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Historia de nuestro cine - Los ojos dejan huellas - ver ahora
Transcripción completa

¡La cena del señor Jordán! Niño, ¿quieres callarte?

¿Dime?

No era a ti, mujer,

es a uno de aquí que casi me ha dejado sordo.

No te entiendo casi nada.

¿Qué? ¿Buena venta?

Nada. Claro.

Si hiciera lo que le digo. ¿El qué?

No venda más perfumes.

Ya.

Te juro que estás equivocada.

No es la radio, es un disco que han puesto aquí.

¿Quiere para eso, por favor?

¿No me oye?

Oye, chaval, para la música. ¿Dime?

Qué voy a estar en mi casa. Estoy en un bar de no sé dónde.

¿Qué decía antes, Damián? Que no venda perfume.

Hoy ya la gente no se perfuma. ¿Qué quiere entonces que venda?

Chorizos, verá qué venta. Uf... De miedo.

Es una idea.

(Para la música)

¡Pon el disco, Pepe!

Mi mujer se marchó esta tarde a la finca de Galapagar.

Así es que soy un hombre libre, feliz y dicharachero.

¿Por qué no hacemos las paces?

¡Las paces!

Voy a buscarte, ¿eh? ¿Eh?

Espera, un idiota se empeña en meterme a Beethoven por las narices.

¿Quién es el cursi a quién le gusta eso?

Puedo estar ahí antes de media hora.

Ponte guapa, ¿eh?

¡Que te pongas guapa!

Sí, sí, estoy un poco bebido, pero nos divertiremos.

¿Y para qué quieres que te vuelva a llamar?

Bueno, está bien, volveré a llamarte dentro de 10 minutos.

(Música)

Oye, tú, ponme otro coñac.

¿Quién es el pelmazo del disco? El señor que está en aquella mesa.

(Continúa la música)

Ponga usted ese disco o le parto la cara.

Facultad de Derecho, sentado en el primer pupitre de la izquierda.

El alumno más empollón del curso.

La notabilidad, el premio extraordinario, Martín Jordán.

Qué casualidad es esta, ¿qué es de tu vida?

¿No te acuerdas de mí? Sí, hombre, si era muy popular.

Soy Roberto Ayala. ¿Quiere largarse?

¡Pero, Martín! Pepe,

llévate a este borracho de aquí.

Tienes razón, estoy borracho,

¿pero es posible que eso me cambie tanto la cara?

Mírame bien.

No hace tanto que nos vimos la última vez.

Hace ya 10 años, ¿no?

¡Vaya! O sea que me conoces. Claro que te conozco.

Oye, Jordán, ¿es que no te alegra verme?

¿Por qué había de alegrarme?

Hombre, en la facultad te tuve 4 años a mi derecha,

en mi mismo pupitre. ¡Ah! Era tuyo el banco.

¿Y por qué era yo quien estaba sentado a tu derecha

y no tú a mi izquierda?

¿Por qué los de tu ralea

habláis siempre regalando y haciendo favores?

Para, para, querido.

Si las cosas no te han ido bien y yo he tenido más suerte...

Fortuna.

¿Y crees que es justo que solo por fortuna...?

Basta, lárguese ya. No, amiguito.

Aquí me quedo hasta que nos demos la mano.

Jordán, eres un estúpido si te vas.

Puede que te haya dicho alguna inconveniencia,

pero comprende que estoy un poco bebido.

¿Quieres quitarte eso y sentarte? Apártese.

¡Deja eso!

¿Qué va usted a hacer, Jordán?

Ánimo, hombre, no ha sido nada.

¿Dónde se ha ido mi amigo? ¿Su amigo?

Sí. ¿Es amigo suyo?

¿Dónde está? ¡Déjeme!

A ver si le da otro su amigo.

¡Martín! ¡Martín!

¡Espera, por favor! ¡He sido un idiota, pero es que...!

(Música)

(Quejidos)

Ay, madre...

Cómo me duele la nuca.

¿Qué me ocurrió?

Te caíste.

Te agradezco que me hayas traído a casa.

Lo hice por mí.

Si después de la bronca te hubiese ocurrido algo,

me lo habría cargado yo. Ya...

¡Atiza! Y yo que tenía que llamar a Celia.

Bueno...

¿Quieres tomar una copa?

Ayúdame a ir a mi cuarto, es arriba.

Apóyate.

Te parecerá absurdo, ¿verdad? ¿El qué?

Que te apoyes en mí para subir.

Mañana tendré la ceja como una pelota.

¿Y qué haces? ¿Ejerces la carrera? No, me expulsaron.

¡Zumba! ¿Te expulsaron?

¿Qué puerta es? ¿Y qué hiciste?

Si me das la lata, te dejo caer, ¿cuál es la puerta?

La tercera del pasillo.

La luz a tu izquierda.

Celia debe estar hecha un tigre. ¡Robi!

¿Qué te pasó? ¡Atiza! ¿Cómo estás en casa?

¿De dónde sales? ¿Tienes sangre? ¿Te han atropellado?

No es nada, no te preocupes. Me caí y me partí una ceja.

Parece más por la sangre. ¿Tú qué haces aquí?

Mira, un amigo estupendo, compañero de facultad.

Es mi mujer, Martín. ¿Quieres quitarme los zapatos?

Gracias a él, estoy aquí.

Soy un tonto, no puedo salir solo.

¿Ves por qué no quería que te fueses?

Te pondré una compresa fría. Hay que limpiar eso, está muy sucio.

¿Cómo fue caerte?

Ya te he dicho que soy un tonto de caerme.

Bueno, adiós.

(SUSURRA) Espera, por favor.

Recibí una invitación de tu embajada y fui por no hacer un desaire.

Pero le encontré y fuimos a recordar los buenos tiempos.

Empezamos a beber y a recordar, a beber y a recordar...

Lo habéis hecho al revés, Robi. Se bebe para olvidar.

Échate.

¿Tu amigo también ha bebido? Claro, tanto o más que yo,

pero aguanta como un cosaco, ¿verdad, Martín?

¿Y tú cómo no estás en Galapar? Tuvimos una avería

y regresé en el autobús. Bien, tengo que irme.

Buenas noches.

Adiós, Martín, saluda a tu mujer y que me disculpe.

Tiene unos hijos preciosos, me gustaría que los hubieses visto.

(RÍE)

Perdóneme.

Me estoy portando muy mal.

No sé qué pensará de mí.

No le he dado las gracias y ahora le dejaba marchar solo.

No se preocupe.

Estoy segura que él le ha arrastrado a beber, ¿verdad?

Es como un chiquillo.

¿Como un chiquillo?

No tengo dentro ni una gota de alcohol.

Todo lo que acaba de decirle su marido es mentira.

Lo sé.

Le encontré en un bar hace media hora

borracho perdido.

¡Ah! Y puede preguntarle por una tal Celia

porque quizá tenga primas que usted no conozca.

(RÍE)

También mintió cuando dijo que eran amigos, ¿verdad?

Pues sí.

También.

Fuimos, en efecto, compañeros de facultad,

pero él pertenece a una especie de gentes

que nunca he comprendido para qué sirve.

Esta es otra travesura de ese chiquillo.

Vendo perfumes y me los ha roto de una patada.

Lo siento.

¿Quiere que se los pague?

Es indignante que siempre la fortuna caiga del lado de los inútiles.

Comunista, ¿eh?

¿Sabe usted lo que es eso?

Yo creía que mis ojos expresaban mucho más claramente.

Creo que debo dejarle mi tarjeta

para que sepa usted realmente qué es lo que soy.

Buenas noches.

(Música)

Hola, Martín, creí que no daría con este lugar, apenas me acordaba.

¿Es posible? Usted perdone.

Pero si me dan un leñazo así

recuerdo este sitio más que el de Zaragoza.

¡Ah! ¿Usted estuvo?

Anoche tenía la cabeza como un verdadero bombo.

Bueno, ¿estorbo? ¿Qué quieres?

Esta mañana me he levantado con una cabeza horrible

y acordándome de ti. Tienes que ir a verle.

Tienes que darle las gracias o eres un cerdo.

Te agradezco mucho lo que hiciste

y te pido que cenes esta noche con Berta y conmigo.

Escucha,

¿por qué te empeñas en seguir esto?

Ya se acabó el asunto.

Pienso que te llevarás una impresión fatal de mí si no...

Si no me llenas el estómago. No es eso.

Podemos ir luego a Passapoga y lo pasaremos bien los tres.

Mejor dicho, los cuatro. Esta señorita puede venir también.

¿Es tu mujer? ¿Tu novia? Oye...

¿Por qué quieres cargarme siempre con alguien?

Yo esta noche no puedo.

Ni tú si vas a acompañarme. Déjenlo para otra noche.

Hoy cenamos y bailamos los cuatro, ¿acordado?

¿Recuerdas mis señas? ¡Te he dicho que no!

¡Y lárgate!

¿Qué pretendes?

¿Pelear conmigo otra vez?

Está bien.

Berta se va a llevar un disgusto.

Sí, sí, no te imaginas lo que ha insistido.

"No vengas sin que te haya dicho que sí".

Qué bien le has caído.

Dice que tienes un no sé qué interesante.

Me estoy alarmando un poco.

Además, me sacarías de un atolladero.

Berta me hizo anoche una escena.

Dice que tú y yo olíamos espantosamente a perfume barato.

Y es verdad.

Mi esmoquin olía esta mañana que tiraba de espaldas.

No lo entiendo, yo anoche no me acerqué a ninguna mujer.

Me gustaría que le dijeses que pasamos la noche juntos y solitos.

¿De veras que no te dijo por qué olías a perfume?

Dice que estuvimos juntos, pero con faldas.

Que si no, que le explique ese olor. Y no tengo explicación.

Iba a darte mis señas.

Su esposa, ¿no? ¿Eh? ¡Ah, sí! Mi esposa.

Guapa, ¿no?

Trascendente. ¿Trascendente?

Ya me dirá si tengo que ofenderme.

Bueno, ¿vienes o...?

(Sevillanas)

(Aplausos)

Y ahora, después de estas alegres sevillanas

vuelve la música de baile con el ritmo de nuestra orquesta.

(Música)

¿Quieres bailar? Claro que sí.

Ah, tengo que llamar por teléfono, se me había ido.

¿Me dispensas? Es un amigo del supremo, vuelvo enseguida.

¿Por qué no bailáis vosotros?

¡Hala, Martín! Hay que ser joven, el mambo quita años.

(Música)

¿Recuerda lo que le dije anoche?

Que era indignante la suerte de algunos.

Me refería a su marido.

¿Va a pedirme excusas? Al contrario, lo confirmo

porque ahora la conozco mejor.

Anoche me impresionó su belleza,

ahora admiro su inteligencia también.

Vale usted mucho.

Qué pena. ¿Qué pena?

No haberla conocido antes que él.

¿Habla sinceramente o está intentando una conquista?

Las dos cosas.

Debo avisar a mi marido, ¿no cree?

¿Para qué?

No finja que le preocupa su marido.

Juega con él como con un niño.

Usted saber perfectamente que la traiciona.

Que es un frívolo estúpido,

incapaz de apreciar su valor.

Es usted un insolente. Puede ser.

¿Y usted por qué hizo anoche la farsa del perfume?

¿Piensa que debo decírselo?

Mi marido va a volver y no quiero que advierta esta violencia.

¿Le parece que bailemos?

No.

Pero si me he pasado toda la mañana llamándote.

Ya te explicaré lo que pasó.

Quiero que tomes un taxi y vengas enseguida.

No, no, podremos vernos en el bar.

Un imbécil que está con nosotros le da carrete a mi mujer.

Me has tomado por un cacharro, ¿verdad?

Anoche te esperé 3 horas sentada aquí como una idiota.

Estás fresco, yo no me muevo.

Además, tengo jaqueca y me voy a acostar.

Tengo una bolsa de hielo en la cabeza.

¿Qué haces?

-Desintegrar a ese, ya está bien de disco.

¡Celia! ¡Celia! ¡Óyeme!

No comprendo por qué aceptó venir si tanto desprecio le inspiramos.

¿Por qué insistió tanto en que viniese?

¿Que yo insistí?

(RÍE)

¿Ya no me encuentra ese no sé qué interesante de anoche?

Es el hombre más petulante y grosero que he conocido.

He sabido que nos acompañaría cuando fui con mi marido a su casa.

Robi no me consultó.

Se cree un cerebro, ¿no?

Pues demuéstreselo a quien le interese.

Para mí solo es el más despreciable de los imbéciles.

¿Ya os habéis cansado? ¿Quién de los dos? ¿Tú?

Pues lo siento porque ahora te toca conmigo.

No, Robi. ¿Cómo?

Estoy cansada. Ya te dije que me encontraba mal.

Cierto, ¿quieres volver a casa? Sí.

Pues nada, Martín es de confianza y no se ofende.

Oye, saca estos globos al coche.

Nos les llevamos, ¿verdad? Hay uno para cada uno.

No tardes que te espero. Descuida, llevarle y volver.

Si acaso tomaremos una copa, pero una sola, ¿eh, Martín?

Gracias.

Vamos, Martín, ¿subes?

¿Por qué dijiste que ella había insistido en que viniese?

¿Quién? ¡Ah, sí! Insistió mucho.

¿Quién ha mentido entonces?

Ella dice que no la consultaste.

Bueno, sí, te mentí yo.

La verdad es que le has caído atrozmente mal.

Me dijo anoche que tenías un no sé qué desagradable.

¿No se lo notaste? Le di con el pie bajo la mesa varias veces.

¿Por qué mentiste?

Me hacía falta que vinieses esta noche.

¿Y por qué estabas tan seguro

que hablándome de tu mujer yo aceptaría?

Porque te gusta. No es nada raro, ¿eh?

¿Todavía no has descubierto que me estás sirviendo de tapadera?

Necesitaba hablar con una mujer y te llevé.

Ahora necesito ir a verla y el pretexto es llevarte a casa.

¿Por qué creías que te iba a convidar, imbécil?

¿Por agradecimiento de qué?

¿Por seguir contemplando ese gesto de sabio ofendido?

¡Quieto! ¡Cuidado, que hoy vengo armado!

Cuando un amigo te tienda la mano, guárdate la bilis.

No te llames víctima, cada uno tiene en la vida lo que se merece.

(Música)

(Teléfono)

¿Quién es?

¿Qué quieres?

Acabo de llegar.

Sí, me acuerdo, pero no pienso ir. ¿Por qué? ¿Qué te pasa?

¿Te ha picado algún bicho?

En cuanto acabe una vocalista me toca a mí y quiero que estés aquí.

¿Qué trabajo te cuesta? Estás a un paso.

No doy ni un paso más.

Vengo de atravesar Madrid de punta a punta.

Además, tengo que hacer. ¿Esta noche? No mientas.

Di que no te da la gana.

-Señorita, le toca. -Ahora voy.

Ya me avisan, vente, te lo suplico.

¿Es que hay alguien contigo?

¡Piensa lo que quieras y déjame en paz!

(Música dramática)

(Coche)

(SUSURRA) ¡Martín! ¡Martín! ¡Soy yo, Robi! ¡Roberto!

¿Estás durmiendo?

Ábreme, por favor.

Hola, soy yo, puedo entrar, ¿no?

¿Qué quieres? Tengo que hablarte.

Ahora te lo explico.

Así es mejor.

Me acaba de ocurrir algo tremendo.

He matado a un hombre.

Y no sé ni quién es.

Por lo visto, estaba con Celia en el piso.

Apareció de pronto y nos liamos.

¿Tienes algo de coñac?

¿Y por qué has venido aquí? Quiero que me ayudes.

Tengo que decir que estuve contigo. Quieres que siga de tapadera.

Perdona si te ofendí en el coche.

¿No le darás importancia a aquello? ¿Por qué no?

Porque ahora te conviene a ti.

Sinvergüenza. ¡Vete de aquí! ¡Martín!

Si has matado, págalo.

¿No me dijiste que cada uno tiene lo que se merece?

Pues esto es lo tuyo, garrote.

No me harán nada si me ayudas. No me vio nadie entrar ni salir.

Me fui por un patio de la calle de Tudescos.

¿Y la mujer, estúpido? No dirá nada, la conozco muy bien.

La conoces muy bien y te la estaba dando con otro.

Bobo.

Hablará en cuanto vea que es un lío gordo.

Aunque lo haga, si aseguras que estuve contigo,

si lo asegurase la gente del bar donde comes...

Por dinero lo harán.

Ah, es gentuza, ¿verdad?

¿Y la Policía?

¿La comprarás también con tu dinero?

¿Crees que se tragará esa historia?

Podemos hacer la prueba, por aquí suele haber una pareja de guardias.

¿Qué vas a hacer? ¿Serás capaz? ¡Por piedad!

Con que eres un asesino, ¿eh?

Pues no sabes cuánto me alegra la noticia.

¡Aparta! ¡No soy un asesino! ¿Estás loco?

Todavía no sé si ese hombre ha muerto.

¿Que no lo sabes?

¿Pero no viste el cadáver?

No, le vi caer por el hueco del ascensor, pero no pude ver más.

Empezaron a abrirse puertas y escapé.

Entonces, todo cambia.

¿Qué vas a hacer? Voy a ayudarte.

No te muevas hasta que vuelva.

Como si no hubiera nadie.

¿A dónde vas? Voy a ver qué ha pasado.

¿Qué señas son?

Gran Vía, 52. Gracias, Martín.

Llévate mi coche.

Retírate, pueden verte al abrir.

Si no esperabas que sucediese esto,

¿por qué ibas armado? Pero si no iba armado.

Ah, ya...

Te mentí en el coche.

¡Martín!

¿De dónde lo has sacado? Es de un amigo.

¿Qué hay? ¿Has tenido suerte?

¿No decías que estabas solo? Y estoy solo, mujer.

Me dejó el coche mi amigo para buscar aquí una cosa y...

Ahora tengo que llevársela.

Venías de dar un millón de pasos. Perdona, sí.

Fue una disculpa.

Ya sabes que a mí esas músicas... me entretienen poco.

Bueno, hasta mañana, Lola.

¡Voy a entrar en tu cuarto y te espero!

¡No!

No tienes por qué hacerlo, ¿me has oído?

Te he dicho hasta mañana.

¿Esa mujer es tan guapa al natural como en la foto?

¿Qué estás pensando? ¿Por qué no me dejas entrar?

Hoy no me da la gana. ¿Es mi casa o la tuya?

¡Dame la llave!

¡Venga!

¡Guárdatela!

¡Pero te juro que no entraré ni hoy ni nunca!

Sé muy bien que está usted dentro.

Por mi parte puede quedarse a pasar toda la noche con él.

¿Qué ha ocurrido?

Que esto no tiene arreglo. Que lo que anda mal, acaba mal.

Hace una hora le abrí la puerta y estaba fenómeno.

Pues fíjese cómo sale.

Pero, ¿qué ha pasado? Que se liaron dos por faldas.

Vamos, hay cosas que yo no las entiendo.

Porque ella, además, está delgadísima.

Ya. Y se han matado. No.

El otro se escapó después de tirarle por el hueco de la escalera.

Y todo por una mujer.

Por una mujer delgada, además. ¿Usted lo entiende?

Y ese irá muerto, ¿no?

No, qué va. Parece que solo se ha roto una pierna.

Cayó encima del ascensor que estaba parado en el 6 piso.

¡Va! Con permiso.

(Música)

No tengo la menor duda, lo has matado.

He visto cómo se llevaban el cadáver y hasta hablé con uno del juzgado.

La fulana habló ya y la Policía te anda buscando.

Me imagino que la tendrás en tu casa dentro de media hora.

Berta les dirá que viniste conmigo y vendrán aquí como balas.

Antes de una hora te habrán encarcelado por asesinato.

(Música)

Tú no me dejarás, ¿verdad, Martín? Tienes que ayudarme.

Tienes que salir de esta casa.

Pero dijiste que me ayudarías. ¿Crees que estoy loco?

¿Por qué me hablas así?

Piensa en la pobre Berta.

¿Que piense en Berta?

¿Vuelves a utilizarla como cebo?

La quiero más que a mi vida, te lo juro.

Y no se merece esto, te lo pido por ella.

Un despreciable imbécil, como ella me dijo,

no puede sacarle del apuro a su guapo marido.

¿No te das cuenta?

Si tú no me ayudas, me pego un tiro.

No tengo otra salida ni valor para aguantar esto. ¡Me pego un tiro!

Pégatelo, pero lejos de aquí.

Palabras.

Eres demasiado cobarde

y tu vida demasiado bonita para abandonarla.

En cambio, yo... Mira.

(SUBE VOLUMEN DE LA MÚSICA)

(Disparo)

¡Martín!

¡Martín! ¡Martín! ¿Qué has hecho?

Matarme, ¿no lo ves? ¿Eh?

Ahora es cuando no pegaba esa música ni con cola.

(APAGA LA MÚSICA)

Es una detonadora.

Inofensiva, pero espanta a los gatos.

¿Cómo bromeas con mi situación?

No puedo creer que no haya salida para mí.

No soy capaz de pensar, pero tú sí. Eres inteligente, lo fuiste siempre.

Lo sé.

Pero tiene que ser un genio quien a ti te salve del garrote.

Y yo no lo soy.

Pregúntaselo a tu mujer. Demuéstraselo ahora.

Está bien.

Suicídate.

Deberás escribir primero una carta

diciendo al comisario que te quitas la vida.

Luego vas a un sitio público y te disparas un tiro.

Pero, ¿estás loco?

Con esa pistola.

Es mi única solución y vale 200 000 pesetas.

Tendrás que firmarme un cheque por ese valor.

¿Hablas en serio?

Con fecha de ayer, naturalmente.

¿Y la herida? Se notará el engaño.

Yo llegaré a ti antes que nadie

y te llevaré en el coche al depósito de cadáveres.

No te preocupe eso, conozco mucho al conserje de noche.

Es aquel viejo que come en el bar junto a mí, ¿lo recuerdas?

Sí.

Con un golpe de teléfono hará lo que yo le diga.

Y por dinero, como es lógico.

Ese viste a otro cadáver con tu ropa

y le pone tu documentación en un minuto.

Pero la Policía no se fiará solo de eso.

¡Eh, oye! ¿Te das cuenta de que pasa el tiempo?

Llamarán a tu mujer para que te identifique y dirá que sí,

que eres el muerto.

Yo me encargo de avisarla.

Ya no puedo razonar. Me hierve la cabeza.

Yo estoy muy sereno.

¿Y después de todo eso que dices? Queda lo fácil, pasarte la frontera.

Llama a ese hombre.

Primero escribe la carta.

¿Tienes pluma? Sí.

Ve poniendo:

"Señor comisario jefe de Policía".

¿Y tú dónde estarás? Muy cerca de ti.

Nadie te tocará antes que yo.

Escribe: "Señor comisario,

yo, Roberto Ayala, declaro..."

¡Vamos, escribe! ¿No te das cuenta? El tiempo vuela.

¿Y a Berta cuándo se lo dirás?

Esta misma noche, descuida.

"Yo, Roberto Ayala, declaro..."

(Música)

"Que me quito la vida...

por no resistir más tiempo la presión de mi conciencia".

De mi conciencia. ¿Qué más? "He cometido

involuntariamente un homicidio esta noche.

Y, aunque sé que no soy un criminal,

porque puede probarse que fue en defensa propia..."

(Música tensión)

Ahí está el Café Gijón.

Aún está abierto.

Tendrá público, pero poco. Suelen ser artistas

y gente de pluma acostumbrados a exagerar.

Allí podría ser, pero... Pero, ¿qué?

Que estoy pensando...

que quién me manda a mí meterme en este lío.

¿Y si luego...? Por favor, no me dejes.

¿Quieres otro cheque?

No se trata de eso.

Está bien.

Toma.

Gracias.

Oiga. Diga, señor.

Un coñac. ¿De cuál le sirvo?

Del que usted quiera.

¿El teléfono? Por aquella puerta.

¿Me da una ficha?

Pídasela a la encargada, aún no ha debido irse.

-¿Quiere algo el señor? Sí, deme una ficha.

Aquí la tiene. Está bien.

Muchas gracias.

(Teléfono)

¿Dígame?

Mi marido no está.

Sí, aquí vive don Roberto Ayala, pero no está ahora.

Pero, ¿qué dices, Berta? Soy Robi.

¿Por qué te callas? ¿Es que hay alguien ahí?

¿Está la Policía? Exactamente.

Sí, señor, ¿quiere dejarle algún recado?

Escucha, te hablo desde el Café Gijón, sigue disimulando.

Mira, he cometido esta noche la mayor tontería de mi vida,

pero no te asustes, cariño mío.

Martín irá a verte mañana y te lo explicará todo.

Ahora me urge decirte cuánto y cómo te quiero

y pedirte una vez más que me perdones.

Te quiero, Berta.

Te quiero por encima de mis vanidades y estupideces.

Tú lo sabes.

¿Verdad que lo sabes, vida mía? Te quiero, amor mío.

Te quiero igual que siempre y por encima de todo.

Pero, ¿qué vas a hacer?

¿Qué tiene que explicarme ese...? ¡Démelo!

¿Señor Ayala?

Venga cuanto antes a su casa, es lo mejor...

Va a complicar tontamente las cosas.

¿Desde dónde ha llamado? ¿Lo sabe?

Si lo sabe, dígalo, señora. Créame que es lo mejor.

Él debe creer que lo ha matado.

Desde el Café Gijón. A ver si lo alcanzo.

Si vuelve a llamar, convénzale de que venga aquí. Buenas noches.

-Hasta mañana. -Adiós.

-Buenas noches. -Buenas noches, María.

Pero si tienes que estar ahí, hace un momento he hablado con él.

Un momento, voy a ver si no se ha ido.

(Música tensión)

¡Don Roberto Ayal...!

(Disparo)

(Murmullos)

¡Qué atrocidad! Avise a la Policía. -No, no.

Hay que avisar al Juzgado de Guardia. Soy médico, este hombre se ha matado.

(Música tensión)

(Música alegre)

-Hola, guapa, ¿está el comisario? -El señor Díaz quiere hablarle.

Sí, está aquí.

-Dile que... -Que se ponga.

-Señor Ozalla,

le traigo las cosas del suicida de anoche.

Sí, la pistola también.

Y una carta relacionada con esto.

Sí, del muerto.

Hay que hacer una diligencia en casa de la viuda.

Vaya viuda.

Por si no quiere molestarse, así me iba yo soltando.

Digo soltando en estos trámites.

-Y por eso tengo que hacerlo yo. Déjeme todo en mi mesa.

Nada, gracias.

¿Qué hay, Lola?

¿Hace mucho que has venido?

¿A qué viene esto?

Vamos, no seas tonta.

Lo de anoche fue una cabezonada.

Te espero esta noche.

¿Ella tiene otro compromiso o piensa guardar el luto?

-Teléfono, señor Jordán.

¿En qué mesa le pongo? En esta misma.

¿Voz de mujer o de hombre? -De mujer.

¿Quién?

A la hora que usted prefiera.

Si es posible, en mi casa.

Dese cuenta que tengo interés en verle.

Iré ahora mismo.

Sí, espéreme.

Adiós.

Tengo que irme a ver un cliente, te veré esta noche.

¿Un cliente o una cliente?

-¡Jordán! ¿Qué quiere?

¿No cena? No.

¿Trajo eso? ¿El qué?

El certificado para su cartilla. Ah, sí.

Métalo ahí, si quiere.

Gracias, hasta luego. Adiós, hombre.

Gracias por haber venido.

Lamento lo ocurrido.

Parece imposible.

También a mí me cuesta creerlo.

¿Quiere pasar?

Si no le hubiese llamado, ¿no habría venido a verme?

Usted sabe que sí, ¿verdad?

Desde luego. Desde luego.

Porque el hombre más inteligente

se vuelve estúpido cuando se cruza una mujer.

Y mi estupidez consiste en desear verla a todas horas.

Lo sabía, ¿verdad?

Siéntese.

¿Qué quiere de mí?

Quiero que me hable. ¿De qué?

Del plan que le propuso anoche a Robi.

Del plan para salvarle de la Policía.

Sabe bien a lo que me refiero, ¿no?

No. ¿Por qué miente?

¿Está usted loca?

Usted le propuso un plan, una solución que le animó mucho.

Pero luego debió ocurrir algo que usted sabe.

¿Quién le ha contado esa historia?

Robi. ¿Cuándo?

Anoche. En...

¿Passapoga?

Desde al Café Gijón.

Me llamó por teléfono y me lo dijo.

¿Qué le dijo? ¡Señora!

Hay una señorita que quiere hablar con usted.

Te dije que no estoy para nadie.

Ya se lo he dicho, pero... ¿Quién es?

No me conoce, ¿qué más le da? Yo a usted sí.

Y a ese.

¡Canalla! Este era el cliente, ¿no?

He entrado para que no tengas la desvergüenza de negármelo.

¡Y a usted so...!

Ya le cantaré yo las cuarenta.

¡Lola! ¡Espérate, Lola!

¿Quién es? Una vecina.

¿Qué quería? ¿Usted lo sabe?

¿Por qué se imagina siempre que sé cosas?

No lo imagino,

tengo la certeza.

Está bien.

Quizá sea estúpido fingir más.

Lo que le dijo su marido de mí es cierto.

Yo le prometí un medio de salvarle.

Le dijo eso, ¿no?

Pues luego se lo negué.

Le dijo que yo había alquilado por su cuenta un avión en Getafe,

¿no es verdad?

Sí.

Sí, ¿eh?

¡Es usted quien miente! Y no sé el porqué.

Getafe es un aeródromo militar y no se alquilan aviones.

Su marido tuvo la delicadeza

de echarme de su coche en Cuatro Caminos.

Desde entonces no volví a verle.

(Música)

(Timbre)

¡El idiota ese me importa un pito!

No estoy despechada, estaba hasta aquí de su cara de vinagre.

Me da rabia que crean que se ríen de mí.

No la entiendo.

Verá cómo la Policía me entiende

cuando le diga que pasó la noche con ese

mientras su marido se pegaba un tiro.

Se habrán quedado tranquilos, ¿no? Pero, ¿está loca?

¡Cínica! ¿Va a negarlo?

¿Dónde iba anoche en el coche, presumiendo como si ya fuese suyo?

Venía a buscarle las zapatillas, ¿no?

¿En qué coche? En el suyo.

Matrícula de Tánger y lleno de globitos.

Sí, era mi coche. ¿A qué hora lo vio?

El lío en que la meta va a ser gordo.

Verá como la Policía averigua por qué se mató en realidad.

Póngase de luto y llore. ¡Cínica!

Ah...

Y tome la llave del aquel pisito.

Que aproveche.

Este toro es de canela con cuernos...

Una combinación.

Respira, María Manuela,

que no hay toro que me mate.

Y armó la revolución.

Y estaba late que late, ay, ay, ay,

de miedo mi corazón.

(Música)

Juan Rosales, paso a paso,

se enfrentó capote al brazo con el toro

y olé ya la valentía,

yo ayer noche te quería y hoy te adoro.

Torito de 5 años, ay, ay, ay,

embiste cuando tú quieras

que en el querer no hay engaño, ay, ay, ay,

y está el mío en delantera.

Clarín y timbales, tened caridad,

que yo a Juan Rosales lo quiero a segá.

Si yo mandara en Sevilla, te quitaba del cartel.

No lo quiebres de rodillas. ¡Ay, Juan, que te va a coger!

Este toro es de canela, con cuernos de piñonate.

Respira, María Manuela, que no hay toro que me mate.

Y armó la revolución.

Y estaba late que late, ay, ay, ay,

de miedo mi corazón.

(Música)

Y estaba late que late, ay, ay, ay,

de miedo mi corazón.

(Aplausos)

Hola.

¿Qué quieres? ¿Qué buscas aquí?

¿A qué has ido a aquella casa?

A ti qué te importa.

Oye, Lola, ¿por qué no te portas bien?

Si me dejas, te explicaré todo y verás cómo al final te ríes.

¿Sabes que cantar mucho mejor de lo que yo me imaginaba?

Nunca te he visto tan dulce. Necesitas marcha, ¿eh?

¡Suéltame, Martín! ¿Para qué fuiste?

¡Suelta, te digo! ¡Contesta, idiota!

¡Me haces daño! ¡Suelta, suelta!

-Por favor, que aún tiene que cantar otro número.

¿Interrumpo?

Sí.

Eso me suena a indirecta, pero tengo que quedarme.

¿Quiere que le diga yo a qué fue a aquella casa?

-Es de la Bofia, ¿no? -Hombre, de la Bofia, Bofia...

Sí, soy comisario de la Bofia.

Fue a decirle que la viuda estuvo en su casa anoche.

Y lo demostró, ¿verdad, señorita?

-Olvídeme.

-¿Por qué ha dicho que no volvió a ver al muerto

desde que le echó del auto en Cuatro Caminos?

Porque es verdad.

Ella vio el coche parado frente a su casa.

¿Y usted hace caso de lo que dice esta loca?

Esta loca, perdón, señorita,

ha dado exactamente las características del coche.

Bueno, ¿y qué?

¿Usted no sabe que fueron a buscarme para ir a Passapoga?

Para ir, ¿entiende?

Si esta dice lo contrario, miente.

Quizá porque está celosa.

¡Oye, tú, birria! -Cállese.

Usted también miente.

Ella vio globos en el coche

y los globos se los dieron en Passapoga.

Es para deshacerte. ¿Quiere que lo aclaremos fuera?

Le convido a un vermú.

-¿Qué?

Si quieres ganarte la celebridad, aprovecha este número que viene.

No creo que mañana puedas volver a actuar.

¡Vete al Canfranc!

(Música)

Dos vermús con ginebra.

¿Por qué mintió?

Porque no quiero líos. Es que así puede haberlos.

¿Quiere uno? ¿Cree?

Mire, yo tengo una vida muy tranquila.

De perro, pero tranquila. No quiero historias con la Policía.

Roberto Ayala estuvo en su casa, ¿verdad?

No comprendo qué buscan ustedes

en un individuo que se pegó un tiro delante de 12 personas,

pero, en fin... Eso es cuenta de ustedes.

Pues sí.

Roberto Ayala estuvo en mi casa, llegó hecho un loco.

Creí que estaba borracho, ahora veo que era desesperación.

Me pidió coñac y se lo negué.

Se puso hecho un bestia y empezó a chillar.

A mí no me gustan las voces.

Entonces hice como que iba a currar.

Me di unas vueltas en su coche, que es cuando ella me vio,

y al volver, naturalmente, ya no se acordaba del coñac.

Se marchó sin despedirse.

Usted es técnico en perfume, ¿no?

Por mi desgracia...

Sí.

¿Quiere decirme qué es este?

Noches de España. 20,50 el litro.

¿Y este?

Este...

Una mezcla de varios, pero predomina Caricias.

¿Caricias? Sí, sí, este es mucho más caro.

Los dos son suyos. Sí.

Y el papel de esta carta también.

Al menos... es del que yo uso.

Es donde Roberto Ayala dice que se suicida.

Puede leerla. No, gracias.

Que luego sueño.

Tiene que acompañarme.

¿A dónde? A ver al comisario jefe.

¡Oh!

¿Cree usted que el señor comisario necesita "caricias"?

Vamos.

Mientras di vueltas con su coche,

él pudo hacer en mi casa lo que le dio la gana.

Por ejemplo,

tomar un papel mío y escribir eso.

Sé lo mismo que usted, comisario.

¿Y después de arrojarle del coche fue a pedirle coñac?

¿No le parece raro? Era un caradura.

¿Que si me parece raro?

Y si es raro, ¿qué?

¿Están pensando que yo le maté?

¿Cómo?

¿Apretándole el dedo por telepatía?

(RÍE) No me diga que me río. Pues no se ría.

Oiga, soy un buen abogado

y sé perfectamente dónde empiezan y acaban mis derechos.

¡No crean que van a jugar conmigo! ¡No grite que no estoy sordo!

Solo deseo aclarar un poco este asunto.

Que nos ayude a recomponer la historia de esa muerte.

¿Yo?

Yo solo soy un pobre vendedor de perfumes.

¿No son ustedes los cerebros?

Pues trabaje.

Soy un ciudadano que paga su contribución.

Por tanto, parte de su sueldo se lo doy yo

y puedo exigir.

Trabaje.

¡Ah!

Una cosa le digo.

Fíjese bien.

Quizá le haya matado yo.

Ni lo niego, ni lo afirmo, digo quizá.

Busquen las pruebas.

A ver si consiguen convertir en crimen un suicidio.

Pero será difícil convencer a nadie, ¿no creen?

Se mató delante de 12.

12 le vieron sacar la pistola, apuntarse y disparar.

12 personas.

Según dice el periódico.

¡Ah! Me olvidaba.

Devuélvame la pistola con que se pegó el tiro, es mía.

¿Es suya de verdad? Claro que es mía.

Examínela y verá cómo coinciden las huellas dactilares.

¿Con cuáles?

Con las mías que ha recogido usted en su encendedor.

Vaya tipo.

¡Por respeto a usted no le he saltado al cuello y le he metido...!

¿Puedo irme?

Puede irse...

y puede volver.

Mi teléfono está apuntado en la tarjeta.

Me dicen que no ha venido nadie a cobrar el cheque.

Hay una cosa rara en el talonario del muerto.

La penúltima matriz trae fecha 5.

Y la última de 200 000 pesetas fecha anterior.

Está bien, señor Ozalla.

Que gracias y que perdone.

Si viene alguien al cobrarlo, lo manda detener y me avisa.

Si viene alguien a cobrarlo se le detiene.

¡Que no sea usted ingenuo, por Dios!

Muy bien, señor comisario, lo mismo opino.

-Fue expulsado por mezclarse en un asunto muy desagradable.

Relaciones con una señora casada y el marido apareció muerto.

-¿Cuándo ocurrió? -En 1944.

-¿Le culparon? -Le detuvieron un tiempo,

pero luego se comprobó su inocencia.

Pero el Colegio de Abogados le expulsó.

-¿Si era inocente? -Tuvo mucha publicidad el caso.

Fue un adulterio comprobado.

Le leo el acta donde se acordó la expulsión.

-¿Profesionalmente estaba bien considerado?

-¿Jordán? Magníficamente.

Gracias a eso se está tramitando su reingreso.

-¿Y aquel hombre de qué murió? -No me acuerdo, pero aquí lo dirá.

-Conteste tranquilo que no le haré nada.

-Si yo estoy tranquilo.

-Se lo advierto por su bien, conteste sin titubeos, ¿entendido?

-Sí, señor agente.

-¿Tiene otra ensaimada? -Sí, señor.

-¡Pues tráigala, hombre!

Fíjese bien en la foto que le voy a enseñar.

No es buena, pero de advierte lo mal encarado que es el tipo.

No se me ponga nervioso.

¿Ha visto en este café un tipo como este?

-Vamos, hable. -¿Como este?

En mi vida, no, señor. -No se me ponga nervioso.

¿No recuerda a este tipo? -¿En este café?

Pues no, sinceramente. Si acaso antes de la guerra.

-¿Antes de la guerra?

¿Qué ha pasado aquí, demonio?

Es esta la que tiene que identificar.

Fíjese bien y dígame si lo ha visto aquí.

-No lo he visto en mi vida, señor.

-Es que verdaderamente hubo testigos, señora.

12 clientes del café han declarado que lo vieron tan claro

como yo la estoy viendo ahora.

Contra esto no hay nada, créame.

La Policía da por terminado este asunto.

Pero yo no.

Las pruebas son nuestro vehículo, señora.

Y, aunque parezca que hay muchas, no hay ninguna.

¿Ninguna?

Yo tengo pruebas indudables.

¿Se pueden poner sobre la mesa de un juez?

No.

Son impalpables, pero ciertas.

Conocía mejor a mi marido que a mí misma.

Podía adivinar su pensamiento con una sola mirada.

¡Robi no se ha suicidado!

Aunque haya 12 o 100 testigos no se ha suicidado.

Me cree loca, ¿verdad?

Pues Jordán sabe que no.

Lo leí en su mirada

cuando le dije que Robi me había llamado desde el café.

Le vi crisparse al sospechar que podía saberlo todo.

Y lo sé, comisario, sé bien que él lo mató.

Por una mirada no puede condenarse a un hombre.

También los ojos dejan huellas.

¿Tiene fe en los pálpitos?

Soy mujer.

¡Ah! Perdón, buenos días.

-¿Qué piensa hacer?

Intentar traerle esa prueba para la mesa del juez.

Quisiera ayudarla,

si no como comisario, como amigo, si usted me acepta así.

Pero salgo esta noche para Barcelona de servicio por algún tiempo.

¿Puede hacerme un favor antes? Desde luego.

¿Sería difícil averiguar

si alguien vio a mi marido escribir algo en ese café?

Facilísimo, yo me encargo...

Perdón, jefe. -Él mismo se encargará de ello.

Gracias. Tenga cuidado.

No quisiera que se confiase a ese hombre.

No sabemos si ha matado, pero le creo capaz de matar.

Yo también tengo pálpitos.

Adiós, comisario.

Su tren sale a las 7:45.

¿Sabe con quién hace el viaje? -¿Con quién?

-Con el Atlético, juega en Sarriá. -Vamos.

-La cree en peligro, ¿verdad?

-Posiblemente.

-Pues a pesar de la rabia que le tengo, no le creo un asesino.

-¿Sabe de qué murió el marido de la amante que tuvo?

-Ni idea. -Se suicidó también.

(Música)

Paseo de las Acacias, deprisa, por favor.

Hola, ¿hoy se ha despistado? Que aproveche.

Yo cené hace media hora. He vuelto solo para verle.

¿Qué pasa?

Este es el certificado de vecindad que me dio.

Entonces, ¿me renovó la cartilla?

Lo que tiene que renovar es la sangre.

Me ha dado usted un análisis de sangre.

Menuda guasa se armó. Dice mi jefe que está usted diabético

y que le va a quitar el cupón de azúcar.

Vaya, hombre, mañana se lo doy. Ni hablar, tiene que ser ahora.

El plazo acabó hoy,

pero me lo admiten si mañana lo llevo a primera hora.

¿Tengo que dejar de cenar?

O deja durante 6 meses, como quiera.

Está bien, ¿me guarda la cartera? Dese prisa que hay sueño.

(Música suspense)

(Pasos)

(Música)

¿Qué hace usted aquí?

¿No le parece este juego muy peligroso?

¿O es que ha venido a buscarme a mí?

He venido a buscar a un asesino.

Cerré con llave.

Abra inmediatamente o gritaré.

Voy a llamar a la Policía.

Allanamiento de morada.

Premeditación

y nocturnidad.

Y, si me ha quitado algo,

es mejor que lo deje cuanto antes o también habrá robo.

¿Dónde está el cheque que le robó a Robi antes de matarle?

Asesino.

Le mató cobardemente.

No me importa que la Policía diga lo que diga

ni que lo hayan visto 12 o 1000,

sé que fue usted quien lo quitó de mi lado.

Me gusta usted mucho.

¿Cree que presentando el cheque todo está terminado?

Sé que lo tiene usted. Pero, ¿cómo?

¿No ha sabido encontrarlo?

Aquí está.

Péguelo, se lee claramente la firma y la cifra.

200 000 pesetas.

Dijo que quería pagar el coñac.

Un poco caro le salía el convite, pero no me extrañó nada.

Su marido era todo un señor.

Puede irse cuando quiera.

No eché la llave.

(Portazo)

¡Portera!

¡Portera!

Quiero hacerle una proposición.

Oiga mi proposición y luego podrá marcharse.

¡Suélteme!

Le juro que le interesa.

Usted me cree un criminal.

Yo le creo la mujer más brutalmente hermosa que he conocido. Escúcheme.

Usted quiere hacerme pagar un delito.

Yo quiero que me pague el de su belleza.

Hagamos un trato.

Yo me pongo a su disposición.

Busque en mí al criminal.

Y, si lo encuentra, lléveme a la justicia.

A cambio de esto, usted debe dejar que la enamore.

Está loco. No existe otro camino.

¿Cómo piensa demostrar que yo maté a su marido?

De haber alguna prueba, la encontraría únicamente en mí.

¿Y cómo va a encontrarla

si usted vive en un mundo y yo en otro?

Cuando nos separemos esta noche,

no volveremos a vernos.

No le pido que me tienda la mano,

no le pido amor.

Lo único que le pido es que no levante entre nosotros un muro

que haga imposible lo que deseamos más entrañablemente

usted y yo.

Las mañanas las necesito para mi trabajo,

pero las tardes puedo dedicárselas.

No tema de mí ninguna violencia.

Seré siempre su más humilde esclavo.

Esto es todo. ¿Quiere marcharse?

Los dos tenemos igual interés.

Usted pretende llevarme a la horca.

Yo pretendo hacerla mía.

Un duelo interesante en suma.

Piénselo.

Ya sabe dónde encontrarme.

(Música)

¡Adelante!

Como le decía, estoy hecho un taco.

Y usted soltará dos cuando le diga lo que está pasando.

Aquí mismo.

Cierre la puerta.

Empecé a vigilar a Jordán.

Los 3 primeros días nada de particular

como no sea que me deshizo andando vendiendo su perfume.

Pero el 4 día, comiendo donde pone el disco, le llamaron por teléfono.

Habló poco y salió deprisa, tomó un taxi.

¿Dónde cree que fue?

A casa de la viuda, salieron juntos.

Rarísimo, ¿verdad? Pues sujétese con las dos manos.

Llevan dos semanas saliendo juntos casi a diario.

"Alrededores de Madrid, ciudad universitaria, Aranjuez...

Un día fueron al Pardo.

Se detuvieron ante el palacio

y allí les vi descender juntos por la primera vez.

Me quedé de una pieza.

¿Sabe que el luto se lo ha saltado a la torera?

Iba, eso sí, guapísima.

Él con ese gesto que Dios le ha dado.

Pero hablaba y ella le escuchaba con interés.

Absurdo y estrambótico, ¿verdad, señor Ozalla?

Pensé lo mismo que está usted pensando ahora.

¿Qué diablos ha pasado aquí?

Pero donde mascullé algo entre dientes, como dicen las novelas,

fue en el Retiro.

Ella iba estupenda, monísima, monísima.

Con un traje sport de esa tela gorda que llaman... Perdón, señor Ozalla.

Me di cuenta de una cosa y me acerqué al coche.

No había chofer.

Salían ya los dos solos.

Me entró una rabia...

¿Es posible que ese tipo tenga tanta suerte?

Pues verá, verá...

Ayer se fueron a Toledo y un servidor detrás.

Por cierto, si no le importa, le voy a pedir un adelanto al cajero.

Entre esto y mazapán que compré en el viaje,

estoy con la llanta en el suelo.

¿Se lo pido?" -Sí, hombre, sí, pídaselo.

-"Gracias, mañana mismo. Pues verá...

En Toledo recorrieron juntitos las callejuelas, la casa del Greco,

la catedral... Y fueron a comer a una venta.

Aquí ocurrió un incidente al que le doy mucha importancia.

¿Recuerda a un viejo que toca algunas veces la guitarra?

-¿Han comido bien los señores? Muy bien.

Me gustaría saber la fórmula de estas perdices.

Es un secreto, ¿verdad? Y peligroso. ¿Conoce la leyenda?

No.

El propio diablo se las preparó a Carlos V

para hacerle pecar de gula.

Y el emperador, que era hombre de gusto, pecó.

Eso es.

¿Y quién ha sido el maestro de este cocinero? ¿El diablo?

No, no, no, él es el propio diablo. Está dentro.

Por favor, el sindicato no sabe ni una sola palabra.

-¿Quiere marcharse de aquí?

¡Largo le digo! ¡Me está crispando los nervios!

-Perdone el señor. Tocaré algo suave.

-¡Ni suave ni duro! ¡Fuera, fuera, fuera!

-¿El señor está de mal humor? Pues la música calma los nervios.

-¡La música sí! ¡Y le está hablando un músico!

¡Vaya con esta monserga a la pocilga! Qué cobardía.

Me está indignando ese hombre.

No he faltado a ese caballero ni he molestado a los demás señores.

-¡Que se largue, imbécil!

-Imbécil, imbécil...

¿Y usted qué es? -¿Cómo se atreve?

¡Le voy a...! Escuche.

¿Por qué no se calma? Está haciendo el ridículo.

¿Qué le importa? ¡Suelte o le pego!

(Alboroto)

Perdóname, Berta, no he podido evitarlo.

"¿Qué le parece, señor Ozalla?

Desde luego merecía el puñetazo,

pero creo que Jordán lo hizo mirando al tendido.

Y en el tendido estaba la viuda.

Si es así, le salió estupendamente

porque ella se le comía de admiración con los ojos.

No sé qué pensará de todo esto, pero empiezo a sospechar cosas raras.

¿Está seguro de que esta mujer y Jordán

se conocieron por primera vez la noche antes del suicidio?

Por hoy nada más.

La semana que viene continuaré informando. Corto".

-¿Se puede? -Adelante, Rovira.

(Campanas)

Aquí pueden apreciar con todos sus detalles

una de las más curiosas salas de este real monasterio del Escorial,

la llamada Sala de los Secretos.

Tiene la curiosa propiedad de transmitir secretamente

la palabra o palabras que se pronuncian en sus esquinas.

Por favor, señora, ¿quiere colocarse allí?

Usted, caballero,

ocupe ese lugar.

¿Me oye, Martín?

¿Me oye usted bien?

Bueno, dígame algo, a mí no se me ocurre nada.

Te quiero, Berta, con todas las fuerzas de mi ser.

Te quiero con locura,

te quiero y te admiro.

No sé vivir cuando estoy lejos de ti.

Te quiero.

Tiene usted un pico de oro.

Tome, el resto del monasterio... Sí, lo podemos ver solos, gracias.

(Música)

¡Berta!

Perdóname.

Era inevitable.

Conoces mi esfuerzo por luchar sin herirte

ni precipitar lo que quiero ganarme a pulso.

Pero no resisto más. Berta, sé que no me quieres

ni me querrás nunca, pero déjame que yo lo haga por los dos.

Estoy enloquecido, Berta.

Y te quiero, te quiero con toda mi alma.

Martín, por Dios.

Yo te aseguro... Que viene gente, Martín.

Vámonos.

(Música)

Te has perdido lo mejor de la tarde. Lamentable, Martín.

Buenas noticias, ¿eh? ¿Y cómo lo sabes?

No hay que mirarte a la cara.

No te pongas azúcar, ya te lo he echado yo.

Decididamente, hoy es mi día, no me cabe duda.

¿Sabes con quién acabo de hablar?

Con la secretaría del Colegio de Abogados.

Es casi seguro que reingrese en mi profesión.

¿De veras? (ASIENTE)

¿Te das cuenta de todo lo que esto significa para mí?

Es como volver a la vida.

Creer de nuevo que en el mundo existe la buena fe y la justicia.

Otro agravio que empieza a repararse.

¿La señora encuentra algo de su gusto?

Hay cosas verdaderamente divinas. Sí, preciosas.

¿Qué le pareció Melodía de Otoño, el de terciopelo?

Es uno de los que he señalado. ¿Lo ve?

Tiene que ir de su tipo como un guante.

Excúseme. Sí.

¿Es el modelo que me he perdido yo? No, son dos estupendos,

pero para caballeros.

¿Qué es eso?

¿También exhiben modelos para nosotros?

Ya lo creo.

Mira, ahí salen otra vez.

¿Son o no son para caballeros?

Graciosas.

¿Señor Jordán?

¿Señor Jordán?

Te llaman.

Oiga.

¿Señor Jordán? Sí.

Le llaman al teléfono.

Será de la secretaría del Colegio de Abogados, perdóname.

¿Dónde? Aquí, señor.

¿Quién es?

Dígame, ¿quién habla?

¿Quién es usted?

Oiga, señorita. Dígame, señor.

¿Puedo saber quién me ha llamado? ¿Desde dónde me han llamado?

No lo sé, señor.

¿Puede saberse preguntando a la telefónica, quizá?

Es inútil, tampoco pueden saberlo.

Al habla con el 227, le pongo.

-¿Voz de mujer o de hombre?

-Ha hablado muy bajo, pero me ha parecido una mujer.

-¿Qué le ha dicho?

-Ha preguntado y no ha respondido nadie.

Y luego una voz que ha dicho muy despacio:

"Lo vieron 13". Y colgó.

-¿Está segura? -Figúrese.

Lo vieron 13...

¿Y qué significa? -Yo qué sé.

¿No es usted policía? -Ah, es verdad, sí.

Lo vieron 13.

"Lo vi clarísimo. Se refiere a los testigos del Café Gijón.

No fueron 12, sino 13 los que vieron el suicidio.

¿Quién es este otro testigo y qué pretende?

No cabe duda que relaciona muy íntimamente a Jordán

con la muerte del otro.

Por hoy nada más.

Hasta el próximo envío y feliz salida de año.

¡Ah! Se me olvidaba.

Se me olvidaba decirle que Jordán no levantó cabeza en toda la tarde,

a pesar de que la viuda estuvo cariñosa y parecía feliz a su lado.

La llamada le dejó mosquísima".

-¿Inspección?

Resérveme una plaza en el primer avión para Madrid.

¿Eres tú, Martín?

Acabo de recibir ahora tus flores. Son una maravilla.

¿Por qué has hecho esto?

Te diría que me ha molestado

si no me hiciera tanta ilusión recibir un regalo así.

¿Estás ya vestida?

¿No?

¿Pues cómo estás? Basta, Martín.

Corte de la censura.

Date prisa que es tardísimo. Te envío el coche.

No, no, no, no quiero oírte, adiós.

(Teléfono)

Si vas a empezar otra vez, vuelve la censura.

Por favor, Martín, sé formal.

Aquí...

Aquí el comisario Ozalla.

¿El comisario?

Perdone.

Ya lo creo que me acuerdo.

Y me alegra saber que está otra vez en Madrid.

Yo también tengo mucho que contarle.

¿Esta noche?

Muy bien.

Voy a tomar las uvas al Felipe II,

pero hacia la 1:30 estaremos ya en casa.

Venga a tomar una copa con nosotros.

Sí, con Martín y conmigo.

"Se asombra un poco de esto, ¿no?"

Sí.

En ese caso, lo dejaremos para mañana.

Yo solamente... "No, esta noche, ¿no le molesta?"

Es que si yo... Tengo grandes deseos de hablarle.

Si yo pudiera decirle qué feliz soy...

Sí, comisario, no vuelva a sombrarse.

Soy muy dichosa

y sé que voy a serlo mucho más a medida que pase el tiempo.

Él se lo merece todo, créame.

Le espero, ¿verdad? No me diga que no.

Está bien, iré.

No se preocupe por mí, cenaré aquí, en el Café Gijón.

Hasta la noche, comisario.

(Música)

Nuestro duelo ha terminado.

¿Pero le pusimos plazo? Yo sí.

Cuando te viese en los ojos lo que te veo ahora.

¿Qué tengo en los ojos?

Mi nombre.

Amor y felicidad.

¿De veras lo ves? Y lo oigo, Berta.

Siento dentro de mí tu llamada.

Parece como su vinieras de un país lejano

donde también yo he habitado un día.

Hoy me siento más feliz que nunca.

¿Confiesas tu derrota?

Confieso.

¿Recuerdas la única estipulación de nuestro duelo?

Sin cuartel

hasta que el vencido se entregara.

¿Puede decir algo el vencido?

Puede.

Que nunca un derrotado se alegró tanto de su derrota.

Mi amor.

Que Dios te pague toda la felicidad que te debo.

¿Bailamos, Martín?

Aún no hemos brindado.

Por mi futura esposa.

Por mi mujer.

Por mi marido.

(Música)

¿Señor Jordán? Sí.

Le llaman al teléfono. ¿A mí?

Señor Jordán, mesa 23.

Perdona, Berta, vuelvo enseguida.

¿Dígame? Sí, Martín Jordán.

Lo vieron 13, ¿eh?

¿Y qué?

¿Crees que no te he reconocido, Lola? Eres tú, estúpida.

¿Qué pretendes con ello? ¿Asustarme?

Líbrate de que te ponga la mano encima.

¡Lárgate!

¿Romeo no anda por aquí?

¿Qué le dice? -Vamos, Lola.

-¿Quieres dejarme en paz?

Suelta, hombre, que estoy con una amiga.

-Vámonos, Lola.

-¿Qué le dice ese idiota?

Hombre, Romeo, ya sabía que no andarías lejos.

Fuera de aquí. No me da la gana.

Me han convidado lo mismo que a ti.

Chuleando, ¿eh? Vete de aquí.

Llévese a esta borracha o le doy a usted también.

Sí, vámonos.

Lamentable.

¿Quién te llama?

Era un amigo... muy inoportuno.

Me parece que nos han estropeado un poco la fiesta.

Te has disgustado, ¿verdad? Pues sí, francamente.

Ha sido una cosa muy desagradable.

Está bien. Bailemos un poco, ¿quieres?

Y olvidemos todo esto. ¿Y si no fuese?

Creo que es lo mejor.

(Música)

¿Este marcador de gasolina funciona?

Siempre ha marcado bien.

Pues está en 0.

Qué extraño.

¿Será posible que no llevemos gasolina?

Me temo que muy poca.

¿Pero no llenaste el depósito?

¿Tienes una varilla? En esa bolsa.

¿Aquí? Sí.

Apenas 2 mm.

¿Cómo te explicas esto? De ningún modo.

¿De veras te llenaron el depósito?

¿Piensas que me distraje y me engañaron?

O que nos la robaron luego. Todo es posible.

Bueno, ¿y qué hacemos?

No sé, con esto no llegamos ni al primer surtidor.

¿Tú no tienes una finca por aquí cerca?

Sí.

Podíamos acercarnos a pedir a cualquier vecino.

En invierno no hay nadie, pero en mi casa debe de haber.

Pues estamos salvados.

Qué extraño que te acordases de la casa.

Yo siempre tengo muy buenas ideas. ¿Vamos?

¿Llegaremos con la que nos queda? Desde luego, para eso sí hay.

¿Y cómo lo sabes si no has estado nunca allí?

Me lo imagino.

Eres maravilloso.

Buenas noches, ¿ocurre algo? -Entra y no preguntes, vamos.

¿Lleva pistola? -¿Eh? Sí, sí, claro.

Ah, no, no la llevo.

¿Pasamos a recogerla? -No es tiempo ya.

-¿Dónde vamos? -Al Escorial.

¿No le esperaba esta noche la viuda? -Vengo de su casa y no estaba,

pero me ha dejado una carta que me ha hecho pensar algo terrible.

¡Ponga el coche a todo lo que dé!

-Vaya por Dios.

Con lo bien que se me estaba dando una escocesa.

Habrá luz, supongo. Espero que sí.

Cuidado, que pisas esto. Déjalo.

Tienes correspondencia.

Será muy atrasada, ¿no? Figúrate, no vengo desde...

¿Dónde se enciende esa sala? A la derecha.

¿Desde cuándo estará esto aquí?

Contribución, parroquia...

Qué agradable es esto. No me lo imaginaba así.

Fíjate qué cantidad de armas.

Hubo una época en que a los dos nos dio la chifladura de los rifles.

Los hay americanos, alemanes, suizos, franceses...

Ya veo, ya.

¿Lo has cazado tú? (ASIENTE)

¿Gacela de 3 años y 1,20 de alzada?

"Cazada por Berta en 1946".

¿Es posible? Lee el siguiente.

"Ciervo de 5 años, 1,40 de alzada. Cazado por Berta el 1948".

Pero eres peligrosísima. (RÍE)

Ahora te voy a enseñar mi escopeta favorita, es esta.

La compré en Baviera hace 2 años. ¿No te gusta la caza?

Pues la verdad, nunca cacé. Esta dispara sola.

Todavía está cargada. Pues cuidado, Berta.

Fíjate, es una pluma.

Oye, ¿y si encendiésemos fuego?

Me encuentro muy a gusto aquí, ¿te parece bien?

Creo que en toda mi vida he oído una proposición más agradable.

Siempre he soñado con pasarme una noche entera mirando al fuego.

Qué pena que no puedas hacerlo esta noche.

¿Y eso por qué no? De ti depende.

¿No temes aburrirte tú solo? La verdad es que no he dicho solo.

¿Conmigo? (ASIENTE)

Entonces me aburriría yo también.

Has dicho toda la noche mirando al fuego.

Pudiera ser que el fuego y tú seáis la misma cosa.

Siempre dices la palabra que más gusta oír.

Mira, voy a prepararte una bebida porque me imagino que quedará algo.

Vamos a ver.

En este momento, ¿qué es lo que más te apetece?

Berta.

En este...

y en cualquier otro momento.

Ahora solamente se trataba de bebidas.

Escucha.

¿Hasta qué punto tienes derecho a mantener esta situación, Berta?

Martín, por favor.

Tú me quieres también.

No pueden negarlo.

Has resistido la prueba de todos estos recuerdos.

Hoy vives para mí ya solamente sin ningún pasado que te entristezca.

Sí te quiero, Martín. Repítemelo, Berta.

Repítemelo una y mil veces, no me cansaría nunca...

Martín.

¿Te das cuenta de que puede venir alguien?

¿Quién sabe que estamos aquí? ¿Y el coche?

¿Quieres que lo meta en el garaje?

Por lo menos apaga los faros.

(Música)

Desde este momento en el mundo solo existen tus redes.

Tú y yo.

¡Suélteme! ¡Suelte, le digo!

Asesino.

¡Berta!

Ha llegado su final.

Esta vez le arrancarán la vida como se la arrancó a mi marido.

¿Por qué vuelves ahora...? No soy yo quien vuelve, sino él.

Ya no podrá engañar a la Policía.

Dios ha querido traer a mis manos la prueba más clara de su crimen.

¿Qué te sucede, Berta?

¿De qué hablas? De final y de justicia.

¡Aquí está la prueba!

¡Del Café Gijón!

¡Mírelo, sí!

¡Del Café Gijón!

¿De quién es esta carta? De Robi.

¡No! Escrita de su puño y letra

la misma noche del crimen.

No es posible. Oiga lo que escribió.

"Voy explicártelo todo, mi vida.

Como no puedo salir de este café, le doy esta carta

a la mujer de los teléfonos para que la eche al correo.

La envío a la finca porque así no caerá en manos de la Policía".

¡Dámela!

Y luego explica el engaño.

La traición más refinada.

El crimen más frío y más repugnante del mundo.

La canallada más perfecta.

Fue inevitable. ¿Por qué?

Me obligasteis a ello. Él y tú.

Y lo amargo de mi vida.

Me afilasteis las uñas como cuchillos y Robi...

vino solo a clavarse en ellas.

Pero ahora...

lo veo todo tan lejano

que casi no recuerdo nada.

También me maté yo en aquellos días.

Ni un segundo dudé que era usted el asesino.

Pagué para que le recordaran su crimen.

Lo vieron 13 porque usted también lo vio.

¡Tú! Sí.

Le he estado engañando todo este tiempo

dejándome hasta acariciar por esas manos con sangre de Robi.

¡No! ¡Estás mintiendo!

¡Me quieres como yo a ti, Berta!

Pero esa carta te obliga a condenarme contra tu voluntad.

No he podido equivocarme cuando lo he leído en ti,

en tus ojos, en el temblor de tu carne.

¡De asco!

Si fuese cierto,

serías mil veces más miserable que yo.

Más cruel y más despreciable aún tu delito.

Pero, no, Berta, sé que tú no eres capaz de esto.

Que es esta carta la que te ha trastornado.

Esta carta solo ha podido trastornar al asesino

porque no hay tal carta.

(Música tensión)

Mereces la muerte.

Has creado el amor,

la ilusión.

¡Has hecho nacer en mí la ternura,

el deseo de felicidad, la esperanza y la paz!

¡Me has hecho creer en la vida y en lo noble!

¡Me has encendido el alma y la pasión

para deshacerme ahora con un golpe calculado!

Le habría llevado hasta el matrimonio para tenerle cerca,

para espiarle noche y día,

pero Dios no ha querido que me muriese de asco.

¡Suelte! ¡Te quiero, Berta!

¡No me toque, suelte! ¡Te quiero!

¡Suelte!

(Claxon)

(Música tensión)

Te he perdido

y no me resigno.

Mi crimen tendría fatalmente que separarnos

y yo habría ido a la horca ilusionado

si esta separación te doliese en la carne.

Pero perderte con tu engaño,

con tu desprecio,

eso no lo soporto.

No sé perder, Berta.

Este ha sido el defecto de toda mi vida.

(Música tensión)

(Disparo)

Este crimen... sí tendrá que pagar.

Ahora será un asesino también para ellos.

¿Lo sabía?

(Golpes en la puerta)

¡Abra!

Te quiero, Berta.

(Música trágica)

Historia de nuestro cine - Los ojos dejan huellas

10 abr 2021

Martín, un huraño vendedor de perfumes, coincide con su antiguo y brillante compañero de estudios, Roberto, a quien su amante ha dejado plantado esta noche. Martín acompaña a Roberto a su casa y allí conoce a su esposa, Berta, de la que queda prendado. Para conseguirla, urdirá el asesinato perfecto.

Contenido disponible hasta el 14 de marzo de 2022.

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