Programa divulgativo que aprovecha la hora de la sobremesa para viajar a los confines del mundo y observar con detenimiento la diversa vida natural que nos brinda nuestro planeta. Para ello, se emiten series documentales de televisiones y productoras de todo el mundo.

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Para todos los públicos Grandes documentales - Japón desde el cielo: La tierra de los dioses - ver ahora
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Japón.

Un archipiélago con cautivadores paisajes no exentos de modernidad.

Un archipiélago en el que las tradiciones

se han mantenido latentes frente a la vida cotidiana,

herencia de una larga historia cultural y espiritual.

Un archipiélago que no deja de fascinarnos y de hacernos soñar.

En el origen de esta fascinación están los japoneses,

un pueblo con un alma misteriosa

que iremos descubriendo a lo largo de las estaciones del año,

desde Hokkaido, en el Norte, a Okinawa, en el Sur.

Un viaje singular y conmovedor al corazón de Japón.

Japón desde el cielo.

En este episodio descubriremos las regiones de Chugoku y Shikoku,

empezando por la ciudad de Hiroshima.

La tierra de los dioses.

La bahía de Hiroshima posee

uno de los santuarios sintoístas más célebres de Japón,

el santuario de Itsukushima, en la isla del mismo nombre.

Es conocido por su gran torii flotante,

una de las atracciones turísticas más populares

y una de las imágenes más hermosas de Japón desde 1643.

Al fondo de la bahía, Hiroshima se asemeja en la actualidad

a otras ciudades de Japón.

Pero el 6 de agosto de 1945,

Estados Unidos, para obligar al imperio japonés a rendirse,

lanza sobre la ciudad la primera

de las dos bombas atómicas nunca antes empleadas en tiempos de guerra

Cuando la bomba de uranio “Little boy” estalló a 600 metros del suelo,

a las ocho y quince,

la ciudad quedó arrasada

y decenas de miles de habitantes de los 350.000 fallecieron en el acto.

A finales de 1945 habían muerto 140.000 personas

a consecuencia de las heridas y la radiación.

Hoy quedan cerca de 160.000 supervivientes

de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki.

La mayoría ha sufrido problemas de radiación

y, lamentablemente, marginación social.

Algunos edificios como la antigua universidad

soportaron la explosión del 6 de agosto.

El recuerdo de los supervivientes, que hoy rondan los 80 años,

permanece en aquellos edificios.

Algunos jóvenes han decidido rescatarles del olvido.

Me llamo Mayu Yasuda y tengo 32 años.

Nací y me he criado en Hiroshima.

En los colegios tradicionales de Hiroshima,

todos los años el día 6 de agosto

se imparten clases especiales que se dedican a hablar de la paz.

El 6 de agosto se ha convertido en un día de celebración del recuerdo

para mantener viva la esperanza de que la paz reine en el mundo.

Familias de las víctimas de Hiroshima

celebran pequeñas ceremonias

en las que depositan en el río Motoyasu linternas llamadas toro

con el nombre de la víctima y el de quien la deposita,

acto que atrae a muchos turistas.

No solo es una ceremonia hermosa.

El toro recoge muchos pensamientos y simbolismos.

Es un sentimiento muy profundo.

Mayu deposita varias linternas

en nombre de quien no puede desplazarse al río.

Las personas con radiación piensan en los que perdieron la vida

y preparan este toro en su memoria.

En cada toro se podría decir que viaja un alma.

Yo pertenezco a una familia de afectados por la radiación.

Mis abuelos son hibakuscha, es decir, víctimas de las bombas.

Nunca he podido hablar con mis abuelos de todo aquello que vivieron.

Recuerdo muy bien que mis abuelos me pidieron

que no les preguntara sobre aquella experiencia.

La gente se reúne cada 6 de agosto en el Museo

o el Cenotafio del Parque Memorial de la Paz de Hiroshima,

inaugurado en 1954 para conmemorar a las víctimas del bombardeo.

El ayuntamiento también ha querido conservar la memoria viva

de aquellos hechos.

En 2012, la ciudad de Hiroshima,

a tenor de la edad de las personas afectadas por los bombardeos,

puso en marcha un programa

para recoger sus experiencias y transmitírselas a los estudiantes.

El primer año

recogimos los testimonios de 23 afectados por la radiación,

y analizamos con cuál nos quedábamos, según sus experiencias.

El segundo año, con el sujeto elegido,

formamos un equipo

para que compartiera su testimonio con los estudiantes.

Si la experiencia ha resultado eficaz,

empezamos a realizar presentaciones en calidad de “transmisores”.

Está claro que hay que hablar de estas personas,

de las experiencias por las que pasaron y de todo lo que vivieron.

El monumento de la paz a los niños

honra la memoria de las jóvenes víctimas del bombardeo,

y especialmente de Sadako Sasaki.

Esta joven sobrevivió a la explosión y sufrió de leucemia en 1954.

Entonces confeccionó mil grullas de origami,

con la esperanza de que le fuera concedido su deseo de curación,

según una antigua leyenda japonesa.

Falleció a los doce años tras realizar 644 grullas.

Las grullas depositadas aquí hoy

plasman el deseo de vivir en un mundo sin guerras.

Aquellos que resultaron irradiados en 1945,

claman por la eliminación de las armas nucleares

e insisten desde hace tiempo en que aquello no ha de repetirse.

El mensaje que debemos transmitir

es el de un mundo libre de guerras y armas nucleares.

Mi generación, en Japón, no ha conocido la guerra,

pero todavía se libran guerras en otros muchos países.

¿Qué puedo transmitir yo, como ciudadana japonesa, al mundo?

Es algo que requiere de una profunda reflexión.

En 2017, 122 Estados Miembro de Naciones Unidas

firmaron un tratado de prohibición de armas nucleares,

que entrará en vigor cuando al menos 50 de ellos lo ratifiquen.

Su preámbulo menciona

los sufrimientos inaceptables de los supervivientes

con el fin de justificar

la necesidad de una legislación internacional.

Japón y otros países dotados de armas nucleares,

entre ellos Francia,

no han participado en la votación.

En la actualidad,

Hiroshima es una próspera ciudad con más de dos millones de habitantes,

capital de Chugoku y puerto abierto al tranquilo Mar de Seto.

El mar interior de Seto es el Mar Mediterráneo de Japón:

su dulce clima, la tranquilidad y la riqueza de sus aguas

han permitido el desarrollo de una importante actividad industrial,

principalmente la cría de ostras.

Es mi medio de vida.

Así es mi día a día, desde que me levanto hasta que me acuesto.

Empieza el día para Masanori Yanagawa en la isla de Etajima.

Lleva treinta años cultivando ostras con cuerdas, la técnica local.

De marzo a mayo es como el tiempo anterior a un parto:

hay que esperar a que la naturaleza haga su trabajo.

El otoño marca el inicio del período de recogida de este preciado molusco

cerca de una tonelada al día.

De octubre a diciembre se recogen ostras de dos a tres años.

Enero y febrero son los meses fuertes.

Antes se recogían a mano, sin máquinas.

Era imposible recoger grandes cantidades.

Era la época de las pértigas al hombro con grandes cestos de mimbre.

Tradicionalmente, las ostras de Etajima se han consumido crudas,

como en Europa.

Al comerlas crudas puedes apreciar al máximo todo su sabor,

su olor y su textura.

Las ostras se venden sin la concha, que se emplea para preparar abono.

Las ostras son de algún modo dulces,

por extraño que suene decir eso de un marisco.

De aquí a febrero,

la temperatura del mar bajará y se endulzarán incluso más.

En la bahía se concentran cerca de 10.000 ikadas,

líneas de cuerdas que forman los parques ostrícolas,

una cría 100% natural.

Las vieiras se enganchan en las cuerdas, en las ikadas,

y las ostras también se enganchan a ellas.

Una ikada puede llegar a acumular entre 24.000 y 25.000 vieiras,

y por cada vieira se dan entre 10 y 20 ostras.

Se habla de la “cría de ostras”, pero nosotros no las alimentamos.

Solo dejamos que se reproduzcan en un entorno natural,

respetando la vida.

Toda su alimentación procede de la propia naturaleza,

y hay que respetarla.

Por ejemplo, para seguir beneficiándonos

de los ricos nutrientes aportados por la naturaleza,

nosotros plantamos árboles una vez al año.

Así ayudamos a mantener la vida y le devolvemos todo lo que nos da.

Es un regalo de la Naturaleza.

Hay que ser consciente del entorno y trabajar en armonía con él,

sin alterarlo...

ni destruirlo.

Masanori cree en el sato-umi,

la convivencia entre las personas y los ecosistemas marinos,

y trabaja por mantenerla.

La prefectura de Hiroshima es una región idónea

para el cultivo de ostras.

La calidad de las ostras de la zona

y el enorme volumen que se recoge todos los años

es muy importante,

y no podemos dejar que desaparezca.

Debemos transmitir la pasión de este trabajo a los jóvenes.

Es nuestra misión.

Hemos de conservar toda esta riqueza.

La ostricultura en Hiroshima

genera más de la mitad de la producción de ostras en Japón,

algo más de 100.000 toneladas al año.

El Mar de Seto está trufado por más de mil islas e islotes.

Algunas muy juntas,

lo que ha permitido construir autopistas entre la isla de Honshu,

en la región de Chugoku,

y su vecina Shikoku, gracias a una sucesión de enormes puentes.

El puente del Estrecho de Kurushima

es una de las tres grandes vías de conexión entre Honshu y Shikoku,

pero la única accesible para peatones y ciclistas.

La construcción de esta gran red de puentes se inició en 1979

para sacar a Shikoku de su aislamiento

y facilitar los desplazamientos en coche y en tren.

Ahora un tren une las ciudades de Okayama y Takamatsu.

Nos dirigimos a la isla de Shikoku, al sur, cerca del cabo Ashizuri,

y de ahí al norte, a la ciudad de Takamatsu.

Shikoku es un célebre centro de peregrinación:

un camino de 1.200 kilómetros que une a 88 templos

consagrados a Kobo Daishi, el santo fundador del Shingon,

una de las principales corrientes del budismo.

En el extremo sudoeste, el camino atraviesa la costa de Tatsu-Kushi,

con sus planicies de arenisca

y el célebre cabo Ashizuri,

cuyos acantilados se elevan 80 metros sobre el Pacífico.

Justo al lado, el templo número 38 del peregrinaje.

El camino bordea o a veces se desploma sobre la costa.

En el sector de Ashizuri,

los peregrinos disfrutan de un descanso yodado

en la hermosa playa de Oki.

Su ropa blanca, el sombrero cónico y sus bastones

los hacen fácilmente reconocibles.

Miles de peregrinos japoneses y de todo el mundo

recorren este camino cada año,

a pie, en bicicleta, en coche o en autobús.

Los estudiantes de Shikoku también están sensibilizados

con los aspectos espirituales y culturales de la peregrinación,

que trascienden lo puramente religioso.

Junto a veteranos peregrinos, recorren algunos tramos del camino

dejando mensajes de aliento para los que vendrán después.

El camino está dividido en cuatro etapas,

y en la última, “el camino del Nirvana”,

nos encontramos con Saeko y Masanao Tsujimoto,

en su cuarta peregrinación.

Mi esposa acaba de cumplir los 81 años.

Por suerte gozamos de salud y podemos hacer este viaje.

Yo tengo 88 años y doy gracias por estar en plena forma.

Saeko y Masanao llevan caminando 60 días,

la duración media del peregrinaje.

Creo que lo que más me motiva es el hecho de tener que superar obstáculos

pero también demostrarme que sigo teniendo una buena condición física

para llegar hasta el final.

Además, me digo:

“Aquí estoy yo, con él, y tengo suerte de poder seguirle todo el día"

Caminamos juntos.

Todavía tenemos mucha suerte por estar en forma,

y estoy muy agradecida por tener fuerzas para continuar sin ayuda.

-A veces, cuando uno camina solo, siente la soledad.

Pero si caminas acompañado, te apoyas mutuamente en los momentos difíciles.

Mi mujer me transmite fuerza y yo la percibo.

Los Tsujimoto hicieron su primera peregrinación en 1995.

Como muchos, lo hicieron para agradecer al destino

que les hubiera concedido un favor.

Al principio él no quería que yo viniera, por muchas razones,

pero aceptó cuando le dije que era una peregrinación

para celebrar mi curación del cáncer de pecho.

Entonces sí quiso que lo acompañara.

Masanao descubrió el placer de caminar

cuando peregrinó por primera vez.

Justo antes de salir

puse como condición que yo haría el camino a pie,

pero que mi mujer se subiría a un autobús o al tren

si se sentía cansada.

-Es igualmente válido

hacer el recorrido en coche, en autobús o en tren.

Cada uno lo hace de la forma que más le conviene o como puede;

no hay ninguna obligación de hacerlo a pie.

-Pero las mujeres son increíblemente tenaces,

y no se separa de mi lado desde que empezamos.

Creo que yo sería incapaz de hacer el recorrido sin ella.

Por ejemplo, desde que salimos

no he preparado yo solo la mochila ni una sola vez.

Cuando tardamos mucho por la mañana para ponernos en marcha,

yo grito y le digo que se dé prisa.

Sé que soy muy egoísta.

La primera vez que hice la peregrinación

solo pensaba en caminar;

ni siquiera conocía el sentido de hacerlo y sus normas.

Prohibidas las conversaciones triviales y los debates frívolos.

Y entonces experimenté esta práctica ascética y me quedé sin palabras.

A pesar de lo que os pueda contar, yo no soy muy devoto.

Simplemente me movían las ganas de caminar.

Pero a fuerza de practicar, tengo la impresión de ser un poco más piadoso.

Cada cinco de mayo, los japoneses celebran el día de los niños,

según un rito cuyo objetivo es desearles felicidad y salud.

Colgadas sobre los ríos o sumergidas en ellos,

se colocan banderas de colores o kois.

Aquí vemos un ejemplo en el río Niyodo.

Son un símbolo ancestral de fuerza y perseverancia,

y un hermoso espectáculo.

Una de las tres grandes vías de comunicación

entre Shikoku y las islas de Awaji y Honshu

es la autopista Kobe-Awaji-Naruto, abierta en 1998.

Esta unión es posible gracias a dos puentes suspendidos,

uno de los cuales es el de Ohnaruto.

Tiene una longitud de 876 metros

y descansa sobre cimientos construidos sobre tubos de acero,

para minimizar el impacto de los seísmos y de las corrientes.

Es conocido por alzarse sobre los remolinos que se crean

en este estrecho que separa el Pacífico y el Mar de Seto.

Las corrientes creadas por la marea son las más rápidas de Japón

y se forman remolinos de hasta 20 metros de diámetro.

Gente de todo el mundo acude a admirarlos,

especialmente en primavera y en otoño,

cuando alcanzan su máximo esplendor tras el paso de los cruceros.

Nos marchamos de Shikoku pero no de la prefectura de Kagawa:

haremos un alto en la isla de Shodoshima.

Shodoshima es la segunda isla más grande del Mar de Seto.

Un lugar turístico muy valorado por sus paisajes y su apertura al mar.

Recibe el nombre de “la isla de las olivas”,

porque allí prosperaron

los primeros olivos importados de Europa y Estados Unidos,

y se desarrolló una cultura oleícola.

Noriaki Yamada ha decidido perpetuar esta secular aventura.

Tras dedicarse 20 años a los negocios en Tokio,

decidió instalarse en la isla en 2010 y marcarse un reto:

producir el primer aceite de oliva biológico de Japón.

En lugar de utilizar pesticidas,

Noriaki ha investigado y explotado los recursos de su ecosistema

para evitar plagas.

Sus esfuerzos han valido la pena,

ayudados por la buena calidad de sus árboles.

Tenemos doce especies distintas de olivos.

La especie más expandida

se introdujo en la isla de Shodoshima hace cien años.

Se llama “Misión” y es la especie más abundante en la isla.

Da mucho fruto durante el año,

y su aceite tiene un sabor delicioso, con un suave toque picante.

También está la especie Lucques,

idónea para producir aceite con un olor dulce y afrutado.

Para eliminar el gorgojo de estos árboles,

Noriaki ha tenido que aprender a reconocerlo.

El lucques resiste bien a las enfermedades y a los insectos.

Como nos centramos en la agricultura biológica,

es la variedad que mejor se adapta.

Para eliminarlo, Noriaki deja crecer la hierba,

que además de sus propiedades

favorece la llegada del depredador del gorgojo.

Lo que también es diferente en nuestra forma de trabajar

es que nosotros dejamos la hierba crecer.

Durante mucho tiempo se deja crecer en la isla

lo que se conoce normalmente como malas hierbas.

Son varias especies que, a lo largo del año, cubren nuestros campos.

Al cortar esta hierba conseguimos abono natural

que contribuye a hacer la tierra más fértil.

Si no hubiera hierba, la tierra carecería de alimento

y la lluvia se lo llevaría todo.

Nosotros preferimos el ecosistema de las hierbas, de las raíces,

que crecen y se van marchitando con el cambio de estación.

Gracias a mi experiencia soy capaz de distinguir

cuándo la tierra tiene buen o mal olor para los olivos.

La tierra que está bien aireada y bien drenada,

que está blanda y fermentada, tiene buen olor;

por el contrario, la tierra húmeda y pegajosa como la arcilla

tiene un olor diferente.

Cuando la tierra se vuelve más fértil y seca, brotan hierbas beneficiosas.

A partir de ese momento, los olivos empiezan a dar fruto.

Si el ecosistema está equilibrado,

los olivos se desarrollan muy bien en este entorno.

Noriaki dirige un olivar con 600 ejemplares,

un vergel de dimensiones idóneas

pero que le ha exigido numerosos esfuerzos de acondicionamiento.

Este es el primer terreno con el que empezamos.

Al parecer, antiguamente era un arrozal.

Es cierto que a los olivos

no les gustan los lugares en los que se acumula mucha agua,

ya que no favorece a la oleicultura.

Por eso, cuando escogimos este lugar

realizamos muchos trabajos para que las raíces estuvieran secas.

Recuerdo que me decían que los olivos nunca crecerían en un arrozal.

Los ancianos del lugar me decían

que sería muy difícil que prosperaran los olivos aquí, casi imposible.

Yo me propuse que haría que fuera posible lo imposible.

Todo surgió a partir de un espíritu de contradicción.

Así empezó todo.

Gracias a su tenacidad

y al soleado clima del Mar de Seto, que favorece el crecimiento,

Noriaki cosecha cerca de tres toneladas de olivas cada año,

que transforma en aceite de distintas variedades.

Ahora se propone incorporarles aromas y gustos originales,

asociando por ejemplo la oliva a la bergamota,

y próximamente al yuzu, otro típico cítrico de Japón.

Noriaki, como los japoneses en general,

está agradecido a la generosidad de la naturaleza,

y no deja de maravillarse ante la longevidad de sus olivos.

Me siento muy unido a mis olivos,

entre nosotros hay una especie de camaradería.

Los olivos me dan la vida

y ellos, de alguna forma, viven gracias a mí.

Conforme pasa el tiempo,

cada árbol va adquiriendo su historia personal y única.

Para mí no hay dos árboles iguales.

Paulatinamente, a lo largo de la vida

nuestra memoria acumula recuerdos

y vamos estableciendo vínculos con nuestro entorno.

Entonces es cuando nacen la confianza y el sentimiento del amor,

algo que me parece maravilloso.

Personalmente creo que un olivo puede vivir solo cien años,

o llegar a los mil o dos mil años.

Si alguien sigue mis pasos y continúa cuidando estos olivos,

vivirán 100, 200, 300 años o quién sabe.

Espero que vivan mucho más que yo.

Ese es mi sueño.

La campiña japonesa sigue vaciándose de mano de obra

en beneficio de las megalópolis,

donde se concentra el 95% de la población.

Pero Noriaki es un ejemplo de una voluntad tímida pero real

de los japoneses que desean reconectarse con la tierra.

Regresamos a Chugoku, en la prefectura de Okayama,

en concreto a la región de Bizen.

Desde hace siglos, los tejados de tejas de cerámica

constituyen un rasgo característico de los pueblos japoneses.

Cada región posee sus propios tipos de tejas.

En la ciudad de Fukiya Furusato

están engalanadas con tejas rojas o anaranjadas.

Antiguamente

aquí se producía un famoso pigmento bermellón llamado “bengara”.

Más al este, la antigua escuela de Shizutani

es una rareza que data del período Edo,

y es considerada un tesoro nacional.

Fue una de las contadas escuelas para el pueblo

fundadas a finales del siglo XVII.

El techo de su auditorio

está recubierto de hermosas tejas de cerámica bizen.

El bizen es un tipo de cerámica japonesa.

Sin duda es el más antiguo y todavía utilizado.

Su origen se remonta a hace mil años

El corazón de la región de los alfareros de bizen

está en la ciudad de Inbe.

Rodeadas de bosques, sus chimeneas de ladrillos revelan la existencia

de numerosos hornos de madera de los 250 ceramistas

que se esfuerzan por perpetuar esta tradición local.

Es el caso de Hitoshi Morimoto,

hijo de alfarero y antiguo estudiante de Bellas Artes en Tokio.

Todos los días hago lo mismo.

Me despierto, desayuno y me preparo para ir a trabajar.

Y cumplo con mi trabajo diario.

Es una vida muy sencilla.

La cerámica de Inbe está confeccionada

a partir de arcilla local.

Aquí, los distintos tipos de arcilla

son extraídos principalmente del subsuelo de los arrozales,

y se van combinando unos con otros.

Se dejan endurecer, en ocasiones durante años;

luego son molidos con el martillo y mezclados con agua,

antes de ser moldeados y amasados para poder trabajarlos.

La tierra local, rica en hierro y en materiales orgánicos,

le confiere densidad y plasticidad.

En el fondo es simplemente un poco de tierra.

No podemos fabricarla.

Es una tierra que ha tardado mucho en formarse.

Hacer con ella algo útil

es una muestra de respeto que le debemos a la propia tierra.

Tengo una imagen muy clara de lo que quiero hacer.

¿Es compatible con la materia prima que tengo?

Eso es lo importante.

Si la materia prima no está bien trabajada, no saldrá bien,

así que presto mucha atención a todas las etapas del proceso.

La arcilla es muy sincera, no te engaña y eso es lo interesante.

La compactibilidad de la arcilla local la hace única.

Gracias a ella,

las vasijas se mantienen perfectas durante la cocción.

Pero esta arcilla no se cuece de forma homogénea,

así que cada pieza tendrá unos colores únicos

dependiendo del tipo de cocción.

Sus principales herramientas son el torno y las manos.

Pero Hitoshi se ayuda de pequeños utensilios de madera

para grabar sus inspiraciones en la arcilla.

Este es un recipiente de tipo Shirahana.

Estas herramientas influyen enormemente en la cerámica,

y por eso las fabrico con mucho esmero.

Necesito que sean prácticas,

y que cuando quiero conseguir una forma concreta, aparezca al instante.

Son una extensión de la mano.

Generalmente está todo hecho a mano,

pero fabrico estas herramientas para que sustituyan a los dedos.

Utilizo la madera para que el tacto

sea el más parecido posible al de los dedos.

Hay objetos sencillos que se pueden utilizar en la vida cotidiana.

Objetos caseros.

Yo busco fabricar recipientes que a uno le apetezca utilizar.

Puede que sea solo una impresión,

pero nos apetece comer cuando nos rodeamos de objetos hermosos.

Cuando comemos percibimos la belleza visual.

La historia del bizen yaki

nos muestra que siempre se ha utilizado para contener líquidos.

El agua no se pudre,

y para las composiciones de ikebana, los colores discretos y suaves

hacen que destaquen las flores sobre el fondo.

Las cualidades intrínsecas del barro cocido son las responsables

del legendario poder de que todo se vuelva mejor y más hermoso.

Los recipientes de Hitoshi bloquean la luz

pero dejan que los líquidos respiren,

por lo que son idóneos para los amantes del ikebana,

el arte japonés de los arreglos florales.

Tengo la suerte de haber vivido siempre rodeado de flores y plantas,

porque mi madre siempre ha puesto flores en casa.

Pero además de esa influencia familiar,

a mí también me han gustado mucho las plantas y las flores.

Me emocionan las formas de la naturaleza,

aquellas que son de una precisión y un detalle de los que yo soy incapaz.

Líneas hermosas, colores hermosos...

me emocionan.

En Chugoku nos detenemos en la costa de la prefectura de Shimane.

Primero, en el templo de Izumo, luego, en Yunotsu.

La región de Shimane

recibe el sobrenombre de “La provincia de los dioses”.

Los kamis, las divinidades del sintoísmo,

se reunían cada octubre en la playa de Inasa,

al pie del singular santuario de Bentenjima.

El décimo mes del calendario lunar

se corresponde con la fiesta de Kamiari,

y los japoneses se dan cita en Izumo,

el santuario sintoísta más antiguo del país.

Está dedicado a Okuni-Nushi,

una divinidad principalmente asociada al matrimonio.

Los japoneses vienen aquí

a pedir suerte en el amor y en sus relaciones personales.

Según el Koji-ki, el libro sobre mitos más antiguo de Japón,

los dioses sintoístas habrían vivido en Izumo.

Allí habrían construido el primer santuario a petición de Amaterasu,

la diosa madre del sol.

Existen dudas acerca de la fecha de su fundación,

pero el pabellón principal data de 1744.

Los dioses sintoístas viven en los santuarios

pero también en la Naturaleza,

en los ríos, en los bosques y, por supuesto, en las montañas.

Por ejemplo en estas,

sobre los hermosos y misteriosos acantilados de Tachikue,

al sur de Izumo,

con nombres de reminiscencia budista.

Son lugar de práctica del shugendo,

la religión sincrética que combina la sacralidad de las montañas,

el sintoísmo, el taoísmo y el budismo esotérico.

En el secreto de los bosques de Tachikue

nos topamos con sorprendentes estatuas en miniatura.

Representan a mil budas y quinientos discípulos tras alcanzar el nirvana.

Algunos, con gorros o vestimenta de color rojo, simbolizan a Ojizo-sama,

una de las divinidades más idolatradas del budismo japonés.

Protector de los niños

y especialmente de los pequeños difuntos,

se le rinde homenaje ornando estas estatuas con tejidos de colores.

En Shimane, la mitología está en todas partes:

desde el río Hii, que serpentea por el monte Sentsu

y se expande por la llanura de Izumo.

Sus frecuentes desbordamientos inspiraron una leyenda,

contada en el Kojiki,

y adaptada en forma de danza teatral sintoísta:

el Kagura, literalmente “el entretenimiento de los dioses”.

En el pequeño puerto de Yunotsu, al suroeste de Izumo,

se plasma una de las formas de este baile tradicional,

el iwami-kagura.

Situado sobre un promontorio que domina la ciudad termal,

el santuario local es el núcleo de representaciones semanales de kagura

La célebre leyenda de Yamata no orochi se representa ahora.

El elemento más importante de la puesta en escena del Kagura

son las máscaras,

como en general en el teatro japonés

Taizo Kobayashi es uno de los mejores artesanos de máscaras

y ha contribuido a su perpetuación.

Es un apasionado de esta tradición que ayuda a transmitir a los jóvenes

El sentido del baile iwami Kagura

es la tradicional victoria del bien contra el mal,

agradar a los dioses y castigar a los demonios.

Esa es la historia.

La inspiración llega del Kojiki y del Nihonshoki.

Muchas de estas historias se basan

en otras de la antigua mitología japonesa.

En el fragmento más conocido se enfrenta el dios Susanoo

con el dragón Yamata no orochi,

que siembra el terror a lo largo del río Hii.

El dragón representa las inundaciones del río.

¿Por qué es interesante el Kagura?

No lo podría explicar realmente.

Habla a los cinco sentidos.

Tiene un olor, un ambiente, una presencia...

Creo que todo eso es el atractivo del Kagura.

Ayudado por los lugareños,

el dios atrapa al monstruo de las ocho cabezas y lo decapita,

un espectáculo muy popular

que estimuló la vocación precoz de Taizo.

Tenía ganas de participar en un kagura desde que era pequeño.

En quinto de primaria quise fabricar yo mismo una máscara,

y acudí a un artesano para que me ayudara.

Así empezó todo.

El uso de las máscaras se remonta a la antigüedad.

Ha perdurado gracias al teatro y a las fiestas tradicionales.

Las del Kagura son únicas.

Las máscaras del Iwami Kagura se fabrican con un material distinto

al de otras máscaras usadas en el resto del país.

Suelen ser de madera, pero estas no;

estas son de papel.

Primero se hace una base con plastilina.

Una vez que está seca,

se pone por encima un papel especial de la región, llamado sekishuwashi.

Al retirar la plastilina solo queda la estructura de papel.

A continuación se hacen los orificios para los ojos.

Dependiendo de los ojos, se pone barba o cuernos a la máscara

y un mecanismo para que se mueva la boca.

Hay varias opciones.

En el Iwami Kagura hay 79 variedades, pero dependiendo del fabricante,

una variedad puede plasmarse de distintas formas,

y el uso que se le dará también es importante.

El resultado son miles de combinaciones.

Además de fabricar máscaras,

Taizo ha optado por compartir su saber y su pasión.

Está todo en el aire.

No muevas tanto la cabeza.

Hasta ahora he tenido la suerte de recibir conocimientos de mis maestros

así que ahora me toca a mí transmitirlos.

Enseñar el Kagura a los estudiantes de Kioto es un proyecto de locos.

Todo esto no forma parte en absoluto de su cultura.

Es algo muy extraño para ellos.

Cuando metes la cabeza, estropeas la postura.

Cuando hay que estar abajo, tú te levantas.

Así que mucho cuidado con ese movimiento.

Hay que hacerlo muy despacio.

Piensa que la cabeza pesa, y recoloca el cuerpo, haz este movimiento.

Tú estás muy abajo, y desde abajo no se puede hacer así.

Te has olvidado de lo más importante.

Vamos a repetir lo básico.

Pensemos que la cabeza pesa.

La sociedad tiende en este momento a depender de las cosas materiales.

Yo también pertenezco a la nueva generación,

así que no soy nadie para criticar a los jóvenes.

Pero hay cosas que solo se pueden ver cuando se avanza lentamente,

cuando uno se detiene y reflexiona.

No hay que limitarse solo al uso de la tecnología.

Hay que alegrarse de cumplir ciertos objetivos

que son difíciles de alcanzar.

Eso es lo que quiero transmitir a mis estudiantes.

Creo que les será útil en el futuro tener estos conocimientos.

A eso es a lo que doy más importancia.

Última etapa de nuestro viaje por Chugoku:

la costa de la prefectura de Tottori.

El litoral de Tottori es célebre por su diversidad,

a la que contribuye la costa de Uradome, de unos 15 kilómetros.

Desde hace millones de años,

la erosión ha tallado en esta costa un magnífico paisaje

de rocas graníticas con formas insólitas.

Forman uno de los grandes destinos del Parque Nacional de San’in Kaigan

creado en 1963,

junto con las célebres dunas de Tottori.

Estas dunas constituyen la atracción principal

y gente de todo el mundo se acerca a admirar estas formaciones geológicas

únicas en Japón.

Un enorme sistema con una extensión de más de 30 kilómetros cuadrados.

Estas dunas, con una altura media de 50 metros,

se crearon por acumulación de sedimentos

de las montañas de Chugoku,

llegados a través del río Sendai.

Posteriormente, y durante cientos de miles de años,

las corrientes y los vientos las trajeron hasta la playa.

Las dunas han inspirado a destacados escritores de la literatura japonesa

En 1923, el novelista Takeo Arishima decidió ambientar aquí

un conmovedor poema.

Cuarenta años más tarde, el escritor Kobo Abe visitó Tottori

antes de publicar su obra “La mujer de arena”,

una profunda novela existencial, ya todo un clásico.

Además de simbolizar para los japoneses

una metáfora de la condición humana,

las dunas son ante todo un espacio de libertad.

Los dos millones anuales de personas que las visitan

acuden no solo a fotografiarlas,

sino a recorrerlas en bicicleta o a lomos de un camello.

También se prestan a otras actividades como el parapente,

un deporte emblemático en las dunas de Tottori.

El especialista y pionero de este campo en Japón es Yoshio Kataoka.

Cualquier ser humano siente al menos una vez el deseo de volar,

y cuando finalmente lo disfruta,

se emociona al dejarse llevar por un viento invisible.

Es una sensación tremendamente agradable.

Solo hay cielo.

Me llamo Yoshio Kataoka

y practico parapente desde que llegó a Japón, hace 31 años.

Las dunas de Tottori son un espacio abierto y sin obstáculos.

Es arena, lo cual es perfecto para absorber los posibles choques

de los menos iniciados.

Además, hay gran variedad de pendientes,

que te permiten adaptarte a cualquier tipo de viento.

Las dunas son un entorno duro y hostil.

En verano hace tanto calor que parece que no estamos en Japón

y aquí no hay ningún punto de agua.

Digamos que es un desierto en miniatura.

Gracias a que el viento es invisible, cuando vuelo en parapente

puedo observar la forma de las nubes y sus movimientos,

que cambian constantemente ante mí.

Cada vuelo es un reto, una aventura.

Es divertido y, sobre todo, apasionante.

Desde hace varios años, las dunas están retrocediendo

a consecuencia de que la hierba crece

y las barreras antitsunami bloquean la llegada de sedimentos.

Estos gigantes de arena no desaparecerán todavía,

pero hay que mimarlos

para que continúen inspirando a quienes los disfrutan.

Grandes documentales - Japón desde el cielo: La tierra de los dioses

51:09 22 may 2020

En este episodio conoceremos las regiones de Chugoku y Shikoku empezando por Hiroshima, una ciudad marcada por el recuerdo de la explosión atómica durante la Segunda Guerra Mundial. Seguiremos conociendo el mar de Seto, con sus más de mil islas e islotes para llegar a la isla de Shikoku.

Contenido disponible hasta el 29 de mayo de 2020.

Histórico de emisiones:
15/02/2019
13/12/2019

En este episodio conoceremos las regiones de Chugoku y Shikoku empezando por Hiroshima, una ciudad marcada por el recuerdo de la explosión atómica durante la Segunda Guerra Mundial. Seguiremos conociendo el mar de Seto, con sus más de mil islas e islotes para llegar a la isla de Shikoku.

Contenido disponible hasta el 29 de mayo de 2020.

Histórico de emisiones:
15/02/2019
13/12/2019

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  1. Marta Schinca

    Este documental es extraordinario. Gracias

    20 feb 2019

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