, estoy mejor. Gracias.

Es que... Toda mi vida yo quise haber tocado aquí y...

-¡Hay que quedarse hasta el final!

(TARAREA)

-Tú calla, que ya está bien, ¿eh?

-Va... -Un momento...

-Qué rollo el tío. Vámonos, va...

(CONVERSACIONES SUPERPUESTAS)

Mire usted a mi marido. Yo estoy como una rosa.

-Yo acato la mayoría. Si hay que quedarse se queda.

-¿Ella está bien? -Muy bien...

Mucho mejor que...

-Mi marido...

-Vamos a esperar a ver si se comen todos estos bestias las truchas.

-Se las comerán.

-Señora, su consomé.

-Qué atento. Muchas gracias.

-Y espero que la veamos muchas veces por aquí.

-Sí, gracias.

-Un caldito... ¿Usted no podría dar un poquito?

-Sí, cómo no. -Mira qué diferencia de tu madre.

Le pides algo y te da. -¿Este es como el que hace la abuela?

-¡Qué va a ser como el que hace la abuela!

-¡Qué buena pinta tiene!

Se puede cortar con tenedor y cuchillo. Deme un poquito.

-Yo no quiero caldito.

Tiene huevo.

-Tiene mucho avecrem también.

-Está bueno. -¿Puedo probar?

-Está riquísimo.

Muy bueno está.

-Está quemando.

-Muchas gracias, es usted muy amable.

-Javier, prueba...

Javier, prueba el caldo, ya verás.

Esto a mí me encanta.

-El próximo año podíamos organizarlo nosotros, ¿no?

-Tú eres un optimista. ¿Tú crees que habrá próximo año?

-¡Qué cachondo, vamos!

-¡Vamos! ¡Vamos!

La próxima vez lo tuyo es para matarte en serio.

-Es todo aprensión.

Una cosa psicológica.

-¿Es que vamos a morirnos?

-Sancionaremos a los alarmistas.

-Señor presidente, ¿qué es lo que pasa?

Por favor, díganoslo.

-Tenemos que marcharnos. Yo he votado el marcharnos.

-Yo estoy como una rosa. -Yo acato la mayoría,

pero he votado marcharnos, ¿eh?

-¡Aquí no pasa absolutamente nada!

-¡Viva el rey!

-No, no. Esa frase no me gusta.

No, eso se decía en la radio.

En las fiestas íntimas se decía, por ejemplo:

"¡Viva la muerte!". (TODOS) ¡Viva!

Venga, mañas...

Todos para arriba.

-¿Yo también?

-Hombre, claro, tú el primero.

-Se lo merece, ¿a que sí?

-El que más de todos se lo merece.

-¿Está hecho ya?

-Tendré que irme a cambiar.

Un chorretín, un chorretín.

Sin miedo.

Sin miedo.

Un poco por aquí.

Vale.

-Ahí.

No se preocupe, no es nada.

Doctor, yo creo que ha venido intoxicado de casa.

-¡Ay, señor!

-Eso, eso, quedémonos aquí, que se está muy a gustito.

-Pero ¿salen ya esas truchas de una puñetera vez?

-¿Y los niños?

-No, los niños no tienen que comer truchas,

según los estatutos, son solo aspirantes.

-Muy bueno, muy bien.

-¡A ver qué haces!

No me hagas esfuerzos, que tienes muy mala cara, hijo mío.

-No, estoy mucho mejor.

-Estás mejor, pero no, no...

Estás mejor, pero no.

Mira.

-¿Dónde está Luis?

-Déjame. -Sí, sí, pasa.

¿Por qué no se toma una tila?

¿No hay tila? ¿Qué pasa?

-Este señor, que tiene espasmos. -¿Tiene espasmos?

-Quita, quita, quita.

Vosotros iros al carrito y echadlo encima mío.

-Compañeros, ya sé que esto no le importa a nadie,

pero para mí, esta comida ha sido un fracaso profesional.

Adelante.

-Por encima de nuestro sano afán de triunfo,

por encima de nuestros intereses personales,

hemos sido capaces de poner bien alto el nombre de nuestra agrupación,

defendiendo el honor de un compañero.

En estos tiempos en que todo está en crisis,

la existencia de gente como nosotros es la mejor salvaguardia

del espíritu deportivo.

Acabo ya recordándoos una estrofa de nuestro himno.

Nosotros, los pescadores, gente sana y sin bajeza,

repartimos los honores, con justicia y con limpieza.

(Aplausos)

Emiliano, el himno.

(Piano)

Las copas.

-Señor cocinero, le suplico que se siente aquí, a mi lado.

(Aplausos)

Enhorabuena, campeón.

-Gracias.

-Señora.

-A la pieza de mayor tamaño.

-Al mayor cruce.

(CANTAN) -"Vi pasar más al viento, abriendo el espíritu en flor.

Seremos señores y dueños de un buen corazón.

Nosotros los pescadores, caballeros del deporte,

solo tenemos un lema, nuestro día y nuestro nombre.

Si la honra de uno perece, que nos una el vencedor,

gritaremos con fuerza y coraje: 'Ha ganado porque era el mejor'.

Nosotros los pescadores, caballeros del deporte,

nos unimos con firmeza, repartiendo los honores.

Si la honra de uno perece, que nos una el vencedor,

gritaremos con fuerza y coraje: 'Ha ganado porque era el mejor'".

Están todos locos.

Son unos héroes.

(CANTAN) "Si la honra de uno perece, que nos una el vencedor.

Gritaremos con fuerza y coraje: 'Ha ganado porque era el mejor'".

Pero ¿adónde van ustedes? A...

Nos vamos a...

Nos vamos.

Pero ¿y qué va a ser de todo esto?

Todo eso tuyo, Sebastián. Y esto también. Toma.

Y además tres besos.

¿Qué raro, no? -Rarísimo.

-¿Esto tiene que estar así?

Júramelo, pórtate bien. Cuida todo esto.

Todo esto es tuyo. Y esto.

Y... todo, ¿eh?

Adiós, Sebastián. Pórtate bien.

(CANTAN) "Volver con la frente marchita,

las nieves del tiempo platearon mi sien.

Sentir que tu soplo a la vida,

que veinte años no es nada que febril la mirada

errante en las sombras te busca y te nombra.

Vivir

con el alma aferrada a un dulce recuerdo

que llora mi ser.

Yo adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos

van marcando mi retorno.

Son las mismas que alumbraron

con sus pálidos reflejos hondas horas de dolor.

y aunque no quise el regreso,

siempre se vuelve al primer amor.

La calle donde me cobijo

tuya es su vida tuyo es mi querer.

Bajo el burlón mirar de las estrellas...".

(Violín)

(Música créditos)

Historia de nuestro cine - Las truchas

20 feb 2021

Los miembros de un selecto club de pesca se reúnen para celebrar su banquete anual conmemorativo. Se producen numerosos incidentes que impiden el desarrollo normal del mismo, desde una batalla campal contra un grupo de gorrones hasta una huelga declarada por los empleados de la cocina.

Contenido disponible hasta el 21 de marzo de 2021.

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