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Historia de nuestro cine - No encontré rosas para mi madre (Presentación) - ver ahora
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Subtitulado por Accesibilidad-TVE.

Una obsesión edípica condiciona la existencia de un joven

capaz de recorrer universos sociales muy distintos

en “No encontré rosas para mi madre”.

Antepenúltimo largometraje de Francisco Rovira Beleta,

adaptación de la novela homónima de José Antonio García Blázquez,

la película es un melodrama excéntrico con reparto internacional

que refleja algunos de los ambientes marginales

en los que la juventud de los 70

articulaba su conflicto generacional.

¡Qué bien! Desayuno en la cama y un camarero joven y guapo a mi servicio.

Solo hay dos formas de hacer dinero:

trabajando, y eso francamente no es lo tuyo.

Lo siento completamente amoral.

Desde ahora todo lo que tengo es tuyo.

¿Seguro? Conmigo es peligroso lo que acabas de decir.

¡Suélteme! ¿Qué me está usted proponiendo?

Pues pasar la noche contigo. Para eso he dado dinero.

¿Por quién me ha tomado?

No te enfades, no he querido ofenderte.

Si dudas de mí, dilo de una vez.

Rosas rojas. Todas las que tenga.

No hay, resultan muy caras en esta época del año.

La más encantadora. (Ríe) La mejor de todas las mujeres.

¿Qué tal, Jordi? Buenas noches. Muy bien.

Hablemos de Rovira Beleta

y de cómo afronta este proyecto tan particular.

Bueno, la verdad es que “No encontré rosas para mi madre”

es una película ciertamente extraña

y yo casi diría que sintomática de un momento en el que Rovira Beleta

está intentando buscar nuevos tonos y nuevos registros

sin acabar de encontrarlos.

Es un melodrama en el que se parte de una idea potencialmente transgresora,

de la obsesión edípica de un joven

perteneciente a una familia se supone que adinerada venida a menos.

Esa obsesión edípica por la figura de la madre

le acaba llevando a una marginalidad casi limítrofe con la delincuencia,

al mismo tiempo que le permite recorrer escenarios tan diversos

como las pensiones de mala muerte o los cabarets

y también las casas de veraneo burguesas de la isla de Ibiza.

Bueno, es una película en la que conviven cosas,

por ejemplo, la descripción de esa juventud más o menos rebelde

a veces es tan esquemática

como la que podríamos ver en una fotonovela de la época

y eso convive a veces con soluciones visuales

y narrativas tan imaginativas

como ese momento en el que el personaje de Gina Lollobrigida

y el protagonista, Renaud Verley,

viven una historia de amor en la isla de Ibiza

y se crea un efecto de simultaneidad.

En la misma escena

parece que estamos viendo diferentes estadios de esa relación amorosa

y de ese retozo amoroso de los amantes.

Quizá lo más interesante es el esfuerzo que hace Rovira Beleta

por capturar un poco la ruptura generacional

que encarnó un poco el movimiento “hippie”,

que es algo que ya se había filtrado en su anterior película,

“La larga agonía de los peces fuera del agua”,

coprotagonizada por Joan Manuel Serrat,

donde también la cultura “hippie” había dejado ahí su impronta.

Me llamó el productor.

Me dijo: “¿Quieres hacer una película conmigo?”,

y dije: “Hombre, encantado. Vamos a ver de qué se trata”.

Cuando recibí el guion, lo leí y me pareció monstruoso.

Tenía a Gina Lollobrigida contratada y al final digo:

“Bueno, te lo hago si me dejas cambiar el guion”.

“Haz lo que quieras con el guion y lo haces”.

¿Y crees que hay un reflejo fidedigno

de todo ese movimiento contracultural

en el entorno del personaje protagonista, del joven Jacinto?

Fidedigno no, pero sí que es un buen testimonio

de cómo la generación de Rovira Beleta

contemplaba todo ese movimiento.

Lo contemplaba con una curiosidad y también con cierto alarmismo,

a veces con ciertos tintes sensacionalistas.

En realidad los amigos que rodean la figura de Jacinto

no son exactamente “hippies”,

están un poco entre el bohemio,

entre el “hippie” y entre el futuro quinqui.

Una mezcla interesante. Viven un poco entre esa mezcla.

Y bueno, la verdad es que la película de Rovira Beleta

tiene un detalle que a mí me parece curioso

porque es un detalle del que no se suele hablar.

Sugiere que de alguna manera

había libertinos de clase alta que utilizaban a los “hippies”

prácticamente casi como carnaza para fines orgiásticos.

Mira, ¿qué me dices de mi “hippie”? Es un chico muy guapo, ¿verdad?

No está mal. Haría un modelo perfecto.

Es algo que en el año 69 había denunciado un periodista

en las páginas de ABC, Alfredo Semprún,

en una serie de artículos

que intentaban de alguna manera criminalizar el movimiento “hippie”.

La novela de García Blázquez se escribió en el 68,

o sea, un año antes de que aparecieran esos artículos.

O sea, que quizá García Blázquez se había documentado por su lado.

Blázquez ganó el Premio Nadal

el mismo año en que se hizo esta película

con otra novela que se llamaba “El rito”

y el año anterior el Nadal lo había ganado

una novela de José María Carrascal llamada “Groovy”,

que probablemente fue la primera novela sobre el movimiento “hippie”.

En sus primeras declaraciones para la prensa y la radio,

Carrascal dijo que en su novela

había querido mostrar la enorme vitalidad del mundo “hippie”.

“Al ganar el Nadal”, añadió,

“he visto cumplida una vieja ambición”.

Menudo cóctel arriesgado de actores y actrices

por el que apuesta Rovira Beleta en esta película.

Sí, o sea, es muy inhabitual ver a Gina Lollobrigida,

a Danielle Darrieux, Renaud Verley, Susan Hampshire, Maribel Martín

y Concha Velasco en la misma película.

Esta es una película de cara al reparto

porque es un reparto como no ha habido muchos

en el cine español.

Gina Lollobrigida venía de hacer una serie que era fascinante,

la de “Las aventuras de Pincho”, de Comencini,

pero estaba ya un poco en la fase de comienzo del declive de su carrera.

Cuando hay actores de nacionalidades tan distintas en una misma película,

en este caso el estrellato es español, francés e italiano,

eso delata inmediatamente la condición de coproducción.

Las coproducciones con ese tipo de reparto

siempre tienen un poco de algo insensato en esa convivencia.

Años más tarde se acuñaría el término de “europudin”

para hablar de todo eso,

de esas películas donde de repente

la producción hermana tantas nacionalidades distintas

que digamos el director tiene bastante difícil

afirmar su identidad autoral dentro de ese batiburrillo.

¿No es eso que llaman “coproducción orgánica”?

(Ríe) Un término que he aprendido aquí.

Gracias, Jordi. Gracias.

Rebeldía juvenil e impulsos incestuosos

se dan la mano en esta historia

que recorre escenarios de Madrid, Barcelona e Ibiza

con el exceso como consigna.

Os dejamos con “No encontré rosas para mi madre”

de Francisco Rovira Beleta.

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Historia de nuestro cine - No encontré rosas para mi madre (Presentación)

21 ago 2018

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  1. Carlos

    hola buenas tardes ! no habéis subido el programa completo de : No encontré rosas para mi madre ... menos mal que me lo grabé en el TDT , cada vez que "pasáis" una joya tenemos que ir con cuidado y grabarla en el TDT porque muy estratégicamente algunos titulos maravillosos o fundamentales no se publican completos. un cordial saludo y gracias por hacer mi programa favorito de cada día. Carlos

    22 ago 2018