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Historia de nuestro cine - Coloquio: Berlanga - ver ahora
Transcripción completa

(Rollo de película en proyector)

Buenas noches.

¿Qué mejor manera de comenzar el fin de semana

que en compañía del marqués de Leguineche,

de la condesa de Santagón, el hijo de ambos

y toda la prole que les rodea?

Acabamos de estrenar el 2021, Año Berlanga, en el que celebraremos

el centenario del nacimiento de Luis García Berlanga,

el cineasta que, posiblemente, mejor ha sabido retratarnos.

Para rendirle homenaje,

uno más dentro de los que llevamos en el programa,

hemos elegido una sesión doble compuesta por dos películas

muy representativas de su filmografía,

ya que nos muestran a los dos Berlanga,

al anterior a Azcona, en Calabuch,

y el que vino después de Azcona, y que acabamos de disfrutar

en Patrimonio Nacional.

Esta última fue una de las películas de mayor éxito comercial de Berlanga

Lo sabe bien nuestra primera invitada,

Marisol Carnicero, que fue jefa de producción de la película

y directora de producción de La vaquilla, ¿cómo estás?

Muy bien y encantada de estar aquí, gracias.

Para hablar de un hombre tan fascinante...

Al que adoro.

Gracias. Para hablar de su cine y de su personalidad,

nos acompaña un buen amigo, escritor,

y autor de la única biografía oficial que existe

de Berlanga,

Antonio Gómez Rufo, ¿cómo estás? Hola, buenas.

Bienvenido por primera vez al programa.

Muchas gracias.

Completamos la terna, saludando al escritor Luis Alegre, que,

para conmemorar el Año Berlanga,

publicaba hace unos meses Hasta siempre, Mr. Berlanga,

que es un libro ilustrado,

perfecto para adentrarse en las claves

de la vida y obra del director.

¿Cómo estás, amigo?

Muy bien, Elena, encantado de estar aquí.

Comencemos hablando del Año Berlanga el 2021,

suena muy grande.

¿Cuáles son esos actos o cómo se va a conmemorar,

tú que formas parte de esa Academia de Cine,

eres vocal de la junta directiva?

Queremos que durante todo el año no se deje de hablar de Luis.

Hemos empezado un poco antes del comienzo del año,

celebrando que la RAE haya admitido el término 'berlanguiano',

que llevábamos muchos años peleándolo,

y, a partir de ahí, haremos todo lo que se pueda:

libros, por supuesto, ha empezado también el de Luis,

que creo que ha sido el primero,

se reeditan otros,

se van a hacer varios documentales,

Valencia va a colaborar muchísimo,

se van a pasar todas las películas de Luis,

con ciclos, con mesas redondas,

se van a hacer exposiciones, en Valencia y Madrid,

el Instituto Cervantes tiene en su caja el legado de Luis,

eso se abre el día de su cumpleaños, el 12 de junio,

en fin, no vamos a parar.

Nos dijo su hijo que era un guion inédito.

¿Por qué es tan grande Berlanga?

-Pues porque creo que es

el mejor sociólogo español de la segunda mitad del siglo XX.

Creo que supo conectar exactamente con nuestras grandezas y miserias,

creo que nos reflejó como nadie

y, además, porque tuvo una enorme capacidad de anticipación

en todo su cine.

Cuando nadie hablaba de la energía nuclear,

sacó Calabuch, que ahora veremos,

cuando en España el debate sobre la pena de muerte no existía,

Luis hizo El verdugo,

y se posicionó claramente como abolicionista,

cuando el feminismo era algo desconocido,

para la España del franquismo,

en Tamaño natural hace que, en la secuencia final,

el hombre muera y la muñeca sobreviva,

cuando caen al río...

Habría que preguntarse, además,

qué haría con estos tiempos que estamos viviendo,

qué película podría hacer.

Es lo que me preguntan los amigos.

Y yo soy incapaz de saber lo que haría.

Si esto lo cogiera Berlanga...

Sería una genialidad; lo que pasa es que no tengo idea de por dónde iría.

¿Cuáles son las claves del cine de Berlanga,

de su personalidad?

Creo que Antonio lo ha resumido muy bien.

Creo que es alguien que nos contó,

con una gracia y una lucidez extraordinarias,

que nos enseñó a reírnos de nuestras miserias,

de nuestras debilidades,

y acercarse a su cine es

una manera estupenda de conocer, de verdad,

la España de la segunda mitad del siglo XX,

y como todo eso lo hizo con una genialidad

y una capacidad de divertirnos fuera de lo común,

pues es alguien único y que merece estar en lo más alto

de la historia de la cultura española.

Esta noche tenemos dos películas muy representativas de su cine.

Porque hay un Berlanga antes de encontrarse con Rafael Azcona,

y el que viene después.

¿Cómo definiríamos esos dos Berlanga?

Yo diría que es un camino.

Yo no diría que son dos Berlanga.

Yo diría que es una evolución.

Yo creo que va creciendo siempre,

pero que siempre ha querido contarnos lo mismo.

-Totalmente de acuerdo con Marisol.

Creo que hay un solo Berlanga, con un itinerario muy claro,

desde el principio hasta el final.

Alguien dijo que Berlanga sin Azcona no habría podido ser lo que fue.

Yo creo que, sin Berlanga,

Azcona se hubiese quedado en un buen guionista,

pero no el mejor guionista de Europa.

Creo que Berlanga engrandeció a Azcona

-Yo me enamoraba de determinadas cosas

que no hacían progresar la historia.

Esa es la verdad. Y Rafael le ha dado una rigurosidad a mi cine...

Él me ha obligado

a que los arcos de mis películas sean siempre muy precisos.

Conociste mucho a los dos. ¿Qué opinas?

Creo que cada uno sacó lo mejor del otro.

Los dos se potenciaron mutuamente y dieron lo mejor de sí mismos.

Pero el programa doble de Patrimonio Nacional y Calabuch,

a mí me parece especialmente afortunado,

porque, efectivamente, había un Berlanga,

pero es que dentro de ese Berlanga había muchos Berlanga.

Hay una diferencia muy clara

entre el Berlanga de Calabuch y el Berlanga de Patrimonio Nacional,

porque Calabuch es

la celebración del lado más luminoso de la condición humana.

En Calabuch hay amor, hay amistad,

hay sentido de la solidaridad,

hay armonía social...

En Patrimonio Nacional, no hay rastro de eso.

Es como una celebración del... con mucha gracia, eso sí,

pero del lado más miserable de la condición humana.

Lo que pasa es que lo que no pierde Berlanga es la ternura.

Calabuch es abiertamente tierna

y en Patrimonio Nacional

la ternura está muchísimo más camuflada.

-Mi padre me dijo a mí: "No cedas nunca nada en vida".

Y eso, para mí, es sagrado. Lo tengo que cumplir.

Así que ni marquesado, ni baronía de Valencia,

ni pollas en vinagre.

No te puedo dar nada. -Me parece bien.

Vamos a profundizar en Patrimonio Nacional.

Disfrutando de esa creación.

Se estrena en 1981,

tres años después de La escopeta nacional,

y ¿por qué vuelve a los Leguineche?

¿Por qué quiere que regresen a Madrid, donde tienen su palacio?

¿Cómo se gesta la película?

Cuando se hizo La escopeta, ya todos, Alfredo Matas y todo el mundo,

se dio cuenta de que aquello funcionaba,

de que eso era una saga y que funcionaba.

Escribieron el guion de Patrimonio enseguida de rodar Escopeta

y yo siempre me acuerdo de que, cuando leí Patrimonio Nacional,

lloraba de felicidad,

porque me parece que es

uno de los guiones más bonitos que he leído nunca.

Yo no sé si la película lo refleja todo, o no,

pero a mí el guion me pareció maravilloso.

Y yo pensaba que tenía la suerte de trabajar en esto.

Pero se tardó mucho tiempo en rodar,

porque Luis se empeñó en rodar en el Palacio de Linares

y ningún otro sitio le valía.

Estuvimos localizando,

vimos todos los palacios de Madrid,

palacios de fuera de Madrid, de Toledo...

de montones de... Y nada.

Luis quería el Palacio de Linares.

No nos lo dejaban.

Era de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid.

Y no había manera.

Pasaron unas circunstancias y, al final, se acabó consiguiendo,

pero casi tres años después.

Él estaba por encima de todo que había que rodar Patrimonio.

Forman parte estas dos películas de la trilogía Nacional,

junto con Nacional III.

Quería preguntarte

por la importancia que tiene esta trilogía

dentro de la trayectoria de Berlanga.

Es una tetralogía. En realidad, son cuatro.

Hay tres hechas y una que no se hizo

y que, a lo mejor, nos llevamos una sorpresa

cuando se abra la caja del Cervantes.

Estas películas lo que hacen es describir la transición española.

De la dictadura a la democracia.

Es otro periodo que Berlanga abre y que describe a la perfección.

Creo que Patrimonio es la mejor película de las tres.

A mí es la que más me gusta.

Me parece un guion completo y, sobre todo,

una realización impecable,

porque, como explicaba Marisol,

desde que se escribió el guion hasta que se pudo rodar,

pasaron tres años o cuatro,

que le sirvieron a Luis para tener la película en la cabeza

no ya secuencia a secuencia, sino plano a plano.

Cuando se puso a hacerla, fluye con una naturalidad

que permite, desde mi punto de vista,

el guion es fantástico,

pero la realización y los planos secuencia

y los planos cortos son impecables.

De lo mejorcito de Berlanga, desde mi punto de vista.

-Yo quería contar una cosa,

porque, en ese momento, todavía no se usaba la videoasistencia,

no se usaba el combo,

poder ver la imagen que se está rodando,

porque solo lo podía ver el cámara.

O, luego, en el laboratorio, cuando íbamos a ver la proyección.

Entonces, empezamos a rodar con el combo,

pero los actores, o sea,

esos planos secuencia tan complicados,

los actores se veían,

y cambiaban su posición,

y cambiaban porque un plano secuencia es

ir pasando pues de un plano general a los primeros planos

irse moviendo...

Todo esto se hacía con grúa, no se hacía con steady cam,

todavía no existía este arnés con estabilizador,

que incorporamos nosotros en Nacional III.

Hasta entonces, todo era grúa.

Movimientos complicadísimos,

pero los actores decían "si me coloco un poco más aquí, aquí me meto".

Bueno, López Vázquez, sobre todo,

es que se colocaba siempre en primer plano.

Y un día, el segundo o tercero de rodaje,

Luis nos convocó en asamblea al final del rodaje,

y cuando convocaba...

nos divertíamos mucho rodando,

pero cuando Luis convocaba asamblea, temblábamos.

Porque algo pasaba.

Nos convocó y sometió a la opinión del equipo

si el combo valía para algo, o no.

Todos, menos el script, que fue el único que lo defendió,

dijimos que no, porque nos volvía locos.

Eso, hoy día, lo cuentas y dicen que estábamos locos.

Luis tenía milimetrados los movimientos.

Cuando dicen que es un caos, era... la perfección rodando.

Esas películas intimistas

en que tienes que jugar solo con la relación pareja,

a mí no me gustan.

A mí me gusta que haya mucho barullo

y que cada escena sea como las Fallas de Valencia.

O como los Sanfermines.

Vamos, que estén allí doscientas personas

y, si puede haber quinientas, mejor que tres.

Lo que pasa es que los productores no nos dejan.

Hablabas antes de la ternura

con la que Berlanga mira siempre a sus personajes.

En todas sus películas.

Aquí tenemos a los Leguineche, de los que estaba enamorado,

que es una familia de perdedores,

como otros muchos de los personajes de su cine.

Son gente desubicada.

Y la ternura creo que se la dan

los actores que interpretan los personajes.

Igual que en el caso de El verdugo,

Pepe Isbert, al interpretar un personaje tan aborrecible,

es que es imposible que le odies.

Aunque interpreta a uno que se dedica a matar a la gente.

Y aquí Luis Escobar...

es que le coges cariño al primer golpe de vista.

Y la interpretación que hace es genial.

-Como no eres nada, ni diplomático, ni militar,

ni caballero de una orden, ni príncipe de la Iglesia,

tendrás que resignarte y de chaqué, como todo el mundo.

-¿Como un concejal? Ni hablar.

-Yo he seguido las instrucciones de Luis Berlanga

y lo he hecho con toda mi alma y con todo mi gusto,

porque realmente me encanta trabajar.

Y me encanta interpretar.

-Luis Escobar está espléndido,

pero yo creo que es la única película en que Luis permite equivocarse

a sus actores...

y entre las repetidas veces en que tomaba cada secuencia

o cada plano,

eligió dos, al menos, en que los actores claramente se equivocan

y le gustó la equivocación.

Una es cuando Luis Ciges va al Palacio Real

a mostrar la Familia Real

y él dice:

"Aquí están todos los reyes, incluido Felipe VII";

y le corrige el otro: "Fernando". -Es Mingote.

-Es Mingote.

-Y el capital, que es Felipe VII. -Sí; realmente, es un equipo.

-Felipe... -Fernando, sí.

-Y el segundo error que permite,

y que le da esa espontaneidad, frescura, de la que hablaba Luis,

es cuando Luis Escobar, el marqués, recibe al abogado Palomares.

-Palomero. -Palomero, sí.

Y cuando le está explicando a Palomero lo que tiene que hacer,

Luis Escobar se queda en blanco.

Si nos fijamos bien en la secuencia, Luis Escobar, como actor teatral,

se queda en blanco.

Luis, que no consentía errores,... -Les consentía solo a Escobar,

porque era genial,

y a Ciges.

A Ciges y Escobar les permitía...

Hay una en Patrimonio, una frase,

que no estaba en el guion,

porque Luis seguía los diálogos al pie de la letra,

o sea, eso de que improvisaba, nada de nada,

pero solo Escobar, en el momento que pasan por delante,

con el Tilbury, por delante del palacio,

y Escobar se queda mirando el coche, la lechera de la Policía,

y dice: "Acojonan, ¿eh?"

Eso no estaba en el guion y Luis lo dejó.

O sea, porque es que era genial. -Era genial.

-¿Quién quita eso? ¿Quién puede quitar eso?

Estamos hablando de todas las claves de su cine

y ¿podemos hablar de uno de los mejores directores de actores

que ha tenido nuestro cine?

-Sin ningún género de dudas.

Los actores también, a veces, acababan bastante hartos de Luis,

en el mejor sentido de la palabra,

porque era muy pesado;

les hacía repetir muchas veces las tomas,

pero al final quedaban encantados de la vida.

Y aquí yo creo que están todos maravillosos.

-A mí me dijo en un momento

que no dirigía a los actores porque eran profesionales

y no tenía nada que enseñarles,

que ellos sabían.

-Los dirijo bien porque no los dirijo.

Y ¿qué pasó al no dirigirles? Pues que se ponen nerviosos.

Y ¿qué pasa cuando el actor se pone nervioso?

Que pierde sus tics, que es lo que perjudica mucho al actor.

-Luis, cuando hacíamos un reparto, los pedía muertos,

porque él quería trabajar siempre con la misma gente.

Y yo le decía: "Esos se han muerto". Y él decía: "¿Estás segura?"

"Compruébalo, que yo..." El quería trabajar con su gente.

Los que le funcionaban, no los quería perder.

Cuando incorporaba uno nuevo, porque ya no estaba el antecesor,

y ese nuevo le iba exprimiendo y le iba sacando

hasta ver si lo conseguía o no lo conseguía.

Y si lo conseguía, se quedaba para siempre.

Ya había una familiaridad, un saber lo que quería.

Lo que él podía sacar a los actores y lo que Luis quería de ellos.

Era maravilloso.

Más claves del cine de Berlanga.

El Imperio Austrohúngaro, que está en toda su filmografía,

pero, curiosamente,

en Patrimonio Nacional no se menciona,

¿por qué?

La realidad es que Mary Santpere no consiguió decir 'austrohúngaro'.

Era imposible.

Cada vez que se repetía la toma, ella decía palabras extrañas,

pero no 'austrohúngaro',

hasta que, al final, en una de ellas dijo:

"esa bailarina que no sé si es austriaca o húngara"

y Luis lo dio por bueno.

-El día que abandonó el lecho conyugal

para liarse con una zorra húngara o austriaca o... ¡falso!

Vamos a hablar de la película que veremos a continuación,

estrenada en 1956, Calabuch.

Quizá, para el gran público, no es

uno de sus títulos más representativos,

pero es una joya absoluta.

Muchos lo van a descubrir esta noche.

Es la historia de un sabio atómico que huye de Estados Unidos

en busca del anonimato.

Y lo encuentra en un pequeño pueblo de Levante.

¿Por qué le tenía un poco de manía a esta película?

Luis renegaba bastante de Calabuch.

Decía que le había quedado muy ñoña

y, seguramente, es que le daba pudor que esa película retratara

de una manera tan descarada su lado tierno,

su lado más tierno.

Luego, tampoco tenía muy buen recuerdo del rodaje.

Lo pasó bastante mal.

Se enfrentó a Franco Fabrizzi, al actor italiano,

al que llegó a dar una bofetada.

-En efecto,

mi relación con Franco Fabrizzi, excelente actor por otro lado,

fueron muy muy difíciles,

porque... bueno,

este es un papel que se creó para Fernando Fernán Gómez;

por eso se le llamaba El Langosta.

Fernando era en aquella época muy pelirrojo.

Y yo, todo el tiempo, estaba viendo lo que había perdido

por no haberlo podido hacer con Fernando.

Ahora que se ha aceptado el término 'berlanguiano',

por la RAE,

¿cuánto de berlanguiano tiene esta película, Calabuch?

Yo creo que es la menos berlanguiana de las películas.

Lo berlanguiano es tirar de unas situaciones,

estirar la situación hasta el momento en que deja de ser verosímil

o posible.

En Calabuch vemos algo imposible, irreal,

como es que un cohete en el cielo dibuje la palabra Calabuch.

Eso no existe.

Es pura ficción cinematográfica.

Y eso a Luis le horrorizaba.

Es una película que, para mi gusto, no tiene nada de berlanguiano,

a Luis no me gustaba nada

y a mí es, probablemente, la que menos me gusta

de su filmografía.

¿Estáis de acuerdo? ¿No le veis nada de berlanguiano?

Estoy de acuerdo, pero no del todo.

Yo sí le veo algo,

no sé si berlanguiano en el sentido que conocemos lo de berlanguiano,

pero yo sí algo de Berlanga,

y es la vida mediterránea, eso que él, en el fondo,

aunque no exteriorizaba, llevaba.

Pues eso, Valencia, los fuegos artificiales...

Creo que le da como un poco de vergüenza

demostrarlo,

pero lo lleva dentro.

Yo sí veo a Berlanga en todo eso.

-En Calabuch, para mí es fundamental la escena del pintor con la barca.

Poniendo 'Esperanza', y, luego, llegando la bendición del cura

y, en el momento en que bendice la barca el cura,

estropea toda la esperanza que estaba recién pintada.

-Cuando hace Calabuch, Berlanga tiene 34 años, es muy joven,

todavía no es el Berlanga baqueteado por la vida

de Patrimonio Nacional.

Eso también se nota mucho,

el escepticismo y el descreimiento del Berlanga de Patrimonio Nacional

hacia la condición humana,

a los 34 años, todavía narraba cuentos.

Bienvenido Mister Marshall también está planteado

como 'Érase una vez',

igual que Calabuch,

y yo creo que eso es también bastante importante.

-Además, en el pueblo, todos son pícaros.

Ese mundo... todo es verdad, pero uno hace contrabando,

el otro hace noséqué...

O sea, está contando todo eso que, luego, de alguna manera,

cuenta de una forma más descarnada,

pero ya lo piensa contar.

-Es de mi alijo, ¿verdad? -Sí, es la primera vez que lo hago.

Pero, ya que no puedo dormir... por ti, Jorge.

-Por los tres.

Los actores.

Tú decías que le gustaba trabajar con los mismos actores.

Aquí tenemos de farero a Pepe Isbert

y en una de las secuencias más maravillosas,

'el Imperio Austrohúngaro' está en sus labios.

También está Manuel Aleixandre.

Esos actores... Perico Beltrán.

Aquí está jovencísimo.

Luego ha seguido trabajando con Perico.

Era una joya.

Aunque no sea la más berlanguiana, es una joya de película.

-Naturalmente.

La van a descubrir muchos espectadores.

A mí me parece una preciosidad de película.

Lo que pasa es que para definir el universo berlanguiano,

quizá es la que menos refleja lo que hemos hablado de Berlanga,

no solo aquí, sino en programas anteriores que habéis hecho.

-Pero hay otra cosa de Calabuch que sintoniza con Berlanga

y es ese aire libertario que tiene la película,

es decir, Calabuch es

su retrato de un modo de vida y de un mundo ideal,

donde cada uno hace lo que quiere...

Cada cual vive su vida sin hacer daño a nadie.

Si esto no es la felicidad, es algo que se le parece mucho.

Querido Calabuch...

-Esa cosa libertaria, yo creo que es donde mejor la refleja.

Pensándolo un poco, qué demonios, es completamente berlanguiana.

-¡Os he convencido! (Todos ríen)

Muchísimas gracias a los tres por haber estado hoy aquí.

Antes de iros, os quería preguntar por vuestros proyectos.

Siempre los hay.

Yo estoy muy involucrada con la Academia del Cine

y con la alfabetización audiovisual,

porque hay que el cine a la primera enseñanza,

pero, además, estoy peleando por una serie de seis capítulos

de un tema español histórico cercano, con Manuel Matji,

que, a ver si lo podemos hacer con esta casa.

Me haría mucha ilusión.

Fenomenal. Antonio.

Yo, mi próxima novela.

Lo que yo hago es escribir novelas y trabajo en la siguiente.

Luis.

Estoy con un libro alrededor del cine español

donde trato de explicar

el extraño descrédito que sufre nuestro cine

en determinados ámbitos y sectores. Muy interesante.

Gracias a los tres. Un placer, de verdad.

El Año Berlanga es un buen momento para descubrir o redescubrir

a uno de los imprescindibles de nuestro cine.

Cuando comenzamos el programa, hace cinco años y medio,

nuestro compañero Javier Ocaña decía

que las películas del primer Berlanga te acarician

y que las del segundo te destrozan.

Os dejamos con Calabuch, una de sus primeras caricias.

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Historia de nuestro cine - Coloquio: Berlanga

09 ene 2021

En el coloquio participan Marisol Carnicero, productora de ‘Patrimonio nacional’, y varias películas posteriores dirigidas por Luis García Berlanga; Antonio Gómez Rufo, escritor, guionista y autor de varios libros sobre Berlanga, el último ‘Luis García Berlanga. La biografía’; y Luis Alegre, cineasta y escritor, autor del libro ‘Hasta siempre, Mr. Berlanga’.

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